<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Abelardo Muñoz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/abelardo_munoz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Abelardo Muñoz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/517871/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Voces contra la exclusión: guetificación y pobreza en los poblados marítimos de Valencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/voces-exclusion-guetificacion-maritimos-valencia_1_1027919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mujeres de la asociación Brúfol."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vivienda es el problema central que determina todos los demás en los barrios donde se refugia la marginación</p></div><p class="article-text">
        En los poblados mar&iacute;timos valencianos barrios enteros se han convertido en peque&ntilde;os guetos que nadie parece querer ver. Natzaret, El Cabanyal y La Malva-rosa, cada uno tiene su trozo de pobreza. N&uacute;cleos guetificados donde viven los inmigrantes pobres y ciudadanos en riesgo de exclusi&oacute;n. Para los activistas sociales y colectivos que trabajan en la zona no es un problema de etnias, es sencillamente pobreza integral.
    </p><p class="article-text">
        Son las diez de la ma&ntilde;ana en El Cabanyal y una patrulla de la Polic&iacute;a Local anda quitando la ropa tendida en las aceras, en las calles de la &ldquo;zona cero&rdquo;. Lo hacen porque tender en la v&iacute;a p&uacute;blica va contra la normativa. La tiran a los contenedores ante la mirada de las mujeres rumanas que la han colgado. Para estas mujeres, madres de extensa prole, no es el peor problema. Desde hace meses, y con la tendencia de gentrificaci&oacute;n que inunda el barrio, con la burbuja de los alquileres hinch&aacute;ndose y el enfoque urbano hacia el turismo, las m&aacute;s de cien familias rumanas que se dedican a la chatarra se las ven dif&iacute;cil para pagar el alquiler de los bajos y pisos que habitan. Los caseros les suben el alquiler y ellos tienen que apretarse m&aacute;s en las casas realquilando habitaciones.
    </p><p class="article-text">
        Nicoletta Sorika, 26 a&ntilde;os, mediadora de la Asociaci&oacute;n Br&uacute;fol, afirma que intentaron llegar a un acuerdo con la polic&iacute;a, tendiendo a unas horas concretas, pero la cosa no ha cuajado. Nicoletta da clases de espa&ntilde;ol y alfabetizaci&oacute;n y ayuda a rellenar impresos a dos docenas de mujeres rumanas en un bajo de los Bloques Portuarios. Es la Asociac&oacute;n Br&uacute;fol subvencionada por el Ayuntamiento y que se ocupa de asistir a las familias con problemas. Nicoletta dice que desde que se rehabilita el barrio las cosas se han puesto muy feas: &ldquo;Los due&ntilde;os de las casas echan a la gente para alquilarlas a turistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jordi Bosch, colaborador y miembro de Br&uacute;fol, es el director del colegio concertado Santiago Ap&oacute;stol. Aqu&iacute; cursan primaria decenas de ni&ntilde;as y ni&ntilde;as de etnia gitana. Lleva trece a&ntilde;os trabajando en el barrio y anda siempre indignado por las situaciones de injusticia que contempla a diario. &ldquo;La principal cuesti&oacute;n es la ausencia de un plan coordinado de inclusi&oacute;n para las familias gitanas. Aqu&iacute; trabajamos con sectores poblacionales  donde nunca nadie ha conseguido un graduado en secundaria. Este es un alumnado dif&iacute;cil. Pero echamos en falta pol&iacute;ticas de apoyo al estudio. Pol&iacute;ticas de integraci&oacute;n, es lo que necesitamos. Vivienda, servicios sociales, educaci&oacute;n&hellip;&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El contexto social no ayuda. Jordi recuerda que, cuando se inici&oacute; la crisis, las familias se dedicaban a rebuscar en la basura. Pero lleg&oacute; un momento en que ya no hab&iacute;a nada que rebuscar. Las familias comenzaron a salir temprano para encontrar algo, de lo contrario no pod&iacute;an comer. Los chatarreros rumanos de El Cabanyal se llevan lo que encuentran al rastro de la localidad de Corbera, muy popular en la Ribera Baixa, o al de Valencia.
    </p><p class="article-text">
        Br&uacute;fol trabaja con una decena de familias en las Casitas Rosas de la Malva-rosa, un gueto estigmatizado y cr&oacute;nico en donde algunas viviendas albergan minoristas de la droga. La permanencia de ese mercado ilegal invisible en medio del barrio, responde a una pol&iacute;tica de la administraci&oacute;n, seg&uacute;n opina el activista Guillem de Espai Veinal: &ldquo;Las Casitas siguen as&iacute; porque responden a una pol&iacute;tica que dise&ntilde;a el mercado de la droga lejos del centro. Para no dar mal efecto. Ocultarlo en un villorrio sin futuro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al otro extremo de la fachada litoral, en el barrio de Natzaret los pobres se concentran en los bloques de las viejas casas obreras de protecci&oacute;n oficial hoy conocidos como Bloques Katanga. Las llamadas <em>casitas de papel</em>, viejo gueto de la &eacute;poca franquista, desaparecieron hace a&ntilde;os y hoy el barrio tiene tres enclaves bien diferenciados donde viven las minor&iacute;as inmigrantes. Los espa&ntilde;oles gitanos, los rumanos y los nigerianos. Juntos pero no revueltos en un barrio m&aacute;rtir acosado por la incesante prolongaci&oacute;n del puerto y que trata de mantener su dignidad hist&oacute;rica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Los barrios perif&eacute;ricos siempre atraen a la poblaci&oacute;n pobre. Si hablamos de guetificaci&oacute;n, hay una intenci&oacute;n pol&iacute;tica en ello. Natzaret es un barrio portuario, hecho que lo convierte en un barrio aislado&rdquo;, afirma un miembro de la Asociaci&oacute;n El Arca, entidad que ocupa un bajo en el extremo del barrio y que se dedica a la intervenci&oacute;n social, con ni&ntilde;os y con familias.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Aqu&iacute; hab&iacute;a unas vivienda sociales que se fueron desmantelando en los ochenta. Era un peque&ntilde;o gueto con las familias reubicadas por la riada. La Asociaci&oacute;n de Vecinos dignific&oacute; y asegur&oacute; a las familias sus nuevas casas. La novedad fueron las bolsas de poblaci&oacute;n inmigrante que llegaron al barrio. Sin lugar a dudas ha habido racismo al considerar a la poblaci&oacute;n gitana como extra&ntilde;a. Y la gente que se siente extra&ntilde;a tiende a unirse, como aqu&iacute; las familias nigerianas, se juntan por seguridad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este miembro de la asociaci&oacute;n El Arca revela que ahora mismo hay un problema importante de trata de blancas en esta zona de la ciudad. Las chicas subsaharianas siguen en las esquinas de La Punta ejerciendo la prostituci&oacute;n. Hay cosas que parecen no cambiar. Los peligros del gueto y la delincuencia siguen vivos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si entro en un espacio de miseria, tengo comportamientos vitales de miseria. No pago la luz, ni agua, okupo el piso y, adem&aacute;s, dedicarse a la chatarra honradamente es ilegal. Cuando los chatarreros son aut&eacute;nticos y necesarios recicladores. Por otro lado, el Estado es para las familias excluidas la amenaza en persona. La polic&iacute;a es la muerte para ellos. Cuando &eacute;sta aparece siempre es portadora de malas noticias, que si el desahucio, que si cortar la luz. Casi nunca viene para decirte que te han conseguido una beca para el chiquillo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En El Arca de Natzaret hay 19 personas trabajando, tienen un centro de menores con 36 plazas concertado con la conselleria. Seg&uacute;n su percepci&oacute;n, en el barrio hay temporadas con calma tensa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Al haberse convertido en un territorio tan plurinacional y multicultural, hay conflictos. Y cuando hay miseria hay competencia. Cuando los gitanos se refieren a los payos tambi&eacute;n incluyen a los subsaharianos: payos negros, les llaman. Los ni&ntilde;os no son ni payos ni gitanos, pertenecen a una comunidad y asimilan esa cultura. Pero crecen en una cultura que los amenaza. Los rumanos son el grupo social peor tratado. Los espa&ntilde;oles se sienten desplazados por estos. Son comportamientos relacionados con la miseria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; tiene esposa y cuatro hijos, la Mely, las m&aacute;s chica, tiene un a&ntilde;o. Es gitano y trabaja en lo que puede. Desde hace varias semanas toda la familia est&aacute; en vilo. Vive en una casa de propiedad municipal de manera ilegal y les han dado un ultim&aacute;tum. Han venido de Cabanyal 2010, la empresa municipal que gestiona la urbanizaci&oacute;n del barrio, y les han dicho que se tienen que marchar, y sin alternativa habitacional. Joselito no sabe d&oacute;nde meterse y ha ido a ver al juez para suplicar que que le aplacen el desalojo. Es un drama cotidiano en los Bloques Portuarios y otras zonas en precario del barrio.
