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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alba Pez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alba_pez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alba Pez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Otras verdades incómodas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verdades-incomodas_129_1950461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/791974a0-8cfb-4803-8b15-5946fda83b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otras verdades incómodas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde hace muchos años, las trabajadoras sexuales organizadas en todo el mundo han recogido las herramientas que el movimiento feminista –en el que se incluyen, guste o no– ha tejido desde su nacimiento</p><p class="subtitle">El Gobierno acusa de haberles colado un gol a las mujeres que, de forma valiente, dan la cara ante una sociedad capaz de decir sobre ellas las barbaridades que jamás le dirían a otro grupo social</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, desde diferentes instancias se ha puesto el grito en el cielo ante la emergencia de una organizaci&oacute;n de prostitutas llamada OTRAS. Hemos recibido con gran sorpresa la reacci&oacute;n de un gobierno que se pretende feminista y que se entiende a s&iacute; mismo como heredero de los &uacute;ltimos acontecimientos protagonizados por tantas y tan distintas mujeres en los &uacute;ltimos tiempos. No es la primera organizaci&oacute;n de prostitutas que ve la luz pero s&iacute; es cierto que es la primera vez que nos encontramos ante un gobierno que, por un lado, desautoriza a un grupo de mujeres que alzan la voz para la defensa de sus derechos m&aacute;s b&aacute;sicos y que expulsa a las mujeres al lugar al que el patriarcado les ha asignado siempre, esto es, a la exclusi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde hace muchos a&ntilde;os, las trabajadoras sexuales organizadas en todo el mundo han recogido las herramientas que el movimiento feminista &ndash;en el que se incluyen, guste o no&ndash;&nbsp;ha tejido desde su nacimiento. Hablamos de acontecimientos pol&iacute;ticos como, entre otros, el encierro de cientos de prostitutas en las iglesias de Lyon en 1975 para protestar contra la violencia sexista; pero tambi&eacute;n de la configuraci&oacute;n de organizaciones sindicales, de corte feminista, en no pocos pa&iacute;ses del mundo, como EEUU&nbsp;con&nbsp;COYOTE o en Francia con STRASS, con el apoyo de prestigiosas feministas tales como Judith Butler, Raquel Osborne,&nbsp;Gayle Rubin, Silvia Federici o Angela Davis. Sin duda hablamos de la articulaci&oacute;n de identidades colectivas, de un poderoso <em>nosotras</em> que ha interpelado hist&oacute;ricamente a las instituciones, a las propias feministas y, en suma, a la sociedad en su conjunto. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este <em>nosotras</em> ha pretendido subvertir la estigmatizaci&oacute;n que recibe este colectivo y que ha apuntalado las formas de control y dominaci&oacute;n que se manifiestan en la vida de todas las mujeres: el miedo a ser llamada puta como dispositivo de control social contra las mujeres que rompen las normas que el machismo ha impuesto sobre nuestros cuerpos, nuestras sexualidades, nuestros deseos y nuestras vidas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Olvidar esta genealog&iacute;a, como ha hecho el Gobierno en los &uacute;ltimos d&iacute;as con su menosprecio a OTRAS, supone borrar de un plumazo las haza&ntilde;as de tantas mujeres que, de alguna manera, han construido hitos en su historia o, m&aacute;s bien, en LA HISTORIA, con may&uacute;sculas. Y con ello, despreciar experiencias de un potencial considerable para el empoderamiento de todas las mujeres en tanto que mujeres&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al enunciarse como &ldquo;organizaciones sindicales&rdquo;, en muchos casos y en concreto en el que nos compete, han redefinido no s&oacute;lo el concepto mismo de trabajo, harto androc&eacute;ntrico, sino tambi&eacute;n el de &ldquo;sindicalismo&rdquo; mismo. Es as&iacute; porque cuando se han nombrado como &ldquo;trabajadoras&rdquo; han desvelado las m&uacute;ltiples exclusiones que este concepto ha generado sobre las mujeres, al tiempo que han subvertido su significado para dignificar no s&oacute;lo su actividad sino tambi&eacute;n sus vidas, en la medida en que, con ello, han interpelado a una ciudadan&iacute;a que se pretende inclusiva. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno acusa de haberles colado un gol a las mujeres que, de forma valiente, dan la cara ante una sociedad capaz de decir sobre ellas las barbaridades que jam&aacute;s le dir&iacute;an a otro grupo social. No ha sido as&iacute; cuando la patronal, ANELA (Asociaci&oacute;n Nacional de Empresarios de Locales de Alterne), se inscribi&oacute; alegremente como asociaci&oacute;n empresarial, sin que ni un solo gobierno haya desautorizado sus negocios, mirando hacia otro lado cuando los empresarios, excus&aacute;ndose en que no existe una relaci&oacute;n laboral entre ellos y las mujeres, han impuesto sus condiciones de explotaci&oacute;n. A&uacute;n m&aacute;s, han facilitado la expulsi&oacute;n de las mujeres de las calles de este pa&iacute;s mediante la Ley de Seguridad Ciudadana y la proliferaci&oacute;n de ordenanzas criminalizadoras, lo que generado el aplauso de los empresarios. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dice Dolores Juliano que la estigmatizaci&oacute;n de las trabajadoras del sexo no es casual, que responde a la necesidad que tiene la sociedad de evitar la revelaci&oacute;n de ciertas verdades inc&oacute;modas. Seguramente, aqu&iacute; encontramos una de las claves para entender la irracionalidad con la que se ha respondido a OTRAS. Y es que, le pese a qui&eacute;n le pese, lo cierto es que numerosas organizaciones feministas y pro Derechos Humanos que trabajan con prostitutas recuerdan que si hay alguien que conoce perfectamente el mundo de las prostitutas son las propias mujeres. Son ellas las que saben qui&eacute;nes son los explotadores y donde est&aacute;n, las que muchas veces ayudan a esconderse y escapar a una v&iacute;ctima de trata que tiene miedo de acudir a la polic&iacute;a porque puede ser deportada. Adem&aacute;s, son ellas las que en numerosas ocasiones se&ntilde;alan a los distintos gobiernos como responsables de las pol&iacute;ticas que criminalizan la prostituci&oacute;n en sus paranoicas cruzadas contra la inmigraci&oacute;n irregular. Son ellas las que denuncian tantas violaciones de derechos cometidas impunemente por las fuerzas y cuerpos de seguridad que, a priori, deber&iacute;an estar m&aacute;s para garantizar su protecci&oacute;n que para atropellar su dignidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los asesinatos a prostitutas siguen sin contar en las estad&iacute;sticas de violencia machista y sigue sin derogarse la <em>Ley Mordaza, </em>que persigue y multa a las trabajadoras sexuales y que las expone al peligro de ejercer en lugares m&aacute;s inseguros en los que la vulnerabilidad es mayor. Por lo dem&aacute;s, esperemos que el Gobierno ceda en sus pretensiones, que reoriente su pol&iacute;tica, que no refuerce la divisi&oacute;n entre &ldquo;buenas&rdquo; y &ldquo;malas mujeres&rdquo; y, en suma, que haga lo necesario para que act&uacute;e como un gobierno feminista digno de llevar ese nombre.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A este Gobierno no se le esperaba para reforzar la divisi&oacute;n entre las mujeres (ni entre las feministas), porque eso ya lo ha hecho el machismo imperante, sino m&aacute;s bien para dar respuesta a los anhelos de tantas mujeres que en los &uacute;ltimos tiempos han alzado la voz en aras del reconocimiento de sus m&uacute;ltiples y diferentes, e incluso contradictorias, realidades. A un gobierno progresista y feminista s&oacute;lo se le puede exigir cierta coherencia para que acompa&ntilde;e a las mujeres en la defensa de sus derechos, y no se ponga del lado de los empresarios del sexo, ya que de facto es as&iacute; desde el momento en el que pretenden anular una herramienta de organizaci&oacute;n que les podr&iacute;a hacer frente tanto a ellos en particular como a las pr&aacute;cticas machistas en general.