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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alfonso García-Villalba]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alfonso_garcia-villalba/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alfonso García-Villalba]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Begoña Méndez, escritora: “Esa voz que le ha sido negada a las mujeres y a los parias es la misma que le ha sido sustraída al Mar Menor”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/begona-mendez-escritora-voz-historicamente-le-sido-negada-mujeres-parias-le-sido-sustraida-mar-menor_1_10021430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6fc53b75-f70b-4ba5-b9e0-606445fa35c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Begoña Méndez, escritora: “Esa voz que le ha sido negada a las mujeres y a los parias es la misma que le ha sido sustraída al Mar Menor”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como ya sucediera en Autocienciaficción para el fin de la especie (H&O Editores, 2022), Begoña Méndez articula un discurso sugerente y evocador en el que ideas aparentemente poco afines se engarzan y tejen con el desastre medioambiental</p></div><p class="article-text">
        Cuando llegas a <em>Lodo </em>(Lengua de Trapo, 2023) no sabes el grado en que, como lector, te vas a enfangar. Entras en sus p&aacute;ginas y ya con los primeros pasos sientes que el cieno va m&aacute;s all&aacute; de los tobillos, de las rodillas. Se te mete dentro: en la boca, bajo el plexo solar, en la conciencia (sobre todo ah&iacute;).&nbsp;Y en este completo lodazal en el que se habla de muchas y muchas cosas aparte del ecocidio del Mar Menor, poco es lo que se salva y queda en pie. Como ya sucediera en <em>Autocienciaficci&oacute;n para el fin de la especie</em> (H&amp;O Editores, 2022), Bego&ntilde;a M&eacute;ndez articula un discurso sugerente y evocador en el que ideas aparentemente poco afines se engarzan y tejen con el desastre medioambiental. Tal vez &eacute;sa sea una de las marcas que definen la literatura de la autora: la hiperconexi&oacute;n (y una dial&eacute;ctica que te golpea y te hace estar despierto en cada giro, a cada paso de p&aacute;gina). Aprovecho su visita a Murcia este s&aacute;bado (12h., en Libros Traperos) para entrevistarla a prop&oacute;sito de este libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En </strong><em><strong>Lodo</strong></em><strong> reflexionas, entre otras cosas, en torno a la clase trabajadora alienada en vacaciones pagadas del (o por el) Imserso o sobre el exterminio diario de catorce mil cerdos en El Pozo. Sin olvidarte de hablar acerca de cuerpos ultrajados y mujeres a las que nadie habla o escucha. Y, a decir verdad, lo realmente fascinante y perturbador es el modo en que, en determinado momento, identificas todo lo anterior con La Manga y el Mar Menor. Al fin y al cabo, en tu libro, La Manga y el Mar Menor no son m&aacute;s que todo ese proletariado marioneta, todos esos cerdos en el matadero o esos cuerpos degradados sobre los que escribes. &iquest;En qu&eacute; momento sientes que es inevitable para ti equiparar tales elementos con la degradaci&oacute;n de la laguna?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un sistema capitalista que sienta sus bases en la acumulaci&oacute;n, la productividad, el control de los deseos, la invenci&oacute;n de necesidades que empujan al consumo y la explotaci&oacute;n de cuerpos. A partir del momento en que la conciencia ecol&oacute;gica te revela que los territorios son entidades vivas o sistemas-cuerpo en muchos casos expoliados y relegados a una consideraci&oacute;n meramente instrumental me parece natural establecer esos paralelismos con cualquier ecosistema da&ntilde;ado. Los viajes del Imserso tienen algo de obsceno o de perverso: siento que de alg&uacute;n modo han secuestrado a los jubilados su derecho al descanso y al ocio, entendido como una actividad creativa, liberadora y ajena a la productividad, la necesidad y el lucro. Me parece que los han instrumentalizado para seguir produciendo / alimentando la maquinaria del turismo, sobre todo el de temporada baja. Los instan a la hiperactividad y al consumo o, lo que es lo mismo, a atiborrarse de experiencias y alimentos que no necesitan (el espect&aacute;culo del bufet libre de los hoteles tiene algo de <em>La Grande Bouffe</em>, la pel&iacute;cula de Marco Ferreri); del mismo modo, a los campos de Cartagena y al Mar Menor los han obligado a acumular nutrientes que sus organismos no necesitan y que son incapaces de metabolizar. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, los cerdos sacrificados en las macrogranjas son vidas que solo importan para ser exterminadas y convertirlas en negocio c&aacute;rnico, exactamente igual que ocurre con la laguna y las tierras transformadas en campos de regad&iacute;o: cuerpos violentados sistem&aacute;ticamente para ser servir al gran negocio alimentario. En todo caso, proletarios sometidos a un mismo programa diet&eacute;tico / ideol&oacute;gico, ah&iacute; donde proletario significa clase social cosificada, entidad colectiva definida por la disponibilidad de sus cuerpos al servicio del lucro, es decir, reducida a un activo que produce; esa es exactamente la misma reducci&oacute;n a que ha sido sometido el sistema lagunar y su entorno. Creo que hay una pregunta esencial que funda la posibilidad de una acci&oacute;n pol&iacute;tica y que es &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;?&rdquo;, un interrogante que supone considerar al otro como un sujeto con derecho a existir y capaz de responder; pues bien, esa voz que hist&oacute;ricamente le ha sido negada a las mujeres y a los parias es la misma voz que le ha sido sustra&iacute;da al Mar Menor y, en general, a todos los ecosistemas explotados del planeta. 
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                &#039;Lodo&#039; de Begoña Méndez                            </span>
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        <strong>En </strong><em><strong>Lodo</strong></em><strong> hay mucho de memoria. De recuerdos que tal vez sean pura fantas&iacute;a, por ejemplo. Es curioso que el nombre cient&iacute;fico del caballito de mar sea hipocampo. Curioso porque el hipocampo, como una de las principales estructuras del cerebro humano, desarrolla funciones muy relevantes en relaci&oacute;n con la memoria. En determinado momento pareci&oacute; obvio que el movimiento ciudadano surgido en defensa del Mar Menor se sirviera casi desde el principio del caballito de mar como s&iacute;mbolo, sobre todo por su presencia en la laguna (en modo fantasma y Guadiana cada vez m&aacute;s). &iquest;Crees que, tal vez, haya cierta amnesia colectiva en relaci&oacute;n con este ecocidio, algo as&iacute; como una memoria ficcional dentro de la sociedad? &iquest;Se ha mirado hacia otro lado durante a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que existe una suerte de conciencia ecol&oacute;gica tambi&eacute;n desde las derechas, pero se trata de una conciencia eminentemente nost&aacute;lgica y hundida en la exaltaci&oacute;n de la patria y del para&iacute;so perdido que es muy peligrosa, porque desactiva nuevos modos de pensar y de ocupar el mundo. No hay pasado al que regresar, sino un futuro por habitar, un futuro que pasa por pensar otros v&iacute;nculos con la tierra, nuevas formas de usar el mundo sin apropiarse de &eacute;l y sin consumirlo. El caballito de mar es un s&iacute;mbolo hermos&iacute;simo que moviliza la conciencia de la p&eacute;rdida, pero que tiene el peligro, como todo s&iacute;mbolo, de hacer desaparecer al animal real, una vida vulnerable y en peligro de extinci&oacute;n por causas antropoc&eacute;ntricas, un ser agonizante, un animal moribundo como moribundo es el ecosistema donde mora. No se trata de exhalar suspiros melanc&oacute;licos, sino de buscar soluciones reales a problemas reales. Por supuesto que no impugno la necesidad que las personas tienen de sentirse afligidas ante un entorno ayer luminoso y hoy devastado, lo que digo es que desde ese lugar pocas cosas pueden hacerse por asegurar la supervivencia de La Manga del Mar Menor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En alg&uacute;n momento del libro haces hincapi&eacute; en el modo en que las tierras de secano pr&oacute;ximas al Mar Menor, han sido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas transformadas en regad&iacute;os como si de un kibutz delirante y no planificado se tratara. Incides en las consecuencias que ello ha tenido en la aniquilaci&oacute;n de la laguna. Escribes sobre la falta de sed o sobre el miedo y la codicia y las plantas desaladoras o acerca de pozos de aguas subterr&aacute;neas completamente esquilmados y agotados. Hablas del &ldquo;imperio humano de c&aacute;lculo y consumo&rdquo; y hablas, tambi&eacute;n, sobre el miedo al desierto. &iquest;Qu&eacute; nos sucede que, como especie, parecemos no adaptarnos al territorio que habitamos? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que hay mucho de colonialismo en el proceso de degradaci&oacute;n de la laguna, en el sentido de que en el Mar Menor y su cuenca se ha instaurado un r&eacute;gimen pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de extracci&oacute;n y sobreexplotaci&oacute;n de los suelos por parte de empresas privadas for&aacute;neas, pero tambi&eacute;n locales, que ha sido posible gracias a la connivencia de las distintas administraciones p&uacute;blicas tanto estatales como regionales. La transformaci&oacute;n del secano al regad&iacute;o intensivo ha sido un delirio, s&iacute;, pero un delirio, me parece, bastante bien planificado. Me resulta aberrante que en un territorio semi&aacute;rido las lluvias se hayan convertido en un enemigo, y no en una bendici&oacute;n, a causa de su transformaci&oacute;n a regad&iacute;o intensivo. Parad&oacute;jicamente, el miedo al desierto, emblema de las zonas invivibles, de territorios inhumanos y amenazantes, ha provocado una mayor desertizaci&oacute;n de los suelos y ha dado lugar a una laguna que ya no ofrece alimentos ni veranos apacibles, sino aguas putrefactas y asentamientos urbanos cada vez m&aacute;s degradados y poco aptos para la vida humana. Ese es &ldquo;el imperio humano de c&aacute;lculo y de consumo&rdquo; del que hablo en <em>Lodo</em>: una concepci&oacute;n del planeta como tierra de extracci&oacute;n, una actividad humana que gasta, que destruye y que extingue. 
