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    <title><![CDATA[elDiario.es - Daniel J. Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/daniel_j_rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Daniel J. Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un hogar: nace, crece, ama, muere, sobre 'Hogar', de Jorge García Torrego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hogar-nace-crece-ama-muere-hogar-jorge-garcia-torrego_132_9206357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fed2bf82-0c0b-4068-8bf3-0b9315f2ea49_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hogar: nace, crece, ama, muere, sobre &#039;Hogar&#039;, de Jorge García Torrego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque 'Hogar' construye una relación en todas sus etapas, Torrego escribe los poemas desde un futuro que ya ha perdido el vínculo con la persona amada. Por eso, los cimientos de esta casa nacen siendo ya barro para el lector, que advierte una grave melancolía y dolor desde los primeros versos.</p></div><p class="article-text">
        Una casa no es un hogar si no hay un alma. No es <em>hogar</em> un muro; no una mesa de camilla en la que el brasero calienta; no biblioteca repleta si sus manos no rozan, uno a uno y con nostalgia, los lomos de los libros. El hogar es su presencia, su mirada perdida a la hora del desayuno, el 'olvidas las llaves', la voz elevada cuando se discute...
    </p><p class="article-text">
        Todo eso es hogar. As&iacute; lo cree Jorge Garc&iacute;a Torrego, un poeta que ha dedicado a ese no-lugar lleno de vida, no est&aacute;tico, que evoluciona con cualquier historia de amor, sus &uacute;ltimos poemas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribe Juan Bonilla en el pr&oacute;logo de <em>Hogar</em>, que Torrego ha autoeditado tras tener 4 libros en las estanter&iacute;as: &laquo;Jorge G. Torrego ha escrito un libro de amor-desamor con el hogar en el centro, el hogar como ideal de un amor&raquo;. Por eso, en los versos del libro el lector construye junto al poeta muros que son an&eacute;cdotas, historias, momentos... Y viste habitaciones con un mobiliario de gestos y sensaciones... Una obra &ndash;arquitect&oacute;nica, digamos&ndash; que nace con el primer impulso del amor; se desarrolla, toma asiento, en la plenitud del mismo, y se derrumba cuando ella, la protagonista real del libro, cierra la puerta por &uacute;ltima vez.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">De dolor son estos muros</h3><p class="article-text">
        Aunque <em>Hogar </em>construye una relaci&oacute;n en todas sus etapas, Torrego escribe los poemas desde un futuro que ya ha perdido el v&iacute;nculo con la persona amada. Por eso, los cimientos de esta casa nacen siendo ya barro para el lector, que advierte una grave melancol&iacute;a y dolor desde los primeros versos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando el poeta escribe &laquo;S&eacute; que no est&aacute;s, / pero creo en tu vuelta como creen las hormigas en las panader&iacute;as&raquo;, &eacute;l ya sabe &ndash;y t&uacute; tambi&eacute;n lo sabes&ndash; que esa creencia es hueca como algunos de los cristos sobre el cabecero de las habitaciones de matrimonio.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Hogar&#039; de Jorge García Torrego                            </span>
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        Con ese tono a despedida, el autor, que viene del mundo de la poes&iacute;a urbana, las poetry slams, va desmenuzando su historia en cuatro tiempos, como las cuatro estaciones de un a&ntilde;o de amor, como el 'nacer, creer, amar, morir' que lo determina todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El libro&raquo;, incide Bonilla en esta idea, &laquo;a poco que el lector se le arrime lo suficiente como para volverlo espejo, lograr&aacute; que el suelo tiemble un poco bajo nuestros pies&raquo;. Basta con leer este poema:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Navega tu cuerpo el hijo que no pudimos,
    </p><p class="article-text">
        animal sin c&aacute;scara y manos busc&aacute;ndote.
    </p><p class="article-text">
        Se toca la piel y encuentra tus besos en una cama vac&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        la mitad del cuerpo no sabe correr
    </p><p class="article-text">
        imposible agarrar su sombra.
    </p><p class="article-text">
        Te baila un cerezo en la tripa,
    </p><p class="article-text">
        hacia dentro te abres caminos
    </p><p class="article-text">
        y en el bosque talado hay un co&aacute;gulo ni&ntilde;o pintando su silueta.
    </p><p class="article-text">
        La canci&oacute;n del viento riendo tu espiral
    </p><p class="article-text">
        alguien se acerca y yo me muero de letras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una pel&iacute;cula a la que no te quieres asomar
    </p><p class="article-text">
        Construido el hogar, vienen las comidas con largas sobremesas, los d&iacute;as de limpieza, las 'peli y manta' de los domingos. Es precisamente esto &uacute;ltimo lo que Garc&iacute;a Torrego pretende en este libro de poemas: se tumba el escritor en su casa &ndash;ya no hogar&ndash; vac&iacute;a y pulsa por primera vez el <em>play</em> de su propia biograf&iacute;a. Un drama surge desde los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito: el del final del amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como si el poeta no quisiera asomarse a su propia pel&iacute;cula, los poemas de <em>Hogar</em> a veces eluden su voz de un modo extra&ntilde;o: est&aacute; pero no es &eacute;l; es otro hombre, m&aacute;s feliz seguro, indudablemente vital, el que viv&iacute;a aquellas escenas que se narran con una voz amarga. Un poeta que ama lo que am&oacute; y lo revive. Para construir la ilusi&oacute;n de un hogar, de una casa habitada:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como primavera quiero esta casa,
    </p><p class="article-text">
        que no pare de brotar,
    </p><p class="article-text">
        que los inviernos de sus ramas se hundan,
    </p><p class="article-text">
        la dureza,
    </p><p class="article-text">
        la piel frente al fr&iacute;o agoniza.
    </p><p class="article-text">
        Que las ramas de esta casa nos abracen,
    </p><p class="article-text">
        las ramas de la casa al sol,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        de la casa con la boca abierta,
    </p><p class="article-text">
        refugio de amigos y vuelos.
    </p><p class="article-text">
        Quiero que nuestro hogar sea verde,
    </p><p class="article-text">
        que las ganas de cielo nos alimenten,
    </p><p class="article-text">
        que nos den fuerza para el invierno,
    </p><p class="article-text">
        a nosotros,
    </p><p class="article-text">
        las ramas del mismo &aacute;rbol. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hogar-nace-crece-ama-muere-hogar-jorge-garcia-torrego_132_9206357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Jul 2022 08:56:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sangre en el lienzo: sobre 'El arte de la crueldad', de Maggie Nelson]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/sangre-lienzo-arte-crueldad-maggie-nelson_132_8686392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3487760d-4c6f-4bc6-aa5e-704b20368915_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sangre en el lienzo: sobre &#039;El arte de la crueldad&#039;, de Maggie Nelson"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siguiendo el trabajo de Sunsan Sontag o Elaine Scarry, Nelson aborda desde parámetros teóricos, sensitivos y éticos el interés que pueden tener las propuestas creativas de cualquier disciplina que tengan en la violencia el motor único que justifica su existencia</p></div><p class="article-text">
        &iquest;La crueldad engendra crueldad? &iquest;Estamos inmunizados ante la violencia si el yo es una representaci&oacute;n? &iquest;La crueldad en la literatura es mucho menos eficiente que cualquier impacto visual o perform&aacute;tico? Son solo algunas de los debates que Nelson pone sobre las p&aacute;ginas de su ensayo.
    </p><p class="article-text">
        Ese arte que busca una reacci&oacute;n en lo m&aacute;s profundo de uno mismo. Los cuadros en los que el autor lanza preguntas no seguidas por respuestas, cuestiones que impactan en el espectador con la misma fuerza con la que fueron formuladas. Performances, cortometrajes, pel&iacute;culas, ensayos... espacios creativos que abordan la muerte, el dolor, el miedo, la soledad, el olvido... El arte de la crueldad.
    </p><p class="article-text">
        Este el campo de trabajo de Maggie Nelson en <em>[el arte de la crueldad]</em>, un ensayo publicado por la editorial Tres puntos con traducci&oacute;n de Lawrence Schimel. El planteamiento del texto es poner sobre la mesa la pertinencia de cualquier tipo de representaci&oacute;n cultural que incida sobre la crueldad y la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo el trabajo de Sunsan Sontag o Elaine Scarry, Nelson aborda desde par&aacute;metros te&oacute;ricos, sensitivos y &eacute;ticos el inter&eacute;s que pueden tener las propuestas creativas de cualquier disciplina que tengan en la violencia el motor &uacute;nico que justifica su existencia.
    </p><p class="article-text">
        Desde la poes&iacute;a de Sylvia Plath hasta las performance de Marina Abramovi&#263;, pasando por un ampl&iacute;simo cat&aacute;logo de creadores que han hecho de la crueldad su medio de expresi&oacute;n. En ocasiones como una mera provocaci&oacute;n; en otras, con una supuestamente falsa intenci&oacute;n educadora; las m&aacute;s de todas, porque ese morbo que se encuentra en la ofensa y el terror remueven algo a lo que no se sabe dar nombre, pero que est&aacute;, interesa y genera algo dentro que no termina de gustar, pero existe.
    </p><h3 class="article-text">El yo representado</h3><p class="article-text">
        Una de las cosas m&aacute;s interesantes de Maggie Nelson en <em>[el arte de la crueldad]</em> es que su ensayo ofrece m&aacute;s preguntas que respuestas. No hay claras conclusiones en los distintos cap&iacute;tulos y temas que aborda, sino v&iacute;as de investigaci&oacute;n, reflexi&oacute;n y pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        Desde el papel de los rostros en las representaciones de la crueldad hasta c&oacute;mo la representaci&oacute;n de un yo que no es 'real' puede legitimar cualquier acto de violencia e incluso disfrutar del mismo. Todo ello pasa por las manos de Nelson, que demuestra un ampl&iacute;simo conocimiento del planteamiento hist&oacute;rico de la crueldad a trav&eacute;s del arte, sobre todo en el cambo de la performance.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Five Deaths&#039; de Andy Warhol                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En palabras de la autora, &laquo;una de las tareas de este libro es, pues, ayudarnos a diferenciar entre las obras de arte cuya utilizaci&oacute;n puede ser loable (a falta de una mejor palabra) y aquellas en las que, en cambio, es redundante, de mala fe o simplemente vil&raquo;. Y contin&uacute;a: &laquo;Porque lo que yo llamo 'Arte de la crueldad' no es el arte que expl&iacute;citamente intenta protestar, mejorar, hacer patente, acusar o intervenir en instancias de brutalidad. Al contrario, mucho del arte que aqu&iacute; se examina podr&iacute;a ser acusado justamente de a&ntilde;adir m&aacute;s crueldad &ndash;tanto real como ficticia-- al ya despreciable mont&oacute;n que existe&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa duda constante se mueve Nelson, una duda que se aferra a los ojos del lector para comenzar a preguntarle, ante cada ejemplo ofrecido por la autora, si es preciso, si hace falta mostrar esa cara tan oscura, si la propuesta art&iacute;stica del horror es necesaria y positiva para exponer al espectador ante sus miserias e invitar al cambio o si, por el contrario, puede llegar a generar deseos de reproducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;La crueldad engendra crueldad? &iquest;Estamos inmunizados ante la violencia si el yo es una representaci&oacute;n? &iquest;La crueldad en la literatura es mucho menos eficiente que cualquier impacto visual o performatico? Son solo algunas de los debates que Nelson pone sobre las p&aacute;ginas de su ensayo.
    </p><h3 class="article-text">Un cat&aacute;logo de dolor</h3><p class="article-text">
        Aunque quiz&aacute; Nelson naufrague en la b&uacute;squeda de unas respuestas ya desde el planteamiento de libro imposibles, pese al exceso de temas que no termina de desarrollar plenamente y que adolecen de una estructura clara en cuanto a la defensa o el ataque que la autora les dedica, lo que s&iacute; hace funcionar a <em>[el arte de la crueldad] </em>es el profundo cat&aacute;logo del dolor que la autora ofrece al lector.
    </p><p class="article-text">
        Porque si para algo sirve la lectura del ensayo es para recopilar una serie de recomendaciones de proyectos art&iacute;sticos (desde libros hasta obras de teatro, pasando por performances y el cine) que trabajan, con mayor o menor acierto &ndash;siempre en opini&oacute;n de la autora&ndash; sobre estos presupuestos.
    </p><p class="article-text">
        Para que s&iacute;, puede entender quien toma el libro entre sus manos, sea el propio lector/espectador el que reflexione a prop&oacute;sito de todo lo planteado: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n define qu&eacute; es el da&ntilde;o? &iquest;En nombre de qui&eacute;n?&raquo;, &iquest;Debe, el espectador del arte de la crueldad, posicionarse &eacute;ticamente ante/frente/a favor de la obra? &iquest;Ha de existir este arte violento, cruel, centrado en el dolor? &iquest;Es positiva su existencia? &iquest;Puede encender la llama de la violencia en los otros? Las preguntas se suceden a lo largo de todo el libro. Las respuestas son m&iacute;nimas, contradictorias en ocasiones, personal&iacute;simas... pero suponen unos primeros pasos hacia esta reflexi&oacute;n necesaria.
