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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ismael García Ávalos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ismael_garcia_avalos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ismael García Ávalos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Investidura fallida, ¿ocaso de la primavera populista?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/investidura-fallida-ocaso-primavera-populista_132_1386561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b97608f9-ef0a-4d4f-bdab-3e06aa195505_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Investidura fallida, ¿ocaso de la primavera populista?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La anomalía que atraviesan nuestras instituciones no ha comenzado con esta investidura fallida</p><p class="subtitle">Somos prisioneros de la coyuntura, de la inmediatez del último tuit que deviene en efímero titular, nos queda poco tiempo para reflexionar sobre los procesos de fondo</p><p class="subtitle">Pero sin reflexiones pausadas solamente podemos aspirar a manejar un conjunto inconexo de hechos sucesivos, irremediablemente insuficientes para crearnos una opinión informada</p></div><p class="article-text">
        Mucho se ha escrito ya sobre la frustrada investidura de Pedro S&aacute;nchez y el fat&iacute;dico desenlace de las negociaciones con Unidas Podemos. Conocimos las ofertas y contraofertas en tiempo real a trav&eacute;s de filtraciones interesadas &ndash;casi siempre lo son&ndash; de documentos de ambas partes, supimos de la desafortunada falta de sinton&iacute;a entre los negociadores a la hora de elegir canales de comunicaci&oacute;n &ndash;Carmen Calvo en WhatsApp, Pablo Echenique en Telegram&ndash; e, incluso, escuchamos al propio Pablo Iglesias lanzar su &uacute;ltima oferta <em>in extremis</em> desde la tribuna del Congreso de los Diputados. Tampoco han faltado las declaraciones de &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n, cuya presencia ausente persigue a Pablo Iglesias como un espectro amenazante, asegurando que &eacute;l s&iacute; hubiese aceptado la oferta del PSOE.
    </p><p class="article-text">
        En un intento por retomar las negociaciones donde quedaron encalladas, Unidas Podemos ha realizado una &uacute;ltima oferta de gobierno de coalici&oacute;n que ya ha sido rechazada por Carmen Calvo. M&aacute;s all&aacute; de analizar el contenido concreto de la oferta de Unidas Podemos y la respuesta del PSOE, lo que pretendemos en estas l&iacute;neas es arrojar algo de luz desde la Teor&iacute;a Pol&iacute;tica sobre el conjunto del proceso pol&iacute;tico y social que atraviesa nuestro pa&iacute;s. Prisioneros como estamos de la coyuntura, de la inmediatez del &uacute;ltimo tuit que deviene en ef&iacute;mero titular, nos queda poco tiempo para reflexionar sobre los procesos de fondo. Pero sin estas reflexiones pausadas solamente podemos aspirar a manejar un conjunto inconexo de hechos sucesivos, irremediablemente insuficientes para crearnos una opini&oacute;n informada.
    </p><p class="article-text">
        Convendr&iacute;a comenzar por destacar que la anomal&iacute;a que atraviesan nuestras instituciones no ha comenzado con esta investidura fallida. La crisis de representaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, esto es, la disociaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados, se expres&oacute; con rotundidad el 15 de mayo de 2011. No por casualidad, Podemos tiene aquel estallido social que se form&oacute; al grito de &ldquo;no nos representan&rdquo; como un momento fundante en su particular liturgia partidista, pese a no ser fundado hasta 2014.
    </p><p class="article-text">
        Aquel 15M inaugur&oacute; un nuevo ciclo cultural y pol&iacute;tico, puso de manifiesto la desafecci&oacute;n ciudadana producto de una conjunci&oacute;n de malestares que, sin &aacute;nimo de exhaustividad, podr&iacute;amos agrupar en cuatro crisis relacionadas, pero diferenciables: La primera ser&iacute;a la crisis de representaci&oacute;n m&aacute;s arriba mencionada, la segunda la grave crisis econ&oacute;mica que padec&iacute;a el pa&iacute;s desde 2008 en sinton&iacute;a con la grav&iacute;sima crisis mundial, la tercera la crisis territorial que afloraba desde la sentencia del TC tumbando el Estatut de Catalu&ntilde;a, y la cuarta la crisis generacional que condenaba a &ldquo;la generaci&oacute;n m&aacute;s preparada de la historia&rdquo; a vivir peor de lo que lo hab&iacute;an hecho sus padres y madres.