    </p><p class="article-text">
        Yo no soy cient&iacute;fica ni experta en ciencias medioambientales, solo soy escritora. Y como escritora me gusta imaginar una especie humana que, como el resto de especies, usa el mundo sin agotarlo y sin apropiarse de &eacute;l. El antropocentrismo, esa pulsi&oacute;n de ser los amos y los se&ntilde;ores de la tierra que habitamos, es lo que <em>Lodo </em>pretende se&ntilde;alar como forma de terror y acto de violencia, una agresi&oacute;n que hiere a todos, incluidos a los humanos, y que no beneficia a nadie a largo plazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro crea una atm&oacute;sfera desgarrada y desesperanzada. Y hablas sobre el modo en que el Mar Menor es id&eacute;ntico a un cuerpo que es violentado y envenenado. Maltratado, sometido, ignorado. A lo largo del texto, tu propio cuerpo y tu conciencia o tus emociones&nbsp;parecen haberse contagiado por todo este martirio sistem&aacute;tico. &iquest;Has descubierto algo del g&eacute;nero humano a lo largo de la redacci&oacute;n de </strong><em><strong>Lodo</strong></em><strong> que hasta ahora desconocieras?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El fango mancha, el lodo se agarra a la piel y a la ropa, en &eacute;l se hunden los cuerpos, en &eacute;l se hundieron mis pies. Es imposible sustraerse de la experiencia del barro corrompido, de su olor, de su textura, de la picaz&oacute;n que provoca, mientras que a tu alrededor los flamencos luchan por seguir se&ntilde;oreando la laguna. Claro que mi cuerpo y mi conciencia y tambi&eacute;n mis emociones se afligieron y se sintieron unidos al martirio de la laguna. La escritura del libro ha contribuido a que mi conciencia ecol&oacute;gica se haya hecho m&aacute;s honda, sobre todo gracias a mis conversaciones con personas que, desde la militancia ciudadana, trabajan no solo para dar a conocer el maltrato sistem&aacute;tico que sufre la albufera, sino tambi&eacute;n, sobre todo, para movilizar conciencias y cuerpos y tratar de otorgar a la laguna y a las tierras que la circundan la dignidad que merecen y mantenerlas con vida. 
    </p><p class="article-text">
        Salgo de este libro, pese al tono desesperanzado, con cierta fe recuperada en lo colectivo; por ejemplo, me parece un milagro que la ILP para dar al Mar Menor la consideraci&oacute;n de persona jur&iacute;dica con derecho a existir y a ser protegida se haya aprobado. Es una figura preciosa con una potencia brutal, ya que la laguna pasa de ser un mero objeto a ser un sujeto biol&oacute;gico, ambiental, cultural y espiritual. El salto del antropocentrismo al ecocentrismo me parece fundamental para comprender la vida en el siglo XXI. Pese a esto que te digo, sigo pensando que los humanos somos carniceros, una especie que abusa y que asesina en su propio beneficio sin ofrecer nada a cambio de esos sacrificios. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y sobre ti? &iquest;Has experimentado, durante el trabajo de documentaci&oacute;n del libro y tus idas y venidas a Murcia por tal motivo,&nbsp;algo en ti misma que a&uacute;n fuera una inc&oacute;gnita?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Lodo</em> es un ejercicio de indagaci&oacute;n pol&iacute;tica, pero es adem&aacute;s una b&uacute;squeda personal sobre qu&eacute; significa para m&iacute; tener una pata murciana (mi familia paterna procede de distintos lugares de Murcia y del campo de Cartagena. Mi padre, sin ir m&aacute;s lejos, naci&oacute; en Fuente &Aacute;lamo, aunque vive en Mallorca desde ni&ntilde;o). A lo largo de la investigaci&oacute;n, de mis visitas a Murcia y tambi&eacute;n de mi escritura he descubierto que mi herencia murciana es sobre todo un enorme sentimiento de desarraigo. He heredado su condici&oacute;n migrante. No me siento de ning&uacute;n lado o no, por lo menos, de un modo patrio. Sin embargo, he aprendido a amar mejor los territorios que me acogen y en los que vivo, he descubierto que se pueden establecer v&iacute;nculos afectivos muy fuertes con tierras ajenas, que amar un fragmento del planeta significa interrogarlo, transitarlo y habitarlo para conocerlo mejor. Que somos con los entornos un mismo sistema-cuerpo y que es importante conocer su historia, indagar en las huellas que el tiempo inscribe en ellos. <em>Lodo</em> me ha servido tambi&eacute;n para sentir que he recuperado mis lazos con Mallorca, la isla que me vio nacer, en la que he residido la mayor parte de mi vida y de la que me he sentido desvinculada durante bastante tiempo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2023 10:15:13 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Ani Galván, escritora: "Abrir las puertas de lo privado puede forjar lazos con la historia colectiva"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/ani-galvan-escritora-abrir-puertas-privado-forjar-lazos-historia-colectiva_1_9799466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20a1f74f-ab10-4695-88e1-36333f8ece1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ani Galván, escritora: &quot;Abrir las puertas de lo privado puede forjar lazos con la historia colectiva&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Educación de una cortesana' (Torremozas, 2022) ha sido premiado con el Carmen Conde de poesía en su última edición</p></div><p class="article-text">
        Ani Galv&aacute;n (Murcia, 1992) presenta este s&aacute;bado 17 de diciembre, a las 12.30h y en Libros Traperos, Murcia, <em>Educaci&oacute;n de una cortesana </em>(Torremozas, 2022), poemario que ha sido premiado con el Carmen Conde de poes&iacute;a en su &uacute;ltima edici&oacute;n. <em>Educaci&oacute;n de una cortesana </em>es un libro deslumbrante que, en su propia estructura, tiene una dimensi&oacute;n tanto f&iacute;sica como sentimental. En sus versos tienen cabida tanto la frustraci&oacute;n como la liberaci&oacute;n y, tal y como afirma la propia autora, hay tambi&eacute;n &ldquo;un poso de gratitud y reconocimiento&rdquo;. Seguramente Ani Galv&aacute;n querr&aacute; disimular la relevancia de esta <em>Educaci&oacute;n de una cortesana</em>, pero probablemente su apuesta po&eacute;tica es de las m&aacute;s sugerentes que podamos encontrarnos ahora mismo, una propuesta que se mueve dentro de la penumbra aunque no deja de lado la posibilidad del resplandor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vamos a jugar. Ten en cuenta que en este juego tus respuestas no tienen por qu&eacute; ser verdaderas, con pretensi&oacute;n realista o testimonial, autobiogr&aacute;ficas, personales&hellip; Aqu&iacute; lo importante es lo cre&iacute;ble, no la verdad. As&iacute; que te puedes inventar las respuestas mientras se atengan al principio de verosimilitud, &iquest;de acuerdo? Empecemos pues. &iquest;Crees en la poes&iacute;a como una forma de la ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo en la poes&iacute;a como una forma de la imaginaci&oacute;n. Si la ficci&oacute;n entra dentro de los caminos de esa imaginaci&oacute;n, tal vez s&iacute; lo sea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En uno de tus poemas se puede leer:</strong><em><strong> &ldquo;esta no ha sido una historia de amor entre tu cuerpo y el m&iacute;o / acaso una historia de amor entre mis palabras y las tuyas&rdquo;</strong></em><strong>. &iquest;Es l&iacute;cito confundir cuerpo y lenguaje?</strong>
    </p><p class="article-text">
        L&iacute;cito, no s&eacute;. Pero s&iacute; es habitual, a menudo. Despu&eacute;s de todo, hablamos de los gestos como de algo que se descifra, de las manos como algo que se lee&hellip; el cuerpo se nos aparece como un instrumento al servicio de un prop&oacute;sito (el mensaje), que se oculta de alguna manera. Me interesa ese cuerpo mist&eacute;rico y matem&aacute;tico, y explorar las muchas formas de desvelarlo, descodificarlo (incluso destruirlo); de ponerlo en relaci&oacute;n con otros cuerpos. Siempre vuelvo a ese maravilloso pensamiento de Barthes: &ldquo;el lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y ya que hablamos lenguaje y de ficciones (y fricciones) y, en definitiva, de historias: &iquest;por qu&eacute; &ldquo;</strong><em><strong>s&oacute;lo las leyendas y las mentiras permanecen</strong></em><strong>&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque, tras el acontecimiento, nos quedan la imagen y el relato. Ambos vinculados a ideales, recuerdos, expectativas, imprecisiones&hellip; lo que somos permea en lo vivido y lo deforma (o, &iquest;quiz&aacute;, lo conforma?). Es un asunto complejo eso de la barrera entre realidad y ficci&oacute;n. Si dicha barrera existe (no lo tengo tan claro), es, sin duda, bastante endeble. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En tu poema &ldquo;Un p&aacute;ramo&rdquo; dices: &ldquo;</strong><em><strong>no te quedas pero me incitas / a dormir con dulzura / de quien me sabe a salvo en el sue&ntilde;o&rdquo;. </strong></em><strong>&iquest;Crees que el sue&ntilde;o y la poes&iacute;a son familia? &iquest;Es el sue&ntilde;o un lugar en el que estar a salvo? [&iquest;Y la poes&iacute;a?]</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si entendemos los sue&ntilde;os al estilo freudiano (deseos reprimidos), son lo contrario a un lugar seguro: el deseo evidencia, desestabiliza y confronta nuestros l&iacute;mites. Algo no necesariamente malo, pues esos l&iacute;mites tambi&eacute;n desatan las aspiraciones, las teor&iacute;as&hellip; de nuevo, los juegos de la imaginaci&oacute;n. En esa delicia que es el <em>Diccionario de s&iacute;mbolos, </em>Cirlot se refiere a los sue&ntilde;os como &ldquo;portadores de verdades ocultas concernientes a la vida profunda de la psique&rdquo;, y se&ntilde;ala c&oacute;mo algunas culturas les otorgaban un valor premonitorio. Quiz&aacute; podr&iacute;amos decir que el sue&ntilde;o y el poema se parezcan a eso: a una premonici&oacute;n. Tan ciertos como inciertos, tan promesa como amenaza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es el sue&ntilde;o un lugar oscuro o luminoso entonces?