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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lourdes Mirón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lourdes_miron/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lourdes Mirón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sobre heridas y cuidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/heridas-cuidados_132_1211222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Por Cuarta semana de confinamiento. Tiempo m&aacute;s que suficiente para sacar a la luz las miserias de nuestro tiempo. Las heridas se abren, supuran, escuecen y ahora se hacen m&aacute;s visibles que nunca. El Covid-19 ha paralizado en seco la maquinaria capitalista y el bloqueo nos ha permitido evidenciar de una forma un tanto obscena que las personas no estaban en el centro.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto no es nuevo. Las heridas hace mucho que est&aacute;n ah&iacute;, escondidas bajo un manto de tiritas. Desde las organizaciones sociales nos devanamos los sesos para denunciar lo que ahora resulta cristalino. Si algo tenemos que agradecer al bicho es que ha hecho la mejor campa&ntilde;a de sensibilizaci&oacute;n posible.
    </p><p class="article-text">
        El cat&aacute;logo de heridas es amplio: para empezar, la soledad. En Espa&ntilde;a m&aacute;s de cuatro millones de personas dicen sentirse solas. En estos d&iacute;as nos hemos acordado de ellas, les llevamos la compra, les cantamos cumplea&ntilde;os feliz a varios metros de distancia, las llamamos por tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Otra herida que hoy nos escuece y mucho es la precaria situaci&oacute;n de las profesionales del hogar y los cuidados. Muchas de ellas mujeres extranjeras en situaci&oacute;n irregular que llevan a&ntilde;os trabajando muy a su pesar sin ning&uacute;n tipo de contrato. Hoy muchas de ellas no se pueden quedar en casa. Lo cuenta bien Dolores Jacinto Nieto en esta entrada de El F&eacute;mur de Eva.
    </p><p class="article-text">
        La brecha digital es otra herida que evidencia que el confinamiento no est&aacute; siendo igual para todos.
    </p><p class="article-text">
        Ni&ntilde;os, ni&ntilde;as, adolescentes en situaci&oacute;n de extrema vulnerabilidad hoy no pueden comunicarse con su centro escolar y seguir las miles de iniciativas online que toda la comunidad educativa est&aacute; improvisando estos d&iacute;as. En casa no hay <em>tablets</em>, ni ordenadores, ni wifi. Hay brecha.
    </p><p class="article-text">
        El cat&aacute;logo de heridas es amplio: la precariedad y desprotecci&oacute;n de las residencias de personas dependientes, la situaci&oacute;n de las personas sin hogar, el injusto encarcelamiento de personas indocumentadas en los Centros de Internamiento de Extranjeros, las mujeres v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero., los explotados trabajadores extranjeros del sector agrario. Y si miramos un poco m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras, no hay herida, hay desgarro. Apenas empezamos a ver las consecuencias que tendr&aacute; la pandemia en pa&iacute;ses empobrecidos donde el derecho a la salud no est&aacute; garantizado. No. Las personas no estaban en el centro.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que no hay tiritas, que la cosa duele de verdad, todo es emergencia. El Estado, las empresas, las personas de buena voluntad, todos nos apresuramos agudizando el ingenio para que la herida no se infecte en este, nuestro blanco y patriarcal primer mundo. En otras latitudes las heridas hace tiempo que est&aacute;n infectadas. Ahora tal vez nos acordamos un poco m&aacute;s de &Aacute;frica y sus continuas epidemias. Muchas de ellas evitables. Ahora, por fin, parece que encontramos el sentido a la palabra cooperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y la pregunta que todos nos hacemos hoy: &iquest;qu&eacute; pasar&aacute; cuando todo esto acabe?, &iquest;seguiremos igual, poniendo parches? Quiero imaginar que no, que cuando todo esto acabe dejaremos de ser tan est&uacute;pidamente individualistas, nos preocuparemos mucho m&aacute;s por el planeta, focalizaremos todos nuestros esfuerzos en construir una aut&eacute;ntica sociedad de los cuidados. Ya no hay excusas. Es la mejor oportunidad para poner a las personas y el planeta en el centro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Lourdes Mir&oacute;n, presidenta de la Coordinadora Valenciana de ONGD</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lourdes Mirón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/heridas-cuidados_132_1211222.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2020 09:18:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre heridas y cuidados]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni casual, ni un hecho aislado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/lourdes-miron-opinion_132_1376688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A veces cuesta creer lo que est&aacute; pasando en Europa. Nuestra Europa. La tierra orgullosa de haber dado a luz los derechos fundamentales de las personas, es la tierra que hoy firma acuerdos con Estados fallidos como Libia, condenados una y otra vez por grav&iacute;simas violaciones de los derechos humanos, para que se ocupen por ella de reprimir a las personas migrantes y refugiadas que huyen de la pobreza, la violencia y el cambio clim&aacute;tico generado en gran medida (s&iacute;, efectivamente) por&hellip; Europa.
