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    <title><![CDATA[elDiario.es - Azadeh Moaveni]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/azadeh_moaveni/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Azadeh Moaveni]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Desesperación: el único motivo que lleva a las mujeres nigerianas a regresar a Boko Haram]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/desesperacion-mujeres-regresar-boko-haram_129_1743210.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/439078d9-ba22-4196-92aa-8559f2563c58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desesperación: el único motivo que lleva a las mujeres nigerianas a regresar a Boko Haram"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el noreste de Nigeria, el grupo terrorista se aprovecha de un sistema social roto. Todo el mundo puede aprender de estas lecciones</p></div><p class="article-text">
        Zahra y Amina parecen afortunadas supervivientes del movimiento yihadista conocido como <a href="https://branded.eldiario.es/conflictos-olvidados/nigeria/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Boko Haram, el flagelo que azota al noreste de Nigeria</a>. Ambas estuvieron casadas con combatientes. Para escapar, Zahra tuvo que acceder a detonar un chaleco con explosivos que los insurgentes <a href="https://www.theguardian.com/world/2017/may/05/dressed-for-death-the-women-boko-haram-sent-to-blow-themselves-up" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le ataron al cuerpo</a>. Tras caminar varios kil&oacute;metros hacia el objetivo que le hab&iacute;an fijado, un puesto de control del Gobierno, Zahra se entreg&oacute; a los soldados. Amina huy&oacute; con sus tres hijos despu&eacute;s de que su marido muriera en combate.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, ambas mujeres viven en un campamento para supervivientes del conflicto, en la ciudad de Maiduguri (noreste). Cuando me reun&iacute; con ellas, durante un viaje reciente de investigaci&oacute;n que hice a la ciudad, lo &uacute;ltimo que esperaba o&iacute;r era que quer&iacute;an regresar con los insurgentes. El pensamiento convencional y las pol&iacute;ticas de seguridad que intentan disuadir a las mujeres de unirse a los grupos extremistas suelen enfocarse en la cuesti&oacute;n ideol&oacute;gica, dando por sentado que solo alguien con el cerebro lavado puede querer unirse voluntariamente a una milicia radical y violenta.
    </p><p class="article-text">
        Pero aqu&iacute;, en el noreste, algunas mujeres se han visto forzadas a unirse a&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/temas/boko_haram/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Boko Haram</a> por cuestiones sociales y pol&iacute;ticas. Parad&oacute;jicamente, el grupo les ofrece un respiro de la inseguridad y la escasez de oportunidades que sufren en una sociedad profundamente patriarcal, hendida por la mala administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Zahra y Amina dicen que cuando estaban con los combatientes, la vida era dura e incierta, pero no les faltaba comida. Como esposas voluntarias de combatientes, estaban protegidas de los ataques sexuales. Iban a clases de religi&oacute;n (la primera escolarizaci&oacute;n formal que muchas de las mujeres hab&iacute;an recibido jam&aacute;s) y sus hijos iban a la escuela, donde aprend&iacute;an a leer y escribir. Hab&iacute;a tribunales donde las mujeres pod&iacute;an denunciar si sus esposos eran violentos.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, en la vida emancipada que llevan en el campamento de supervivientes, a menudo pasan hambre. Hay pocas oportunidades de trabajar para poder comprar m&aacute;s alimentos y la escasez ha contribuido a la explotaci&oacute;n sexual en manos de las fuerzas de seguridad que deber&iacute;an protegerlas. &ldquo;La mayor&iacute;a de las mujeres de Boko Haram nos arrepentimos de haber venido aqu&iacute;, porque la vida es muy dura&rdquo;, asegura Amina.
    </p><p class="article-text">
        Estas dos mujeres representan solo una peque&ntilde;a parte de una enorme crisis humanitaria y de seguridad que se ha estado desarrollando desde 2014 en la cuenca del lago Chad, el &aacute;rea donde confluyen Nigeria, N&iacute;ger, Chad y Camer&uacute;n. Opacado por los conflictos en Siria y Yemen, la escala de este desastre humanitario es sin embargo inmensa: m&aacute;s de 2,4 millones de personas desplazadas, 5 millones carecen de techo y comida, y medio mill&oacute;n de ni&ntilde;os han ca&iacute;do en la desnutrici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si bien la insurgencia de Boko Haram no parece afectar directamente a Occidente -no contribuye a flujos migratorios y los combatientes no atacan a Europa-, las experiencias de las mujeres de Boko Haram son muy importantes para comprender la raz&oacute;n por la que la gente se une a estos movimientos. El grupo terrorista, al igual que muchos otros que se autoidentifican como &ldquo;yihadistas&rdquo;, se vale de una ret&oacute;rica ideol&oacute;gica para promover sus objetivos pol&iacute;ticos. No obstante, es su contexto empobrecido y d&iacute;scolo lo que explica su atractivo, especialmente para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Zahra y Amina, igual que muchas mujeres del noreste, se unieron a los insurgentes por elecci&oacute;n propia. Y se marcharon de la misma manera, al no querer casarse con otro combatiente elegido por el grupo tras la muerte de sus maridos. Sus historias desaf&iacute;an la narrativa dominante sobre Boko Haram, construida sobre el clamor mundial por el secuestro de ni&ntilde;as de Chibok. Sostiene que las mujeres se unen al grupo a la fuerza y que solo aquellas que fueron secuestradas pueden ser consideradas v&iacute;ctimas de verdad.
