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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Fernández-Esquer]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos_fernandez-esquer/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Fernández-Esquer]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo se comporta con los partidos nuestro sistema electoral?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/comporta-partidos-sistema-electoral_132_1241229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La emergencia del nuevo sistema de partidos desde 2015 nos permite evaluar cómo el sistema electoral trata a los partidos en función de su nivel de apoyos</p><p class="subtitle">Pese a las críticas, nuestras reglas electorales no han supuesto un obstáculo para que los cambios sociales y políticos se hayan reflejado en el Parlamento</p></div><p class="article-text">
        En varios posts publicados en este blog (<a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/sistema-electoral-destruccion-creadora-partidos_6_372422783.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> y <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/sistema-electoral_6_891420867.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) y en algunas de sus contribuciones acad&eacute;micas y divulgativas (<a href="https://recyt.fecyt.es/index.php/recp/article/view/37589/21106" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> y <a href="https://www.catarata.org/libro/la-reforma-electoral-perfecta_45737/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), Alberto Penad&eacute;s nos ha ido mostrando c&oacute;mo se comporta el sistema electoral del Congreso de los Diputados con los distintos partidos que han concurrido a las elecciones generales. Aprovechando que el sistema electoral ha vuelto a desplegar sus efectos en las pasadas elecciones generales del 10N (las decimoquintas de la democracia), es un buen momento para comprobar c&oacute;mo ha tratado el sistema electoral a los principales partidos de &aacute;mbito estatal y reflexionar sobre las propuestas de reforma electoral que se vienen planteando en los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra lo que en la literatura sobre sistemas electorales se conoce como &ldquo;perfil de proporcionalidad&rdquo; (<a href="https://ejpr.onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1475-6765.1980.tb00582.x" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proportionality profile</a>). El eje horizontal del gr&aacute;fico representa el porcentaje de votos que reciben los partidos: cuanto m&aacute;s a derecha se sit&uacute;e un partido, m&aacute;s votos habr&aacute; obtenido. Por su parte, el eje vertical representa la &ldquo;tasa de ventaja&rdquo;, es decir, el resultado de dividir el porcentaje de esca&ntilde;os que recibi&oacute; un partido entre su porcentaje de votos: cuando un partido se situ&oacute; por encima del 1 en la tasa de ventaja (ilustrada por la l&iacute;nea horizontal de color violeta), dicho partido fue sobrerrepresentado por el sistema electoral; mientras que, si se situ&oacute; por debajo del 1, result&oacute; infrarrepresentado por el sistema electoral.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, el gr&aacute;fico 1 ilustra c&oacute;mo, entre 1977 y 2011, existieron dos grupos de partidos de &aacute;mbito estatal en funci&oacute;n de c&oacute;mo se comportaba el sistema electoral con ellos. De un lado, los partidos &ldquo;peque&ntilde;os&rdquo;, que obten&iacute;an porcentajes de voto habitualmente inferiores al 10%, resultaban sistem&aacute;ticamente penalizados por el sistema electoral. Ser&iacute;a el caso de partidos como PCE/IU, PSP, AP en un primer momento, CDS o UPyD. De otro lado, encontramos a los partidos &ldquo;grandes&rdquo;, que obten&iacute;an porcentajes superiores al 25%, y que resultaban sistem&aacute;ticamente bonificados por el sistema electoral. Era el caso de UCD y PSOE en las primeras elecciones y, desde las elecciones de 1982, del PSOE y AP/PP.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1</strong>. Perfil de proporcionalidad:&nbsp;Porcentaje&nbsp;de voto y tasa de ventaja en la representaci&oacute;n, 1977-2011.