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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laia Gay]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laia_gay/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laia Gay]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Refugiados en Lesbos, la esperanza cuando todo está perdido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/refugiados-lesbos-esperanza-perdido_132_1352050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e95fd248-344c-4dda-9ae9-d0d7f5bfd172_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Refugiados en Lesbos, la esperanza cuando todo está perdido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta semana han llegado unos mil nuevos refugiados a la isla, es decir al campamento de Moria, marcando un nuevo hito de llegadas de pateras este verano</p><p class="subtitle">Los refugiados no pueden creer los limitados motivos por los que Europa da refugio. No pueden creer que se considere un tercer estado seguro Turquía, quien aún tiene limitado el derecho de asilo, la famosa Convención de Ginebra, a personas europeas</p><p class="subtitle">¿Es falta de coherencia que tras lo vivido no puedas ni tan siquiera recordar  esas vivencias tan brutales que por fuerza la mente intenta olvidar?</p></div><p class="article-text">
        Hoy hace casi dos meses que llegu&eacute; a la isla de Lesbos, en Grecia. Todav&iacute;a me maravilla la belleza del puerto de Mytilene. Las barcas de pesca. Los lugares tradicionales para comer. Gracias a Dios (aunque aqu&iacute; dicen que por culpa de los refugiados) la isla no tiene casi turistas y los que hay son griegos. Esto se agradece mucho. Sobre todo para alguien que ha crecido en Barcelona, donde hemos `muerto de &eacute;xito&acute;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, poco a poco la gentrificaci&oacute;n tambi&eacute;n est&aacute; llegando, y con ello el aumento de los precios de los pisos, debido, no lo acertar&iacute;an nunca, a los voluntarios. As&iacute; es. Yo, que nunca hab&iacute;a estado vinculada al mundo de la cooperaci&oacute;n y los voluntarios, me encuentro ahora, siendo uno de ellos. Esta isla es una mezcla curiosa de refugiados y voluntarios. Mucho que decir sobre este tema, pero nada lo resume mejor que este fragmento de Bertolt Brecht de `Santa Juana de los Mataderos&acute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que parec&iacute;a una buena acci&oacute;n, puede ser solo una apariencia.
    </p><p class="article-text">
        Un acto no puede ser honroso sino pretende cambiar el mundo radicalmente. &iexcl;Bastante &eacute;l necesita!
    </p><p class="article-text">
        Y yo, impensadamente llego como ca&iacute;da del cielo para los explotadores.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ay bondad nefasta! &iexcl;Sentimientos in&uacute;tiles!&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Demasiado a menudo pienso que tal vez si nos fu&eacute;ramos todos, pasar&iacute;a algo. Algo realmente transformador.
    </p><p class="article-text">
        Porque ahora no pasa absolutamente nada.
    </p><p class="article-text">
        Bueno s&iacute;. S&iacute; pasa. Demasiadas cosas pasan, aunque no son transformadoras para los refugiados.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana han llegado unos mil nuevos refugiados a la isla, es decir al campamento de Moria, marcando un nuevo hito de llegadas de pateras este verano.  Supongo que la v&iacute;a Frontera Sur est&aacute; m&aacute;s controlada (Europa, est&aacute; dando mucho dinero a Marruecos en su esfuerzo para construir esta Europa fortaleza que nos acabar&aacute; hundiendo), y la ruta de Libia es demasiado peligrosa. Supongo que Turqu&iacute;a est&aacute; presionando a Europa pidiendo m&aacute;s dinero y la manera que tiene de hacerlo es dejando salir m&aacute;s pateras. Es lo que tiene pactar con el diablo, l&eacute;ase Europa.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n han habido muertos en el campamento de Moria. Una de ellas un menor de 15 a&ntilde;os, otro est&aacute; en estado grave y dos menores han terminado en prisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y deportaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y las violaciones constantes de derechos humanos (a las que parece todos se han acostumbrado) en esta isla-prisi&oacute;n-campo de concentraci&oacute;n para refugiados, t&eacute;rmino, este &uacute;ltimo, que utilizaba hace poco el gran Samir Na&iuml;r y mi amiga Nadia Ghulam.
    </p><p class="article-text">
        Aunque a m&iacute; s&iacute; me han pasado cosas transformadoras.
    </p><p class="article-text">
        Sentirme m&aacute;s que avergonzada de ser europea ante las personas que buscan un refugio aqu&iacute; te coloca en una posici&oacute;n de humildad y vulnerabilidad que permite situarte en un lugar muy diferente frente al otro.
