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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Martínez D’aubuisson]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_martinez_d_aubuisson/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Martínez D’aubuisson]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ellas quieren ser Mortal: la sumisión de las niñas pandilleras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/quieren-mortal_1_1727785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37358203-a8c8-4cc5-b0d5-073bc4244a9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=" La mayor parte de las casas de Cerrito Lindo son de bloques de cemento y madera con techo de lámina y cortinas como puertas; el aire del ventilador corre por los pasillos mientras fuera, para combatir el calor, se toma café recién hervido."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un barrio marginal de Honduras, a los 15 años eres mujer, pandillera del Barrio 18, tienes hijos, vas a la cárcel, te reprime la policía y no crees que el futuro pueda ser diferente</p><p class="subtitle">Honduras es el último país de Centroamérica en el que las mujeres pueden ser pandilleras</p><p class="subtitle">La colaboración de las mujeres en la pandilla Barrio 18 implica casi las mismas funciones de los hombres pero sin privilegios ni beneficios especiales</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Dos ni&ntilde;as miran una piscina sin gente. Est&aacute;n en una parte de la ciudad que no conocen. Impacientes, sueltan las bolsas de pl&aacute;stico que contienen su ropa seca sobre una hamaca de rayas amarillas y blancas. Acaloradas por el abusivo sol de las dos de la tarde en San Pedro Sula, saltan sobre el&nbsp;suelo ardiente.
    </p><p class="article-text">
        No tienen ba&ntilde;ador. Se meten en el agua vestidas con sus&nbsp;camisetas y sus pantalones cortos. At&eacute;, blanca, de pelo liso y labios gruesos, con el cuerpo de mujer a medio hacer, agarra r&aacute;pido el salvavidas. Asteria, morena, de pelo rizado y ojos y nariz peque&ntilde;os,&nbsp;da tres largas brazadas para llegar cuanto antes al borde. Su margen de acci&oacute;n es peque&ntilde;o. Piden aprender a flotar.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; mira al cielo. Acostada. Solo tiene que dejar que el peso de su cuerpo haga caso a la gravedad para mantenerse a flote pero nadie le ha explicado que eso sea posible. Asteria tampoco lo logra. Tercas y sonrientes, lo intentan varias veces. En dos horas, apenas salen del agua para comer pizza. Al menos por una tarde, en esta piscina privada, protegidas de las miradas, parecen felices de tanto fallar.
    </p><p class="article-text">
        La profundidad de Honduras siempre es relativa. Para quienes no pasan de metro y medio y no saben nadar. Para ni&ntilde;as obligadas a dejar de serlo antes incluso de salir de sus propias casas. Para j&oacute;venes atrapadas en remedos de familia y en el pu&ntilde;ado de calles que limitan sus vidas. Para todas ellas hay muchos lugares en los que parece imposible tocar fondo. Este estanque trasero de hotel colonial en zona pudiente es solo uno m&aacute;s. Pero aqu&iacute;, hoy, equivocarse, para su sorpresa, no tiene consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n es improbable, completamente artificial. Durante unas horas, la posibilidad de dar una versi&oacute;n de su propia historia es su pasaporte a la palabra. A la posibilidad de expresarse sin la presencia, constante, de una violencia que fermenta bajo el calor agobiante de las casas de techo de l&aacute;mina donde viven ancladas en una pobreza abyecta, sometidas a la presi&oacute;n de balas que vuelan a diario, de un barrio lleno de fronteras mortales.
    </p><p class="article-text">
        El pozo de donde At&eacute; y Asteria salieron durante un d&iacute;a se llama Cerrito Lindo. El due&ntilde;o del lugar es un tipo flaco y larguirucho de 19 a&ntilde;os que lleva el pantal&oacute;n amarrado por un cintur&oacute;n, una&nbsp;camiseta blanca de tirantes que le queda enorme y kilos de joyer&iacute;a: aretes, anillos y cadenas doradas con&nbsp;colgantes. Es su forma de mostrar autoridad. At&eacute; y Asteria, como todo lo que las rodea, le pertenecen a ese due&ntilde;o. Se llama Mortal. Es el&nbsp;palabrero, o l&iacute;der local de la c&eacute;lula del Barrio 18, la segunda pandilla m&aacute;s violenta de Latinoam&eacute;rica, solo superada por la monumental Mara Salvatrucha.
