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    <title><![CDATA[elDiario.es - Susana Aguilar Fernández]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/susana_aguilar_fernandez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Susana Aguilar Fernández]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las heroínas del voto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/heroinas-voto_132_1282094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué las mujeres votan tanto o más que los hombres, si el ejercicio de votar es algo que ellas perciben más costoso que ellos?</p></div><p class="article-text">
        Votar entra&ntilde;a costes de informaci&oacute;n para decidir a qui&eacute;n votar y costes relacionados con el acto mismo de ir votar el d&iacute;a de las elecciones, en t&eacute;rminos de tiempo, esfuerzo, renuncia a hacer otras cosas, o incluso peque&ntilde;os gastos monetarios. Sabemos que&nbsp;<a href="https://doi.org/10.1080/17457289.2019.1658196" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los costes de votar</a> dependen de diversos factores objetivos y subjetivos, y recientemente&nbsp;<a href="https://doi.org/10.1093/sp/jxz037" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hemos comprobado</a> que las mujeres perciben el acto de votar como m&aacute;s costoso que los hombres. Si los costes son mayores para ellas, el&nbsp;<a href="https://www.researchgate.net/publication/322725822_La_decision_de_votar_homo_economicus_versus_homo_sociologicus" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">modelo racional downsiano</a> anticipa que no se molestar&aacute;n en ir a las urnas en la misma medida que los hombres. Sin embargo, tambi&eacute;n sabemos que esto no es as&iacute;. Pero no siempre el diferencial de participaci&oacute;n electoral por g&eacute;nero fue inexistente.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros estudios de comportamiento electoral demostraron que la participaci&oacute;n de las mujeres era inferior a la de los hombres, aunque en pa&iacute;ses como Suecia la brecha de g&eacute;nero comenz&oacute; a reducirse de manera temprana en los a&ntilde;os 50. Ya en las d&eacute;cadas de los 80 y 90, las diferencias se amortiguaron o incluso se revirtieron en muchos&nbsp;<a href="https://www.cawp.rutgers.edu/facts/voters/turnout" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pa&iacute;ses desarrollados</a> y en <a href="https://doi.org/10.1177/0262728016675529" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunos en v&iacute;as de desarrollo</a>.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esta reducci&oacute;n de las diferencias, con la ayuda de la base de datos Making Electoral Democracy Work (<a href="https://doi.org/10.7910/DVN/RR0NNQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">MEDW</a>), queremos comprobar si una percepci&oacute;n alta de los costes del voto reduce la propensi&oacute;n a votar. MEDW recoge la siguiente pregunta sobre los costes (&ldquo;&iquest;es dif&iacute;cil votar?&rdquo;) con cuatro alternativas (&ldquo;votar es muy f&aacute;cil, f&aacute;cil, algo dif&iacute;cil, y muy dif&iacute;cil&rdquo;), que han sido recodificadas de manera binaria (1, para quienes lo encuentran algo o muy dif&iacute;cil, y 0, para quienes lo ven f&aacute;cil o muy f&aacute;cil).
    </p><p class="article-text">
        La Tabla 1 muestra que s&iacute;: los costes tienen un efecto negativo y estad&iacute;sticamente significativo sobre la participaci&oacute;n electoral, tanto para las mujeres como para los hombres. Este efecto es grande: la probabilidad de votar se reduce en 19,6 puntos porcentuales para los hombres (0,688-0,884) y en 16,7 (=0,689-0,855) para las mujeres. Aun as&iacute;, la tasa de participaci&oacute;n es similar para ambos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Es interesante rese&ntilde;ar que, aunque los anteriores resultados se mantienen en todos los pa&iacute;ses, existen diferencias que van desde los 6,7 puntos porcentuales en Francia a los 21,0 en Suiza.
    </p><p class="article-text">
        La existencia de una brecha de g&eacute;nero en relaci&oacute;n a los costes del voto tiene una importante implicaci&oacute;n normativa: si los grupos que perciben altos costes, y que por lo tanto se sit&uacute;an en un plano de desventaja pol&iacute;tica, muestran una menor propensi&oacute;n a ejercer su derecho al voto, el principio de igualdad pol&iacute;tica, uno de los principales pilares de la democracia, est&aacute; siendo vulnerado. Pero incluso si terminan participando en la misma medida, asumiendo un exceso de costes, la igualdad pol&iacute;tica resulta comprometida. El hecho de que las mujeres en los pa&iacute;ses desarrollados participen tanto como los hombres indica que est&aacute;n dispuestas a soportar esos mayores costes. Pero &iquest;ocurre lo mismo con las mujeres en pa&iacute;ses no desarrollados? No olvidemos que es probable que, en dichos pa&iacute;ses, la administraci&oacute;n electoral exhiba diversas deficiencias, plasmadas por ejemplo en una escasez de colegios electorales que, adem&aacute;s, se pueden situar a larga distancia. De producirse esta situaci&oacute;n, las principales perjudicadas ser&iacute;an las mujeres, que tienen menos recursos (coches para desplazarse) y, adem&aacute;s, deben ocuparse de su numerosa prole.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltima instancia, tanto si hablamos de percepciones como de hechos objetivos, la realidad es la misma: el ejercicio del derecho m&aacute;s fundamental en democracia es m&aacute;s costoso para una de las dos mitades de la poblaci&oacute;n. Que las mujeres, a pesar de estas dificultades, sigan ejerciendo su derecho a votar tanto o m&aacute;s que los hombres, las convierte, sin lugar a dudas, en las &ldquo;hero&iacute;nas del voto&rdquo;. Intuimos que este comportamiento &ldquo;heroico&rdquo; est&aacute; conectado con la creencia de que votar representa un deber c&iacute;vico o moral. La Tabla 2 muestra el efecto de la creencia de que votar es un deber sobre el voto. Este efecto es considerablemente mayor para las mujeres: los costes m&aacute;s altos que ellas perciben son compensados por el impacto desproporcionado del efecto del deber sobre el voto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        L&oacute;gicamente, tal resultado plantea nuevas preguntas: &iquest;por qu&eacute; tiene el deber un impacto tan grande para las mujeres? &iquest;podr&iacute;a ser que ellas fueran conscientes de su tard&iacute;a (en relaci&oacute;n a los hombres) conquista del derecho al voto y de la lucha que libraron por su obtenci&oacute;n? &iquest;podr&iacute;a ser que piensen que ejercer tal derecho puede contribuir a reducir las brechas de g&eacute;nero existentes? Necesitamos indudablemente de datos de encuesta actualmente no disponibles para contestar a tales preguntas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrés Santana, Susana Aguilar Fernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/heroinas-voto_132_1282094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Nov 2019 20:59:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las heroínas del voto]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones 10N 2019]]></media:keywords>
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