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    <title><![CDATA[elDiario.es - Agnès Marquès]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/agnes_marques/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Agnès Marquès]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Como cantan los grillos cuando hace calor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cantan-grillos-calor_129_8193204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e0e2100-7b5f-4e49-ba22-e14f5046998b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como cantan los grillos cuando hace calor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En verano el amor y el desamor son como el canto de los grillos, vigoroso y acelerado. Un jaleo. La vida parece que se acaba en un amor de verano</p></div><p class="article-text">
        Es el verano de la quinta ola y el retorno de las mascarillas, pero detr&aacute;s de unos &aacute;rboles, en el jard&iacute;n de una casa medio escondida, dos cuerpos desnudos se acercan el uno al otro, se tocan y se absorben como se besa por primera vez a alguien. Quien observa no sabe si la cita habr&aacute; recibido el <em>check </em>de unos test de ant&iacute;genos o si a estas alturas de la pandemia y de la vacunaci&oacute;n los amantes se bastan con el test de la piel. El de la piel con piel. Que es verano y los grillos cantan locos.
    </p><p class="article-text">
        Conservo una imagen muy clara de un verano de hace casi veinticinco a&ntilde;os. Estaba sentada en el escritorio de mi cuarto en la casa donde pas&aacute;bamos el verano. Era despu&eacute;s de comer y el sol ca&iacute;a vertical, implacable. Esa hora quieta en la que solo cantan los grillos. Su hora preferida, a pleno sol, a pleno pulm&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a much&iacute;simo calor. Ten&iacute;a el libro de ejercicios de repaso encima de la mesa, pero b&aacute;sicamente com&iacute;a pared, castigada por llegar tarde a casa la noche anterior. Enfrente de m&iacute;, en esa pared conviv&iacute;an clavadas con chinchetas una foto en la que aparezco con una sonrisa desdentada, despeinada y con una raqueta de tenis casi tan grande como yo y un p&oacute;ster de un primer plano en blanco y negro de Kurt Cobain guap&iacute;simo. El del 97 fue ese verano, el de la transformaci&oacute;n definitiva. Colgu&eacute; la raqueta durante unos cuantos a&ntilde;os y me colgu&eacute; de mi primer amor.
    </p><p class="article-text">
        Dur&oacute; lo que dura un primer amor si le quitamos todo lo que dura el primer desamor: unos d&iacute;as. En verano el amor y el desamor son como el canto de los grillos, vigoroso y acelerado. Un jaleo. La vida parece que se acaba en un amor de verano.
    </p><p class="article-text">
        En mi primer desamor veraniego, sentada en aquel escritorio &ndash;qu&eacute; vac&iacute;o y qu&eacute; a&ntilde;oranza&ndash; gritaba las canciones de Fresones Rebeldes y buscaba sitio en el mundo con mis primeras lecturas de Alejandra Pizarnik: &ldquo;temo dejar de ser / la que nunca fui&rdquo;. O &ldquo;alguna vez tal vez / me ir&eacute; sin quedarme / me ir&eacute; como quien se va&rdquo;. Intentaba aplic&aacute;rmelo para las reca&iacute;das con mi amor no correspondido. Benditos diecisiete. Nunca me fui sin quedarme, hasta que &eacute;l se fue como quien se va.
    </p><p class="article-text">
        Alejandra, sin embargo, Pizarnik, digo, sigue aqu&iacute; tant&iacute;simos a&ntilde;os despu&eacute;s como una buena amiga con sus versos infinitos, porque el verano siempre es diecisiete a&ntilde;os. Abandonarse a las horas, a los dem&aacute;s, sin equilibrio, a lo fugaz, tambi&eacute;n un poco a la locura, a lo imposible, quien sabe, a vivir tu peli preferida con pauta completa, soltarse para participar del jaleo, como cantan los grillos cuando hace calor&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La quinta ola es un problema serio y el &iacute;mpetu de los amores veraniegos no va ayudar a frenarla. Porque en el dilema entre cuidar la vida o vivirla, en verano &ldquo;la noche se astilla en estrellas / mir&aacute;ndonos alucinada&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cantan-grillos-calor_129_8193204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Aug 2021 20:01:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Como cantan los grillos cuando hace calor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La magia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/magia_129_8109225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aae18e78-8ee6-4524-b72e-72eb7832ea45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La magia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Feliz orgullo, le escribía una semana antes a mi amigo Toni, a quien demasiadas veces, me doy cuenta, he dado por garantizada su libertad. El domingo después de la paliza mortal a Samuel me escribió que empieza a tener miedo de salir a la calle cogido de la mano de Miguel</p></div><p class="article-text">
        Creo que somos pocos, pero quiz&aacute; encuentre alguno de los m&iacute;os por aqu&iacute;: no me gusta la magia, los espect&aacute;culos de magia, ni tan s&oacute;lo el espect&aacute;culo de Mago Pop, a quien le reconozco un talento aclaparador. No son ellos, soy yo. Me parece una tomadura de pelo. No s&eacute; sobrellevar la sensaci&oacute;n de ver hacer lo imposible y un segundo despu&eacute;s, menos, una fracci&oacute;n de segundo, pensar bueno, ha parecido que lo hac&iacute;a, el m&eacute;rito es que yo no haya visto c&oacute;mo lo hac&iacute;a, el trilero, y eso es mucho m&eacute;rito, pero no lo es que la chica, a pesar de la sierra, no est&eacute; partida en dos derramando sangre sobre el escenario. Despu&eacute;s de esa fracci&oacute;n de segundo, el show me parece un chiste malo. No son ellos, soy yo, porque lo que en el fondo querr&iacute;a, yo pienso, es tocar de verdad la posibilidad de la magia, no el ilusionismo, que es lo que llamamos magia, sino la magia de verdad. Lo que quieres que pase, lo que invocas para que pase, y nunca pasa.
    </p><p class="article-text">
        La vida no tiene magia, me solt&oacute; este fin de semana un conocido, un conocido de largo recorrido, desde los quince, despu&eacute;s de comentar el mal trago que est&aacute; pasando un amigo com&uacute;n. Yo me adentraba en una conversaci&oacute;n algo et&iacute;lica y emocionada de cu&aacute;nto podr&iacute;amos hacer por el amigo enfermo, pero &eacute;l me fren&oacute; en seco: la vida no tiene magia. Y lo dijo &eacute;l, que yo s&eacute; por ese largo recorrido de conocernos y por lo oscura que se ha vuelto su mirada que la vida le ha sido perra. Me lanz&oacute; la losa y tuve que dejar mi copa de vino para poder sostenerla sin que se me cayera sobre el pie, con el da&ntilde;o indescriptible que hacen los golpes en el pie, incluso el de la venda ca&iacute;da de los ojos.
    </p><p class="article-text">
        A esa misma hora del viernes, calculo, en A Coru&ntilde;a Samuel recib&iacute;a una paliza hasta la muerte. Maric&oacute;n de mierda fue, quiz&aacute;, lo &uacute;ltimo que escuch&oacute;. La &uacute;ltima idea que entr&oacute; en su cerebro quiz&aacute;, casi seguro, fue que era una mierda. Y despu&eacute;s se muri&oacute;. Perdonen la brutalidad, pero recuerden lo de la magia, no hay truco. Feliz orgullo, le escrib&iacute;a una semana antes a mi amigo Toni, a quien demasiadas veces, me doy cuenta, he dado por garantizada su libertad. El domingo despu&eacute;s de la paliza mortal a Samuel me escribi&oacute; que empieza a tener miedo de salir a la calle cogido de la mano de Miguel. Llor&eacute; con &eacute;l y por la brutalidad del asesinato de Samuel y por la falta de magia, por los trucos que a veces nos hacen creer que parece que, pero al final no, nunca. Andemos con los ojos abiertos, le contest&eacute; como amiga y como mujer. La magia es una copa de vino desparramada, la lucha es compartida.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/magia_129_8109225.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jul 2021 04:01:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La magia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los insatisfechos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/insatisfechos_129_7797840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/828d2132-e28f-46c5-ae5f-69a9357c3961_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los insatisfechos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una sociedad que mitifica la juventud y aparca la vejez, se les presupone energía y resiliencia para sobreponerse y vivir la vida que les toque, que se espabilen. Pero para ello son necesarios recursos emocionales que ni tan solo con más experiencia en la vida están garantizados</p></div><p class="article-text">
        La juventud est&aacute; revuelta. Lleva un a&ntilde;o cociendo su &iacute;mpetu entre las cuatro paredes de su habitaci&oacute;n y viendo mundo a trav&eacute;s de la pantalla. Un mundo complejo y dif&iacute;cil de entender, agotador, en esa plaza llena de skaters, fumetas, primeros ligues, patinadoras y futbolistas del asfalto donde deber&iacute;an estar haci&eacute;ndose mayores viendo pasar las horas, comiendo pipas y contando los minutos que quedan para el &ldquo;me tengo que ir a casa&rdquo;. &Eacute;stos j&oacute;venes no tienen plaza. No se hacen mayores hora a hora consumiendo calle ni bares ni parques ni pistas de b&aacute;squet. 