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un lugar fronterizo entre ambos. &iquest;La penumbra, tal vez? Que, por otra parte, es la clase de lugar que m&aacute;s me atrae transitar, al menos en la escritura. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Indudablemente hay penumbra dentro de tus textos. Sin embargo, en ciertos poemas presentes en </strong><em><strong>Educaci&oacute;n de una cortesana</strong></em><strong> se puede tropezar con cierto l&eacute;xico relacionado con la luz. Sucede as&iacute;, por ejemplo, en &ldquo;Un ritual de Sama&iacute;n&rdquo;. Palabras como cirio, llama, fulgor, el verbo encender, etc. aparecen en sus versos. Y en &ldquo;Una sentencia&rdquo; hablas sobre </strong><em><strong>&ldquo;habitar resplandores&rdquo;</strong></em><strong>. Si el s&iacute;mbolo digamos que establece una correspondencia entre una realidad o un concepto espiritual para hacer referencia a otra cosa, &iquest;a qu&eacute; har&iacute;a referencia el resplandor o (si lo prefieres) la luz en este poemario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Puede que sea una de las met&aacute;foras m&aacute;s obvias; a estas alturas es dif&iacute;cil resignificar algo como la luz. Desde luego, no creo que est&eacute; en mi pluma conseguirlo. &iquest;Acaso la luz puede remitir a otra cosa que no sea a s&iacute; misma? Partiendo de esto, mis referencias son cristianas, inevitablemente. La luz apunta a la trascendencia: la luz es Dios, en la luz est&aacute; Dios (I Juan 1:5-7). Es una luz cuyo fin &uacute;ltimo es iluminar al otro, darse al otro. Como dice el Evangelio de Lucas (8:16): <em>Nadie enciende una l&aacute;mpara para despu&eacute;s cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama, sino para ponerla en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz. </em>
    </p><p class="article-text">
        Siempre he entendido el amor como la voluntad de compartir esa luz (o su resplandor, quiz&aacute; sea lo &uacute;nico a lo que podamos aspirar). Tengo un tatuaje a prop&oacute;sito de esta idea, una vela encendida. Cuando me lo hice, se me ven&iacute;a a la mente todo esto, pero tambi&eacute;n los versos de Pizarnik: <em>Antes fue una luz / en mi lenguaje nacido / a pocos pasos del amor</em>. Esa correspondencia entre el encender/arder/resplandecer con el creer/hablar/amar (aunque sea torpe, limitada, erradamente en ocasiones), es la que atraviesa el libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por otra parte, en diferentes poemas parece haber una mayor presencia del desencanto y la voz po&eacute;tica llega a afirmar: </strong><em><strong>&ldquo;yo pondr&eacute; rumbo al bosque de niebla&rdquo;</strong></em><strong>. &iquest;Cu&aacute;l es (por decirlo de alguna forma) el balance de este libro? &iquest;En qu&eacute; lado de La Fuerza se queda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por seguir la gal&aacute;ctica analog&iacute;a, creo que mi cortesana ser&iacute;a algo as&iacute; como Anakin Skywalker antes de sucumbir al lado oscuro: inflinge ciertos da&ntilde;os, enfrenta deseos inc&oacute;modos, tienta algunos l&iacute;mites movida por la curiosidad de saber hasta d&oacute;nde llegan; se ve tentada a dejarse arrastrar por ciertos dolores, ciertas furias. Pero no acaba de quebrarse del todo y sigue enarbolando la posibilidad de la ternura y la sorpresa. Se inclina hacia la incertidumbre de ser qui&eacute;n es, e incluso la abraza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y pregunto esto porque, por ejemplo, hay ciertos versos que transmiten perfectamente el desenga&ntilde;o: </strong><em><strong>&ldquo;el del amante es tacto indiferente / virar&aacute; hacia otra herida con astucia&rdquo;</strong></em><strong>. Un desenga&ntilde;o que, en ocasiones, se ti&ntilde;e de cierta frivolidad, pero una frivolidad que, desde mi punto de vista, va m&aacute;s all&aacute; de la superficialidad y que es, m&aacute;s bien, todo lo contrario: una suerte de respuesta y actitud vital ante el desconsuelo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el caso de ese poema, ese viraje final del amante para esquivar la herida puede tener una lectura ambivalente: puede ser mera indiferencia, pero tambi&eacute;n deferencia. Hay algo de elegancia en pasar por la herida ajena con discreci&oacute;n, omiti&eacute;ndola sin recrearse ni se&ntilde;alarla; permitiendo que sea ella la que se confiese a s&iacute; misma cuando lo decida. 
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, el desenga&ntilde;o s&iacute; forma parte de la trayectoria de la cortesana, del mismo modo del que forma parte del discurso amoroso. Y es un desenga&ntilde;o en dos actos. Uno: reconocer la posibilidad de que el amante no me ame como yo necesito ser amada (bien por desconocimiento, por naturaleza o por elecci&oacute;n). Dos: ante ese amor desencajado, escoger mi respuesta (adaptaci&oacute;n, confrontaci&oacute;n, ruptura&hellip;). A la postre, la cortesana se aproxima al desconsuelo desde el interrogante: &iquest;qu&eacute; hacer con ese dolor? &iquest;Construir a partir de &eacute;l, desterrarlo? La madurez es, descubre, la ineludible carga de escoger. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si profundizamos un tanto m&aacute;s en torno a estas ideas, podr&iacute;amos decir que el desenga&ntilde;o llega a transmitirse de forma rotunda y demoledora en versos como:</strong><em><strong> &ldquo;Nadie a mi alrededor repara en tu huella&rdquo;</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, volvemos a la importancia de los relatos. En la p&eacute;rdida del amante, la cortesana descubre un nuevo matiz de dolor: desde fuera, nadie es consciente del peso de esa ausencia cotidiana con la que convive. Esta soledad le resulta conflictiva: si lo vivido s&oacute;lo es real para los amantes, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando el otro desaparece? En soledad, &iquest;lo vivido pierde estatus de realidad? 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En l&iacute;neas generales (y aunque pueda sonar contradictorio para quien no haya le&iacute;do el libro o incluso para ti o para m&iacute;), tambi&eacute;n se percibe una suerte de fe y confianza, hacia la realidad (&iquest;o hacia una misma?). As&iacute; ocurre, sin ir m&aacute;s lejos, en &ldquo;Una amazona&rdquo; donde dices que </strong><em><strong>&ldquo;un escudo de punzante / suavidad / sabr&aacute; protegerme&rdquo;. </strong></em><strong>&iquest;De qu&eacute; hay que protegerse?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De la propia violencia que se nos inculca como manifestaci&oacute;n definitiva de fortaleza. En la ret&oacute;rica patriarcal, se asocia esta fuerza al progreso, a la protecci&oacute;n, a la supervivencia en un mundo hostil. Pero enredarse en esa ret&oacute;rica supone, para nuestra cortesana, la p&eacute;rdida de su propia naturaleza. No es una armadura a su medida. En consecuencia, decide vestirse de <em>suavidad</em> como arma in&eacute;dita.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En ese mismo poema, hay versos que dicen: </strong><em><strong>&ldquo;&iquest;y si el cuerpo no fuera pantalla para la visi&oacute;n de sus ficciones?&rdquo;</strong></em><strong> Los que le siguen prolongan las preguntas y, a decir verdad, resultan una suerte de manifiesto de la cortesana que parece revelarse de su condici&oacute;n. &iquest;Podemos verlos en ese sentido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En efecto. Es una especie de arco de aprendizaje en el que la cortesana pasa de entenderse como proyecci&oacute;n de miradas y deseos ajenos, a agente plena y consciente de sus deseos y sus contradicciones. <em>Cabalgar el ciervo en lugar de batirlo</em>, como dice uno de los poemas. Conocer las din&aacute;micas de esa caza y encontrar un modo de burlarlas, quiz&aacute; incluso de hacer que jueguen a su favor. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n (o qu&eacute;) es la </strong><em><strong>cortesana</strong></em><strong>? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Una mujer &ldquo;erigida del polvo&rdquo;, como escribo en el canto final. Una mujer que se construye en el intersticio de miradas, actos y elecciones, las que ejerce como las que sufre. Una mujer que, como cortesana, establece una relaci&oacute;n con su cuerpo y su imagen no s&oacute;lo deseando <em>figurar para el otro, </em>sino delimitando su espacio de poder. Y, en &uacute;ltima instancia, aunque no menos importante: una mujer que ama. De todas las formas posibles (artista, amiga, amante, compa&ntilde;era), a pesar de las previsiones y con todas las consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es el prop&oacute;sito para que una cortesana reciba una educaci&oacute;n (entiendo que calculada y milimetrada)?