<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Pablo Alabarces]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pablo_alabarces/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pablo Alabarces]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/517006/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Argentina: el fracaso de 40 años de democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/argentina-fracaso-40-anos-democracia_129_10702642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9fb8be71-4d92-41c8-9165-373e273ba8ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085001.jpg" width="5587" height="3143" alt="Argentina: el fracaso de 40 años de democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La elección de Javier Milei debe llevarnos a un balance exasperadamente crítico de lo que pasó en las cuatro décadas de democracia que van a culminar en las manos del fascismo de mercado y el negacionismo de la dictadura</p></div><p class="article-text">
        Vuelvo a leer mi nota post elecciones primarias, del 14 de agosto. Sigo pensando lo mismo que entonces. Nuevamente, me escriben los amigos y amigas brasile&ntilde;os: &ldquo;Nadie imaginaba que algo semejante pudiera pasar en Argentina&rdquo;. Uno de ellos me recuerda que estuvo a punto de mudarse a Buenos Aires cuando gan&oacute; Bolsonaro. Obviamente, se alegra de no haberlo hecho: ellos soportaron lo peor y pudieron sobrevivir, no sin da&ntilde;os. El negacionismo del COVID, entre tantos horrores, caus&oacute; all&iacute; 685.000 muertos.
    </p><p class="article-text">
        Hace tres meses, escrib&iacute;: &ldquo;No hemos sabido leer nada de lo que ha estado pasando fuera del caf&eacute;, del &lsquo;periodismo militante&rsquo; o del &lsquo;anticapitalismo de c&aacute;tedra&rsquo; del que habla mi amigo Pablo Sem&aacute;n. Refugiados en la infalibilidad de la Jefa o en la fantas&iacute;a del &lsquo;no fue magia&rsquo; &ndash;e inmunes frente al fracaso monumental del gobierno de Alberto Fern&aacute;ndez, elegido por la Jefa mediante un tuit&ndash;, nos est&aacute; pasando un tif&oacute;n por encima. Bolsonaro comenz&oacute; as&iacute;: como un chiste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la reconstrucci&oacute;n de un movimiento popular, democr&aacute;tico y progresista, que deber&aacute; comenzar dentro de quince minutos, todo esto tendr&iacute;a que ser minuciosamente recordado. No vamos a avanzar un paso en esa direcci&oacute;n si no hacemos antes un balance detallado y exasperadamente cr&iacute;tico de lo que pas&oacute; en los cuarenta a&ntilde;os de democracia que van a culminar en las manos del fascismo de mercado y el negacionismo de la dictadura<strong>. </strong>La elecci&oacute;n de Milei significa que esos cuarenta a&ntilde;os aceptan su fracaso: no hemos sabido construir una democracia que resta&ntilde;ara las heridas de la dictadura, para as&iacute; construir una sociedad m&aacute;s justa e igualitaria. 
    </p><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os kirchneristas se revelan, hoy, como una fantas&iacute;a: la ampliaci&oacute;n del consumo entendida como igualdad. No era as&iacute;, me temo: era s&oacute;lo ampliaci&oacute;n del consumo, no distribuci&oacute;n equitativa del ingreso; era disminuci&oacute;n de la desocupaci&oacute;n, pero sin alterar las cifras de la precarizaci&oacute;n &ndash;para no hablar de agendas m&aacute;s audaces&ndash;. Incluso, si el consenso democr&aacute;tico inclu&iacute;a el juicio y castigo a los culpables de la represi&oacute;n m&aacute;s salvaje del hemisferio, m&aacute;s de la mitad de los votantes ha hecho caso omiso de las amenazas de la candidata a vicepresidenta; esto no es, precisamente, signo de que ese consenso permanezca inc&oacute;lume.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo...