    </p><p class="article-text">
        Sus noches sin sue&ntilde;o, esa gran conquista de los j&oacute;venes a la vida, son noches virtuales donde no se puede rozar un brazo como por casualidad, no hay pisotones en la pista de baile ni se besan unos labios cuando se folla por primera vez. Esta juventud que hace clase en zapatillas de estar por casa y se tapa el acn&eacute; con la mascarilla. No pretendamos entenderlos ni justificarlos. A su lado somos multimillonarios en vida, lo vivido hasta hace un a&ntilde;o es un tesoro. Los recuerdos son un refugio, pero para ellos, que no tienen pasado ni recuerdos, les falta presente, les falta todo. No hablemos del futuro.
    </p><p class="article-text">
        Azuzan pasiones al calor de Telegram, Snapchat y Tik Tok y militan en la vida como pueden. Las noches son largas entre susurros inaudibles tras la puerta del cuarto, una puerta que es una trampilla en el sentido literal. Una trampa. Es un chiste malo, disculpen, pero es que all&iacute;, detr&aacute;s de esa puerta, no les vemos el rostro, ni son el de la pandemia. Son j&oacute;venes, son fuertes, tienen suerte. En teor&iacute;a, en la teor&iacute;a que hemos ido aceptando. 
    </p><p class="article-text">
        En una sociedad que mitifica la juventud y aparca la vejez, se les presupone energ&iacute;a y resiliencia para sobreponerse y vivir la vida que les toque, que se espabilen. Pero para ello son necesarios recursos emocionales que ni tan solo con m&aacute;s experiencia en la vida est&aacute;n garantizados, y saber hablar y tratar nuestras emociones, cosa en la que tampoco somos muy duchos. La ansiedad y otros trastornos mentales les golpean. De ello han advertido organismos como Unicef, la OCDE y diversos estudios alertan que esos problemas no van a solucionarse en el corto plazo y que pueden arrastrar a muchos j&oacute;venes a una espiral si no se les trata bien. &ldquo;Vete al m&eacute;dico&rdquo; les diremos, aunque esta vez con respeto y asertividad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que todos los vivos somos unos afortunados por el hecho de haber dado con el periodo m&aacute;s confortable de nuestra historia, nos acecha la pandemia de la eterna insatisfacci&oacute;n vital. Dec&iacute;a la escritora Susan Sontag que el miedo a envejecer es la sensaci&oacute;n de no aprovechar bien el presente, de no vivir la vida que se desea. Esa otra pandemia que nos viene. Los insatisfechos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/insatisfechos_129_7797840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Apr 2021 20:22:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los insatisfechos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No vivimos para morir de esa manera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-vivimos-morir-manera_129_6218865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5288a7bc-131b-49b8-a394-e697b307af61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No vivimos para morir de esa manera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pandemia llega cuando Carlota lleva tres años en la residencia y sabe cosas de las que sólo se saben en casa: qué música le gusta escuchar a cada uno por la mañana, el esmalte de uñas preferido de cada una de ellas, hasta historias de nietos que los nietos no pueden ni intuir que hayan llegado hasta los oídos de Carlota</p></div><p class="article-text">
        Les voy a contar una historia dura y lo har&eacute; sin paliativos, porque la misma historia demuestra que la vida, a veces, es as&iacute;. Carlota tiene veinticinco a&ntilde;os y es educadora social. En marzo del 2020 llevaba ya tres a&ntilde;os trabajando en la residencia de ancianos Bertran y Oriola de Barcelona. Si buscan Bertran y Oriola en internet descubrir&aacute;n que ha sido un foco de muerte, desesperante soledad y silencio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay que imaginar que si a los veintid&oacute;s te metes en una residencia de ancianos ocho horas al d&iacute;a por mil cincuenta y siete euros netos al mes es que hay una fuerte vocaci&oacute;n detr&aacute;s. Es el caso de Carlota. Ya les avanzo que medio a&ntilde;o despu&eacute;s, viendo lo que ha visto y, encima, habiendo perdido su trabajo, ella quiere volver a trabajar con personas mayores.
    </p><p class="article-text">
        Pero retrocedamos. La pandemia llega cuando Carlota lleva tres a&ntilde;os en la residencia y sabe cosas de las que s&oacute;lo se saben en casa: qu&eacute; m&uacute;sica le gusta escuchar a cada uno por la ma&ntilde;ana, el esmalte de u&ntilde;as preferido de cada una de ellas, la ilusi&oacute;n con la que esperan la hora de las visitas, hasta historias de nietos que los nietos no pueden ni intuir que hayan llegado hasta los o&iacute;dos de Carlota. Eso es un d&iacute;a a d&iacute;a de familia, de casa, de rutinas y de charlas. De afectos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A final del mes de marzo todo eso se acaba de golpe, como todo. En la residencia se encuentran los primeros casos positivos y Carlota decide autoconfinarse con los mayores. Est&aacute; ella sola durante seis largas noches, ni rastro del personal sanitario habitual ni de la direcci&oacute;n. Nadie m&aacute;s para 92 ancianos. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;? Carlota cuenta las ausencias entre los que tuvieron miedo y dejaron el trabajo y los que se contagiaron y estaban de baja. De la direcci&oacute;n prefiere hablar en los juzgados.
    </p><p class="article-text">
        La Bertran y Oriola en esos d&iacute;as estaba gestionada por la compa&ntilde;&iacute;a Eulen, un gigante de los servicios generales con m&aacute;s de 48.000 trabajadores en Espa&ntilde;a. No es una compa&ntilde;&iacute;a peque&ntilde;a, con pocos recursos, con pocas manos, no. Pero en la Bertran y Oriola 92 ancianos quedaron a cargo de una educadora social de veinticinco a&ntilde;os que se ofreci&oacute; a autoconfinarse con ellos en los d&iacute;as m&aacute;s duros. Del 29 de marzo al 4 de abril. Lo siento si empiezan a notar algo de rabia por sus venas, he avisado que no habr&iacute;a paliativos, porque no los hubo: de los 92, en junio hab&iacute;an muerto 36.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a retroceder. Carlota se encarga de dar la medicaci&oacute;n, asear y cambiar la postura de los residentes m&aacute;s impedidos cada ciertas horas durante la noche. Ella no sabe de eso. Alg&uacute;n compa&ntilde;ero enfermero le dice por tel&eacute;fono qu&eacute; hacer y c&oacute;mo. En aquel momento no hab&iacute;a la posibilidad de hacer pruebas, recuerden los d&iacute;as de los tel&eacute;fonos de emergencias saturados. Ella les med&iacute;a la temperatura y el ox&iacute;geno en sangre, les hablaba y les tranquilizaba. Al d&iacute;a siguiente le pasaba el parte al m&eacute;dico. 