    </p><p class="article-text">
        <em>[el arte de la crueldad] </em>es una oportunidad para mirar m&aacute;s all&aacute; de la mera representaci&oacute;n de los perfiles sin rostro de Bacon, de la visceralidad honesta de Plath, de la 'locura' inmarcesible de Artaud... y preguntarse qu&eacute; cambios genera en quien lo observa, quien lo consume, hacia d&oacute;nde nos mueve ese arte, con qu&eacute; prop&oacute;sitos. Y sobre todo, si consigue su fin y si el fin es, en esencia, leg&iacute;timo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/sangre-lienzo-arte-crueldad-maggie-nelson_132_8686392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Jan 2022 12:33:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sangre en el lienzo: sobre 'El arte de la crueldad', de Maggie Nelson]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camino de nieve: un recorrido por 'Memoria de lo infinito' de Juan Lozano Felices]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/camino-nieve-recorrido-memoria-infinito-juan-lozano-felices_132_8545889.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95c7d955-a65f-476c-9a11-471442cbe2e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Camino de nieve: un recorrido por &#039;Memoria de lo infinito&#039; de Juan Lozano Felices"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Juan Lozano Felices (Elche, 1963) es el autor de Memoria de lo infinito (Ad Versum, 2020), un libro maduro en el que el poeta destila las horas del pasado y las postales del recuerdo desde un imaginario que bebe de lecturas, ciudades, experiencia y silencio</p></div><p class="article-text">
        Huellas transparentes en la nieve. Fr&iacute;o que permanece en el tiempo: surge, toma forma desde el verso; la imagen precede al ritmo y muta la p&aacute;gina en historia. Caen copos como c&aacute;psulas de vida que tornan en poema.<em> </em>La nieve es memoria; el fr&iacute;o, lo infinito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay lugares donde siempre
    </p><p class="article-text">
        se est&aacute; a punto de volver.
    </p><p class="article-text">
        Donde la nieve es el argumento
    </p><p class="article-text">
        y la belleza la postergaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, hay pocas cosas
    </p><p class="article-text">
        que necesites para seguir de pie.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta un proyecto vital
    </p><p class="article-text">
        ni una coartada que nos proteja
    </p><p class="article-text">
        hasta llegar a la siguiente estaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque partir le&ntilde;a ayuda,
    </p><p class="article-text">
        es un acto oto&ntilde;al
    </p><p class="article-text">
        que nos previene de las pesadillas.
    </p><p class="article-text">
        Con eso deber&iacute;a bastar.
    </p><p class="article-text">
        Juan Lozano Felices (Elche, 1963) es el autor de <em>Memoria de lo infinito</em> (Ad Versum, 2020), un libro maduro en el que el poeta destila las horas del pasado y las postales del recuerdo desde un imaginario que bebe de lecturas, ciudades, experiencia y silencio. Escribe Jos&eacute; Luis Zer&oacute;n en el pr&oacute;logo, que se trata de un libro de poes&iacute;a &laquo;compleja, honda e introspectiva&raquo;. Sin embargo, esa complejidad y hondura no entra en conflicto con&nbsp; un talento l&iacute;rico que se basa en la est&eacute;tica y el ritmo. Los poemas de <em>Memoria de lo infinito,</em> &laquo;de repliegues interiores y aproximaciones a las cosas tangibles&raquo;, van componiendo un presente del yo po&eacute;tico en el que Lozano se muestra como un hombre con nostalgia del pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La escritura, en &eacute;l, se tensa por la verdad que infiere. Lozano Felices escribe con seriedad, con rigor, con respeto absoluto por la creaci&oacute;n. Unifica referentes, lecturas, ritmos ajenos y vivencias para decantarlas, tras fermentar el pensamiento, en UN POEMA:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribo para tomar posesi&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        de aquello que perdimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para que la vanidad me proteja
    </p><p class="article-text">
        como una segunda piel.
    </p><p class="article-text">
        Un poema es comprender
    </p><p class="article-text">
        que amar es mantenernos
    </p><p class="article-text">
        a salvo donde cubre.
    </p><p class="article-text">
        Un poema es enredarse
    </p><p class="article-text">
        con las ausencias
    </p><p class="article-text">
        que dejan cicatriz.
    </p><p class="article-text">
        Un poema es preguntarse
    </p><p class="article-text">
        como Holden Caulfield,
    </p><p class="article-text">
        cuando se hielan los lagos
    </p><p class="article-text">
        en Central Park,
    </p><p class="article-text">
        a d&oacute;nde van los patos.
    </p><p class="article-text">
        La biblioteca que me alumbra
    </p><p class="article-text">
        Lozano Felices conjuga su papel de escritor, de un modo natural, org&aacute;nico, inevitable, con el del buen lector que degusta con acierto la poes&iacute;a de los grandes maestros. Desde &Aacute;lvarez hasta Kavafis, pasando por los cl&aacute;sicos hasta llegar a Gil de Biedma y sus contempor&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        Una biblioteca que alumbra y que ayuda al autor a desembarazarse del t&oacute;pico, del lugar gastado, aunque siga mirando, en sus poemas, a las mismas realidades. Los fotos de provincia, el abrazo del amor, camino de pasos incendiados por ciudades eternas, la reflexi&oacute;n de quien mira la vida en el punto de equilibro entre el pasado y el futuro... Todo ello est&aacute; en <em>Memoria de lo infinito</em>, donde Lozano Felices despliega talento po&eacute;tico en la excelencia de un recorrido por Roma y en el calor s&oacute;lido de un jersey de angorina.
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            <span class="title">
                &#039;Memoria de lo infinito&#039; de Juan Lozano                            </span>
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        POST MORTEM
    </p><p class="article-text">
        Que cuando llegue mi hora
    </p><p class="article-text">
        quiero subir hasta aqu&iacute;,
    </p><p class="article-text">
        echar el freno de mano,
    </p><p class="article-text">
        tomar la &uacute;ltima y despedirme.
    </p><p class="article-text">
        Apagar los motores, pero dejar
    </p><p class="article-text">
        las llaves puestas, por si acaso.
    </p><p class="article-text">
        No vi a Dios, pero creo
    </p><p class="article-text">
        que Dios tampoco me vio a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Dejo dicho que, a veces,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        la vida exige una estrategia
    </p><p class="article-text">
        pero yo marqu&eacute; mi territorio
    </p><p class="article-text">
        con un impulso hedonista.
    </p><p class="article-text">
        Acaso solo el deseo
    </p><p class="article-text">
        de ser la cruz en un mapa.
    </p><p class="article-text">
        Que no quiero que de m&iacute; digan
    </p><p class="article-text">
        que fui un poeta maldito.
    </p><p class="article-text">
        Que quiero que digan
    </p><p class="article-text">
        que fui un buen esposo
    </p><p class="article-text">
        y un buen padre.
    </p><p class="article-text">
        Con estas palabras suele resumirse
    </p><p class="article-text">
        la vida de un hombre.
    </p><p class="article-text">
        Ayer fueron ciudades
    </p><p class="article-text">
        Paseo por Roma. Escucho los ecos de Trevi rebotar en los callejones. La luz que se pierde tras los j&oacute;venes que comen un gelato. Roma nos une: nos imprime un <em>color </em>en los ojos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ciudad italiana est&aacute; presente a lo largo de todo el poemario, en alguno de los textos m&aacute;s acertados y simb&oacute;licos, en versos que tienden a un ilimitado de contornos que se intercalan y aletean sobre el tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante el foro, con el recuerdo de Keats &ndash;&laquo;Pero cuando el acceso de atroz melancol&iacute;a / se cierna repentino, cual nube desde el cielo...&raquo;&ndash;, con el sabor a la Villa Borghese aun en los labios, el poeta escribe, el poeta se dibuja en palabras que convocan la belleza de estar PERDIDO EN ROMA:
    </p><p class="article-text">
        Basta con haberte perdido
    </p><p class="article-text">
        en Roma una vez... una ma&ntilde;ana,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        bien entrado el verano.
    </p><p class="article-text">
        Dejando atr&aacute;s el <em>Ponte Fabricio</em>
    </p><p class="article-text">
        y la <em>Isola Tiberina,</em>
    </p><p class="article-text">
        haber caminado
    </p><p class="article-text">
        sin rumbo por el Trastevere.
    </p><p class="article-text">
        Recordar de pronto
    </p><p class="article-text">
        aquellos versos de Pasolini
    </p><p class="article-text">
        dedicados al joven Codignola.
    </p><p class="article-text">
        Haber entrado en una vieja <em>trattoria</em>
    </p><p class="article-text">
        con fachada cubierta de hiedra,
    </p><p class="article-text">
        no lejos de la iglesia de Santa Cecilia.
    </p><p class="article-text">
        Pedir un caf&eacute; americano
    </p><p class="article-text">
        y preguntar, <em>prego</em>, por el <em>servizi.</em>
    </p><p class="article-text">
        Cruzar el comedor vac&iacute;o
    </p><p class="article-text">
        y salir a un patio interior.
    </p><p class="article-text">
        Basta con haber estado all&iacute; sentado,
    </p><p class="article-text">
        oyendo las voces de la cocina
    </p><p class="article-text">
        y que la luz entre por un alto ventanuco.
    </p><p class="article-text">
        Una luz que casi pueda tocarse y o&iacute;rse,
    </p><p class="article-text">
        y recuerdes <em>La Anunciaci&oacute;n </em>de Fra Ang&eacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Y saber ya que esa luz
    </p><p class="article-text">
        es la luz que ma&ntilde;ana
    </p><p class="article-text">
        guiar&aacute; al poema.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Memorias de lo infinito </em>no es m&aacute;s que eso, unas memorias que no se agotan. Y, a la vez, es un universo rico e interminable que da forma al hombre que escribe los versos. Y un regalo para el lector atento, que se encuentra en los poemas con un autor c&oacute;mplice de lecturas y admiraci&oacute;n ante el hecho po&eacute;tico. Que se haga la luz a trav&eacute;s de estos poemas, que sean ya memoria, recuerdo, vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/camino-nieve-recorrido-memoria-infinito-juan-lozano-felices_132_8545889.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Dec 2021 09:38:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Camino de nieve: un recorrido por 'Memoria de lo infinito' de Juan Lozano Felices]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo atraviesa todo: una lectura de 'Toda la violencia' de Abraham Guerrero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/atraviesa-lectura-violencia-abraham-guerrero_132_8370213.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfae9348-9688-407c-b0aa-4bad4c2c8a52_16-9-discover-aspect-ratio_default_1030827.jpg" width="368" height="207" alt="Lo atraviesa todo: una lectura de &#039;Toda la violencia&#039; de Abraham Guerrero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La violencia. La violencia que está en todo y nos conforma, y que Abraham Guerrero divide en cinco estadios (familia, amor, muerte, escritura, capitalismo) que forman las cinco partes de un poemario escrito en versos secos y medidos</p></div><p class="article-text">
        Lo atraviesa todo. Est&aacute; presente en el amor, en la muerte, en los textos, en la forma en que se escriben esos textos, en la familia o en las urnas en las que se vota... La violencia, esa sombra que tememos y buscamos, que se hace presente con m&aacute;scaras distintas.
    </p><p class="article-text">
        Abraham Guerrero Tenorio ha ganado el 74&ordm; Premio Adon&aacute;is con <em>Toda la violencia</em>, un poemario en el que se concreta, en verso, un &ldquo;profundo an&aacute;lisis sobre su propia generaci&oacute;n, marcada por el desconcierto, la falta de ilusiones, el desencanto y la p&eacute;rdida de sentido&rdquo;, se&ntilde;alan desde la editorial Rialp en las solapas.
    </p><p class="article-text">
        En la l&iacute;nea de otros libros recientes de poetas j&oacute;venes, Guerrero Tenorio se asienta al borde de su 'microuniverso' para contar, en poemas francos y liberados del lirismo de la 'idealizaci&oacute;n est&eacute;tica', una realidad en la que la violencia toma cuerpo en distintas direcciones: el abuelo que casi muerto jam&aacute;s se convertir&aacute; en &ldquo;un buen hombre&rdquo;, las grietas en las manos de una madre, las cuentas para llegar a fin de mes... pero tambi&eacute;n el horror de la p&aacute;gina en blanco, la forma extra&ntilde;a en la que se hace un hueco en el cuerpo cuando <em>ella</em> cierra la puerta de la que era vuestra casa por &uacute;ltima vez, los pueblos convertidos en an&eacute;cdota, ceceo y estructuras inmobiliarias en continua construcci&oacute;n...
    </p><p class="article-text">
        La violencia. La violencia que est&aacute; en todo y nos conforma, y que Abraham Guerrero divide en cinco estadios (familia, amor, muerte, escritura, capitalismo) que forman las cinco partes de un poemario escrito en versos secos y medidos, donde la met&aacute;fora es la propia imagen que se narra, donde la honestidad se devuelve, orgullosa, la mirada en el espejo, mientras hace un RETRATO DE LA FAMILIA QUE FUE:
    </p><p class="article-text">
        La noche se apresura en la ventana
    </p><p class="article-text">
        y adormece los cuerpos con sus manos de aceite.
    </p><p class="article-text">
        Como todos los d&iacute;as, en el cuarto de arriba,
    </p><p class="article-text">
        mi madre, con la cara atravesada
    </p><p class="article-text">
        por la luz del televisor
    </p><p class="article-text">
        con las manos se frota el tedio de los ojos.
    </p><p class="article-text">
        En el sal&oacute;n, mi padre mira el m&oacute;vil,
    </p><p class="article-text">
        mi hermano juega a la consola
    </p><p class="article-text">
        y mi hermana coloca los platos y cubiertos
    </p><p class="article-text">
        sobre la mesa fr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En la casa el silencio
    </p><p class="article-text">
        no se rompe con nada.