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La sociedad que puso preso a Videla sabrá dónde y cómo encontrar los caminos para resistir ese programa de la ultraderecha, si pudiera llevarse a cabo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No soy polit&oacute;logo &ndash;a duras penas, un cultur&oacute;logo&ndash;, pero algunos datos muestran que lo que se viene puede atemperarse. El programa de Milei es incumplible si no es con un respaldo legislativo que no tiene, ni siquiera con el salto en el aire que el macrismo va a producir en los pr&oacute;ximos minutos. La mayor parte de su agenda es tan indudablemente antidemocr&aacute;tica que no va a conseguir m&aacute;s votos parlamentarios que los del derechismo m&aacute;s duro &ndash;y escaso&ndash;. La otra opci&oacute;n, ominosa, la que nos llev&oacute; a reclamar el voto en su contra con varios colegas y amigos/as, es su reconversi&oacute;n autoritaria. El programa de Pinochet &ndash;que es el programa de Milei&ndash; solo fue posible con la mediaci&oacute;n de la dictadura pinochetista. En esa direcci&oacute;n, Milei s&oacute;lo podr&iacute;a aplicar sus propuestas con la versi&oacute;n Fujimori: la disoluci&oacute;n del Congreso apoyada por las Fuerzas Armadas, una opci&oacute;n que es, hoy, imposible, porque cualquier barra brava tiene mayor poder de fuego. Incluso, frente a la inevitable protesta social que un cuarto de sus propuestas econ&oacute;micas provocar&iacute;a, Milei enfrenta la paradoja de no contar siquiera con una polic&iacute;a propia &ndash;apenas, la gendarmer&iacute;a, que no le alcanza&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Esto no es optimismo banal; un porcentaje demasiado alto de la poblaci&oacute;n ha aceptado poner en la agenda p&uacute;blica temas y argumentos que d&aacute;bamos por tan extinguidos como los dinosaurios que iban a desaparecer, pero que no desaparecieron. Hay afirmaciones del nuevo presidente y su vice que eran, pocos a&ntilde;os atr&aacute;s, impronunciables, y hoy son programa electoral, para colmo ganador. Nadie puede, entonces, alentar un optimismo basado, meramente, en frases hechas, en el repertorio <em>progre</em> del lugar com&uacute;n y la canci&oacute;n de protesta &ndash;como hace cuarenta a&ntilde;os&ndash;: &ldquo;Siempre nos separaron los que dominan, pero sabemos hoy que eso se termina&rdquo;. No: esto es confianza democr&aacute;tica, confianza en que la sociedad que puso preso a Videla sabr&aacute; d&oacute;nde y c&oacute;mo encontrar los caminos para resistir ese programa de la ultraderecha, si pudiera llevarse a cabo. Programa que tendr&iacute;a efectos, a cort&iacute;simo plazo, devastadores: econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica y culturalmente. Y, a largo plazo, hasta lindantes con el desastre social. 
    </p><p class="article-text">
        Si no podemos ni sabemos resistir &ndash;pero con inteligencia, con potencia, con generosidad pol&iacute;tica, sin sectarismo y con &eacute;xito&ndash;, nos habremos merecido todo lo que venga.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/argentina-fracaso-40-anos-democracia_129_10702642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Nov 2023 21:36:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9fb8be71-4d92-41c8-9165-373e273ba8ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085001.jpg" length="7277134" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9fb8be71-4d92-41c8-9165-373e273ba8ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085001.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7277134" width="5587" height="3143"/>
      <media:title><![CDATA[Argentina: el fracaso de 40 años de democracia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9fb8be71-4d92-41c8-9165-373e273ba8ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085001.jpg" width="5587" height="3143"/>
      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siete tesis sobre el fin del fútbol argentino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tesis-fin-futbol-argentino_129_1789268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36bb8d71-0be7-480d-b55c-2450c55ac92b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Miembros de la barra brava de Boca Juniors en la despedida que se realizó al equipo antes de su viaje a Madrid."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Estas semanas muchos argentinos defendían que al llevarse la final de la copa Libertadores a Madrid nos robaron el fútbol. Nadie nos ha robado nada: o al menos, nos lo hemos dejado robar sin mayores problemas ni quejas"</p><p class="subtitle">"El fútbol argentino es el reducto más exasperantemente machista, misógino y homofóbico de la sociedad, de lo que es prueba la genitalidad"</p></div><h4 class="article-text">Uno: la simplificaci&oacute;n violentos-barras bravas&nbsp;</h4><p class="article-text">
        El mi&eacute;rcoles 21 de noviembre jugaron All Boys vs. Atlanta, dos equipos de la tercera divisi&oacute;n del f&uacute;tbol argentino, ambos de Buenos Aires, clubes con cierta rivalidad cl&aacute;sica. Como ocurre desde 2007 (desde 2013 para la Primera Divisi&oacute;n), s&oacute;lo pudieron concurrir los aficionados del equipo local. Como tambi&eacute;n ocurre desde entonces, siempre hay alguna presencia de la visita: los jugadores, claro, pero tambi&eacute;n algunos familiares, directivos, periodistas de medios&nbsp;afines (en la Argentina hay por lo menos una radio de frecuencia modulada de alcance barrial que sigue la campa&ntilde;a de cada equipo).
