<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Guillermo Kreiman Seguer]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/guillermo_kreiman_seguer/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Guillermo Kreiman Seguer]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/517094/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[América Latina: ¿hacia un nuevo liberalismo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/america-latina-nuevo-liberalismo_132_1743593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde 2015 el continente ha girado a la derecha el tablero político regional, aunque existen diferencias entre los actores que han promovido este nuevo cambio en la región.</p><p class="subtitle">¿Puede una nueva agenda institucional responder a los principales retos que afronta el liberalismo en América Latina?</p></div><p class="article-text">
        Latinoam&eacute;rica vuelve a estar en el punto de mira. La llegada al poder de Bolsonaro en Brasil y las contiendas electorales de este 2019 han devuelto la atenci&oacute;n a una regi&oacute;n marcada por un profundo cambio pol&iacute;tico durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Desde finales de los 90, el continente estuvo caracterizado por el crecimiento de diversas fuerzas pol&iacute;ticas progresistas que impugnaban el orden existente. El &eacute;xito de esta nueva izquierda latinoamericana se vio reflejado en la coincidencia temporal en el poder de l&iacute;deres como Ch&aacute;vez en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia o los Kirchner y el Partido de los Trabajadores en Argentina y Brasil, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, parece que el tiempo de los gobiernos progresistas se ha acabado. Desde 2015, con la llegada a la Casa Rosada de Mauricio Macri, el continente ha girado a la derecha el tablero pol&iacute;tico regional. Iv&aacute;n Duque en Colombia, Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era en Chile o la sorprendente victoria de Jair Bolsonaro en Brasil son claros ejemplos de que la pol&iacute;tica en Latinoam&eacute;rica ha tomado un nuevo rumbo, tal y como se puede ver en el mapa siguiente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bc12e9b4-72d3-433a-9c2f-c28afc242dcf_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bc12e9b4-72d3-433a-9c2f-c28afc242dcf_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bc12e9b4-72d3-433a-9c2f-c28afc242dcf_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bc12e9b4-72d3-433a-9c2f-c28afc242dcf_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bc12e9b4-72d3-433a-9c2f-c28afc242dcf_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bc12e9b4-72d3-433a-9c2f-c28afc242dcf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bc12e9b4-72d3-433a-9c2f-c28afc242dcf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, existen diferencias relevantes entre los actores que han promovido este nuevo cambio a la derecha en la regi&oacute;n. Por una parte, el centro-derecha liberal-conservador, representado por Macri, Pi&ntilde;era y Duque, defensores del libre mercado y abiertos incluso al reconocimiento de figuras como el matrimonio homosexual; y por otra, la extrema derecha populista, que encuentra su m&aacute;ximo exponente en Jair Bolsonaro, con un modelo similar al de Trump en EEUU y que clama contra el conjunto de derechos adquiridos por las minor&iacute;as durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Especialmente fr&aacute;gil es la situaci&oacute;n para el centro-derecha, que subi&oacute; al poder con promesas de revertir la acuciante crisis econ&oacute;mica sufrida en el continente, y con el deber de acabar con la corrupci&oacute;n que hab&iacute;a hundido a las fuerzas progresistas de la d&eacute;cada anterior. Para ello, y debido a la complejidad de la cuesti&oacute;n, requieren de soluciones inmediatas que permitan consolidar su llegada al poder