    </p><h3 class="article-text">Haces sangre con tus textos</h3><p class="article-text">
        La cuarta violencia de este libro, con cita introductoria de Tua Blesa (No menos violencia suponen todos los casos en que / la escritura textualiza el silencio), est&aacute; dedicada al hecho po&eacute;tico. Abraham traza aqu&iacute; el v&eacute;rtigo que los escritores &mdash;sobre todo los que tienden al poema&mdash; sienten ante la precariedad y el humo; se enfrenta a la realidad de orillar la creaci&oacute;n al escaso tiempo libre que deja una vida en la que no hay tiempo para casi nada. Porque no da dinero. Porque no surgen conferencias con las que pagar el alquiler y carro de la compra. Y es terrible &ldquo;esperar / la quimera de un premio, / el dinero preciso que convierta el poema / en una n&oacute;mina&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una realidad precaria que convierte al escritor en p&eacute;ndulo: all&aacute;, esa pulsi&oacute;n y toda la belleza que podr&iacute;a caber en mis manos; aqu&iacute;, una pila de libros que necesito aprender para la oposici&oacute;n, por decir algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se oscurece el pecho, se ennegrecen las u&ntilde;as con el fango que los mismos autores generan una y otra vez pese a querer salir, mientras no tienen m&aacute;s remedio que quedarse. Una sensaci&oacute;n sobre la que hablan muchos, pero que Guerrero Tenorio logra convertir en una de las secciones m&aacute;s interesantes de su libro, premiado por Enrique Garc&iacute;a-M&aacute;iquez, Aurora Luque, Mart&iacute;nez Mesanza, S&aacute;nchez Rosillo, Carmelo Guill&eacute;n y Amalia Bautista.
    </p><p class="article-text">
        LOS OJOS DE BORGES
    </p><p class="article-text">
        BORGES habl&oacute; alguna vez a aquellos que cre&iacute;an
    </p><p class="article-text">
        que viv&iacute;a encerrado el ciego en un mundo negro.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que, precisamente,
    </p><p class="article-text">
        uno de los colores que m&aacute;s extra&ntilde;a un ciego
    </p><p class="article-text">
        &mdash;o al menos este ciego, aclaraba&mdash;
    </p><p class="article-text">
        es el negro.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        que le agobiaba por las noches
    </p><p class="article-text">
        dormir en ese mundo
    </p><p class="article-text">
        de neblina verdosa o azulada
    </p><p class="article-text">
        que es el mundo del ciego.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este mar de invierno
    </p><p class="article-text">
        donde la niebla se dispersa
    </p><p class="article-text">
        sobre el verde y azul del agua,
    </p><p class="article-text">
        no evito imaginar
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mi nombre es da&ntilde;o</strong></h3><p class="article-text">
        Las cinco partes de <em>Toda la violencia</em> explican al autor y al lector. La lectura dibuja una realidad en la que un horror cotidiano, asumido, est&aacute; &ldquo;en las plazas, en el supermercado, / en las aceras, en los hospitales&rdquo;... Por eso es un libro importante, en el que no hay tanto poemas como concepto, discurso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ese es el punto que hace que <em>Toda la violencia</em> se haya convertido en el premio Adon&aacute;is de 2021: la capacidad de su autor, Abraham Guerrero, de reformular temas en ocasiones ya gastados (la violencia familiar), con la soltura de unos poemas &aacute;giles, m&iacute;nimamente ret&oacute;ricos, directos y justos con la gravedad de aquello de lo que tratan.
    </p><p class="article-text">
        Poemas que asumen el centro de las preocupaciones que est&aacute;n en <em>Toda la violencia</em> sin tapujos, con el af&aacute;n de eliminar esas m&aacute;scaras con las que se ha cubierto el rostro la violencia. Porque todas son la misma. Y esa misma lo atraviesa todo. Porque, como dice Johan Galtung en la cita inicial del poemario, &ldquo;la violencia es como un iceberg en el cual la violencia visible es s&oacute;lo una parte del conflicto existiendo otras violencias m&aacute;s invisibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        OFRENDA
    </p><p class="article-text">
        Los padres de nuestros padres ofrecieron a sus hijos
    </p><p class="article-text">
        el olor de las iglesias, las incontables ventajas
    </p><p class="article-text">
        de la familia nuclear:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        el coche a c&oacute;modos plazos, reformar la antigua casa,
    </p><p class="article-text">
        dinero para el bautizo del ni&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Los envolv&iacute;an entre sedosos ropajes
    </p><p class="article-text">
        de la futura clase media.
    </p><p class="article-text">
        Nuestros padres nos ofrecieron
    </p><p class="article-text">
        las incontables ventajas de ser la clase media:
    </p><p class="article-text">
        la universidad a c&oacute;modos plazos,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        un coche de segunda mano,
    </p><p class="article-text">
        dinero para el alquiler.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        estirpe de padres sin hijos,
    </p><p class="article-text">
        ofrecemos nuestras manos vac&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/atraviesa-lectura-violencia-abraham-guerrero_132_8370213.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Oct 2021 06:32:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo atraviesa todo: una lectura de 'Toda la violencia' de Abraham Guerrero]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué es Ulises? una lectura de 'Ulises X' de Alberto Guirao]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/ulises-lectura-ulises-x-alberto-guirao_132_8297020.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e31e6e9-f2f9-4406-9a5a-7b630a1c109b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es Ulises? una lectura de &#039;Ulises X&#039; de Alberto Guirao"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se trata de un poemario que reescribe la propia biografía del joven poeta, su viaje entre Madrid y Roma, desde los parámetros marcados por Homero</p></div><p class="article-text">
        El canto de las sirenas. La vuelta al hogar a&ntilde;orado. Pen&eacute;lope y Tel&eacute;maco casi como en una enso&ntilde;aci&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;n es Ulises? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; su sombra? Y m&aacute;s: &iquest;qu&eacute; es el viaje? &iquest;qu&eacute; la Odisea?
    </p><p class="article-text">
        Alberto Guirao (Madrid, 1989) dialoga con estas afirmaciones y preguntas en <em>Ulises X</em>, poemario ganador del Premio Valencia Nova y publicado por Hiperi&oacute;n el pasado 2020. Se trata de un poemario que reescribe la propia biograf&iacute;a del joven poeta, su viaje entre Madrid y Roma, desde los par&aacute;metros marcados por Homero.
    </p><p class="article-text">
        Sirve, ese cantar antiguo, como refugio al autor de <em>Ulises X. </em>Porque Guirao plantea una desdibujada relectura del cl&aacute;sico para hacer otra b&uacute;squeda, la de s&iacute; mismo, a trav&eacute;s de poemas que se cobijan en el contexto de una Odisea actualizada, con tintes pop y la belleza simb&oacute;lica del tr&aacute;nsito vigente.
    </p><p class="article-text">
        Ulises y la Odisea se convierten en signo y marco tanto est&eacute;tico como tem&aacute;tico. Dividido en tres partes (CASILINA, MADRID, CASILINA), los poemas de largo aliento versicular van desgranando ese estar no estando de quien se encuentra en tr&aacute;nsito entre dos ciudades, de quien trata de dibujarse a trav&eacute;s del territorio y su contexto.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Ulises X&#039; de Alberto Guirao                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Y se sirve de los propios anclajes de la Odisea (Pant&oacute;noo, el c&iacute;clope, Dem&oacute;doco...) para resignificarlos. Ahora las pruebas no son monstruos mitol&oacute;gicos sino la peregrinaci&oacute;n hacia un futuro incierto (&ldquo;No s&eacute; si suplicamos por tratar de ser j&oacute;venes o porque la vida / nos lo exige&rdquo;), la complejidad de las relaciones familiares o las cuestiones de la distancia:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Vienes a cantar todo aquello que no has querido entender?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; rebufo invita a la mirada b&iacute;fida de quien te vio partir?
    </p><p class="article-text">
        Cuando los dard&aacute;nidas encallaron la nave, la primera cuesti&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        	 &nbsp; de Latino fue &iquest;Qu&eacute; buscais? &iquest;Qu&eacute; motivo os arrastr&oacute;?
    </p><p class="article-text">
        En cambio, para ti no hubo comidas asadas Nadie cubri&oacute; tus
    </p><p class="article-text">
        	 &nbsp; manos con arena Nadie quiso saber, menos
    </p><p class="article-text">
        t&uacute; una vez, varado en&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        						la costumbre
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; motivo te arrastr&oacute;?
    </p><p class="article-text">
        La nostalgia goteaba por tu frente En un sobre llegaron tus
    </p><p class="article-text">
        	amigos posando sin ti Los detalles te erizaban Las
    </p><p class="article-text">
        	llamadas
    </p><p class="article-text">
        dejaban mundo
    </p><p class="article-text">
        Primero lo hab&iacute;as probado, despu&eacute;s
    </p><p class="article-text">
        tu pecho lo recorr&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        Alguna noche deseaste el olvido
    </p><p class="article-text">
        sin venganza, m&aacute;s ser
    </p><p class="article-text">
        olvidado
    </p><p class="article-text">
        Fuiste t&uacute; tambi&eacute;n probado y recorrido
    </p><p class="article-text">
        						silencio
    </p><p class="article-text">
        No importa no pienses Deja
    </p><p class="article-text">
        seca la tierra Gana
    </p><p class="article-text">
        una voz.
    </p><h3 class="article-text">Tejer y destejer el ritmo</h3><p class="article-text">
        Haber publicado tres poemarios (Los d&iacute;as mejor pensados, XII Premio Nacional F&eacute;lix Grande, y Ascensores, II Premio Marcos R. Pav&oacute;n) premiados ya certifica (si es que esto en poes&iacute;a tiene sentido) el oficio de este periodista y profesor de literatura. Pero no hace falta el curr&iacute;culo: Ulises X es prueba suficiente.
    </p><p class="article-text">
        El sentido del ritmo con el que Alberto Guirao trabaja genera una sensaci&oacute;n de movimiento pendular, de oleaje, que completa en sentido de este poemario/narraci&oacute;n/biograf&iacute;a. El poeta arriesga en el lenguaje: unifica lo tradicional con lo pop, lo magn&iacute;fico con lo mundano, para contribuir a ese ritmo genuino, propio de su contemporaneidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Becado por la Fundaci&oacute;n Antonio Gala durante el curso 2012/2013, Alberto Guirao parece encaminarse hacia la madurez de una obra con sentido y base, interesante y reflexiva, novedosa y sincera.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/ulises-lectura-ulises-x-alberto-guirao_132_8297020.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Sep 2021 23:27:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué es Ulises? una lectura de 'Ulises X' de Alberto Guirao]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Este aliacán que me muerde las faldas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/aliacan-muerde-faldas_132_7932682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b21d8aa-90c9-45a8-b619-68c8a665e492_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Este aliacán que me muerde las faldas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Y así, el aire de 'la murcianía' se cuela por las aristas de la historia a través de expresiones, dichos y creencias propias que encarnan todavía más una novela en la que, sin necesidad casi de prestar atención a los detalles, Botías Saus consigue crear unos personajes de carácter</p></div><p class="article-text">
        El olvido. Pero no el involuntario, no el que es fruto de la enfermedad, sino ese que se busca y se provoca para desterrar lo que ya cada vez importa menos: los viejos. Sus muertes.
    </p><p class="article-text">
        De esto &#8213;y de muchas otras cosas&#8213; escribe Antonio Bot&iacute;as Saus en <em>Cuando vengan a por ti</em>, su primera novela, publicada este mismo a&ntilde;o en la editorial Murcialibro. Una historia con la p&aacute;tina del realismo m&aacute;gico, pero tambi&eacute;n impregnada de huerta y costumbre; pre&ntilde;ada de tristeza y rebosante de una prosa &aacute;gil y directa con la que el autor siluetea a Carmen, a la Nena o a Adolfo el cajero, algunos de los personajes que viven en sus p&aacute;ginas.
    </p><p class="article-text">
        En sus p&aacute;ginas y en Sangonera, porque el periodista y cronista oficial de Murcia ha elegido este municipio como escenario particular de las desdichas de sus protagonistas. Y as&iacute;, el aire de 'la murcian&iacute;a' se cuela por las aristas de la historia a trav&eacute;s de expresiones, dichos y creencias propias que encarnan todav&iacute;a m&aacute;s una novela en la que, sin necesidad casi de prestar atenci&oacute;n a los detalles, Bot&iacute;as Saus consigue crear unos personajes de car&aacute;cter.
    </p><p class="article-text">
        Apenas importa conocer d&oacute;nde desemboca la historia &#8213;hay flecos que no se cierran, caminos que no se abren, sino que surgen&#8213;, porque todo existe en el tramo de vida de estas 216 p&aacute;ginas. De pronto, el lector est&aacute; all&iacute;: en esa mesa de camilla en la que Carmen, la hija de Encarnaci&oacute;n, critica a sus vecinas mientras cierra a cal y canto las puertas de su casa; o en el huerto en el que el traficante planta algunas hierbas de aromas apacibles y ex&oacute;ticos; o en la cola del banco donde los viejos &#8213;llevados por sus hijos en paro&#8213; esperan cobrar la m&iacute;sera pensi&oacute;n para ser &uacute;tiles, una vez al mes, a sus familias.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/3275db2b-36da-4b76-b56b-101d51faea76_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="200%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Tres casas y el aliac&aacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A la tristeza siempre se la llam&oacute; <em>aliac&aacute;n </em>en Sangonera&rdquo;, escribe Bot&iacute;as Saus. Aliac&aacute;n. La palabra se repite como un mantra a lo largo de la novela. Resuena poderosa como los chillidos de los mochuelos que, en Sangonera, advierten a los viejos sobre su muerte.