    </p><p class="article-text">
        De su boca, con dientecitos muy deshechos, salen pocas palabras. Se muestra tan amable como cauto. Mortal no cree que las mujeres, lo que tengan que decir, importe demasiado. Y gracias a esa minusvaloraci&oacute;n del hombre hacia la mujer, hacia sus opiniones y sus vidas, ellas pueden expresarse &ndash;al menos hoy&ndash; y nosotras podemos entender qu&eacute; papel juegan estas ni&ntilde;as, ya mujeres forzadas, en la pandilla.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de El Salvador y Guatemala donde, desde principios de los 2000, las mujeres solo pueden trabajar sin posibilidades de ascenso dentro de la estructura criminal, Honduras es el &uacute;ltimo pa&iacute;s de Centroam&eacute;rica en el que las mujeres a&uacute;n pueden ser pandilleras. Incluso jefas.
    </p><p class="article-text">
        En Honduras la opci&oacute;n de ser lideresa es real.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; y Asteria hoy son civiles &ndash;sin v&iacute;nculo te&oacute;rico con la pandilla&ndash;, pero colaboraron desde los&nbsp;10 a&ntilde;os con el Barrio 18. Tienen 15. Una colaboradora, o <em>paisa</em> &ndash;como solo las llaman en Honduras&ndash;, comienza vigilando las esquinas, pide y cobra extorsi&oacute;n a negocios, reparte comida a los&nbsp;<em>homies &ndash;</em>que es como se conoce a los hombres en la pandilla&ndash; cuida a los enfermos o baleados. Convertirse en lideresa llega mucho m&aacute;s tarde.
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        Asteria y At&eacute; pensaron en ser pandilleras, pero no pasaron de colaborar. Hace m&aacute;s de un a&ntilde;o que ambas decidieron salirse del Barrio 18, una pandilla en la que formalmente nunca entraron, a la que en la pr&aacute;ctica siguen totalmente vinculadas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Alguna vez les toc&oacute; matar a alguien?
    </p><p class="article-text">
        Dos segundos de silencio.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Eso no se dice, es algo muy &iacute;ntimo, eso no se cuenta &mdash;dice Asteria en nombre de las dos.
    </p><p class="article-text">
        El resto, matar o convertirse en lideresas, llega mucho m&aacute;s tarde. Quiz&aacute;s por eliminaci&oacute;n. Si la familia fuese una pandilla, el rol de las <em>paisas</em> ser&iacute;a el de madres o esposas. Una etapa liminal, dicen los antrop&oacute;logos. Un escal&oacute;n intermedio entre no ser nadie y ser parte de la pandilla. Esa es la etapa que At&eacute; y Asteria viven bajo las indicaciones de Mortal.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno hondure&ntilde;o sabe poco sobre pandillas y poqu&iacute;simo sobre mujeres pandilleras. En general, solo&nbsp;conoce qu&eacute; grupos operan en el pa&iacute;s. Y en particular sabe que en el Barrio 18 hay mujeres cobradoras de extorsi&oacute;n. La Polic&iacute;a persigue a ni&ntilde;as como At&eacute; y Asteria. La autoridad policial necesita de&nbsp;etiquetas fijas para posicionarlas: cobradora de extorsi&oacute;n, informante de la pandilla, mujer de pandillero. Nadie menciona la posibilidad de liderazgo. El desconocimiento simplifica.
    </p><h3 class="article-text">Las calles de las pandilleras</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Es com&uacute;n que las mujeres se metan&nbsp;en la pandilla?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;&nbsp;&mdash;responde Mortal.
    </p><p class="article-text">
        Cerrito Lindo est&aacute; en el inmenso sector Rivera Hern&aacute;ndez, uno de los barrios m&aacute;s grandes de San Pedro Sula, la ciudad m&aacute;s homicida del mundo hasta 2015 y ahora en el tercer puesto en la lista. Dentro del sector Rivera Hern&aacute;ndez hay m&aacute;s de&nbsp;100 colonias y asentamientos como este. Lugares bravos que evitan los sampedranos que s&iacute; pueden permit&iacute;rselo.
    </p><p class="article-text">
        Igual que la efectividad de las autoridades en la lucha contra el crimen organizado es m&iacute;nima, su perspectiva sobre lo que sucede en su propia ciudad es muy limitada. En 2015, seis pandillas se disputaban el sector. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, los vecinos dicen que ya son ocho. No es solo un polvoriento desorden de calles planas y casas de adobe, de peque&ntilde;as tiendas, de pulper&iacute;as [establecimientos de alimentaci&oacute;n]. Es un territorio en guerra.
