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    <title><![CDATA[elDiario.es - Adrián Fauro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/adrian_fauro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Adrián Fauro]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El bombardeo del 25 de Mayo en el Mercado Central de Alicante: una elipsis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/alicante/bombardeo-mayo-mercado-central-alicante_1_1802117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ff65f4a-1ad3-47a5-b2f2-f7e5632dd873_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una imagen aérea de uno de los bombardeos sufridos por la ciudad de Alicante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista Adrián Fauro evoca el ataque franquista a un objetivo civil que costó la vida a más de 300 personas</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Y cuando volvemos la vista atr&aacute;s, en especial a los a&ntilde;os 1930 y 1950, miramos y apartamos los ojos al mismo tiempo&rdquo;</em>. <strong>W.G.Sebald, Sobre la historia natural de la destrucci&oacute;n (2003)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Recabo informaci&oacute;n y escribo durante las Hogueras de Alicante. Desde el Archivo Municipal se escuchan los petardos, las bandas de m&uacute;sica y los gritos de la gente que se agolpa para ver <em>La Masclet&agrave;</em>. Y, a pesar de no haber sabido nunca el momento id&oacute;neo en el que hacer las cosas, creo que por fin he acertado. Mientras, ah&iacute; fuera se fotograf&iacute;an con monumentos al exceso y exhiben su amor por una ciudad que no conocen. Y yo, cuando la miro, la veo deformada por obras sin m&aacute;s objetivo que el blanqueo y el ego del partido de turno. Juro que intento cogerle cari&ntilde;o aunque sea porque he nacido aqu&iacute;, pero ya no es la que muestran las fotos antiguas. Es irreconocible.
    </p><p class="article-text">
        Alicante es una ciudad obligada a dormir. Ahora despierta cansada cada d&iacute;a, con la cara hinchada y con ojeras. Una ciudad abonada al olvido que insiste en presumir de cultura, tradici&oacute;n e historia; de Hogueras, Moros y Cristianos, Luceros, Castillo de Santa B&aacute;rbara, San Fernando y playa del Postiguet. Lo que nos ha llevado a olvidar algo que ha pasado del manto terrestre a la corteza y ahora muere en el n&uacute;cleo. Alicante es Gotham. Cruzar el tel&oacute;n que lleva a la habitaci&oacute;n roja que empieza en la rotonda de la Universidad y en la que sabes que el Cooper maligno se hace pasar por el real. La Alicante del 2018 es la <em>doppelg&auml;nger</em> de la Alicante del 1931. Una realidad inasumible guiada por esa mirada contempor&aacute;nea que , como dice Vila-Matas, &ldquo;pretende deslizarse con la m&aacute;s absoluta indiferencia&rdquo; y solamente la literatura puede rescatar.
    </p><p class="article-text">
        El bombardeo del 25 de Mayo de 1938 en el Mercado Central es una de esas sombras que cada d&iacute;a se ve menos por culpa del sol, la playa, las palmeras y la p&oacute;lvora. Esa que un d&iacute;a proven&iacute;a de las bombas y aromaba La Explanada con miedo. Mi generaci&oacute;n -muchas que la preceden y otras tantas que la siguen- desconoce por completo esta historia que nos ha transformado en lo que somos.
    </p><p class="article-text">
        La excusa m&aacute;s utilizada para justificar su poca repercusi&oacute;n internacional o incluso nacional es su falta de representaci&oacute;n art&iacute;stica. Pero el <em>Guernica</em> de Picasso es solamente un peque&ntilde;o trozo de un puzzle enorme. La negaci&oacute;n del suceso por parte del bando fascista, la pol&iacute;tica del miedo que tap&oacute; la boca del bando &ldquo;perdedor&rdquo; a base de no darle de comer y tapi&oacute; las entradas a los 92 refugios que todav&iacute;a duermen bajo el suelo de Alicante. Algunos de estos, como el de la Plaza de Doctor Balmis, a pesar de volver a ser libres para hablar no gritan lo suficientemente alto y no llegan siquiera a los m&aacute;s de 300.000 habitantes de <em>La Terreta</em>. Alicante es mi Manhattan y yo soy su Isaac, el Brooklyn de Henry Miller. Este amor-odio provocado por la negaci&oacute;n de la historia es fruto de la necesidad de no olvidar. Porque olvidar para obviar el dolor es prescindir de lo necesario y eso no tiene sentido. Alicante no tiene sentido.
