<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - J. Alba Ruiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/j_alba_ruiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - J. Alba Ruiz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/517259/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA["Au revoir les hommes", o cómo pasar el duelo que supone dejar de ser hombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/au-revoir-les-hommes-pasar-duelo-supone-hombre_132_6289077.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9a4bc84-b03f-4741-b5d7-5df6bd3bb678_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Au revoir les hommes&quot;, o cómo pasar el duelo que supone dejar de ser hombre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo normal es que le echemos la culpa a las mujeres que ahora protestan por todo, nos increpan en todo, se enfadan con todo y saben además de todo</p></div><p class="article-text">
        Louis Malle estrenaba con &eacute;xito en 1987 <em>Au revoir les enfants</em>, que adem&aacute;s de ser una cr&oacute;nica del drama b&eacute;lico de la Segunda Guerra Mundial en la piel de unos adolescentes, era tambi&eacute;n el relato del tr&aacute;nsito de la ni&ntilde;ez a la edad adulta. Un amanecer vital, con el correspondiente duelo que eso implica: despedirse de los ojos inocentes de la infancia y despertar a los ojos realistas de la vida de un adulto. De forma an&aacute;loga, creo que a los hombres de nuestra &eacute;poca nos est&aacute; costando vivir algo parecido: un duelo por la p&eacute;rdida de la hombr&iacute;a. Inevitablemente, hoy esa hombr&iacute;a est&aacute; herida, casi de muerte, y se hace dif&iacute;cil decir que pueda sostenerse. Y requiere un duelo. Un duelo que Elisabeth K&uuml;bler-Ross supo desgranar como nadie y que tiene cinco etapas, no necesariamente consecutivas ni alternas, pero s&iacute; necesarias para superar una p&eacute;rdida, y todo sea dicho de paso, y desde el punto de vista de quien escribe, para preparar una bienvenida. Perder algo es ganar algo. As&iacute; que dichoso sea este duelo, si nos lleva a algo mejor. 
    </p><p class="article-text">
        <em>La primera etapa es la negaci&oacute;n del problema</em>. Creo que ning&uacute;n hombre ha dejado de pasar por esto; el hecho de intentar negar que a los hombres nos pase algo, o cuestionar que ser hombres se asocie a un malestar, o que haya alg&uacute;n problema con la igualdad entre hombres y mujeres. Bien, es cierto, que a ti como hombre individual puede que no te pase nada (este art&iacute;culo no es para ti, no te preocupes). Pero a todos, en general, como colectivo, parece que s&iacute;. La sociolog&iacute;a es un buen espejo, y el INE tambi&eacute;n cuando nos da cifras vinculadas al sexo masculino de entre el 80 y el 90 % en aquellos aspectos de la vida que no son ni mucho menos agradables o deseables: corrupci&oacute;n, violencias, suicidios, adicciones, proxenetismo, siniestralidad... Negar que algo pase es una defensa, quiz&aacute; l&oacute;gica cuando ver la realidad cara a cara es duro, y no ves por donde salir. Pero meter la cabeza debajo de la tierra como los avestruces no resolver&aacute; nada. La realidad, que no hace falta ya contar, seguir&aacute; estando ah&iacute; salpic&aacute;ndonos m&aacute;s pronto que tarde y m&aacute;s cerca que lejos. As&iacute; que aunque por un tiempo lo neguemos, hay que asimilar la p&eacute;rdida, ser&aacute; ineludible mirar alrededor. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez descubierta la <em>coprorrealidad</em> toca buscar responsables. La segunda etapa es<em> la ira o la frustraci&oacute;n frente al problema.</em> Alguien tiene la culpa de que toda <em>esta mierda</em>, de ah&iacute; lo de <em>copro</em>, est&eacute; pasando. Esa es la colateralidad que rodea al hombre patriarcal. Lo normal es que le echemos la culpa a las mujeres que ahora protestan por todo, nos increpan en todo, se enfadan con todo y saben adem&aacute;s de todo. Claro, han dejado de ser d&oacute;ciles, sumisas, cuidadosas, dependientes y tiernas, y ahora son todas unas guerreras que nos asustan y amedrentan. Nosotros reaccionamos mal y somos las v&iacute;ctimas. Por ello, estamos cabread&iacute;simos: formamos clubes de hombres difamados, escarniados por procesos injustos de divorcios y custodias, por derivas de pareja insostenibles, por relaciones laborales viciadas a causa de mujeres impertinentes y autoritarias. Es normal, entonces, que nos juntemos en asociaciones para ver como recuperarnos y defendernos. La presi&oacute;n se hace insoportable y lo odiamos todo: esta sociedad, y la justicia de su lado, va contra nosotros; menos mal que nos quedan el f&uacute;tbol, los bares y los clubs, y sus locales, donde todav&iacute;a quedan mujeres que no protestan y nos quieren bien. Normal: el vac&iacute;o de ser hombre nos deja un hueco sin fondo que duele de manera insoportable, y educados para la autoridad, y tener siempre la raz&oacute;n, como est&aacute;bamos, el pensar que podamos ser responsables de ese dolor que nos asola es casi, en esta etapa, imposible. Nosotros no hemos hecho nada. 
    </p><p class="article-text">
        <em>La tercera etapa es la pseudoaceptaci&oacute;n o negociaci&oacute;n del masculinismo</em>. Es la etapa del equilibrismo, o como ser un buen feminista sin dejar de ser un buen hombre. No hace falta que se muera la hombr&iacute;a. Tampoco hay que ser radicales. Podemos dejar latente un poquito de hombr&iacute;a para no perder nuestra virilidad, para sentir que nuestros test&iacute;culos de 25 gramos aun pesan algo m&aacute;s. O como dice un colega de viaje, que no perdamos &ldquo;los huevos&rdquo; en este tr&aacute;nsito. En este momento nos volvemos pro-feministas, hacemos asociaciones de hombres buenos, femeninos, que seguimos saliendo bien en las fotos: centrados, limpiando la casa y con las criaturas en brazos, practicando yoga o fitness, cocinando, y cuidando mucho nuestras plantas de jard&iacute;n. M&aacute;s libres sexualmente, m&aacute;s tolerantes. No somos ya el t&iacute;pico perfil patriarcal, pero lucimos bien como &ldquo;nuevos hombres&rdquo;. Seguimos teniendo tir&oacute;n como varones posmodernos y nos cambiamos el perfil de &ldquo;Hombre Aqu&iacute;&rdquo; a &ldquo;Nuevas Masculinidades&rdquo;, donde ya no somos los masculinos de anta&ntilde;o, pero nos asumimos de otra manera, sin perder la esencia. As&iacute; nos convencemos que el cambio est&aacute; en marcha. En el fondo, nos resistimos a creer que algo tan hegem&oacute;nico, ancestral y natural haya terminado, y lo rescatamos aunque sea refinado, virtual y maquillado. Necesitamos que de alg&uacute;n modo se nos siga recon<em>ociendo imprescindibles como hombres.</em> Que se muera lo malo y se quede lo bueno, nos decimos. Sin darnos cuenta que Jekyll y Hyde son las caras del mismo personaje, aunque Jekyll sea posmoderno y feminista, y Hyde se haya vuelto m&aacute;s sutil y detallista. 
