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    <title><![CDATA[elDiario.es - Irune Ariño]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/irune_arino/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Irune Ariño]]></description>
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      <title><![CDATA[La defensa de los animales: una causa común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/defensa-animales-causa-comun_132_1507138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03149da7-7446-49e7-88e1-db0e02a0a4fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Refugiado en el santuario Leçon Vegano."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor y la autora de este artículo discrepan profundamente acerca de otras cuestiones políticas, que han marcado los ejes tradicionales del debate entre derecha e izquierda</p><p class="subtitle">Sin embargo, creen en la igual consideración moral y política de todos los individuos, independientemente de cuestiones como el sexo, la raza, la orientación sexual y, sí, también la especie</p><p class="subtitle">Defienden que el respeto a los intereses básicos de los animales es asumible desde cualquier posición que defienda la democracia y los derechos y libertades individuales</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Tenemos obligaciones &eacute;ticas hacia los animales? &iquest;Deben sus intereses estar protegidos por derechos? Nosotros creemos que s&iacute;. Lo creemos pese a discrepar profundamente acerca de otras cuestiones pol&iacute;ticas. No estamos de acuerdo sobre el papel que debe tener el Estado en la econom&iacute;a ni sobre qu&eacute; noci&oacute;n de igualdad es la pol&iacute;ticamente relevante. Esto es, en general, discrepamos sobre uno de los ejes tradicionales del debate entre derecha e izquierda. Pero ambos creemos en la igual consideraci&oacute;n moral y pol&iacute;tica de todos los individuos, independientemente de cuestiones como el sexo, la raza, la orientaci&oacute;n sexual y, s&iacute;, tambi&eacute;n la especie. Coincidimos en ello precisamente porque nos unen convicciones m&aacute;s profundas: compartimos la defensa de una sociedad democr&aacute;tica formada por individuos libres regida por unas instituciones fuertes e inclusivas que sirvan para garantizar sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien piensa que el mero hecho de plantear estas preguntas es una estupidez. A nosotros, sin embargo, nos parece una cuesti&oacute;n de gran importancia. En primer lugar, porque no se trata de una ocurrencia contempor&aacute;nea. Es un problema recurrente en nuestro canon intelectual. Parte de ese canon <a href="http://www.animal-rights-library.com/authors-c/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">-desde la antig&uuml;edad hasta la Ilustraci&oacute;n, desde Plutarco a Jeremy Bentham-</a> ha concluido que los animales importan moralmente. En segundo lugar, porque hay m&aacute;s de <a href="https://docs.google.com/spreadsheets/d/1hx14vSBCkZ_5oVIuI2qaRr1iGGbmNXTNRAB1KphbPd4/edit#gid=1075069855" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un bill&oacute;n</a> de animales que sufren y mueren bajo explotaci&oacute;n. M&aacute;s de <a href="https://reducing-suffering.org/how-many-wild-animals-are-there/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un trill&oacute;n</a> viven en la naturaleza. Los humanos, en comparaci&oacute;n, s&oacute;lo somos siete mil millones y medio. No es trivial preguntarse si tenemos obligaciones respecto a ellos, pues constituyen la abrumadora mayor&iacute;a de individuos que existen. En tercer lugar, porque es cierto que toda sociedad humana, en toda &eacute;poca, ha considerado que los animales no importan, o importan poco. Pero nuestras creencias tradicionales hacia los animales son incoherentes y responden a convenciones culturales m&aacute;s que a construcciones argumentativas s&oacute;lidas. Por ejemplo, en Europa la gente se horroriza ante la posibilidad de comer perros por placer, pues los consideran animales de compa&ntilde;&iacute;a por los que desarrollan sentimientos de aprecio y empat&iacute;a. Sin embargo, disfrutan comiendo cerdo o ternera con mucha frecuencia. Es necesario, pues, reflexionar sobre nuestras pr&aacute;cticas y actitudes, incluso si el resultado de nuestra reflexi&oacute;n es confirmarlas. Al menos, entonces, las sostendremos bas&aacute;ndonos en razones y no simplemente empujados por el peso de la tradici&oacute;n recibida.
