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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luis Sánchez Martín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luis_sanchez_martin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luis Sánchez Martín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El otro 'Cuéntame': sobre ‘El día que se acabaron las cosquillas', de María Dolores G. Rozalén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cuentame-dia-acabaron-cosquillas-maria-dolores-g-rozalen_132_9081561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8bfc9fc1-e5df-4919-bedf-353f20c428e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El otro &#039;Cuéntame&#039;: sobre ‘El día que se acabaron las cosquillas&#039;, de María Dolores G. Rozalén"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante toda esta crudeza (recopilemos: trastornos mentales, fervor religioso, alcoholismo, abuso físico y psicológico, palabras y temas prohibidos) los niños sólo disponían de un recurso para salir adelante: su imaginación</p></div><p class="article-text">
        De unos a&ntilde;os a esta parte nos est&aacute;n intentando convencer de que los 80 fueron una maravillosa, casi m&aacute;gica, &eacute;poca de cambio, luz y modernidad. El disparador de esta falacia fue el popular libro 'Yo fui a E.G.B.', al que han seguido incontables suced&aacute;neos de marca blanca, y la defensa por los grandes medios y sus mediocres columnistas del r&eacute;gimen del 78 y la mal llamada transici&oacute;n, que mantuvo a la misma polic&iacute;a, el mismo ej&eacute;rcito, los mismos jueces, algunos pol&iacute;ticos en el Congreso y la misma estructura religioso-familiar. Al hablar de los 80, estas obras seudoliterarias nos recuerdan (como si fuera algo bueno) los asfixiantes viajes a la playa en un Seat 127, el popular juego de luces Sim&oacute;n, la caja de magia Borr&aacute;s y los &aacute;lbumes de cromos de superh&eacute;roes, futbolistas, autom&oacute;viles, etc&hellip; y los columnistas a sueldo de Florentino y c&iacute;a. que, con un solo sueldo, el del padre, se ten&iacute;a pagada la casita (olvidan, por lo que sea, comentar a qu&eacute; hora sal&iacute;a el padre por la ma&ntilde;ana y volv&iacute;a por la noche, de lunes a s&aacute;bado).
    </p><p class="article-text">
        Dolo Rozal&eacute;n pone el dedo en la llaga para recordarnos que hubo m&aacute;s sombras que luces en aquella &eacute;poca. Y se sit&uacute;a en la llaga m&aacute;s dolorosa de todas las que componen dicha &eacute;poca: la infancia. Comentar, antes de seguir, que en ning&uacute;n momento se dan fechas en el libro, pero la menci&oacute;n a Barrio S&eacute;samo, jugar al escondite, la porci&oacute;n de Comtessa como postre en las comuniones, las familias de 30 primos, la Biodramina antes del viaje por la comarcal llena de curvas, el Pryca y un popular postre rosa tan peque&ntilde;o que recomendaban tomarlo de dos en dos dejan bien claro que nos situamos en los primeros ochenta (al menos yo, que soy del 78, no he tenido problema en ubicarme en las primeras p&aacute;ginas).
    </p><p class="article-text">
        La obra, que puede verse como un libro de relatos o como una novela (no sigue el canon comienzo-nudo-desenlace, pero la ni&ntilde;a y su familia (no se dan nombres) bien podr&iacute;an ser las mismas en todos los cap&iacute;tulos), aborda temas como la ausencia de la madre (la del padre se daba por hecha y nadie la criticaba), el fanatismo religioso, los abusos f&iacute;sicos y los tab&uacute;es antes los que se tapaban ojos y o&iacute;dos a los ni&ntilde;os: c&aacute;ncer, SIDA, muerte, sexo&hellip;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;El día que se acabaron las cosquillas&#039;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Son muchas las cicatrices que esta lectura ha reabierto en el arriba firmante. Como la protagonista de los relatos, un servidor llor&oacute; horas y horas escondido debajo de una cama sabiendo que no quer&iacute;a vivir, incluso sin llegar a tener muy claro qu&eacute; era la muerte; como la protagonista, supe que tuve una hermana mayor que muri&oacute; porque me lo dijeron mis otros hermanos: mis padres jam&aacute;s hablaron de ella, pero la del 1 de noviembre era la ma&ntilde;ana m&aacute;s larga del a&ntilde;o, un suplicio mirando una piedra con el nombre de mi abuelo y una mujer a la que no conoc&iacute;a (pero llevaba mis apellidos) sabiendo que si hac&iacute;a el m&aacute;s m&iacute;nimo sonido me llevaba una paliza; como la protagonista, crec&iacute; bajo la sombra de una madre depresiva cr&oacute;nica que jam&aacute;s se trat&oacute; (por entonces ir al psiquiatra era poco menos que estar &ldquo;embrujada&rdquo;) y un padre, varios t&iacute;os y primos e incluso un hermano mayor alcoh&oacute;licoa (curiosamente, esto estaba socialmente aceptado, como la ludopat&iacute;a).
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las heridas abiertas, el texto de Dolo Rozal&eacute;n me ha ayudado a revisar algunos recuerdos desde otra perspectiva. Por ejemplo, cuando mi madre me mandaba a comprar el pan sin dinero (&ldquo;las dos barras de la se&ntilde;ora Maruja, luego viene ella a pagar&rdquo;). Ahora no s&eacute; si en realidad no quer&iacute;a cambiar un billete grande para eso o, sencillamente, era final de mes y no hab&iacute;a dinero. Tambi&eacute;n la importante figura del abuelo, que en la obra es la cara &ldquo;simp&aacute;tica&rdquo; de la historia por sus comentarios y chascarrillos, pero que en otros casos (el m&iacute;o, por seguir con la identificaci&oacute;n hacia el texto) es la persona a la que debemos el haber podido estudiar, pues fue quien convenci&oacute; a mi madre de que las mujeres ya iban a la universidad (mi madre pretend&iacute;a que mis hermanas se casaran &ldquo;bien&rdquo; y que los hermanos entr&aacute;ramos de aprendices en los astilleros o hici&eacute;ramos carrera militar; mi padre no pod&iacute;a opinar porque nunca estaba).
    </p><p class="article-text">
        Ante toda esta crudeza (recopilemos: trastornos mentales, fervor religioso, alcoholismo, abuso f&iacute;sico y psicol&oacute;gico, palabras y temas prohibidos) los ni&ntilde;os s&oacute;lo dispon&iacute;an de un recurso para salir adelante: su imaginaci&oacute;n. No, en todas las casas no hab&iacute;a Reyes Magos, ni un entretenido Autocross con su volante y su cambio de velocidades, ni un Quiminova ni un Electro-L; algunos, como la protagonista del libro, no ten&iacute;an ni un pijama, y heredar con burdos remiendos la ropa del hermano mayor estaba a la orden del d&iacute;a. Y aquellos ni&ntilde;os que exprimieron hasta el l&iacute;mite su imaginaci&oacute;n para sobrevivir siguen adelante hoy gracias a ella, borrando el lastre que no quieren recordar o, directamente, inventando finales alternativos que han logrado grabar a fuego sobre los originales.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la imaginaci&oacute;n quedaba otra salida, la m&aacute;s habitual: la resignaci&oacute;n. A muy temprana edad ya sab&iacute;amos que era cuesti&oacute;n de aguantar la tormenta estudiando hasta encontrar un trabajo y salir huyendo de aquel infierno de miradas, rosarios, silencios&hellip; y algo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esto fueron los 80 para muchos ni&ntilde;os. Dolo Rozal&eacute;n lo sabe y da voz a esa generaci&oacute;n a la que yo tambi&eacute;n pertenezco. Y si usted, querido lector, piensa que exageramos, deje de ver 'Cachitos', deje de idealizar 'La bola de cristal' (era los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana, hab&iacute;a 6 d&iacute;as y medio m&aacute;s cada semana), cierre 'Yo fui a E.G.B.' y hable con quienes lo vivimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cuentame-dia-acabaron-cosquillas-maria-dolores-g-rozalen_132_9081561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jun 2022 09:20:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El otro 'Cuéntame': sobre ‘El día que se acabaron las cosquillas', de María Dolores G. Rozalén]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[María Dolores G. Rozalén, escritora: “Reconocer un problema de salud mental es reconocer públicamente que eres débil”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/maria-dolores-g-rozalen-escritora-reconocer-problema-salud-mental-reconocer-publicamente-debil_1_9036183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2644dc8-b0d5-4aab-b3b6-81a5b7ff94fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="María Dolores G. Rozalén, escritora: “Reconocer un problema de salud mental es reconocer públicamente que eres débil”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La muerte, el cáncer, la regla, las relaciones sexuales... todo aquello era tabú, pero no creo que fuese sobreprotección, sino que ni ellos mismo podían entenderlo, luego menos aún explicarlo", señala la autora respecto la obra que trata la oscuridad de la infancia, 'El día que se acabaron las cosquillas'</p></div><p class="article-text">
        Profesora, rockera y agitadora cultural en su Albacete natal, Mar&iacute;a Dolores G. Rozal&eacute;n ha entrado por la puerta grande en el mundo de la literatura. El confinamiento la par&oacute;, pero su mente creativa encontr&oacute; la manera de convertir en texto una historia nada complaciente sobre la oscuridad de la infancia que ya ha agotado varias ediciones. 'El d&iacute;a que se acabaron las cosquillas' (Cham&aacute;n, 2022) se presenta este martes en Murcia (Libros Traperos, 19h.) con la presencia de su autora y de quien firma esta entrevista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La primera lectura de la obra me dej&oacute; con la sensaci&oacute;n de haber le&iacute;do un libro de relatos, aunque con algunos conectados (la ni&ntilde;a que usa la expresi&oacute;n &ldquo;mi mam&aacute; de aqu&iacute;&rdquo;, la ni&ntilde;a con lengua de trapo que tard&oacute; en aprender a vocalizar, la madre autoritaria y castigadora&hellip;), pero al leerlo por segunda vez vi cada vez m&aacute;s coincidencias entre relatos, y me pregunto: &iquest;es la misma ni&ntilde;a la protagonista de todos ellos? &iquest;Se puede entender la obra como una novela, aunque no siga la estructura comienzo-nudo-desenlace?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando escrib&iacute; esta obra, la hice como un conjunto de relatos. Que cada uno tuviera su comienzo, nudo y desenlace, que todos fueran conclusivos, porque en aquel momento, por mis circunstancias, a m&iacute; me hubiera gustado leer un libro as&iacute;. S&iacute; es cierto que muchos lectores, tras varias lecturas, ven que es siempre la misma ni&ntilde;a y la misma familia, pero otros ven protagonistas independientes, as&iacute; que yo ah&iacute; lo dejo, a lo que el lector quiera entender.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La siguiente pregunta es el lugar com&uacute;n por excelencia, por eso me veo obligado a hacerla: &iquest;eres t&uacute; esa ni&ntilde;a? &iquest;Qu&eacute; tiene de autobiogr&aacute;fico el libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No es que yo sea la ni&ntilde;a, yo soy la mujer que pone voz a la ni&ntilde;a, a una serie de violencias que se producen en la infancia. Mi intenci&oacute;n era poder dar un punto de vista y una perspectiva que, tal vez, no se tiene muy en cuenta porque vivimos en una sociedad donde parece que los ni&ntilde;os est&aacute;n sobreprotegidos pero se siguen produciendo este tipo de situaciones.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a si es autobiogr&aacute;fico, s&iacute; que hay algunos personajes que existieron realmente. Por ejemplo, me apetec&iacute;a mucho rescatar el personaje de mi abuelo, y cuando personas que lo conocieron o mis primos lo han identificado me han comentado que lo han visto tal cual era &eacute;l. una persona bondadosa, entra&ntilde;able, buen padre y mejor abuelo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la obra es tan importante lo que se dice como lo que no se dice. &iquest;Quieres que el lector &ndash;como hace la ni&ntilde;a&ndash; deje volar su imaginaci&oacute;n para rellenar esos huecos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Rotundamente s&iacute;, quiero que el lector deje volar su imaginaci&oacute;n, porque yo m&aacute;s que escritora soy lectora, s&oacute;lo he escrito un libro, pero he le&iacute;do miles, y me encanta cuando el autor intenta hacer gui&ntilde;os al lector para que interact&uacute;e y deja pistas de verdades terribles para que saque sus propias conclusiones .
