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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan de Dios García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_de_dios_garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan de Dios García]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Realismo... experimental? :  una lectura de `Cuántos de los tuyos han muerto´ de Eduardo Ruiz Sosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/realismo-experimental-eduardo-ruiz-sosa_132_1335369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e08aa86-8672-4672-8eae-50611090aff2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Realismo... experimental? :  una lectura de `Cuántos de los tuyos han muerto´ de Eduardo Ruiz Sosa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada país o región, cada cultura, está condenada a cargar con una costra publicitaria promovida por el devenir de los acontecimientos históricos o recientes</p><p class="subtitle">Ahí están las posibilidades de la eutanasia, el drama de la inmigración, el de los “desaparecidos”, la presión vital del cuidador de un enfermo crónico, la elección del suicidio como salvación</p><p class="subtitle">El recuerdo del halago es quebradizo, pero el del dolor es tenaz. Eduardo Ruiz Sosa trata, pues, la memoria como una enfermedad</p></div><p class="article-text">
        Cuando compro un libro de un autor vivo que conozco en persona y cuya obra he le&iacute;do, me gusta fantasear con la idea de que no tengo la m&aacute;s m&iacute;nima referencia previa sobre &eacute;l y cu&aacute;les ser&iacute;an mis impresiones iniciales antes de comprarlo, partiendo s&oacute;lo de la portada, la foto del autor y su pa&iacute;s de origen. A ver, &iquest;qu&eacute; tenemos aqu&iacute;? Un t&iacute;tulo, Cu&aacute;ntos de los tuyos han muerto; un dibujo de lo que parece la figura aporcelanada o enmaderada de la Santa Muerte mexicana; y mexicano es su autor, ni m&aacute;s ni menos que de Sinaloa. Muerte, Sinaloa... El prejuicio ya est&aacute; a punto de caramelo. Me lo llevo.
    </p><p class="article-text">
        Cada pa&iacute;s o regi&oacute;n, cada cultura, est&aacute; condenada a cargar con una costra publicitaria promovida por el devenir de los acontecimientos hist&oacute;ricos o recientes. El caso que nos ocupa es el de un escritor sinaloense &mdash;el c&aacute;rtel de ese estado es ahora una marca, una imagen, una &ldquo;moda&rdquo; de fama internacional&mdash; que, al poner a la muerte protagonizando once relatos, parece que vaya a centrarlos en morbosos casos de violencia por narcotr&aacute;fico. &iquest;Y hay violencia? No m&aacute;s que en cualquier obra de narrativa breve contempor&aacute;nea en cualquier idioma. &iquest;Y hay narco puro? Apenas en un relato, y de manera indirectamente escenogr&aacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, superar esta prueba es f&aacute;cil si hay un lector que aprecie el malabarismo literario de primera divisi&oacute;n, exquisito en el juego verbal, aunque metiendo las manos en harina y barro cuantas veces lo requiera la trama. Ah&iacute; est&aacute;n las posibilidades de la eutanasia, el drama de la inmigraci&oacute;n, el de los &ldquo;desaparecidos&rdquo;, la presi&oacute;n vital del cuidador de un enfermo cr&oacute;nico, la elecci&oacute;n del suicidio como salvaci&oacute;n, los l&iacute;mites sociales tenebrosos que puede traspasar un performista, la autodestrucci&oacute;n por la v&iacute;a del fervor religioso, esoterismo dom&eacute;stico, humor negro, maldiciones inventadas, carnicer&iacute;as forenses, intertextualidad borgeana... Desde el primer relato, &lsquo;Desaparici&oacute;n de los jardines&rsquo;, se nota que Eduardo Ruiz Sosa es algo m&aacute;s que un contador de historias. Un servidor, que lee con frecuencia novela, pero escribe m&aacute;s poes&iacute;a que otra cosa, sabe percibir a kil&oacute;metros qu&eacute; narrador pasa por ser un profundo lector de poes&iacute;a atemporal y qu&eacute; narrador ha le&iacute;do cuatro sonetos cl&aacute;sicos contados por su abuela. Eso se percibe en la m&uacute;sica de la ficci&oacute;n. Eduardo es cualquier cosa menos sordo. Y para muestra, un bot&oacute;n: la mayor&iacute;a de las citas que encabezan cada relato son versos de T. S. Eliot, Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Jos&eacute; Barroeta o Diego S&aacute;nchez Aguilar.