    </p><p class="article-text">
        <em>La cuarta etapa es la depresi&oacute;n masculina.</em> Os confesar&eacute; que estoy m&aacute;s o menos en &eacute;sta, aunque a veces resurjo y aparezco en alguna de las de antes. Que siento una tristeza extra&ntilde;a. Vale, ya traicion&eacute; al hombre que era, lo dej&eacute;: &ldquo;y ahora qu&eacute;&rdquo;. Se me cay&oacute; el &iacute;dolo y parece que me haya arrastrado con &eacute;l. Perdido, desorientado, sin ganas de estar con nadie, sin ansias de volver a ning&uacute;n grupo: &ldquo;un desencontrado que no tiene quien lo encuentre&rdquo;, me reconozco en Viglietti. Son las cosas del apego, como una melancol&iacute;a que se afianza en la seguridad de que esa masculinidad es una asunto del pasado: como el que se empe&ntilde;a a jugar a alg&uacute;n juego que no pudo jugar de ni&ntilde;o y se da cuenta que no puede, que ya nada es igual, ni las fuerzas ni la capacidad para disfrutar. Es f&aacute;cil reconocernos en esta etapa en la que nos hemos alejado de los colegas, de los amigos, de las costumbres. Y es posible que todav&iacute;a compartamos espacios pero no estamos, no es nuestro sitio. Esgrimimos una tibia sonrisa pero esas cosas &ldquo;de hombres&rdquo;, viejos o nuevos, no me aportan nada. Esa visi&oacute;n de mundo por muy renovada y progre que sea, me deja hueco. Como que estuviera agotado de cubrir expectativas. Qu&eacute; m&aacute;s da todo, si se acaba el hombre. Un desierto. 
    </p><p class="article-text">
        Pero es importante que la desesperanza aparezca: probablemente el m&aacute;s honesto de los sentimientos en este caso, porque solo cuando llegamos ah&iacute; podemos encontrarnos sorpresivamente con lo que olvidamos. El aqu&iacute; y el ahora sin m&aacute;s atenci&oacute;n que a lo que nos pasa. Los hombres, en esta depresi&oacute;n de g&eacute;nero multidimensional, se vuelven invisibles, extra&ntilde;os, bocetos de s&iacute; mismos, taciturnos y aislados. Unos raros. Si lo que cre&iacute;a ser se derrumba, yo tambi&eacute;n me derrumbo. Un misterio de posibilidad en lo que somos, vagabundos de la identidad: errancia necesaria para poder aprender el desapego. 
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, nada est&aacute; perdido. <em>Quinta etapa. Aceptaci&oacute;n: el g&eacute;nero re(des)generado</em>. El fin es el comienzo. Lo m&aacute;s importante es el final de las historias. Es cuando ya hacemos las paces con lo que sucede y nos dejamos estar, sin necesidad de sentir presi&oacute;n por ser algo o alguien. Entonces es cuando acontecen las cosas m&aacute;s extraordinarias que nos puedan pasar. Nos reencontramos con la vida, una vida extra&ntilde;a y rara que pide cosas inexplicables, como en permanente cambio, como recre&aacute;ndonos de manera metam&oacute;rfica. La soledad aprendida en la depresi&oacute;n nos da la seguridad de que no tenemos que responder ante nadie para sentirnos bien, sino ante un sentimiento de vida intensa que ahora nos cruza. Lo dem&aacute;s es un juego ilusorio de marcas que nos hac&iacute;a da&ntilde;o y nos volv&iacute;a sombras de lo que quer&iacute;amos ser, monstruos. Dejamos de identificarnos como hombres para acercarnos a algo que desconoc&iacute;amos: personas. Personas que como su nombre indica quiere decir sonar a trav&eacute;s de. Nos encontramos de repente haciendo de toma de contacto con la vida y las dem&aacute;s. Somos un sonar desmitificado. Estamos de nuevo reconectados y desconocemos qu&eacute; seremos, pero sabemos que podemos ser lo que queramos ser, sin miedo a lo que pueda pasar. De tener los brazos ca&iacute;dos, pasamos a ser la vida que nos pasa, d&aacute;ndole la expresi&oacute;n liberada que necesita. Nos sobran referentes, y necesitamos reaprender. Hombres deshechos convertidos en personas con una expresi&oacute;n de g&eacute;nero difusa, abyecta, sin espejo: los vemos cercanos a una locura de g&eacute;nero porque cruzan ciertos l&iacute;mites, porque se resisten a ser figuras (les dan igual las fotos y los &eacute;xitos); y porque con su presencia equ&iacute;voca nos revelan que la consistencia de lo masculino tiene el peso relativo de una bocanada de humo lanzada al aire y dibujando una sonrisa. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Alba Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/au-revoir-les-hommes-pasar-duelo-supone-hombre_132_6289077.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2020 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d9a4bc84-b03f-4741-b5d7-5df6bd3bb678_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="190722" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d9a4bc84-b03f-4741-b5d7-5df6bd3bb678_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="190722" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Au revoir les hommes", o cómo pasar el duelo que supone dejar de ser hombre]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d9a4bc84-b03f-4741-b5d7-5df6bd3bb678_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sucia blanquitud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/sucia-blanquitud_132_6023626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a1d0270-f37b-40d2-9fa5-3113cfe4dd9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sucia blanquitud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La rodilla del policía que lo asfixió no es una rodilla particular, no es una cuestión personal, o fruto del carácter del agente, no es el estilo brutal de la policía de Minneapolis, o un error de protocolo, es la rodilla de la blanquitud, y no solo norteamericana, sino global</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"Black lives