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        Al regresar de Nigeria, conoc&iacute; a un grupo de mujeres suizas suelen emplear sus vacaciones haciendo voluntariados con mujeres v&iacute;ctimas de Boko Haram. &ldquo;Solo ayudamos a las que fueron secuestradas&rdquo;, me se&ntilde;al&oacute; una de ellas. Sin embargo, las circunstancias que empujan a mujeres como Zahra y Amina a entrar y salir de Boko Haram demuestran las limitaciones de las categor&iacute;as fijas de v&iacute;ctima y perpetrador.
    </p><p class="article-text">
        Cuando comenz&oacute; la insurgencia, muchas mujeres se sintieron atra&iacute;das hacia el movimiento insurgente porque ofrec&iacute;a alternativas al patriarcado sostenido por sus familias conservadoras. Los l&iacute;deres del grupo apoyaban dotes menores, lo cual significaba que las mujeres j&oacute;venes pod&iacute;an elegir esposos entre sus pares, en lugar de los hombres mucho mayores pero econ&oacute;micamente m&aacute;s estables con los que tradicionalmente se ve&iacute;an obligadas a casarse.
    </p><p class="article-text">
        El grupo terrorista les ofrec&iacute;a tantas comodidades a base de los saqueos y los robos, pero muchas de ellas sent&iacute;an que la corrupci&oacute;n del estado nigeriano justificaba estos delitos. La vida en el bosque se les antojaba m&aacute;s libre y digna que vivir entre el polvo de un campo de desplazados, dependiendo de la ayuda de grupos internacionales para poder comer una vez al d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Incluso ahora, la forma en que Zahra y Amina piensan en el grupo es m&aacute;s bien un c&aacute;lculo de supervivencia inmediata: creen que si regresan, sus vidas mejorar&iacute;an. Igual que en la mayor&iacute;a de los centros en la ciudad, en Dalori II, el campo en el que actualmente viven, suele escasear la comida. Y en los campos de toda la regi&oacute;n, grupos como Amnist&iacute;a Internacional han documentado una <a href="https://www.eldiario.es/politica/AI-ejercito-nigeriano-rescatas-Boko_0_774822555.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">epidemia de casos de violaci&oacute;n y explotaci&oacute;n sexual</a>. Se han hecho algunos avances para combatir estos abusos y grupo humanitarios han intentado cambiar la distribuci&oacute;n de los alimentos para mitigarlos, pero solo han conseguido cambiar la din&aacute;mica de la explotaci&oacute;n. &ldquo;Hay que convertirse en prostituta para permanecer en los campos&rdquo;, dice Amina.
    </p><p class="article-text">
        Una de las razones por la que Zahra afirma estar contenta de haber abandonado a los insurgentes es que piensa que su rechazo tajante a dar clases a los ni&ntilde;os en ingl&eacute;s estaba perjudicando a sus hijos: &ldquo;No les hac&iacute;a bien quedarse en casa. Es mejor que aprendan&rdquo;. Ella pensaba que en Maiduguri, sus hijos podr&iacute;an ir a la escuela. Pero los directores del campo Dalori II desmantelaron la &uacute;nica escuela que hab&iacute;a, argumentando que ya no era necesaria, ya que la gente estaba regresando a sus hogares. Pero nadie ha vuelto a casa y ahora no hay colegios.
    </p><p class="article-text">
        Borno, el estado nigeriano del que Maiduguri es capital, es ahora un enorme dise&ntilde;o de retales de pueblos y aldeas con pocos hombres; con una gran poblaci&oacute;n de madres solteras que intentan arregl&aacute;rselas como proveedoras en zonas con econom&iacute;as colapsadas, sin el apoyo ni la protecci&oacute;n de un marido. Algunos programas de reintegraci&oacute;n ofrecen formaci&oacute;n en oficios, pero bordar y vender un gorro al mes no alimenta a tres hijos ni protege a las mujeres de las violaciones. Adem&aacute;s, algunas organizaciones internacionales destinan sus fondos y su atenci&oacute;n a lo que llaman &ldquo;oposici&oacute;n al extremismo&rdquo;, pensando este como una manera amorfa que considera a la ideolog&iacute;a como ra&iacute;z de la violencia, en lugar de un complejo sistema de fracasos pol&iacute;ticos y frustraciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        Aunque, obviamente, es esencial luchar para acabar con la insurgencia y oponerse al atractivo que ofrecen los grupos insurgentes, tambi&eacute;n es vital reconocer precisamente qu&eacute; es lo que lleva a las mujeres a unirse a ellos en primer lugar. Esto tiene implicaciones mayores para todo el noreste, no solo para las mujeres desplazadas en los campos o las mujeres que pertenecieron a Boko Haram. Es por todas las mujeres que est&aacute;n luchando contra una pobreza tan grande y asfixiante que, a veces, unirse a un grupo terrorista se les presenta como una salida.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los nombres de Zahra y Amina han sido cambiados.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azadeh Moaveni]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/desesperacion-mujeres-regresar-boko-haram_129_1743210.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Jan 2019 21:07:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[The Guardian,Nigeria,Boko Haram]]></media:keywords>
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