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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Carlos Bermejo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_carlos_bermejo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Carlos Bermejo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las universidades sin cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/universidades-cabeza_129_1737286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/304ea3b1-46d0-4060-ba6c-896d749131e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las universidades sin cabeza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la universidad hay tres principios diferentes de legitimidad y jerarquía: el académico, el administrativo o jurídico y el económico y fáctico</p><p class="subtitle">La jerarquía administrativa debería corresponderse de algún modo con la jerarquía académica y las competencias de quienes gobiernan deberían siempre ser respetadas</p></div><p class="article-text">
        Todas las instituciones se rigen con sistemas de normas. Si las normas son correctas, las instituciones funcionar&aacute;n normalmente bien, pero si son malas acabar&aacute;n por destruir a la instituci&oacute;n y perjudicar seriamente los intereses de sus propios miembros. En todas las instituciones hay personas m&aacute;s o menos inteligentes, m&aacute;s o menos decentes y m&aacute;s o menos h&aacute;biles, y cada una de esas personas es plenamente responsable de sus acciones, pero si la instituci&oacute;n a la que pertenecen est&aacute; incorrectamente regulada puede resultar casi imposible seguir en ella una conducta adecuada y correcta. Los soci&oacute;logos del siglo XIX cre&iacute;an firmemente que el progreso de la humanidad hab&iacute;a sido b&aacute;sicamente el progreso de sus instituciones, o lo que es lo mismo, de sus leyes. Y ello habr&iacute;a sido as&iacute; porque a lo largo de la historia la humanidad siempre ha tenido la misma propensi&oacute;n a hacer el mal y a anteponer los deseos e intereses de cada cual a los intereses de la colectividad. Por eso dijo en su momento I. Kant que las mejores leyes son aquellas que consiguen hacer buena a una sociedad de demonios.
    </p><p class="article-text">
        Nadie puede vivir al margen de su &eacute;poca y de su medio social, y por eso a nadie se le puede exigir lo imposible. Pero tambi&eacute;n es cierto que si podemos exigir a los dem&aacute;s que no se recreen en el fango. Y veremos a continuaci&oacute;n un caso pr&aacute;ctico en el campo del gobierno de las universidades espa&ntilde;olas de las que se puede decir, seg&uacute;n aforismo de un c&eacute;lebre torero, que en ellas &ldquo;lo que no puede ser no puede ser, y adem&aacute;s es imposible&rdquo;, pero tambi&eacute;n que quienes dictan lo que es posible y lo que es imposible son ellas mismas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que define al estado de derecho es que en &eacute;l los poderes legislativo, ejecutivo y judicial solo pueden actuar dentro del marco de las leyes. El Congreso, el Senado y el Gobierno son quienes tiene capacidad de dictar leyes, pero deben hacerlo de acuerdo con los procedimientos que las propias leyes establecen y respetando el conjunto del sistema jur&iacute;dico, que exige que las normas de menor rango se subordinen a las de rango mayor y que no pueda haber contradicciones entre diferentes leyes. De acuerdo con este mismo principio, quienes gobiernan deben hacerlo &uacute;nicamente dentro de los marcos que sus competencias les otorgan y respetando las de los dem&aacute;s &oacute;rganos de gobierno y los derechos de sus administrados, o gobernados. Y, por &uacute;ltimo, es evidente que los jueces han de dictar sus sentencias de acuerdo con las leyes en vigor y siguiendo &uacute;nicamente los procedimientos que esas propias leyes establecen.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se legisla, gobierna y juzga seg&uacute;n la ley se act&uacute;a legalmente. Pero a veces la legalidad es diferente que la legitimidad, porque puede haber leyes en vigor que sean injustas o que contradigan a otras leyes. Sin embargo, el juez, el gobernante y el legislador no tienen m&aacute;s remedio que respetarlas, mientras quien tiene capacidad para modificarlas no las cambie. Un juez puede poner en la calle a una familia por unos meses de impago de su hipoteca y adem&aacute;s embargarle la n&oacute;mina, o por lo menos pod&iacute;a hacerlo hasta hace muy poco, y se as&iacute; se hizo miles de veces. Su sentencia era legal, pero injusta y de dudosa legitimidad, si se hubiese enmarcado en los principios constitucionales y del derecho en general. Por la misma raz&oacute;n las sentencias del Tribunal de Orden P&uacute;blico del franquismo eran legales, pero no leg&iacute;timas, ni justas. Como veremos algo similar est&aacute; ocurriendo en nuestras universidades.
    </p><p class="article-text">
        En la universidad hay tres principios diferentes de legitimidad y jerarqu&iacute;a: el acad&eacute;mico, el administrativo o jur&iacute;dico y el econ&oacute;mico y f&aacute;ctico.
    </p><p class="article-text">
        La jerarqu&iacute;a acad&eacute;mica en todo el mundo debe ser la jerarqu&iacute;a de saber. Debe impartir clase quien est&eacute; capacitado para ello por sus conocimientos y sus m&eacute;ritos. A eso se le suele llamar plena capacidad docente e investigadora y la ley org&aacute;nica que nos rige se la otorga a diferentes grupos de profesores: catedr&aacute;ticos y titulares de universidad y por debajo de ellos otras categor&iacute;as. Un catedr&aacute;tico o titular tiene plena capacidad docente e investigadora y est&aacute; amparado por la libertad de c&aacute;tedra. Una libertad que va unida al principio de autonom&iacute;a universitaria y deber&iacute;a salvaguardarlo de las injerencias pol&iacute;ticas y presiones econ&oacute;micas en el ejercicio de su labor. Esa capacidad solo se le puede retirar mediante un procedimiento legal, como por ejemplo un expediente disciplinario. Sin embargo, de hecho sistem&aacute;ticamente se la est&aacute; limitando con normas de rango inferior, dictadas por diferentes organismos cuyas competencias se solapan.
