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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fidel Moreno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/fidel_moreno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Fidel Moreno]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Breve historia cannábica de España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/breve-historia-cannabica-espana_1_1482189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0097e4e-84f9-41e8-856e-4c29cc08ebba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Breve historia cannábica de España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los primeros importadores de cannabis fueron los legionarios estacionados en Marruecos. Durante la Guerra Civil, el trasiego de grifa desde Ketama hasta el frente estuvo organizado y permitido por el Alto Mando</p><p class="subtitle">La decisión del Supremo de que el consumo personal no entre en los delistos contra la salud pública convierte a España en 1974 en el primer país europeo en despenalizar el consumo de cannabis</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Este reportaje fue publicado en 'La revoluci&oacute;n de la marihuana', n&uacute;mero 23 de la revista de eldiario.es. <a href="https://l.eldiario.es/packverano-marihuana-planeta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socia con nuestro pack verano antes del 28 de julio y te la enviamos a casa</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Ahora que muchos hablan de los beneficios millonarios que el cannabis puede dar en un pa&iacute;s soleado como el nuestro, que decenas de miles de pacientes que usan cannabis por sus virtudes terap&eacute;uticas reclaman no tener que acudir al mercado negro para comprar su medicina, que, en fin, varios millones de aficionados disfrutamos de la infinita variedad de marihuanas y extractos que la revoluci&oacute;n verde nos brinda desde hace unos a&ntilde;os, habr&aacute; que intentar explicar de qu&eacute; manera hemos llegado hasta aqu&iacute;. En este art&iacute;culo, se resume la historia cann&aacute;bica de Espa&ntilde;a siguiendo el hilo de las canciones populares, una manera rumbosa de intentar entender c&oacute;mo los fumetas hemos pasado del estigma al reconocimiento y c&oacute;mo un h&aacute;bito minoritario y contracultural se ha convertido en masivo y 'mainstream' en apenas unas d&eacute;cadas.
    </p><h3 class="article-text">Los cigarritos de la risa</h3><p class="article-text">
        La sustancia prohibida m&aacute;s consumida a d&iacute;a de hoy en Espa&ntilde;a tuvo como primeros importadores a los tercios de la Legi&oacute;n radicados en Marruecos y a las tropas de Regulares que lucharon en el bando de los sublevados durante la Guerra Civil. Desde el siglo XVI hasta el comienzo de la guerra de Marruecos en 1860, no fueron pocos los aventureros y viajeros que probaron y disfrutaron del <em>kif</em>; sin embargo, las tr&aacute;gicas dificultades en la colonizaci&oacute;n cambiaron la percepci&oacute;n hacia aquellas hierbas que se empezaron a ver de forma despectiva, como un h&aacute;bito tribal. Seg&uacute;n Juan Carlos Us&oacute; &ndash;el historiador que mejor ha estudiado el asunto&ndash; cuando las relaciones entre &ldquo;protegidos y protectores&rdquo; se normalizan, el h&aacute;bito de fumar <em>kif</em> comenz&oacute; a extenderse entre los espa&ntilde;oles vinculados a la colonizaci&oacute;n. Entonces se le empieza a llamar grifa, y son los lej&iacute;as los que la traen de matute a la pen&iacute;nsula, sin que tampoco llame mucho la atenci&oacute;n su consumo. Durante la Guerra Civil, los Regulares &ndash;&ldquo;los moros que trajo Franco&rdquo;, como se les llamaba en algunas versiones de la canci&oacute;n <em>Si me quieres escribir</em>&ndash; llegaron bien surtidos y el trasiego de grifa desde Ketama a los frentes de batalla estuvo perfectamente organizado, incluso permitido por el Alto Mando, que lleg&oacute; puntualmente a pagar con cannabis parte del salario de sus tropas mercenarias.
