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    <title><![CDATA[elDiario.es - Mafe Moscoso]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/mafe_moscoso/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mafe Moscoso]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A las ingobernables]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ingobernables_129_1406909.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33ddfa29-cebd-4402-a029-969f55c5e135_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A las ingobernables"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escribo para ti, hermana sobreviviente, para ti y para todas mis hermanas ingobernables. Las que no quieren tener un lugar en el mundo porque existe un mundo hermoso y raro, que es nuestro</p></div><p class="article-text">
        Este es un v&iacute;deo en el que alguien deletrea todo mi nombre, letra a letra: m-a-r-&iacute;-a-f-e-r-n-a-n-d-a-m-o-s-c-o-s-o; buscando una palabra bonita para cada una de ellas. Es mi cumplea&ntilde;os y Cristina me va a dar una sorpresa. Somos adolescentes, aquella palabra inventada por las instituciones, la familia y la escuela, para domesticarnos. Sobre todo, a quienes &eacute;ramos indomables.
    </p><p class="article-text">
        La ni&ntilde;a graciosa y tierna que aparece en el v&iacute;deo con su uniforme gris, blanco y verde es M&oacute;nica Mancero. Es la &uacute;nica y posiblemente la &uacute;ltima vez que alguien puede transformar aquel nombre barroco con el que fui bautizada en algo m&aacute;s que no suene a una telenovela venezolana: Jos&eacute; Alberto, Mar&iacute;a Fernanda. En fin. Ustedes ya saben. 
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;nica Mancero, su historia. La historia de las ingobernables. &iquest;C&oacute;mo llevar a cabo un an&aacute;lisis algo sesudo sobre alguien que desde hace d&eacute;cadas forma parte de tu familia no elegida?, &iquest;es posible escribir sin que te ciegue la rabia y el deseo de un ajuste de cuentas? Yo tambi&eacute;n vi Azulesturquesas, sola, en Villa Antonia, Portbou, en la frontera entre Espa&ntilde;a y Francia; este lugar intermedio en el que Walter Benjamin, un refugiado m&aacute;s al que las leyes migratorias le prohib&iacute;an el paso, se suicid&oacute; y que hoy sigue siendo lugar de tr&aacute;nsito para las nuevas refugiadas que nadie quiere ver en Europa. Se las prefiere ahogadas en el mar mediterr&aacute;neo. Y olvidadas.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Azulesturquesas</em>, la pel&iacute;cula que acaba de estrenar, M&oacute;nica Mancero cuenta en primera persona su experiencia en los llamados centros de rehabilitaci&oacute;n en Ecuador, aquellos sitios a los que algunas familias desesperadas -como la m&iacute;a- env&iacute;an a quienes tienen, por ejemplo, un problema de adicci&oacute;n (mi t&iacute;o es alcoh&oacute;lico). Pero tambi&eacute;n se encierra a todo aquel a quienes las familias consideran que hay que corregir: homosexuales, mujeres que son consideradas peligrosas por diferentes motivos, personas con des&oacute;rdenes alimenticios, individuos con diversidad mental, autistas, menores de edad con adicciones, etc. 
    </p><p class="article-text">
        Frente al ansia de parecer normal, a cada familia le corresponden unas anomal&iacute;as que deben ser resueltas. En el postcapitalismo, preservar el orden pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, epistemol&oacute;gico y cosmol&oacute;gico es un asunto fundamental pues bloquea cualquier posibilidad para imaginar una insurrecci&oacute;n desde abajo y asegurar, en consecuencia, su reproducci&oacute;n. El disciplinamiento de los cuerpos funciona por medio de dispositivos institucionales cuya funci&oacute;n es aparentar una idea de normalidad que, como todos sabemos, es absolutamente falsa. No existen las familias normales. Todas, a su manera, son raras, pero es preciso esconderlo. El hermano de mi abuelo se suicid&oacute; en el ba&ntilde;o de su casa y hace tres generaciones, alguien de mi l&iacute;nea materna tambi&eacute;n decide quitarse la vida: uno en cada generaci&oacute;n. La lista de historias, encubrimientos y silencios de las familias ecuatorianas es interminable. Tan grande como la doble moral que se cuela en las comidas familiares de los domingos despu&eacute;s de misa. 