    </p><h3 class="article-text">Alicante creci&oacute; caminando de la paz a la guerra</h3><p class="article-text">
        La llegada de la gente en busca de paz hacia a Alicante convirti&oacute; a una ciudad peque&ntilde;a -pero muy industrializada- de 50.000 habitantes en 1931, en una gran urbe de m&aacute;s de 100.000 personas con la llegada del a&ntilde;o 1936. El Puerto, la F&aacute;brica de Tabaco y el Mercado acompa&ntilde;aban a la tranquilidad. La distancia prudencial con respecto a las batallas, a pesar de estar situada en la zona republicana, la convirti&oacute; en un refugio para los que hu&iacute;an de ellas. Despu&eacute;s de 80 a&ntilde;os lo es de turistas que huyen del trabajo y el tedio del d&iacute;a a d&iacute;a. El <em>Levante feliz</em> ha cambiado de objetivo. De ser la Galia a un gran centro comercial con luces y setas de colores. De edificios hist&oacute;ricos a franquicias millonarias.
    </p><p class="article-text">
        Esta Alicante, una maqueta a peque&ntilde;a escala del Par&iacute;s del arte, se vino abajo como una reproducci&oacute;n de papel mojado. Se le cortaron las manos, se le quit&oacute; la pluma, el pincel, se le arrancaron las orejas, los instrumentos. Se le arrebat&oacute; de ella misma. Antes de la Guerra Civil Alicante inaugur&oacute; las Hogueras, el H&eacute;rcules C.F. era serio candidato a ganar la liga, la habitaba una generaci&oacute;n de nombres ilustres como Gabriel Mir&oacute; y hab&iacute;a un mundo entero al que cont&aacute;rselo. Pero el fusilamiento de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera el 20 de Noviembre de 1936 fue lo que apag&oacute; su luz. El primer bombardeo, el de <em>Las 8 horas</em>, a cargo de la Legi&oacute;n Condor Alemana -la misma que bombardear&iacute;a Guernica en 1937- rompi&oacute; el sue&ntilde;o del pueblo. A este le sigui&oacute; el de la estaci&oacute;n de la CAMPSA, comenzando a mostrar las sombras de lo que se avecinaba con la luz del fuego.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, Alicante pasa a entrar en la zona de guerra. Con bombardeos estrat&eacute;gicos -de objetivo militar- que van perdiendo el sentido hasta centrar sus miras en personas y n&uacute;cleos urbanos. El fascismo cruz&oacute; la l&iacute;nea entre el ansia de poder y la crueldad al Este de Espa&ntilde;a. De la destrucci&oacute;n de la zona portuaria para evitar la colaboraci&oacute;n con el frente, a los balnearios del Postiguet y el Mercado Central.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El bombardeo de las poblaciones civiles por nuestros aviones -lo afirmo rotundamente- no existe. Se bombardean tan s&oacute;lo objetivos de car&aacute;cter militar. Es cierto que se producen bajas entre la poblaci&oacute;n no combatiente. Son muy de lamentar. Pero el Gobierno rojo, lejos de evitarlas, las procura situando aquellos objetivos militares en zonas ocupadas por la poblaci&oacute;n civil. Despu&eacute;s de todo, el Gobierno rojo necesita y desea esas v&iacute;ctimas para su propaganda&rdquo;</em>. <strong>General Francisco Franco. Entrevista en el diario Times publicada en 1939 en ABC Sevilla</strong>.
    </p><h3 class="article-text">Los nombres y los n&uacute;meros olvidados</h3><p class="article-text">
        Esta guerra cumpli&oacute; su objetivo: destruir la historia, la vida y el entorno de la ciudad. A pesar de las medidas tomadas por Lorenzo Carbonell -alcalde durante el a&ntilde;o 1936- entre las que estuvieron la construcci&oacute;n de los refugios, la vigilancia a&eacute;rea y la sirena que avisaba de hostilidades, lleg&oacute; &ldquo;el ataque en solitario m&aacute;s destructivo de la Guerra Civil Espa&ntilde;ola&rdquo; (The New York Times, 1938).
