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    <title><![CDATA[elDiario.es - Christian Almazán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/christian_almazan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Christian Almazán]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una Europa descabezada, una Europa desorientada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/los-jovenes-opinan-sobre-el-futuro-de-europa/europa-descabezada-desorientada_132_1690593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3716743-c9d1-4c03-b279-63ef1a3f6a0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El presidente de gobierno español, Pedro Sánchez (i), conversa con la canciller alemana, Angela Merkel (c), y el presidente francés, Emmanuel Macron (d), durante una cumbre del Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica, el 17 de octubre del 2018. Los líderes de los veintisiete países que permanecerán en la Unión Europea (UE) tras la marcha británica se reúnen para decidir los próximos pasos en la negociación del &quot;brexit&quot;, después de que el presidente del Consejo Europeo dijera este lunes que acabar sin un acuerdo es ahora &quot;más probable que nunca&quot;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Europa tiene un problema, un serio problema. Se muere. Y en el porqué se encuentra el</p><p class="subtitle">de la cuestión</p></div><p class="article-text">
        Los problemas que ata&ntilde;en a la Europa contempor&aacute;nea, plasmados en su vertiente institucional, la Uni&oacute;n Europea, no reposan &uacute;nicamente en el frente econ&oacute;mico, tal y como es l&oacute;gico razonar inicialmente dado el cariz adoptado por esta en su labor diaria, sino que se extienden hasta las fronteras laborales (debacle de las anteriores v&iacute;as de control econ&oacute;mico: dominaci&oacute;n por parte del BCE como muestra de la incapacidad de control del mercado: persistencia del desempleo), y sobre todo, hasta las pol&iacute;ticas nacionales (a la [re]aparici&oacute;n de partidos con planteamientos extremistas, xen&oacute;fobos y euroesc&eacute;pticos, hemos de sumar la plasmaci&oacute;n de esta &uacute;ltima cuesti&oacute;n en una amenaza que se ha materializado en un efectivo ataque a las bases morales e ideol&oacute;gicas que sustentan el entramado europeo mediante la &iquest;dram&aacute;tica? salida de uno de sus principales socios).
    </p><p class="article-text">
        Todo ello dibuja un horizonte de desintegraci&oacute;n europea que amenaza con socavar los pilares fundamentales sobre los que se ha sustentado el proyecto europeo, atacando a su gobernabilidad, as&iacute; como, y sobre todo, a su legitimidad. Sin embargo, a mi juicio, la cuesti&oacute;n sobre ello no estriba tanto en las causas &uacute;ltimas de esta &ldquo;crisis europea&rdquo; (tal y como algunos han acordado calificar), prueba de la futilidad en la que ha devenido el sentir del proyecto europeo, sino en su origen intestino y amargo.
    </p><h3 class="article-text">Europa: &iquest;un proyecto fallido?</h3><p class="article-text">
        Tal es la situaci&oacute;n, pues si bien las sociedades, y todav&iacute;a m&aacute;s las europeas, est&aacute;n acostumbradas a sobrevivir en el eco de una c&iacute;clica historia conflictiva y de lucha con la alteridad (representada en cada momento por una naci&oacute;n o un actor concreto), la situaci&oacute;n que se nos plantea ahora parte de una base de descomposici&oacute;n interna, en la que los agentes externos (m&aacute;s all&aacute; de su inevitable papel de influencia en respuesta al contexto de inter-conexi&oacute;n globalizada) no han jugado el papel determinante que s&iacute; han desempe&ntilde;ado las corrientes ciudadanas (y pol&iacute;ticas como respuesta institucional de ello), cuya mediatizaci&oacute;n del descontento como arma de lucha pol&iacute;tica ha derivado en una situaci&oacute;n de corredor sin salida que dif&iacute;cilmente presenta visos de soluci&oacute;n a corto plazo.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de ello convergen en una innegable incapacidad por parte de la UE, en tanto actor de peso pol&iacute;tico internacional, desestructurando sus procesos decisorios como base de la imposibilidad de coordinar sus pol&iacute;ticas nacionales interiores, respuesta necesaria a los procesos que le rodean y moldean constantemente (crisis de asilo, de refugio, corrientes migratorias, [nuevas] amenazas terroristas, viraje del orden y el peso geo-pol&iacute;tico global hacia el Pac&iacute;fico...). Este es el principal problema de la Europa de los &ldquo;28&rdquo; (por poco tiempo), pues de su ra&iacute;z parten la totalidad de las cuestiones que alteran y dinamitan su estabilidad, de manera que la desuni&oacute;n, falta de liderazgo y descoordinaci&oacute;n pol&iacute;tica interna han logrado (si es que puede considerarse un logro) descabezar el proyecto europeo, que otrora presentara una s&oacute;lida estructura de &ldquo;Can Cervero&rdquo;<strong>[1]</strong> equilibrada entre sus Estados-l&iacute;deres principales (cuyas m&uacute;ltiples cabezas se asemejan a la estructura multi-poder que rige la Uni&oacute;n Europea), y que hoy en d&iacute;a se ha residualizado en una vulgar lucha pol&iacute;tica fratricida al m&aacute;s puro estilo b&iacute;blico (Delvaux, 2016).