    </p><p class="article-text">
        Fue en ese clima de &eacute;poca en el que irrumpi&oacute; la hip&oacute;tesis Podemos con la intenci&oacute;n de dar una respuesta sustancialmente distinta a la de los partidos tradicionales, grandes y peque&ntilde;os. La lectura de aquel periodo como un <em>momento populista</em> consisti&oacute; fundamentalmente en plantear, con Ernesto Laclau, que una &eacute;lite privilegiada &ndash;<em>la casta</em>- detentaba las instituciones del Estado en provecho propio y de espaldas a los intereses de la ciudadan&iacute;a. La particularidad de dicho momento populista reside en la incapacidad de las &eacute;lites para satisfacer las demandas ciudadanas. As&iacute;, reclamos muy diferentes como pudieran ser la creaci&oacute;n de empleo, la paralizaci&oacute;n de los desahucios, la participaci&oacute;n ciudadana en la toma de decisiones o el hartazgo frente a la corrupci&oacute;n y la supuesta impunidad de algunos corruptos, encuentran en com&uacute;n su frustraci&oacute;n al no ser atendidos por los poderes p&uacute;blicos que se encuentran en manos de una &eacute;lite tan incapaz como insensible ante los problemas sociales. Ante esta situaci&oacute;n, un gran contingente de electores aparece disponible para construir nuevas mayor&iacute;as transversales. Bajo este esquema, por tanto, la importancia de la adscripci&oacute;n partidista en el cl&aacute;sico eje izquierda-derecha, rebaja sustancialmente su importancia y cede el espacio a un nuevo clivaje abajo-arriba que fue traducido por Podemos en <em>pueblo-casta</em>.
    </p><p class="article-text">
        Podemos concurri&oacute; a los comicios europeos de 2014 y el resto ya es historia. En 2015 nacieron los &ldquo;Ayuntamientos del Cambio&rdquo; en ciudades tan emblem&aacute;ticas como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, La Coru&ntilde;a, Ferrol, Santiago de Compostela y C&aacute;diz. Dos elecciones generales bajo la promesa del <em>sorpasso</em> al PSOE y la constataci&oacute;n de una suerte de empate catastr&oacute;fico entre las fuerzas progresistas y conservadoras, as&iacute; como en el interior del bloque progresista. Ese escenario condujo finalmente, previa ruptura interna del PSOE y descabezamiento de su Secretario General, a la investidura de Mariano Rajoy.
    </p><p class="article-text">
        Se instaur&oacute; entonces un cierto &aacute;nimo de resignaci&oacute;n, cuando no de derrota, entre los votantes de las fuerzas transformadoras. Quiz&aacute; la obcecaci&oacute;n de &ldquo;asaltar los cielos&rdquo; impidi&oacute; una estrategia m&aacute;s pausada y realista consistente en una guerra de posiciones en sentido gramsciano, una batalla de largo recorrido en la que lograr, en palabras de Aitor Esteban, &ldquo;conquistar el cielo nube a nube&rdquo;. Sinceramente, parece que de este error voluntarista, propio de un movimiento que se auto-percibe como de vanguardia, ya est&aacute;n curadas buena parte de las fuerzas del cambio. Para las que no lo est&eacute;n todav&iacute;a, la realidad se muestra dispuesta a reservarles el dudoso privilegio de repetirles la lecci&oacute;n. Pero de aquel fracaso se extrajo una conclusi&oacute;n diametralmente opuesta que no deber&iacute;amos dar por v&aacute;lida sin someterla a un riguroso an&aacute;lisis: la creencia del fin de ciclo.