    </p><p class="article-text">
        Por la ma&ntilde;ana hubo d&iacute;as en que las chicas de la limpieza se tuvieron que encargar de dar los desayunos y Carlota cuenta que hubo compa&ntilde;eros que tuvieron que ayudarse de tutoriales de Youtube para conectar bombonas de ox&iacute;geno. De las ocho noches que pas&oacute; all&iacute;, las &uacute;ltimas dos estuvo acompa&ntilde;ada de una auxiliar. En total pasan nueve d&iacute;as en que acaba agotada y desesperada, hasta que Carlota da positivo por coronavirus.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; empieza la segunda parte de la historia de Carlota, un aut&eacute;ntico periplo de casi dos meses aislada en hoteles. La mirada se le oscureci&oacute;, a esta chica de veinticinco a&ntilde;os, y una vez las pruebas indicaron que ya no ten&iacute;a el virus volvi&oacute; a casa con una baja por depresi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No quieran saber que cuando volvi&oacute; al trabajo en julio, la Generalitat hab&iacute;a expulsado a Eulen de la gesti&oacute;n de la residencia Bertran y Oriola, lo m&iacute;nimo ante la intolerable cifra de muertos y la dejaci&oacute;n de responsabilidad que demuestra el relato de Carlota, y se la hab&iacute;a encargado a otra entidad, las Hermanas Hospitalarias-Psicocl&iacute;nica de la Merc&egrave;. Carlota firm&oacute; la subrogaci&oacute;n de su contrato, pero al reincorporarse le comunicaron que no contaban con ella ni con sus servicios como educadora social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tomen aire, quiz&aacute; lo necesiten.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A las puertas de un oto&ntilde;o que ser&aacute; complicado existe la posibilidad que cerremos en falso la muerte de 20.000 ancianos a dia de hoy en Espa&ntilde;a en residencias con Covid-19 o s&iacute;ntomas compatibles con la enfermedad. La mayor&iacute;a de residencias son centros sociales y no tienen los recursos asistenciales de los hospitales o los centros sociosanitarios. 
    </p><p class="article-text">
        Eso y que lo que vivimos en primavera fue un tsunami salvaje lo podemos entender y asumir. Que hubo dejaci&oacute;n de responsabilidad por parte de quien tenia vidas a su cargo hay que investigarlo y juzgarlo, porque esa dejaci&oacute;n provoc&oacute; muertes. Vidas sin despedida a las que un juez deber&aacute; poner un apellido. Que nos equivocamos al precarizar profesiones como las de cuidados a las personas hay que aprenderlo y cambiarlo, como el plan que hoy tenemos para las personas mayores en la recta final de sus vidas. 
    </p><p class="article-text">
        Esos mayores somos nosotros dentro de cuatro d&iacute;as y supongo que estaremos de acuerdo en que no vivimos para morir de esa manera.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-vivimos-morir-manera_129_6218865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2020 19:30:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Residencias,Covid-19,Trabajo social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que se ignora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ignora_129_1282033.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f6b7402-3a8c-43b0-bbeb-b9a0b0b62155_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Falló la clase dirigente, la catalana y la española. Una por ausente y equilibrista, la otra por electoralista, ambas atizando los sentimientos, ambas ignorando una parte de la población</p><p class="subtitle">Los dirigentes independentistas no pueden gobernar una Catalunya que no entienden o ignoran: la mitad que no apuesta por ellos, la mitad que el otoño de 2017 se sintió vilipendiada, ignorada, despreciada</p><p class="subtitle">Sánchez, ni nadie, puede gobernar (y sacar España de la ingobernabilidad) si no entiende una sociedad catalana que pide a gritos que alguien la mire con cariño</p></div><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil escribir sobre lo que ha pasado en Catalunya y especialmente en Barcelona en los &uacute;ltimos d&iacute;as. El impacto de la sentencia del proc&eacute;s se trenza con la conmoci&oacute;n por el centro de la ciudad en llamas, con la incomprensi&oacute;n de algunas actuaciones policiales, con la indignidad de unos dirigentes a los que el electoralismo les ha quitado honestidad. Durante la semana de la sentencia fall&oacute; todo. La propia sentencia, que condena a Catalunya a sobrevivirse pol&iacute;tica y socialmente con nueve encarcelados, veremos si durante una d&eacute;cada realmente. Fall&oacute; la violencia callejera y fall&oacute; la polic&iacute;a bajo presi&oacute;n. Hay que enmarcar las cargas como estrategia en un enfrentamiento, pero no hay que asimilar el uso de la fuerza no leg&iacute;timo y no reglamentado. Ese uso de la fuerza no leg&iacute;timo se convierte tambi&eacute;n en violencia, y esa violencia tambi&eacute;n hay que condenarla. Fall&oacute; la clase dirigente, la catalana y la espa&ntilde;ola. Una por ausente y equilibrista, la otra por electoralista, ambas atizando los sentimientos, ambas ignorando una parte de la poblaci&oacute;n. No es f&aacute;cil ni sencillo escribir sobre lo que ha pasado y pasa en Catalunya. Reina el desamparo.
    </p><p class="article-text">
        El historiador brit&aacute;nico Niall Fergusson considera que hemos superado la democracia y que estamos instalados en la 'emocracia': el gobierno, el sistema, de las emociones. Es una idea que me fascina. La referencia es de un libro acabado de publicar y que parece ca&iacute;do del cielo estos d&iacute;as: 'Gestionar las emociones pol&iacute;ticas', del consultor Antoni Guti&eacute;rrez-Rub&iacute;, publicado por Gedisa Editorial. Se lo recomiendo para antes del 10 de noviembre. Seamos conscientes de c&oacute;mo nuestra clase dirigente se ha empapado de la emoci&oacute;n y c&oacute;mo &eacute;sta ya es un elemento central de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No se puede gobernar lo que no se entiende, la emoci&oacute;n que no se entiende. Los dirigentes independentistas no pueden gobernar una Catalunya que no entienden o ignoran: la mitad que no apuesta por ellos, la mitad que el oto&ntilde;o de 2017 se sinti&oacute; vilipendiada, ignorada, despreciada. Carme Forcadell, con quien la sentencia tambi&eacute;n se ceba, dec&iacute;a esta semana en este diario que durante aquellos d&iacute;as les falt&oacute; empat&iacute;a con la Catalunya no independentista. Celebro la reflexi&oacute;n, pero seguimos esperando que la autocr&iacute;tica cruce el Ebro.
