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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elísabeth López Orduna]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elisabeth_lopez_orduna/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elísabeth López Orduna]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La mujer pegamento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/pegamento-mujer-rural_132_8395077.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/322f2cd3-d29e-4679-ae24-91ab5d43d610_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mujer pegamento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Decir que las mujeres fijan población en el medio rural es lanzar una pelota enorme de responsabilidad hacia ellas. La población la fija cada persona que decide libremente quedarse y, para ello, el medio rural tiene que ser una buena opción para quedarse, volver o instalarse</p></div><p class="article-text">
        Una de las frases que m&aacute;s se repite cuando se aborda el papel de la mujer en la situaci&oacute;n del medio rural despoblado es que &ldquo;la mujer fija poblaci&oacute;n&rdquo;. Una frase rotunda y taxativa que, quiero creer, atiende a sesudos estudios que as&iacute; lo determinan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que pasa, que a estas alturas de la pel&iacute;cula, me resulta una frase cargada de doble sentido. A modo de alabanza, de valor, no deja de ser un regalo envenenado que carga a las mujeres con una responsabilidad exagerada e injusta. Desconozco la raz&oacute;n de esta afirmaci&oacute;n con la que se llena la boca tanta gente, como si de una frase hecha se tratara, teniendo suficiente entidad como para que ya no debamos cuestionarnos nada al respecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; estamos aludiendo cuando decimos que ellas son las que fijan poblaci&oacute;n? &iquest;Son entendidas como un eslab&oacute;n necesario que consigue mantener o atraer a m&aacute;s miembros? &iquest;Las demandamos a ellas en s&iacute; o las demandamos como mujeres que pueden ayudar a revertir espacios muy masculinizados, estableciendo relaciones y creando familias?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si vamos por esta &uacute;ltima l&iacute;nea, esa frase que tanto se repite: las mujeres fijan poblaci&oacute;n, tiene m&aacute;s que ver con un mensaje que atiende a deseos de repoblaci&oacute;n rural, un s&iacute;mil en pleno siglo XXI de aquellas caravanas de mujeres que llegaron a pueblos como Plan, en Bal de Chistau, Huesca, a mediados de la d&eacute;cada de los 80 o, su precedente cinematogr&aacute;fico, la pel&iacute;cula de William A. Wellman, <em>Caravana de mujeres</em>, de 1951, ambientada en la mitad del siglo XIX, donde la mercanc&iacute;a femenina recorr&iacute;a m&aacute;s de 5000 kil&oacute;metros, atravesando monta&ntilde;as y vicisitudes, para llegar a un valle donde un grupo de solteros las esperaba ansiosos para crear una nueva sociedad. Las mujeres pegamento hab&iacute;an llegado para fijar a los hombres en zonas inh&oacute;spitas con sus encantos y el calor de la familia, ahora posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin ellas, la poblaci&oacute;n (masculina) corre peligro de salir por patas de los pueblos o de desaparecer, si no hay relevo generacional. Las mujeres fijan poblaci&oacute;n. &iexcl;Qu&eacute; losa!
    </p><p class="article-text">
        El medio rural no ha sido un medio amable con las mujeres. Ellas, que trabajaron en el campo, en la agricultura y la ganader&iacute;a, cuando la mano de obra era necesaria en todas las modalidades, fueron expulsadas del campo a la llegada de la maquinaria, y relegadas a un papel de amas del hogar. La necesidad de desarrollar una profesi&oacute;n y la imposibilidad de hacerlo en las zonas rurales por falta de oferta, las ha ido llevando a la ciudad y es all&iacute; donde muchas se han quedado. El sector primario hoy es un sector posible para las mujeres, eso es algo real, que podemos ver en muchos ejemplos, pero sigue siendo un espacio mayoritariamente de hombres. Como lo es la pol&iacute;tica en &aacute;mbito rural y otros muchos campos, que, mirados desde una perspectiva porcentual, van dejando paso, pero muy lentamente, a la presencia de mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Decir que las mujeres fijan poblaci&oacute;n en el medio rural es lanzar una pelota enorme de responsabilidad hacia ellas, cuando no son ellas las responsables de fijar la poblaci&oacute;n en los pueblos. Afrontemos las responsabilidades. La poblaci&oacute;n la fija cada persona que decide libremente quedarse y, para ello, el medio rural tiene que ser una buena opci&oacute;n para quedarse, volver o instalarse. La poblaci&oacute;n la fijan los recursos, los servicios; la poblaci&oacute;n la fija el entramado social, el ambiente abierto y acogedor de los municipios; la apertura y amplitud de miras de quienes gestionan cualquier oficina que conlleve atenci&oacute;n social; la poblaci&oacute;n la fija la calidad de vida que ofrecen nuestros pueblos; la poblaci&oacute;n la fijan las oportunidades que estos ofrecen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Consigamos revertir los espacios rurales trabajando en mejorar su oferta de oportunidades y que sea esto lo que fije poblaci&oacute;n, la decisi&oacute;n deseada y libre de cada hombre y de cada mujer de quedarse, de formar sus familias si as&iacute; lo desean, en todas las modalidades posibles, pero no busquemos un chivo expiatorio al que pretendamos empoderar con una frase sutilmente envenenada. No les hagamos esto, no les demos este regalo cargado de trampas y les digamos que ellas son las que fijan poblaci&oacute;n cuando el medio rural ni ha contado con su diversidad, ni les ha dado cabida hasta hace muy poco m&aacute;s all&aacute; de perfiles laborales limitados y muy definidos. Que el pegamento sea el resultado del trabajo conjunto, la generosidad y la creatividad, en definitiva, todas aquellas oportunidades que el pueblo sea capaz de ofrecer. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elísabeth López Orduna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/pegamento-mujer-rural_132_8395077.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Oct 2021 21:56:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mujer pegamento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Zonas rurales,Mujer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el campo era semántica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/campo-sematica_132_6747091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c159bd8e-4965-4f80-9cbf-9e7962012b46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el campo era semántica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mundo rural cada vez está más acotado a su casco urbano, y existe una importante desvinculación entre el núcleo de viviendas y el espacio que lo rodea, antes fuente de subsistencia y de permanente trasiego</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas sal&iacute; al monte con mi padre en busca del mas de las patatas. Un peque&ntilde;o refugio para pastores y agricultores, que fue construido en mi pueblo a principios del siglo XX de manera comunal, entre los vecinos, para cubrir un espacio en el campo que se encontraba carente de estructuras que dieran cobijo en la noche o donde poder guarecerse de las tormentas. Recibi&oacute; ese nombre a&ntilde;os despu&eacute;s de su construcci&oacute;n, durante la guerra civil, cuando todos los campos anexos fueron cultivados de este tub&eacute;rculo, con el que se precisaba calmar las hambres de manera perentoria. 