    </p><p class="article-text">
        El fin de ciclo har&iacute;a alusi&oacute;n al cierre de la ventana de oportunidad, a la terminaci&oacute;n del <em>momento populista. </em>Entendiendo, con Bruce Ackerman, la din&aacute;mica pol&iacute;tica como una sucesi&oacute;n de &ldquo;tiempos calientes&rdquo; en los que la historia se acelera y se construyen nuevas correlaciones de fuerzas y &ldquo;tiempos fr&iacute;os&rdquo; de congelaci&oacute;n de esos equilibrios en los que predomina la gesti&oacute;n y la negociaci&oacute;n entre todos los actores, el <em>momento populista</em> ser&iacute;a el propio de los &ldquo;tiempos calientes&rdquo; y la l&oacute;gica institucional regir&iacute;a los &ldquo;tiempos fr&iacute;os&rdquo;. Si bien, en la contraposici&oacute;n laclausiana entre pueblo y Estado, ning&uacute;n periodo ni r&eacute;gimen pol&iacute;tico ser&iacute;a tan puramente populista que prescindiera de cualquier tipo de orden o mediaci&oacute;n institucional, ni tan puramente institucionalista que pudiera prescindir de la dimensi&oacute;n popular necesaria para constituir una comunidad. Estar&iacute;amos, por tanto, ante una especie de movimiento pendular constante &ndash;tomando prestada la met&aacute;fora de Aboy Carl&eacute;s&ndash; entre populismo e institucionalismo. Constatado el cierre del <em>momento populista</em>, lo propio del periodo ser&iacute;a tejer acuerdos y asegurar la gobernabilidad del bloque progresista frente al reaccionario. Es decir, la aceptaci&oacute;n impl&iacute;cita del retorno del clivaje izquierda-derecha a la espera de tiempos mejores, m&aacute;s &ldquo;calientes&rdquo;, en los que poder articular una mayor&iacute;a popular transcendente.
    </p><p class="article-text">
        El riesgo de esta visi&oacute;n es la confusi&oacute;n, nuevamente, entre coyuntura y procesos de fondo. El populismo no es una t&aacute;ctica electoral para &ldquo;tiempos calientes&rdquo; en los que es posible &ldquo;asaltar los cielos&rdquo;. Efectivamente, una estrategia populista &ndash;como cualquier otra&ndash; no es ajena a los procesos sociales de su &eacute;poca, pero en modo alguno se circunscribe a los momentos &aacute;lgidos de toma del poder y queda sin nada que decirnos si las movilizaciones se enfr&iacute;an. La hip&oacute;tesis populista depende de la capacidad de las clases dirigentes para satisfacer o desactivar convincentemente las demandas del conjunto de la sociedad. De ninguna de las cuatro crisis arriba se&ntilde;aladas &ndash;de representaci&oacute;n, econ&oacute;mica, territorial y generacional- Espa&ntilde;a est&aacute; hoy m&aacute;s cerca de encontrar una salida que en 2015. Un simple vistazo al &uacute;ltimo CIS y los indicadores econ&oacute;micos puede ser muy esclarecedor a este respecto.
    </p><p class="article-text">
        El populismo es, ante todo, una teor&iacute;a de las identidades sociales y un r&eacute;gimen de legitimaci&oacute;n de las mismas. Por tanto, debemos atender a las condiciones sociales de cada &eacute;poca para evaluar si puede desplegarse ese tipo de legitimaci&oacute;n. Maristella Svampa se&ntilde;ala que ese tipo de legitimaci&oacute;n puede desplegarse &ldquo;cada vez que una sociedad atraviesa momentos de transformaci&oacute;n&rdquo;, que no es exactamente lo mismo que los &ldquo;tiempos calientes&rdquo; de Ackerman porque la transformaci&oacute;n puede ser de dos tipos: En primer lugar, de las identidades sociales (pi&eacute;nsese, por ejemplo, en periodos de r&aacute;pida modernizaci&oacute;n de un pa&iacute;s o en los que es necesario defender la comunidad nacional frente a una amenaza externa). En segundo lugar, en momentos de desborde del sistema pol&iacute;tico tradicional, es decir, cuando el sentido com&uacute;n de &eacute;poca de una comunidad se encuentra muy por delante de la acci&oacute;n de sus representantes. As&iacute;, para Svampa, &ldquo;El populismo es tanto m&aacute;s posible cuando se trata de (re)construir un Estado moderno en relaci&oacute;n con la conciencia cultural de los gobernados.&rdquo; Siendo as&iacute;, no es necesaria una crisis de Estado, ni crisis org&aacute;nica en sentido gramsciano, ni un ciclo &aacute;lgido de movilizaciones sociales &ndash;aun cuando todos estos factores deben ser tenidos en consideraci&oacute;n-, bastar&iacute;a con una crisis de representaci&oacute;n de una sociedad que marcha por delante de sus representantes. El populismo vendr&iacute;a a dar respuesta a un periodo &ndash;con momentos m&aacute;s calientes y m&aacute;s fr&iacute;os&ndash; en el que los gobernados han sentido las instituciones como algo ajeno, para volver a hacer sentir el Estado como algo &ldquo;propio&rdquo; que concierne a todos y se hace cargo de las demandas del conjunto de su comunidad. El populismo, como exceso democr&aacute;tico constituido por la irrupci&oacute;n plebeya de aquellos que permanec&iacute;an al margen del sistema, de los desafectos, se propone as&iacute; llenar un vac&iacute;o de legitimidad acercando las instituciones a los gobernados. Este tipo de legitimaci&oacute;n, qu&eacute; duda cabe, ser&iacute;a perfectamente compatible con diversas pol&iacute;ticas econ&oacute;micas o alianzas sociales.