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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gerardo del Valle]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gerardo_del_valle/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gerardo del Valle]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las tres heridas del Torcido: desplazado por la violencia, migrante en EEUU y deportado a Honduras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-torcido_1_1296849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La Esperanza (Honduras) es el municipio que registra la tasa de recepción de deportados más alta del país desde 2015</p><p class="subtitle">Con 23 años, Torcido ha sido desplazado interno por la violencia, inmigrante en Estados Unidos y deportado a Honduras</p><p class="subtitle">Arrancamos junto a el Intercambio una serie de reportajes de largo recorrido sobre quienes son deportados a Centroamérica desde EEUU</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">El amor</h3><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Torcido?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Torcido.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy trabajando cuando de repente veo los tombos [polic&iacute;as] ah&iacute; adentro. '&iexcl;Diablo!, pero &iquest;ahora qu&eacute; pas&oacute;?', digo yo. Y ya me empiezan a hacer preguntas y me piden mi tel&eacute;fono. '&iquest;Y para qu&eacute; les voy a dar mi tel&eacute;fono yo? Acaso que ustedes me lo compraron', les dije. Lo primerito que me quedaron viendo fue esto: los tatuajes, los tatuajes&hellip; Me quitaron el tel&eacute;fono. Entonces me pidieron clave, se la tuve que dar. No ten&iacute;a nada que esconder. Nada m&aacute;s que es caro. Entonces, se llevaron el tel&eacute;fono. Se fueron. Y luego regresaron, me dijeron que ya no me quer&iacute;an ver en ese sitio. Las once del d&iacute;a eran&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida de Torcido es como un poema de Miguel Hern&aacute;ndez: Las tres heridas: la del amor, la de la muerte y la de la vida. Lo cuenta&nbsp;en marzo de 2019. Cuando ya pas&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o desde que se quedara sin aquel tel&eacute;fono. Este hondure&ntilde;o de 23 a&ntilde;os, atl&eacute;tico y de mirada desafiante, recuerda la &uacute;ltima vez que tuvo que rodar de nuevo cuesta abajo arrastrado por su piedra, como S&iacute;sifo en el eterno retorno. Porque sus violentas heridas de amor le quebraron hasta llevarle de regreso desde el pa&iacute;s en el que no fue capaz de quedarse al pa&iacute;s que odia. Una infidelidad deriv&oacute; en su deportaci&oacute;n de Estados Unidos. No supo dejarse ayudar por una ex novia devota que incluso le pagaba el abogado. Y su madre, ausente como testigo en su juicio de deportaci&oacute;n, insert&oacute; el &uacute;ltimo clavo en su f&eacute;retro mental.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso lo contar&aacute; luego. Ahora est&aacute; sentado sobre la moto de su t&iacute;o, frente a la casa de sus abuelos en La Esperanza&nbsp;(Intibuc&aacute;, Honduras). Habla como si fuera a encender el motor e irse. Muy lejos. De regreso a Lawrence, Kansas, donde vivi&oacute; seis a&ntilde;os. A 4.023 kil&oacute;metros de distancia en moto. Si es que pudiera irse en moto. Que no puede. Torcido vive ahora en una entre un pu&ntilde;ado de casas de una planta rodeadas de amarillos campos de pasto para vacas. Su barrio difiere mucho de la colorida postal tur&iacute;stica del casco antiguo que ofrece como reclamo una iglesia enclavada en una monta&ntilde;a, dejando para las afueras la paleta del gris.