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tomar conciencia de s&iacute; misma, con todo lo que eso conlleva. Pero no es, necesariamente, un proceso de desencanto. No se trata de perder la inocencia, sino de labrarla hasta conseguir edificar con ella un pensamiento emancipador sobre el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>F&iacute;jate que, vista desde otro punto de vista, se podr&iacute;a decir que m&aacute;s que presenciar o leer una educaci&oacute;n, el lector asiste al aprendizaje de la cortesana que, a lo largo de los versos, va construy&eacute;ndose a s&iacute; misma. Casi que podr&iacute;amos hablar de un autodidactismo emocional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa era la idea. Una educaci&oacute;n f&iacute;sica y sentimental (en la propia estructura del poemario ambas quedan indicadas) que tiene como objeto hacerse a una misma, en este caso en relaci&oacute;n con las personas que ama y la han amado. Tal y como ella concluye: <em>hoy soy porque una vez / no supe ser sin nadie. </em>Es por ello que, en la experiencia amorosa, hay frustraci&oacute;n, hay cr&iacute;tica y liberaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n un poso de gratitud y reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y, por otra parte, es una cortesana que, pese a su car&aacute;cter a veces indomable, no renuncia a las ra&iacute;ces, a las ense&ntilde;anzas que en la infancia podemos recibir tal y como sucede en &ldquo;Una infancia en el gineceo&rdquo;. &Eacute;ste es un poema en el que, adem&aacute;s, se apuesta m&aacute;s por el &aacute;mbito privado que por el p&uacute;blico como motor o generador de la Historia (en may&uacute;sculas, s&iacute;): </strong><em><strong>&ldquo;gineceos condenados / a la ficci&oacute;n de las f&aacute;bulas / en ellos y no en las &aacute;goras / estuvo siempre hirviendo la Historia&rdquo;.</strong></em><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo en la potencia de esas peque&ntilde;as historias que no son peque&ntilde;as en absoluto. Abrir las puertas de lo privado, m&aacute;s all&aacute; de una exhibici&oacute;n o confesi&oacute;n, puede tambi&eacute;n forjar lazos con la historia colectiva. Lazos que pueden ser (y a menudo son) profundamente pol&iacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En tu libro utilizas, en alg&uacute;n momento, conceptos como hambre y sed y, en alg&uacute;n momento, he llegado a recordar algunas p&aacute;ginas de </strong><em><strong>Los a&ntilde;os del hambre</strong></em><strong> de Olivia Mart&iacute;nez Gim&eacute;nez de Le&oacute;n.&nbsp;&iquest;Crees que la irrefrenable sed y el hambre ind&oacute;mita revelan personalidades sensatas o esa dualidad hambre/sed traducen cierto tipo de inestabilidad, tal vez perturbaci&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Algunos contrapondr&iacute;an la sensatez a esa b&uacute;squeda irrefrenable, pero si consideramos la sed y el hambre como s&iacute;ntomas, ante todo, de curiosidad&hellip; &iquest;qu&eacute; hay m&aacute;s sensato que ser curioso ante un mundo de infinitas opciones, o ante una vida cuyo devenir desconocemos?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Toda cortesana d&iacute;scola est&aacute; sedienta y/o hambrienta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las cortes dispon&iacute;an (entre otras argucias decorativas) de espejos, con los que escrutaban y se escrutaban en los dem&aacute;s. Tambi&eacute;n de divertimentos musicales; de vestimentas, perfumes, banquetes&hellip; Del mismo modo, en la educaci&oacute;n de nuestra cortesana, es parte imprescindible (y tambi&eacute;n divertida) el despertar, entrenar y elevar de los sentidos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Incluso en &ldquo;Cantiga de amiga&rdquo; se puede leer: </strong><em><strong>&ldquo;querer o tener nos revolvemos / como grandes predadores en sus jaulas&rdquo;</strong></em><strong>. &iquest;Qu&eacute; somos los seres humanos? &iquest;Tenemos salvaci&oacute;n? &iquest;Ser&aacute; alien&iacute;gena nuestra redenci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los seres humanos tambi&eacute;n somos (como, a menudo, olvidamos) animales. Una de infinitas especies arrojadas aqu&iacute; para sobrevivir (y convivir). Como cristiana, deber&iacute;a tener una visi&oacute;n de la redenci&oacute;n bastante concreta. Pero, haciendo honor a nuestras charlas sobre conspiraciones ufol&oacute;gicas (y a la ni&ntilde;a astronauta que todav&iacute;a vive en m&iacute;), conceder&eacute; que es tentador que esa redenci&oacute;n se postergue hasta despu&eacute;s de conocer a E.T. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y, para terminar, &iquest;puedo hacer una pregunta tonta? Tambi&eacute;n en ese poema que acabo de mencionar aparecen unos versos que me llamaron especialmente la atenci&oacute;n: </strong><em><strong>&ldquo;Mefist&oacute;feles / insumisi&oacute;n perlada esplendor azulino / como el mar de Aral letal si te aproximas / un gato que no vuelve si se marcha&rdquo;</strong></em><strong>. &iquest;Qu&eacute; nos ofrece el mar de Aral como s&iacute;mil, met&aacute;fora, s&iacute;mbolo, lo que sea?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La amenaza del fr&iacute;o (una servidora considera potencialmente letal cualquier mar de temperatura inferior a la mediterr&aacute;nea). Y la amenaza de la desaparici&oacute;n. El mar de Aral se est&aacute; secando; es uno de esos mares afectados tr&aacute;gicamente por nuestra mano (como nuestro familiar e igualmente simb&oacute;lico Mar Menor). Pens&eacute; en c&oacute;mo la experiencia amorosa puede asustarnos del mismo modo: desaparecer en la acci&oacute;n y la voluntad de ese otro que interviene en mi vida. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/ani-galvan-escritora-abrir-puertas-privado-forjar-lazos-historia-colectiva_1_9799466.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2022 09:32:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ani Galván, escritora: "Abrir las puertas de lo privado puede forjar lazos con la historia colectiva"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin de todo aquello que creímos real:  una lectura de 'Omega' de Javier Moreno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/creimos-real-lectura-omega-javier-moreno_132_8964198.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/586ffad7-7750-4a89-a227-53588276f940_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de todo aquello que creímos real:  una lectura de &#039;Omega&#039; de Javier Moreno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Y en la era de la información ya no tiene cabida el dolor o el miedo, sino que todo eso es sustituido de forma radical por la política del placer, por el vértigo, la apología del entretenimiento y la satisfacción</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;la informaci&oacute;n se hab&iacute;a convertido en una droga superior a todas las que hab&iacute;amos conocido&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>...me parece que todos ah&iacute; fuera se est&aacute;n volviendo un poco raros</em>
    </p><p class="article-text">
        THE JOKER
    </p><p class="article-text">
        No sabr&iacute;a decir(te)si el personaje principal (y narrador) de <em>Omega</em> sufre alg&uacute;n tipo de caos cognitivo, un caos cognitivo a consecuencia de los <em>inputs</em> que va recibiendo a lo largo de la novela: en su d&iacute;a a d&iacute;a como gestor de reputaci&oacute;n online, en su relaci&oacute;n con Iratxe (estrella de OT), a trav&eacute;s de la viralizaci&oacute;n de im&aacute;genes en su retina. Quiz&aacute;s tenga algo que ver con lo que Franco Bifo Berardi denomina <em>&ldquo;la aceleraci&oacute;n del ritmo de la infoesfera&rdquo;</em> en <em>Aut&oacute;mata y caos. Cartograf&iacute;as de la oscuridad</em> y que, de alg&uacute;n modo, infecta su psique (la nuestra tambi&eacute;n, c&oacute;mo no). Podr&iacute;a decir(te) que el cerebro de este personaje se ve estimulado por las pantallas, por la interacci&oacute;n y la interrelaci&oacute;n incesante que tiene lugar (m&aacute;s bien) en una dimensi&oacute;n separada de los cuerpos, desde una perspectiva digital y m&aacute;s all&aacute; de lo tridimensional, m&aacute;s all&aacute; de la piel. Un territorio donde muere la carne y la imagen se convierte en credo, evangelio. Una nueva realidad donde el sexo y la tecnolog&iacute;a se funden, borran sus l&iacute;mites. Algo as&iacute; como lo que dice Max, uno de los personajes que pululan en la nueva novela de Javier Moreno e interlocutor casi que principal del narrador de <em>Omega</em>:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La tecnolog&iacute;a modifica la manera en la que entendemos y practicamos el sexo&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Una suerte de in&eacute;ditos rituales er&oacute;ticos (&hellip;<em>bienvenidos a la nueva carne</em>):
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Los dispositivos electr&oacute;nicos eran elementos femeninos. La pulsaci&oacute;n y la fricci&oacute;n eran el lenguaje t&aacute;ctil b&aacute;sico con el que interactu&aacute;bamos con nuestra pantalla, el mismo que necesita una mujer para estimularse y llegar al orgasmo&rdquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No sabr&iacute;a decir(te) o, m&aacute;s bien, est&eacute; totalmente convencido de que en <em>Omega</em> se dibuja un nuevo r&eacute;gimen de las relaciones humanas y la interacci&oacute;n sexual entre los individuos que, inevitablemente puede llevar(te) a pensar en Ballard cuando en <em>Crash</em> procuraba hacer la arquitectura de una realidad del deseo rupturista y creadora de una nueva mitolog&iacute;a del sexo (e incluso del porno): al igual que hace Javier Moreno pero d&eacute;cadas despu&eacute;s y teniendo en cuenta (o adapt&aacute;ndose al nuevo contexto tecnol&oacute;gico que, sin duda, modifica nuestra forma de estar y ser en la actualidad y que, queramos o no, produce una fractura con el pasado, un cambio de paradigma). Y (si me lo planteo de forma seria) podr&iacute;a confesar(te) que el autor consigue en esta novela hacerse eco de nuevas formas de producci&oacute;n de sentido a las que asistimos como agentes (y testigos) de un mundo en completa transformaci&oacute;n. Algo de lo que Javier Moreno ya se hac&iacute;a eco, de modo ampliamente met&oacute;dico, en su reciente ensayo <em>El hombre transparente</em> (Akal, 2022), texto que presenta numerosos vasos comunicantes con su &uacute;ltima novela.
