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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Lezica]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ignacio_lezica/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Lezica]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La crisis del neoliberalismo en Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/los-jovenes-opinan-sobre-el-futuro-de-europa/crisis-neoliberalismo-europa_132_1654431.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2b9d2f9-7de7-4bb2-a421-a660c5c1a0f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: Mehr Demokratie"></p><p class="article-text">
        El ciclo de transformaciones pol&iacute;ticas sufrido por las sociedades europeas desde la crisis econ&oacute;mica de 2008 quiz&aacute; encuentre su manifestaci&oacute;n m&aacute;s visible en la mutaci&oacute;n (&iquest;inconclusa?) de los sistemas de partidos de los Estados miembros de la Uni&oacute;n, abri&eacute;ndose una brecha en el consenso que &eacute;sta despertaba hace una d&eacute;cada. A trazo grueso, ve&iacute;amos en la Europa occidental previa a la ca&iacute;da de Lehman Brothers campos pol&iacute;ticos herederos de los consensos propios del siglo XX: atravesados por cuestiones territoriales all&iacute; donde esa brecha no se hubiera cerrado tras la conformaci&oacute;n del Estado contempor&aacute;neo, los sistemas de partidos encontraban como clivaje fundamental la divisi&oacute;n entre bloques de partidos de izquierdas y de derechas, socialdem&oacute;cratas y democristianos seg&uacute;n el tipo-ideal, enfrentados entre s&iacute; por su postura respecto a la necesidad de regulaci&oacute;n del mercado y otros <em>issues</em> espec&iacute;ficos como el matrimonio homosexual, el feminismo, el papel de la religi&oacute;n en la sociedad, el uso del ej&eacute;rcito, etc. Estos dos bloques doctrinales dejaron sus diferencias a un lado, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la firma del Tratado de Maastricht y m&aacute;s all&aacute;, respecto a la cuesti&oacute;n de la integraci&oacute;n europea. Fueron diversos los discursos de consenso sobre Europa a medida que la mitad reciente del siglo XX se desplegaba hist&oacute;ricamente: Uni&oacute;n Europea como garant&iacute;a de paz entre Francia y Alemania<strong>[1]</strong>, Uni&oacute;n Europea como garant&iacute;a de derechos y libertades b&aacute;sicos en oposici&oacute;n al autoritarismo sufrido por los &ldquo;hermanos&rdquo; de Europa del este, Uni&oacute;n Europea como espacio de modernizaci&oacute;n y desarrollo para pa&iacute;ses perif&eacute;ricos de incorporaci&oacute;n tard&iacute;a como Portugal, Espa&ntilde;a o Grecia, etc. Tras la Gran Depresi&oacute;n de 2008 y el papel crucial de la Uni&oacute;n Europea a la hora de definir las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que har&iacute;an frente a la crisis, la posici&oacute;n respecto a ella comienza a ganar centralidad como clivaje pol&iacute;tico, en tanto que las &eacute;lites comunitarias se definen muy expl&iacute;citamente en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica a favor de la desregulaci&oacute;n generalizada del mercado laboral, el recorte del presupuesto p&uacute;blico y la intervenci&oacute;n estatal en el mercado para rescatar al sector privado financiero. Esto impacta en los sistemas de partidos produciendo mutaciones similares en varios pa&iacute;ses de Europa: disminuci&oacute;n significativa del apoyo a la socialdemocracia cl&aacute;sica<strong>[2]</strong>, aparici&oacute;n de partidos populistas tanto de corte democr&aacute;tico como excluyente, y p&eacute;rdida de poder explicativo del eje izquierda-derecha<strong>[3]</strong>, sobre todo en aquellos pa&iacute;ses en los que los partidos populistas de derecha tienen posibilidades tangibles de tocar posiciones de gobierno. Aunque a&uacute;n sea pronto para establecer conclusiones sobre la irreversibilidad de los cambios