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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Óscar López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_oscar_lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Óscar López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Rosario Villajos, escritora: "Quería embrutecerme escribiendo y es más fácil cuando no te conoce nadie"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/rosario-villajos-queria-embrutecerme-escribiendo_1_1561056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd86defc-a4f3-4cec-a738-da9b8dddaa2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosario Villajos, escritora: &quot;Quería embrutecerme escribiendo y es más fácil cuando no te conoce nadie&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De esa perdedora que tenía que mentir diciendo que tenía treinta y dos años para encontrar habitación en Londres nació</p><p class="subtitle">, que fue una verdadera terapia de aceptación para mí</p><p class="subtitle">¿Me permites soñar un poco? Imagina un mundo donde no exista la familia tradicional, donde los niños que nacen en un vecindario son, por decirlo de algún modo, de todos o están al cuidado de todos</p><p class="subtitle">Creo que ya nos hemos convertido (como si de una religión se tratase) en el individualismo, en el súper autoanálisis, en echar la culpa a los demás de cómo somos y en el independentismo de cualquier cosa que no nos guste</p></div><p class="article-text">
        Rosario Villajos debuta en la novela con <em>Ramona </em>(Mrs. Danvers, 2019), la historia autobiogr&aacute;fica de un personaje, Ramona Ucelay, que acaso se parezca bastante a la propia autora (o acaso no). En realidad, Villajos ya hab&iacute;a publicado una primera obra narrativa, la excelente novela gr&aacute;fica, <em>Face</em> (Ponent Mon, 2017), y ambas historias tienen mucho en com&uacute;n. En <em>Face</em>, la protagonista, llamada igual que el volumen, carece precisamente de rostro; la autora, a trav&eacute;s de las vivencias de Face en Londres, aborda el tema de la identidad y su problem&aacute;tica conformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Ramona</em> podemos considerar que se aborda este mismo tema de la identidad, solo que ampliando bastante el contexto: aqu&iacute; el periodo biogr&aacute;fico abordado es bastante m&aacute;s extenso, y los personajes que rodean a la protagonista se multiplican considerablemente en n&uacute;mero. Si en la primera novela de Rosario Villajos dominan las emociones y la soledad, en la segunda el personaje protagonista se halla rodeada continuamente de otros personajes, muchas veces (casi siempre) a su pesar, y el tono que domina la historia es carnavalesco, cuando no directamente esperp&eacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        Huelga decir que ambas novelas son completamente independientes la una de la otra, pero este lector encuentra muy estimulantes ciertos caminos comunes y a la vez divergentes (cruzados, en fin) entre ambas obras: En <em>Face</em> queda claro que el personaje es la propia autora, y sin embargo carece de rostro; en Ramona, jugando quiz&aacute;s m&aacute;s a la pura invenci&oacute;n, el personaje s&iacute; tiene un rostro bien definido (o dicho de otro modo: tiene una personalidad apabullante, uno de los elementos que m&aacute;s hacen disfrutar de la novela). Charlamos con Rosario de cara a las presentaciones de Ramona en la Regi&oacute;n (viernes 10, a las 20 horas, en La Monta&ntilde;a M&aacute;gica de Cartagena junto a Jos&eacute; &Oacute;scar L&oacute;pez, s&aacute;bado 11, a las 12 horas, en Libros Traperos de Murcia junto a Miguel &Aacute;ngel Hern&aacute;ndez).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ramona da la impresi&oacute;n de ser el resultado de una investigaci&oacute;n muy viva. &iquest;Ten&iacute;as todo muy claro, antes de ponerte a escribir, o se ha tratado m&aacute;s bien de reflejar ese proceso de investigaci&oacute;n, digamos, en torno a la identidad?</strong><em>Ramona</em>