    </p><p class="article-text">
        Y si el autor hace de antena de esas formas de producci&oacute;n de sentido tal vez sea sencillamente porque, tal y como apunta el narrador (y personaje principal), <em>&ldquo;la informaci&oacute;n se hab&iacute;a convertido en una droga superior a todas las que hab&iacute;amos conocido&rdquo;</em>. Y en la era de la informaci&oacute;n ya no tiene cabida el dolor o el miedo, sino que todo eso es sustituido de forma radical por la pol&iacute;tica del placer, por el v&eacute;rtigo, la apolog&iacute;a del entretenimiento y la satisfacci&oacute;n. Y todo ello sin perder de vista la iron&iacute;a, algo tan presente (y tan frecuente) cuando te acercas a los textos de Javier Moreno:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;(...)&iquest;no es acaso la frivolidad el culmen de la civilizaci&oacute;n, el momento en que dejamos atr&aacute;s la necesidad para recrearnos en lo intrascendente?&rdquo;</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Omega&#039; de Javier Moreno                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Si quieres, tambi&eacute;n podemos fijarnos en la presencia de la memoria&nbsp; en estas p&aacute;ginas. Algo que tiene mucho de pr&oacute;tesis aqu&iacute; (en estas p&aacute;ginas) pues nuestros recuerdos parecen articularse en torno a la imagen fotogr&aacute;fica, en torno a todo aquello que sedimenta en <em>la nube</em> (y en la conciencia) y que termina por convertirse en software externo al que accedemos a trav&eacute;s de la conexi&oacute;n a redes. Una memoria que incluso deja de serlo y casi se materializa como presente pues parecemos incapaces de escapar a la omnipresencia (y ubicuidad) de las im&aacute;genes y que hace que el narrador opte en determinado momento por emplear una aplicaci&oacute;n que, paulatinamente, descompone las fotograf&iacute;as que almacena y que facilita que &eacute;stas terminen por borrarse y convertirse, por fin, en fantasma: un calculado ataque a las im&aacute;genes y que busca (de alguna manera) la corrupci&oacute;n de esa memoria externa que, a modo de USB, nos dice constantemente todo aquello que hemos hecho, lo que hemos sido y que, a causa del&nbsp; universo digital totalizador, provoca que estemos en un bucle del que no salimos, del que parecemos no querer escapar: subyugados por las im&aacute;genes que parecen sustituir la realidad y que, incluso, pueden llegar a hacernos ver la propia existencia como pura ficci&oacute;n. Algo que el narrador nos sugiere en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Aquellas im&aacute;genes eran al fin y al cabo indistinguibles de una ficci&oacute;n (&hellip;). Hab&iacute;a aprendido cosas con ellas, formaban parte de mi experiencia, pero resultaban tan fantasmales como un recuerdo de infancia o un sue&ntilde;o&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que todo es susceptible de convertirse en f&aacute;bula o devenir simulaci&oacute;n, copia, ilusi&oacute;n. Javier Moreno incide mucho en el simulacro, la presencia del mismo en nuestras vidas, acerca de la suplantaci&oacute;n de aquello que se convino en llamar <em>lo real</em> por esa ilusi&oacute;n, ese espejismo constante que nos susurra a cada momento o que deja su aliento en nuestra nuca, en nuestra conciencia y percepci&oacute;n. Sin embargo, tras la lectura de <em>Omega</em>, pienso que podr&iacute;a(s) preguntar(te) si aquello que nosotros consideramos simulacro no ser&aacute;, en el futuro, la realidad que habitaremos. Si nosotros no terminaremos siendo solamente esas &uacute;ltimas generaciones que, finalmente, se extinguieron (o, al menos, los conceptos que articulaban nuestras vidas) y que dieron paso a un nuevo individuo con una diferente (y radical) cosmovisi&oacute;n, no sabemos si m&aacute;s real o menos. Seguramente ser&aacute; diferente: una concepci&oacute;n del mundo donde el meme sustituir&aacute; el pensamiento abstracto y en la que nuestra disociaci&oacute;n cognitiva (tal vez) nos haga aterrizar en una dimensi&oacute;n m&aacute;s supersticiosa y cr&eacute;dula, sin capacidad cr&iacute;tica. Eso pensaremos cuando estemos muertos y todo lo que venga nos parezca decadencia y descomposici&oacute;n: cuando todo nos resulte muerte del futuro, fin de aquello que cre&iacute;mos real.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/creimos-real-lectura-omega-javier-moreno_132_8964198.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 May 2022 09:55:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin de todo aquello que creímos real:  una lectura de 'Omega' de Javier Moreno]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Realismo capitalista': aproximación (excitada y trastornada) a las palabras de Mark Fisher]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/realismo-capitalista-aproximacion-excitada-trastornada-palabras-mark-fisher_129_6172034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ba51ad2-6645-4761-bc45-9c44a5ab9625_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Realismo capitalista&#039;: aproximación (excitada y trastornada) a las palabras de Mark Fisher"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lectura de Fisher ilumina desde una sencillez que no evita la realidad de un mundo complejo; el ensayista inglés puede llevarte de la mano cuando reflexiona en torno a la privatización de los problemas relacionados con la salud mental, la fractura de “la vieja segmentación disciplinaria del tiempo” o las tecnologías de control</p></div><p class="article-text">
        1
    </p><p class="article-text">
        Leo a Mark Fisher: <em>&ldquo;Realismo capitalista&rdquo;</em> (Caja Negra, 2018).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Leo a Mark Fisher durante el confinamiento (esa suerte de enclaustramiento teledirigido). Entiendo (en esos momentos: en marzo/abril: encerrado en casa: enganchado a mis pantallas) que la lucidez de Fisher ayuda a clarificar los pensamientos: sus palabras purgan y esclarecen (siempre lo hacen) las ideas que rebotan dentro de mi cabeza (durante aquellas semanas) y que son como liendres o piojos que pican e importunan (pensamientos que, a veces, no parecen ser tuyos y que son inoculados de forma industrial a trav&eacute;s de medios de comunicaci&oacute;n y redes sociales).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, la lectura de Fisher siempre ilumina desde su sencillez: una sencillez que no evita la realidad de un mundo complejo (y puto, nauseabundo por momentos: tal y como lo experimentamos desde hace tiempo, ahora mismo, sin opci&oacute;n de fuga por lo que parece). El ensayista ingl&eacute;s tiene la capacidad de llevarte de la mano cuando reflexiona en torno a temas como la privatizaci&oacute;n de los problemas relacionados con la salud mental, la fractura de <em>&ldquo;la vieja segmentaci&oacute;n disciplinaria del tiempo&rdquo; </em>o las tecnolog&iacute;as de control <em>&ldquo;con sus sistemas de consumo perpetuo&rdquo;</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2
    </p><p class="article-text">
        Querido lector <em>(querido y tristemente maltratado por la violencia semi&oacute;tica del sistema, su codicia y la hipernormalizaci&oacute;n)</em>:
    </p><p class="article-text">
        Durante el tiempo que leo 'Realismo capitalista', tomo notas (no puedo evitarlo: es esencial hacerlo: siempre). Son (algunas de ellas) cosas que, con frecuencia, tienen que ver con la cultura pop (o de masas) de nuestra sociedad. Copio incluso frases de canciones sobre las que habla Fisher. Por ejemplo una de 4Hero:
    </p><p class="article-text">
        <em>&hellip;will she protect me or she neglect me?</em>
    </p><p class="article-text">
        (Re)leo esa frase y llego incluso a aplicarla a mis propias circunstancias (a las cosas que suceden, a las perturbaciones mentales que vienen y van a modo de monta&ntilde;a rusa: Fisher habla de eso, de esa inestabilidad emocional que sufrimos como individuos dentro de un sistema que nos devora a cada paso y que no nos da tregua).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Copio (tambi&eacute;n) el fragmento de alguna canci&oacute;n de Tricky a la que Fisher hace referencia (Fisher hace de la m&uacute;sica una suerte de met&aacute;fora de la realidad: algo que nos permite analizar lo que nos rodea):
    </p><p class="article-text">
        <em>Can you fly as fast as you can to be with Jesus?</em>
    </p><p class="article-text">
        La lectura de 'Realismo capitalista' resulta tan pr&oacute;xima (en tanto en cuanto refleja el modo de vida en el que nos hallamos inmersos) que parece que te habla (cara a cara) sobre tu vida, sobre el delirio al que asistes, sobre la narcotizaci&oacute;n del individuo que se a&iacute;sla dentro de sutiles (y digitales) burbujas que fracturan la viabilidad de ese horizonte de posibilidades que, de forma colectiva, podemos hacer real y sobre el que reflexiona Franco Bifo Berardi en ensayos como 'Futurabilidad'. Fisher (te) habla de la indefensi&oacute;n del individuo contempor&aacute;neo ante la maquinaria letal del capitalismo. T&uacute; dejas que &eacute;l (Fisher) lo haga: dejas que te mire directamente a los ojos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        3
    </p><p class="article-text">
        Durante el enclaustramiento (en la matriz aparentemente confortable de mi b&uacute;nker dom&eacute;stico: acompa&ntilde;ado de latas de tomate frito marca Sandoval, sopas instant&aacute;neas Knorr o patatas baby en envase de cristal y galletas Gull&oacute;n) tom&eacute; notas para un posible art&iacute;culo en torno a este libro de Mark Fisher. Me puse a escribir emocionado y con cierta efervescencia del &aacute;nimo que, a decir verdad, termin&oacute; decayendo (la monta&ntilde;a rusa, ya se sabe, sube y baja&hellip;). Ahora parece que se reconstruyen esas notas (igual que lo har&iacute;a un cirujano pl&aacute;stico) y acaban por ver la luz en este texto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las notas dec&iacute;an algo as&iacute; como lo que sigue:
    </p><p class="article-text">
        [MU: D05/04/2020]