    </p><p class="article-text">
        Es imprescindible preguntarse, en este sentido, qu&eacute; es aquello que las sociedades consideran lo normal. La lista de respuestas, que posiblemente no sean m&aacute;s de cuatro o cinco ideas que se han impuesto con sangre y dolor a trav&eacute;s de leyes, dogmas y curr&iacute;culums educativos, se han naturalizado como si no fuesen cuestionables. Esas ideas,  que se han establecido y normalizado en alg&uacute;n momento de nuestra historia colonial, se encuentran circunscritas a dispositivos de violencia que operan en el d&iacute;a a d&iacute;a de nuestras vidas. Aquello que las sociedades consideran no funcional es objeto de diferentes mecanismos de control dirigidos a una parte de la poblaci&oacute;n que es pobre, ni&ntilde;a, negra, india, campesina, gorda, homosexual, enferma, etc. Lo disfuncional opera porque se asume que hay sujetos que ponen en crisis el orden social o aquello que cada sociedad considera que es la normalidad y que debe ser domesticado con el fin de ocultar los &oacute;rdenes patriarcales y coloniales que las constituyen cada vez que una mujer y un hombre se dicen el s&iacute; quiero en el altar, con la bendici&oacute;n del padrecito de turno. Si no, &iquest;c&oacute;mo podemos darle sentido a los mundos en los que las familias normalizan la convivencia con violadores y maltratadores y castigan a las raras? &iquest;De verdad se sigue pensando que el lesbianismo es una enfermedad que se cura a trav&eacute;s de violaciones correctivas en los centros de rehabilitaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Es doloroso escribirlo, pero me resulta imposible no nombrarlo: mi hermana M&oacute;nica sufri&oacute; distintos tipos de maltratos y violencias (f&iacute;sicas, psicol&oacute;gicas y sexuales). Escribo para no olvidar, escribo para no olvidarlo. Escribo porque es imprescindible que no lo olvidemos. La familia, confiando en las personas que ten&iacute;an que cuidar de ella, dej&oacute; a una joven vulnerable en manos de una instituci&oacute;n en las que un grupo de expertos toman decisiones que nos afectan a todas. Aqu&iacute; los &ldquo;expertos&rdquo; son la psic&oacute;loga de turno, el psiquiatra, el ex adicto, la monja, los matones, las <em>coaches</em> personales, es decir, el sistema f&aacute;rmaco-ideol&oacute;gico-religioso que controla y dispone sobre los cuerpos de aquellos cuyos conocimientos y experiencias se consideran que no son v&aacute;lidos y que precisan, en consecuencia, de gu&iacute;a, orden y disciplinamiento. Lo nombro porque no lo podemos olvidar. Lo escribo porque es preciso repetirlo hasta cansarnos y porque no puede volver a ocurrir. Los centros de rehabilitaci&oacute;n en Ecuador son instituciones de tortura y abuso en los que muchas familias conf&iacute;an sin saber qu&eacute; ocurre dentro de los mismos. Lo nombro por M&oacute;nica y por todas las personas que ahora mismo est&aacute;n siendo torturadas, violadas, maltratadas y atadas en los centros de rehabilitaci&oacute;n en Ecuador. 
    </p><p class="article-text">
        Pero escribo tambi&eacute;n para recordar que all&iacute; donde hay poder, hay potencia. Y la potencia solo ocurre donde los Estados y las instituciones no pueden gobernar.  <em>Azulesturquesas</em> est&aacute; dedicada a las ingobernables, es decir, a las locas, las gordas, las homosexuales, las enfermas, las pobres, las negras, las indias, las ni&ntilde;as, las cojas, las personas trans, las refugiadas, las bipolares, las putas, que luchan. A las que d&iacute;a a d&iacute;a ponen en pr&aacute;ctica dise&ntilde;os alegres de resistencia pol&iacute;tica a los dispositivos farmacol&oacute;gicos, heteropatriarcales y coloniales que nos quieren gobernar. A las mujeres que, como M&oacute;nica Mancero siempre han sido, son y ser&aacute;n ingobernables. Escribo para ti, hermana sobreviviente, para ti y para todas mis hermanas ingobernables. Las que no quieren tener un lugar en el mundo porque existe un mundo hermoso y raro, que es nuestro. Por las ingobernables que se fueron, por las que est&aacute;n y por las que llegar&aacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mafe Moscoso]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Aug 2019 19:04:31 +0000]]></pubDate>
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