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    <title><![CDATA[elDiario.es - César Fernández-Quintanilla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cesar_fernandez-quintanilla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - César Fernández-Quintanilla]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La agricultura en el siglo XXI: ¿verdugo, víctima o nodriza?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cienciacritica/agricultura-xxi-verdugo-victima-nodriza_132_1619929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cbf7eb22-4d72-4888-9bb3-7c7dc88bd8a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La agricultura en el siglo XXI: ¿verdugo, víctima o nodriza?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La agricultura es percibida por muchos como una actividad explotadora que destruye recursos naturales y contamina, como un verdugo del medio ambiente, y datos como su utilización del 70% del agua de consumo humano apoyan esta visión</p><p class="subtitle">Pero la agricultura ha permitido disminuir la desnutrición y la pobreza extrema en un 50% en los últimos 20 años a pesar del importante crecimiento de la población mundial.</p><p class="subtitle">La agricultura, nodriza de la humanidad, juega el papel de verdugo pero es a la vez víctima del cambio ambiental. Debemos pensar colectivamente cómo aliviar la presión sobre la agricultura promoviendo comportamientos personales y procesos industriales alternativos que incrementen la eficiencia con la que nos alimenta</p></div><p class="article-text">
        La sociedad actual, mayoritariamente urbana y cada vez m&aacute;s alejada del mundo rural, tiene serios problemas para <strong>entender lo que pasa en el campo</strong>. Y cuando hablamos de &ldquo;el campo&rdquo; no nos referimos a esas zonas en las que la naturaleza est&aacute; m&aacute;s o menos bien conservada y puede ser objeto de atractivas excursiones y paseos. Nos referimos a ese enorme porcentaje de tierras dedicadas a la producci&oacute;n de cultivos o pastos, un 50% a nivel de Espa&ntilde;a y un 37% a nivel mundial. En general, vivimos de espaldas a lo que ocurre en ese &aacute;mbito rural del que depende nuestra manutenci&oacute;n. Mucha gente percibe la agricultura como una <strong>actividad explotadora que destruye</strong> recursos naturales y contamina el medio ambiente. Otros la ven&nbsp; como una actividad buc&oacute;lica, en contacto con la naturaleza, alejada del ajetreo de las ciudades. Ni lo uno ni lo otro. Como suele ser el caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, la agricultura es un &aacute;vido consumidor de recursos renovables y no renovables y una fuente de numerosos impactos ambientales: agua, suelo, combustibles f&oacute;siles, fertilizantes, plaguicidas. A comienzos de este siglo la agricultura empleaba <strong>el 70% de toda el agua </strong>utilizada en el mundo. En muchos de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres, el agua empleada en agricultura ya llega al 90%. Se estima que el agua destinada al riego aumentar&aacute; un 14% para 2030 por lo que &nbsp;la escasez de agua resultante de una mayor demanda y de una menor disponibilidad por el cambio clim&aacute;tico ser&aacute; cada vez mayor y en algunas regiones llegar&aacute; a limitar totalmente la producci&oacute;n de alimentos. En un reciente <a href="https://www.unenvironment.org/resources/global-environment-outlook-6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe global sobre la salud del planeta</a>, las Naciones Unidas indican que la calidad del agua ha empeorado significativamente desde 1990 debido a la contaminaci&oacute;n org&aacute;nica y qu&iacute;mica ocasionada por, entre otros, los fertilizantes, los plaguicidas y los metales pesados. Por otro lado, la fertilidad de los suelos se va perdiendo como consecuencia de la realizaci&oacute;n de pr&aacute;cticas agrarias inapropiadas y de la consiguiente erosi&oacute;n h&iacute;drica y e&oacute;lica. S&oacute;lo en Andaluc&iacute;a se ha estimado que casi un mill&oacute;n de hect&aacute;reas est&aacute;n sometidas a unas&nbsp;<a href="http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal_web/ima/2014/ima2014/files/assets/basic-html/index.html#1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">p&eacute;rdidas de suelo</a> altas o muy altas. En lo referente al cambio clim&aacute;tico<strong>, </strong><strong>la agricultura es un importante emisor</strong> de CO2, N2O y metano, tres de los principales gases de efecto invernadero. Por otro lado hay que considerar la preocupante situaci&oacute;n de los humedales, un elemento clave en la lucha contra el <strong>cambio clim&aacute;tico</strong>. El desarrollo de la agricultura, y en concreto la agricultura de regad&iacute;o, se considera la causa principal de la reducci&oacute;n de estos valiosos ecosistemas. Todos estos hechos nos ofrecen, a primera vista, la imagen de la agricultura como un peligroso <strong>verdugo</strong> del medio ambiente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, se trata de un verdugo que <strong>da de comer a 7.500 millones</strong> de personas y del que esperamos pueda seguir dando de comer a los 10.000 millones que vivir&aacute;n en el planeta dentro de treinta a&ntilde;os. Aunque no esperamos estar por aqu&iacute; para esa fecha, nos gustar&iacute;a que nuestros hijos y nietos no tuvieran la desagradable sensaci&oacute;n de acostarse con el est&oacute;mago medio vac&iacute;o. La verdad es que, hasta el momento, este verdugo ha sido bastante h&aacute;bil para ir satisfaciendo nuestras necesidades a pesar de que no paramos de crecer. Durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas los avances cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos de la agricultura han permitido <strong>un crecimiento continuo en la producci&oacute;n de alimentos</strong>.