matter, <em>and white lives are a shame</em>"<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        La blanquitud es como la nieve hollada en las aceras. Sucia. La blanquitud no existe como tal. Es el producto de la violencia ejercida contra la diferencia por cuestiones de apariencia, origen y territorialidad. Es la necesidad de fabricar una alteridad. A poco que estudiemos las variaciones en la piel, descubriremos que la melanina, esa peque&ntilde;a sustancia que modifica los tonos d&eacute;rmicos, obedece entre otras, a razones adaptativas, contextuales; y nos daremos cuenta que las pieles no son fragmentos discontinuos desmarcados por el azar del dibujo de mapas continentales, sino una soluci&oacute;n de continuidad y optimizaci&oacute;n fisiol&oacute;gica respecto al entorno basada en diferentes factores. La pregunta entonces, &ldquo;d&oacute;nde empieza una piel, d&oacute;nde acaba otra&rdquo;, &iquest;en qu&eacute; momento fue importante? &iquest;Cu&aacute;ndo, la percepci&oacute;n de la diferencia en la piel, se convirti&oacute; en relevante, en fronteriza, en una escala con jerarqu&iacute;a? Sin duda esa fue, y sigue siendo, la cuesti&oacute;n del colonialismo, necesitado de generar la alteridad para constituirse como la categor&iacute;a de referencia: la blanquitud. As&iacute; fue como con la violencia, las creencias y las normas, los castigos y los premios, y luego la educaci&oacute;n y el lenguaje, se constituy&oacute; la oposici&oacute;n, la frontera, entre la blanquitud y las dem&aacute;s pieles. La teor&iacute;a de las razas entra dentro de este juego de construcci&oacute;n de la alteridad dejando al descubierto que la ciencia est&aacute; empapada de intenciones ocultas, aunque su lenguaje parezca fr&iacute;o y as&eacute;ptico. Y la violencia es el f&oacute;rceps de la alteridad. Se necesita violencia para que la blanquitud quede justificada. Constituida. El asesinato de George Floyd, como tantos otros altericidios, no es una excepcionalidad del sistema. Forma parte de &eacute;l. Y sigue. La rodilla del polic&iacute;a que lo asfixi&oacute; no es una rodilla particular, no es una cuesti&oacute;n personal, o fruto del car&aacute;cter del agente, no es el estilo brutal de la polic&iacute;a de Minneapolis, o un error de protocolo, es la rodilla de la blanquitud, y no solo norteamericana, sino global. Esa violencia sucede para que cuando me vea en el espejo en cualquier lugar del mundo me sepa orgullosamente blanco. Una blanquitud tejida en sangre. Mi abuela me lo dec&iacute;a cuando hablaba de la ropa: &ldquo;El blanco es un color muy sucio&rdquo;. Tambi&eacute;n mi abuela, que no sab&iacute;a leer pero sab&iacute;a muchas cosas, expresaba aquel contrario cargado de connotaciones: &ldquo;C&oacute;mprate colores oscuros que son m&aacute;s sufridos&rdquo;. S&iacute;, el lenguaje es perverso, muy perverso.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, en estos d&iacute;as se sigue repitiendo el subterfugio. Despu&eacute;s del asesinato de George Floyd, el lema empoderante <em>Blacks lives matter</em> sigue siendo el dedo que apunta al oprimido, a la comunidad dolida y con rabia. Todav&iacute;a no se&ntilde;alamos con certeza a la condici&oacute;n opresora. No rige el rencor, sin embargo. Lo cual probablemente engrandece a&uacute;n m&aacute;s las reivindicaciones de estos d&iacute;as, y evidencia la ignominia de una blanquitud que preferir&iacute;a el odio para seguir justific&aacute;ndose. Porque es la blanquitud la que ha matado a Floyd, para seguir afianzando el estatus de poder en su condici&oacute;n de clase social. Decir &ldquo;el racismo es lo que le ha matado&rdquo;, es muy abstracto, no nos afecta. Es como si el racismo fuera un virus pasajero que nos influye desde hace siglos, y que pudi&eacute;ramos contrarrestar, eliminar, para ser &ldquo;buenos blancos&rdquo;. Pero no apunta a algo esencial: que la identidad blanca se forja desde la violencia; y el racismo no es un a&ntilde;adido. Por eso no hay blanco que no sea racista; dej&eacute;moslo claro, solo desde la negaci&oacute;n de la blanquitud y todo lo que la acompa&ntilde;a y la sostiene, podremos decir que empezamos a ser antirracistas. No hay blanco que se reconozca como blanco sin que la violencia siga funcionando. Por eso, el lema <em>White lives are a shame</em>, como un primer paso.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la negritud, es una categor&iacute;a trasmutada, revertida. Ya imperdible, la negritud, junto con las dem&aacute;s alteridades creadas por la blanquitud, representan la dignidad de la opresi&oacute;n en comunidad pero de resistencia y transformaci&oacute;n, de empodermiento. La negritud, lejos de ser una raza, como quer&iacute;a la blanquitud, ahora es la casa de humanidad donde vamos a tener que tocar la puerta con la cabeza bien baja, pidiendo permiso para volver a vivir dignamente, porque hemos perdido la llave. Y no esperemos que nos abran a la primera. Tendremos que dejar fuera esa blanquitud, tendremos que aprender c&oacute;mo hacer eso; deshacernos de la falsa condici&oacute;n que hemos creado y empezar a aprender a ser negros y negras, gitanos y gitanas, chinos y chinas, magreb&iacute;s, latinos y latinas, sure&ntilde;xs, y todas esas alteridades que son como un prisma policrom&aacute;tico, y que ha sostenido la violenta simpleza de crearnos como blancos y blancas, sin duda porque eso nos hac&iacute;a m&aacute;s poderosos. As&iacute; pues, lxs que nos traicionemos, tendremos, durante un tiempo, que ser n&oacute;madas perdidxs en desprecio de la blanquitud, y en b&uacute;squeda de una identidad transitoria que nos reconcilie con la alteridad.