    </p><p class="article-text">
        Pues supongo que un poco de las dos cosas. Sab&iacute;a que quer&iacute;a que mi personaje tomara forma a trav&eacute;s de las peripecias o las cosas que le pasaba, incluso en cuanto a lo f&iacute;sico. Por ejemplo, sabemos que su pelo es rizado porque alguien se lo cepilla en casa para que parezca liso o que tiene las caderas anchas porque eso es lo que le dice su vecina. En cuanto a investigar la identidad, yo siempre digo que mis textos son m&aacute;s listos y m&aacute;s r&aacute;pidos que yo, as&iacute; que a medida que iba escribiendo se me iba apareciendo su forma de ser.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En Face das a entender claramente que la protagonista y la autora son la misma persona. En Ramona, sin embargo, te has inventado a otro personaje, con su propio apellido y hasta su propio perfil en Facebook.</strong><em>Face</em> <strong>&iquest;Ha sido una forma de darte mayor libertad a la hora de fabular, de inventar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, quer&iacute;a embrutecerme escribiendo y es m&aacute;s f&aacute;cil cuando no te conoce nadie, sobre todo personas que consideran que soy una persona &ldquo;dulce&rdquo;. No s&eacute;, me daba verg&uuml;enza escribir en general, pues imag&iacute;nate escribir sin pudor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El empe&ntilde;o de Face es querer ser normal, tener un rostro. Ramona, por el contrario, se puede entender como un comentario &aacute;cido (por decirlo de forma suave) a esa normalidad. Los personajes que tratan de actuar m&aacute;s apegados a una supuesta &ldquo;normalidad&rdquo;, m&aacute;s estandarizada socialmente, son de hecho los que salen peor parados, como el padre de Ramona y los absurdos privilegios que se concede, como padre, a s&iacute; mismo. Y bueno: las maestras de la guarder&iacute;a, las monjas y curas, los vecinos, los novios y exnovios, los compa&ntilde;eros de piso.</strong> <strong>Qu&eacute; raros somos todos, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que Ramona escribe para descubrir si es una cobarde o si tiene complejo de superioridad, pero ni de una forma ni otra se considera a s&iacute; misma normal y tiene que disimular porque quiere lo mismo que ella cree que tienen los dem&aacute;s, una &ldquo;vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los numerosos personajes que rodean a Ramona comparten un espacio, un extrarradio andaluz que a veces parece un lejano oeste sin reglas. Despu&eacute;s pienso en el Londres donde vive Face y todo me encaja. En la gris Inglaterra, Face anda falta de identidad. En el desbordante extrarradio espa&ntilde;ol de los 80, Ramona va m&aacute;s bien sobrada de ella.</strong> <strong>&iquest;Es imposible sobrevivir a nuestro pa&iacute;s sin este exceso &mdash;divertid&iacute;simo en tu novela&mdash; de personalidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que sucede lo contrario, cuanto m&aacute;s te abraces a la discreci&oacute;n, a hacer lo mismo que todo el mundo, m&aacute;s f&aacute;cil ser&aacute; tu supervivencia. Yo en Londres era una &ldquo;looser&rdquo;: cerca de cuarenta, compartiendo pisos en los que siempre hab&iacute;a ratones, sin pareja (o con extra&ntilde;as parejas) y casi sin amigos a los que acudir cuando ten&iacute;as un mal d&iacute;a porque la mayor&iacute;a de la gente con la que tienes una conversaci&oacute;n trascendental a las dos de la ma&ntilde;ana est&aacute; de paso, y los dem&aacute;s, ya tienen su vida hecha, que casualmente tiene forma de familia tradicional en la que supongo que no me apetec&iacute;a embarcarme a toda costa. De esa perdedora que ten&iacute;a que mentir diciendo que ten&iacute;a treinta y dos a&ntilde;os para encontrar habitaci&oacute;n en Londres naci&oacute; <em>Face</em>, que fue una verdadera terapia de aceptaci&oacute;n para m&iacute; y con la que me volv&iacute; a Espa&ntilde;a debajo del brazo (y en esta l&iacute;nea es cuando suena &ldquo;Goodbye Stranger&rdquo; de Supertramp).