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Puede una nueva agenda institucional responder a los principales retos que afronta el liberalismo en Am&eacute;rica Latina?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Varios gobiernos de la regi&oacute;n as&iacute; lo creen, y por ello, han decidido dar un paso al frente en lo relativo a la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas innovadoras. Concretamente, el gobierno de Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era en Chile ha sido uno de los pioneros, y lo ha hecho de la mano de uno de los fil&oacute;sofo-pol&iacute;ticos m&aacute;s controvertidos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os: John Tomasi. Este profesor de Brown University public&oacute; en el a&ntilde;o 2012 el libro <em>Free Market Fairness,</em> en el que presenta una teor&iacute;a de la justicia que mezcla las ideas claves de algunas de las grandes corrientes filos&oacute;ficas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: el liberalismo igualitario, el liberalismo cl&aacute;sico y el libertarismo. Durante gran parte del siglo XX, los debates alrededor del rol del Estado en la econom&iacute;a se encontraban tensionados por las versiones totalmente opuestas defendidas por estas escuelas. Por una parte, el gran peso que establec&iacute;an liberales cl&aacute;sicos y libertarios de derechas a las libertades econ&oacute;micas privadas, supon&iacute;a una clara restricci&oacute;n de la capacidad de establecer pol&iacute;ticas redistributivas que llevaran a la consecuci&oacute;n del ideal de justicia social. Y por otra parte, el liberalismo igualitario, con John Rawls como m&aacute;ximo exponente, interpretaba estas mismas libertades econ&oacute;micas de una manera m&aacute;s restrictiva a causa del importante peso que daba al ideal de justicia social, concret&aacute;ndose todo ello en amplias intervenciones del Estado en el &aacute;mbito econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Ante esto, John Tomasi considera que debemos coger lo mejor de cada escuela. En su teor&iacute;a de la justicia (y dejando de lado las abstracciones y complicaciones te&oacute;ricas), Tomasi argumenta que la mejor forma de conseguir el ideal de justicia social es a trav&eacute;s de la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas que fomenten y ampl&iacute;en las libertades econ&oacute;micas privadas y el rol del mercado en la sociedad. &iquest;Suena a ox&iacute;moron, verdad? &iquest;Pueden los mercados y la justicia social ser compatibles? Es m&aacute;s &iquest;pueden ser los reg&iacute;menes de libre mercado, con una m&iacute;nima intervenci&oacute;n estatal, la forma m&aacute;s justa y eficiente de realizaci&oacute;n de la justicia social? Sorprendentemente, John Tomasi y otros autores de la denominada <em>Escuela de Arizona </em>(Jason Brennan, Matt Zwolinski, etc.)[1], no tienen ninguna duda al respecto.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo programa de investigaci&oacute;n abierto por la publicaci&oacute;n de <em>Free Market Fairness</em> presenta divergencias en lo que ser&iacute;a la plasmaci&oacute;n institucional de sus principios. Concretamente, Tomasi presenta dos modelos ideales. En primer lugar, el denominado <em>Laissez-Faire Democr&aacute;tico</em>, en el que la gran mayor&iacute;a de los servicios hoy proporcionados por el Estado ser&iacute;an absorbidos por mecanismos de libre mercado, pero donde cabr&iacute;an excepciones muy limitadas en sectores como la sanidad, asegurando simplemente la cobertura de estos servicios a aquellos con menores niveles de renta. Y el segundo de los modelos, denominado como <em>Gobierno Democr&aacute;tico Limitado</em>, permitir&iacute;a un mayor grado de intervenci&oacute;n p&uacute;blica. Concretamente, sectores como la educaci&oacute;n y la sanidad se configurar&iacute;an como sistemas privados que estar&iacute;an complementados por ayudas estatales, que podr&iacute;an darse a trav&eacute;s de diferentes pol&iacute;ticas como exenciones fiscales o cheques (ya utilizados en pa&iacute;ses como el propio Chile en los a&ntilde;os 80). Dentro de este &uacute;ltimo modelo cabr&iacute;a incluso la implementaci&oacute;n de una garant&iacute;a de ingresos m&iacute;nimos, o como plantea Matt Zwolinski, el establecimiento de una renta b&aacute;sica que sirviese como v&iacute;a de financiaci&oacute;n para poder costear unas prestaciones sociales que pasar&iacute;an en su totalidad a manos del mercado.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, el denominado <em>libertarismo de centro</em> plantea la necesidad de privatizar el conjunto de prestaciones sociales ahora mismo absorbidas por el Estado del bienestar, pero dotando de distintos grados de cobertura y acceso a dichos servicios a aquellos ciudadanos con menor nivel de renta. Para ello, y diferenci&aacute;ndose de otras escuelas de pensamiento, utilizar&aacute; argumentos de car&aacute;cter tanto moral como consecuencialista. Estamos por tanto, como ya definiese Alan Thomas, ante una &ldquo;justicia social al estilo americano&rdquo;[1].