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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ricardo Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ricardo_rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ricardo Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La soledad del enfermo de cáncer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/soledad-enfermo-cancer_129_12090374.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db70aead-663e-471a-981c-7e159a91877e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La soledad del enfermo de cáncer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor hace una reflexión sobre el cáncer que padece, la forma anómala en que se enteró del diagnóstico y la necesidad de avanzar en el apoyo psicológico al paciente</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Realmente lo que me importa es la vida&rdquo; </em>(Virginia Woolf)
    </p><p class="article-text">
        Me diagnosticaron c&aacute;ncer de pr&oacute;stata en julio del a&ntilde;o pasado, tres meses despu&eacute;s de que el an&aacute;lisis de sangre de la revisi&oacute;n m&eacute;dica anual del trabajo avisara de que algo iba mal.
    </p><p class="article-text">
        Por lo com&uacute;n, el de pr&oacute;stata es un c&aacute;ncer de buen pron&oacute;stico, pero al parecer yo no fui muy afortunado en este aspecto; el m&iacute;o es un tumor agresivo, entendida la agresividad como mayor capacidad de diseminaci&oacute;n, y adem&aacute;s ya en el momento del diagn&oacute;stico se hab&iacute;a extendido por la pelvis. Es lo que los onc&oacute;logos llaman c&aacute;ncer localmente avanzado, seg&uacute;n he tenido la oportunidad de aprender. La consecuencia pr&aacute;ctica para m&iacute; m&aacute;s importante es que ya no cabe operaci&oacute;n o, por mejor decir, que la operaci&oacute;n no resolver&iacute;a nada; el plan pues consiste en seguir un tratamiento hormonal durante tres a&ntilde;os y someterme a un n&uacute;mero determinado de sesiones de radioterapia. Ateni&eacute;ndonos con rigor a este plan, por lo visto, podemos albergar esperanzas s&oacute;lidas de salir adelante.
    </p><p class="article-text">
        Los sentimientos que me atenazaron cuando conoc&iacute; el diagn&oacute;stico supongo que no distar&aacute;n mucho de los que hayan asaltado a tantos miles de personas colonizadas por este feroz intruso. En mi caso, llov&iacute;a sobre muy mojado. En marzo de 2020 estuve hospitalizado con neumon&iacute;a bilateral causada por covid-19, enfermedad que acab&oacute; con la vida de mi madre cuando yo a&uacute;n permanec&iacute;a ingresado, y desde entonces he arrastrado un c&uacute;mulo de secuelas que han lastrado mi vida cotidiana. El c&aacute;ncer se present&oacute; como una apisonadora cuando llevaba unos pocos meses dichosos en los que parec&iacute;a que mi organismo por fin sal&iacute;a del atolladero.
    </p><p class="article-text">
        Te preguntas, sospecho que invariablemente y por m&aacute;s irracional que se antoje hacerlo, por qu&eacute; a ti. Sientes miedo, mucho miedo. Anhelas saber de inmediato qu&eacute; suceder&aacute; en el futuro. La incertidumbre es terrible y puede resultar psicol&oacute;gicamente devastadora. Interrogas al m&eacute;dico con ansiedad.
    </p><p class="article-text">
        Si tienes la suerte de que la noticia te la d&eacute; un m&eacute;dico, que era lo que yo me figuraba que suced&iacute;a siempre. Uno se imagina la escena del facultativo buscando las palabras m&aacute;s precisas pero menos dolorosas, y mostrando, al tiempo que echa el jarro de agua fr&iacute;a sobre el paciente, cu&aacute;les son las ventanas a la esperanza, las posibilidades de tratamiento, los pasos a seguir en el futuro. Pero yo no supe que padec&iacute;a c&aacute;ncer porque me lo dijera ning&uacute;n m&eacute;dico, sino porque lo le&iacute;, un domingo por la noche mientras ve&iacute;a la televisi&oacute;n en casa, en mi tel&eacute;fono m&oacute;vil, en el informe de la biopsia que hab&iacute;an colgado en mi carpeta de salud veintitr&eacute;s d&iacute;as antes de entrevistarme con el especialista.
    </p><p class="article-text">
        Mi m&eacute;dico de cabecera solicit&oacute;, por comunicaci&oacute;n interconsulta, que se me adelantara la cita, y yo mismo escrib&iacute; al servicio de atenci&oacute;n al paciente implorando que, si no era posible el adelanto, al menos me llamara alguien e invirtiera unos pocos minutos en responder las tres o cuatro preguntas elementales que a uno le brotan cuando recibe noticia semejante. Y reconoc&iacute;, por escrito y con sinceridad, que ten&iacute;a miedo. No hubo contestaci&oacute;n alguna, ni a mi m&eacute;dico de cabecera ni a m&iacute;, y durante veintitr&eacute;s d&iacute;as interminables mi compa&ntilde;era y yo masticamos a solas un diagn&oacute;stico de c&aacute;ncer, incurriendo adem&aacute;s, inevitablemente, en la temeridad de consultar el significado de los t&eacute;rminos t&eacute;cnicos del informe en internet.
    </p><p class="article-text">
        Me sucedi&oacute; lo mismo con el resultado de la prueba que determin&oacute; que el c&aacute;ncer ya hab&iacute;a afectado a varios ganglios fuera de la pr&oacute;stata. Esta vez tuve que esperar casi un mes para la consulta desde que supe que hab&iacute;a comenzado la met&aacute;stasis en las proximidades del tumor. Aunque para esta ocasi&oacute;n tuve tambi&eacute;n la inmensa fortuna de conocer, gracias a un gran amigo, a una persona profundamente conocedora de mi tipo de c&aacute;ncer y de inmensa generosidad y asombrosa bondad que, hasta el d&iacute;a de hoy, me ha orientado y ha evitado que me invadiera la exasperaci&oacute;n. Pero &eacute;ste es naturalmente un ins&oacute;lito lujo. En casos similares, la exasperaci&oacute;n es lo corriente.
    </p><p class="article-text">
        Ignoro a cu&aacute;ntas personas les habr&aacute; ocurrido lo mismo que a m&iacute;, pero me consta que no soy el &uacute;nico y que ni siquiera se trata de un hecho infrecuente. &iquest;Tan dif&iacute;cil resulta crear un sistema de alarmas y filtros que permitan acompasar la atenci&oacute;n del profesional m&eacute;dico al conocimiento de diagn&oacute;sticos de esta naturaleza por el paciente gracias a su carpeta de salud, una aplicaci&oacute;n inform&aacute;tica por lo dem&aacute;s muy &uacute;til? &iquest;Por qu&eacute; no utilizamos las herramientas t&eacute;cnicas, tambi&eacute;n, para humanizar el trato con los enfermos, para aliviar el padecimiento emocional que siempre acompa&ntilde;a al sufrimiento f&iacute;sico?
    </p><p class="article-text">
        Es s&oacute;lo un ejemplo de una organizaci&oacute;n que, por indiferente al dolor ps&iacute;quico, se convierte en algo cruel. Las listas de espera, la masificaci&oacute;n de los centros sanitarios, los periodos eternos de ansiedad aguardando noticias que no llegan y sin nadie que se dirija a ti, los tel&eacute;fonos que no se descuelgan, los laberintos burocr&aacute;ticos que se yerguen como muros infranqueables para personas mayores y para otras a las que, sin serlo, la enfermedad vuelve fr&aacute;giles, los males que causa la escasez de recursos y los que se deben a una gesti&oacute;n sin alma se transforman en aut&eacute;nticas losas cuando hablamos del c&aacute;ncer.
    </p><p class="article-text">
        Y lo m&aacute;s imperdonable es que existen las condiciones para evitar tan desgraciada realidad.
    </p><p class="article-text">
        La primera, y sin duda la m&aacute;s importante de todas, la condici&oacute;n humana. Mi experiencia, tanto en el periodo de hospitalizaci&oacute;n por covid-19 como a lo largo del tratamiento del c&aacute;ncer, es la de haber hallado en nuestro sistema sanitario p&uacute;blico los m&aacute;s emocionantes y admirables ejemplos de generosidad humana y de competencia y tenacidad profesionales. Y no me refiero en exclusiva a los m&eacute;dicos. Lo usual es que todo el personal sanitario, de enfermer&iacute;a, auxiliares o celadores se esfuerce, a pesar de las dificultades que han de soslayar para ello, en crear un oasis de afecto cuando te encuentras en sus manos y te sientes vulnerable. Debo particular gratitud, sin desmerecer a ning&uacute;n otro grupo, a m&eacute;dicos de familia y a especialistas de oncolog&iacute;a y, como en el 2020, he quedado conmovido por la profesionalidad y el cari&ntilde;o de los trabajadores sanitarios m&aacute;s j&oacute;venes, hecho &eacute;ste por s&iacute; solo pre&ntilde;ado de buenos augurios para el futuro si supi&eacute;ramos aprovecharlo.
    </p><p class="article-text">
        La prodigiosa celeridad con la que avanza la investigaci&oacute;n sobre el c&aacute;ncer es otro excelente cimiento. Pertenezco a una generaci&oacute;n que conoci&oacute; aquellos dram&aacute;ticos tratamientos de quimioterapia en los que se somet&iacute;a al paciente a un bombardeo indiscriminado que aniquilaba la salud intentando salvar la vida. Hoy, apenas unas d&eacute;cadas despu&eacute;s, nos pasma a los legos la profundidad y exactitud alcanzadas en el conocimiento de cada tipo c&aacute;ncer, la multitud de estrategias para afrontarlo y el avance en tratamientos de quimioterapia y radioterapia infinitamente menos da&ntilde;inos.
    </p><p class="article-text">
        Un sistema sanitario p&uacute;blico organizado racionalmente y sostenido por un sistema tributario universal y progresivo posee, por su propia naturaleza, capacidad para poner a disposici&oacute;n de toda la ciudadan&iacute;a las terapias m&aacute;s avanzadas descubiertas por la ciencia. He dedicado a demostrarlo la mayor&iacute;a de art&iacute;culos que he escrito desde hace m&aacute;s de un lustro y que este medio ha tenido la gentileza de publicar. Ning&uacute;n gasto es m&aacute;s importante en una sociedad, ninguna forma de solidaridad es m&aacute;s hermosa ni valiosa. El aumento sustancial de recursos invertidos en sanidad, econ&oacute;micamente posible si es &eacute;sa la elecci&oacute;n pol&iacute;tica que se adopta, es la mejor manera de paliar el padecimiento psicol&oacute;gico de los enfermos.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay m&aacute;s. Resulta imprescindible que los gestores asuman que el dolor psicol&oacute;gico siempre existe y que hay que abordarlo. La escualidez del servicio de atenci&oacute;n psicol&oacute;gica en la sanidad p&uacute;blica es prueba fehaciente de que jam&aacute;s ha preocupado a nuestras autoridades la salud mental, una carencia tr&aacute;gica en la sociedad actual. En este punto, la labor realizada por la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola contra el C&aacute;ncer resulta vital para miles de enfermos y familiares. Pero el sector p&uacute;blico debe poseer sus propios recursos, porque hay pacientes de otras dolencias que los precisan y porque, a la angustia que genera el c&aacute;ncer, se ha de sumar que a menudo la enfermedad o su tratamiento despierten otros fantasmas, angustias del pasado no superadas.
    </p><p class="article-text">
        No atribuyo facultades milagrosas al estado de &aacute;nimo; son la ciencia y el arte m&eacute;dicos las que pueden curar. Pero la cooperaci&oacute;n que el paciente ha de prestarles exige que la depresi&oacute;n y la ansiedad no lo paralicen.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de lo hasta aqu&iacute; escrito, me tengo por una persona muy afortunada. Hay quien me aconseja; siendo mi c&aacute;ncer de los peores dentro de su especie, no es la suya una de las peores especies de c&aacute;ncer, y, sobre todo, gozo del c&aacute;lido cobijo de amigas, amigos, compa&ntilde;eros de trabajo y familia. Sin embargo, miles de personas padecen un dolor a&ntilde;adido al de su enfermedad que deber&iacute;amos esforzarnos por paliar.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n cabe proveer colectivamente la ternura, y merece la pena hacerlo, habida cuenta de que la vida es el m&aacute;s precioso de nuestros tesoros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/soledad-enfermo-cancer_129_12090374.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2025 21:33:05 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Una luz en la oscuridad: memoria de Carl Sagan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/luz-oscuridad-memoria-carl-sagan_129_11875802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6fdd123-6e8a-4ebd-94ea-5b1be0ddb986_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una luz en la oscuridad: memoria de Carl Sagan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo más importante de cuanto nos transmitió Sagan fue la convicción de que la ciencia, a pesar de sus imperfecciones y en gran medida gracias a ellas, es con mucho la más valiosa herramienta de que disponemos para sobrevivir y prosperar como especie</p></div><p class="article-text">
        Muchas de las personas que ya contamos con m&aacute;s de 50 a&ntilde;os atesoraremos sin duda, entre los m&aacute;s gratos recuerdos de nuestra infancia, adolescencia o juventud, aquella prodigiosa serie de divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica que se titulaba <em>Cosmos</em>, y no pocos guardaremos en casa la lujosa edici&oacute;n en libro del programa televisivo. Lo presentaba y fue tambi&eacute;n su guionista principal el astr&oacute;nomo y astrof&iacute;sico Carl Sagan, quien, de vivir hoy en d&iacute;a, habr&iacute;a cumplido 90 a&ntilde;os en este &uacute;ltimo mes de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        El nombre completo de la serie fue <em>Cosmos: un viaje personal</em> y, a pesar de que apenas se emitieron trece episodios, se convirti&oacute; con pleno merecimiento en uno de los documentales de divulgaci&oacute;n m&aacute;s c&eacute;lebres de la historia, si no el que m&aacute;s. En la introducci&oacute;n al libro, el propio Carl Sagan hablaba de cerca de 140 millones de telespectadores en todo el mundo. En 2014 se emitieron otros trece episodios de una continuaci&oacute;n que se titul&oacute; <em>Cosmos: una odisea en el espacio-tiempo</em>, presentada por el astrof&iacute;sico Neil deGrasse Tyson y producida, entre otros, por la escritora Ann Druyan, viuda de Sagan que tambi&eacute;n hab&iacute;a sido guionista de la serie original.
    </p><p class="article-text">
        Entre los atractivos que con toda seguridad contribuyeron al &eacute;xito del primer <em>Cosmos</em> se han de contar su belleza visual y un magn&iacute;fico fondo musical, con composiciones de Vangelis y Jean-Michel Jarre. Pero su mayor valor radica en la asombrosa capacidad de Sagan para reunir lo esencial del sinf&iacute;n de conocimientos f&iacute;sicos, astron&oacute;micos, matem&aacute;ticos o filos&oacute;ficos acumulados por el ser humano a lo largo de la historia y para presentarlo ante el p&uacute;blico general de forma a un tiempo clara, amena y rigurosa. No se limitaba a enumerar y exponer hallazgos y principios de la ciencia, sino que nos mostraba c&oacute;mo se hab&iacute;an gestado y de qu&eacute; preguntas hab&iacute;a partido el camino hacia ellos. Y esto le sirvi&oacute; para contagiar al espectador, como ning&uacute;n otro divulgador cient&iacute;fico lo ha hecho, el amor por la ciencia (&ldquo;cuando uno se enamora, quiere contarlo&rdquo;, escribi&oacute;), la pasi&oacute;n por aprender, que &eacute;l siempre crey&oacute; innata en todo ser humano. Son los ni&ntilde;os, acostumbraba a decir, quienes siguen haciendo las preguntas fundamentales.
    </p><p class="article-text">
        Sirvi&eacute;ndose de una cartulina y dos palos, nos explic&oacute; de qu&eacute; modo sencillo y genial hab&iacute;a probado el sabio Erat&oacute;stenes que la Tierra era esf&eacute;rica en el siglo III antes de Cristo y c&oacute;mo hab&iacute;a sido capaz de medir con admirable precisi&oacute;n el di&aacute;metro de su circunferencia. Y explic&oacute; a un grupo de escolares, respondiendo a la pregunta de una ni&ntilde;a, por qu&eacute; era precisamente esf&eacute;rica la Tierra y no de otra forma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Cosmos</em> o&iacute;mos hablar muchos por primera vez de los agujeros negros. Se nos ense&ntilde;&oacute;, a&ntilde;os antes de que invadiera nuestras vidas el celeb&eacute;rrimo buscador de internet, que &ldquo;g&uacute;gol&rdquo; (o <em>google</em>) era el nombre que hab&iacute;a dado a un n&uacute;mero gigantesco, diez elevado a cien, el sobrino de nueve a&ntilde;os del matem&aacute;tico norteamericano Edward Kasner, a petici&oacute;n de este. Se nos narr&oacute; la apasionante b&uacute;squeda de la armon&iacute;a universal que condujo a Kepler a dar con el movimiento de los planetas, gracias a las mediciones de un tipo tan extravagante como Tycho Brahe. Descubrimos el esp&iacute;ritu pr&aacute;ctico e indagador de los cient&iacute;ficos j&oacute;nicos (Tales, Anaximandro, Anax&aacute;goras, Dem&oacute;crito y otros) a los que en los manuales de historia de la filosof&iacute;a se acostumbraba a menospreciar con la r&uacute;brica conjunta de <em>presocr&aacute;ticos</em>, como si anteceder a S&oacute;crates hubiese sido su &uacute;nico m&eacute;rito, desconociendo su papel crucial de pioneros del m&eacute;todo cient&iacute;fico. Entendimos el significado del tesoro perdido con la destrucci&oacute;n de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a y o&iacute;mos hablar, la mayor&iacute;a de nosotros tambi&eacute;n por primera vez, de la matem&aacute;tica y astr&oacute;noma Hipatia.
    </p><p class="article-text">
        Aprendimos que el Sol es una gran bola gaseosa de hidr&oacute;geno y helio y supimos de la fascinante vida de las estrellas o los fr&aacute;giles equilibrios que posibilitan la vida en la Tierra, por los cuales Carl Sagan nos hizo ver la inmensa responsabilidad que como especie adquirimos en su cuidado y conservaci&oacute;n. &ldquo;Sabemos qui&eacute;n habla en nombre de las naciones &ndash;escribi&oacute;-. Pero &iquest;qui&eacute;n habla en nombre de la especie humana? &iquest;Qui&eacute;n habla en nombre de la Tierra?&rdquo; Estremece percatarse de que a&uacute;n hoy, m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, seguimos sin poder responder a estas dos preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s importante de cuanto nos transmiti&oacute; Sagan fue la convicci&oacute;n de que la ciencia, a pesar de sus imperfecciones y en gran medida gracias a ellas, es con mucho la m&aacute;s valiosa herramienta de que disponemos para sobrevivir y prosperar como especie, porque lleva incorporado en su seno el mecanismo por el que se autocorrige. Tiene dos reglas, asegur&oacute; en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>Cosmos</em>. Primera: no existen verdades sagradas ni sirven los argumentos de autoridad. Segunda: hay que revisar todo lo que no cuadre con los hechos. De modo similar, Bertrand Russell hab&iacute;a escrito en <em>La perspectiva cient&iacute;fica</em> que nadie que tenga esp&iacute;ritu cient&iacute;fico afirma que lo que en la actualidad cree la ciencia sea exacto, sino un escenario en el camino hacia la verdad. &ldquo;Cuando se produce un cambio en la ciencia, como, por ejemplo, de la ley de la gravedad de Newton a la de Einstein, lo que se hab&iacute;a hecho no es derrocado, sino que es reemplazado por algo un poco m&aacute;s preciso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Puede resultar desalentador recordar a un hombre como Carl Sagan en el borrascoso tiempo que nos ha tocado vivir, en el que la irracionalidad reconquista millones de mentes, medran payasadas como el <em>terraplanismo</em>, resurge el nacionalismo m&aacute;s obtuso, poderosos dirigentes pol&iacute;ticos se jactan de su ignorancia, se alzan arrogantes teocracias de mentalidad medieval en pa&iacute;ses sumidos en la miseria y, sobre todo, miles de personas, miles de ni&ntilde;os, sucumben en guerras bestiales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que significa un ser vivo &ndash;escribi&oacute; Hermann Hesse en el p&oacute;rtico de su novela <em>Demian</em>-, se sabe hoy menos que nunca, y por eso se destruye a montones de seres humanos, cada uno de los cuales es una creaci&oacute;n valiosa y &uacute;nica de la naturaleza&rdquo;. Y Carl Sagan, en <em>Cosmos</em>: &ldquo;En la perspectiva c&oacute;smica, cada uno de nosotros es precioso. Si alguien est&aacute; en desacuerdo contigo, d&eacute;jalo vivir. No encontrar&aacute;s a nadie parecido en cien mil millones de galaxias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l no ignor&oacute; esta sombr&iacute;a deriva de nuestras sociedades y, poco antes de su muerte en 1996, nos dej&oacute; un libro asombroso cuya lectura hoy sobrecoge por la lucidez con que anticip&oacute; lo que se nos avecinaba. Lo titul&oacute; <em>El mundo y sus demonios</em> y constituye uno de los m&aacute;s emotivos y mejor armados alegatos a favor de la raz&oacute;n que jam&aacute;s se hayan escrito.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Preveo c&oacute;mo ser&aacute; la Am&eacute;rica de la &eacute;poca de mis hijos o nietos (nosotros bien podr&iacute;amos sustituir aqu&iacute; Am&eacute;rica por Europa): &hellip; una econom&iacute;a de servicio e informaci&oacute;n; casi todas las industrias manufactureras clave se habr&aacute;n desplazado a otros pa&iacute;ses; los temibles poderes tecnol&oacute;gicos estar&aacute;n en manos de unos pocos y nadie que represente el inter&eacute;s p&uacute;blico se podr&aacute; acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habr&aacute; perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento de causa a los que ejercen la autoridad; nosotros, aferrados a nuestros cristales y consultando nerviosos nuestros hor&oacute;scopos, con las facultades cr&iacute;ticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstici&oacute;n y la oscuridad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n, a pesar de todo, un libro profundamente esperanzador. El ser humano ha demostrado con amarga contumacia su capacidad para cometer los m&aacute;s escalofriantes actos de crueldad, pero tambi&eacute;n su capacidad para crear, para tejer redes de solidaridad, para sublevarse contra la injusticia y el alcance inagotable de su curiosidad. Estas &uacute;ltimas facultades son las que invoca Carl Sagan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que, sea cual sea la proporci&oacute;n de optimismo y pesimismo que anide en cada uno de nosotros, si amamos nuestra propia vida y las personas que junto a nosotros la transitan, no nos queda otro remedio. O, para decirlo con el refr&aacute;n que Carl Sagan coloca al principio de <em>El mundo y sus demonios</em>: &ldquo;Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/luz-oscuridad-memoria-carl-sagan_129_11875802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Dec 2024 21:28:10 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Patronal, salarios e ilusiones financieras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/patronal-salarios-e-ilusiones-financieras_129_11335604.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed85017d-d6dd-47b4-bd86-2fbb1434f55b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Patronal, salarios e ilusiones financieras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El señor Garamendi se equivoca al apuntar a los tributos en los que esto sucede; ni el IRPF ni las cotizaciones sociales adolecen de opacidad alguna; serán más o menos justos, escasos o excesivos, pero diáfanos: representan un porcentaje de nuestros ingresos</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas levant&oacute; bastante polvareda la propuesta del se&ntilde;or Antonio Garamendi de que los trabajadores percibieran no s&oacute;lo el que se denomina salario neto, sino tambi&eacute;n el importe de la retenci&oacute;n de IRPF y todas las cotizaciones sociales, tanto las correspondientes al trabajador como las que se pagan por cuenta de la empresa, para que luego fuese el mismo trabajador quien se encargara de efectuar los ingresos en el Tesoro P&uacute;blico. El objetivo ser&iacute;a, dijo, que los trabajadores adquiriesen conciencia del coste real de su salario.
    </p><p class="article-text">
        El verdadero prop&oacute;sito de la sugerencia se encuadra dentro del persistente ataque a los sistemas tributarios que venimos presenciando de unos a&ntilde;os a esta parte, dentro de una guerra m&aacute;s general de derribo de los restos del Estado social. Ni siquiera creo que se proponga en serio. Es improbable que la patronal ignore que la ejecuci&oacute;n t&eacute;cnica de suprimir las retenciones fiscales en la fuente ocasionar&iacute;a tal elevaci&oacute;n de costes de gesti&oacute;n y menoscabar&iacute;a de tal modo la eficiencia del sistema, que llevar&iacute;a al Estado a la quiebra, lo que en nada aprovechar&iacute;a a las empresas, desde luego.
    </p><p class="article-text">
        Se est&aacute;n invirtiendo millones en campa&ntilde;as medi&aacute;ticas y publicitarias que presentan los impuestos como una losa asfixiante para la ciudadan&iacute;a. El deterioro creciente de los servicios p&uacute;blicos desde luego les ayuda, y la izquierda y el movimiento obrero deber&iacute;an entender que o son capaces de reconstruir un robusto tejido de servicios comunitarios esenciales o estar&aacute;n derrotados. Lo mismo cabr&iacute;a decir de la erosi&oacute;n de la progresividad. No se puede pedir que la gente desembolse cerca del 30 por ciento de sus ingresos de manera permanente si el retorno que viene del sector p&uacute;blico se reduce a modestas transferencias para evitar que los muy pobres mueran de hambre y a alguna que otra regulaci&oacute;n o subvenci&oacute;n de precios, en tanto la sanidad, la educaci&oacute;n o los transportes p&uacute;blicos se caen literalmente a pedazos, o mientras resulta bien visible la facilidad con que las grandes fortunas eluden el fisco.
    </p><p class="article-text">
        Pero habr&iacute;a, a mi juicio, otras dos lecturas de la idea sobre las que quiz&aacute; ni su autor haya reparado.