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy en d&iacute;a casi se puede decir con cierta frivolidad que &lsquo;est&aacute; de moda&rsquo; el tema de la salud mental. En cuanto alguien act&uacute;a de un modo que se sale de ciertas directrices salta la alarma y un familiar, vecino o amigo habla con &eacute;l o incluso alerta a ciertas autoridades. &iquest;C&oacute;mo crees que ha afectado a nuestra generaci&oacute;n el tab&uacute; de la salud mental en los 80, el haber crecido con madres depresivas cr&oacute;nicas y padres alcoh&oacute;licos que no eran conscientes (ni ellos ni su entorno) del tremendo problema que arrastraban?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; ha afectado a nuestra generaci&oacute;n ese tab&uacute; de la salud mental porque parece que lo que no se nombra, no existe, y a nuestra generaci&oacute;n le costaba m&aacute;s dar el paso de buscar ayuda cuando ahora mismo, yo, que soy madre, en cuanto viese algo extra&ntilde;o en mi hija pensar&iacute;a en llevarla al psic&oacute;logo, mientras que nuestros padres lo reduc&iacute;an todo a &ldquo;ya se le pasar&aacute;&rdquo;, &ldquo;es la pubertad&rdquo;, etc... Ahora, a nosotros, como adultos, nos da la impresi&oacute;n de que reconocer un problema de salud mental es como reconocer p&uacute;blicamente que eres d&eacute;bil, y eso es consecuencia de esa infancia en los 80.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ocurre lo mismo con el acoso infantil, del que hoy se habla mucho, pero siempre enfocado fuera del hogar, normalmente en un abus&oacute;n del colegio. Yo mismo, como la protagonista del libro, he llorado escondido debajo de una cama deseando morirme, con apenas 8 o 10 a&ntilde;os, por la actitud de mis padres y, a veces, hermanos mayores. &iquest;Puede deberse a eso la saturaci&oacute;n actual del sistema de salud mental, tanto p&uacute;blica como privada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En lo referente al acoso infantil, aparte de la saturaci&oacute;n, creo que el principal problema es detectarlo, que t&uacute; lo detectes como adulto o que el ni&ntilde;o se d&eacute; cuenta de que tiene un problema y pida ayuda. Como he dicho antes, muchas veces relacionamos pedir ayuda con ser d&eacute;bil, con estar expuesto, etc... Por eso, adem&aacute;s de que s&iacute; es cierto que hacen falta m&aacute;s profesionales en salud mental, habr&iacute;a que gestionar en las escuelas que se normalizase ir a la unidad de salud mental como quien va al dentista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Apenas se hace menci&oacute;n en el texto (santiguarse antes de salir, ir el domingo a la parroquia), pero a m&iacute; me ha parecido ver entre l&iacute;neas cierto fervor religioso (y t&oacute;xico, como todos los fervores religiosos) en esos padres que rozan la locura, sobre todo en las madres. &iquest;Es as&iacute; o me lo he sacado de la manga sin venir a cuento? Admito que soy propenso a ver la religi&oacute;n en el fondo de todo lo autoritario.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, s&iacute; que hay un fervor&nbsp; religioso patente y latente en ese tipo de familias que estaban a&uacute;n ancladas en la transici&oacute;n, que ven&iacute;a tras una dictadura, y para pasar desapercibido era mejor ser religioso. Y tambi&eacute;n est&aacute; esa componente ancestral de &ldquo;no lo estoy haciendo tan bien como pudiera, pero seguro que Dios me perdona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Enumeras tres o cuatro razones en la p&aacute;gina 64 del libro, pero aqu&iacute; te dejo que te explayes un poco m&aacute;s. &iquest;Por qu&eacute; crees que se ten&iacute;an hijos para luego no s&oacute;lo no quererlos, no mostrarles el m&aacute;s m&iacute;nimo cari&ntilde;o, sino llegar incluso a darles palizas que pod&iacute;an acabar con ellos en el hospital y traumatizados psicol&oacute;gicamente de por vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En aquella &eacute;poca el matrimonio era para tener hijos, es m&aacute;s, aquellos matrimonios que no ten&iacute;an hijos era porque ten&iacute;an alg&uacute;n problema, principalmente sol&iacute;a ser la mujer la que no val&iacute;a, la que, como dec&iacute;an las abuelas, ten&iacute;an la simiente seca, pero el matrimonio era para tener hijos. Luego ya, que les dieran unos m&iacute;nimos y una vida digna era otra cosa. Y luego est&aacute;, no menos importante, la parte de los que ten&iacute;an hijos para tener mano de obra para que trajeran dinero a casa y el padre o la madre no tuvieran que trabajar tanto, o incluso no trabajar, y que fueran los hijos los que mantuviesen a los padres. Yo recuerdo que en 8&ordm; de EGB nos sometieron a un test para ver qu&eacute; oficio nos conven&iacute;a a cada uno; las ni&ntilde;as ech&aacute;bamos&nbsp; chispas porque a todas nos pusieron cuidar ni&ntilde;os, f&aacute;brica de confecci&oacute;n... todo muy encaminado a oficios &ldquo;de mujeres&rdquo;, y por supuesto a los chicos todo trabajos &ldquo;de hombres&rdquo; (mec&aacute;nico, ingeniero). Y todo orientado a que, si no val&iacute;as para estudiar, te pusieran lo antes posible a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La figura del abuelo aparece como un oasis en mitad de un desierto de desasosiego. Sin embargo, esos abuelos que tanto quieren y miman a sus nietos, fueron iguales (o peores, conforme retrocedemos en el tiempo) que sus hijos, que estos hijos con los nietos. &iquest;Crees que ese amor de los abuelos a los nietos puede ser una redenci&oacute;n por lo que hicieron a sus hijos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Respecto a la figura del abuelo, yo tuve las dos vertientes. Tuve ese abuelo bueno que he mencionado antes, que era un oasis, un remanso de paz, buena gente, siempre pendiente de los dem&aacute;s, callado, observador... Y luego tuve la otra vertiente, un abuelo que se sentaba en su sill&oacute;n y se dedicaba a darle pu&ntilde;etazos y capones al que pasaba cerca de &eacute;l, le molestaban los ni&ntilde;os, y me llamaba mucho la atenci&oacute;n que le molestaba que chill&aacute;semos, cuando era sordo, no pod&iacute;a o&iacute;r nuestros gritos. Un punto en com&uacute;n que tuvieron ambos es que estuvieron en la guerra y pasaron hambre, para cada uno de ellos sali&oacute; de aquel infierno viendo la vida de una manera distinta, uno, como ya he dicho, un oasis de paz, y el otro un terrorista emocional.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la redenci&oacute;n de los abuelos con los nietos, pues s&iacute;, parece que es as&iacute;, que todos vemos que tratan mejor y permiten m&aacute;s cosas a los nietos de las que permitieron a sus hijos, pero siempre hay excepciones y yo tengo casos muy cercanos, en mi familia, de gente que siempre ha sido de un modo y as&iacute; se ha mantenido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La muerte (&lsquo;est&aacute; dormidito&rsquo;), o el c&aacute;ncer (&lsquo;t&uacute; ver, o&iacute;r y callar&rsquo;) aparecen como los grandes tab&uacute;s de la &eacute;poca hacia los ni&ntilde;os (y aprovecho para a&ntilde;adir el SIDA, que jam&aacute;s se mencionaba, era &lsquo;eso de lo que habla la tele&rsquo;). &iquest;No crees que contrasta mucho esa sobreprotecci&oacute;n ante meros conceptos con el hecho de que luego les pegaran una paliza por no terminarse la comida o cortarse el pelo un cent&iacute;metro m&aacute;s de lo acordado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La muerte, el c&aacute;ncer, la regla, las relaciones sexuales... todo aquello era tab&uacute;, pero no creo que fuese sobreprotecci&oacute;n, sino que ni ellos mismo pod&iacute;an entenderlo, luego menos a&uacute;n explicarlo. Las palizas y el &ldquo;ordeno y mando&rdquo; es porque hab&iacute;a una idea de los hijos como propiedad, como un bien para sacarles provecho propio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para finalizar, y un poco como resumen de la obra y la resignada actitud de la/las protagonista/as: &iquest;era en los 80, sin internet, sin m&oacute;viles, con s&oacute;lo dos canales de televisi&oacute;n y muy rudimentarios juegos y juguetes la imaginaci&oacute;n la &uacute;nica forma de sobrevivir para un ni&ntilde;o?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No solo a un ni&ntilde;o y no solo en los 80, la imaginaci&oacute;n nos sirve tambi&eacute;n a los adultos para sobrevivir, para ser mejores personas, y a veces incluso para hacernos invisibles en las situaciones m&aacute;s adversas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es por esta imaginaci&oacute;n por la que t&uacute; y yo hoy estamos hablando de literatura, y por la que han querido los dioses, por decirlo de alg&uacute;n modo, que nos conozcamos, as&iacute; que bendita imaginaci&oacute;n, que nos hace libres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/maria-dolores-g-rozalen-escritora-reconocer-problema-salud-mental-reconocer-publicamente-debil_1_9036183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 May 2022 11:22:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Dolores G. Rozalén, escritora: “Reconocer un problema de salud mental es reconocer públicamente que eres débil”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esa poesía de la que usted me habla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/poesia-habla_132_8347297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f05576b5-0f1a-411c-8706-4dd65146c3a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esa poesía de la que usted me habla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Palabras vacías, drama fácil, felicidad artificial, autoayuda de todo a 100 con un nivel de redacción de 4º de la ESO</p></div><p class="article-text">
        Tengo cuatro libros delante. Aunque no he le&iacute;do nada de sus autores (en papel), tengo el prejuicio de que no son escritores, de que su obra no es seria o no debe ser tenida en cuenta. Y ellos protestan: nos juzgan por nuestro n&uacute;mero de seguidores en redes, no por lo que escribimos. Es cierto, yo apenas he le&iacute;do algunas cosas con las que me he tropezado en redes sociales (vaciedades, ciertamente), pero nunca me he sentado a leer un libro de uno de esos autores. &iquest;Y si me estoy dejando llevar por lo que dicen los dem&aacute;s? No quiero que sea as&iacute;. Me dirijo a la Biblioteca Regional de Murcia y tomo en pr&eacute;stamo cuatro libros.
    </p><p class="article-text">
        Comienzo con &laquo;La l&iacute;nea curva que lo endereza todo, tu sonrisa&raquo;, firmado por un tal C&eacute;sar Poetry, paisano m&iacute;o, que a d&iacute;a de hoy firma como C&eacute;sar &Oacute;rtiz. Es, a todas luces, una autoedici&oacute;n, aunque creo que ahora se encuentra reeditado por una editorial de cierto renombre.
    </p><p class="article-text">
        Comienzo a leer, y las primeras p&aacute;ginas me regalan todo esto:
    </p><p class="article-text">
        a) Las palabras &laquo;sonre&iacute;r&raquo; y &laquo;sonrisa&raquo; se repiten 23 veces (y 4 veces en dos p&aacute;ginas consecutivas). No abusa tanto de &laquo;so&ntilde;ar&raquo; y &laquo;sue&ntilde;os&raquo;, que s&oacute;lo repite en 8 ocasiones. Al finalizar la lectura (aguant&eacute; 100 p&aacute;ginas) hago recuento y &laquo;sonre&iacute;r&raquo; / &laquo;sonrisa&raquo; se utiliza la friolera de 40 veces.
    </p><p class="article-text">
        b) Recurre a las posibilidades del lenguaje visual con la expresi&oacute;n / imagen &laquo;b[v]e[r]sos&raquo;. Y se conoce que queda satisfecho con el resultado, pues la utiliza dos veces.
    </p><p class="article-text">
        c) Termina numerosos versos con la coletilla &laquo;&iquest;sabes?&raquo;. Yo no creo que sea algo muy recomendable, pero cada uno tiene su estilo.
    </p><p class="article-text">
        Pero entremos de lleno en la obra. 
    </p><p class="article-text">
        El primer &iquest;poema? es un meme, un texto cuya &uacute;nica utilidad, si es que estas cosas realmente son &uacute;tiles para alguien (y lo deben ser, pues a los coach no les falta trabajo y el autor tiene formaci&oacute;n acad&eacute;mica en ese terreno) si se pintan sobre un fondo bonito y se comparten en redes sociales: &laquo;El mundo no es / de quien se despierta primero, / sino de quien se levanta con una sonrisa&raquo;, y otras dos estrofas igual de vac&iacute;as. Otro ejemplo de poema-meme ser&iacute;a &laquo;Menos y m&aacute;s&raquo;, el cual est&aacute; concebido directamente para promoci&oacute;n en redes sociales: &laquo;Enfadarse menos, sonre&iacute;r m&aacute;s // Hablar menos, escuchar m&aacute;s&hellip;&raquo;, aunque obvia el &laquo;escribir menos, leer m&aacute;s&raquo; que tanto necesitan estos autores.
    </p><p class="article-text">
        Si otros poetas recurren a la met&aacute;fora, el s&iacute;mil o la hip&eacute;rbole para dotar de personalidad y voz propia a sus escritos, este autor tambi&eacute;n tiene su figura ret&oacute;rica propia: el t&oacute;pico.
    </p><p class="article-text">
        En sus versos encontramos joyas como &laquo;tu cepillo de dientes en mi lavabo&raquo;, &laquo;manta y palomitas&raquo; (olvid&oacute; el sof&aacute;), &laquo;el que no es feliz un mi&eacute;rcoles no lo ser&aacute; [inserte aqu&iacute; otro d&iacute;a o una situaci&oacute;n], &laquo;mariposas en el est&oacute;mago&raquo;, &laquo;saltar en los charcos&raquo; y, en un derroche de sensibilidad sin parang&oacute;n, &laquo;lo esencial es invisible a los ojos&raquo;, que yo recuerdo haber le&iacute;do en otro sitio.
    </p><p class="article-text">
        No faltan banalidades como que el tiempo lo cura/arregla todo, quien no es feliz consigo mismo no lo ser&aacute; con nadie, la vida son dos d&iacute;as, etc&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al estilo, destaca el hecho de que los signos de puntuaci&oacute;n son arrojados desde un helic&oacute;ptero y donde caigan, se quedan.&nbsp;Como era de esperar, de vez en cuando suelta un &laquo;jodido&raquo;, o un &laquo;todos los putos d&iacute;as&raquo;, para que se vea claro que viene de la calle, la universidad de la vida, los billares y toda esa historia. Destacan, por el intento de hacer algo distinto, pero hacerlo mal, los poemas en los que cambia el escenario, llevando relaciones de pareja al ajedrez, a un radiocasete o a un desayuno con ejemplos facilones y previsibles: ajedrez: &lsquo;t&uacute; eres la reina&rsquo;: radiocasete: &lsquo;pulsaste el play y olvidaste darle al stop&rsquo;; desayuno: &lsquo;quiero que exprimas mis emociones&rsquo; (a cuento de un zumo que suele tomar por las ma&ntilde;anas).
    </p><p class="article-text">
        Terminan de coronar la obra errores como &laquo;no creo que consiga olvidarte, pero s&iacute; que siempre te recordar&eacute;&raquo;, &laquo;cuando te llamaron r&aacute;pido del trabajo&raquo; o el maravilloso verso &laquo;en donde dentro est&aacute; tu boca&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quisiera destacar otros dos poemas en los que se aprecia la intenci&oacute;n de arriesgar un poco, como aquellos del ajedrez y el radiocasete, pero al final tira la toalla, dando al lector explicaciones totalmente fuera de lugar, pues subestimar al lector es lo peor que un autor puede hacer.
    </p><p class="article-text">
        En el primero, donde nos cuenta que un d&iacute;a perdi&oacute; la sonrisa, comienza: &laquo;Hoy te he buscado y no te he encontrado, sonrisa&raquo;. Y as&iacute; el lector ya no se pierde y sabe de qu&eacute; va el tema.
    </p><p class="article-text">
        El segundo, sobre el miedo, tiene un final de los de levantarse y aplaudir: &laquo;Miedo, no tengo precisamente lo que eres t&uacute;: miedo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y antes de pasar al siguiente autor, cito un verso que bien podr&iacute;a pertenecer al arsenal de cualquiera de los dos: &laquo;Vivir es el verbo m&aacute;s bonito siempre que se conjugue a tu lado&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        *****
    </p><p class="article-text">
        Tras aguantar 100 p&aacute;ginas de todo lo anteriormente expuesto (el libro tendr&iacute;a unas 160 / 170), me puse con Marw&aacute;n, otro de esos nombres que suelen salir a colaci&oacute;n en los debates de lo que es o deja de ser poes&iacute;a. El propio cantante ha dicho en alguna entrevista que nadie juzga su obra, sino a &eacute;l mismo. Yo, como desconozco su carrera musical, procedo a abrir el libro, leer y que no pueda decir que juzgo a la persona. 