    </p><p class="article-text">
        <strong>El anecdotario que manejas en Ramona es asombroso por su variedad, su exageraci&oacute;n y su hilaridad irresistible (aunque estas an&eacute;cdotas abren al lector a posteriores reflexiones m&aacute;s serias). &Uacute;ltimamente est&aacute;n como muy de moda las banderitas en los balcones de nuestros vecinos; pero,</strong><em>Ramona</em> <strong>tras leerte, a uno le queda la convicci&oacute;n de que la &uacute;nica construcci&oacute;n pendiente que nos queda, y bastante urgente, es la de nosotros mismos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estar&iacute;a bien esa construcci&oacute;n, pero me encantar&iacute;a que fuera comunitaria. Estamos en un momento de individualismo supino, vemos claramente que tampoco nos hace felices y algunos se aprovechan y vienen a enga&ntilde;ar a la gente dici&eacute;ndoles que pongan banderitas en los balcones para sentirse parte de algo, que es una cosa tan tonta como cuando vemos<em> Juego de Tronos</em> para tener de qu&eacute; hablar con los dem&aacute;s o decimos que nos gusta Rosal&iacute;a y el saber que le gusta a mucha gente te hace sentir menos bicho.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Me permites so&ntilde;ar un poco? Imagina un mundo donde no exista la familia tradicional, donde los ni&ntilde;os que nacen en un vecindario son, por decirlo de alg&uacute;n modo, de todos o est&aacute;n al cuidado de todos. Imag&iacute;nate qu&eacute; libertad tanto para los peque&ntilde;os, que tambi&eacute;n se hartan de sus adultos, como para sus padres biol&oacute;gicos, que podr&aacute;n hacer una escapada a Groenlandia sin llevar a un beb&eacute; incordiando al resto de pasajeros del avi&oacute;n durante cinco horas. Todo el mundo estar&iacute;a acostumbrado a atender a un beb&eacute;, por ejemplo, todos sabr&iacute;amos lo que es ser madre y padre sin que nos tenga que correr la misma sangre por las venas. Suena ut&oacute;pico, porque lo es.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo al presente: creo que ya nos hemos convertido (como si de una religi&oacute;n se tratase) en el individualismo, en el s&uacute;per autoan&aacute;lisis, en echar la culpa a los dem&aacute;s de c&oacute;mo somos (v&eacute;ase <em>Ramona</em>), y en el independentismo de cualquier cosa que no nos guste, por muy absurda que sea, y da la impresi&oacute;n de que no hay vuelta de tuerca, solo vuelta atr&aacute;s, es decir, vuelta a pensar que nuestro pasado fue mejor, pero, si hurgamos un poco en la propia basura (v&eacute;ase <em>Ramona</em> otra vez), sabemos de sobra que eso no es verdad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Óscar López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/rosario-villajos-queria-embrutecerme-escribiendo_1_1561056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 May 2019 10:36:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rosario Villajos, escritora: "Quería embrutecerme escribiendo y es más fácil cuando no te conoce nadie"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Murcia,Cartagena]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[`Fantasmas de la ciudad´, Aitor Romero Ortega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/fantasmas-ciudad-aitor-romero-ortega_132_1589631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aac5b58b-7073-4b6d-a7c2-79a5f9c26f72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="`Fantasmas de la ciudad´, Aitor Romero Ortega"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La colectividad que denominamos ciudad figura como fondo en todos los relatos, pero el protagonismo de todos ellos lo detentan voces narradoras inmersas en momentos críticos, de huida o de reencuentro con ellos mismos y con los demás</p><p class="subtitle">La Historia se comunica con nosotros a través de la aparición de sus residuos, sus fantasmas. Todo proceso de madurez conlleva acaso un ser cada vez más fantasmático</p></div><p class="article-text">
        Aitor Romero Ortega ha escrito en `Fantasmas de la ciudad&acute;(Candaya, 2018) un libro de relatos poblado por personajes que a veces no saben si est&aacute;n preparados para salir a la calle, pero finalmente salen, pasean, viajan y se mueven todo el tiempo, aunque tambi&eacute;n tiendan a la quietud y ese movimiento sea sobre todo pensamiento y afectos, los tanteos de la inteligencia y de la sensibilidad mientras empezamos a movernos de verdad por el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Si aplicamos al cuento un tema propio de la novela, el de la <em>Bildungsroman</em>, creo que el autor no solo ha conseguido una gran unidad formal entre todas las historias, sino que ha terminado por armar un libro de relatos sobre la madurez. La colectividad que denominamos ciudad figura como fondo en todos los relatos, pero el protagonismo de todos ellos lo detentan voces narradoras inmersas en momentos cr&iacute;ticos, de huida o de reencuentro con ellos mismos y con los dem&aacute;s, mientras terminan de construirse como individuos; en la constante confrontaci&oacute;n individual y afectiva con la ciudad de uno o en el resto de ciudades, sean cuales sean; una confrontaci&oacute;n cada vez m&aacute;s irreal y quiz&aacute;s tambi&eacute;n m&aacute;s solitaria, con otra forma nueva de soledad.