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, la propuesta patronal solamente es concebible, de manera t&aacute;cita o expl&iacute;cita, si se parte de la noci&oacute;n marxista de salario. Concretamente, de aquella que se expone en la secci&oacute;n sexta del libro primero de 'El Capital'. El presidente de la CEOE habl&oacute; de la totalidad de los costes salariales y, unos d&iacute;as despu&eacute;s, un an&aacute;lisis de abierto apoyo a la iniciativa firmado por Ricardo T. Lucas para <em>Expansi&oacute;n</em> llevaba por t&iacute;tulo 'El Estado no quiere que el trabajador sepa todo lo que se queda de su sueldo'. Afirmaci&oacute;n que carecer&iacute;a de sentido si se refiriese en exclusiva al que se tiene por salario bruto (lo que percibe el trabajador m&aacute;s la retenci&oacute;n de IRPF y su cotizaci&oacute;n social). Primero porque todas las cantidades retenidas e ingresadas en el Tesoro por cuenta del trabajador se consignan en su n&oacute;mina. Segundo, porque el mismo Garamendi incluye en la propuesta las que se consideran cotizaciones por cuenta de la empresa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, todo es salario, que de esta forma vendr&iacute;a a definirse, de acuerdo con Karl Marx, como el nombre especial dado al precio de la fuerza de trabajo que usual, y err&oacute;neamente, se llama precio del trabajo. Cuando un empresario contrata a un trabajador por el salario m&iacute;nimo sabe que ha de pagar en torno a 1.700 euros mensuales, (el que se tiene por salario en sentido estricto m&aacute;s el tercio aproximado de cotizaciones sociales empresariales). Al empresario le da lo mismo entregar todo el dinero al trabajador que una parte al trabajador y otra a Hacienda, a la Seguridad Social o a una mutualidad. Para &eacute;l todo es precio, para &eacute;l todo es salario. En otras palabras, es parte del capital que destina a comprar la disposici&oacute;n temporal de la capacidad de trabajo de sus empleados, denominada por Marx capital variable, por contraposici&oacute;n al capital constante, porque tras el proceso de producci&oacute;n reproduce su equivalente y un excedente por encima de &eacute;l al que se conoce como plusval&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Entendido esto as&iacute;, la diferencia entre cotizaci&oacute;n empresarial y cotizaci&oacute;n del trabajador supone en gran medida una ficci&oacute;n jur&iacute;dica sin contenido econ&oacute;mico y la totalidad del coste de las pensiones resultar&iacute;a estar financi&aacute;ndose con una parte del salario de los trabajadores. A&uacute;n m&aacute;s, cada rebaja de las cotizaciones empresariales supondr&iacute;a una rebaja encubierta y fraudulenta de salarios, salvo que los ingresos del trabajador se incrementaran en el importe exacto de la rebaja. &iquest;O el se&ntilde;or Garamendi quiere, caso de que se entregara todo el coste laboral al trabajador, que las rebajas de cotizaciones sociales menguaran sus ingresos? Uno ha de ser coherente con lo que propone.
    </p><p class="article-text">
        Si no soport&aacute;ramos al par&aacute;sito del Estado, le vendr&iacute;a a decir la patronal a los trabajadores, ambos nos beneficiar&iacute;amos: vosotros cobrar&iacute;ais salarios m&aacute;s altos y nosotros incrementar&iacute;amos nuestros beneficios. No dice, naturalmente, que se reducir&iacute;an los fondos destinados a la educaci&oacute;n y la sanidad que de otra manera los trabajadores no podr&iacute;an permitirse, o directamente al pago de pensiones que garantizan una vejez digna; ni que el aumento del beneficio empresarial se detraer&iacute;a de esa p&eacute;rdida de derechos de los trabajadores sin que &eacute;stos ni mucho menos recuperasen en forma de salario l&iacute;quido cuanto en salud y educaci&oacute;n perdieran.
    </p><p class="article-text">
        Y hay a&uacute;n otra derivaci&oacute;n importante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La propuesta presume que la forma en que se recaudan algunos impuestos oculta al contribuyente la carga fiscal que soporta. Y esto es cierto como hecho general. Lo denunci&oacute; hace m&aacute;s de un siglo el economista italiano Amilcare Puviani en su obra 'Teor&iacute;a de la ilusi&oacute;n financiera', de la que en 1972 el Instituto de Estudios Fiscales sac&oacute; a la luz la &uacute;nica edici&oacute;n en castellano que conozco.
    </p><p class="article-text">
        Pero el se&ntilde;or Garamendi se equivoca al apuntar a los tributos en los que esto sucede; ni el IRPF ni las cotizaciones sociales adolecen de opacidad alguna; ser&aacute;n m&aacute;s o menos justos, escasos o excesivos, pero di&aacute;fanos: representan un porcentaje de nuestros ingresos. Lo contrario sucede con los impuestos indirectos. Y no ya porque para la inmensa mayor&iacute;a de nuestras compras cotidianas no se nos expida factura. Aunque dispusi&eacute;ramos de factura de todos nuestros gastos, &iquest;qui&eacute;n sabe qu&eacute; porcentaje de sus ingresos mensuales representa el IVA de la totalidad de sus compras?
    </p><p class="article-text">
        Si la propuesta del se&ntilde;or Garamendi se aplicara al IVA y, en lugar de sernos repercutida la cuota del tributo por el peluquero o por el ferretero, Hacienda anotara todas y cada una de nuestras compras y nos cobrara el total de IVA a final de mes, saltar&iacute;a a la vista que no s&oacute;lo no es un tributo progresivo, sino que ni siquiera es proporcional. Su impacto es radicalmente regresivo. Un ejemplo extremo lo probar&aacute;. Una persona que gane 1.000 euros al mes precisar&aacute; de sus ingresos &iacute;ntegros sencillamente para sobrevivir. Si supusi&eacute;ramos un tipo &uacute;nico de IVA del 21% para simplificar el supuesto, estar&iacute;a aportando al fisco m&aacute;s del 17% de todo lo que gana. Otra persona que ganase un mill&oacute;n mensual, no llevar&iacute;a mal tren de vida si gastara 50.000 euros al mes. &Eacute;sta pagar&iacute;a por IVA poco m&aacute;s del 0,8% de sus ingresos (el 17,35% de sus 50.000 euros de consumo). As&iacute; pues, ganando mil veces m&aacute;s que el primero y consumiendo 50 veces m&aacute;s pagar&aacute; 20 veces menos impuesto. A lo que habr&aacute; que a&ntilde;adir que, dado que el IRPF privilegia las rentas de capital sobre las de trabajo, tambi&eacute;n tributar&aacute; mucho menos por el rendimiento adicional que obtenga de su ahorro.
    </p><p class="article-text">
        En esto consiste la ilusi&oacute;n financiera. Hemos admitido todos pac&iacute;ficamente que el sistema tributario es m&aacute;s o menos progresivo, o al menos proporcional, porque en conjunto hay un peso similar de impuestos directos e indirectos, porque el tributo directo que m&aacute;s ingresos p&uacute;blicos aporta es tambi&eacute;n el m&aacute;s progresivo y porque tomamos a los indirectos por tributos aproximadamente proporcionales. Pero lo son s&oacute;lo respecto a su base, que es la renta consumida, no respecto a la renta ganada, que es la que de verdad refleja nuestra capacidad econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una ficci&oacute;n que conviene a la clase dominante y que articula el Estado, seg&uacute;n nos avis&oacute; Puviani tan temprano como en 1903.
    </p><p class="article-text">
        De lo que podr&iacute;amos deducir que s&iacute; cabr&iacute;a aliviar la carga fiscal de la clase trabajadora y de las capas m&aacute;s modestas de la poblaci&oacute;n sin, adem&aacute;s, reducir los fondos destinados a bienes y servicios p&uacute;blicos. Bastar&iacute;a con la nivelaci&oacute;n completa en tributaci&oacute;n directa de rentas de capital y de trabajo, la rebaja sustancial de impuestos indirectos y un aumento equivalente de los directos, am&eacute;n de un gran incremento en la tributaci&oacute;n de grandes patrimonios y rentas.
    </p><p class="article-text">
        Si el se&ntilde;or Garamendi est&aacute; dispuesto, &iquest;por qu&eacute; no?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/patronal-salarios-e-ilusiones-financieras_129_11335604.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 May 2024 19:46:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Patronal, salarios e ilusiones financieras]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién paga los impuestos que perdonamos a los ricos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/paga-impuestos-perdonamos-ricos_129_10835088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76fc0541-6baa-4b0c-8aad-420f48a85577_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién paga los impuestos que perdonamos a los ricos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Éste es el fondo de la cuestión No se trata de reducir impuestos a todo el mundo, sino de que la totalidad de los contribuyentes paguemos la reducción de impuestos de los más ricos. Es, sin más, una transferencia de rentas de abajo arriba </p></div><p class="article-text">
        El pasado septiembre el PP volvi&oacute; a presentar en el Senado una proposici&oacute;n de ley para la eliminaci&oacute;n completa en toda Espa&ntilde;a del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Es un empe&ntilde;o sobre el que la derecha vuelve cada cierto tiempo y que ha convertido en una de sus principales banderas, si bien en esta ocasi&oacute;n con la novedad de que la mayor&iacute;a de que goza en la C&aacute;mara Alta le podr&iacute;a permitir que la iniciativa llegase al Congreso, en donde no ser&iacute;a improbable que dos de los grupos nacionalistas tradicionalmente favorables a la supresi&oacute;n de este gravamen, Junts y el PNV, la votaran a favor.
    </p><p class="article-text">
        Si tal cosa sucediera, alguna pregunta ingrata deber&iacute;a formularse tal vez el Gobierno acerca de sus alianzas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, diciembre ha dejado a&uacute;n abierta la disputa procedimental con el Consejo de Ministros, que pretende que la iniciativa no sea tomada en consideraci&oacute;n habida cuenta de que, seg&uacute;n dispone el art&iacute;culo 134.6 de la Constituci&oacute;n, su coste presupuestario exige para su tramitaci&oacute;n la conformidad del Gobierno, que no ha sido prestada.
    </p><p class="article-text">
        Nos deber&iacute;a asombrar la vehemencia y persistencia de esta disputa si nos fij&aacute;ramos en exclusiva en el escaso peso cuantitativo que en el conjunto de ingresos fiscales del Estado alcanzan los dos tributos directos cedidos a las Comunidades recurrentemente cuestionados, el de Sucesiones y Donaciones y el de Patrimonio. De manera muy significativa, en cambio, el de Transmisiones Patrimoniales, impuesto indirecto que grava determinadas operaciones entre particulares, no parece estorbar a nadie. De hecho, tan parva cuant&iacute;a es uno de los argumentos esgrimidos por el PP para su supresi&oacute;n. Y cierto es que no supondr&iacute;a un quebranto irreparable para las arcas p&uacute;blicas dejar de cobrarlo, pero, por el mismo motivo, y dado que ambos gravan principalmente los m&aacute;s elevados patrimonios, podr&iacute;a arg&uuml;irse que no parece que su existencia resulte tan asfixiante.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, el grueso de modificaciones de una reforma estructural de nuestro sistema tributario que permitiera lograr financiaci&oacute;n suficiente para los servicios p&uacute;blicos y una mayor justicia social habr&iacute;a de afectar a los grandes impuestos: el IRPF, en el que habr&iacute;a que caminar hacia la desaparici&oacute;n de la tributaci&oacute;n privilegiada de las rentas de capital sobre los rendimientos de trabajo, el IVA, cuyo volumen de fraude sigue siendo alarmante, y el Impuesto sobre Sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Se ha de a&ntilde;adir, no obstante, que los dos tributos pol&eacute;micos cumplen funciones estrat&eacute;gicas en el sistema diferentes de la meramente recaudatoria, lo que eleva su trascendencia por encima de los ingresos que propicien. Con el de Patrimonio se persigue captar parte de las plusval&iacute;as latentes que genera el capital y que eluden la tributaci&oacute;n, desempe&ntilde;a una funci&oacute;n de censo de la riqueza, en tanto que fuente de renta, y adecuadamente gestionado posee la capacidad de estimular un uso de la propiedad m&aacute;s productivo y provechoso para el conjunto de la sociedad, en concordancia con el mandato de los art&iacute;culos 33.2 y 128.1 de la Constituci&oacute;n. El de Sucesiones y Donaciones busca que no se perpet&uacute;en y ensanchen generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n las desigualdades de riqueza hasta el punto de convertirse en un lastre para la prosperidad general.
    </p><p class="article-text">
        En el desempe&ntilde;o de estas funciones ejercen como figuras auxiliares del Impuesto sobre la Renta, alcanzando a donde &eacute;ste no llega y armando junto a &eacute;l la triada que constituye la columna vertebral de la progresividad del conjunto del ordenamiento tributario. &Eacute;sa es y no otra la raz&oacute;n de la ira que provocan en las &eacute;lites econ&oacute;micas, a las que jam&aacute;s se les despint&oacute; que vivimos en una sociedad de clases.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sus posibilidades han vuelto a ser explicadas en estos a&ntilde;os de forma documentada y pedag&oacute;gica por el economista Thomas Piketty, pero en realidad, mucho antes de que el autor de 'Capital e ideolog&iacute;a<em>' </em>lo hiciese, ya se encontraban perfectamente plasmadas en el documento econ&oacute;mico de los Pactos de la Moncloa y en las exposiciones de motivos y las presentaciones de la reforma fiscal impulsada por UCD en 1977 que respald&oacute; la pr&aacute;ctica totalidad de partidos pol&iacute;ticos, incluidos quienes hoy aspiran a su eliminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay dos aspectos derivados de la propuesta principal en la proposici&oacute;n de ley del PP que arrojan una inesperada luz sobre el fondo que se debate.
    </p><p class="article-text">
        Del primero habl&eacute; <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/paradoja-impuesto-sucesiones-suprimirlo-herederos_129_1259978.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un art&iacute;culo</a> publicado por este mismo medio hace ya m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os ('La paradoja del Impuesto de Sucesiones: suprimirlo podr&iacute;a obligar a los herederos a pagar mucho m&aacute;s').
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, si las ganancias patrimoniales obtenidas a t&iacute;tulo gratuito (herencias, legados, donaciones o determinadas prestaciones de seguros de vida) no son gravadas por un impuesto espec&iacute;fico, pasar&aacute;n a tributar de manera natural por el IRPF, cuyo hecho imponible es la totalidad de las rentas obtenidas en todo el mundo por las personas f&iacute;sicas. Las ganancias patrimoniales se configuran como una de las cuatro fuentes de renta y no hay raz&oacute;n alguna para que las que se obtienen a t&iacute;tulo oneroso (la ganancia obtenida al vender nuestra casa, por ejemplo) y algunas de las gratuitas (como los premios) s&iacute; se graven y no se haga con las provenientes de herencia o donaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La vigente ley de renta las declara no sujetas porque ya lo est&aacute;n a un impuesto espec&iacute;fico, que por cierto ofrece a estas ganancias un tratamiento bastante menos oneroso del que recibir&iacute;an del IRPF. Pero si el impuesto espec&iacute;fico deja de existir, quedar&aacute;n sujetas en la medida en que se encuadran en el hecho imponible del tributo general.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente esto es algo que en el PP saben. Por ello en su proposici&oacute;n de ley incluyen sendas disposiciones finales que declaran expresamente no sujetas al IRPF y al IRNR (el de renta de no residentes) las ganancias obtenidas por herencia, legado, donaci&oacute;n o seguros de vida no contratados por su beneficiario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora interesa reparar en lo que esto significa.
    </p><p class="article-text">
        Queda desmontada la pertinaz patra&ntilde;a de la doble imposici&oacute;n. Pues, en efecto, se trata de rentas que no hab&iacute;an sido gravadas con anterioridad (con independencia de lo que por ellas pudieron pagar otros contribuyentes) y que, en ausencia de un gravamen espec&iacute;fico, han de tributar en IRPF como cualquier otra renta. Y para que esto no suceda la ley ha de hacer una excepci&oacute;n expresa. En mi opini&oacute;n ni siquiera es t&eacute;cnicamente correcta para el caso la figura de la no sujeci&oacute;n. Para lograr con rigor jur&iacute;dico lo que el PP pretende la figura adecuada es la exenci&oacute;n, con la que se deja fuera de tributaci&oacute;n hechos o negocios que entran en la definici&oacute;n del hecho imponible del tributo, pero a los que, por la raz&oacute;n que sea, social o de otro tipo, se exime de pago.
    </p><p class="article-text">
        Y es que ante un privilegio estar&iacute;amos, contrario a mi juicio al principio de igualdad ordenado por el art&iacute;culo 31.1 de la Constituci&oacute;n para esta materia. &iquest;Qu&eacute; raz&oacute;n y de qu&eacute; &iacute;ndole justifica que una persona que reciba por herencia, donaci&oacute;n o legado m&aacute;s de cuatro millones de euros, pongamos por caso, no contribuya ni con un c&eacute;ntimo al bien com&uacute;n y quien gane apenas 25.000 euros al a&ntilde;o gracias a su trabajo deba pagar m&aacute;s de 2.000 euros? A&uacute;n m&aacute;s, &iquest;d&oacute;nde queda la dichosa aspiraci&oacute;n a una sociedad meritocr&aacute;tica que los promotores de estos cambios fiscales enarbolan cuando, de todas las rentas, son precisamente aquellas que se logran sin coste las que se quieren excluir de contribuci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Y hay un segundo aspecto de inter&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El PP propone que las Comunidades Aut&oacute;nomas sean compensadas por el Estado por la p&eacute;rdida de ingresos, unos 2.800 millones de euros, que la desaparici&oacute;n del tributo implicar&iacute;a. La compensaci&oacute;n deber&iacute;a mantenerse hasta que se reformara el sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mico, se entiende que para establecer alguna fuente sustitutiva de recursos.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que apuntar que si tan pobre es la recaudaci&oacute;n obtenida como el mismo PP asegura para fundamentar su propuesta, tampoco deber&iacute;a ser muy preocupante para las Comunidades el menoscabo. Pero lo m&aacute;s importante es preguntarse de d&oacute;nde saldr&iacute;an los 2.800 millones de euros de compensaci&oacute;n. Naturalmente, de la aportaci&oacute;n fiscal de toda la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;ste es el fondo de la cuesti&oacute;n. De esto se hablaba desde el principio, aunque quedase velado por la ret&oacute;rica. No se trata de reducir impuestos a todo el mundo, sino de que la totalidad de los contribuyentes paguemos la reducci&oacute;n de impuestos de los m&aacute;s ricos. Es, sin m&aacute;s, una transferencia de rentas de abajo arriba. En el fondo, esto ocurrir&iacute;a tambi&eacute;n si la p&eacute;rdida de ingresos se saldara con un empeoramiento de servicios p&uacute;blicos, pero que en esta ocasi&oacute;n se especifique qui&eacute;n correr&aacute; con el coste de la fiesta nos lo hace ver con una claridad digna de agradecer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/paga-impuestos-perdonamos-ricos_129_10835088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jan 2024 21:49:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién paga los impuestos que perdonamos a los ricos?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El odio y la esperanza. Memoria de Víctor Jara]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/odio-esperanza-memoria-victor-jara_129_10544157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22011597-e9a5-4fb3-be44-e9471f57444b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El odio y la esperanza. Memoria de Víctor Jara"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es el más escalofriante de los odios aquel con el que logran contaminar los poderosos incluso el espíritu de personas corrientes cuando temen la pérdida de sus privilegios por la rebelión de los humildes, de los siempre olvidados. ¿Hasta qué punto debe haberse corrompido un corazón humano para golpear a un semejante indefenso hasta reventarlo y burlarse de él entonces gritándole: “¡vamos, canta ahora!”?</p><p class="subtitle">Un Chile polarizado conmemora los 50 años del golpe de Pinochet: “Algunos quisieran tapar esa memoria”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Canto que ha sido valiente</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>siempre ser&aacute; canci&oacute;n nueva</em>&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        V&iacute;ctor Jara, &ldquo;Manifiesto&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En este a&ntilde;o en que se cumple medio siglo del golpe de Estado dirigido por Augusto Pinochet en Chile y patrocinado en la sombra por la CIA, el historiador y periodista Mario Amor&oacute;s nos ha regalado una preciosa biograf&iacute;a de V&iacute;ctor Jara (<em>La vida es eterna. Biograf&iacute;a de V&iacute;ctor Jara</em>, Ediciones B, 2023). El t&iacute;tulo nace de uno de los versos de la canci&oacute;n &ldquo;Te recuerdo Amanda&rdquo;, la m&aacute;s c&eacute;lebre de cuantas compuso el cantautor chileno y, sin duda, uno de los m&aacute;s bellos poemas de amor jam&aacute;s concebidos, resonante durante d&eacute;cadas alrededor de todo el mundo en las m&aacute;s ilustres voces, aparte de la de su autor: en la de Serrat y Joan Baez, en la de Pablo Milan&eacute;s, Silvio Rodr&iacute;guez, Raimon o Robert Wyatt. Y, por supuesto, en aquella poderosa y sobrecogedora voz de la gigantesca Mercedes Sosa que parec&iacute;a manar del vientre de la tierra y que impresion&oacute; al mismo V&iacute;ctor Jara.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Víctor Jara, con su familia.                            </span>
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        La alumbr&oacute; en 1968 en la ciudad natal de Shakespeare (Stratford-upon-Avon), abrumado por la lejan&iacute;a de su mujer y sus hijas. Amanda era el nombre de su madre, la cantora campesina que le transmiti&oacute; el amor por la m&uacute;sica y a quien &eacute;l atribu&iacute;a la felicidad de su infancia, y Amanda es el nombre de su hija. Y Joan Jara, la compa&ntilde;era de su vida, quien sostuvo tambi&eacute;n su cuerpo exang&uuml;e y roto entre los brazos y quien desde entonces ha luchado sin darse tregua por hacerle justicia y mantener vivo su legado, al preguntarse si la canci&oacute;n se hab&iacute;a inspirado en una o en otra, se respondi&oacute; que ambas, madre e hija, lat&iacute;an en su interior: &ldquo;contiene la sonrisa de su madre y la promesa de juventud de su hija&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Mario Amor&oacute;s es uno de esos libros que merecen ser le&iacute;dos pero no guardados despu&eacute;s en el escueto recuerdo de uno mismo. Es de esos libros acerca de los que se ha de hablar, de los que deben ser compartidos, pues no alcanzan del todo su prop&oacute;sito hasta que no ruedan por muchas manos. Merece ser regalado a quien se quiere; hay que sacarlo a colaci&oacute;n en las reuniones de amigos y familiares; hemos de estimular ante todo que sea le&iacute;do por los m&aacute;s j&oacute;venes. Ha de ser mucho m&aacute;s que un libro.
    </p><p class="article-text">
        <em>La vida es eterna</em> es igualmente una obra rigurosa, como todas las que ha dado a luz su autor, respaldada por un meticuloso trabajo de investigaci&oacute;n y documentaci&oacute;n. No se revivifica un mito; se narra la verdad contrastada, algo muy de agradecer en los tiempos de proliferaci&oacute;n de patra&ntilde;as que padecemos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de casi cuatrocientas p&aacute;ginas se nos relata la existencia intensa de un hombre dotado de excepcional creatividad y capacidad de trabajo, armado de asombrosa generosidad, profundo sentido de la justicia y ternura: los a&ntilde;os de su ni&ntilde;ez, cuando escuchaba fascinado a los campesinos que cantaban y contaban historias mientras deshojaban mazorcas de ma&iacute;z bajo la luz de la luna; el duro crecimiento a partir de los diez a&ntilde;os de edad en Santiago de Chile y el insaciable deseo de aprender; su formaci&oacute;n en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile y su admirada labor como director. Dej&oacute; la impronta de su conciencia social tanto al dirigir obras de dramaturgos chilenos (de Alejandro Sieveking, de quien fue compa&ntilde;ero en la Escuela de Teatro y con quien colabor&oacute; a menudo) como de autores extranjeros (la c&eacute;lebre <em>Viet Rock</em>, de la norteamericana Megan Terry, por ejemplo, la primera obra teatral que abord&oacute; la guerra de Vietnam). Le atra&iacute;a del teatro a V&iacute;ctor Jara su vertiente de &ldquo;realizaci&oacute;n colectiva&rdquo; y le sirvieron despu&eacute;s las t&eacute;cnicas teatrales aprendidas para la presentaci&oacute;n de sus canciones, del mismo modo que hab&iacute;a volcado en el teatro su talento musical.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde vino el regalo de su primera guitarra, que lo colm&oacute; de alegr&iacute;a, y el feliz encuentro con Violeta Parra, quien tanto para V&iacute;ctor Jara como para el resto de creadores de la Nueva Canci&oacute;n Chilena abriera todos los caminos. Otro libro muy recomendable para todo el que desee conocer al magn&iacute;fico ser humano que existi&oacute; bajo la leyenda de la gran cantautora es la biograf&iacute;a escrita por V&iacute;ctor Herrero A., quien, al igual que hace Mario Amor&oacute;s con V&iacute;ctor Jara, convierte en t&iacute;tulo un verso de una de las m&aacute;s universales canciones de ella, &ldquo;Volver a los 17&rdquo;, tantas veces escuchada por millones de personas en todo el planeta como sus &ldquo;Gracias a la vida&rdquo; (<em>Despu&eacute;s de vivir un siglo. Violeta Parra, una biograf&iacute;a</em>, Lumen, 2017).
    </p><p class="article-text">
        Vino la dedicaci&oacute;n plena a la canci&oacute;n. Precisamente en la conocida como Pe&ntilde;a de los Parra, fundada por los hijos de Violeta, Isabel y &Aacute;ngel, se inici&oacute; V&iacute;ctor Jara como cantante solista. Dirigi&oacute; al conjunto Quilapay&uacute;n a lo largo de a&ntilde;os de estrecha colaboraci&oacute;n. Mario Amor&oacute;s nos cuenta el emocionante tr&aacute;nsito por canciones que han alcanzado la condici&oacute;n de himnos: &ldquo;Plegaria a un labrador&rdquo;, &ldquo;Vientos del pueblo&rdquo;, &ldquo;Manifiesto&rdquo; y tantas otras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las canciones fueron herramienta de su acci&oacute;n pol&iacute;tica como militante comunista y de su f&eacute;rreo compromiso con la Uni&oacute;n Popular que llev&oacute; a Salvador Allende a la presidencia de Chile y al pueblo chileno a rozar con los dedos la realidad de la justicia social. Y, simult&aacute;neamente, su compromiso proporcion&oacute; la savia de sus canciones. No hubo, como no la ha habido nunca para ning&uacute;n gran creador, contradicci&oacute;n alguna. Es mentira que el compromiso destruya la calidad del arte, siempre fue mentira. &ldquo;Todos mis poemas han sido inspirados en la realidad y en ella tienen fundamento y hacen pie&rdquo;, escribi&oacute; de su propia obra Goethe en 1823. As&iacute; tambi&eacute;n todas las canciones de V&iacute;ctor Jara.
