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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manel Domingo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manel_domingo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manel Domingo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Qué quiere ser la Unión Europea?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/los-jovenes-opinan-sobre-el-futuro-de-europa/quiere-union-europea_132_1737429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7f76fd1-e6b4-4cf3-8e6f-e3d37baf69ee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Marcha a favor de la Unión Europea en Berlín. Foto: Parlamento Europeo"></p><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea atraviesa el momento m&aacute;s dif&iacute;cil de sus 60 a&ntilde;os de historia. Apenas superada la dura recesi&oacute;n econ&oacute;mica que empez&oacute; en 2008, se ve abocada a un problema mucho m&aacute;s grave. No se trata de afrontar una coyuntura externa como fue la crisis econ&oacute;mica, sino que ahora es ella misma la que se mira al espejo y no se reconoce. Una Uni&oacute;n fracturada por los cuatro lados (este y oeste, norte y sur), sin capacidad de reacci&oacute;n frente a los retos del nuevo mundo y sin un liderazgo claro. El diagn&oacute;stico y las posibles hojas de ruta existen y est&aacute;n a la vista: tan solo hace falta escuchar el &uacute;ltimo <a href="https://ec.europa.eu/commission/priorities/state-union-speeches/state-union-2018_es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">discurso del estado de la Uni&oacute;n</a> pronunciado por el presidente de la Comisi&oacute;n Europea. Pero hasta el propio Juncker sabe que no hay nadie para tomar los mandos. Por si fuera poco, el proyecto europeo nunca lleg&oacute; a consolidarse. La Uni&oacute;n Europea todav&iacute;a es un enorme edificio a medio construir. La ilusi&oacute;n de que con los cimientos bastaba se ha mantenido mientras el clima era ben&eacute;volo, pero ahora que sopla el viento vemos c&oacute;mo todo se tambalea.
    </p><h3 class="article-text">La crisis europea dentro de la crisis global</h3><p class="article-text">
        Como en toda crisis existencial, dos grandes y antiguas preguntas atraviesan la Uni&oacute;n Europea: &iquest;Qui&eacute;nes somos? &iquest;Qu&eacute; queremos? Ambas cuestiones son planteadas en dos direcciones: hacia dentro y hacia fuera. En el segundo caso, el enunciado cambia ligeramente: &iquest;Qui&eacute;nes somos para el resto del mundo? &iquest;Qu&eacute; queremos hacer de &eacute;l? O dicho de forma m&aacute;s terrenal, &iquest;qu&eacute; papel pretende ejercer la UE en el escenario global?
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las fronteras europeas, el mundo est&aacute; cambiando a una velocidad trepidante. Sin entrar en el an&aacute;lisis exhaustivo, una m&iacute;nima contextualizaci&oacute;n pasa por mencionar c&oacute;mo en pocos a&ntilde;os hemos pasado a un escenario multipolar y se ha presentado una &ldquo;enmienda a la globalizaci&oacute;n&rdquo; entendida como el &ldquo;terreno de juego de Occidente contra el mundo en desarrollo&rdquo;, <a href="https://ctxt.es/es/20180509/Politica/19488/Europa-geostrategia-potencias-debilidad-division.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tal y como lo ha resumido Rafael Poch</a>. Ahora los centros de poder e influencia se han redistribuido y nuevos actores globales disputan el lugar dominante que EEUU hab&iacute;a ocupado en solitario desde la ca&iacute;da de la URSS. Los m&aacute;s importantes, China y Rusia, constituyen los nuevos polos del poder global junto al perpetuo gigante americano, que representa a un Occidente en la carrera por reinventarse y adaptarse. El resultado es un repliegue de los Estados y un fren&eacute;tico movimiento de fichas en el tablero mundial.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, ahora m&aacute;s que nunca encontramos una Europa que&nbsp;<a href="https://ctxt.es/es/20180509/Politica/19488/Europa-geostrategia-potencias-debilidad-division.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya en 2011 Jos&eacute; Ignacio Torreblanca</a> defini&oacute; muy acertadamente como &ldquo;ausente del mundo&rdquo; que no est&aacute; atendiendo a esa necesaria reinvenci&oacute;n. Pese a ser un gigante econ&oacute;mico que representa cerca del 25% de la riqueza mundial con, hasta el momento, una s&oacute;lida agenda comercial, la UE no da visos de estar adapt&aacute;ndose a los nuevos flujos globales. Se sigue desatendiendo un espacio tan relevante para Europa (relevante por motivos no solo estrat&eacute;gicos, sino de responsabilidad hist&oacute;rica) como &Aacute;frica, donde mejor aparece reflejada la UE como, en palabras del propio Juncker, un &ldquo;donante global&rdquo; en vez de como el actor global que deber&iacute;a aspirar a ser. Mientras tanto, una China mucho m&aacute;s despierta impone su agenda sobre el continente. Por otro lado, despu&eacute;s de a&ntilde;os de arduas negociaciones, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos fue dinamitado por el reci&eacute;n llegado presidente Trump, que representa como nadie las complicadas l&oacute;gicas que zarandean a este nuevo mundo multipolar y amenaza a su hist&oacute;rico socio europeo con una guerra de aranceles. Pese a que hasta ahora el apartado comercial es el espacio donde mejor ha sabido desenvolverse la UE de cara al exterior, los retos a los que se enfrenta no son sencillos y su capacidad de reacci&oacute;n no parece estar a la altura.