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Como se puede comprobar, durante todo ese tiempo no aparece ning&uacute;n partido en una franja de voto comprendida, aproximadamente, entre el 10% y el 25% de los votos. En concreto, antes de las elecciones de 2015, ning&uacute;n partido se hab&iacute;a situado entre el 10,8% de los votos que obtuvo el PCE en 1979 y el 26% de los votos que obtuvo AP en 1986. Por lo dem&aacute;s, antes de las elecciones de 2015, y aunque no se sab&iacute;a con seguridad porque ning&uacute;n partido hab&iacute;a estado all&iacute;, pod&iacute;amos intuir que el umbral de rentabilidad del sistema electoral (el porcentaje a partir del cual un partido resultaba bonificado por el sistema) se situaba en torno al 20% de los votos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a partir de las elecciones de 2015 que inician el nuevo ciclo pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a, todos los grandes partidos que compiten en el &aacute;mbito nacional (PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos y Vox) han obtenido resultados dentro de ese terreno electoral hasta entonces inexplorado, por lo que hemos podido conocer con mayor certeza c&oacute;mo se comporta nuestro sistema electoral con partidos que se mueven dentro de esa franja de voto. Tambi&eacute;n hemos precisado un poco m&aacute;s d&oacute;nde se sit&uacute;a ese umbral de rentabilidad. Donde antes exist&iacute;a una explanada electoral cubierta de nieve virgen, nuestros partidos, ahora &ldquo;medianos&rdquo;, han empezado a dejar sus huellas en forma de resultados entre el 10% y el 25% de los votos.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 trata de responder la siguiente pregunta: &iquest;d&oacute;nde se encuentra ese umbral? Pues, en realidad, depende. Podemos, con cifras en torno al 21% tanto en las elecciones de 2015 y 2016, se ha quedado cerca de la representaci&oacute;n equilibrada, aunque a&uacute;n ha resultado ligeramente infrarrepresentado por el sistema electoral. En cambio, el PSOE, con un 22% de los votos en las elecciones de 2015 y 2016, recibi&oacute; bonificaciones parlamentarias. Otro ejemplo ser&iacute;a el de Ciudadanos, que con cerca del 16% en las elecciones de abril de 2019 consigui&oacute; superar el umbral de rentabilidad y ser ligeramente beneficiado por el sistema electoral. Por no hablar del Partido Popular, que en las elecciones de abril de 2019, con algo menos del 17% de los votos, recibi&oacute; una considerable prima electoral. Por &uacute;ltimo, Vox, con el 15,1% de los votos en estas &uacute;ltimas elecciones de noviembre de 2019, ha acariciado el umbral de la rentabilidad, aunque a&uacute;n se ha situado ligeramente por debajo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2</strong>. Perfil de proporcionalidad:&nbsp;Porcentaje&nbsp;de voto y tasa de ventaja en la representaci&oacute;n, 2015-2019.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        De modo que lo que podemos afirmar hasta el momento es que ning&uacute;n partido con resultados por debajo del 15,5% se ha visto nunca favorecido por el sistema electoral. Pero algunos s&iacute; han llegado a superar el umbral de rentabilidad con cifras por encima del 15,5% y debajo del 17% (PP y Cs en abril de 2019, con el 16,7% y el 15,9% de los votos, respectivamente). Por tanto, el umbral de rentabilidad, en funci&oacute;n de los partidos, se sit&uacute;a aproximadamente entre el 15% y algo m&aacute;s del 20% de los votos, por lo que podemos afirmar que el sistema electoral es algo m&aacute;s proporcional de lo que se pensaba hace unos a&ntilde;os. Es decir, nuestro sistema electoral suele castigar a los partidos con menos del 20% de los votos (aunque existen excepciones); es cruel cuando el porcentaje es inferior al 15,5% (todos los partidos por debajo de ese porcentaje de votos se han visto perjudicados por el sistema electoral); y es un aut&eacute;ntico carnicero cuando los partidos descienden por debajo del 10%, tal y como ha comprobado Ciudadanos en estas &uacute;ltimas elecciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es necesaria la reforma de nuestro sistema electoral?