    </p><p class="article-text">
        No se puede gobernar, dirigir, liderar lo que no se entiende. Pedro S&aacute;nchez, pinzado por todos los costados, ha visitado Catalunya para aplaudir la actuaci&oacute;n de la Polic&iacute;a Nacional y sus heridos, y nada m&aacute;s. Y nada m&aacute;s. Est&aacute; irreconocible, Pedro S&aacute;nchez. &Eacute;l, que hace apenas dos a&ntilde;os ped&iacute;a p&uacute;blicamente a Mariano Rajoy que dialogase con Carles Puigdemont, que el di&aacute;logo era la soluci&oacute;n y que era lo que la ciudadan&iacute;a reclamaba, hoy niega una llamada al president Quim Torra. Una llamada, que no es ni di&aacute;logo. No est&aacute; justificado ni por el mal papel de Torra, cada vez m&aacute;s aislado y superado por el cargo y las circunstancias. No est&aacute; justificado porque, guste o no, lo entienda &eacute;l mismo o no, Torra es el representante de todos los catalanes. No est&aacute; justificado porque si Torra &ldquo;ignora la mitad de los catalanes&rdquo;, S&aacute;nchez ignora a todos aquellos que conf&iacute;an en el di&aacute;logo, aunque sea para constatar posturas irreconciliables.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia con Torra es que S&aacute;nchez ignora a m&aacute;s de la mitad de los catalanes, porque la del di&aacute;logo es una aspiraci&oacute;n transversal, y a los que son sus potenciales votantes el pr&oacute;ximo 10N. S&aacute;nchez, ni nadie, puede gobernar (y sacar Espa&ntilde;a de la ingobernabilidad) si no entiende una sociedad catalana que pide a gritos que alguien la mire con cari&ntilde;o, que alguna soluci&oacute;n habr&aacute;, que no podemos vivir divididos, que todas las aspiraciones son leg&iacute;timas, que las comprenda. Para eso las m&aacute;ximas instituciones, Gobierno y Generalitat deben hablar. Lo piden la mayor&iacute;a de los ciudadanos, los sindicatos, la patronal, es la posici&oacute;n natural del PSC y hasta el director general de la Polic&iacute;a, Francisco Pardo Piqueras, dijo el mi&eacute;rcoles, en relaci&oacute;n a lo sucedido en Catalunya, que no se escucha lo suficiente, que es necesario escuchar al contrario por lo que te puede aportar para resolver conflictos. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s tiene que pasar para que aparezca el di&aacute;logo? &iquest;Que pasen las elecciones? Si asumimos eso, tambi&eacute;n los ciudadanos seremos unos c&iacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        En el libro 'Gestionar las emociones pol&iacute;ticas'&nbsp;hay unas cuantas reflexiones maravillosas. Entre otras, que la desafecci&oacute;n y el descr&eacute;dito de la pol&iacute;tica empiezan cuando los ciudadanos perciben que quien manda renuncia a dirigir. Que la desafecci&oacute;n provoca desconfianza y que eso tiene consecuencias electorales porque la emoci&oacute;n se apodera de nuestro voto. Y que con la emoci&oacute;n razonamos menos y nos indignamos m&aacute;s. Y lo que es obvio, que renunciar a explorar nuevos caminos nos aleja de nuevas soluciones. Lo que se ignora se desprecia, dec&iacute;a Machado. Pues eso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ignora_129_1282033.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Oct 2019 20:10:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que se ignora]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,España,Nacionalismo,Independentismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad es tan rara]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/verdad-rara_129_1327212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21d5837f-03fe-493b-8b5a-c2332d1bf92d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Momento de la detención de uno de los miembros del CDR."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es triste y alguien dentro de unos años lo contará por nosotros, cómo en nuestros días la verdad llegó a tocar el barro con la complicidad del periodismo de trinchera</p><p class="subtitle">Una parte del independentismo convierte el 'no sabemos nada' en 'todo es mentira, no hay nada', es una burda operación de Estado para amedrentar al movimiento social</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La verdad es tan rara, es encantador contarla&rdquo;. Leer a la poeta norteamericana Emily Dickinson es ver el mundo con luz clara, ilumina hasta aquello que no se ve. Como la verdad. Es rara y se esconde al final de un pozo largo lleno de matices, pistas trampa y sectarismo. Por ello la relaci&oacute;n del periodismo con la verdad es rara tambi&eacute;n, tirando a compleja. En los tiempos de la postverdad, la verdad ha dejado de tener un puesto principal. El rumor, la filtraci&oacute;n interesada, el sectarismo, la trinchera, los intereses evidentes y tambi&eacute;n los ocultos ensanchan cada vez m&aacute;s la distancia entre el periodismo y la verdad. La verdad deber&iacute;a ser prioritaria, pero ha perdido fuelle y capacidad de atractivo por las prisas y los odios de nuestro tiempo. Se elevan a la categor&iacute;a de verdad verdades parciales, especialmente cuando estas vienen a confirmar fobias y filias del emisor.
    </p><p class="article-text">
        Por poner un ejemplo: ha pasado, est&aacute; pasando a&uacute;n, en las horas posteriores a la detenci&oacute;n de los nueve independentistas catalanes, siete de los cuales duermen desde hace m&aacute;s de una semana en la prisi&oacute;n de Soto del Real. Sobre la causa, secreto de sumario, aunque eso no est&aacute; evitando las filtraciones. Antes incluso de las filtraciones muchos ya hab&iacute;an optado por difundir un relato elevado a categor&iacute;a de verdad.
    </p><p class="article-text">
        En aquellas horas, y a&uacute;n hoy con lo poco que se ha filtrado, la &uacute;nica verdad contrastada es que no sabemos casi nada. La filtraci&oacute;n sirve para construir una verdad que algunos dan por completa con una falta de rigor que deber&iacute;a ser denunciable y que alumbra una relaci&oacute;n perniciosa entre lo pol&iacute;tico y lo period&iacute;stico en nombre de un bien considerado superior.
    </p><p class="article-text">
        Es triste y alguien dentro de unos a&ntilde;os lo contar&aacute; por nosotros, c&oacute;mo en nuestros d&iacute;as la verdad lleg&oacute; a tocar el barro con la complicidad del periodismo de trinchera, que nos convierte a todos en v&iacute;ctimas de la especulaci&oacute;n y la conspiraci&oacute;n. Nos lleva a un punto de colisi&oacute;n en el cual deber&iacute;amos parar a reflexionar.
    </p><p class="article-text">
        El caso de los CDR detenidos es paradigm&aacute;tico. Con ellos en el centro del debate se producen una serie de lamentables limitaciones a la &uacute;nica verdad hasta el momento -no sabemos nada o casi nada- que condicionan a la opini&oacute;n p&uacute;blica y hasta ha provocado enfrentamientos propios de pandilla de callej&oacute;n en el Parlament de Catalunya.
    </p><p class="article-text">
        Una parte del independentismo convierte el 'no sabemos nada' en 'todo es mentira, no hay nada', es una burda operaci&oacute;n de Estado para amedrentar al movimiento social. Para estos, tomarse el 'no sabemos nada' con cautela es casi como condenarlos y cargarse su presunci&oacute;n de inocencia.
    </p><p class="article-text">
        A una parte del unionismo el 'no sabemos nada' le suena a 'son terroristas', carg&aacute;ndose la presunci&oacute;n de inocencia de la que debe gozar todo el mundo. Pero debe ser que no mostrarse combativo resta y es muy poco ib&eacute;rico. De macho, digo. Si no les gusta la verdad -no sabemos nada- ac&oacute;janse por lo menos a la ley: son inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Y m&aacute;s si hablamos de terrorismo. Ambos comportamientos los han reproducido algunos pol&iacute;ticos y tambi&eacute;n algunos medios.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; algunos de ustedes avanzan en la lectura pregunt&aacute;ndose &iexcl;pero chica, es que s&iacute; que sabemos! Sabemos de filtraciones y exclusivas sobre un sumario que es secreto, que beben de intereses y que son reproducidas con m&aacute;s o menos cuerpo y cautela en funci&oacute;n de otros intereses. Eso no quiere decir que el contenido de las filtraciones no sea cierto, pero asumamos que puede ser informaci&oacute;n sesgada que se da por completa. Hay silencios que contienen m&aacute;s verdad que algunas palabras. En cuanto se levante el secreto de sumario, lo hablamos. Deberemos entender que lo que el juez escriba quedar&aacute; como la verdad, aunque incluso as&iacute; pudiera no serlo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que estamos viendo estos d&iacute;as respecto a este caso es una vulneraci&oacute;n extraordinaria y extrema de la que deber&iacute;a ser la principal motivaci&oacute;n del periodismo: aproximarse al m&aacute;ximo a la verdad y sustraerse de la presi&oacute;n y de las propias ideas. O lo denunciamos o solo nos quedar&aacute; la poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Querida Dickinson: la verdad es tan rara, es complejo contarla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/verdad-rara_129_1327212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Oct 2019 19:51:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La verdad es tan rara]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[CDR - Comités de Defensa de la República,Cataluña,Independencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que somos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/somos_129_1373624.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e8568d5-2c62-40ae-a14f-a22ae37f75eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que somos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tantas vueltas le damos a nuestra existencia, tantas preguntas nos hacemos, quiénes somos y qué hemos venido a hacer a este mundo, y a veces uno encuentra la respuesta en un cajón de casa</p></div><p class="article-text">
        Tantas vueltas le damos a nuestra existencia, tantas preguntas nos hacemos, qui&eacute;nes somos y qu&eacute; hemos venido a hacer a este mundo, y a veces uno encuentra la respuesta en un caj&oacute;n de casa o entre la ropa vieja olvidada en lo alto y fondo del armario esperando el d&iacute;a en que pase algo, una mudanza por ejemplo, que haga removerlo. Y as&iacute;, haciendo bolsas para el contenedor de la ropa usada, de golpe me encuentro en una camiseta, la que llevaba el d&iacute;a que nos conocimos hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os y que tiene un agujerito en el extremo izquierdo, y en los zapatos italianos y un poco horteras que llevabas el d&iacute;a que te tropezaste justo cuando me dec&iacute;as que no lo dej&aacute;ramos, que val&iacute;a la pena intentarlo. El jersey que compr&eacute; hace veinticinco a&ntilde;os en Noruega, durante el crucero familiar a los fiordos y que me sigue yendo bien, ya deb&iacute;a haber crecido del todo. O he empezado a menguar, no s&eacute;. Ese traje anchote pasado de moda que llevas en la foto de Roma, de cuando a&uacute;n no ten&iacute;as canas. Y ese bol de terrazo que compr&eacute; en Formentera para decorar otra casa y otra vida, cuando a&uacute;n no exist&iacute;as, y que me toc&oacute; en el reparto de pedazos cuando el amor se rompi&oacute;. Y ese cassete recopilatorio con la pegatina &ldquo;verano del 98&rdquo; escrita a mano que empieza con el <em>Every breath you take</em> de Police y que era toda una declaraci&oacute;n de amor. Hoy ser&iacute;a casi un caso de acoso, por la letra, digo. Pero qu&eacute; hago, &iquest;lo tiro?