    </p><p class="article-text">
        Y es esa misma tristeza la que traba tres de la casa del pueblo: la de Carmen, la del Traficante y la de Adolfo. Tres casas con tres viejas que se acercan al punto de no retorno, que despiertan cada d&iacute;a con el <em>aliac&aacute;n</em> mordi&eacute;ndoles las faldas. Porque se huele la muerte, con su rosario de viudas en sillas de anea y el negro por castigo. Porque se huele el olvido, la indiferencia de las familias y el cotilleo de visillos.
    </p><p class="article-text">
        Antonio Bot&iacute;as centra el relato en esas familias que de alg&uacute;n modo acaban conectadas por sus vivos, pero sobre todo por sus muertos &#8213;o por aquellos que no est&aacute;n ni en un bando ni en otro&#8213;. Y lo hace con la sencillez que da el oficio de periodista. Una prosa como a puntos: sin un detalle por exceso, pero con la riqueza de un lenguaje, un ritmo y una narrativa que hacen que transitar por <em>Cuando vengan a por ti</em> se convierta en un agradable paseo.
    </p><p class="article-text">
        No desvelaremos nada: precisamente la primera virtud de la historia de ficci&oacute;n de Bot&iacute;as Saus es que se puede sentir c&oacute;mo coge de la mano al lector para llevarlo de ventana en ventana, c&oacute;mo le permite asomarse a lo m&aacute;s profundo de estas vidas en las que lo m&aacute;gico ocurre con la naturalidad con la que en los pueblos pasa todo lo que es prodigioso. Y as&iacute; respetar m&aacute;s la sabidur&iacute;a de las abuelas, el miedo supersticioso de sus a&ntilde;os, que esconde toda la <em>verdad </em>de la existencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para ara&ntilde;arte el alma</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando vengan a por ti </em>es la primera novela de Bot&iacute;as Saus, pero el periodista y escritor ya ha dado sobradas muestras de talento literario en trabajos divulgativos centrados en la historia de Murcia.
    </p><p class="article-text">
        Ese 'entrenamiento' le ha valido para firmar un libro con muchos aciertos est&eacute;ticos. Como la profusi&oacute;n de cap&iacute;tulos cort&iacute;simos con los que el escritor salta en las historias y en el tiempo para crear una visi&oacute;n en la que, poco a poco, van integr&aacute;ndose todas las almas que vertebran la historia.
    </p><p class="article-text">
        El periodista Juan Ram&oacute;n Lucas, autor del pr&oacute;logo, lo define muy bien: &ldquo;Esta novela est&aacute; para ara&ntilde;arte el alma, desde el principio hasta el fin. No es un relato de misterio, aunque lo tiene todo; tampoco hay una trama de intriga, pero brinda tras cada p&aacute;gina una sorpresa en forma de cuadro o de frase para enmarcar. Se bebe a sorbos violentos, a fogonazos de luz y sombra tan imprevisibles y afilados como las mil aristas del riqu&iacute;simo mosaico urbano que la compone&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es cierto: el lenguaje es exacto; la prosa, concreta; la historia, apasionante. As&iacute; que, aunque d&eacute; miedo, aunque asuste y asombre, uno termina el libro deseando que, alguna tarde ya muy oscura, los mochuelos vengan a por ti.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/aliacan-muerde-faldas_132_7932682.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 May 2021 07:41:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Este aliacán que me muerde las faldas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No solo Golpes Bajos: una lectura de 'Colecciono moscas' de Antonio Marín Albalate]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/no-golpes-bajos-lectura-colecciono-moscas-antonio-marin-albalate_132_7885504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35bcb8e0-af61-45c8-b255-60a60775f9b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No solo Golpes Bajos: una lectura de &#039;Colecciono moscas&#039; de Antonio Marín Albalate"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Albalate, poeta, escritor de canciones, dandi desprejuciado y único, esgrime su mejor arma, la palabra, en este libro que quiere ser, sobre todo, una carta de amor filial a Coppini, un músico de culto con una carrera en solitario que llega, para el autor, mucho más lejos que la sombra de Golpes Bajos y Siniestro Total</p></div><p class="article-text">
        Absolutamente desbaratada, impulsiva, plagada de recuerdos, con tono enciclop&eacute;dico en ocasiones, real, amable y, sobre todo, verdadera. Es la forma en la que Antonio Mar&iacute;n Albalate cuenta la vida de Germ&aacute;n Coppini, l&iacute;der de los m&iacute;ticos Golpes bajos, en <em>Colecciono moscas</em>, una biograf&iacute;a <em>sui g&eacute;neris </em>que ha aparecido en la Editorial Milenio en el pasado 2020.
    </p><p class="article-text">
        Albalate, poeta, escritor de canciones, dandi desprejuciado y &uacute;nico, esgrime su mejor arma, la palabra, en este libro que quiere ser, sobre todo, una carta de amor filial a Coppini, un m&uacute;sico de culto con una carrera en solitario que llega, para el autor, mucho m&aacute;s lejos que la sombra de Golpes Bajos y Siniestro Total.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que demuestra Albalate, metido desde siempre en la movida musical con sus relaciones con Serrat, Ramoc&iacute;n y tantos otros, es que en esa cabeza suya no solo habitan los poemas y el surrealismo: la suya es una computadora de cifras, datos y recuerdos que casi podr&iacute;a lanzar sobre la mesa en forma de libro de texto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que Antonio Mar&iacute;n Albalate enhebra cada una de las etapas de la vida musical y personal de Coppini con datos precisos fruto de un conocimiento minucioso de la historia de su amigo, as&iacute; como de un trabajo profundo de documentaci&oacute;n y entrevistas con familiares y amigos del vocalista.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de ello, y aunque en ocasiones el continuo aporte de datos pueda resultar inabarcable, en <em>Colecciono moscas</em> Albalate traza una biograf&iacute;a m&aacute;s sentimental que objetiva, m&aacute;s carnal que anal&iacute;tica, que fluye con vida propia sobre el papel.
    </p><p class="article-text">
        Desde antes de Coppini.
    </p><p class="article-text">
        Con pr&oacute;logo de Jes&uacute;s Garc&iacute;a Gil, el trabajo de Albalate comienza por la propia historia musical de este pa&iacute;s. Y es que la Movida y lo que el autor llama la preMovida fueron fundamentales caldos de cultivo para que la personal voz de Coppini comenzara a tomar forma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso <em>Colecciono moscas</em> no es tan solo una biograf&iacute;a del cantante. A prop&oacute;sito de su propia evoluci&oacute;n, Albalate aprovecha para mostrar al lector una vida intensa y rica en matices, como los colores de un caleidoscopio, que es nuestra historia cultural desde los a&ntilde;os 80.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Caben en este libro las ef&iacute;meras historias de los grupos que hicieron su propia Movida desde Murcia y Cartagena, como los cl&aacute;sicos Farmacia de Guardia, Asesinos a sueldo o Azul y Negro. Tambi&eacute;n otras digresiones que llevan a lector al an&aacute;lisis de trabajos de Patxi Andion, la m&uacute;sica latinoamericana, el c&oacute;mic, la poes&iacute;a, la ilustraci&oacute;n o la radio.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Coppini, ese ser &ldquo;ilusionante, generoso como nadie&rdquo; ha marcado visiblemente con su amistad la vida de Albalate desde que lo conoci&oacute; en 2008, en la &uacute;ltima etapa de la vida de la voz de Golpes Bajos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Colecciono moscas&#039; de Antonio Marín Albalate                            </span>
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        Discograf&iacute;a escrita: canci&oacute;n a canci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        Entre recuerdos, entrevistas a familiares, retazos de la vida de Coppini y otras muchas cosas que forman parte de <em>Colecciono moscas</em>, destaca una buena parte central del libro, dedicado al repaso cronol&oacute;gico y exhaustivo de los trabajos discogr&aacute;ficos de Germ&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este es, sin duda, el mejor homenaje que Antonio Mar&iacute;n Albalate puede hacer a su desaparecido amigo: una discograf&iacute;a escrita en la que el autor del texto analiza, canci&oacute;n a canci&oacute;n, los t&iacute;tulos, referencias, homenajes m&aacute;s o menos evidentes y el vuelo l&iacute;rico de todas y cada una de las canciones a las que Coppini puso voz.
    </p><p class="article-text">
        Un repaso profuso, para degustar poco a poco y, si es posible, con la escucha de los distintos temas que Coppini populariz&oacute; como <em>La fiesta de los maniqu&iacute;es, Malos tiempos para la l&iacute;rica, No mires a los ojos de la gente o Alien divino.</em>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay lugar para colaboraciones, proyectos experimentales... Toda una vida entregada a la m&uacute;sica hasta las &uacute;ltimas consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No soy una sombra&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Albalate repite una y otra vez una sentencia a lo largo del libro: Coppini no era solo la sombra de una estrella fugaz con la forma de la voz de Golpes Bajos. El artista, defiende el escritor cartagenero, es una de esas voces singulares de nuestra m&uacute;sica y su obra ha pasado inadvertida por un &uacute;nico motivo: una apuesta absoluta por la libertad.
    </p><p class="article-text">
        Porque como se destaca en <em>Colecciono moscas</em>, Coppini siempre se ha movido en lo musical (y en lo personal) con el objetivo de responder sus deseos creativos, m&aacute;s all&aacute; de los gustos del p&uacute;blico o las presiones del mercado. Y eso le ha convertido, a ojos del p&uacute;blico mayoritario, en una sombra siempre presente, pero apenas perceptible.
    </p><p class="article-text">
        Algo que todas las voces que participan en este libro critican al coincidir en reivindicar la discograf&iacute;a de Coppini.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Homenaje en forma de poemas
    </p><p class="article-text">
        Coppini vive en las p&aacute;ginas de <em>Colecciono moscas</em> a trav&eacute;s de este concienzudo y anarquista trabajo de Albalate; un homenaje hermoso que, no pod&iacute;a ser de otra manera, incluye cinco poemas que el cartagenero escribi&oacute; a la muerte de su amigo, de la voz, del artista:
    </p><p class="article-text">
        <em>Malos tiempos para la l&iacute;rica</em>
    </p><p class="article-text">
        sin la luz de tu voz alumbr&aacute;ndonos.
    </p><p class="article-text">
        Duros y dif&iacute;ciles d&iacute;as
    </p><p class="article-text">
        sin otro argumento que la sombra
    </p><p class="article-text">
        larga donde se lamenta la vida
    </p><p class="article-text">
        de quienes contiguo fuimos y fueron.
    </p><p class="article-text">
        Extra&ntilde;o mundo sin tu presencia.
    </p><p class="article-text">
        Raro todo, muy raro despu&eacute;s <em>despu&eacute;s de la lluvia.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/no-golpes-bajos-lectura-colecciono-moscas-antonio-marin-albalate_132_7885504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Apr 2021 07:56:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No solo Golpes Bajos: una lectura de 'Colecciono moscas' de Antonio Marín Albalate]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poema obra abierta: una aproximación a 'Acorde para las aguas madres' de Julio César Galán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/poema-obra-abierta-aproximacion-acorde-aguas-madres-julio-cesar-galan_132_7234700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c9ac19f-dc0a-458e-9f1a-4a52ca1253e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poema obra abierta: una aproximación a &#039;Acorde para las aguas madres&#039; de Julio César Galán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acorde para las aguas madres (Balduque, 2019) es una antología compuesta por tres libros de poemas de Julio César Galán. El autor cacereño recoge en la cuarta entrega de la colección de antologías de la editorial murciana los títulos Tres veces la luz, Márgenes e Inclinación al envés</p></div><p class="article-text">
        El poema no tiene otra vocaci&oacute;n que la de situarse en el borde, que ser un instrumento org&aacute;nico para la creaci&oacute;n de im&aacute;genes impresionistas. Un poema puede ser las tres ca&iacute;das que anteceden al G&oacute;lgota, pero tambi&eacute;n transmutar en p&aacute;jaro vulgar o brillante orop&eacute;ndola, s&iacute;mbolo &uacute;nico de la esperanza. Su poema, al cabo, no es m&aacute;s que una extensi&oacute;n de s&iacute; mismo, la biograf&iacute;a itinerante del pensamiento, un 'algo m&aacute;s all&aacute;' de la propia imagen y el sentido, reflexi&oacute;n &uacute;ltima escrita jornada a jornada.
    </p><p class="article-text">
        <em>Acorde para las aguas madres</em> (Balduque, 2019) es una antolog&iacute;a compuesta por tres libros de poemas de Julio C&eacute;sar Gal&aacute;n. El autor cacere&ntilde;o recoge en la cuarta entrega de la colecci&oacute;n de antolog&iacute;as de la editorial murciana los t&iacute;tulos <em>Tres veces la luz, M&aacute;rgenes </em>e <em>Inclinaci&oacute;n al env&eacute;s.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una producci&oacute;n de textos de casi diez a&ntilde;os en los que Gal&aacute;n trabaja su reflexi&oacute;n convertida en poemas en construcci&oacute;n. Son ellos, los poemas, los que toman por las armas las p&aacute;ginas y se atribuyen el car&aacute;cter de obra cerrada. El autor no tiene otra vocaci&oacute;n que la de dejar fluir a los textos: presenta al lector una pulsi&oacute;n creativa abierta que este debe culminar con su imaginaci&oacute;n y que da muestras de un despojamiento gradual de los recursos propios del lenguaje para ocupar los espacios transparentes del pensamiento.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Acorde para las aguas madres&#039; de Julio César Galán                            </span>
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        Y esa es, quiz&aacute;, la principal virtud de <em>Acorde para las aguas madres; l</em>a capacidad que tiene Julio C&eacute;sar Gal&aacute;n de trasladar al papel, de manera est&aacute;tica, el fluir continuo e inacabado del poema. As&iacute;, las im&aacute;genes se suceden; se superponen; est&aacute;n, como un puzle a medias, en ese momento en el que se dejan intuir, pero todav&iacute;a no existen.