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        El departamento de Intibuc&aacute; est&aacute; entre los cinco menos homicidas del pa&iacute;s: 65 asesinatos en 2018. Uno cada&nbsp;seis d&iacute;as. Eso, en Honduras, significa paz. Pura enso&ntilde;aci&oacute;n enclavada en un pa&iacute;s ultra violento. En el mismo centro del pueblo, algunas pintas en las paredes recuerdan que ac&aacute; fue asesinada la activista ambiental Berta C&aacute;ceres. Y para sorpresa de las autoridades locales y muchos vecinos, es un lugar cuyo perfil sociol&oacute;gico est&aacute; sometido a una transformaci&oacute;n profunda: es el municipio hondure&ntilde;o que m&aacute;s deportados recibi&oacute; desde Estados Unidos en los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os. Torcido es uno de esos deportados que habita La Esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Para cortar el ciclo migraci&oacute;n-deportaci&oacute;n-migraci&oacute;n y as&iacute; evitar que centroamericanos, como Torcido, trataran de llegar a Estados Unidos, el gobierno de Barack Obama ide&oacute; en 2015 un plan de inversi&oacute;n econ&oacute;mica que fracas&oacute;. Lo denomin&oacute; Plan Alianza para la Prosperidad del Tri&aacute;ngulo Norte (PAPTN). El gasto fluy&oacute; a trav&eacute;s de agencias y contratistas estadounidenses. Pero los gobiernos de la regi&oacute;n nunca se implicaron. Hubo un compromiso de Honduras, Guatemala y El Salvador de invertir 5.400 millones de d&oacute;lares. Pero no trajo consigo un aumento presupuestario, s&oacute;lo cambios en los nombres de los programas.
    </p><p class="article-text">
        El PAPTN fue cancelado en 2019 por el gobierno de Donald Trump. Ni redujo la migraci&oacute;n ni mejor&oacute; las condiciones de vida de los centroamericanos. En la Esperanza, Intibuc&aacute;, el plan no propici&oacute; cambios sociales.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ratio ratio__16_9">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Es una sociedad que muta. Las autoridades no tienen en cuenta que en numerosas colonias de las afueras de la Esperanza viven cada vez m&aacute;s personas huidas a lo largo de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os de otras zonas del pa&iacute;s: del sur del departamento de Intibuc&aacute; y del norte de Honduras. Los del paup&eacute;rrimo sur se mudaron a la cabecera gracias a las remesas enviadas por sus familiares migrantes en Estados Unidos, que les han permitido comprar parcelas.
    </p><p class="article-text">
        Al tiempo tambi&eacute;n llegaron vecinos del norte del pa&iacute;s. Torcido &mdash;al que apodamos as&iacute; por su seguridad&mdash; no es oriundo del pueblo. Como no lo son tampoco las 'tres l&aacute;grimas negras' tatuadas que bordean su p&oacute;mulo derecho. Como tampoco lo es el resto de la familia. Dejaron el norte&ntilde;o Yoro buscando refugio en una tranquila cabecera departamental donde en marzo el viento corre fr&iacute;o y el sol aplasta. Desplazados internos por la violencia estructural, &eacute;l sali&oacute; rumbo a Estados Unidos, ellos, recalaron directamente en La Esperanza. La familia que el destino separ&oacute; vuelve a estar unida.
    </p><p class="article-text">
        A Torcido le irrita revivir el momento en que la polic&iacute;a irrumpi&oacute; en su puesto de trabajo y le quit&oacute; el celular y lo llev&oacute; a la comisar&iacute;a. El momento que marca el comienzo de su viaje de regreso forzado a Honduras. Sentado sobre la moto, no mira apenas a los ojos, clava la vista en el infinito y la cabeza sobre sus codos. Habla con desconcertada rabia.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda que ese d&iacute;a se fue a casa sin trabajo, sin celular y sin entender nada. Al entrar al apartamento no quiso besar a su novia, como hac&iacute;a cada d&iacute;a al regresar del empleo temporal en la construcci&oacute;n que tuviera. Se meti&oacute;, bravo, en su cuarto. Su pareja le pidi&oacute; que le explicara. Le dijo que regresara a por el tel&eacute;fono a la comisar&iacute;a. &ldquo;Por el maldito tel&eacute;fono&rdquo;. El celular escond&iacute;a algo sobre ella. &ldquo;Ten&iacute;a v&iacute;deos est&uacute;pidos&rdquo;. Sexuales.
    </p><p class="article-text">
        Regres&oacute; y en ese regreso cay&oacute; preso. En la corte federal, uno de los polic&iacute;as dijo que Torcido ten&iacute;a relaciones virtuales con una menor estadounidense de 17 a&ntilde;os. Se hab&iacute;an conocido por Facebook. Si hubieran tenido relaciones sexuales, hubiera sido violaci&oacute;n. &Eacute;l no piensa en esas cosas. Admite la relaci&oacute;n, pero est&aacute; enojado con c&oacute;mo fue todo a partir de ese d&iacute;a. Hasta llegar donde est&aacute;. Era un hondure&ntilde;o sin permiso de residencia en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Sus heridas se hab&iacute;an abierto mucho antes.