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s desolador es su papel como actor geopol&iacute;tico, donde el peso de la UE se diluye hasta caer en la irrelevancia. Si bien muy pocas veces ha sido Europa capaz de integrar los intereses de sus miembros en una sola voz, esta incapacidad se ha hecho del todo evidente cuando los conflictos han llegado hasta nuestras fronteras. Torreblanca ya se&ntilde;al&oacute; en el art&iacute;culo antes mencionado que las primaveras &aacute;rabes supon&iacute;an un punto de inflexi&oacute;n. &ldquo;Si la primavera &aacute;rabe hubiera concluido de forma r&aacute;pida y feliz, las carencias de Europa hubieran terminado por ser invisibles. Si lo que tenemos por delante [en los pa&iacute;ses &aacute;rabes] es un camino hacia la democracia sumamente bacheado [...] esta Europa se dividir&aacute;, ser&aacute; incapaz de influir y quedar&aacute; abocada a la irrelevancia exterior&rdquo;. Su pron&oacute;stico acert&oacute; con creces. La UE se ha demostrado incapaz de actuar en estos territorios, aun cuando sus consecuencias, materializadas en el flujo de refugiados provenientes de Siria y Libia, han afectado directamente dentro del territorio europeo y han activado la espoleta de la gran crisis actual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para ser justos, cabe no dejar de mencionar que una de las grandes dificultades (pero no la &uacute;nica ni la m&aacute;s importante) que Europa arrastra a la hora de construir una pol&iacute;tica exterior unitaria es su dependencia de la OTAN. Poch insiste en que la UE siempre ha actuado &ldquo;al remolque&rdquo; de la organizaci&oacute;n, controlada por los intereses geoestrat&eacute;gicos de un EEUU cada vez m&aacute;s distanciado de Europa. Sin embargo, la llegada al poder de Donald Trump y su puesta en cuesti&oacute;n de la Alianza Atl&aacute;ntica se presentan ante la UE como una necesidad de construir un poder alternativo que responda a los intereses comunitarios. La Uni&oacute;n de la Defensa parece ser un t&iacute;mido paso en esta direcci&oacute;n, y aunque por ahora es insuficiente, <a href="https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-02-19/otan-recela-ideas-propias-union-europea-defensa_1524288/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya ha puesto en alerta a la administraci&oacute;n norteamericana</a>. Sea como fuere, parece indispensable independizarse de la OTAN y seguir desarrollando los lazos diplom&aacute;ticos propios para que la UE pueda aspirar a tener voz propia en el tablero geopol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Para qu&eacute; deber&iacute;a utilizar Europa esa eventual voz es otro de los interrogantes existenciales planteados. Mientras las grandes potencias globales avanzan presas de sus propias din&aacute;micas de crecimiento y control de los espacios geopol&iacute;ticos, la Uni&oacute;n Europea tiene la obligaci&oacute;n moral de apuntar m&aacute;s all&aacute;. Las actuales convulsiones en el escenario mundial plantean el riesgo de que otros temas de inter&eacute;s para el conjunto de la humanidad se vean desplazados de la agenda. Entre ellos, la defensa de los derechos humanos o la imprescindible lucha contra el cambio clim&aacute;tico. Europa no solo tiene la capacidad de liderar estas batallas, sino que probablemente sea la &uacute;nica gran potencia que se preste a hacerlo sin matices. Si quiere honrar los valores con los que ha legitimado su existencia hasta ahora, est&aacute; obligada a ejercer ese papel. El problema es que, cuando uno accede al coraz&oacute;n de la Uni&oacute;n, estos valores parecen haberse desintegrado.