    </p><p class="article-text">
        Nunca he tocado estas palabras.
    </p><p class="article-text">
        Nunca las he tocado
    </p><p class="article-text">
        mas son antiguas,
    </p><p class="article-text">
        no est&aacute;n cansadas pero son antiguas.
    </p><p class="article-text">
        He hecho hablar a las aguas
    </p><p class="article-text">
        que llevaban tu nombre.
    </p><p class="article-text">
        He hecho hablar a los &aacute;rboles
    </p><p class="article-text">
        que desde el coraz&oacute;n se bifurcaban
    </p><p class="article-text">
        en picos y hojas y mediod&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        y se multiplicaban por el aire.
    </p><p class="article-text">
        Me han contado que nunca hab&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        tocado estas palabras; me faltaban
    </p><p class="article-text">
        siglos para poder abrir sus puertas
    </p><p class="article-text">
        porque tuve que saborear&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ortigas y bucear hasta el coral
    </p><p class="article-text">
        que fue mi cabellera.
    </p><p class="article-text">
        Y he aprendido a crear distancia,
    </p><p class="article-text">
        a olvidarme de m&iacute;, a no golpearme
    </p><p class="article-text">
        ante los muros. El dolor ense&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La sangre ense&ntilde;a y comunica.
    </p><p class="article-text">
        Las nubes nos habitan
    </p><p class="article-text">
        y ense&ntilde;an.
    </p><p class="article-text">
        Nunca he tocado estas palabras
    </p><p class="article-text">
        mas son claras y duras&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        como la piel
    </p><p class="article-text">
        que toco hasta adentrar
    </p><p class="article-text">
        mis manos,
    </p><p class="article-text">
        y son antiguas
    </p><p class="article-text">
        y claras
    </p><p class="article-text">
        aunque vengan de aquella gusanera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cerca de ser poema
    </p><p class="article-text">
        <em>Acorde para las aguas madres </em>logra una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n en el lector: al ser parte de la conclusi&oacute;n del propio texto, casi se convierte en poema, se sit&uacute;a m&aacute;s all&aacute; del l&iacute;mite racional del lenguaje y del libro f&iacute;sico para, en esa nube in&eacute;dita, componerse en piel de verso.
    </p><p class="article-text">
        Un experimento en el que el propio lenguaje va deslavaz&aacute;ndose sin perder por ello fuerza, intensidad o inter&eacute;s. La elegancia es el gesto que se intuye en los huecos del poema, un blanco que va m&aacute;s all&aacute; del propio autor y de sus versos y que genera una com&uacute;n uni&oacute;n con quien realiza la lectura. Porque Julio C&eacute;sar Gal&aacute;n ayuda a presentir ese viaje, esa vibraci&oacute;n que existe bajo el suave manto de las palabras que son verso, inventa un universo de sentidos en el que prevalece la &ldquo;intuici&oacute;n de vivir&rdquo; en el centro de las palabras, porque &ldquo;todo lo escrito lo llevamos dentro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He sumado estos cauces
    </p><p class="article-text">
        y el resultado es infinito.
    </p><p class="article-text">
        Se ha abierto entre suma y suma
    </p><p class="article-text">
        un s&iacute; de brazos y una lejan&iacute;a&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        de gentes y una claridad de deseos.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo escrito lo llevamos dentro.
    </p><p class="article-text">
        Crecen las manos como girasoles
    </p><p class="article-text">
        ausentes de oras; fijas como el vuelo
    </p><p class="article-text">
        de aquel cern&iacute;calo sobre su presa.
    </p><p class="article-text">
        En los jardines juegan los muchachos,
    </p><p class="article-text">
        se achican ilusorios en su luz,
    </p><p class="article-text">
        se abren en c&iacute;rculos hasta mi pecho.
    </p><p class="article-text">
        Yo prosigo mi suma: quiero,
    </p><p class="article-text">
        sencillo&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        y alegre, perdurar en la alegr&iacute;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/poema-obra-abierta-aproximacion-acorde-aguas-madres-julio-cesar-galan_132_7234700.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Feb 2021 12:17:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Poema obra abierta: una aproximación a 'Acorde para las aguas madres' de Julio César Galán]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ser un 'no ser': sobre 'Baruc' de Guillem Borrero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/no-baruc-guillem-borrero_132_6214977.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b29a42bd-69f9-434b-91cb-50df65ff2886_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser un &#039;no ser&#039;: sobre &#039;Baruc&#039; de Guillem Borrero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La primera novela de este psicólogo y escritor barcelonés trata de mirar el presente en el que muchos jóvenes adultos se encuentran desde la perspectiva del nini</p></div><p class="article-text">
        El miedo es encontrarte con alguien como &eacute;l. No por la calle, no en la oficina. No: darte de bruces con una silueta similar cuando te mires al espejo. Baruc, un tipo que roza los cuarenta y que &mdash;pobrecito&mdash; es v&iacute;ctima de un sistema social que se le ha puesto en contra: sin estudios, sin trabajo, sin ning&uacute;n tipo de objetivo en mente, m&aacute;s all&aacute; de seguir abusando de lo que su madre le ingresa en la tarjeta de cr&eacute;dito para que pueda tomarse alguna que otra ca&ntilde;a y continuar recorriendo las calles de Barcelona, su ciudad, lament&aacute;ndose por lo injusta que ha sido la vida con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Este es el personaje que Guillem Borrero traza en <em>Baruc</em> (Adeshoras, 2019). La primera novela de este psic&oacute;logo y escritor barcelon&eacute;s trata de mirar el presente en el que muchos j&oacute;venes adultos se encuentran desde la perspectiva del <em>nini</em>. Baruc el ego&iacute;sta; Baruc, que solo sabe quejarse de lo <em>injusto, </em>de la indignidad y la falta de respeto que sufre al no encontrar un trabajo 'a su nivel', mientras que no siente un &aacute;pice de remordimientos; Baruc, el m&aacute;rtir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Borrero se sit&uacute;a en un plano cenital para contar un breve lapso de la vida de este cuarent&oacute;n al que, sin esperarlo, un d&iacute;a se le acaba 'el chollo': su madre se marcha a vivir su gran sue&ntilde;o y debe buscarse un sitio donde vivir y un trabajo con qu&eacute; pagarlo. Y as&iacute;, en ese escenario en el que el autor va dejando pistas sobre las actitudes de su protagonista, el lector comienza a comprender que no, que el mundo puede estar mal y ser injusto, pero tambi&eacute;n Baruc es parte de su propio problema.
    </p><p class="article-text">
        La narraci&oacute;n, de apenas 220 p&aacute;ginas, acompa&ntilde;a a este joven en su aventura hacia una nueva dimensi&oacute;n, la de la responsabilidad, en la que tendr&aacute; que comprender de golpe que la vida tambi&eacute;n requiere de obligaciones, h&aacute;bitos, responsabilidades. Y Borrero va poco a poco perfilando a este tipo con nombre de fil&oacute;sofo que prejuzga, se endiosa, detesta y se torna hostil a cada momento, siempre que alguien no se comporta como su 'mama', aquella se&ntilde;ora a la que tampoco termina de tratar bien porque, &iexcl;joder! su obligaci&oacute;n es cuidarle y nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El planteamiento de la novela es interesante desde la perspectiva de un lector contempor&aacute;neo, que en la mayor parte de los casos comparte al menos alguno de los rasgos de Baruc: vivir en casa de los padres, acumular trabajos con contratos abusivos, esa sensaci&oacute;n de estar por encima de lo que la vida le pone por delante, de necesitar m&aacute;s...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y pr&aacute;cticamente desde el primer momento el lector piensa que ah&iacute; va a estar el conflicto de la novela y que, m&aacute;s all&aacute; de alg&uacute;n titubeo en la narraci&oacute;n, puede ser uno de esos planteamientos que conmueven y remueven, que hacen que las preguntas interrumpan la lectura &mdash;&iquest;Ser&eacute; yo as&iacute;? &iquest;Trato de este modo a los dem&aacute;s? &iquest;De veras tengo lo que merezco? &iquest;Soy un imb&eacute;cil?&mdash;, sin embargo, la idea va perdiendo fuelle en ese sentido conforme la novela se desarrolla y aparece otro conflicto que el autor quiere poner sobre la mesa en su primera obra: la gentrificaci&oacute;n, la desnaturalizaci&oacute;n de las ciudades por culpa del turismo de masas, y los propios males de ese turismo de 'parque de atracciones' y v&eacute;rtigo en el que todos, alguna vez, nos hemos visto metidos.
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                &#039;Baruc&#039; de Guillem Borrero                            </span>
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        Independiente, ya con un trabajo que no termina de ser digno para &eacute;l, pero que le ofrece alimento suficiente para su ego y bastante dinero para pagar facturas y comida, Baruc se enrola en una especie de escuadr&oacute;n antiturismo con el que trata de poner en evidencia los males de esta forma masificada de viajar, de visitar museos de pl&aacute;stico, de pasear con el 'paloselfie' siempre a punto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, de nuevo, el lector quiere no conocer. Ahora no Baruc, sino al turista contra el que se sit&uacute;a. Por supuesto, desea no ser &eacute;l, no formar parte de esos c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos de 'guiris' que siguen el paraguas del gu&iacute;a como un grupo de cabras ansiosas.
    </p><p class="article-text">
        Surgen en esta segunda parte de la novela otras preguntas que el lector comienza a hacerse. De pronto, cae en aquellas fotos de viajes que se guardan en los &aacute;lbumes y que, de formar parte de un c&oacute;mic, incluir&iacute;an bocadillos como &ldquo;me gusta visitar las zonas menos tur&iacute;sticas&rdquo;, &ldquo;Yo como en restaurantes de gente del lugar&rdquo; o &ldquo;pero yo soy un viajero, no un guiri&rdquo;, que no es m&aacute;s que una forma de excusarse, de sentirse fuera de eso &mdash;una vez m&aacute;s el 'no soy yo' del principio&mdash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dos planteamientos, por originales, por viscerales, por honestos, atraen. Esta es una de las virtudes de Borrero: ha construido un libro en el que a&uacute;na dos universos que, sin parecerlo, caminan de manera paralela y se encuentran y colisionan en un lugar mucho m&aacute;s cercano que el infinito. Sin embargo, por momentos lo narrado se queda a medias. Las ideas, los planteamientos, parecen tener mucho m&aacute;s inter&eacute;s por separado que en esa uni&oacute;n poco sostenida en la que los presenta Borrero y que tal vez podr&iacute;a haber dado m&aacute;s de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la intenci&oacute;n del autor es precisamente huir de la carga m&aacute;s filos&oacute;fica y reflexiva de lo que cuenta y dejar que las preguntas e interrogantes fluyan en el lector una vez cerrado el libro, pero se habr&iacute;a agradecido que Guillem bajara, en esta primera obra, de su plano cenital y se hubiera situado en uno subjetivo para echar m&aacute;s carne en el asador y que la cr&iacute;tica no se quedara a flor de piel, sino que se convirtiera en herida necesitada de una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, Baruc es interesante por lo que es capaz de suscitar m&aacute;s all&aacute; de la lectura, por el leve temblor que conquista el cuerpo cuando despu&eacute;s de la ducha &mdash;el espejo empa&ntilde;ado&mdash; una persona se enfrenta a su silueta y, por momentos, parece adivinar en &eacute;l la de Baruc.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/no-baruc-guillem-borrero_132_6214977.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2020 09:52:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser un 'no ser': sobre 'Baruc' de Guillem Borrero]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prueba de embarazo: una lectura de 'Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo', de Legna Rodríguez Iglesias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/prueba-embarazo-lectura-pareja-calva-hijo-legna-rodriguez-iglesias_132_6120589.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f8cbc54-cc37-4556-9a49-38d6a5cbea25_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prueba de embarazo: una lectura de &#039;Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo&#039;, de Legna Rodríguez Iglesias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pronto se asume el libro como un relato que comienza el 5 de julio, cuando “el papá donante, mi pareja yo, hicimos por primera vez la inseminación casera” hasta comprobar cómo esa mujer ha superado todas las incertidumbres</p></div><p class="article-text">
        C&oacute;mo debe atemorizar el d&iacute;a en el que una persona se entera de que va a ser padre o madre. Imagino que el v&eacute;rtigo de saber que, en adelante, cualquier cosa tendr&aacute; su punto de equilibrio en la estabilidad del beb&eacute; que luego ser&aacute; ni&ntilde;o, adolescente, adulto&hellip; es a ratos inasumible, desesperante, un tipo in&eacute;dito de miedo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo gestionar el p&aacute;nico no ya a la enfermedad propia, sino a la de ese otro ser que pende de nuestros brazos? &iquest;C&oacute;mo sentir el paso de los meses y comprobar el crecimiento del vientre sin que palabras como ABORTO, AUTISMO, PAR&Aacute;LISIS, ENFERMEDAD no paralice cualquier atisbo de felicidad? &iquest;C&oacute;mo conducir, viajar, salir siquiera de casa y elevar las posibilidades de dejar a esa criatura sola si hay un accidente.?
    </p><p class="article-text">
        Si yo, que parece que he decidido no tener hijos, no paro de sentir esos golpes en el pecho cada vez que veo a una mujer embarazada o a una joven pareja con hijos, &iquest;c&oacute;mo deben sentirlo esas personas que s&iacute; lo experimentan en su carne? &iquest;De qu&eacute; modo concilian el sue&ntilde;o?