    </p><p class="article-text">
        En 2012, se fue a EEUU. Ten&iacute;a 16 a&ntilde;os y una buena raz&oacute;n para que su mam&aacute; &mdash;que viv&iacute;a en New Jersey&mdash; le pagase un coyote de emergencia. De la raz&oacute;n hablar&aacute; despu&eacute;s. Pero le enoja recordar a esa mujer que lo dej&oacute; con su abuela cuando &eacute;l ten&iacute;a&nbsp;siete a&ntilde;os. Al llegar a EEUU, convivi&oacute; con su mam&aacute; menos de seis meses. Sent&iacute;a que le trataba mal. El desencadenante para dejar de hablarle, cuando le pidi&oacute; que testificara en su juicio de deportaci&oacute;n. New Jersey y Lawrence est&aacute;n a 46 kil&oacute;metros. Pero a ella le dio miedo ir a un tribunal por si tambi&eacute;n acababa deportada. As&iacute; que no fue.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo esperaba a mi mam&aacute; [...]. Se lo he dicho a mi viejita [abuela]: 'por esa mujer [su madre] el d&iacute;a que se muera, pues que se muera. No botar&eacute; [derramar&eacute;] ni una l&aacute;grima, por ella yo no la boto. Por usted s&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        To&ntilde;a, la abuela, no entiende tanto coraje hac&iacute;a la mujer que lo mantuvo en la distancia. Sentada en su oscura cocina de rojas paredes, serena, como si no acabara de preparar pollo con arroz para diez personas, no comprende a su nieto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo el tiempo yo les dec&iacute;a: su mam&aacute; se fue para salir adelante con ustedes [ con &eacute;l y a su hermano]. Desde el momento en que ella los mand&oacute; a traer [pagar su viaje&nbsp;clandestino a EEUU],&nbsp; era para darle un futuro. Les dio todo. Ella en ropa, en comida, nunca se ha quedado atr&aacute;s [...] Pero &eacute;l no quiere entender, no s&eacute; qu&eacute; es lo que le pasa a este ni&ntilde;o&rdquo;.
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        Torcido dice que su mam&aacute; le golpeaba a &eacute;l y a sus tres hermanos, que no supo quererlos. Por eso, llama mam&aacute; a su abuela. Aunque su abuela y su abuelo tambi&eacute;n le pegaban. &ldquo;No les voy a mentir, a m&iacute; me gustaba agarrar lo ajeno cuando yo estaba chamaquito [peque&ntilde;o], pero se daban cuenta en la casa. Me met&iacute;an las manos al fuego y despu&eacute;s me daban pija con una vara de tamarindo y el tamarindo es fino y &iexcl;puta madre!, cuando me sacaban los brazos del fuego, todos quemados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay violencias aceptadas. Tan similares a las que se rechazan que al violentado le resultan distintas. Para algunos, la vida consiste s&oacute;lo en elegir el infierno en el que arder.
    </p><p class="article-text">
        Torcido es un ni&ntilde;o infeliz. Desde la moto amenaza a su sobrino de tres a&ntilde;os con golpearle con una hierba seca que ha recogido del piso. Lo hace todo el tiempo. O cuando se aburre, que es muchas veces. &ldquo;S&aacute;quese la pija [v&aacute;yase] de ac&aacute;&rdquo;, le dice para que deje de rondarle. Luego se r&iacute;e. El ni&ntilde;o llora. Ambos buscan atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda sus &uacute;ltimos meses en EEUU y el apoyo de su novia, que era la due&ntilde;a del apartamento donde viv&iacute;a. Ella resisti&oacute; la relaci&oacute;n t&oacute;xica y le pag&oacute; un abogado aunque sab&iacute;a que le era infiel. &Eacute;l no es consciente del machismo que descargan muchas de sus palabras sobre la &uacute;nica persona que le visit&oacute; en la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo nunca en mi puta vida hab&iacute;a llorado por una mujer, pero yo estaba enamorado de esa mujer, yo solo la miraba y se me hac&iacute;a un nudo que ni hablar pod&iacute;a&hellip; [...] Todos los d&iacute;as le pon&iacute;a visita. Ya despu&eacute;s me cans&eacute;, cog&iacute;a mucho estr&eacute;s, botaba [se me ca&iacute;a] hasta el pelo en la c&aacute;rcel del estr&eacute;s. Cuando uno se levanta de ese pedazo de metal que le dan a uno ah&iacute;, la cama esa, un colch&oacute;n&hellip; &iquest;Como as&iacute;?, &iexcl;no, hombre!, ni dormir puede uno. Ya despu&eacute;s dej&eacute; de ponerle tanta visita, porque eso me estaba matando, me met&iacute;a mucha mierda en la cabeza, a veces con ganas de matarme ah&iacute; adentro...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l ya no le habla. M&aacute;s soledad.