    </p><p class="article-text">
        Atlanta venci&oacute; por 3 a 2 en un juego vibrante, con All Boys intentando igualar hasta el &uacute;ltimo minuto a pesar de haber estado tres goles abajo. Al finalizar el juego, los festejos de las pocas decenas de personas que acompa&ntilde;aban al equipo visitante &ldquo;provocaron&rdquo; la reacci&oacute;n de los locales, que comenzaron a insultar y amenazar, incluyendo c&aacute;nticos antisemitas &ndash;Atlanta es tradicionalmente el equipo de la colectividad jud&iacute;a porte&ntilde;a&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Algunos grupos de hinchas locales comenzaron a invadir el campo e intentaron ingresar al espacio ocupado por los &ldquo;bohemios&rdquo; &ndash;el sobrenombre de los seguidores de Atlanta&ndash;. La polic&iacute;a, escasa a pesar de que el partido se consideraba riesgoso por la rivalidad, comenz&oacute; a reprimir como hace siempre: mal, sin orden ni concierto, semejando otra parcialidad &ndash;otra &ldquo;hinchada&rdquo; &ndash; que disputa su condici&oacute;n de mayor o menor masculinidad. La trifulca se dispers&oacute; por las calles aleda&ntilde;as al estadio, con la polic&iacute;a &ldquo;corriendo&rdquo; (literal y metaf&oacute;ricamente) para escapar a las iras locales, dejando un saldo de algunos heridos, bastantes da&ntilde;os y un orgullo extendido en la comunidad: la &ldquo;hinchada&rdquo; hab&iacute;a &ldquo;corrido&rdquo; a la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, el periodismo argentino explic&oacute; todo r&aacute;pidamente a trav&eacute;s de su simplificaci&oacute;n favorita: &ldquo;los violentos&rdquo;, &ldquo;los barras&rdquo;. Pero era apenas All Boys-Atlanta, y nadie le prest&oacute; m&aacute;s atenci&oacute;n pasadas las veinticuatro horas. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, en cambio, &ldquo;los violentos&rdquo; y &ldquo;los barras&rdquo; de River apedrearon el&nbsp;autob&uacute;s&nbsp;con los jugadores de Boca, y eso fue primeras planas y un esc&aacute;ndalo nacional.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, se trataba exactamente de lo mismo: una cultura futbol&iacute;stica estructuralmente organizada en torno de la violencia como mandato &eacute;tico, en la que la polic&iacute;a participa alegremente demostrando que tiene tanto o m&aacute;s &ldquo;aguante&rdquo; que los hinchas. Y &ldquo;aguante&rdquo; significa masculinidad: los hinchas que no se pelean para defender &ldquo;el honor de los colores&rdquo; frente a una provocaci&oacute;n o una simple derrota &ndash;o que no reivindican y consens&uacute;an la violencia de los que s&iacute; lo hacen&ndash; son, consecuentemente, &ldquo;putos&rdquo;. La polic&iacute;a, adem&aacute;s, demuestra su ineficacia y su ignorancia, planificando operativos tan vergonzosos que alimentan todas las hip&oacute;tesis paranoicas: el recorrido del&nbsp;autob&uacute;s&nbsp;de Boca parece haberlo planeado un ni&ntilde;o con un Google Maps.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa544ff6-d78f-4ffd-87e6-b322ae4f61f3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa544ff6-d78f-4ffd-87e6-b322ae4f61f3_16-9-aspect-ratio_50p_0.png"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa544ff6-d78f-4ffd-87e6-b322ae4f61f3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa544ff6-d78f-4ffd-87e6-b322ae4f61f3_16-9-aspect-ratio_75p_0.png"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa544ff6-d78f-4ffd-87e6-b322ae4f61f3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa544ff6-d78f-4ffd-87e6-b322ae4f61f3_16-9-aspect-ratio_default_0.png"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa544ff6-d78f-4ffd-87e6-b322ae4f61f3_16-9-aspect-ratio_default_0.png"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h4 class="article-text">Dos: el principio del 'aguante'&nbsp;</h4><p class="article-text">