    </p><p class="article-text">
        Recorrimos caminos con el coche que desconoc&iacute;a que existieran. Siempre me pareci&oacute; un gran misterio el monte. Un lenguaje dif&iacute;cil de comprender para quien no est&aacute; habituado a recorrerlo. Partidas, parideras, cerros&hellip; configuraban unos nombres comunes para aquellos que a diario han tenido su trabajo en ese mar de campos y naturaleza abierta. Un jerogl&iacute;fico de escenas, lugares sin identificar para quienes lo vivimos de manera espor&aacute;dica. Dominio de mi padre y de los suyos, agricultores y ganaderos que poseyeron la capacidad de leerlos y entenderlos. 
    </p><p class="article-text">
        Mi padre, Santiago L&oacute;pez Diestre, naci&oacute; en 1935. Trabaj&oacute; desde ni&ntilde;o en la &eacute;poca en que la frase &ldquo;Tener m&aacute;s hambre que el chico del esquilador&rdquo; era un hecho, porque el trabajo de estos ni&ntilde;os era compensado escuetamente, a veces s&oacute;lo con la comida, que tambi&eacute;n era poca. Trabaj&oacute; de pe&oacute;n para las familias m&aacute;s pudientes, trabaj&oacute; a destajo en la obra, trabaj&oacute; comercializando aceite y barras de jab&oacute;n a cualquier punto donde le llevara su isocarro, que sorprendentemente era bastante lejos; trabaj&oacute; en Francia en la remolacha, mont&oacute; una granja de cerdas parideras para centrarse despu&eacute;s en la agricultura, el punto de partida donde hab&iacute;a comenzado, que ser&iacute;a el mismo donde se jubilar&iacute;a. Fue agricultor antes de la mecanizaci&oacute;n del campo, durante la incorporaci&oacute;n de la primera maquinaria agr&iacute;cola; vio c&oacute;mo la tracci&oacute;n animal volv&iacute;a al pueblo para no regresar y el campo se llenaba de tractores, cada vez m&aacute;s equipados, m&aacute;s potentes, m&aacute;s grandes, capaces de concentrar m&aacute;s tierras y necesitar menos mano de obra. 
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                Santiago López Diestre en la viña.                            </span>
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        Con &eacute;l recorr&iacute;a aquel d&iacute;a el monte en busca del m&aacute;s de las patatas. &Eacute;l quer&iacute;a ense&ntilde;arme las pintadas reivindicativas, que hab&iacute;an escrito los j&oacute;venes que lo levantaron, donde dejaban claro qui&eacute;n se hab&iacute;a escaqueado de las labores, obligatorias y sin remunerar, por el bien com&uacute;n; yo quer&iacute;a ver esa construcci&oacute;n que articulaba un espacio de trabajo y tomaba el nombre de un alimento b&aacute;sico en la &eacute;poca. Ni uno ni otro cubrimos nuestras expectativas. A &eacute;l su memoria le jug&oacute; una mala pasada: hac&iacute;a mucho tiempo que aquel mas era tan s&oacute;lo un mont&oacute;n de piedras y ese paso del tiempo y el desuso hab&iacute;an borrado el camino que acced&iacute;a al lugar. Dimos vueltas para encontrar otra v&iacute;a de acceso y en el recorrido por ese monte &aacute;rido, dos miradas completamente distintas, la suya y la m&iacute;a. La m&iacute;a que ve&iacute;a la estepa m&aacute;s dura, dos tractores enormes en todo el trayecto, dos personas subidas en su caballo haciendo una ruta de ocio; la suya, que me relataba de qui&eacute;n era este o aquel campo, qui&eacute;n encerraba las ovejas en las parideras, hoy en ruinas, c&oacute;mo iban hasta las vi&ntilde;as, labores, estaciones, apodos, gui&ntilde;os e historias&hellip; escuch&aacute;ndole, hab&iacute;a mujeres y hab&iacute;a hombres al otro lado de mi ventanilla, por los caminos y en los campos. A su lado, el monte se llen&oacute; de vida.
    </p><p class="article-text">
        La agricultura ha cambiado y ha deshumanizado el campo. El mundo rural cada vez est&aacute; m&aacute;s acotado a su casco urbano, y existe una importante desvinculaci&oacute;n entre el n&uacute;cleo de viviendas y el espacio que lo rodea, antes fuente de subsistencia y de permanente trasiego. Vac&iacute;o, sin custodios del territorio, es un espacio proclive y f&aacute;cil para econom&iacute;as imp&uacute;dicas. 