    </p><p class="article-text">
        Tras un 1937 con ocho bombardeos, 39 muertos y 66 heridos, lleg&oacute; el 1938. Esos 365 d&iacute;as se llevaron consigo 497 muertos y 867 heridos en 76 bombardeos. El del d&iacute;a 25 de Mayo de 1938 en el Mercado Central se cobr&oacute; la gran mayor&iacute;a de estas vidas, m&aacute;s de 300. V&iacute;ctimas, cuyo asesinato se neg&oacute;, siendo enterradas en el cuadro n&ordm;12 del Cementerio Municipal de Alicante como &ldquo;v&iacute;ctimas de un accidente&rdquo;, arrebat&aacute;ndoles cualquier tipo de dignidad e intentando hacer olvidar a sus familiares lo que de verdad ocurri&oacute;. Pero no hay tierra suficiente para enterrar algo as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        A las 11 de la ma&ntilde;ana, la llamada &ldquo;columna del miedo&rdquo;, formada por gente que hu&iacute;a cada noche al campo y a los pueblos, estaba ya en la capital trabajando y comprando. Con el Mercado Central y la Lonja contigua llenos de gente esperando v&iacute;veres, los nueve escuadrones de aviones italianos <em>Savoia 8M-79 </em>burlaron la vigilancia a&eacute;rea entrando por el interior. Tambi&eacute;n llamados Spariveros, los bombarderos salieron desde Mallorca comandados por Zigiotti y Tullio de Prato y cambiaron su ruta para sorprender a los civiles que se agolpaban en pleno centro neur&aacute;lgico alicantino. Mientras, la defensa republicana contaba con ca&ntilde;ones de la Primera Guerra Mundial (1918), lo que evoca inevitablemente a la expresi&oacute;n &ldquo;luchar con palos y piedras&rdquo;. Zigiotti y Tullio de Prato son nombres que deber&iacute;an escandalizar a la gente como lo hicieron su jefes, sus amigos y otros asesinos. Deber&iacute;an horrorizarnos tanto como en la ficci&oacute;n Norman Bates, Hannibal Lecter, Freddy Krueger y en la realidad a Charles Manson, Ian Brady, Ted Bundy.
    </p><p class="article-text">
        Corri&oacute; el rumor de que llegar&iacute;an productos en barco y desde los pueblos al Mercado. Mentira divulgada por los infiltrados fascistas -algunos dentro del frente, otros francotiradores y civiles-, cuyo objetivo se cumpli&oacute; a las 11:25 horas, cuando la alarma no son&oacute;. Esos nueve aviones lanzaron durante cinco horas 90 bombas, una lluvia negra que al caer cambiaba a roja convirtiendo el suelo en r&iacute;os de sangre. La misma que sigui&oacute; derram&aacute;ndose hasta el 25 de marzo de 1939, cerrando la guerra con 71 bombardeos, 705 edificios convertidos en dunas de hormig&oacute;n, 481
    </p><p class="article-text">
        muertos y 790 heridos.
    </p><p class="article-text">
        Durante las cinco horas de lluvia negra, la gente permaneci&oacute; en los refugios esperando escuchar la sirena del cese. El golpecito en la espalda que te dice &ldquo;puedes salir, el peligro ha pasado&rdquo;. Imagino esas cinco horas como quedarse encerrado en un ascensor mientras fuera el mundo sigue, pero no sabes c&oacute;mo lo hace y lo imaginas, que es peor. Con tan poco espacio que te haces peque&ntilde;o y te obligas a encerrarte en ti mismo para hacer menos insoportable la espera. Una vez fuera, sigues sinti&eacute;ndote encerrado. Y la parte de ti que lucha por salir y consigue ver la luz ve insoportable la vida por el miedo a que todo vuelva a ocurrir. Ese d&iacute;a y el siguiente, el diario Nuestra Bandera no manch&oacute; las manos de ning&uacute;n alicantino con su tinta, tampoco lo hizo <em>Avance </em>ni<em> Liberaci&oacute;n</em>. Hasta el 27 de mayo, ning&uacute;n medio inform&oacute; sobre el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas, las recaudaciones para ayudar a sus familias y las medidas que tomar&iacute;a el Gobierno. Se par&oacute; el tiempo en seco.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;250 muertos, en su mayor&iacute;a mujeres y ni&ntilde;os, nos ha causado la aviaci&oacute;n italo alemana en su &uacute;ltima incursi&oacute;n sobre Alicante&rdquo;</em>. <strong>Diario Avance, 27 de Mayo de 1938</strong>
    </p><h3 class="article-text">El tenue recuerdo</h3><p class="article-text">
        En la entrada del Mercado Central, uno de los pocos edificios de Alicante que todav&iacute;a nos hace ver lo preciosa que era, est&aacute; la alarma que nunca son&oacute;; est&aacute; el reloj con la hora estimada en la que llovi&oacute; plomo oscureciendo el mundo; porque no hay que olvidar nada. Porque ese d&iacute;a mujeres, ancianos y ni&ntilde;os murieron sin importar su ideolog&iacute;a y con ellos una parte de lo que nosotros podr&iacute;amos haber sido pero jam&aacute;s seremos. Ni cerrando los ojos y forzando mi imaginaci&oacute;n puedo llegar a ver esa tragedia en primera persona. No me veo capaz de soportar dolor que s&iacute; soportaron
    </p><p class="article-text">
        otros.