    </p><p class="article-text">
        El relato llevado a cabo por Mario Amor&oacute;s de los &uacute;ltimos d&iacute;as del cantautor, que se atiene rigurosamente a los hechos comprobados y desmiente truculentas leyendas de mutilaci&oacute;n, puede conmover hasta las l&aacute;grimas. El autor ha confesado que result&oacute; muy dura la investigaci&oacute;n sobre esta parte de la vida de V&iacute;ctor Jara, y me imagino que lo habr&aacute; sido no s&oacute;lo por la ingente cantidad de documentos del procedimiento judicial que ha debido examinar, sino tambi&eacute;n por la propia dureza de los testimonios. Los hechos son bien conocidos, a pesar de que cada a&ntilde;o, por estas fechas, docenas de cretinos vuelvan a intentar negarlos o manipularlos: el asedio de la democracia y el estrangulamiento de su econom&iacute;a, el bombardeo del Palacio de la Moneda, la disposici&oacute;n del Estadio Chile y del Estadio Nacional como centros de detenci&oacute;n y tortura de miles de presos pol&iacute;ticos, las desapariciones, los campos de concentraci&oacute;n. En la <em>Vida es eterna</em> se nos narran de manera descarnada, adem&aacute;s, detalles estremecedores acerca de la detenci&oacute;n de V&iacute;ctor Jara el 12 de septiembre en la Universidad T&eacute;cnica del Estado, a donde hab&iacute;a acudido para cumplir hasta el final con su trabajo, como hab&iacute;a pedido Salvador Allende, y del salvaje tormento al que se le someti&oacute; en el Estadio Chile.
    </p><p class="article-text">
        Es el m&aacute;s escalofriante de los odios aquel con el que logran contaminar los poderosos incluso el esp&iacute;ritu de personas corrientes cuando temen la p&eacute;rdida de sus privilegios por la rebeli&oacute;n de los humildes, de los siempre olvidados. &iquest;Hasta qu&eacute; punto debe haberse corrompido un coraz&oacute;n humano para golpear a un semejante indefenso hasta reventarlo y burlarse de &eacute;l entonces grit&aacute;ndole: &ldquo;&iexcl;vamos, canta ahora!&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        La dureza desoladora de su final no debe, sin embargo, ensombrecernos tanto como para nublar el resto de su biograf&iacute;a, pre&ntilde;ada de bondad, anhelo de vivir y hermandad con los millones de personas que cada d&iacute;a desean tejer sus propias vidas en paz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recoge Mario Amor&oacute;s la respuesta de V&iacute;ctor Jara, muy poco antes de morir, a la pregunta de qu&eacute; era para &eacute;l la Patria. &ldquo;Amor a mi hogar, a mi mujer, a mis hijas&rdquo;, dijo. &ldquo;Amor a la tierra que me ha ayudado a vivir&rdquo;, tambi&eacute;n &ldquo;a la educaci&oacute;n y al trabajo&rdquo;, &ldquo;amor a los dem&aacute;s, que trabajan por el bienestar com&uacute;n&rdquo;, &ldquo;a la justicia&rdquo;, &ldquo;a la paz para gozar de la vida&rdquo;, &ldquo;a la libertad&rdquo;, &ldquo;no a la libertad de unos para vivir de otros, sino la libertad de todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A una patria semejante podemos sentirnos llamados de todos los pa&iacute;ses del mundo y en ella podemos unirnos y reencontrarnos con la imborrable sonrisa de V&iacute;ctor Jara.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/odio-esperanza-memoria-victor-jara_129_10544157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2023 20:14:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El odio y la esperanza. Memoria de Víctor Jara]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Chile,Augusto Pinochet,Dictadura,Represión,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Meritocracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/meritocracia_129_10315482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1cf6ab64-9c16-4096-beea-9ba5067ab4ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x854y0.jpg" width="1200" height="675" alt="Meritocracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestro actual sistema tributario en su conjunto hace recaer el sostenimiento del gasto público principalmente sobre los rendimientos del trabajo y privilegia de forma descarada aquellos que provienen de la propiedad y no del esfuerzo</p><p class="subtitle">Aznar, ‘preocupado’ por la meritocracia en España: “Han decidido arrasarla”</p></div><p class="article-text">
        En una de sus vigorosas intervenciones durante la pasada campa&ntilde;a para las elecciones municipales y auton&oacute;micas, reivindic&oacute; el expresidente Aznar la meritocracia, ideal cuya promoci&oacute;n asoci&oacute; al liberalismo y a la democracia, y lament&oacute; que en todas partes estuviera siendo arrasada.
    </p><p class="article-text">
        Dado que la queja alude a un debate social que viene de muy atr&aacute;s y que, adem&aacute;s, sin ninguna duda, capta la preocupaci&oacute;n de una porci&oacute;n nada desde&ntilde;able de la ciudadan&iacute;a, no deber&iacute;amos tomarnos a broma sus palabras, por burda y atrabiliaria que sea la forma en que Aznar lo exponga. No se trata de ocurrencias ocasionales. Del mismo modo que cuando Isabel D&iacute;az Ayuso abominaba de la justicia social, recurriendo a un persistente mantra de los disc&iacute;pulos de Friedrich Hayek, quien, por cierto, en su obra <em>Derecho, legislaci&oacute;n y libertad</em> lleg&oacute; mucho m&aacute;s lejos de lo que la presidenta madrile&ntilde;a se atrevi&oacute; sugerir. Deber&iacute;amos prepararnos para tiempos muy duros si el modelo de sociedad que la derecha tiene en mente es el que propugn&oacute; el economista austr&iacute;aco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se sirven, en todo caso, de demasiada sofisticaci&oacute;n oratoria porque para sus fines no la necesitan, pero anuncian, a quien quiera escuchar y entender, un cambio muy profundo que incluye el desmantelamiento de pilares de la convivencia sobre los que cre&iacute;amos que exist&iacute;a amplio consenso en nuestra sociedad.
    </p><p class="article-text">
        En rigor, meritocracia es el gobierno de los m&aacute;s capaces por m&eacute;rito. Qu&eacute; m&eacute;rito o m&eacute;ritos sean los que se deber&iacute;an considerar adecuados para gobernar y c&oacute;mo medirlos nos conducir&iacute;a a un engorro de no muy f&aacute;cil soluci&oacute;n. Pero resulta evidente que la meritocracia as&iacute; entendida es incompatible con la democracia, por la sencilla raz&oacute;n de que la elecci&oacute;n de los gobernantes no ser&iacute;a fruto del sufragio popular.
    </p><p class="article-text">
        Salta a la vista que en los tiempos que corren no es el talento el que otorga notoriedad a nadie, ni en la pol&iacute;tica ni en otras muchas esferas de la vida. El mismo se&ntilde;or Aznar, antes de mostrarse tan exigente con el genio de los dem&aacute;s, deber&iacute;a esforzarse por elevar la calidad intelectual de las alocuciones propias, porque no siempre queda bien disimulada la banalidad con la gravedad del tono. Dado el lamentable espect&aacute;culo de numerosos debates p&uacute;blicos, y no s&oacute;lo de los pol&iacute;ticos, a muchas personas seducir&iacute;a seguramente un sistema de selecci&oacute;n que permitiera acreditar que quienes fuesen a ejercer el poder como m&iacute;nimo alcanzaran a un uso elemental del raciocinio. Ser&iacute;a desde luego muy problem&aacute;tico decidir el tipo de examen a superar y, aun m&aacute;s, seleccionar con anterioridad a los examinadores.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, tarde o temprano nos encontrar&iacute;amos con la deriva que describi&oacute; en su s&aacute;tira <em>La ascensi&oacute;n de la meritocracia</em> el soci&oacute;logo ingl&eacute;s Michael Young, que fue quien acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino. Los m&aacute;s meritorios de la &eacute;lite dominante querr&iacute;an que sus descendientes siguieran ocupando la cima social y pol&iacute;tica sin verse obligados a superar el arduo proceso de selecci&oacute;n que ellos hab&iacute;an padecido. Y, puesto que no estar&iacute;an constre&ntilde;idos por la voluntad mayoritaria de la ciudadan&iacute;a, ser&iacute;a muy grande la tentaci&oacute;n de bloquear el ascenso de otros m&aacute;s capaces que sus hijos, dando lugar a una sociedad olig&aacute;rquica que nuevamente despreciara el talento y el esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Cabe decir que para que la ciudadan&iacute;a tenga la oportunidad de elegir a los m&aacute;s capaces se hace imprescindible universalizar una educaci&oacute;n p&uacute;blica de calidad que proporcione a todo el mundo conocimiento y herramientas de juicio, que el debate pol&iacute;tico ha de consistir en el contraste racional de propuestas de cambio y que se han de ampliar los espacios de participaci&oacute;n pol&iacute;tica de la ciudadan&iacute;a. Pero siempre sobre la base de la democracia; ninguna sociedad fundada sobre uno u otro principio aristocr&aacute;tico seleccion&oacute; a los mejores, jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que en la actualidad a la palabra meritocracia se le acostumbra atribuir un significado m&aacute;s amplio y que se suele entender por tal aquella comunidad en la que es posible prosperar gracias al propio talento, al trabajo y a la tenacidad. Seguramente en este sentido la us&oacute; Aznar o, mejor dicho, en este sentido quiso que crey&eacute;ramos que la usaba.
    </p><p class="article-text">
        Desde tal enfoque, a mi juicio se equivocan, y muy gravemente, quienes sin m&aacute;s desde&ntilde;an el elogio del esfuerzo y el talento, la que se llama, recurriendo a una expresi&oacute;n que a m&iacute; no me gusta, &ldquo;cultura del esfuerzo&rdquo;. La incompetencia ha colonizado de manera alarmante demasiados espacios de la sociedad como para ignorarla; la negligencia, catapultada por la sumisi&oacute;n, parece haberse transformado en requisito para el ascenso en multitud de esferas profesionales y no profesionales, p&uacute;blicas y privadas de nuestras vidas. En el &aacute;mbito educativo, corrientes pedag&oacute;gicas sedicentemente progresistas parecen creer posible la supresi&oacute;n de toda dificultad y de toda disciplina de estudio en el interminable proceso de aprendizaje. Desde hace a&ntilde;os se asedia al sistema de oposiciones en el acceso a los empleos p&uacute;blicos, bajo el amparo de teor&iacute;as aparentemente muy avanzadas pero que ocultan la naturaleza real de la alternativa que se propone: la sustituci&oacute;n de los ex&aacute;menes por evaluaciones subjetivas de &ldquo;aptitudes&rdquo; y el premio a la antig&uuml;edad en exclusiva por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n para la promoci&oacute;n dentro de la Administraci&oacute;n. Nada m&aacute;s viejo en realidad.
    </p><p class="article-text">
        Existe pues el problema. Y no es leve.
    </p><p class="article-text">
        La patra&ntilde;a en la que se basan, sin embargo, quienes corrientemente invocan la meritocracia estriba en la presunci&oacute;n de que el &eacute;xito, en especial el &eacute;xito econ&oacute;mico, es el resultado del m&eacute;rito, o del talento, o del trabajo duro. No s&oacute;lo es falsa semejante pretensi&oacute;n si se eleva a afirmaci&oacute;n general, sino que a menudo es cierto exactamente lo contrario. En el fondo, el objetivo no es salvaguardar la adecuada valoraci&oacute;n social del m&eacute;rito, sino utilizarlo como excusa para salvaguardar los privilegios de quienes nunca se vieron realmente forzados a probar su val&iacute;a. Hace ya muchos a&ntilde;os que Max Weber desenmascar&oacute; esta trampa, inalterable a lo largo del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad es habitual ver a necios haci&eacute;ndose de oro profiriendo simplezas en programas de televisi&oacute;n o difundiendo burradas por redes sociales, mientras investigadores brillantes sobreviven a duras penas con contratos precarios. Durante los meses m&aacute;s funestos de la pandemia descubrimos que algunas de las profesiones m&aacute;s necesarias para nuestra propia supervivencia (personal de limpieza o de recogida de basuras, auxiliares de enfermer&iacute;a, enfermeras, conductores de ambulancia) se encontraban tambi&eacute;n entre las peor pagadas. Simult&aacute;neamente, especuladores sin m&aacute;s m&eacute;rito que la abyecci&oacute;n moral y las lucrativas relaciones con personas influyentes, se enriquecieron intermediando en la compra de material sanitario, del mismo modo que otros se apropiaron de viviendas sociales y dejaron en la estacada a familias enteras.
    </p><p class="article-text">
        El partido pol&iacute;tico al que pertenece y que lider&oacute; el se&ntilde;or Aznar ha hecho bandera de la supresi&oacute;n del Impuesto sobre Sucesiones. &iquest;Nos parece justo que un cretino que en toda su vida hizo cosa de provecho herede una fortuna de miles de millones y se la quede, e incluso pueda dilapidarla a placer provocando la ruina de muchos, sin aportar ni un c&eacute;ntimo al bien com&uacute;n, mientras una persona de talento carece de toda posibilidad por haber nacido en una familia sin nada? &iquest;De qu&eacute; modo encaja esto en el ideal de m&eacute;rito? Lo cierto es que nuestro actual sistema tributario en su conjunto hace recaer el sostenimiento del gasto p&uacute;blico principalmente sobre los rendimientos del trabajo y privilegia de forma descarada aquellos que provienen de la propiedad y no del esfuerzo, las que en el mundo anglosaj&oacute;n se llaman, de forma bien elocuente, rentas &ldquo;no ganadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las brutales desigualdades de riqueza del mundo en el que vivimos no s&oacute;lo no son muestra del triunfo del m&eacute;rito, sino que aplastan el talento y la creatividad de miles, de cientos de miles, probablemente de millones de personas a las que jam&aacute;s se les dio ninguna oportunidad. Constituye una monstruosidad intolerable que un solo ni&ntilde;o muera de hambre, pero supone tambi&eacute;n la estremecedora negaci&oacute;n de cuanto ese ni&ntilde;o pudo ofrecer al mundo. &ldquo;Quiz&aacute; el pr&oacute;ximo Einstein se est&eacute; muriendo de hambre en Etiop&iacute;a&rdquo;, dec&iacute;a en una entrevista hace unos a&ntilde;os el divulgador cient&iacute;fico Neil deGrasse Tyson.
    </p><p class="article-text">
        La justicia social en absoluto nace del deseo de venganza de los envidiosos contra los m&aacute;s capaces; entra&ntilde;a por el contrario la &uacute;nica esperanza para las prodigiosas capacidades humanas que la injusticia durante siglos ha sepultado.&nbsp; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/meritocracia_129_10315482.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jun 2023 20:54:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Meritocracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José María Aznar,Liberalismo,Desigualdad económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La razón en la tormenta: memoria de Joan Robinson]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/razon-tormenta-memoria-joan-robinson_129_10071295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c32d7b7-9fbc-4c1e-baee-27df3990a58f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La razón en la tormenta: memoria de Joan Robinson"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Robinson, la economista de mayor talento del siglo XX, hizo más que nadie por desvelar las fragilidades del mítico edificio en que la se había convertido la teoría económica, impermeable a la gravedad de los acontecimientos, sean éstos el paro y la pobreza de millones de personas, la ruina de miles de negocios, la hambruna o la guerra</p><p class="subtitle">La mejor economista española menor de 40 años: “Sin una universidad pública y de calidad, no estaría aquí”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando yo era estudiante, la econom&iacute;a vulgar se hallaba en un estado particularmente vulgar. Por un lado, el desempleo brit&aacute;nico no bajaba de un mill&oacute;n; por otro, mi tutor me ense&ntilde;aba que es l&oacute;gicamente imposible que haya desempleo debido a la Ley de Say&rdquo;. Son palabras escritas a mediados de siglo pasado por la economista brit&aacute;nica Joan Robinson en su 'Carta de una economista keynesiana a un marxista' y denuncian el mayor defecto de la doctrina econ&oacute;mica dominante cuando ella comenz&oacute; sus estudios en la Universidad de Cambridge y, para nuestra desgracia, a&uacute;n en nuestros d&iacute;as: el divorcio de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Da igual cu&aacute;ntas veces sea desmentida por los acontecimientos a la vista de legos y doctos, la teor&iacute;a se erige en una especie de teolog&iacute;a y subsiste inalterable en lo sustancial e impermeable a la gravedad de los hechos, sean &eacute;stos el paro y la pobreza de millones de personas, la ruina de miles de negocios, la hambruna o la guerra.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Ley de las salidas de Say enunciaba, en esencia, que en el capitalismo la producci&oacute;n de bienes generaba demanda agregada efectiva suficiente para absorber la totalidad de la oferta, salvados fugaces periodos de desajuste sectorial que el mercado reequilibrar&iacute;a por s&iacute; solo puliendo los precios, de tal modo que la sobreproducci&oacute;n y la desocupaci&oacute;n generalizadas resultaban imposibles. En los a&ntilde;os 20, en los que Joan Robinson era estudiante y seg&uacute;n ella misma relat&oacute;, la gran s&iacute;ntesis de los <em>Principios</em> de Alfred Marshall era reverenciada como si de la Biblia se tratase, y se dibujaba en la ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a un modelo atemporal de equilibrio en un mercado de competencia perfecta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema radicaba, entonces como ahora, en la realidad. Por asombroso que parezca, para la doctrina econ&oacute;mica convencional la Gran Depresi&oacute;n nunca pudo ocurrir. Tras el colosal y terrible ba&ntilde;o de realidad que la Segunda Guerra mundial supuso, tal fe cay&oacute; en desgracia frente a la preeminencia institucional del pensamiento de Keynes, pero fue recobrando la hegemon&iacute;a a ra&iacute;z de la crisis de los 70. En el final del siglo pasado y el principio del presente, a partir de la derogaci&oacute;n en Estados Unidos de la conocida como Ley Glass-Steagall, reguladora de los mercados financieros, se extendi&oacute; en los principales pa&iacute;ses industrializados el desmantelamiento de los controles p&uacute;blicos de la econom&iacute;a. Las heridas de la cat&aacute;strofe que sigui&oacute; a&uacute;n supuran en millones de familias y vidas rotas en todo el mundo. Y, sin embargo, las quiebras bancarias conocidas estas semanas y la persistencia en el error de entidades como el Banco Central Europeo prueban que la capacidad de aprendizaje de las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas resulta ser estremecedoramente pobre.
    </p><p class="article-text">
        Joan Robinson, para muchos, entre quienes me cuento, la economista de mayor talento del siglo XX, hizo m&aacute;s que nadie por someter a cr&iacute;tica y desvelar las fragilidades del m&iacute;tico edificio en que la teor&iacute;a econ&oacute;mica se hab&iacute;a convertido. Tuvo la oportunidad de participar en el selecto c&iacute;rculo de economistas (el <em>Circus</em>) que discuti&oacute; la elaboraci&oacute;n de la <em>Teor&iacute;a general</em> de Keynes con el mism&iacute;simo maestro, para lo que fue convocada por el economista italiano Sraffa, quien en un celebrado art&iacute;culo que hab&iacute;a visto la luz en 1925 ya hab&iacute;a cuestionado el paradigma de la competencia. Ella desarroll&oacute; la teor&iacute;a de la competencia imperfecta desde Cambridge casi simult&aacute;neamente a la publicaci&oacute;n en Harvard por Edward Chamberlin de su trabajo acerca de la competencia monopolista.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a en aquella obra se sirvi&oacute; de las herramientas de la ortodoxia neocl&aacute;sica, pero m&aacute;s adelante rompi&oacute; las costuras de Marshall y Pigou, e incluso rebas&oacute; la frontera de la revoluci&oacute;n keynesiana, despu&eacute;s de haber ejercido como su m&aacute;s concienzuda divulgadora. Se convirti&oacute; en la principal figura de la corriente poskeynesiana (de keynesiana de izquierdas se calific&oacute; ella desde muy pronto) con motivo de la pol&eacute;mica acerca de la medici&oacute;n del capital como factor de producci&oacute;n y su influencia en la distribuci&oacute;n de la renta. Se suele aludir a ella como la &ldquo;controversia de las dos Cambridge&rdquo;, por referencia a la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, por un lado, y al Instituto Tecnol&oacute;gico de Massachusetts (en Cambridge, Estados Unidos), de la parte de los promotores de la s&iacute;ntesis neocl&aacute;sica Samuelson y Solow.
    </p><p class="article-text">
        La maduraci&oacute;n m&aacute;s completa de sus ideas se concentra en <em>La acumulaci&oacute;n de capital</em>, la m&aacute;s notable de sus obras, aqu&eacute;lla que la propia autora sigui&oacute; considerando hasta el final de su vida como su mayor contribuci&oacute;n a la teor&iacute;a econ&oacute;mica, aun reconociendo que se trataba de un texto de lectura dif&iacute;cil. El t&iacute;tulo coincid&iacute;a con el del principal trabajo econ&oacute;mico de Rosa Luxemburg, por quien Joan Robinson sent&iacute;a profunda admiraci&oacute;n y en quien encontr&oacute; inspiradoras ideas para el estudio del desarrollo del capitalismo. Tambi&eacute;n en Marx. A pesar de todas las diferencias, entendi&oacute; que el progreso de la econom&iacute;a depender&iacute;a de su esfuerzo por resolver los problemas que Marx hab&iacute;a planteado. A &eacute;l dedic&oacute; un ensayo que le granje&oacute; la ira de no pocos devotos de una y otra escuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su reproche principal a la teor&iacute;a hegem&oacute;nica apunt&oacute; siempre al &aacute;rido formalismo de modelos est&aacute;ticos que ignoraban la din&aacute;mica real de la econom&iacute;a, y que dejaban a aquella al margen de los verdaderos problemas de la sociedad a la que la teor&iacute;a deb&iacute;a servir. De entre ellos, sobre todo el de intentar comprender de qu&eacute; modo se distribuye el producto social entre las diferentes clases sociales.
    </p><p class="article-text">
        La enumeraci&oacute;n, incluso somera, de sus obras, de sus aportaciones y del sinn&uacute;mero de pol&eacute;micas en las que intervino, siempre con tanta vehemencia como apertura de miras, rebasa en mucho la extensi&oacute;n de un art&iacute;culo. Del juicio que mereci&oacute; a los m&aacute;s ilustres economistas de su tiempo qued&oacute; constancia en las palabras de muchos de ellos. Keynes la tuvo por la m&aacute;s seria y brillante de sus disc&iacute;pulos. Schumpeter alab&oacute; su genuina originalidad y utiliz&oacute; su primera obra, <em>La econom&iacute;a de la competencia imperfecta</em>, como libro de texto. El Nobel Amartya Kumar Sen, en cuyos estudios sobre las causas de la pobreza y del desarrollo humano puede rastrearse la huella de Joan Robinson, supervisora adem&aacute;s de la tesis doctoral del economista indio, la defini&oacute; como &ldquo;totalmente brillante, pero vigorosamente intolerante&rdquo;. Expresi&oacute;n esta &uacute;ltima que alude con seguridad a un temperamento en&eacute;rgico del que tambi&eacute;n quedaron numerosos testimonios, as&iacute; como a la fuerza de sus convicciones, se&ntilde;ales de su honestidad intelectual ajena a cualquier dogmatismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desear&iacute;a que dejaran de halagarme y en su lugar respondieran a las cuestiones que planteo&rdquo;, espet&oacute; en su madurez a sus colegas de profesi&oacute;n, en un periodo en el que comenz&oacute; a cuestionarse el propio modelo de crecimiento econ&oacute;mico. Son el rigor con el que afronta los problemas econ&oacute;micos, su f&eacute;rreo realismo y su capacidad para captar las ideas &uacute;tiles sin mirar tribu de procedencia -virtud de ella que sedujo a Galbraith- los rasgos que hacen imprescindible, para comprender nuestro turbulento presente, recuperar el legado de Joan Robinson.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, por su condici&oacute;n de mujer, en un terreno de tan escas&iacute;sima presencia femenina en su &eacute;poca como la econom&iacute;a, y por su permanente cr&iacute;tica a las ideas dominantes pag&oacute; un alto precio. Su genio fue tan manifiesto que no qued&oacute; otro remedio que reconocerlo. Pero en Cambridge s&oacute;lo se la contrat&oacute; como profesora ayudante, sin que se le concediera la c&aacute;tedra hasta los 62 a&ntilde;os de edad. Se baraj&oacute; su nombre como candidata al Nobel que, por supuesto, jam&aacute;s se le concedi&oacute;. Y a&uacute;n hoy es tarea imposible encontrar ninguno de sus libros en espa&ntilde;ol, salvo viejos ejemplares de segunda mano de ediciones hace mucho descatalogadas, incomprensible injusticia que alg&uacute;n editor audaz deber&iacute;a atreverse a remediar.
    </p><p class="article-text">
        Joan Robinson habla a nuestro presente y su voz va m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de la academia (hay que estudiar econom&iacute;a para &ldquo;evitar ser enga&ntilde;ados por los economistas&rdquo;, dijo). Ella puso sobre la mesa los problemas cruciales que siguen siendo los nuestros. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n se atreve a negar que el futuro es incierto&hellip;?&rdquo;, se pregunt&oacute; en un delicioso librito titulado <em>Herej&iacute;as econ&oacute;micas</em>. &ldquo;Incluso si las crisis que est&aacute;n apareciendo se superaran y estuvi&eacute;ramos frente a una nueva era de prosperidad, todav&iacute;a persistir&iacute;an los problemas m&aacute;s profundos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ella dedic&oacute; su vida a afrontarlos. Lo mismo deber&iacute;amos hacer nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/razon-tormenta-memoria-joan-robinson_129_10071295.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Apr 2023 19:39:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La razón en la tormenta: memoria de Joan Robinson]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salud e impuestos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/salud-impuestos-sanidad_129_9932780.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7621698-874f-4249-aad4-fcd347a300c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x871y653.jpg" width="1200" height="675" alt="Salud e impuestos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la práctica la colaboración público privada usualmente es una forma en exceso piadosa de denominar a un intercambio desigual, en el que el sector público corre con los costes y el sector privado cosecha los beneficios</p><p class="subtitle">Médicos residentes que trabajan más de 30 horas seguidas: “Se viven situaciones extremas”</p></div><h3 class="article-text">Primera tesis: los impuestos sostienen la sanidad p&uacute;blica</h3><p class="article-text">
        Resulta usual y hasta casi manido justificar la existencia de los impuestos por la necesidad de financiar los servicios b&aacute;sicos de la comunidad, de cuya enumeraci&oacute;n, a cualquiera de nosotros se nos pasar&aacute;n por la cabeza, por delante de todos los dem&aacute;s, la sanidad y la educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No siempre se vio as&iacute;. Fue en la d&eacute;cada de 1880 cuando Bismarck introdujo en Alemania un sistema de pensiones p&uacute;blicas y seguro social como primera formulaci&oacute;n de lo que, sobre la base de las ideas de Lorenz von Stein, se llamar&iacute;a Estado social. Expresi&oacute;n que, nunca est&aacute; de m&aacute;s recordar para tantas otras veces que se olvida, define al Estado espa&ntilde;ol en el art&iacute;culo primero de la Constituci&oacute;n de 1978. Hasta ese momento, el liberalismo cl&aacute;sico, bien es cierto que con significativas excepciones, no admit&iacute;a otro destino a los recursos p&uacute;blicos que el sostenimiento de la estructura b&aacute;sica del Estado: defensa, orden p&uacute;blico y justicia.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el siglo XX, y a ra&iacute;z de la publicaci&oacute;n en 1944 de la obra <em>Camino de servidumbre</em> por el economista austriaco Friedrich Hayek, fue abri&eacute;ndose camino la idea de que el mercado era capaz por s&iacute; mismo de asignar todos los recursos de la forma m&aacute;s eficiente si no era perturbado por intromisi&oacute;n alguna del Estado, cuya intervenci&oacute;n supon&iacute;a, siempre y en toda circunstancia, una amenaza a la libertad individual. Se abomina de toda planificaci&oacute;n p&uacute;blica de la econom&iacute;a y se propugna la restricci&oacute;n al m&aacute;ximo de la provisi&oacute;n de servicios y ayudas por el Estado y, desde luego, de los impuestos.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender en tal contexto el trasfondo ideol&oacute;gico de la permanente invocaci&oacute;n a la libertad hecha por determinados dirigentes de la derecha, conviene tener en mente la afirmaci&oacute;n de Hayek de que la libertad de elecci&oacute;n ha de ejercerse antes en el mercado que en las urnas, aseveraci&oacute;n que otorga plena coherencia a su entusiasta defensa de la dictadura de Pinochet en Chile como representativa, precisamente, de la libertad. O, en otras palabras, la democracia se convierte en un lastre para la libertad individual entendida a la manera de Hayek.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el campo de la pol&iacute;tica, dado que se precisa del respaldo del voto, resulta muy excepcional que se reconozca abiertamente el prop&oacute;sito de desmantelar servicios p&uacute;blicos que son esenciales para la vida de la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Por encima de todos ellos, naturalmente, el cuidado de nuestra salud. De modo que se hablar&aacute; de la conveniencia de abrir espacios de colaboraci&oacute;n entre el sector p&uacute;blico y el sector privado. O se asegurar&aacute; que es posible mejorar la calidad de los servicios suprimiendo gastos superfluos, recortando beneficios &eacute;ticamente poco presentables de pol&iacute;ticos y gestores p&uacute;blicos u organizando de forma m&aacute;s eficiente los recursos existentes. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a rechazar que el sector privado ayudase a mejorar nuestra existencia o que se organizaran mejor las cosas?