    </p><p class="article-text">
        Cerrito lindo es uno de los bastiones de la pandilla Barrio 18. Todos ac&aacute; se saben bajo el dominio de Los n&uacute;meros y, de alguna forma, en contra de la Mara Salvatrucha 13, MS o Las letras. Sus habitantes tambi&eacute;n temen a los Vatos Locos, &ndash;esa pandilla formada a ra&iacute;z de la pel&iacute;cula Blood In Blood Out, de Taylor Hackford&ndash;, a la banda de los Olanchanos, a la peque&ntilde;a pandilla de sicarios Los Tercere&ntilde;os, a los reci&eacute;n fundados Terrace&ntilde;os y a otro pu&ntilde;ado de bandas y pandillas que se entienden entre s&iacute; con el lenguaje de los bandidos: los tiros.
    </p><p class="article-text">
        Cerrito Lindo, el barrio de Asteria, At&eacute; y Mortal, debe su nombre a un suceso anodino. Ac&aacute; hubo un cerro. Uno peque&ntilde;o. La gente que invadi&oacute; este territorio hace m&aacute;s de&nbsp;40 a&ntilde;os destruy&oacute; el peque&ntilde;o mont&iacute;culo y en su lugar construyeron casas con lo que encontraron: pl&aacute;stico, bamb&uacute;, barro. Con los a&ntilde;os, a&ntilde;adieron ladrillos y cemento comprados en su mayor parte con remesas provenientes de Estados Unidos. Por el extinto mont&iacute;culo, lo llamaron Cerrito Lindo.
    </p><p class="article-text">
        Este barrio tiene&nbsp;0,08 kil&oacute;metros cuadrados, casi el mismo espacio que ocupa el estadio del Real Madrid. En ese lugar hubo 58 homicidios entre 2013 y 2017, seg&uacute;n datos de la Secretar&iacute;a de Seguridad de Honduras. Casi uno al mes. En el lugar conocido como Rivera Hern&aacute;ndez, del que forma parte Cerrito Lindo, se registraron 224 homicidios en ese mismo periodo.
    </p><p class="article-text">
        **
    </p><p class="article-text">
        Para llegar a Asteria y At&eacute;, tuvimos que hablar con su due&ntilde;o. Eso significa llegar a Mortal. En Cerrito Lindo, todos le rinden pleites&iacute;a. Vecinos y pandilleros. Mortal determina con precisi&oacute;n en qu&eacute; lugares podemos tomar fotos y en qu&eacute; calles caminar. Todo es suyo. Se lo ha ganado a fuerza de sangrar y hacer sangrar.
    </p><p class="article-text">
        Para que Mortal llegara a ser Mortal, primero mandaron Luchador, El Virus y El Malvado en la comunidad. En ese singular orden de nombres, pasaron los &uacute;ltimos cuatro l&iacute;deres de la c&eacute;lula local del Barrio 18.
    </p><p class="article-text">
        Mortal, que entr&oacute; en la pandilla cuando apenas ten&iacute;a diez a&ntilde;os, cay&oacute; preso dos veces. Una fue pocos meses antes de que lo conoci&eacute;ramos, pero logr&oacute; escaparse del centro de menores en el que estaba. Estuvimos con &eacute;l en julio de 2018 y, en septiembre, volvi&oacute; a la c&aacute;rcel. Ahora un tipo con apodo de signo del zodiaco manda en Cerrito Lindo. Se llama Escorpi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las labores de jefe de clica, que es como llaman a su c&eacute;lula, la unidad m&aacute;s peque&ntilde;a de una pandilla, no siempre son tan trepidantes como uno imagina. Pueden incluso ser aburridas, de una burocracia tan b&aacute;sica como repetitiva. El grupo de Mortal mata el tedio con cerveza, marihuana y coca&iacute;na frente al port&oacute;n negro de una casa. Algunos est&aacute;n tan borrachos que les cuesta tenerse en pie. A Mortal no. &Eacute;l no toma, no fuma, no se droga. Su vicio es ejercer el poder absoluto sobre este pedazo de tierra olvidada.
    </p><p class="article-text">
        Sentados en el porche de un vecino al atardecer, le preguntamos sobre un tema extra&ntilde;o para &eacute;l: las mujeres en su pandilla. No tiene el discurso preparado. Responde que son como los hombres. La diferencia son las razones de ingreso. &ldquo;Ellas [se meten], a veces, por problemas en la familia, o por seguir a un <em>homeboy</em> [pandillero]&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Las alusiones, demasiado obvias. Las mujeres, dice, &ldquo;son traicioneras&rdquo;. Los amigos celebran sus bromas y encienden, locuaces y entretenidos, sus cigarrillos. Hasta que irrumpen dos adolescentes confianzudas, con&nbsp;camisetas&nbsp;cortas, el pelo recogido, los labios rosas y los ojos delineados. En medio de la oscuridad de las seis de la&nbsp;madrugada, se hace el silencio hasta que cruzan el port&oacute;n y se acercan al porche de la casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es como conocemos a la Asteria&nbsp;de pelo rizado y&nbsp;ojos encendidos. A la At&eacute;, de pelo lacio y mirada apagada, pero p&iacute;cara. Proponemos poner dos sillas m&aacute;s para hablar todos juntos. Pero los pandilleros nos dicen que entremos con ellas a la casa. No tienen inter&eacute;s en lo que hablemos con las ni&ntilde;as. Los hombres, fuera. Ellas, dentro. Mortal les cede el uso de la palabra.