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josué González Pérez, Alba Pez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verdades-incomodas_129_1950461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Sep 2018 18:47:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Otras verdades incómodas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Prostitución]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de las mujeres malas y las lideresas inesperadas: 'Juego de Tronos' y feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/lideresas-inesperadas-juego-tronos-feminismo_129_1521485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás no habría que esperar tanto del líder más esperado, porque la escucha y la modestia suelen ser cualidades que descansan en las más inesperadas</p><p class="subtitle">Las virtudes no solo van a ser puestas en práctica por un hombre tullido, sino también por Sansa, que además de una mujer es, como la mayoría de las lideresas femeninas, una buena dirigente</p></div><p class="article-text">
        <em>Juego de Tronos</em> ha terminado, y lo ha hecho con pol&eacute;mica (feminista), como pol&eacute;micas han sido algunas de sus aportaciones durante todos estos a&ntilde;os a la hora de tratar cuestiones pol&iacute;ticas de primer orden. M&aacute;s all&aacute; del final concreto de la serie y de las conclusiones que de &eacute;l se puedan sacar -el triunfo de la reforma del r&eacute;gimen pol&iacute;tico de Poniente, y la transici&oacute;n hacia una monarqu&iacute;a electiva, frente a la revoluci&oacute;n-, y m&aacute;s all&aacute; de la presencia de elementos en las &uacute;ltimas temporadas que hac&iacute;an de la serie algo menos &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo;, <em>Juego de Tronos</em> ha sido casi un manual de instrucciones sobre el poder, que ha mostrado de manera maravillosa esos grises en los que se mueve la pol&iacute;tica. En las &uacute;ltimas temporadas ha ido ganando espacio la amenaza m&aacute;gica civilizatoria de los Caminantes Blancos e introducir el elemento sobrenatural ayuda a suspender el juego de la pol&iacute;tica &ldquo;puramente&rdquo; humano. As&iacute; mismo, el espect&aacute;culo b&eacute;lico ha cobrado protagonismo en detrimento de un mejor desarrollo de la vida interna de los personajes. Aun con eso la serie ha mantenido constante una mirada cruda y realista, desnuda, sobre la pol&iacute;tica o, mejor dicho, sobre lo pol&iacute;tico, situando el conflicto y el juego de poder como piedra de toque de todo pretendido orden social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Juego de Tronos</em> ha sabido hablarnos del poder y de sus diferentes facetas, como la coacci&oacute;n y la fuerza. &ldquo;El poder es poder&rdquo; le dice Cersei rodeada de sus guardias a Petyr Baelish, ante sus amenazas veladas de destapar la relaci&oacute;n incestuosa que mantiene con su hermano. Y es que &ldquo;el poder es poder&rdquo; gana a &ldquo;la informaci&oacute;n es poder&rdquo;, por mucho que les pese a quienes se ven forzados a hacer pol&iacute;tica de manera subrepticia. &iquest;Pero no es acaso eso una invitaci&oacute;n a utilizar todas las posibilidades a nuestro alcance, aunque sean algo &ldquo;her&eacute;ticas&rdquo;, para compensar las desigualdades de las que partimos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos ha ense&ntilde;ado que el poder es una sombra, es decir, nos ha contado la importancia de la legitimidad en pol&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute; es el Rey el que decide qui&eacute;n vive y qui&eacute;n muere y no el mercenario de baja cuna que blande la espada y ejecuta en su nombre? &ldquo;El poder reside donde los hombres creen que reside. Es un truco, una sombra en la pared&rdquo;. Y, por tanto, una relaci&oacute;n y no una esencia, le falt&oacute; decir a Lord Varys, en aquella memorable conversaci&oacute;n con Tyrion Lannister.