    </p><p class="article-text">
        Las personas que manejan el presupuesto saben, no obstante, que no es verdad. Aun despu&eacute;s de mejorar la organizaci&oacute;n, que ha de ser mejorada, y aunque se eliminen gastos superfluos, que han de ser eliminados, la prestaci&oacute;n de tales servicios a toda la poblaci&oacute;n exige de un enorme volumen de recursos que &uacute;nicamente puede proporcionar un s&oacute;lido sistema tributario. De otra parte, en la pr&aacute;ctica la colaboraci&oacute;n p&uacute;blico privada usualmente es una forma en exceso piadosa de denominar a un intercambio desigual, en el que el sector p&uacute;blico corre con los costes y el sector privado cosecha los beneficios. Lo que se verifica de la forma m&aacute;s tr&aacute;gica en el &aacute;rea de la sanidad, en la que grupos empresariales privados aprovechan infraestructuras sufragadas con dinero de todos los contribuyentes, absorben clientela cautiva proporcionada por la Administraci&oacute;n y ensanchan su demanda en la medida en que mengua la capacidad de atenci&oacute;n y se colapsan los centros p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo un sistema tributario progresivo puede sostener la financiaci&oacute;n de un sistema sanitario universal y de calidad. De otra forma es sencillamente imposible. La progresividad supone una exigencia no s&oacute;lo de justicia econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n de suficiencia. Resulta imprescindible que el porcentaje que cada ciudadano aporta al fondo com&uacute;n crezca a medida que lo hace su capacidad econ&oacute;mica para que los ingresos totales permitan prestar a toda la ciudadan&iacute;a servicios que la inmensa mayor&iacute;a no podr&iacute;a pagar nunca en el mercado privado.
    </p><p class="article-text">
        El aumento de ingresos tributarios propiciado por la inflaci&oacute;n, aparte de nutrir un peligroso espejismo econ&oacute;mico, se est&aacute; usando como excusa para un mensaje bastante c&iacute;nico: devu&eacute;lvase el excedente a la sociedad, se dice. Pero si lo que se propone es suprimir el pago del Impuesto sobre Patrimonio y el de Sucesiones y rebajar los marginales m&aacute;s elevados de IRPF achatando a&uacute;n m&aacute;s su progresividad, lo que en realidad se quiere es entregar lo que es de toda la sociedad a una minor&iacute;a. Invertir en una mejora sustancial de la sanidad p&uacute;blica s&iacute; ser&iacute;a usar los recursos en beneficio de toda la sociedad.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Segunda tesis: la sanidad p&uacute;blica sostiene los impuestos</h3><p class="article-text">
        Ahora bien, si los ingresos tributarios resultan imprescindibles para mantener una sanidad p&uacute;blica universal y de calidad, la relaci&oacute;n tambi&eacute;n puede y debe establecerse a la inversa: es el sostenimiento de servicios como la sanidad y la educaci&oacute;n lo que legitima la existencia de los impuestos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y en este punto, a mi juicio, la izquierda no deber&iacute;a seguir despist&aacute;ndose. El Estado social no es una oficina de mera transferencia de rentas. Resulta por supuesto obligado socorrer econ&oacute;micamente a las personas y familias de menos recursos, porque &eacute;ticamente es inaceptable para una sociedad moderna dejar a nadie en la estacada. Pero el grueso de la ciudadan&iacute;a que sostiene fiscalmente el Estado debe percibir en su existencia cotidiana que para sus propias vidas merece la pena contribuir con una porci&oacute;n sustancial de sus ingresos al sostenimiento del bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un gravamen medio cercano al 20% en IRPF que con facilidad alcanza cualquier persona de ingresos corrientes no es tan poca cosa. Pero compensar&aacute; si uno es atendido al d&iacute;a o a los dos d&iacute;as por un buen m&eacute;dico de cabecera en caso de necesitarlo, si cuenta con un buen servicio de urgencias hospitalarias en los supuestos m&aacute;s graves, si dispone de un transporte p&uacute;blico r&aacute;pido que le acerque a su lugar de trabajo y sus hijos reciben una ense&ntilde;anza de calidad en escuelas p&uacute;blicas. Si sus necesidades fundamentales, en suma, quedan satisfactoriamente cubiertas. Pero si la cita en atenci&oacute;n primaria tarda casi un mes, se deteriora la ense&ntilde;anza de sus hijos o ha de pagar en un centro privado una prueba m&eacute;dica para lograr a tiempo un diagn&oacute;stico que le salve la vida, ninguna ayuda econ&oacute;mica o descuento en precios p&uacute;blicos evitar&aacute; el desapego generalizado tanto por los servicios p&uacute;blicos como por los impuestos.
    </p><p class="article-text">
        O somos capaces de sostener el conjunto de servicios p&uacute;blicos o la totalidad del entramado de solidaridad en que ha de encarnarse el Estado social se vendr&aacute; abajo.
    </p><p class="article-text">
        Para dicha de quienes por ello buscan lucrarse. El sistema nacional de sanidad lleva tiempo despedaz&aacute;ndose y ofreci&eacute;ndose por piezas como negocio sobre el que recuperar su tasa de ganancia a los mismos sectores empresariales especulativos que hundieron la econom&iacute;a hace m&aacute;s de una d&eacute;cada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De nuevo se expande en prensa y tertulias la falaz e interesada afirmaci&oacute;n de que el sector privado puede prestar los servicios a menor coste y de modo m&aacute;s eficaz que el sector p&uacute;blico. Jam&aacute;s dejar&aacute; de sorprenderme la altura a la que puede ascender en este pa&iacute;s la indecencia intelectual. Porque precisamente Espa&ntilde;a es la m&aacute;s digna prueba por la experiencia de lo contrario. Hemos disfrutado de un sistema sanitario p&uacute;blico envidiado en el mundo entero que se ha ido desmoronando exactamente al ritmo que se privatizaba. Ni m&aacute;s ni menos.
    </p><p class="article-text">
        La salud es, sin duda, el bien m&aacute;s precioso de nuestras vidas. Y ahora el valor de su cuidado alcanza incluso m&aacute;s all&aacute; de lo que de por s&iacute; la salud vale, que es mucho. En la reconstrucci&oacute;n del sistema sanitario p&uacute;blico se ha de concentrar hoy el mayor de nuestros esfuerzos y en ella se cifrar&aacute; la m&aacute;s grande de nuestras esperanzas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/salud-impuestos-sanidad_129_9932780.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Feb 2023 21:33:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salud e impuestos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad pública,Impuestos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lecciones de la reforma fiscal de 1977]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/lecciones-reforma-fiscal-1977_129_9807379.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc32fbff-009b-4822-8c7e-698bc0810e73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lecciones de la reforma fiscal de 1977"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reflexión que tal vez aprovecharía al actual Gobierno es la necesidad de que la reforma tributaria de hoy sea estructural, afecte a los impuestos centrales del sistema y huya de un goteo semanal de iniciativas más vistosas que efectivas</p></div><p class="article-text">
        En este mes de diciembre en el que, como viene sucediendo todos los a&ntilde;os desde hace m&aacute;s de cuarenta, se ha conmemorado el aniversario de la aprobaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n, podr&iacute;a inspirar reflexiones de provecho para la actualidad recordar la primera reforma fiscal de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Supuso su hito inaugural la Ley de Medidas Urgentes de Reforma Fiscal, aprobada por ampl&iacute;sima mayor&iacute;a y presentada ante el Congreso en la tarde del 25 de octubre de 1977, fecha de particular relevancia tanto pol&iacute;tica como simb&oacute;lica para nuestra historia, porque por la ma&ntilde;ana se hab&iacute;an firmado los conocidos como Pactos de la Moncloa y, en el principio de la sesi&oacute;n del Congreso, se hab&iacute;a aprobado por unanimidad, con el gesto solemne de ponerse en pie todos los parlamentarios, la adhesi&oacute;n a una resoluci&oacute;n del Senado por la que se solicitaba el retorno a Espa&ntilde;a del Guernica de Picasso.
    </p><p class="article-text">
        En una primera tanda reformadora hay que agrupar, junto a la ley de 1977, sendas normas de 1978 creadoras de un nuevo Impuesto sobre la Renta de las Personas F&iacute;sicas, concebido como impuesto global, personal y progresivo que absorbiera los impuestos reales o de producto que se ven&iacute;an arrastrando del franquismo, y de un Impuesto sobre Sociedades que modernizara la inoperante imposici&oacute;n sobre personas jur&iacute;dicas de la dictadura y suprimiera exenciones y privilegios carentes de utilidad para promover la inversi&oacute;n creadora de empleo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el primer ciclo reformador completo, en el que se pretendi&oacute; establecer un sistema tributario semejante al que hab&iacute;a implantado la socialdemocracia europea en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses de nuestro entorno tras la Segunda Guerra mundial, abarcar&iacute;a hasta finales de los 80, e incluir&iacute;a, entre otras piezas esenciales, la creaci&oacute;n de un nuevo Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, la modernizaci&oacute;n del aparato administrativo encargado de la gesti&oacute;n y control de los impuestos y la introducci&oacute;n en nuestro ordenamiento del Impuesto sobre el Valor A&ntilde;adido, as&iacute; como el ajuste a las directivas de Europa de los Impuestos Especiales, estos dos &uacute;ltimos apartados obligados por la incorporaci&oacute;n a la Comunidad Econ&oacute;mica Europea. A partir de finales de los 80, y sin haber rematado el establecimiento de una fiscalidad propia de un Estado de Bienestar social, se inici&oacute; su desmantelamiento como consecuencia del creciente predominio del neoliberalismo tanto en Espa&ntilde;a como fuera de nuestras fronteras.
    </p><p class="article-text">
        La separaci&oacute;n entre ambos ciclos reformadores no coincide de modo exacto con el color pol&iacute;tico de cada Gobierno. Los primeros pasos de una fiscalidad en la que se otorga prioridad a la redistribuci&oacute;n de la riqueza y a la progresividad del sistema (&ldquo;la regla de oro de la nueva Hacienda espa&ntilde;ola&rdquo;, seg&uacute;n palabras que pronunciara el ministro Fern&aacute;ndez Ord&oacute;&ntilde;ez en la sesi&oacute;n plenaria del 25 de octubre de 1977) son dados por un Gobierno de UCD y profundizados por el primer Gobierno del PSOE. Y es el propio PSOE el que desde finales de los 80 comienza a desmantelar ese modelo tributario, acometiendo tal tarea ya a fondo los Gobiernos del PP presididos por Aznar.
    </p><p class="article-text">
        Se arrincona el principio de progresividad por una concepci&oacute;n de la eficacia, aparentemente fundada en razones econ&oacute;micas, t&eacute;cnicas y jur&iacute;dicas, pero que de manera no casual cae siempre del lado del alivio fiscal a las rentas altas y las grandes empresas. Los nuevos Gobiernos del PSOE presididos por Rodr&iacute;guez Zapatero y con el se&ntilde;or Solbes al frente de Hacienda contin&uacute;an con esa tendencia. Siguen reduciendo tramos en el IRPF con rebaja del marginal m&aacute;ximo, consolidan en la ley de 2006 un impuesto dual que privilegia las rentas de capital, reducen tipos del Impuesto sobre Sociedades y suprimen, por primera vez en democracia, el pago del Impuesto sobre Patrimonio.
    </p><p class="article-text">
        De manera que la ret&oacute;rica del enfrentamiento pol&iacute;tico muy a menudo nada tiene que ver con los hechos.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente el debate acerca del Impuesto sobre Patrimonio, tan hiperb&oacute;lico dado su escaso alcance recaudatorio, constituye un buen ejemplo. Es frecuente leer que se cre&oacute; en la ley de 1977 como figura transitoria con el prop&oacute;sito de responder a una coyuntura econ&oacute;mica muy dif&iacute;cil, con una inflaci&oacute;n que rozaba el 27%, y de hacerlo desaparecer en cuanto ello fuera posible. Pero lo cierto es que la naturaleza transitoria del primer Impuesto de Patrimonio respond&iacute;a a que una de sus principales funciones era la de censar la riqueza con el fin de ofrecer informaci&oacute;n imprescindible para el control de las fuentes de renta en el IRPF que se cre&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s. La idea era que, una vez que existiera un impuesto global sobre la renta, se crease ajustado a &eacute;l un impuesto definitivo del patrimonio. Lo que se puede comprobar leyendo el documento econ&oacute;mico de los Pactos de la Moncloa, en cuyo apartado fiscal se dice literalmente que &ldquo;el Impuesto definitivo sobre el Patrimonio se armonizar&aacute; en su estructura al nuevo Impuesto sobre la Renta&rdquo;. Cosa que finalmente no se hizo hasta 1991.
    </p><p class="article-text">
        Y lo suscribieron todos. Por supuesto, UCD, el PSOE, el PCE y nacionalistas vascos y catalanes, pero tambi&eacute;n Alianza Popular, que no firm&oacute; el acuerdo pol&iacute;tico pero s&iacute; el de reforma econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Tal unanimidad es lo que m&aacute;s puede sorprendernos hoy a la luz del contenido de aquella reforma. En la Ley de Medidas Urgentes se incluy&oacute; una regularizaci&oacute;n voluntaria de contribuyentes, el levantamiento del secreto bancario, se cre&oacute; la figura hasta entonces inexistente en nuestro ordenamiento del delito fiscal, se regulan las sociedades interpuestas, se establece el Impuesto sobre Patrimonio y se reformula el impuesto de lujo. A&ntilde;&aacute;danse todas las normas posteriores ya mencionadas y previstas en los Pactos de la Moncloa.
    </p><p class="article-text">
        En sus l&iacute;neas b&aacute;sicas, se asum&iacute;a por la democracia el informe de reforma elaborado por el Instituto de Estudios Fiscales bajo la direcci&oacute;n de Enrique Fuentes Quintana y cuya presentaci&oacute;n a Franco provoc&oacute; la fulminante destituci&oacute;n del ministro Alberto Monreal.
    </p><p class="article-text">
        La dictadura franquista fue siempre cong&eacute;nitamente incompatible con cualquier sistema tributario moderno y medianamente justo. Se produjeron en ella varias reformas promovidas por los ministros Larraz y Navarro Rubio que corrigieron algunos aspectos del caos de la fiscalidad franquista, pero sin extirpar sus males m&aacute;s graves, acerca de los cuales hab&iacute;a amplio consenso ya en los 60 entre economistas y organismos internacionales. Se trataba de un conglomerado de normas inoperantes, incapaz de aportar recursos m&iacute;nimos para invertir en servicios p&uacute;blicos e infraestructuras, abiertamente regresivo, con una preponderancia muy marcada de los impuestos indirectos sobre los directos y agujereado por un volumen colosal de fraude, favorecido por sucesivas amnist&iacute;as fiscales y del que abusaba con plena impunidad la &eacute;lite econ&oacute;mica afecta al r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        El feroz odio a todo impuesto que en esta misma &eacute;lite econ&oacute;mica pervive no refleja &uacute;nicamente su acomodaci&oacute;n al neoliberalismo reinante, sino tambi&eacute;n su tenaz e inveterado desprecio por el inter&eacute;s general y los bienes p&uacute;blicos. Y desde luego tal sentimiento no desapareci&oacute; en los primeros a&ntilde;os de la Transici&oacute;n. El historiador econ&oacute;mico Fernando Com&iacute;n alud&iacute;a hace unos a&ntilde;os en una conferencia impartida en la Universidad de M&aacute;laga a las presiones que hubo de soportar el Gobierno de Adolfo Su&aacute;rez desde las mismas filas de UCD para que suavizara algunos aspectos importantes de la reforma inicialmente prevista.
    </p><p class="article-text">
        Pero el hecho es que no se atrevieron a ofrecer una resistencia abierta y que aceptaron cambios de una profundidad que hoy en d&iacute;a algunos calificar&iacute;an poco menos que de <em>sovietizantes</em>. A lo que sin duda contribuyeron las tendencias entonces dominantes en la esfera internacional, la presi&oacute;n de la crisis econ&oacute;mica y la necesidad de hacer concesiones para preservar el grueso de sus privilegios. Pero tambi&eacute;n, y no en menor medida, la fuerza del movimiento obrero y de la movilizaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        La otra reflexi&oacute;n que tal vez aprovechar&iacute;a al actual Gobierno, para hacer realidad sus intenciones declaradas, es la necesidad de que la reforma tributaria del presente sea estructural, que afecte a los impuestos centrales del sistema y que huya de un goteo semanal de iniciativas m&aacute;s vistosas que efectivas y poco meditadas que podr&iacute;an embarcar a la Administraci&oacute;n en un f&aacute;rrago judicial muy costoso durante a&ntilde;os, al tiempo que se deja intacto el fondo.
    </p><p class="article-text">
        V&iacute;stanse despacio, que tenemos prisa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/lecciones-reforma-fiscal-1977_129_9807379.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Dec 2022 21:13:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lecciones de la reforma fiscal de 1977]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Progresividad fiscal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/progresividad-fiscal_129_9675439.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/311c9c1c-c437-4fd2-9d0b-366ea2d9927b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Progresividad fiscal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El art. 31 de la Constitución ordena exactamente que nuestro sistema tributario sea progresivo, y no solo que quien más tenga más pague. No especifica cuál ha de ser el grado de progresividad, ni tampoco exige que sean progresivos todos los tributos del sistema por separado, pero sí que ha de serlo el conjunto</p></div><p class="article-text">
        Hemos le&iacute;do y escuchado infinidad de veces que el art&iacute;culo 31 de la Constituci&oacute;n de 1978 establece que quien m&aacute;s tenga pague m&aacute;s para el sostenimiento del gasto p&uacute;blico. Pero, en realidad, en ning&uacute;n lugar del art&iacute;culo se dice tal cosa. Lo que se ordena, entre otros mandatos de bastante enjundia e igualmente incumplidos en la pr&aacute;ctica, es que el sistema tributario que ha de servir para financiar los gastos p&uacute;blicos se inspire en el principio de progresividad, lo que no es exactamente lo mismo. &ldquo;Todos contribuir&aacute;n al sostenimiento de los gastos p&uacute;blicos &ndash;dice el precepto en su punto primero- de acuerdo con su capacidad econ&oacute;mica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ning&uacute;n caso, tendr&aacute; alcance confiscatorio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En todo sistema tributario o impuesto progresivos ocurre que quien m&aacute;s tiene paga m&aacute;s. Pero lo contrario no necesariamente es cierto. Es posible que pague m&aacute;s quien m&aacute;s tiene sin que el sistema sea progresivo. La progresividad exige un requisito adicional: que quien m&aacute;s tiene (y/o m&aacute;s gane) pague en una proporci&oacute;n mayor.
    </p><p class="article-text">
        No es dif&iacute;cil explicarlo con n&uacute;meros. Si una persona gana 10.000 euros al a&ntilde;o y otra 200.000 y ambas pagan un impuesto del 10%, la segunda pagar&aacute; m&aacute;s que la primera porque el 10% de 200.000 es m&aacute;s que el 10% de 10.000. Pero este no ser&iacute;a un tributo progresivo sino proporcional. Incluso podr&iacute;a suceder que pagase m&aacute;s tributando por un porcentaje menor, y estar&iacute;amos ante un impuesto regresivo: el 8% de 200.000, por ejemplo, sigue siendo m&aacute;s que el 10% de 10.000. Para que sea progresivo, es imprescindible que quien m&aacute;s gana aporte un porcentaje mayor de sus ingresos; si el que gana 200.000 euros pagase un 14%, digamos, y el que gana 10.000, un 10%, entonces s&iacute; estar&iacute;amos ante un impuesto progresivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, el art&iacute;culo 31 de la Constituci&oacute;n de 1978 ordena exactamente que nuestro sistema tributario sea progresivo, y no solo que quien m&aacute;s tenga m&aacute;s pague. No especifica cu&aacute;l ha de ser el grado de progresividad, ni tampoco exige que sean progresivos todos y cada uno de los tributos del sistema por separado, pero s&iacute; que ha de serlo el conjunto. Es decir, el porcentaje de nuestra riqueza y nuestros ingresos que aportamos para financiar las cargas comunes ha de crecer a medida que lo hagan la propia riqueza e ingresos, a medida que crezca nuestra capacidad econ&oacute;mica, en suma.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, el rigor del enunciado resulta muy relevante porque nos hallamos ante un principio esencial, sobre el que se funda la redistribuci&oacute;n de la riqueza y la conquista de cotas mayores de justicia econ&oacute;mica, y que se relaciona adem&aacute;s de manera directa con la definici&oacute;n de Estado social y democr&aacute;tico de derecho proclamada en el art&iacute;culo primero de la Carta Magna.
    </p><p class="article-text">
        La de 1978 es la primera Constituci&oacute;n de nuestra historia que establece la progresividad como principio inspirador de la totalidad del sistema tributario, algo inusual tambi&eacute;n en el derecho comparado.
    </p><p class="article-text">
        Todas las constituciones liberales del siglo XIX, empezando por la de las Cortes de C&aacute;diz de 1812, se fundan en el principio de proporcionalidad, junto a las ideas de generalidad e igualdad, avance no poco meritorio frente al Antiguo R&eacute;gimen que se trataba de superar, en el que el privilegio era cimiento de las relaciones sociales. La misma noci&oacute;n de progresividad habr&iacute;a sido dif&iacute;cilmente asumible para la conciencia pol&iacute;tica de la &eacute;poca. Incluso en la m&aacute;s social Constituci&oacute;n de 1869 es as&iacute;, aunque en aquella ocasi&oacute;n s&iacute; que fue posible ya una discusi&oacute;n parlamentaria al respecto, seg&uacute;n nos cuenta el profesor Ram&oacute;n Rodolfo Soler Belda en su tesis doctoral, titulada <em>La evoluci&oacute;n del principio constitucional de progresividad en el ordenamiento tributario</em>.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el siglo XX, cabr&iacute;a deducir la progresividad en la Constituci&oacute;n republicana de 1931 del hecho de que su art&iacute;culo 44 vinculara la riqueza del pa&iacute;s al inter&eacute;s general y al sostenimiento de las cargas p&uacute;blicas por medio de una aportaci&oacute;n gradual. Pero tampoco en este texto se enuncia de forma expresa como principio.
    </p><p class="article-text">
        Incluso en el &aacute;mbito del derecho comparado resulta excepcional. Todo indica que nuestro vigente art&iacute;culo 31 se inspira en el art&iacute;culo 53 de la Constituci&oacute;n italiana de 1948, a la que, con una redacci&oacute;n mucho m&aacute;s sencilla y clara que la nuestra, habr&iacute;a que reconocer como aut&eacute;ntica pionera. La Constituci&oacute;n portuguesa s&iacute; que lo contempla, pero no refiri&eacute;ndose a la totalidad del sistema sino &uacute;nicamente al Impuesto sobre la Renta.
    </p><p class="article-text">
        Ello no significa que se ignore la progresividad en los sistemas tributarios modernos, de manera muy especial en los europeos. S&oacute;lo quiere decir que su reconocimiento constitucional supone una excepci&oacute;n. Como explic&oacute; Thomas Piketty en su obra <em>El capital en el siglo XXI</em>, en la progresividad radica la novedad de mayor envergadura introducida durante la pasada centuria en los ordenamientos tributarios. Y no fue solamente como consecuencia de la evoluci&oacute;n social y pol&iacute;tica de las democracias occidentales, y desde luego del empuje del movimiento obrero, sino tambi&eacute;n de las catastr&oacute;ficas consecuencias de las guerras mundiales. Piketty resalta el llamativo hecho de que en Francia se aprobara en 1920 un impuesto progresivo sobre los ingresos con tasas superiores al 50% para los m&aacute;s elevados por una C&aacute;mara dominada por la misma derecha que, antes de la guerra, no admit&iacute;a grav&aacute;menes que superasen el 2%.
    </p><p class="article-text">
        La realidad se impuso al dogmatismo, y la evidencia de que s&oacute;lo forzando una contribuci&oacute;n creciente de los sectores m&aacute;s acaudalados de la sociedad era posible salir adelante. Cu&aacute;nto no podr&iacute;an aprender hoy algunos de aquello.