    </p><p class="article-text">
        Los refugiados no pueden creer los limitados motivos por los que Europa da refugio. No pueden creer que se considere un tercer estado seguro Turqu&iacute;a, quien a&uacute;n tiene limitado el derecho de asilo, la famosa Convenci&oacute;n de Ginebra, a personas europeas. Ni que consideren un estado seguro a Afghanistan o Siria. Debo disculparme continuamente de la Europa de la que formo parte. Bienvenidos a la Europa fortaleza. A la Europa de los `papeles mojados&acute;. Mojados por un mar Mediterr&aacute;neo que no deja de acoger a las personas que huyen de sus pa&iacute;ses (de guerras y situaciones creadas por los occidentales) y no son rescatadas por la multitud de barcos que querr&iacute;an salvarles las vidas. Esa es nuestra acogida.
    </p><p class="article-text">
        En estos dos meses, largu&iacute;simos e intensos, he escuchado muchas historias, cada una diferente, cada una digna de ser contada y escuchada.
    </p><p class="article-text">
        Y ha sido esta vulnerabilidad m&iacute;a la que me ha permitido, en mi asesoramiento en el Legal Centre Lesvos, intentar devolverles a ellos la dignidad que les hemos robado. Intentar una sanaci&oacute;n, casi imposible, como me ense&ntilde;aron en el curso del Grupo de Acompa&ntilde;amiento Comunitario de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Las entrevistas con la EASO, la Oficina Europea de Apoyo al Asilo, son una verdadera tortura. Cinco, seis hasta siete horas de interrogatorio. Como si fueran terroristas. Buscando la `credibilidad&acute; de unos relatos llenos de lagunas y de incoherencia (&iexcl;dicen ellos!).  &iquest;Es una laguna (l&eacute;ase mentira) el hecho de que en la cultura de la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses la temporalidad no sea importante? &iquest;Es falta de coherencia que tras lo vivido no puedas ni tan siquiera recordar esas vivencias tan brutales que por fuerza la mente intenta olvidar?
    </p><p class="article-text">
        Pero yo s&eacute; lo que busca EASO y les digo a los refugiados que tienen que explicar los detalles, los motivos concretos del sufrimiento, del dolor, del miedo, pero no pueden. No ahora. No tienen las condiciones para hacerlo. Porque si lo explican, si lo relatan, se rompen. Un mecanismo de defensa m&aacute;s que estudiado por la gente que se dedica a la tortura y al trauma.
    </p><p class="article-text">
        Y yo, como asesora legal para las entrevistas, debo buscar los peores recuerdos, los hechos m&aacute;s dolorosos. Hoy en una entrevista en el que el motivo de la fuga hab&iacute;a sido que la familia de una chica la hab&iacute;a querido casar con un hombre -mucho mayor, casado ya con dos mujeres y con hijos, y otros detalles- el marido actual de ella, con quien hab&iacute;a huido, se quejaba de que su mujer no contaba nada. Que no quer&iacute;a hablar. Que no recordaba nada. Yo le dec&iacute;a a ella que ten&iacute;a que contar lo que le hab&iacute;an hecho, lo que hab&iacute;a sufrido. &ldquo;No puedo&rdquo;. Lo &uacute;nico que ha podido decir. Y me he puesto a llorar. Como ahora que la recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Me he disculpado.
    </p><p class="article-text">
        Y como he podido, le he explicado al marido que no es que ella no quiera explicar nada, es que no puede. Al despedirnos nos hemos abrazado muy fuerte. Y hemos llorado juntas. &ldquo;Yo te entiendo. Yo te creo&rdquo;, le he dicho, con mis l&aacute;grimas y mi cuerpo. No hac&iacute;an faltan las palabras. Somos mujeres. Sabemos de qu&eacute; hablamos. Esta sororidad tan nuestra. Tan valiosa. Estos miedos encarnados. Este silencio. Esta aceptaci&oacute;n de la vida no digna de ser vivida que el patriarcado nos ha impuesto.
    </p><p class="article-text">
        Y me pregunto, si en serio se puede pensar que es normal que una abogada tenga que preguntarte si conoces a alguna mujer que se haya suicidado por haber sido forzada a casarse. Si es normal que tenga que preguntar si alguna hermana, madre, amiga, ha sido golpeada por su marido con quien ha sido forzosamente casada. No. Esta no puede ser mi profesi&oacute;n. Esta no puede ser la ley europea. Esta no puede ser nuestra realidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero aqu&iacute; estoy.
