<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Rosa Castizo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rosa_castizo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rosa Castizo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/517688/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Mensaje urgente del tronco desnudo de un ficus centenario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mensaje-urgente-tronco-desnudo-ficus-centenario_129_9261836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7063592f-aa4e-4502-8052-5ab197546a13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mensaje urgente del tronco desnudo de un ficus centenario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La tala del conocido en Sevilla como “Ficus de San Jacinto” ha desencadenado un potente movimiento ciudadano que puede ser germen y ejemplo del debate que necesitamos en este momento de nuestra historia</p><p class="subtitle">Un juez frena la tala del ficus centenario de Sevilla cuando ya sólo queda el tronco</p></div><p class="article-text">
        Mitad de agosto en una de las ciudades m&aacute;s calurosas de la pen&iacute;nsula. Calles poco transitadas y mucha gente de vacaciones. En las redes se da la voz de alarma: &ldquo;Acaban de cortar el tr&aacute;fico junto al ficus. Posiblemente empiecen a talar&rdquo;. Minutos m&aacute;s tarde, el alcalde de Sevilla confirmaba en redes el &ldquo;apeo&rdquo; de uno de los &aacute;rboles emblem&aacute;ticos de la ciudad: un ficus de 110 a&ntilde;os, en terrenos de una parroquia dominica, con una imponente sombra sobre dos calles y todo un ecosistema a lo largo de sus m&aacute;s de veinte metros de altura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primer d&iacute;a del proceso de tala, al ficus centenario le cortaron todas las ramas que hab&iacute;an nacido de las cinco copas principales, a pesar de las movilizaciones y recogidas de firmas meses atr&aacute;s, de la protesta in situ de un centenar de personas, de las quejas en redes sociales y de la inexistencia de informes ambientales favorables a la tala. El segundo d&iacute;a amaneci&oacute; con tres j&oacute;venes subidos en &eacute;l y una decena de personas que se fueron encadenando a las rejas de la parroquia que financiaba los trabajos, para evitar que continuaran. Los medios de comunicaci&oacute;n se multiplicaron, y la movilizaci&oacute;n en redes comenz&oacute; a trascender m&aacute;s all&aacute; de la provincia. Despu&eacute;s de cuatro horas de desconcierto institucional y de creciente inter&eacute;s medi&aacute;tico, la polic&iacute;a volvi&oacute; a acordonar la zona y los bomberos bajaron del &aacute;rbol a los &uacute;ltimos seres humanos que subieron, de las cuatro generaciones que han jugado en &eacute;l durante un siglo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las m&aacute;quinas se pusieron en marcha de inmediato, mientras llegaba la admisi&oacute;n a tr&aacute;mite de la paralizaci&oacute;n de tala que se hab&iacute;a solicitado el d&iacute;a anterior por parte de asociaciones expertas. Pero ni el ayuntamiento, ni la parroquia, ni la polic&iacute;a, ni las empresas que ejecutaban la pena de muerte escucharon las palabras del juzgado ni pensaron si hab&iacute;a alternativas a lo que estaban haciendo. Ni siquiera cumplieron la jornada laboral. Nada hizo frenar a las motosierras, que no descansaron hasta que cay&oacute; la &uacute;ltima copa del inmenso ficus centenario, pasadas las once de la noche. Nueve horas eternas de mutilaci&oacute;n constante de un &aacute;rbol &uacute;nico que rezumaba borbotones de savia en cada corte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras me continuaba cayendo una fina y constante lluvia de astillas min&uacute;sculas de la &uacute;ltima madera desgajada, record&eacute; aquel proverbio: <em>&ldquo;solo cuando el &uacute;ltimo &aacute;rbol sea cortado, el &uacute;ltimo r&iacute;o envenenado y el &uacute;ltimo pez pescado, el ser humano descubrir&aacute; que el dinero no se come&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable trazar cierto paralelismo sobre lo que ha ocurrido con este ficus centenario y lo que nos est&aacute; ocurriendo con este planeta de miles de millones de a&ntilde;os. Al d&iacute;a siguiente, cuando ya del &aacute;rbol no quedaba ni una sola hoja que diera sombra u ox&iacute;geno, lleg&oacute; la orden judicial de paralizaci&oacute;n de tala. Cuando ya tan solo lat&iacute;a el tronco principal, se consigui&oacute; una cobertura masiva en redes y medios de comunicaci&oacute;n nacionales. Fue entonces cuando la ciudadan&iacute;a llen&oacute; asambleas y grupos de mensajer&iacute;a. Aunque no hubo polic&iacute;a ni trabajador que desistiera el d&iacute;a de la tala, todos se cobijaron del sol de agosto bajo la sombra cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a del ficus centenario. Una sombra que iba menguando lentamente&hellip; hasta que dej&oacute; de existir para siempre.