    </p><p class="article-text">
        Algunos como la ANECA est&aacute;n, por ejemplo, imponiendo ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas, pedag&oacute;gicas y econ&oacute;micas, basadas en el culto al mercado y en la psicolog&iacute;a cognitivo-conductual, que quiere reducirlo todo al juego de unas competencias y habilidades que se quieren vender como realidades inapelables, pero que no son m&aacute;s que normas coactivas y disciplinarias de ajuste de los ciudadanos a las leyes del mercado. Otros organismos acad&eacute;micos limitan la plena capacidad docente de catedr&aacute;ticos y titulares impidi&eacute;ndoles juzgar tesis doctorales si no tienen un n&uacute;mero de sexenios que cada universidad fija a discreci&oacute;n. Este control ideol&oacute;gico se complementa con una arbitrariedad administrativa que permite formar comisiones de plazas sin expertos en la materia y meter en el mismo caj&oacute;n acad&eacute;mico a todas las ciencias econ&oacute;micas, el derecho, la psicolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a, la geograf&iacute;a y las ciencias pol&iacute;ticas, obrando as&iacute; el milagro de que a un experto en psicopatolog&iacute;a se le otorguen conocimientos de econometr&iacute;a o derecho romano.
    </p><p class="article-text">
        La jerarqu&iacute;a acad&eacute;mica exige en todo el mundo que haya diferentes niveles en el profesorado y que los profesores de mayor nivel tengan m&aacute;s capacidad de gobierno acad&eacute;mico y organizaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n que los inferiores. En Espa&ntilde;a esto no es as&iacute;, ya sea porque se supone que la jerarqu&iacute;a acad&eacute;mica carece de valor y un becario posee m&aacute;s conocimientos que un catedr&aacute;tico, lo que, de ser verdad, obligar&iacute;a a revisar todo el sistema, o bien porque todo el sistema padece un mal muy profundo.
    </p><p class="article-text">
        La jerarqu&iacute;a administrativa regula los &oacute;rganos de gobierno de las universidades y se rige por las normas del derecho administrativo. Ella establece lo que es un rector, un decano, un director de un departamento y todos los &oacute;rganos de gobierno colegiados. Deber&iacute;a corresponderse de alg&uacute;n modo con la jerarqu&iacute;a acad&eacute;mica y las competencias de quienes gobiernan deber&iacute;an siempre ser respetadas. Esto no es as&iacute;, porque esas competencias son torpedeadas cada d&iacute;a por normas inferiores que cortan la hierba por debajo de los pies de las autoridades acad&eacute;micas. Por eso, y por el desinter&eacute;s de quienes tienen mayor jerarqu&iacute;a acad&eacute;mica, los departamentos y facultades son gobernados, a veces, por las &uacute;nicas personas que est&aacute;n dispuestas a asumir unos cargos que solo sirven para ejecutar tr&aacute;mites impuestos desde arriba. Unos tr&aacute;mites que casi todo el mundo considera como ficticios porque sabe que son manipulables.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;nes son los manipuladores? Pues los que tienen el poder econ&oacute;mico basado en el dinero de los proyectos y el control de las evaluaciones. No tienen m&aacute;s jerarqu&iacute;a acad&eacute;mica ni m&aacute;s poder legal que los dem&aacute;s, pero eso no quiere decir que no deseen acaparar esos poderes. En EE UU los soci&oacute;logos de la ciencia han demostrado que en las universidades el dinero de la investigaci&oacute;n se reparte de acuerdo con el &ldquo;efecto san Mateo&rdquo;, as&iacute; llamado por el c&eacute;lebre aforismo de Jes&uacute;s que dec&iacute;a: &ldquo;en verdad, en verdad os digo que al que tiene se le dar&aacute; y al que no tiene, incluso eso se le quitar&aacute;&rdquo;. Son esos grupos privilegiados de investigadores-evaluadores y de evaluadores-investigadores los que est&aacute;n acumulando un capital que ni crea empleo fuera de la universidad, ni produce conocimiento cient&iacute;fico real, ya que solo se rige por el principio de dinero crea dinero. Y es ese capital el que m&aacute;s reclaman los rectores.
    </p><p class="article-text">
        Esos grupos perecer&iacute;an en el mundo real y por eso necesitan lograr el control casi total de la universidad. Su estrategia para conseguirlo consiste primero en lograr el control de los procedimientos de evaluaci&oacute;n y reparto de capital. Segundo, en conseguir que casi todas las plazas estables de profesor se vayan creando para quienes ellos mismos acreditan que son investigadores, y por &uacute;ltimo en someter a departamentos, facultades y rectorados a su albur. De este modo poco a poco consiguen fagocitar a las universidades y clonarse como hacen los virus. Una gigantesca trama de normas torcidas facilita esta infecci&oacute;n. Una infecci&oacute;n que solo un cambio global de las leyes y los sistemas de gobierno podr&iacute;an atajar de un modo radical.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Carlos Bermejo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/universidades-cabeza_129_1737286.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Jan 2019 20:33:30 +0000]]></pubDate>
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