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo para dar por cerrado el ciclo, por tanto, ser&iacute;a atender a la resoluci&oacute;n por parte de las instituciones de las demandas ciudadanas. &iquest;Han conseguido los gobernantes, mediante la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas concretas y la proposici&oacute;n de un horizonte de esperanza, recomponer el v&iacute;nculo entre ellos y los gobernados en nuestro pa&iacute;s? Parece que el clima de excepcionalidad en el que vivimos, con repeticiones electorales, mociones de censura, aplicaci&oacute;n del art&iacute;culo 155CE en Catalu&ntilde;a, presupuestos heredados de gobiernos anteriores o tumbados en el Congreso e investiduras fallidas, invita a pensar lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        La percepci&oacute;n general de la ciudadan&iacute;a sigue siendo que los grandes problemas contin&uacute;an sin ser abordados y, mucho menos, resueltos. Sigue siendo posible articular una mayor&iacute;a social transversal que se proponga recomponer los lazos solidarios y afectivos entre el conjunto de los espa&ntilde;oles, as&iacute; como entre representantes y representados. Un proyecto pol&iacute;tico transformador que tenga como principal tarea recuperar las instituciones y ponerlas al servicio de la gente haci&eacute;ndose cargo de los principales problemas e inquietudes sociales. Desde esa perspectiva, la eventual participaci&oacute;n de cualquier fuerza pol&iacute;tica en un gobierno de coalici&oacute;n o su apoyo parlamentario a otra formaci&oacute;n deber&iacute;an estar supeditadas a su capacidad real de empuje al conjunto del gobierno, a la posibilidad de transformaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas m&aacute;s que al n&uacute;mero de ministerios que se ostentan.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;, desde esa perspectiva de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica sea posible deshojar la margarita de la investidura de forma satisfactoria. Y, a&uacute;n m&aacute;s importante, propiciar alternativas que no caigan ni en el infantilismo voluntarista, ni en la derrotista resignaci&oacute;n. Alternativas conscientes de la realidad social, pero con la voluntad de forjar su propio destino.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ismael García Ávalos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/investidura-fallida-ocaso-primavera-populista_132_1386561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Sep 2019 19:57:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Investidura fallida, ¿ocaso de la primavera populista?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Íñigo Errejón: ¿tener razón o ganar elecciones?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/inigo-errejon-tener-razon-elecciones_129_1676569.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15302bd8-78f3-4e7b-a715-82362a855102_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Íñigo Errejón: ¿tener razón o ganar elecciones?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la izquierda quiere conectar con la mayoría de la sociedad, no puede jugar a desvelar el auténtico conflicto –lucha de clases, siguiendo con nuestro ejemplo economicista– que desencadena todos los demás y que permanece oculto a los ojos de la mayoría</p><p class="subtitle">Si una fuerza política se limita a revelar esa verdad objetiva que solamente unos pocos ven puede tener razón pero, en la medida que no conecta más que con una selecta vanguardia y se dirige con cierta prepotencia intelectual a los demás, nunca ganará elecciones</p></div><p class="article-text">
        El pasado 16 de febrero &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n y Manuela Carmena, arropados por unas 2.000 personas, celebraron su primer acto electoral en la capital madrile&ntilde;a para presentar sendas candidaturas al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid. Este movimiento, con la vista puesta en el pr&oacute;ximo 26 de mayo, ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre las diferentes sensibilidades existentes en Podemos y, sobre todo, el debate sobre los planteamientos te&oacute;ricos defendidos por el propio Errej&oacute;n. La discusi&oacute;n es pertinente toda vez que contin&uacute;a generando efectos en un espacio pol&iacute;tico que transciende al propio Podemos, como hemos visto con la reciente decisi&oacute;n de Equo de abandonar la gestaci&oacute;n de la confluencia de Unidas Podemos en Madrid y abrir negociaciones con la nueva plataforma encabezada por Errej&oacute;n y Carmena.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del debate org&aacute;nico sobre los tiempos y las formas de la decisi&oacute;n tomada en su d&iacute;a por el otrora candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid, merece la pena detenerse en analizar algunas de las motivaciones ideol&oacute;gicas que han llevado a Errej&oacute;n a realizar este movimiento. Este ejercicio es necesario porque se ha instaurado, tanto en el seno de Podemos como en buena parte de los medios de comunicaci&oacute;n, un relato por el cual los partidarios de Errej&oacute;n preferir&iacute;an ganar las elecciones a defender ideas y valores de forma clara y contundente. As&iacute;, no faltan quienes encuentran m&aacute;s moderada su propuesta que la de Pablo Iglesias, o incluso pr&oacute;xima al PSOE.