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde tiempos inmemoriales hay quienes quieren reformar nuestro sistema electoral a toda costa. Para muchos, nuestro sistema electoral ser&iacute;a una de las principales instituciones responsables de los problemas de nuestro sistema pol&iacute;tico. Sin embargo, encontramos propuestas de reforma que apuntan en direcciones opuestas. De un lado, est&aacute;n el grupo de propuestas que cobraron especial fuerza al calor de las demandas de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica del 15-M y que abogan por profundizar la proporcionalidad del sistema. De otro lado, el reciente panorama de bloqueo pol&iacute;tico al que asistimos desde las elecciones de 2015 ha originado un nuevo grupo de propuestas, que abogan al contrario por introducir elementos restrictivos o mayoritarios, como son las barreras electorales o los premios de mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A nuestro modo de ver, no son convenientes en estos momentos ni unas ni otras. La elevada fragmentaci&oacute;n que padecemos desaconseja por completo el aumento de la proporcionalidad del sistema, pues ello podr&iacute;a incrementar -o cuando menos consolidar- la atomizaci&oacute;n del espectro parlamentario, lo que podr&iacute;a cronificar las dificultades en la formaci&oacute;n de gobierno y los problemas de estabilidad de los ejecutivos. Tampoco conviene, a nuestro juicio, introducir elementos que aumenten la desproporcionalidad del sistema. Es m&aacute;s, &iquest;acaso no incorpora ya nuestro sistema &ldquo;barreras&rdquo; y &ldquo;premios de mayor&iacute;a&rdquo;? Respecto a las barreras, &iquest;c&oacute;mo podemos calificar si no a los elevados umbrales efectivos que poseen la mayor parte de las circunscripciones, en las que los partidos deben rebasar el 10% de los votos para tener opciones de obtener alg&uacute;n esca&ntilde;o? Y con relaci&oacute;n a los &ldquo;premios de mayor&iacute;a&rdquo;, &iquest;c&oacute;mo debemos considerar la bonificaci&oacute;n sistem&aacute;tica que reciben los dos primeros partidos, y en especial el partido m&aacute;s votado, si no como una prima sutil que concede el sistema electoral y que facilita la construcci&oacute;n de mayor&iacute;as parlamentarias? Algo que, por cierto, nuestro sistema electoral hace de forma mucho menos burda que los premios de mayor&iacute;a que se han ensayado en pa&iacute;ses como Grecia o Italia.
    </p><p class="article-text">
        Existe margen para la mejora de nuestro sistema electoral, sin duda. En nuestra opini&oacute;n, conviene enmendar aspectos como la desigualdad del voto entre ciudadanos de distintas provincias; introducir mecanismos de voto preferencial que resten poder a las c&uacute;pulas de los partidos y caminen hacia la personalizaci&oacute;n de nuestras reglas electorales; o, en otro orden de cosas, suprimir el mecanismo del voto rogado que ha deprimido de forma absolutamente lamentable la participaci&oacute;n del colectivo de espa&ntilde;oles residentes en el extranjero.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en estos momentos, los pilares centrales del sistema electoral conviene que sean mantenidos. Quienes enfatizan el funcionamiento defectuoso de nuestro sistema electoral exageran sus vicios e ignoran sus virtudes. La cr&iacute;tica fundamental a nuestro sistema electoral apunta a la abultada desproporcionalidad de sus resultados. Pero ni es equiparable a la desproporcionalidad que exhiben los sistemas mayoritarios ni, como se puede comprobar en el gr&aacute;fico 3 que muestra la evoluci&oacute;n de la desproporcionalidad agregada, es tan acusada hoy en d&iacute;a como lo era al inicio de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Gr&aacute;fico 3. Desproporcionalidad agregada del sistema electoral
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Entre sus virtudes, el sistema electoral ha propiciado mayor&iacute;as parlamentarias s&oacute;lidas (hasta en cuatro ocasiones ha 'manufacturado' mayor&iacute;as parlamentarias), lo que a su vez ha contribuido a la formaci&oacute;n de gobiernos estables y duraderos. Y ello, sin merma de la correspondiente representaci&oacute;n de partidos de &aacute;mbito no estatal (nacionalistas y regionalistas) cuya fuerza electoral se encuentra concentrada en determinados territorios. Tambi&eacute;n ha permitido que se haya producido la alternancia hasta en cinco ocasiones, la primera de ellas en 1982, lo que sin duda ha favorecido la consolidaci&oacute;n de nuestra democracia. Adem&aacute;s, nuestro sistema electoral ha posibilitado la evoluci&oacute;n de nuestro sistema de partidos: desde un pluralismo moderado en las dos primeras elecciones, pasando por un sistema de partido predominante en la d&eacute;cada de los ochenta, m&aacute;s de dos d&eacute;cadas de bipartidismo imperfecto y, m&aacute;s recientemente, est&aacute; dando lugar a otro formato multipartidista, que podr&iacute;amos calificar de 'bipolarismo fragmentado' o 'bibloquismo polarizado'. Dicho de otro modo, nuestras reglas electorales no han supuesto un obst&aacute;culo para que los cambios sociales y pol&iacute;ticos se hayan reflejado en el parlamento.
