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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pep Guardiola]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pep_guardiola/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Salid y rescatad: el discurso de Pep Guardiola para homenajear a Carola Rackete y Òscar Camps]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/salid-rescatad_129_1355008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6887ab26-3a2e-48ab-ae3d-825b3f587b2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salid y rescatad: el discurso de Pep Guardiola para homenajear a Carola Rackete y Òscar Camps"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Quisiera afirmar categórico que nunca cejaremos en la tarea imprescriptible y humanista de la solidaridad, la acogida y la hospitalidad. Y quisiera saber que este partido nunca lo dejaremos de jugar y ganar, que lo jugaremos hasta el final, incluso en tiempo de descuento, porque no lo podemos perder", escribe el entrenador</p></div><p class="article-text">
        <em>Esta es la glosa que Pep Guardiola hizo de Carola Rackete y &Ograve;scar Camps el pasado martes, cuando los activistas recibieron la medalla de honor del Parlament de Catalunya por su labor de rescate de personas en el Mediterr&aacute;neo:</em>
    </p><p class="article-text">
        Me cogi&oacute; por sorpresa la llamada de &Oacute;scar hace pocos d&iacute;as. Ocho minutos para decir algunas pocas cosas y hablar, sobre todo, de los que hacen las m&aacute;s esenciales, las m&aacute;s urgentes y las m&aacute;s vitales. Las m&aacute;s justas en los momentos m&aacute;s tr&aacute;gicos. Las m&aacute;s dif&iacute;ciles en tiempos complejos. Las m&aacute;s claras en medio de la oscuridad. Las imprescindibles para no tener que morir, en vida y ahogados de verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        &Ograve;scar me dijo que si pod&iacute;a hacer una glosa. Imposible decir que no, pero sin saber qu&eacute; decir exactamente. Apenas intentar desbrozar las cosas tal como son y de compartiros c&oacute;mo os veo. Hace muy pocos d&iacute;as escuch&eacute; a &Ograve;scar Camps en Can Bast&eacute; decir que recib&iacute;a amenazas de muerte por intentar salvar vidas. As&iacute; est&aacute;n las cosas: de mal. Recuerdo uno de sus mensajes de este verano, rememorando cu&aacute;nto ha llovido ya -&iexcl;cu&aacute;ntas guerras, cu&aacute;ntas muertos!- desde la imagen, repetida tantas veces, de aquel ni&ntilde;o que se llama todav&iacute;a Aylan y todav&iacute;a huye del horror de la guerra en Siria. Desobedeciendo prohibiciones tuiteaba: &ldquo;No aguantamos m&aacute;s. Levamos anclas y zarpamos. Antes presos que c&oacute;mplices&rdquo;. Gracias, una vez m&aacute;s, &Ograve;scar, por no poder m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; hace nada, la semana pasada, un escrito de Carola. S&eacute; bienvenida, capitana. &ldquo;Nuestra casa es vuestra casa; si es que hay casas de alguien&rdquo;, como decimos aqu&iacute;; gracias por todo y gracias por tanto, capitana; por demostrarnos que la solidaridad es y ser&aacute; la ternura de los pueblos y que necesitamos puertos abiertos; y que si no los abren es necesario abrirlos para que la humanidad pueda amarrar; porque no queremos que el futuro -como tan bien dices- se parezca el pasado. All&iacute; dec&iacute;as: &ldquo;lo que he visto desde el barco en el Mediterr&aacute;neo permite vislumbrar el futuro de millones de personas, si no actuamos ya&rdquo;; &ldquo;me asusta el da&ntilde;o que le estamos haciendo al planeta y la hostilidad contra aquellos que huyen de la sequ&iacute;a, el hambre, los incendios&rdquo;; &ldquo;a muchas personas les preocupa hablar de la relaci&oacute;n entre migraci&oacute;n y crisis clim&aacute;tica, porque temen que esto generar&aacute; xenofobia y pol&iacute;ticas m&aacute;s duras; pero la xenofobia y las estrictas pol&iacute;ticas de fronteras ya est&aacute;n aqu&iacute;&rdquo;; &ldquo;la pregunta que os hago es la siguiente: &iquest;qu&eacute; har&eacute;is vosotros ahora?