<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Gavasa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_gavasa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Gavasa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/517899/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La fealdad de los Estados Unidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/fealdad-estados-unidos_132_6738708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1bb9297-a5aa-4bca-a532-c618f318e9cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fealdad de los Estados Unidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tiempo de Trump probablemente haya terminado pero no así el del trumpismo, que puede transformarse en una sustancia política todavía más tóxica y disruptiva</p></div><p class="article-text">
        Hubo algo fascinante en las im&aacute;genes de la turba de seguidores de Trump asaltando el Capitolio. Como ocurri&oacute; el 11 de septiembre de 2001, cuando los aviones se estrellaron contra las torres gemelas de Nueva York, la fuerza visual de ese violento caos result&oacute; tan perturbadora como adictiva. La primera potencia mundial se desmoronaba en directo a ojos de todo el planeta, con el estr&eacute;pito de una tragedia protagonizada por un personaje decadente y conmovedor. Sin &eacute;pica, con sordidez. No hab&iacute;a sido ese su lugar en el mundo ni la debilidad una regi&oacute;n que soliera frecuentar. Quien no ha sido vulnerable suele lucir con menos decoro cuando vienen mal dadas. 
    </p><p class="article-text">
        La muchedumbre de tipos extravagantes, rid&iacute;culos, vociferantes y violentos que irrumpi&oacute; en la sede del Congreso norteamericano le dio aspecto de grotesca farsa a lo que en realidad era un drama. En esas cuatro horas se consum&oacute; el final de una &eacute;poca y el inicio de un tiempo que, aunque nos empe&ntilde;emos en observar con esperanza, se presume lleno de incertidumbres y amenazas. No pudo estar m&aacute;s atinado el reputado profesor de estudios afroamericanos de la Universidad de Princeton, Eddie S. Glaude Jr. cuando en la noche electoral del 3 de noviembre afirm&oacute; que Trump era &ldquo;la manifestaci&oacute;n de la fealdad que hay en Estados Unidos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Como se ha repetido con insistencia estos d&iacute;as, el tiempo de Trump probablemente haya terminado pero no as&iacute; el del trumpismo, que puede transformarse en una sustancia pol&iacute;tica todav&iacute;a m&aacute;s t&oacute;xica y disruptiva. 74 millones de votantes es un capital inmenso con el que se justificar&aacute;n nuevas tropel&iacute;as en el futuro. Quienes tomen el relevo del empresario neoyorkino, bajo su segura tutela, buscar&aacute;n los m&eacute;ritos del pupilo leal, siempre dispuesto a mejorar la obra del maestro para ganar su consideraci&oacute;n. Y la obra pol&iacute;tica de Trump y su legado son la divisi&oacute;n, la crispaci&oacute;n, el enfrentamiento y la normalizaci&oacute;n del racismo y el supremacismo como parte del lenguaje cotidiano. 
    </p><p class="article-text">
        Diego E. Barrios, profesor asistente de Literatura Comparada en Saint Xavier University de Chicago, explicaba en un art&iacute;culo publicado en CTXT que &ldquo;Trump es la reafirmaci&oacute;n de que Am&eacute;rica es y siempre ser&aacute; una naci&oacute;n blanca, entendiendo lo anterior no como un color o una raza &ndash;que tambi&eacute;n&ndash;, sino como una forma de ver(se) dicha naci&oacute;n, junto a un desprecio inherente hacia el mundo exterior&rdquo;. El presidente de los Estados Unidos sabe que las llamadas a la unidad, que con tanta insistencia y candor repite estos d&iacute;as su sucesor, son precisamente el combustible de su proyecto pol&iacute;tico, cualquiera que sea la forma que adquiera a partir del d&iacute;a 20 de enero, porque la mitad del pa&iacute;s ha comprado su discurso de enfrentamiento. El 59% de sus votantes aprob&oacute; el asalto al Capitolio. M&aacute;s del 80% considera que el principal responsable de esa turba fue Biden. El 70% est&aacute; convencido de que las elecciones fueron fraudulentas.