    </p><p class="article-text">
        Asteria y At&eacute; no son sus nombres. Es un artificio para ocultar su identidad. Sustituir sus nombres por unos convencionales es un riesgo porque podr&iacute;an coincidir con los de otras j&oacute;venes de similares caracter&iacute;sticas. Hay muchas mujeres con historias parecidas en este barrio. Cada una arrastra su propia mitolog&iacute;a. La de su propia supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; es la personificaci&oacute;n griega del arrojo y la irreflexi&oacute;n y Asteria es la hija de una guerrera perseguida por Zeus. Ambas son quienes avanzan sin pensarlo demasiado, en el combate y huyendo del resto de pandillas, de la Polic&iacute;a, siempre de alguien.
    </p><p class="article-text">
        Si esa huida no se trunca, Asteria y At&eacute;, por haber nacido en San Pedro Sula, en un lugar controlado por las pandillas, llegar&aacute;n a ser Artemis.
    </p><p class="article-text">
        Artemis es una mujer flaca, brava y de piel oscura&nbsp;que roza los 40. Dirige un embri&oacute;n de pandilla, que a&uacute;n no tiene nombre, en una zona rival a solo unos kil&oacute;metros de donde Mortal impone su palabra.
    </p><p class="article-text">
        Esta lideresa de un grupo de j&oacute;venes que intentan ser pandilleros no se llama Artemis, pero ocultaremos su nombre con el de otra diosa griega. Una madre protectora de sus criaturas salvajes. De sus muchachos, de su propia pandilla.
    </p><p class="article-text">
        Artemis, una mujer a la que&nbsp;la pobreza&nbsp;le ha deteriorado el rostro, no ser&iacute;a lideresa si su vida no hubiera comenzado como las de At&eacute; y Asteria. Artemis, de cabello deste&ntilde;ido, manos maltratadas de tanto lavar con detergente y pies callosos de tanto caminar sin zapatos, tambi&eacute;n se parece a Mortal. Artemis y Mortal son versiones diferentes del mismo problema. Son, adem&aacute;s, los espejos en los que At&eacute; y Asteria se ven a s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        Las dos ni&ntilde;as fuman marihuana, beben, se meten coca&iacute;na y son parte del Barrio 18 desde los 10 a&ntilde;os. At&eacute; y Asteria se conocieron en la calle, donde pasan el tiempo. Si algo se le parece a una familia en sus vidas es la pandilla. Asteria se lleva mal con su pap&aacute;, vive extra&ntilde;ando a su mam&aacute;, que muri&oacute; cuando ten&iacute;a 10 a&ntilde;os, y tiene un hermano en la pandilla.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; tambi&eacute;n tuvo familia pandillera. Su padre fue miembro de una de las primeras pandillas de San Pedro Sula: el Barrio Pobre 16, un n&uacute;mero neutro entre las dos pandillas m&aacute;s fuertes de Centroam&eacute;rica, el Barrio 18 y la MS-13. El 16, n&uacute;mero del que desciende At&eacute;, la vincula a trav&eacute;s de l&iacute;neas paralelas a Artemis, la protectora de las criaturas salvajes de varias&nbsp;manzanas&nbsp;m&aacute;s all&aacute;. Ella tambi&eacute;n perteneci&oacute; a esa pandilla.
    </p><p class="article-text">
        A At&eacute; su madre la abandon&oacute; cuando era una beb&eacute;. Su padre, el pandillero del Barrio Pobre 16, fue asesinado cuando ella ten&iacute;a tres meses. Se cri&oacute; con sus t&iacute;as y su abuela. A los 14 a&ntilde;os, At&eacute; qued&oacute; embarazada de un pandillero que no era su pareja en ese momento y tampoco lo es ahora. Not&oacute; su embarazo a los tres meses, cuando la barriga comienza a llevarse mal con los cierres de los pantalones.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de su hijo le incomoda mucho. Con las piernas cruzadas delante de la puerta, responde con silencio cuando insistimos en hablar sobre su maternidad. Solo admite con desconfianza que el beb&eacute; fue la raz&oacute;n para que dejara de ser <em>paisa</em>.