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta requiere de respuestas urgentes que est&aacute;n por llegar, pero hoy, al menos, sabemos qu&eacute; hacemos aqu&iacute;, en tiempos demasiado extra&ntilde;os, en esta apariencia de normalidad en tiempos que no lo son y en una de las orillas del Mediterr&aacute;neo, donde desde 1993 han perecido m&aacute;s de 33.597 personas en busca de una vida mejor que nunca lleg&oacute;. S&iacute;, mientras otros persiguen la solidaridad y criminalizan el socorro, esta casa le reconoce y agradece su labor. Y solo en este gesto est&aacute; toda la diferencia y un abismo, sabiendo que es un gesto y que todav&iacute;a habr&aacute; que hacer mucho m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mirando atr&aacute;s, la solidaridad es una semilla antigua. Me contaron hace no mucho que en Estados Unidos hubo durante muchos a&ntilde;os un ferrocarril subterr&aacute;neo que nunca dejaba de funcionar. Nadie lo ve&iacute;a, pero cada d&iacute;a pasaba puntual y, entre 1850 y 1860, liberaba esclavos que hu&iacute;an del sur racista. Hab&iacute;a todo un argot a escondidas: las estaciones, los enlaces, los transbordos, los maquinistas. Las personas que lo hac&iacute;an posible. Nadie encontraba aquel ferrocarril ni era capaz de detenerlo. Viajaba cada noche. Era una red solidaria y clandestina que liber&oacute; de las garras de la esclavitud m&aacute;s de 100.000 personas afroamericanas. Un ferrocarril subterr&aacute;neo: esto es lo que necesitamos. A la espera todav&iacute;a de que pueda ser terrestre y visible, que es lo que nos hace falta. Por eso estamos aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy tendremos que hablar del ayer. Lo peor que se puede decir siempre, en la vida y en todo, es que no hemos aprendido nada. Nada de nada. 'We refugees' es un art&iacute;culo sobrecogedor del 1943, escrito por Hannah Arendt. Cuando este 2019 tambi&eacute;n nos recuerda el 80 aniversario de nuestro exilio: 500.000 vencidos republicanos de los que 200.000 nunca volvieron. De Argel&egrave;s a Saint Ciprien a Ravensbr&uuml;ck y Mauthausen. Otros muchos sobrevivieron. Y apenas un 2 de septiembre de 1939, cuando Chile los acog&iacute;a, llegaba al puerto de Valpara&iacute;so aquel 'Winnipeg' fletado por Pablo Neruda, con m&aacute;s de 2.200 republicanos a bordo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy deber&iacute;amos hablar del hoy, claro. Entre no dejar entrar y no dejar zarpar hay, quiz&aacute;s, alg&uacute;n matiz verbal, pocas diferencias de fondo y, eso s&iacute; y eso seguro, un resultado casi id&eacute;ntico. Las amenazas de multas millonarias en Italia o en el Estado espa&ntilde;ol, de cerca del mill&oacute;n de euros, &iquest;no se parecen demasiado? &ldquo;No hay permiso para rescatar&rdquo;. Lo dijo toda una portavoz de todo un gobierno denegando una vez m&aacute;s la obligaci&oacute;n del socorro. &ldquo;No hay permiso para rescatar&rdquo; ofende y condensa -como ha recordado la fil&oacute;sofa Marina Garc&eacute;s- toda la violencia de este mundo. Ofende, tambi&eacute;n y sobre todo, porque demuestra que desconoce las leyes universales y antiguas del mar, m&aacute;s hospitalarias y &eacute;ticas, m&aacute;s decentes y humanas, que muchas leyes vigentes en demasiados estados. En alta mar no es un permiso, es un deber m&iacute;nimo y una obligaci&oacute;n