descritos, algunos autores han avanzado la posibilidad de una reordenaci&oacute;n del campo pol&iacute;tico de los pa&iacute;ses europeos que sustituya a la vieja dicotom&iacute;a liberal-conservadurismo <em>versus</em> socialdemocracia: el enfrentamiento entre un neoliberalismo progresista y un nacional-populismo xen&oacute;fobo y conservador como nueva forma de estabilizaci&oacute;n del conflicto social<strong>[4] [5]</strong>. Dado que el debate sobre el futuro de la Uni&oacute;n Europea parece ser uno de los elementos centrales de la disputa entre estas dos corrientes en varios pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n, creemos que a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de las propuestas de ambas facciones y los sectores sociales que las apoyan podremos entender mejor la naturaleza de la crisis del proyecto europeo, as&iacute; como sus posibles derivas futuras. Asimismo, indagaremos en la posible existencia de una tercera v&iacute;a que a&uacute;ne las pol&iacute;ticas progresistas de reconocimiento simb&oacute;lico propias del neoliberalismo <em>de rostro humano </em>de Macron o Verhofstadt con una instrumentalizaci&oacute;n del patriotismo nacional-popular que fuerce a las &eacute;lites europeas a emprender una reforma radical de las bases antisociales sobre las que parece asentarse actualmente el proyecto comunitario.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El neoliberalismo progresista es el producto hist&oacute;rico del abandono definitivo del antagonismo de clase como clivaje central, iniciado por la socialdemocracia europea tras el giro neoliberal de 1973 y cerrado quiz&aacute; con la llegada al poder de Tony Blair al Labour Party. Aunque encontremos varios ejemplos de partidos socialdem&oacute;cratas europeos que han acabado conjugando la defensa de ciertas medidas de reconocimiento social con pol&iacute;ticas neoliberales de ajuste econ&oacute;mico, quiz&aacute; el ejemplo paradigm&aacute;tico hoy en d&iacute;a no provenga de la izquierda del siglo XX, sino de la formaci&oacute;n encabezada por Emmanuel Macron en Francia<strong>[6]</strong>. Doctrinalmente, el neoliberalismo progresista combina la apuesta por una pol&iacute;tica econ&oacute;mica desreguladora t&iacute;picamente neoliberal con la defensa del derecho al reconocimiento simb&oacute;lico de minor&iacute;as tradicionalmente excluidas por el conservadurismo social (LGTB, minor&iacute;as raciales&hellip;), as&iacute; como relecturas individualistas de ciertas causas sociales tradicionalmente articuladas desde la izquierda (veganismo, ecologismo&hellip;). Esto les permite obtener voto de las clases medias progresistas con cierto grado de conciencia social, a la vez no afectadas tan intensamente por la gesti&oacute;n antisocial de la crisis como ocurre en los estratos m&aacute;s populares, as&iacute; como el apoyo evidente de las &eacute;lites econ&oacute;micas beneficiadas por sus pol&iacute;ticas; un apoyo especialmente visible en el trato privilegiado ofrecido por los medios de comunicaci&oacute;n masivos o los grandes conglomerados empresariales. La forma discursiva desde la que se defienden las pol&iacute;ticas neoliberales desde esta corriente es t&iacute;picamente <em>post-pol&iacute;tica</em><strong>[7]</strong>, esto es, asumiendo la pol&iacute;tica p&uacute;blica neoliberal como una medida de gesti&oacute;n motivada exclusivamente por criterios t&eacute;cnicos, ocultando el car&aacute;cter ideol&oacute;gico que toda decisi&oacute;n pol&iacute;tica necesariamente contiene. La Uni&oacute;n Europea como instituci&oacute;n encarna en buena medida este proyecto, como se refleja en la combinaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de inclusi&oacute;n social financiadas a trav&eacute;s de subvenciones, a la vez que se ejerce una dura disciplina sobre las cuentas p&uacute;blicas nacionales de los Estados miembros ampar&aacute;ndose en el Principio de Estabilidad Presupuestaria, de