    </p><p class="article-text">
        Alicante pudo ser una ciudad de paz. La guerra pas&oacute; como un tornado y castig&oacute; todo lo que hab&iacute;a a su alcance por sus ideas, convirti&eacute;ndola en la primera ciudad con un campo de concentraci&oacute;n -el Campo de concentraci&oacute;n de Los Almendros- y el primer asesinato de un prisionero. Tuvieron que pasar 36 a&ntilde;os para desenterrar ese cad&aacute;ver que es nuestra historia. Y 72 para que se rindiese un homenaje a las v&iacute;ctimas de la mayor tragedia de la Guerra Civil, cuando en 2010 se cambi&oacute; el nombre de la plaza del Mercado Central por Plaza del 25 de Mayo. Esto fue seguido del homenaje de Elena Albajar y Ruth C&eacute;spedes, en el que el suelo de la plaza se cubre de nueve placas de metal representando los aviones, 90 puntos negros como las bombas y 300 agujeros recordando a los asesinados. Puntos negros que se convierten en rojos cada medio d&iacute;a como si el asfalto se levantase y la sangre volviese a la superficie. Pero 80 a&ntilde;os despu&eacute;s, con el trabajo de personas que practican esta arqueolog&iacute;a de guerra, sigue habl&aacute;ndose de ello, aunque con un altavoz demasiado peque&ntilde;o para lo enorme que es la tragedia.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a se organizan actos que parecen m&aacute;s privados que p&uacute;blicos por el poco inter&eacute;s que existe -que se genera- entre los j&oacute;venes y que deber&iacute;a de revertirse gracias al magn&iacute;fico trabajo de la productora Horizonte Seis Quince con el corto animado <em>El olvido</em> -nominada a los Goya-. Tambi&eacute;n por Letra &amp; Frame, que con el documental <em>Memoria</em> -dirigido por Alex Guill&eacute;n- muestra los testimonios de la superviviente Magdalena Oca y el trabajo de Miguel &Aacute;ngel P&eacute;rez Oca con su libro <em>25 de Mayo: La tragedia olvidada</em>. La lucha de Mariano S&aacute;nchez Soler -escritor todoterreno- para que nadie olvide la historia que nos precede. Y muchos nombres m&aacute;s, como Gabriel L&oacute;pez -el profesor de Historia que todos deber&iacute;amos haber tenido-, que me ha inspirado a querer dedicarme a contar lo que ocurri&oacute;, ocurre y ocurrir&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Estamos acostumbrados a enterrar. Obligados a asfaltar, como ya se hizo en su d&iacute;a con el tranv&iacute;a que recorr&iacute;a todos los barrios de la ciudad y que se volvi&oacute; a construir. Espa&ntilde;a sigue negando su historia. Se siguen vendiendo bombas a Arabia Saud&iacute;, pasando por alto la Guerra Civil, los bombardeos, los asesinatos, el terrorismo de uniforme y despacho. Hacer negocio convirtiendo la frase &ldquo;la historia es c&iacute;clica&rdquo; en un dogma. Pero tengo la esperanza de que, igual que el progreso tecnol&oacute;gico hizo levantar los suelos de las calles del barrio de Carolinas para instalar fibra &oacute;ptica y nos dej&oacute; ver esas antiguas v&iacute;as, los nuevos periodistas, escritores y artistas consigamos desenterrar la historia de Alicante. Que esta elipsis temporal se corte en el proceso de postproducci&oacute;n y la pel&iacute;cula final sea fiel a lo que ocurri&oacute;. Puede que este sea otro acto de nostalgia de lo que nunca he vivido. La impotencia de un <em>viejoven</em> que haga lo que haga siempre es poco. Pero escribir sobre esto es un privilegio que he convertido en obligaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Sin embargo, hasta hoy, cuando veo fotograf&iacute;as o pel&iacute;culas documentales de la guerra, me parece, por decirlo as&iacute;, como si procediera de ella y como si, desde aquellos horrores que no viv&iacute;, cayese sobre m&iacute; una sombra de la que nunca he salido&rdquo;</em>. <strong>W.G.Sebald, Sobre la historia natural de la destrucci&oacute;n (2003)</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adrián Fauro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/alicante/bombardeo-mayo-mercado-central-alicante_1_1802117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Dec 2018 20:13:45 +0000]]></pubDate>
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