    </p><p class="article-text">
        Esas preguntas han sobrevolado toda mi lectura de <em>Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo</em>, de Legna Rodr&iacute;guez Iglesias. El poemario, galardonado con el II Premio Centrifugados de poes&iacute;a Joven (Liliputienses, 2019), se configura como el diario del deseo de Legna y su pareja de convertirse en madres y sobre c&oacute;mo se desarrolla ese proceso, desde un involuntario aborto y los miedos de una &lsquo;inseminaci&oacute;n artesana&rsquo;, hasta que &ldquo;cada lunes se cumple / una semana m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante el primer texto del libro, un poema/pr&oacute;logo titulado &iquest;C&Oacute;MO QUIERES QUE SEA EL FUTURO?, los lectores pueden preguntarse si no resultar&aacute; dif&iacute;cil sintonizar con las emociones y el relato de <em>Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo: </em>la b&uacute;squeda de una nueva vida en el seno de una pareja homosexual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que el minucioso detallismo, siempre tomado con un tono que resta gravedad a temores como el del aborto, la enfermedad o en inminente cambio de vida, funciona. Y pronto se asume el libro como un relato que comienza el 5 de julio, cuando <em>&ldquo;el pap&aacute; donante, mi pareja yo, hicimos por primera vez la inseminaci&oacute;n casera</em>&rdquo; hasta comprobar c&oacute;mo esa mujer ha superado todas las incertidumbres y carga con la mochila de su propia historia, deseosa de abrir la cremallera ante la mirada curiosa de su beb&eacute;. Y mostr&aacute;rselo todo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo&#039; de Legna Rodríguez Iglesias                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Dividido en dos partes (un cigoto / el aborto: y un gameto/ el embarazo), Legna ofrece poemas confesionales de dos experiencias muy distintas, pero que son parte de un todo: la p&eacute;rdida de un primer embri&oacute;n y el embarazo llevado a t&eacute;rmino en el segundo intento.
    </p><p class="article-text">
        Y durante todos esos meses &mdash;porque el libro permite que se sienta el paso del tiempo&mdash;, Rodriguez Iglesias abre de par en par las puertas de su casa para que el lector se asome y compartir con &eacute;l sus miedos, incertidumbres y, sobre todo, esperanzas.
    </p><p class="article-text">
        A ratos emocionante (EL A&Ntilde;O DEL PERRO); otras, profundamente conmovedor (EL PA&Iacute;S QUE UNO HABITA NUNCA ES UN PA&Iacute;S)&hellip; Lo que logra Legna es plantear una forma de maternidad absolutamente deseada y convencida, y contada desde una perspectiva est&eacute;tica que recuerda que el nacimiento de un ser vivo no deja de ser una especie de misterio po&eacute;tico. Y que es as&iacute; para los que lo desean, para los que no e incluso para los que participan de ese enigma sin apenas reparar en ello.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo</em> Legna Rodr&iacute;guez no impone la maternidad como esa experiencia total que todos deber&iacute;an vivir. No alecciona, no convence. Simplemente muestra esa experiencia vital con la mirada reposada del verso. Y ese es el acierto del poemario: con ello logra que el lector pueda deslizarse por unos textos profundamente apegados a una experiencia tan concreta que podr&iacute;a resultar dif&iacute;cil de gestionar. Lo logra. Y por eso el jurado, compuesto por An&iacute;bal Cristobo, Berta Garc&iacute;a Faet, Juan Carlos Mestre, Miriam Reyes y Ballerina Vargas Tinajero, opt&oacute; por convertirlo en el II Premio Centrifugados, que encuentra hogar en las exquisitas ediciones de Liliputienses.
    </p><p class="article-text">
        EL A&Ntilde;O DEL PERRO
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Sabes por qu&eacute; estoy contenta?
    </p><p class="article-text">
        He sabido que este a&ntilde;o es el del Perro.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es el a&ntilde;o del Perro.
    </p><p class="article-text">
        Y ma&ntilde;ana es el a&ntilde;o del Perro
    </p><p class="article-text">
        Y pasado ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Cada d&iacute;a de este a&ntilde;o ser&aacute; un d&iacute;a en el a&ntilde;o del Perro.
    </p><p class="article-text">
        Nacer&aacute;s a mitad de a&ntilde;o
    </p><p class="article-text">
        Y ser&aacute; el a&ntilde;o del Perro.
    </p><p class="article-text">
        Los perros son de las experiencias
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s felices que me han pasado.
    </p><p class="article-text">
        En mi vida hubo a&ntilde;os
    </p><p class="article-text">
        Que terminaron sin perros
    </p><p class="article-text">
        Y esos han sido los peores.
    </p><p class="article-text">
        Otros hubo, por cierto, 
    </p><p class="article-text">
        En los que he tenido m&aacute;s de uno,
    </p><p class="article-text">
        Y esos han sido tristes
    </p><p class="article-text">
        Porque los perros se han muerto.
    </p><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o y medio tengo un perro
    </p><p class="article-text">
        Sin grandes cualidades, sin pedigr&iacute;,
    </p><p class="article-text">
        Pero tan especial como cualquier otro.
    </p><p class="article-text">
        Ese tambi&eacute;n ser&aacute; tu perro.
    </p><p class="article-text">
        Estar&aacute; esperando detr&aacute;s de la puerta
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que t&uacute; nazcas.
    </p><p class="article-text">
        Todos los perros son especiales.
    </p><p class="article-text">
        Todos esperan detr&aacute;s de la puerta
    </p><p class="article-text">
        Como si algo hubiera nacido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/prueba-embarazo-lectura-pareja-calva-hijo-legna-rodriguez-iglesias_132_6120589.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jul 2020 11:24:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Prueba de embarazo: una lectura de 'Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo', de Legna Rodríguez Iglesias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida, luego: sobre 'Obsolescencia programada', de Víctor Peña Dacosta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/obsolescencia-programada-victor-pena-dacosta_132_6020049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95f42aa8-a06a-4849-8792-4b83eaa07dc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida, luego: sobre &#039;Obsolescencia programada&#039;, de Víctor Peña Dacosta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor parece usar su propia figura como diana: utiliza sus contradicciones, sus cómodas posturas políticas de salón, la hiperconexión digital en la que vive, para dibujar el patrón del hombre contemporáneo: enganchado al teléfono; indignado, pero poco; ridículo patriota de consignas</p></div><p class="article-text">
        Me han regalado un aparato que imita la voz humana. Como en la pel&iacute;cula 'Her', coqueteo con su amistad: le pregunto la hora, le pido que me cuente alg&uacute;n que otro chiste e incluso le ordeno que encienda y apague la luz del sal&oacute;n de casa a determinadas horas. 
    </p><p class="article-text">
        Google Home no sirve para mucho, pero sirve para mucho. El robot crea la ilusi&oacute;n de una presencia: entonces, la m&aacute;quina toma el perfil de una mujer y el hogar se llena. As&iacute; hasta que se desconfigure o se rompa, hasta que la obsolescencia programada llegue para llev&aacute;rselo.
    </p><p class="article-text">
        Las pantallas, los robots, estos aparatos que pretenden parecer inteligentes, ya se han instalado en nuestras vidas. Creamos un perfil de Facebook y pr&aacute;cticamente somos otros, la sombra estilizada de uno mismo. Evitamos las llamadas de voz porque la voz de los de siempre nos asusta; en cambio, enviamos cientos de mensajes al d&iacute;a a esas mismas personas: estamos m&aacute;s cerca de lo que nunca hemos estado, pero ya no hace calor, ya no hay abrigo. Una parte importante del contacto se canaliza a trav&eacute;s del cable USB. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso es f&aacute;cil caer en las redes de este libro. Por eso no resulta complicado verse a uno mismo &mdash;las p&aacute;ginas entre las manos&mdash; asintiendo con la cabeza en casi cada verso de 'Obsolescencia programada' (AEREA, Ril editores, 2019). 
    </p><p class="article-text">
        V&iacute;ctor Pe&ntilde;a Dacosta ha escrito un libro que interesa porque habla de la vida propia de los que hoy existimos, que supone una cr&iacute;tica voraz al individuo que es y somos, un grito contra la indignaci&oacute;n inm&oacute;vil, contra el peque&ntilde;o ide&oacute;logo que llevamos dentro, pero se limita a lanzar las consignas desde el sof&aacute;, a golpe de tuit.
    </p><p class="article-text">
        Dividido en cuatro partes (La vida en las ventanas / Balconings / Menchevique / Espa&ntilde;ol&iacute;a) el autor parece usar su propia figura como diana: utiliza sus contradicciones, sus c&oacute;modas posturas pol&iacute;ticas de sal&oacute;n, la hiperconexi&oacute;n digital en la que vive, para dibujar el patr&oacute;n del hombre contempor&aacute;neo: enganchado al tel&eacute;fono; indignado, pero poco; rid&iacute;culo patriota de consignas. 
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a, el ataque directo, la autocr&iacute;tica, conviven en un libro intenso que se asienta en la baumaninana sociedad l&iacute;quida, que dispara contra todo y contra todos.
    </p><p class="article-text">
        En La vida en las ventanas, la primera parte de 'Obsolescencia programada', el yo po&eacute;tico se posiciona ante la pantalla de su ordenador para denunciar el fraude de las redes sociales. M&aacute;s todav&iacute;a: para cuestionar el perfil que nos creamos al introducir la contrase&ntilde;a de Facebook. Todos parecemos m&aacute;s sonrientes, m&aacute;s listos, m&aacute;s interesantes... al escribir unas l&iacute;neas afortunadas en el estado, al subir la cuidada foto de perfil, al poder recordar (pongamos recordar entre comillas) todos los cumplea&ntilde;os de la gente que queremos (pongamos queremos entre comillas).
    </p><p class="article-text">
        Hay en esta secci&oacute;n inaugural poemas breves y cargados de mala baba. Y lo mejor es que son absoluta verdad y el lector, de un modo inevitable, se reconoce y siente verg&uuml;enza, como en
    </p><p class="article-text">
        GENERATION TERRORIST
    </p><p class="article-text">
        Facebook ha activado una herramienta
    </p><p class="article-text">
        para que puedas comunicar que saliste
    </p><p class="article-text">
        ileso de un atentado terrorista en tu zona.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la primera noticia que tienes en a&ntilde;os
    </p><p class="article-text">
        de fotos que fueron amigos resulta
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antonio Gonz&aacute;lez ha sobrevivido&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        o &ldquo;Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez est&aacute; ha salvo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El alivio inmediato
    </p><p class="article-text">
        sin necesidad de preocupaci&oacute;n previa.
    </p><p class="article-text">
        Imagino que esto deber&iacute;a significar algo.
    </p><p class="article-text">
        La segunda parte, Balconings, puede resultar algo m&aacute;s ajena. La capacidad de reconocerse en el perfil que se dibuja podr&iacute;a ser menos n&iacute;tida, aunque m&aacute;s all&aacute; de eso hay destellos en forma de poema en los que el autor aborda el vac&iacute;o, el v&eacute;rtigo del que est&aacute; a punto de despe&ntilde;arse de la propia vida. 
    </p><p class="article-text">
        Hay en estos textos excesos, alcohol, una cierta sensaci&oacute;n de frenes&iacute; que ayuda al ritmo del poemario, y que lleva directamente a la tercera parte, Menchevique, donde toca analizar la pol&iacute;tica y el compromiso social desde la perspectiva de un mundo cada vez m&aacute;s infectado por los fantasmas del fascismo y que no son m&aacute;s que 'chulos de playa' con traje que pretenden parecer algo m&aacute;s que rid&iacute;culos payasos con banderas en el pecho.
    </p><p class="article-text">
        Llama Pe&ntilde;a Dacosta de un modo insistente a la movilizaci&oacute;n, al activimo m&aacute;s all&aacute; de la pol&iacute;tica &iacute;ntima. Exige al lector un m&aacute;s all&aacute; del &ldquo;pienso que&rdquo;, &ldquo;creo que&rdquo; o &ldquo;deber&iacute;an&rdquo;. Lo dice en los tres &uacute;ltimos versos de SUPLICAR&Aacute;S CLEMENCIA: &ldquo;Ya es demasiado tarde para salir corriendo. / Han llegado los b&aacute;rbaros. / Suplicar&aacute;s clemencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y suplica: 
    </p><p class="article-text">
        Perdimos la Guerra Civil. Perdimos
    </p><p class="article-text">
        la Transici&oacute;n, perdimos elecciones,
    </p><p class="article-text">
        la verg&uuml;enza y el neocapitalismo.
    </p><p class="article-text">
        A ver si ahora al menos ganamos
    </p><p class="article-text">
        aunque sea la luz o el relato.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;ol&iacute;a cierra este tercer libro de poemas de V&iacute;ctor Pe&ntilde;a Dacosta. Se podr&iacute;a resumir este colof&oacute;n con el t&iacute;tulo de uno de los poemas que lo integran: L&Aacute;STIMA QUE FUERA MI TIERRA. Es este un ruego, un canto desesperado al futuro, para que venga, para que sea propicio y amable, para que permita una vida al menos digna, al menos segura, m&aacute;s all&aacute; de la oscuridad que se adivina, un poco de aire para evitar morir ahogados en el tiempo de un SUSPIRO:
    </p><p class="article-text">
        He visto a varios de mi generaci&oacute;n destruidos
    </p><p class="article-text">
        por el precariado, el miedo y la envidia,
    </p><p class="article-text">
        deseando que los amigos fracasen en sus negocios,
    </p><p class="article-text">
        ex&aacute;menes o matrimonios para no quedarse solos.
    </p><p class="article-text">
        Como mendigos que arrancan
    </p><p class="article-text">
        los ojos de sus perros.