inspiraci&oacute;n claramente neocl&aacute;sica. En cualquier caso, la Uni&oacute;n Europea post-2008 comienza a perder su car&aacute;cter de consenso transversal al comprometerse con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas econ&oacute;micas impopulares. A pesar de (o precisamente debido a) el apoyo de la izquierda y la derecha tradicionales a la salida a la crisis prescrita por Bruselas, se abren ventanas de oportunidad para la irrupci&oacute;n de fuerzas pol&iacute;ticas que decidan oponerse al oficialismo econ&oacute;mico europeo. De esta forma, la oposici&oacute;n a una pol&iacute;tica econ&oacute;mica que ha afectado duramente a los estratos m&aacute;s pobres de las sociedades europeas comienza a adoptar formas discursivas innovadoras respecto al siglo XX: ya no se tratar&aacute; de la defensa de los intereses de la clase trabajadora frente a la burgues&iacute;a, sino de la defensa de la soberan&iacute;a nacional para poder ejercer pol&iacute;ticas protectoras con su poblaci&oacute;n frente a los dictados de la Troika<strong>[8]</strong>. La forma en la que estas nuevas fuerzas pol&iacute;ticas soberanistas construyan discursivamente la Naci&oacute;n ser&aacute; lo que determinar&aacute; su car&aacute;cter democr&aacute;tico-inclusivo o reaccionario-excluyente<strong>[9]</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Afirma Laclau que el populismo no es una ideolog&iacute;a sustantiva, sino una l&oacute;gica de articulaci&oacute;n pol&iacute;tica. Esto significa que lo que determina el car&aacute;cter populista de un actor pol&iacute;tico no es las demandas que reivindique en su discurso, sino la manera de articularlas discursivamente: frente a un discurso institucionalista que entiende las diferentes demandas que emanan desde abajo como reclamos individuales atendibles uno a uno por el Estado, el populismo emerge en momentos de crisis, cuando se acumulan las demandas desatendidas, para enlazarlas <em>equivalencialmente</em> (remitiendo unas a otras como si hubiera un v&iacute;nculo natural entre ellas) en torno a una sola suprademanda: la causa del pueblo excluido frente a unas &eacute;lites que ya no responden a sus intereses y utilizan el Estado con fines privados. La naturaleza de las demandas equivalencialmente ligadas al inter&eacute;s del pueblo es lo que determinar&aacute; el car&aacute;cter democr&aacute;tico o excluyente del movimiento populista: si busca la expansi&oacute;n de derechos para el mayor n&uacute;mero de personas (universalmente ilimitado) lo llamaremos democr&aacute;tico; si conjuga el enfrentamiento con las &eacute;lites con la exclusi&oacute;n de estratos populares apelando a la defensa de esencias hist&oacute;ricas (la Naci&oacute;n, la raza, la religi&oacute;n, etc) ser&aacute; un populismo reaccionario. Es necesario comprender esto porque la emergencia del populismo reaccionario en Europa responde a dos errores pol&iacute;ticos del giro neoliberal del establishment pol&iacute;tico europeo. Por una parte, con el consenso neoliberal apoyado por las instituciones comunitarias (y desde ah&iacute;, transcrito a los gobiernos nacionales), se produce un cierre de filas de la &eacute;lite europea que desatiende demandas populares de tipo econ&oacute;mico: oposici&oacute;n a los recortes estatales, oposici&oacute;n a la desregulaci&oacute;n del mercado laboral, oposici&oacute;n al rescate a la banca, etc. Se deja as&iacute; un hueco a opciones alternativas que pretendan romper con el dogma de la austeridad interpretando tal objetivo pol&iacute;tico como la recuperaci&oacute;n de la dignidad de un pueblo frente a sus gobernantes. La pol&iacute;tica econ&oacute;mica de los populismos reaccionarios no es la misma en todos los pa&iacute;ses, pero es significativo que en algunos importantes como Francia, Italia o Grecia presente fuertes similitudes con los partidos que m&aacute;s a la izquierda estaban en el arco parlamentario antes de 2008 y que encuentren caladeros