    </p><h3 class="article-text">La Europa deslegitimada</h3><p class="article-text">
        De vuelta al interior de las fronteras de Europa, la pregunta sobre qui&eacute;nes somos va indisolublemente ligada a la cuesti&oacute;n de la legitimaci&oacute;n del proyecto europeo. Hay dos caracter&iacute;sticas que diferencian a la Uni&oacute;n Europea de otras organizaciones internacionales y la convierten en un proyecto singular: la voluntad de ceder soberan&iacute;a hacia lo supranacional y la construcci&oacute;n de la supranacionalidad sobre una serie de valores compartidos. Ambos rasgos son, mientras funcionen, fuente de legitimidad de la UE ante sus ciudadanos. Sin embargo, la erosi&oacute;n de estos pilares es evidente y existen varios factores que la explican. Los tres m&aacute;s importantes: la burocratizaci&oacute;n y tecnocratizaci&oacute;n de las instituciones europeas, la inoperancia en la crisis de los refugiados y la austeridad aplicada durante la crisis financiera.
    </p><p class="article-text">
        Respecto al primer factor,&nbsp;<a href="https://elpais.com/internacional/2014/04/25/actualidad/1398445520_390623.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Claudi P&eacute;rez rescat&oacute; en su d&iacute;a</a> una reflexi&oacute;n del cineasta alem&aacute;n Wim Wenders que explica muy acertadamente uno de los grandes problemas de legitimidad de la UE: &ldquo;La idea de Europa ha quedado reducida a la burocracia, y ahora la gente cree que la burocracia es la idea&rdquo;. Aun cuando las instituciones europeas, en mayor o menor medida dependiendo de los liderazgos del momento, siempre han sido un gran aparato en manos de bur&oacute;cratas y tecn&oacute;cratas con un grado de politizaci&oacute;n inferior al de las instituciones de los estados miembro, es en este tiempo de incertidumbre cuando dicha carencia reluce con m&aacute;s fuerza. Nos encontramos ante un aparato institucional vaciado de representanciones e ideolog&iacute;a (m&aacute;s all&aacute; de la estrictamente neoliberal que se infiltra all&aacute; donde miremos) del que gran parte de la ciudadan&iacute;a no se siente parte ni participe.
    </p><p class="article-text">
        Gardels y Berggruen ya advirtieron este problema cuando se preguntaban <a href="https://elpais.com/internacional/2012/01/24/actualidad/1327406234_109035.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mo pod&iacute;a ser una aut&eacute;ntica uni&oacute;n pol&iacute;tica europea</a>. De hecho, hilaron m&aacute;s fino afirmando que &ldquo;tiene poco sentido construir un enorme edificio burocr&aacute;tico en Bruselas en la era de la informaci&oacute;n, cuando el poder repartido de las redes est&aacute; transformando la propia naturaleza de la gobernanza&rdquo;. Tambi&eacute;n se preguntaban si dicha uni&oacute;n podr&iacute;a llegar a consolidarse sin ir precedida de un proceso de construcci&oacute;n nacional europeo. Las instituciones europeas podr&aacute;n ser unitarias, pero nunca ser&aacute;n realmente pol&iacute;ticas si no existe una identidad com&uacute;n previa. En este sentido, el fracaso del Tratado de Roma para una constituci&oacute;n europea supuso toda una declaraci&oacute;n de intenciones (en contra, por supuesto). Por otro lado, el consenso sobre los valores europeos parec&iacute;a ser una primera piedra en la construcci&oacute;n de esa identidad, pero recientemente hemos comprobado su falta de solidez.