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto qu&eacute; pasar&aacute; el d&iacute;a que ellos no est&eacute;n. Qu&eacute; pasar&aacute; con estos espacios sin las memorias que les devuelvan la dignidad y los humanicen. En cierto modo, hace ya un tiempo que est&aacute; pasando, que muchos t&eacute;rminos municipales han comenzado a desdibujarse como si un ser caprichoso anduviera soplando molinillos de viento, levantando la tierra de los campos que aquellas personas trabajaron con tanto esfuerzo; borrando caminos como quien borra las huellas del pasado identitario, para que no pese m&aacute;s que el respeto al medio ambiente y se agiten conciencias; soplando molinos de viento, cicatrices en la tierra, riqueza moment&aacute;nea, ruina y fin para un futuro sostenible del medio rural.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elísabeth López Orduna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/campo-sematica_132_6747091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Jan 2021 22:03:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el campo era semántica]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Compra mínima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/compra-minima_129_6517895.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/305cf66b-2a65-492f-8def-b7c625141d1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Compra mínima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"De mis mil pesetas para adquirir la compra diaria con la que alimentarnos en una familia numerosa y humilde a sus escasas cien pesetas, se hallaba la dignidad de una mujer menospreciada, atada a la dependencia de un hombre, que en su juego de poder establecía límites y trabas en la vida de su compañera"</p></div><p class="article-text">
        La ve&iacute;a comprar una zanahoria, en otra ocasi&oacute;n ped&iacute;a un par de huevos e incluso las pastillas de caldo concentrado por unidades. Ser&iacute;an principios de los 90 y, bien es verdad que todav&iacute;a segu&iacute;an siendo tiempos de compra a granel, pero eran m&aacute;s habituales los cuartos o medios kilos que las unidades. Su pelo, media melena, con alg&uacute;n rizo en las puntas, descuidado, canoso, sujeto con dos horquillas y un gesto en su cara que se deslizaba entre la ausencia de alegr&iacute;a y la parsimonia. En alguna ocasi&oacute;n las ni&ntilde;as de mi edad se re&iacute;an de este cuentagotas en la adquisici&oacute;n de v&iacute;veres, de ese racionamiento pat&eacute;tico a los ojos de otros. Tambi&eacute;n lo comentaban, con sonrisa ladina y el orgullo de la cartera con posibles, algunas mujeres cuando aquella desaparec&iacute;a de la tienda con su compra m&iacute;nima. Le pregunt&eacute; a mi madre. &iquest;Un huevo? &iquest;Una pastilla de starlux? No le da m&aacute;s dinero para comprar. Ella no tiene y &eacute;l no le da m&aacute;s. En cierto modo, compart&iacute;a con esa mujer un l&iacute;mite en el presupuesto. Cada ma&ntilde;ana, antes de ir al colegio, colocaba el carro en la bicicleta y cog&iacute;a las mil pesetas que me daba mi madre con el consiguiente &ldquo;est&iacute;ralas&rdquo;. De mis mil pesetas para adquirir la compra diaria con la que alimentarnos en una familia numerosa y humilde a sus escasas cien pesetas, se hallaba la dignidad de una mujer menospreciada, atada a la dependencia de un hombre, que en su juego de poder establec&iacute;a l&iacute;mites y trabas en la vida de su compa&ntilde;era. 
    </p><p class="article-text">
        Fue mi primera incursi&oacute;n en la historia de las mujeres. La primera vez que, gracias a la repuesta que me dio mi madre, pas&eacute; de la observaci&oacute;n y, posiblemente, de ser parte del juicio ligero o la burla com&uacute;n, a explorar un terreno de empat&iacute;a y comprensi&oacute;n hacia los pliegues que encierra la construcci&oacute;n del papel de la mujer en nuestra sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        La dictadura franquista dio varios giros de tuerca y constri&ntilde;&oacute; hasta el m&iacute;nimo el espacio vital de las mujeres espa&ntilde;olas. Los Fueros del trabajo franquistas, de 1938, preludio de lo que iban a ser las siguientes d&eacute;cadas en este &aacute;mbito, declaran la &ldquo;tendencia del nuevo estado a que la mujer dedique su atenci&oacute;n al hogar y se separe de los puestos de trabajo&rdquo;. La materializaci&oacute;n llega con el Decreto de 22 de febrero de 1941 y los &ldquo;Pr&eacute;stamos a la nupcialidad&rdquo;, unos subsidios que ven&iacute;an, supuestamente, a ayudar en la configuraci&oacute;n de las nuevas familias en los a&ntilde;os de posguerra m&aacute;s paup&eacute;rrimos, pero que ten&iacute;an un doble filo, la ayuda a la mujer a cambio de su puesto de trabajo: &ldquo;Cuando la solicitud sea formulada por mujeres, deber&aacute; &eacute;sta haber trabajado durante nueve meses como m&iacute;nimo en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, as&iacute; como tambi&eacute;n, que se comprometa a renunciar a su ocupaci&oacute;n laboral y a no tener otra en tanto su esposo no se encuentre en situaci&oacute;n de paro forzoso o incapacitado para el trabajo.&rdquo; Entre las preferencias para la concesi&oacute;n se encuentran &ldquo;Las mujeres cuyo puesto de trabajo, al quedar vacante, pueda ser ocupado por un var&oacute;n&rdquo;, y as&iacute; retirarlas al fin del espacio p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        Las incursiones del franquismo en el arquetipo de feminidad son muchas y constantes y podr&iacute;an dedicarse decenas de art&iacute;culos en los que se desgajaran algunos de los diferentes &aacute;mbitos. En este, se ha recluido a la mujer en su nuevo hogar, con un compa&ntilde;ero con el que socialmente se le atribuye una relaci&oacute;n de dependencia econ&oacute;mica y una misi&oacute;n en su cuidado, atenci&oacute;n y obediencia, en definitiva, una relaci&oacute;n cuyo principio no es la igualdad. 