    </p><p class="article-text">
        Para Asteria, salirse de la pandilla fue como una revelaci&oacute;n. Cuando estuvo presa, por su presunta participaci&oacute;n en el asesinato de un hombre, no pod&iacute;a dormir por las noches. Ten&iacute;a miedo de estar sola, a&ntilde;oraba a una madre fallecida cuatro a&ntilde;os antes como si acabara de morir. Dos meses despu&eacute;s de entrar en la c&aacute;rcel, un pastor evang&eacute;lico le dijo que no iba a perder ese miedo a dormir sola mientras no se apartara del Barrio. &ldquo;Yo dec&iacute;a: 'Nunca me voy a salir del Barrio, voy a morir por el Barrio&rdquo;, explica Asteria. Pero se puso de pie&nbsp;hasta las&nbsp;12 de la noche en la puerta de su celda, pensando en las palabras del&nbsp;pastor. &ldquo;Y no me dio miedo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Con esto de que no te sent&iacute;s mam&aacute;, cuando lo ves, &iquest;qu&eacute; pens&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Le pega en la boca. De puro gusto le pega. Qu&eacute; madre m&aacute;s desmadrada &mdash;dice ri&eacute;ndose Asteria ante el silencio p&iacute;caro de At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras Asteria charla&nbsp;sobre c&oacute;mo es su amiga cuando hace de madre, pasa un gato y At&eacute; lo golpea, aplast&aacute;ndolo bruta, permitiendo su huida. At&eacute; pretende certificar las palabras de su amiga, haci&eacute;ndose la dura, insinuando que es justo as&iacute;, como a un animal ajeno,&nbsp;como ella trata a su beb&eacute;. Se r&iacute;en como locas.
    </p><h3 class="article-text">Los problemas de la pandilla</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Cu&aacute;les son los problemas m&aacute;s frecuentes que tienen, ustedes los l&iacute;deres, con las mujeres?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es que ellas son m&aacute;s sentimentales, as&iacute; que ellas por amor pueden traicionar la pandilla &mdash; dice Mortal.
    </p><p class="article-text">
        En Cerrito Lindo, la&nbsp;Polic&iacute;a pide la partida de nacimiento &ndash;el &uacute;nico documento de identificaci&oacute;n para menores de edad en Honduras&ndash; a muchas ni&ntilde;as que, como At&eacute; y Asteria, no la tienen. De forma recurrente, los agentes buscan un argumento para detenerlas e interrogarlas sobre la pandilla con la que se mueven, el Barrio 18. Por eso, dicen ellas, es mejor que la Polic&iacute;a no sepa qui&eacute;nes son.
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                </figure><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, los tres delitos por los que la Polic&iacute;a ha detenido a m&aacute;s mujeres son lesiones, posesi&oacute;n de droga y extorsi&oacute;n. El rumbo de las detenciones policiales de mujeres cambi&oacute; en 2015, el a&ntilde;o en que la extorsi&oacute;n se convirti&oacute; en centro del trabajo policial. La Polic&iacute;a detiene cada vez a m&aacute;s mujeres colaboradoras por asociarse con los criminales.
    </p><p class="article-text">
        La Fuerza Nacional Anti Maras y Pandillas (FNA-MP) &ndash;integrada por la Polic&iacute;a, el Ej&eacute;rcito y la Fiscal&iacute;a de Honduras&ndash; opera desde 2013 y es com&uacute;n que sus polic&iacute;as entren para hacer allanamientos en el sector Rivera Hern&aacute;ndez, donde vive At&eacute;, y donde Asteria fue detenida a principios del a&ntilde;o pasado y, seg&uacute;n relatar&aacute; despu&eacute;s, golpeada.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, la instituci&oacute;n fue denunciada 60 veces ante el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos;&nbsp;cinco de ellas en Cortes, el departamento en el que est&aacute; el sector Rivera Hern&aacute;ndez, sobre todo por abuso de autoridad a la hora de detener presuntos pandilleros.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si los polic&iacute;as llegan, uno se les tiene que esconder, uno tiene que correr &mdash;dice At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Pero te van a hacer algo?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;. A veces ellos abusan.