&nbsp;<a href="http://www.fao.org/3/i9553en/i9553en.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El consumo de alimentos por persona</a> y d&iacute;a ha crecido r&aacute;pidamente en pr&aacute;cticamente todos los pa&iacute;ses del mundo, mejorando el bienestar de nuestra especie. En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os la desnutrici&oacute;n y la pobreza extrema en el mundo se han reducido un 50%. <a href="http://www.fao.org/3/i9553en/i9553en.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sin embargo, estas tendencias se pueden romper como consecuencia del cambio clim&aacute;tico</a>. Las estimaciones actuales indican que <strong>la producci&oacute;n agraria disminuir&aacute;</strong> hasta un 25% en grandes zonas de &Aacute;frica, en el suroeste de Asia y en el sur de Estados Unidos y M&eacute;jico. <strong>El verdugo es a su vez v&iacute;ctima</strong> del desarrollo de una sociedad cada vez m&aacute;s urbana y tecnificada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre los a&ntilde;os 2001 y 2009 un 70% de los incrementos en la producci&oacute;n agraria fueron debidos a la&nbsp;<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">mejora en la productividad de los insumos</a> utilizados, correspondiendo el 30% restante al mayor uso de insumos y de tierras de cultivo. Dado que no es deseable ni incrementar m&aacute;s la intensidad de uso de los insumos ni las superficies de cultivo, solo queda una opci&oacute;n: seguir mejorando la productividad de los insumos. En otras palabras, <strong>producir m&aacute;s con menos</strong>. Ya tuvimos ocasi&oacute;n de desarrollar este aspecto cuando hablamos de la <a href="https://www.eldiario.es/cienciacritica/Agricultura-ecologica-convencional-produccion_agricola-sufato_de_cobre-monocultivo-salud_6_522207776.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">agricultura ecol&oacute;gica</a>. Para aumentar la eficiencia con la que se producen alimentos en un determinado campo de cultivo disponemos de dos potentes herramientas: la biotecnolog&iacute;a y las nuevas tecnolog&iacute;as digitales y geoespaciales. Pero el uso y desarrollo de algunas de estas tecnolog&iacute;as genera <strong>un intenso debate social</strong>. El uso de cultivos modificados gen&eacute;ticamente (&ldquo;transg&eacute;nicos&rdquo;) y el empleo de tecnolog&iacute;as CRISPR en mejora gen&eacute;tica ha sido muy criticado por poderosos grupos medioambientales, estando pr&aacute;cticamente prohibido dentro de la Uni&oacute;n Europea. El empleo de m&aacute;quinas inteligentes, robots y an&aacute;lisis masivo de datos (<em>big data</em>) puede suponer una reducci&oacute;n en el n&uacute;mero de trabajadores agrarios, especialmente en explotaciones con mucha carga laboral no especializada. A pesar de que estos avances pueden permitir aumentar la productividad de los cultivos y combatir el hambre en el mundo, la sociedad actual, desvinculada del mundo rural y cada vez m&aacute;s recelosa de los avances t&eacute;cnicos, tiene serios <strong>problemas para aceptar estos cambios</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si consideramos nuevamente las necesidades alimentarias de los 10.000 millones de personas que poblar&aacute;n el mundo en 2050 tenemos que aceptar que habr&iacute;a que incrementar al menos un 60% la producci&oacute;n global de alimentos para satisfacer dichas necesidades. Pero hay otras v&iacute;as a explorar tambi&eacute;n.&nbsp;<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Modificar los h&aacute;bitos en la dieta alimentaria</a> y reducir las p&eacute;rdidas y desperdicios de alimentos son dos formas de mejorar la <strong>eficiencia alimentaria</strong> de la humanidad. El cambio a <strong>una dieta sana y sostenible</strong> requiere una reducci&oacute;n personal promedio de m&aacute;s de un 50% en el consumo de alimentos no saludables, tales como la carne roja y el az&uacute;car, y m&aacute;s de un 100% de aumento en el consumo de alimentos saludables tales como frutos secos, fruta, verdura y legumbres.&nbsp;&nbsp; Este cambio personal e individual podr&iacute;a <strong>contribuir en un 70% a reducir el impacto</strong> medioambiental global de la agricultura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dentro de todo este debate resultan especialmente relevantes las opiniones de dos de los cient&iacute;ficos que m&aacute;s nos han influido en nuestra vida profesional. <strong>Ram&oacute;n Margalef</strong>, el padre de la ecolog&iacute;a en Espa&ntilde;a, escribi&oacute; en su famoso libro de texto hace ahora justo treinta a&ntilde;os: &ldquo;<em>Probablemente no se pueden conservar comunidades maduras m&aacute;s que en &aacute;reas muy limitadas y se habr&aacute; de dirigir la explotaci&oacute;n de la Naturaleza continuando con los actuales criterios de rendimiento. Por ejemplo, maximizar el grano que pueden dar los cereales&hellip;&rdquo;.</em> Por su parte <strong>Norman Borlaugh</strong>, premio Nobel de la Paz y padre de la revoluci&oacute;n verde, afirmaba que: &ldquo;&hellip;<em>el mundo posee la tecnolog&iacute;a -bien disponible en este momento o bien muy avanzada en t&eacute;rminos de investigaci&oacute;n- para alimentar a una poblaci&oacute;n de 10.000 millones de personas en un contexto de medio ambiente sostenible.</em><em> La cuesti&oacute;n m&aacute;s relevante en la actualidad es si los agricultores podr&aacute;n llegar a utilizar estas nuevas tecnolog&iacute;as. Los movimientos radicales de defensa del medioambiente en los pa&iacute;ses ricos est&aacute;n haciendo aparentemente todo lo que pueden para detener el progreso cient&iacute;fico</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[César Fernández-Quintanilla, Fernando Valladares]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Apr 2019 20:59:03 +0000]]></pubDate>
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