    </p><p class="article-text">
        De los decretos, las ideas pol&iacute;ticas o la construcci&oacute;n de este ideal femenino a la privacidad de cada hogar jugaba un papel fundamental la suerte. La suerte de haber elegido como compa&ntilde;ero de vida, a partir de un noviazgo superficial y breve, a un buen hombre, que le hiciera la vida f&aacute;cil, que en esa relaci&oacute;n de posible superioridad y dependencia econ&oacute;mica, no hubiera palizas, humillaciones, control&hellip;hasta que la muerte los separara. Que no se cumplieran los principios de la Secci&oacute;n Femenina, en palabras de Pilar Primo de Rivera, argumentando que: &ldquo;la vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera disimular, no es m&aacute;s que un eterno deseo de encontrar a quien someterse&rdquo;. Que no tuviera que estirar la mano a diario y pedirle a su marido, como piden los que no tienen nada, unas monedas con las que pagar la zanahoria, los dos huevos y la pastilla de Starlux para hacer la comida conyugal, someti&eacute;ndola y dej&aacute;ndola en evidencia todos los d&iacute;as de su vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elísabeth López Orduna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/compra-minima_129_6517895.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Dec 2020 22:48:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Compra mínima]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La otra cara del Día de la Madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/cara-dia-madre_132_1566466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"La maternidad se cobra cada día en el mundo a unas 830 mujeres por causas relacionadas con el embarazo o el parto"</p></div><p class="article-text">
        La maternidad tiene una connotaci&oacute;n positiva. Es el nacimiento, la vida y, centrados en eso, todo lo que rezuma maternidad entra&ntilde;a aspectos positivos. Campa&ntilde;as consumistas que vienen a celebrar el D&iacute;a de la Madre con flores y dem&aacute;s objetos de deseo. Sin embargo, la maternidad se cobra cada d&iacute;a en el mundo a unas 830 mujeres por causas relacionadas con el embarazo o el parto.
    </p><p class="article-text">
        Una cifra, la de las 830 mujeres que morir&aacute;n hoy tambi&eacute;n, celebraci&oacute;n del d&iacute;a de la madre, que puede resultar escalofriante hasta que establecemos la distancia necesaria de esas mujeres con nuestra realidad y calmamos el aparente susto. El 99 % de la mortalidad materna se produce en pa&iacute;ses en desarrollo, lejos de nuestra comodidad y calidad sanitaria. La tasa de mortalidad materna, que establece una relaci&oacute;n entre decesos de mujeres por causas maternas por cada 100.000 ni&ntilde;os nacidos vivos, nos ubica a Espa&ntilde;a entre uno de los pa&iacute;ses con menor tasa. Son 5 las mujeres que fallecen de media por cada 100.000 ni&ntilde;os nacidos vivos. Sierra Leona, sin embrago, se encuentra a la cabeza, con 1.360 mujeres muertas por cada 100.000 ni&ntilde;os nacidos vivos. Entre Sierra Leona y Espa&ntilde;a, cada pa&iacute;s acumula su mortalidad maternal: Afganist&aacute;n 396, Camboya 161, Argentina 52, Ucrania 24&hellip;  y as&iacute; una larga lista de mujeres que mueren en el hermoso acontecimiento de ser madre.
    </p><p class="article-text">
        La distancia se salva con un &ldquo;no es aqu&iacute;&rdquo;. Eso nos tranquiliza. As&iacute; somos. &iquest;Pero qu&eacute; suced&iacute;a en la Espa&ntilde;a del siglo XX? Antes de todo el desarrollismo, de hacernos cosmopolitas, urbanos y modernos, la Espa&ntilde;a rural, analfabeta, sin medios ni condiciones sanitarias se cobraba la vida de 3.000 mujeres al a&ntilde;o, cifra de 1941, por hipertensi&oacute;n gestacional, partos complicados o como consecuencias acaecidas durante el puerperio: hemorragias, infecciones, etc.
    </p><p class="article-text">
        Parir es un trance complicado. La historia del parto humano acarrea las consecuencias del bipedismo con el abandono del canal recto de expulsi&oacute;n y un ensanchamiento de la cabeza del feto que han complicado los partos de las mujeres. Hasta la llegada del control sanitario de los partos, el nacimiento se realizaba en posici&oacute;n vertical, ya sea de cuclillas, de rodillas, apoyadas en el regazo de una persona cercana, pero en una posici&oacute;n vertical. De ah&iacute; que las &uacute;ltimas mujeres que parieron en los pueblos espa&ntilde;oles, a lo largo de la d&eacute;cada de los sesenta, todav&iacute;a mencionen el hecho de atender el parto por el m&eacute;dico del pueblo o comadrona como &ldquo;recoger al ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a&rdquo;, como imagen de ca&iacute;da en vertical por el canal de la pelvis, aunque ellas ya parieron en una cama, a diferencia de sus madres o abuelas, que par&iacute;an en las cuadras, en el campo o donde buenamente pod&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        La edad del primer parto de una mujer en Espa&ntilde;a a mediados de 1960 rondaba los veinte a&ntilde;os. Se trataba de mujeres j&oacute;venes, con muy poca informaci&oacute;n acerca de su aparato reproductor femenino; de la maternidad, de todo lo que ten&iacute;a que ver con la sexualidad. Sin embargo, esta carencia de informaci&oacute;n la cubrieron con el apoyo de una red de mujeres que se atend&iacute;a, se proteg&iacute;a y se cuidaba en los momentos de mayor vulnerabilidad. El primer parto de estas mujeres era el m&aacute;s peligroso. Su pelvis iba a ponerse a prueba. Sin revisiones m&eacute;dicas, an&aacute;lisis que controlaran el peso del feto, sin medios, el parto pod&iacute;a fluir adecuadamente o ser una aut&eacute;ntica pesadilla. Un parto atascado en una zona rural espa&ntilde;ola, con las condiciones poco higi&eacute;nicas de un hogar de la &eacute;poca, una atenci&oacute;n sanitaria d&eacute;bil, con muy pocos medios; las deficientes comunicaciones, la falta de transporte a la capital, generaban horas de sufrimiento para la madre y para el feto. Como consecuencia para ellas, episotom&iacute;as en exceso que tardar&iacute;an en suturarse, desgarros, f&iacute;stulas, etc. que a&ntilde;os despu&eacute;s les provocar&iacute;an incontinencia urinaria ante el simple hecho de re&iacute;rse. El feto atascado, sin poder salir con facilidad por la pelvis de la madre, trajo consigo a los pueblos ni&ntilde;os con deficiencias mentales por la carencia de ox&iacute;geno de partos en lugares y condiciones complejas.