    </p><p class="article-text">
        Es ansioso, pero se ha quedado clavado en un momento de su vida del que no logra salir. Y esa energ&iacute;a que no consume, lo consume a &eacute;l. En casi tres horas no se baja de la moto. Saluda vigilante, levantando la mirada bajo su gorra plana a los adolescentes que pasan por la calle de tierra donde est&aacute; la casa de sus abuelos. Ha integrado las supuestas reglas de lo que significa ser hombre. Y aqu&iacute;, en Honduras, eso pasa por estar siempre vigilante.
    </p><p class="article-text">
        Se hace el interesante para contar algunas cosas. Dice que est&aacute; vi&eacute;ndose con una vecina casada de 38 a&ntilde;os. &ldquo;Es que las mujeres mayores son m&aacute;s macizas, m&aacute;s tuanis, lo atienden bien a uno, lo cuidan a uno [...] Hay mucha gente que piensa que es para que lo mantengan a uno, pero no&hellip;&rdquo;. En los &uacute;ltimos meses, tambi&eacute;n estuvo vi&eacute;ndose con una de 12, pero la madre le amenaz&oacute; con denunciarlo. Torcido, dice su abuela To&ntilde;a, necesitar&iacute;a un psic&oacute;logo.
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                </figure><p class="article-text">
        Antes de ser detenido en Lawrence&nbsp;(Kansas, EEUU), Torcido y la adolescente estadounidense de 17 a&ntilde;os llevaban tres d&iacute;as mand&aacute;ndose fotos por Facebook Messenger y llam&aacute;ndose. La madre de la joven lo hab&iacute;a descubierto. Y lo hab&iacute;a denunciado. &ldquo;Uno es tan hijo de la gran puta, tan est&uacute;pido, despu&eacute;s de estar bien... &iexcl;Imag&iacute;nese ahora como estoy! [...] Ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, pero all&aacute; usted sabe que las mujeres desarrollan de volada, la g&uuml;irra [ni&ntilde;a] parec&iacute;a que ten&iacute;a como veinte a&ntilde;os. Por eso, se miraba tremenda yegua y teniendo mujer yo...&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La muerte</h3><p class="article-text">
        &mdash;Quisiera que la calaca [muerte] me llevara; estar vivo vale pija [poco], mejor estar abajo.
    </p><p class="article-text">
        Torcido prefiere estar abajo. Enterrado con 23 a&ntilde;os. Desaf&iacute;a en cada acto la posibilidad del amor. Y esa soledad que siente le hace hablar como un anciano harto de todo. Cuando fue deportado, en marzo de 2018, su abuela lo recogi&oacute; entre l&aacute;grimas en el aeropuerto de San Pedro Sula y lo llev&oacute; a un lugar que no exist&iacute;a para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Torcido lleg&oacute; a La Esperanza, pero antes de huir a New Jersey y luego a Lawrence, ya hab&iacute;a vivido en San Pedro Sula, en Yoro y en El Progreso, en el norte de Honduras. En cu&aacute;l de todos los lugares por los que pas&oacute; se perdi&oacute;, no lo sabe ni &eacute;l. Por eso est&aacute; desubicado en este pueblo de interior.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Primero tenemos que visitar la Unidad Municipal de Atenci&oacute;n Al Retornado (Umar) de La Esperanza, abierta en 2018 con fondos de la Organizaci&oacute;n Internacional de las Migraciones (OIM), y gestionada por el gobierno de Honduras. La Umar se resume en una mujer encargada, en una mesa, en una oficina compartida, en la Casa de Cultura. Ella tiene acceso a la Ficha Integral del Migrante Retornado que llenan los hondure&ntilde;os deportados una vez que atraviesan una de las fronteras y aeropuertos que los encierran de nuevo en su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En 2018, la edad media de esos deportados, en La Esperanza, era de 21 a&ntilde;os. Revisando las fichas de los retornados de esa edad aparece Torcido, en el barrio con m&aacute;s deportados de La Esperanza y hab&iacute;a puesto el tel&eacute;fono de su t&iacute;a en el formulario. Explicarle c&oacute;mo dimos con &eacute;l, nos devuelve su mirada m&aacute;s confusa. No entiende porqu&eacute; su historia es importante.