    </p><p class="article-text">
        El l&aacute;piz de Hello Kittie que le rob&eacute; a mi hermana mayor no s&eacute; cuando (&iexcl;fui yo, hermana!) y que no s&eacute; c&oacute;mo conservo dos siglos despu&eacute;s en casa (&iexcl;lo tengo!), yo, que no he conseguido acabar un boli bic en la vida, que se pierden siempre los bolis bic, no es culpa m&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Unas cartas preciosas de un chico amigo del primo de una amiga y que iba al colegio de al lado. No recuerdo su nombre pero esas cartas de amor eran preciosas como para tirarlas el d&iacute;a que me independic&eacute;, as&iacute; que tres casas despu&eacute;s siguen aqu&iacute; conmigo, en la caja de las agendas del colegio con las dedicatorias de las amigas de clase y alg&uacute;n coraz&oacute;n con flecha y otro nombre.
    </p><p class="article-text">
        La postal que mis padres me enviaron la primera Navidad que viv&iacute; fuera de casa. <em>Bon Nadal 2007, els papes</em>. Cosas de mam&aacute;. La pulsera de cuando me vino la regla, los pendientes de los &uacute;ltimos Reyes en que pap&aacute; nos iba a hacer un gran regalo porque ya ten&eacute;is quien os regale, pero ah&iacute; sigue el t&iacute;o cada a&ntilde;o tan espl&eacute;ndido con nosotras. Su reloj de principios de los ochenta que me prest&oacute; a mediados de los noventa y que todav&iacute;a no le he devuelto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El vestido del d&iacute;a de nuestra boda y el gorro de lana que me compraste en Londres. Este tambi&eacute;n va al contenedor de ropa usada, es que el rojo ha dejado de gustarme. El <em>body</em> de la primera noche de vida de Olivia, y las alfombras que compramos en Marruecos despu&eacute;s de regatear durante una hora y que saboreamos poco porque enseguida sentimos que nos hab&iacute;an tomado el pelo.
    </p><p class="article-text">
        Un &aacute;lbum de fotos de Turqu&iacute;a de cuando a&uacute;n hac&iacute;a &aacute;lbumes con las fotos y el trocito de piedra de la Capadocia al que nunca le he encontrado un buen sitio en casa. La <em>Odisea</em> de Homero forrada y subrayada de cuando nos la hicieron leer en Literatura Universal, qu&eacute; emoci&oacute;n que ya no recuerdo, pero lo subrayado ah&iacute; est&aacute;. El jarr&oacute;n de la abuela que desentona con todo lo dem&aacute;s, pero ah&iacute; est&aacute; tambi&eacute;n, precioso, quieto y silencioso, como era ella.
    </p><p class="article-text">
        Los discos sin tocadiscos, los DVD sin reproductor y Kundera en varias versiones. Qu&eacute; insoportable esta levedad de ser objetos viejos que seguir&aacute;n ocupando espacio en la nueva casa porque es imposible que me deshaga de ellos sin sentirme amputada, porque no me basta con el recuerdo, yo necesito algo f&iacute;sico y un almac&eacute;n para guardarlo, claro. Lo que somos, lo vivido incrustado en objetos y tambi&eacute;n algunas ilusiones. Que quiz&aacute; otra mujer reciba un beso apasionado llevando puesta esa camiseta de nuestro primer d&iacute;a. La del agujerito en el extremo izquierdo que, al final s&iacute;, sin pensarlo m&aacute;s, hoy se va al contenedor de la ropa usada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/somos_129_1373624.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Sep 2019 19:51:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que somos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tostada de aguacate. Like]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tostada-aguacate-like_129_1448587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No sabemos en qué momento una tostada de aguacate se ha vuelto interesante (si interesa, es interesante?), no sabemos desde cuando le gusta a tanta gente ni qué tendrá la tostada para estar ahí colgada. Pero la colgamos y le damos al like</p></div><p class="article-text">
        Hace calor y aunque las ventanas est&aacute;n abiertas no pasa ni una gota de aire. Empieza julio ardiendo en las calles. Ya no hay colegios, solo el largo verano por delante. En el sof&aacute; hay una ni&ntilde;a casi chica viendo la vida pasar a trav&eacute;s del m&oacute;vil. Con esa indiferencia natural de su edad parece escapar de una vida tediosa asomada a esa ventana indiscreta para la que no necesita ni esconderse ni unos binoculares como los de James Stewart en la pel&iacute;cula de Hitchcock. Puede mirar a placer las indiscreciones de los dem&aacute;s en las redes sociales: el ba&ntilde;o en alta mar de Luis y el amigo desconocido que sale a su lado, el libro que est&aacute; leyendo Carlota, las u&ntilde;as postizas de su hermana en foto postureo Rosal&iacute;a total, el desayuno de la madre de Mar&iacute;a, tostada de aguacate y t&eacute; helado. Like. Llegar&aacute; la madre del trabajo y lo primero que dir&aacute;, impotente, es ya basta de m&oacute;vil, seguro que has estado todo el d&iacute;a ah&iacute; colgada, comentario al que le seguir&aacute; un no lejano y de oes largas y cansadas que suena a qu&eacute; pesada con lo del m&oacute;vil, no entiendes nada. Y tendr&aacute; raz&oacute;n: no entendemos nada y vamos a remolque. No sabemos en qu&eacute; momento una tostada de aguacate se ha vuelto interesante (si interesa, es interesante?), no sabemos desde cuando le gusta a tanta gente ni qu&eacute; tendr&aacute; la tostada para estar ah&iacute; colgada. Pero la colgamos y le damos al like.
    </p><p class="article-text">
        En una conversaci&oacute;n, el otro d&iacute;a David Trueba comentaba que las redes y en general la sociedad de consumo han convertido a la gente en importante, que han conseguido que nos sintamos importantes, porque el consumo nos pone en el centro. Y eso explica que cuando hay noticias de impacto, como por ejemplo el incendio de la catedral de Notre Dame, muchos corran a colgar la fotograf&iacute;a de aquellas vacaciones en Par&iacute;s, como si al resto le importara algo. En realidad no importa nada, pero lo hacemos porque ah&iacute; est&aacute; el mundo y all&iacute; nos ven los otros y all&iacute; podemos mostrarnos interesantes, porque ya sabemos que de casa al trabajo y del trabajo a casa hay pocos momentos para la &eacute;pica. En cambio all&iacute; siempre hay sonrisas, all&iacute; hay color y vida, aunque no sabemos si inteligente. El fil&oacute;sofo Bernat Ded&eacute;u a&ntilde;ad&iacute;a a la conversaci&oacute;n que esa vida virtual que tenemos en las redes han cambiado la percepci&oacute;n que tenemos de nosotros mismos. Criticamos que el poder promueva noticias falsas, como si no hubiera nada de falso en el postureo, los filtros y los diez minutos para encontrar el mejor encuadre.
    </p><p class="article-text">
        Alguien ha aplastado la bola del mundo y le ha ido dando toquecitos hasta que se ha quedado de forma rectangular y con luz interior, y todo ha cambiado. Habitamos diversos planetas: en Facebook tenemos a los amigos, as&iacute; que no nos queda otra de ser quienes somos con ellos, en Instagram parecemos un poco m&aacute;s guapos y estupendos, y en Twitter muchos ni usan su nombre real as&iacute; que ah&iacute; s&iacute;, ah&iacute; s&iacute; se pueden desatar todas las filias y tempestades. Ah&iacute; s&iacute; se puede hacer lo que a uno le da gana, hasta insultar a la cara (y esconder la mano). Tanto, que ya hemos bautizado a una nueva tribu de hom&iacute;nidos, los haters. Los trolls que abocan en las redes toda su mala leche, tambi&eacute;n porque se sienten importantes.