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte para las mujeres occidentales, el panorama ha cambiado por completo. Tenemos tanta informaci&oacute;n a nuestro alcance, que casi abruma. La duda sobre un posible embarazo nos puede llevar minutos resolverla. Disponemos de un servicio sanitario de primer nivel que ha conseguido salvaguardar la vida de las madres y de los beb&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La realidad que sufren muchas mujeres hoy en d&iacute;a en pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo tiene algunas similitudes con aquellos episodios que pudieron pasar nuestras madres o nuestras abuelas en cuanto a la falta de medios. Uno de los mayores dramas de estas mujeres se llama f&iacute;stula obst&eacute;trica. Se trata de un orificio que comunica la vagina con la vejiga o el recto, causado por un parto obstruido durante varios d&iacute;as sin atenci&oacute;n m&eacute;dica adecuada. Los partos de mujeres muy j&oacute;venes, de unos 15 a&ntilde;os, con una pelvis insuficientemente madura, favorece estas obstrucciones. Las consecuencias suelen ser dram&aacute;ticas para las madres, que tendr&aacute;n que asumir el dolor prolongado de un parto, por lo general infructuoso, la p&eacute;rdida del hijo y el rechazo de una comunidad que reniega de estas mujeres, que desde entonces no podr&aacute;n controlar las p&eacute;rdidas de orina o heces. En soledad, repudiadas de su grupo social, muchas viven un aut&eacute;ntico drama que terminan solucionando con el suicidio.
    </p><p class="article-text">
        La dedicaci&oacute;n de ONGs es primordial para devolver a estas mujeres la autoestima, una calidad de vida, que puede resolverse con una operaci&oacute;n no muy compleja, y el retorno a su grupo social.
    </p><p class="article-text">
        Desde nuestro puesto de mujeres privilegiadas, celebremos la maternidad con alegr&iacute;a, pero no nos olvidemos de c&oacute;mo se enfrentaron a la maternidad las mujeres que nos precedieron, sin tener medios ni informaci&oacute;n. No nos olvidemos de todas las dem&aacute;s, sean negras, pobres, asi&aacute;ticas, sudamericanas, adolescentes&hellip;de todas las mujeres que en estos momentos est&aacute;n pariendo hijos sin la seguridad de una infraestructura m&eacute;dica, con todo el dolor y el miedo de no saber c&oacute;mo va a responder su cuerpo ni si su hijo pueda si quiera llegar a nacer vivo de su vientre. No nos olvidemos de ellas, por muy alejados que sus pa&iacute;ses nos parezcan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elísabeth López Orduna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/cara-dia-madre_132_1566466.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 May 2019 07:38:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La otra cara del Día de la Madre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A los hombres buenos no se les pide perdón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hombres-buenos-pide-perdon_132_1661986.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"He oído a hombres y mujeres lamentarse de la suerte de los hombres de hoy en día, con un nivel de patetismo tal, augurando que llegará el día en el que tendrán que acabar pidiendo perdón por tener la condición de ser hombres"</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente escucho una especie de rendici&oacute;n ante los hombres buenos que nace de mujeres que sienten verg&uuml;enza por la lucha que otras est&aacute;n llevando a cabo en pro de una sociedad m&aacute;s equitativa y justa con todos.
    </p><p class="article-text">
        Se escriben cartas pidiendo perd&oacute;n a los hombres buenos, por la aberrante distorsi&oacute;n que parece ser generan las mujeres denominadas &ldquo;feminazis&rdquo;. He escuchado a amigas exponer c&oacute;mo algunos de sus amigos se sienten intimidados y perdidos ante la mujer actual y c&oacute;mo les es dif&iacute;cil tratar con ella, relacionarse, mantener una relaci&oacute;n sentimental. He o&iacute;do a hombres y mujeres lamentarse de la suerte de los hombres de hoy en d&iacute;a, con un nivel de patetismo tal, augurando que llegar&aacute; el d&iacute;a en el que tendr&aacute;n que acabar pidiendo perd&oacute;n por tener la condici&oacute;n de ser hombres.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pedir perd&oacute;n a los hombres buenos? &iquest;Precisamente a los hombres buenos? &iquest;A los hombres que nos han apoyado, que han cre&iacute;do en nosotras? &iquest;A los hombres que saben relacionarse con las mujeres en igualdad de condiciones? &iquest;A los hombres que no temen que una mujer les haga sombra? &iquest;A los hombres que no temen dar espacio y libertad a las mujeres? &iquest;A los hombres que saben admirar a las mujeres? &iquest;A los hombres que no les importa compartir con las mujeres, crear con las mujeres, luchar con las mujeres? &iquest;A los hombres que saben ver en las mujeres a seres humanos y no vientres o vaginas o pechos o labios carnosos o putas o viciosas o salidas o perras o criadas o seres d&eacute;biles que hay que proteger para sentirse m&aacute;s viriles o seres c&aacute;ndidos o seres fr&aacute;giles o feminazis o machorras? A los hombres buenos no hay que pedirles perd&oacute;n, ellos no son los que se sienten heridos o intimidados. A los hombres buenos hay que darles las gracias.