    </p><p class="article-text">
        Accede a platicar cuando le preguntamos si alguna vez ha hablado sobre c&oacute;mo se siente. Asiente y nos mira. Torcido es desconfiado. Sobre todo se siente solo. Dos fotos en su casa ahondan en esa soledad. Una es de su de t&iacute;o Selvin. La otra de su t&iacute;o Juanito. Ambos eran pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS13) en San Pedro. Fueron asesinados: Selvin por pretender salirse de la pandilla y Juanito, con quien convivi&oacute; toda su preadolescencia, por hurtar a espaldas de la pandilla.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        Con Juanito pasaba el tiempo robando. Delinquieron muchas veces. Presenci&oacute;, sentado a su lado, su muerte. Solo le qued&oacute; huir, escondi&eacute;ndose durante semanas hasta salir de Honduras. La herida de esta muerte es transversal al desarraigo en el que vive. Torcido quisiera estar muerto tambi&eacute;n. Pero recuerda lo que le dice su abuela: el que desea la muerte, nunca se muere. &ldquo;Mejor no desearla para morirse r&aacute;pido&rdquo;, le suele responder &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Aunque su familia es de Yoro, el departamento m&aacute;s homicida del pa&iacute;s en 2018, &eacute;l vivi&oacute; mucho tiempo en San Pedro Sula, la ciudad m&aacute;s violenta del mundo en 2015. La abuela &mdash;la viejita, le dice el nieto rebelde&mdash; le cri&oacute; hasta la adolescencia y ahora, simb&oacute;licamente, vuelve a criarlo.
    </p><p class="article-text">
        Torcido no era pandillero. De ni&ntilde;o, con Juanito como referente, le encantaba el ambiente, la ropa, los tatuajes. Sobre todo los tatuajes de l&aacute;grimas, que pueden significar haber matado o tener familiares muertos. &ldquo;A m&iacute; siempre me han gustado, siempre he alucinado con estas l&aacute;grimas y tambi&eacute;n alucino con los ojos, de repente me los tat&uacute;o. Mire, yo hice muchas estupideces aqu&iacute;, s&iacute; que anduve [con la pandilla], pero solo con el chamaco [Juanito] que era pandillero, nunca me llamaba la atenci&oacute;n de <em>brincarme</em> aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Brincarse a la MS13 significa recibir una paliza de 13 segundos para incorporarse a sus filas. La misma pandilla que admiraba, que mat&oacute; a sus t&iacute;os y le oblig&oacute; a dejar su pa&iacute;s para no ser asesinado, le convenci&oacute; de brincarse al cruzar la frontera. Fue en New Jersey, &mdash;no en Honduras&mdash;, donde se uni&oacute; a la MS13.
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle con insistencia por qu&eacute; se uni&oacute; a quienes quer&iacute;an matarlo, revela c&oacute;mo la violencia sustituye su idea deforme del amor: &ldquo;El diablo en vivo es ah&iacute;, es que eso es bueno. Mire, es mejor tener a la familia de pandilleros que tener a familia as&iacute;; los pandilleros, eso si es familia para uno, que dan la vida por uno&rdquo;, dice sentado en el bosque de pinos que queda encima de la famosa Gruta, una iglesia enclavada en una roca.