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46e53e60-745e-48e3-a252-4d29f0b798c4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46e53e60-745e-48e3-a252-4d29f0b798c4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46e53e60-745e-48e3-a252-4d29f0b798c4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46e53e60-745e-48e3-a252-4d29f0b798c4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46e53e60-745e-48e3-a252-4d29f0b798c4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46e53e60-745e-48e3-a252-4d29f0b798c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/46e53e60-745e-48e3-a252-4d29f0b798c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen del árbol talado, después de tardar 110 años en crecer."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen del árbol talado, después de tardar 110 años en crecer.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No nos podemos permitir el lujo de continuar en esta c&oacute;moda sombra del sistema en el que vivimos, porque cada vez es m&aacute;s y m&aacute;s peque&ntilde;a. No nos podemos permitir el lujo de continuar procrastinando en la tarea m&aacute;s importante que vamos a tener en nuestras vidas: frenar y poner en marcha con urgencia otro modelo socioecol&oacute;gico, con una econom&iacute;a que sea capaz de regenerar la deuda que hemos ido acumulando con la naturaleza, y que se encuentre dentro de los l&iacute;mites biof&iacute;sicos. Esperar a los grandes hitos del 2030 o el 2050 nos condena a que solo nos quede para entonces &ldquo;troncos aislados&rdquo; por defender que tardar&aacute;n decenas de a&ntilde;os en volver a dar sombra. Los oc&eacute;anos siguen siendo &ldquo;talados&rdquo; a diario. Nos resignamos a copiar el mismo modelo energ&eacute;tico con consumos crecientes mientras apenas quedan &ldquo;las ra&iacute;ces&rdquo; de los glaciares y en nuestros bosques arden troncos y troncos por incendios de sexta generaci&oacute;n. Nos resistimos a transformar un sistema alimentario que ya &ldquo;ha podado&rdquo; la biodiversidad, emite m&aacute;s gases de los que captura y condenar&aacute; este a&ntilde;o a pasar hambre a 200 millones m&aacute;s de personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estamos presenciando la tala de las &uacute;ltimas copas de esta naturaleza que nos ha estado sustentando, gracias a la cual comemos, respiramos y vivimos. No tenemos tiempo para esperar a que la justicia declare como ecocidio el uso de combustibles f&oacute;siles, la obsolescencia programada, la pesca de arrastre, los materiales de usar y tirar, o las macrogranjas. Por supuesto, la Tierra continuar&aacute; latiendo miles de a&ntilde;os, al igual que seguir&aacute; con vida el tronco desnudo de ese &aacute;rbol en Sevilla. Pero es el ser humano quien padece las consecuencias de no tener una naturaleza sana y cercana, y quien m&aacute;s depende de la supervivencia de otras especies. Iniciativas como <a href="https://www.rebelioncientifica.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rebeli&oacute;n Cient&iacute;fica</a>, que surgen a escala mundial con el objetivo de que se tomen decisiones basadas en datos cient&iacute;ficos, nos movilizan ante la necesidad de construir alternativas que mejoren nuestra resiliencia ahora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este ficus centenario nos ha ense&ntilde;ado que el tiempo importa. Y mucho. Aunque a&uacute;n est&aacute; vivo y podr&aacute;n salir de &eacute;l ramas si todo le va bien, pasar&aacute;n demasiados a&ntilde;os hasta que pueda llegar a dar sombra y hasta que puedan habitar p&aacute;jaros. Muchas personas no llegaremos a ver en toda nuestra vida unas copas que cayeron frente a nosotros en apenas unos minutos.