imprescindible. Pero escuchar esa frase de un gobierno es algo m&aacute;s que desprecio e indiferencia. M&aacute;s a&uacute;n, cuando ya sabemos que desde enero y hasta la fecha el macabro contador ya habla de 928 personas ahogadas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la indiferencia define sobre todo a quien la pone, no a quien la padece, en este Mediterr&aacute;neo que ya es otro muro en un mundo que cada d&iacute;a levanta nuevos muros, sea en M&eacute;xico, sea en Calais, sea el Gurug&uacute; de Melilla, sea en Hungr&iacute;a, sea donde sea. Hay fronteras que matan; hay silencios que envilecen. Lo m&aacute;s bestia, lo m&aacute;s triste, es que no podemos decir que nada de esto sea nuevo. Convivimos desde hace demasiado, y esto tambi&eacute;n lo dice todo. En 1995 en Portopalo, Sicilia, se registraron las primeros restos de un naufragio que a&uacute;n dura y que desde entonces se repite cada d&iacute;a. Durante semanas, y no es ninguna met&aacute;fora, los pescadores sicilianos retornaban repetidamente al mar los restos los cuerpos que las redes iban capturando. Todo el mundo lo sab&iacute;a y pocos lo dijeron. Lo explica el periodista Giovani Bellu a &laquo;Il Fantasma di Portopalo&raquo;. Incluso, m&aacute;s tarde, fantasma tras fantasma de lo que somos capaces de llegar a hacer y consentir, hubo un momento en que el cinismo pol&iacute;tico lleg&oacute; a debatir, alrededor de 2013, que los ahogados se les dar&iacute;a la nacionalidad italiana: dar a los muertos lo que se negaba a los vivos. No s&eacute; si da m&aacute;s miedo que verg&uuml;enza. O las dos cosas.
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, tambi&eacute;n tenemos que hablar necesariamente del ma&ntilde;ana, cuando cada vida cuenta. Contra los Salvini pretendidamente salvadores que hunden el mundo a la deriva, tenemos los que realmente lo preservan y lo refugian. Open Arms, Sea Watch y tantos otros. Las reivindicaciones urgentes no las enumerar&eacute;, ya est&aacute;n escritas hace demasiado tiempo -tanto tiempo como llevan deso&iacute;das- en este pa&iacute;s que por suerte tiene Open Arms, y tiene 'Stop Mare Mortum', 'Tanquem els CIE', 'Casa nostra, casa vostra' y 'SOS Racismo'. Es demasiado sabido lo que habr&iacute;a que hacer y no se hace: pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de rescate, garantizar v&iacute;as seguras para asegurar la vida, desplegar la acogida y garantizar el asilo. Trabajo fuera y trabajo adentro: cerrar los CIE -como ya aprob&oacute; este Parlament-, acabar con las devoluciones en caliente o evitar que el racismo cotidiano arraigue en barrios y comarcas. Y tambi&eacute;n, mirando a nosotros mismos, en tiempo de retrocesos democr&aacute;ticos aqu&iacute; y all&aacute;, saber lo que queda por hacer: tenemos pendiente garantizar el derecho a voto a buena parte del mill&oacute;n de personas que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, desde 187 procedencias diferentes, han llegado a nuestra casa y a quien se niega ese derecho fundamental.<em> This land is your land</em>, sobra decirlo.
    </p><p class="article-text">
        La inhumanidad del momento es la que es, qu&eacute; puedo que decir que no sep&aacute;is. Y, s&iacute;, cada vida cuenta. Me gustar&iacute;a pensar que nunca tendremos que mirar atr&aacute;s y decir que no hicimos todo lo posible y lo imposible para evitarlo. Quisiera afirmar categ&oacute;rico que nunca cejaremos en la tarea imprescriptible y humanista de la solidaridad, la acogida y la hospitalidad. Y quisiera saber que este partido nunca lo dejaremos de jugar y ganar, que lo jugaremos hasta el final, incluso en tiempo de descuento, porque no lo podemos perder. Perderlo equivale a sucumbir.