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando lees a Mark Fisher sientes cierta urgencia: no sabes si tal urgencia tiene que ver con la intenci&oacute;n del autor (de Mark Fisher). O si su car&aacute;cter inminente tiene que ver con la sensaci&oacute;n del lector (contigo mismo).</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mark Fisher (d)escribe nuestro mundo: hace una s&iacute;ntesis perfecta de la sociedad (en la) que vivimos. Traza segmentos (sobre) (de) ella y pone especial atenci&oacute;n en determinados territorios que le sirven para hacer un an&aacute;lisis (sintom&aacute;tico) de la realidad (&hellip;), territorios como la educaci&oacute;n (el mundo de la ense&ntilde;anza, el mundo del aprendizaje) o bien acerca de las patolog&iacute;as emocionales, la m&uacute;sica, el cine (&hellip;), territorios que (todos) constituyen materiales que (para M.F.) facilitan que (&eacute;l) haga un an&aacute;lisis (disecci&oacute;n / autopsia) del cuerpo (moribundo, impotente) de nuestra sociedad y que, con frecuencia, llega a revelar el parasitismo del liberalismo sobre la comunidad de sujetos de la que formamos parte (sobre la psique colectiva de la que somos componentes).&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Es siempre (el de M.F.) un an&aacute;lisis l&uacute;cido y certero (y accesible: muy digerible y estimulante) que pone de manifiesto la decadente maquinaria de un sistema que aliena al individuo y que (por lo general) siempre responsabiliza y (al fin y al cabo) culpa (a aquel individuo) sobre los problemas que nos afectan (por ejemplo) en relaci&oacute;n con el medio ambiente, la desigualdad o los trastornos emocionales.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Leer a M.F. constata la depresi&oacute;n estructural que habita el &aacute;nimo de Occidente (en sus m&uacute;ltiples formas): dibuja el paisaje de una inercia psicol&oacute;gica, cultural y pol&iacute;tica que anima los quehaceres contidianos de millones de personas que, abrumadas por las estrategias de la informaci&oacute;n y la propaganda (adem&aacute;s del factor a&ntilde;adido de&nbsp; la crueldad del tecnocapitalismo), se sienten incapaces de generar acciones que puedan liberarnos del cub&iacute;culo en que nos hallamos confinados. No obstante, M.F. te susurra pistas: senderos que puedes tomar para escapar y establecer pautas que permitan transformar la realidad que (a todos y cada uno de nosotros) nos fagocita (en alg&uacute;n que otro momento)</em>:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;No crees que hay alternativa?</em>
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, aunque hayan pasado cuatro a&ntilde;os de su primera edici&oacute;n en espa&ntilde;ol, sea preciso volver a este ensayo:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Te parece bien, querido (y maltratado) lector)?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Realismo capitalista. &iquest;No hay alternativa?&rdquo;, Mark Fisher.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Caja Negra, 2018 (reedici&oacute;n).</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>160 p&aacute;ginas.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>15,20&euro; </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/realismo-capitalista-aproximacion-excitada-trastornada-palabras-mark-fisher_129_6172034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2020 15:46:54 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La(s) violenta(s) belleza(s) de Domingo Llor: una aproximación a 'Instrucciones para perderse a conciencia']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/s-violenta-s-belleza-s-domingo-llor-aproximacion-instrucciones-perderse-conciencia_132_6152738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f6a11c07-dd3e-466a-a33c-c4df4dcb3011_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La(s) violenta(s) belleza(s) de Domingo Llor: una aproximación a &#039;Instrucciones para perderse a conciencia&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es una lírica brillante (y en ocasiones eufórica) que insufla (en diversos momentos) un aliento optimista al lector</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los soñadores

nunca aprenden

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Thom Yorke</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
Siempre siempre siempre siempre siempre
siempre siempre siempre siempre siempre
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ajo</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Has jugado alguna vez a las palabras encadenadas?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Domingo Llor lo hace en <em>Instrucciones para perderse a conciencia </em>(La Est&eacute;tica del Fracaso Ediciones, 2020). Llor (efectivamente) juega a las palabras encadenadas con el lector a trav&eacute;s de sus poemas, a trav&eacute;s de esos <em>pliegues</em> (de esas p&aacute;ginas) que se cogen de la mano mediante el (<em>hiper</em>)v&iacute;nculo fr&aacute;gil y dulce de una palabra que pasa de un poema a otro en modo mutaci&oacute;n Omega hacia Alfa (que ya sabes, querido lector, es el <em>No_Va_M&aacute;s</em>): es as&iacute; que el autor compone un puzle po&eacute;tico donde (casi a modo de juego infantil) las palabras se cogen de la mano (o nos llevan a nosotros falange contra falange)&nbsp; en una suerte de corro de la patata entre los diferentes poemas que componen el libro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Instrucciones para perderse a conciencia </em>es un tren de signos que nos introduce en un viaje compuesto de s&iacute;mbolos e im&aacute;genes que brillan como luci&eacute;rnagas: sus versos son destellos de luz y vida (a veces bajo sombras) que, habitualmente, transitan sobre la p&aacute;gina iluminados por el esp&iacute;ritu de un lenguaje transformador (e incluso purificador: inmaculado, radiante). Artefactos po&eacute;ticos que recorren la verdad (si acaso &eacute;sta existe) y la incertidumbre (si acaso &eacute;sta nos duele).&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&#039;Instrucciones para perderse a conciencia&#039; de Domingo Llor"
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            <span class="title">
                &#039;Instrucciones para perderse a conciencia&#039; de Domingo Llor                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Presente, pasado y futuro se filtran bajo la &oacute;ptica del inconsciente (a veces tambi&eacute;n por la mand&iacute;bula raedora de la vigilia y la realidad).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una l&iacute;rica brillante (y en ocasiones euf&oacute;rica) que insufla (en diversos momentos) un aliento optimista al lector: una gram&aacute;tica luminiscente que se traduce en estructuras sint&aacute;cticas o combinaciones de palabras que brillan igual que Venus o Marte en el momento del ocaso: a veces con el resplandor de un porvenir amable y prometedor, a veces a trav&eacute;s de las l&aacute;grimas de recuerdos vagos, difusos, casi espectrales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de sus p&aacute;ginas se vislumbran paisajes deslumbrantes del alma o un cierto tipo de poes&iacute;a a modo de realidad paralela que, pese a las sombras, articula una suerte de vitalismo po&eacute;tico y ling&uuml;&iacute;stico que hace de m&aacute;gico m&eacute;dium entre el autor y el lector: un lector (que si es <em>in fabula</em>) se deja hipnotizar por el encantamiento de la palabra (ansioso, deseante por deambular o danzar en torno al &eacute;xtasis y el placer sin perder de vista en ning&uacute;n momento la resaca de la desolaci&oacute;n).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Has jugado alguna vez a mirar cierto tipo de abismo y sonre&iacute;r? </em>(me pregunto).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Has sentido el modo en que el eclipse nos hace <em>&ldquo;vislumbrar una silueta / en la oscuridad / reconstruir un arquetipo&rdquo;</em>?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Has so&ntilde;ado alguna vez con el modo en que la verdad acontece despu&eacute;s de la mentira (<em>&ldquo;Mentira tras verdad, / verdad tras mentiras&rdquo;</em>)?
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente no es tan f&aacute;cil: <em>&ldquo;L&oacute;gicas inquietudes interrumpen el sue&ntilde;o&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        No obstante:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cuando menos lo esperas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>surge el destino&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de un mapa tan blanco</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que solo esgrime</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la acupuntura&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de sus puntos cardinales&ldquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En ese momento (si te dejas llevar, si juegas a las palabras encadenadas con el Se&ntilde;or Llor) sientes irremediablemente que vas:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;(&hellip;) hacia lo improbable, hacia el infinito&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Y lo haces (si te fijas bien) de la mano de un so&ntilde;ador que <em>nunca aprende </em>(y eso no est&aacute; mal: nunca), un so&ntilde;ador que (si prestas un poco de atenci&oacute;n: tampoco cuesta tanto) dibuja en tu retina formas de <em>&ldquo;violenta belleza&rdquo; </em>a trav&eacute;s del fr&aacute;gil prisma y el dulce v&iacute;nculo de la palabra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/s-violenta-s-belleza-s-domingo-llor-aproximacion-instrucciones-perderse-conciencia_132_6152738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2020 11:06:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La(s) violenta(s) belleza(s) de Domingo Llor: una aproximación a 'Instrucciones para perderse a conciencia']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo queda en palabras, anécdotas e historias: una lectura en torno a 'Escenas olvidadas. La historia oral de Golpes Bajos' de Xavier Valiño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/escenas-golpes-bajos-xavier-valino_132_1075871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d78945f7-e253-4977-82d2-6b001faf39dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todo queda en palabras, anécdotas e historias: una lectura en torno a &#039;Escenas olvidadas. La historia oral de Golpes Bajos&#039; de Xavier Valiño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De eso trata</p><p class="subtitle">Escenas olvidadas. La historia oral de Golpes Bajos</p><p class="subtitle">: de la memoria como producción de sentido. La memoria (colectiva) de un grupo musical de existencia fugaz y amplia longitud de onda tres décadas después</p></div><p class="article-text">
        <em>&nbsp;Era bello aquel momento</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y el rodar era cari&ntilde;o</em>
    </p><p class="article-text">
        GERM&Aacute;N COPPINI
    </p><p class="article-text">
        <em>Disponerse a atrapar los momentos m&aacute;s antiguos</em>. De eso va lo de la memoria, lo de ponerse a recordar. Hacerlo (por ejemplo) a trav&eacute;s de diferentes voces, distintos relatos que se anudan entre s&iacute; y que configuran una narraci&oacute;n (una historia oral que se vuelve relato). Hacerlo (v.gr.) siguiendo la estela de Legs McNeil en sus historias sobre el punk o el porno. Hacerlo (no obstante) con un <em>dramatis personae</em> m&aacute;s reducido (dom&eacute;stico, de andar por casa). Configurar a trav&eacute;s de esa narraci&oacute;n polif&oacute;nica el recuerdo (o la construcci&oacute;n del recuerdo): <em>&hellip;y nunca lamentar ni olvidar</em>.