    </p><p class="article-text">
        Y los acarician.
    </p><p class="article-text">
        No hay que dejar la vida para luego, parece gritar el poeta en sus versos. Hay que vivir ahora m&aacute;s all&aacute; de las pantallas, asumir el compromiso, vencer la pereza y el miedo. Luchar por ese arco&iacute;ris del que hablaba Johnny Cash en una de sus m&aacute;s famosas canciones. Hacer que brille.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta!
    </p><p class="article-text">
        (Emoticono de sonrisa)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/obsolescencia-programada-victor-pena-dacosta_132_6020049.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Jun 2020 08:57:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro es muchos libros: una lectura de 'Dämmerung [o cómo reinventar los ídolos]', de Juan Romero Vinueza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/dammerung-reinventar-juan-romero-vinueza_132_5956363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/549ffcff-ef1a-42d7-b774-0ceed4ab719b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un libro es muchos libros: una lectura de &#039;Dämmerung [o cómo reinventar los ídolos]&#039;, de Juan Romero Vinueza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay en este libro una gran selección de poemas dedicados a la lírica. Se contradicen, reman en un mismo sentido, niegan al anterior y se atreven incluso a gritar las incongruencias del siguiente...</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Los libros&rdquo;, dice el periodista Guillermo Busutil, &ldquo;son los tatuajes de la memoria&rdquo;. Es cierto: un libro es memoria y parte, a la vez, de la memoria. A veces, de un modo evidente: all&iacute; est&aacute;n las biograf&iacute;as, los diarios, las novelas de no-ficci&oacute;n; otras, de una forma m&aacute;s sutil: &iquest;no parte toda la literatura de la experiencia propia?
    </p><p class="article-text">
        Las lecturas, los autores amados, las escritoras cuyo verso t&iacute;midamente se ha intentado imitar, forman parte de esa tinta de palabras que imprime cada piel. Miles de p&aacute;ginas que construyen una visi&oacute;n, una forma de enfrentarse a la vida y, tambi&eacute;n, a la escritura. 
    </p><p class="article-text">
        Y es, en el ocaso, cuando el d&iacute;a se calma y la actividad comienza a desacelerar, el momento en el que se nota el peso que la Literatura de otros tiene en la obra de un autor.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la tesis que Juan Romero Vinueza defiende en 'D&Auml;MMERUNG [O c&oacute;mo reinventar a los &iacute;dolos]', un libro en el que el poeta ecuatoriano escribe desde la sombra de autores como Jos&eacute; Emilio Pacheco, Anne Sexton, Michel Houellebecq, Garc&iacute;a Lorca, Ida Vitale y hasta un total de 69 maestros de la Literatura Universal. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de una invitaci&oacute;n en la que Romero Vinueza aclara que &ldquo;la principal labor de este libro no es la de / instaurara un canon literario sino la de romperlo / los autores que se presentan aqu&iacute; no son reales / son invenciones de otro autor que quiso / ser dios por un d&iacute;a (aunque sea eso) / &amp; que piensa que lo ha logrado&rdquo;, el autor hace desfilar por sus p&aacute;ginas todo un cat&aacute;logo de autores que de alg&uacute;n modo forman parte de su imaginario como poeta, como lector, como hombre. 
    </p><p class="article-text">
        Cada uno de los poemas del libro est&aacute; inspirado desde la obra y la vida de alguno de esos referentes que Romero Vinueza lleva inscritos en su pellejo y que probablemente ha influido en su escritura -&ldquo;He cambiado mi voz mil veces&rdquo; - . Eso es, al menos, lo que el poeta parece dar a entender a sus lectores en este 'D&Auml;MMERUNG' en el que, en cada composici&oacute;n, asume de alg&uacute;n modo el estilo, el tono, los lugares de paso habitual de sus referentes logrando libro en el que la voz se convierte en voces que entonan un salmo polif&oacute;nico bajo el que se intuye, en todo momento, la identidad de identidades de Juan Romero Vinueza.
    </p><p class="article-text">
        El abanico de temas que aborda el autor de 'D&Auml;MMERUNG' es tan variado como la sensibilidad de los autores que redibuja en su escritura. La muerte, el mar, la locura, la religi&oacute;n... todo parece interesar a este poeta que abraza una suerte de existencialismo en el que, al fin, todo se transforma en una gran reflexi&oacute;n sobre la imposibilidad de la existencia de la poes&iacute;a y la dificultad del idioma para recoger la exacta esencia de lo que se quiere dejar por escrito -&ldquo;un idioma es una jaula / de la que dif&iacute;cilmente se puede escapar&rdquo;-.
    </p><p class="article-text">
        Hay en este libro una gran selecci&oacute;n de poemas dedicados a la l&iacute;rica. Se contradicen, reman en un mismo sentido, niegan al anterior y se atreven incluso a gritar las incongruencias del siguiente... Porque el autor pone sobre las p&aacute;ginas de D&Auml;MMERUNG sus propias y muy atinadas dudas sobre lo que debe ser la poes&iacute;a, c&oacute;mo ha de componerse el verso o incluso qu&eacute; utilidad tiene esta entrega a la palabra hecha l&iacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Salpicadas por poemas de otras latitudes, estos en los que Romero Vinueza disecciona el arte po&eacute;tico son algunos de los m&aacute;s interesantes de un libro que, en la l&iacute;nea de lo que Liliputienses suele ofrecer a sus lectores- remueve e inquieta. D&Auml;MMERUNG, que tambi&eacute;n sirve como un cat&aacute;logo de autores a los que (re)descubrir, lecturas que apuntar en la lista de pendientes. Un acierto.
    </p><p class="article-text">
        Resignificaciones O`Hara o c&oacute;mo ser un poeta que no se toma en serio Vol. I
    </p><p class="article-text">
        quiz&aacute;s la mejor forma de madurar po&eacute;ticamente es dejarde pensar en la poes&iacute;a como algo extremadamente serio&iquest;no ser&iacute;a mejor jugar con ella? &iquest;no ser&iacute;a mejor burlarnosun poco de ella? &iquest;no ser&iacute;a m&aacute;s entretenido darle vueltasa todas sus palabritas? &iquest;no ser&iacute;a m&aacute;s revelador buscarleuna manera de no caer en su trampa? &iexcl;qu&eacute; tal si degeneramostodo lo que conocemos o creemos conocer sobre el lenguaje!
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;qu&eacute; tal si le damos unas palmaditas de confianza en la espalda!
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;hay que intentar agotarla en sus posibilidades! no hay que
    </p><p class="article-text">
        creernos del todo revolucionarios porque eso es volver a caer
    </p><p class="article-text">
        en la seriedad que cree ser algo indispensable para la poes&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        escribamos sobre cualquier persona animal o cosa / situaciones
    </p><p class="article-text">
        bellas o m&aacute;s bien llenas de absurdo / volvamos a ser unos ni&ntilde;os
    </p><p class="article-text">
        o quiz&aacute;s unos cavern&iacute;colas que lo &uacute;nico que buscan es poder
    </p><p class="article-text">
        expresar lo que les ha llamado la atenci&oacute;n en su muro (ahora lo
    </p><p class="article-text">
        llamar&iacute;amos hoja de papel / o quiz&aacute;s computadora o bloc o lo que
    </p><p class="article-text">
        fuere: no importa porque el ciclo se repite infinitamente): siempre
    </p><p class="article-text">
        hemos estado diciendo lo mismo (incluso mucho antes de que se
    </p><p class="article-text">
        inventaran las palabras) / lo &uacute;nico que ha cambiado es el formato
    </p><p class="article-text">
        en el que se lo presenta ahora: &iexcl;poetas del mundo, un&iacute;os! &iexcl;un&iacute;os
    </p><p class="article-text">
        a pensar en la poes&iacute;a no como una nueva forma de no-seriedad sino
    </p><p class="article-text">
        como una herramienta miserable &amp; al mismo tiempo algo divertida!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/dammerung-reinventar-juan-romero-vinueza_132_5956363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2020 14:23:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un libro es muchos libros: una lectura de 'Dämmerung [o cómo reinventar los ídolos]', de Juan Romero Vinueza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mujer que escribe una verdad: una lectura de 'Las niñas siempre dicen la verdad' de Rosa Berbel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/escribe-verdad-lectura-rosa-berbel_132_1086075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bba75033-d733-4b9e-b9f1-41875dfcfb6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mujer que escribe una verdad: una lectura de &#039;Las niñas siempre dicen la verdad&#039; de Rosa Berbel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La joven autora ha sido capaz de aunar la instantánea de su tiempo, de su contexto, con el pulso creativo de quien ha leído, conoce la orfebrería del poema y quiere demostrarse en posesión de un estilo propio</p><p class="subtitle">En 'Las niñas siempre dicen la verdad' hay una apuesta por el futuro de la poesía de nuestro país en un momento en el que el debate sobre las nuevas generaciones comienza a convertirse en un cliché</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Un poco pronto&rdquo;. Rosa Berbel, poeta, contest&oacute; as&iacute; a la pregunta de c&oacute;mo titular&iacute;a un libro sobre su vida. &ldquo;Un poco pronto&rdquo;, escribi&oacute;, dando una respuesta magn&iacute;fica -no negar&aacute;n que se trata de un t&iacute;tulo sugerente para una biograf&iacute;a- y admitiendo la verdad: es joven, y pese a haber firmado ya un libro de poemas muy celebrado por la cr&iacute;tica y los lectores ser&iacute;a, sin duda, demasiado precipitado pensar que ya hay m&aacute;s cosas por contar que por vivir.
    </p><p class="article-text">
        Rosa Berbel naci&oacute; en Estepa, Sevilla, en 1997. Esto quiere decir que tiene 22 a&ntilde;os. Esto quiere decir que a&uacute;n no est&aacute; obligada a hacer la Declaraci&oacute;n de la Renta y que, posiblemente mientras usted lee esta rese&ntilde;a, ella est&eacute; en una clase de la facultad, o tratando de llamar hogar al escritorio que le haya tocado en el reparto de habitaciones del piso de estudiantes en el que vive. 
    </p><p class="article-text">
        Rosa, supongamos, sale y se divierte, bebe alguna vez m&aacute;s de lo cuenta, pide comida china, visita a sus abuelos -si los tiene- por amor, pero tambi&eacute;n para ver si cae alguna 'propinilla' con la que redondear las cuentas del mes, estudia, y escribe, por la noche y muy desordenada, poemas hermosos, poemas verdaderos, un nuevo libro que mejore, que lime, que elimine los pocos titubeos que hay en 'Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad' (Hiperi&oacute;n, 2018, XXI Premio de Poes&iacute;a Joven Antonio Carvajal).
    </p><p class="article-text">
        Porque Rosa sabe que es 'un poco pronto' para pensar en biograf&iacute;as, en vidas que concluyen o en ocasos, porque Rosa vive en el instante del verso. Queda demostrado en este libro breve que no busca encontrar una voz po&eacute;tica, sino que evidencia y alza la que esta mujer ya ha cosechado: la joven autora ha sido capaz de aunar la instant&aacute;nea de su tiempo, de su contexto, con el pulso creativo de quien ha le&iacute;do, conoce la orfebrer&iacute;a del poema y quiere demostrarse en posesi&oacute;n de un estilo propio, original, rotundo. Su discurso es genuino. Y eso, con su edad, con la edad que se le supone escribiendo estos poemas, es un vigoroso aliciente. Y es, tambi&eacute;n, una esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad es un poemario propio del momento personal que, hemos supuesto, debe vivir la autora. En el libro est&aacute; la incertidumbre de quien sabe que &ldquo;la infancia ha terminado&rdquo; y se enfrenta a un mundo en el que la precariedad laboral, la posici&oacute;n vulnerable de la mujer, el amor y otras cuestiones se sit&uacute;an poco a poco en el centro de una vida que, finalmente, y vista con perspectiva, solo es &ldquo;una mota de polvo/ sobre el busto impecable de la Historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo aborda Berbel desde una posici&oacute;n nada complaciente. Busca la originalidad en la met&aacute;fora, utiliza el lenguaje de un modo pl&aacute;stico y actual -sin que eso signifique que sus versos puedan pasar por tuits- y se sit&uacute;a en el presente de cualquier joven de hoy: incierto, inestable, con el &aacute;spero tacto de lo temible; y ante un futuro que solo nuestras manos pueden construir:
    </p><p class="article-text">
        OR&Aacute;CULO DE DELFOS
    </p><p class="article-text">
        En Delfos inventaban el futuro,
    </p><p class="article-text">
        nunca lo anticiparon.
    </p><p class="article-text">
        No hay adivinaci&oacute;n posible en los or&aacute;culos
    </p><p class="article-text">
        ni en sucesivas formas de misterio,
    </p><p class="article-text">
        sino una luminosa fe creativa.
    </p><p class="article-text">
        Astrolog&iacute;a, bolas de cristal, tarot,
    </p><p class="article-text">
        las palmas arrugadas y secas de las manos,
    </p><p class="article-text">
        todo funciona igual y se sustenta
    </p><p class="article-text">
        anaf&oacute;ricamente,sobre la misma idea:
    </p><p class="article-text">
        siempre, sin ninguna excepci&oacute;n,
    </p><p class="article-text">
        la imagen crea el acontecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Cuando digo ma&ntilde;ana nos convoco.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a y un 'desgaste vital' precoz son el incienso de casi todos los poemas de este libro, dividido en tres partes (QUEMAR EL BOSQUE, PLANES DE FUTURO y SALA DE ESPERA PARA MADRES IMPACIENTES) que sit&uacute;a a Rosa Berbel como una de esas voces que uno anota en su cabeza para seguir bien de cerca.