    </p><p class="article-text">
        En cierto modo, es correcto decir que el errejonismo plantea el siguiente debate a las llamadas fuerzas del cambio: tener raz&oacute;n o ganar elecciones. Errej&oacute;n, como buen lector de Laclau y Mouffe, sabe que no basta con enunciar una supuesta realidad preconstituida en una esfera independiente de la pol&iacute;tica, pongamos por caso la econ&oacute;mica, en la que reside la verdad objetiva de lo social. Si la izquierda quiere conectar con la mayor&iacute;a de la sociedad, no puede jugar a desvelar el aut&eacute;ntico conflicto &ndash;lucha de clases, siguiendo con nuestro ejemplo economicista&ndash; que desencadena todos los dem&aacute;s y que permanece oculto a los ojos de la mayor&iacute;a. Si una fuerza pol&iacute;tica se limita a revelar esa verdad objetiva que solamente unos pocos ven puede tener raz&oacute;n pero, en la medida que no conecta m&aacute;s que con una selecta vanguardia y se dirige con cierta prepotencia intelectual a los dem&aacute;s, nunca ganar&aacute; elecciones.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n clave aqu&iacute; es que no hay tal realidad constituida por fuera de lo pol&iacute;tico. Evidentemente, hay hechos objetivos incontestables, pero el significado de los mismos est&aacute; siempre abierto a una leg&iacute;tima disputa. Y esa disputa discursiva es lo que se juega en el terreno exclusivo de lo pol&iacute;tico. As&iacute;, que un poblado quede devastado tras un se&iacute;smo pude ser interpretado como un castigo de los dioses o como el resultado de un urbanismo irresponsable. De las dispares interpretaciones se derivar&aacute;n, como es natural, responsables distintos de la cat&aacute;strofe y medidas diferentes para evitar su repetici&oacute;n en el futuro. Por tanto, la operaci&oacute;n pol&iacute;tica por excelencia no consiste en enunciar una verdad objetiva &ndash;en tener raz&oacute;n- sino en construir una interpretaci&oacute;n de los hechos que configure el sentido com&uacute;n mayoritario.