    </p><p class="article-text">
        En suma: &ldquo;if it ain't broke, don't fix it&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Fernández-Esquer, José Rama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/comporta-partidos-sistema-electoral_132_1241229.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Nov 2019 20:34:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo se comporta con los partidos nuestro sistema electoral?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las nuevas Españas electorales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/nuevas-espanas-electorales_132_1497756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A principio de los a&ntilde;os noventa, Josep Maria Vall&egrave;s, catedr&aacute;tico de Ciencia Pol&iacute;tica en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino las <em>Espa&ntilde;as electorales</em> para denotar las pautas del comportamiento electoral agregado en las comunidades aut&oacute;nomas. La denominaci&oacute;n subraya la multiplicidad de modelos existentes por sus diferencias con respecto al modelo nacional de las elecciones generales y por las divergencias entre las propias comunidades en las elecciones auton&oacute;micas. Durante las siguientes tres d&eacute;cadas, estas pautas gozaron de una notable continuidad. Las preferencias de voto han conocido mayores cambios en las elecciones auton&oacute;micas que en las generales, pero no demasiado. La fragmentaci&oacute;n electoral se ha mantenido en niveles relativamente bajos. En la mayor&iacute;a de las comunidades, el protagonismo electoral ha reca&iacute;do en el PSOE y en el PP, a veces acompa&ntilde;ados por una IU minoritaria y tambi&eacute;n por peque&ntilde;os partidos de car&aacute;cter nacionalista o m&aacute;s frecuentemente regionalista.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que han existido diferencias entre el peso de los partidos nacionales y los auton&oacute;micos en las distintas comunidades, pero no eran excesivas ni conocieron cambios llamativos de una elecci&oacute;n a otra. Los sistemas de partidos de las <em>Espa&ntilde;as electorales</em> se divid&iacute;an as&iacute; en&nbsp;<a href="http://epub.sub.uni-hamburg.de/epub/volltexte/2008/1883/pdf/1999_138.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tres tipos</a> de comunidades. En el primero, el mapa auton&oacute;mico estaba dominado por los dos principales partidos nacionales y por IU, bien que alguno de ellos disfrutara de una mayor fuerza relativa que sus correligionarios en las elecciones generales; estos subsistemas de partidos se han dado principalmente en Castilla-La Mancha, Castilla y Le&oacute;n, Extremadura, Murcia y Madrid. En el segundo tipo, los partidos nacionales han estado acompa&ntilde;ados por otros relevantes en mayor o menor grado en el &aacute;mbito auton&oacute;mico, y de naturaleza regionalista o nacionalista; ser&iacute;an los casos de Andaluc&iacute;a, Arag&oacute;n, o Galicia. Y el tercer tipo estar&iacute;a constituido por los modelos exc&eacute;ntricos con sistemas de partidos propios, tanto en t&eacute;rminos de sus integrantes como de sus pautas de competici&oacute;n, que a su vez han interaccionado con el sistema de partidos nacional; sus casos caracter&iacute;sticos ser&iacute;an los de Catalu&ntilde;a, Canarias, Pa&iacute;s Vasco o Navarra.