    </p><p class="article-text">
        La actitud tradicional hacia la consideraci&oacute;n de los intereses de los animales puede resumirse as&iacute;: hay unos individuos que importan plenamente, mientras que otros apenas importan o no importan en absoluto. Adem&aacute;s, esta diferencia entre quienes importan y quienes no importan coincide exactamente con la distinci&oacute;n de especie entre animales humanos y animales no humanos. La pregunta que debemos hacernos es si est&aacute; justificado tratar peor a un individuo por no pertenecer a la especie humana o, si no es as&iacute;, si la discriminaci&oacute;n basada en la especie (el <em>especismo</em>) es tan rechazable como otras formas de discriminaci&oacute;n contra las que todos luchamos, como el sexismo, el racismo o la homofobia.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, pertenecer a una u otra especie no puede ser algo relevante, en s&iacute; mismo, desde un punto de vista racional. Las especies son categor&iacute;as creadas por los seres humanos y se basan en afinidad gen&eacute;tica o capacidad reproductiva. Qu&eacute; genes tenga un individuo o con qui&eacute;n pueda reproducirse con &eacute;xito son criterios irrelevantes para determinar qui&eacute;n importa &eacute;ticamente y qui&eacute;n no. Tan irrelevantes como el color de la piel, el sexo o a la orientaci&oacute;n sexual. Utilizarlos para distinguir entre qui&eacute;nes importan a efectos &eacute;ticos o pol&iacute;ticos es, pues, un ejercicio de arbitrariedad.
    </p><p class="article-text">
        La defensa m&aacute;s robusta del especismo apela a la inteligencia de los seres humanos. Asume que poseemos ciertas capacidades psicol&oacute;gicas que nos hacen &uacute;nicos o superiores. Los seres humanos somos racionales, aut&oacute;nomos, autoconscientes y podemos comunicarnos mediante un lenguaje complejo. Seg&uacute;n esta posici&oacute;n, esto es lo que hace que debamos tener en cuenta a alguien desde un punto de vista &eacute;tico. Es lo que fundamenta nuestras obligaciones respecto de los individuos y que sus intereses deban estar protegidos pol&iacute;ticamente mediante derechos. Los dem&aacute;s animales carecer&iacute;an de estas capacidades. As&iacute;, podr&iacute;amos excluirlos de nuestra consideraci&oacute;n &eacute;tica o pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un mal argumento. Para que funcionara todos los seres humanos deber&iacute;an poseer esas capacidades sofisticadas. Sin embargo, eso no es as&iacute;. Hay much&iacute;simos seres humanos que carecen de tales capacidades. Ya sea por edad, por causa de alguna condici&oacute;n cong&eacute;nita, por enfermedad o por accidente las han perdido de forma irremisible. Si poseerlas fuera lo que hace que debamos ser considerados &eacute;ticamente, est&aacute; claro que, entonces, estar&iacute;a justificado discriminar a todos esos seres humanos. Ello es inaceptable. Pero, entonces, la menor inteligencia de los dem&aacute;s animales tampoco puede servirnos para someterlos a discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este argumento tambi&eacute;n es incorrecto por otro motivo. La obligaci&oacute;n &eacute;tica de respetar nuestros intereses radica en que el hecho de no hacerlo supone un da&ntilde;o para nosotros. La posibilidad de ser da&ntilde;ados y beneficiados por lo que nos sucede, incluidas las acciones de los dem&aacute;s, es lo que fundamenta que importemos en un sentido &eacute;tico. Para ello no es necesario ser especialmente inteligente, ni tener unos intereses especialmente sofisticados, ni siquiera la capacidad de reclamar el respeto de esos intereses. Basta con tener la capacidad para sufrir y disfrutar - llamada <em>sintiencia</em>. De acuerdo con el consenso cient&iacute;fico, todos los vertebrados son individuos sintientes. Asimismo, tambi&eacute;n lo son algunos invertebrados, y no podemos descartar que otros tambi&eacute;n lo sean. Todos estos individuos, con independencia de su especie, tienen intereses en no sufrir, no morir y disfrutar de sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos, por tanto, razones &eacute;ticas para no da&ntilde;ar a los animales y ayudarles cuando lo necesitan, por ejemplo, cuando sufren por causas naturales. Sin embargo, la ley permite la frustraci&oacute;n grave de sus intereses de forma sistem&aacute;tica y por fines triviales. Pensemos, por ejemplo, en la industria alimentaria. Dado que los seres humanos