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        Por pobreza, hambre o muerte, tres tragedias que son una, cientos de miles de centroamericanos como Torcido huyen a EEUU, un pa&iacute;s que s&oacute;lo el &uacute;ltimo a&ntilde;o ha detenido a casi un mill&oacute;n de personas, muchas de ellas centroamericanas, tratando de cruzar ilegalmente su frontera.&nbsp; El problema dista de ser nuevo. Desde los sesenta, con Kennedy, ha habido muchos planes para el progreso de Centroam&eacute;rica. El PAPTN era el en&eacute;simo. El pen&uacute;ltimo de una larga lista que continuar&aacute; creciendo.
    </p><p class="article-text">
        La palabra Prosperidad es un eufemismo por no admitir que el objetivo siempre ha sido evitar que los migrantes huyan a Estados Unidos. El plan fue suspendido por Gobierno de Donald Trump en 2019. El dinero estadounidense no lleg&oacute; a los gobiernos centroamericanos. Los tres pa&iacute;ses se comprometieron a gastar dinero de sus presupuestos. Pero solo cambiaron el nombre a programas ya existentes para hacerlos parte del acuerdo.
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        En 2017, la Secretar&iacute;a de Finanzas de Honduras, eligi&oacute; ocho departamentos para ejecutar el primer presupuesto del PAPTN. S&oacute;lo valor&oacute; que tuvieran una tasa de homicidios m&aacute;s alta de la media, que estuvieran cerca de una carretera principal o zona franca y menor empleabilidad que el promedio nacional. Torcido no cab&iacute;a en ninguna de las categor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En 2018, el plan lleg&oacute; al departamento de Intibuc&aacute;, del que es cabecera el pueblo donde vive Torcido ahora. El foco se puso en las Secretar&iacute;as departamentales de Educaci&oacute;n y Salud. Pero solo sobre el papel. El presupuesto no aument&oacute;. Se puso una etiqueta del PAPTN en gastos que ya exist&iacute;an en anteriores presupuestos. Lo confirman en una entrevista los secretarios de ambas instituciones y los presupuestos detallados de los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, Estados Unidos convirti&oacute; a M&eacute;xico en su frontera sur. Externaliz&oacute; la contenci&oacute;n del flujo migratorio centroamericano y abandon&oacute; un PAPTN fracasado. El siguiente plan a&uacute;n no tiene nombre. S&oacute;lo se ha anunciado que, el foco pasa de lo regional a lo bilateral. M&eacute;xico, que contiene y gestiona, ser&aacute; quien reciba dinero ahora. Diferente frontera, mismo muro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El Gobierno de Trump no cambi&oacute; la realidad de Torcido ni sus ganas de regresar a Estados Unidos. Torcido no vio nada, no oy&oacute; de ning&uacute;n plan. S&oacute;lo vive obsesionado con que la piedra que carga, le caiga encima. Es un S&iacute;sifo suicida.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Despu&eacute;s de todo esto, &iquest;c&oacute;mo te sientes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo me siento yo? Con ganas de morirme, esa es la respuesta que les doy yo. Pero, pues, de tanto que deseo la muerte, la calaca [muerte] se me aleja m&aacute;s bien. Yo sufr&iacute; mucho y si yo me metiera a pedos [problemas] y en contarles toda mi <em>fucking</em>&nbsp;[jodida] historia y... &iquest;Me entienden? ... No terminamos hoy... &iquest;ya?
    </p><h3 class="article-text">La vida</h3><p class="article-text">
        &mdash;Y ahora mil quinientos pesos que le debes a la jura [polic&iacute;a] para recuperar tu moto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mil quinientos, vale pija.