    </p><p class="article-text">
        El periodista de televisi&oacute;n brit&aacute;nica ITV, Robert Moore, que grab&oacute; el asalto al Capitolio junto a los seguidores de Trump y tuvo la oportunidad de hablar con decenas de ellos, recordaba al d&iacute;a siguiente &ldquo;que todos ellos regresaron a sus casas convencidos de que sus ideas conspiranoicas eran incuestionables y que les hab&iacute;an robado las elecciones. El problema va a seguir ah&iacute;.&rdquo;. El escritor Richard Ford resum&iacute;a este marco mental de manera sencilla a partir de tres componentes que conforman un brebaje explosivo: &ldquo;uno claro es la ignorancia, otro es la complacencia, otro es el racismo&rdquo;. Si adem&aacute;s se suman unos pol&iacute;ticos que no han tenido escr&uacute;pulos en mentirles reiteradamente, poniendo en cuesti&oacute;n el mismo sistema democr&aacute;tico para defender sus intereses personales, no es dif&iacute;cil aventurar un futuro lleno de problemas. Porque, en definitiva, esto es lo que ha estado en juego no solo en las &uacute;ltimas semanas sino en los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os. Los intentos de Trump por permanecer en el poder, coqueteando incluso con un autogolpe, han fracasado por la fortaleza de las instituciones norteamericanas. Pero la agresi&oacute;n a la que ha sido sometido el edificio democr&aacute;tico ha sido tan violenta que han quedado expuestas muchas grietas y escapes de agua. La restauraci&oacute;n va a ser larga y costosa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay mejor incentivo para las tiran&iacute;as que el cinismo de los ciudadanos&rdquo; exclamaba recientemente el periodista argentino Diego Fonseca en <em>The New York Times</em>; lo que podr&iacute;a degenerar, como alerta el propio Ford, &ldquo;en una ciudadan&iacute;a dispuesta y capaz de desmantelar este pa&iacute;s creyendo que necesita ser desmantelado o que lo est&aacute;n salvando&rdquo;. En cierta medida, eso es lo que se escenific&oacute; en el Capitolio y lo que, desde hace mucho tiempo, vienen anunciando intelectuales, analistas y muchos pol&iacute;ticos; la amenaza real de la democracia ante el empuje de los populismos, los nacionalismos y un fascismo de nueva generaci&oacute;n que se ha integrado en esas instituciones democr&aacute;ticas para derribarlas desde dentro. Hay un movimiento de izquierdas en Estados Unidos, intelectualmente m&aacute;s moderno, audaz y capaz que los europeos, que est&aacute; construyendo un discurso nuevo para enfrentarse a un desaf&iacute;o inmenso. Pero este desaf&iacute;o es global y, como sabemos, no todas las democracias tienen el mismo andamiaje para sostener las embestidas sin recibir da&ntilde;os irreversibles.
    </p><p class="article-text">
        Obama cuenta en sus memorias, <em>Una tierra prometida</em>, que en 2008, al principio de su mandato, se encontr&oacute; en Praga con Vaclav Havel, el dramaturgo que hab&iacute;a llegado a ser presidente de la Rep&uacute;blica Checa. &Eacute;ste le hizo casi al final de la reuni&oacute;n una declaraci&oacute;n para cincelar en piedra: &ldquo;los aut&oacute;cratas de hoy son m&aacute;s sofisticados. Defienden las elecciones al mismo tiempo que desprecian poco a poco las instituciones que hacen que la democracia sea posible&rdquo;. Es posible que el expresidente norteamericano rescatara con algo de oportunismo este testimonio para reforzar su sentido en el contexto actual, pero ayuda a fijar una cronolog&iacute;a m&aacute;s precisa. 