    </p><p class="article-text">
        El libro comienza con una suerte pr&oacute;logo / nota preliminar donde el autor busca la complicidad del&nbsp;lector agarr&aacute;ndose a lo anteriormente mencionado: que se aprecie su sincero intento de escribir cosas bonitas. 
    </p><p class="article-text">
        Conforme pasamos las p&aacute;ginas, nos vamos encontrando con los mismos lugares comunes a los que no llev&oacute; su colega C&eacute;sar. Por ejemplo, Marw&aacute;n nos dice que dos que pasean de la mano son poes&iacute;a, habla de libros (pero no dice cuales, simplemente cuela la palabra para que veamos que lee, algo a todas luces imposible viendo que siempre escribe lo mismo: o no lee o no le cunde), y lleva una relaci&oacute;n de pareja al terreno digital, donde abandonar a un persona es hacerle &lsquo;unfollow&rsquo; (un poco como aquello de &lsquo;exprimir las emociones&rsquo; a la hora del desayuno de C&eacute;sar). Por supuesto, no falta el &lsquo;hijos de puta&rsquo; que tarde o temprano hay que soltar para que se vea que no le falta calle.
    </p><p class="article-text">
        En la p&aacute;gina 22, el poema &lsquo;Mujer imperfecta&rsquo; es la mayor retah&iacute;la de t&oacute;picos que he le&iacute;do en mucho tiempo, y en la p&aacute;gina 25 tenemos uno de tantos (por desgracia) poema-meme a los que esta generaci&oacute;n nos tiene acostumbrados:
    </p><p class="article-text">
        <em>Verbo caer</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>preposici&oacute;n sobre</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pronombre ella</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Perfecci&oacute;n gramatical.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que el libro era &lsquo;Una mujer en la garganta&rsquo;, pero no lo puedo asegurar porque estas cosas, afortunadamente, se olvidan pronto. El caso es que durante las 25 p&aacute;ginas que aguant&eacute; no encontr&eacute; nada que no hubiera visto ya en el de C&eacute;sar Poetry / Ortiz, as&iacute; que hasta aqu&iacute; llegu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y pasamos a Defreds.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a empezar diciendo que dudo mucho que su editor se molestara siquiera en leer el manuscrito. Creo que se trataba de &lsquo;Infinitas calles&rsquo;, y en el pr&oacute;logo del susodicho editor encontramos esto: &laquo;Podr&iacute;a haber valorado, por ejemplo, teor&iacute;as como la de Lotman para hacer notar su evoluci&oacute;n como escritor desde el punto de vista de la estructura art&iacute;stica, o del formalismo ruso y Vladimir Propp para hacer ver la evoluci&oacute;n, el engranaje t&eacute;cnico de reloj suizo de sus relatos y microcuentos, de sus brillantes motivos y sus reconstrucciones urbanas y posmodernas de lugares comunes del cuento tradicional&hellip;&raquo; Sigue un poco m&aacute;s, pero con esto es suficiente (he tenido que a&ntilde;adir una coma que en la correcci&oacute;n se les pas&oacute;, por cierto). Veamos, a continuaci&oacute;n, esos brillantes motivos y engranajes.
    </p><p class="article-text">
        En la nota preliminar / pr&oacute;logo del autor, este nos dice sin despeinarse: &laquo;suelto lo que me hace sentir cosas&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En referencia al final de una relaci&oacute;n y los d&iacute;as posteriores donde tratamos de encontrar una persona que pueda llenar ese vac&iacute;o: &laquo;He perdido al universo entero. Y solo hay planetas sueltos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En otro &iquest;poema? sobre relaciones de pareja (por cierto, el 95 % de lo que he le&iacute;do en estos tres libros no sale de ah&iacute;, no saben hablar de otra cosa) el autor nos dice que su coraz&oacute;n nunca deja de latir, lo que nos alegra, &iquest;verdad? Menuda movida si no lo hiciera.
    </p><p class="article-text">
        En &laquo;La habitaci&oacute;n de al lado&raquo; llega la inevitable, cansina, mon&oacute;tona y repetitiva muestra de lo chungos que pueden ser estos autores: &laquo;dos gilipollas bes&aacute;ndose en la tragaperras&raquo;, &laquo;Llueve fuera. Llueves t&uacute;. La lengua por los muslos&hellip;&raquo;, &laquo;Quiz&aacute; se enteren en la habitaci&oacute;n de al lado&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En &laquo;Radares&raquo; encontramos otro de esos fragmentos de levantarse y aplaudir: &laquo;T&uacute; estabas concentrada tramando cosas. Como mejorar algo o alguna cosa parecida&raquo;. Y remata el texto vaciando el sobre de az&uacute;car en los ojos del lector: &laquo;con caricias de postre, al mediod&iacute;a o de cena&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En &laquo;Pedido M&iacute;nimo&raquo;, adem&aacute;s de traernos otra vez el t&oacute;pico del vaso con dos cepillos de dientes, de nuevo busca la ovaci&oacute;n en pie: &laquo;Huele a tu colonia. Me encanta cuando te la echas, dura todo el d&iacute;a&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En &laquo;Contigo infinitos&raquo; y &laquo;Trata como te gustar&iacute;a&raquo; volvemos al poema-meme concebido para ser compartido en redes sociales, lugar natural para este tipo de retah&iacute;las de lugares comunes.
    </p><p class="article-text">
        Lo de &laquo;No lo hagas&raquo; tiene un m&eacute;rito muy poco usual: un texto sobre una pareja que pierde su vida en un accidente de tr&aacute;fico que no me ha emocionado lo m&aacute;s m&iacute;nimo: plano, artificial, plagado de t&oacute;picos (c&oacute;mo no) y con unas l&iacute;neas finales m&aacute;s cerca de un anuncio de la DGT que de la poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y en &laquo;Sabia&raquo; pone negro sobre blanco ese resquemor que todos arrastran, aunque vivan por y para negarlo, por no aceptar las cr&iacute;ticas, a las que tachan de envidia. En este caso es una se&ntilde;ora sabia quien se lo dice. Con otros es un profesor, o &laquo;mi padre dijo un d&iacute;a&hellip;&raquo;. Al final, repetir una y otra vez la misma f&oacute;rmula, que es de lo que viven.
    </p><p class="article-text">
        Tras estos tres asaltos a esa &lsquo;nueva poes&iacute;a&rsquo;, ten&iacute;a un cuarto libro por revisar, &lsquo;Las almas de Brandon&rsquo;, de un popular concursante televisivo apadrinado por el flamante Premio Espasa de Ensayo Risto Mejide, pero por salud mental he decidido apartar este tema por un tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Ya los he le&iacute;do. Ya s&eacute; por qu&eacute; a mucha gente (entre los que me incluyo) no le interesa su poes&iacute;a, obra o como se le quiera llamar. No voy a caer en el f&aacute;cil error de decir que sus libros son malos, nadie est&aacute; en posesi&oacute;n de la verdad y cada cual tiene sus gustos. Pero s&iacute; puedo, y lo hago, dar mi opini&oacute;n: palabras vac&iacute;as, drama f&aacute;cil, felicidad artificial, autoayuda de todo a 100 con un nivel de redacci&oacute;n de 4&ordm; de la ESO. Y, sobre todo, repetici&oacute;n, siempre lo mismo, los mismos ejemplos, los mismos motivos. Esto s&oacute;lo significa una cosa: falta de lectura. Y un escritor que no lee&hellip; En fin, un tipo de literatura, si lo es, que no me interesa lo m&aacute;s m&iacute;nimo pues nada obtengo a cambio de mi tiempo, que a partir de ahora dedicar&eacute; a lo que s&eacute; que puede ofrecerme algo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero ya est&aacute; hecho, ya los he le&iacute;do, ya no pueden decir que los juzgo a ellos por man&iacute;a, prejuicios o envidia.
    </p><p class="article-text">
        Salud, poes&iacute;a y Rock and Roll.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/poesia-habla_132_8347297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Sep 2021 06:06:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Esa poesía de la que usted me habla]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como arañar el aire con la lengua: una aproximación a la canción de NOF4, de Raúl Quinto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/aranar-aire-lengua-aproximacion-cancion-nof4-raul-quinto_132_8054931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b78c7696-a649-48b4-8b28-4c2b2cba07d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como arañar el aire con la lengua: una aproximación a la canción de NOF4, de Raúl Quinto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Raúl Quinto supo de la existencia de Nannetti a través de una exposición de Art Brut. Fascinado por lo que vio no dudó en dirigirse a las ruinas del viejo manicomio y empaparse de los sonidos y silencios que aún emanan de aquellas paredes</p></div><p class="article-text">
        Fernando Oreste Nannetti lleg&oacute; a la ciudad de los locos de Volterra en 1958 tras agredir a un polic&iacute;a. Durante los siguientes veinte a&ntilde;os apenas habl&oacute; con nadie, salvo con el muro. Aunque nunca sabremos a ciencia cierta si hablaba con el muro o a trav&eacute;s de &eacute;l, si escribir en el muro era su manera de decirle al mundo que exist&iacute;a, que ten&iacute;a (id)entidad, aunque fuese inventada &mdash;un dictado a trav&eacute;s de unas torres el&eacute;ctricas (que &eacute;l mismo instal&oacute;/dibuj&oacute; en el muro) directo a su cerebro&mdash;. Fernando (mal)vivi&oacute; en una &eacute;poca en la que la esquizofrenia significaba un exilio a los m&aacute;rgenes de la sociedad, a la reclusi&oacute;n en una instituci&oacute;n &lsquo;m&eacute;dica&rsquo; m&aacute;s propia de la Edad Media que del siglo XX, y puede que el muro fuera muro y puerta a la vez. Pero empecemos por el principio. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La canci&oacute;n de NOF4 no es una biograf&iacute;a al uso. De hecho, puede que ni siquiera sea una biograf&iacute;a, pues lanza m&aacute;s preguntas que certezas. Ra&uacute;l Quinto comienza reflexionando sobre la escritura, analizando el origen de la palabra, del verbo, y de su necesidad. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;<em>Dioses y bestias. Un d&iacute;a aprenden a re&iacute;r y al d&iacute;a siguiente empiezan a recordar los sue&ntilde;os. Quieren regresar all&iacute; pero no pueden. No saben. No conocen la puerta ni entienden lo que es una llave&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> &ldquo;Entonces inventan las palabras y la boca se llena de cosas. Hablar es como ara&ntilde;ar el aire con la lengua&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em> Escribir proviene del lat&iacute;n <em>scribere </em>(rajar hasta provocar la hendidura) y del griego <em>graph&ocirc;</em> (ara&ntilde;ar). Si buscamos la ra&iacute;z &aacute;rabe del t&eacute;rmino la encontraremos relacionada con &ldquo;<em>tallar la roca&rdquo;.</em> As&iacute; escrib&iacute;a Nannetti, grabando palabras en la piedra con la hebilla del chaleco de su uniforme. No s&oacute;lo palabras, tambi&eacute;n pictogramas y dibujos (naves espaciales, casas&hellip;), s&iacute;mbolos, jerogl&iacute;ficos e incluso el logotipo de una marca de tabaco, a los que a&ntilde;ad&iacute;a notas a modo de pie de foto para explicarlas. No existe orden l&oacute;gico (para el espectador) ni cronol&oacute;gico, es imposible saber qu&eacute; se escribi&oacute; cu&aacute;ndo, pero puede deducirse que, como se ha dicho al comienzo, estamos ante la reivindicaci&oacute;n de la existencia/identidad del autor, encerrado tanto f&iacute;sica como mentalmente, sedado a base de <em>pastillas, muros qu&iacute;micos para aplacar a los fantasmas.</em> Y no s&oacute;lo se agarra a la existencia a trav&eacute;s del muro, tambi&eacute;n escribe cientos de postales a familiares contando sus planes para el futuro. Ni los familiares ni el futuro exist&iacute;an m&aacute;s all&aacute; de su cabeza, antena receptora de esas voces que transcrib&iacute;a con obstinada dedicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Dec&iacute;amos antes que Nannetti apenas habl&oacute; con nadie en 20 a&ntilde;os. &iquest;C&oacute;mo, entonces, sabemos todo esto? Hay dos secundarios sin quienes esta historia no habr&iacute;a sido posible.