    </p><p class="article-text">
        Fueron los legionarios los primeros en Espa&ntilde;a en dejar constancia en una canci&oacute;n de la grifa como una afici&oacute;n placentera, esgrimido como raz&oacute;n de peso para que un ingl&eacute;s se alistara en la Legi&oacute;n. Dicen que<em> Un ingl&eacute;s que vino de London</em> ya se cant&oacute; en la Divisi&oacute;n Azul, as&iacute; que ser&iacute;a compuesta en la primera mitad de los a&ntilde;os cuarenta.
    </p><p class="article-text">
        Durante esa d&eacute;cada de dura postguerra el consumo se propaga no solo por ambientes marginales. Los cigarritos de la risa, o los petardos, como tambi&eacute;n se les conoce por los estallidos de los ca&ntilde;amones al arder, se venden en la madrile&ntilde;a plaza de Lavapi&eacute;s, en la sevillana Alameda de H&eacute;rcules o en la calle de Las Tapias del barrio chino barcelon&eacute;s. Pese a la tolerancia que hab&iacute;a, en los cincuenta empieza la represi&oacute;n del fen&oacute;meno: se descubren con esc&aacute;ndalo medi&aacute;tico algunos fumaderos de grifa, se juzga y se pena el comercio y el consumo, se intenta frenar el tr&aacute;fico desde Marruecos y se decomisan las primeras plantaciones en suelo espa&ntilde;ol.
    </p><h3 class="article-text">De los 'grifotas' a los hippies</h3><p class="article-text">
        La represi&oacute;n seguir&aacute; en progreso intentando frenar la inevitable expansi&oacute;n del consumo que traer&aacute;n los sesenta entre j&oacute;venes d&iacute;scolos que, en palabras de Us&oacute;, hicieron &ldquo;de este uso un s&iacute;mbolo contrario al convencionalismo&rdquo;. En los m&aacute;rgenes se encuentran los <em>grifotas</em> con los primeros hippies aut&oacute;ctonos, un encuentro intergeneracional e interclasista que a&ntilde;adir&aacute; al consumo del canuto en Espa&ntilde;a una dimensi&oacute;n cultural propia, en sinton&iacute;a internacional con los movimientos de emancipaci&oacute;n y con la revoluci&oacute;n psicod&eacute;lica que tienen en la m&uacute;sica uno de sus mayores propagadores. La veneraci&oacute;n a un difuso pasado andalus&iacute; lleno de volutas de humo cann&aacute;bico se mezcla con la fascinaci&oacute;n orientalista hacia la India y el Nepal y su famoso charas. Si los legionarios pillaban un buen vacil&oacute;n, los hippies y los j&oacute;venes intelectuales que buscan experiencias de liberaci&oacute;n personal m&aacute;s all&aacute; de la revoluci&oacute;n colectiva empiezan a distinguir el globo, que te lleva lejos, del simple coloc&oacute;n que te aturde. Sin embargo, las alusiones directas al porro en la canci&oacute;n popular habr&aacute;n de esperar un poco a que los gitanos entonen sus rumbas del extrarradio; los cantautores y los grupos pop no parecen querer mancharse las manos tomando partido por algo que sigue cargado con el estigma de lo marginal y delictivo, aunque les reporte grandes momentos de creaci&oacute;n y forme parte de sus rituales inici&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es verdad que algunos de los modernos sufren los golpes de la reci&eacute;n creada Brigada Especial de Estupefacientes y acaban en el psiqui&aacute;trico de la c&aacute;rcel Carabanchel, como Miguel R&iacute;os, Iv&aacute;n Zulueta, Eduardo Haro Ivars, Leopoldo Mar&iacute;a Panero, Mariano Antol&iacute;n Rato&hellip; Hasta el bueno de Henry Stephen, que se hab&iacute;a hecho famoso el verano del 68 con <em>Mi lim&oacute;n, mi limonero</em>. Eran estancias cortas, pero para algunos resultaron muy traum&aacute;ticas.