    </p><p class="article-text">
        Las elecciones auton&oacute;micas de 2015 y 2019 han modificado este mapa de forma considerable. A falta de comprobar su eventual consolidaci&oacute;n, parece evidente que los cambios electorales son m&aacute;s frecuentes y que los sistemas o subsistemas de partidos han incrementado sus niveles de fragmentaci&oacute;n y volatilidad y, por lo tanto, de complejidad e incertidumbre. En esta entrada queremos recoger los datos comparados de ambas dimensiones.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El punto de partida</h3><p class="article-text">
        Como es sabido, las elecciones generales de 2011 produjeron resultados de los que los anticipos de la Gran Recesi&oacute;n sufridos entonces fueron en parte <a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/17457289.2014.891598" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">responsables</a>. Supusieron un vuelco electoral considerable entre los dos principales partidos: el PSOE perdi&oacute; muchos esca&ntilde;os y el PP gan&oacute; algunos m&aacute;s. Pero, en conjunto, ambos mantuvieron el grueso de su representaci&oacute;n en el Congreso de los Diputados. Como muestra el Gr&aacute;fico 1, la llegada de Podemos y en menor medida de Ciudadanos result&oacute; espectacular. El &iacute;ndice de&nbsp;<a href="https://cise.luiss.it/cise/2019/04/29/a-major-party-and-four-median-parties-in-one-parliament-the-spanish-general-elections-in-2019/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">volatilidad</a> electoral agregada (que expresa en porcentajes los cambios producidos en el apoyo a los partidos en dos elecciones sucesivas) fue del 35,4 por ciento entre las elecciones de 2011 y 2015, y del 22,7 por ciento entre las de 2016 y 2019. Entre 2015 y 2019, la competici&oacute;n bipolar entre PSOE y PP y las reglas hasta entonces habituales para la formaci&oacute;n de gobiernos se han modificado (de gobiernos de mayor&iacute;a o en minor&iacute;a monocolor, pero con apoyo externo de solo un partido, a gobiernos d&eacute;biles y que dependen de otras formaciones) de forma que por el momento parece definitiva por la aparici&oacute;n de los nuevos partidos nacionales (Podemos, Ciudadanos y, ahora, Vox). La&nbsp;<a href="https://whogoverns.eu/the-electoral-fragmentation-on-the-right-side-2019-spanish-general-elections/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fragmentaci&oacute;n</a> partidista ha aumentado notablemente. Seg&uacute;n el &iacute;ndice del <a href="https://politikon.es/2016/05/16/la-discrecion-del-sistema-electoral/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">n&uacute;mero efectivo de partidos parlamentarios </a>(que pondera el n&uacute;mero de partidos que se presentan para el Congreso por su peso en esca&ntilde;os), fue de 2,6 en 2011, 4,1 en 2015 y 4,9 en 2019. La traslaci&oacute;n de ambas dimensiones al &aacute;mbito auton&oacute;mico ha reforzado la creciente interacci&oacute;n que est&aacute; produci&eacute;ndose entre el nivel nacional del Congreso y el territorial de los Parlamentos auton&oacute;micos.
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                </figure><h3 class="article-text">Mayores niveles de volatilidad</h3><p class="article-text">
        La Tabla 1 recoge los niveles de&nbsp;<a href="https://www.fundacionalternativas.org/laboratorio/documentos/zoom-politico/que-pueden-cambiar-podemos-y-ciudadanos-en-el-sistema-de-partidos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">volatilidad</a> media en las 17 comunidades aut&oacute;nomas entre 2007 y 2019. Entre 2007 y 2011, la volatilidad media fue de 14,5 por ciento. Solo tres comunidades superaron el 20 por ciento, mientras que las catorce restantes quedaron por debajo (seis, entre 10 y 20, y ocho, por debajo del 10 por ciento).
    </p><p class="article-text">
        Pero, en 2015, la entrada de Podemos y Ciudadanos conllev&oacute; un incremento considerable. La volatilidad media entre 2011 y 2015 fue del 24 por ciento, casi diez puntos m&aacute;s que en el per&iacute;odo anterior. Cinco comunidades alcanzaron niveles superiores a 30, y otras siete superiores al 20 por ciento, mientras que solo cinco quedaron por debajo de este nivel. En fin, durante el periodo 2015-2019 la volatilidad qued&oacute; en un nivel intermedio, el 19,3 por ciento, y las diferencias entre comunidades se estrecharon. Ninguna tuvo niveles menores del 10 por ciento y ninguna qued&oacute; por encima del 30 por ciento.