    </p><p class="article-text">
        En esta misma Europa de la que estamos hablando, que se jacta de tener las democracias y los sistemas de solidaridad m&aacute;s avanzados, se ha empezado a criminalizar a las ONG que ayudan a que esas personas refugiadas y migrantes a que no mueran ahogadas en su intento de cruzar el Mediterr&aacute;neo. Lo hemos visto durante este a&ntilde;o, y m&aacute;s este verano, con las acusaciones vertidas contra el buque Open Arms, con detenciones de activistas en Italia, con la paralizaci&oacute;n de los buques que ejercen las labores de salvamento&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La persecusi&oacute;n de las ONG que act&uacute;an en el Mediterr&aacute;neo por motivos humanitarios no es casual. Vivimos un momento en el que, en los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos, se est&aacute;n cuestionando los derechos humanos m&aacute;s b&aacute;sicos y, por supuesto, el derecho humanitario. Se hace con los hechos que acabamos de contar y tambi&eacute;n los discursos de odio impulsados por grandes l&iacute;deres mundiales y peque&ntilde;os l&iacute;deres locales, via Twitter, con una enorme irresponsabilidad y con la intenci&oacute;n de que veamos fantasmas donde nos los hay. De los casi 650.000 extranjeros que migraron a Espa&ntilde;a el pasado a&ntilde;o, el 91,2 % lo hicieron de forma legal. Los datos no mienten.
    </p><p class="article-text">
        Y si no es casual, esa criminalizaci&oacute;n de las ONG tampoco es un hecho aislado, ni exclusivamente europeo. Se produce en todo el mundo, y tiene que ver, adem&aacute;s de con intereses pol&iacute;ticos, con la falta de respeto a las leyes humanitarias en pa&iacute;ses en conflicto, y con intereses econ&oacute;micos de poderosas empresas de los pa&iacute;ses empobrecidos (muchas de ellas espa&ntilde;olas) que explotan recursos naturales como el petr&oacute;leo o los recursos h&iacute;dricos, o realizan grandes obras de infraestructuras en &Aacute;frica, Am&eacute;rica Latina o Asia cometiendo con total impunidad todo tipo de abusos por los que aqu&iacute; ser&iacute;an condenados.