    </p><p class="article-text">
        Para Jordi Bosch esos desahucios son un problema que rompe el trabajo educativo de muchos a&ntilde;os. Algunas familias que tienen ni&ntilde;os aqu&iacute; se tienen que trasladar a Benim&agrave;met a la fuerza. En esos casos, si tienen que abandonar el barrio, se rompe la convivencia habitual y el desastre educativo est&aacute; asegurado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Para Guillem, de la plataforma activista Espai Veinal, que lleva a&ntilde;os alertando y haciendo seguimiento de los desalojos, todos estos problemas responden al modelo de ciudad que se impulsa y en especial en El Cabanyal. &ldquo;Valencia se est&aacute; construyendo seg&uacute;n el modelo de ciudad tur&iacute;stica, el clima, el mar. Durante un tiempo interesaba degradar los espacios del litoral para luego apropi&aacute;rselos en plan urban&iacute;stico. Hace unos a&ntilde;os era la burbuja del alquiler. Ahora es la burbuja cultural. Un bar en cada esquina y convertir El Cabanyal en un parque tem&aacute;tico de la restauraci&oacute;n, como ha pasado en Russafa. La cuesti&oacute;n es esta: excluir a un tipo de poblaci&oacute;n con poco recursos para promocionar otro modelo de poblador: el turista del buen vivir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda es el problema central que determina todos los dem&aacute;s. Jordi, de Br&uacute;fol, sostiene que para que haya inclusi&oacute;n deber&iacute;a haber viviendas sociales en todo los barrios. De hecho, la vivienda social de Valencia es la m&aacute;s baja del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Con la renta valenciana de inclusi&oacute;n (RVI) se va avanzando, pero el problema es que no hay alquiler disponible para esas familias. La burbuja es tal que la situaci&oacute;n es extrema, y m&aacute;s para familias gitanas. Nadie les alquila, aunque tengan dinero para pagar. Eso es antigitanismo puro y duro. Si el acceso a la vivienda sigue siendo una quimera, &iquest;qu&eacute; hacer? Ocupar casas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Generalitat ha elaborado un documento titulado Gobernanza de la Estrategia Valenciana para la Igualdad y la Inclusi&oacute;n del Pueblo Gitano. Un pomposo t&iacute;tulo para un dossier todav&iacute;a en esquema y en espera de contenido, que intenta trazar l&iacute;neas estrat&eacute;gicas para solucionar, &ldquo;la situaci&oacute;n de exclusi&oacute;n en la que se encuentran entre 75.000 y 100.000 personas gitanas que se estima viven en la Comunidad Valencina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la Fundaci&oacute;n Secretariado Gitano de Valencia, de la calle de Concha Espina, Lola Fern&aacute;ndez, su presidenta, comenta el desolador informe sobre Espa&ntilde;a del relator especial de la ONU, Philip Amstrong, sobre pobreza. Nuestro pa&iacute;s est&aacute; en segundo lugar, tras Rumania en pobreza infantil. &ldquo;Nosotros impulsamos programas con impacto pero la Administraci&oacute;n es la responsable en &uacute;ltimo t&eacute;rmino. Aparte de las entidades sociales esta la responsabilidad p&uacute;blica para que haya un cambio radical&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Para Isa Lozano, concejala de Servicios Sociales y Vivienda del Ayuntamiento de Valencia, el cambio ya est&aacute; en marcha, aunque requiere su tiempo. Tras d&eacute;cadas de dar la espalda a los problemas de la pobreza las cosas empiezan a cambiar. La Renta de Inclusi&oacute;n la ha puesto en marcha su concejal&iacute;a. Es un paso pero no suficiente. Para ella, la  guetificaci&oacute;n y la pobreza en los poblados mar&iacute;timos, as&iacute; como de otros barrios valencianos, responden a una pol&iacute;tica funesta que viene de lejos; una pol&iacute;tica de abandono de ciertos distritos de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las situaciones de pobreza y exclusi&oacute;n en La Malva-rosa, y sobre todo, en El Cabanyal y Natzaret, son el resultado de muchos a&ntilde;os en los que no se ha invertido en los barrios. No se ha prestado atenci&oacute;n a garantizar infraestructuras de manera equilibrada en todas las zonas de la ciudad. Queremos revertir todo eso. La intervenci&oacute;n social no es asfaltar una calle o rehabilitar un edificio. Los procesos de integraci&oacute;n son largos. El Estado espa&ntilde;ol tiene una pol&iacute;tica de vivienda deficitaria. El parque estatal es irrisorio. Ahora mismo tenemos 135 viviendas p&uacute;blicas. Cuando el gobierno municipal progresista lleg&oacute; en 2015 hab&iacute;a 97 viviendas p&uacute;blicas en la ciudad de Valencia. Barcelona tiene 12.000&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La concejala de Comprom&iacute;s se felicita, en su despacho de la sede de Tabacalera, de la &ldquo;sinergia perfecta&rdquo; que supone tener Servicios Sociales y Vivienda juntos. Una coordinaci&oacute;n larga mente esperada por las entidades sociales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Sabemos que hay situaciones de pobreza en Natzaret, El Cabanyal, Orriols, Fuensanta, Benim&agrave;met&hellip;, y tambi&eacute;n antigitanismo. Tenemos una mirada discriminatoria. Acabar con todo eso no es solo cosa de los servicios sociales. La pobreza la tienen que abordar vivienda, educaci&oacute;n, urbanismo. La concejal&iacute;a ha creado un equipo de atenci&oacute;n integral a la vivienda precaria. Atendemos a unas 300 familias. El grupo interviene, hace seguimiento y trata de ofrecer soluciones. Y trabajamos con mediadores y entidades sociales que hacen un papel clave&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Contra los guetos Lozano manifiesta: &ldquo;Vamos a acabar con esa pol&iacute;tica de la vivienda de tenerlos ah&iacute; juntos, en vez de en el centro de la ciudad. As&iacute; arrinconamos el problema y los acordonamos. Este criterio perverso va en contra por completo de la pol&iacute;tica social de vivienda que esta concejal&iacute;a est&aacute; impulsando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un informe de trabajo de una mesa redonda organizada por Viu i Conviu sobre el barrio de El Cabanyal en 2014 y celebrada en la Universidad Polit&eacute;cnica propon&iacute;a lo siguiente como conclusi&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La principal propuesta que se debe realizar es pedir <em>coherencia en las pol&iacute;ticas municipales</em>: no tiene sentido que desde las pol&iacute;ticas urban&iacute;sticas se est&eacute;n generando unos problemas, muy graves para una parte de la poblaci&oacute;n y que desde otra concejal&iacute;a se trate de ayudar a esa poblaci&oacute;n a superar sus problemas&rdquo;. Pese a que la propuesta data de hace un lustro, el problema sigue vivo en 2020.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abelardo Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/voces-exclusion-guetificacion-maritimos-valencia_1_1027919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2020 20:20:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="196069" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="196069" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Voces contra la exclusión: guetificación y pobreza en los poblados marítimos de Valencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Veus contra l’exclusió: guetització i pobresa als Poblats Marítims de València]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/veus-guetitzacio-poblats-maritims-valencia_1_1030880.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mujeres de la asociación Brúfol."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">L’habitatge és el problema central que en determina tots els altres als barris on es refugia la marginació</p></div><p class="article-text">
        Als Poblats Mar&iacute;tims valencians barris sencers s&rsquo;han convertit en guetos menuts que ning&uacute; sembla voler veure. Natzaret, el Cabanyal i la Malva-rosa, cadascun t&eacute; el seu tros de pobresa. Nuclis guetitzats on viuen els immigrants pobres i ciutadans en risc d&rsquo;exclusi&oacute;. Per als activistes socials i els col&middot;lectius que treballen a la zona no &eacute;s cap problema d&rsquo;&egrave;tnies, &eacute;s senzillament pobresa integral.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;n les deu del mat&iacute; al Cabanyal i una patrulla de la Policia Local camina llevant la roba estesa a les voreres, als carrers de la &ldquo;zona zero&rdquo;. Ho fan perqu&egrave; estendre a la via p&uacute;blica va contra la normativa. La llancen als contenidors davant de la mirada de les dones romaneses que l&rsquo;han estesa. Per a aquestes dones, mares amb una prole extensa, no &eacute;s el pitjor problema. Des de fa mesos, i amb la tend&egrave;ncia de gentrificaci&oacute; que inunda el barri, amb la bambolla dels lloguers unflant-se i l&rsquo;enfocament urb&agrave; cap al turisme, les m&eacute;s de cent fam&iacute;lies romaneses que es dediquen a la ferralla ho tenen dif&iacute;cil per a pagar el lloguer dels baixos i dels pisos que habiten. Els amos els apugen el lloguer i ells han ha de viure m&eacute;s estrets a casa rellogant-ne les habitacions.
    </p><p class="article-text">
        Nicoletta Sorika, 26 anys, mediadora de l&rsquo;Associaci&oacute; Br&uacute;fol, afirma que van intentar arribar a un acord amb la policia, estenent a unes hores concretes, per&ograve; la idea no ha anat avant. Nicoletta fa classes d&rsquo;espanyol i alfabetitzaci&oacute;, i ajuda a emplenar impresos a dues dotzenes de dones romaneses en un baix dels Blocs Portuaris. &Eacute;s l&rsquo;Associaci&oacute; Br&uacute;fol subvencionada per l&rsquo;Ajuntament i que s&rsquo;ocupa d&rsquo;assistir les fam&iacute;lies amb problemes. Nicoletta diu que, des que es va rehabilitant el barri, les coses han empitjorat molt: &ldquo;Els amos de les cases fan fora la gent per llogar-les als turistes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jordi Bosch, col&middot;laborador i <em>alma mater</em> de Br&uacute;fol, &eacute;s el director del col&middot;legi concertat Santiago Ap&oacute;stol. Ac&iacute; fan prim&agrave;ria desenes de xiquetes i xiquetes d&rsquo;&egrave;tnia gitana. Fa tretze anys que treballa al barri i est&agrave; sempre indignat per les situacions d&rsquo;injust&iacute;cia que contempla di&agrave;riament. &ldquo;La q&uuml;esti&oacute; principal &eacute;s l&rsquo;abs&egrave;ncia d&rsquo;un pla coordinat d&rsquo;inclusi&oacute; per a les fam&iacute;lies gitanes. Ac&iacute; treballem amb sectors poblacionals en qu&egrave; mai ning&uacute; ha aconseguit un graduat en secund&agrave;ria. Aquest &eacute;s un alumnat dif&iacute;cil. Per&ograve; trobem a faltar pol&iacute;tiques de suport a l&rsquo;estudi. Pol&iacute;tiques d&rsquo;integraci&oacute;, aix&ograve; &eacute;s el que necessitem. Habitatge, serveis socials, educaci&oacute;&hellip;&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/544f65ee-0888-4dc4-a226-2621104315bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El context social no hi ajuda. Jordi recorda que, quan va comen&ccedil;ar la crisi, les fam&iacute;lies es dedicaven a espigolar en el fem. Per&ograve; va arribar un moment en qu&egrave; ja no hi havia res a espigolar. Les fam&iacute;lies van comen&ccedil;ar a eixir d&rsquo;hora per a anar a trobar alguna cosa; si no, no podien menjar. Els ferrovellers romanesos del Cabanyal s&rsquo;emporten el que troben al rastre de la localitat de Corbera, molt popular a la Ribera Baixa, o al de Val&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Br&uacute;fol treballa amb una desena de fam&iacute;lies a les Casetes Roses de la Malva-rosa, gueto estigmatitzat i cr&ograve;nic on hi ha habitatges que alberguen menudistes de la droga. La perman&egrave;ncia d&rsquo;aquest mercat il&middot;legal invisible enmig del barri respon a una pol&iacute;tica de l&rsquo;Administraci&oacute;, a parer de l&rsquo;activista Guillem d&rsquo;Espai Ve&iuml;nal: &ldquo;Les Casetes continuen aix&iacute; perqu&egrave; responen a una pol&iacute;tica que dissenya el mercat de la droga lluny del centre. Per no fer mal efecte. Amagar-ho en un llogaret sense futur&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A l&rsquo;altra banda de la fa&ccedil;ana litoral, al barri de Natzaret els pobres es concentren als blocs de les velles cases obreres de protecci&oacute; oficial actualment coneguts com a Blocs Katanga. Les anomenades Casetes de Paper, vell gueto de l&rsquo;&egrave;poca franquista, van desapar&eacute;ixer fa uns quants anys i hui el barri t&eacute; tres enclavaments ben diferenciats on viuen les minories immigrants. Els espanyols gitanos, els romanesos i els nigerians. Tots d&rsquo;un ventre i cadasc&uacute; del seu temple en un barri m&agrave;rtir assetjat per la prolongaci&oacute; incessant del port i que tracta de mantindre la seua dignitat hist&ograve;rica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ab28a35f-0ed7-4b78-9299-cdd274f23d21_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Els barris perif&egrave;rics sempre atrauen la poblaci&oacute; pobra. Si parlem de guetitzaci&oacute;, hi ha una intenci&oacute; pol&iacute;tica en aix&ograve;. Natzaret &eacute;s un barri portuari, fet que el converteix en un barri a&iuml;llat&rdquo;, afirma un membre de l&rsquo;Associaci&oacute; l&rsquo;Arca, entitat que ocupa un baix a l&rsquo;extrem del barri i que es dedica a la intervenci&oacute; social, amb xiquets i amb fam&iacute;lies.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ac&iacute; hi havia habitatges socials que es van anar desmantellant en els anys huitanta. Era un gueto menut amb les fam&iacute;lies reubicades per la riuada. L&rsquo;associaci&oacute; de ve&iuml;ns va dignificar i va assegurar a les fam&iacute;lies les cases noves. La novetat van ser les bosses de poblaci&oacute; immigrant que van arribar al barri. Sens dubte hi ha hagut racisme en considerar la poblaci&oacute; gitana com a estranya. I la gent que se sent estranya tendeix a unir-se, com ac&iacute; les fam&iacute;lies nigerianes, s&rsquo;ajunten per seguretat&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquest membre de l&rsquo;Associaci&oacute; l&rsquo;Arca revela que ara mateix hi ha un problema important de tr&agrave;fic de blanques en aquesta zona de la ciutat. Les xiques subsaharianes continuen a les cantonades de la Punta exercint la prostituci&oacute;. Hi ha coses que sembla que no canvien. Els perills del gueto i de la delinq&uuml;&egrave;ncia hi continuen vius.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si entre en un espai de mis&egrave;ria, tinc comportaments vitals de mis&egrave;ria. No pague la llum, ni l&rsquo;aigua, ocupe el pis i, a m&eacute;s, dedicar-se a la ferralla honradament &eacute;s il&middot;legal, malgrat que els ferrovellers s&oacute;n aut&egrave;ntics recicladors i necessaris. D&rsquo;altra banda, l&rsquo;Estat &eacute;s, per a les fam&iacute;lies excloses, l&rsquo;amena&ccedil;a en persona. La policia &eacute;s la mort per a ells. Quan apareix, sempre &eacute;s portadora de males not&iacute;cies, que si el desnonament, que si s&rsquo;ha de tallar la llum. Gaireb&eacute; mai ve a dir-te que t&rsquo;han aconseguit una beca per al xiquet&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En l&rsquo;Arca de Natzaret hi ha 19 persones treballant, tenen un centre de menors amb 36 places concertat amb la Conselleria. Segons la seua percepci&oacute;, al barri hi ha temporades amb calma tibant.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ecc0acb6-66fc-4930-879b-223c08d6d0d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Com que s&rsquo;ha convertit en un territori tan plurinacional i multicultural, hi ha conflictes. I quan hi ha mis&egrave;ria hi ha compet&egrave;ncia. Quan els gitanos es refereixen als paios tamb&eacute; inclouen els subsaharians: paios negres, els anomenen. Els xiquets no s&oacute;n ni paios ni gitanos, pertanyen a una comunitat i assimilen aquesta cultura. Per&ograve; creixen en una cultura que els amena&ccedil;a. Els romanesos s&oacute;n el grup social m&eacute;s mal tractat. Els espanyols se senten despla&ccedil;ats per aquests. S&oacute;n comportaments relacionats amb la mis&egrave;ria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; t&eacute; dona i quatre fills; la Mely, la m&eacute;s menuda, t&eacute; un any. &Eacute;s gitano i treballa en all&ograve; que pot. Des de fa unes quantes setmanes tota la fam&iacute;lia est&agrave; en suspens. Viu en una casa de propietat municipal de manera il&middot;legal i els han donat un ultim&agrave;tum. Han vingut de Cabanyal 2010, l&rsquo;empresa municipal que gestiona la urbanitzaci&oacute; del barri, i els han dit que se n&rsquo;han d&rsquo;anar, i sense cap alternativa habitacional. Joselito no sap on ficar-se i ha anat a veure el jutge per suplicar-li que li ajornen el desallotjament. &Eacute;s un drama quotidi&agrave; als Blocs Portuaris i a altres zones prec&agrave;ries del barri.
