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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sara Martínez]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Sara Martínez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las últimas navidades de la mina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/ultimas-navidades-mina_1_1762358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38b112bb-bfa3-4845-be23-e720cf79ee17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las últimas navidades de la mina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las cuencas, completamente dependientes del mineral, son ahora un cementerio industrial. Las últimas navidades mineras se antojan un chiste para los que llevan años viendo morir sus pueblos</p><p class="subtitle">Las explotaciones mineras de carbón se han acogído al plan de cierre que fijaba como fecha límite el 31 de diciembre para no tener que devolver las ayudas públicas</p><p class="subtitle">"Estoy preocupado, en todos los lados te piden experiencia y yo entré en la mina con 18 años y solo sé hacer eso", explica Enrique González</p></div><p class="article-text">
        No habr&aacute; carb&oacute;n para los ni&ntilde;os malos estas navidades, tampoco para los buenos. Los tres&nbsp;magos de oriente tendr&aacute;n que buscar otro agasajo para los peque&ntilde;os m&aacute;s traviesos o venir&nbsp;cargando con el mineral desde Colombia, Rusia, Indonesia o Australia, porque el fin del carb&oacute;n&nbsp;tan solo ata&ntilde;e al aut&oacute;ctono. Espa&ntilde;a contin&uacute;a entre los principales importadores de la zona&nbsp;comercial atl&aacute;ntica, seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Mundial del Carb&oacute;n. Aun as&iacute;, y siguiendo con las&nbsp;pautas marcadas por la Uni&oacute;n Europea hace una d&eacute;cada, el a&ntilde;o que estrenamos ya no cuenta&nbsp;con ninguna mina privada y activa en el pa&iacute;s. Pocos ponen ahora en duda que las renovables&nbsp;son el futuro y las cuencas languidecen alejadas de la &eacute;pica de otros tiempos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes todo el mundo cantaba, ahora ya no siento cantar nunca&rdquo;, cuenta Ascensi&oacute;n Ram&oacute;n&nbsp;tras la barra del bar que lleva regentando toda una vida. Con 104 a&ntilde;os conoce bien la dureza&nbsp;de un trabajo que llen&oacute; de for&aacute;neos la comarca del Bierzo. Por su fonda pasaron cientos de&nbsp;mineros, &ldquo;ganaban cinco pesetas al d&iacute;a y ten&iacute;an ocho y doce hijos&rdquo;. Al alba, y sin un c&eacute;ntimo en&nbsp;el bolsillo, le ped&iacute;an una copa de orujo &ldquo;pa&rsquo; quitar las telara&ntilde;as&rdquo;. Los pueblos crecieron&nbsp;alrededor de sus tajos. Fabero, la cuenca antracitera m&aacute;s importante de Espa&ntilde;a, lleg&oacute; a tener&nbsp;m&aacute;s de 8.000 empadronados y una poblaci&oacute;n fluctuante que alcanz&oacute; los 12.000 habitantes a finales de los setenta. Ahora, con apenas 4.600 censados en todo el municipio, ve c&oacute;mo los&nbsp;j&oacute;venes hacen las maletas en busca de un trabajo que su tierra les niega.
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        Con &ldquo;rabia y culpabilidad por no haber sabido lucharlo mejor&rdquo;, as&iacute; est&aacute;n viviendo los hermanos&nbsp;Borja y Paul Mart&iacute;nez Maceda, nacidos en Anllares del Sil y afincados en Fabero, las &uacute;ltimas&nbsp;navidades de la mina. Con casi 22 a&ntilde;os de tajo a sus espaldas se sienten &ldquo;relativamente&nbsp;afortunados&rdquo;. Ambos han conseguido la prejubilaci&oacute;n pero consideran &ldquo;impensable&rdquo; que sus&nbsp;hijos puedan trabajar en esta comarca el d&iacute;a de ma&ntilde;ana. &ldquo;Esto se muere, no hay trabajo para&nbsp;nadie y los compa&ntilde;eros que no se han podido prejubilar se van al paro sin expectativas&rdquo;,&nbsp;declara Borja. &ldquo;El fin de las prejubilaciones era estructurar y fijar poblaci&oacute;n y lo que han&nbsp;conseguido es todo lo contrario&rdquo;. Aseguran que el 80% de los compa&ntilde;eros que ten&iacute;an en 2012&nbsp;est&aacute;n en el paro o fuera de la cuenca.
    </p><p class="article-text">
        Para Enrique Gonz&aacute;lez y su familia el futuro es m&aacute;s incierto. Este 26 de diciembre una carta&nbsp;pon&iacute;a fin a 15 a&ntilde;os en el interior de un pozo. &ldquo;Estoy preocupado, en todos los lados te piden&nbsp;experiencia y yo entr&eacute; en la mina con 18 a&ntilde;os y solo s&eacute; hacer eso&rdquo;. Enrique vive en Fabero&nbsp;pero no descarta dejar su casa en busca de un futuro m&aacute;s prometedor. &ldquo;Es injusto, pero los&nbsp;compa&ntilde;eros de las subcontratas lo tienen peor, no tienen derecho a nada y algunos llevan m&aacute;s&nbsp;de 20 a&ntilde;os trabajando&rdquo;, lamenta.