    </p><p class="article-text">
        La inoperancia en la crisis de los refugiados ha logrado poner en entredicho todo lo que la Uni&oacute;n Europea hab&iacute;a pretendido representar en materia de valores.&nbsp;<a href="https://elpais.com/elpais/2016/03/06/opinion/1457282012_182216.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">B&eacute;atrice Delvoux lanz&oacute; una provocaci&oacute;n</a> que define bien el problema que la crisis de los refugiados plantea a la legitimidad europea: &ldquo;Siempre nos hemos preguntado qu&eacute; habr&iacute;amos hecho o dicho en los a&ntilde;os treinta y cuarenta. Pues bien, ahora nos vemos obligados a responder&rdquo;. Sin necesidad de detenerse en los detalles, es bien sabido que la respuesta a la crisis ha sido insolidaria e ineficiente hasta el punto de convertirse en un desastre humanitario. &iquest;Significa eso que, como europeos, no somos mejores que antes de ser la Uni&oacute;n Europea? Sin duda es discutible, pero si la respuesta es negativa, entonces podemos afirmar abiertamente que el proyecto de la Uni&oacute;n Europea ha fracasado. En cualquier caso, &iquest;realmente queremos ser mejores? &iquest;Apostamos por ser mejores?
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo aspecto ha sido la gesti&oacute;n de la crisis financiera a trav&eacute;s de la estrategia de la austeridad, un concepto que Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao considera &ldquo;un eufemismo apenas velado para designar el acta de defunci&oacute;n de la solidaridad como valor inspirador de la UE&rdquo; en su libro <em>La estrategia del malestar</em>. No se podr&iacute;a definir mejor. Las pol&iacute;ticas austericidas no solo han provocado la fractura social en el seno de cada pa&iacute;s, aprovechada ahora por la ultraderecha populista, sino que tambi&eacute;n han desvirtuado el significado de supranacionalidad por el que se reg&iacute;a la Uni&oacute;n. <a href="https://blogs.elpais.com/alternativas/2012/05/la-crisis-de-legitimidad-de-la-union-europea-y-la-entrada-en-vigor-de-la-iniciativa-ciudadana.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como apuntaba Luis Bouza durante los peores a&ntilde;os de la crisis para los pa&iacute;ses del sur</a>, &ldquo;hasta ahora ceder soberan&iacute;a a la UE no significaba perderla sino ejercerla en com&uacute;n mediante reglas acordadas de antemano&rdquo;. La imposici&oacute;n de la agenda neoliberal asociada a la crisis de la deuda sin un discurso alternativo que se le oponga (Grecia lo intent&oacute; y acab&oacute; embargada) ha provocado que sobre todo el Norte y el Sur, pero tambi&eacute;n el Este y el Oeste, est&eacute;n en Europa m&aacute;s separados que nunca. A este respecto, no s&eacute; equivocaba el ya desaparecido Samir Amin al afirmar en <em>Por un mundo multipolar</em> que &ldquo;Europa ser&aacute; de izquierdas, o no ser&aacute;&rdquo;, al menos en el sentido de que es necesario reconstruir el pilar social en el que se invirti&oacute; durante los 80, cuando el fantasma del comunismo sovi&eacute;tico todav&iacute;a miraba de reojo a Europa.
    </p><p class="article-text">
        Pese a todo, una crisis es siempre una oportunidad. Es improbable que la Uni&oacute;n Europea sobreviva a esta etapa si no se reinventa. Existen los diagn&oacute;sticos y las hojas de ruta, pero es tiempo de asumir liderazgos y, sobre todo, crear una agenda propia. Ir&oacute;nicamente, el populismo de extrema derecha y euroesc&eacute;ptico es el mejor preparado para ocupar estos espacios, m&aacute;s a&uacute;n cuando parte de los l&iacute;deres europeos conservadores est&aacute; asumiendo su discurso xen&oacute;fobo y ultranacionalista en un desesperado intento de plantarles cara electoralmente. El error es may&uacute;sculo y, como hemos visto, socava enormemente los fundamentos del proyecto europeo respecto a qu&eacute; somos y qu&eacute; queremos. Un posible frente pasar&iacute;a por, como dijo Juncker, recuperar &ldquo;las esencias de la Uni&oacute;n Europea&rdquo;, pero deber&iacute;amos preguntarnos si alguna vez nos las cre&iacute;mos de verdad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manel Domingo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/los-jovenes-opinan-sobre-el-futuro-de-europa/quiere-union-europea_132_1737429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 10:39:29 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La demografía no cura el racismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/demografia-cura-racismo_132_1776944.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La semana pasada el INE dio las cifras de natalidad m&aacute;s bajas de su historia. Nunca desde 1977 se hab&iacute;a registrado una tasa de natalidad tan reducida: tan solo 8,4 nacimientos por cada mil habitantes y 1,3 hijos por mujer. Garantizar el Estado del bienestar con estos n&uacute;meros resulta imposible; el continuo descenso de la natalidad ha de ser compensado con un aumento de la inmigraci&oacute;n de j&oacute;venes en edad de trabajar. As&iacute; es el inapelable mandato de la ciencia demogr&aacute;fica. Simple matem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos tiempos convulsos. Tiempos en los que muchos se alarman (nos alarmamos) ante el auge de partidos abiertamente xen&oacute;fobos que hacen del discurso antiinmigraci&oacute;n su bandera. Uno podr&iacute;a dejarse llevar por la tentaci&oacute;n de atacar este discurso racista con el argumento de que la inmigraci&oacute;n es necesaria para mantener la pir&aacute;mide poblacional en buena forma. Sin embargo, es ingenuo pensar que la inspiraci&oacute;n matem&aacute;tica puede combatir la intolerancia y el odio.