    </p><p class="article-text">
        Lo anterior nos muestra que podemos enorgullecernos de disponer de uno de los preceptos m&aacute;s avanzados del mundo en materia de fiscalidad. Pero no tanto de su grado de cumplimiento, porque, parad&oacute;jica y tristemente, tambi&eacute;n disponemos de uno de los sistemas tributarios m&aacute;s regresivos de los pa&iacute;ses de nuestro entorno, prueba fehaciente de que de nada sirven los mandatos de la ley si con tanta impunidad cabe desobedecerlos.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro ordenamiento, la progresividad se asienta sobre tres tributos concretos: el de la renta, el de patrimonio y el de sucesiones y donaciones, esto es, el que grava los ingresos, el que recae sobre la capacidad de pago adicional de la riqueza y el que mitiga la perpetuaci&oacute;n de las diferencias de riqueza generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n. Piketty lo denomina, en <em>Capital e ideolog&iacute;a</em>, su otra gran obra, el &ldquo;tr&iacute;ptico de la fiscalidad progresiva: propiedad, herencia y renta&rdquo;. Casi todas las reformas del sistema de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os han perseguido desmantelarlos. Los de patrimonio y sucesiones se han erosionado en una delirante competencia fiscal entre regiones hasta dejarlos en casi nada, ha cristalizado un impuesto de la renta dual, que privilegia las rentas de capital sobre las de trabajo y, simult&aacute;neamente, los impuestos indirectos, profundamente regresivos, no han cesado de ganar terreno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El IVA se introdujo en nuestro ordenamiento en 1986 con un tipo general del 12% y ya est&aacute;, se dir&iacute;a que con la t&aacute;cita aceptaci&oacute;n de todo el mundo, en el 21%. De nada sirve seguir con la din&aacute;mica de pedir tipos reducidos y exenciones para este o aquel sector, producto o servicio, si el tipo general que pagamos todos por la mayor parte de lo que consumimos es tan desmesurado. Hay que reequilibrar el peso de nuestros impuestos favoreciendo de nuevo a los directos frente a los indirectos.
    </p><p class="article-text">
        Algunas de las medidas adoptadas por el actual Gobierno son positivas, pero manifiestamente insuficientes. Ya no sirven los parches, ni nos aprovecha inventar un impuesto nuevo cada semana. Se ha de reformar el conjunto del edificio, a fondo, y hemos de caminar hacia un sistema mucho m&aacute;s sencillo, con pocos, muy pocos impuestos pero de una enorme capacidad recaudatoria y redistributiva.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me ha sorprendido la timidez de los pol&iacute;ticos de izquierdas en esta materia. La Constituci&oacute;n est&aacute; del lado de quienes reclamamos la progresividad de los impuestos. Organicemos un bloque c&iacute;vico constitucionalista que exija su cumplimiento y que el Estado social y democr&aacute;tico de derecho que decimos ser en nuestra Ley de leyes se haga realidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/progresividad-fiscal_129_9675439.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Nov 2022 21:30:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Progresividad fiscal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro ideas sencillas sobre impuestos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cuatro-ideas-sencillas-impuestos_129_9564468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d7e9db72-85c5-4c19-a77e-69ac84dc01ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro ideas sencillas sobre impuestos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por sí sola, la presión fiscal no nos dice si se gastan adecuadamente los recursos públicos, ni si está distribuida la carga fiscal con justicia, ni siquiera si la escasez de ingresos públicos procede mayormente de tipos impositivos bajos o de un gran volumen de fraude fiscal</p></div><p class="article-text">
        Ahora que de nuevo se intensifica la desvergonzada subasta de impuestos caracter&iacute;stica de todos los periodos electorales (y, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se dir&iacute;a que siempre estuvi&eacute;semos en periodo electoral), tal vez no sea ocioso recordar cuatro ideas econ&oacute;micas sencillas:
    </p><p class="article-text">
        Primera. Es verdad que la inflaci&oacute;n puede suponer un significativo aumento de la recaudaci&oacute;n, no necesariamente en la proporci&oacute;n exacta en que se incrementen los precios, dado que la propia inflaci&oacute;n puede provocar una disminuci&oacute;n de consumo y actividad econ&oacute;mica. Pero ello no significa que la totalidad de la mayor recaudaci&oacute;n se convierta en ingresos disponibles, habida cuenta de que el Estado es tambi&eacute;n un gran consumidor, acude al mercado de bienes y servicios como demandante, y la inflaci&oacute;n, al tiempo que le permite aumentar la recaudaci&oacute;n (sobre todo la procedente de impuestos vinculados al precio, como el IVA) le supone un mayor gasto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Segunda. Sin duda existen multitud de gastos p&uacute;blicos superfluos que habr&iacute;a que suprimir. Hay gastos sin m&aacute;s indecentes que se deber&iacute;an eliminar de inmediato, en particular los correspondientes a la pl&eacute;yade de cargos de confianza sin funci&oacute;n &uacute;til conocida que pueblan la fauna de todas las Administraciones P&uacute;blicas y ciertas dietas injustificables y otras golosinas que responden a una nauseabunda e inveterada tradici&oacute;n de clientelismo pagado con recursos de toda la ciudadan&iacute;a. Pero en su cuant&iacute;a son una porci&oacute;n menos significativa de los presupuestos de lo que se imagina; m&aacute;s que por su cuant&iacute;a han de indignarnos por la corrosi&oacute;n de la &eacute;tica p&uacute;blica que entra&ntilde;an y por suponer una v&iacute;a de penetraci&oacute;n constante de intereses privados en el sector p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la mala gesti&oacute;n del gasto p&uacute;blico no solamente consiste en gastar en donde no se debe gastar. Tambi&eacute;n en no gastar en donde s&iacute; se debe gastar. Es imprescindible un aumento muy significativo de gasto sanitario en nuestro pa&iacute;s en todas las comunidades aut&oacute;nomas, tambi&eacute;n de gasto en educaci&oacute;n y, desde luego, de inversi&oacute;n en transporte p&uacute;blico. El estado de servicios como Cercan&iacute;as de Renfe o el metro en la Comunidad de Madrid es calamitoso y la subida del precio de la electricidad no augura precisamente mejor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Si se afirma que es posible reducir gasto superfluo en las cuentas p&uacute;blicas no se est&aacute; diciendo toda la verdad, salvo que se a&ntilde;ada a continuaci&oacute;n que resulta imprescindible aumentar, con toda probabilidad en mayor proporci&oacute;n, gastos necesarios en bienes y servicios b&aacute;sicos para la comunidad cuya calidad viene deterior&aacute;ndose de modo tr&aacute;gico desde hace d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Tercera. Si se acomete una reducci&oacute;n generalizada de impuestos en una coyuntura de galopante elevaci&oacute;n de precios al tiempo que se emprende una agresiva pol&iacute;tica monetaria de contenci&oacute;n de la inflaci&oacute;n, como la hist&oacute;rica subida de tipos que acaba de decidir el Banco Central Europeo, hay que prepararse para tres sucesiones de p&eacute;rdidas de ingresos p&uacute;blicos, no solo para una: la ocasionada por la reducci&oacute;n de tipos impositivos, la que se derivar&aacute; de la depresi&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica y la que seguir&aacute; a la reversi&oacute;n de la inflaci&oacute;n. Lo que no mejorar&aacute;, sino todo lo contrario, si la inflaci&oacute;n permanece y entramos en un periodo de estanflaci&oacute;n, es decir, de estancamiento e inflaci&oacute;n simult&aacute;neas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es algo que hace ya muchos a&ntilde;os advirti&oacute; David Stockman, hasta 1985 director de la Oficina del Presupuesto en el Gobierno de Ronald Reagan, frente a la entusiasta promesa de una masiva reducci&oacute;n de impuestos. Tambi&eacute;n entonces se hablaba del fabuloso florecimiento de la actividad econ&oacute;mica que se generar&iacute;a y de la multitud de gastos superfluos que cab&iacute;a eliminar sin que el bienestar social se resintiera. Tambi&eacute;n entonces la demagogia fue cre&iacute;da por millones de ciudadanos justamente indignados por el empeoramiento de sus condiciones de vida y la creciente corrupci&oacute;n del Estado. Pero el resultado fue una deuda colosal que hizo tambalearse toda la econom&iacute;a, mientras la asistencia social sufr&iacute;a recortes draconianos y, por supuesto, la corrupci&oacute;n del Estado incluso se agravaba.
    </p><p class="article-text">
        Cuarta. Se sigue jugando en determinados medios de forma interesada con las nociones de presi&oacute;n fiscal y esfuerzo fiscal. Puesto que, compar&aacute;ndonos seg&uacute;n la primera con los pa&iacute;ses de nuestro entorno, quedamos por debajo de la media, la invocar&aacute; quien afirme que hay margen para subidas impositivas. Y como, por el contrario, estamos por encima si nos medimos por esfuerzo fiscal, se atendr&aacute; a este &iacute;ndice estad&iacute;stico quien reclame bajadas de impuestos. No se extraen conclusiones de los datos, se buscan los datos que respalden las conclusiones de las que partimos.
    </p><p class="article-text">
        Pero si queremos ser intelectualmente honestos, habremos de reparar en c&oacute;mo se calculan ambas magnitudes.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n fiscal es el resultado de una fracci&oacute;n que tiene en el numerador el conjunto de ingresos fiscales, incluidas cotizaciones sociales, y en el denominador, el producto interior bruto. Es, por tanto, una magnitud muy &uacute;til para medir qu&eacute; porci&oacute;n de la riqueza generada por una sociedad se destina a ingresos p&uacute;blicos, y el hecho de que hist&oacute;ricamente nos hayamos encontrado por debajo de la media europea supone una clara manifestaci&oacute;n de subdesarrollo nunca del todo superado, cuyas causas merece la pena diagnosticar. Ahora bien, por s&iacute; sola, la presi&oacute;n fiscal no nos dice si se gastan adecuadamente los recursos p&uacute;blicos, ni si est&aacute; distribuida la carga fiscal con justicia, ni siquiera si la escasez de ingresos p&uacute;blicos procede mayormente de tipos impositivos bajos o de un gran volumen de fraude fiscal. Por lo que, para dise&ntilde;ar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de ingresos y gastos se precisa de mucha m&aacute;s informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El esfuerzo fiscal fue un &iacute;ndice ideado por el economista Henry J. Frank, quien part&iacute;a de un argumento incontestable: un mismo porcentaje impositivo requiere de esfuerzos econ&oacute;micos diferentes seg&uacute;n el nivel de renta al que se aplique. Para una persona que gane mil euros al mes, un pago de IRPF del 10% exige un sacrificio casi insoportable porque necesita de la totalidad de sus ingresos para apenas sobrevivir. Quien gane medio mill&oacute;n podr&aacute; pagar un 10%, un 20% y hasta un 30% y a&uacute;n le restar&aacute; dinero para vivir c&oacute;modamente, para invertir y para ahorrar.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que la magnitud que se ide&oacute; calcula un mismo porcentaje de esfuerzo fiscal para toda la sociedad sin considerar, precisa y contradictoriamente, las diferencias de riqueza que en el seno de la sociedad se dan. Se divide la presi&oacute;n fiscal por la renta per c&aacute;pita, lo que ofrece una cifra media para toda la poblaci&oacute;n y da lugar as&iacute; a un &iacute;ndice muy defectuoso de comparaci&oacute;n entre econom&iacute;as distintas, porque ignora el diferente coste de la vida en primer lugar y, en segundo lugar y sobre todo, las desigualdades econ&oacute;micas. Es muy posible que en una econom&iacute;a subdesarrollada el reparto de la riqueza sea tan injusto que su poblaci&oacute;n m&aacute;s acaudalada supere en fortuna a la m&aacute;s acaudalada de otra econom&iacute;a de mayor renta per c&aacute;pita. Lo que nos indicar&aacute; que no solo debemos mejorar los ingresos p&uacute;blicos sino tambi&eacute;n la progresividad del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro sistema tributario requiere de una reforma profunda y estructural. Con urgencia. Hace aguas por todas partes. Hay impuestos que bajar y otros que subir y, al margen de cuant&iacute;as y tipos, habr&iacute;a que reformular las propias herramientas de la Hacienda P&uacute;blica y las facultades de control del fraude. Debemos aspirar a un sistema infinitamente m&aacute;s sencillo, con pocos impuestos que graven de modo eficaz las manifestaciones b&aacute;sicas de riqueza. Inventarse un impuesto para cada gasto que se nos aparezca como necesario no es un buen camino. La actual hipertrofia legal y procedimental supone una carga abrumadora para los ciudadanos comunes, y una oportunidad de ahorro fiscal en cambio para grandes fortunas y empresas, que se sirven de la oscuridad de la ley como palanca para escabullirse del fisco.
    </p><p class="article-text">
        No podemos seguir tolerando que los impuestos sean una vulgar baza electoral ni que se nos trate como a ni&ntilde;os. En una democracia avanzada, la ciudadan&iacute;a ha de poder decidir qu&eacute; bienes y servicios debe garantizar la comunidad para toda la poblaci&oacute;n (la Constituci&oacute;n establece unos m&iacute;nimos: sanidad, educaci&oacute;n, pensiones dignas, vivienda&hellip;) y c&oacute;mo han de financiarse (la Constituci&oacute;n dice que por medio de un sistema tributario justo, inspirado en la igualdad y la progresividad y no confiscatorio). Y &eacute;se y no otro es el orden racional del debate.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si se conquista nuestro voto con rebajas fiscales irresponsables y luego se nos exige que aceptemos el deterioro de derechos como irremediable, se nos habr&aacute; vuelto a defraudar. Una vez m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cuatro-ideas-sencillas-impuestos_129_9564468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Sep 2022 19:44:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuatro ideas sencillas sobre impuestos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajar impuestos o la multiplicación de los panes y los peces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bajar-impuestos-multiplicacion-panes-peces_129_9031057.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c10183f-6c3f-4b40-ad54-38ca9e1e5fe9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bajar impuestos o la multiplicación de los panes y los peces"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cuantía de ingresos públicos depende de multitud de factores económicos, no todos ellos estrictamente fiscales, y no solo de los tipos de gravamen. Y, justamente por ello, supone una colosal burrada afirmar que una reducción general de tipos impositivos llevará a mejorar los ingresos</p><p class="subtitle">El Gobierno publica la reducción de módulos del IRPF 2021 que beneficiará a unos 900.000 agricultores y ganaderos</p></div><p class="article-text">
        Durante la d&eacute;cada de los 80 del pasado siglo adquiri&oacute; bastante notoriedad en la pol&iacute;tica norteamericana David Stockman. Primer, por haberse convertido en uno de los m&aacute;s j&oacute;venes y en&eacute;rgicos art&iacute;fices, en el terreno de la econom&iacute;a, de la revoluci&oacute;n conservadora de Ronald Reagan desde la direcci&oacute;n de la Oficina del Presupuesto de su Gobierno. Y, despu&eacute;s, por haber explicado en un libro que titul&oacute; '<em>El triunfo de la pol&iacute;tica' -</em>y que removi&oacute; bastantes tripas en la &eacute;lite del Partido Republicano- los motivos por los que tal pretendida revoluci&oacute;n hab&iacute;a fracasado.
    </p><p class="article-text">
        Se ha dicho que este libro constituye la m&aacute;s implacable impugnaci&oacute;n jam&aacute;s escrita de la c&eacute;lebre curva de Laffer, a la que de nuevo se recurre, en el nuestro como en otros pa&iacute;ses, para prometer magia. Tal vez no sea una afirmaci&oacute;n exagerada, porque quien nos se&ntilde;ala las grietas de la pol&iacute;tica de bajada masiva de impuestos es quien con mayor convicci&oacute;n la puso en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Stockman no es ning&uacute;n converso. Quien lea su libro descubrir&aacute; a un ac&eacute;rrimo enemigo de cualquier regulaci&oacute;n p&uacute;blica de la econom&iacute;a y firme partidario de la iniciativa privada sin restricciones. Asentado en esa fe que &eacute;l llama la &ldquo;Magna Doctrina&rdquo;, dise&ntilde;a el plan radical que combina la reducci&oacute;n generalizada de impuestos, el recorte de gasto p&uacute;blico que no sea militar (que, por el contrario, se incrementa) y el objetivo del equilibrio presupuestario. El fundamento en la entonces conocida como econom&iacute;a de oferta resuena de nuevo hoy con fuerza: la rebaja fiscal y la supresi&oacute;n de controles p&uacute;blicos liberar&aacute; de sus grilletes a la iniciativa privada y al mercado y conducir&aacute; a una nueva era de prosperidad capitalista, en la que incluso se lograr&aacute;n mayores recursos para socorrer a los sectores m&aacute;s necesitados de la sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda sonar&aacute; a todos familiar la argumentaci&oacute;n. El resultado pr&aacute;ctico es, sin embargo, con m&aacute;s frecuencia olvidado: una gigantesca deuda federal que en 1985 escal&oacute; a 1,8 billones de d&oacute;lares y que puso la econom&iacute;a al borde del colapso.
    </p><p class="article-text">
        Se reprocha Stockman exceso de ingenuidad por no haber contado con los ineludibles compromisos de gasto que los mismos pol&iacute;ticos republicanos que les apoyaban conservaban con sus electores. Reconoce igualmente haber pasado por alto algunos datos econ&oacute;micos relevantes, como que con una inflaci&oacute;n desbocada de dos d&iacute;gitos, simultanear una masiva reducci&oacute;n de impuestos y una pol&iacute;tica monetaria antiinflacionista equival&iacute;a en realidad a dos masivas reducciones de impuestos, dado que, cuando se logra sofocar la inflaci&oacute;n, todas las previsiones de ingresos han de ser revisadas. Y esto no hab&iacute;a curva de Laffer que lo levantara.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica monetaria queda en la actualidad fuera del control de nuestro pa&iacute;s, pero habida cuenta de lo que se nos avecina en Europa a la vuelta de la esquina, parece insensato jugar con tanta desenvoltura a la ruleta rusa.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s grave, sin embargo, de cuanto nos relata Stockman es la evidencia de que se minti&oacute; a la ciudadan&iacute;a. Ni siquiera cree que los ide&oacute;logos de la curva de Laffer, empezando por el mismo Arthur Laffer, pensaran sinceramente que se podr&iacute;an obtener m&aacute;s ingresos p&uacute;blicos tras la rebaja de impuestos; se trataba solamente de &ldquo;vender&rdquo; la idea. Y sobre todo se ocult&oacute; la parte fea del plan. Se hizo creer a millones de norteamericanos que suprimiendo unos cuantos gastos superfluos de los manirrotos de Washington ser&iacute;a suficiente para cubrir las p&eacute;rdidas. Era mentira. No se produjo la prodigiosa liberaci&oacute;n de fuerzas econ&oacute;micas que se hab&iacute;a anunciado, fue necesario acometer severos recortes de gasto social y ni a&uacute;n as&iacute; se evit&oacute; un endeudamiento hist&oacute;rico. &Uacute;nicamente un dictador, seg&uacute;n admite Stockman, que desmantelara sin miramientos y de arriba abajo el Estado social y sofocara cualquier protesta habr&iacute;a podido evitar el agujero presupuestario.
    </p><p class="article-text">
        Resulta pavoroso que una mentira tan contundentemente contrastada por la realidad pueda seguir enga&ntilde;ando, una y otra vez. Jam&aacute;s, en ning&uacute;n lugar del mundo, una reducci&oacute;n generalizada de impuestos ha conducido a un aumento de ingresos. Es posible que las circunstancias de un determinado mercado reduzcan o aumenten la recaudaci&oacute;n previsible de un tributo, coyunturalmente una mengua de tipos puede compensarse -en parte- por el efecto de la inflaci&oacute;n y la propia medida del fraude fiscal hace variar los ingresos con un mismo nivel impositivo. Es posible y se debe decir que la cuant&iacute;a de ingresos p&uacute;blicos depende de multitud de factores econ&oacute;micos, no todos ellos estrictamente fiscales, y no solo de los tipos de gravamen. Y, justamente por ello, supone una colosal burrada afirmar que una reducci&oacute;n general de tipos impositivos llevar&aacute; a mejorar los ingresos.
    </p><p class="article-text">
        Los argumentos a los que recurre hoy la derecha en nuestro pa&iacute;s para volver a prometer la multiplicaci&oacute;n de los panes y los peces son los mismos que manejaron los ap&oacute;stoles de la &ldquo;revoluci&oacute;n&rdquo; de Ronald Reagan, adaptados si acaso a nuestro particular folklore y adornados por el embrutecimiento usual de las redes sociales. De nuevo se oculta la parte menos seductora del plan. Hay sin duda gastos que podr&iacute;an evitarse con una gesti&oacute;n m&aacute;s eficaz, sueldos de cargos de confianza en diferentes administraciones que habr&iacute;a que ahorrar a la ciudadan&iacute;a, golosinas en viajes y gastos de representaci&oacute;n que sobran no por su cuant&iacute;a sino por su obscenidad moral. Tampoco la izquierda deber&iacute;a negar esta evidencia. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el margen de ahorro es bastante menos abultado de lo que se proclama, y adem&aacute;s la sanidad, la educaci&oacute;n y los transportes p&uacute;blicos, por mencionar s&oacute;lo tres apartados, se encuentran en tan lamentable estado que precisan con urgencia un aumento dr&aacute;stico de inversi&oacute;n. Y no hay magia posible; las rebajas de impuestos no se compensan por s&iacute; solas. Quienes promueven una reducci&oacute;n generalizada deber&iacute;an contarlo: el precio ser&aacute; el desmantelamiento de nuestra sanidad, nuestra educaci&oacute;n y los transportes p&uacute;blicos, las ayudas a sectores econ&oacute;micos en dificultades se volver&aacute;n insostenibles y a las familias que se queden por el camino no habr&aacute; manera de ampararlas.
    </p><p class="article-text">
        No deja de tener gracia que fuese precisamente Manuel Fraga Iribarne quien justificara en los debates constituyentes la inadmisi&oacute;n de la iniciativa legislativa popular en materia tributaria para evitar la &ldquo;tendencia f&aacute;cil a pretender que pagando menos impuestos las cosas se arreglen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de los a&ntilde;os parece evidente que se subestim&oacute; tanto la madurez de la ciudadan&iacute;a como la propensi&oacute;n a la demagogia de los pol&iacute;ticos. Nuestro sistema tributario est&aacute; quebrado, y no s&oacute;lo por su insuficiencia en la obtenci&oacute;n de los recursos necesarios, sino por su manifiesta injusticia, su incapacidad para cumplir la funci&oacute;n esencial de redistribuir la riqueza y reducir la desigualdad, que en la proporci&oacute;n que ha alcanzado en Espa&ntilde;a es no s&oacute;lo una infamia sino un lastre para el desarrollo. En una reforma seria de nuestro sistema tributario habr&aacute; que reducir determinados impuestos, naturalmente, y otros deber&aacute;n ser elevados; se tendr&aacute; que revisar la distribuci&oacute;n de la carga porque hay quien paga mucho menos de lo que deber&iacute;a, pero tambi&eacute;n mucha gente verdaderamente ahogada por el fisco; hay que reformular por completo los controles del fraude y transformar a fondo el propio sistema productivo sobre el que los tributos recaen.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a esperanzador que todo ello se abordara en un debate abierto a la ciudadan&iacute;a, y que la gente pudiese discutir sobre la base de informaci&oacute;n cierta y no de demagogia milagrera qu&eacute; bienes y servicios p&uacute;blicos han de garantizarse y c&oacute;mo se financian.
    </p><p class="article-text">
        Lo que es, en fin, la democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bajar-impuestos-multiplicacion-panes-peces_129_9031057.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 May 2022 19:21:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bajar impuestos o la multiplicación de los panes y los peces]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impuestos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Autonomía fiscal y justicia tributaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/autonomia-fiscal-justicia-tributaria_129_8725361.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/14a55f31-71bf-4fb8-86b8-83660d52854c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Autonomía fiscal y justicia tributaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El patológico tremendismo que envenena la política española es muy capaz de triturar cualquier discusión racional, sea cual sea la materia sobre la que verse. Y la materia tributaria, de por sí muy propicia para la demagogia electoral en condiciones normales, no podía quedar al margen del belicismo reinante</p><p class="subtitle">Ayuso intenta blindarse con una ley frente a los anuncios del Gobierno sobre la armonización fiscal</p></div><p class="article-text">
        El patol&oacute;gico tremendismo que envenena la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola es muy capaz de triturar cualquier discusi&oacute;n racional, sea cual sea la materia sobre la que verse. Y la materia tributaria, de por s&iacute; muy propicia para la demagogia electoral en condiciones normales, no pod&iacute;a quedar al margen del belicismo reinante.
    </p><p class="article-text">
        Una de las batallas que &uacute;ltimamente despierta mayores pasiones es la que se libra en torno a la autonom&iacute;a fiscal de las comunidades frente al Estado, con el Gobierno regional madrile&ntilde;o como vanguardia. Resulta desde luego chocante que una formaci&oacute;n como ERC haya reclamado la armonizaci&oacute;n de impuestos mientras el PP clama por mayores dosis de autonom&iacute;a en una din&aacute;mica de disgregaci&oacute;n territorial y enfrentamiento institucional que hasta Vox, en Madrid, ha calificado de independentista.