    </p><p class="article-text">
        Aldo Trafeli estudi&oacute; artes en Florencia. Las salidas laborales de tales conocimientos le llevaron al pabell&oacute;n de Ferri de Volterra, donde estaba internado Nannetti. Qui&eacute;n le iba a decir que aquel puesto guardar&iacute;a alguna relaci&oacute;n con su formaci&oacute;n. Los ojos cultivados de Trafeli se rinden a lo que ve grabado en la pared, se hace amigo de Nannetti, habla con &eacute;l, le da cigarrillos y pide al resto del personal que le permitan seguir con su labor sobre el muro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Portada de &#039;La Canción de NOF4&#039;                            </span>
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        &nbsp; Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s se cierran los viejos manicomios italianos y la direcci&oacute;n encarga a un fot&oacute;grafo documentar el estado del complejo. Entra en escena el segundo coprotagonista de la historia: el fot&oacute;grafo Pier Nello Manoni. A d&iacute;a de hoy, sus fotograf&iacute;as son la &uacute;nica memoria total del conjunto (apenas queda un tercio del muro en pie). Sin Trafeli, una suerte de mecenas moral, y Manoni, documentalista, nadie se acordar&iacute;a hoy de Nannetti y las obras derivadas (este libro, las exposiciones sobre el muro y el autor e incluso un largometraje documental) no existir&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Ra&uacute;l Quinto supo de la existencia de Nannetti a trav&eacute;s de una exposici&oacute;n de Art Brut. Fascinado por lo que vio no dud&oacute; en dirigirse a las ruinas del viejo manicomio y empaparse de los sonidos y silencios que a&uacute;n emanan de aquellas paredes, del aura creada por las mariposas blancas que navegan la estancia y de las trampas en forma de maniqu&iacute;es estrat&eacute;gicamente colocadas por otros visitantes para alterar el &aacute;nimo del desinformado turista ocasional. De aquella visita nace esta suerte de ensayo/estudio sobre la locura, el aislamiento, la persona(lidad) de Nannetti y las posibilidades del arte y la escritura como veh&iacute;culos para reivindicar la identidad o, sencillamente, la propia existencia, que Jekyll &amp; Jill edita con el buen hacer y el buen criterio a los que nos tiene, por fortuna, acostumbrados.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;A t&iacute;tulo personal, a&ntilde;adir que se pueden contar con los dedos de una mano las obras literarias que he rele&iacute;do nada m&aacute;s acabarlas por primera vez, y &lsquo;La canci&oacute;n de NOF4&rsquo;, a la que sin duda volver&eacute; por tercera vez (y algunas m&aacute;s), ha sido una de ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/aranar-aire-lengua-aproximacion-cancion-nof4-raul-quinto_132_8054931.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jun 2021 08:18:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Como arañar el aire con la lengua: una aproximación a la canción de NOF4, de Raúl Quinto]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gente abandonada por los suyos: sobre 'Días hábiles' de Óscar Campo Becerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/gente-abandonada-dias-habiles-oscar-campo-becerra_132_7275216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a492abd-72b4-4fed-8a8f-bd37163494b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gente abandonada por los suyos: sobre &#039;Días hábiles&#039; de Óscar Campo Becerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestro protagonista (cuyo nombre creo que no llega a mencionarse), acaba de conseguir un puesto más bien precario como profesor de técnicas narrativas para que estudiantes de Derecho y Periodismo obtengan el mejor provecho posible de la que será una de sus principales herramientas de trabajo: el lenguaje</p></div><p class="article-text">
        Un apag&oacute;n es el disparador de la(s) historia(s). Un peque&ntilde;o apag&oacute;n en una barriada humilde. No estamos, ni se crea, en una distop&iacute;a con meses de oscuridad donde pronto no quedar&aacute; agua ni v&iacute;veres, aunque s&iacute; es cierto que la delincuencia y el trapicheo imperan en la zona. Pero no, no hay consecuencias apocal&iacute;pticas, sino que ocurre algo peor: un hombre solo y tiempo para pensar.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro protagonista (cuyo nombre creo que no llega a mencionarse), acaba de conseguir un puesto m&aacute;s bien precario como profesor de t&eacute;cnicas narrativas para que estudiantes de Derecho y Periodismo obtengan el mejor provecho posible de la que ser&aacute; una de sus principales herramientas de trabajo: el lenguaje. M&aacute;s que una r&iacute;gida asignatura universitaria, sus funciones se asemejan m&aacute;s a las de un taller literario, pero la falta de entusiasmo e implicaci&oacute;n de los estudiantes no har&aacute;n m&aacute;s que convertir en tardes y noches de tedio la correcci&oacute;n de los textos a los que da lugar la actividad.
    </p><p class="article-text">
        No conoce el barrio ni a ninguno de sus vecinos, aunque por las tardes escucha llorar a un ni&ntilde;o, gritar a una anciana pidiendo comida y a los estudiantes universitarios de al lado con su m&uacute;sica y un estimulante humo que escapa bajo la puerta. Todo esto con nuestro antih&eacute;roe en pleno duelo por una relaci&oacute;n extinta (Nayibe) y las dudas ante la posibilidad de abrir otra herida cuando a&uacute;n no ha cicatrizado la anterior (Claudia). 
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        Los d&iacute;as que no trabaja tampoco son m&aacute;s &aacute;giles. Los quehaceres dom&eacute;sticos le ocupan bastante tiempo debido al estado del apartamento, y el mencionado duelo le hace mirar una y otra vez a ese pasado con Nayibe, en el que podemos intuir un drama que incluye la p&eacute;rdida de hijos. El autor, como es llamado por sus vecinos, vive ahora su segunda independencia. Tras la separaci&oacute;n volvi&oacute; con sus padres y, transcurrido un tiempo prudencial, estos le dieron a entender, con mucha mano izquierda, que no pod&iacute;an cuidarlo toda la vida. Su padre es un hombre ahorrador que valora el emprendimiento y, aunque ahora, a la vejez, empieza a ser capaz de mostrar emociones y decir a su hijo cu&aacute;nto lo quiere, tambi&eacute;n siente que debe hacerle entender el valor del trabajo y la independencia. Y nuestro hombre tambi&eacute;n lo sabe y disfruta su independencia a pesar de sus modestos ingresos y la constante falta de luz e internet en su nueva residencia. Ser&aacute; en ese mirar atr&aacute;s, a la vida en com&uacute;n con Nayibe, cuando empiece a sentir la complejidad de la vida en pareja, que tal vez la falta de tiempo para s&iacute; mismo le impidi&oacute; ver / sentir en su momento. No hab&iacute;a mucho dinero, pero hab&iacute;a vacaciones, carros de la compra llenos y un bonito hogar. Sin embargo una constante presi&oacute;n sobre los hombros, una densa sensaci&oacute;n de lastre nunca le abandon&oacute;. Ahora que apenas compra caf&eacute; y comida en lata siente y disfruta cada segundo. Tal vez eso era lo que le falt&oacute; anta&ntilde;o: el tiempo para pararse a pensar y disfrutar de lo que ten&iacute;a. Aun as&iacute;, no ha comenzado a&uacute;n a bucear los fondos de su reci&eacute;n estrenada libertad cuando Claudia, compa&ntilde;era de trabajo, se cruza en su camino. 
    </p><p class="article-text">
        Claudia est&aacute; divorciada y, por alguna raz&oacute;n, siempre parece que le falta algo para ser feliz, como una incapacidad o un miedo injustificado para disfrutar plenamente de todo. De hecho, cuando estaba casada la pareja viv&iacute;a con los padres de ella, y all&iacute; sigue: con recursos de sobra para dar el paso de la independencia, no se decide a avanzar. En pleno florecimiento de su relaci&oacute;n con el autor, su exmarido irrumpir&aacute; en una escena de alcohol y violencia que, surrealismo mediante, terminar&aacute; con &eacute;ste durmiendo en su sof&aacute;, algo que a nuestro protagonista le costar&aacute; mucho aceptar, no en la medida en que Claudia y su ex puedan volver a acercarse, sino ante la aplastante realidad de su insignificancia: <em>&laquo;Ni siquiera fui capaz de producir un impacto valioso en el melodrama de Claudia y su exmarido&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Otras voces que se cruzan en esta historia ser&aacute;n las de Juli&aacute;n, un currante que estudia por las noches y va siempre con auriculares esquivando la realidad, parece huir de un pasado algo ajetreado, cercano a la delincuencia, y no sabe d&oacute;nde meterse para evitar una visita familiar que no soporta. Tendremos tambi&eacute;n a Miriam, la enigm&aacute;tica propietaria del inmueble, que vive sola en la parte alta del edificio y se comunica a gritos con Ramiro, un joven que la ayuda en su d&iacute;a a d&iacute;a y la provee de comida y medicaci&oacute;n a cambio de una remuneraci&oacute;n que junto al subarriendo a un joven alem&aacute;n de parte de su habitaci&oacute;n, le permiten vivir mientras pueda seguir retrasando deudas que tiene pr&aacute;cticamente en cada esquina; un matrimonio con hijos y un juerguista solter&oacute;n completan el reparto de una novela que finaliza con un juego literario en el que el lector no sabe (yo no, al menos) si est&aacute; frente a un sue&ntilde;o, un delirio o una obra de teatro (pues tambi&eacute;n hay voces &lsquo;teatreras&rsquo; en esta polifon&iacute;a). 
    </p><p class="article-text">
        Relatos separados por los muros de una vieja mansi&oacute;n que fluyen hasta convertirse en una novela en la que el autor (y esta vez me refiero al autor &Oacute;scar Campo Becerra, no al personaje llamado &lsquo;el autor&rsquo;), que concibe la escritura como una herramienta para &laquo;hacer comunidad&raquo;, enlaza con mucho oficio las distintas historias y hace gala de una prosa hipn&oacute;tica y trabajada que se acerca bien a todos los registros, ya sea el joven universitario, el cincuent&oacute;n vinagres o la anciana solitaria. En resumen, la voz com&uacute;n de una comunidad improvisada de gente abandonada por los suyos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/gente-abandonada-dias-habiles-oscar-campo-becerra_132_7275216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Mar 2021 16:12:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gente abandonada por los suyos: sobre 'Días hábiles' de Óscar Campo Becerra]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hasta el mismo tuétano: sobre 'Haga lo que haga en la Tierra' de Vicente Muñoz Álvarez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/tuetano-haga-haga-tierra-vicente-munoz-alvarez_132_7210885.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b62971e-36bb-4a85-85e1-e4773d91a131_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hasta el mismo tuétano: sobre &#039;Haga lo que haga en la Tierra&#039; de Vicente Muñoz Álvarez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vicente está en posesión de tres verdades irrefutables: el tiempo se acaba, lo que queda atrás no se recupera y lo que queda por delante depende en gran medida de nosotros mismos, aunque siempre estaremos a merced de lo impredecible</p></div><p class="article-text">
        &laquo;<em>El viajero se detiene a descansar, ha sido una larga y fruct&iacute;fera traves&iacute;a. Repasa sus pertenencias y, a pesar de que desde hace bastante tiempo s&oacute;lo necesita lo esencial, la maleta pesa como si llevara lingotes de oro&raquo;</em>. (Del pr&oacute;logo de Julia Navas).
    </p><p class="article-text">
        Vicente est&aacute; en posesi&oacute;n de tres verdades irrefutables: el tiempo se acaba, lo que queda atr&aacute;s no se recupera y lo que queda por delante depende en gran medida de nosotros mismos, aunque siempre estaremos a merced de lo impredecible.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>darlo todo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y dejarme</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en el intento</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la piel</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>para caer</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en picado</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de nuevo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>al vac&iacute;o</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desnudando el poema hasta los versos imprescindibles para mostrar lo necesario, Vicente Mu&ntilde;oz termina con &lsquo;Haga lo que haga en la Tierra&rsquo; la trilog&iacute;a &lsquo;La llama encendida&rsquo;, que comenzara con &lsquo;D&iacute;as de ruta&rsquo; y continuara con &lsquo;Traves&iacute;a&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Elige para ello exclusivamente el formato poemario (anteriormente hab&iacute;a alternado verso, narrativa y prosa po&eacute;tica), como se ha dicho, carente de todo ornamento cargante e innecesario, para que sus versos, siempre bien afilados, penetren en el lector hasta el mismo tu&eacute;tano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Haga lo que haga en la Tierra&#039;                            </span>
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        Acompa&ntilde;aremos al autor por su itinerario vital: su trabajo como comercial de calzado y su pasi&oacute;n por la escritura. Entramos as&iacute; al c&iacute;rculo vicioso del momento actual: el trabajo, desagradecido pero necesario, imprescindible, y la pasi&oacute;n, el arte, para muchos m&aacute;s importante que lo anterior, pero relegado al tiempo libre y al desprecio, al ninguneo econ&oacute;mico, a ser lo primero que abandonar si el barco empieza a hacer aguas. Con pruebas m&aacute;s que suficientes de que el capitalismo se desborda y la econom&iacute;a se desmorona, todav&iacute;a nos agarramos, o nos obligan a agarrarnos, a ese culto al billete y la anotaci&oacute;n en cuenta que permitir&aacute;n el sustento m&aacute;s b&aacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>lo que te contaron</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no era verdad</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>lo que so&ntilde;aste tampoco</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de lo que te prometieron</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni hablar</em>
    </p><p class="article-text">
        Los sinsabores, que haberlos, haylos, de la escritura tambi&eacute;n forman parte de esa ruta vital. No es la primera obra en la que Vicente Mu&ntilde;oz se pregunta por las bondades de la pasi&oacute;n o el oficio (que tambi&eacute;n lo es, y no todo el mundo sabe y puede desempe&ntilde;ar) de la escritura. &iquest;Es un don o una maldici&oacute;n? No hay respuesta r&aacute;pida ni f&aacute;cil para esta cuesti&oacute;n, pero Mu&ntilde;oz tiene claro qui&eacute;nes son los poetas malditos, pues los ha mirado a los ojos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>los escritores serios</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no se comen una puta rosca</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>en suma</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>pero son libres</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y aut&eacute;nticos</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>doy fe</em>
    </p><p class="article-text">
        Destacan tambi&eacute;n en el poemario las referencias al amor (que dej&oacute; atr&aacute;s), a la familia y a los &iacute;dolos. Estos tres iconos ser&aacute;n su combustible, pues la vida del autor no es sino el viaje inacabable de una sombra solitaria que, como un espectro de Poe, recorre el camino de Kerouak, llegando al retiro de Rimbaud desde el m&iacute;sero apartamento de Bukowski. Conozco bien la obra de Mu&ntilde;oz &Aacute;lvarez, y hay pocos autores tan bien armados para estimular la curiosidad del lector para indagar el cat&aacute;logo de referencias que han quedado entre las p&aacute;ginas. Yo mismo he visto decenas de pel&iacute;culas pulp o serie B recomendadas por &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>y un cuervo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>m&aacute;s negro</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que la noche</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>responde</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>NEVERMORE</em>
    </p><p class="article-text">
        Y ahora es cuando cierro esta opini&oacute;n, rese&ntilde;a o como se le quiera llamar recomendando no s&oacute;lo la lectura de esta obra, sino la revisi&oacute;n de todo el cat&aacute;logo de su autor, pero igual que recurr&iacute; al pr&oacute;logo para arrancar, dejo que el ep&iacute;logo nos gu&iacute;e en esta salida:
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;Hallo al poeta preciso, cada vez m&aacute;s escueto, cada vez m&aacute;s certero, cada vez m&aacute;s ver&iacute;dico. Cada vez m&aacute;s identitario, con el sello propio de quien ha hecho de la poes&iacute;a de este pa&iacute;s casa y domicilio, la poes&iacute;a vital, el lugar para mi regocijo y pernocta&raquo;.</em> (Del ep&iacute;logo de Gs&uacute;s Bonilla).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/tuetano-haga-haga-tierra-vicente-munoz-alvarez_132_7210885.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Feb 2021 10:41:37 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La muerte del Rock and Roll]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/muerte-rock-and-roll_132_6878024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e6d3056-cd48-41be-beb2-24f455c9bb8b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La muerte del Rock and Roll"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre “Realidad en mono”(Aloha, 2020), de Ale Oseguera</p></div><p class="article-text">
        Ricardo Aristiz&aacute;bal, un no ya tan joven melenudo siempre oculto tras sus gafas de sol, est&aacute; a punto de dar un concierto. Su primer concierto en a&ntilde;os, al frente de una nueva banda. Aunque, como toda leyenda, que lo es, sigue interpretando viejos &eacute;xitos de&nbsp;<em>Mono</em>&nbsp;<em>Real</em>, el grupo con el que diez a&ntilde;os atr&aacute;s dio la vuelta al mundo, y sobre el que se emite en esos momentos un documental que se obliga, sin ganas, a ver. A mirar de reojo, al menos. Y ser&aacute;n los recuerdos que ese documental disparen en la mente del guitarrista las im&aacute;genes que la autora dispondr&aacute; frente al lector.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he pensado que The Commitments es la pel&iacute;cula que mejor recrea c&oacute;mo surge, triunfa y se va al garete una banda de rock (soul, en este caso, aunque el mensaje es f&aacute;cilmente extrapolable a cualquier estilo o terreno). Ale Oseguera actualiza en esta novela esa ascensi&oacute;n y posterior ca&iacute;da a los infiernos. Y digo actualiza porque The commitments fue rodada en 1991 cuando, afortunadamente, ciertos programas de televisi&oacute;n a&uacute;n no exist&iacute;an. De hecho, no s&eacute; si ya se hab&iacute;a acu&ntilde;ado el t&eacute;rmino telebasura. Adem&aacute;s, en el mencionado film, lo que hemos llamado triunfo se reduce a recibir aplausos en una actuaci&oacute;n local donde (supuestamente) son vistos por la leyenda Otis Redding. En <em>Realidad en mono</em>, el espaldarazo que para la banda supone ese programa de televisi&oacute;n nos muestra una historia muy diferente a la de la banda irlandesa de soul, mostrando a unos j&oacute;venes mexicanos que combinando rock, jazz, electr&oacute;nica y poniendo al frente a Rebeca, su Bj&ouml;rk particular, con una voz y presencia demoledoras (de hecho triunfa paralelamente como actriz, al igual que su referente island&eacute;s), logran dar la vuelta al mundo y copar las listas de ventas de todo el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Oseguera saca partido al potencial literario de toda estrella de la m&uacute;sica. Aunque elige un grupo ficticio, <em>Realidad en mono</em> podr&iacute;a ser la biograf&iacute;a de cualquier banda de rock. Los miembros del grupo se conocen en un espect&aacute;culo televisivo llamado El Instituto (desconozco si en M&eacute;xico existi&oacute; este programa, pero el referente espa&ntilde;ol es sin duda Operaci&oacute;n Triunfo). All&iacute;, un grupo de concursantes comienzan a ver cosas especiales en otros y se va cerrando el c&iacute;rculo hasta que todos tienen claro no querer saber nada de las condiciones de semiesclavitud que se desprenden del contrato que deben firmar como participantes del show, y deciden dejar pasar el tiempo para poder disponer de todo su talento sin presiones de tipo comercial. Cinco a&ntilde;os, si no recuerdo mal, deben esperar para poder poner en marcha su proyecto. A&ntilde;os durante los que Orlando, el teclista y principal estrella del concurso, se forma como Dj y m&uacute;sico electr&oacute;nico en Alemania (ya ten&iacute;a una s&oacute;lida formaci&oacute;n de conservatorio), Rebeca, cantante y semifinalista del show, se centra en la interpretaci&oacute;n, segura de sus capacidades como front-woman, y Ricardo, el rockero, el virtuoso de la guitarra, simplemente espera sin dejar de tocar y componer.