    </p><p class="article-text">
        Y la ni&ntilde;a casi chica se ha pasado la ma&ntilde;ana all&iacute; donde triunfa la tostada, viendo qui&eacute;n sabe qu&eacute; y hablando con qui&eacute;n sabe qui&eacute;n. Hablando o, para ser m&aacute;s precisos, enviando mensajes o notas de audio o haciendo videollamadas, porque eso de hablar, solo hablar, ya se lleva poco. Pero qu&eacute; pesada me siento, es que no entiendo nada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tostada-aguacate-like_129_1448587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jul 2019 19:21:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tostada de aguacate. Like]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Instagram,Facebook]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bea y las otras 999 mujeres asesinadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/bea-mujeres-muertas_129_1504171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8619bb3e-b460-45cd-ad34-4a4ca2c88f95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bea y las otras 999 mujeres asesinadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El marcador llega a mil (mil mujeres asesinadas) justo la semana en que se cierran los acuerdos postelectorales del 26 de mayo y del 28 de abril. Y los partidos gestionan sus cuotas de poder como pueden. Literal: como pueden. Literal: algunos, tan mal como pueden. Eso es, con Vox. Eso es con un partido que niega la violencia machista</p></div><p class="article-text">
        A Beatriz Arroyo, quiz&aacute; Bea en cari&ntilde;oso, le ha tocado redondear el terrible marcador de las mujeres asesinadas en Espa&ntilde;a por la violencia machista. Son mil ya desde 2003, desde que el marcador de la violencia machista empez&oacute; su tenebrosa andadura. Y quiero llamarla Bea, sin su permiso all&iacute; donde est&eacute;, para acercarme a ella, para no verla como un n&uacute;mero atroz, porque cada muerte no es una m&aacute;s, sino una menos. Un cuerpo menos respirando, una sonrisa menos, una expectativa menos, una ilusi&oacute;n menos. Un futuro menos. Una menos. Beatriz Arroyo, 29 a&ntilde;os. Para m&iacute;, Bea. Una amiga de alguien, una hija de alguien, una vecina de alguien, una clienta de alguien, una pareja de un malnacido. Bea y las 999.
    </p><p class="article-text">
        Voy a hacer demagogia. S&iacute;, y muy a gusto adem&aacute;s. As&iacute;, sin reparo, anunci&aacute;ndolo, sin cortarme: ETA mat&oacute; en 60 a&ntilde;os de historia 853 personas. &iexcl;Y c&oacute;mo las lloramos! Porque entonces cada uno de ellos era tambi&eacute;n uno menos. Nunca fueron un n&uacute;mero. Siempre fueron lo que tienen que ser los muertos: personas arrebatadas de su historia. Como ellas, Bea y las otras 999 mujeres muertas. Pero la violencia machista no tiene una banda organizada detr&aacute;s, con su estructura y sus jefes, con sus comunicados detr&aacute;s de un pasamonta&ntilde;as, con su serpiente, con sus zulos, con sus pisos francos. Tampoco cuenta con fondos reservados ni con el CNI. Pero mata m&aacute;s que ETA.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que es peor. Hasta ahora hab&iacute;a un aparente consenso pol&iacute;tico de que hab&iacute;a que hacer algo para combatir la violencia machista y gracias a ello hemos avanzado con tribunales espec&iacute;ficos, unidades policiales especiales para la mujer, medidas de apoyo y &oacute;rdenes de alejamiento, y un poco m&aacute;s de educaci&oacute;n y cultura tambi&eacute;n. Todo ello mientras el marcador no cesaba su mort&iacute;fera actualizaci&oacute;n y se estaba asumiendo, aunque algunos lo hicieran a rega&ntilde;adientes, que el machismo es violencia. Pero eso ya fue.
    </p><p class="article-text">
        El marcador llega a mil (mil mujeres muertas) justo la semana en que se cierran los acuerdos postelectorales del 26 de mayo y del 28 de abril. Y los partidos gestionan sus cuotas de poder como pueden. Literal: como pueden. Literal: algunos, tan mal como pueden. Eso es, con Vox. Eso es con un partido que niega la violencia machista, que rompe el consenso, que se atreve a decir que Bea y las otras 999 mujeres muertas son fruto del azar, como un accidente de coche, como un pinchazo inoportuno. Que niega que en nuestra sociedad hay un barniz podrido, como un hongo resistente y letal, que es el machismo, que ampara que la mujer es del hombre, que la mujer es menos, que la mujer, bah. Bien guapa y bien dispuesta, y buena madre y delicada, y un ramo de flores cada semana, pero bah, que un poco exagerada, que el machismo no mata. En este pa&iacute;s en que se mata poco, han muerto mil mujeres en diecis&eacute;is a&ntilde;os. Bah. Mil asesinos de nada.
    </p><p class="article-text">
        Y ojo, que el fr&iacute;o marcador que tristemente corona Bea recoge s&oacute;lo las mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas. Quedan fuera los cr&iacute;menes sexuales perpetrados por ajenos y las v&iacute;ctimas que no eran pareja del asesino, pero estaban en su entorno. As&iacute; que son muchas m&aacute;s. Y no tienen ni n&uacute;mero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/bea-mujeres-muertas_129_1504171.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Jun 2019 20:13:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bea y las otras 999 mujeres asesinadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia de género,Asesinatos machistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin de la soberbia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fin-soberbia_129_1567112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/506492f6-ce9f-4495-bd92-ef9a66bf4e91_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de la soberbia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Da vergüenza y enciende todas las alarmas que cuatro días después de ofrecer ministerios a Vox, Casado se desmarque para intentar evitar el descalabro total el 26 de mayo</p></div><p class="article-text">
        Que Espa&ntilde;a es ingobernable sin tener en cuenta su plurinacionalidad y su diversidad es un hecho contrastado a lo largo de nuestra democracia. Ha vuelto a quedar en evidencia despu&eacute;s de los resultados electorales del 28 de abril, con una Catalunya y un Pa&iacute;s Vasco pintadas de la victoria de los partidos nacionalistas e independentistas y con una derecha dividida y marginada a lo residual.
    </p><p class="article-text">
        Son resultados hist&oacute;ricos de los que deber&aacute;n tomar buena nota aquellos que quieran ser un partido hegem&oacute;nico en el conjunto de Espa&ntilde;a. &Eacute;sta, sus gentes para ser m&aacute;s precisos, es m&aacute;s progre y tolerante de lo que demuestran las tres derechas, y Catalunya tiende a las posiciones dialogantes m&aacute;s de lo que se quiere hacer creer. As&iacute; ha sido a lo largo de la historia, as&iacute; cabe entender la victoria de Esquerra en estas elecciones en Catalunya, que ha conseguido moderar su posici&oacute;n pese a la tormenta y las propias contradicciones, y convencer a los independentistas de que, si bien mantienen su objetivo, ese camino tendr&aacute; que andarse de otra manera a pesar del 1 de octubre. Y as&iacute; cabe entender la temperatura del oto&ntilde;o del 2017, como un efecto rebote mal gestionado ante el inmovilismo sistem&aacute;tico y las porras del 1 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        La Espa&ntilde;a que hace bromas de esos porrazos, la Espa&ntilde;a que considera la Catalunya independentista cateta y adoctrinada se ha pegado, ah&iacute; s&iacute;, un porrazo de magnitudes colosales. Por cierto, &iquest;a esa Espa&ntilde;a de mirada soberbia como habr&iacute;a que llamarla? Afortunadamente son minor&iacute;a, a pesar de que a veces parezca lo contrario en esta Espa&ntilde;a de clases con unos poderes f&aacute;cticos copados por el conservadurismo, que se ha resistido en toda la precampa&ntilde;a a calificar la extrema derecha como tal. Que si nacionalistas, que si populistas. Como si el nacionalismo no tuviera gradaci&oacute;n y como si el populismo no tuviera que llevar a la fuerza un apellido.