    </p><p class="article-text">
        Estuve en el acto de homenaje y protesta por George Floyd, pero sent&iacute; verg&uuml;enza de estar all&iacute;. No estaba acompa&ntilde;ando a mis &ldquo;hermanas y hermanos&rdquo; negrxs, porque no lo son, no es tan f&aacute;cil de decir. No puedo, alegremente, subir a un estrado y declararme hermano, afirmar que yo tambi&eacute;n soy negro y ya est&aacute;. La declaraci&oacute;n de hermano en todo caso, vendr&aacute; de esa negritud ahora unida, y no soy yo quien pueda adjudic&aacute;rmelo. Quiz&aacute; cuando perciban que s&eacute; lo que significa &ldquo;ser negro&rdquo;, que puedo reconocer la agresi&oacute;n identitaria que ha conllevado esa condici&oacute;n hist&oacute;ricamente, cada d&iacute;a, entonces probablemente pueda haber reconocimiento, y si &ldquo;ellos&rdquo; y &ldquo;ellas&rdquo; quieren, claro. Mientras, con raz&oacute;n, soy un blanco sospechoso. As&iacute; me sent&iacute; ayer. Ajeno. Pensando que no tendr&iacute;a que estar all&iacute; sin permiso, sin preguntar. No, no soy vuestro hermanx. Me gustar&iacute;a serlo, pero de momento la solidaridad es un gesto vano porque me preserva como blanco, no me toca, no me deshace, no me gusta. Pero quiz&aacute;... s&oacute;lo la presi&oacute;n de mi rodilla en su cuello, la arrogancia y la superioridad que eso me hace sentir, los nueve interminables minutos de brutalidad para corroborar un orden social que me favorece, solo cuando perciba que ese terrible suceso forma parte de lo que soy, merecer&eacute; reconocer que empiezo a acercarme. Horror y verg&uuml;enza, ese el comienzo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Alba Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/sucia-blanquitud_132_6023626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2a1d0270-f37b-40d2-9fa5-3113cfe4dd9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="131357" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2a1d0270-f37b-40d2-9fa5-3113cfe4dd9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="131357" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La sucia blanquitud]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2a1d0270-f37b-40d2-9fa5-3113cfe4dd9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser hombre: entre el victimismo y la responsabilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/hombre-victimismo-responsabilidad_132_1002380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser hombre: entre el victimismo y la responsabilidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Nos uniremos a las filas de los que dicen que es injusto que nos acusen y que estamos en una campaña desatada contra los hombres bajo el pretexto de lo que hacen unos pocos?</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El violador eres t&uacute;&hellip;&rdquo; Me apuntaba con el dedo, pero no era ella sola, eran muchas m&aacute;s, eran todas y en todas partes. Y la mujer que hab&iacute;a delante de m&iacute; lloraba, y con ella muchas, y se abrazaban de la emoci&oacute;n, del poder desatado, quiz&aacute;. Y sent&iacute; una corriente fr&iacute;a que me helaba la espalda, como cuando le di la mano una vez a un hombre del que sospechaban ser el autor de una violaci&oacute;n. &ldquo;El violador eres t&uacute;&hellip;&rdquo; &iquest;Y ahora&hellip;? Ahora que esto es ineludible, pens&eacute;:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo responderemos con las cartas vueltas hacia arriba sobre la mesa, ahora que las voces de las mujeres ya no callan, ahora que no podemos escaparnos porque las canciones y los gritos de las mujeres ya no son inaudibles, ni se esconden bajo las almohadas ni en la soledad de las casas? &iquest;C&oacute;mo responderemos? &iquest;Lo haremos desde la excusa de que no ten&iacute;amos elecci&oacute;n y de que &eacute;ramos v&iacute;ctimas de la situaci&oacute;n (&ldquo;La falda muy corta y la lengua muy larga&rdquo;)?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos uniremos a las filas de los que dicen que es injusto que nos acusen y que estamos en una campa&ntilde;a desatada contra los hombres bajo el pretexto de que lo hacen unos pocos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Responderemos que son tan solo unas cuantas, cuatro <em>feminazis </em>ruidosas<em>, </em>comparadas con las miles de mujeres que no dicen nada y no acusan a nadie? &iquest;Nos adscribiremos al victimismo de la ultraderecha que dice que son ellas las culpables? &iquest;O al victimismo de la izquierda diciendo que el sistema patriarcal tiene la culpa y que los hombres tambi&eacute;n son v&iacute;ctimas?
    </p><p class="article-text">
        Porque ya no vale pedir perd&oacute;n ni mirar para otro lado. Ahora que todos somos responsables, y as&iacute; dicta la acusaci&oacute;n, nos toca asumir la sentencia. Es curioso c&oacute;mo nos escuece la lengua cuando se trata de reconocer las propias responsabilidades, pero la facilidad con la que reclamamos la condena cuando pensamos que no va con nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y en esto quiz&aacute; sea mejor pactar con la fiscalidad del feminismo, y adquirir un compromiso de cambio pero a sabiendas de que nos vigilan y que nuestras libertades est&aacute;n en par&eacute;ntesis. Y de los par&eacute;ntesis solo se sale cuando los malentendidos se aclaran. Y el malentendido aqu&iacute; es pensar que la masculinidad no tiene nada que ver con una violaci&oacute;n, cuando probablemente lo que funda toda dicotom&iacute;a, necesaria para sabernos <em>hombres</em>, sea una violencia; y en el caso de la sexualidad, lo que abre ese espacio entre sexualidad masculina y sexualidad femenina, quiz&aacute; sea el hecho de la violaci&oacute;n, asociada a la idea de conquista, de toma de poder sobre el cuerpo de la otra, venciendo su voluntad y apoder&aacute;ndose de su deseo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Foll&aacute;rsela, <em>hacerla m&iacute;a</em>, tir&aacute;rsela, joderla, tomarla, hac&eacute;rsela, echarle un polvo, pas&aacute;rsela por la piedra&hellip;&rdquo; son sin&oacute;nimos del vocabulario posesivo de lo que tiene que suponer una triunfal relaci&oacute;n sexual bajo el modelo del poder que la masculinidad ha asumido, vocabulario que por lo dem&aacute;s nos genera una sensaci&oacute;n de supremac&iacute;a donde ella tiene poco o nada que decir. Y aclaremos el tema del victimismo: que la violencia, a los que la ejercen, no nos victimiza, m&aacute;s bien nos endiosa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Entonces? &iquest;Cabe pensar -y reeducarnos- en una sexualidad no dual, l&iacute;quida, multiforme, de confusi&oacute;n de g&eacute;neros, donde mujer/hombre sean m&aacute;s roles cambiantes que identidades; donde orgasmo se diga de muchas maneras, donde placer no sea sin&oacute;nimo de poder sino de conexi&oacute;n, donde no se empiece en el cuerpo y se termine exclusivamente en los genitales, donde el biologismo no acabe siendo el punto de referencia, donde no haya un certero punto G, sino un alfabeto entero de posibilidades que vayan m&aacute;s all&aacute; de los cuerpos, donde tener una relaci&oacute;n se parezca m&aacute;s a una obra de arte, siempre in&eacute;dita, que a un previsible gui&oacute;n pornogr&aacute;fico, y sobre todo&hellip; donde violar no sea sin&oacute;nimo de sexualidad? Me parece que ese es el desaf&iacute;o y la responsabilidad, ahora que la acusaci&oacute;n feminista es inequ&iacute;voca, y que la sentencia, queramos o no, est&aacute; dictada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Alba Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/hombre-victimismo-responsabilidad_132_1002380.