    </p><p class="article-text">
        A principios de 2017, un d&iacute;a despu&eacute;s del asesinato de un hombre en el que se implic&oacute; a Asteria, la FNA-MP derrib&oacute; los dos portones de la casa de Cerrito Lindo en la que ella estaba con un grupo de <em>homies</em>. Asteria dice que los agentes de la FNA la pusieron contra la pared y la golpearon en las manos y las nalgas con una rama de &aacute;rbol. &ldquo;Empiecen a rezarle a Dios porque se van a morir&rdquo;, dice que les dijeron.
    </p><p class="article-text">
        A Sa&uacute;l Morales, portavoz&nbsp;de la FNA-MP, no le coinciden las denuncias registradas con las que cree tener. &ldquo;Muchas, much&iacute;simas, como 300 denuncias. Yo he recibido tantas que no las puedo contar&rdquo;, dice este joven agente de pelo cortado a cepillo, que pide no ser fotografiado. Cuando se le pregunta por el caso de Asteria, no se muestra sorprendido. &ldquo;A&nbsp;veces se nos ha ido la mano&rdquo;, admite, como si fuera lo m&aacute;s normal, al hablar de la brutalidad policial. &ldquo;Si ha sucedido, nos hemos dejado llevar por el momento&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La piscina del hotel</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Podemos llevar a las ni&ntilde;as ma&ntilde;ana a la piscina?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, no hay rollo [problema]. Delen&nbsp;&mdash;contesta Mortal.
    </p><p class="article-text">
        Las ni&ntilde;as del barrio tienen pocas opciones para divertirse, menos a&uacute;n si son pandilleras. Jugar al f&uacute;tbol es uno de los pocos entretenimientos de la zona, pero las competiciones est&aacute;n restringidas a los sectores que cada pandilla domine. Si un joven es de una zona dominada por el Barrio 18, solo puede jugar en otro barrio de dieciochos. Y si es mujer, su diversi&oacute;n se complica m&aacute;s: para las que viven en zonas de la 18, solo existen cuatro equipos con los que jugar.
    </p><p class="article-text">
        At&eacute; y Asteria no tienen dinero para comprarse zapatos de f&uacute;tbol y tampoco tienen su acta de nacimiento a mano. Ambas cosas son necesarias para inscribirse en el torneo. Por burocracia, por dinero y por muchas y desiguales razones, buena parte de la diversi&oacute;n de At&eacute; y Asteria se llama violencia.
    </p><p class="article-text">
        Para ser pandillero, hay que recibir una paliza. Se llama brinco. El brinco lo&nbsp;dan los futuros compa&ntilde;eros del golpeado. Si es para ingresar a las filas del Barrio 18, son 18 segundos. As&iacute; consiguen un apodo, que se llama taca, y tiene mucho que ver con la personalidad de cada quien. Si us&aacute;ramos la met&aacute;fora del brinco como un nacimiento &ndash;simb&oacute;licamente lo es&ndash; la adjudicaci&oacute;n de la taca ser&iacute;a un bautizo. Ah&iacute; la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; Mortal es Mortal.
    </p><p class="article-text">
        En Honduras, si son hombres, ser&aacute;n golpeados por tres hombres. Si son mujeres, ser&aacute;n dos mujeres y un hombre los que las golpeen. Este ritual de paso implica, en sus c&oacute;digos, un gran honor &ndash;no hay pandillero que olvide su fecha y sus padrinos, el d&iacute;a que adquirieron su poder y su estatus&ndash;. Mortal dice que no hay diferencia entre las funciones o el rango al que pueden aspirar pandilleros y pandilleras.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Si Asteria y At&eacute; se hubieran brincado, en teor&iacute;a habr&iacute;an podido aspirar a un puesto como el de Mortal, aunque en su zona no hay ninguna mujer liderando una pandilla oficial. Porque lo que lidera Artemis, aunque se parece, todav&iacute;a no es una pandilla. Pese a que hace un a&ntilde;o que estas ni&ntilde;as dicen haberse apartado del Barrio 18, cada noche los buscan, les hablan, r&iacute;en con ellos, les piden cosas y se dejan pedir.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque ante los ojos de Dios y del Barrio todos somos iguales &mdash;dice Asteria.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ni uno se mira m&aacute;s, ni una se mira menos &mdash;responde At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque todos la rifamos igual &mdash;exclama Asteria.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La rif&aacute;bamos &mdash;puntualiza At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La rifamos todav&iacute;a &mdash;r&iacute;e Asteria. &mdash;Damos la vida por el Barrio &mdash;confirma.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; implica para ustedes ya no estar en el grupo?