    </p><p class="article-text">
        Hay populismo en todas las aceras, y el de Vox es de extrema derecha. Pasado el 28 de abril y habiendo tocado el barro, Pablo Casado se apresura a girar hacia el centro y, ahora s&iacute;, tacha a los de Abascal de lo que son. Rectificar es de sabios, pero da verg&uuml;enza y enciende todas las alarmas que cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de ofrecer ministerios a Vox, se desmarque para intentar evitar el descalabro total el 26 de mayo. Acongoja la frivolidad con la que PP y Ciudadanos habr&iacute;an lanzado a Espa&ntilde;a a manos de los ultras s&oacute;lo por tocar poder.
    </p><p class="article-text">
        Frente a eso, la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles y el fin de la soberbia. Los pr&oacute;ximos a&ntilde;os el terreno de juego ser&aacute; el centro, que no es otra cosa que el espacio donde se escucha al adversario pol&iacute;tico y donde se cede terreno. Y donde se ganan las elecciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fin-soberbia_129_1567112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 May 2019 19:13:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin de la soberbia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pablo Casado,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una buena vida y un buen morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/buena-vida-buen-morir_129_1603716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1240092-178a-43dc-a8f9-71928af53e68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una buena vida y un buen morir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es salvaje que uno, aún en forma, pueda tomar la decisión de morir libremente y que cuando te sientes incapacitado irreversiblemente y sin esperanza no te dejen hacerlo, que tengas que hacer incurrir a alguien en un delito cuando si pudieras acabarías de inmediato con tu vida</p><p class="subtitle">"A mí lo que me rompe el corazón es ver que alguien se suicida porque va a ser desahuciado, no tanto que lo haga alguien que irreversiblemente no puede vivir sin sufrir". La frase resuena con fuerza mientras la clase política no consigue resolver dos preocupaciones fundamentales en la vida de los ciudadanos</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; lo que me rompe el coraz&oacute;n es ver que alguien se suicida porque va a ser desahuciado&rdquo;. La sentencia cae contundente en el estudio de radio. La dice Isabel Alonso, la presidenta en Catalunya de la Asociaci&oacute;n por el Derecho a Decidir Dignamente (DMD), invitada para comentar en qu&eacute; punto est&aacute; una futura regulaci&oacute;n de la eutanasia en Espa&ntilde;a, a ra&iacute;z de la terrible historia de &Aacute;ngel y Mar&iacute;a Jos&eacute;, la mujer que se ha suicidado con la ayuda de su marido despu&eacute;s de sufrir lenta y dolorosamente el deterioro f&iacute;sico de la esclerosis m&uacute;ltiple. El planteamiento del DMD es radical, admite Isabel, y a m&iacute; me parece radicalmente clarividente en los d&iacute;as que corren.
    </p><p class="article-text">
        Defienden que el derecho sobre la propia vida es exclusivo de quien la vive y que uno debe poder decidir c&oacute;mo acabar este viaje, incluso aquellos que para hacerlo necesitan otras manos que las suyas. Es salvaje que uno, a&uacute;n en forma, pueda tomar la decisi&oacute;n de morir libremente y que cuando te sientes incapacitado irreversiblemente y sin esperanza no te dejen hacerlo, que tengas que hacer incurrir a alguien en un delito cuando si pudieras acabar&iacute;as de inmediato con tu vida. La decisi&oacute;n debe ser tan leg&iacute;tima y practicable estando bien o estando mal. Y me parece que tenemos derecho a que la muerte, que es vida, no sea un caf&eacute; malo despu&eacute;s de una gran comida. Ese caf&eacute; malo que lo estropea todo. Y que de lo que los pol&iacute;ticos deber&iacute;an estar preocupados es de que todos tengamos vidas apetecibles y dignas que nos hagan querer la vida a rabiar. Nadie quiere irse cuando estamos bien.
    </p><p class="article-text">
        Isabel me hace pensar en Maika. La he conocido esta semana, tambi&eacute;n en la radio. Es madre de dos ni&ntilde;os de doce y seis a&ntilde;os. Hace siete alquil&oacute; el piso en el que vive a un falso propietario a quien pagaba trescientos euros al mes. Quiso empadronarse all&iacute; para poder tener acceso a los servicios p&uacute;blicos del barrio y fue cuando descubri&oacute; que estaba pagando un alquiler a alguien muy listo y muy miserable que estaba aprovech&aacute;ndose de ella. El piso en el que viv&iacute;an no lo estaban pagando, como cre&iacute;an, sino que lo estaban ocupando y era de un banco. En los siete a&ntilde;os que han pasado, el piso pas&oacute; a ser de otro banco y despu&eacute;s de un fondo de inversi&oacute;n. El buitre, le llama. El juez ha firmado la orden de desahucio a favor del buitre despu&eacute;s de meses de intentar negociar un alquiler social. Me lo cuenta dos d&iacute;as antes de que vayan a sacarles de su casa, aunque al final no se produjo el desalojo y cuentan con una pr&oacute;rroga que no saben cuanto va a durar. Pero me lo cuenta cuando la expectativa a&uacute;n es que esa misma noche ir&aacute;n a dormir a un albergue, porque esa es toda la alternativa que les ofrecen los servicios sociales de su municipio. El albergue de una zona urbana no es lugar para dos ni&ntilde;os: dormir separados, uno con el padre y el otro con Maika. Ellos pasar&aacute;n el d&iacute;a en el colegio y entre una cosa y la otra ya se har&aacute; la hora en que el albergue permite la entrada para pasar la noche. Mientras, Maika y su marido tendr&aacute;n que echarle horas a la calle, buscando ese trabajo que no consiguen que salga.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a en que finalmente no se produce el &ldquo;desalojo&rdquo; es el d&iacute;a que &Aacute;ngel ayuda a morir a Mar&iacute;a Jos&eacute; y pasar&aacute; la noche en un calabozo. Maika es una mujer muy fuerte y no piensa en nada m&aacute;s que en sacar a sus hijos adelante, pero &ldquo;a mi lo que me rompe el coraz&oacute;n es ver que alguien se suicida porque va a ser desahuciado, no tanto que lo haga alguien que irreversiblemente no puede vivir sin sufrir&rdquo;. La frase resuena con fuerza mientras la clase pol&iacute;tica no consigue resolver dos preocupaciones fundamentales en la vida de los ciudadanos: que podamos sellar una buena vida, de esas en las que uno cuenta con derechos como el de la vivienda garantizado, con un buen morir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/buena-vida-buen-morir_129_1603716.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Apr 2019 19:46:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una buena vida y un buen morir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eutanasia,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desdomesticados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desdomesticados_129_1639658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f80fdac5-2b7f-4236-88b0-fffabe984334_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desdomesticados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Volvemos al blanco o negro, que tanto nos recuerda a los tiempos del blanco y negro. Menos tolerantes, más severos. Y esa actitud la ha comprado buena parte de la política de hoy</p></div><p class="article-text">
        Como especie evolutiva que somos los de la raza humana, que no quiere decir que todos los humanos seamos moldeables, emp&aacute;ticos y resilientes, lamentablemente, todos los que por aqu&iacute; tenemos una edad recordamos algunos de los castigos que se aplicaban en el colegio hace algunos a&ntilde;os. Yo soy de la generaci&oacute;n del cara a la pared y el copia mil veces no volver&eacute; a contestar mal. Y eso ya supon&iacute;a una evoluci&oacute;n interesante a los castigos que hab&iacute;an sufrido mis mayores, que siempre me explicaron aquello de juntar los dedos de la mano para recibir un reglazo, e incluso aquello tan vergonzante de las orejas de burro para quien no se sab&iacute;a la lecci&oacute;n. Por suerte, hemos evolucionado y en las escuelas de hoy se promueven pr&aacute;cticas que inculquen alguna cosa m&aacute;s que la verg&uuml;enza, el escarmiento o el dolor. S&iacute;ntoma de que somos el mejor de los animales, aunque algunos se calcen las orejas de burro cada ma&ntilde;ana, y sin darse cuenta.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica de nuestros d&iacute;as parece estar haciendo una regresi&oacute;n a aquellos tiempos de la mano dura y el vas a aprender de golpe, y con ella tambi&eacute;n, arrastra, parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica. De todo lo que tienen las redes sociales, el uso dom&eacute;stico de la tecnolog&iacute;a, lo m&aacute;s malo es que nos acostumbra a la cadena impaciente del impacto-reacci&oacute;n. Todo lo queremos ya, sobre todo tenemos una opini&oacute;n inmediata, y lo que es peor: muchos sienten la necesidad de compartirla para obtener un feedback igual de poco meditado para que en cinco minutos tengamos el ego empachado. Gustar es muy placentero, por algo somos animales sociales, pero en exceso le provoca diarrea al ego, que va abonando la intolerancia y la severidad. A m&aacute;s likes, m&aacute;s chulos nos ponemos, m&aacute;s perspectiva perdemos, se nos afilan los colmillos y nos sale ese pelaje negro de nuestros antepasados. Nos estamos desdomesticando, con permiso de la RAE. Volvemos al blanco o negro, que tanto nos recuerda a los tiempos del blanco y negro. Menos tolerantes, m&aacute;s severos. Y esa actitud la ha comprado buena parte de la pol&iacute;tica de hoy.