    </p><p class="article-text">
        Memoria y muerte se enmadejan hasta el &uacute;ltimo cuento. Quien desee recibir una lecci&oacute;n magistral sobre la memoria y sus laberintos que aparte de un manotazo cualquier tesis acad&eacute;mica, por muy rigurosa que sea, y pida de inmediato en su librer&iacute;a de confianza la novela total de Ruiz Sosa <em>Anatom&iacute;a de la memoria</em> (Candaya, 2014). En <em>Cu&aacute;ntos de los tuyos han muerto</em> hay un a&ntilde;adido importante: el autor, en su vida real, fue golpeado por la muerte de seres queridos muy cercanos &mdash;se puede morir en vida tambi&eacute;n&mdash; poco antes de sembrar el grano de esta cosecha.
    </p><p class="article-text">
        Es feliz la memoria cuando no somos deudores. Es casi un para&iacute;so sin leyes de expulsi&oacute;n. Schopenhauer dec&iacute;a que la recordaci&oacute;n act&uacute;a como la placa de una c&aacute;mara fotogr&aacute;fica; capta todas las cosas y nos da una imagen mucho m&aacute;s bella que el original. El recuerdo del halago es quebradizo, pero el del dolor es tenaz. Eduardo Ruiz Sosa trata, pues, la memoria como una enfermedad y la diagnostica once veces, sirvi&eacute;ndose de herramientas ortogr&aacute;ficas (p&aacute;rrafos con ausencia de puntuaci&oacute;n), espaciales (la prosa, de repente, se desgrana en forma versal y vuelve a prosificarse) o estructurales (con juegos de espejos, giros de t&eacute;cnica cinematogr&aacute;fica, cambios gramaticales y de voz narrativa), conformando una polifon&iacute;a f&uacute;nebre y espolvoreando oro argumentativo en este cuerpo fragmentado: &laquo;Yo me qued&eacute; pensando en la idea de que el amor fuera una servidumbre. El que ama, un siervo. Poseer, ser pose&iacute;do&raquo;; &laquo;Cometiendo un crimen puede hacerse justicia&raquo;; &laquo;Creo que a veces es la muerte la que nos hace miembros de la misma familia&raquo;; &laquo;Nada hay que nos desafecte el cuerpo herido. Aquel hombre, sin embargo, insist&iacute;a en el sol, en la quemadura, en la evaporaci&oacute;n&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Abandonamos el cuerpo y somos puro recuerdo. Y cuando muere el cuerpo de la &uacute;ltima persona que nos recuerda, nos extinguimos del todo. Una teor&iacute;a obsesiva en este libro, en los anteriores y, arriesg&aacute;ndome a profetizar, dir&iacute;a que en la obra futura de Eduardo. No es realismo ortodoxo, no es realismo m&aacute;gico. &iquest;Qu&eacute; son, entonces, estas once cr&oacute;nicas po&eacute;ticas, estas confidencias con la espalda llena de latigazos pensativos? &iquest;Est&aacute; abriendo la puerta Eduardo Ruiz Sosa a un &ldquo;tercer realismo&rdquo;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan de Dios García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/realismo-experimental-eduardo-ruiz-sosa_132_1335369.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Sep 2019 10:31:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Realismo... experimental? :  una lectura de `Cuántos de los tuyos han muerto´ de Eduardo Ruiz Sosa]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Memento Mori]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/memento-mori_132_2729243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92205dc4-1fe6-4cbd-8a11-7b57c27e4743_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memento Mori"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">He visto cómo los escritores vivos, casi todos, nos arrebatamos la simpatía con nuestros protocolos ridículos de petulancia, nuestros navajazos, nuestra broma envenenada y nuestro maltrato, hiriendo placenteramente</p></div><p class="article-text">
        He visto publicar o compartir cada media hora en muros virtuales de cientos de escritores espumarajos pol&iacute;ticos de mala digesti&oacute;n, apostillando sin cesar &laquo;&iexcl;Qu&eacute; asco de ciudad en la que vivo, mierda de regi&oacute;n, de pa&iacute;s, de continente, de mundo entero, el ser humano es basura, tiene m&aacute;s sentimientos el caracol australiano!&raquo;, hasta que alguno de ellos ha sido invitado a un centro cultural o educativo, a un club de lectura, a un recital, a una feria del libro o a un festival y ha dejado constancia de que la podredumbre humanista de este mundo se ha interrumpido durante las horas en que su obra ha sido atendida, aplaudida, y su pene o su vulva felicitada.