    </p><p class="article-text">
        En Vox y otros partidos hom&oacute;logos de Europa saben perfectamente que, por poco que les guste, la inmigraci&oacute;n es necesaria. Santiago Abascal no pide cerrar las puertas a todos los inmigrantes, sino seleccionarlos en base a criterios racistas. &iquest;Negros y musulmanes? Ni pensarlo. &iquest;Hispanoamericanos? Podemos negociarlo. Siempre que, por supuesto, su entrada responda a &ldquo;los intereses de la econom&iacute;a nacional&rdquo;. Y a&ntilde;ado: que se dediquen a todos esos trabajos que a nosotros no nos gusta hacer.
    </p><p class="article-text">
        Combatir este tipo de discursos planteando la inmigraci&oacute;n como una ventana de oportunidad para corregir nuestros problemas demogr&aacute;ficos no solo es in&uacute;til, sino que adem&aacute;s valida y refuerza sus posicionamientos. Las demenciales tesis de Lant Pritchett, economista y profesor de Harvard, nos pueden dar una idea de a d&oacute;nde nos llevan estos argumentos. &iquest;Su propuesta? Inmigraci&oacute;n en masa, rotativa y regulada. Todo para garantizar los 200 millones de inmigrantes que calcula que Europa necesitar&aacute; en los pr&oacute;ximos 30 a&ntilde;os. Seg&uacute;n su planteamiento, podr&iacute;an residir aqu&iacute; unos a&ntilde;os hasta que llegue el turno de la pr&oacute;xima remesa, momento en el que se les devuelve a sus pa&iacute;ses de origen. Mientras vivan aqu&iacute;, se les garantiza el derecho al trabajo, pero no los derechos pol&iacute;ticos; los inmigrantes de Pritchett jam&aacute;s tendr&iacute;an acceso a conseguir la ciudadan&iacute;a. Un modelo neoesclavista hecho a medida de las necesidades demogr&aacute;ficas de Occidente. No hay argumento matem&aacute;tico que se le pueda oponer.
    </p><p class="article-text">
        Por ahora, las tesis de Pritchett (insisto, un reputado economista y profesor de Harvard) no son m&aacute;s que un eco dist&oacute;pico. Ni la ultraderecha populista m&aacute;s xen&oacute;foba les ha prestado demasiada atenci&oacute;n, pero qui&eacute;n sabe si en alg&uacute;n momento se infiltrar&aacute;n en alguno de sus programas electorales. Lo que est&aacute; claro es que cada vez que el debate sobre la inmigraci&oacute;n se plantea en t&eacute;rminos de &ldquo;problema&rdquo; u &ldquo;oportunidad&rdquo;, sus posiciones se legitiman m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las migraciones no son un problema ni una oportunidad. Las migraciones son un fen&oacute;meno tan antiguo como la misma humanidad que le acompa&ntilde;ar&aacute;n hasta el final de sus d&iacute;as. Por lo tanto, el debate de nuestro tiempo no se reduce a la pueril dicotom&iacute;a de &ldquo;inmigraci&oacute;n s&iacute;&rdquo; o &ldquo;inmigraci&oacute;n no&rdquo;. Se trata de si queremos convertirla en una pesadilla o preferimos invertir nuestra imaginaci&oacute;n en avanzar hacia un mundo m&aacute;s libre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manel Domingo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/demografia-cura-racismo_132_1776944.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Dec 2018 09:29:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La demografía no cura el racismo]]></media:title>
    </item>
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