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                </figure><p class="article-text">
        Por su parte, el Gr&aacute;fico 2 detalla los niveles de volatilidad de las comunidades, ordenadas de mayor a menor, tambi&eacute;n para las cuatro elecciones auton&oacute;micas celebradas entre 2007-2019. En el primer per&iacute;odo (2007-2011), 14 comunidades exhibieron en mayor medida pautas de estabilidad que de cambio; las excepciones fueron Asturias (por encima de 40 por ciento, debido a la irrupci&oacute;n de Foro Asturias, la escisi&oacute;n del PP liderada por Francisco &Aacute;lvarez-Cascos), Pa&iacute;s Vasco y Navarra (que se movieron entre el 20 y el 30 por ciento).
    </p><p class="article-text">
        En las elecciones auton&oacute;micas de 2015 y 2016, la volatilidad subi&oacute; en todas las comunidades excepto en Galicia, Andaluc&iacute;a y Asturias. Solo Galicia qued&oacute; debajo del 10 por ciento (anticip&oacute; en 2012 [volatilidad del 15,6 por ciento] los cambios que se avecinaban en el resto de comunidades aut&oacute;nomas en 2015, debido a la fuerte irrupci&oacute;n de Alternativa Galega de Esquerdas, una escisi&oacute;n del BNG en coalici&oacute;n con IU y&nbsp;<a href="https://www.farodevigo.es/galicia/2014/05/27/pablo-iglesias-colaborador-beiras-competencia/1031305.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">asesorada</a> por la &eacute;lite de Podemos) y, pese a descender, Asturias repiti&oacute; como la m&aacute;s vol&aacute;til, esta vez con un 37 por ciento. Entre 2015 y 2019, el m&aacute;ximo se qued&oacute; 11 puntos porcentuales por debajo del per&iacute;odo anterior; lo marc&oacute; Murcia, con 25,7 por ciento, seguida de cerca por Arag&oacute;n, con 25,2, y Madrid, con 24 por ciento. El m&iacute;nimo correspondi&oacute; a Catalu&ntilde;a, con 10,8 por ciento. En el otro extremo, la volatilidad baj&oacute; en todas las comunidades, con la excepci&oacute;n de Cantabria (+6,3 puntos) y Extremadura (+0,3). En todo caso, los actuales niveles de volatilidad (todos ellos de dos d&iacute;gitos) son muy superiores a los que se observaron en las elecciones de 2007-2011; de hecho, es superior en todas las comunidades menos en Asturias y en Navarra. De esta forma, los niveles de volatilidad registrados de forma consecutiva en los dos &uacute;ltimos ciclos auton&oacute;micos (2011-2015 y 2015-2019) han supuesto cambios electorales considerables en los sistemas de partidos auton&oacute;micos.
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                </figure><h3 class="article-text">Mayores niveles de fragmentaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El Gr&aacute;fico 3 ordena de mayor a menor el &iacute;ndice de fragmentaci&oacute;n parlamentaria de las comunidades en las elecciones de 2019. Los niveles m&aacute;s elevados se encuentran en Baleares, Madrid y la Comunidad Valenciana, seguidas de Catalu&ntilde;a, Andaluc&iacute;a, Canarias, Navarra y Asturias. En los Parlamentos de buena parte de ellas lograron entrar m&aacute;s partidos que en 2015, mientras que se redujeron en Arag&oacute;n, Canarias y La Rioja. En todas las comunidades, la fragmentaci&oacute;n ha aumentado con respecto a la de las elecciones de 2007, y solo se ha reducido, en relaci&oacute;n con las de 2011, en Navarra y en Catalu&ntilde;a.