    </p><p class="article-text">
        Torcido est&aacute; en un billar del centro hist&oacute;rico de La Esperanza, pero no juega. Suele pasar el tiempo en este lugar amplio y maloliente. Se sienta. Bebe cerveza, fuma. Nos presenta a un amigo que reci&eacute;n conoci&oacute;. Es de San Pedro Sula y huy&oacute; a La Esperanza cuando lo empezaron a extorsionar. Cuenta que &eacute;l extorsionaba tambi&eacute;n, que era colaborador de la pandilla Barrio 18, la enemiga de la MS13. Sus relaciones sociales, parece, se limitan a problemas. Torcido no habla con &eacute;l, prefiere platicarnos a nosotras. No tiene casi amigos en La Esperanza. Pasa dos horas sentado, con su letan&iacute;a de la muerte. La herida que no cierra es la de su vida inerte. A las 8 de la noche nos vamos, &eacute;l se queda solo, en medio de una hilera de sillas contra la pared, con la compa&ntilde;&iacute;a de su quinta cerveza. Nos vemos ma&ntilde;ana para almorzar en su casa, nos recuerda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hola. Me kitaron la moto&rdquo;. Es un mensaje de la una de la madrugada. Luego dos llamadas perdidas. Cuando le llamamos por la ma&ntilde;ana, tiene el celular apagado. Probamos con su joven t&iacute;a: Torcido no lleg&oacute; a dormir. No ten&iacute;a casi gasolina para la moto, pero no quiso irse del billar. Llega cerca de las dos de la tarde a casa, con cara de sue&ntilde;o. Parece que iba borracho, la polic&iacute;a le detuvo y le quit&oacute; la moto. Se qued&oacute; sin trabajo esta noche. Ya no vende tambos de gas y debe 1,500 lempiras (US$60) a la due&ntilde;a del negocio, que pag&oacute; la multa de la polic&iacute;a. No dice d&oacute;nde durmi&oacute;. Torcido no da explicaciones.
    </p><p class="article-text">
        No hay prosperidad para Torcido. Entre muchas razones, porque el modelo del Gobierno hondure&ntilde;o cuando hablaba de aquella Prosperidad en may&uacute;sculas, la de su impulso al capital humano, incluy&oacute; la creaci&oacute;n de la Unidad de Atenci&oacute;n al Retornado (Umar), una instituci&oacute;n vac&iacute;a. En La Esperanza tuvo que ser un organismo externo, internacional, la Organizaci&oacute;n Internacional de las Migraciones, la que detectara el aumento de deportados y la que pagara una oficina local para que el Gobierno delegue en una sola persona la responsabilidad de buscar soluciones de futuro para los que retornan.
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        Eso explica en parte que la instituci&oacute;n sea una desconocida en el municipio. En 2014, La Esperanza recibi&oacute; 307 deportados: dos de cada 100 personas de La Esperanza estaban en Estados Unidos o en tr&aacute;nsito hacia all&aacute;.&nbsp; Que esas 307 personas sean deportadas significa que dejan de enviar remesas desde Estados Unidos o tienen deudas que pagar por el viaje que no completaron para llegar al Norte. Pero a Torcido ninguna cifra le importa.
    </p><p class="article-text">
        A ninguna tragedia con nombre propio le importa ser parte de un indicador may&uacute;sculo. La Esperanza tiene casi catorce mil habitantes,169 de ellos fueron deportados en 2018. El hombre de las tres l&aacute;grimas es uno de esos 169. La cifra no suena impactante si Honduras, ese a&ntilde;o, recibi&oacute; 21,993 deportados. En relaci&oacute;n con su n&uacute;mero de habitantes, La Esperanza es quien se lleva la peor parte.
    </p><p class="article-text">
        Torcido se sacude la grama de la ropa y se levanta a observar la panor&aacute;mica de La Esperanza desde encima de la Gruta. El d&iacute;a es fresco y azul. Mira con perspectiva el pueblo donde no quiere estar. A Torcido la Unidad de Atenci&oacute;n no le suena de nada. No le importa que hace un a&ntilde;o el gobierno abriera la oficina de la Umar como parte del PAPTN. La responsable de la Umar carece de fondos para poder ayudar a los 17 de cada 1,000 habitantes del lugar que han sido deportados desde Estados Unidos. Apenas ha podido apoyar a una docena, dice, gracias a empresarios locales que necesitaban contratar gente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Torcido, ni sabiendo de la existencia de una oficina piensa ir a pedir ayuda para conseguir trabajo o para que la encargada le informe de si existe alg&uacute;n programa para retirar tatuajes, ahora que dice que no es pandillero. Como si &eacute;l pudiera decidir por s&iacute; solo. Como si no resultara mortalmente complicado salir de una pandilla. Para no parecer lo que es, le gustar&iacute;a quitarse las tres l&aacute;grimas de la cara. Pero, como si fuera su castigo, es la marca eterna de este S&iacute;sifo centroamericano.