    </p><p class="article-text">
        Para decir, aunque sea entre l&aacute;grimas, yo s&iacute; te doy la bienvenida, yo s&iacute; quiero que est&eacute;s aqu&iacute;. Ellos no me representan.
    </p><p class="article-text">
        Para buscar c&oacute;mo dar esperanza cuando no la hay.
    </p><p class="article-text">
        Para intentar que la esperanza no paralice, sino que sea activa.
    </p><p class="article-text">
        Para sacar el miedo que humilla y paraliza.
    </p><p class="article-text">
        Para buscar los l&iacute;mites de lo posible.
    </p><p class="article-text">
        Para devolverles el control de sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        Para buscar en qu&eacute; momento perdimos nuestra humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Para buscar lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todo me hace volver a la idea primera de cuando regres&eacute; de mis dos a&ntilde;os en Colombia: el otro. El otro que soy yo. Porque sin el otro no soy nadie. No somos nadie. El otro que me hace de espejo. En el que me contemplo y soy contemplada, el que me desenmascara y me desnuda, y me confronta y me interpela. Ayud&aacute;ndome a conocerme m&aacute;s a m&iacute; -mis privilegios, mis creencias, mi manera de pensar, mis miedos-.
    </p><p class="article-text">
        Me acompa&ntilde;an mucho las palabras de Marina Garc&eacute;s, mi fil&oacute;sofa de cabecera.
    </p><p class="article-text">
        Retomo su idea de sentirme como la guerrillera, que lucha contra el Estado, de su libro `Fuera de clase&acute;. Buscando aquellas pistas para ir avanzando un poco, y &ldquo;ganando terreno a la desesperanza, a la par&aacute;lisis, a la impotencia, la epidemia de los d&iacute;as que nos han tocado vivir (&hellip;) Pistas que podemos utilizar para transformar nuestras vidas, e ir &rdquo;del yo al nosotros, de la impotencia al compromiso, de la sospecha a la confianza&ldquo; .
    </p><p class="article-text">
        Me cojo como hierro ardiente a sus presentimientos de posibles pistas:
    </p><p class="article-text">
        -Creyendo en un mundo inacabado: es decir, en que las luchas siempre ser&aacute;n, ahora nuestras, despu&eacute;s de los que vengan que podr&aacute;n continuar o emprender otras nuevas.
    </p><p class="article-text">
        -No pensar que si no tenemos una soluci&oacute;n es que no existe el problema (actuar contra el &ldquo;esto es lo que hay&rdquo;). Ni que nosotros no podemos hacer nada para mejorar la vida vivible (m&aacute;s all&aacute; que el hecho mismo de que existimos sea ya una forma de resistencia) Que no tengamos `La soluci&oacute;n&acute;, no significa que no podamos hacer algo.
    </p><p class="article-text">
        - Tener en cuenta la siguiente idea:<em>&ldquo;</em>si la determinaci&oacute;n de cambiar las cosas dependiera de la esperanza, muchas luchas no se dar&iacute;an, no empezar&iacute;an, se apagar&iacute;an tan pronto como sus resultados se atascan y sus expectativas se desvanecen . (..) la &uacute;nica esperanza es la de los que han perdido toda esperanza. (..) no es una apolog&iacute;a de la desesperanza, ni un elogio del fracaso. Apunta a un principio fundamental: que el sentido de la revuelta no est&aacute; en lo que se espera conseguir sino en el da&ntilde;o que se quiere reparar. Reparar el da&ntilde;o no es restaurar la situaci&oacute;n perdida o buscar una compensaci&oacute;n (..) es declarar que la vida puede estar derecha incluso all&iacute; donde todo est&aacute; perdido. &rdquo;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, mientras intento &ldquo;vivir, pensar y luchar sin dejar de experimentar&rdquo;, busco qu&eacute; podr&iacute;a realmente reparar la vida de las personas refugiadas (a las que ya no veo como otros) e intento cada d&iacute;a declarar que la vida puede estar derecha incluso all&iacute; donde todo este perdido.
    </p><p class="article-text">
        Porque creedme, aqu&iacute;, todo est&aacute; perdido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laia Gay]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/refugiados-lesbos-esperanza-perdido_132_1352050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Sep 2019 08:38:26 +0000]]></pubDate>
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