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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Fernández Barbudo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos_fernandez_barbudo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Fernández Barbudo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Estadísticas oficiales y rastreo de móviles: quo vadis economía de la vigilancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/estadisticas-oficiales-rastreo-economia-vigilancia_129_1469191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2328f98b-982d-4a5f-90b6-3f3cb6e00679_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La preocupación social ante las capacidades tecnológicas que el Estado desarrolla en materia de vigilancia y control sobre la población están plenamente justificadas</p><p class="subtitle">Ahora que las telecos se han sumado a la economía de la vigilancia cabría preguntarnos qué va a ser de nuestra privacidad</p><p class="subtitle">Si los usuarios somos los que estamos generando la materia prima que luego transforman en mercancía la industria del seguimiento, ¿no deberíamos ser remunerados en función del valor que estamos aportando?</p></div><p class="article-text">
        Este martes, <em>El Pa&iacute;s</em> informaba de que el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica ha cerrado un acuerdo con las principales empresas de telefon&iacute;a m&oacute;vil del pa&iacute;s para llevar a cabo un estudio in&eacute;dito: trazar la movilidad geogr&aacute;fica de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola durante ochos d&iacute;as, del 18 al 21 de noviembre, el 24 de noviembre, el 25 de diciembre, el 20 de julio y el 15 de agosto. El objetivo no ser&iacute;a otro que conocer c&oacute;mo nos desplazamos en esas fechas y as&iacute; poder ofrecer una informaci&oacute;n m&aacute;s detalladas a los responsables pol&iacute;ticos de cara a la mejora de la infraestructura de transportes.
    </p><p class="article-text">
        La reciente sensibilidad que hemos desarrollado por la privacidad, impensable tan s&oacute;lo hace unos pocos a&ntilde;os, hizo que las redes ardieran ante esta informaci&oacute;n y el ruido se apoderara de la conversaci&oacute;n. No quedaba claro c&oacute;mo se llevar&iacute;a a cabo el estudio ni a qu&eacute; informaci&oacute;n tendr&iacute;a acceso el INE, lo cual llev&oacute; a que la AEPD se pronunciase y anunciara que pedir&iacute;a al organismo estad&iacute;stico detalles sobre los protocolos con los que llevar&aacute; a cabo el tratamiento de los datos. La preocupaci&oacute;n social ante las capacidades tecnol&oacute;gicas que el Estado desarrolla en materia de vigilancia y control sobre la poblaci&oacute;n est&aacute;n plenamente justificadas. No en vano, ha sido gracias a este tipo de pol&eacute;micas que hoy contamos con avanzadas legislaciones, muy dif&iacute;ciles de hacer cumplir, en materia de protecci&oacute;n de datos de car&aacute;cter personal. Sin el caso SAFARI, por ejemplo, Francia no contar&iacute;a hoy con la Comisi&oacute;n Nacional de la Inform&aacute;tica y las Libertades.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, que el INE utilice datos sobre millones de espa&ntilde;oles para saber qu&eacute; hacemos y c&oacute;mo nos comportamos no es algo nuevo, de hecho es la raz&oacute;n de ser de un organismo estad&iacute;stico. El problema est&aacute; en que no sabemos exactamente qu&eacute; informaci&oacute;n van a facilitar las telecos y, por tanto, si el principio de proporcionalidad al que est&aacute; sujeto el INE por la Ley 12/1980 se cumplir&aacute;. Esto no es una cuesti&oacute;n menor, ya que el volumen de informaci&oacute;n disponible es clave para saber si los datos ser&aacute;n aut&eacute;nticamente an&oacute;nimos: m&uacute;ltiples estudios han avisado de que una informaci&oacute;n correctamente anonimizada puede dejar de serlo si se cruza con otras fuentes de informaci&oacute;n; y eso es algo relativamente sencillo en la &eacute;poca del Big Data.
    </p><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica se ha centrado demasiado en el papel del INE y eso est&aacute; haciendo que pase desapercibido el n&uacute;cleo del problema: las empresas de telecomunicaciones llevan a&ntilde;os haciendo negocio con la venta de datos sobre el comportamiento de sus clientes. Por ejemplo, Telef&oacute;nica a trav&eacute;s de su unidad de datos, LUCA, ofrece a las administraciones p&uacute;blicas un servicio de &ldquo;turismo inteligente&rdquo; cuyo fin es, precisamente, la venta de datos estad&iacute;sticos sobre c&oacute;mo se desplazan por el territorio los turistas, conocer cu&aacute;l es su perfil socioecon&oacute;mico, descubrir sus patrones de comportamiento e incluso medir el impacto econ&oacute;mico de un evento concreto.
    </p><p class="article-text">
        La publicidad ha sido hist&oacute;ricamente la industria que mayor inter&eacute;s ha tenido por conocer cu&aacute;les son los gustos de la poblaci&oacute;n. A m&aacute;s informaci&oacute;n, mayor capacidad para acertar mejor con sus mensajes. No es casual, por tanto, que las principales empresas que dominan el sector de Internet hayan basado su modelo de negocio en el desarrollo de una econom&iacute;a de la vigilancia orientada a la extracci&oacute;n de datos sobre el comportamiento de los usuarios. Al fin y al cabo, Google, Facebook y Twitter son empresas que viven de la venta de publicidad, y su ventaja competitiva es que pueden ofrecer a los anunciantes herramientas muy precisas para definir el p&uacute;blico de sus anuncios. Sus servicios no son gratuitos para los usuarios, les estamos pagando con nuestros datos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que las telecos se han sumado a la econom&iacute;a de la vigilancia cabr&iacute;a preguntarnos qu&eacute; va a ser de nuestra privacidad. Si ya era preocupante la cantidad de informaci&oacute;n que almacenan las plataformas digitales sobre nosotros, &iquest;qu&eacute; podremos esperar de unas empresas que tienen la capacidad de observar todo nuestro tr&aacute;fico de datos y voz, y que pueden geolocalizarnos a trav&eacute;s de los repetidores de telefon&iacute;a m&oacute;vil con mayor precisi&oacute;n que cualquier plataforma digital?
    </p><p class="article-text">
        A las cl&aacute;sicas preguntas de car&aacute;cter &eacute;tico y pol&iacute;tico sobre los problemas que implica esta falta de privacidad, cabe a&ntilde;adir una reflexi&oacute;n sobre la justicia econ&oacute;mica que esta econom&iacute;a de la vigilancia plantea. Si los usuarios somos los que estamos generando la materia prima que luego transforman en mercanc&iacute;a la industria del seguimiento, &iquest;no deber&iacute;amos ser remunerados en funci&oacute;n del valor que estamos aportando? El caso del INE es paradigm&aacute;tico: estamos pagando v&iacute;a impuestos por unos datos que nosotros mismos generamos.
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil responder a esta pregunta, est&aacute; en juego el derecho fundamental a la privacidad y quiz&aacute; deber&iacute;amos negarnos a que se siguiese desarrollando este mercado de datos. Lo que es seguro es que el actual enfoque basado en la protecci&oacute;n de datos de car&aacute;cter personal resulta insuficiente y urge plantear la privacidad en el contexto de la econom&iacute;a de la vigilancia: es hora de regular el mercado de datos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Fernández Barbudo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/estadisticas-oficiales-rastreo-economia-vigilancia_129_1469191.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Oct 2019 22:53:12 +0000]]></pubDate>
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