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                </figure><p class="article-text">
        Los hijos de la burgues&iacute;a descarriados entienden el porro como un h&aacute;bito &iacute;ntimo llevado con discreci&oacute;n y p&uacute;blicamente solo mentado al amparo de met&aacute;foras y gui&ntilde;os para iniciados, sin embargo, los gitanos &ndash;que en los setenta, por cierto, se han hecho con el negocio de la grifa y el chocolate&ndash; empiezan a cantarle. Por Andaluc&iacute;a circula aquella rumba que todav&iacute;a hoy se canta, la de <em>Eso que fuman los moros</em>, y los primeros en grabar un &eacute;xito cann&aacute;bico son Los Chichos en 1973. Con <em>La Cachimba</em>, se abre la veda a la apolog&iacute;a del consumo de cannabis en el repertorio nacional el a&ntilde;o en que Espa&ntilde;a adapta su C&oacute;digo Penal a la Convenci&oacute;n &Uacute;nica sobre Estupefacientes, y un a&ntilde;o antes de que el Tribunal Supremo dictamine que el consumo personal no entra dentro de los llamados &ldquo;delitos contra la salud p&uacute;blica&rdquo;. Esta decisi&oacute;n del Supremo convirti&oacute; a Espa&ntilde;a en 1974 en el primer pa&iacute;s europeo en despenalizar el consumo: las drogas segu&iacute;an siendo ilegales, y si te pillaban tom&aacute;ndolas en p&uacute;blico pod&iacute;an aplicarte la ley de Peligrosidad Social, pero si te sorprend&iacute;an consumi&eacute;ndolas en privado no te met&iacute;an en la c&aacute;rcel. Aunque el estigma social segu&iacute;a pesando, identificarse como porrero ya no ten&iacute;a consecuencias legales y el car&aacute;cter anticonvencional, comunitario y generacional que implicaba fumar hach&iacute;s para una juventud desbordada ya de los cauces de un franquismo moribundo, sumado, en fin, a sus efectos de intensificaci&oacute;n de la experiencia sensible, dio a la mandanga protagonismo en el cancionero rumbero. Ah&iacute; est&aacute;n por ejemplo Los Chunguitos present&aacute;ndose en sociedad en 1974 con el acelerado single de <em>Me sabe a humo</em>, que como <em>La cachimba</em> coincide en situar los porros en medio de la guerra de los sexos y como trampol&iacute;n para la placentera evasi&oacute;n de la realidad inmediata.
    </p><h3 class="article-text">La hegemon&iacute;a del hach&iacute;s</h3><p class="article-text">
        La densidad noticiosa del comienzo de la Transici&oacute;n no deja mucho espacio a las drogas, que a partir de los ochenta tendr&aacute;n gran protagonismo en los medios. La tolerancia y la inocencia ante las sustancias psicoactivas de finales de los setenta tienen su reflejo en un tema interpretado por Micky, <em>En el rollo est&aacute; la soluci&oacute;n</em>, apolog&iacute;a del hach&iacute;s y de la coca&iacute;na como herramientas de moda para vencer la depresi&oacute;n. Es una canci&oacute;n que no tuvo demasiada trascendencia, pero que son&oacute; acompa&ntilde;ado por una colorida coreograf&iacute;a en el programa televisivo <em>Aqu&iacute; Radio Sardina</em> (1978) de Valerio Lazarov, en horario de m&aacute;xima audiencia.