    </p><p class="article-text">
        Per a Jordi Bosch aquests desnonaments s&oacute;n un problema que trenca la faena educativa de molts anys. Hi ha fam&iacute;lies que tenen xiquets ac&iacute; que s&rsquo;han de traslladar a Benim&agrave;met per for&ccedil;a. En aquests casos, si han d&rsquo;abandonar el barri, es trenca la conviv&egrave;ncia habitual i el desastre educatiu est&agrave; assegurat.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/babc1276-c526-4ad1-9ae3-6346d53e011a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Per a Guillem, de la plataforma activista Espai Ve&iuml;nal, que fa anys que alerta i fa un seguiment dels desallotjaments, tots aquests problemes responen al model de ciutat que s&rsquo;impulsa i, especialment, al Cabanyal. &ldquo;Val&egrave;ncia es va construint d&rsquo;acord amb el model de ciutat tur&iacute;stica, el clima, la mar. Durant un temps interessava degradar els espais del litoral per a apropiar-se&rsquo;ls amb una finalitat urban&iacute;stica. Fa uns quants anys era la bambolla del lloguer. Ara &eacute;s la bambolla cultural. Un bar a cada cantonada i convertir el Cabanyal en un parc tem&agrave;tic de la restauraci&oacute;, com ha passat a Russafa. La q&uuml;esti&oacute; &eacute;s aquesta: excloure un tipus de poblaci&oacute; amb pocs recursos per a promocionar un altre model de poblador: el turista del benviure&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        L&rsquo;habitatge &eacute;s el problema central que en determina tots els altres. Jordi, de Br&uacute;fol, sost&eacute; que perqu&egrave; hi haja inclusi&oacute; caldria que hi haguera habitatges socials en tots els barris. De fet, l&rsquo;habitatge social de Val&egrave;ncia &eacute;s el m&eacute;s baix del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Amb la renda valenciana d&rsquo;inclusi&oacute; (RVI) es va avan&ccedil;ant, per&ograve; el problema &eacute;s que no hi ha lloguer disponible per a aquestes fam&iacute;lies. La bambolla &eacute;s tan grossa que la situaci&oacute; &eacute;s extrema, i encara m&eacute;s per a les fam&iacute;lies gitanes. Ning&uacute; no els lloga res, encara que tinguen diners per a pagar. Aix&ograve; &eacute;s antigitanisme pur i pelat. Si l&rsquo;acc&eacute;s a l&rsquo;habitatge continua sent una quimera, qu&egrave; s&rsquo;ha de fer? Ocupar cases&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Generalitat ha elaborat un document titulat &ldquo;Governan&ccedil;a de l&rsquo;Estrat&egrave;gia Valenciana per a la Igualtat i la Inclusi&oacute; del Poble Gitano&rdquo;, t&iacute;tol pomp&oacute;s per a un dossier encara en format d&rsquo;esquema i en espera de contingut que mira de tra&ccedil;ar l&iacute;nies estrat&egrave;giques per a solucionar &ldquo;la situaci&oacute; d&rsquo;exclusi&oacute; que viuen entre 75.000 i 100.000 persones gitanes que s&rsquo;estima que viuen a la Comunitat Valenciana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la fundaci&oacute; Secretariat Gitano de Val&egrave;ncia, del carrer de Concha Espina, Lola Fern&aacute;ndez, la presidenta, comenta l&rsquo;informe tan desolador sobre Espanya del relator especial de l&rsquo;ONU, Philip Amstrong, sobre pobresa. El nostre pa&iacute;s se situa en segon lloc, despr&eacute;s de Romania, pel que fa a pobresa infantil. &ldquo;Nosaltres impulsem programes amb impacte, per&ograve; l&rsquo;Administraci&oacute; &eacute;s la responsable en &uacute;ltim terme. A banda de les entitats socials, hi ha la responsabilitat p&uacute;blica perqu&egrave; hi haja un canvi radical&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7a5eed67-4e60-4467-9d4a-dac368e220ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Per a Isa Lozano, regidora de Serveis Socials i Habitatge de l&rsquo;Ajuntament de Val&egrave;ncia, el canvi ja est&agrave; en marxa, encara que cal temps. Despr&eacute;s de d&egrave;cades de girar l&rsquo;esquena als problemes de la pobresa, les coses comencen a canviar. La renda d&rsquo;inclusi&oacute; l&rsquo;ha posada en marxa la seua regidoria. &Eacute;s un pas, per&ograve; no n&rsquo;hi ha prou. Per a ella, la guetitzaci&oacute; i la pobresa als Poblats Mar&iacute;tims, i tamb&eacute; en altres barris valencians, responen a una pol&iacute;tica funesta que ve de lluny; una pol&iacute;tica d&rsquo;abandonament de certs districtes de la ciutat.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Les situacions de pobresa i exclusi&oacute; a la Malva-rosa, i sobretot, al Cabanyal i a Natzaret, s&oacute;n el resultat de molts anys en qu&egrave; no s&rsquo;ha invertit als barris. No s&rsquo;ha parat atenci&oacute; a garantir infraestructures de manera equilibrada en totes les zones de la ciutat. Volem revertir tot aix&ograve;. La intervenci&oacute; social no &eacute;s asfaltar un carrer o rehabilitar un edifici. Els processos d&rsquo;integraci&oacute; s&oacute;n llargs. L&rsquo;Estat espanyol t&eacute; una pol&iacute;tica d&rsquo;habitatge deficit&agrave;ria. El parc estatal &eacute;s irrisori. Ara mateix tenim 135 habitatges p&uacute;blics. Quan el govern municipal progressista hi va arribar l&rsquo;any 2015, hi havia 97 habitatges p&uacute;blics a la ciutat de Val&egrave;ncia. Barcelona en t&eacute; 12.000&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La regidora de Comprom&iacute;s se&rsquo;n felicita, al seu despatx de la seu de Tabacalera, de la &ldquo;sinergia perfecta&rdquo; que suposa tindre Serveis Socials i Habitatge junts. Una coordinaci&oacute; esperada llargament per les entitats socials.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d671cbd9-4297-4d66-9200-51323c902924_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Sabem que hi ha situacions de pobresa a Natzaret, al Cabanyal, a Orriols, a la Fontsanta, a Benim&agrave;met&hellip;, i tamb&eacute; antigitanisme. Tenim una mirada discriminat&ograve;ria. Fer desapar&eacute;ixer tot aix&ograve; no &eacute;s tan sols cosa dels serveis socials. La pobresa l&rsquo;han d&rsquo;abordar Habitatge, Educaci&oacute;, Urbanisme. La regidoria ha creat un equip d&rsquo;atenci&oacute; integral a l&rsquo;habitatge precari. Atenem unes 300 fam&iacute;lies. El grup interv&eacute;, en fa un seguiment i tracta d&rsquo;oferir solucions. I treballem amb mediadors i entitats socials que fan un paper clau&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Contra els guetos Lozano manifesta: &ldquo;Acabarem aquesta pol&iacute;tica de l&rsquo;habitatge de tindre&rsquo;ls ac&iacute; junts, en comptes de fer-ho al centre de la ciutat. Aix&iacute; arraconem el problema i els acordonem. Aquest criteri pervers va en contra de la pol&iacute;tica social d&rsquo;habitatge que aquesta regidoria impulsa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un informe de treball d&rsquo;una taula redona organitzada per Viu i Conviu sobre el barri del Cabanyal l&rsquo;any 2014 i celebrada a la Universitat Polit&egrave;cnica proposava a&ccedil;&ograve; com a conclusi&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La proposta principal que s&rsquo;ha de fer &eacute;s demanar <em>coher&egrave;ncia en les pol&iacute;tiques municipals</em>: no t&eacute; cap sentit que des de les pol&iacute;tiques urban&iacute;stiques es vagen generant uns problemes, molt greus per a una part de la poblaci&oacute;, i que des d&rsquo;una altra regidoria es tracte d&rsquo;ajudar aquesta poblaci&oacute; a superar els seus problemes&rdquo;. Malgrat que la proposta data de fa un lustre, el problema continua viu l&rsquo;any 2020.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abelardo Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/veus-guetitzacio-poblats-maritims-valencia_1_1030880.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2020 20:03:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="196069" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="196069" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Veus contra l’exclusió: guetització i pobresa als Poblats Marítims de València]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fdb412a6-8474-4a18-848e-264238bf1ec0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Visions de ciutat per a la València del futur]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/valencia/visions-ciutat-per-valencia-futur_1_1235825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Los tres arquitectos en Valencia."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Els arquitectes Carles Dolç, Carmel Gradolí i Tato Herrero defensen un nou model urbà, una ciutat sostenible davant l’emergència climàtica</p></div><p class="article-text">
        Pensar la ciutat de Val&egrave;ncia des del repte ambiental que s&rsquo;acosta, la defensa del dret dels ciutadans al seu propi h&agrave;bitat davant l&rsquo;especulaci&oacute; i la gentrificaci&oacute;. Una visi&oacute; cr&iacute;tica i renovada de la pol&iacute;tica urban&iacute;stica sobre l&rsquo;espai p&uacute;blic i el disseny d&rsquo;aquest espai s&oacute;n temes de qu&egrave; tracten en aquest reportatge tres arquitectes amb una visi&oacute; de futur de la ciutat de Val&egrave;ncia. Carles Dol&ccedil; i els seus col&middot;legues Tato Herrero i Carmel Gradol&iacute; opinen sobre el futur de la ciutat en una trobada a Ca Revolta. Tot just al mateix edifici del barri de Velluters que Dol&ccedil; va restaurar fa dues d&egrave;cades.
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;n solament arquitectes i urbanistes experts a pensar ciutat, sin&oacute; tamb&eacute; humanistes i dissidents davant les pol&iacute;tiques del poder; pertanyen a les generacions de professionals que han lluitat per reivindicar la ciutat per als seus habitants davant la voracitat de l&rsquo;especulaci&oacute; capitalista. L&rsquo;esquerra ha recorregut a ells per als seus projectes. S&oacute;n tamb&eacute; activistes socials per un urbanisme al servei de la gent. Per una ciutat habitable que a poc a poc va eixint del caos en qu&egrave; la va sumir la depredadora pol&iacute;tica de la dreta a l&rsquo;Ajuntament durant un quart de segle. Hi ha mals irreversibles, per&ograve; tamb&eacute; hi ha futur.
    </p><h3 class="article-text">El verd</h3><p class="article-text">
        Per a qu&egrave; serveix l&rsquo;espai p&uacute;blic? S&rsquo;ha de preguntar el ciutad&agrave;. &Eacute;s percebut, en general, fred i as&egrave;ptic, dissenyat des dels despatxos i, en el pitjor dels casos, a la merc&eacute; de l&rsquo;especulaci&oacute; i del poder dels diners. La ciutat es mostra hostil al seu propi habitant. Donar un sentit a l&rsquo;espai &eacute;s el que es planteja.
    </p><p class="article-text">
        Quan es posa damunt la taula qu&egrave; &eacute;s el que necessita de manera essencial una ciutat que s&rsquo;enfronta al canvi clim&agrave;tic, les respostes s&oacute;n r&agrave;pides.