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Estamos cagadas [con miedo] &mdash;responde con seriedad At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        La extorsi&oacute;n es un delito vinculado a las pandillas: extorsionan para sobrevivir, malvivir y comprar armas. Un delito por el que los pandilleros son acusados tambi&eacute;n de terrorismo. En Honduras, el aumento de presos por este delito entre 2016 y 2017 fue muy alto: pas&oacute; de 350 personas a 1.103. En el caso de las mujeres, en cinco a&ntilde;os hubo un aumento del 47%, pasando de 219 a 321 presas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/118402"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, las dos ni&ntilde;as se dedicaron a extorsionar para el Barrio 18. Un d&iacute;a por semana, visitaban pulper&iacute;as, ped&iacute;an entre&nbsp;100 (4 d&oacute;lares) y&nbsp;500 lempiras (20), seg&uacute;n el tama&ntilde;o del negocio. Algunos propietarios cerraban para evitar pagar lo que se llama impuesto de guerra. El costo de cerrar o no pagar puede ser muy grande: el asesinato. Ellas ten&iacute;an que dar la recaudaci&oacute;n completa del d&iacute;a a la pandilla. Si faltaba una lempira, iban a ser &ldquo;corregidas&rdquo;. La correcci&oacute;n significa recibir una golpiza. Lo m&aacute;s parecido al brinco que iban a experimentar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/118376"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Las ni&ntilde;as dicen que ya no trabajan para la pandilla, pero le hacen favores. Un favor puede ser cualquier cosa. Un favor puede ser hacer gratis exactamente lo que hac&iacute;an antes por un salario variable de 20 d&oacute;lares semanales. Ellas se reivindican como independientes. Dicen que odian que cualquiera, en general, les mande, sobre todo Asteria. Pero est&aacute;n dispuestas a hacer muchas cosas por el Barrio 18. Porque quieren. Estar cerca, dentro o fuera parece casi lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; es hacer un favor cuando ya no est&aacute;s obligada?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si uno quiere, me dice: &ldquo;Mir&aacute;, and&aacute; a traer tal cosa&rdquo;. Si yo quiero, voy a ir. Si no, no voy &mdash;dice Asteria con vehemencia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pero usted sabe que si una puede hacer un favor, siempre lo va a seguir haciendo &mdash;matiza At&eacute; un minuto despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Y&nbsp;cuanto m&aacute;s va haciendo uno, m&aacute;s se va involucrando.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute; creen que si ya no son <em>paisas</em> conf&iacute;an en ustedes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Cuando yo me sal&iacute;, les dije: &ldquo;Cuando yo pueda, les puedo tirar esquina [vigilar], mover esto o comprar esto&rdquo; &mdash;dice At&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Siempre hay una parte activa hacia la pandilla, solo que no somos nada. Si caemos en la c&aacute;rcel por algo del Barrio, somos tiraesquinas&nbsp;[vigilantes]<strong>&nbsp;</strong>nada m&aacute;s, no tenemos derecho a nada del Barrio.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Pero hacerles favores sin el salario de antes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iexcl;Ah! Pero nosotras los extorsionamos &mdash;a&ntilde;ade At&eacute;, a carcajadas.
    </p><p class="article-text">
        Extorsionar como sin&oacute;nimo de pedir. Unos lempiras, un porro, coca&iacute;na, una cerveza, algo de comer, un lugar donde dormir. Seguir formando parte de algo, de una familia, de una ruta, de una senda directa hacia la nada, hacia un futuro que, de llegar, ser&aacute; parecido al de Artemis.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div class="flourish-embed" data-src="visualisation/118464"></div><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script>
    </figure><h3 class="article-text">La enemiga del Barrio 18</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Las mujeres pueden ser l&iacute;deres, como ustedes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, s&iacute; ha habido. Ahorita no, est&aacute;n presas, pero si ha habido locas que han sido pesadas. Congras [l&iacute;deres mujeres], pues &mdash;defiende&nbsp;Mortal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mismo sector de San Pedro Sula, en el sector Rivera Hern&aacute;ndez, a&nbsp;10 minutos de Cerrito Lindo, est&aacute; el lugar donde Artemis trata de proteger a su grupo de criaturas salvajes a medio cocer entre la pandilla y el grupo revoltoso de amigos violentos. Es su matriarca. Les ense&ntilde;a el deber ser del pandillero. Los instruye para la guerra, guarda sus armas y les corrige cuando fallan. Pero tambi&eacute;n los cuida. Los alimenta y les cura las heridas. Si logra convertirlos en pandilla se protege a s&iacute; misma. Le est&aacute; costando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La vida empuj&oacute; a Asteria y At&eacute; a la pandilla desde la familia, ausente y disfuncional. Para Artemis todo empez&oacute; en alg&uacute;n lugar similar, buscando compa&ntilde;&iacute;a y protecci&oacute;n. En sus m&uacute;ltiples amores con pandilleros de todas las castas y pelajes. La historia para ellas es una serie de repeticiones con nada de farsa y mucha tragedia.
