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    <title><![CDATA[elDiario.es - Natalia Millán Acevedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/natalia_millan_acevedo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Natalia Millán Acevedo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Además de sumar, necesitamos sanar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ademas-sumar-necesitamos-sanar_129_10290860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5acb9464-b571-425e-8341-d39c7f57ed30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Además de sumar, necesitamos sanar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dada las circunstancias de resentimiento, tristeza e impotencia que parece experimentar una parte significativa de los actores que se ubican a la izquierda del PSOE, no tengo muy claro si esta unidad de supervivencia es lo mejor que podía suceder para construir un nuevo proyecto emancipador que ponga en el centro el cuidado de la vida</p></div><p class="article-text">
        La estupefacci&oacute;n y el desconsuelo con la que una parte de la ciudadan&iacute;a (entre la que me encuentro) ha asistido a los &uacute;ltimos acontecimientos pol&iacute;ticos, bien merece una meditaci&oacute;n profunda que supere la contienda medi&aacute;tica y nos haga preguntarnos qu&eacute; hacemos aqu&iacute;. Parece indiscutible que estos episodios implican elementos muy problem&aacute;ticos del comportamiento humano que trascienden, claramente, las cuestiones racionales y el c&aacute;lculo meditado que te&oacute;ricamente gu&iacute;an la acci&oacute;n pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ello, creo que, desafiando el mandato dualista del sistema hegem&oacute;nico que invisibiliza las m&uacute;ltiples dimensiones del ser, es momento de apostar por una imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica que incorpore los afectos, la compasi&oacute;n, el cuerpo y las preguntas existenciales al debate sobre el sentido de la<em> polis</em>. Este peque&ntilde;o texto, que escribo desde la convicci&oacute;n de que mi perspectiva ser&aacute; siempre limitada, subjetiva y parcial (y por tanto incompleta e incluso err&oacute;nea), pretende contribuir a la reflexi&oacute;n p&uacute;blica sobre c&oacute;mo construir una sociedad equitativa, sostenible y que no deje a nadie atr&aacute;s, como se repite sistem&aacute;ticamente desde ciertos espacios pol&iacute;tico-partidistas.
    </p><p class="article-text">
        Como todas las personas que se consideran (con raz&oacute;n o no) progresistas, he asistido con absoluta perplejidad, a la reyerta p&uacute;blica que se ha espectacularizado en los &uacute;ltimos meses entre Sumar y Podemos. A medida que las insinuaciones, expresiones de doble sentido e incluso bromas se iban convirtiendo en acusaciones directas, cargadas de reproches e impotencia, he ido experimentado una creciente desolaci&oacute;n y cierto desamparo que me conecta con mis propias soledades, traumas y sufrimientos; y, a mi juicio, estos sufrimientos forman parte consustancial del tr&aacute;nsito vital de los seres humanos.&nbsp;Y esto lo expreso en el espacio p&uacute;blico porque creo que es hora de incorporar las dimensiones emocionales, corporales, vinculares y espirituales a la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablar p&uacute;blicamente del dolor, el miedo y la vulnerabilidad, rompiendo el f&eacute;rreo disciplinamiento cartesiano que nos conmina a idolatrar la racionalidad y a negar la multidimensionalidad de los seres humanos, es, desde mi perspectiva, una forma feminista y emancipadora de resistencia. Y por ello, creo que esta (peque&ntilde;a o gran) tragedia a la que hemos asistido en el espacio de la izquierda esta completamente cargada de sufrimiento, impotencia y desolaci&oacute;n. Y en esta nueva imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica, que entiendo necesitamos imperiosamente para construir con palabras y actos una polis justa, sostenible y compasiva, es necesario asumir, tambi&eacute;n, el camino del autoconocimiento, la sanaci&oacute;n y la b&uacute;squeda de un sentido esperanzador y amoroso de la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No albergo ninguna duda sobre la buena intenci&oacute;n de todos los actores implicados en el vodevil que se ha desarrollado en los &uacute;ltimos tiempos; soy consciente de que todos ellos creen que su causa es verdadera y que se encuentran cargados de razones. Creo sinceramente que sienten que est&aacute;n orientados por un sentido justo de lo pol&iacute;tico y por arribar a un proyecto s&oacute;lido para las elecciones del 23 de julio. Lo digo sin iron&iacute;as, tengo la convicci&oacute;n de que entienden que, inequ&iacute;vocamente, est&aacute;n luchando por el bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Al tiempo que expreso estas ideas, observo la inmensa fuerza del ego en la contienda a la que hemos asistido (y, previsiblemente, asistiremos) en los &uacute;ltimos tiempos. Me gustar&iacute;a aclarar que desde diversas escuelas espirituales (s&iacute;, espirituales), el ego es una falsa concepci&oacute;n del yo que necesita sistem&aacute;ticamente afianzar su identidad a trav&eacute;s de la individualizaci&oacute;n, la competencia y el juicio. El ego es un actor que coloniza nuestra identidad; una identidad que no duda de sus opiniones, que confunde sistem&aacute;ticamente sus pensamientos con la realidad y que necesita de las comparaciones, las quejas y las luchas para afianzar su sentido del yo. En este sistema occidentalizado, el ego esta potenciado por las estructuras de poder capitalistas, patriarcales, racistas y antropoc&eacute;ntricas que nos impidan primero ver, y luego valorar, la sacralidad de todas las vidas del planeta; y, adem&aacute;s, este ego esta construido sobre las carencias, el sufrimiento y el