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    <title><![CDATA[elDiario.es - Estera Flieger]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/estera_flieger/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Estera Flieger]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El gobierno de Polonia quiere reescribir la historia y su ejemplo puede extenderse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/gobierno-polonia-segunda-guerra-mundial_129_1471731.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b48769f7-3653-4d21-8995-cdb96bf42024_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gobierno de Polonia quiere reescribir la historia y su ejemplo puede extenderse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A treinta años del fin del comunismo, otra vez el pasado de Polonia está siendo manipulado con fines políticos por la derecha ultranacionalista</p><p class="subtitle">Esta vez la víctima es un museo de Gdansk, donde cuatro historiadores de la institución han denunciado al Gobierno por distorsionar la Segunda Guerra Mundial</p><p class="subtitle">Os explicaré cómo hemos llegado a este punto.</p></div><p class="article-text">
        Los populistas tratan el pasado como si fuera comida r&aacute;pida: van directos a lo que les resulta m&aacute;s sabroso y satisfactorio, dejando a un lado otra comida que podr&iacute;a ser m&aacute;s saludable y m&aacute;s nutritiva para todos. Pero el estudio honesto de la historia no tiene como objetivo el hacernos sentir bien. Pensemos en el caso de la Segunda Guerra Mundial y c&oacute;mo, 80 a&ntilde;os despu&eacute;s de la invasi&oacute;n de Polonia, en Gdansk se est&aacute; desarrollando una <a href="https://www.theguardian.com/world/2019/aug/30/truth-is-a-casualty-80-years-after-start-of-second-world-war" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">disputa por un museo sobre la guerra</a>.
    </p><p class="article-text">
        Los ultraconservadores del partido gobernante Ley y Justicia han intervenido tanto en la narrativa que ha adoptado el museo y su principal exposici&oacute;n que cuatro historiadores polacos que participaron en la creaci&oacute;n y lanzamiento de la instituci&oacute;n no han tenido m&aacute;s opci&oacute;n que acudir a los tribunales.
    </p><p class="article-text">
        Los tribunales no es el mejor sitio para juzgar las lecciones de la historia. Seguramente las universidades, las academias, las bibliotecas y los museos son mejores para este tipo de debates.
    </p><p class="article-text">
        Os explicar&eacute; c&oacute;mo hemos llegado a este punto.
    </p><p class="article-text">
        El Museo de Gdansk sobre la Segunda Guerra Mundial&nbsp;<a href="https://www.theguardian.com/travel/2017/jan/28/gdansk-second-world-war-museum-delay-patriotism-poland" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fue inaugurado en 2017</a> a bombo y platillo. Su caracter&iacute;stica singular y no tradicional iba a ser un enfoque especial tanto en el contexto global de la guerra como en el destino de la poblaci&oacute;n civil en medio del sangriento conflicto. Tardaron ocho a&ntilde;os en armar la exposici&oacute;n principal. El historiador estadounidense Timothy Snyder dijo que el proyecto era una &ldquo;haza&ntilde;a civilizacional&rdquo; y &ldquo;quiz&aacute; el museo dedicado a la Segunda Guerra Mundial m&aacute;s ambicioso del planeta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero los ultraconservadores, que hab&iacute;an llegado al poder en las elecciones de dos a&ntilde;os antes no lo pudieron soportar, ya que prefer&iacute;an una versi&oacute;n de los acontecimientos que retocara la historia real y glorificara a la naci&oacute;n. R&aacute;pidamente, el Ministro de Cultura y Patrimonio Nacional, Piotr Gli&#324;ski, <a href="https://www.bbc.co.uk/news/world-europe-38731807" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ech&oacute; al director del museo de Gdansk, Pawe&#322; Machcewicz</a>. El nuevo director, Karol Nawrocki, se propuso modificar la exposici&oacute;n principal sin consultar a los autores. Esta revisi&oacute;n se realiz&oacute; seg&uacute;n instrucciones del Gobierno para enfatizar la glorificaci&oacute;n de las acciones del Ej&eacute;rcito polaco y pintar a Polonia como una naci&oacute;n honesta: el museo ser&iacute;a un monumento al victimismo nacional.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, Nawrocki reemplaz&oacute; un v&iacute;deo de las experiencias de la poblaci&oacute;n civil en la guerra con otra filmaci&oacute;n totalmente diferente en la que se incluyen afirmaciones que solo pueden ser descritas como propaganda pol&iacute;tica: frases como &ldquo;nosotros salvamos a los jud&iacute;os&rdquo;, &ldquo;damos vida en nombre de la dignidad y la libertad&rdquo;, &ldquo;fuimos traicionados&rdquo;, &ldquo;el Papa dio esperanzas de triunfo&rdquo;, &ldquo;los comunistas perdieron&rdquo;, &ldquo;nosotros ganamos&rdquo; y &ldquo;no suplicamos por la libertad, sino que luchamos por ella&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una reescritura populista de la historia. Los historiadores populistas le dicen a la gente -especialmente a quienes han votado por ellos- lo que quieren o&iacute;r sobre el pasado. Para ellos, recordar la guerra es un juego de suma cero: es sobre ganadores y perdedores. Les importan poco las complejidades y mucho menos el reconocimiento de los cap&iacute;tulos oscuros del pasado colectivo de Polonia &iquest;Qu&eacute; es lo que realmente hemos aprendido del pasado? Viejas fotograf&iacute;as de una Varsovia destruida me recuerdan a las im&aacute;genes nuevas de otras ciudades, como Alepo, que en tiempos recientes han experimentado la brutalidad de violentos ataques militares. Con mayor raz&oacute;n debemos recordar lo que sucedi&oacute; en el pasado y a aquellos que quedaron atrapados en el horror.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, para los historiadores populistas -no solo los polacos-, la historia no es para aprender lecciones. Es o bien un juguete para endulzar las complejidades nacionales, o bien un arma para asuntos exteriores (por ejemplo, para las relaciones de Polonia con Ucrania o con Israel).