        &ldquo;Estructuralmente&rdquo; significa que toda la cultura futbol&iacute;stica argentina est&aacute; organizada por el principio del &ldquo;aguante&rdquo;. Un mandato &eacute;tico, moral: hay que tener &ldquo;aguante&rdquo; para no ser expulsado del mundo masculino, y ese &ldquo;aguante&rdquo; implica &ndash;porque hay que contrastarlo con el del otro&ndash; necesariamente el combate, en &uacute;ltima instancia. No se trata, entonces, de inadaptados, de sujetos excepcionales: la violencia es la norma que explica y produce las conductas, no la excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, eso no implica que millones de argentinos y argentinas la ejerciten: significa que la comprenden y la justifican, aunque en ocasiones (las muertes, por ejemplo) consideren que &ldquo;se les fue la mano&rdquo;. Pero una paliza, o una &ldquo;corrida&rdquo; (hacer huir al rival o a la polic&iacute;a) no se le niega a nadie.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/69c59a07-8a9b-4952-8d78-cff80beb5015_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/69c59a07-8a9b-4952-8d78-cff80beb5015_16-9-aspect-ratio_50p_0.png"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/69c59a07-8a9b-4952-8d78-cff80beb5015_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/69c59a07-8a9b-4952-8d78-cff80beb5015_16-9-aspect-ratio_75p_0.png"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/69c59a07-8a9b-4952-8d78-cff80beb5015_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/69c59a07-8a9b-4952-8d78-cff80beb5015_16-9-aspect-ratio_default_0.png"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/69c59a07-8a9b-4952-8d78-cff80beb5015_16-9-aspect-ratio_default_0.png"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h4 class="article-text">Tres: el dinero clandestino</h4><p class="article-text">
        Las barras son una resultante, no una causa. Se trata de asociaciones de sujetos (en masculino) especialmente portadores de habilidades para el combate que son traducidas en intercambios mercantiles al servicio del que las pague: generalmente, los dirigentes deportivos, sindicales o pol&iacute;ticos que precisan fuerzas de choque. Eso incluye al actual presidente de la naci&oacute;n, que durante doce a&ntilde;os &ldquo;acompa&ntilde;&oacute;&rdquo; a la barra de Boca. Los dineros proceden de fuentes diversas, y deciden el mayor o menor poder&iacute;o econ&oacute;mico de las distintas barras. Las de los equipos menores disputan solamente prestigio local, territorial, o peque&ntilde;os favores; las de los equipos grandes participan en el reparto de ingentes sumas de dinero procedentes de los innumerables tr&aacute;ficos clandestinos que organizan al f&uacute;tbol argentino, uno de los m&aacute;s corruptos del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Las barras son, entonces, simult&aacute;neamente deudoras de la legitimidad moral de la violencia en la cultura futbol&iacute;stica y de sus dineros clandestinos. Como se ve, no son sujetos excepcionales ni inadaptados: por el contrario, son los mejor adaptados a esa cultura.
    </p><h4 class="article-text">Cuatro. Los c&oacute;mplices</h4><p class="article-text">
        Lo que sigue es la mezcla explosiva de ignorancias, complicidades, groser&iacute;as y estigmatizaciones de la que son capaces las dirigencias pol&iacute;ticas, deportivas y policiales, sabiamente acompa&ntilde;ados por buena parte del periodismo deportivo o generalista. Afirmar que la culpa de todo la tienen &ldquo;los barras&rdquo;, o la consabida invocaci&oacute;n a una &ldquo;sociedad&rdquo; presuntamente violenta y &ldquo;reflejada&rdquo; por el f&uacute;tbol, ya no es desconocimiento: quien lo afirma es, sin tapujos, c&oacute;mplice. (Hay otro pliegue: el que mira a su ombligo y afirma &ldquo;yo no soy as&iacute;&rdquo;. Luego vuelve a cantar su canci&oacute;n favorita: &ldquo;Te fuiste a la B por puto y por cag&oacute;n&rdquo;).