    </p><p class="article-text">
        Los &ldquo;caramelitos&rdquo; de grifa y los petardos que se vend&iacute;an liados han dado paso a los porros de hach&iacute;s. A mediados de los sesenta, unos dicen que unos hippies, otros que unos espabilados relacionados con el hampa de Marsella, ense&ntilde;an a los cultivadores del Rif a elaborar hach&iacute;s como lo hacen en el L&iacute;bano, un acto de enorme trascendencia que acabar&aacute; haciendo de Marruecos, un pa&iacute;s pol&iacute;ticamente m&aacute;s estable que el resto de productores, el principal exportador mundial del concentrado. Aunque se hab&iacute;a despenalizado el consumo, en paralelo a su popularizaci&oacute;n, la polic&iacute;a fue incrementando exponencialmente sus efectivos para la persecuci&oacute;n de la venta, lo cual hizo m&aacute;s conveniente para los traficantes importar desde Marruecos la sustancia concentrada en tabletas de costo que voluminosos fardos de grifa. Desde entonces hasta finales de los noventa ser&aacute; raro ver en Espa&ntilde;a un cogollo de marihuana. La hegemon&iacute;a del chocolate marcar&aacute; a varias generaciones de fumetas espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; la portada censurada del primer disco de Veneno (1977) o Los manager de Huelva a los que les cantan los Pata Negra, aquellos desastrosos representantes cuyas pifias se explicaban en el pasodoble como fruto del ciego provocado por el alcohol y la resina cann&aacute;bica: &ldquo;Ser&aacute; de tanto cubata y tanto polen, y tanto polen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Algunos despistados atribuyen al Fary el m&eacute;rito de haber hecho la primera canci&oacute;n sobre el porro en Espa&ntilde;a, pero La mandanga, que as&iacute; se llama esta rumba, es del a&ntilde;o 1979, y m&aacute;s que dar aviso de la novedad retrata la extensi&oacute;n del vicio del fumeque en la juventud de esos a&ntilde;os.
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        Con el desarrollismo franquista la grifa da paso al hach&iacute;s, y los hippies y modernos que hab&iacute;an sustituido a los grifotas como arquetipo del fumeta, con la democracia, comparten con los pasotas su lugar en el imaginario colectivo. Tambi&eacute;n entran en escena los quinquis desarraigados que abusan del porro desde primera hora de la ma&ntilde;ana, como los chavales de la pel&iacute;cula de Carlos Saura Deprisa, deprisa (1981), o como el Jaro, el macarra de ce&ntilde;ido pantal&oacute;n retratado por Sabina en Qu&eacute; demasiao (1980), que se lo monta &ldquo;de guapo y de mat&oacute;n, de golfo y de ladr&oacute;n y de darle al canuto cantidad&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La popularizaci&oacute;n del porro en los 80</h3><p class="article-text">
        En los 80, el porro se populariza, aunque su representaci&oacute;n medi&aacute;tica sigue abundando en una visi&oacute;n alarmista y propia de ambientes marginales, hay algunas excepciones m&aacute;s acordes con su realidad masiva y transversal, que contribuyen al proceso de normalizaci&oacute;n de su consumo. As&iacute;, no ser&aacute; la del delincuente juvenil la &uacute;nica referencia cann&aacute;bica que se cuele en el repertorio de Sabina, donde los amantes clandestinos se esperan en habitaciones de hotel con canutos bien cargados &ndash;<em>Hotel, dulce hotel</em> (1987)&ndash;; donde una pareja de okupas encuentran el para&iacute;so terrenal en un piso de Moratalaz en cuyo balc&oacute;n plantan ca&ntilde;amones de Ketama &ndash;<em>Eva tomando el sol</em>&ndash; ; donde un pasado juvenil de risas y besos se recuerda a golpe de pareado porrero &ndash;<em>Con la frente marchita</em> (1990)&ndash;, y donde aparece hasta una antigua amante que trapichea con hach&iacute;s &ndash;<em>Tiramis&uacute; de lim&oacute;n</em> (2009)&ndash;.