    </p><p class="article-text">
        Todo es muy grave siempre, todo es un atentado siempre, todo es una amenaza siempre, todo es un descaro siempre, todo es un jam&aacute;s, todo es un yo nunca. Todo es motivo de afrenta siempre, y no hay puentes que puedan unir orillas. Los pocos que hay soportan tanto peso de la pol&iacute;tica y la opini&oacute;n p&uacute;blica de lo inmediato, que se caen. El griter&iacute;o es tal que a los domesticados casi ni se les oye, porque entre que levantan la mano, piden permiso e intentan matizar se les echan encima y su voz se apaga: ya no han podido opinar. Gana la bronca. Estamos perdiendo los matices, el saber estar, el escuchar, el discrepar. Y el construir. Siempre al ataque, como los del pelaje negro. Qu&eacute; tiempo tan ruidoso.
    </p><p class="article-text">
        Pasa con el proc&eacute;s, pasa con la unidad de Espa&ntilde;a, pasa con el debate sobre cu&aacute;l debe ser la sentencia de los encausados independentistas, pasa con el feminismo, pasa cada vez m&aacute;s con colectivos especialmente sensibles, como los inmigrantes. Hace poco un amigo gay de cuarenta y pocos me confesaba que le pasa algo que no le ocurr&iacute;a desde que sali&oacute; del armario, muy jovencito. Que al ir por la calle de la mano con su pareja es consciente de ir por la calle de la mano con su pareja. La percepci&oacute;n del riesgo, esa antesala del miedo. &iexcl;C&oacute;mo puede ser!
    </p><p class="article-text">
        Los extremos llevan ventaja en casi todos los ejes de debate pol&iacute;tico. Y desde el sof&aacute;, twitter en mano, se oyen aplausos. Las elecciones ser&aacute;n el momento en que los ciudadanos podremos demostrar que somos mejores que esa rebuscada dureza y confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica que da votos a corto plazo, y que nos merecemos que alguien mire m&aacute;s all&aacute; de la pr&oacute;xima cita electoral. Alguien de altura, por favor. Tenemos ese poder, ah&iacute;, en la papeleta y en el sobre. Con lo que nos ha costado, espero que no ganen los <em>desdomesticados</em>. Llevan las orejas de burro, y sin darse cuenta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desdomesticados_129_1639658.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Mar 2019 20:36:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desdomesticados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Generales 2019,Redes,Twitter]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 8 de marzo, un nuevo 1 de mayo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marzo-nuevo-mayo_129_1663939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b7d2673-0be3-405d-a3a5-913e688064ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 8 de marzo, un nuevo 1 de mayo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todo lo que afecta a la mujer nos atañe a todos, compromete nuestro bienestar, nuestro potencial económico. Nuestro futuro colectivo</p></div><p class="article-text">
        Es el primer d&iacute;a que saco la cabeza por aqu&iacute; as&iacute; que &iexcl;Hola! Toca presentarme. Os dir&eacute; que soy una mujer periodista en esa edad media que hasta hace pocos a&ntilde;os me hubiera convertido en una mujer madura y ahora, en cambio, me paseo por esa agradable orilla que es la juventud con experiencia. Esa edad en la que muchas mujeres decidimos dar un paso para el que nuestro cuerpo lleva algo m&aacute;s de veinte a&ntilde;os preparado. El desajuste entre la preparaci&oacute;n f&iacute;sica para la maternidad y la vital, tanto en el sentido trascendente como en el pr&aacute;ctico, deber&iacute;a ser un tema de preocupaci&oacute;n de primer orden, quiz&aacute; lo alcancen nuestros hijos cuando a nuestra edad tengan que cargar con sus padres octogenarios.
    </p><p class="article-text">
        Casi con cuarenta y eso no me ahorr&oacute; echar alguna l&aacute;grima al volver la esquina el primer d&iacute;a de guarder&iacute;a. La maternidad tard&iacute;a acent&uacute;a la aceleraci&oacute;n del tiempo que se construye en ir dando espacio a los hijos hasta que llegue el momento en que les pediremos que, por favor, se pasen un rato por casa. &iexcl;Tanto que hemos esperado a encontrar el momento para ser madres y, de golpe, el tiempo empieza a fundirse!
    </p><p class="article-text">
        A cada uno la paternidad le llega cuando le llega, pero a las mujeres nos condicionan a&uacute;n m&aacute;s elementos externos pero imprescindibles, como la estabilidad econ&oacute;mica y la carrera profesional. La maternidad penaliza la carrera de las mujeres. No es ning&uacute;n mito, y ahora que el permiso de paternidad empieza a ser algo serio en este pa&iacute;s tenemos un ejemplo muy evidente. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Pablo Iglesias en estos d&iacute;as ya de campa&ntilde;a electoral y en uno de los peores momentos de su formaci&oacute;n? Pues en su casa cuidando de sus hijos, aunque parezca que se lo haya tragado la tierra. As&iacute; pasamos las mujeres los a&ntilde;os centrales de nuestras vidas, apareciendo y desapareciendo como el Guadiana entre partos, cuarentenas, primeros d&iacute;as de guarder&iacute;a y el bot&oacute;n de inicio del ordenador del trabajo. Eso las que logran mantener un trabajo estable. Ahora que llega un nuevo 8 de marzo volveremos a salir a la calle para que cambie, entre otras cosas, lo que ahora hace un a&ntilde;o denunciaba en Twitter alguien poco sospechoso de ser una antisistema, la empresaria Ana Bot&iacute;n: &ldquo;Despu&eacute;s de un primer hijo, la renta de las mujeres cae bruscamente y nunca llega a recuperarse completamente&rdquo;. Y aportaba datos concretos.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/971785665628266496?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Es importante recordar estos datos, como tantos otros que demuestran que el mercado laboral no es igual para hombres y mujeres, ahora que estamos en precampa&ntilde;a y el feminismo, o lo que cada cual entiende por feminismo, ha entrado en campa&ntilde;a. Ante tal manoseo es m&aacute;s importante que el a&ntilde;o pasado que el clamor sea claro y contundente: mientras exista brecha salarial y desigualdad de oportunidades, mientras exista el techo de cristal, mientras las leyes no protejan bien los derechos de las mujeres, mientras haya abusos y agresiones sexuales es importante que el conjunto de la sociedad, mujeres y hombres, hagan del 8 de marzo un nuevo 1 de mayo. Todo lo que afecta a la mujer nos ata&ntilde;e a todos, compromete nuestro bienestar, nuestro potencial econ&oacute;mico. Nuestro futuro colectivo.&nbsp;El que van a construir esos peque&ntilde;ajos que hoy empiezan a ir a la guarder&iacute;a o a&uacute;n est&aacute;n en casa, con sus madres o sus padres durante el permiso de paternidad, disfrutando de un tiempo que es precioso, pero que es tambi&eacute;n fundamental para empezar a ense&ntilde;arles valores principales. A querer y a respetar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnès Marquès]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Mar 2019 20:10:06 +0000]]></pubDate>
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