    </p><p class="article-text">
        Trabajo en &aacute;mbito rural, algo que me lleva a conocer la realidad de muchas mujeres en los pueblos. M&aacute;s all&aacute; del olor a pan reci&eacute;n hecho, del escenario buc&oacute;lico de los huertos, de los recuerdos de una infancia id&iacute;lica, la realidad de las personas que viven en los pueblos de lunes a viernes no es de una enso&ntilde;aci&oacute;n perfecta como todas esas evocaciones quieren hacernos creer, ni todas las mujeres, por ejemplo, gozan de la m&aacute;xima calidad de vida sin hipotecar muchos aspectos que podr&iacute;an hacerlas infinitamente m&aacute;s capaces, m&aacute;s libres, desarrollando profesiones o facetas todav&iacute;a por descubrir.
    </p><p class="article-text">
        Los perfiles laborales en el pueblo est&aacute;n muy marcados, principalmente, porque las opciones que existen no son tantas como en una urbe. El sector primario, agr&iacute;cola y ganadero, es un sector de hombres. Tanto es as&iacute; que, para favorecer la incorporaci&oacute;n de las mujeres al mismo, surgen ayudas econ&oacute;micas destinadas a fomentarlo. Algo que, en muchos casos, no se ha usado para tal fin y que ha servido para designar a las mujeres de unidades familiares de hombres, que ya constan como trabajadores de estos oficios, como agricultoras o ganaderas sin serlo, sin ejercer esa labor, con el fin de beneficiarse de un aporte econ&oacute;mico que estaba destinado a posibles mujeres que pudieran ver en la agricultura y la ganader&iacute;a un &aacute;mbito digno para ganarse la vida. As&iacute;, unas ayudas que sirven para dar un empuj&oacute;n a las mujeres hacia el trabajo en el sector primario (llevar las cuentas no es ser agricultora o ganadera) terminan siendo usadas, en muchos casos, para todo lo contrario. De este modo, pululan en las estad&iacute;sticas &iacute;ndices de mujeres que constan como agricultoras o ganaderas, pero que no pisan un campo, desconocen c&oacute;mo se pone en marcha un tractor o c&oacute;mo funciona el sistema digestivo de una oveja. Resultado: seguimos teniendo un espacio acotado a los hombres, donde las mujeres son utilizadas nominalmente a beneficio de unos cuantos, sin pensar en las consecuencias que eso supone para otras mujeres que s&iacute; son agricultoras o ganaderas o que s&iacute; quieren serlo.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo una mujer del territorio en el que trabajo comenz&oacute; a desarrollar un producto agroalimentario transformado. Ella se encargaba de buscar la materia prima, de elaborarlo, de hablar con proveedores, de lidiar con los morosos, de venderlo. Siempre la vi como una mujer extraordinaria. Desfilaba por la carretera con su veh&iacute;culo cargado de producto, transmitiendo fuerza, valor, independencia y mucha seguridad. Un d&iacute;a su matrimonio comenz&oacute; a hacer aguas y ella no dejaba de repetir: &ldquo;Yo sola no puedo con este negocio&rdquo;. Ella, que con todo pod&iacute;a sola, era incapaz de verse, de reconocer su fuerza y su val&iacute;a, y lleg&oacute; a creer lo que otros le dec&iacute;an sin servirle su propia experiencia. Socialmente, culturalmente y de manera tradicional existe un ideario construido sobre lo que somos o no somos los hombres y las mujeres, algo que puede generarnos inseguridades y miedos totalmente infundados.
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo eso, el mundo rural ha cambiado mucho. Los modos de ser mujer hoy en d&iacute;a en los pueblos son muy diversos. De partida, comparten un mismo espacio mujeres de edades avanzadas, que han vivido con muy pocas opciones y menos oportunidades, con mujeres de generaciones j&oacute;venes que cuentan con un universo de posibilidades, avances o herramientas para ser lo que quieran ser. Pervive un &iacute;ndice importante de mujeres que no buscan trabajo fuera del hogar, que se ocupan de las tareas dom&eacute;sticas y de la crianza de los hijos, gener&aacute;ndose, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, un nuevo movimiento migratorio curioso: cuando el polluelo abandona el nido para cursar estudios superiores en la ciudad, la madre se va con &eacute;l, iniciando el proceso de abandono del pueblo de toda una familia de manera paulatina. La ligaz&oacute;n con el pueblo es muy d&eacute;bil. No hay un desarrollo profesional y quiz&aacute; tampoco una implicaci&oacute;n social activa de la mujer en el mismo.
    </p><p class="article-text">
        La mujer rural hoy en d&iacute;a es de origen marroqu&iacute;, rumana, ucraniana, argelina, guatemalteca, nicarag&uuml;ense, etc., de culturas diversas y tradiciones propias; son mujeres de otras zonas de Espa&ntilde;a que llegan a los pueblos, con familia o sin ella, en busca de un futuro mejor. Ni unas ni otras cuentan con una red de apoyos familiares que les ayuden a cuidar de los hijos cuando tienen que desplazarse en autob&uacute;s a la ciudad o al pueblo grande m&aacute;s cercano para sacarse el carn&eacute; de conducir que les ayudar&aacute; a tener un trabajo que requiere itinerancia o que cuiden de los ni&ntilde;os mientras ellas hacen los cursos de formaci&oacute;n exigidos para desempe&ntilde;ar seg&uacute;n qu&eacute; trabajos.  