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        Si hablamos desde una perspectiva de g&eacute;nero, le cabe al de &Uacute;beda haber dado entrada en la canci&oacute;n popular a la mujer cann&aacute;bica. Porque hasta ese momento, si la memoria no me falla, las mujeres brillan por su ausencia; algo que, a excepci&oacute;n de los hipnosedantes, responde a la realidad de la menor prevalencia en el consumo de drogas de la mujer respecto al hombre. No es que las mujeres no le den al canuto, sino que lo hacen en menor n&uacute;mero que los hombres &ndash;actualmente la diferencia es al menos de dos porreros por cada porrera, seg&uacute;n la encuesta Edades del Plan Nacional sobre Drogas&ndash;, un hecho que se puede explicar por cuestiones socioculturales, aunque algunos recurran a razones biol&oacute;gicas, apelando al menor amor al riesgo que tienen las mujeres. Sabina, como quien dice, les pasa el porro de igual a igual. Como tambi&eacute;n har&aacute; Javier Krahe, al que corresponde el hallazgo de la primera cannabicultora en la canci&oacute;n popular espa&ntilde;ola, la protagonista de Par&eacute;ntesis (1987), en cuya buhardilla hay un hermoso invernadero y &ldquo;entre sus plantas, dos o tres de fumar&rdquo;.
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        De los ochenta era una canci&oacute;n par&oacute;dica de <em>Oh, Carol</em> que muestra a las claras la mayor crueldad en el reproche que han soportado, respecto a los hombres, las mujeres usuarias de cannabis. No s&eacute; quien fue el autor de dicho contrafactum, pero dec&iacute;a algo as&iacute;: &ldquo;Oh, Carol, eres c&oacute;mo todas, / llegas borracha y luego me violas. / Una ni&ntilde;a mona nunca debe / hartarse de hach&iacute;s; / oh, oh, oh, Carol: d&eacute;jame vivir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El estigma tambi&eacute;n se deja sentir en la censura. La canci&oacute;n <em>El hombre y el oso y el madro&ntilde;o</em> (1985) de Krahe, se publica en su disco Corral de cuernos sin su &uacute;ltima estrofa, mutilada con alevos&iacute;a por CBS. Los versos dec&iacute;an &ldquo;T&uacute; p&aacute;same esa china, china, que vamos a fumar aqu&iacute; en la capital&rdquo;, y su censura llev&oacute; al insobornable cantautor a dejar dicha discogr&aacute;fica. Krahe es importante en esta historia, pues fue uno de los integrantes de la Lista Antiprohibicionista, la filial espa&ntilde;ola del experimento electoral por la legalizaci&oacute;n de las drogas nacido en Italia a iniciativa del Partido Radical, que lleg&oacute; a sacar 3330 votos en las generales de 1989.
    </p><p class="article-text">
        El verano de aquel a&ntilde;o, el grupo de agropop No me pises que llevo chanchas se hizo famoso entre otras canciones con <em>Bolill&oacute;n</em>, la historia de un tipo que se coge un buen bolill&oacute;n al fumarse varias piedras de hach&iacute;s ca&iacute;das o robadas de bolsillos de camellos con los que se cruza por el laber&iacute;ntico barrio sevillano de Santa Cruz. Su f&aacute;cil estribillo, &ldquo;bolill&oacute;n, bolill&oacute;n, bolill&oacute;n&rdquo; se corea con complicidad en toda Andaluc&iacute;a y el localismo, sin&oacute;nimo de <em>morao</em> y de coloc&oacute;n, se populariza en Espa&ntilde;a entera.
    </p><h3 class="article-text">El activismo cann&aacute;bico</h3><p class="article-text">
        La d&eacute;cada de los noventa traer&aacute; el despegue del activismo canna&#769;bico hispano, una fuerza dispersa que ir&aacute; en paralelo al proceso de normalizaci&oacute;n social del uso del cannabis y que tiene en 1991 su acto fundacional en la creaci&oacute;n de la Asociacio&#769;n Ramo&#769;n Santos para el Estudio del Cannabis. Desafiando las poli&#769;ticas antidrogas, la ARSEC llev&oacute; a cabo el primer cultivo colectivo y fue el origen del movimiento asociativo que, andando el tiempo y aprovechando las grietas legales, ha llenado Espan&#771;a de espacios liberados como son los Cannabis Social Clubs (CSC).