    </p><p class="article-text">
        La idea de la ciudad y su emoci&oacute;n; la forma en que la emoci&oacute;n de una ciudad nos acompa&ntilde;a al crecer, junto con otros elementos importantes o azarosos que acaban construy&eacute;ndonos. Los propios mitos y referencias que uno contemple no son m&aacute;s que fantasmas que pasan un instante por nuestro lado y dejan su m&iacute;nima historia, su relato.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me llam&oacute; la atenci&oacute;n que la gran literatura realista del XIX se desarrollase justo cuando el mundo y su gran geograf&iacute;a dejaba de ser fuente inagotable de descubrimientos. Con el c&eacute;nit del g&eacute;nero, ya en la segunda mitad del siglo, los novelistas abordar&aacute;n la &uacute;ltima frontera por investigar: lo humano y su circunstancia, en el espacio naturalizado como gozne o pliegue entre la intimidad y la colectividad; la ciudad es el espacio de lo humano y su acontecer,  por ello el positivismo aplic&oacute; el microscopio la convirti&oacute; en su campo de estudio.
    </p><p class="article-text">
        Tras los procedimientos de vanguardia de la ficci&oacute;n del s. XX y la deconstrucci&oacute;n paralela heredada en el pensamiento, solo podemos concluir que nuestro mundo es cada vez m&aacute;s diminuto y modesto, apenas insignificante. Nadie ha dicho esto recientemente como Roberto Bola&ntilde;o en `Los detectives salvajes&acute;, con esos protagonistas embarcados en sus particulares regresos a casa, un hogar que m&aacute;s all&aacute; de los libros que leen est&aacute; en ninguna parte, en medio del desierto, en un cuadrado que desaparece de la p&aacute;gina. `Los detectives salvajes&acute; bien podr&iacute;a ser una de las historias m&aacute;s quijotescas del sue&ntilde;o de las vanguardias hist&oacute;ricas y su tradici&oacute;n, escrita por alguien que crey&oacute; en ese viaje y sali&oacute; a desfacer entuertos. Enrique Vila-Matas, caballero de la orden de Finnegans y otro gran narrador de las derivas urbanas, interiores y literarias, tambi&eacute;n creaba, algunos a&ntilde;os antes, su vanguardia imaginaria y personal en `Historia abreviada de la literatura port&aacute;til&acute;.
    </p><p class="article-text">
        De ambos maestros se acuerda uno leyendo `Conexi&oacute;n Montserrat&acute;, el primer &mdash;o segundo&mdash; relato de `Fantasmas de la ciudad&acute; de Aitor Romero Ortega. Lo protagonizan algunos autores de la vanguardia art&iacute;stica y pol&iacute;tica de las primeras d&eacute;cadas del siglo XX que se convierten en perfectos personajes a trav&eacute;s de sus an&eacute;cdotas generadas a su paso por Barcelona: Arthur Cravan, el extravagante novelista de &eacute;xito, viajero y pugilista improvisado; Trotski o el tr&aacute;gico fin de una era en que todo fue posible, tras la revoluci&oacute;n.