    </p><p class="article-text">
        En 'Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad' hay una apuesta por el futuro de la poes&iacute;a de nuestro pa&iacute;s en un momento en el que el debate sobre las nuevas generaciones comienza a convertirse en un clich&eacute;. Tal vez convenga que, de vez en cuando, aparezca alguien como Rosa Berbel, con su peque&ntilde;o libro bajo el brazo, y nos lea. Y que diga que CRECER ES:
    </p><p class="article-text">
        Andar m&aacute;s, con m&aacute;s miedo,
    </p><p class="article-text">
        por calles m&aacute;s vac&iacute;as,
    </p><p class="article-text">
        no creer en otros mundos
    </p><p class="article-text">
        posibles o imposibles,
    </p><p class="article-text">
        hacer da&ntilde;o a los otros sin palabras,
    </p><p class="article-text">
        comprar cosas usadas por el placer
    </p><p class="article-text">
        extra&ntilde;o de su tacto,
    </p><p class="article-text">
        vender cosas,
    </p><p class="article-text">
        romper cosas que nunca hemos tenido,
    </p><p class="article-text">
        arrojarlas al fuego como quien cambia
    </p><p class="article-text">
        la horade todos los relojes de la casa
    </p><p class="article-text">
        para poder perder un poco el tiempo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/escribe-verdad-lectura-rosa-berbel_132_1086075.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jan 2020 09:39:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una mujer que escribe una verdad: una lectura de 'Las niñas siempre dicen la verdad' de Rosa Berbel]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la pregunta es el yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/pregunta_132_1503475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f962952e-24e0-4d43-baf3-7d8fd55c0f4e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la pregunta es el yo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se trata, al menos, de la sensación que deja la lectura de</p><p class="subtitle">En qué estábamos pensando</p><p class="subtitle">(CENDEAC, 2017), una recopilación de algunas de las mejores entrevistas con filósofos, poetas y creadores que ha publicado el periodista Antonio Arco</p></div><p class="article-text">
        Preguntar a otros es, de forma muy &iacute;ntima, mirar de frente hacia uno mismo. En la interrogaci&oacute;n viajan las dudas, la manera particular de ver el mundo, alg&uacute;n que otro fantasma, el miedo&hellip; Por eso, aunque no est&eacute;, el periodista a menudo <em>est&aacute;</em> en las entrevistas, se hace patente de una manera intangible y, de pronto, parece como si el lector mismo cuestionara, porque lo que ocupa la mente de las personas es, al cabo, siempre lo mismo. Y en ese bucle, en esa danza de ritmo ternario, se crece, se evoluciona, se avanza.
    </p><p class="article-text">
        Se trata, al menos, de la sensaci&oacute;n que deja la lectura de <em>En qu&eacute; est&aacute;bamos pensando</em> (CENDEAC, 2017), una recopilaci&oacute;n de algunas de las mejores entrevistas con fil&oacute;sofos, poetas y creadores que el periodista Antonio Arco ha publicado en el diario La Verdad y que, por contexto temporal &ndash;y, ya se ha dicho, porque las preocupaciones del hombre, de la mujer, son apenas un pu&ntilde;ado&ndash; abordan la crisis econ&oacute;mica y de valores que ha marcado el calendario en este inicio del tercer milenio.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes, hablemos de Arco. Porque hay periodistas, s&iacute;, pero luego est&aacute; Arco. Este hombre, de caligraf&iacute;a infantil y apasionada, es un m&aacute;s all&aacute; de muchas cosas. El escritor y profesor de la Universidad de Murcia Miguel &Aacute;ngel Hern&aacute;ndez Navarro escribe muy bien en uno de los cuatro pr&oacute;logos del libro: &ldquo;Si, por encima de cualquier otra cosa, algo caracteriza el proceder de Arco es precisamente esa pericia para hacer aflorar el lado m&aacute;s aut&eacute;ntico y esencial del entrevistado&rdquo;. Me lo dijo as&iacute; una amiga cercana, que hace algunos veranos se sent&oacute; ante la grabadora del periodista: &ldquo;No sabes muy bien por qu&eacute;, porque no le conoces de nada, y sin embargo acabas cont&aacute;ndole cosas que no habr&iacute;as imaginado decir en una entrevista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese es su mayor &eacute;xito &ndash;aquello a lo que aspiramos algunos de los que nos dedicamos al oficio&ndash;: vence en sobradas ocasiones la impostura total del protagonista y accede a un lugar que, si bien probablemente est&eacute; lejos de la <em>verdad</em> absoluta, s&iacute; es un espacio intermedio, indeterminado, por el que corre sangre, aunque sea poca. Es un don que nace de la propia sensibilidad del periodista, sensibilidad tambi&eacute;n que se sit&uacute;a por encima de la media de las redacciones y que queda patente en cada escrito, como en esta introducci&oacute;n deliciosa a una charla no menos suculenta con el fot&oacute;grafo Alberto Garc&iacute;a-Alix: &ldquo;La entrevista es con motivo de su exposici&oacute;n <em>No me sigas&hellip;estoy perdido</em> (&hellip;), un viaje al origen, de donde surgen sexos abiertos como cr&aacute;teres, para&iacute;sos amargos e infiernos dulces; y de donde surgen la vida acechada por la muerte y la destrucci&oacute;n, y los seres an&oacute;nimos, fr&aacute;giles y gloriosos (&hellip;) Garc&iacute;a-Alix, uno de los maestros del retrato de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, esconde, detr&aacute;s de su piel tatuada y de su pasi&oacute;n por las Harley-Davinson, una abundante facilidad para los afectos y un &lsquo;alma infantil&rsquo;. Una mirada de r&iacute;o y de volc&aacute;n&rdquo;.
    </p><h4 class="article-text">Y entonces, las preguntas</h4><p class="article-text">
        Si es posible imaginar un hom&oacute;logo a Antonio Arco, pronto viene &ndash;con una diferencia, principalmente de ego, aparte&ndash; a la cabeza el nombre de Jes&uacute;s Quintero. Si algo tienen en com&uacute;n estos dos periodistas tan dispares es su capacidad para hacer preguntas que tienden al verso, tan abiertas e importantes que deben empujar a los entrevistados al v&eacute;rtigo del equilibrista ante el primer paso en la cuerda floja. Olvidadas de lo anecd&oacute;tico, las cuestiones que Arco pone sobre la mesa apenas se fijan en el contexto, escamotean la 'percha informativa' y se dirigen directamente a las entra&ntilde;as &ndash;intelectuales, eso s&iacute;&ndash; de cada persona. &ldquo;&iquest;Hay algo que le obsesione?&rdquo;, &ldquo;&iquest;echa de menos ser joven?&rdquo;, &ldquo;&iquest;le gusta recordar?&rdquo;, &ldquo;&iquest;Cu&aacute;les son sus verdades m&aacute;s s&oacute;lidas?&rdquo;&hellip; Ayuda al pensador a pensar. &iquest;Hay algo m&aacute;s hermoso? Y entonces viaja con &eacute;l, con ella, y se sumerge en el barro de las incertidumbres para extraer alguna cosa, m&iacute;nima, seguramente, pero que palpita.
    </p><h4 class="article-text">Crisis es todo</h4><p class="article-text">
        Antonio Arco subtitula su recopilaci&oacute;n de entrevistas 'Antes y despu&eacute;s de la crisis' y, tal y como observa Miguel &Aacute;ngel Hern&aacute;ndez, &ldquo;cuando [las entrevistas] fueron realizadas, hablaban a los lectores de ese d&iacute;a. Sin embargo, ahora, reunidas en este libro, m&aacute;s all&aacute; de la pura contingencia y urgencia del momento, esas entrevistas se despegan de la pura actualidad y se proyectan en el tiempo, adquiriendo una lectura diferente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que se desprende de este viaje en el tiempo es que los creadores, aquellos que han dedicado su vida a <em>pensar</em> el mundo, orbitaban y orbitan alrededor de algunas preocupaciones que tambi&eacute;n son elementales hoy, a saber: la crisis econ&oacute;mica, que para muchos no es m&aacute;s que una extremidad m&aacute;s de la crisis social y humana que estamos sufriendo; el sentido y la utilidad del arte y del conocimiento; el desapego &ndash;y las consecuencias negativas&ndash; de los j&oacute;venes hacia las humanidades; el terrorismo; el abuso de poder de los Estados Unidos, los l&iacute;mites de la moral, del humor, de la libertad de expresi&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Victoria Camps, Alberto Coraz&oacute;n, Adela Cortina, Pablo Garc&iacute;a Baena, Mary Kelly, Chantall Maillard, N&eacute;lida Pi&ntilde;&oacute;n, &Aacute;gatha Ruiz de la Prada, Jaime Siles&hellip; la lista alcanza un total de sesenta entrevistas. M&aacute;s de medio centenar de oportunidades de activar el pensamiento cr&iacute;tico, de estar de acuerdo o confrontar ideas, de continuar construy&eacute;ndonos gracias a la generosidad de alguien que, alg&uacute;n d&iacute;a, quiso dedicarse al oficio de hacer preguntas.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/pregunta_132_1503475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Jun 2019 10:19:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la pregunta es el yo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lectura,Cultura,Murcia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando ya no queda nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/queda_132_1528227.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b2cf9b2-bafb-454c-849d-7e6ae0be0e19_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando ya no queda nada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Francisco Pino, escritor y pintor nacido en la murciana localidad de Cieza, ha dedicado tres centenares de páginas a plantear una pregunta al lector: ¿qué hacer cuando ante nosotros solo hay un abismo?</p></div><p class="article-text">
        La pesadilla es ver c&oacute;mo el cuerpo se degrada, asomarse al abismo de una mente en erosi&oacute;n, reconocer al tacto las oquedades de la memoria, sentir que la decrepitud es realidad un&iacute;voca, incuestionable. Entonces un deseo: la muerte sin drama, una muerte sosegada, un abrazo leve y progresivo de sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Miremos a Celia: doctora jubilada, amante y amada por un poeta octogenario desde&hellip; desde hace toda la vida. Observemos c&oacute;mo su cabeza cada vez funciona peor. Lo sabemos, porque a nadie reconoce en algunos momentos; lo sabe, porque pese a no recordarlo, sus extremidades sienten que algo pasa.
    </p><p class="article-text">
        Miremos a Tom&aacute;s: viejo gram&aacute;tico, poeta por derecho, apasionado del latido y del momento, esposo (in)fiel y entregado. Observemos c&oacute;mo su semblante se oscurece cuando su mujer de pronto es otra.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos ahora en la muerte: un adi&oacute;s controlado, indoloro, incoloro, ins&iacute;pido. Un adi&oacute;s que libera y no estremece, un adi&oacute;s en calma como un oc&eacute;ano en calma. El suicidio asistido cuando ya no hay mejor salida que dejar de existir. Ah&iacute; comienza la novela.
    </p><p class="article-text">
        La firma Francisco Pino y la titula <em>Obituario</em> (LC Ediciones, 2019). Pino, escritor y pintor nacido en la murciana localidad de Cieza, ha dedicado tres centenares de p&aacute;ginas a plantear una pregunta al lector: &iquest;qu&eacute; hacer cuando ante nosotros solo hay un abismo? Los dos octogenarios que protagonizan esta historia se encuentran en ese punto: ella con el hilo de la realidad cada vez m&aacute;s transparente; &eacute;l con el v&eacute;rtigo de no encontrar sentido tras la ausencia de su compa&ntilde;era. Esa situaci&oacute;n les lleva a pensar que El Oc&eacute;ano, un centro de suicidio asistido, podr&iacute;a ser el final m&aacute;s digno para una historia que ya tiene los d&iacute;as contados.
    </p><p class="article-text">
        La premisa sirve para que Pino ponga sobre la mesa la reflexi&oacute;n sobre la muerte asistida: &iquest;hasta qu&eacute; punto uno es due&ntilde;o de su propia vida? &iquest;Hay m&iacute;nimos exigibles para llevar a cabo 'el proceso'? &iquest;Nuestra familia, el entorno inmediato, tiene derechos adquiridos sobre una existencia particular? Sobre esas preguntas bascula la novela, que no pretende ser &mdash;ni tiene ese tono&shy;&mdash; un sesudo ensayo sobre la cuesti&oacute;n, ni siquiera un texto moralizador: en el fondo, <em>Obituario </em>es una novela de amor en los tiempos &uacute;ltimos, en las postrimer&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Bellamente escrita, con cap&iacute;tulos cortos de gran atm&oacute;sfera po&eacute;tica, el autor dirige la historia hasta su inevitable final &mdash;ya lo conocemos desde las primeras p&aacute;ginas&mdash; gracias a un amplio coro de personajes m&aacute;s o menos definidos que, a trav&eacute;s de sus circunstancias, ayudan a comprender la necesidad de ofrecer esa ventana a los que ya no quieren vivir m&aacute;s. Y es que <em>Obituario</em> pone encima de la mesa un debate en el que 4 de cada 5 espa&ntilde;oles tiene una respuesta clara &mdash;seg&uacute;n datos de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Derecho a Morir Dignamente&#8209;: la posibilidad de acabar con todo cuando nada ya tiene sentido.    
    </p><p class="article-text">
        <em>Obituario</em> es una novela para interrogarse, es un texto que deja en el aire algunas preguntas que apuntan a lo m&aacute;s &iacute;ntimo de la &eacute;tica de cada individuo. Una aventura hacia el centro de uno mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 May 2019 16:01:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando ya no queda nada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Lectura,Literatura,Obituario]]></media:keywords>
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