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        Supongo que algo de raz&oacute;n tienen los sevillanos que dicen que la ley Corcuera fue un intento de que los fastos del 92 no quedaran afeados con el perfume a porro que ten&iacute;an las calles y no pocos bares de la capital hispalense, un detalle impensable en el resto de Europa. El caso es que ya un poco antes, pero con m&aacute;s propiedad a partir de la dichosa ley, los camareros te echaban la bronca si, en medio de la humareda de tabaco que eran los bares entonces, te daba por encenderte un porro. La represi&oacute;n dejar&aacute; su huella en la excelente <em>Aqu&iacute; no podemos hacerlo</em> (1995) de Los Rodr&iacute;guez. A ritmo de <em>reggae</em>, esta es ya una canci&oacute;n reivindicativa en contra de la persecuci&oacute;n y es tambi&eacute;n una canci&oacute;n de amor eterno al hach&iacute;s, donde las caladas son besos y el h&aacute;bito se eleva con la fuerza de los amores prohibidos frente a los moralistas que dictaminan lo que se debe o no hacer.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del fin de Los Rodr&iacute;guez, Andr&eacute;s Calamaro se despach&oacute; con Alta Suciedad (1997), uno de sus mejores discos, donde estaba la canci&oacute;n de <em>Loco</em> (&ldquo;Voy a salir a caminar solito,/ sentarme en un parque a fumar un porrito&rdquo;), que le traer&iacute;a problemas en la Argentina, y la de <em>Nunca es igual</em>, otro <em>reggae</em> de tem&aacute;tica cann&aacute;bica, con un gaucho que no duerme por haber perdido &ldquo;una china de rojo liban&eacute;s&rdquo;, varias alabanzas al poder de la mar&iacute;a y un err&aacute;tico discurso final de <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/falta-legalizar-Debe-derogarse-prohibicion_0_917259059.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Escohotado</a>.
    </p><p class="article-text">
        Con menos finura, pero m&aacute;s popularidad, el que vino a ser el gran himno prolegalizaci&oacute;n de los noventa fue obra de Ska-P y se titul&oacute; <em>Cannabis</em> (1996), un t&eacute;rmino m&aacute;s bot&aacute;nico que habitual. El grupo vallecano a ritmo de acelerado ska hizo una canci&oacute;n que retrataba la ansiedad de no tener una china con la que ali&ntilde;ar el cigarrillo, y, tras recorrer en vano los barrios de Madrid buscando costo, se lanzaba al coreado estrambote de pedir la legalizaci&oacute;n, el fin de la prohibici&oacute;n y que el cannabis fuera de calidad y barato.
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 1997, unos cuantos socios de la ARSEC crean <em>C&aacute;&ntilde;amo</em>, la revista de la cultura del cannabis, el principal altavoz antiprohibicionista que ha concienciado a cientos de miles de lectores y ha contribuido decisivamente a extender el autocultivo en Espa&ntilde;a. C&aacute;&ntilde;amo se convierte en un agente fundamental de la revoluci&oacute;n cann&aacute;bica que se produce en estas dos d&eacute;cadas: la gente descubre que lo que se fuma no es la hoja sino el cogollo y muchos fumetas se vuelven jardineros, con lo que el hach&iacute;s empieza a perder relevancia, cediendo poco a poco su hegemon&iacute;a a las mil variedades de marihuana que surgen, aportando infinitos sabores a la verde ebriedad.