    </p><p class="article-text">
        De eso trata <em>Escenas olvidadas. La historia oral de Golpes Bajos</em>: de la memoria como producci&oacute;n de sentido. La memoria (colectiva) de un grupo musical de existencia fugaz y amplia longitud de onda tres d&eacute;cadas despu&eacute;s. Un volumen que trata acerca de saber de qu&eacute; iba la historia de unos m&uacute;sicos que se sacaron de la manga algunas de las canciones m&aacute;s emblem&aacute;ticas de la m&uacute;sica en espa&ntilde;ol. De c&oacute;mo Teo Cardalda y Germ&aacute;n Coppini se conocieron. De por qu&eacute; usaban cajas de ritmos. De por qu&eacute; las cajas de ritmos eran tan sensibles a la temperatura y se volv&iacute;an tarumbas y descompon&iacute;an los ritmos: los borraban y vuelta a empezar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Escenas olvidadas </em>es una historia donde el olvido, la melancol&iacute;a y la memoria juegan al p&oacute;ker: juegan a ver quien da m&aacute;s o qui&eacute;n se pone primero a la hora de decir, contar, recordar. <em>Escenas olvidadas</em> (adem&aacute;s) nos habla sobre tener raz&oacute;n o no tenerla. Sobre el principio y el fin de la amistad. Sobre el desencuentro o el eco que las relaciones que mueren (y a veces resucitan) tienen sobre nuestra conciencia. Sobre j&oacute;venes que componen canciones y un fabuloso iluminado que escribe versos como:
    </p><p class="article-text">
        <em>Y si as&iacute; fuera, dar&iacute;a la vida,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>por un solo abrazo, una sonrisa perdida.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nos fundiremos los dos en un cuerpo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sellando ante todos nuestro amor eterno.</em>
    </p><p class="article-text">
        Si te acercas a este libro, te dar&aacute;s cuenta de que intenta desvelarnos las primeras veces en que dos personas (en 1982) empiezan a verse y tocan juntos (y uno compone la m&uacute;sica y otro escribe la letra). Trata sobre la forma en que se ajustan esas personas, el modo en que se adaptan y amoldan como una perfecta maquinaria sensible y resplandeciente que genera t&iacute;tulos como <em>&ldquo;No mires a los ojos de la gente&rdquo;</em>, <em>&ldquo;L&aacute;grimas&rdquo;</em> o <em>&ldquo;Desconocido&rdquo;</em>. Trata sobre hacer planes o dejar de hacerlos. Sobre seguir hacia delante o ser pasto de la indiferencia. Sobre el auge y la ca&iacute;da: acerca del ascenso en modo cohete de una banda (en 1983) y su desaparici&oacute;n (en 1985) de modo cr&iacute;ptico (y sin anuncios de defunci&oacute;n ni <em>requiescat in pace</em> alguno). Trata sobre Pablo Novoa y Luis Garc&iacute;a: dos m&aacute;s que se unen al d&uacute;o Coppini &amp; Cardalda. 2 + 2 = 4: cuatro que componen una m&aacute;gica leyenda de la m&uacute;sica popular espa&ntilde;ola del siglo veinte. El relato tambi&eacute;n de una bella historia de disoluci&oacute;n e incomprensi&oacute;n. Trata sobre ser outsider, perdedor, desafortunado. Sobre la envidia o la amistad (o la envidia que la amistad produce). Incluso nos habla (tal vez sin quererlo) sobre la tergiversaci&oacute;n del recuerdo, sobre saber que la memoria es una f&aacute;bula, un cuento que nos contamos para (a veces) compadecernos o enga&ntilde;arnos a nosotros mismos (o para creer que somos mejores que el otro).
    </p><p class="article-text">
        <em>Escenas olvidadas</em> es un cuento para no dormir (o para sonre&iacute;r con tristeza), un cuento para no dormir porque no dejas que caigan los p&aacute;rpados mientras lees. Un cuento en el que unos inventan o crean, deshacen, recuerdan, se contradicen, ajustan cuentas o rinden honor a la verdad, tal vez pleites&iacute;a a la vanidad y el ego (la historia de siempre&hellip;). Todo aquello que est&aacute; detr&aacute;s de la banda sonora que Golpes Bajos compusieron para un tiempo &uacute;nico: como todos los tiempos (claro) pero con la impronta del individuo que siempre deja sus huellas y claroscuros, tal vez alg&uacute;n momento de luz a trav&eacute;s de las voces de los protagonistas principales y secundarios. Con el rastro (tambi&eacute;n) de personajes que, como Coppini, bien podr&iacute;an decir:
    </p><p class="article-text">
        <em>&hellip;nunca lamentes ni olvides,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con la cabeza bien alta,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>deja que guarde esa l&aacute;grima.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/escenas-golpes-bajos-xavier-valino_132_1075871.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jan 2020 10:43:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todo queda en palabras, anécdotas e historias: una lectura en torno a 'Escenas olvidadas. La historia oral de Golpes Bajos' de Xavier Valiño]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La fábula mortal de WSB Jr.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/fabula-mortal-wsb-jr_132_1289183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cdb50f1f-be8a-40eb-91fe-656c8cf425e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fábula mortal de WSB Jr."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reseña acerca de 'Maldito desde la cuna', William S. Burroughs Jr. Edición de David Ohle (Dirty Works, 2018)</p><p class="subtitle">"Creo que consideramos demasiado la buena suerte del joven pájaro y no lo suficiente la mala suerte del gusano joven", Franklin D. Roosevelt</p></div><p class="article-text">
        Eres el hijo de William S. Burroughs y tu nombre es William S. Burroughs Jr. Te llamas as&iacute; por eso de continuar la estirpe y hacer que la sangre tenga un reflejo sobre la palabra, poderes extra&ntilde;os sobre el verbo. Tal vez la(s) palabra(s) tenga(n) tambi&eacute;n un reflejo en la sangre (para bien o para mal). Tal vez el orden de estos conceptos altere el producto final y todo se pervierta (qui&eacute;n sabe). Te llamas William S. Burroughs Jr. y has publicado un par de novelas: 'Speed' (1970) y 'Kentucky Ham' (1973).
    </p><p class="article-text">
        Tales novelas te hacen (o convierten) en disc&iacute;pulo (casi) perfecto de la Generaci&oacute;n Beat. Allen Ginsberg te ama y te respeta y parece que tu padre (al menos &eacute;sa es tu impresi&oacute;n) pasa de tu cara (es lo que t&uacute; piensas, es lo que t&uacute; crees: adem&aacute;s de ech&aacute;rselo en cara a tu progenitor cada dos por tres en cartas que van de un extremo a otro de los EE.UU. o que vuelan sobre el Atl&aacute;ntico para llegar a la casa de tu padre, WSB, en Londres).
    </p><p class="article-text">
        Eres el hijo de WSB y te llamas William S. Burroughs Jr. (WSB Jr. a partir de ahora alguna que otra vez): piensas que las palabras tienen un reflejo sobre la sangre, poderes extra&ntilde;os, ya sabes. A veces tales poderes te asfixian y aturden, hacen un poco de presi&oacute;n en tu voluntad igual que nudos en la piel o la garganta, shibari existencial. Por eso te dices (o sabes: eres MUY consciente de ello) que la sombra de tu padre es una losa sobre tu respiraci&oacute;n (sobre tu coraz&oacute;n, sobre el h&iacute;gado) y de eso hablas en lo que escribes: de sombras alargadas (y pl&uacute;mbeas).
    </p><p class="article-text">
        'Maldito desde la cuna'&nbsp;es el nombre de un libro pero es tambi&eacute;n una frase, una frase que aparece en alguno de tus textos (quiz&aacute;s en uno de esos que escribiste a tu padre en muchas de las ocasiones en que lo maldijiste a vuelta de correo). 'Maldito desde la cuna' es la novela que, despu&eacute;s de haber muerto, has escrito gracias a David Ohle (un tipo que hered&oacute; de tu padre el gusto por la ciencia ficci&oacute;n insana y turbia y maloliente y luminosa al mismo tiempo).
    </p><p class="article-text">
        David Ohle coge tus textos inconclusos, estimado WSB Jr., y los remezcla como un discjockey (o como un espiritista literario que hace suyas tus palabras: las hace suyas para que el verbo, tu verbo, llegue al lector desde la ultratumba y que lo haga con sus poderes extra&ntilde;os, sus ecos de hipnotista). En la remezcla de textos cabe todo: notas tomadas al azar en servilletas, folios arrugados, cartas al padre y a otras personas. David Ohle (en modo Blavatsky) resucita tus palabras y, a veces, hace de ventr&iacute;locuo: t&uacute;, desde la tumba, solamente mueves los labios (eso puede ser suficiente en algunos casos: un playback espectral).