    </p><p class="article-text">
        Es por ello que la soluci&oacute;n europea no pasa por una reconstrucci&oacute;n completa o una desintegraci&oacute;n sin mayores intenciones de cooperaci&oacute;n ulterior, sino que han de canalizarse por medio de una reconsideraci&oacute;n de las v&iacute;as de comunicaci&oacute;n, tratando de buscar puntos comunes que unan la multi-diversidad infructuosa de intereses presente a trav&eacute;s del impulso de proyectos que potencien la construcci&oacute;n de nuevos ejes de impulso econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, y sobre todo, social (en tanto reflejo b&aacute;sico de la din&aacute;mica y pulsi&oacute;n existente en el escenario m&aacute;s elevado en todas las dimensiones: el escenario pol&iacute;tico).
    </p><p class="article-text">
        La d&eacute;bil situaci&oacute;n del actual y fr&aacute;gil proyecto europeo viene precedida y condicionada por las sucesivas crisis econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que han azotado en pleno rostro a la progresiva e intensiva integraci&oacute;n europea, que ven&iacute;a plante&aacute;ndose como v&iacute;a para alcanzar un nivel de bienestar nacional equiparado entre el conjunto de naciones del viejo continente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, el fracaso integrador de las naciones de la periferia europea ha supuesto un duro varapalo para la continuidad del proyecto, que, sumado a la fallida voluntad de converger el sentir de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en la aspiraci&oacute;n de una figura com&uacute;n como es el euro, ha derivado en una implosi&oacute;n pol&iacute;tica en cuanto a su efectividad, eficiencia, y sobre todo, legitimidad. Esta debacle econ&oacute;mica ha resultado fruto de la necesidad de afrontar una de las m&aacute;s intensas crisis multi-disciplinares de la &uacute;ltima centuria en el Occidente que conocemos.
    </p><p class="article-text">
        Pero hemos de mirar m&aacute;s all&aacute;, hemos de elevar las miras a las cuestiones materiales resultado y consecuencia directa de nuestros errores del pasado, pues si bien dif&iacute;cilmente los proyectos fruto de la imaginaci&oacute;n de las generaciones actuales y del futuro m&aacute;s inmediato no pueden construirse en el vac&iacute;o institucional<strong>[2]</strong>, las propuestas supra-nacionales que deban articularse como respuesta a las crisis que han dejado inm&oacute;vil a la pr&aacute;cticamente interfecta Uni&oacute;n Europea deben replantearse el escenario en su conjunto, planteando cuestiones globales que traten de aportar cosmovisiones sobre la dimensi&oacute;n del propio proyecto europeo, alzando la mirada sobre los aspectos m&aacute;s inmediatos que ata&ntilde;en a la convivencia en la sociedad occidental contempor&aacute;nea (Tsoukalis, 2016).
    </p><p class="article-text">
        Si bien la din&aacute;mica actual anima a desalentar esta concepci&oacute;n, un tanto personal, pero al mismo tiempo compartida por multitud de autores y sobre todo ciudadanos coet&aacute;neos, pues las tensiones pol&iacute;ticas y propuestas retro-nacionalistas<strong>[3]</strong> conducen a un escenario que no refleja perspectivas especialmente positivas para el futuro de la Uni&oacute;n, no solo referidas a su plasmaci&oacute;n m&aacute;s evidente en la figura de partidos pol&iacute;ticos abiertamente anti-europe&iacute;stas y xen&oacute;fobos, sino m&aacute;s bien referido a la falta de voluntad pol&iacute;tica que se adivina en los discursos y acciones pol&iacute;ticas recientes de los principales l&iacute;deres que debieran, eventualmente, encabezar la maquinaria europea de reconducci&oacute;n del proyecto hacia los cauces que parecen haber sido abandonados.