    </p><p class="article-text">
        Per a Carmel Gradol&iacute; sobren a Val&egrave;ncia molts aparcaments, andr&ograve;mines i barreres. &ldquo;Fer accessible la ciutat, traure cotxes i soroll i, sobretot, posar molt de verd a totes les escales: l&rsquo;arbre &eacute;s la cosa m&eacute;s vistosa, &eacute;s un element clim&agrave;tic de primer ordre i que millora l&rsquo;ambient. I a escala visual i de paisatge &eacute;s un element de benestar. Tamb&eacute; permet que els paviments siguen drenats i que respire la terra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Carles Dol&ccedil; coneix b&eacute; el problema. Arquitecte humanista i veter&agrave;, un hist&ograve;ric de la lluita per una ciutat sostenible que va contribuir de manera decisiva a la recuperaci&oacute; del Saler i del Jard&iacute; del T&uacute;ria, entre moltes altres coses. Juntament amb el seu col&middot;lega desaparegut, Just Ram&iacute;rez, va lluitar contra l&rsquo;al&middot;lucinant idea de l&rsquo;&uacute;ltim franquisme de destruir el barri del Carme prolongant l&rsquo;avinguda de l&rsquo;Oest. Aix&ograve; ara sembla un malson, per&ograve; va passar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Els dos grans punts s&oacute;n la mobilitat i el verd. Quant al primer tema, la legislatura anterior l&rsquo;ha abordat, nom&eacute;s abordat; queda molt per fer a l&rsquo;hora d&rsquo;assolir un objectiu essencial: que el cotxe deixe de funcionar com a entrada lliure al centre hist&ograve;ric. La perspectiva actual dels centres hist&ograve;rics de les ciutats &eacute;s que els cotxes hi deixen de circular, que la gent s&rsquo;hi desplace amb bus, amb bici o caminant. Aix&ograve; permetria fer minvar la contaminaci&oacute; i disposar de m&eacute;s seguretat per a la gent que camina.
    </p><p class="article-text">
        I aix&ograve; va lligat a l&rsquo;altra q&uuml;esti&oacute;, el verd. Aquesta ciutat t&eacute; espais p&uacute;blics de gran valor. El Jard&iacute; del T&uacute;ria &eacute;s un eix vertebrador ben important. El Parc Central est&agrave; molt b&eacute;, per&ograve;, malgrat aix&ograve;, la cobertura verda de la ciutat &eacute;s molt insuficient.
    </p><p class="article-text">
        No hi ha encara una <em>xarxa urbana d&rsquo;arbres</em>. Els arbres han de ser un fil conductor. La vegetaci&oacute; en general. No es poden posar en tots els carrers, per&ograve; hi ha avingudes en qu&egrave; s&oacute;n imprescindibles&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dol&ccedil; recorda i denuncia desastres ambientals concrets a Val&egrave;ncia: el que va passar amb el Cam&iacute; de Tr&agrave;nsits, on els arbres han desaparegut; o el disseny tan lamentable de l&rsquo;avinguda del Port com una pista de cotxes i la connexi&oacute; vegetal inexistent entre la Malva-rosa i Natzaret.
    </p><h3 class="article-text">Rehabilitaci&oacute; contra construcci&oacute;</h3><p class="article-text">
        Per&ograve; no solament la cobertura vegetal &eacute;s b&agrave;sica, tamb&eacute; la construcci&oacute; indiscriminada &eacute;s un altre punt que hipoteca el benestar dels ciutadans i el seu dret a un habitatge digne. I els barris mar&iacute;tims i la integraci&oacute; tan dif&iacute;cil d&rsquo;aquests barris a la ciutat. Els nous plans d&rsquo;urbanitzaci&oacute; de l&rsquo;Administraci&oacute; no s&oacute;n tan integradors com haurien de ser. En molts casos apareix el fantasma de la gentrificaci&oacute;. Hi ha llacunes i enfocaments dubtosos posats obertament en solfa pels urbanistes.
    </p><p class="article-text">
        Per a Tato Herrero, arquitecte i urbanista molt lligat a la conservaci&oacute; i a llarga lluita del Cabanyal, &ldquo;l&rsquo;aposta per la rehabilitaci&oacute; contra l&rsquo;obra nova &eacute;s una cosa que s&rsquo;ha de fer. Al sistema actual li agrada m&eacute;s derrocar i tornar a construir que no rehabilitar. Un altre tema &eacute;s que siga m&eacute;s car. Per&ograve; aquesta despesa &eacute;s per recursos ecol&ograve;gics&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Herrero va participar en els projectes per a dissenyar el barri mar&iacute;tim amb uns criteris molt espec&iacute;fics en suport de la rehabilitaci&oacute; contra l&rsquo;enderrocament i, sobretot, amb un projecte que respecta l&rsquo;estructura reticular primig&egrave;nia del barri, la xarxa de carrers sense barreres enfront de la mar. La l&iacute;nia de disseny urb&agrave; defensada per l&rsquo;Ajuntament el va fer distanciar-se del pla de rehabilitaci&oacute;. Ara Herrero dissenteix del Pla Especial previst per l&rsquo;Ajuntament.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tu (constructor) pots comprar contaminaci&oacute;. Jo contamine molt i compre m&eacute;s barat. Aquest no &eacute;s el cam&iacute;. Es tracta de construir menys. La construcci&oacute; ha d&rsquo;aprofitar els recursos existents&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tato Herrero, professor de projectes de l&rsquo;Escola d&rsquo;Arquitectura de la Universitat Polit&egrave;cnica i te&ograve;ric de l&rsquo;urbanisme participatiu, t&eacute; molt a dir sobre els barris mar&iacute;tims.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Per a mi es tracta de respectar la manera de cr&eacute;ixer d&rsquo;aquest barri que sempre ha nascut amb la platja, perqu&egrave; ac&iacute; s&rsquo;ha situat la seua ind&uacute;stria. Es pensa que naix en Eug&egrave;nia Vi&ntilde;es, al costat de la platja, i creix cap arrere i no &eacute;s cert. El Cabanyal &eacute;s la platja de qu&egrave; parla el cronista Antonio Sanchis en el seu llibre, el barri fill de la mar. Desvincular el barri de la mar seria perdre&rsquo;n l&rsquo;origen. Com ha passat amb Campanar i l&rsquo;Horta. Nom&eacute;s queda un record del que va ser. Ja no hi ha horta, llavors sembla una mena de ciutat de Disneyl&agrave;ndia &rdquo;. Per a Herrero la possibilitat que el corredor verd tan anunciat siga una simple vorera davant de la mar &eacute;s un perill real. &ldquo;El corredor verd &eacute;s la platja, el front mar&iacute;tim; per aix&ograve; la ZAL ha de desapar&eacute;ixer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Herrero q&uuml;estiona la gesti&oacute; del patrimoni p&uacute;blic del s&ograve;l per a fer habitatge social que du a terme l&rsquo;Administraci&oacute;. A la fa&ccedil;ana mar&iacute;tima l&rsquo;Ajuntament ja subhasta terreny per a construir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&egrave; passa ara mateix al Cabanyal?&rdquo;, es pregunta. &ldquo;Un territori que &eacute;s p&uacute;blic i que es vendr&agrave; perqu&egrave; els privats hi facen habitatges protegits. Uns quants. Amb aquests beneficis, tornar a obtindre s&ograve;l p&uacute;blic per a fer m&eacute;s actuacions. Es va revenent el s&ograve;l i la part privada hi fa negoci. Que el sector p&uacute;blic no podria gestionar habitatges i no passar-los al privat?&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Un urbanisme de g&egrave;nere</h3><p class="article-text">
        Es va presentar el futur disseny de la pla&ccedil;a de la Reina, setmanes despr&eacute;s d&rsquo;aquesta trobada a Velluters, per&ograve; Gradol&iacute; ja el tenia diagnosticat: &ldquo;&Eacute;s un exemple del mal &uacute;s de l&rsquo;espai p&uacute;blic. El vianant no hi pot caminar. Per&ograve; &eacute;s que una ciutat destinada al turisme est&agrave; destinada al frac&agrave;s. Val&egrave;ncia t&eacute; el perill real de convertir-se en un parc tem&agrave;tic. Un exemple, a Russafa ja no es pot viure. La gent se&rsquo;n va perqu&egrave; veu insuportable tanta marxa. Cal canviar el model tur&iacute;stic. Aquesta aposta kamikaze dels creuers. I despr&eacute;s hi ha les franqu&iacute;cies que arrasen, perqu&egrave; tenen m&eacute;s diners; s&rsquo;eleva el preu&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Per a fer amable l&rsquo;espai urb&agrave; Gradol&iacute; sost&eacute; la necessitat d&rsquo;un <em>urbanisme de g&egrave;nere.</em> Que no &eacute;s res m&eacute;s que rescatar l&rsquo;urbanisme de tota la vida. Espais per als vianants i no solament per als cotxes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una ciutat que cuida les persones. All&ograve; tradicional &eacute;s pensar la ciutat com una m&agrave;quina de produir. Separa les funcions; ac&iacute; va la gent a divertir-se, ac&iacute; va la gent a dormir; ac&iacute;, a treballar. Aix&ograve; divideix la ciutat i, com que tot est&agrave; lluny, la gent necessita l&rsquo;autom&ograve;bil. Tot est&agrave; dirigit a un tipus d&rsquo;urbanita concret: un home d&rsquo;edat mitjana, amb faena i capacitat econ&ograve;mica que es despla&ccedil;a amb cotxe a treballar. Aquest &eacute;s el model. Per&ograve; hi ha un altre tipus de gent: gent gran, joves, xiquets, malalts; altres activitats no productives que cal preveure. En definitiva, es tracta de dissenyar una ciutat inclusiva&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El millor, la mobilitat</h3><p class="article-text">
        Els tres contertulians s&oacute;n un&agrave;nimes a l&rsquo;hora de considerar la pol&iacute;tica de mobilitat com la millor impulsada pel Govern de la Nau. L&rsquo;&egrave;xit m&eacute;s important fins ara. Carles Dol&ccedil; assenyala la necessitat d&rsquo;una ciutat que &ldquo;es constru&iuml;sca cap a dins en lloc de fer-ho cap a fora&rdquo;. I esmenta la ciutat de Vit&ograve;ria, a Euskadi, com a model a seguir. Un dels responsables del Pla Riva del principi dels anys noranta, que va restaurar i va protegir el vell barri del Carme, exigeix &ldquo;una pol&iacute;tica que force els inversors a canviar la ciutat. A implicar-se en la millora ambiental en tots els sentits&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quan els pol&iacute;tics diuen &ldquo;aix&ograve; est&agrave; molt b&eacute;, per&ograve; no pot ser&rdquo;, Gradol&iacute; recomana que aquests pol&iacute;tics &ldquo;a banda de bona voluntat, tinguen valentia per a tirar avant pol&iacute;tiques progressistes i alternatives a la vor&agrave;gine immobili&agrave;ria i tur&iacute;stica&rdquo;. Es parla del <em>lobby</em> portuari assenyalat pel soci&ograve;leg i urbanista Josep Sorribes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El port no pot ser un monstre enorme que fa&ccedil;a el que vulga. Cal abordar l&rsquo;emerg&egrave;ncia clim&agrave;tica i ocupar-se de l&rsquo;horta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dol&ccedil; recorda que la Llei de l&rsquo;Horta, signada al seu moment, va ser molt important, per&ograve;, com sempre, queda molt per fer. I Gradol&iacute; conclou que totes aquestes idees s&oacute;n possibles perqu&egrave; la ciutat de Val&egrave;ncia t&eacute; tres joies, encara que algunes estiguen en perill: l&rsquo;Horta, l&rsquo;Albufera i la platja.
    </p><p class="article-text">
        Un altre avantatge &eacute;s que Val&egrave;ncia &eacute;s una ciutat plana. Millor impossible. &Eacute;s l&rsquo;escenari perfecte per a posar m&agrave; a l&rsquo;obra. Pressionar els partits que governen per a canviar certs rumbs i in&egrave;rcies. Escoltar les visions d&rsquo;avantguarda davant el vell joc de taula que protagonitzen els taurons immobiliaris i els seus socis. Les visions reaccion&agrave;ries que donen suport a una conviv&egrave;ncia individualista contra la socialitzaci&oacute; efectiva de l&rsquo;urbs. I fer de Val&egrave;ncia un bon lloc per a viure-hi i capdavanter pel que fa a les solucions ambientals.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abelardo Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/valencia/visions-ciutat-per-valencia-futur_1_1235825.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Nov 2019 22:22:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="898677" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="898677" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Visions de ciutat per a la València del futur]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Visiones de ciudad para la Valencia del futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia/visiones-ciudad-valencia-arquitectos_1_1235882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Los tres arquitectos en Valencia."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los arquitectos Carles Dolç, Carmel Gradolí y Tato Herrero defienden un nuevo modelo urbano, una ciudad sostenible frente a la emergencia climática</p></div><p class="article-text">
        Pensar la ciudad de Valencia desde el desaf&iacute;o ambiental que se avecina, la defensa del derecho de los ciudadanos a su propio h&aacute;bitat frente a la especulaci&oacute;n y gentrificaci&oacute;n. Una visi&oacute;n cr&iacute;tica y renovada de la pol&iacute;tica urban&iacute;stica sobre el espacio p&uacute;blico y el dise&ntilde;o del mismo son temas que abordan en este reportaje tres arquitectos  con una visi&oacute;n de futuro de la ciudad de Valencia. Carles Dol&ccedil; y sus colegas Tato Herrero y Carmel Gradol&iacute;, opinan en un encuentro en Ca Revolta sobre el futuro de la ciudad. Justo en el mismo edificio del barrio de Velluters que Dol&ccedil; restaur&oacute; hace dos d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        No son solo arquitectos y urbanistas expertos en pensar ciudad. Son humanistas y disidentes frente a las pol&iacute;ticas del poder; pertenecen a las generaciones de profesionales que han luchado por reivindicar la ciudad para sus habitantes frente a la voracidad de la especulaci&oacute;n capitalista. La izquierda ha echado mano de ellos para sus proyectos. Son tambi&eacute;n activistas sociales por un urbanismo al servicio de la gente. Por una ciudad habitable que poco a poco va saliendo del caos en el que la sumi&oacute; la depredadora pol&iacute;tica de la derecha en el Ayuntamiento durante un cuarto de siglo. Hay males irreversibles pero tambi&eacute;n hay futuro.