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        Las medias verdades llenaron durante a&ntilde;os p&aacute;ginas de peri&oacute;dicos atendiendo de reojo a una&nbsp;realidad que pocos se molestaron en conocer. Espa&ntilde;a entr&oacute; en el siglo XX de la mano del&nbsp;carb&oacute;n, un carb&oacute;n que ciment&oacute; el crecimiento, hizo funcionar las industrias y calent&oacute; los&nbsp;hogares de todo el pa&iacute;s. Las comarcas mineras, antes peque&ntilde;os n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n con una&nbsp;econom&iacute;a agropecuaria de subsistencia, atrajeron a miles de trabajadores que comenzaron la&nbsp;actividad extractiva como chamiceros, de forma rudimentaria y muy peligrosa. Lentamente se&nbsp;fueron fomentando mejoras productivas en las explotaciones a pesar de que los accidentes&nbsp;mortales continuaron sucedi&eacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        A principios de la d&eacute;cada de los 70 un picador recib&iacute;a un&nbsp;salario de apenas 8.000 pesetas. &ldquo;Poco cund&iacute;a, de poco pan poca fari&ntilde;a&rdquo;, dice Mar&iacute;a Rosario&nbsp;Rodr&iacute;guez. Su marido, Jos&eacute; Mart&iacute;nez, entr&oacute; a la mina con 14 a&ntilde;os y sali&oacute; con 45, en la segunda&nbsp;tanda de prejubilaciones. Ahora recuerda con nostalgia lo que el pueblo lleg&oacute; a ser, &ldquo;esto se&nbsp;muere&rdquo;, dice. La frase m&aacute;s repetida &uacute;ltimamente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En los ochenta llegaron las primeras crisis de un sector que dejaba de ser competitivo. Desde&nbsp;entonces, la constante amenaza de cierre dio lugar a extra&ntilde;as connivencias y pol&iacute;ticas m&aacute;s o&nbsp;menos controvertidas, las prejubilaciones, las bajas incentivadas, los planes de&nbsp;reindustrializaci&oacute;n y los fondos Miner que acabaron convertidos en plazas y polideportivos&nbsp;dentro y fuera de las cuencas. Antecedentes que no auguran que los 250 millones previstos&nbsp;para la reconversi&oacute;n durante los pr&oacute;ximos cinco a&ntilde;os vayan a arrojar resultados m&aacute;s positivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Derecho y Medio Ambiente, 45.000&nbsp;trabajadores estaban adscritos al r&eacute;gimen especial de la miner&iacute;a del carb&oacute;n en 1990, en&nbsp;octubre de 2018 la cifra apenas superaba los 2.000 en toda Espa&ntilde;a. De las 12 explotaciones&nbsp;activas en 2017, ocho estaban en Asturias empleando a 1.615 personas, dos en Castilla y Le&oacute;n&nbsp;con 320 trabajadores y otras dos en Arag&oacute;n con 89 empleados. Los n&uacute;meros hablan por s&iacute;&nbsp;solos.
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        La producci&oacute;n ha descendido dr&aacute;sticamente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Carbuni&oacute;n, la patronal del&nbsp;sector, sostiene que en el 2000 se extrajeron 23,4 millones de toneladas de mineral, en 2016&nbsp;tan solo 1,7 millones. Seg&uacute;n el Ministerio de Energ&iacute;a, la producci&oacute;n en 2016 se redujo un 53%&nbsp;con respecto a 2015 y el valor pas&oacute; de 242 millones de euros a 114,8.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 16 de noviembre El Bierzo vio morir su &uacute;ltima mina con el cierre del Pozo Salgueiro,&nbsp;en el municipio de Torre del Bierzo. Solo un d&iacute;a antes se iban a casa la treintena de empleados&nbsp;que a&uacute;n realizaban labores de mantenimiento en la Gran Corta de Fabero, un cielo abierto&nbsp;donde llegaron a trabajar m&aacute;s de quinientas personas. Ambas explotaciones se acog&iacute;an al plan&nbsp;de cierre que fijaba como fecha l&iacute;mite el 31 de diciembre para no tener que devolver las&nbsp;ayudas p&uacute;blicas en caso de querer continuar con la actividad.
    </p><p class="article-text">
        Las cuencas, completamente dependientes del mineral, son ahora un cementerio industrial.&nbsp;Las &uacute;ltimas navidades mineras se antojan un chiste para los que llevan a&ntilde;os viendo morir sus&nbsp;pueblos. &ldquo;La miner&iacute;a crea una identidad que traspasa lo laboral identificando a toda la&nbsp;sociedad&rdquo;, afirma el historiador Alejandro Mart&iacute;nez en su libro &lsquo;De siervos a esclavos&rsquo;. Lo &uacute;nico&nbsp;que sobrevive ahora es la cultura minera.
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      <dc:creator><![CDATA[Sara Martínez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jan 2019 19:37:46 +0000]]></pubDate>
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