    </p><p class="article-text">
        Es importante que queden s&iacute;mbolos como el de este &aacute;rbol, cercano y tangible, para no olvidar las consecuencias irreparables de las decisiones r&aacute;pidas, inmediatas y unilaterales. Para no olvidar que la p&eacute;rdida de biodiversidad diaria aumenta el riesgo de enfermedades. Para no olvidar que hace justo tres a&ntilde;os nos movilizamos por unos incendios sin precedentes en el Amazonas, pero que la frontera agr&iacute;cola y ganadera contin&uacute;a ampli&aacute;ndose, debido a la pandemia y al aumento de las exportaciones por la falta de grano ucraniano. Y es que, en este mismo instante, hay centenares de motosierras talando &aacute;rboles desde Am&eacute;rica Latina a la Cuenca del Congo. Desde Malasia a Siberia. &Aacute;rboles que quiz&aacute;s ser&aacute;n la madera de muebles que terminar&aacute;n en vertederos en pocos a&ntilde;os. O &aacute;rboles que ceden terrenos para pienso de nuestro ganado. Importar grano para nuestros cerdos desde regiones en las que cientos de miles de personas morir&aacute;n de hambre los pr&oacute;ximos meses, ser&aacute;, cuanto menos, un grave problema &eacute;tico. M&aacute;s a&uacute;n cuando la tercera parte de la carne que producimos se sumar&aacute; a la cifra de desperdicio alimentario.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la gr&uacute;a bajaba lentamente la &uacute;ltima copa del ficus, llena seguro a&uacute;n de nidos y de vida, pensaba en el momento de ruptura que tenemos como humanidad y del que a&uacute;n nos cuesta tomar consciencia. El tronco quedaba desnudo, inerte; como muerto. Ojal&aacute; sea el &uacute;ltimo. Ojal&aacute; no queden desnudos, inertes, como muertos, el Mar Menor, las Tablas de Daimiel, el Pantano de la Vi&ntilde;uela, O Courel, el glaciar Monte. Perdido&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; poco se necesita para talar un &aacute;rbol que ha tardado 110 a&ntilde;os en crecer as&iacute;. Solamente una voluntad, una motosierra y menos de un d&iacute;a. En tan solo tres generaciones hemos necesitado m&aacute;s planetas Tierra que en toda la historia del ser humano. Sin duda, la jugada no ha sido inteligente, porque no hay retroceso sencillo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9bcc854-8257-4023-95d0-b5e7ce70b692_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9bcc854-8257-4023-95d0-b5e7ce70b692_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9bcc854-8257-4023-95d0-b5e7ce70b692_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9bcc854-8257-4023-95d0-b5e7ce70b692_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9bcc854-8257-4023-95d0-b5e7ce70b692_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9bcc854-8257-4023-95d0-b5e7ce70b692_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c9bcc854-8257-4023-95d0-b5e7ce70b692_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ficus podado en Sevilla."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ficus podado en Sevilla.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Como reza el t&iacute;tulo del libro del maestro Joaqu&iacute;n Araujo, &ldquo;los &aacute;rboles te ense&ntilde;ar&aacute;n a ver el bosque&rdquo;. Sin duda, este ficus centenario, completamente mutilado ahora, que espera paciente y rodeado de gente la sentencia del juzgado, nos ense&ntilde;a que puede lograrse mucho gracias al movimiento ciudadano colectivo. Que la pol&iacute;tica no es solo lo que hacen los pol&iacute;ticos sino lo que hacemos cada persona cuando tomamos decisiones diarias de consumo, de vida y de la forma en la queremos habitar el territorio en el que estamos. Que no podemos perder tiempo porque nuestra movilizaci&oacute;n ser&aacute; m&aacute;s fruct&iacute;fera si a&uacute;n quedan hojas.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de matices conceptuales, de diatribas y de nomenclaturas, es urgente que nos identifiquemos quienes dentro de partidos, universidades, medios de comunicaci&oacute;n, empresas, instituciones, asociaciones y ciudadan&iacute;a estamos con la disposici&oacute;n suficiente para impedir que se siga talando cualquier rama de este &aacute;rbol sobre el cual vivimos y que cada vez tiene menos sombra.