    </p><h3 class="article-text">El verde</h3><p class="article-text">
        &iquest;Para qu&eacute; sirve el espacio p&uacute;blico? Cabe preguntarse el ciudadano. Percibido, por lo general frio y as&eacute;ptico y dise&ntilde;ado desde los despachos y en peor de los casos a merced de la especulaci&oacute;n y el poder del dinero. La ciudad aparece hostil a su propio habitante. Darle un sentido al espacio es lo que se plantea.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se pone sobre la mesa qu&eacute; es lo que necesita de manera esencial una ciudad que se enfrenta al cambio clim&aacute;tico, las respuestas son r&aacute;pidas.
    </p><p class="article-text">
        Para Carmel Gradol&iacute; sobran en Valencia muchos aparcamientos, trastos y barreras. &ldquo;Hacer accesible la ciudad, quitar coches y ruido y sobre todo, poner mucho verde a todas las escalas: el &aacute;rbol es la cosa m&aacute;s vistosa, es un elemento clim&aacute;tico de primer orden y que mejora el ambiente. Y a nivel visual y de paisaje es un elemento de bienestar. Tambi&eacute;n que los pavimentos sean drenados y permitan respirar a la tierra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Carles Dol&ccedil;, conoce bien el problema. Veterano arquitecto humanista, un hist&oacute;rico en la lucha por una ciudad sostenible que contribuy&oacute; de manera decisiva a la recuperaci&oacute;n de El Saler y del Jardin del Turia, entro otras muchas cosas. Junto con su desparecido colega Just Ramirez luch&oacute; contra el alucinante plan del &uacute;ltimo franquismo de destruir el barrio del Carmen prolongando la avenida del Oeste. Eso parece ahora un mal sue&ntilde;o, pero sucedi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los dos grandes asuntos son la movilidad y el verde. En el primer tema la anterior legislatura lo ha abordado, solo abordado; queda mucho por hacer para un objetivo esencial: que el coche deje de funcionar como entrada libre al centro hist&oacute;rico. La perspectiva actual de los cascos hist&oacute;ricos de las ciudades es que los coches dejen de circular por entre ellos, que la gente vaya en bus, en bici o caminando. Esto permitir&iacute;a bajar la contaminaci&oacute;n y disponer de una mayor seguridad para la gente que camina.
    </p><p class="article-text">
        Y eso va ligado a la otra cuesti&oacute;n, el verde. Esta ciudad tiene espacios p&uacute;blicos de gran valor. El Jard&iacute;n del Turia es un eje vertebrador de gran importancia. El Parc Central est&aacute; muy bien, pero, a pesar de eso, la cobertura verde de la ciudad es muy insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        No hay aun una <em>red urbana de &aacute;rboles</em>. Los &aacute;rboles deben ser un hilo conductor. La vegetaci&oacute;n en general. No se puede poner en todas las calles pero hay avenidas en que son imprescindibles&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dol&ccedil; recuerda y denuncia desastres ambientales concretos en Valencia: lo sucedido con el Cam&iacute; de Tr&agrave;nsits donde los &aacute;rboles han desaparecido; o el lamentable dise&ntilde;o de la Avenida del Puerto como una pista de coches y la inexistente conexi&oacute;n vegetal entre la Malva-rosa y Natzaret.
    </p><h3 class="article-text">Rehabilitaci&oacute;n vs construcci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Pero no solo la cobertura vegetal es b&aacute;sica, la construcci&oacute;n indiscriminada es otro asunto que hipoteca el bienestar de los ciudadanos y su derecho a vivienda dignas. Los barrios mar&iacute;timos y su dif&iacute;cil integraci&oacute;n en la ciudad. Los nuevos planes de urbanizaci&oacute;n de la administraci&oacute;n no son todo lo integradores que deber&iacute;an ser. En muchos casos aparece el fantasma de la gentrificaci&oacute;n. Hay lagunas y enfoques dudosos abiertamente puestos en solfa por los urbanistas.
    </p><p class="article-text">
        Para Tato Herrero, arquitecto y urbanista muy ligado a la conservaci&oacute;n del Cabanyal y su larga lucha, &ldquo;La apuesta por la rehabilitaci&oacute;n frente a la obra nueva es algo que debe hacerse. Al actual sistema le gusta m&aacute;s derribar y construir de nuevo que rehabilitar. Otra cosa es que sea m&aacute;s caro. Pero se ese gasto es por recursos ecol&oacute;gicos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6d0a3fb7-c988-4364-82ce-e292d37305d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Herrero particip&oacute; en los proyectos para el dise&ntilde;o del barrio mar&iacute;timo con unos criterios muy espec&iacute;ficos en apoyo de la rehabilitaci&oacute;n frente al derribo y sobre todo con un proyecto que respeta la estructura reticular primigenia del barrio, su red de calles sin barreras frente al mar. La l&iacute;nea de dise&ntilde;o urbano apoyada por el Ayuntamiento le hizo distanciarse del plan de rehabilitaci&oacute;n. Ahora Herrero disiente de el Plan Especial previsto por el Ayuntamiento.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;T&uacute; (constructor) puedes comprar contaminaci&oacute;n. Yo contamino mucho y compro m&aacute;s barato. Ese no es el camino. Se trata de construir menos. La construcci&oacute;n debe aprovechar los recursos existentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tato Herrero, profesor de proyectos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Polit&eacute;cnica y te&oacute;rico del urbanismo participativo, tiene mucho que decir sobre los barrios mar&iacute;timos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para m&iacute; se trata de respetar la forma de crecer de ese barrio que siempre naci&oacute; con la playa porque ah&iacute; estaba su industria. Se piensa que nace en Eugenia Vi&ntilde;es, junto a la playa, y crece hacia atr&aacute;s y no es as&iacute;. El Cabanyal es la playa de la que habla el cronista Antonio Sanchis en su libro, el barrio hijo del mar. Desvincular el barrio del mar seria perder su origen. Es igual que lo que ha pasado con Campanar y L'Horta. Tan solo queda un recuerdo de lo que fue. Ya no hay huerta y entonces la cosa queda como una ciudad de Disneylandia&rdquo;. Para Herrero la posibilidad de que el anunciado corredor verde  sea una simple acera frente al mar es un peligro real. &ldquo;El corredor verde es la playa. El frente mar&iacute;timo, por eso la ZAL tiene que desaparecer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Herrero cuestiona la gesti&oacute;n del patrimonio p&uacute;blico del suelo para hacer vivienda social que lleva la administraci&oacute;n. En la fachada mar&iacute;tima el Ayuntamiento ya est&aacute; subastando terreno para construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando ahora mismo en el Cabanyal?&rdquo;, se pregunta. &ldquo;un territorio que es p&uacute;blico y que se va a vender para que los privados hagan viviendas de protecci&oacute;n oficial. Algunas. Con esos beneficios, obtener otra vez suelo p&uacute;blico para m&aacute;s actuaciones. Se est&aacute; revendiendo el suelo y los privados hacen negocio. &iquest;No podr&iacute;a lo p&uacute;blico gestionar viviendas y no pasarlas a lo privado?&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Un urbanismo de g&eacute;nero</h3><p class="article-text">
        Se present&oacute; el futuro dise&ntilde;o de la Plaza de la Reina, semanas despu&eacute;s de este encuentro en Velluters, pero Gradol&iacute; ya lo ten&iacute;a diagnosticado: &ldquo;Es un ejemplo de mal uso del espacio p&uacute;blico. El peat&oacute;n no puede caminar. Pero es que una ciudad destinada al turismo est&aacute; destinada al fracaso. Valencia tiene un peligro real de convertirse en un parque tem&aacute;tico. Un ejemplo, en Russafa ya no se puede vivir. La gente se va porque ve insoportable tanta marcha. Hay que cambiar el modelo tur&iacute;stico. Esa apuesta kamikaze de los cruceros. Y luego est&aacute;n las franquicias que arrasan porque tienen m&aacute;s dinero; se eleva el precio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para hacer amable el espacio urbano Gradol&iacute; sostiene la necesidad de un <em>urbanismo de g&eacute;nero.</em> Que no es otra cosa que rescatar el urbanismo de toda la vida. Espacios para los peatones y no solo para los coches.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una ciudad que cuida a las personas. Lo tradicional es pensar la ciudad como una m&aacute;quina de producir. Separa las funciones; aqu&iacute; la gente a divertirse, aqu&iacute; la gente para dormir, aqu&iacute; para trabajar. Eso divide la ciudad y como todo est&aacute; lejos, la gente necesita el autom&oacute;vil. Todo est&aacute; dirigido a un tipo de urbanita concreto: un hombre de edad media, con trabajo y capacidad econ&oacute;mica y que se desplaza en coche para trabajar. Ese es el modelo. Peo hay otro tipo de gente: mayores, j&oacute;venes, ni&ntilde;os, enfermos; otras actividades no productivas que hay que contemplar. En definitiva se trata de dise&ntilde;ar una ciudad inclusiva&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Lo mejor, la movilidad</h3><p class="article-text">
        Los tres contertulios son un&aacute;nimes al considerar la pol&iacute;tica de movilidad como la mejor impulsada por el Govern de La Nau. Su mayor logro hasta el momento. Carles Dol&ccedil; se&ntilde;ala la necesidad de una ciudad que &ldquo;se construya hacia dentro en lugar de hacerlo hacia afuera. Y cita la ciudad de Vitoria, en Euskadi, como un modelo a seguir. Uno de los responsables del Plan Riva de principios de los a&ntilde;os 1990, que restaur&oacute; y protegi&oacute; el viejo barrio de El Carme, exige &rdquo;una pol&iacute;tica que fuerce a los inversores a cambiar la ciudad. A implicarse en su mejora ambiental en todos los sentidos&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los pol&iacute;ticos dicen &ldquo;eso est&aacute; muy bien, pero no puede ser&rdquo; Gradol&iacute; recomienda que esos pol&iacute;ticos &ldquo;aparte de buena voluntad, tengan valent&iacute;a para tirar adelante con pol&iacute;ticas progresistas y alternativas a la vor&aacute;gine inmobiliaria y tur&iacute;stica&rdquo;. Se habla del <em>lobby</em> portuario se&ntilde;alado por el soci&oacute;logo y urbanista Josep Sorribes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El puerto no puede ser un monstruo enorme que haga lo que quiera. Hay que abordar la emergencia clim&aacute;tica y ocuparse de la huerta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dol&ccedil; recuerda que la ley de L'Horta, firmada en su momento, fue muy importante pero, como siempre, queda mucho por hacer. Y Gradol&iacute; concluye que todas estas ideas son posibles porque la ciudad de Valencia tiene tres joyas, aunque algunas est&eacute;n en claro peligro: La Huerta, la Albufera y la Playa.