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s,<em> Juego de Tronos</em> es una serie que nos ha puesto un espejo pol&iacute;tico a nosotros y nosotras mismas, a quienes nos interesa la pol&iacute;tica y a quienes hacemos pol&iacute;tica y ponemos en juego nuestras identidades para ello. La octava temporada ha tenido un alto contenido de debate feminista como consecuencia de diferentes razones. Dos mujeres poderosas se disputaban el Trono de Hierro y tanto Cersei como Daenerys han acabado siendo ejemplos de quienes no deben gobernar mientras un hombre ha terminado ocupando ese lugar. El giro del personaje de Daenerys en la &uacute;ltima temporada ha sido especialmente criticado: hab&iacute;a depositadas en ella muchas esperanzas de que una mujer poderosa encarnara el papel de reina que gobierna con justicia para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, conviene rescatar algunas razones importantes para defender una lectura feminista de <em>Juego de Tronos</em>. En primer lugar, describe, y describe bien, un mundo en el que el poder est&aacute; desigualmente repartido. Algunos, los hombres, detentan el poder o aspiran a &eacute;l por cauces leg&iacute;timos preestablecidos; lo heredan o hacen la guerra para conquistarlo. Otros sujetos -los bastardos, los enanos, los eunucos y las mujeres- lo tienen m&aacute;s dif&iacute;cil en una partida en la que salen a jugar con graves desventajas. <em>Juego de Tronos</em> describe bien la desigualdad de g&eacute;nero, es decir, no se olvida de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, y una vez que los personajes est&aacute;n colocados en diferentes casillas en funci&oacute;n de sus privilegios desiguales, todos ellos tratan de sobrevivir con las herramientas de las que disponen. Algunos tienen t&iacute;tulos, ej&eacute;rcitos a sus &oacute;rdenes o l&iacute;neas geneal&oacute;gicas a su favor. Otras tienen que esforzarse el triple, para ser caballero como Brienne de Tarth o para aspirar al trono como Yara Greyjoy. Algunas pelean sin descanso para ganarse el derecho de no ser una dama, como Arya, pero otras, como Margaery, como Cersei o como la propia Sansa, aprenden a usar las herramientas que tienen al alcance las damas. Este punto es importante en la serie: quienes han sido excluidos de los canales normales por los que circula el poder tratan de conseguirlo a trav&eacute;s de canales alternativos, indirectos y a veces secretos. Las estrategias de seducci&oacute;n de algunas mujeres forman parte de esos m&eacute;todos de supervivencia que tan r&aacute;pidamente tendemos a juzgar en aras de m&eacute;todos m&aacute;s nobles que, sin embargo, est&aacute;n al alcance de los hombres. Una serie como <em>Juego de Tronos</em>, que no solo convierte a princesitas en guerreras como Arya, sino tambi&eacute;n en damas astutas y empoderadas, juzga poco a las mujeres o, digamos, no es c&oacute;mplice de una estigmatizaci&oacute;n de la seducci&oacute;n y el enga&ntilde;o femeninos que siempre le es funcional a un orden en el que son los hombres quienes menos necesitan utilizarlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar y, en relaci&oacute;n con lo anterior, <em>Juego de Tronos</em> no es una serie entregada solamente a los personajes buenos y es, tambi&eacute;n, como no, una serie en la que hay muchas mujeres malas. Pero es que las mujeres, y &eacute;ste es en parte el problema de la figura de Daenerys, no pueden ser un refugio moral para la pol&iacute;tica. Es la pol&iacute;tica que hagan virtuosamente las mujeres la que puede resultar una br&uacute;jula para orientarnos, pero nunca una premisa de la que partir. El fundamento de la necesidad de la igualdad no es la bondad innata de las mujeres, es la igualdad en s&iacute; misma, con todas sus consecuencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a las exigencias de que las mujeres demuestren siempre su virtud y su bondad para ganarse as&iacute; el derecho de entrar en la pol&iacute;tica a&uacute;n hace falta defender el derecho al mal de las mujeres. Que las mujeres hagan pol&iacute;tica y la hagan mal tambi&eacute;n tiene consecuencias para la igualdad, porque cambia el escenario mismo en el que se hace pol&iacute;tica. Daenerys, al final, ha