    </p><p class="article-text">
        La crisis griega se apunta como uno de los factores determinantes en dicha implosi&oacute;n, pues hizo patente la posibilidad, cada vez m&aacute;s latente, de que la concepci&oacute;n imperante en Europa desde la &eacute;poca de posguerra de &ldquo;impert&eacute;rrito avance unidireccional&rdquo; en la construcci&oacute;n del magn&aacute;nimo proyecto com&uacute;n pudiera ser err&oacute;nea en sus planteamientos. La deconstrucci&oacute;n y desmoronamiento de muchos de los automatismos que hab&iacute;an venido reforz&aacute;ndose desde el inicio de la positivaci&oacute;n de los planteamientos europe&iacute;stas (existentes en la concepci&oacute;n de muchos autores de manera previa a su plasmaci&oacute;n institucional) pone en evidencia la verdadera crisis que infecta el organismo vital de la propia Uni&oacute;n y la incapacidad por parte de sus dirigentes de reconducir y sobreponerse a la situaci&oacute;n, quiz&aacute;s, no tan casu&iacute;stica como pudiera parecer.
    </p><h3 class="article-text">Crisis de liderazgo pol&iacute;tico</h3><p class="article-text">
        <em>Las viejas guardias de la pol&iacute;tica europea han claudicado en favor de nuevos perfiles mucho menos carism&aacute;ticos en un contexto de indefinici&oacute;n y falta de identificaci&oacute;n con un proyecto que hace aguas por todas partes y sobre el que pocos l&iacute;deres pol&iacute;ticos europeos conf&iacute;an en recuperar su vigorosidad inicial.</em>
    </p><p class="article-text">
        El mandato del luxemburgu&eacute;s Jean Claude Juncker ha acabado cediendo a las cr&iacute;ticas que amenazan la cuesti&oacute;n europea desde multitud de flancos, incluso a pesar de representar la faceta m&aacute;s europe&iacute;sta, optimista y proactiva en relaci&oacute;n a la recuperaci&oacute;n del proyecto pol&iacute;tico como base de una integraci&oacute;n socio-econ&oacute;mica del territorio continental. La necesidad de replantear el liderazgo en la Uni&oacute;n se antoja urgente e imprescindible, pues tal y como apuntan analistas como R. Suanzes, el esquema tradicional de funcionamiento parlamentario en el que los peque&ntilde;os Estados ced&iacute;an espacio a los grandes Estados en los asuntos de importancia supra-nacional ha devenido inoperativo (Suanzes, 2016).
    </p><p class="article-text">
        Unido a ello, la carencia de coordinaci&oacute;n y acuerdo entre los tradicionales socios de la Uni&oacute;n (especialmente y con una relevancia muy superior al resto de conexiones: Francia-Alemania) impide el avance conjunto que estos mismos propiciaban, alternando fases de compromiso laxo con etapas de fuerte inter-relaci&oacute;n que ahora parecen haber desaparecido en el abrumador vac&iacute;o existencial.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, el caso franc&eacute;s merece una especial menci&oacute;n en este sentido, pues las voces cr&iacute;ticas con respecto al proyecto europeo han cristalizado en una fuerza pol&iacute;tica que amenaza desde hace a&ntilde;os la estabilidad, no solo de la Rep&uacute;blica francesa, sino del conjunto de la Uni&oacute;n Europea, pues sus propuestas en relaci&oacute;n a este organismo son, cuanto menos, poco halag&uuml;e&ntilde;as. Cierto es que el miedo al <em>&ldquo;Le Penismo&rdquo;</em> ha logrado aunar fuerzas entorno a la f&eacute;rrea figura de Emmanuel Macron, quien, en tanto que sustituto de Hollande, pretende recuperar la posici&oacute;n de Francia en el contexto internacional, primando el proyecto europeo y su capacidad de liderazgo pol&iacute;tico de la mano de la (todav&iacute;a) Alemania de Merkel. Sin embargo, todav&iacute;a se perfila un futuro incierto, pues la propuesta europe&iacute;sta de <em>&ldquo;En Marche&rdquo;</em> debe superar multitud de escollos sociales e institucionales que impiden apostar tan firme e indiscutiblemente como se pretende por la cohesi&oacute;n europea.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que se nos advierte ante todo ello, y que se plantean autores como Rodr&iacute;guez o Tsoukalis, es sencilla, directa: &iquest;Qu&eacute; va a ser de Europa? Y, como bien apostillar&iacute;a nuestro ex-presidente, &ldquo;ello no es una cuesti&oacute;n menor&rdquo;, pues la posici&oacute;n de Europa, y m&aacute;s en concreto, de la Uni&oacute;n Europea, en el contexto internacional se debate en una p&eacute;rdida progresiva de influencia que responde especialmente a esta falta de liderazgo pol&iacute;tico en tanto imposibilidad de articular de manera conjunta estrategias de reposicionamiento en las modernas y cambiantes estructuras del orden geo-pol&iacute;tico mundial, cuyas notas esenciales pueden expresarse del siguiente modo: fin de la divergencia global.