de votos en regiones nutridas de poblaci&oacute;n obrera<strong>[10]</strong>. Entendemos, en resumen, que en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica esta disposici&oacute;n del tablero pol&iacute;tico en la que la Uni&oacute;n deja de ser un espacio de consensos amplios y pasa a comprometerse abiertamente con pol&iacute;ticas que han mermado el poder adquisitivo de las capas m&aacute;s humildes de la poblaci&oacute;n a la vez que se las privaba de la protecci&oacute;n social del Estado d&eacute; lugar a un cuestionamiento generalizado del proyecto europeo como espacio de garant&iacute;a de Derechos Humanos, uno de sus mitos fundacionales como comentamos al inicio del ensayo, y por extensi&oacute;n, a un cuestionamiento del proyecto europeo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Otro elemento crucial para comprender el ascenso del antieurope&iacute;smo es la diluci&oacute;n de las identidades colectivas que prescribe el proyecto neoliberal, algo que beneficia a las opciones pol&iacute;ticas que centran su discurso en la restauraci&oacute;n del orgullo nacional<strong>[11]</strong>. Tras un siglo XX de grandes horizontes compartidos, el fin de la historia de Fukuyama ven&iacute;a a anunciar no s&oacute;lo la muerte del comunismo, sino de toda identidad que no fuera individual y satisfecha a trav&eacute;s del consumo en el mercado<strong>[12]</strong>. Desde la revoluci&oacute;n cultural neoliberal hasta ahora, la destrucci&oacute;n de imaginarios colectivos para ser sustituidos por un <em>nuevo hombre neoliberal</em> no sujeto a las ataduras comunitarias apostaba la bater&iacute;a de seguridad y certezas que todo orden social necesita para sostenerse a una estabilidad econ&oacute;mica que, por definici&oacute;n bajo un sistema basado en la especulaci&oacute;n no productiva, estaba destinada a no ser eterna. La llegada de la crisis deja a la poblaci&oacute;n hu&eacute;rfana de relatos con los que dotar de sentido su propia situaci&oacute;n, con la sensaci&oacute;n de ser estafada tras d&eacute;cadas de entusiasmo consumista. Ante esta falta de narrativas que sostienen toda hegemon&iacute;a, el &uacute;nico resultado posible era una <em>crisis org&aacute;nica</em><strong>[13]</strong> que cuestionara la legitimidad de las &eacute;lites pol&iacute;ticas responsabilizadas de la situaci&oacute;n. All&iacute; donde, como en Espa&ntilde;a con el movimiento 15M, no fue posible canalizar el descontento popular hacia la construcci&oacute;n de proyectos democr&aacute;ticos, este descontento fue explicado por narraciones excluyentes que constru&iacute;an identidad colectiva en claves conservadoras. La crisis migratoria del Egeo y del estrecho de Malta fueron, pues, el acontecimiento hist&oacute;rico catalizador de un proceso de construcci&oacute;n de identidades populares que ya ven&iacute;a gest&aacute;ndose desde hac&iacute;a a&ntilde;os. As&iacute;, el Pueblo para el populismo de derechas tendr&aacute; dos antagonistas: el extranjero que hace bajar los salarios y compromete la unidad cultural de la Naci&oacute;n en un momento de urgente necesidad de certezas simb&oacute;licas, y la burocracia de Bruselas que ejerce la austeridad sin sufrirla y pretende, con su discurso globalista, diluir la identidad de la Patria y el instrumento fundamental para autogobernarla: la soberan&iacute;a del Estado, sustra&iacute;da hacia instancias no electas democr&aacute;ticamente como el Banco Central Europeo o la Comisi&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        La llegada al gobierno italiano de La Lega, el avance de posiciones del Frente Nacional a la vez que la popularidad del ejecutivo Macron cae en picado<strong>[14]</strong>, o la preparaci&oacute;n conjunta de las elecciones europeas<strong>[15]</strong> con buenas expectativas para las formaciones populistas xen&oacute;fobas hacen pensar que nos encontramos en un momento de ofensiva nacional-populista frente a las opciones