    </p><p class="article-text">
        Otra ventaja es que Valencia es una ciudad plana. Mejor imposible. Es el escenario perfecto para ponerse manos a la obra. Presionar a los partidos que gobiernan para cambiar ciertos rumbos e inercias. Escuchar las visiones de vanguardia frente al viejo juego de mesa que protagonizan los tiburones inmobiliarios y sus socios. Las visiones reaccionarias que apoyan una convivencia individualista frente a la socializaci&oacute;n efectiva de la urbe. Y hacer de Valencia un buen lugar para vivir y a la vanguardia de las soluciones ambientales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abelardo Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia/visiones-ciudad-valencia-arquitectos_1_1235882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Nov 2019 22:11:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="898677" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="898677" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Visiones de ciudad para la Valencia del futuro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8c9f2a5d-0d26-4f8d-a3ae-0746fd1b8fbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Valencia,Arquitectos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cabanyal alternatiu: autogestió i resistència ciutadana al barri mariner de València]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/valencia/cabanyal-alternatiu_1_1269563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un carrer del Cabanyal, a València."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alguns col·lectius crítics amb els plans municipals s'oposen a una transformació del districte Marítim basada en el turisme</p></div><p class="article-text">
        La resist&egrave;ncia c&iacute;vica als plans de l&rsquo;Administraci&oacute; t&eacute; una tradici&oacute; ben llarga al Cabanyal i altres barris del Mar&iacute;tim, districte on la societat civil ha tingut i t&eacute; un paper protagonista. Amb la dissoluci&oacute; de Salvem el Cabanyal, una vegada assolit l&rsquo;objectiu de protecci&oacute; del barri, no ha decaigut l&rsquo;afany comunitari i independent d&rsquo;aquest barri popular tan llegendari; un estil associatiu nou que ara tracta de defensar la seua idiosincr&agrave;sia i la seua gent.
    </p><p class="article-text">
        Un sector de la ciutadania del Cabanyal no est&agrave; d&rsquo;acord amb els plans de l&rsquo;Administraci&oacute; per al barri. El Pla Especial Cabanyal-el Canyamelar (PECC) no conven&ccedil;. Hi ha catorze al&middot;legacions i 1000 signatures que q&uuml;estionen nombrosos enfocaments del pla municipal.
    </p><p class="article-text">
        Les objeccions dels habitants agrupats en Cuidem el Cabanyal-el Canyamelar i altres col&middot;lectius denuncien, entre altres coses, que el pla no prioritza la rehabilitaci&oacute;, no hi ha cap estudi d&rsquo;impacte social, les zones verdes plantejades s&oacute;n incoherents i q&uuml;estionen la rotunda falta de participaci&oacute; ciutadana en l&rsquo;elaboraci&oacute; d&rsquo;aquest pla.
    </p><p class="article-text">
        Els nous plans municipals xoquen amb els interessos de diversos col&middot;lectius c&iacute;vics que impulsen una resist&egrave;ncia creativa al que cada vegada es preveu com una gentrificaci&oacute; ben descarada de la zona, amb despla&ccedil;ament de poblacions, especulaci&oacute; immobili&agrave;ria i transformaci&oacute; de la fa&ccedil;ana mar&iacute;tima sobre la base del turisme creixent. De fet, ja hi ha particulars que compren a l&rsquo;Ajuntament naus velles enfront de la mar com a inversi&oacute; immobili&agrave;ria.  
    </p><p class="article-text">
        A la pr&agrave;ctica l&rsquo;Ajuntament actual ha invertit una part dels fons d&rsquo;ajuda europeus a la renovaci&oacute; d&rsquo;infraestructures vi&agrave;ries, per&ograve; ben poc o gens en serveis socials. I aix&ograve; en un barri on abunden les fam&iacute;lies en perill d&rsquo;exclusi&oacute; que habiten infrahabitatges.
    </p><p class="article-text">
        La resist&egrave;ncia a la gentrificaci&oacute; i la defensa i la protecci&oacute; de l&rsquo;entorn genu&iacute; del barri han fet cr&eacute;ixer una constel&middot;laci&oacute; de col&middot;lectius ve&iuml;nals sense sigles pol&iacute;tiques.
    </p><p class="article-text">
        Els ecologistes del Cabanyal Horta, el col&middot;lectiu de l&rsquo;emissora R&agrave;dio Malva i l&rsquo;associaci&oacute; Cuidem el Cabanyal-el Canyamelar, de creaci&oacute; recent, constitueixen un front alternatiu i transversal. Tamb&eacute; Espai Ve&iuml;nal, creat el 2015, un col&middot;lectiu de joves que malda per frenar els desallotjaments de fam&iacute;lies. Fan un seguiment i es presenten on fa falta solidaritat. &ldquo;El nostre acte &eacute;s d&rsquo;organitzaci&oacute; i lluita a peu de carrer&rdquo;, diu Guillem Rivera, un dels membres.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;n col&middot;lectius intercomunicats. Els seus plantejaments coincideixen, cadascun treballa en el seu terreny i s&rsquo;ajuden entre si. Els ve&iuml;ns del Cabanyal Horta han al&ccedil;at un verger on fa pocs anys nom&eacute;s hi havia un solar miserable, l&rsquo;emissora pirata R&agrave;dio Malva, sense llic&egrave;ncia, emet programes rebels i compromesos contra la gentrificaci&oacute; del barri, en defensa de la poblaci&oacute; marginal, i Cuidem el Cabanyal-el Canyamelar planteja de manera rotunda una reformulaci&oacute; del pla urban&iacute;stic municipal. Els ve&iuml;ns i les ve&iuml;nes, que defensen catorze al&middot;legacions al Pla Especial, el qualifiquen de &ldquo;turistificador, especulatiu i depredador de recursos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Exigeixen dret a la ciutat, la defensa de l&rsquo;espai p&uacute;blic i l&rsquo;acc&eacute;s a l&rsquo;habitatge. &ldquo;No tolerarem que el barri siga un parc tem&agrave;tic tur&iacute;stic&rdquo;. &Eacute;s un av&iacute;s per a l&rsquo;alcalde Joan Rib&oacute;, Sandra G&oacute;mez, Rubio i els seus assessors i arquitectes d&rsquo;una associaci&oacute; de ve&iuml;ns que es declara &ldquo;independent, feminista, antiracista, participativa i oberta a totes les persones que habiten el barri&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuidem evoca les combatives ZAD (<em>zone &agrave; d&eacute;fendre</em>), terme popularitzat pels col&middot;lectius c&iacute;vics que es van resistir a la construcci&oacute; de l&rsquo;aeroport de Notre-Dame-des-Landes al nord-oest de Fran&ccedil;a. El 2018 van ser desallotjats de les seues posicions per forces de la policia. En l&rsquo;assemblea de l&rsquo;octubre passat celebrada a l&rsquo;Ateneu Mar&iacute;tim, els membres de Cuidem van manifestar l&rsquo;objectiu de &ldquo;protegir el patrimoni social, ecol&ograve;gic, art&iacute;stic i hum&agrave; del barri. I cultivar la pertinen&ccedil;a i el sentit de comunitat&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Ells i elles fan el que anomenen &ldquo;vigil&agrave;ncia administrativa&rdquo;. Han visitat quatre regidories, sense gaire resultat. &ldquo;Com s&rsquo;estructura un barri en l&rsquo;&agrave;mbit social?&rdquo;, es pregunta &Agrave;ngels Blanco, &ldquo;tu fas un barri perqu&egrave; l&rsquo;habiten les persones i que tinga en compte la diversitat. Si no es pensa en el col&middot;lectiu hum&agrave;, ho fas tot pel benefici. No estem d&rsquo;acord amb aquest disseny&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Els jardiners urbans de la Casa de l&rsquo;Os</h3><p class="article-text">
        Cabanyal Horta impulsa des del 2015 una agricultura ecol&ograve;gica al que abans era el barri del Clot, hui convertit en una mena de gueto on habiten fam&iacute;lies amb pocs recursos i amb un futur en l&rsquo;aire davant de l&rsquo;amena&ccedil;a d&rsquo;enderrocament dels blocs on viuen, molts puntellons, segons els plans del PEC municipal.
    </p><p class="article-text">
        Aquest hort i jard&iacute; urb&agrave; que ha anat creixent en els &uacute;ltims anys ocupava un espai de ning&uacute;, entre l&rsquo;avinguda del Mediterrani i un carrer sense nom que no arriba enlloc, al costat d&rsquo;unes instal&middot;lacions esportives municipals de pistes de tennis, que no estan vinculades a l&rsquo;entorn ve&iuml;nal i s&oacute;n utilitzades per la gent que ve de fora. El jard&iacute; nou se situa a la part posterior d&rsquo;un edifici que data del 1909, conegut com la Casa de l&rsquo;Os per un os de pl&agrave;stic que s&rsquo;encimbella a la fa&ccedil;ana. Els xiquets i les xiquetes del Col&middot;legi P&uacute;blic les Arenes li van posar aquest nom.
    </p><p class="article-text">
        Els voluntaris van netejar el solar, van negociar amb l&rsquo;Ajuntament i en pocs anys han creat un jard&iacute; ple d&rsquo;esp&egrave;cies bot&agrave;niques i verdures v&agrave;ries.
    </p><p class="article-text">
        Per a Jes&uacute;s Pay&aacute;n, 42 anys, ecologista i jardiner, impulsor del projecte verd juntament amb la seua companya Sylvia S&aacute;nchez, aix&ograve; &eacute;s com una guerra pac&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una guerra transversal, que &eacute;s la del ciutad&agrave; del carrer contra els grans emporis. Una d&rsquo;aquestes lluites, la m&eacute;s important, s&rsquo;estableix entre l&rsquo;espai p&uacute;blic i el privat. L&rsquo;espai p&uacute;blic &eacute;s as&egrave;ptic, dissenyat per un arquitecte al seu despatx, no al servei del ciutad&agrave;. &Eacute;s per a satisfer les necessitats d&rsquo;un promotor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jes&uacute;s tenia un hort a Alboraia que va haver de deixar. Va tornar al Cabanyal i juntament amb Sylvia van impulsar un hort urb&agrave; en un lloc amb gran for&ccedil;a hist&ograve;rica, sobre els fonaments del vell poblat desaparegut del Clot. Cases de pescadors amb teula romana amb carrers de gres roig i vies de tren. Fantasmes del passat.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Ens envolta un jard&iacute; d&rsquo;una mitja hect&agrave;rea on alguns ve&iuml;ns cultiven hortalisses, entre arbres aut&ograve;ctons. A uns dos-cents metres, al carrer del Doctor Lluch, els obrers acaben d&rsquo;ampliar les voreres; ho han deixat tot ben apanyat, per&ograve; han tret els bancs p&uacute;blics que hi havia i no els hi han tornat a posar. Espai p&uacute;blic sense pensar en la gent.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La intenci&oacute; del Cabanyal Horta &eacute;s l&rsquo;apoderament de l&rsquo;espai per part dels ciutadans, donar un sentit a l&rsquo;espai, que el mateix lloc diga per a qu&egrave; serveix i aix&iacute; els horts com una relaci&oacute; amb l&rsquo;espai verd&rdquo;, diu Pay&aacute;n. Els membres del Cabanyal Horta van comen&ccedil;ar fa un lustre a netejar el solar i la primera cosa que van fer va ser desenterrar les lloses dels vells carrers que creuaven el Clot. Despr&eacute;s van sembrar sense parar fins a aconseguir el que hui hi ha.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ens vam ajuntar un grup de gent interessada en la permacultura, un tipus d&rsquo;agricultura sense qu&iacute;mics. Tu cultives sabent el que menges. Sense pesticides ni agroqu&iacute;mics&rdquo;, diu Sylvia S&aacute;nchez, 36 anys, sota l&rsquo;ombriu boscatge del Cabanyal Horta. Aix&iacute; doncs, gent d&rsquo;Ecologistes en Acci&oacute;, experts ambientals i d&rsquo;altres es van posar m&agrave; a l&rsquo;obra.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El projecte va n&agrave;ixer al mateix temps que el canvi de govern. La nostra petici&oacute; va ser que l&rsquo;Ajuntament recollira els enderrocs. Aix&iacute; hem funcionat uns quants anys, nosaltres netegem i ells ho recullen. Fa dos anys ens van premiar amb l&rsquo;EDUSI (estrat&egrave;gia de desenvolupament urb&agrave; sostenible). El barri havia demanat horts urbans. Van dir que hi havia un pla de suport. Vam comen&ccedil;ar a rebre visites de t&egrave;cnics ambientals i de parcs i jardins que ens van confirmar l&rsquo;ajuda. Havia de ser d&rsquo;uns 50.000 euros. Hav&iacute;em de barrar l&rsquo;espai, posar un comptador per a l&rsquo;aigua. Per&ograve; llavors sorgeix el PEC i es paralitza tot. Ja no hi ha interacci&oacute; amb els pol&iacute;tics. Al final sembla que es comen&ccedil;a a admetre la creaci&oacute; d&rsquo;un corredor verd fins a la Malva-rosa que inclou el parc del Doctor Lluch, on estar&iacute;em integrats&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un col&middot;lectiu impulsa un projecte col&middot;laboratiu i presenta les seues propostes. Els membres del Cabanyal Horta, per&ograve;, tenen dubtes, tenen por que aquest corredor es convertisca en un <em>green walking</em>, un passeig per als vianants i els ciclistes, &ldquo;que no &eacute;s el mateix que un espai verd p&uacute;blic&rdquo;. Sergi Campillo, el regidor d&rsquo;Emerg&egrave;ncia Clim&agrave;tica, de Comprom&iacute;s, &eacute;s qui m&eacute;s s&rsquo;ha interessat en el Cabanyal Horta i ha prom&eacute;s una visita.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cal replantejar-se la zona com un espai no solament del Cabanyal, sin&oacute; tamb&eacute; de tots els valencians&rdquo;, diu Jes&uacute;s Pay&aacute;n. &ldquo;Cabanyal Horta vol ser un espai c&iacute;vic a l&rsquo;aire lliure, perqu&egrave; no tots els centres c&iacute;vics han de ser un edifici&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El jard&iacute; es gestiona amb un abonament mensual de tres euros per a cada hort i hi ha jornades participatives. Els caps de setmana l&rsquo;espai &eacute;s una festa. Fam&iacute;lies joves, paelles col&middot;lectives i cursos de jardineria, trobada de dones africanes que cuinen potatges &egrave;tnics&hellip;
    </p><h3 class="article-text">Una infinitat de plantes i ocells</h3><p class="article-text">
        En aquest hort del Clot creix el llentiscle, l&rsquo;herba-sana, el gesmiler, les buguenv&iacute;l&middot;lees, hibiscos, romer, alf&agrave;bega, orenga i una infinitat de plantes que s&oacute;n un miracle entre l&rsquo;asfalt, el ciment i els sem&agrave;fors.