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Feb 2020 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="593213" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="593213" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ser hombre: entre el victimismo y la responsabilidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manifiesto del medio hombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/manifiesto-medio-hombre_132_1452749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfefd259-ec2c-474b-b1f2-049f235695d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manifiesto del medio hombre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un medio hombre vive la incertidumbre de no saber exactamente qué es ser un hombre, pero la prefiere</p><p class="subtitle">Un medio hombre nunca tiene claras las cosas, insistamos. A veces molesta esta sensación de ambigüedad: es impredecible para quienes buscan al hombre</p><p class="subtitle">Un medio hombre necesita estar abierto a lo que viene de fuera: opiniones, emociones, sensaciones, sucesos. Para saber qué pudiere ser la verdad de las cosas, y probablemente nunca estará seguro</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">“Lo importante no es saber si un hombre nace,<br/><br/>lo importante es saber cómo se deshace”<br/><br/>Jara<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Un medio hombre no es un hombre.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no acaba de estar seguro de lo que es un hombre.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no busca reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre suele ser invisible.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre disfruta de su medianidad, aunque no la comprenda, por eso la busca.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre vive la incertidumbre de no saber exactamente qu&eacute; es ser un hombre, pero la prefiere.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no aspira a ser hombre, en todo caso a menguar y quiz&aacute; a lo que aspire en el fondo sea a ser un no-hombre, pero tampoco est&aacute; seguro de esto.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre nunca tiene claras las cosas, insistamos. A veces molesta esta sensaci&oacute;n de ambig&uuml;edad: es impredecible para quienes buscan al hombre.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre necesita estar abierto a lo que viene de fuera: opiniones, emociones, sensaciones, sucesos. Para saber qu&eacute; pudiere ser la verdad de las cosas, y probablemente nunca estar&aacute; seguro. Desconf&iacute;a de la raz&oacute;n autosuficiente. Sus razones son siempre medias razones, por eso necesita escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no busca a una mujer ni a otro hombre para cerrar el c&iacute;rculo. La completud no le interesa; s&iacute; compartir las medias vidas de las personas que como &eacute;l son mitades de lo que hubieran querido ser.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre disfruta de lo inacabado del camino: no le obsesionan ni las metas ni las cimas.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre es como el horizonte: tan importante c&oacute;mo lo que se sabe es lo que no se sabe.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no tiene ansias de competir: &iquest;para qu&eacute;, si una figura inacabada no puede compararse con nada?
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no necesita crecer en bienes y riquezas porque al no estar cerrado esto es imposible. No puede acumular nada porque su esencia est&aacute; siempre en relacionarse. No se puede ensanchar, no puede adquirir importancia, sus l&iacute;mites difusos le hacen perder lo que gane.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no comprende la violencia porque como no quiere acumular ni compararse ni diferenciarse (no tiene una identidad definida),&nbsp;no se ve en la necesidad de marcar una frontera, de sacar un arma, de crear un miedo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre siente que un hombre entero es alguien que se inventa una mitad de s&iacute; mismo que no existe: &iexcl;qu&eacute; duro debe ser mantener una mitad que no es verdad! Y lo sabe porque antes de ser un medio hombre fue un hombre entero.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre disfruta de esa inquietud de la medianidad, de lo difuso, y descansa en no necesitar concluir su figura: nada que llenar, nada que usurpar. Por eso ama.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre es medio masculino.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre es medio hetero.
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre no sabe si un manifiesto de ser medio hombre ser&aacute; posible, quiz&aacute; se quede en mani&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Un medio hombre es medio hombre, no se busquen mitades para completarlo, ni se hagan inferencias l&oacute;gicas para completarlo. D&eacute;jenlo estar. D&eacute;jenlo vivir: no quiere m&aacute;s, no quiere menos.
    </p><p class="article-text">
        Es medio y no fin.
    </p><p class="article-text">
        Medio hombre, nada m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Alba Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/manifiesto-medio-hombre_132_1452749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jul 2019 10:46:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bfefd259-ec2c-474b-b1f2-049f235695d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="34621" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bfefd259-ec2c-474b-b1f2-049f235695d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="34621" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Manifiesto del medio hombre]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bfefd259-ec2c-474b-b1f2-049f235695d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No son amigos, son amores: reflexiones en torno a un grupo de hombres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/amigos-amores-reflexiones-torno-hombres_132_1527407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3074aa6b-c3f2-47b7-b64f-c1e0ebedae95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No son amigos, son amores: reflexiones en torno a un grupo de hombres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el grupo de hombres hay momentos en los que nos cuesta tanto hablar de nosotros mismos que toda criptografía es útil</p><p class="subtitle">Mas ayer a todos nos pasó la despedida, su despedida. Sentimos como irnos por un momento. Nos alcanzó ese tema, a veces innombrable, que es el de que todo se termina porque todo comienza</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">“Yo no tengo amigos, tengo amores”<br/><br/>Pedro Lemebel<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Cuando me preguntan si el grupo de hombres es un grupo de amigos, les digo que no. Que un grupo de hombres solo se junta para esto: reunirse una vez al mes y hablar de las cosas que les pasan, pero que no se pueden contar en el &aacute;mbito cotidiano. Las cosas que se dicen en el grupo de hombres no son cosas que se puedan contar en el bar, en la casa, en la familia, en el trabajo&hellip; Porque se habla de temas que en esos &aacute;mbitos sonar&iacute;an discordantes, hasta ofensivos. Hay una serie de expectativas que cumplir para ser hombre, y esos &aacute;mbitos son el nido de esos supuestos.
    </p><p class="article-text">
        En el grupo de hombres se empieza por un <em>c&oacute;mo est&aacute;s</em>. En el que no cabe el<em> bien, gracias</em>, o el<em> mejor ni me preguntes</em>. Cuenta. Esa es la palabra. Cuenta desde ti mismo. Si es posible en primera persona. Y si no, pues utiliza caminos oblicuos, rodeos, pero que lleven a ese yo, que dejen tu rastro. Escuchamos, aprendemos a escuchar, nos dejamos escuchar. Nos resuenan los ecos de lo que algunos dicen. Y a veces callamos. Sucede; un silencio cruza el espacio del encuentro como si hubiera tantas cosas que decir que no sabemos ni por d&oacute;nde ni con qu&eacute; palabras empezar. Es muy dif&iacute;cil cuando nadie te ha ense&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        Como ayer. La reuni&oacute;n del grupo de hombres de ayer se resumi&oacute; en esto. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho&hellip; y m&aacute;s abrazos. Silencios. Y m&aacute;s abrazos. Era lo que tocaba. Porque un hombre del grupo de hombres se hab&iacute;a despedido. Despedirse no es irse del grupo de hombres. Nadie se va del grupo de hombres, una vez se entra se queda. Se queda en la memoria, pero una memoria que baja desde la garganta hasta el coraz&oacute;n, que se mezcla con el est&oacute;mago y acaba muy adentro, en la entra&ntilde;a. Donde nada se pierde y donde nada se olvida.