europe&iacute;stas del establishment. El populismo de derechas ha sabido capitalizar el descontento con la austeridad, el miedo a los procesos migratorios y la ausencia de identidades colectivas fuertes tras a&ntilde;os de intentos fallidos de crear un nacionalismo paneuropeo vinculado al proyecto de la Uni&oacute;n. Resultados exitosos para el antieurope&iacute;smo en las pr&oacute;ximas elecciones al Parlamento Europeo pueden asentar irreversiblemente esta nueva divisi&oacute;n del campo pol&iacute;tico europeo, y quiz&aacute; sentar las bases para una reforma profunda de la Uni&oacute;n en t&eacute;rminos a&uacute;n no definidos, pero algunos l&iacute;deres como Marine Le Pen ya se atreven a hablar de una futura Uni&oacute;n de Naciones Europeas<strong>[16]</strong>. &iquest;Es posible una tercera v&iacute;a que rompa con la dicotom&iacute;a entre antieurope&iacute;smo xen&oacute;fobo y austeridad europe&iacute;sta?
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o pol&iacute;tico para las fuerzas progresistas y democr&aacute;ticas europeas hoy en d&iacute;a es construir un movimiento capaz de resolver las contradicciones hist&oacute;ricas surgidas del derrumbe del bloque neoliberal sin caer en la movilizaci&oacute;n de pasiones excluyentes y reaccionarias. Desde el posmarxismo<strong>[17]</strong> se comprende que la l&oacute;gica populista de articulaci&oacute;n de demandas no es en s&iacute; misma reaccionaria, como demuestra el hecho de que todos los grandes momentos de expansi&oacute;n democr&aacute;tica de derechos se han realizado bajo formas narrativas que opon&iacute;an la voluntad del pueblo a la de una oligarqu&iacute;a que hab&iacute;a confundido patria con patrimonio privado. As&iacute;, ante un momento de desafecci&oacute;n con las instituciones europeas y sus pol&iacute;ticas, cabe la construcci&oacute;n pol&iacute;tica de una nueva voluntad popular que sea democr&aacute;tica y progresista, esto es, que prescriba y garantice la expansi&oacute;n de derechos para las mayor&iacute;as oponiendo la soberan&iacute;a popular a la soberan&iacute;a de los mercados, el cuidado feminista al odio xen&oacute;fobo<strong>[18]</strong>, el patriotismo c&iacute;vico al identitarismo &eacute;tnico<strong>[19]</strong> y el ecologismo a la depredaci&oacute;n tardocapitalista. Probablemente el Partido Laborista de Jeremy Corbyn es la fuerza pol&iacute;tica europea que mejor representa lo dicho anteriormente<strong>[20]</strong>, pero encontramos ejemplos an&aacute;logos en el Podemos previo a las elecciones generales de 2015, o en la France Insumise. Sin caer en el antieurope&iacute;smo chovinista del populismo de derechas, un populismo democr&aacute;tico-republicano debe defender un cuestionamiento generalizado de las bases ideol&oacute;gicas neoliberales sobre las que se ha construido el proyecto europeo post-Maastricht, a la vez que reclama una reapropiaci&oacute;n popular de unas instituciones hoy en d&iacute;a sometidas a los mercados. Tras el caso griego, pensamos que resulta iluso esperar una reforma pro-social de las mismas &eacute;lites europeas dispuestas a ahogar a pa&iacute;ses perif&eacute;ricos apretando la tuerca del pago de la deuda o prescribiendo el desmantelamiento del Estado Social. Por el contrario, el verdadero europe&iacute;smo (aquel que puede hacer sobrevivir el proyecto de la Uni&oacute;n), pasa por una oposici&oacute;n firme al car&aacute;cter elitista y antipopular que tiene la UE hoy en d&iacute;a. Esto, insistimos, no es antieurope&iacute;smo, sino la postura necesaria para comenzar a reformar en un sentido radicalmente democr&aacute;tico el futuro de Europa y garantizar su supervivencia como espacio de paz, libertades, derechos y prosperidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Ignacio Lezica Cabrer, estudiante de Ciencias Pol&iacute;ticas y Administraci&oacute;n P&uacute;blica en la Universidad de Valencia</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong> * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>[1]</strong> Reflejado en la Declaraci&oacute;n Schumann, 9 de mayo de 1950.