    </p><p class="article-text">
        La cosa podr&iacute;a inspirar una delirante comedia pol&iacute;tica, pero por desgracia para la ciudadan&iacute;a, el fondo sobre el que se discute es algo grave. El modo en que se configuran la distribuci&oacute;n y ejercicio de competencias de gasto e ingresos p&uacute;blicos entre los diferentes niveles administrativos y pol&iacute;ticos del Estado resulta trascendental para la prosperidad de un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Existe una abundante literatura especializada respecto a lo que se denomina federalismo fiscal cuya eclosi&oacute;n cabe situar en Estados Unidos, inmediatamente despu&eacute;s de la Segunda Guerra mundial, a ra&iacute;z de las aportaciones del ilustre hacendista Richard A. Musgrave y en la que han intervenido, desde diferentes puntos de vista, autores como Wallace Oates, James M. Buchanan o Joseph Stiglitz. Entendemos por federalismo fiscal la discusi&oacute;n acerca de la atribuci&oacute;n de competencias econ&oacute;micas en los distintos escalones territoriales de gesti&oacute;n p&uacute;blica. Sobre la base de un amplio consenso en torno a la idea de que las entidades p&uacute;blicas de menor nivel pueden captar mejor las necesidades de gasto por mayor proximidad al territorio al que se aplican, caben muchas y muy complejas gradaciones y matices.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en lo que a competencia sobre ingresos fiscales se refiere, hay dos grandes lineamientos desde mediados del siglo XX que manan a su vez de perspectivas econ&oacute;micas m&aacute;s generales. Quienes, como el propio Musgrave, consideran que el sector p&uacute;blico ha de cumplir las tres cl&aacute;sicas funciones de estabilizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, asignaci&oacute;n de recursos y redistribuci&oacute;n de la riqueza, entender&aacute;n que al menos ha de haber una coordinaci&oacute;n fiscal superior apta para evitar la descontrolada competencia a la baja en ingresos tributarios que conducir&iacute;a al desmantelamiento gradual, o no tan gradual, del Estado de Bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista de un federalismo fiscal de segunda generaci&oacute;n, encuadrado en el neoliberalismo, y en particular en la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n p&uacute;blica que fundara Buchanan, se quiere estimular la competencia fiscal entre entidades p&uacute;blicas, considerando id&oacute;neo que act&uacute;en como empresas que rivalizasen por los contribuyentes como lo har&iacute;an por los clientes en un mercado. La idea es que las Administraciones se vean obligadas a ofrecer los mejores servicios al menor coste fiscal, pudiendo los ciudadanos moverse de un lado a otro si no les satisface la relaci&oacute;n entre el &ldquo;precio&rdquo; que han de pagar y lo que reciben a cambio, seg&uacute;n la conocida expresi&oacute;n de &ldquo;votar con los pies&rdquo;. Esto mitigar&aacute; la que se tiene por propensi&oacute;n irreprimible de los gestores p&uacute;blicos al incremento del gasto y les forzar&aacute; a ser m&aacute;s eficientes en su gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El razonamiento parece impecable, pero olvida algunas realidades relevantes. La primera es que existen siempre desequilibrios territoriales; condiciones sociales, econ&oacute;micas y hasta geogr&aacute;ficas diferentes hacen que las posibilidades de competir entre regiones nunca sean las mismas. En nuestro pa&iacute;s, el mero hecho de la capitalidad de Madrid le ofrece una ventaja que gobiernos de comunidades vecinas han resaltado con amargura. Tambi&eacute;n parece irreal la concepci&oacute;n del Estado como un ente absolutamente ajeno y enfrentado a la sociedad, cuando es evidente y lamentablemente creciente la penetraci&oacute;n de intereses privados en su interior.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, se pasa por alto que no toda la ciudadan&iacute;a puede trasladarse de un lugar a otro con la misma facilidad. Por lo com&uacute;n moverse a la b&uacute;squeda de menores impuestos es una posibilidad dif&iacute;cil para las rentas m&aacute;s bajas y para quienes viven de un salario, siendo adem&aacute;s estas las personas que m&aacute;s tienen que perder con el deterioro de los servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Ya he ofrecido el dato en alguna otra ocasi&oacute;n, pero no sobrar&aacute; recordarlo porque resulta especialmente significativo. Seg&uacute;n la &uacute;ltima estad&iacute;stica de resultados del Impuesto sobre Patrimonio (la de 2018), en la Comunidad de Madrid se dejaron de recaudar, como consecuencia de la bonificaci&oacute;n del 100% del tributo, unos 905 millones de euros de los algo m&aacute;s de 17.000 declarantes due&ntilde;os de patrimonios superiores a 2 millones, que es a los que la norma estatal obliga a declarar aunque no deban pagar. 905 millones suponen aproximadamente el 11% del gasto sanitario de ese a&ntilde;o, y 17.000 declarantes son el 0,25% de la poblaci&oacute;n madrile&ntilde;a y el 0,50% de contribuyentes de IRPF en esta regi&oacute;n. Cuando se divide la reducci&oacute;n de ingresos por la poblaci&oacute;n total se est&aacute; incurriendo en una falacia demostrable: es menos del 1% de la poblaci&oacute;n la que se ahorra el pago, no casualmente aquel 1% que menor necesidad tendr&aacute; de asistencia sanitaria p&uacute;blica, y es m&aacute;s del 99% de la poblaci&oacute;n la que pierde 905 millones de posible inversi&oacute;n sanitaria sin ahorrarse ni un c&eacute;ntimo en impuestos.
    </p><p class="article-text">
        Rep&aacute;rese tambi&eacute;n en que el hecho imponible del tributo lo hace muy propicio para la movilizaci&oacute;n de bases cuando existen distintas regulaciones. Grava el valor neto del patrimonio de las personas f&iacute;sicas. Las grandes fortunas que se nutren de diversas fuentes de riqueza suelen pertenecer a personas que tambi&eacute;n disponen de varias residencias y que no hallar&aacute;n gran inconveniente en ubicar el domicilio fiscal en el lugar m&aacute;s ventajoso sin que se resientan sus negocios. El Impuesto sobre Patrimonio, y en este punto la responsabilidad la comparten gobiernos socialistas y populares, es el &uacute;ltimo cuya descentralizaci&oacute;n normativa deb&iacute;a haber llegado al extremo de permitir anular su cobro.
    </p><p class="article-text">
        La trampa argumental de la autonom&iacute;a es vieja y tambi&eacute;n lo es el uso fraudulento del concepto de corresponsabilidad fiscal. Ya recurri&oacute; a &eacute;l Ronald Reagan para fundamentar la liquidaci&oacute;n de transferencias y el desmantelamiento de programas federales de ayuda social. Tampoco sorprende que sea modelo econ&oacute;mico de la derecha ni la aparentemente extra&ntilde;a coincidencia en esta materia entre la derecha espa&ntilde;olista y los sectores m&aacute;s conservadores del nacionalismo catal&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se oculta adem&aacute;s cuidadosamente en la propaganda que son tres los impuestos cedidos con amplia capacidad normativa a las comunidades: el de Patrimonio, el de Sucesiones y Donaciones y el de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jur&iacute;dicos Documentados. Este &uacute;ltimo, que es de los tres el de naturaleza indirecta, nadie lo cuestiona, a excepci&oacute;n de cuando una sentencia del Supremo luego anulada amenaz&oacute; con cargarlo a los bancos en su vertiente de Actos Jur&iacute;dicos de las hipotecas. Hasta ah&iacute; pod&iacute;amos llegar.
    </p><p class="article-text">
        Con todo y para ser por entero justos, habr&iacute;amos de concluir que tampoco la izquierda se ha librado de una exagerada ret&oacute;rica, si bien la aprovecha manifiestamente menos. Quiz&aacute; a m&iacute; se me escapen los pormenores de la estrategia pol&iacute;tica, pero no acabo de encontrar la utilidad a los enardecidos discursos que hablan de reformas hist&oacute;ricas y de colosales transformaciones si luego nos quedamos en un par de retoques de tipos impositivos o en un impuesto sobre transacciones financieras que libra de contribuir precisamente a las m&aacute;s especulativas.
    </p><p class="article-text">
        Sugiero ret&oacute;rica m&aacute;s sencilla pero de mayor enjundia, si fuese posible, a la que creo que la ciudadan&iacute;a tenemos derecho. Llevamos ya dos d&eacute;cadas, al menos, de demolici&oacute;n de los principios de igualdad y progresividad, el segundo de los cuales se funda estructuralmente en nuestro sistema tributario sobre las tres figuras impositivas que de modo m&aacute;s concienzudo se destruyen: el IRPF, Patrimonio y Sucesiones y Donaciones, las tres articuladas de forma complementaria para hacer efectiva una progresividad que acaba de convertirse en humo si a la liquidaci&oacute;n se suma la elevaci&oacute;n constante de la imposici&oacute;n indirecta. Se renuncia a una distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa de la renta regional y personal que tambi&eacute;n la Constituci&oacute;n ordena en su art&iacute;culo 40. Y se utilizan las propias Administraciones P&uacute;blicas que se gobiernan para una guerra pol&iacute;tica que amenaza con derribar el principal pilar de nuestro Estado social.
    </p><p class="article-text">
        Apartemos pues la hojarasca de la propaganda para hablar de ello, porque se trata de un asunto muy serio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/autonomia-fiscal-justicia-tributaria_129_8725361.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Feb 2022 21:43:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Autonomía fiscal y justicia tributaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los papeles de Pandora o los dos sistemas fiscales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/papeles-pandora-sistemas-fiscales_129_8455972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0c35991-c4e0-4201-8ee4-5b5a16b756ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hablamos de dos caras de un mismo sistema, aunque de tan dispares efectos sobre los contribuyentes que aparentan ser dos sistemas distintos. Un sistema que de un lado ofrece vías de fuga a quien dispone de renta suficiente para aprovecharse de ellas, y de otra parte puede ser implacable con la inmensa mayoría menos afortunada</p><p class="subtitle">OPINIÓN | Youtubers, por Ricardo Rodríguez</p></div><p class="article-text">
        Se hizo c&eacute;lebre hace unas d&eacute;cadas la frase atribuida por una empleada a la multimillonaria Leona Helmsley, propietaria de una cadena hotelera de lujo de Nueva York, en el curso del proceso que contra esta se sigui&oacute; por fraude fiscal. &ldquo;Los impuestos solo los paga la gente corriente&rdquo;, habr&iacute;a dicho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s inquietante de la fanfarronada no era su cinismo, frecuente entre no pocos millonarios, sino que en gran medida describiera la realidad y que, aun peor, fuese premonitoria del incesante aumento de la injusticia de los sistemas tributarios en los pa&iacute;ses industrializados. La magna revelaci&oacute;n de los que hace unas semanas se conocieron como <em>Papeles de Pandora</em> supone una nueva demostraci&oacute;n &ndash;y ya van unas cuantas&ndash; de algo que es mucho m&aacute;s que un mal econ&oacute;mico, de una enfermedad que desacredita la democracia entera.
    </p><p class="article-text">
        Como imaginar&aacute;n, despu&eacute;s de m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de ejercicio profesional en la Hacienda P&uacute;blica espa&ntilde;ola, no espera uno grandes terremotos pol&iacute;ticos y sociales por el hecho de que los datos vuelvan a constatar lo que todo el mundo como m&iacute;nimo sospecha. Las reacciones, por otra parte, han venido siendo las ya acostumbradas en ocasiones similares. Tras el anuncio inicial, d&iacute;a tras d&iacute;a van desvel&aacute;ndose, en un goteo al que cada vez se presta menor atenci&oacute;n, los nombres de las personas c&eacute;lebres que parecen haber recurrido a diferentes formas societarias y entramados para ahorrarse impuestos, y cada tribu se emplea a fondo en defender la honradez de los suyos y explotar la culpabilidad de los adversarios. Entre tanto, una ciudadan&iacute;a mayoritariamente anestesiada o enfervorecida por otras pasiones menos prosaicas presencia con creciente indiferencia lo que es ni m&aacute;s ni menos que la exposici&oacute;n a plena luz del saqueo masivo y desvergonzado de la riqueza de toda la sociedad, perpetrado sin pudor ni arrepentimiento por algunos de nuestros m&aacute;s felices &iacute;dolos culturales e incluso por quienes cobran para proteger el bien com&uacute;n precisamente de los mismos impuestos que eluden.
    </p><p class="article-text">
        Y todas las veces, sin excepci&oacute;n, rebrota una corriente de pensamiento infame que justifica el saqueo sobre la idea de que las sociedades modernas se han convertido en asfixiantes infiernos fiscales en los que el Estado estrangula la iniciativa de los individuos dotados de esp&iacute;ritu de empresa. Ya se dijo, hace bien poco tiempo, <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/youtubers_129_7166059.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando aflor&oacute; la huida frecuente de millonarios </a><a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/youtubers_129_7166059.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>youtubers </em></a><a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/youtubers_129_7166059.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a Andorra</a> y se aleg&oacute; que podr&iacute;an ser retenidos, lo que redundar&iacute;a en beneficio de todos, si se les redujera la factura fiscal lo suficiente como para que les compensara quedarse.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, los <em>youtubers</em> se limitan a hacer lo que otros millonarios a los que se tiene por m&aacute;s respetables ven&iacute;an haciendo desde siempre. Y la pretensi&oacute;n de evitarlo reduci&eacute;ndoles el pago de impuestos queda tan rotundamente desmentida por las cifras que cuesta creer que nadie informado lo proponga en serio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Andorra cuenta con un marginal m&aacute;ximo de IRPF del 10%, m&aacute;s de cuatro veces inferior al espa&ntilde;ol; dispone de un tipo general en el tributo equivalente al IVA del 4,5% frente al 21% de nuestro pa&iacute;s y el gravamen del Impuesto sobre Sociedades es del 10%, con la particularidad de que est&aacute;n exentos de tributaci&oacute;n los dividendos que en Espa&ntilde;a pueden llegar a pagar hasta un 26%, algo muy apetecible para los acaudalados contribuyentes que aspira a atraer el pa&iacute;s vecino y &uacute;til en el usual recurso a las sociedades interpuestas de sus asesores fiscales. Hablamos de los tres impuestos que aportaron cerca del 86% del total de ingresos tributarios a las arcas p&uacute;blicas espa&ntilde;olas en 2019, el &uacute;ltimo ejercicio anterior a la pandemia, 182.163 millones de euros sobre 212.808 millones. Una fiscalidad como la andorrana es posible en un peque&ntilde;o pa&iacute;s con menos de cien mil habitantes que apenas ha de gastar en servicios e inversi&oacute;n p&uacute;blica, depende para buena parte de sus necesidades de la vecindad de pa&iacute;ses mayores y acoge a un elevado porcentaje de millonarios que aun con grav&aacute;menes muy reducidos contribuir&aacute;n por cuant&iacute;as muy altas al fisco. Sin embargo, a econom&iacute;as como la francesa o la espa&ntilde;ola las conducir&iacute;a a la quiebra en pocos meses.
    </p><p class="article-text">
        Y nos referimos a un pa&iacute;s que ya no est&aacute; oficialmente considerado como para&iacute;so fiscal y a opciones de tributaci&oacute;n perfectamente legales. Nadie que sepa de lo que habla lo ignora. Si se propone la rebaja de impuestos como respuesta a la evasi&oacute;n fiscal es con el menos confesable prop&oacute;sito de aprovechar la sangr&iacute;a para reducir la contribuci&oacute;n proporcional de los ricos al bien com&uacute;n tambi&eacute;n en el interior de nuestros pa&iacute;ses. El objetivo es que los millonarios puedan seguir evadiendo, como hasta ahora, y adem&aacute;s paguen menos en sus pa&iacute;ses de origen. Si pueden conseguirlo todo, &iquest;por qu&eacute; no tenerlo todo? Esa es la m&aacute;xima en realidad.
    </p><p class="article-text">
        La confusi&oacute;n, muy a conciencia alimentada, estriba en entender que cuando hablamos de para&iacute;sos fiscales o de sociedades interpuestas para escapar al fisco estamos refiri&eacute;ndonos a hechos al margen del sistema. Y esa confusi&oacute;n favorece la solidaridad con los defraudadores de una buena porci&oacute;n de sus v&iacute;ctimas, de aquella gente corriente que, a pesar de padecer la p&eacute;rdida de bienestar consecuencia inequ&iacute;voca del fraude, soporta tambi&eacute;n un sistema tributario de una complejidad apabullante, que les abruma y del que no pueden zafarse. Raz&oacute;n por la cual admiran a quienes s&iacute; lo han hecho.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que hablamos de dos caras de un mismo sistema, aunque de tan dispares efectos sobre los contribuyentes que aparentan ser dos sistemas distintos. Un sistema que de un lado ofrece v&iacute;as de fuga a quien dispone de renta suficiente para aprovecharse de ellas y, sobre todo, para comprar los adecuados servicios de asesor&iacute;a, y de otra parte puede ser implacable con la inmensa mayor&iacute;a menos afortunada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mayor volumen con diferencia de p&eacute;rdida de ingresos fiscales procede de operaciones que aprovechan huecos de la propia ley, o conducen a dilatados y complejos procedimientos de revisi&oacute;n administrativa y judicial de resultado incierto, o bien incurren en muy bajo riesgo de ser detectadas y liquidadas por la Hacienda P&uacute;blica. Lo m&aacute;s triste de la realidad actual es que cuando alguno de los personajes aparecidos en los <em>Papeles de Pandora</em> asegura que sus acciones son legales no es improbable que lleve raz&oacute;n. Y en ello radica la quiebra democr&aacute;tica del sistema.
    </p><p class="article-text">
        No es que haya propiamente diferencias de trato en la ley. Cualquiera puede constituir una sociedad patrimonial que administre sus bienes, pero si tu nivel de renta no es lo suficientemente alto acabar&aacute;s perdiendo dinero. Todos podemos marcharnos a Andorra, aunque a muchos la decisi&oacute;n nos supondr&iacute;a perder nuestra fuente de ingresos en Espa&ntilde;a. Y los grandes despachos de asesor&iacute;a fiscal no desde&ntilde;an a ning&uacute;n cliente siempre que pague sus cuantiosos honorarios. El conjunto lleva a una vulneraci&oacute;n flagrante del principio de capacidad econ&oacute;mica consagrado en la Constituci&oacute;n, porque en la realidad, aunque no sea as&iacute; en la letra de la ley, las v&iacute;as de elusi&oacute;n se encuentran al alcance de una minor&iacute;a, la misma que para colmo posee mayor capacidad de determinar el sentido de los cambios legales. No solo porque entre los defraudadores haya destacados pol&iacute;ticos, lo que de por s&iacute; es grave, sino por la fuerza que de hecho otorga el dinero para presionar a gobiernos y hasta a bloques de Estados.
    </p><p class="article-text">
        He defendido en otros art&iacute;culos, y es lo que creo, que esta realidad puede cambiarse, si bien el grado de podredumbre hace que las reformas deban ser de bastante m&aacute;s calado que quedarse en un tipo m&iacute;nimo global en Impuesto sobre Sociedades. Ahora bien, el primer paso para la esperanza es que la inmensa mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a, la gente corriente, muestre su m&aacute;s hondo desprecio por quienes imp&uacute;dicamente la saquean y exija &ndash;exijamos&ndash; la justicia fiscal como condici&oacute;n ineludible de la democracia.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/papeles-pandora-sistemas-fiscales_129_8455972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Nov 2021 20:39:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los papeles de Pandora o los dos sistemas fiscales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandora Papers,Fraude fiscal,Andorra,Impuestos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Galileo y la revuelta de los cretinos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/galileo-revuelta-cretinos_129_8243374.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85d0fcbe-02b8-4de6-bb16-4f20cf45e133_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Galileo y la revuelta de los cretinos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La coartada es sencilla: del mismo modo que Galileo fue perseguido por oponerse a las ideas dominantes de su época, sufren ellos persecución y son ominosamente silenciados por disentir de las ideas establecidas</p></div><p class="article-text">
        En su libro <em>Galileo y los negacionistas de la ciencia</em>, que recientemente ha tenido el acierto de editar en espa&ntilde;ol Biblioteca Burid&aacute;n, explica el astrof&iacute;sico Mario Livio la usual falacia argumental conocida como &ldquo;gambito de Galileo&rdquo;, a la que con frecuencia recurren quienes se oponen a hechos abrumadoramente reconocidos por la comunidad cient&iacute;fica sobre la base de razones (o sinrazones) extra cient&iacute;ficas. Sirve tanto para <em>terraplanistas</em> como para los ap&oacute;stoles del dise&ntilde;o inteligente que contin&uacute;an resisti&eacute;ndose a la evidencia de la evoluci&oacute;n, para negadores del cambio clim&aacute;tico y, aunque no sean mencionados en el libro imagino que por ser de redacci&oacute;n anterior, para enemigos de vacunas y negadores de la desoladora pandemia que ya ha matado a m&aacute;s de cuatro millones de personas en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        La coartada es sencilla: del mismo modo que Galileo fue perseguido por oponerse a las ideas dominantes de su &eacute;poca, sufren ellos persecuci&oacute;n y son ominosamente silenciados por disentir de las ideas establecidas. La suma al c&oacute;ctel de tenebrosas conspiraciones alentadas por las &eacute;lites globales resulta naturalmente inevitable; a falta de hechos cient&iacute;ficamente acreditados, la misma conspiraci&oacute;n se convierte en prueba de aquello que, de todos modos, jam&aacute;s se pretendi&oacute; demostrar. La respuesta del astrof&iacute;sico Mario Livio cae por su propio peso: Galileo no ten&iacute;a raz&oacute;n porque la Inquisici&oacute;n lo reprimiera ni porque se opusiera a ideas dominantes en su tiempo, sino porque la evidencia cient&iacute;fica estaba de su parte, porque era su posici&oacute;n la correcta dados los conocimientos de su &eacute;poca y la &uacute;nica que posibilitaba el avance en nuestra comprensi&oacute;n del mundo.
    </p><p class="article-text">
        No hay charlat&aacute;n al que no le tiente, cuando se desnuda la inconsistencia de sus afirmaciones, compararse con Galileo o con Giordano Bruno o con el mism&iacute;simo Jesucristo, seg&uacute;n el gusto y filiaci&oacute;n del aspirante a m&aacute;rtir. Pero resulta que ni el respaldo mayoritario ni el mero hecho de ser minoritaria garantizan a afirmaci&oacute;n alguna la certeza. Y no siempre que la mayor&iacute;a nos quite la raz&oacute;n seremos unos incomprendidos o v&iacute;ctimas de turbias conspiraciones; es posible que, sin m&aacute;s, no la tengamos.
    </p><p class="article-text">
        El fondo de la disputa entre Galileo y la Inquisici&oacute;n, no obstante, radica a mi juicio en que s&oacute;lo el primero buscaba ampliar el conocimiento humano. No se enfrentaban dos hip&oacute;tesis cient&iacute;ficas que con posterioridad pudieran ser calificadas como err&oacute;neas o acertadas. La &uacute;nica posici&oacute;n cient&iacute;fica era la de Galileo, y lo hubiera seguido siendo aunque se hubiese equivocado. Porque el fundamento de los inquisidores era un dogma extra&iacute;do de un libro que se presum&iacute;a inspirado por Dios y la autoridad de un fil&oacute;sofo antiguo, Arist&oacute;teles, al que adem&aacute;s la Iglesia hab&iacute;a reinterpretado para ajustarlo a su dogma (de un &ldquo;Arist&oacute;teles con tonsura&rdquo; habl&oacute; el publicista ruso Herzen).
    </p><p class="article-text">
        El sabio pisano era sin duda plenamente consciente de la trascendencia de esa disputa. Lo prueba en sus cartas a Benedetto Castelli y a Cristina de Lorena, pero sobre todo en su magn&iacute;fico <em>Di&aacute;logo de los dos m&aacute;ximos sistemas</em>, un libro que deber&iacute;a ser de lectura obligatoria en todas las escuelas. Y esta lucha tenaz convierte a Galileo, no s&oacute;lo en el m&aacute;s grande de los fundadores de la ciencia moderna, como lo calificara Bertrand Russell, sino en uno de los mayores defensores de la libertad de pensamiento y de investigaci&oacute;n de la historia.
    </p><p class="article-text">
        La vertiente teol&oacute;gica de su argumento, seg&uacute;n la cual ser&iacute;a inconcebible que Dios hubiese dotado al ser humano de la capacidad de buscar el conocimiento para luego conducirlo a conclusiones err&oacute;neas, podr&iacute;a estar m&aacute;s o menos forzada por la asfixiante censura que deb&iacute;a sortear. Contemplado hoy con la adecuada perspectiva, se hace evidente el objetivo: la libertad plena y la autonom&iacute;a de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica de cualquier intromisi&oacute;n ajena a sus propios caminos de b&uacute;squeda. En otras palabras: Galileo quer&iacute;a que lo dejaran trabajar en paz. La ciencia se ahoga sin libertad de investigaci&oacute;n, y no cabe libertad si existe biblia, religi&oacute;n, metaf&iacute;sica, doctrina filos&oacute;fica, pol&iacute;tica o de cualquier otra &iacute;ndole que tase los resultados y conclusiones aceptables de su exploraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Porque no s&oacute;lo la Iglesia cat&oacute;lica ha pretendido marcar desde fuera la senda a los cient&iacute;ficos, ni es exclusiva de la extrema derecha la negaci&oacute;n de evidencias cient&iacute;ficas, aunque ahora, para nuestro horror, haya sabido aprovechar el arrinconamiento de la raz&oacute;n con el evidente, y exitoso, prop&oacute;sito de medrar en medio de la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Durante gran parte del siglo XX, una acartonada versi&oacute;n del marxismo popularizada como <em>diamat</em> justific&oacute; que perfectos incompetentes dictaminasen, encaramados en un pretendido saber superior, qu&eacute; teor&iacute;as cient&iacute;ficas eran acertadas y cu&aacute;les otras hab&iacute;an de condenarse en tanto que &ldquo;burguesas&rdquo;. Uno de los m&aacute;s terribles y grotescos frutos de esta forma de enfocar la ciencia fue la &ldquo;nueva&rdquo; biolog&iacute;a alumbrada por el embaucador Trofim Lysenko con la que se aspir&oacute; a impugnar el darwinismo y que, convertida en teor&iacute;a cient&iacute;fica oficial por las autoridades sovi&eacute;ticas en los a&ntilde;os 30, propici&oacute; varias cosechas catastr&oacute;ficas y la purga de docenas de cient&iacute;ficos hasta la d&eacute;cada de los 60.
    </p><p class="article-text">
        No ser&iacute;a justo atribuir tales delirios a los propios Marx y Engels, ambos mucho m&aacute;s penetrados del esp&iacute;ritu ilustrado de lo que jam&aacute;s alcanzaran a comprender muchos de sus ep&iacute;gonos. Y tampoco se ha desprendido por completo de ellos la nueva izquierda. Hace no tantos a&ntilde;os importantes dirigentes de izquierdas de este pa&iacute;s alentaban las majader&iacute;as sobre las vacunas propaladas por la religiosa benedictina Teresa Forcades, en su momento refiri&eacute;ndose a las de la gripe A pero no muy alejadas de la propaganda contra las vacunas difundida hoy en redes sociales por fan&aacute;ticos de extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, la irracionalidad anticient&iacute;fica ni es de ayer ni exclusiva de un solo bando ideol&oacute;gico o pol&iacute;tico. La escalofriante novedad estriba, por una parte, en el asombroso respaldo social que ha alcanzado, ratificado por el hecho perturbador de que haya ocupado el gobierno de pa&iacute;ses tan importantes como Estados Unidos o Brasil, y, por otro lado, en que ya no nos encontremos ante un lastre s&oacute;lo cultural. El movimiento contrario a la vacunaci&oacute;n, respaldado por influyentes grupos y personalidades, no fue ajeno al tr&aacute;gico aumento de contagios y muertes de ni&ntilde;os por sarampi&oacute;n ya en el a&ntilde;o 2019. En una pandemia de las dimensiones de la actual, sus v&iacute;ctimas podr&iacute;an contarse por centenares de miles. Y la negaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico podr&iacute;a llegar a costarnos la propia supervivencia de la especie.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, los datos que se manejan pueden ser err&oacute;neos o serlo su interpretaci&oacute;n. La ciencia ha hecho su historia de multitud de errores y aciertos contrastados una y otra vez. Pero, cuando se niega la fiabilidad de la ciencia como tal y se da cr&eacute;dito a presuntos hechos alternativos no verificables, y cuando se reclama para cualquier disparate el derecho a ser medido en igualdad de condiciones con evidencias cient&iacute;ficas s&oacute;lidamente contrastadas, el propio conocimiento se hace imposible. Los hechos dejan de contar; s&oacute;lo cuenta la propaganda.