    </p><h3 class="article-text">Inicio de una nueva convergencia: decadencia europea</h3><p class="article-text">
        <em>El panorama, pues, al que se enfrenta la Europa de nuestros d&iacute;as, d&eacute;bil y fragmentada en su faceta interna, coadyuva de manera muy intensa a la crisis que afecta al futuro de la Uni&oacute;n en la multiplicidad de dimensiones que le son propias.</em>
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute; que en unas pocas d&eacute;cadas hemos asistido a una reordenaci&oacute;n del peso geo-pol&iacute;tico mundial en detrimento del papel de la Uni&oacute;n Europea en el &aacute;mbito exterior, pues los datos nos aportan argumentos contundentes en favor de esta afirmaci&oacute;n, constatando el viraje en el dominio global en favor de las naciones del Pac&iacute;fico oriental. En concreto, la Rep&uacute;blica Popular de China, el gigante silencioso. La estrategia de los 28 caracteres impulsada por las 2 principales figuras pol&iacute;ticas existentes en China desde la &eacute;poca de Mao (Deng Xiaoping y Xi Jingping), cuyas notas caracter&iacute;sticas radican en el desarrollo de perfiles bajos, trabajo silencioso y labor constante, ha devenido el proyecto pol&iacute;tico m&aacute;s importante del S.XXI (e incluso me atrever&iacute;a a decir finales del S.XX). Sus efectos todav&iacute;a no son lo visibles que pueden alcanzar a ser, pero algunas de sus &ldquo;aristas&rdquo; (pues es un tanto atrevido calificar de aristas los fara&oacute;nicos proyectos emprendidos por el sector chino) ya se sobreponen al dominio occidental del mercado global, tanto a nivel mercantil como a nivel creativo, innovador (Vidal, 2018).
    </p><p class="article-text">
        La UE, actualmente, no se encuentra en condiciones necesarias para poder hacer frente a amenazas tan directas de su poder tradicional, sino que por el contrario muestra carencias cada vez m&aacute;s claras en relaci&oacute;n a su incapacidad de articular un verdadero proyecto geo-pol&iacute;tico exterior claro y contundente, trazando rutas muy dispersas y banales que apenas alcanzan a cumplir su papel exterior en tanto garante de las naciones, hasta el momento, m&aacute;s potentes del panorama mundial. Su p&eacute;rdida de poder en favor de naciones como la China es patente en el tablero geo-pol&iacute;tico mundial en casillas como la africana, pues las firmes apuestas de China por el territorio con el mayor potencial actualmente existente<strong>[4]</strong> son respondidas por los jerarcas de la Uni&oacute;n con quiz&aacute;s temor, posiblemente desconfianza, pero seguro escasez. Las apuestas apuntan bajo. Muy bajo.
    </p><p class="article-text">
        Esta crisis internacional exterior (compartida, por otra parte, con los EEUU de Am&eacute;rica, aunque con un declive, si cabe, todav&iacute;a superior en la faceta militar y econ&oacute;mica), por tanto, supone una evidencia m&aacute;s de la necesaria recomposici&oacute;n que ha de evidenciar la Uni&oacute;n Europea, cuya recuperaci&oacute;n pasa, inevitablemente, por un necesario ejercicio de constricci&oacute;n y repensamiento de sus bases, de sus v&iacute;as de acci&oacute;n, y sobre todo, de sus lazos de inter-relaci&oacute;n internos. Este es el &uacute;nico camino que, eventualmente, pudiera salvar a la Uni&oacute;n de su desmoronamiento progresivo, pues las amenazas externas e internas a&uacute;n admiten una nueva y ulterior amenaza: la fr&iacute;a y distante Rusia.