    </p><p class="article-text">
        Miguel &Aacute;ngel Poveda &eacute;s t&egrave;cnic ambiental i forma part del CH. L&rsquo;anomenen &ldquo;el pardaler&rdquo;, perqu&egrave; &eacute;s un observador d&rsquo;ocells sense ser ornit&ograve;leg. Fa un cens d&rsquo;ocells de la zona i promociona tallers d&rsquo;educaci&oacute;, com l&rsquo;&ldquo;Ocells del Clot&rdquo;, amb dibuixos que mostren als joves la riquesa vol&agrave;til de l&rsquo;entorn. &ldquo;Ja controle 40 esp&egrave;cies. Ara ens acaben de deixar els ocells d&rsquo;hivern: oronetes, falciots, el papamosques..., tots se&rsquo;n van a l&rsquo;&Agrave;frica a la recerca de la calor. Els que arriben s&oacute;n els pit-rojos, els cua-roges, les t&oacute;rtores, els tallarols&hellip; Jo soc un urbanita, les ciutats s&oacute;n un gran invent. Poden ser sostenibles, amables, on es puga viure, on hi haja una biodiversitat d&rsquo;esp&egrave;cies vegetals. Un ecosistema integrat per horts menuts que es comuniquen&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El seu company Jes&uacute;s aprofundeix l&rsquo;assumpte:&ldquo;La const&agrave;ncia &eacute;s la clau per a demostrar al m&oacute;n exterior que la responsabilitat del ciutad&agrave; &eacute;s m&eacute;s gran que la del poder. No hi ha cap lluita insignificant, totes s&oacute;n globals. Es tracta d&rsquo;aconseguir que no ens roben la identitat&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La r&agrave;dio de l&rsquo;extraradi</h3><p class="article-text">
        El col&middot;lectiu de R&agrave;dio Malva, la 104.9 de la FM que nom&eacute;s es pot sintonitzar al barri perqu&egrave; no t&eacute; una antena amb prou pot&egrave;ncia, emet els programes al carrer del Progr&eacute;s, a la planta baixa que &eacute;s la seu de l&rsquo;Ateneu Llibertari. Aquests dies celebren els 20 anys d&rsquo;exist&egrave;ncia als jardins del Cabanyal Horta. Entitats amigues i solid&agrave;ries. Els de la r&agrave;dio de l&rsquo;extraradi s&oacute;n lluitadors contra l&rsquo;infortuni perqu&egrave; la seua filosofia llibert&agrave;ria i assembleista els impedeix acceptar publicitat.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Carlos P&eacute;rez, un dels membres: &ldquo;Aquest &eacute;s un mitj&agrave; de comunicaci&oacute; amb una filosofia basada en l&rsquo;autogesti&oacute;, la independ&egrave;ncia i el funcionament assembleari. I, a m&eacute;s, un espai en qu&egrave; el que compta no s&oacute;n els diners, se sost&eacute; a base d&rsquo;aportacions, faena, dedicaci&oacute;, passi&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquesta r&agrave;dio es va crear el 1999 a la Malva-rosa amb dissidents de la pionera R&agrave;dio Klara. M&eacute;s radical i sense concessions. Entre els fundadors hi ha el llegendari Grup Cabanyal Z, un equip d&rsquo;actors i cineastes aficionats del barri que, amb els seus v&iacute;deos penjats en les xarxes, van flagel&middot;lar durant molt de temps la pol&iacute;tica de Rita Barber&aacute;. Actualment aquests exartistes underground s&rsquo;han convertit en professionals molt emprenedors i integren una productora<em>, </em>El sistema del solar, que treballa continguts socials i que t&eacute; el centre operatiu a la centen&agrave;ria Casa de l&rsquo;Os de l&rsquo;avinguda del Mediterrani, sobre el jard&iacute; del Clot.
    </p><p class="article-text">
        L&rsquo;emissora emet programes de gran contingut social, feminisme, igualtat de g&egrave;nere, defensa dels ciutadans sense recursos; els seus micr&ograve;fons estan oberts a tot el qui vulga fer un programa. Filosofia, literatura, cinema, m&uacute;sica, etc. Al seu voltant funcionen mig centenar d&rsquo;activistes de tota mena. I, no obstant aix&ograve;, tenen dificultats.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El fet de ser una r&agrave;dio que exerceix el dret a la comunicaci&oacute; sense perm&iacute;s administratiu ens limita. No podem emetre en empla&ccedil;aments estables, no podem posar una antena potent. &Eacute;s una tasca de guerrilla. Som una r&agrave;dio guerrilla&rdquo;, explica Carlos.
    </p><p class="article-text">
        El periodista llibertari denuncia sense embuts la indifer&egrave;ncia institucional. &ldquo;Emeten en to guerrilla, perqu&egrave; a les administracions no els preocupa gens ni mica les r&agrave;dios comunit&agrave;ries, lliures o no comercials. En vint anys no han tret un sol concurs de llic&egrave;ncies per a permetre freq&uuml;&egrave;ncies per a r&agrave;dios comunit&agrave;ries&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s un activisme pol&iacute;tic diferent, el dels habitants del Cabanyal; alternatiu, sense sigles ni actes electorals, sense promeses incomplides. &Eacute;s una tasca solid&agrave;ria, volunt&agrave;ria. Col&middot;lectius i espais com Cabanyal Horta, R&agrave;dio Malva, Espai Ve&iuml;nal, Cuidem... combaten la demag&ograve;gia pol&iacute;tica i la lentitud administrativa amb l&rsquo;acci&oacute;. Iniciatives socials, urbanes, medi&agrave;tiques, que tracten de transformar la societat i lluitar pel dret de les persones a decidir el seu futur. Sense grans escarafalls, senzillament posant-se m&agrave; a l&rsquo;obra al seu barri. No s&oacute;n comunes, per&ograve; tenen el mateix esperit d&rsquo;autogesti&oacute; i la seua resist&egrave;ncia antisistema.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abelardo Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/val/valencia/cabanyal-alternatiu_1_1269563.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 21:27:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1145129" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1145129" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Cabanyal alternatiu: autogestió i resistència ciutadana al barri mariner de València]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cabanyal alternativo: autogestión y resistencia ciudadana en el barrio marinero de Valencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia/cabanyal-alternativo_1_1274440.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una calle de El Cabanyal, en València."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diversos colectivos críticos con los planes municipales se oponen a una transformación del distrito Marítimo basada en el turismo</p></div><p class="article-text">
        La resistencia c&iacute;vica a los planes de la administraci&oacute;n tiene una larga tradici&oacute;n en El Cabanyal y otros barrios del Mar&iacute;tim, distrito donde la sociedad civil ha tenido y tiene un papel protagonista. Con la disoluci&oacute;n de Salvem el Cabanyal, una vez cumplido su objetivo de protecci&oacute;n del barrio, no ha deca&iacute;do el af&aacute;n comunitario e independiente de este legendario barrio popular; un nuevo estilo asociativo que ahora trata de defender su idiosincrasia y sus gentes. 
    </p><p class="article-text">
        Un sector de la ciudadan&iacute;a de El Cabanyal no est&aacute; de acuerdo con los planes de la administraci&oacute;n para el barrio. El Plan Especial Cabanyal-Canyamelar (PECC) no convence. Hay catorce alegaciones y 1.000 firmas que cuestionan numerosos enfoques del plan municipal.
    </p><p class="article-text">
        Las objeciones de los habitantes agrupados en Cuidem Cabanyal-Canyamelar y otros colectivos, denuncian, entre otras cosas, que el plan no prioriza la rehabilitaci&oacute;n, no hay estudio de impacto social, las zonas verdes planteadas son incoherentes y cuestionan la rotunda falta de participaci&oacute;n ciudadana en su elaboraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los nuevos planes municipales chocan con los intereses de diversos colectivos c&iacute;vicos que impulsan una resistencia creativa a lo que cada vez se contempla como una descarada gentrificaci&oacute;n de la zona, con desplazamiento de poblaciones, especulaci&oacute;n inmobiliaria y transformaci&oacute;n de la fachada mar&iacute;tima sobre la base del turismo creciente. De hecho ya hay particulares que est&aacute;n comprando al Ayuntamiento viejas naves frente al mar en plan inversi&oacute;n inmobiliaria.  
    </p><p class="article-text">
        En la pr&aacute;ctica el actual Ayuntamiento ha invertido una parte de los fondos de ayuda europeos a la renovaci&oacute;n de infraestructuras viarias pero poco o nada en servicios sociales. Y eso en un barrio donde abundan las familias en peligro de exclusi&oacute;n que habitan infraviviendas.
    </p><p class="article-text">
        La resistencia a la gentrificaci&oacute;n y la defensa y protecci&oacute;n del entorno genuino del barrio ha hecho crecer una constelaci&oacute;n de colectivos vecinales sin siglas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Los ecologistas de Cabanyal Horta, el colectivo de la emisora Radio Malva y la asociaci&oacute;n Cuidem Cabanyal-Canyamelar, de reciente creaci&oacute;n, constituyen un frente alternativo y transversal. Tambi&eacute;n Espai Ve&iuml;nal, creado en 2015, un colectivo de j&oacute;venes que se afana en frenar los desalojos de familias. Hacen un seguimiento y se presentan all&iacute; donde hace falta solidaridad. &ldquo;Lo nuestro es autoorganizaci&oacute;n y lucha a pie de calle&rdquo; dice Guillem Rivera, uno de sus miembros.
    </p><p class="article-text">
        Son colectivos intercomunicados. Sus planteamientos coinciden y cada uno trabaja en su terreno y se ayudan entre s&iacute;. Los vecinos de Cabanyal Horta han levantado un vergel donde hace escasos a&ntilde;os solo hab&iacute;a un m&iacute;sero solar, la emisora <em>pirata</em> Radio Malva, sin licencia, emite programas rebeldes y comprometidos contra la gentrificaci&oacute;n del barrio, en defensa de la poblaci&oacute;n marginal y Cuidem Cabanyal- Canyamelar, plantea de forma rotunda una reformulaci&oacute;n del plan urban&iacute;stico municipal. Los vecinos y vecinas, que defienden catorce alegaciones al Plan Especial, lo califican de &ldquo;turistificador, especulativo y depredador de recursos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Exigen derecho a la ciudad y la defensa del espacio p&uacute;blico y el acceso a la vivienda. &ldquo;No toleraremos que el barrio sea un parque tem&aacute;tico tur&iacute;stico&rdquo;. Es un aviso para el alcalde Joan Ribo, Sandra G&oacute;mez, Rubio y sus asesores y arquitectos de una asociaci&oacute;n de vecinos que se declara &ldquo;independiente, feminista, anti-racista, participativa y abierta a todas las personas que habitan el barrio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuidem evoca las combativas ZAD<em> (Zone-a-Def&egrave;ndre</em>) termino popularizado por los colectivos c&iacute;vicos se resistieron a la construcci&oacute;n del aeropuerto de Notre-Dame-des- Landes en el noroeste de Francia. En 2018 fueron desalojados de sus posiciones por fuerzas de la polic&iacute;a. En su asamblea del pasado octubre celebrada en el Ateneu Mar&iacute;tim, los miembros de Cuidem manifestaron su objetivo de &ldquo;proteger el patrimonio social, ecol&oacute;gico, art&iacute;stico y humano del barrio. Cultivando la pertenencia y el sentido de comunidad&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/54711ebd-9686-45f8-b99e-4e3ea61bb423_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Ellos y ellas  hacen lo que llaman &ldquo;vigilancia administrativa&rdquo;. Llevan visitadas cuatro concejal&iacute;as, sin mucho resultado. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se estructura un barrio en lo social?&rdquo; se pregunta &Agrave;ngels Blanco. &ldquo;T&uacute; haces un barrio para que lo habiten las personas y que tenga en cuenta la diversidad. Si no se piensa en el colectivo humano lo haces todo por el beneficio. No estamos de acuerdo con ese dise&ntilde;o&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Los jardineros urbanos de La Casa del Oso</h3><p class="article-text">
        Cabanyal Horta lleva desde 2015 impulsando una agricultura ecol&oacute;gica en lo que anta&ntilde;o fue el barrio de El Clot<em>, </em>hoy convertido en una especie de gueto donde habitan familias con pocos recursos y cuyo futuro est&aacute; en el aire ante la amenaza de derribo de los bloques donde viven, muchos <em>de patada</em>, seg&uacute;n los planes del PEC municipal.