    </p><h3 class="article-text">Del estigma al reconocimiento</h3><p class="article-text">
        Si en el 98 el cancionero de Manu Chao se hac&iacute;a eco de la lucha por la legalizaci&oacute;n en Clandestino, equiparada a la lucha de los sin papeles &ldquo;en la grande Babylon&rdquo;, y pon&iacute;a a los antiglobalizadores a bailar y a cantar aquello de &ldquo;Wellcome to Tijuana: tequila, sexo y marihuana&rdquo;; en el 2001 consegu&iacute;a conquistar a las masas con el hit de <em>Me gustas t&uacute;</em>, haciendo que el verso m&aacute;s coreado del verano en Espa&ntilde;a fuera aquel de &ldquo;Me gusta marihuana, me gustas t&uacute;&rdquo;. El verso es muy simpl&oacute;n, s&iacute;, pero refleja la afirmaci&oacute;n sin necesidad de mayores excusas de los fumetas del nuevo siglo: fumamos marihuana porque nos gusta, como nos gusta el mar, viajar, la lluvia o so&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n en estas d&eacute;cadas se produce un interesante movimiento de desobediencia por parte de enfermos que encuentran en el cannabis alivio a sus dolencias, en paralelo a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica que va descubriendo que efectivamente los cannabinoides tienen no solo aplicaci&oacute;n terap&eacute;utica para dolores y enfermedades como la epilepsia refractaria sino un enorme potencial antitumoral. Mi primo Juan, los tanguillos que abr&iacute;an el disco <em>Pokito a poko</em> (2005) de Chambao, retratan la complicada realidad de la marihuana medicinal en Espa&ntilde;a, donde a un enfermo de c&aacute;ncer se la pueden recetar para los dolores o para las n&aacute;useas de la quimioterapia y tiene que optar por plantar o ir al mercado negro para proveerse de su medicina, con cuidado de que la polic&iacute;a no le sorprenda.
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        En este nuevo siglo estamos emplazados a repensar la relaci&oacute;n que tenemos con el placer y con el dolor, un desaf&iacute;o que afecta de lleno a la cuesti&oacute;n farmacol&oacute;gica y obliga a terminar de una vez por todas con la prohibici&oacute;n y con la mal llamada guerra contra las drogas, que, en realidad, es una guerra contra las personas, con especial crueldad hacia los pobres del mundo. El nuevo escenario exige unas leyes que garanticen nuestra libertad personal y protejan nuestra salud, con informaci&oacute;n basada en la evidencia cient&iacute;fica y un control de calidad que nos libre de intoxicaciones accidentales.
    </p><p class="article-text">
        Del estigma al reconocimiento, paso a paso, calada a calada, canci&oacute;n a canci&oacute;n, la historia cann&aacute;bica avanza en este pa&iacute;s hacia la inevitable regulaci&oacute;n. Ya no se pide la legalizaci&oacute;n a secas del cannabis, sino que se permita el autocultivo y sea el Estado el que regule su acceso a los mayores de edad, impidiendo el consumo a grupos vulnerables, como menores o personas con problemas psiqui&aacute;tricos. Mientras ese momento llega, seguir&aacute;n poniendo multas abusivas por tenencia y consumo, metiendo a cultivadores y traficantes en la c&aacute;rcel y la vida ser&aacute; m&aacute;s inc&oacute;moda para los aproximadamente tres millones de espa&ntilde;oles, entre un 9% y un 11%, que hacemos uso de la planta.
    </p><p class="article-text">
        La represi&oacute;n poco puede hacer ya frente a un uso normalizado como el que hay en Espa&ntilde;a, donde un 35,2% de la poblaci&oacute;n entre 15 y 64 a&ntilde;os sabe por experiencia propia lo que es fumarse un porro. Adem&aacute;s de que muchas de nuestras calles huelen a cannabis, somos el gran productor de marihuana ilegal que surte a media Europa; raro es el pueblo que no cuenta entre sus huertas con un bancal donde florece la mar&iacute;a, y no es extra&ntilde;o encontrase en la ciudad balcones floridos llenos de cogollos, por no hablar de los invernaderos de interior que con gran discreci&oacute;n se reparten por todo el territorio. Ah&iacute; est&aacute; para festejarlo <em>La rama de Barcelona</em> (2010), una alegre rumba de Kiko Veneno que celebra la infinita variedad y la gran potencia del cannabis con denominaci&oacute;n de origen espa&ntilde;ol. &iexcl;Que siga la m&uacute;sica!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fidel Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/breve-historia-cannabica-espana_1_1482189.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jul 2019 19:46:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Breve historia cannábica de España]]></media:title>
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