    </p><p class="article-text">
        Tanto da que las conspiraciones sean atribuidas al capitalismo o a rojos infiltrados en instituciones cient&iacute;ficas para estrangular la iniciativa individual. En realidad, las f&aacute;bulas aprovechan m&aacute;s a los poderosos. Desde la perspectiva del cambio social, es realmente de idiotas pensar que, en un mundo en el que la concentraci&oacute;n de la riqueza alcanza cotas in&eacute;ditas desde principios de siglo XX, las &eacute;lites urdan conspiraciones ocultas que ponen en riesgo sus propios negocios con fines de un incierto adiestramiento social. Llevan lustros recobrando todos los resortes de poder a plena luz sin apenas resistencia, tal vez porque demasiada gente anda distra&iacute;da con leyendas de terrores subterr&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as hemos visto la faz m&aacute;s bestial de la irracionalidad en Afganist&aacute;n. Urge recuperar la fuerza de la raz&oacute;n y el esp&iacute;ritu de la Ilustraci&oacute;n, la aventura m&aacute;s prometedora y f&eacute;rtil de nuestra historia. Necesitamos un movimiento ciudadano de defensa de la ciencia en el que tendr&iacute;amos que comprometernos en especial quienes no somos cient&iacute;ficos. Hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os que los f&iacute;sicos Sokal y Bricmont nos dieron un serio toque de atenci&oacute;n en su delicioso libro <em>Imposturas intelectuales</em>. Ahora disponemos de menos tiempo, y en cambio nos va la vida en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/galileo-revuelta-cretinos_129_8243374.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Aug 2021 19:53:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Galileo y la revuelta de los cretinos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Ciencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El acuerdo impositivo del G7 como desencadenante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/acuerdo-impositivo-g7-desencadenante_129_8031004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f55feaa2-28e0-47f0-a365-6dec2a5db371_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El acuerdo impositivo del G7 como desencadenante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El contenido concreto del acuerdo, a la vista sobre todo de las expectativas de la víspera, no parece justificar los entusiastas ditirambos de prensa y políticos. Ni tan histórico ni tan revolucionario. Pero sería necio también negar que encierre un llamativo cambio de rumbo, o un principio de cambio al menos</p><p class="subtitle">Los principales países del mundo acuerdan un impuesto mínimo global del 15% a las empresas</p></div><p class="article-text">
        A veces ocurre que, cuando los m&aacute;s sagaces consejeros de los poderosos ven peligrar el manantial mismo de su lucro, de repente reconocen como sensatos y realizables aquellos prop&oacute;sitos que siempre se hab&iacute;an tachado de ilusorios. Naturalmente, sin excederse en generosidad, s&oacute;lo cediendo un tanto para evitar que el tinglado entero acabe por desplomarse.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas se nos dijo que era imposible alcanzar ni la m&aacute;s elemental coordinaci&oacute;n internacional que evitara la alarmante erosi&oacute;n de la imposici&oacute;n corporativa a los grupos multinacionales, y que cualquier empe&ntilde;o que fuera m&aacute;s all&aacute; de bienintencionadas recomendaciones se saldar&iacute;a con dram&aacute;ticos estrangulamientos de la econom&iacute;a. Ni siquiera en el interior de una regi&oacute;n de la envergadura de la Uni&oacute;n Europea, en la que s&iacute; se hab&iacute;a logrado armonizar en alto grado la imposici&oacute;n indirecta (IVA e Impuestos Especiales), se ha llegado demasiado lejos. Y resulta que, de buenas a primeras, en el selecto grupo de las principales potencias econ&oacute;micas del mundo, el conocido como G7, apenas tardan unos d&iacute;as en alcanzar un acuerdo que se califica de hist&oacute;rico y revolucionario para frenar una competencia a la baja en el gravamen de las grandes empresas que acumula d&eacute;cadas de recorrido.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que el contenido concreto del acuerdo, a la vista sobre todo de las expectativas de la v&iacute;spera, no parece justificar los entusiastas ditirambos de prensa y pol&iacute;ticos. Ni tan hist&oacute;rico ni tan revolucionario. Pero ser&iacute;a necio tambi&eacute;n negar que encierre un llamativo cambio de rumbo, o un principio de cambio al menos. De modo que siquiera la esperanza s&iacute; podr&iacute;a estar justificada.
    </p><p class="article-text">
        El economista Gabriel Zucman, director del recientemente creado Observatorio Fiscal europeo, ha explicado el alcance concreto. No se trata de que se vaya a obligar a todos los Estados a fijar un tipo m&iacute;nimo del 15% de Impuesto sobre Sociedades en sus sistemas tributarios nacionales, sino de que los grandes grupos contribuyan al menos con una tasa global efectiva del 15%, que se aplicar&iacute;a pa&iacute;s a pa&iacute;s. Lo cual supondr&iacute;a que, si una multinacional radicada en el territorio de un Estado obtuviera un beneficio gravado con el 7% en el territorio de otro Estado, el primer Estado podr&iacute;a someter a la empresa a un gravamen adicional por la diferencia de ocho puntos hasta el 15%. De otra parte, se establece que determinadas empresas multinacionales cuyo margen de beneficio supere el 10% tributen al menos por el 20% de cuanto exceda a ese margen en los territorios en los que lleven a cabo sus ventas. Se persigue eliminar la ventaja comparativa de la fijaci&oacute;n de tasas tributarias por debajo del m&iacute;nimo acordado, en primer lugar, y evitar en segundo lugar, cierto que s&oacute;lo en una porci&oacute;n de los beneficios, que &eacute;stos se trasladen arbitrariamente por las corporaciones a donde les resulte fiscalmente m&aacute;s conveniente.
    </p><p class="article-text">
        Ya han sido se&ntilde;aladas las m&aacute;s notables deficiencias de que adolece la iniciativa. La primera es su vaguedad. Habr&aacute; que ver c&oacute;mo se desarrolla en las reuniones correspondientes del G20 y la OCDE. Pero, en el escaso tiempo transcurrido desde el anuncio, ya Irlanda y Hungr&iacute;a urden la forma de bloquearlo, el Reino Unido &ndash;donde se ubica el principal distrito financiero del planeta- reclama que las entidades financieras queden al margen y se nos confirma que, como contrapartida, aquellos pa&iacute;ses que hubieran creado alg&uacute;n tributo sobre servicios digitales (la conocida como <em>tasa Google</em>), deber&iacute;an renunciar a &eacute;l. Entre ellos, el nuestro, cuyo gobierno preve&iacute;a recaudar unos 968 millones de euros con el nuevo impuesto mientras el Observatorio Europeo le atribuye un incremento de ingresos de 700 millones si se confirmara la tasa global del 15%, lo que no nos promete gran provecho con el cambio, salvo que el acuerdo final mejore sustancialmente la propuesta original. No olvidemos que en estos mismos foros, all&aacute; por el 2008, se habl&oacute; nada menos que de &ldquo;refundar el capitalismo sobre bases &eacute;ticas&rdquo;, ni lo que vino despu&eacute;s. El porcentaje del 15%, cuando el mismo Biden hab&iacute;a hablado del 21% y la UE pensaba en el 25%, se antoja muy decepcionante.
    </p><p class="article-text">
        Resulta exagerado, a mi juicio, hablar del principio del fin de los para&iacute;sos fiscales y de las tramas de elusi&oacute;n en las que cooperan multinacionales y gobiernos. Los para&iacute;sos fiscales m&aacute;s efectivos para el ahorro de las grandes empresas, catalogados o no oficialmente como tales, no son ni mucho menos territorios sin ley. Por el contrario, cuentan con complejas regulaciones tributarias, sofisticados grupos de consultor&iacute;a profesional y elaboradas facilidades de establecimiento y opacidad de cuentas e titularidades. En suma, de una muy meditada pol&iacute;tica de atracci&oacute;n de capitales. Estados Unidos alberga en Delaware un magn&iacute;fico ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, el mero hecho de que se apruebe una tributaci&oacute;n m&iacute;nima, sea la que fuere, implica un avance. Pero las estrategias de localizaci&oacute;n por ventaja fiscal y de precios de transferencia&nbsp;forman parte tan indisoluble del funcionamiento actual del capitalismo, que se requerir&iacute;a una transformaci&oacute;n mucho m&aacute;s extensa y profunda para acabar con ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Desde finales de siglo XIX se reconoce la existencia en el patrimonio de las empresas de activos inmateriales &ndash;marca, patentes, propiedad intelectual-, y las actuales normas contables posibilitan que &eacute;stos se valoren de modo ficticio como si se estuvieran vendiendo y comprando en un mercado real. &ldquo;Precios de modelo, precios de f&aacute;bula&rdquo;, ha dicho el financiero Warren Buffett. En operaciones constantes entre componentes de los mismos grupos cabe distribuir costes y beneficios, rentas y deducciones, de manera muy dif&iacute;cilmente controlable. Incluso sin considerar la extraterritorialidad y en tama&ntilde;os m&aacute;s modestos. Ya no es infrecuente que un grupo de profesionales constituya varias sociedades mercantiles para facturarse y <em>refacturarse</em> servicios reales o figurados con el fin de aminorar bases imponibles y acrecentar desgravaciones. Y la prueba de que as&iacute; se hace, que compete a los servicios de inspecci&oacute;n, no es nada sencilla. Imag&iacute;nense pues esa misma posibilidad abarcando casi al mundo entero, aprovechando las diferencias entre regulaciones estatales y pudiendo negociar de t&uacute; a t&uacute; con los gobiernos.
    </p><p class="article-text">
        El modelo te&oacute;rico de Brennan y Buchanan que atribuye a la competencia fiscal el efecto beneficioso de estimular la eficiencia en la gesti&oacute;n presupuestaria de las Administraciones no se sostiene en la realidad. Porque &uacute;nicamente las grandes fortunas y las multinacionales pueden mover sus activos para aprovechar las condiciones de esa competencia, en tanto que trabajadores, pensionistas y peque&ntilde;as empresas, precisamente quienes m&aacute;s necesitan de los servicios comunitarios, carecen de tal opci&oacute;n. Al contrario, para las grandes corporaciones, la competencia fiscal es el instrumento id&oacute;neo con el que arruinar a las empresas locales, lo que tiene consecuencias devastadoras para el mercado y el desarrollo social.
    </p><h3 class="article-text">Un soplo de aire</h3><p class="article-text">
        Fijar un suelo impositivo global del 15% est&aacute; muy lejos de ser la reforma integral del sistema tributario internacional que con tanta pompa se ha pregonado. Se debe armonizar el propio c&oacute;mputo de bases imponibles, recuperar la imposici&oacute;n patrimonial, coordinar de verdad internacionalmente el control del fraude, reformular las reglas contables, y mucho m&aacute;s. Pero es una excelente noticia que se reconozca que la reforma integral es imprescindible. Aunque sea ahora porque las grandes potencias hayan visto destruidas sus econom&iacute;as por la pandemia y a pesar de que en su &aacute;nimo est&eacute;, naturalmente, seguir ganando con la mudanza. Una vez abierta la puerta, por estrecha que sea, y removidas las viejas coartadas argumentales, depender&aacute; de la capacidad de presi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a que se avance o no a mayores cotas de justicia fiscal.
    </p><p class="article-text">
        Para nuestro pa&iacute;s, en el que el debate pol&iacute;tico y medi&aacute;tico sobre tributos ha ca&iacute;do en un atroz delirio que promueve la idea inapelablemente est&uacute;pida de que todo lo que hay que hacer es decidir qu&eacute; impuestos eliminar y cu&aacute;ndo para que la prosperidad renazca por s&iacute; sola, que del exterior nos venga una discusi&oacute;n medianamente sobria sobre esta materia supone un oxigenante soplo de aire. 
    </p><p class="article-text">
        La lucha contra los m&aacute;s complejos mecanismos de elusi&oacute;n fiscal tampoco es de anteayer. Thierry Godefroy y Pierre Lascoumes hicieron en 2004 un desalentador relato, desde los comit&eacute;s financieros de la Sociedad de Naciones en los a&ntilde;os veinte a las listas menguantes de para&iacute;sos fiscales de la OCDE. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;sta podr&iacute;a ser una nueva oportunidad. Intentemos no volver a dejarla escapar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/acuerdo-impositivo-g7-desencadenante_129_8031004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Jun 2021 21:14:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El acuerdo impositivo del G7 como desencadenante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impuestos,Impuesto de Sociedades]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Goya y los tramposos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/goya-tramposos_129_7855890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5ec81ae-2069-49ee-87b7-35275fc0b559_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Goya y los tramposos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que el caso del cuadro de Goya desvelaría, si al final los hechos se confirmaran, sería la inquietante inacción de todas las instancias públicas de control en la protección del interés general</p><p class="subtitle">Esperanza Aguirre utilizó su cargo como presidenta de Madrid para ocultar el Goya inédito</p></div><p class="article-text">
        La extraordinaria historia que se nos ha venido narrando en este peri&oacute;dico acerca de los <a href="https://www.eldiario.es/politica/esperanza-aguirre-utilizo-cargo-presidenta-madrid-ocultar-goya-inedito_1_7837525.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trajines con un cuadro de Goya perteneciente a la familia de Fernando Ram&iacute;rez de Haro</a>, marido de la ex presidenta de Madrid Esperanza Aguirre, reviste mayor gravedad de la que podr&iacute;a aparentar. Habi&eacute;ndonos acostumbrado ya por desgracia en este pa&iacute;s a la proliferaci&oacute;n de casos de corrupci&oacute;n y fraude en las esferas p&uacute;blica y privada, podr&iacute;amos tomarlo por uno de tantos. Sin embargo, con independencia de su magnitud, lo que este caso desvelar&iacute;a, naturalmente si al final los hechos relatados se confirmaran, ser&iacute;a la inquietante inacci&oacute;n de todas las instancias p&uacute;blicas de control en la protecci&oacute;n del inter&eacute;s general. 
    </p><p class="article-text">
        El enredo dar&iacute;a con seguridad para una apasionante novela de intriga o, visto de otra manera, para una divertida comedia de Berlanga. Y tambi&eacute;n servir&iacute;a como supuesto pr&aacute;ctico para que los estudiantes analizaran casos de fraude en los m&aacute;s dispares campos del derecho, dada la multitud de irregularidades que se vislumbra. Pero lo m&aacute;s preocupante para la ciudadan&iacute;a es, a nuestro juicio, el hecho evidente de que todo haya salido a la luz &uacute;nicamente cuando un particular denuncia el quebranto de su inter&eacute;s privado, desvel&aacute;ndose entonces la participaci&oacute;n de asesores, responsables culturales y gestores p&uacute;blicos sin que parezca que ni uno s&oacute;lo de ellos haya movido un dedo por salvaguardar la legalidad ni por proteger un bien de nuestro m&aacute;s preciado patrimonio cultural.
    </p><p class="article-text">
        Y a&uacute;n es peor si se toma en consideraci&oacute;n que una de las protagonistas era nada menos que presidenta y m&aacute;xima responsable de la Administraci&oacute;n auton&oacute;mica que deb&iacute;a velar por la recaudaci&oacute;n de los tributos en primera instancia afectados y por la protecci&oacute;n del cuadro, compa&ntilde;era de partido pol&iacute;tico del entonces ministro de Cultura y de su consejero de Cultura y, de remate, miembro del Patronato del Museo del Prado. Es decir, la se&ntilde;ora Aguirre, interviniente activa en toda la trama a tenor de los hechos publicados, ejerc&iacute;a la m&aacute;xima autoridad o pose&iacute;a notable capacidad de influencia en todas y cada una de las instancias p&uacute;blicas implicadas.&nbsp;Que su principal preocupaci&oacute;n fuese precisamente ocultar la maquinaci&oacute;n al escrutinio p&uacute;blico, como se descubre por el correo que dirigi&oacute; en marzo de 2012 a su cu&ntilde;ado, el diplom&aacute;tico &Iacute;&ntilde;igo Ram&iacute;rez de Haro, hoy denunciante, prueba un estremecedor desd&eacute;n por la protecci&oacute;n del inter&eacute;s general que la ciudadan&iacute;a le hab&iacute;a confiado.
    </p><p class="article-text">
        En la narraci&oacute;n de todo lo sucedido existen a&uacute;n zonas de oscuridad que imaginamos habr&aacute;n de irse aclarando en el curso del procedimiento judicial y, tal vez tambi&eacute;n, en futuras investigaciones period&iacute;sticas. Pero lo esencial es bien f&aacute;cil de entender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una vez fallecido, en octubre de 2010, Ignacio Ram&iacute;rez de Haro, padre del denunciante y del denunciado y suegro de la entonces presidenta madrile&ntilde;a, deja a sus herederos un exiguo patrimonio por haber procedido con anterioridad, como en tantas familias acaudaladas se tiene por costumbre, a ordenar la herencia en vida por medio de donaciones, lo que en Madrid para los sucesores no entra&ntilde;aba mayor coste fiscal gracias a la oportuna bonificaci&oacute;n del 99% sobre cuota aprobada por el Gobierno de Esperanza Aguirre.
    </p><p class="article-text">
        Del patrimonio quedaron sin adjudicar a nadie 59 bienes muebles. Entre ellos, un retrato del marqu&eacute;s de Villanueva del Duero, antepasado familiar, que se sospechaba pintado por Francisco de Goya. En enero de 2012 Esperanza Aguirre y su marido proponen al resto de la familia la tasaci&oacute;n del cuadro y su venta para saldar la enorme deuda de Fernando Ram&iacute;rez de Haro con el Banco de Santander que agobiaba al matrimonio, adquiriendo el compromiso de compensar al resto tras el fallecimiento de la madre. Se ponen en contacto con la prestigiosa casa de subastas de obras de arte Sotheby&rsquo;s, que, tras el examen de la especialista del Museo del Prado Manuela Mena, confirma no s&oacute;lo la autor&iacute;a sino la calidad del retrato. Sotheby&rsquo;s valor&oacute; el cuadro en m&aacute;s de ocho millones de euros y aconsej&oacute; no declararlo Bien de Inter&eacute;s Cultural, entre otras razones, para evitar un mayor coste fiscal por ser ineludible en tal caso una tasaci&oacute;n oficial para el precio de enajenaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En abril de 2012, y es &eacute;sta pieza central de la trama, Fernando Ram&iacute;rez de Haro declara ante notario que seis a&ntilde;os antes su padre le hab&iacute;a donado verbalmente la pintura de Goya junto a otros objetos y liquida, a pesar de la prescripci&oacute;n, el Impuesto sobre Donaciones acogi&eacute;ndose a la bonificaci&oacute;n del 99%.&nbsp;No acredita siquiera la declaraci&oacute;n de la ganancia patrimonial del donante en el IRPF del ejercicio 2006.
    </p><p class="article-text">
        En julio vende la obra por algo m&aacute;s de cinco millones al empresario y&nbsp;marqu&eacute;s nombrado por el em&eacute;rito real Villar Mir, a trav&eacute;s del Fondo Cultural del que es &uacute;nico socio la Inmobiliaria Espacio, promotora del grupo Villar Mir.&nbsp;Fallecida la madre de ambos, I&ntilde;igo Ram&iacute;rez de Haro, quien hab&iacute;a consentido la venta y posterior reparto de beneficios, denuncia a su hermano Fernando, al descubrir que no hab&iacute;a intenci&oacute;n alguna de compartir.
    </p><p class="article-text">
        Aparte del conflicto privado, varias circunstancias nos asombran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vertiente fiscal salta a la vista. Ya se ha explicado que es muy problem&aacute;tica la aplicaci&oacute;n de la bonificaci&oacute;n del 99% a la donaci&oacute;n, si es que se aceptara que fuese tal donaci&oacute;n, puesto que para ello se exige que se registre en documento p&uacute;blico con firma de donante y donatario. Admitir que cualquiera se beneficie de ella declarando haber recibido una donaci&oacute;n a&ntilde;os atr&aacute;s abrir&iacute;a v&iacute;a a toda &iacute;ndole de fraudes. Podr&iacute;a incluso haberse cometido un delito fiscal, de cuota superior a 600.000 euros y, por tanto, a&uacute;n no prescrito en 2012. Si se considera que estamos ante una donaci&oacute;n simulada y que el cuadro era un bien sucesorio, no habr&iacute;a un mayor coste fiscal de la transmisi&oacute;n &ndash;<em>mortis causa</em>&nbsp;y a todos los herederos, no s&oacute;lo a Fernando Ram&iacute;rez de Haro-, pero se habr&iacute;a generado un valor artificial de adquisici&oacute;n que permitir&iacute;a eludir el posterior pago por la ganancia patrimonial de la venta. Sobre todo se habr&iacute;a creado de manera fraudulenta un t&iacute;tulo de propiedad en el que basar la venta, que era seguramente el objetivo principal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V&eacute;ase de uno u otro modo, lo ins&oacute;lito es que ante una liquidaci&oacute;n de deuda tributaria prescrita, cuyo hecho imponible lo constituye una dudosa donaci&oacute;n sobre la que se aplica una a&uacute;n m&aacute;s dudosa bonificaci&oacute;n, la Hacienda P&uacute;blica madrile&ntilde;a no compruebe nada. Y es, por encima de todo, desolador contemplar la pavorosa negligencia de tantas personas en la protecci&oacute;n del patrimonio cultural. Una prestigiosa casa de subastas recomienda no declarar el cuadro Bien de Inter&eacute;s Cultural, a pesar de la obligaci&oacute;n de hacerlo, para facilitar una operaci&oacute;n de compraventa con mayor lucro particular y ahorro fiscal. El cuadro es examinado por especialistas del Museo del Prado, que no hacen nada a&uacute;n siendo conscientes del derecho de tanteo para el Estado que la protecci&oacute;n de la obra habr&iacute;a asegurado. Tampoco act&uacute;a el Ministerio de Cultura al serle notificada la venta. Y, por &uacute;ltimo, la m&aacute;xima responsable de la Administraci&oacute;n que ha de velar por la obra se ha implicado en las posibles irregularidades. &iquest;Nadie pens&oacute; en ning&uacute;n momento en todos estos a&ntilde;os en el inter&eacute;s de la ciudadan&iacute;a, en el valor de nuestro patrimonio cultural ni en sus m&aacute;s elementales deberes?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No deja de ser tristemente simb&oacute;lico que se trate de un cuadro del colosal Francisco de Goya, quien tantos esfuerzos y sinsabores invirtiera en traer a nuestra patria la Ilustraci&oacute;n y sacarla del oscurantismo. Ni tampoco que la historia vea la luz en un mes de abril, aniversario de la Rep&uacute;blica que, animada por bien distinto esp&iacute;ritu, emprendi&oacute; la haza&ntilde;a de salvaci&oacute;n del tesoro art&iacute;stico del Museo del Prado en el principio de la Guerra Civil.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez, Sofía García-Hortelano Martín-Ampudia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/goya-tramposos_129_7855890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Apr 2021 20:43:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Goya y los tramposos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Patrimonio Cultural,Madrid,Comunidad de Madrid,El Goya de Esperanza Aguirre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Impuestos, ciudadanía y retórica política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/impuestos-ciudadania-retorica-politica_129_7829634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8758ef3-3732-412b-859f-a2fab85538e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Impuestos, ciudadanía y retórica política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La campaña electoral madrileña ha elevado la temperatura al mismo ritmo que se extravía la razón sobre los impuestos. Por la gravedad de la crisis constituye un disparate renunciar, ahora, a la herramienta fiscal</p></div><p class="article-text">
        Nuestra Constituci&oacute;n proh&iacute;be que, entre otras, la materia tributaria sea objeto de iniciativa legislativa popular, una exclusi&oacute;n que se inspir&oacute; en similar limitaci&oacute;n establecida por la Constituci&oacute;n italiana para el refer&eacute;ndum derogatorio, a pesar de que este &uacute;ltimo supusiera una v&iacute;a de participaci&oacute;n c&iacute;vica muy diferente de la espa&ntilde;ola y cuyo resultado vinculaba al Estado. Es tambi&eacute;n la de nuestra Carta Magna una disposici&oacute;n coherente con la estricta sujeci&oacute;n al principio de legalidad que para los tributos enuncia el art&iacute;culo 31 de la misma norma y con la exclusividad de la potestad tributaria del Estado prevista en el 133.
    </p><p class="article-text">
        Pero una raz&oacute;n m&aacute;s espec&iacute;fica y aparentemente sensata era evitar que asunto tan trascendental como la financiaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos fuera pasto de campa&ntilde;as de irresponsable demagogia. En el curso de los debates constituyentes, don Manuel Fraga Iribarne lo expres&oacute; con concisi&oacute;n. &ldquo;En materia fiscal &ndash;dijo&ndash; la iniciativa popular puede dar lugar a una tendencia f&aacute;cil a pretender que pagando menos impuestos las cosas se arreglen&rdquo;. Advertencia que hoy se nos antojar&iacute;a c&oacute;mica, si no habl&aacute;ramos de algo tan serio, habida cuenta de que a semejante pretensi&oacute;n parece reducirse la totalidad del programa fiscal del partido que el ilustre pol&iacute;tico fundara.
    </p><p class="article-text">
        Y la broma se nos volver&aacute; sarcasmo al contemplar la pendencia de escuetas consignas y simplezas en que se ha transformado el debate pol&iacute;tico acerca de nuestro sistema tributario. Dudo que jam&aacute;s la iniciativa ciudadana hubiera podido descender a tan triste grado de mediocridad.
    </p><p class="article-text">
        La campa&ntilde;a electoral madrile&ntilde;a, como resultaba previsible, ha elevado la temperatura al mismo ritmo que se extrav&iacute;a la raz&oacute;n. Incluso el candidato socialista, a quien se suele atribuir mayor rigor intelectual, ha venido a reducirlo todo en un reciente art&iacute;culo a la rivalidad entre una extrema izquierda que quiere subir los impuestos y una extrema derecha que a toda costa desea bajarlos, situ&aacute;ndose &eacute;l en la mesurada posici&oacute;n de quien, por atenci&oacute;n a la excepcional coyuntura de la pandemia, aboga por dejarlos tal como est&aacute;n. Pero precisamente por la gravedad de la crisis constituye un disparate renunciar a la herramienta fiscal.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa ser&aacute; ver de manera concreta qu&eacute; cambios han de ser introducidos de inmediato en el sistema, qu&eacute; otras modificaciones han de ser pensadas para el medio plazo, qu&eacute; competencias es adecuado que se desempe&ntilde;en en cada escal&oacute;n administrativo, qu&eacute; iniciativas hay que trasladar de forma inevitable a la esfera internacional o c&oacute;mo hemos de reconfigurar las herramientas administrativas y jurisdiccionales para que el conjunto del sistema funcione lo mejor posible y, sobre todo, sea m&aacute;s eficaz persiguiendo el fraude fiscal y sellando las v&iacute;as de elusi&oacute;n legal, de modo que seamos capaces de incrementar nuestros recursos p&uacute;blicos y socorrer a aquellos de nuestros conciudadanos que m&aacute;s sufren sin sobrecargar de presi&oacute;n a la ciudadan&iacute;a que ya paga sus impuestos.