    </p><p class="article-text">
        Por dar solo alguna cifra: desde agosto de 2003, seg&uacute;n datos&nbsp; que ha dado la ONU este mes de agosto por la celebraci&oacute;n del D&iacute;a Mundial de la Acci&oacute;n Humanitaria, m&aacute;s de 4.500 cooperantes han sido asesinados, heridos, detenidos, atacados o secuestrados mientras ejerc&iacute;an labores humanitarias. Esto es una media de cinco ataques a la semana. En Libia, precisamente, tambi&eacute;n este mes de agosto, cinco trabajadores fueron asesinados en un ataque con coche bomba.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo se persigue a las ONG que trabajan con personas refugiadas y migrantes, o en pa&iacute;ses donde existen emergencias humanitarias. En nuestro trabajo de cooperaci&oacute;n con pa&iacute;ses empobrecidos nos encontramos demasiado a menudo con la persecuci&oacute;n, detenci&oacute;n y asesinato de defensores y defensoras de derechos humanos (y tambi&eacute;n periodistas, jueces o abogados) que trabajan por el derecho a la tierra, a recursos naturales b&aacute;sicos como el agua limpia, a la educaci&oacute;n, la salud y la participaci&oacute;n social y pol&iacute;tica en las comunidades empobrecidas. En pa&iacute;ses como Colombia, a pesar de la disminuci&oacute;n de la violencia despu&eacute;s del conflicto, el n&uacute;mero de ataques contra las personas defensoras de los derechos humanos no deja de crecer: 460 fueron asesinadas solo en 2016. En Guatemala,&nbsp; entre 2017 y 2018 fueron asesinadas 39 personas defensoras de los derechos humanos, y hubo 900 ataques. Buena parte de estos ataques son, adem&aacute;s, contra mujeres, que adem&aacute;s, solo por serlo, sufren violencia sexual.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto ocurre porque muchas veces las ONGD somos testigos inc&oacute;modos de los abusos que se cometen en estos pa&iacute;ses, y porque trabajamos junto a las comunidades en los pa&iacute;ses empobrecidos que quieren que se les reconozcan sus derechos b&aacute;sicos. Y hay gente a la que no le gusta eso. Esto, por cierto, no es &ldquo;meterse en pol&iacute;tica&rdquo; como afirman algunos pactos electorales firmados recientemente en&nbsp; nuestro pa&iacute;s para frenar la actividad de las ONG que hacen algo m&aacute;s que caridad: se llama ejercer la democracia e impulsar el derecho a que todas las personas sean tenidas en cuenta cuando se toman decisiones que afectan a sus vidas. Sabemos que solo as&iacute; se ataja la pobreza y la desigualdad extrema.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, queremos decir alto y claro que, si de verdad nos consideramos una sociedad democr&aacute;tica, no podemos consentir estas situaciones. Las ONGD seguimos y seguiremos trabajando en la defensa de los derechos humanos en los pa&iacute;ses en los que actuamos, pero tambi&eacute;n por su respeto aqu&iacute;, en la Comunitat Valenciana y en Espa&ntilde;a. Y lo que exigimos en todos los niveles pol&iacute;ticos es que nuestros representantes act&uacute;en con responsabilidad y cumplan con su obligaci&oacute;n legal, por los tratados y convenios internacionales suscritos, de respetar los derechos humanos universales, y el derecho internacional que establece la protecci&oacute;n de las personas refugiadas y migrantes, de las personas que viven en pa&iacute;ses en conflicto y de los trabajadores humanitarios.
    </p><p class="article-text">
        Esto se traduce, entre otras cosas: en el establecimiento de v&iacute;as seguras para que las personas migrantes y refugiadas puedan ejercer su derecho humano fundamental a buscar una vida m&aacute;s digna y libre de persecuci&oacute;n, y el cierre de los CIEs (los Centros de Internamiento de Emigrantes), incluido el de Zapadores en Val&egrave;ncia, en los que se encuentran detenidas personas que no han cometido ning&uacute;n delito, s&oacute;lo por no tener los papeles en regla. Tambi&eacute;n implica la protecci&oacute;n y un apoyo pol&iacute;tico y social claro y efectivo a las personas defensoras de los derechos humanos, al menos en las regiones con los que tenemos relaciones prioritarias, como son Am&eacute;rica Latina, el Magreb y Oriente Pr&oacute;ximo.
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, supone asumir una labor com&uacute;n y compartida si queremos poder mirarnos en el espejo cada ma&ntilde;ana: la de combatir desde todas las instituciones y desde la sociedad el discurso de odio y de cuestionamiento de los derechos humanos que de forma interesada y orquestada avanza a nivel internacional pero tambi&eacute;n aqu&iacute;, en nuestra tierra. Imprescindible, recuperar el valor de la solidaridad que nunca debimos perder, para volver a creer en nosotros mismos, para poder volver a creer en Europa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lourdes Mir&oacute;n</strong> es presidenta de la Coordinadora Valenciana de ONGD.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lourdes Mirón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/lourdes-miron-opinion_132_1376688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Aug 2019 16:44:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ni casual, ni un hecho aislado]]></media:title>
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