    </p><p class="article-text">
        Eres WSB Jr. (s&oacute;lo mueves los labios) y en las cartas que escribes a tu padre le pides dinero o le recriminas la situaci&oacute;n en la que te hayas: adicci&oacute;n al alcohol, dependencia de las drogas, de la soledad. Por poner unos pocos ejemplos. Por no hablar de la fatal enfermedad hep&aacute;tica que te llevar&aacute; a la muerte. Tambi&eacute;n escribes de eso, obvio. Porque, querido WSB Jr., te mueres: te mueres en los a&ntilde;os setenta igual que si fueras un perro olvidado y abandonado (sin embargo, hay perros que tienen una mejor vida que la que t&uacute; tuviste y lo sabes: eres MUY consciente de ello y eso te duele: a cualquiera le pasar&iacute;a igual).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Te llamas Willian S. Burroughs Jr. y eres el hijo que tu padre tuvo con Joan Vollmer, esa mujer con la que tu progenitor jug&oacute; a ser Guillermo Tell con tr&aacute;gicas (y mortales) consecuencias. T&uacute; apenas recuerdas eso o inventas estar delante cuando tu padre jug&oacute; a ser Guillermo Tell con resultados fatales. Es decir: haces (y es absolutamente comprensible) que ese hecho sea en tu vida un eje sobre el que tus emociones giran y giran y giran. Normal. Y das vueltas y vueltas y m&aacute;s vueltas en torno a ese momento en que tu madre muri&oacute; en un accidente delirante y endemoniado en Distrito Federal, M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        Te llamas William S. Burroughs Jr. y desde hace cuarenta a&ntilde;os (o m&aacute;s) ya no mueves los labios (solamente lo hace David Ohle por ti: David Ohle es un buen ventr&iacute;locuo y t&uacute;, un mejor zombi). Te llamas William S. Burroughs Jr. (WSB Jr. para los amigos, para nosotros alguna que otra vez) y tu existencia en los a&ntilde;os setenta es un bucle enfermizo y letal: est&aacute;s dentro de un agujero negro del que no puedes escapar por mucho que quieras.
    </p><p class="article-text">
        A decir verdad, tu vida da pena (y lo sabes): tu vida da pena y David Ohle sabe mezclar im&aacute;genes y palabras de modo que da buena cuenta de tu tragedia, de tu (maldito) agujero negro. Eres WSB Jr. y cualquiera que lea 'Maldito desde la cuna' se pondr&aacute; a temblar de emoci&oacute;n. Quiz&aacute;s llore. O pierda el sue&ntilde;o (ser&aacute; lo normal: ser&aacute; lo normal si eres capaz de conmoverte con alg&uacute;n tipo de tragedia cotidiana y, tal vez, vulgar y en ning&uacute;n momento moral).
    </p><p class="article-text">
        Te llamas William S. Burroughs Jr. y leemos tus palabras, tus palabras malditas desde la cuna, una f&aacute;bula mortal en la que ya no parpadeas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/fabula-mortal-wsb-jr_132_1289183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Oct 2019 09:21:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fábula mortal de WSB Jr.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[The KLF: todos los fuegos, el fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/the-klf-fuegos-fuego_132_1567193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f430405e-2792-463f-bcdb-9de1e25d443d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="The KLF: todos los fuegos, el fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reseña acerca de</p><p class="subtitle">"Caos y magia: La banda que quemó un millón de libras"</p><p class="subtitle">de John Higgs (Libros Walden, 3ª edición, febrero de 2016)</p></div><p class="article-text">
        Imagina que quemas un mill&oacute;n de libras esterlinas. Imagina que lo haces y no sabes exactamente el motivo que te ha llevado al fuego. Imagina c&oacute;mo te quedas despu&eacute;s: quemas un mill&oacute;n de libras esterlinas en la chimenea de un cobertizo en una isla del archipi&eacute;lago de las H&eacute;bribas Interiores (Escocia) y observas la lluvia y los helechos que hay cerca del cobertizo. Tal vez est&aacute;s pensando en druidas o gnomos en esta noche tan y tan lluviosa en el Hemisferio Norte. Le metes fuego a un mill&oacute;n de libras esterlinas porque crees que hay algo detr&aacute;s de esa acci&oacute;n. Una cosa que palpita (no sabes qu&eacute;). Quiz&aacute;s una performance neodad&aacute;. No obstante, no sabes c&oacute;mo has llegado a hacerlo. Tal vez radique ah&iacute; la fascinaci&oacute;n del hecho. Imagina que grabas la quema de ese mill&oacute;n de libras esterlinas y haces una gira por todo el Reino Unido proyectando la grabaci&oacute;n, intentando comprender, intentando racionalizar, sintiendo un agujero negro dentro de tu conciencia. Imagina que eres Bill Drummond (50% de The KLF) y que eres un artista (que se mueve entre el absurdo y lo conceptual) y, en cierto modo, un gur&uacute; esot&eacute;rico tambi&eacute;n (casi mago podr&iacute;amos decir: t&uacute; ni siquiera eres consciente de ello). Imagina que eres Jim Cauty (el otro 50% de The KLF) y que llegas junto a esa chimena en las H&eacute;bridas y que has grabado un par de los discos m&aacute;s representativos del ambient de principios de los 90: pr&aacute;cticamente has acu&ntilde;ado (o inventado) el concepto de chill out a partir de un disco, en cierto modo conceptual. En ese disco hay balidos de oveja, incluso el rumor de la voz de Elvis que parece sacada de un sarc&oacute;fago. Imagina que todo el mundo piensa que, despu&eacute;s de vender tantos discos, s&oacute;lo sois <em>&ldquo;un par de gilipollas con ganas de llamar la atenci&oacute;n&rdquo;</em> (eso pasa si quemas un mill&oacute;n de libras esterlinas). Imagina que tu herencia cultural, casi secreta y desconocida, tiene que ver con el escritor Robert Anton Wilson y su trilog&iacute;a &ldquo;<em>The Illuminatus!&rdquo;</em>. Imagina tambi&eacute;n que en esa consaguineidad cultural (y sentimental) tienen cabida las sincronicidades de Carl Gustav Jung, el Cabaret Voltaire de Z&uuml;rich y, tambi&eacute;n, movimientos pr&aacute;cticamente subterr&aacute;neos y casi clandestinos como el discordianismo y su atracci&oacute;n por la divinidad griega Eris, diosa del caos. Imagina que te metes en un montaje teatral que es adaptaci&oacute;n de esa novela de culto de Robert Anton Wilson de la que antes habl&aacute;bamos y que te encargas de la direcci&oacute;n de arte. La obra de teatro dura horas y horas. Hazte a la idea de que, en determinado momento, cuando la obra de teatro se estrena desapareces sin dejar rastro diciendo que vas a comprar pegamento. A&uacute;n no has concebido en tu cabeza la idea de la existencia de The KLF y pasa el tiempo y editas discos a Echo &amp; The Bunnymen o Teardrop Explodes. S&iacute;, eres Bill Drummond, un tipo obsesionado con divinidades paganas que tienen que ver con conejos antropom&oacute;rficos: llegas a ver a uno de ellos en la portada de un disco de la banda de Ian McGulloch. Imaginas todo esto y te das cuenta del componente situacionista de muchas de las acciones que llevan a cabo The KLF a lo largo de su trayectoria: una anti-banda de m&uacute;sica que, en realidad, estaba (o parec&iacute;a) m&aacute;s interesada en crear un impacto cultural y social en su &eacute;poca. No obstante, The KLF vend&iacute;an bastante y eso era lo que deseabais (s&iacute;, vosotros, Bill Drummond y Jim Cauty). Vender, sacar pasta, aprovecharse del sistema, dinamitarlo. Imagina que aquello que interesaba a The KLF ten&iacute;a que ver con inseminar un desorden m&aacute;gico en la sociedad (y hacerlo como una forma de liberaci&oacute;n e iluminaci&oacute;n, hacerlo pr&aacute;cticamente desde una perspectiva prodigiosa, fant&aacute;stica y resplandeciente, abrasadora como un mill&oacute;n de libras esterlinas que arde y arde). Ahora imagina, por ejemplo, que eres John Higgs y que eres el autor de un libro que se llama <em>&ldquo;Caos y Magia: la banda que quem&oacute; un mill&oacute;n de libras&rdquo;.</em> Imagina que articulas todos los diferentes elementos de este ensayo (que destila iron&iacute;a a lo largo de sus p&aacute;ginas) como si fueras el encargado de querer componer un rompecabezas donde las piezas se ensamblan con el fin de construir un discurso absolutamente caleidosc&oacute;pico, un discurso que hace un recorrido cultural y social a trav&eacute;s del &uacute;ltimo tercio del siglo veinte y que, en cierto modo, tiene mucho que ver con el esp&iacute;ritu que anima <em>&ldquo;Rastros de carm&iacute;n&rdquo;</em> de Greil Marcus (un libro que tambi&eacute;n deambula explorando territorios que quedan al margen y que, a decir verdad, son como el lado oculto de la luna para el statu quo del mainstream). Imagina, asimismo, que este ensayo traza una historia que mucho tiene que ver con la narrativa documental y en puzle de algunas de las obras del director Adam Curtis (&ldquo;<em>The century of the self&rdquo;</em> o &ldquo;<em>The trap&rdquo;</em>)<em>.</em> Imagina que Adam Curtis, Greil Marcus y John Higgs son, a su modo, tres de los ensayistas (Curtis dentro del terreno visual, cinematogr&aacute;fico) que m&aacute;s est&aacute;n haciendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por desvelar un tipo de historia cultural ignota e invisible para la mayor&iacute;a del p&uacute;blico. Imagina que eres Bill Drummond o Jim Cauty y que John Higgs (ensayista agudo y divertido) te acerca a aquellos que, hasta ahora, a&uacute;n estaban ciegos a toda una realidad que se oculta a los ojos de la historiograf&iacute;a convencional o a esas ficciones medi&aacute;ticas presentes en los grandes medios de comunicaci&oacute;n. Imagina que eres Bill Drummond y nos muestras <em>todos los fuegos, el fuego</em>. Eres Bill Drummond (s&iacute;) y, tras quemar un mill&oacute;n de libras esterlinas, le preguntas a Jim Cauty: &iquest;qu&eacute; es lo que hemos hecho?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 May 2019 11:05:37 +0000]]></pubDate>
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