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Castizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mensaje-urgente-tronco-desnudo-ficus-centenario_129_9261836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Aug 2022 19:41:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7063592f-aa4e-4502-8052-5ab197546a13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50989" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7063592f-aa4e-4502-8052-5ab197546a13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50989" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Mensaje urgente del tronco desnudo de un ficus centenario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7063592f-aa4e-4502-8052-5ab197546a13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sevilla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Última llamada a nuestra inmunidad al cambio de dieta para sobrevivir como especie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/ultima-llamada-inmunidad-cambio-dieta-sobrevivir-especie_1_8209561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a244d13f-d3b8-4f43-83b8-cb67f6eabdf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Última llamada a nuestra inmunidad al cambio de dieta para sobrevivir como especie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acabamos de conocer los datos demoledores del Climate Report publicado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC). Para no sobrepasar el incremento de 1,5º tenemos que transformar drásticamente nuestro consumo, las políticas públicas y nuestra economía. Una vez más los datos científicos son inequívocos: detrás de los fenómenos extremos que se sucederán los próximos años está nuestra forma de habitar el planeta</p></div><p class="article-text">
        Hace justo dos a&ntilde;os, el mismo IPCC lanzaba su <a href="https://www.ipcc.ch/srccl/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe especial sobre sistemas alimentarios y uso del suelo</a>, en el que <strong>apuntaba a la comida como factor determinante para reducir las emisiones a escala global.</strong> Es dif&iacute;cil comunicar sobre un reto tan complejo como la transformaci&oacute;n de nuestros h&aacute;bitos alimentarios, en el que existen tantos grupos de inter&eacute;s y tantos matices, con consecuencias que no se ven a corto plazo. Cuesta informar sobre c&oacute;mo nuestras decisiones influyen en el cambio clim&aacute;tico que est&aacute; detr&aacute;s de las olas de calor, inundaciones o incendios que han sido noticia a la misma vez que el debate sobre la reducci&oacute;n de consumo de <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/carne-vida_129_8110291.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>carne</strong></a>.
    </p><p class="article-text">
        Lo hemos visto recientemente con la pol&eacute;mica campa&ntilde;a<strong> </strong><a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/carne-vida_129_8110291.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;menos carne, m&aacute;s vida&rdquo;. </a>Mientras compramos un coche el&eacute;ctrico de &uacute;ltima generaci&oacute;n porque queremos ser m&aacute;s neutros, nos cuesta ver el impacto de nuestro plato de comida, que cada vez es menos local y menos de temporada. Mientras se apoyan pol&iacute;ticas billonarias de construcci&oacute;n de energ&iacute;as renovables, dudamos de datos cient&iacute;ficos m&aacute;s que contrastados sobre la principal fuente de emisiones y de p&eacute;rdida de biodiversidad a escala mundial: nuestro sistema alimentario y los cambios de uso del suelo que provoca.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de nuestra inmunidad al cambio, continuamos denominando con<strong> </strong>palabras gen&eacute;ricas &ldquo;carne&rdquo; o &ldquo;ganader&iacute;a&rdquo; a todo un universo de opciones. Sin embargo, no tiene el mismo impacto en nuestra salud ni en la del planeta la oveja que pasta en la dehesa, que el cerdo de macrogranja alimentado con pienso de soja transg&eacute;nica importada desde la Amazon&iacute;a. No son iguales los huevos de gallinas de corral, que los de 23.000 millones de pollos de engorde, con tratamientos de hormonas y antibi&oacute;ticos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para revertir el panorama demoledor que nos dibuja el IPCC, ya no solo tenemos que reducir dr&aacute;sticamente las emisiones, sino que tenemos que regenerar la naturaleza que hemos degradado. Los suelos, despu&eacute;s de los oc&eacute;anos son el segundo sumidero natural para capturar emisiones. Por eso <strong>la respuesta est&aacute; tambi&eacute;n en esa Espa&ntilde;a rural</strong> que se sigue vaciando cada d&iacute;a; en esos j&oacute;venes que se atreven a quedarse y a repensar el sector primario, incorporando pr&aacute;cticas de restauraci&oacute;n del paisaje y del suelo. A pesar de que las trabas burocr&aacute;ticas y el mercado arrastra a sistemas intensivos de producci&oacute;n agraria y ganadera, en los que la ganancia llega de la cantidad m&aacute;s que de la calidad, y en los que no premiamos el cuidado de nuestra salud y la de los ecosistemas.