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[2]</strong> Sahag&uacute;n, F. (2017): &ldquo;Pasokizaci&oacute;n de la socialdemocracia&rdquo;,<em> El Mundo</em>, 25 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[3]</strong> Errej&oacute;n, &Iacute;; Mouffe, C. (2015) <em>Construir pueblo</em>, Barcelona, Icaria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[4]</strong> Fern&aacute;ndez V&aacute;zquez, G. (2017) &ldquo;Los olvidados de Marine Le Pen&rdquo;,<em> ctxt.es</em>, 15 de marzo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[5]</strong> Nancy Fraser (2018) &ldquo;&iquest;Podemos entender el populismo sin llamarlo fascista?&rdquo;, <em>Sinpermiso</em>, 21 de julio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[6]</strong> Zamora Bonilla, J. (2017) &ldquo;&iquest;Progresista y liberal?&rdquo;, <em>El Pa&iacute;s</em>, 10 de junio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[7]</strong> Mouffe, C. (1999) <em>El retorno de lo pol&iacute;tico</em>, Buenos Aires, Paid&oacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[8]</strong> Monereo, M. (2018) &ldquo;Soberan&iacute;a, democracia y socialismo&rdquo;,<em> Cuartopoder</em>, 2 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[9]</strong> Laclau, E. (2005) <em>La raz&oacute;n populista</em>, Argentina, Fondo de cultura econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[10]</strong> Castro, E. (2017) &ldquo;Los fundamentos filos&oacute;ficos de Marine Le Pen&rdquo;, <em>ctxt.es</em>, 14 de julio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[11]</strong> Errej&oacute;n, I. (2011) &ldquo;La construcci&oacute;n discursiva de identidades populares&rdquo;, <em>Viento Sur</em>, n&ordm; 114, pp. 76-84.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[12]</strong> Moruno, J. (2015) <em>La f&aacute;brica del emprendedor</em>, Madrid, Akal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[13]</strong> Gramsci, A. (2009) <em>Los cuadernos de la c&aacute;rcel</em>, M&eacute;xico, Casa Juan Pablos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[14]</strong> Gil, A. (2018) &ldquo;Ca&iacute;da de las encuestas, m&iacute;nimos de popularidad y crisis de gobierno: las horas m&aacute;s bajas de Emmanuel Macron&rdquo;, <em>eldiario.es</em>, 20 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[15]</strong> Gil, A. (2018) &ldquo;La alianza de extrema derecha que impulsa Steve Bannon en Europa apunta a Pablo Casado&rdquo;, <em>eldiario.es</em>, 4 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[16]</strong> Rosnoblet, J. (2018) &ldquo;Francesa Le Pen insta a uni&oacute;n de fuerzas nacionalistas para elecciones europeas&rdquo;, <em>Reuters</em>, 16 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[17]</strong> Laclau, E.; Mouffe, C. (1985) <em>Hegemon&iacute;a y estrategia socialista</em>, Madrid, Fondo de cultura econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[18]</strong> Ramas, C. (2018) &ldquo;8 claves para el patriotismo que viene (III)&rdquo;, <em>ctxt.es</em>, 12 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[19]</strong> Ramas, C. (2018) &ldquo;8 claves para el patriotismo que viene (II)&rdquo;, <em>ctxt.es</em>, 28 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[20]</strong> Mouffe, C. (2018) &ldquo;Corbyn muestra el camino a la socialdemocracia europea&rdquo;, <em>ctxt.es</em>, 25 de abril.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Lezica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/los-jovenes-opinan-sobre-el-futuro-de-europa/crisis-neoliberalismo-europa_132_1654431.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Mar 2019 18:48:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La crisis del neoliberalismo en Europa]]></media:title>
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