    </p><p class="article-text">
        Antes de estar al frente de este grupo de ni&ntilde;os armados, Artemis fue como Asteria y como At&eacute;. Una chica flacucha y avispada, con una familia muy pobre para la que supon&iacute;a una carga. Sali&oacute; embarazada a los 17 a&ntilde;os de un miembro respetado de los Vatos Locos, esa pandilla inspirada por Hollywood. Y desde entonces ha tenido un azaroso v&iacute;a crucis por varias pandillas del Rivera Hern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        Una vez destruida y disuelta su pandilla original, la Barrio Pobre 16, la que comparti&oacute; con el padre de Ate, tambi&eacute;n colabor&oacute; con el Barrio 18. Camin&oacute; con ellos, les ayud&oacute;, llev&oacute; recados, les dej&oacute; entrar en su casa y en su cuerpo. Pero a los suyos los mataron. Termin&oacute; el Barrio Pobre 16 y el Barrio 18 fue exterminado de esta colonia. Ella se salv&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las dem&aacute;s pandillas empezaron a acercarse a reclamar el territorio, Artemis, en lugar de huir o morir, aprendi&oacute; a sobrevivir. Su opci&oacute;n fue ayudar a un grupo de ni&ntilde;os y adolescentes a organizarse en lo que ella conoc&iacute;a tan bien: la pandilla. Desde hace dos a&ntilde;os, bajo su direcci&oacute;n, protecci&oacute;n, experiencia, una desarrapada&nbsp;mezcla de jovencitos pelea contra el Barrio 18, la Mara Salvatrucha 13, los Vatos Locos y&nbsp;toda pandilla o autoridad que asome las narices por las pocas calles y callejones que ellos controlan.
    </p><p class="article-text">
        La lucha por el territorio tambi&eacute;n incluye a la Polic&iacute;a, para ellos, un agresor m&aacute;s. Cuando Artemis habla de la Polic&iacute;a, cuenta c&oacute;mo en varias ocasiones han entrado a sus casas disparando y amenazando. C&oacute;mo los polic&iacute;as corruptos se llevan objetos de dentro de las casas porque, supuestamente, son robados. Para muchos, no son tan diferentes a los criminales. Pero lo que m&aacute;s le preocupa de los polic&iacute;as no es el robo. Es que cuando los agentes capturan a sus muchachos, dice, siempre los torturan.
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        De Artemis depender&aacute; si se vuelven un grupo m&aacute;s en el panorama salvaje de la ciudad o si se disolver&aacute; y cada quien huir&aacute; por su lado. Por el momento se contentan con vender peque&ntilde;as porciones de coca&iacute;na de mala calidad y dispararse casi a diario con miembros de la MS13, que tambi&eacute;n quieren gobernar el peque&ntilde;o territorio.
    </p><p class="article-text">
        Tres mujeres. Un mismo rumbo. At&eacute; y Asteria chapotean en la cola, tratan de salir a flote en un barrio que es un lodazal violento. Artemis sobrevive por eliminaci&oacute;n, a modo de cabeza visible de una hidra en guerra, que cualquier d&iacute;a puede ser cortada, sacrificada, eliminada por los hombres de Mortal, en otro barrio violento.
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        <em>Este reportaje forma parte de la serie 'Las colaboradoras', un proyecto period&iacute;stico sobre el papel actual de las mujeres en las pandillas de Centroam&eacute;rica. Una iniciativa de El Intercambio financiada por Internews, en alianza con el antrop&oacute;logo salvadore&ntilde;o experto en pandillas Juan Mart&iacute;nez D&rsquo;aubuisson.</em><a href="http://elintercamb.io/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Intercambio </a><a href="https://internews.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Internews</a>
    </p><p class="article-text">
        Texto: Elsa Cabria, Juan Mart&iacute;nez D&rsquo;aubuisson y Ximena Villagr&aacute;n / <em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Fotograf&iacute;as: Oliver de Ros / <em>El Intercambio</em>
    </p><p class="article-text">
        Edici&oacute;n: Alberto Arce / <em>El Intercambio</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elsa Cabria, Juan Martínez D’aubuisson, Ximena Villagrán, Alberto Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/quieren-mortal_1_1727785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jan 2019 20:09:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ellas quieren ser Mortal: la sumisión de las niñas pandilleras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Honduras,Pandillas,Caravana de migrantes]]></media:keywords>
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