    </p><p class="article-text">
        Durante mi viaje sin emisiones a las 28 provincias con mayor despoblaci&oacute;n, entrevist&eacute; a muchos pastores que conocen el car&aacute;cter de cada una de sus ovejas y cabras, y que casi mantienen el oficio por devoci&oacute;n, m&aacute;s que por ganancia. Las dificultades administrativas, el papeleo y el elevado margen de los intermediarios provoca que no lleguen a ser competitivos con la industria c&aacute;rnica, que tan nociva es en t&eacute;rminos de emisiones, contaminaci&oacute;n y salud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo ocurre con la agricultura, que va abandonando las pr&aacute;cticas tradicionales de cuidado de la tierra, o que no tiene alicientes para innovar con modelos agroforestales o agroecol&oacute;gicos, en comparaci&oacute;n con la agroindustria. En &eacute;sta se desperdicia alrededor del 30% de la producci&oacute;n y puede que el productor solo reciba el 1% de lo que pagamos. La <strong>nueva Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n</strong> (PAC) europea sigue sin resolver estos fallos de mercado y sin incorporar las externalidades negativas a lo que compramos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; los pueblos y los suelos que necesitamos regenerar se van abandonando. Y se vac&iacute;an las dehesas de reba&ntilde;os, para llenarse de paneles solares y molinos e&oacute;licos, sin pensar en su impacto ni en el valor ecol&oacute;gico del suelo que esconden. Y nuestro paladar y bolsillo van prefiriendo los tomates que no saben a tomate y los embutidos procesados a precio de saldo, para los que solo hay que abrir un envoltorio pl&aacute;stico que nos devolver&aacute; el mar en 30 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parece inherente a la condici&oacute;n humana pensar que aspirar a vivir mejor es hacer cotidiano lo que para nuestros abuelos era excepcional; es acercarnos lo m&aacute;s posible a la forma de vida que proyectan las personas con m&aacute;s recursos. Esto provoca que miles de millones de personas hayamos habitado el planeta muy por encima de las capacidades que &eacute;ste puede soportar, y que otros miles de millones anhelen llegar ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La demanda diaria de <strong>prote&iacute;na animal</strong>, en cantidades mucho mayores de las que necesitamos para tener buena salud, no solo ha disparado las macrogranjas, sino tambi&eacute;n la sobreexplotaci&oacute;n pesquera. La pesca de arrastre que ya no solo explota los oc&eacute;anos, sino que libera casi 3 millones de toneladas de CO2 al d&iacute;a. Los datos sobre el impacto de la ganader&iacute;a intensiva en las emisiones, deforestaci&oacute;n, contaminaci&oacute;n por qu&iacute;micos o monocultivos para pienso se vienen repitiendo hace m&aacute;s de una d&eacute;cada. Como recuerda el informe de Naciones Unidas publicado el pasado febrero <a href="https://www.unep.org/es/resources/making-peace-nature" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;</a><a href="https://www.unep.org/es/resources/making-peace-nature" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Hacer las paces con la naturaleza&rdquo;,</strong></a> nos encontramos ante una triple emergencia: clim&aacute;tica, de contaminaci&oacute;n y de p&eacute;rdida de biodiversidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero, <strong>&iquest;c&oacute;mo ser capaces de frenar nuestras ansias por devorarnos la Tierra </strong>en un par de generaciones como si no tuviera l&iacute;mites suficientemente marcados? En definitiva, &iquest;c&oacute;mo vencer nuestra inmunidad al cambio como humanidad?.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta quiz&aacute;s est&eacute; en lo que nos viene demostrando la pandemia, que es mucho m&aacute;s cercana y visible que el cambio clim&aacute;tico. Cada habitante del planeta ha tenido que estar en confinamiento y conoce alguna persona fallecida por covid19, m&aacute;s o menos cercana. Ya sabemos que se trata de un virus de transmisi&oacute;n a&eacute;rea, que incluso vacunados podemos contagiar y que la mascarilla resulta imprescindible. El h&aacute;bito de la <strong>mascarilla, ventilaci&oacute;n y distancia</strong> es mucho m&aacute;s claro, inequ&iacute;voco y temporal que los h&aacute;bitos que tenemos que adquirir para revertir el cambio clim&aacute;tico. Sin embargo, nos cuesta mantener la mascarilla por encima de la nariz, saltamos de alegr&iacute;a cuando quitan la obligatoriedad, cerramos las ventanas para mantener la temperatura y a&uacute;n en medio de la quinta ola nos cuesta ver que cualquiera puede ser vector de contagio.