    </p><p class="article-text">
        Y una vez sabe cada uno cu&aacute;l es su lugar y ponen nombre a la banda, la maquinaria comienza a funcionar como un reloj suizo: n&uacute;mero uno en todo el globo y gira mundial. Fama, club de fans, paparazzis, fiestas en hoteles, drogas, alcohol, org&iacute;as, largos per&iacute;odos vacacionales en Barcelona, Madrid, Berl&iacute;n&hellip; Pero hasta el mejor reloj se estropea si no lo cuidas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/d440b9f5-550d-4436-a044-df1afe4821d1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="150%" width="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Mientras Orlando adora saberse perseguido y controlado por los medios, el rockero Ricardo es la otra cara de la moneda, y no es raro que explote ante las c&aacute;maras, como ocurrir&aacute; en el entierro de su padre o ante los rumores de una relaci&oacute;n sentimental entre ambos. Adem&aacute;s, las relaciones sentimentales no quedan en el plano de la especulaci&oacute;n period&iacute;stica, sino que surgen en la realidad del grupo, con las tensiones que siempre implican y la dificultad para establecer las l&iacute;neas sobre las que poder caminar y las que bajo ning&uacute;n concepto se han de cruzar. Surge tambi&eacute;n la desconfianza en el aparato administrativo: abogados, agentes, productores&hellip; La maternidad de la bajista no ser&aacute; un problema menor, as&iacute; como las adicciones de algunos miembros del grupo y una traici&oacute;n interna que nadie esperaba. Durante a&ntilde;os en los que apenas tienen un segundo para pararse a pensar en lo que realmente ocurre, se va gestando la muerte de su <em>rock and roll way of life</em>. Cuando el tercer &aacute;lbum, a pesar de ser el mejor desde el punto de vista estrictamente musical, fracasa en ventas al tiempo que los fans sienten que el grupo ha perdido la chispa, deciden dar un &uacute;ltimo concierto en Finlandia, el &uacute;nico pa&iacute;s donde el disco ha sido bien considerado, dejando en el aire la posibilidad de un <em>Special Reunion Tour</em> para unos a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Como dije al principio, esta novela es una buena actualizaci&oacute;n a este tipo de historias. La m&iacute;tica pel&iacute;cula mencionada al comienzo (tambi&eacute;n de un grupo ficticio, por cierto), as&iacute; como las verdaderas biograf&iacute;as de Queen, Johnny Cash, The Beatles, etc&hellip; han quedado en otro plano que hoy casi parece artificial debido al origen underground de los artistas, que ensayan en cocheras o casas abandonadas, que duermen en almacenes o furgonetas para poder tocar ante cuatro borrachos, a quienes la prensa apenas persegu&iacute;a salvo que fueran pillados en flagrante extravagancia o delito&hellip; Hoy los miembros son famosos antes de ser un grupo, el p&uacute;blico necesita, porque se le ha creado esa necesidad, saber qu&eacute; desayunan o si practican alg&uacute;n deporte, y tiene la misma repercusi&oacute;n en redes un posible idilio amoroso que un vestido demasiado ce&ntilde;ido o un gesto feo a un periodista (y si no existe el conflicto hay que crearlo, porque la gente, fan o no, lo necesita). La m&uacute;sica es algo secundario, es el personaje quien genera millones de beneficios a &eacute;l mismo y a terceros. Todo este circo medi&aacute;tico, combinado con los verdaderos intereses art&iacute;sticos de unos j&oacute;venes preocupados por hacer algo bueno de verdad, por dejar huella, hacen de <em>Realidad en mono</em> una novela necesaria para entender c&oacute;mo hemos llegado a esta situaci&oacute;n de mega comercializaci&oacute;n del artista, sus pros (si los tiene) y sus contras, y c&oacute;mo poder evitarlo, disfrutarlo o, simplemente, aprender a vivir con ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Novela recomendable a cualquier tipo de lector, pues no son pocos los devenires existenciales que en ella se plantean, y que gustar&aacute; especialmente a nuevos mel&oacute;manos y viejos rockeros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/muerte-rock-and-roll_132_6878024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Jan 2021 07:28:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La muerte del Rock and Roll]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Puertas que la literatura no suele abrir: una lectura de 'Canto yo y la montaña baila' de Irene Solà]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/puertas-literatura-no-suele-abrir-lectura-canto-montana-baila-irene-sola_132_6316117.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4855360e-230c-4049-ad52-817570eedec6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Puertas que la literatura no suele abrir: una lectura de &#039;Canto yo y la montaña baila&#039; de Irene Solà"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Destaca también en la narración la historia de las mujeres del agua, que la tradición oral y la ficción suele meter en el mismo saco que las brujas. Se trata de una figura femenina relacionada con la naturaleza, muy popular en todo el pirineo, que eran llamadas brujas simplemente para poder ser acusadas y condenadas</p></div><p class="article-text">
        Irene Sol&agrave; ha sorprendido al panorama literario nacional y europeo con su &uacute;ltima novela, publicada por Anagrama y traducida al castellano por Concha Carde&ntilde;oso, 'Canto yo y la monta&ntilde;a baila'. Y no s&oacute;lo baila, sino que toma la palabra, al igual que el corzo y las nubes (y los humanos, claro) en una historia con tintes de fabula o cuento cl&aacute;sico donde se difuminan (si es que existen realmente) las fronteras entre el ser humano y la naturaleza, lo real y lo irreal, los vivos y los muertos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Irene Sol&agrave; nos propone un juego polif&oacute;nico de realidad, mitolog&iacute;a y folclore en el que participan hasta 18 voces que nos hablar&aacute;n de personas y lugares que fueron y son, de una comarca de la que huir o a la que regresar, de la vida antes y despu&eacute;s de la tragedia. Este abanico de voces que la autora maneja con mucho oficio brindar&aacute; al lector la posibilidad de entrar a la historia por puertas que la literatura no suele abrir ya desde el primer cap&iacute;tulo, donde ser&aacute;n las propias nubes &laquo;con el vientre negro&raquo; quienes nos hablen de la tormenta y sus consecuencias. Del mismo modo (cap&iacute;tulos que, por cierto, me emocionaron como pocos textos los han conseguido) se expresar&aacute;n el corzo y el oso. &iquest;C&oacute;mo describe el ciervo a un ser humano? &iquest;C&oacute;mo ve el bosque? (Los ciervos, por cierto, no distinguen los colores). Un juego &ndash;muy serio&ndash; de voces para alejar al lector de la cuasi eterna visi&oacute;n antropoc&eacute;ntrica del arte en general y la literatura en particular y, esta vez, tratar de entender (a) la tierra. En esta ocasi&oacute;n Irene nos propone que El Hombre deje de mirar para dejarse ver.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Por si este juego fuera poco, brinda la autora una segunda vuelta de tuerca llevando la literatura un paso m&aacute;s all&aacute; de la palabra escrita. 'Canto yo y la monta&ntilde;a baila' es un texto que desborda, que destila oralidad por los cuatro costados. Cada personaje, cada voz, cuenta su historia, que es a su vez una pieza del puzle, de un puzle, que es un conjunto de vidas pasadas, presentes y futuras que nunca acabar&aacute;. Es una historia que leemos, claro, pero nos llega a modo de tradici&oacute;n oral por medio del boca a boca, impeliendo al lector a meditar sobre todo aquello que no sabemos ni sabremos jam&aacute;s, lo que se perdi&oacute; porque nunca qued&oacute; escrito y las gentes olvidaron. Y por eso compartiremos la orilla del r&iacute;o con poetas que no escriben sus versos porque piensan que plasmarlos en papel es asesinarlos y, simplemente, los recitan en voz alta para que se los lleve el viento y sigan vivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pretende tambi&eacute;n Irene Sol&agrave; romper la leyenda de que la vida, las historias de verdad, est&aacute;n fuera, en las grandes ciudades, bajo intensas luces de ne&oacute;n. Y lo har&aacute; trasladando toda esa poes&iacute;a, ese folclore, esos mitos a la frontera catalana con Francia, zona de migraci&oacute;n clandestina, de retirada republicana hacia el exilio al terminar la Guerra Civil Espa&ntilde;ola, donde el terreno ha quedado marcado por los restos de armamento de la contienda. Nos encontraremos entonces a la ni&ntilde;a coja que huye de la guerra (historia real que la autora descubre a ra&iacute;z de una fotograf&iacute;a), y que Sol&agrave; introduce en esta f&aacute;bula convirti&eacute;ndola en Palomita, quien encuentra un hermano mayor con el que jugar en un bosque que ya ninguno de los dos puede abandonar.
    </p><p class="article-text">
        Destaca tambi&eacute;n en la narraci&oacute;n la historia de las mujeres del agua, que la tradici&oacute;n oral y la ficci&oacute;n suele meter en el mismo saco que las brujas, pero no lo son en realidad. Se trata de una figura femenina relacionada con la naturaleza, muy popular en todo el pirineo, que eran llamadas brujas simplemente para poder ser acusadas y condenadas.&nbsp; Se trataba de mujeres que asist&iacute;an a otras en los partos, pod&iacute;an elaborar alg&uacute;n tipo de poci&oacute;n o ung&uuml;ento y sab&iacute;an nadar (s&iacute;, saber nadar era indicio de brujer&iacute;a). Todo lo que se conserva de estas &lsquo;mujeres del agua&rsquo; est&aacute; de pu&ntilde;o y letra de quienes las condenaron. Procesos judiciales que la autora ha investigado y por lo que se decidi&oacute; a darles la voz que no tuvieron en su d&iacute;a, pues no debe ser poco lo que no les dejaron decir, del mismo modo que debieron decir mucho de lo que no ha quedado registro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto tambi&eacute;n hay lugar para &lsquo;las presencias&rsquo;, esos seres que dejaron asuntos sin resolver y no logran pasar al otro lado. Dir&aacute; la espiritista que en este caso ayuda a la transici&oacute;n: <em>&laquo;a veces son personas, escucho su llanto, sus penas, pero otras veces s&oacute;lo son cosas y siento que hay dolor y miedo, pero no puedo hacer nada&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En resumen, y como se ha dicho, una novela arriesgada, experimental y polif&oacute;nica, donde todo aquel (y aquello) que aparece, tiene algo que aportar a la historia. Espero que la disfruten como he hecho yo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/puertas-literatura-no-suele-abrir-lectura-canto-montana-baila-irene-sola_132_6316117.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Oct 2020 11:41:24 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Kafka en el laberinto del sinhogarismo: una lectura de 'Silencio administrativo' de Sara Mesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/kafka-laberinto-sinhogarismo-lectura-silencio-administrativo-sara-mesa_132_6137418.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e51c09e-b825-45a3-88ea-606364e5e71d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Kafka en el laberinto del sinhogarismo: una lectura de &#039;Silencio administrativo&#039; de Sara Mesa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay errores ni culpa: la marginalidad es una escalera descendente que sin factores externos es imposible subir. La pseudofilosofía de la actitud ante la vida y el emprendimiento es basura para privilegiados (estos de verdad)</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Les suena de algo la palabra &lsquo;privilegiados&rsquo;? Seguro que s&iacute;, suena mucho de unos a&ntilde;os a esta parte. Lo curioso es que teniendo, como cualquier otra palabra, su significado bien conciso en nuestro diccionario (<em>que goza de un privilegio, que sobresale extraordinariamente dentro de su clase</em>), el analfabeto funcional ha conseguido, como tantas otras veces, deformarla y moldearla a su gusto, convirtiendo en privilegiados a trabajadores que luchan (hasta la sangre, a veces) por sus derechos, inmigrantes que acaban hacinados en campamentos insalubres huyendo de la guerra o, como el caso que nos ocupa hoy, los vagos que van a por las paguitas (ah, &lsquo;paguita&rsquo;, otra maravillosa lecci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica del analfabeto funcional).