demostrado ser igual de mala gobernante que sus predecesores hombres. Ha sido tan mala gobernante como su padre, el Rey Loco, como Robert Baratheon, que confundi&oacute; vencer con gobernar, o como Joffrey, el personaje m&aacute;s cruel y despiadado de la serie. Porque las mujeres pueden gobernar igual de bien y de mal que los hombres y eso es una defensa profunda de la igualdad y un punto de partida para una pol&iacute;tica feminista posible que ponga en marcha escenarios emancipadores. Ese es el orden y no al rev&eacute;s. Porque las mujeres hacen pol&iacute;tica existe la posibilidad de una pol&iacute;tica feminista, y no porque existe una pol&iacute;tica feminista hacen pol&iacute;tica las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <em>Feminizar la pol&iacute;tica</em> requiere de una llegada a la misma de las mujeres. Pero tambi&eacute;n requiere de una transformaci&oacute;n de la pol&iacute;tica que, si bien pueden a veces encarnar las mujeres, no puede hacerse descansar mesi&aacute;nicamente solo en ellas. La mes&iacute;as -y Daenerys lo ha sido desde el principio- quiz&aacute;s no era la mejor para feminizar la pol&iacute;tica en este mundo salvaje y masculino donde impera la ley del m&aacute;s fuerte. Porque <em>Juego de Tronos</em> tambi&eacute;n nos ha hecho reflexionar sobre qu&eacute; es un buen gobernante, y parece que nos ha sugerido que no lo es aquel que se piensa esencialmente destinado a ello. &iquest;Puede un individuo, bajo la noci&oacute;n de una idea trascendente como es la de una misi&oacute;n hist&oacute;rica o el destino, ser capaz de diferenciar sus deseos personales de sus decisiones pol&iacute;ticas? &iquest;Puede aqu&eacute;l que se considera a s&iacute; mismo investido de una legitimidad esencial gobernar con justicia? &iquest;No es el mejor gobernante aquel que realmente no quiere ni ha esperado nunca serlo? Estas preguntas tienen consecuencias feministas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar porque quienes nunca esperan ser diputadas, portavoces o presidentas son m&aacute;s ellas que ellos. En segundo lugar, porque traen a colaci&oacute;n una reflexi&oacute;n que sigue siendo muy necesaria: las lealtades y los hiperliderazgos en pol&iacute;tica, como acabar&iacute;a descubriendo Tyrion esta &uacute;ltima temporada, pueden jugar muy malas pasadas. Es normal que a cualquiera que entra en el fuego con tres huevos y sale con tres dragones se le suba un poquito a la cabeza. Quiz&aacute; la clave sea si hab&iacute;a contrapesos suficientes para contrarrestar que se le subiera. Este final de <em>Juego de Tronos</em> nos ha ense&ntilde;ado qu&eacute; es un mal gobernante describiendo a una Daenerys que no sabe escuchar y que ya no se deja aconsejar. Nos muestra, en definitiva, que el poder no deber&iacute;a depender exclusivamente de la voluntad de alguien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, es cierto que ha sido una mujer a la que todos esper&aacute;bamos la que ha acabado encarnando algunos de los peores errores, pero qued&eacute;monos tambi&eacute;n con una cosa. Quiz&aacute;s no habr&iacute;a que esperar tanto del l&iacute;der m&aacute;s esperado, porque la escucha y la modestia suelen ser cualidades que descansan en las m&aacute;s inesperadas. Es cierto que los vicios los ha concentrado Daenerys, pero tambi&eacute;n lo es que, aparentemente, las virtudes no solo van a ser puestas en pr&aacute;ctica por un hombre tullido -y no por el esperable Jon Snow-, sino tambi&eacute;n por Sansa, que adem&aacute;s de una mujer es, como la mayor&iacute;a de las lideresas femeninas, una buena dirigente a la que nadie -ni siquiera ella misma- esperaba.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Luis Jiménez Isac, Alba Pez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/lideresas-inesperadas-juego-tronos-feminismo_129_1521485.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Jun 2019 19:15:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En defensa de las mujeres malas y las lideresas inesperadas: 'Juego de Tronos' y feminismo]]></media:title>
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