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        Barcelona es la ciudad del autor y tendr&aacute; mucho protagonismo; de all&iacute; son varios de los narradores y el lector siente el amor inmediato por esta ciudad en el libro, como espacio real, biogr&aacute;fico, pero tambi&eacute;n cultural, literario, m&iacute;tico y cambiante. Romero Ortega se enfrenta a un considerable desaf&iacute;o, abordar una ciudad que ha generado tanta literatura de primer nivel. Precisamente, una de las joyas de este libro es el relato `La colmena, un cuento popular urbano&acute;, ambientado en la Barcelona de posguerra que ya abordasen Laforet, Mars&eacute; y tantos otros maestros, y que relata la veros&iacute;mil historia del `Kubalita&acute; con esa extra&ntilde;a melancol&iacute;a de la mejor l&iacute;rica narrativa popular; yo he recordado, mientras lo le&iacute;a, a Serrat y su `Romance de Curro el Palmo&acute;.
    </p><p class="article-text">
        Otras ciudades cobran importancia, o est&aacute;n all&iacute; en el momento en que sucede, a trav&eacute;s de sus biograf&iacute;as, el crecimiento y madurez de los distintos personajes. Como hemos mencionado, hay  viajes constantes en el libro, de una a otra ciudad, y sin embargo &mdash;as&iacute; lo coment&oacute; el autor en la presentaci&oacute;n de su libro en Cartagena, en la librer&iacute;a La Monta&ntilde;a M&aacute;gica&mdash; no se puede decir de los personajes que sean viajeros. Simplemente se desplazan. Chambery, Par&iacute;s, Madrid, Buenos Aires, una hacienda en la Pampa, Bosnia; en estas y otras ciudades leeremos historias como una b&uacute;squeda del padre como viaje interior; un periplo por Francia y Espa&ntilde;a que acaba en Latinoam&eacute;rica, con una trama que involucra la realizaci&oacute;n de una pel&iacute;cula de terror y la aventura de su exhibici&oacute;n; ejemplos oscuros de bohemia en la vida cultural, que se encarnan en sombras cercanas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n encontramos un gran homenaje a Julio Cort&aacute;zar con `El aeropuerto del sur&acute;, donde la demora del no-lugar por excelencia de nuestros d&iacute;as, la de los aeropuertos, se convierte en una pesadilla que evidencia la demora del individuo, su car&aacute;cter incompleto, la angustia que nos acompa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Como afirma Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo en su &uacute;ltimo ensayo, `Teor&iacute;a general de la basura&acute;, el &Aacute;ngel de la Historia ya no se desplaza en el sentido en que describ&iacute;a Walter Benjamin, sino en el contrario: hacia los escombros, los residuos que la Historia deja a su paso. La deriva, uno de los temas constantes del libro, se nos sirve con aires de uno de los &uacute;ltimos maestros en esta disciplina, W. G. Sebald, en el &uacute;ltimo relato, `Puentes de Bosnia&acute;, para recordar a la pareja protagonista un callej&oacute;n sin salida, una de las &uacute;ltimas pesadillas de nuestro pasado.
    </p><p class="article-text">
        El fantasma es aquello que se nos aparece. La Historia se comunica con nosotros a trav&eacute;s de la aparici&oacute;n de sus residuos, sus fantasmas. Todo proceso de madurez conlleva acaso un ser cada vez m&aacute;s fantasm&aacute;tico. Y la escritura puede dar parte de ese proceso cuando es parte de &eacute;l. Aitor Romero Ortega lo hace con una voz convincente, segura y personal para tejer el presente constante y problem&aacute;tico, a ratos espectral, en que vivimos a diario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Óscar López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/fantasmas-ciudad-aitor-romero-ortega_132_1589631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Apr 2019 10:04:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[`Fantasmas de la ciudad´, Aitor Romero Ortega]]></media:title>
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