    </p><p class="article-text">
        La mujer rural debe de aprender a derribar las barreras impuestas por la tradici&oacute;n, los t&oacute;picos y la ocupaci&oacute;n masculina de espacios y comenzar a exigir, por ejemplo, un lugar en los ayuntamientos, no s&oacute;lo como administrativo, sino como representante de los pueblos, como alcaldesas, como presidentas de las comarcas; la mujer rural de hoy tiene la fuerza de nuestras abuelas, que embarazadas iban al campo a trabajar, a hacer gavillas, en la vendimia&hellip;que cuando se pon&iacute;an de parto par&iacute;an solas en la cuadra; las mujeres rurales han sido mujeres curtidas por el trabajo, de una fuerza f&iacute;sica y mental descomunal, algo que, estoy segura, nos sigue perteneciendo a las mujeres actuales. Esa fuerza es la que debe valernos para exigir nuestro espacio en el sector primario, lo que puede traernos nuevos modos de cultivos y de cr&iacute;a de ganado, alternativos a la producci&oacute;n intensiva e independientes de las integradoras; esa fuerza y esa reivindicaci&oacute;n de un espacio propio, puede generar proyectos novedosos en el sector agroalimentario, en cualquier sector. La valorizaci&oacute;n de la mujer es imprescindible para la supervivencia del mundo rural, pero no por la condici&oacute;n de mujeres parideras que traer&aacute;n nuevos pobladores, sino por el poder de reinventar la ruralidad y de crear un nuevo modo de vivir en los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Le toca al hombre ayudar a visibilizar a las mujeres del mundo rural; favorecer su empoderamiento; ayudar a que se empatice con la historia de las mujeres, con la nueva realidad de las mujeres; les toca dejar de ofenderse cuando las mujeres exigen un espacio propio en el &aacute;mbito de lo p&uacute;blico; les toda dejar de sentirse intimidados cuando se advierten situaciones de machismo, les toca entender que esto no es una pugna entre hombres y mujeres, sino que es la defensa de los derechos de la mujer, de las oportunidades de la mujer, no siempre defendidos, no siempre presentes; les toca entender que la igualdad no se gana en un ring y que tampoco es una carrera con un mismo punto de partida. Les toca a los hombres tambi&eacute;n ayudar a visibilizar a las mujeres, por ese punto de partida discorde; les toca darles un peque&ntilde;o empuj&oacute;n dici&eacute;ndoles que valen mucho, que lo que hacen es importante, llenando escenarios de premios, por poner un ejemplo, en torno a los alimentos de Arag&oacute;n, con tantas mujeres como hombres galardonados. Les toca a hombres y mujeres comenzar a ver el verdadero valor de las mujeres, algo que saben de sobra los hombres buenos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elísabeth López Orduna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hombres-buenos-pide-perdon_132_1661986.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Mar 2019 22:06:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A los hombres buenos no se les pide perdón]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué futuro le espera a la escuela rural?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/futuro-espera-escuela-rural_132_1710976.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"De la escuela rural salimos profesionales de todos los perfiles (abogados, ingenieros, humanistas, carniceros, peluqueros…) y de todas las personalidades (generosos, capullos, vanidosos, humildes...)"</p></div><p class="article-text">
        Me llev&eacute; lo mejor de pasar la infancia en un pueblo. Mi casa estaba situada entre las casas que cierran el contorno del casco urbano: a las afueras. Crec&iacute; entre campos, tierra, una granja y muchos animales. Algunos, mascotas; otros, medio de subsistencia de mi familia.
    </p><p class="article-text">
        Sent&iacute; la punzada en la garganta cada domingo, cuando mis amigos se replegaban en coches cargados de familia y bultos a sus casas de ciudad, donde iban a expandirse en colegios grandes, con uniformes grises y bien planchados con los que asistir a clases con tantos ni&ntilde;os como la mitad de mi escuela. Siempre dieron por hecho que su colegio era m&aacute;s serio, m&aacute;s duro y mucho m&aacute;s exigente que nuestra escuela. Siempre dimos por hecho que nuestra escuela era menos seria y menos exigente, pero el futuro, que era ah&iacute; donde ir&iacute;amos a pagar las consecuencias, de haberlas, nos preocupaba tanto como la incidencia de las grasas saturadas en nuestros cuerpos fibrosos de bicicleta.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo muy tenue la imagen de mi primer d&iacute;a de colegio. En ella aparece Jorge, retazos del color de las baldosas y fin. Desconozco si llor&eacute;. Creo que fue uno de los pocos d&iacute;as que mi madre me llev&oacute; al colegio. A partir de ah&iacute;, lo har&iacute;an mis hermanos. Los que no ten&iacute;an hermanos eran acompa&ntilde;ados por ni&ntilde;os m&aacute;s mayores del pueblo, que los recog&iacute;an al pasar por las casas de camino a la escuela. Nadie muri&oacute; de d&eacute;ficit de atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Primaria la protagoniz&oacute; Don Jes&uacute;s, el amor de mi vida con seis a&ntilde;os. Sus clases eran de nivel 9,5. Nunca silencio, siempre hab&iacute;a sonido, siempre hab&iacute;a est&iacute;mulos. A la una del mediod&iacute;a, en el descanso de la jornada partida, sol&iacute;a acompa&ntilde;arle de camino a su casa, la casa de los maestros, ubicada en direcci&oacute;n completamente opuesta a la m&iacute;a. Charl&aacute;bamos por las calles de nuestro pueblo, tambi&eacute;n lo fue suyo durante unos a&ntilde;os, de lo que sea que pueda charlar una ni&ntilde;a de seis a&ntilde;os con su profesor. Por la tarde, cuando terminaba la jornada de escuela, no era tiempo de peroratas con mayores, a las cinco era momento de recoger deprisa un bocadillo y encontrarme con mi inseparable amiga Bea para entregarnos a nuestros juegos al aire libre.