    </p><p class="article-text">
        Dice que solo se atrever&iacute;a a viajar a buscar un centro para quitarse el tatuaje si es con su abuela, porque cree que lo matar&iacute;an en el camino. Pero en Honduras, no existen centros gratuitos para eliminar tatuajes, espacios que s&iacute; hab&iacute;a hace a&ntilde;os, cuando el antepen&uacute;ltimo plan&nbsp; financi&oacute; a un contratista que dispon&iacute;a de la m&aacute;quina y ten&iacute;a fondos para pagar al empleado que sab&iacute;a usarla. En alguno de los informes de alguno de los programas y alguna reformulaci&oacute;n de planes se elimin&oacute; el borrado de tatuajes. Eso s&iacute;, la prensa internacional la film&oacute; al menos tantas veces como tatuajes pudo borrar.
    </p><p class="article-text">
        Torcido miente a veces. Pero avisa cuando lo hace. Tras decirnos que sus tres l&aacute;grimas son por la muerte de tres familiares, le preguntamos que qui&eacute;n es el tercero, despu&eacute;s de sus t&iacute;os Selvin y Juanito. &ldquo;No, la verdad les voy a decir una cosa, no es de familiares, son cosas de la vieja escuela&rdquo;. No aclara si son asesinatos cometidos por &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Se queja de vivir en La Esperanza. Pero no tiene donde ir y lo sabe. Quiere regresar a Estados Unidos, el pa&iacute;s que no lo quiere a &eacute;l. Qu&eacute; hace en este tranquilo municipio, se pregunta, vestido con la ropa fancy de pandillero que compr&oacute; en Estados Unidos. Todos los d&iacute;as tiene que madrugar, obligado por el ritmo familiar. Muy a su disgusto, se levanta en la misma habitaci&oacute;n que sus dos sobrinos peque&ntilde;os, para luego desayunar tortillas, huevos y frijoles. Todas las semanas, ayuda a su abuelo campesino a pasear a sus quince vacas. Ya nada de marihuana o alcohol bueno, comida r&aacute;pida, ropa cara, o lentes de contacto azules, como antes. Torcido no se adapta. Pero dif&iacute;cilmente ser&aacute; por esta lista de carencias materiales.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Una &uacute;ltima pregunta y es una en concreto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me cago en el diablo, &iexcl;co&ntilde;o!
    </p><p class="article-text">
        El presente equivale al vac&iacute;o. No hay Estado para Torcido. Este deportado de 23 a&ntilde;os dice que ya no quiere pelear. Pero su familia lo ha maltratado y &eacute;l act&uacute;a con los mismos c&oacute;digos. Torcido se violenta a s&iacute; mismo. Nadie le va a ayudar a buscar un psic&oacute;logo, aunque en teor&iacute;a la Unidad de Atenci&oacute;n al Retornado deber&iacute;a brindarle ese servicio. Al menos ese. Le pedimos que se imagine un futuro. Elije la idea de una descendencia que le redima de sus tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Quiz&aacute;, piensa, pueda volver a empezar.
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        &ldquo;Yo lo que quiero es buscarme una mujer y aunque sea pegarle un hijo, para que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana cuando muera que quede la pinta ah&iacute;, porque, imag&iacute;nese, se muere uno y sin tener hijos. Ando sobre dos mujeres yo, una tiene 31 y la otra, 32. Los maridos est&aacute;n en Estados Unidos. Una tiene dos hijos y la otra tiene tres. Pero me vale pija [no importa]. Como dice el dicho: qui&eacute;n quiere la gallina, tambi&eacute;n tiene que querer los pollitos &iquest;no?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Este reportaje forma parte del proyecto period&iacute;stico 'Retorno' elaborado por la productora El Intercambio&nbsp;y financiado por Seattle International Foundation. Para verlo completo puedes ingresar a&nbsp;www.elintercamb.io/retorno</em><a href="https://elintercamb.io/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Intercambio</a><a href="https://seaif.org/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Seattle International Foundation</a><a href="http://www.elintercamb.io/retorno" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.elintercamb.io/retorno</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Alberto Arce, Oliver de Ros, Gerardo del Valle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/heridas-torcido_1_1296849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2019 20:24:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las tres heridas del Torcido: desplazado por la violencia, migrante en EEUU y deportado a Honduras]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Honduras,Estados Unidos,Centroamérica,Deportaciones]]></media:keywords>
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