    </p><p class="article-text">
        Machcewicz, junto con los otros historiadores fundadores del museo, Janusz Marszalec, Rafa&#322; Wnuk y Piotr M Majewski, respondieron con un contundente &ldquo;no&rdquo;. Han denunciado al nuevo director del museo por violaci&oacute;n de sus derechos como autores del contenido de la exposici&oacute;n y han amenazado con frenar otros cambios en el museo. Yo estoy totalmente de acuerdo con Machcewicz, que describi&oacute; esta saga como &ldquo;la disputa m&aacute;s importante sobre la historia que se ha dado en Polonia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El caso, sobre el que a&uacute;n deben dictar sentencia los tribunales, es el primero de este tipo en Polonia y probablemente en Europa. No se me ocurre otro ejemplo de una exposici&oacute;n montada por un museo importante que haya sido censurada por el Gobierno por prestar demasiada atenci&oacute;n a la poblaci&oacute;n civil y por no glorificar lo suficiente a la naci&oacute;n. Pareciera algo m&aacute;s propio de la Rusia de Putin que de un Estado miembro de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        El fallecido <a href="https://www.theguardian.com/world/2009/jul/22/philosophy-1968-the-year-of-revolt" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Leszek Ko&#322;akowski</a>, uno de los fil&oacute;sofos m&aacute;s importantes de Polonia, escribi&oacute; en su ensayo Doctor Fausto: &ldquo;Gracias al pasado aprendemos a reconocer a nuestro alrededor los rostros que han sido tocados por su peor legado&rdquo;. Para m&iacute;, una joven polaca, esta es la mejor definici&oacute;n del prop&oacute;sito del estudio de la historia. No sorprende que la censura comunista no le permitiera a Ko&#322;akowski publicar esas palabras. Y ahora, 30 a&ntilde;os despu&eacute;s del colapso del r&eacute;gimen comunista en Polonia, otra vez la historia es manipulada con fines pol&iacute;ticos. Es como si solo fuera aceptable una versi&oacute;n de la historia: aquella aprobada por un gobierno de derechas que ha permitido innumerables actos de retroceso democr&aacute;tico e intentar&aacute; ser reelegido el mes que viene. Cualquiera que vea las cosas de forma diferente es declarado enemigo p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Cuando comenc&eacute; a investigar la disputa por el Museo Gdansk, me pareci&oacute; un buen tema period&iacute;stico, especialmente porque estudi&eacute; historia en la universidad y es algo que me apasiona. Pero de a poco se fue convirtiendo en algo mucho m&aacute;s personal: me di cuenta de que esto se trataba de nuestros valores como sociedad. Y debe ser un tema personal para cualquiera a quien le importen el pluralismo y el debate en libertad. Esta es una batalla para impedir que la historia sea escrita en blanco y negro, para impedir que sea funcional a una agenda pol&iacute;tica. Es una batalla por una historia que nos inspire a establecer relaciones entre el pasado y nuestro mundo actual. Podr&aacute;n parecer palabras grandilocuentes. Pero esos cuatro historiadores que han desafiado al Gobierno est&aacute;n luchando por algo mayor que el futuro de un museo. Esto tiene un significado europeo. Nos ata&ntilde;e a todos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Estera Flieger es periodista del peri&oacute;dico polaco Gazeta Wyborcza.</em>
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Luc&iacute;a Balducci
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Estera Flieger]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Sep 2019 20:33:49 +0000]]></pubDate>
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