podemos tener una vida plenamente saludable <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27886704" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sin alimentos de origen animal</a>, en realidad el consumo de animales satisface intereses estrictamente est&eacute;ticos. El placer que nos proporciona saborearlos. A cambio, como dijimos, m&aacute;s de un bill&oacute;n sufre terriblemente y muere cada a&ntilde;o. Desde un punto de vista imparcial, los intereses de esos animales son m&aacute;s importantes que nuestro placer. Nuestra obligaci&oacute;n &eacute;tica es rechazar estas pr&aacute;cticas y evitar consumir productos derivados de la explotaci&oacute;n animal. Esta obligaci&oacute;n es extensible a otros sectores en que los animales son similarmente da&ntilde;ados para producir ropa, por entretenimiento o como fuerza de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        El respeto a los intereses b&aacute;sicos de los animales es asumible desde cualquier posici&oacute;n que defienda la democracia y los derechos y libertades individuales. Desde luego, as&iacute; puede ser reconocido por posiciones que provienen de la izquierda pol&iacute;tica, que se caracterizan por una concepci&oacute;n de la libertad como autorrealizaci&oacute;n de los individuos o como ausencia de dominaci&oacute;n. Para los defensores de estas posiciones pol&iacute;ticas, los individuos son libres s&oacute;lo en la medida en que disponen de los recursos para perseguir su felicidad, o en la medida en que no est&eacute;n sujetos a poderes p&uacute;blicos o privados que no puedan controlar. Como los animales no humanos son tambi&eacute;n individuos con un bienestar propio y susceptibles de caer bajo la dominaci&oacute;n del Estado o de particulares, no est&aacute; justificado excluirles de estas preocupaciones de justicia. Sin embargo, es err&oacute;neo considerar la defensa de los derechos de estos individuos como patrimonio exclusivo de la izquierda. Esto tambi&eacute;n se puede reivindicar desde otras tradiciones filos&oacute;ficas y pol&iacute;ticas como es el liberalismo cl&aacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva liberal, los individuos deben poder perseguir sus fines siempre y cuando ello no suponga un da&ntilde;o a terceros, ya sea a su vida, a su integridad f&iacute;sica o a su propiedad. Tomar en serio este principio requiere proteger mediante derechos los intereses b&aacute;sicos de cualquier individuo y que las instituciones se abstengan de interferir en las elecciones individuales salvo cuando ello sea necesario para proteger esos derechos. La discusi&oacute;n en el liberalismo se ha centrado en si los animales pueden poseerse a s&iacute; mismos y, por lo tanto, debemos respetar sus derechos o si, en cambio,  pueden ser propiedad de otros. Ahora bien, los intereses de los individuos son susceptibles de protecci&oacute;n independientemente de su capacidad para reclamarlos, de su capacidad para razonar sobre los intereses de los dem&aacute;s o de la complejidad de esos intereses. Como reconoce el fil&oacute;sofo Michael Huemer, dado que los animales no humanos son tambi&eacute;n individuos con un inter&eacute;s en vivir y en no sufrir, la defensa de sus derechos debe formar parte de la causa del liberalismo.
    </p><p class="article-text">
        Pese a las diferencias entre estas posiciones, existe el consenso de que un individuo no puede ser libre si es propiedad de otro y si la protecci&oacute;n de sus intereses b&aacute;sicos no est&aacute; garantizada. &Eacute;sta es, sin embargo, la situaci&oacute;n en la que se encuentran los animales en nuestras comunidades pol&iacute;ticas. Del mismo modo en que la igual consideraci&oacute;n de los intereses de todos los seres humanos nos ha llevado a rechazar la discriminaci&oacute;n que han sufrido diversos colectivos a lo largo de la historia, ahora nos deber&iacute;a llevar a denunciar y oponernos al trato desventajoso que padecen los otros animales. Nosotros consideramos que en la medida en que estos individuos tienen intereses, &eacute;stos deben estar jur&iacute;dica y pol&iacute;ticamente protegidos. &Eacute;sta es una causa a la que todos, desde nuestras leg&iacute;timas discrepancias, nos podemos unir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eze Paez, Irune Ariño]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jun 2019 19:48:15 +0000]]></pubDate>
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