dolor derivado de la falta de amor y bondad a las que (casi) todos estamos sometidos en nuestro tr&aacute;nsito vital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los estudios de ciencia pol&iacute;tica, que es a lo que me dedico profesionalmente, es cada vez m&aacute;s frecuente hablar de odio, miedo y narcisismo como explicaci&oacute;n de los comportamientos pol&iacute;ticos. De esta suerte, en el &aacute;mbito acad&eacute;mico, cada vez somos m&aacute;s conscientes de la importancia de las emociones negativas en las decisiones que tomamos sobre la organizaci&oacute;n de la vida en com&uacute;n. Y en este &aacute;mbito, una rama (nada aconsejable) de los avances en neurociencias est&aacute;n colaborando con partidos pol&iacute;ticos que centran sus propuestas en la estimulaci&oacute;n del resentimiento y la c&oacute;lera como elementos movilizadores de nuestras elecciones p&uacute;blicas. De esta suerte, asistimos al ascenso de opciones profundamente autoritarias que, como plantea Wendy Brown, esgrimen furiosamente la libertad como la negaci&oacute;n de cualquier acci&oacute;n en pos del bien com&uacute;n, del cuidado de las personas, de la protecci&oacute;n del planeta o de la justicia social. Y, en estos tiempos de precariedad material, econ&oacute;mica y laboral, este mensaje ha conectado con el miedo y la desesperanza que aquejan a una parte significativa de la poblaci&oacute;n del planeta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este marco hist&oacute;rico de desolaci&oacute;n -y al albur de una propuesta social basada en la exclusi&oacute;n y la violencia- es que nos hemos descubierto en la arena mediatizada, incapaces de construir un proyecto pol&iacute;tico que imagine, como dice el feminismo, un espacio comunitario donde quepan todas las vidas y sentires. Muy por el contario, ha sido la desavenencia, los reproches y la convicci&oacute;n de la posesi&oacute;n absoluta de la verdad, la t&oacute;nica que ha guiado el debate medi&aacute;tico en estos &uacute;ltimos meses. Dada las circunstancias de resentimiento, tristeza e impotencia que parece experimentar una parte significativa de los actores que se ubican a la izquierda del PSOE, no tengo muy claro si esta unidad de supervivencia es lo mejor que pod&iacute;a suceder para construir un nuevo proyecto emancipador que ponga en el centro el cuidado de la vida. Pero tengo la convicci&oacute;n de que, desde ahora, lo necesario es apoyar y cultivar este espacio aun sabiendo que, adem&aacute;s de sumar, necesitamos, desesperadamente, sanar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Soy muy consciente de que parece poco apropiado, e incluso rid&iacute;culo, exponer la vindicaci&oacute;n de una pol&iacute;tica para la compasi&oacute;n, la bondad y la generosidad. Pero nos hacen falta espacios personales y comunitarios de sanaci&oacute;n y esperanza que nos permitan liberarnos del miedo y el sufrimiento que, de manera inconsciente y poderosa, est&aacute;n guiando nuestras acciones cotidianas. Necesitamos otras cosmovisiones, como el budismo, el buen vivir o el ecofeminismo, que nos estimulen a distanciarnos de las luchas del ego y nos ayuden a encontrar un sentido personal, pol&iacute;tico y espiritual a nuestras vidas. Y esto lo creo, porque la negaci&oacute;n de la multidimensionalidad del ser y la primac&iacute;a de la mente egoica sobre los espacios afectivos, espirituales, vinculares y corporales es, para m&iacute;, un sistema de profundo y f&eacute;rreo disciplinamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos de desesperanza no tengo muy claro si podemos parar la ola represiva que, desgraciadamente, se est&aacute; erigiendo como una opci&oacute;n pol&iacute;tica legitimada y viable en nuestras sociedades; empero, lo que s&iacute; parece indudable es que esto es imposible desde una posici&oacute;n personal y pol&iacute;tica de lucha, competencia y rabia que reproduce las mismas formas neoliberales y patriarcales que las organizaciones progresistas pretenden -creo que sinceramente- combatir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo los complejos postulados de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica (o del budismo, como os sint&aacute;is m&aacute;s c&oacute;modas) quiz&aacute;s es el momento de hablar de la importancia de la consciencia en la construcci&oacute;n de la realidad, de comprometernos con nuestra emancipaci&oacute;n personal y la de nuestras comunidades, y de buscar el desarrollo del amor y la compasi&oacute;n que, aunque no lo veamos, es la parte m&aacute;s verdadera y esencial de nuestra naturaleza humana.&nbsp; Y, desde ese espacio de humildad, alegr&iacute;a y gratitud cultivar otra imaginaci&oacute;n, otra pol&iacute;tica y otra pr&aacute;ctica cotidiana para nosotros, nuestros semejantes, los animales y el planeta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y este es el mensaje pol&iacute;tico que, aunque poco deseable para la intelectualidad occidental hegem&oacute;nica, siento que puedo proponer. Podemos<em> </em>transformarnos a nosotras mismas, asumir nuestras vulnerabilidades y sufrimientos, iniciar caminos de sanaci&oacute;n y vincularnos con los otros desde la gentileza y la bondad; y desde este espacio de consciencia, actuar pol&iacute;ticamente para construir un mundo m&aacute;s humano, justo y compasivo con todas las vidas a las que nos encontramos profundamente conectados en este &uacute;nico y bello planeta. Lo dicho, al tiempo de sumar, necesitamos emprender el camino hacia nosotros mismos, para aprender a sanar.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia Millán Acevedo, Economistas Sin Fronteras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ademas-sumar-necesitamos-sanar_129_10290860.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Jun 2023 20:32:09 +0000]]></pubDate>
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