    </p><p class="article-text">
        Ese dulce tiempo de la infancia tambi&eacute;n tuvo nubarrones. Uno de ellos sucedi&oacute; en una de las clases de Don Jes&uacute;s, donde me rompieron el coraz&oacute;n por primera vez y en el que, en parte, &eacute;l tambi&eacute;n particip&oacute;. Don Jes&uacute;s alz&oacute; a mi amiga del alma sobre una mesa de madera m&aacute;s alta que nuestros pupitres. Ten&iacute;a que comunicarnos algo a todos: Beatriz se marchaba a Zaragoza. Dejaba el pueblo. Su padre iba a trabajar all&iacute; y toda la familia se iba con &eacute;l. Ella ir&iacute;a a un colegio de ciudad, con clases grandes de muchos ni&ntilde;os y un uniforme gris.
    </p><p class="article-text">
        Se iba mi mitad perfecta. Beatriz reaccion&oacute; regal&aacute;ndonos una pedorreta desde lo alto de la mesa. Todos re&iacute;mos. Yo re&iacute; y la dej&eacute; marchar tranquila, pero sin ella ya nada fue lo mismo. Ese d&iacute;a, adem&aacute;s de aprender lo que era fingir un sentimiento, entend&iacute;, de manera emp&iacute;rica, el poder arrollador de lo urbano, que absorb&iacute;a a mi amiga en su fuerza centr&iacute;peta. Ciudad 1, Pueblo 0.
    </p><p class="article-text">
        Durante toda escolarizaci&oacute;n compart&iacute; aula con ni&ntilde;os de diferentes edades, mezclados en dos o tres niveles, algo que nunca percibimos como un problema que nos restara atenci&oacute;n. Aprend&iacute;amos que hab&iacute;a turnos para explicar los temas, que ten&iacute;amos nuestro espacio en el aula y ciertas responsabilidades que pasaban por todos, independientemente de la edad, como la de limpiar el borrador de gamuza en el patio interior, d&aacute;ndole golpetazos contra la pared hasta que ya no ten&iacute;a fuerza para lanzar una nube de polvo de tiza o asumir el castigo en el rinc&oacute;n cuando hac&iacute;amos alguna trastada.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a aunamos el esp&iacute;ritu travieso con fines art&iacute;sticos. En uno de los garajes pr&oacute;ximos a la puerta de entrada del colegio hab&iacute;an arreglado la rampa de acceso con cemento. Cemento tierno, fresco y virgen en el que todos los ni&ntilde;os, a la salida de clase, desde el m&aacute;s peque&ntilde;o al m&aacute;s mayor, hundimos nuestras manos en el hormig&oacute;n blando dejando un mural de huellas con vistas a perpetuidad. El due&ntilde;o de la rampa y amante del cemento liso pidi&oacute; explicaciones a uno de los profesores, que respondi&oacute; por nosotros, a pesar de haber sido un dulce acto vand&aacute;lico alejado de sus responsabilidades en espacio y tiempo. Nosotros, por supuesto, tuvimos que pagar con un castigo a base de varios d&iacute;as de recreos sin patio.
    </p><p class="article-text">
        De la escuela rural salimos profesionales de todos los perfiles (abogados, ingenieros, humanistas, carniceros, peluqueros&hellip;) y de todas las personalidades (generosos, capullos, vanidosos, humildes...). Desconozco si un ni&ntilde;o con grandes capacidades intelectuales en un centro urbano podr&iacute;a desarrollar m&aacute;s habilidades que en un centro rural y si un ni&ntilde;o con carencias conseguir&iacute;a alcanzar un mejor desarrollo en la escuela urbana. Lo que s&iacute; tengo claro es que la escolarizaci&oacute;n rural no cercena la posibilidad de continuar unos estudios en secundaria y unos estudios universitarios, ni impide que estos alumnos alcancen las mejores calificaciones universitarias superando incluso a alumnos provenientes de centros privados urbanos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el elitismo nos lleva a acrecentar la segregaci&oacute;n escolar. Espa&ntilde;a es uno de los pa&iacute;ses con un sistema educativo m&aacute;s segregado. Urbano, privado (a lo sumo concertado) y con una ratio de ni&ntilde;os inmigrantes (pobres) escolarizados la m&aacute;s baja posible es el ideario de colegio que queremos para nuestros hijos. Con esa tendencia &iquest;qu&eacute; futuro le espera a la escuela rural?
    </p><p class="article-text">
        Con esfuerzo de todos e inter&eacute;s pol&iacute;tico, la escuela rural tiene posibilidad de reconvertirse y ser un lugar en el que se persiga la excelencia educativa. Necesitamos proyectos innovadores que fomenten el desarrollo intelectual de los alumnos, gracias a la tutorizaci&oacute;n casi individualizada que aseguran estos centros, con inversiones y programas adecuados que permitan a los menores alcanzar conocimientos y habilidades; necesitamos maestros que deseen ir a las zonas rurales con la vocaci&oacute;n y el inter&eacute;s de formar parte de una educaci&oacute;n innovadora y de primer orden, nos sobran aquellos que nos eligen exclusivamente como lugar de paso hacia un destino urbano; necesitamos que el colegio vuelva a estar integrado en el entorno en el que se asienta, que exista una interactuaci&oacute;n permanente con su sociedad y un intercambio generacional de experiencias que les ayude a ser m&aacute;s humanos en el futuro; requerimos las mejores conexiones de internet que conecten a nuestros ni&ntilde;os rurales con los ni&ntilde;os rurales y urbanos de todo el mundo, para que desarrollen el inter&eacute;s por los idiomas con los que podr&aacute;n comunicarse, despierten la curiosidad por lo diferente y aprendan, desde ni&ntilde;os, a respetar al pr&oacute;jimo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elísabeth López Orduna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/futuro-espera-escuela-rural_132_1710976.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Feb 2019 22:47:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué futuro le espera a la escuela rural?]]></media:title>
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