    </p><p class="article-text">
        Nada. Desde la delicadeza de sus gestos &ndash;el tono de su voz nos cuidaba- hasta la sencilla hospitalidad, sencilla pero inmensa, con la que pon&iacute;a su casa para reunirnos. Su sabidur&iacute;a. Cada cual tiene su sabidur&iacute;a. Y esa capacidad para expresarse a veces no era en primera persona. Nos hablaba de libros, de lecturas, de historias, de experiencias&hellip; pero no con &aacute;nimo de erudici&oacute;n ni de colocarse arriba de nadie, sino porque ese era el lenguaje del que dispon&iacute;a para poder contarse. Cada cual tiene lo que tiene para poder contarse. A veces son cinco palabras, otras veces diez, a veces son palabras le&iacute;das, otras que te llegan y otras que te salen. Pero lo importante es que sab&iacute;amos que hablaba de s&iacute; mismo. En el grupo de hombres hay momentos en los que nos cuesta tanto hablar de nosotros mismos que toda criptograf&iacute;a es &uacute;til. Y los c&oacute;digos se descifran porque al final nos pasan las mismas cosas. Una intimidad extra&ntilde;amente compartida.
    </p><p class="article-text">
        Mas ayer a todos nos pas&oacute; la despedida, su despedida. Sentimos como irnos por un momento. Nos alcanz&oacute; ese tema, a veces innombrable, que es el de que todo se termina porque todo comienza. Nos desgarramos. Y sentimos el vac&iacute;o. Y nos preguntamos: c&oacute;mo hablar&aacute; un hueco en una mesa. Y nos preguntamos: de qu&eacute; manera se escuchar&aacute; una voz cuando no est&aacute;. Y la presencia de una ausencia, &iquest;c&oacute;mo ser&aacute;? Pero sabemos que nada de eso tiene respuesta porque en el fondo no se ha ido. Se ha quedado. Se ha despedido para seguir un viaje interminable. Seguir&aacute; visitando almas y escuchando corazones, seguro. Y nosotros estaremos ah&iacute; con &eacute;l, y &eacute;l con nosotros, no como sus amigos, sino como sus amores. Porque en el grupo de hombres, ya est&aacute; dicho, no hay amigos, sino amores.
    </p><p class="article-text">
        Para Esteban, para siempre.
    </p><p class="article-text">
        18 de mayo de 2019
    </p><p class="article-text">
        Grupo de Hombres &ldquo;El Rebochu&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Alba Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/amigos-amores-reflexiones-torno-hombres_132_1527407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 May 2019 12:48:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3074aa6b-c3f2-47b7-b64f-c1e0ebedae95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4993797" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3074aa6b-c3f2-47b7-b64f-c1e0ebedae95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4993797" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No son amigos, son amores: reflexiones en torno a un grupo de hombres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3074aa6b-c3f2-47b7-b64f-c1e0ebedae95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunos hombres perdidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/hombres-perdidos_132_1591487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed6f9fd7-72b3-453f-b0ac-cd4fb9d4ed0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algunos hombres perdidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos se salen de la vereda y cruzan a otra senda, otros se adentran en el bosque y ya nunca más se vuelve a saber de ellos, y otros a veces se desintegran, así, sin más: desaparecen. Otros están en la linde, indecisos</p></div><p class="article-text">
        A veces algunos hombres se pierden. No se sabe c&oacute;mo, pero se pierden. Mira que es dif&iacute;cil &ndash;hay mecanismos, premios y castigos, para que eso nunca pase-. Algunos se salen de la vereda y cruzan a otra senda, otros se adentran en el bosque y ya nunca m&aacute;s se vuelve a saber de ellos, y otros a veces se desintegran, as&iacute;, sin m&aacute;s: desaparecen. Otros est&aacute;n en la linde, indecisos. Pensar en todos ellos inquieta: es como que algo no se ha hecho bien. En todo caso se despiertan las sospechas y en la mayor&iacute;a de las veces se les declara peligrosos, en busca y captura para reintegrarlos, y si no se puede, acallarlos, reprimirlos, censurarlos.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de Salvatore Roncano, de la regi&oacute;n de Calabria en Italia, que se traslad&oacute; a vivir a Mil&aacute;n con su hijo, la pareja de &eacute;ste, y su nieto reci&eacute;n nacido. Salvatore era un hombre de los de antes, buen macho, rudo, que sab&iacute;a c&oacute;mo se hac&iacute;an las cosas. Un hombre elemental. De principios. Ahora, ya mayor, y con c&aacute;ncer, se las tiene que ver en un entorno que no era el suyo, conviviendo adem&aacute;s con una peque&ntilde;a criatura a la que han llamado Bruno, el mismo sobrenombre que ten&iacute;a cuando era joven. Pues ah&iacute; tenemos a Salvatore levant&aacute;ndose clandestinamente por la noche para atender a su nieto cuando llora, deseando que le crezcan tetas, f&iacute;jate, para poder amamantar a ese beb&eacute;; y por supuesto avergonz&aacute;ndose, y adem&aacute;s comenzando por primera vez en su vida a empatizar con una mujer como si fuera su igual: nunca pens&oacute; que eso le iba a pasar. Extra&ntilde;o. Muy raro. Un hombre perdido.
    </p><p class="article-text">
        Otro caso notorio es el de Chris Mc Candless, un joven de familia millonaria que lo ten&iacute;a todo. Un d&iacute;a decide dejar toda su fortuna a una Fundaci&oacute;n y marcharse a la aventura. Tras un largo viaje, en el que trabaja mano a mano con desconocidos en lo que le sale, escuchando las historias de mucha gente, y hablando poco, acaba en un bosque, cerca de las monta&ntilde;as. Viviendo con lo puesto. Renunciando a poseer las cosas que a todo hombre har&iacute;an feliz. &iquest;Un nuevo Thoreau? Porque Thoreau fue otro caso perdido. Pero Alexander Supertramp, ese fue el nombre que Chris adopt&oacute;, no daba se&ntilde;ales de vida, no quiso tan siquiera que supieran de &eacute;l. Despareci&oacute;. Luego un periodista encontr&oacute; su historia y su vieja Vanette, donde apareci&oacute; cad&aacute;ver, y un cuaderno de notas donde apuntaba sus sensaciones, sus emociones. Cosas como &eacute;sta: &ldquo;Huye y camina solo por la tierra&rdquo;, &ldquo;Sin nada&rdquo;, &ldquo;Sin ir a ning&uacute;n sitio&rdquo;, &ldquo;Libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Uno m&aacute;s, chileno para m&aacute;s se&ntilde;as. Escandaloso. Un marica llamado Pedro Lemebel, profesor de Artes Pl&aacute;sticas, escritor y artista. De la izquierda radical. Expulsado de dos institutos por su tendencia homosexual. Despu&eacute;s de eso se dedic&oacute; a sus talleres literarios y a polemizar en las calles y en los escenarios con sus performances sobre el sexo y el g&eacute;nero. Un provocador. Estamos hablando del Chile dictatorial y represivo. Algo fall&oacute; para que este hombre apareciera. Un hombre que hablaba de la ternura y los afectos, que hablaba de &ldquo;homosexualizar la vida&rdquo;, y no se refer&iacute;a a &ldquo;meter y sacar&rdquo;, como algunos pensaban, sino a &ldquo;la ternura, compa&ntilde;eros&rdquo;, a la ternura en las relaciones entre hombres, y tambi&ntilde;en con mujeres; en general, vamos a la Vida con may&uacute;sculas. Qu&eacute; extraviado.