    </p><p class="article-text">
        Para la construcci&oacute;n de este relato, Sara Mesa se apoya en dos personajes de ficci&oacute;n, una tal Carmen, que vive en la calle a base de limosnas, y una tal Beatriz, que en la vida real ser&aacute;n la propia autora y un grupo de personas que se deciden a ayudar a la Carmen de la vida real (que existe bajo otro nombre). El resto es totalmente ver&iacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        El primer concepto con el que detenerse a darse cabezazos es el de &laquo;persona sin hogar debidamente acreditada&raquo;. Para acreditar esta situaci&oacute;n, Carmen debe acudir a los servicios sociales DE SU DOMICILIO (&iquest;no es maravilloso?). Y esta ser&aacute; la nota dominante de todo el texto (de todo el proceso real de petici&oacute;n de ayuda): una carencia total y absoluta de l&oacute;gica, planificada adrede para que el proceso acabe con la paciencia del solicitante o denegado por silencio administrativo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, e investigando por su cuenta ante el Defensor del Pueblo, Beatriz descubre que la infravivienda (chabola, caravana, cueva&hellip;), puede y debe figurar como domicilio v&aacute;lido en el padr&oacute;n, pero son los servicios sociales quienes deben acreditar el &lsquo;sinhogarismo&rsquo; (serpiente que se muerde la cola).
    </p><p class="article-text">
        Avanzando por las p&aacute;ginas conoceremos los parches del sistema, como los albergues, en los que hay rotaci&oacute;n y el indigente sale igual que entr&oacute;, su situaci&oacute;n no ha cambiado absolutamente nada, con lo que se prolongan la pobreza y la estigmatizaci&oacute;n de la misma. En el caso de Carmen buscamos ayudas pensadas para personas EN RIESGO de exclusi&oacute;n. Entonces&hellip; &iquest;qu&eacute; ocurre cuando ya est&aacute;s excluido? A partir de este punto de partida viciado, el procedimiento no puede funcionar en ning&uacute;n momento, ni aunque al final se consiga lo demandado, como se ver&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Comenz&aacute;bamos hablando de esa gente que vac&iacute;a de significado el t&eacute;rmino &lsquo;privilegiado&rsquo;. Ser&aacute; otro de los puntos m&aacute;s destacados del texto la estigmatizaci&oacute;n de la pobreza mencionada anteriormente. Si nos detenemos en cualquier noticia sobre ayuda social a desempleados, inmigrantes, marginados por cualquier causa y, en concreto, en los comentarios a dichas noticias en los diarios digitales, encontraremos hordas de indignados por los millones de euros que (creen) se destinan a estas personas y todas las oportunidades que (creen) tienen y rechazan, porque es m&aacute;s f&aacute;cil tumbarse a vivir de la &lsquo;paguita&rsquo; (ah, &lsquo;paguita&rsquo;, magn&iacute;fico detector de imb&eacute;ciles). Cada caso ser&aacute; &uacute;nico, no obstante Sara Mesa desglosa la vida de nuestra protagonista (Carmen) y cada cap&iacute;tulo de su vida encaja con el anterior. No hay errores ni culpa: la marginalidad es una escalera descendente que sin factores externos es imposible subir. La pseudofilosof&iacute;a de la actitud ante la vida y el emprendimiento es basura para privilegiados (estos de verdad).
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                &#039;Silencio administrativo&#039; de Sara Mesa                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Volviendo a la solicitud, una vez conseguida la acreditaci&oacute;n de &lsquo;sinhogarismo&rsquo; (nos ped&iacute;an contratos de alquiler, facturas, autorizaciones del arrendador, esto es, la Administraci&oacute;n P&uacute;blica realmente cree que en Espa&ntilde;a se declaran los alquileres) conseguimos al fin la cita.
    </p><p class="article-text">
        La cita es dos meses despu&eacute;s, luego dos m&aacute;s para recopilar papeles, informes, etc&hellip; y otros dos para la respuesta final. &iquest;C&oacute;mo sobrevive seis meses una persona en esta situaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Volvemos a la absoluta carencia de l&oacute;gica. Admitido el &lsquo;sinhogarismo&rsquo;, sabiendo la administraci&oacute;n que nuestra solicitante vive y duerme en la calle, &iquest;c&oacute;mo piensan que puede recibir una notificaci&oacute;n, rellenar UN FORMULARIO WEB? El simple hecho de apoyar un papel en el muslo para apuntar un dato que se le da por tel&eacute;fono (suponiendo que, adem&aacute;s de tel&eacute;fono, tenga papel y bol&iacute;grafo) ya es una odisea si vives mendigando con bast&oacute;n y sordera.
    </p><p class="article-text">
        Todo este periplo no est&aacute; exento de las maravillas que narraba Larra en &laquo;Vuelva usted ma&ntilde;ana&raquo; (Sara Mesa hace varias referencias a Dickens y Kafka). Encontraremos que &laquo;certificaci&oacute;n de inscripci&oacute;n padronal colectivo&raquo; no es lo mismo que &laquo;certificado colectivo de historial de domicilios&raquo;. Formularios y jerga que se supone domina nuestra solicitante. Y cada vez que no se cumple un tr&aacute;mite en diez d&iacute;as, el expediente se detiene, cuando no se deniega la solicitud. Obviamente la parte p&uacute;blica si puede retrasar sus plazos sin consecuencia alguna. Como dijimos al principio, toda esta telara&ntilde;a burocr&aacute;tica parece dise&ntilde;ada para hacer desistir al solicitante o denegarse de oficio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante estos meses, Beatriz descubre una renta a la que la solicitante puede aspirar (no era la que en inicio se ped&iacute;a). En ning&uacute;n momento los servicios sociales han informado de ello, del mismo modo que nunca informaron de que se puede &lsquo;regularizar&rsquo; la situaci&oacute;n de &lsquo;sinhogarismo&rsquo; que, recordemos, fue una actuaci&oacute;n casi intuitiva de Beatriz ante el defensor del pueblo. &iquest;Para qu&eacute; sirven, entonces, los servicios sociales? La autora en ning&uacute;n momento duda de la bondad y disposici&oacute;n de estas personas, pero s&iacute; de su formaci&oacute;n y preparaci&oacute;n por parte de la administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y en todo este asunto no se puede esquivar la responsabilidad de los medios, que &iquest;informan? de estas situaciones como algo negativo, pero no por la persona realmente afectada, sino haciendo ver que pueden poner en peligro la paz social, que genera delincuencia, que afea el turismo. De nuevo estigmatizaci&oacute;n del m&aacute;s necesitado, de nuevo titulares sensacionalistas y de nuevo comentarios en prensa digital y redes sociales de &laquo;un pico y una pala les daba yo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y todo esto para que, al final del camino, y s&oacute;lo en el mejor de los casos, se obtenga una renta que s&oacute;lo servir&aacute; para saldar deudas acumuladas, nunca para vivir con dignidad. Porque, sinceramente, traten de imaginarlo: llevan dos a&ntilde;os sobreviviendo en la calle, en albergues, en pisos donde se les ha maltratado f&iacute;sica y psicol&oacute;gicamente, sobreviviendo a golpes de calor en verano y heladas en invierno, a neumon&iacute;as y huesos rotos, a palizas en el suelo, a que te orinen encima&hellip; Y un buen d&iacute;a te levantas, toses sangre y alguien te dice, porque ya no puedes ni insertar la tarjeta ni ver los n&uacute;meros en la pantalla, que tienes 425 &euro; en el banco. Y que los tendr&aacute;s durante cinco meses m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En serio, d&iacute;ganme qu&eacute; se logra con eso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/kafka-laberinto-sinhogarismo-lectura-silencio-administrativo-sara-mesa_132_6137418.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2020 11:33:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Kafka en el laberinto del sinhogarismo: una lectura de 'Silencio administrativo' de Sara Mesa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La literatura de un bombero: una lectura de 'Sobre el fuego', de Larry Brown]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/literatura-bombero-lectura-larry-brown_132_5956422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff003c2a-afb1-40b4-b38d-b61254c56f0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La literatura de un bombero: una lectura de &#039;Sobre el fuego&#039;, de Larry Brown"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Brown describe como nadie la clase trabajadora norteamericana, esta vez desde los ojos de un bombero que aprovecha algunos días libres para cazar, pescar o disfrutar alguna barbacoa con su familia o los amigos, y la mayoría para escribir</p></div><p class="article-text">
        Tengo muy reciente la placentera lectura de 'Dar la cara', por lo que empec&eacute; con ganas y muy buenas vibraciones este nuevo volumen de relatos en castellano de Larry Brown, cortes&iacute;a (de nuevo) de Dirty Works. Y si a esa buena predisposici&oacute;n le sumamos que, en el primer p&aacute;rrafo del pr&oacute;logo de Ron Rash, hablando sobre la tarde en que prologuista y autor se conocieron, me encuentro esta perla: &ldquo;Estuvimos varias horas, mano a mano, invit&aacute;ndonos a cervezas. No me acuerdo mucho de lo que hablamos&rdquo;, pues ya se tratar&iacute;a simplemente de pasar las p&aacute;ginas y disfrutar.
    </p><p class="article-text">
        La sinopsis de la obra puede reducirse a una ecuaci&oacute;n bastante sencilla que, sin embargo, da lugar a 176 p&aacute;ginas sin respiro:
    </p><p class="article-text">
        Metabolismo del bombero = Adrenalina + Todo lo dem&aacute;s
    </p><p class="article-text">
        Con esta premisa, y como en 'Dar la cara', Brown describe como nadie la clase trabajadora norteamericana, esta vez desde los ojos de un bombero que aprovecha algunos d&iacute;as libres para cazar, pescar o disfrutar alguna barbacoa con su familia o los amigos, y la mayor&iacute;a para escribir; mejor dicho: para aprender a escribir un libro. Y vaya si lo consigui&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Brown adoraba su trabajo, que sol&iacute;a comparar con su estancia en los marines por la camarader&iacute;a de todos los que, independientemente de su estatura, fuerza y raza, se enfrentan a un objetivo com&uacute;n dispuestos a dar la vida por &eacute;l (y este objetivo no es otro que el de ayudar a la comunidad). 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip;Estos hombres son como una familia para m&iacute;, y con lo &uacute;nico que se me ocurre relacionarlos es con los Marines, donde todo el mundo, negro, blanco, pardo o tostado, lleva el mismo uniforme y detesta el mismo prop&oacute;sito, una suerte de hermandad. Esto es lo mismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es, en general, una obra cruda y oscura, que cada x p&aacute;ginas brinda al lector un directo al ment&oacute;n como:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Puede que lo peor que haya visto sean los dos beb&eacute;s que murieron abrasados con su abuela hasta quedar reducidos a nada, unos bultos negros carbonizados que tuvimos que recoger con palas de entre los escombros humeantes, o el tipo que segu&iacute;a vivo a pesar de que un cami&oacute;n le hab&iacute;a seccionado por la mitad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de lo emocional (que no emocionante, aunque tambi&eacute;n) que pueda parecer la labor de un bombero, Brown desmiente esta err&oacute;nea idea, ense&ntilde;ando al lector lo estrictamente pr&aacute;ctica que llega a ser su labor (&laquo;a veces uno tiene que mentir para que dejen de pensar que se van a morir&raquo;), llegando a puntos extremos como centrarse, de todas las v&iacute;ctimas, en quienes puedan estar seguros de que van a sobrevivir, pues dedicar tiempo a quien lo tiene todo perdido solo puede dar lugar a m&aacute;s v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quitar el coche de la v&iacute;ctima y no lo contrario. Puedes encontrarte con cualquier cosa. Un auto dado vuelta encima de dos personas, una muerta y otra viva. Un choque de frente, dos muertos y dos vivos, uno en cada veh&iacute;culo. Un coche dado vuelta sobre su costado pegado a un &aacute;rbol, con el conductor atrapado entre el techo y el &aacute;rbol. Un auto en llamas con los ocupantes todav&iacute;a vivos atrapados dentro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Claro que el autor, el bombero, Larry Brown no es de piedra, y teme y duda ante cualquier posibilidad de error, suyo o de alg&uacute;n compa&ntilde;ero. En la obra de Brown lo que no se dice es tan importante como lo que se dice, y esta acumulaci&oacute;n de carga sobre sus hombros que parece inexistente tras p&aacute;ginas y p&aacute;ginas de siniestros y desgracias que el autor parece superar sin apenas inmutarse, se desborda cuando le comunican por tel&eacute;fono que su perro ha fallecido (&eacute;l, a kil&oacute;metros de casa, pensaba que eran su mujer y su hijo quienes estaban gravemente enfermos). Esa escena, que si no recuerdo mal tiene lugar en un aeropuerto, son los puntos suspensivos de la obra, la &uacute;nica tregua que se concede al lector para cerrar el libro unos segundos y asimilar todo lo que el autor arrastra consigo cada d&iacute;a de su existencia. 
    </p><p class="article-text">
        Son 4 los t&iacute;tulos que Dirty Works nos brinda de Larry Brown, y tanto el presente 'Sobre el fuego' como el tambi&eacute;n mencionado 'Dar la cara' son una triple puerta de entrada (a un autor, a una editorial y a un tipo muy particular de narrativa) que invito al lector a atravesar lo antes posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/literatura-bombero-lectura-larry-brown_132_5956422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2020 09:45:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuento (chino) de la literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cuento-chino-literatura_132_1003262.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e57117e-03f4-4576-b7f3-960009a45930_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cuento (chino) de la literatura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una lectura de 'DOCUMENTO 1', de François Blais</p></div><p class="article-text">
        Tess y Jude son dos j&oacute;venes que comparten piso en una ciudad de Quebec llamada Grand-M&egrave;re ('Abuela'). Y de nombre curiosos de lugares va en gran medida, aunque no en su totalidad, esta divertida novela.