    </p><h4 class="article-text">Cinco. El f&uacute;tbol como &eacute;xito del patriarcado</h4><p class="article-text">
        El &ldquo;aguante&rdquo; significa masculinidad; el f&uacute;tbol argentino es el reducto m&aacute;s exasperantemente machista, mis&oacute;gino y homof&oacute;bico de la sociedad, de lo que es prueba la genitalidad de sus met&aacute;foras o el maltrato sistem&aacute;tico al f&uacute;tbol femenino. Pero a la hora de las &ldquo;explicaciones&rdquo;, los hombres insisten en culpar a toda la sociedad, indiferentes a cualquier discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero. La violencia en el f&uacute;tbol argentino es otro &eacute;xito fulgurante del patriarcado.
    </p><h4 class="article-text">Seis. La polic&iacute;a como generadora de violencia&nbsp;</h4><p class="article-text">
        El jueves 6 de diciembre se jug&oacute; en Mendoza un partido entre Rosario Central y Gimnasia y Esgrima de La Plata, de las respectivas ciudades argentinas. Fue un juego final por la Copa Argentina, una suerte de suced&aacute;neo de la Copa del Rey. Ganaron los rosarinos. Como se jugaba en una cancha neutral, se permiti&oacute; la asistencia de los aficionados de ambos equipos. No hubo un solo incidente entre ellos. Pero la polic&iacute;a local maltrat&oacute; a placer a todos los hinchas, todos sospechosos de ser p&eacute;simas personas: las aglomeraciones y golpes policiales, m&aacute;s el uso arbitrario de gases, provocaron un infarto en uno de los asistentes, Sergio Confalonieri, un rosarino de 56 a&ntilde;os. No hab&iacute;a desfribiladores en el estadio, las ambulancias no llegaron a tiempo. Confalonieri fue el muerto n&uacute;mero 329 desde 1924 a la fecha. No hubo ning&uacute;n atisbo de barras bravas en el incidente. Por ahora, tampoco hay acusados por el crimen, que lo fue.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a38197-7f0b-4239-b756-6b3c964ade44_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a38197-7f0b-4239-b756-6b3c964ade44_16-9-aspect-ratio_50p_0.png"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a38197-7f0b-4239-b756-6b3c964ade44_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a38197-7f0b-4239-b756-6b3c964ade44_16-9-aspect-ratio_75p_0.png"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a38197-7f0b-4239-b756-6b3c964ade44_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/png"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6a38197-7f0b-4239-b756-6b3c964ade44_16-9-aspect-ratio_default_0.png"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d6a38197-7f0b-4239-b756-6b3c964ade44_16-9-aspect-ratio_default_0.png"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h4 class="article-text">Siete. El robo y el final</h4><p class="article-text">
        Y luego de todo esto, el River-Boca se jug&oacute; en Madrid. Que les aproveche. En lo que a m&iacute; respecta, se lo pueden quedar. Pero ll&eacute;venselo todo: los futbolistas, los juegos, las copas; los dirigentes, los pol&iacute;ticos, los polic&iacute;as; los hinchas &ldquo;comunes&rdquo;, los &ldquo;barras&rdquo;, el elenco completo de Fox Sports y algunos ni&ntilde;itos que est&aacute;n cantando &ldquo;bostero puto/la puta que te pari&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estas semanas muchos argentinos defend&iacute;an que&nbsp;al llevarse&nbsp;el partido a&nbsp;Madrid, nos robaron el f&uacute;tbol. Nadie nos ha robado nada: o al menos, nos lo hemos dejado robar sin mayores problemas ni quejas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tesis-fin-futbol-argentino_129_1789268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Dec 2018 21:38:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/36bb8d71-0be7-480d-b55c-2450c55ac92b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="836437" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/36bb8d71-0be7-480d-b55c-2450c55ac92b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="836437" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Siete tesis sobre el fin del fútbol argentino]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/36bb8d71-0be7-480d-b55c-2450c55ac92b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Violencia]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