    </p><p class="article-text">
        Mark  O&acute;Brien es el siguiente. Dar&iacute;a l&aacute;stima pensar en alguien que deseaba tanto el sexo, pero que no pod&iacute;a follar como cualquier hombre. Tuvo que contratar a una terapeuta sexual para darse cuenta finalmente que no podr&iacute;a, que su sexo no era lo que val&iacute;a, y que su pene no lo representaba. Estamos hablando de alguien que padeci&oacute; una severa poliomielitis, por la cual qued&oacute; tetrapl&eacute;jico y confinado toda su vida a un pulm&oacute;n de acero. Y sin embargo, puso en marcha una editorial con la que quer&iacute;a demostrar que la sexualidad iba m&aacute;s all&aacute; de un cuerpo establecido y que el erotismo se dec&iacute;a de muchas maneras. Que tener pene es anecd&oacute;tico cuando se trata de deseo y placer. Vaya ilusi&oacute;n. Alguien que dijo que disfrut&oacute; el sexo como nadie sin tener un cuerpo para poder hacerlo: &ldquo;d&eacute;jeme tocarte con mis palabras&rdquo;, escribi&oacute; en un poema, como si eso fuera posible.
    </p><p class="article-text">
        Acabemos con Josef, el llor&oacute;n, el escucha-mujeres, el anti-hombre por excelencia, al menos en lo emotivo. Porque, &iquest;qu&eacute; hombre escucha a una mujer? Me refiero con todo: con sus orejas, con sus poros, con su coraz&oacute;n, dejando que sea el pulso de ella el que marque el comp&aacute;s de la conversaci&oacute;n, para saber qu&eacute; siente, qu&eacute; ha pasado con ella. Qu&eacute; clase de hombre es &eacute;se. Pues bien, ese hombre perdido es un ingeniero que ha sufrido un accidente en una base petrol&iacute;fera en el Pac&iacute;fico; intentaba salvar a un compa&ntilde;ero en un asunto nada claro &ldquo;entre hombres&rdquo;, lo cual importa poco al caso. Aqu&iacute; lo que nos apela es que estando convaleciente y enfermo, llora, se deja cuidar y se va abriendo a una mujer, la enfermera que lo atiende, Hanna. Pronto Josef ser&aacute; presa de la debilidad y dejar&aacute; que la vulnerabilidad, la suya y la compartida, le atrapen. Un desastre. Un hombre que cuando se recupera dice estar dispuesto a &ldquo;aprender a nadar&rdquo; junto a ella en un mar de l&aacute;grimas. Hombre, l&aacute;grimas, h&aacute;bitat emocional compartido; vaya asunto.
    </p><p class="article-text">
        Se buscan con urgencia.
    </p><p class="article-text">
        Si alguien tiene inter&eacute;s en encontrarlos, hay una recompensa importante por cada uno de ellos. Cu&aacute;l sea esta recompensa depende del buscador. Aqu&iacute; dejo algunas pistas:
    </p><p class="article-text">
        Salvatore Roncano es el protagonista de la novela del fallecido Jos&eacute; Luis Sampedro, `La sonrisa etrusca&acute; (1985).
    </p><p class="article-text">
        Es posible encontrar m&aacute;s datos de Chris Mc Candless en la obra del periodista Jon Krakauer, `Hacia tierras salvajes&acute; (1995), y en la pel&iacute;cula hom&oacute;nima de Sean Penn (2007).
    </p><p class="article-text">
        De Pedro Lemebel, hasta la fecha de su fallecimiento en 2015, hay rastros provenientes de diferentes fuentes. Quiz&aacute; su `Manifiesto. Hablo por mi diferencia&acute; (1986) sirva para entenderlo.
    </p><p class="article-text">
        Mark O &#769;Brien fue retratado con mucho humor y cari&ntilde;o por Ben Lewin en la pel&iacute;cula `Las Sesiones&acute; (2012). Pero es posible irse a su obra escrita para encontrar una imagen de su mundo.
    </p><p class="article-text">
        Josef es el ingeniero quemado de la pel&iacute;cula de Isabel Coixet `La vida secreta de las palabras&acute; (2005). Ineludible para perderse y encontrarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Alba Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/hombres-perdidos_132_1591487.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Apr 2019 11:06:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ed6f9fd7-72b3-453f-b0ac-cd4fb9d4ed0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="176886" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ed6f9fd7-72b3-453f-b0ac-cd4fb9d4ed0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="176886" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Algunos hombres perdidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ed6f9fd7-72b3-453f-b0ac-cd4fb9d4ed0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Somos hombres, pero no somos así]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/hombres_132_1674659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/480a9332-c06c-4ef0-87a8-248f0ffcc071_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Somos hombres, pero no somos así"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este caso, el silencio más notorio es un silencio plural en masculino. Es el silencio del nosotros, del sujeto colectivo hombres</p><p class="subtitle">¿No será que el endiosamiento que ha comportado la identidad `hombre´ precisa del miedo, un miedo estructural, para su subsistencia como sujeto de primacía?</p><p class="subtitle">Tengo la sospecha de que nosotros, los hombres, marcamos selectivamente las fronteras del nosotros según eso favorezca o no a nuestro endiosamiento como sujetos privilegiados</p><p class="subtitle">La solución sería darnos cuenta de que el disfraz que nos confirma como hombres, como sujeto colectivo, es un disfraz peligroso, tejido en su interior con hilos de explotación, segregación y mucha, mucha violencia</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">“Buscando a uno que huye de mí”<br/><br/>Frankenstein, Mary Shelley<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Asisto al debate sobre la monstruosidad del asesinato de Laura, y de los siete asesinatos perpetrados sobre mujeres en los primeros d&iacute;as de enero (cuando escribo este art&iacute;culo).  Y las palabras (o ruido, seg&uacute;n donde leas o escuches) resuenan m&aacute;s o menos como siempre: que si no todos los hombres, que si eso cosa de locos, depravados, desquiciados, enfermos, o lo peor, que si es cosa de ellas, o que&hellip; y frente a esto hay un silencio oscuro y extra&ntilde;o, y no es el de las mujeres, que claman con la raz&oacute;n de quienes se saben violentadas por el hecho de serlo.