    </p><p class="article-text">
        De todo ello habr&iacute;a que hablar. Habr&aacute; sin duda impuestos que sea necesario subir y otros que se habr&aacute;n de bajar para aliviar a sectores econ&oacute;micos cuya actividad se halla estrangulada por la crisis. De hecho, ya se han adoptado importantes medidas de contenci&oacute;n fiscal en el Estado. En la coyuntura de paralizaci&oacute;n de la pandemia ser&aacute; adem&aacute;s limitada la aportaci&oacute;n de rentas, consumo y tr&aacute;fico a las arcas p&uacute;blicas, lo que otorga mayor relevancia a la imposici&oacute;n sobre la riqueza personal, y en particular a la tributaci&oacute;n patrimonial que en la actualidad se encuentra en manos de las Comunidades. Los comicios hubiesen sido una magn&iacute;fica ocasi&oacute;n de abordarlo y avanzar ideas para la reforma de un r&eacute;gimen de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica que posibilita la liquidaci&oacute;n pr&aacute;ctica de tributos imprescindibles para la pervivencia de un grado aceptable de bienestar social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso entidades internacionales tan poco sospechosas de izquierdismo como la OCDE o el FMI, y hasta el Gobierno de EEUU, reclaman elevar la contribuci&oacute;n de grandes fortunas y empresas, en tanto la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola contin&uacute;a enfangada en la trillada y necia subasta electoral a la baja.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a instructivo para los pol&iacute;ticos que a menudo invocan la transici&oacute;n que recordasen lo que signific&oacute; la reforma fiscal impulsada por el primer Gobierno de UCD desde 1977, cierto que muy a disgusto de algunos sectores del propio partido gobernante. En nuestros d&iacute;as, cuando se tacha de &ldquo;hachazo fiscal&rdquo; el m&aacute;s leve retoque al alza de cualquier gravamen a las rentas altas, se hace dif&iacute;cil imaginar la envergadura de la transformaci&oacute;n que se acometi&oacute; en unos pocos a&ntilde;os, con un notable consenso de las fuerzas pol&iacute;ticas en torno a su n&uacute;cleo b&aacute;sico hasta bien entrados los 80. Se cre&oacute; un Impuesto de la Renta universal y fuertemente progresivo (con una escala de gravamen de m&aacute;s de 30 tramos y un marginal m&aacute;ximo del 65,51%) que sustituy&oacute; a varias figuras tributarias dispersas de escasa capacidad recaudatoria. Naci&oacute; un moderno Impuesto sobre Sociedades y se introdujo por primera vez en el sistema el Impuesto sobre Patrimonio, el gravamen de la riqueza personal, como soporte imprescindible del de la Renta. Se regul&oacute; asimismo como novedad el delito fiscal y se establecieron mecanismos de control de las sociedades interpuestas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la presentaci&oacute;n ante el Congreso del primer paso de la reforma, Fern&aacute;ndez Ord&oacute;&ntilde;ez insisti&oacute; en la necesidad de un aumento extraordinario de ingresos p&uacute;blicos, que s&oacute;lo pod&iacute;an legitimarse socialmente sobre el fundamento de mayor justicia y progresividad, seg&uacute;n &ldquo;la vieja y castiza regla de que pague m&aacute;s el que m&aacute;s tenga&rdquo; entendida como &ldquo;regla de oro de la nueva Hacienda espa&ntilde;ola&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La necesidad de superar la ineficaz y profundamente regresiva fiscalidad del r&eacute;gimen franquista ven&iacute;a siendo advertida tambi&eacute;n entonces por organismos internacionales y, entre nosotros, por economistas como Ram&oacute;n Tamames o Fuentes Quintana. Y se hizo m&aacute;s acuciante como consecuencia de la crisis del petr&oacute;leo. Precisamente Fuentes Quintana, a la saz&oacute;n director del Instituto de Estudios Fiscales, fue quien junto al ministro Monreal Luque present&oacute; a Franco en 1973 el proyecto en que se inspirar&iacute;a la reforma de 1977. La reacci&oacute;n del caudillo fue fulminante: destituy&oacute; al ministro y orden&oacute; destruir las copias del proyecto (el llamado &ldquo;libro verde&rdquo;), prueba fehaciente de que la dictadura no pod&iacute;a tolerar que se removiera ni uno s&oacute;lo de los privilegios de la &eacute;lite corrupta, rentista e incompetente que hab&iacute;a medrado a su abrigo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y prueba tambi&eacute;n de que la creaci&oacute;n de un sistema tributario universal y progresivo se constitu&iacute;a en pieza central de la democracia. Como tal se reflejar&iacute;a en el texto constitucional. Qu&eacute; iron&iacute;a que quienes se reclaman del bloque constitucionalista aspiren a desmantelarlo y que de hecho se venga desmantelando desde los a&ntilde;os 90 por sucesivos gobiernos sin apenas resistencia ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        Causa sonrojo escuchar a toda una presidenta de Comunidad Aut&oacute;noma decir del Impuesto sobre Sucesiones que supone un ataque a la propiedad privada. Naturalmente, todos los impuestos recortan la propiedad privada; tan parte de nuestra propiedad son los ahorros con los que pagamos el IVA al vendedor de bicicletas como nuestro salario como la ganancia que obtenemos por herencia. Hemos acordado y escrito en la Constituci&oacute;n que hay una serie de bienes y servicios que debemos garantizar a toda la sociedad y sufragar con un fondo com&uacute;n, al que cada uno aporta una fracci&oacute;n de lo que es suyo. &iquest;Es necesario explicar cosa tan elemental a estas alturas?
    </p><p class="article-text">
        Bien est&aacute; que se forme otro comit&eacute; de expertos que elabore una nueva propuesta de reforma fiscal, siempre que el resultado de su trabajo de verdad se aproveche. Pero se hace necesaria la participaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en una discusi&oacute;n amplia, seria y sincera acerca de qu&eacute; bienes y servicios queremos garantizarnos, cu&aacute;nto estamos dispuestos aportar para sostenerlos y cu&aacute;l es la forma m&aacute;s justa de distribuir las cargas. La exclusi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a, a la vista est&aacute;, no s&oacute;lo no evita la desfachatez y la demagogia sino todo lo contrario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/impuestos-ciudadania-retorica-politica_129_7829634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Apr 2021 20:14:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Impuestos, ciudadanía y retórica política]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Youtubers]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/youtubers_129_7166059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc917e53-55cb-43f2-bc12-f558d44ac52b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Youtubers"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quienes más pierden por la marcha de youtubers a Andorra son los millones de seguidores que hacen que aquellos ganen millones de euros. Así es la vida</p><p class="subtitle">Los bajos impuestos convierten a Andorra en paraíso 'youtuber'</p></div><p class="article-text">
        La polvareda levantada en medios de comunicaci&oacute;n y redes sociales por la marcha a Andorra de algunos <em>youtubers</em> millonarios para ahorrarse impuestos reproduce pol&eacute;micas similares de hace a&ntilde;os protagonizadas por c&eacute;lebres cantantes, actores y deportistas. La desalentadora novedad es la juventud de quienes desprecian la contribuci&oacute;n al sostenimiento de los gastos comunes pero los argumentos de unos y otros son id&eacute;nticos.
    </p><p class="article-text">
        Con la mejor de las intenciones, a menudo se cae en el error de intentar contrarrestar semejante muestra de incivismo apelando a la conciencia &eacute;tica de quien la comete, algo tan est&eacute;ril como llamar a la compasi&oacute;n de quien estrangula a un gato. Lo hacen porque pueden hacerlo, y nuestra desgracia radica en padecer un sistema tributario que abre gigantescas ventanas de huida a quienes son lo bastante ricos como para comprarlas y gozan de unas fuentes de renta que pueden trasladar de un lugar a otro con facilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque quien establezca un negocio de venta de flores en Madrid no podr&aacute; viajar todos los d&iacute;as de Andorra a su lugar de trabajo y deber&aacute; correr, qui&eacute;ralo o no, con los costes fiscales correspondientes, mientras que al <em>youtuber</em> tanto le da emitir desde Madrid que desde Andorra que desde Singapur. De modo que la particular forma de obtener sus rentas ofrece al segundo una posibilidad de reducir el pago de impuestos que no se encuentra al alcance del primero. Y el debate ciudadano no ha de ser, en consecuencia, sobre la moralidad individual de quien ya ofrece sobradas pruebas de carecer por completo de ella, sino acerca de si es justo un sistema que as&iacute; permite convertir en la pr&aacute;ctica en papel mojado los principios de igualdad, capacidad econ&oacute;mica y progresividad al contribuir.
    </p><p class="article-text">
        Andorra logr&oacute; en 2018 salir del listado oficial de para&iacute;sos fiscales de la OCDE y la Uni&oacute;n Europea tras la derogaci&oacute;n de algunas bonificaciones en el Impuesto sobre Sociedades, el abandono del secreto bancario y la suscripci&oacute;n de acuerdos de intercambio de informaci&oacute;n con medio centenar de pa&iacute;ses. Sin embargo, es evidente que contin&uacute;a con agresivas pr&aacute;cticas de competencia fiscal que perjudican gravemente a sus vecinos, en especial a Francia y Espa&ntilde;a, tanto por lo que se refiere a sus bajos tipos impositivos como por las facilidades que ofrece para atraerse a grandes fortunas. Y puede hacerlo por ubicarse entre econom&iacute;as desarrolladas que quebrar&iacute;an si rebajaran sus ingresos fiscales tanto como para ser competitivas con el Principado y que, a pesar de ello, son las que generan el mayor volumen de rentas de los millonarios a los que el Principado acoge.
    </p><p class="article-text">
        La pretensi&oacute;n de aquellos que sugieren que se rebajen los tipos impositivos para que no se nos fuguen los millonarios resulta particularmente desvergonzada, porque al final vendr&iacute;a a suponer que los pobres se han de conformar con los tributos que la ley disponga y los ricos podr&aacute;n pagar los que les den la real gana so pena de marcharse de lo contrario. Pues &iquest;hasta d&oacute;nde hemos de reducir los impuestos a los millonarios para que tengan a bien seguir entre nosotros?, &iquest;hasta el 30%? &iquest;Y por qu&eacute; iban a aceptarlo? El 30% es mucho m&aacute;s que el 10%. Como lo es el 20%. Si me apuran, &iquest;por qu&eacute; no iban a exigir al Estado que les mejorase la oferta de Andorra? Aceptada la posibilidad de chantajear a un pa&iacute;s entero, &iquest;qui&eacute;n pone el l&iacute;mite y d&oacute;nde se sit&uacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s se incurre en una falacia usual en econom&iacute;a que se conoce como falacia de la composici&oacute;n y que consiste en inferir que algo es verdadero para un conjunto s&oacute;lo porque lo es para una o varias de sus partes. Es m&aacute;s f&aacute;cil entenderlo imagin&aacute;ndose el patio de butacas de un teatro en medio de una representaci&oacute;n, con todos los espectadores sentados. Si uno de los espectadores se pone en pie, podr&aacute; ver mejor el escenario aunque obstruya la visi&oacute;n de los que se sientan tras &eacute;l. Pero, si se ponen en pie todos los espectadores al mismo tiempo, nadie mejorar&aacute; su perspectiva. Luego, lo que es cierto para uno no lo es para todos.
    </p><p class="article-text">
        Aplicado a la competencia fiscal, comprenderemos que Andorra puede lucrarse atrayendo fortunas con impuestos bajos porque los de los pa&iacute;ses vecinos son m&aacute;s elevados. Si &eacute;stos redujeran sus tipos al nivel de Andorra, el Principado s&oacute;lo podr&iacute;a mantener su fuerza de atracci&oacute;n reduci&eacute;ndolos a&uacute;n m&aacute;s, y si los pa&iacute;ses vecinos volvieran a bajarlos, se entrar&iacute;a en una competici&oacute;n insostenible que m&aacute;s pronto que tarde har&iacute;a colapsar las econom&iacute;as de todos. En realidad, los gobiernos y las &eacute;lites econ&oacute;micas saben que es inviable generalizar las pr&aacute;cticas fiscales de Andorra, Luxemburgo, Pa&iacute;ses Bajos o Irlanda. Pero, dentro de unos m&aacute;rgenes y salvando ocasionales tensiones, son lo bastante permisivos como para que subsistan porque&nbsp; proporcionan refugio a grandes empresas y fortunas y excusa para reducciones fiscales peri&oacute;dicas. La perjudicada es la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, que carece de v&iacute;as de elusi&oacute;n del fisco y sufre el deterioro creciente de bienes y servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, quienes m&aacute;s pierden por la marcha de <em>youtubers</em> a Andorra son los millones de seguidores que hacen que aquellos ganen millones de euros. As&iacute; es la vida.
    </p><p class="article-text">
        La forma en que el sistema tributario nos asegura disfrutar de derechos elementales es m&aacute;s concreta de lo que se piensa. A principios del a&ntilde;o pasado, la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Contra el C&aacute;ncer public&oacute; un estudio que determinaba que el coste medio del tratamiento de un enfermo de c&aacute;ncer rondaba los 90.000 euros, corriendo la sanidad p&uacute;blica con la financiaci&oacute;n de todo el tratamiento m&eacute;dico sin copagos, en torno a un 55% de esa cuant&iacute;a, y siendo el resto gastos que soportan los pacientes y sus familias. En un pa&iacute;s en el que el salario medio &ndash;no ya el m&aacute;s frecuente, que es inferior- no excede de los 24.000 euros brutos anuales, &iquest;se imaginan cu&aacute;ntos a&ntilde;os de ahorro de todos sus ingresos y cu&aacute;ntos de acumulaci&oacute;n de toda su aportaci&oacute;n fiscal precisar&iacute;a la inmensa mayor&iacute;a si careci&eacute;semos de sanidad p&uacute;blica?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y c&oacute;mo es que la sanidad p&uacute;blica s&iacute; puede pagarlo? Por dos razones que hallaremos en el art&iacute;culo 31 de la Constituci&oacute;n: porque todos, enfermemos o no de c&aacute;ncer, contribuimos con nuestros impuestos para que se trate a quien enferma y porque el sistema es progresivo, obteniendo m&aacute;s recursos de quien m&aacute;s gana y m&aacute;s tiene para atender las necesidades de todos. Lo que prueba que, a pesar de sus muchos defectos e injusticias, conserva una enorme capacidad, y tambi&eacute;n que a&uacute;n hay recorrido para empeorar nuestras condiciones de vida si no nos andamos con cuidado.
    </p><p class="article-text">
        Los <em>youtubers</em> millonarios, como tantos antes que ellos, podr&aacute;n presumir de ganar lo suficiente como para pagarse en el mercado privado cuantos servicios pueda prestarles el Estado. Aparte de que el sector p&uacute;blico aporta a la econom&iacute;a mucho m&aacute;s que servicios, deber&iacute;an meditar acerca del hecho incontrovertible de que ninguna fortuna particular cabe al margen de la sociedad en la que se da. Ni ellos ni nadie somos nada sin la comunidad en la que vivimos. En el fondo, los impuestos &uacute;nicamente palian una distribuci&oacute;n profundamente injusta de la riqueza que ni mucho menos se corresponde con la contribuci&oacute;n del trabajo de cada quien a la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero la reflexi&oacute;n que m&aacute;s importa es la del conjunto de la ciudadan&iacute;a, en especial de los miles de j&oacute;venes que los siguen. Recuerden la falacia de la composici&oacute;n: s&oacute;lo unos pocos pueden ser millonarios, y el precio de justificar la huida del fisco de esos pocos podr&iacute;a ser un futuro incierto de precariedad para el resto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/youtubers_129_7166059.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Jan 2021 20:41:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Youtubers]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La guerra por el patrimonio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/guerra-patrimonio_129_6510632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f95208aa-a434-450d-9aa6-d59509206033_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra por el patrimonio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Gobierno debería dejar de escudarse en consideraciones técnicas sobre la armonización fiscal y afrontar el fondo que se discute. No se trata sólo de un problema ético, sino de evitar el estancamiento y la condena al atraso de varias generaciones</p></div><p class="article-text">
        La patronal catalana <em>Foment del Treball</em> pretende llevar el Impuesto sobre Patrimonio al Tribunal Constitucional por considerarlo confiscatorio, seg&uacute;n anunci&oacute; su presidente actual, el empresario y veterano pol&iacute;tico nacionalista Josep S&aacute;nchez Llibre, casi al mismo tiempo que en la Asamblea de Madrid la presidenta D&iacute;az Ayuso afirmaba que el patrimonio es un derecho constitucional de sus propietarios, por lo que recortarlo por cualquier gravamen contraviene nuestra Carta Magna, argumento que por cierto conducir&iacute;a, llevado a sus &uacute;ltimas consecuencias, a la eliminaci&oacute;n de todos los impuestos del sistema tributario. Unos d&iacute;as despu&eacute;s, la Asociaci&oacute;n Gallega de la Empresa Familiar ampli&oacute; la petici&oacute;n de supresi&oacute;n de tributos al de Sucesiones, faltar&iacute;a m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos pues ante una nueva ofensiva contra la imposici&oacute;n patrimonial en nuestro pa&iacute;s, que al menos alberga la ventaja de aclarar la verdadera causa de la disputa, y &eacute;sta nada tiene que ver con conflictos nacionales: hablamos de la perpetuaci&oacute;n de la concentraci&oacute;n de la riqueza y de la resistencia tenaz de sus mayores poseedores a cualquier redistribuci&oacute;n, por m&iacute;nima que sea. Ya es evidente que las apasionadas protestas de d&iacute;as anteriores contra los independentistas que quer&iacute;an subir los impuestos a los madrile&ntilde;os y las airadas defensas de la autonom&iacute;a fiscal no eran m&aacute;s que humo. Hemos llegado al meollo, y esto es bueno.
    </p><p class="article-text">
        Unas pocas cifras podr&aacute;n probarlo. Seg&uacute;n la &uacute;ltima estad&iacute;stica de resultados del Impuesto sobre Patrimonio publicada, en la Comunidad de Madrid se dejaron de recaudar, como consecuencia de la bonificaci&oacute;n del 100% del tributo, unos 905 millones de euros de los algo m&aacute;s de 17.000 declarantes due&ntilde;os de patrimonios superiores a 2 millones, que es a los que la norma estatal obliga a declarar aunque no deban pagar. La p&eacute;rdida de ingresos es muy superior si le a&ntilde;adimos la del Impuesto de Sucesiones y Donaciones pero la de Patrimonio sirve para hacerse una idea. 905 millones suponen aproximadamente el 11% del gasto sanitario de ese a&ntilde;o, y 17.000 declarantes son el 0,25% de la poblaci&oacute;n madrile&ntilde;a y el 0,50% de contribuyentes de renta en esta regi&oacute;n. A estos madrile&ntilde;os y no a otros nos estamos refiriendo, por tanto, a menos del 1% de contribuyentes m&aacute;s ricos.
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que, para desgracia de la clase trabajadora de este pa&iacute;s, el conflicto nacional sepulta la percepci&oacute;n de cualquier otro. Pero cuando se profundiza se desvela con facilidad el sesgo real de las cosas. As&iacute;, se suele decir que en 2008 se suprimi&oacute; el Impuesto sobre Patrimonio y &eacute;sta no es una afirmaci&oacute;n exacta. Lo que se elimin&oacute; fue el pago por medio de una bonificaci&oacute;n del 100% de la cuota, lo que no es lo mismo que eliminar el tributo. Su mantenimiento formal imped&iacute;a que ninguna Comunidad Aut&oacute;noma pudiese implantarlo en su territorio recurriendo a la facultad de creaci&oacute;n de tributos propios que reconoce el art&iacute;culo 133 de la Constituci&oacute;n. No se escuch&oacute; ning&uacute;n lamento por la p&eacute;rdida de autonom&iacute;a fiscal, seguro que por la muy buena raz&oacute;n de que entonces se trataba de librar de cargas fiscales a los m&aacute;s ricos y ahora de aumentarlas.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a con sorna John Kenneth Galbraith que la teor&iacute;a econ&oacute;mica convencional, o neocl&aacute;sica, puede resumirse en dos principios gemelos: que los pobres no trabajan lo suficiente porque ganan demasiado y que los ricos no trabajan lo suficiente porque ganan demasiado poco. En el terreno de la fiscalidad, la aplicaci&oacute;n de sendos axiomas parece particularmente obstinada; siempre encontraremos a docenas de expertos dispuestos a explicarnos las razones &ldquo;cient&iacute;ficas&rdquo; que aconsejan reducir impuestos a los m&aacute;s ricos. Y cuando aludimos, como es aqu&iacute; el caso, a los tributos que recaen de manera especial en las grandes fortunas el tremendismo del tono alcanza cotas b&iacute;blicas. Se vuelve a hablar de confiscaci&oacute;n, a invocar la competitividad y a anunciar el cataclismo econ&oacute;mico porque los impuestos retraen la actividad, la inversi&oacute;n y la creaci&oacute;n de riqueza.
    </p><p class="article-text">
        Pero en realidad ni el de Patrimonio ni el de Sucesiones gravan el beneficio empresarial. El primero de ellos recae sobre el valor neto de la riqueza de las personas f&iacute;sicas, excluida toda aquella porci&oacute;n de la misma vinculada a actividad econ&oacute;mica, y el segundo, la ganancia patrimonial obtenida a t&iacute;tulo gratuito por sucesi&oacute;n hereditaria o donaci&oacute;n. Son precisamente los tributos que menos distorsionan la actividad econ&oacute;mica, y los &uacute;nicos que pueden salvar la actual coyuntura, en la que la actividad queda gravemente afectada por causas sanitarias pero debemos atender a millones de personas en situaci&oacute;n desesperada.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es m&aacute;s bien la contraria de la que se predica. Hace dos a&ntilde;os un estudio de Oxfam Interm&oacute;n desvelaba que el 10% m&aacute;s rico del pa&iacute;s acumula bastante m&aacute;s de la mitad de toda la riqueza nacional. En Espa&ntilde;a, como en otros pa&iacute;ses, la concentraci&oacute;n de la riqueza, aparte de su profunda injusticia, se ha convertido en un problema macroecon&oacute;mico de primer orden, sobre el que vienen alertando economistas como Saez, Zucman o Piketty e instituciones como la OCDE. Sabemos que, a falta de intervenci&oacute;n p&uacute;blica, la concentraci&oacute;n y la desigualdad no hacen sino crecer y sabemos por qu&eacute;: a mayores ingresos mayor tasa de ahorro, lo que posibilita no s&oacute;lo su acumulaci&oacute;n futura sino la obtenci&oacute;n de rendimientos de capital crecientes.
    </p><p class="article-text">
        Y el impacto negativo de la desaparici&oacute;n de los impuestos directos al patrimonio se refuerza por el efecto regresivo de otros impuestos cuyos tipos no cesan de elevarse. En especial el IVA e impuestos al consumo, que al recaer sobre renta gastada y no sobre renta ganada redistribuyen la riqueza de abajo arriba. Quien gane 1.000 euros al mes pr&aacute;cticamente gastar&aacute; todos sus ingresos en mantenerse, por lo que con un tipo general del 21% de IVA estar&aacute; aportando al erario p&uacute;blico alrededor de un 17% de toda su ganancia. Quien gane 200.000 euros mensuales y gaste unos 20.000 al mes (que no es mal tren de vida) aportar&aacute; el 1,7% de sus ingresos. Es decir, consumiendo veinte veces m&aacute;s que el primero y ganando doscientas veces m&aacute;s estar&aacute; aportando, en proporci&oacute;n con sus ingresos, diez veces menos al fisco. Si adem&aacute;s se deja sin gravamen alguno su ahorro (180.000 euros cada mes) y el rendimiento de ese ahorro o capital se premia con una fiscalidad privilegiada (como se hace en IRPF: 23% de marginal m&aacute;ximo frente al 45% de las rentas generales), resultar&aacute; que el conjunto del sistema tributario no s&oacute;lo no frena la concentraci&oacute;n de la riqueza sino que la estimula.
    </p><p class="article-text">
        Alcanzado un grado determinado de concentraci&oacute;n, cuando se cierren todas las v&iacute;as de promoci&oacute;n para las capas de poblaci&oacute;n despose&iacute;das, estaremos abrasando el talento y la capacidad de toda la sociedad y apuntalando en la c&uacute;spide una &eacute;lite econ&oacute;mica ociosa, rentista e incompetente que cada vez deber&aacute; mayor porcentaje de su riqueza a la mera tenencia y la herencia y menos al esfuerzo. No se trata s&oacute;lo de un problema &eacute;tico (advert&iacute;a el economista Branco<strong>&nbsp;</strong>Milanovi&#263; que es incompatible defender una sociedad <em>meritocr&aacute;tica</em> y estar en contra del Impuesto de Sucesiones), sino de evitar el estancamiento y la condena al atraso de varias generaciones.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno deber&iacute;a, en mi opini&oacute;n, dejar de escudarse en consideraciones t&eacute;cnicas sobre la armonizaci&oacute;n fiscal y afrontar el fondo que se discute, porque tal vez sea lo m&aacute;s importante de cuanto nos traemos entre manos en el pa&iacute;s. Un problema similar de concentraci&oacute;n de riqueza y desigualdad sufri&oacute; Estados Unidos a principios de siglo XX. Cuando se propuso la implantaci&oacute;n de sendos impuestos a la renta y a las herencias para atajarlo, el multimillonario Rockefeller protest&oacute; asegurando que &eacute;l no ten&iacute;a que pagar ning&uacute;n impuesto dado que ya aportaba riqueza y empleos por medio de sus empresas. Seguro que el argumento les suena. El presidente Theodore Roosevelt, del Partido Republicano, le respondi&oacute; que una fortuna como la suya era imposible sin la contribuci&oacute;n de toda la sociedad, por lo que s&iacute; era justo que a la sociedad restituyera una parte de lo que de ella hab&iacute;a recibido.
    </p><p class="article-text">
        A menudo, por encima de banderas y colores de partido, lo que importa para afrontar la realidad es el valor y la decencia de hacerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rodríguez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Dec 2020 05:00:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La guerra por el patrimonio]]></media:title>
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