    </p><p class="article-text">
        Este huerto y jard&iacute;n urbano que ha ido creciendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ocupaba un espacio de nadie.  Entre la avenida del Mediterr&aacute;neo y una calle sin nombre que no llega a ninguna parte, junto a unas instalaciones deportivas municipales de pistas de tenis,, que no est&aacute;n vinculadas al entorno vecinal y son utilizadas por la gente que viene de fuera. El novedoso jard&iacute;n se sit&uacute;a en la parte trasera de un edificio que data de 1909, conocido como La Casa del Oso por un oso de pl&aacute;stico que se encarama a su fachada. Los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as del colegio p&uacute;blico Las Arenas le pusieron ese nombre.
    </p><p class="article-text">
        Los voluntarios limpiaron el solar, negociaron con el Ayuntamiento y en pocos a&ntilde;os han creado un jard&iacute;n cuajado de especies bot&aacute;nicas y verduras varias.
    </p><p class="article-text">
        Para Jes&uacute;s Pay&aacute;n, 42 a&ntilde;os, ecologista y jardinero, impulsor del proyecto verde junto a su compa&ntilde;era Sylvia S&aacute;nchez, esto es como una guerra pac&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una guerra transversal que es la del ciudadano de a pie frente a los grandes emporios. Una de esas luchas, la m&aacute;s importante, se establece entre el espacio p&uacute;blico y el privado. El espacio p&uacute;blico es as&eacute;ptico, dise&ntilde;ado por un arquitecto en su despacho, no al servicio del ciudadano. Es para satisfacer las necesidades de un promotor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jes&uacute;s ten&iacute;a un huerto en Alboraia que tuvo que dejar. Regres&oacute; al Cabanyal y junto a Sylvia impulsaron un huerto urbano en un lugar con gran fuerza hist&oacute;rica, sobre los cimientos del viejo poblado desaparecido de El Clot. Casas de pescadores con teja romana con sus calles de piedras de rodeno y sus v&iacute;as de tren. Fantasmas del pasado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e091dd11-f31d-478f-9d56-a4d43797d995_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Nos rodea un jard&iacute;n de una media hect&aacute;rea en el que algunos vecinos cultivan sus hortalizas, entre &aacute;rboles aut&oacute;ctonos. A unos doscientos metros, en la calle del Doctor Lluch, los obreros acaban de ampliar las aceras; lo han dejado todo muy apa&ntilde;ado pero han quitado los bancos p&uacute;blicos que hab&iacute;a y no los han vuelto a poner. Espacio p&uacute;blico sin pensar en la gente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La intenci&oacute;n de Cabanyal Horta es el empoderamiento del espacio por parte de los ciudadanos, darle un sentido al espacio, que el propio lugar diga para que sirve y as&iacute; los huertos, como una relaci&oacute;n con el espacio verde&rdquo;, dice Pay&aacute;n. Los miembros de Cabanyal Horta comenzaron hace un lustro a limpiar el solar y lo primero que hicieron fue desenterrar el rodeno de las viejas calles que cruzaban El Clot. Luego sembraron sin parar hasta conseguir lo que hoy existe.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos juntamos un grupo de gente interesada en la <em>permacultur</em>a, una forma de agricultura sin qu&iacute;micos. T&uacute; cultivas sabiendo lo que comes. Sin pesticidas ni agroqu&iacute;micos&rdquo;, dice Sylvia S&aacute;nchez, 36 a&ntilde;os, bajo la umbr&iacute;a floresta de Cabanyal Horta. As&iacute;, gente de Ecologistas en Acci&oacute;n, expertos ambientales y otros se pusieron manos a la obra.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El proyecto naci&oacute; a la vez que el cambio de gobierno. Nuestra petici&oacute;n fue que el Ayuntamiento recogiera los escombros. As&iacute; hemos funcionado unos a&ntilde;os, nosotros limpiamos y ellos lo recogen. Hace dos a&ntilde;os nos premiaron con  la EDUSI, (Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible). El barrio hab&iacute;a pedido huertos urbanos. Dijeron que hab&iacute;a un plan de apoyo. Empezamos a recibir visitas de t&eacute;cnicos ambientales y de parques y jardines que nos confirmaron la ayuda. Iba a ser de unos 50.000 euros. Ten&iacute;amos que vallar el espacio, poner contador para el agua. Pero aparece el PEC y todo se paraliz&oacute;. Ya no hay interacci&oacute;n con los pol&iacute;ticos. Al final parece que se comienza a admitir la creaci&oacute;n de un corredor verde hasta la Malva-rosa que incluya el parque de Doctor Lluch y en el que estar&iacute;amos integrados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un colectivo impulsa un proyecto colaborativo y ha presentado sus propuestas. Sin embargo, los miembros de Cabanyal Horta tienen sus dudas, temen que ese corredor se convierta en un <em>green walking</em>, un paseo peatonal y ciclista, &ldquo;que no es lo mismo que un espacio verde p&uacute;blico&rdquo;.  Sergi Campillo, el concejal de Emergencia Clim&aacute;tica, de Comprom&iacute;s, es quien m&aacute;s se ha interesado en Cabanyal Horta y ha prometido una visita.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Replantearse la zona como algo no solo del Cabanyal sino de todos los valencianos&rdquo;, dice Jes&uacute;s Pay&aacute;n. &ldquo;Cabanyal Horta quiere ser un espacio c&iacute;vico al aire libre, no todo centro c&iacute;vico tiene que ser un edificio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El jard&iacute;n se gestiona con un abono mensual de tres euros para cada huerto y hay jornadas participativas. Los fines de semana el espacio es una fiesta. Familias j&oacute;venes, paellas colectivas y cursos de jardiner&iacute;a, encuentro de mujeres africanas que cocinan potajes  &eacute;tnicos&hellip;
    </p><h3 class="article-text">Un sinf&iacute;n de plantas y aves</h3><p class="article-text">
        En esta huerta del Clot crece el lentisco, la hierbabuena, el jazm&iacute;n, las buganvilias, hibiscos, romero, albahaca, or&eacute;gano y un sinf&iacute;n de plantas que son un milagro entre el asfalto, el cemento y los sem&aacute;foros..
    </p><p class="article-text">
        Miguel Angel Poveda es t&eacute;cnico ambiental y forma parte de C.H. Le llaman <em>pajarero</em> porque es un observador de aves sin ser ornit&oacute;logo. Esta haciendo un censo de p&aacute;jaros de la zona y promociona talleres de educaci&oacute;n como &ldquo;Aves del Clot&rdquo;, con dibujos que muestran a los j&oacute;venes la riqueza vol&aacute;til del entorno. &ldquo;Ya llevo controladas 40 especies. Ahora nos acaban de dejar las aves de invierno, golondrinas, vencejos, el papamoscas, todos se van a &Aacute;frica en busca de calor. Los que llegan son los petirrojos, colirrojos, t&oacute;rtolas, currucas&hellip;Yo soy un urbanita, las ciudades son un gran invento. Pueden ser sostenibles. Amables, donde se pueda vivir, donde haya una biodiversidad de especies vegetales. Un ecosistema integrado por peque&ntilde;os huertos que se comunican&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su compa&ntilde;ero Jes&uacute;s abunda en el asunto:&ldquo;La constancia es la clave para demostrarle al mundo exterior que la responsabilidad del ciudadano es mayor que la del poder. No hay lucha peque&ntilde;a, todas son globales. Se trata de que no nos roben la identidad&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La radio del extrarradio</h3><p class="article-text">
        El colectivo de Radio Malva, la 104.9 de la FM que solo se pilla en el barrio a falta de antena con suficiente potencia, emite sus programas en la calle Progreso, en la planta baja que es sede del Ateneo Libertario, en la calle Progreso. Estos d&iacute;as celebran sus 20 a&ntilde;os de existencia en los jardines de Cabanyal Horta. Entidades amigas y solidarias.  Los de la radio del extrarradio son luchadores contra el infortunio porque su filosof&iacute;a libertaria y asamble&iacute;sta les impide aceptar publicidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/58df54e3-5735-4628-9db7-86689d5e3a7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Carlos P&eacute;rez, uno de sus miembros: &ldquo;Este es un medio de comunicaci&oacute;n con una filosof&iacute;a basada en la autogesti&oacute;n, independencia y funcionamiento asambleario. Y adem&aacute;s un espacio en que lo que cuenta no es el dinero, se sostiene a base de aportaciones, trabajo, dedicaci&oacute;n, pasi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta radio se cre&oacute; en 1999 en la Malva-rosa con disidentes de la pionera Radio Klara. M&aacute;s radical y sin concesiones. Entre sus fundadores esta el legendario Grupo Cabanyal Z, un equipo de actores y cineastas aficionados del barrio que con sus videos colgados en las redes azotaron mucho tiempo la pol&iacute;tica de Rita Barber&aacute;. En la actualidad ese equipo de antiguos artistas <em>underground</em> se han convertido en profesionales muy emprendedores e integran una productora<em>, El sistema del solar</em>, que trabaja contenidos sociales y que tiene su centro operativo en la centenaria Casa del Oso de la Avenida Mediterr&aacute;neo, sobre el jard&iacute;n de El Clot.
    </p><p class="article-text">
        La emisora emite programas de gran contenido social, feminismo, igualdad de g&eacute;nero, defensa de los ciudadanos sin recursos; sus micr&oacute;fonos est&aacute;n abiertos a todo el que quiera realizar un programa. Filosof&iacute;a, literatura, cine, m&uacute;sica, etc. A su alrededor funciona medio centenar de activistas de todo tipo. Y sin embargo tienen dificultades.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El ser una radio que ejerce el derecho a la comunicaci&oacute;n sin permiso administrativo nos limita. No podemos emitir en emplazamientos estables, no podemos poner una antena potente. Es una labor como de guerrilla. Somos una radio guerrilla&rdquo;, explica Carlos.
    </p><p class="article-text">
        El periodista libertario denuncia sin tapujos la indiferencia institucional.  &ldquo;Estamos emitiendo en plan guerrilla porque a las administraciones no les preocupan en absoluto las radios comunitarias, libres o no comerciales. En veinte a&ntilde;os no han sacado un solo concurso de licencias donde se permitan frecuencias para radios comunitarias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un activismo pol&iacute;tico diferente el de los habitantes del Cabanyal; alternativo, sin siglas ni actos electorales, sin promesas incumplidas. Es una tarea solidaria, voluntaria. Colectivos y espacios <em>como </em>Cabanyal Horta,  Radio Malva, Espai Veinal , Cuidem, combaten la demagogia pol&iacute;tica y la lentitud administrativa con la acci&oacute;n. Iniciativas sociales, urbanas, medi&aacute;ticas que tratan de transformar la sociedad y luchar por el derecho de las personas a decidir sobre su futuro. Sin grandes aspavientos, sencillamente poni&eacute;ndose manos a la obra en su barrio. No son comunas, pero llevan su mismo esp&iacute;ritu de autogesti&oacute;n y su resistencia antisistema.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abelardo Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia/cabanyal-alternativo_1_1274440.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 21:17:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1145129" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1145129" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Cabanyal alternativo: autogestión y resistencia ciudadana en el barrio marinero de Valencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e3e2d44b-48ab-4db6-86dd-5e9134ef22ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