    </p><p class="article-text">
        Ambos llevan tiempo viajando sin salir de casa. Gracias a internet descubren pueblos con nombres tan curiosos como 'Feo', 'Chocolate Bayou' o 'Tijeras'. Unos solo se mencionar&aacute;n, y en otros casos conoceremos la historia del nombre, que puede ser una esperp&eacute;ntica an&eacute;cdota o simplemente el capricho de un funcionario con prisas por terminar la reuni&oacute;n (creo recordar, de hecho, que existe un pueblo llamado 'Sin nombre' por esta raz&oacute;n). Adem&aacute;s de esta obsesiva b&uacute;squeda de lugares con nombre poco com&uacute;n &mdash;ser&aacute; 'Bird-in-hand' (P&aacute;jaro en Mano), el pueblo que finalmente decidan visitar&mdash; tambi&eacute;n es muy curioso, a la par que morboso, el tour que los protagonistas nos brindan por los domicilios de todos los condenados por delitos sexuales, donde encontraremos ya no barriadas, sino edificios repletos de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes me cautivaron desde la sinopsis, pues siempre me he sentido atra&iacute;do por la figura del pobre diablo, el antih&eacute;roe y, en suma, la gente del mont&oacute;n (pero de la parte de abajo del mont&oacute;n). Dedica la protagonista el primer cap&iacute;tulo, a modo de introducci&oacute;n, a criticar el uso polarizado que les damos a los adjetivos, pues entre &lsquo;feliz&rsquo; e &lsquo;infeliz&rsquo; existe un amplio abanico de estados en el que se ubica la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n (a la que casi nunca nos cruzamos en la ficci&oacute;n, dicho sea de paso) y para la que no hay calificativo, supongo que porque 'normal' no tiene mayor encanto ni arroja ninguna inc&oacute;gnita. As&iacute; pues, esta es la historia de dos j&oacute;venes normales: ni &lsquo;felices&rsquo;, porque tienen grandes carencias, ni 'infelices', porque les gusta estar como est&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Y en esta normalidad de los protagonistas se sustenta la novela, pues si fueran personas felices no hubieran querido cambiar nada (&iquest;hay novelas, actuales al menos, sobre personas felices? Creo que no, y si las hay deben ser aburrid&iacute;simas), y si fueran infelices hubieran comenzado una odisea buscando su &Iacute;taca particular que podr&iacute;a haber llevado varios tomos e incluso una serie televisiva de varias temporadas. Pero como solo son 'un poquito infelices', deciden que un mes de viaje es suficiente para darle un peque&ntilde;o vuelco a sus anodinas vidas. 
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute; ese mes sigue siendo un tanto ut&oacute;pico, pues Tess es camarera en una bocater&iacute;a y Jude cobra el subsidio de desempleo. Tras barajar y descartar una serie de posibilidades, deciden que la soluci&oacute;n est&aacute; en pedir una subvenci&oacute;n al Ministerio de Cultura para la escritura de un libro sobre el viaje (si esta es la soluci&oacute;n sencilla, podemos imaginar c&oacute;mo eran las desechadas). Para ello utilizar&aacute;n, directa e indirectamente, a los dos paradigmas de escritor: el respetad&iacute;simo por la cr&iacute;tica pero de escasa cifra de ventas y el prol&iacute;fico y adinerado autor de best sellers (vale, hay un amplio espectro entre ambos, pero en este caso la reducci&oacute;n al t&oacute;pico funciona de maravilla, a fin de cuentas es una novela de apenas 200 p&aacute;ginas).
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        Del acad&eacute;micamente respetado necesitan el nombre y la reputaci&oacute;n para la solicitud, y no tienen problema en conseguirlo pues lo conocen en persona y, adem&aacute;s, est&aacute; enamorado de Tess. Del famoso, al que no conocen ni conocer&aacute;n jam&aacute;s, toman la t&eacute;cnica para elaborar un manuscrito meridianamente aceptable (nunca han sido capaces de leer dos p&aacute;ginas seguidas del otro autor, por lo que buscan un modelo de escritura m&aacute;s asequible). Para ello siguen, con alg&uacute;n matiz, los mandamientos del libro 'Consejos a un joven escritor', uno m&aacute;s de los best sellers de este gur&uacute; literario, y uno de tant(&iacute;simo)s manuales de escritura plagados de atajos y lugares comunes que se pueden encontrar en cualquier librer&iacute;a y en internet.
    </p><p class="article-text">
        Encierra toda la novela, pero esta parte de disyuntiva entre autores en concreto, una &aacute;cida cr&iacute;tica al mundo literario que va desde el autor que te regala su libro (me he re&iacute;do mucho con esto, las cosas como son, y mira que yo lo he hecho varias veces &mdash;&iquest;volver&eacute; a hacerlo?&mdash;) hasta los criterios de selecci&oacute;n de manuscritos de las editoriales que, curiosamente, nunca dicen lo que quieren, pero s&iacute; el n&uacute;mero de p&aacute;ginas que ha de tener, el tama&ntilde;o o tipo de fuente y el interlineado (con estas directrices es normal que luego salgan los cat&aacute;logos que salen).
    </p><p class="article-text">
        Por cierto, &iquest;recuerdan la pel&iacute;cula (o pel&iacute;culas) 'Nymphomaniac', de Lars von Trier? La cinta es lo de menos, quisiera centrarme en la promoci&oacute;n de la misma, cuando hizo creer a medio planeta que hab&iacute;a rodado una pel&iacute;cula porno y los cines se llenaron de espectadores que se encontraron una pel&iacute;cula que con el tiempo ser&aacute; de culto (a m&iacute; me encant&oacute;, al menos).
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, aunque parezca que me he alejado bastante del tiesto, comento esto porque lleg&oacute; un punto de la lectura en el que no pude evitar re&iacute;rme recordando esta jugada maestra del realizador dan&eacute;s, pues estamos ante una novela que narra un viaje, al menos as&iacute; se est&aacute; vendiendo / promocionando, y en la p&aacute;gina 162 (de 220) a&uacute;n no hab&iacute;an salido de casa m&aacute;s que para hacer alguna compra y probar el coche. Bien jugado, Fran&ccedil;ois.
    </p><p class="article-text">
        Y bueno, la verdad es que s&iacute; creo que es un libro de viajes que llevar&aacute; al lector a multitud de parajes, y lo har&aacute;, adem&aacute;s, de una forma muy amena, con esa facilidad de lectura y cercan&iacute;a que suelen brindar las novelas narradas por j&oacute;venes 'iletrados' a lo Holden Caulfield, y certeros dardos al mundo editorial (literario, en general), que arrancar&aacute;n muchas sonrisas y alguna carcajada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cuento-chino-literatura_132_1003262.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Feb 2020 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cuento (chino) de la literatura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anarquía en la España vacía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/anarquia-espana-vacia_132_1341725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1db63cbc-5948-4e22-8833-30795309a1db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anarquía en la España vacía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lorenzo toca, entre otros, cuatro de mis temas fetiches en esta magnífica novela: la precariedad laboral, el abuso de poder, el</p><p class="subtitle">postureo</p><p class="subtitle">y, sobre todo, la denominada 'España vacía' (siendo este último el único que esperaba a raíz de la sinopsis de la contracubierta, por lo que la sorpresa ha sido muy grata)</p></div><p class="article-text">
        Uno se enfrenta siempre con miedo a estas lecturas, las de autores con quienes ha disfrutado much&iacute;simo anteriormente y teme que ya no est&eacute;n a la altura. Afortunadamente Santiago Lorenzo no s&oacute;lo mantiene la estela de 'Los millones' o 'Los huerfanitos' (tengo pendiente 'Las ganas') sino que, en mi opini&oacute;n, ha superado el nivel de ambas con 'Los asquerosos'.
    </p><p class="article-text">
        Sin una sola l&iacute;nea de di&aacute;logo (el narrador es un t&iacute;o del protagonista, quien sabe de sus vivencias por una llamada telef&oacute;nica que le hace cada d&iacute;a a las cuatro), Lorenzo toca, entre otros, cuatro de mis temas fetiches en esta magn&iacute;fica novela: la precariedad laboral, el abuso de poder, <em>el postureo</em> y, sobre todo, la denominada 'Espa&ntilde;a vac&iacute;a' (siendo este &uacute;ltimo el &uacute;nico que esperaba a ra&iacute;z de la sinopsis de la contracubierta, por lo que la sorpresa ha sido muy grata).
    </p><p class="article-text">
        Manuel es un protagonista real, muy cre&iacute;ble, con un trabajo donde se estafa sistem&aacute;ticamente a la gente &mdash;en este caso el (falso) departamento de reclamaciones de una compa&ntilde;&iacute;a telef&oacute;nica&mdash; y cuyos emolumentos apenas le dan para llegar a fin de mes, odisea que logra culminar al vivir de alquiler en un &iacute;nfimo estudio propiedad de un individuo que no ha hecho una factura ni declarado una renta en su vida.
    </p><p class="article-text">
        Yo mismo he vivido en varios apartamentos bajo esas condiciones y de verdad que se me saltan las l&aacute;grimas de alegr&iacute;a cuando un escritor recurre a estas sobredosis de realidad, del mismo modo que me llevan los demonios cuando los protagonistas dedican semanas a la resoluci&oacute;n de sus conflictos sin tener que ir a trabajar, hacer la compra, tomar medicamentos porque les duele algo, etc... Esto es algo habitual en la literatura de Lorenzo, quien ya nos brind&oacute; en su d&iacute;a otro protagonista muy similar, el de 'Los millones', narrando y describiendo pormenorizadamente las peripecias de &eacute;ste para llegar a fin de mes con su trabajo de coser etiquetas de marca a camisetas importadas de china: comer a base de caldos elaborados con los huesos de la carne que compraba apenas un par de veces al mes, aprovechar la grasa de esta carne para fabricar jab&oacute;n, diluir lavavajillas y colonias en agua para estirar la vida &uacute;til de ambos productos, dar largos paseos como &uacute;nico hobby, etc...
    </p><p class="article-text">
        En esta situaci&oacute;n se encuentra Manuel cuando se cruza con un agente antidisturbios al que agrede en defensa propia, momento que el autor aprovecha para resumir en un visto y no visto el salto atr&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os que nuestra naci&oacute;n ha dado en materia de derechos y libertades a ra&iacute;z de la aprobaci&oacute;n (y no derogaci&oacute;n, EJ&Eacute;M) de la llamada ley mordaza.
    </p><p class="article-text">
        Es entonces cuando decide esconderse en ese vasto territorio de la piel de toro llamada 'Laponia espa&ntilde;ola' o 'Espa&ntilde;a vac&iacute;a', donde la media habitacional se sit&uacute;a en un habitante por cada ocho kil&oacute;metros cuadrados, dispuesto a sobrevivir con una compra de alimentos b&aacute;sicos y poco m&aacute;s que su t&iacute;o le har&aacute; llegar puntualmente a la casa abandonada que ha ocupado (&iquest;okupado?).
    </p><p class="article-text">
        Si Manuel ya ven&iacute;a siendo un individuo insociable (a su pesar: lo intentaba, pero fracasaba estrepitosamente tanto a la hora de hacer amigos como &mdash;m&aacute;s a&uacute;n&mdash; a la de intentar flirtear con alguna chica), aqu&iacute; se confirmar&aacute;, disfrute mediante, ese car&aacute;cter asocial de su persona, que ahora despuntar&aacute; casi como una virtud. Ser&aacute; cuando descubra, d&iacute;a a d&iacute;a y como reza el t&oacute;pico, que cu&aacute;nto menos tiene, menos necesita, haciendo de la naturaleza su centro comercial, su gimnasio, su lugar de trabajo (que realizar&aacute; por tel&eacute;fono) y hasta su biblioteca (claro que aqu&iacute; pesa mucho el factor suerte, licencias de escritor, pues encuentra una cantidad ingente de libros abandonados).
    </p><p class="article-text">
        Si un lector con mi perfil y mis gustos ya hubiera disfrutado bastante de una novela que se mantuviera en este dique narrativo hasta el final, mucho m&aacute;s a&uacute;n lo he hecho con el giro que el autor brinda al lector inquieto en este punto de dicha y sosiego del protagonista. De este modo, la bendita soledad de Manuel se ve interrumpida por la llegada del peor depredador que ha dado la naturaleza: el ser humano. Esta parte es para m&iacute; la mejor de la novela, pues al margen del ruido y las molestias f&iacute;sicas que esta familia provoca a nuestro protagonista (por ejemplo, el fr&iacute;o: no puede salir humo de la chimenea, nadie debe saber de su existencia), est&aacute; la batalla psicol&oacute;gica a la que se enfrenta. Y es que Manuel, hablando claro, se muere de asco desgajando y analizando cada rasgo de estos individuos a quienes define con una de las muchas palabras que el autor se inventa para la ocasi&oacute;n (lo siento, no tengo el libro delante y no la recuerdo ahora). Ni&ntilde;os y adultos dependientes de palancas, botones y accesorios mec&aacute;nicos absolutamente para todo, que caen continuamente en contradicciones cuyo desentrenado cerebro posiblemente no detecte, como subir al monte &laquo;para desconectar&raquo; y hacerse una foto para las redes sociales (donde uno est&aacute; conectado con miles de personas). Especialmente delirante y de mi agrado es el pasaje en el que Manuel descubre que el ba&ntilde;o tiene un dispositivo para calentar el papel higi&eacute;nico, lo que confirma que el ser humano ha llegado a la Luna por algo.