    </p><p class="article-text">
        Estos meses de pandemia con una ola tras otra nos han demostrado que <strong>cambiar h&aacute;bitos sencillos no es tarea f&aacute;cil</strong>, y que tampoco lo es percibir el impacto positivo que pueda llegar a tener la suma de los cambios individuales. Cuando est&aacute;bamos confinados en casa so&ntilde;&aacute;bamos con una &ldquo;normalidad&rdquo; mejorada, pero sin embargo nos seguimos conformando con &eacute;sta en la que unos cuantos vivimos bien a costa de la pobreza de muchos y de exprimir los recursos de todos, con las consecuencias que ahora nos recuerda el IPCC.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a clave que seamos capaces de relacionar que <strong>la suma de nuestras decisiones</strong> diarias avivan las inundaciones en Alemania, los<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/mejoran-fuegos-grecia-eubea-sigue-envuelta-llamas-humo_1_8205296.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> incendios en el Mediterr&aacute;neo</a>, las olas de calor en Canad&aacute; con m&aacute;s de 700 muertes, o un Amazonas que ahora emite m&aacute;s CO2 del que es capaz de capturar. Este 29 de julio hemos superado nuestro presupuesto ambiental para 2021. Detr&aacute;s de la sobreexplotaci&oacute;n a la que se refiri&oacute; el reciente informe de <a href="https://www.lavanguardia.com/natural/20210729/7632109/14-000-cientificos-reclaman-poner-sobreexplotacion-tierra.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">14.000 cient&iacute;ficos</a> o el IPCC ahora est&aacute; nuestra forma de habitar el planeta y de alimentarnos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si no enviamos se&ntilde;ales inequ&iacute;vocas a pol&iacute;ticos y mercados, las empresas y las instituciones dif&iacute;cilmente se ver&aacute;n respaldadas a girar el volante para amortiguar la colisi&oacute;n de este Titanic. Adem&aacute;s de ciudadan&iacute;a, somos votantes y consumidores, y la suma de nuestras decisiones diarias es clave para generar los cambios urgentes y ambiciosos que se necesitan. Si logramos como consumidores que una marca se enriquezca o que un partido llegue al poder, tambi&eacute;n podemos beneficiar a los peque&ntilde;os agricultores de cercan&iacute;a que cuidan de nuestras ra&iacute;ces y de la tierra. El uso continuo de mascarilla por todas las personas es un ejemplo sencillo y claro de c&oacute;mo peque&ntilde;os h&aacute;bitos adquiridos globalmente pueden llegar a ser significativos a la hora de vencer la inmunidad al cambio que tenemos como sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Para la transformaci&oacute;n radical que necesitamos, no bastar&aacute; con pol&iacute;ticas billonarias del transporte el&eacute;ctrico, ni con esperar una vacuna que nos adormezca ante las consecuencias&nbsp; del cambio clim&aacute;tico. Para lograr una regeneraci&oacute;n que llegue a cubrir la deuda ecol&oacute;gica acumulada nos necesitamos mutuamente, cambiando la manera en la que como ciudadan&iacute;a y como organizaciones habitamos el planeta. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Castizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/ultima-llamada-inmunidad-cambio-dieta-sobrevivir-especie_1_8209561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Aug 2021 20:01:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a244d13f-d3b8-4f43-83b8-cb67f6eabdf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="65965" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a244d13f-d3b8-4f43-83b8-cb67f6eabdf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="65965" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Última llamada a nuestra inmunidad al cambio de dieta para sobrevivir como especie]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a244d13f-d3b8-4f43-83b8-cb67f6eabdf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Alimentación,Cambio climático,Planeta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Última llamada desde el Amazonas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ultima-llamada-amazonas_129_1478977.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e3d70ae-4fd5-4c68-a982-e326982e81b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Áreas de incendios."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque nos duela reconocerlo, muchos hemos tenido un pedacito de Amazonas deforestado en nuestros estómagos y frigoríficos</p><p class="subtitle">Nuestras decisiones de consumo (y no consumo) son actos políticos. Evitar la carne no es algo de ecologistas: hoy en día es la decisión más efectiva para conservar la Amazonía</p></div><p class="article-text">