    </p><p class="article-text">
        En este caso, el silencio m&aacute;s notorio es un silencio plural en masculino. Es el silencio del nosotros, del sujeto colectivo hombres. &ldquo;Si tocan a una nos tocan a todas&rdquo;, eso lo sabemos, y lo repetimos a coro cuando nos `unimos&acute; al frente de las compa&ntilde;eras feministas. Pero, desde la otra perspectiva, &iquest;si el hombre-monstruo mata, matamos todos? &iquest;Acaso no hay desde el g&eacute;nero una ya suficiente demostraci&oacute;n de que `hombres&acute; es tambi&eacute;n una identidad colectiva que se construye bio, psico, y socialmente? &iquest;O ser hombre es un juego de excepciones al g&eacute;nero? &iquest;La pregunta que nos asusta y nos ofende es &eacute;sta: que porque somos hombres matamos? O incluso asumiendo de manera m&aacute;s radical la consecuencia de la explicaci&oacute;n desde un sujeto colectivo: &iquest;ser&aacute; que alguno de los nuestros tiene que matar para que todos podamos ser hombres?
    </p><p class="article-text">
        Si esta &uacute;ltima pregunta fuera la cierta, aqu&iacute; el denigrante resultado, en el caso de que realmente seamos ese sujeto colectivo `hombres&acute;, es que uno tiene que ejercer una brutal violencia para que todos seamos eso... hombres. Algo como que el hombre convertido en monstruo confirma, con una periodicidad espeluznante, al hombre, al hombre bueno y reconocido, al de `verdad&acute;, al hegem&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        La fatal ecuaci&oacute;n ser&iacute;a: hace falta un monstruo-hombre para que exista El Hombre. Hay que pensarlo. &iquest;No ser&aacute; que el endiosamiento que ha comportado la identidad `hombre&acute; precisa del miedo, un miedo estructural, para su subsistencia como sujeto de primac&iacute;a? &iquest;Y que ese miedo s&oacute;lo se sostiene desde la marca que apunta la violencia? O incluso m&aacute;s. Si necesito un antagonismo que demuestre mi hombr&iacute;a, &iquest;no ser&aacute; que tengo que fabricar esa alteridad que confirme que soy el sujeto de referencia, y que la violencia es la mejor manera de producir una frontera?: en cuanto te agredo pasas a ser el otro/la otra que no soy yo y refuerzo mi identidad como punto de partida. En fin, no lo s&eacute;; muchas preguntas, respuestas dif&iacute;ciles.
    </p><p class="article-text">
        Pero no puedo dejar de hac&eacute;rmelas. Tengo la sospecha de que nosotros, los hombres, marcamos selectivamente las fronteras del nosotros seg&uacute;n eso favorezca o no a nuestro endiosamiento como sujetos privilegiados; somos buenos para el equipo de f&uacute;tbol, la pe&ntilde;a (la de amigos y no tan amigos), la asociaci&oacute;n, la empresa o el club, pero cuando se trata de enfrentarnos a la realidad esquivamos la cuesti&oacute;n de nuestra identidad colectiva y dejamos de ser un nosotros para aludir a las excepciones; sin asumir que quer&aacute;moslo o no, el que asesina es tambi&eacute;n un hombre, hombre, y que eso tiene que ver de alguna manera con lo que el resto tambi&eacute;n somos.
    </p><p class="article-text">
        Si las respuestas son coherentes y ser hombre es la construcci&oacute;n org&aacute;nica de un sujeto colectivo, entonces el problema ser&iacute;a ser hombre, la identidad. En ese caso, la soluci&oacute;n ser&iacute;a darnos cuenta de que el disfraz que nos confirma como hombres, como sujeto colectivo, es un disfraz peligroso, tejido en su interior con hilos de explotaci&oacute;n, segregaci&oacute;n y mucha, mucha violencia. Es verdad que ese disfraz nos tiene enganchados por hacernos sentir que somos mejores, &uacute;nicos y superiores. Que nos da ventajas no ganadas, privilegios y otros ornamentos del altar id&oacute;latra que nos sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Pero en cuanto somos capaces de conectar al Monstruo con el &Iacute;dolo podemos empezar a sentir cierta n&aacute;usea del disfraz que llevamos puesto. Entonces el disfraz pesa. Y duele, aterroriza. Y empiezas a modificar y desdibujar las marcas de identidad que nos confirman. Y no se trata de rescatar de nuevo el disfraz, que ya hay todo un movimiento que intenta cuestionar el disfraz siempre y cuando queden intactas las se&ntilde;as m&iacute;nimas para seguir siendo `hombres, aunque sean `buenos hombres&acute;.
    </p><p class="article-text">
        Creo que no es esa la estrategia.  Precisamente, lo que quiz&aacute; tengamos que hacer es alterar tanto el disfraz para que no quede nada de aquello que nos hace `hombres&acute;; transgredir los m&iacute;nimos que nos aseguran para quedarnos desnudos de identidad, y empezar a vivir de otra manera, redescubriendo a la persona que el g&eacute;nero, y sus disfraces, nos hace olvidar. Si eso es as&iacute;, si nuestro sujeto colectivo hombres est&aacute; ah&iacute;, nuestra transgresi&oacute;n identitaria, la de cada uno, ser&aacute; un boicot a la figura colectiva, un error en el sistema -todo sujeto colectivo funciona tambi&eacute;n como un organismo- que lo desequilibre y empiece a generar cambios en las pautas. As&iacute; pues el cambio de uno es tambi&eacute;n una alteraci&oacute;n a la l&oacute;gica fractal del engranaje. La soledad no es nunca real cuando de identidades hablamos. No hay por donde escapar. Somos y soy a la vez. Y en esto del g&eacute;nero tambi&eacute;n. Por eso es tan importante que cada cual, hombre, se lo piense.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Alba Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/disidencias-de-genero/hombres_132_1674659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Feb 2019 11:52:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/480a9332-c06c-4ef0-87a8-248f0ffcc071_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41300" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/480a9332-c06c-4ef0-87a8-248f0ffcc071_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41300" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Somos hombres, pero no somos así]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/480a9332-c06c-4ef0-87a8-248f0ffcc071_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