    </p><p class="article-text">
        Y no cuento m&aacute;s, que me acerco peligrosamente a la l&iacute;nea de spoiler. S&oacute;lo decir que Santiago Lorenzo ha sido uno de mis m&aacute;s dichosos descubrimientos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os y se ha convertido en uno de esos autores que siempre me tienen esperando la siguiente entrega.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/anarquia-espana-vacia_132_1341725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Sep 2019 11:18:15 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Factbook. El libro de los hechos': revolución distópica, criogenización y empresarios ahorcados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/factbook-revolucion-distopica-criogenizacion-empresarios_132_1493264.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dfdb9013-1043-42ef-8a44-273ce0165c17_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Factbook. El libro de los hechos&#039;: revolución distópica, criogenización y empresarios ahorcados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diego Sánchez Aguilar ha pulsado el botón que nadie encontraba creando una distopía sobre el cimiento de leyes reales y vigentes a día de hoy</p><p class="subtitle">Gran acierto también del autor me ha parecido la selección y el confrontamiento de las tres voces reflejo, a su vez, de las tres realidades que convergen en toda crisis</p></div><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s instalado en una eterna crisis econ&oacute;mica con la que se quiere justificar todo tipo de sacrificios, la corrupci&oacute;n y la impunidad dominan la vida pol&iacute;tica, y la resignaci&oacute;n y el miedo se han apoderado de la gente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el cuerpo del Presidente de la CEOE aparece ahorcado en un toro de Osborne, Rosa se debate entre el instintivo horror por la violencia y el deseo de que ese asesinato se convierta en el detonante de la revoluci&oacute;n. Este es el punto de partida de 'Factbook. El libro de los hechos' (Candaya, 2018) y tambi&eacute;n uno de los muchos dilemas &eacute;ticos que se suceden en la novela, invitando al lector a replantearse sus convicciones y a preguntarse qu&eacute; ha hecho, qu&eacute; pod&iacute;a haber hecho y qu&eacute; est&aacute; haciendo.
    </p><p class="article-text">
        En este mundo dist&oacute;pico conviven una cl&iacute;nica ilegal de criog&eacute;nesis en La Manga del Mar Menor, una clandestina red social (Factbook) cuyos miembros incitan a la rebeli&oacute;n a trav&eacute;s de la objetividad de los hechos y los datos, grupos terroristas con nombres de banda de rock, agentes que vigilan y controlan las redes sociales en busca de conspiraciones y enemigos del sistema&hellip; A pesar de su apariencia fant&aacute;stica, Factbook es, sobre todo, un l&uacute;cido an&aacute;lisis, nada complaciente ni nost&aacute;lgico, de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os de la sociedad espa&ntilde;ola y de toda una generaci&oacute;n: aquella que vivi&oacute; el 15M como un punto de inflexi&oacute;n que parec&iacute;a abrir una puerta hacia algo que no se sab&iacute;a bien qu&eacute; era.
    </p><p class="article-text">
        Tres voces (y s&oacute;lo tres, no hay di&aacute;logo ni interacciones) dan cuerpo a una compleja historia sobre nuestro presente, situando la acci&oacute;n en un no muy lejano y algo dist&oacute;pico futuro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Rosa, profesora de instituto, activista pr&aacute;ctica y muy activa en el pasado, quien hoy apenas opina mediante 'likes' en redes sociales, e incluso de esa manera tan indirecta y tangencial tiene miedo de hacerlo por esperp&eacute;nticas leyes (vigentes en nuestra actual realidad) que atacan la libertad de expresi&oacute;n con absurdos argumentos sobre seguridad ciudadana y terrorismo.
    </p><p class="article-text">
        Gustavo, guionista y expareja de Rosa, quien espera en un hotel abandonado de La Manga del Mar Menor para someterse a lo que podr&iacute;amos llamar una 'criogenizaci&oacute;n activa', esto es, no va a esperar a morir por causas naturales para ser congelado. Los m&eacute;todos de la empresa que har&aacute; esto posible se asemejan m&aacute;s a los de una secta que a los de un servicio m&eacute;dico (si acaso la criogenizaci&oacute;n se pudiera considerar como tal).
    </p><p class="article-text">
        La tercera voz responde a una entrevista (cuyas preguntas no se nos muestran) sobre la investigaci&oacute;n cibern&eacute;tica &mdash;algo as&iacute; como un cuerpo de polic&iacute;a-inform&aacute;tica&mdash; iniciada a ra&iacute;z de las muertes, todas seg&uacute;n el mismo patr&oacute;n (cuerpos que aparecen ahorcados en toros de Osborne) de relevantes representantes de la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a mundial.
    </p><p class="article-text">
        Rosa vive casi por inercia. Sin apenas ilusi&oacute;n, pasa las tardes mirando las torres inclinadas desde su ventana, con la esperanza de verlas caer o explotar. Activista muy comprometida en su pasado, ha visto como los ciudadanos han ido perdiendo sus derechos m&aacute;s elementales y, lo peor, c&oacute;mo se ha normalizado esa p&eacute;rdida paulatina de libertad (de expresi&oacute;n, de pensamiento, de acci&oacute;n) ante la desasosegante pasividad de todos los actores del sistema. Por primera vez en mucho tiempo, hay algo que logra captar su atenci&oacute;n e inter&eacute;s: reconocidos l&iacute;deres econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos comienzan a ser asesinados y, junto a los cad&aacute;veres, aparece el texto 'FACTBOOK'. Rosa hace tiempo que no se deja enga&ntilde;ar por los medios que insisten en ofrecer la cara m&aacute;s humana de los muertos, record&aacute;ndolos siempre como padres, como hijos, como personas que hicieron mucho bien a la patria, obviando la miseria y los suicidios que de sus actos se derivaron. Rosa no olvida y no siente ninguna l&aacute;stima por ellos, pero calla sus sentimientos por miedo a represalias legales. Rosa firma numerosas peticiones en Change.org. Firmaba, dice, en pasado, luego es posible que tambi&eacute;n haya dejado de creer en eso. Un d&iacute;a, Rosa recibe un mensaje en su ordenar: &ldquo;ha sido usted invitada a unirse a Factbook&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gustavo escribe algo parecido a un diario retrospectivo sobre su vida a petici&oacute;n de la empresa de criogenizaci&oacute;n, como parte del 'proceso'. Repasa sus a&ntilde;os de ni&ntilde;o bien, donde aparentaba cierta actitud alternativa &mdash;real en parte, sus intereses art&iacute;stico-culturales eran muy distintos a los de la mayor&iacute;a&mdash;, pero siendo, a la hora de la verdad, el hijo de un prospero empresario al que mantuvieron hasta bien entrada la treintena. Con el tiempo ser&iacute;a guionista de dos series de &eacute;xito, facilonas y pr&aacute;cticamente vac&iacute;as de contenido, para contentar al espectador medio con di&aacute;logos de bar y hacer que este asumiera el d&iacute;a a d&iacute;a que le hab&iacute;a tocado en suerte vivir. Dos series que conformaban todo un ideario a favor de la apat&iacute;a y contra la revuelta social. Como ya se ha dicho, durante aquellos d&iacute;as de &eacute;xito era pareja de Rosa.
    </p><p class="article-text">
        La tercera voz anda a vueltas con Factbook, esa anti-red social (no hay nombres, no hay fotos, no hay v&iacute;deos) donde s&oacute;lo se publican datos: qu&eacute; ha consumido una persona durante el d&iacute;a, cu&aacute;nto le ha costado, d&oacute;nde lo ha comprado, cu&aacute;nto gana el trabajador que le ha atendido y el due&ntilde;o de la empresa&hellip; En ocasiones, aparece la lista de empresas privadas a las que se inyect&oacute; un dinero p&uacute;blico que nunca se recuper&oacute;, qui&eacute;n las dirig&iacute;a, qui&eacute;n, desde el Gobierno, dio el visto bueno a las operaciones, cu&aacute;nto patrimonio posee un empresario que, oficialmente, est&aacute; en quiebra y no puede pagar a sus trabajadores&hellip; Todos los ahorcados hab&iacute;an tenido su 'estado de Factbook'.
    </p><p class="article-text">
        Diego S&aacute;nchez Aguilar ha pulsado el bot&oacute;n que nadie encontraba creando una distop&iacute;a sobre el cimiento de leyes reales y vigentes a d&iacute;a de hoy, y esto creo que ser&aacute; lo que sit&uacute;a a esta novela en una suerte de pedestal del que nunca bajar&aacute;, convirti&eacute;ndose (espero) en una futura referencia del g&eacute;nero social.
    </p><p class="article-text">
        Gran acierto tambi&eacute;n del autor me ha parecido la selecci&oacute;n y el confrontamiento de las tres voces &mdash;que no llegan a interactuar, todo lo m&aacute;s son recuerdos comunes de Rosa y Gustavo&mdash; reflejo, a su vez, de las tres realidades que convergen en toda crisis: los de arriba a la derecha (en este caso el polic&iacute;a o funcionario que afirma que &ldquo;todo el mundo es un terrorista en potencia&rdquo;, rol con el que tambi&eacute;n identificamos a gobiernos y grandes empresarios); los de abajo a la izquierda, con Rosa como portavoz de quienes han sido despojados ya no s&oacute;lo de sus bienes f&iacute;sicos, sino tambi&eacute;n de sus derechos, de su dignidad; y los llamados equidistantes (que siempre inclinan la balanza hacia el primer grupo, pues son totalmente est&eacute;riles para cualquier intento de cambiar las cosas) encarnados en el desencantado, casi nihilista, pero bien situado Gustavo, heredero claro de la narrativa de Houellebecq.
    </p><p class="article-text">
        Parec&iacute;a imposible cuando apareci&oacute; 'Nuevas teor&iacute;as sobre el orgasmo femenino', pero Diego S&aacute;nchez Aguilar lo ha vuelto a hacer, brind&aacute;ndonos (a m&iacute;, al menos) una de las mejores lecturas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/factbook-revolucion-distopica-criogenizacion-empresarios_132_1493264.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Jun 2019 16:15:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Factbook. El libro de los hechos': revolución distópica, criogenización y empresarios ahorcados]]></media:title>
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      <title><![CDATA[`Illska. La maldad´, Eiríkur Örn Norddahl]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/illska-maldad-eirikur-orn-norddahl_132_1624562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db1a98bc-4fa8-43d8-af54-1d66bdf31e69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="`Illska. La maldad´, Eiríkur Örn Norddahl"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta es la historia (de amor) de Agnes y Ómar, que se encuentran una gélida madrugada en el centro de Reikiavik. Ella, obsesionada con el Holocausto, estudia el auge de los populismos xenófobos en Europa. Él, un filólogo islandés, malvive con trabajos precarios</p><p class="subtitle">Esta es también la historia (de deseo) de Agnes y Arnór. A ella ya la conocemos. Él es un neonazi cultivado y dialogante, al que Agnes entrevista para su tesis. Toda la autoestima que le falta a Ómar la tiene Arnór</p><p class="subtitle">Esta es, sin duda, la historia de la infancia de Arnór. Y la de su anillo vibrador para el pene</p><p class="subtitle">Esta es, por desgracia, la historia del pueblecito lituano de Jurbarkas, donde en 1941 los colaboracionistas locales, amparados por el ocupante nazi, masacraron a todos los judíos de la aldea. Allí vivían los cuatro bisabuelos de Agnes. Dos eran judíos y dos, ejecutores</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si &laquo;la novela &lsquo;que explica&rsquo; el auge de la ultraderecha europea&raquo; es del todo acertado. Esta presentaci&oacute;n, que es la que m&aacute;s veo en redes y cualquier medio que haga menci&oacute;n al libro, es cierto que cumple la funci&oacute;n de todo slogan: da una idea bastante aproximada de lo que encierran las p&aacute;ginas y capta la atenci&oacute;n del potencial lector. Pero, aunque hay bastantes salpicaduras de ensayo en esta novela, yo creo que m&aacute;s que explicar, describe, nos sit&uacute;a directamente en ese escenario. Cierto es que los tres personajes principales tienen su flashback (dos en su propia piel, y Agnes en la de sus bisabuelos) que pueden sentar las bases de este presente tan poco esperanzador, pero creo que una de las cosas m&aacute;s destacables de la novela es precisamente lo que desmonta el slogan: no explica, muestra, y no da respuestas, sino que ayuda a hacerse las preguntas adecuadas. Dicho lo cual quiero dejar claro que me ha parecido una novela estupenda tanto en la forma como en el fondo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la forma, cuando se trata de un texto de 640 p&aacute;ginas, es primordial. La novela est&aacute; estructurada a modo de puzle, con cap&iacute;tulos no muy largos compuestos de peque&ntilde;os fragmentos donde se alternan los tiempos y las voces de los protagonistas, la de un narrador omnisciente de la novela y la de un segundo narrador que contextualiza el presente (aquellas salpicaduras de ensayo que mencionaba antes). En el &uacute;ltimo tercio interviene incluso la voz-pensamiento de un beb&eacute; a modo de bisagra. Esta estructura, un lenguaje muy cercano y el tratamiento de hechos que m&aacute;s o menos todos conocemos por m&aacute;s que miremos hacia otro lado, hacen que las 640 p&aacute;ginas vayan pasando casi con la naturalidad de una conversaci&oacute;n cara a cara.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Entrando ya en la historia, el eje principal es el tri&aacute;ngulo (que no termino de ver como &laquo;amoroso&raquo;, afortunadamente) entre Agnes, &Oacute;mar y Arnor.  Agnes es una islandesa jud&iacute;a descendiente de lituanos que estudia el auge de los populismos (de los nazis, hablando claro, que ya est&aacute; bien de dar rodeos) para su tesis; &Oacute;mar, un fil&oacute;logo al que la crisis de 2008 ha golpeado fuerte y alterna per&iacute;odos en paro con el reparto de pizzas; Arnor, un activista y te&oacute;rico de la extrema derecha. Como digo, me parece injusto reducir a &laquo;tri&aacute;ngulo amoroso&raquo; una batalla, tanto en el plano f&iacute;sico como en el ps&iacute;quico, de egos, miedos y frustraciones de este calibre.
    </p><p class="article-text">
        Orbitan esta trama principal, como se ha dicho, el pasado de los implicados. El ni&ntilde;o con madera de l&iacute;der y unas inclinaciones intelectuales impropias de un infante que acabar&iacute;a teorizando las bondades de la patria, la tradici&oacute;n y otros mantras de la extrema derecha; el adolescente introvertido hijo de padres separados que acabar&iacute;a paseando su tortura interior por toda Europa; y los testigos (de ambos bandos) de la masacre de jud&iacute;os en Jubarkas, Lituania, donde nazis y nacionalistas lituanos mataron a 2000 personas en 1941.
    </p><p class="article-text">
        Toda esta amalgama se remata con una suerte de final multidimensional que pone la guinda al pastel de una lectura inc&oacute;moda (en el mejor sentido), llamada a remover conciencias y a no dejar indiferente a nadie (perd&oacute;n por el t&oacute;pico, pero en este caso es cierto).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/illska-maldad-eirikur-orn-norddahl_132_1624562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Mar 2019 11:19:40 +0000]]></pubDate>
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