    </p><h3 class="article-text">Rusia: Putin y la recuperaci&oacute;n del orgullo                      </h3><p class="article-text">
        <em>La Europa de Merkel y Sarkozy ha restado como un bonito recuerdo en el imaginario colectivo europeo, pero la realidad ahora es otra. Y es otra muy distinta.</em>
    </p><p class="article-text">
        La amenaza rusa es cada vez, de nuevo, m&aacute;s evidente, pues la Rusia atrasada y marginada al este europeo ya es historia, mientras que la recuperaci&oacute;n del orgullo patrio y de su potencial militar es una realidad. Una realidad cada vez m&aacute;s problem&aacute;tica, pues la seguridad en las fronteras de la Uni&oacute;n suma a su ya problem&aacute;tica silueta<strong>[5]</strong> una nueva preocupaci&oacute;n sobre la que prestar una especial atenci&oacute;n en materia econ&oacute;mica, pero sobre todo geo-pol&iacute;tica. Caminamos, pues, tal y como plantea Rafael Poch, hacia una &ldquo;Europa de los Balcanes&rdquo;, en la que la alargada sombra rusa sobrevuela la agenda europea martilleantemente, ahondando cada vez m&aacute;s en su ya profunda herida.
    </p><p class="article-text">
        Pero Europa puede sobreponerse. Debe sobreponerse, pues contamos con las herramientas necesarias para ello, tan solo falta recuperar la ilusi&oacute;n por una Europa renovada, no solo en la ciudadan&iacute;a, sino sobre todo en su clase pol&iacute;tica, en la jerarqu&iacute;a europea y las generaciones por venir.
    </p><h3 class="article-text">Conclusi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El balance, pues, sostiene un diagn&oacute;stico de la Europa actual escasamente alentador, pero, tal y como se plantea y ha de lograrse comprender, la situaci&oacute;n precisa de altas miras, y estas proyecciones no pueden sino lograrse sobreponi&eacute;ndose a las cuestiones que advendremos en denominar &ldquo;t&eacute;cnico-materiales&rdquo; para poder hacer frente a la verdadera dimensi&oacute;n del problema: falta de cooperaci&oacute;n e integraci&oacute;n interna con implicaciones en la falta de liderazgo, estaticismo, inmovilismo e indefinici&oacute;n pol&iacute;tica. Las soluciones existen, ahora es necesario querer y saber aplicarlas.
    </p><p class="article-text">
        Europa tiene en sus manos su propio futuro, responsabilidad que por el momento desconoce, lo que eleva el riesgo en la apuesta que supone su propio proyecto integrador. Voluntad pol&iacute;tica, cooperaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica efectiva como bases de la recuperaci&oacute;n del orgullo europeo, y esencialmente, de la operatividad y futuro del PROYECTO (clave) de la Uni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Christian Almaz&aacute;n</strong> es alumno de 4&ordm; curso del grado de Ciencias Pol&iacute;ticas y de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica de la Universidad de Valencia
    </p><p class="article-text">
        <strong>**********************</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>[1] </strong>Cuyas m&uacute;ltiples cabezas se asemejan a la estructura multi-poder que rige la Uni&oacute;n Europea
    </p><p class="article-text">
        <strong>[2] </strong>El concepto de <em>&ldquo;Path Dependency&rdquo;</em> trata esta cuesti&oacute;n, asegurando la imposibilidad de iniciar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y proyectos p&uacute;blicos desde un momento cero inicial, pues todas ellas son presas de su herencia institucional y pol&iacute;tica m&aacute;s inmediata (es imposible actuar en el vac&iacute;o, en la vacuidad institucional).
    </p><p class="article-text">
        <strong>[3] </strong>Concepto que a&uacute;na la din&aacute;mica de retorno al Nacionalismo proteccionista m&aacute;s tradicional junto a la versi&oacute;n m&aacute;s peyorativa de la noci&oacute;n &ldquo;retro&rdquo;, tradicional, antigua, arcaica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[4] </strong>No &uacute;nicamente a nivel territorial y recursivo (Tantalita, Columbita, terreno de pasto, terreno agr&iacute;cola, madera, petr&oacute;leo&hellip;), sino, y principalmente, a nivel de capital humano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[5] </strong>La cuesti&oacute;n de los Refugiados es, si cabe, el principal problema interno al que se enfrenta Europa en su conjunto, pero cuya soluci&oacute;n no podr&aacute; articularse sin una estabilidad, cohesi&oacute;n y voluntad pol&iacute;tica interior inicial, aspecto al que aqu&iacute; se dedica la atenci&oacute;n principal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Christian Almazán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/los-jovenes-opinan-sobre-el-futuro-de-europa/europa-descabezada-desorientada_132_1690593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Feb 2019 09:20:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una Europa descabezada, una Europa desorientada]]></media:title>
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