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                </figure><h3 class="article-text">Las dos caras de la moneda</h3><p class="article-text">
        El crecimiento de la volatilidad electoral y de la fragmentaci&oacute;n partidista plantean retos importantes a los Parlamentos auton&oacute;micos de las legislaturas que est&aacute;n a punto de comenzar. En realidad, los estudios comparados sobre ambos fen&oacute;menos los abordan en t&eacute;rminos contradictorios. Por lo que hace a la volatilidad electoral, es positivo que muchos electores cambien su voto de una elecci&oacute;n a otra, puesto que supone el premio de los votantes a los partidos que han protagonizado una gesti&oacute;n positiva desde las elecciones anteriores, o por el contrario significa el castigo a gobiernos incompetentes o corruptos; en suma, implica el ejercicio de la&nbsp;<a href="https://www.cambridge.org/core/books/democracy-accountability-and-representation/14785A2D4EE1DDFBA595CE810C51F2CA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">rendici&oacute;n</a> electoral de cuentas, uno de los principios fundamentales de los sistemas democr&aacute;ticos. Pero tasas excesivamente elevadas de volatilidad, y si adem&aacute;s son <a href="https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1354068815625229" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cr&oacute;nicas</a>, pueden provocar entradas y/o salidas recurrentes de partidos de las instituciones pol&iacute;ticas, lo que reflejar&iacute;a una&nbsp;<a href="https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1354068811436042?journalCode=ppqa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">institucionalizaci&oacute;n</a> d&eacute;bil de los sistemas de partidos y tendr&iacute;a consecuencias negativas en los rendimientos del sistema pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La fragmentaci&oacute;n partidista, por su parte, suele tener menos defensores. Aunque aumenta las posibilidades representativas de los votantes, los sistemas de partidos excesivamente fragmentados est&aacute;n asociados con&nbsp;<a href="http://agendapublica.elpais.com/una-europa-fragmentada-el-desplome-de-los-partidos-tradicionales/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">legislaturas complejas</a> que incrementan los riesgos para cualquiera de las dimensiones relativas a la gobernabilidad, desde la formaci&oacute;n de gobiernos a la adopci&oacute;n de decisiones, pasando por la dif&iacute;cil supervivencia de gobiernos de coalici&oacute;n con m&uacute;ltiples partidos. Cuando adem&aacute;s la polarizaci&oacute;n se suma a la <a href="http://agendapublica.elpais.com/sartori-fragmentacion-y-polarizacion-politica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fragmentaci&oacute;n</a>, las llamadas <em>l&iacute;neas rojas</em> se a&ntilde;aden a los vetos rec&iacute;procos. Los escenarios m&aacute;s frecuentes suelen incluir inestabilidad gubernamental, dificultades para la formaci&oacute;n de gobiernos de coalici&oacute;n, escasa actividad legislativa, presupuestos prorrogados y adelantos electorales.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, la legislatura auton&oacute;mica precedente, la de 2015-2019, ha sufrido solo algunos episodios puntuales respecto al impacto de Parlamentos fragmentados en la acci&oacute;n de los gobiernos auton&oacute;micos. Entre ellos, la ruptura del gobierno de coalici&oacute;n entre Coalici&oacute;n Canaria y PSOE en diciembre de 2016, que se sald&oacute; con la salida del gobierno canario de los socialistas; la entrada en el gobierno de Castilla-La Mancha de Podemos en agosto de 2017, lo que le permiti&oacute; ensayar con el PSOE su primer gobierno de coalici&oacute;n a nivel regional; y los cambios en la Presidencia de la Comunidad de Madrid (&Aacute;ngel Garrido por Cristina Cifuentes) y en la Regi&oacute;n de Murcia (Fernando L&oacute;pez Miras por Pedro Antonio S&aacute;nchez), debidos a las dimisiones de sus presidentes ante la amenaza de sendas mociones de censura presentadas por la oposici&oacute;n por sus presuntas actividades de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en la legislatura 2019-2023, a los actores ya conocidos se ha sumado uno nuevo, Vox, que promete no hacer tan f&aacute;cil la estabilidad de los Gobiernos a los que incluso dice apoyar. V&eacute;ase si no el ejemplo de Andaluc&iacute;a, donde, por ahora, ya han optado por anunciar su bloqueo a los presupuestos si los socios del Gobierno, PP y Cs, se empe&ntilde;an en desconocer sus demandas. En fin, parece que el mal llamado <em>bipartidismo</em>, ahora s&iacute;, tambi&eacute;n a nivel auton&oacute;mico ha llegado a su fin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ramón Montero, José Rama, Andrés Santana, Carlos Fernández-Esquer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/nuevas-espanas-electorales_132_1497756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jun 2019 19:56:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las nuevas Españas electorales]]></media:title>
    </item>
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