    </p><p class="article-text">
        Cada vida cuenta y un poeta, en un cuento corto y narraci&oacute;n breve, nos lo esclareci&oacute;: &ldquo;Un anciano caminaba por una playa de M&eacute;xico tras una poco com&uacute;n tormenta de primavera. La playa estaba llena de peces boqueando y abandonados por las olas y el hombre los devolv&iacute;a uno a uno. Un turista lo vio, se acerc&oacute; y le pregunt&oacute;: '&iquest;Qu&eacute; est&aacute; haciendo?' 'Intento ayudar a estos peces', dijo el abuelo. 'Pero hay miles en estas playas, devolver unos pocos no sirve para nada', protest&oacute; el turista. 'A este le sirve', replic&oacute; el abuelo mientras retornaba otro pescado en la mar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cada vida cuenta y comienzo a terminar en la ciudad que supo llenar las calles, una calle hecha refugio, en febrero de 2017, en la mayor manifestaci&oacute;n de solidaridad con los refugiados, bajo la divisa 'Queremos acoger' y ante una Europa que agrieta tan a menudo los valores fundacionales que siempre pregona. Ya he dicho que 2019 deja tambi&eacute;n en la retina de la memoria el 80 aniversario de nuestro propio exilio. &iquest;No hemos aprendido nada? En las palabras duraderas de Agust&iacute; Bartra he encontrado alguna respuesta de ayer a la pregunta que Carola nos hace hoy y al reclamo permanente de &Ograve;scar. Y todo ello, como una pesadilla repetida, parece mentira que tengamos que volver a decir. En su libro Cristo de 200.000 brazos, Bartra acababa afirmando, mitad premonici&oacute;n, mitad augurio:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Criaturas de la vida y de la fantas&iacute;a, el azar les buscar&aacute; caminos y estancias entre los hombres, para los que repetir&aacute;n incansablemente su devenir en medio de la &eacute;poca s&oacute;rdida y cruel que les toca vivir y que, en el fondo de sus almas, aceptaron como una exigencia del destino de su tiempo, tan pr&oacute;digo en hecatombes. Singulares y iluminados, sencillos y prodigiosos en su humanidad, raqu&iacute;ticos dentro de los simulacros de la historia y gigantescos en su ternura y afirmativa conciencia, marchan por la tierra de su propia f&aacute;bula sin el alboroto de la gloria ni la prisa de los personajes que han de rasgar el aire para proclamar su estatura y trascendencia. Marchan. &iquest;Hacia d&oacute;nde? Marchan al encuentro de aquellos que un d&iacute;a fueron como ellos, y de los que un d&iacute;a podr&iacute;an serlo -y que decididamente lo ser&aacute;n, en el tiempo fragua nuevas lunas aciagas- a fin de ser reconocidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Termino, ahora s&iacute;, para no quedarnos en fuera de juego, fuera de lugar. S&iacute;, quedan muchos muros para saltar y habr&aacute; que gritar todav&iacute;a muchas veces 'boza, boza' -esta expresi&oacute;n que significa renacer y que hemos o&iacute;do a menudo detr&aacute;s de cada rescate. Los supervivientes cantan, porque tambi&eacute;n se canta en el tiempo oscuros: &laquo;d&eacute;couragement n'est pas africaine, maman&raquo;, &laquo;tchoko, tchoko, &ccedil;a va aller, &ccedil;a va aller&raquo;. El des&aacute;nimo no es africano, madre. De alguna manera u otra, todo saldr&aacute; bien. Ojal&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Porque un mundo que no rescata es un mundo que naufraga y donde las sociedades se ahogan. Podr&iacute;amos decir que, como Ant&iacute;gonas del siglo XXI y sin pedir ning&uacute;n permiso, reclam&aacute;is los derechos de todos los vivos y de todos los muertos a un cuerpo y a una polis. Y es eso lo que os hace imprescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Capitana Carola, querido &Ograve;scar, basta de balones fuera, que la vida no tiene -no deber&iacute;a de tener- fronteras. Ante la inacci&oacute;n y la dejadez, acabo para poder volver a empezar de nuevo, parafraseando al Johan que m&aacute;s quiero:
    </p><p class="article-text">
        Salid y rescatad, por favor.
    </p><p class="article-text">
        Danke &Ograve;scar, moltes gr&agrave;cies Carola.
    </p><p class="article-text">
        Pep Guardiola, 10 de setembre de 2019, Parlament de Catalunya
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pep Guardiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/salid-rescatad_129_1355008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Sep 2019 20:17:37 +0000]]></pubDate>
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