&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los autores de la <em>Escuela de Arizona</em> parecen obviar los numerosos efectos que la implementaci&oacute;n de este tipo de medidas podr&iacute;a tener en los ciudadanos. Cabe resaltar especialmente uno de ellos: el m&aacute;s que previsible aumento de la desigualdad, debido a la reducci&oacute;n dr&aacute;stica de los mecanismos de redistribuci&oacute;n por parte del Estado. A pesar del creciente consenso acerca de la necesidad de una distribuci&oacute;n justa de la riqueza, este conjunto de autores considera que el foco de atenci&oacute;n no ha de estar en una reducci&oacute;n tajante de la desigualdad necesariamente, sino en el deber de asegurar que todo ciudadano tiene acceso a los recursos materiales para vivir una vida digna. Obvian de esta manera la creciente evidencia acumulada acerca de las consecuencias de la desigualdad econ&oacute;mica, que ha demostrado tener efectos importantes en las tasas de criminalidad, en los niveles de participaci&oacute;n pol&iacute;tica, en la cohesi&oacute;n social, o incluso, en el crecimiento econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Si a esto se le une el previsible desmantelamiento de mecanismos b&aacute;sicos de protecci&oacute;n tales como la prestaci&oacute;n por desempleo o las pensiones; la m&aacute;s que probable segregaci&oacute;n en funci&oacute;n del nivel de renta en sectores como la educaci&oacute;n; o la discutible capacidad del libre mercado para aumentar los ingresos de los m&aacute;s desfavorecidos, cabe preguntarse lo siguiente: una vez plasmados en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas los principios del <em>libertarismo de centro</em> &iquest;qu&eacute; lugar queda para la igualdad de oportunidades en su modelo de justicia?
    </p><p class="article-text">
        No cabe duda de que son tiempos dif&iacute;ciles para el liberalismo. La llegada al poder de Donald Trump, el Brexit o el espectacular crecimiento de partidos de extrema derecha en pa&iacute;ses como Francia, Italia o Alemania no son m&aacute;s que el reflejo de la deslegitimaci&oacute;n sufrida por los actores pol&iacute;ticos tradicionales. Los ciudadanos han puesto en cuesti&oacute;n las mismas estructuras de las democracias liberales apostando por actores que claman contra las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que han sido incapaces de resolver los problemas diarios de la gente. El liberalismo requiere de nuevas soluciones para poder hacer frente a las demandas de los ciudadanos y as&iacute; recuperar su confianza. Sin embargo, las alternativas dentro del propio liberalismo, tampoco parecen ser muy optimistas.
    </p><p class="article-text">
        En lo que se asemeja m&aacute;s a un regreso al pasado que a una innovadora propuesta pol&iacute;tica, Chile puede adentrarse en un nuevo camino marcado por la oda al mercado trazada por el <em>libertarismo de centro</em>. El retorno de un mercado eficiente y amable con los m&aacute;s desfavorecidos no parece m&aacute;s que una aspiraci&oacute;n ut&oacute;pica proveniente del terreno de las ideas en el que se mueve la filosof&iacute;a pol&iacute;tica. Hasta qu&eacute; punto este camino ser&aacute; seguido por otros pa&iacute;ses en Latinoam&eacute;rica y el resto del mundo est&aacute; a&uacute;n por determinar, pero si el liberalismo y las &eacute;lites pol&iacute;tico-econ&oacute;micas buscan recuperar la confianza de los ciudadanos, deber&aacute;n de tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones. No les ser&aacute; f&aacute;cil compensar la desilusi&oacute;n de tantos a&ntilde;os sin respuestas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">[1] Este conjunto de autores comparten un espacio de divulgación llamado <em>Bleeding Heart Libertarians</em>. Véase: http://bleedingheartlibertarians.com/<br/><br/>[2] Thomas, A. (2013). Social Justice, American Style?. <em>Res Publica</em>, <em>19</em>(4), 381-385.<br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Kreiman Seguer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/america-latina-nuevo-liberalismo_132_1743593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jan 2019 20:49:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[América Latina: ¿hacia un nuevo liberalismo?]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