    </p><p class="article-text">
        He consolado a m&aacute;s de un escritor por tener muchos reparos para incluir un texto suyo de &ldquo;tendencia marxista&rdquo; en su pr&oacute;ximo libro solamente por miedo a que el buen&iacute;simo e inteligent&iacute;simo grupo de escritores <em>sociales</em> de su ciudad puedan reprocharle que &laquo;&eacute;l no es un poeta comprometido&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        He visto a autores de novela negra, hist&oacute;rica, rosa o amarilla que elevan al cubo la autopromoci&oacute;n de su obra republicando en su muro de Facebook el enlace que ha compartido no-s&eacute;-qui&eacute;n sobre un retuit instagramado por la-madre-que-lo-trajo-al-mundo, que a su vez te etiqueta y te reetiqueta sin descanso, sin orden y sin compasi&oacute;n alguna, no siendo consciente de que, a la larga, provoca un efecto totalmente contrario a la promoci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        He le&iacute;do poemarios y libros de relatos de editoriales tan independientes que no han querido depender de un corrector ortogr&aacute;fico y han conseguido una media de treinta errores gramaticales cada quince p&aacute;ginas.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que los gallinas republicanos aprovechados que se colocaban en primera fila a dar la bienvenida y vitorear a las autoridades franquistas conforme estas iban ganando terreno en la guerra civil espa&ntilde;ola, he sufrido a ciertos lectores que daban la brasa a toda su cuadrilla en los a&ntilde;os 90 con la grandeza de la obra de Luis Garc&iacute;a Montero o Paul Auster, y he sufrido a esos mismos lectores escupir a&ntilde;os despu&eacute;s sobre la misma obra del mismo autor en cuanto las tendencias del &ldquo;lectorado oficial&rdquo; daban la vuelta.
    </p><p class="article-text">
        Han llegado a mi bandeja de entrada voces de cr&iacute;ticos rese&ntilde;ando la &uacute;ltima novela de su primo de Retuerta del Bullaque o Villanueva del Trabuco, calific&aacute;ndolo como el Don DeLillo espa&ntilde;ol, el Foster Wallace espa&ntilde;ol y, si hace falta tirar la casa por la ventana, el Homero espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        He contemplado a los narradores m&aacute;s modernos despedirse para siempre magistral y apocal&iacute;pticamente de sus seguidores en una red social &laquo;cansados de tanta estulticia entre sus usuarios&raquo; y volver en menos de cinco meses &mdash;coincidiendo, &iexcl;oh, sorpresa!, con una nueva publicaci&oacute;n&mdash; sin que se les caiga la cara de verg&uuml;enza; creyendo, adem&aacute;s, que ese episodio de infantilismo no va a pasar factura a su credibilidad moral e intelectual.
    </p><p class="article-text">
         Iniciada la crisis del ladrillo y sus consecuencias en el campo cultural, he escuchado el grito pol&iacute;tico de no pocos escritorzuelos &mdash;activistas de postal, ciberactivistas, sobre todo&mdash; cuya condici&oacute;n profesional durante los a&ntilde;os de la burbuja econ&oacute;mica era rastrear, entre logos de gaviota azul, cualquier tipo de subvenci&oacute;n literaria municipal, regional o nacional con m&aacute;s rapidez y argucia que Paco &ldquo;el bajo&rdquo; de <em>Los santos inocentes</em>.
    </p><p class="article-text">
         He anotado en una lista kilom&eacute;trica m&aacute;s ep&iacute;gonos de Bukowski que perros descalzos en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os por cada provincia espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        He visto c&oacute;mo los escritores vivos, casi todos, nos arrebatamos la simpat&iacute;a con nuestros protocolos rid&iacute;culos de petulancia, nuestros navajazos, nuestra broma envenenada y nuestro maltrato, hiriendo placenteramente. Y no s&oacute;lo hablo de estructura o sistema depravados, ojo. Hablo de traici&oacute;n personalizada, de trauma putrefacto en forma de vanidad y de individualismo atroz.
    </p><p class="article-text">
        He conocido, en fin, a un buen n&uacute;mero de grises e insignificantes escritores exhibir un ego m&aacute;s alto que el Burj Khalifa de Dub&aacute;i, a escritores que ni se esfuerzan ya por esconder su cartel de &ldquo;hazme m&aacute;s favores, que m&aacute;s me merezco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         S&iacute;, amigos. He visto todo eso y much&iacute;simo m&aacute;s. Y la mayor&iacute;a de los que le&aacute;is este art&iacute;culo tambi&eacute;n lo hab&eacute;is visto.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, como anunci&oacute; el violento e inestable Roy Batty en su &uacute;ltimo acto de reflexi&oacute;n, sea hora de morir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan de Dios García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/memento-mori_132_2729243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 May 2019 09:58:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Memento Mori]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lectura,Cultura,Literatura]]></media:keywords>
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