    </p><p class="article-text">
        Descartada la opci&oacute;n que se inclina por tener raz&oacute;n frente a ganar elecciones, pareciera que solamente nos queda aglutinar el mayor n&uacute;mero de voluntades posibles para el triunfo electoral. Esto es precisamente lo que vienen haciendo los partidos <em>catch-all</em> desde la segunda mitad del siglo XX en Europa occidental. Se trata, como sabemos, de partidos que diluyen o suavizan sus ideolog&iacute;as de origen con la finalidad de atraer al mayor n&uacute;mero de votantes. No obstante, sostenemos que la operaci&oacute;n pol&iacute;tica que defiende Errej&oacute;n es esencialmente distinta. Y lo es porque no se trata tanto de sumar voluntades ya existentes como de construir una nueva identidad colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Lo que distingue la estrategia catch-all de la apuesta por constituir una hegemon&iacute;a en t&eacute;rminos gramscianos es la diferencia entre la suma y la articulaci&oacute;n. Una mera suma de voluntades agrupa o aspira a agrupar a cuantas m&aacute;s mejor sin l&iacute;mite te&oacute;rico alguno. La articulaci&oacute;n <em>transforma</em>  a ambas partes, tanto a la incorporada como a la naciente identidad colectiva. La articulaci&oacute;n hace que cada parte se trascienda a ella misma en un todo superior a la suma de las partes. Este proceso articulatorio no es pac&iacute;fico ni est&aacute; exento de contradicciones. De hecho, debe gestionar de forma permanente la irresoluble tensi&oacute;n entre la reafirmaci&oacute;n de lo ya articulado y la necesaria apertura a nuevos elementos. Un exceso de reafirmaci&oacute;n impedir&iacute;a su crecimiento, mientras que un exceso de apertura entra&ntilde;ar&iacute;a el riesgo de articular elementos muy dispares e implosionar la contingente unidad lograda. Para gestionar tan delicado equilibrio, el populismo se propone trazar una frontera al interior de la comunidad pol&iacute;tica que construya antagonismos constitutivos de la diferencia. Dicho en otras palabras, la construcci&oacute;n de un pueblo, de una nueva identidad colectiva, precisa en la operaci&oacute;n hegem&oacute;nica de la articulaci&oacute;n de un exterior constitutivo identificable como el adversario com&uacute;n de todas las voluntades articuladas. Ese fue el rol jugado por el significante &ldquo;casta&rdquo; en los or&iacute;genes de Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, -retomando el dilema inicial-, se tratar&iacute;a de ganar elecciones, s&iacute;; pero no con el sentido de las voluntades y demandas ya dado en la sociedad. No como mero representante de lo existente. La operaci&oacute;n articulatoria no desconoce el sentido com&uacute;n existente y opera desde &eacute;l, pero traza a su vez un horizonte de esperanza colectivo que permite, si dicha operaci&oacute;n es exitosa, empujar el sentido com&uacute;n hacia nuevas posiciones. Ese horizonte com&uacute;n es el que consigue engarzar demandas y voluntades heterog&eacute;neas mediante un lazo afectivo que logra una identificaci&oacute;n compartida. Un horizonte que se concreta en el nombre del cambio que se pretende y que encuentra como obst&aacute;culo a realizarse la presencia de su antagonista: <em>democracia </em>vs <em>mafia,</em> por ejemplo. As&iacute;, Errej&oacute;n declar&oacute; en una reciente entrevista en el plat&oacute; de El Intermedio que su objetivo prioritario era: &ldquo;conquistar las instituciones, sacar de all&iacute; a la mafia y devolv&eacute;rselas a gente.&rdquo; Por su parte, en la puesta de escena con Carmena, Errej&oacute;n aclar&oacute; que su propuesta no estaba dirigida solamente &ldquo;a la gente de izquierdas&rdquo; sino &ldquo;al conjunto de los madrile&ntilde;os&rdquo; e insisti&oacute; en la idea de &ldquo;construir justicia social&rdquo; como horizonte de esperanza, esto es, como nombre del cambio. Representar el sentir mayoritario y fraguar una voluntad trasformadora no solamente no son movimientos incompatibles desde su marco te&oacute;rico, sino que ser&iacute;an dos caras de una misma moneda en la medida que una no se explica sin la otra.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas precisiones deben ser tenidas en cuenta si queremos tener un debate fruct&iacute;fero sobre la propuesta pol&iacute;tica de fondo de &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n. No se tratar&iacute;a, en conclusi&oacute;n, de una diferencia de grado en la moderaci&oacute;n o en la radicalidad de su propuesta, sino de una forma distinta de entender la pol&iacute;tica para la que no habr&iacute;a nada m&aacute;s radical que construir una nueva mayor&iacute;a con voluntad de cambio. Es aqu&iacute; donde entran en juego la transversalidad y la voluntad de superar el eje izquierda-derecha. El salto de tener raz&oacute;n sin m&aacute;s a ganar elecciones en el marco de la disputa por el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo se&ntilde;alar que,  a nuestro parecer, si esta propuesta encuentra dificultades para ser entendida se debe principalmente a la falta de tradici&oacute;n pol&iacute;tica, pr&aacute;ctica y te&oacute;rica, en este sentido. Quiz&aacute; sea necesario acudir a escuelas de pensamiento m&aacute;s heterodoxas que las europeas para encontrar nuevas herramientas con las que analizar el presente y entender nuestro futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ismael García Ávalos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/inigo-errejon-tener-razon-elecciones_129_1676569.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Feb 2019 20:47:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Íñigo Errejón: ¿tener razón o ganar elecciones?]]></media:title>
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