        En lo que va de a&ntilde;o ya hemos perdido 225.000 hect&aacute;reas de bosque amaz&oacute;nico, casi tres veces m&aacute;s que otros a&ntilde;os. El 80% de las tierras deforestadas en se dedican a ganado o a cultivo de soja para pienso. El 41% de la ternera que comemos en Europa procede de Brasil, as&iacute; como gran parte de la soja para animales. Es decir, aunque nos duela reconocerlo, muchos hemos tenido un pedacito de Amazonas deforestado en nuestros est&oacute;magos y frigor&iacute;ficos. 
    </p><p class="article-text">
        Una historia similar ocurre ahora mismo en Bolivia y en el Cerrado (sabana tropical brasile&ntilde;a): se permite la quema de bosques para dar paso a la agricultura, y el fuego se descontrola en mitad de la estaci&oacute;n m&aacute;s seca. Bolivia ya ha perdido cerca de un mill&oacute;n de hect&aacute;reas a lo largo de este a&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Reci&eacute;n llegado al poder, Bolsonaro, el actual presidente de Brasil, cedi&oacute; las competencias sobre bosques al Ministerio de Agricultura, eliminando la Agencia para Asuntos Ind&iacute;genas y reduciendo las capacidades del Ministerio de Medio Ambiente. La deforestaci&oacute;n fue subiendo progresivamente en el pa&iacute;s este a&ntilde;o, hasta duplicar las cifras del a&ntilde;o pasado. Oficialmente se han contabilizado m&aacute;s de 70 mil fuegos la mitad de ellos en la regi&oacute;n amaz&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        La movilizaci&oacute;n a escala global durante esta &uacute;ltima semana en redes sociales no tiene precedentes. M&aacute;s all&aacute; de controversias sobre fotos y n&uacute;meros, lo que se pone de manifiesto es el inter&eacute;s y la urgencia que ha sentido la ciudadan&iacute;a. Cada d&eacute;cima de segundo alguien firma una campa&ntilde;a de las muchas que est&aacute;n ahora circulando sobre la Amazon&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Cada vez somos m&aacute;s conscientes del papel clave de los bosques como reguladores de esta emergencia clim&aacute;tica en la que nos encontramos y como sumideros del CO2 que generamos. Sin embargo, ya el &uacute;ltimo informe especial del Panel Intergubernamental de Cambio Clim&aacute;tico (IPCC) publicado este mes de agosto, recuerda que el 37% de las emisiones globales provienen hoy en d&iacute;a de los cambios de uso de suelo y del sistema de producci&oacute;n alimentario. En definitiva, se deforesta buscando aumentar la producci&oacute;n agraria para alimentarnos, y as&iacute; se provoca que los bosques pasen de ser la soluci&oacute;n m&aacute;s eficaz para el calentamiento global a un agravante. De acuerdo al IPCC, que es la principal instituci&oacute;n cient&iacute;fica en la materia, nuestra dieta es decisiva para lograr un verdadero desarrollo sostenible.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b099f45a-c971-4496-95c8-4dffc82bc2d3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b099f45a-c971-4496-95c8-4dffc82bc2d3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b099f45a-c971-4496-95c8-4dffc82bc2d3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b099f45a-c971-4496-95c8-4dffc82bc2d3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b099f45a-c971-4496-95c8-4dffc82bc2d3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b099f45a-c971-4496-95c8-4dffc82bc2d3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b099f45a-c971-4496-95c8-4dffc82bc2d3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n no solo ocurre en Am&eacute;rica Latina: la Cuenca del Congo, el segundo bosque tropical mayor del planeta, tiene ahora mismo centenares de incendios simult&aacute;neos de los que nadie habla. El motivo principal es de nuevo la ampliaci&oacute;n de la frontera agr&iacute;cola para monocultivos que son exportados en su mayor&iacute;a a China, y la producci&oacute;n de le&ntilde;a y carb&oacute;n para cocinar. No olvidemos que, hoy en d&iacute;a, casi 3.000 millones de personas en el mundo cocinan a&uacute;n con le&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ha ardido Siberia. Los incendios de este mes de julio han arrasado el equivalente a la superficie de B&eacute;lgica, lo que est&aacute; acelerando el derretimiento del &aacute;rtico y del permafrost. As&iacute; de nuevo se libera m&aacute;s CO2 a la atm&oacute;sfera avanzando en el calentamiento global, por encima de cualquiera de los escenarios imaginados por el IPCC. Precisamente Siberia, una regi&oacute;n ya bastante deforestada por la sobreexplotaci&oacute;n maderera de China desde hace m&aacute;s de una d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        El otro gran sumidero de CO2 son los oc&eacute;anos, que ya han superado su capacidad de carga. El exceso de gases que han sido capaz de capturar provoca que las aguas se vuelvan m&aacute;s &aacute;cidas, y que desaparezcan muchas especies, incluidos los corales. Los corales son el hogar del 25 % de la vida marina y alimentan a millones de personas. 
    </p><p class="article-text">
        A fin de cuentas, el ser humano es una peque&ntilde;a parte de un equilibrio fr&aacute;gil e inestable. El resto de elementos del ecosistema ponen de su parte para compensar nuestros excesos, pero ya hemos sobrepasado varios l&iacute;mites. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que surge de inmediato ante tanta informaci&oacute;n: &iquest;qu&eacute; puedo hacer yo, adem&aacute;s de apoyar con una firma una campa&ntilde;a que luche contra la deforestaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Todos y cada uno de nosotros y nosotras somos la parte m&aacute;s importante de la ecuaci&oacute;n, ya que mucho de lo que est&aacute; ocurriendo tiene un motivo comercial detr&aacute;s. Nuestra demanda como consumidores es la que mueve a las empresas y a las pol&iacute;ticas. Nuestras decisiones de consumo (y no consumo) son actos pol&iacute;ticos. Evitar la carne ahora no es algo de ecologistas: es la decisi&oacute;n m&aacute;s efectiva para conservar la Amazon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Abrir el grifo en vez de beber agua embotellada, o evitar envases de un solo uso, son decisiones que mueven el mercado y afectan positivamente a los oc&eacute;anos. Preguntarnos de d&oacute;nde viene lo que compramos,productos kilom&eacute;tricos o apostar por productos locales son acciones que pueden incidir directamente en el entorno natural en el que vivimos. 
    </p><p class="article-text">
        Llevemos toda esta impotencia por querer parar lo que sucede con los incendios a nuestro carro de la compra. &Eacute;sta es la &uacute;ltima llamada de la Tierra desde el Amazonas. No hay transporte posterior a un planeta mejor. Ni los bosques ni los oc&eacute;anos nos necesitan, pero nosotros s&iacute; los necesitamos a ellos. Respondamos desde hoy votando con un consumo diferente y consciente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Castizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ultima-llamada-amazonas_129_1478977.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Aug 2019 18:54:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7e3d70ae-4fd5-4c68-a982-e326982e81b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47482" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7e3d70ae-4fd5-4c68-a982-e326982e81b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47482" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Última llamada desde el Amazonas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7e3d70ae-4fd5-4c68-a982-e326982e81b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crisis climática,Incendios,Amazonas]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