    </p><p class="article-text">
        En el mismo art&iacute;culo citado al principio, Diego E. Barros sostiene que quiz&aacute; el pa&iacute;s &ldquo;comenz&oacute; a agrietarse la noche de la victoria de Obama en 2008. Cuando todo parec&iacute;a posible nadie supo apreciar un ruido que empez&oacute; de inmediato&rdquo;. Eddie S. Glauder Jr rasca m&aacute;s profundo: &ldquo;es f&aacute;cil para nosotros poner todo sobre los hombros de Donald Trump&hellip; pero esto somos nosotros&rdquo;. A lo largo de sus memorias el expresidente norteamericano va madurando tambi&eacute;n la misma certeza a trav&eacute;s de peque&ntilde;as observaciones y detalles rescatados al vuelo: todo empez&oacute; la noche en que gan&oacute; sus primeras elecciones.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ha pasado desde entonces? El periodista argentino Mart&iacute;n Caparr&oacute;s defiende que &ldquo;los viejos due&ntilde;os de la democracia perdieron el control, e intentaron recuperarlo, pero no lo consiguen porque el mundo que imaginan ya no existe&rdquo;. Como consecuencia han quedado al descubierto todas las costuras de la democracia americana, mod&eacute;lica seg&uacute;n el insistente relato propio divulgado exitosamente durante d&eacute;cadas, pero heredera de Jim Crow y de las desigualdades del capitalismo neoliberal inaugurado con Reagan. El poder del ejemplo de Estados Unidos, lamentaba esta semana la periodista de <em>The Atlantic</em>, Anne Applebaum, ser&aacute; a partir de ahora m&aacute;s tenue de lo que fue antes. &ldquo;Los llamamientos estadounidenses a la democracia pueden ser rechazados con desprecio: ya no crees en ellos, entonces, &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;amos nosotros?&rdquo;, se&ntilde;ala. Se trata de un discurso realista pero tambi&eacute;n complaciente con la narrativa tradicional del pa&iacute;s, que la inmensa mayor&iacute;a de americanos se resiste a cuestionar: &ldquo;Podemos seguir recurriendo permanentemente y de manera deliberada a leyendas y mitos para proteger nuestra inocencia&rdquo;, denuncia Glaude Jr. Esa costumbre parece menos dolorosa que aceptar que Trump no es el problema sino el s&iacute;ntoma de un pa&iacute;s que ya no puede ocultar por m&aacute;s tiempo su verdadera naturaleza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/fealdad-estados-unidos_132_6738708.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Jan 2021 21:51:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f1bb9297-a5aa-4bca-a532-c618f318e9cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3610590" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f1bb9297-a5aa-4bca-a532-c618f318e9cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3610590" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La fealdad de los Estados Unidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f1bb9297-a5aa-4bca-a532-c618f318e9cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reconciliación o el mito del consenso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/reconciliacion-mito-consenso_132_6459885.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72f4ab1b-7ab8-47ea-81f9-8b4352f656bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reconciliación o el mito del consenso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de 45 años de democracia, no hay duda de que esta se ha asentado en España pero no en muchos españoles, que siguen encerrados en marcos políticos y sociológicos que creíamos superados</p></div><p class="article-text">
        El Partido Comunista nunca gobern&oacute; en Espa&ntilde;a. Tan solo tuvo presencia minoritaria en los gobiernos de Largo Caballero y Juan Negr&iacute;n ya en plena Guerra Civil. Cuando en 1975 muri&oacute; el dictador, la voluntad por la reconciliaci&oacute;n del PCE fue determinante para que la Transici&oacute;n culminara en la Constituci&oacute;n de 1978. Fue su gran aportaci&oacute;n a la democracia espa&ntilde;ola. Ahora que los que se autoproclaman constitucionalistas promueven una visi&oacute;n sesgada y excluyente del buen espa&ntilde;ol, habr&aacute; que recordar que solo seis diputados votaron en contra de la Carta Magna en el Congreso, cinco de ellos pertenec&iacute;an a la Alianza Popular de Manuel Fraga, origen del actual Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de 45 a&ntilde;os de democracia, no hay duda de que esta se ha asentado en Espa&ntilde;a pero no en muchos espa&ntilde;oles, que siguen encerrados en marcos pol&iacute;ticos y sociol&oacute;gicos que cre&iacute;amos superados. La idea que se mantiene vigente sobre el PCE o el comunismo apenas se ha movido de aquellos discursos mon&oacute;tonos y plomizos de la plaza de Oriente, sobre los que el franquismo construy&oacute; su artefacto propagand&iacute;stico. La educaci&oacute;n en democracia no ha servido para desterrar aquella oxidada frusler&iacute;a ideol&oacute;gica; y constatar esta evidencia a diario resulta hoy descorazonador.
    </p><p class="article-text">
        El comunismo, que fue arquitecto indispensable de ese engolamiento llamado &ldquo;esp&iacute;ritu de la transici&oacute;n&rdquo;, sigue siendo la bestia parda de nuestro imaginario patrio. Al mismo tiempo, retorcemos la sem&aacute;ntica para maquillar las fallas en la cultura democr&aacute;tica de quienes legitiman la herencia de Franco y airean desafiantes la versi&oacute;n de la historia que promovi&oacute; la dictadura durante cuarenta a&ntilde;os. Defienden la unidad de Espa&ntilde;a, explican a modo de atenuante, los tribunos madrile&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y es ah&iacute; donde se quedan al descubierto las tuber&iacute;as del sistema: no es tan importante el concepto de la democracia como la idea de Espa&ntilde;a. A diferencia de los partidos en el gobierno, que practican el inc&oacute;modo di&aacute;logo y el acuerdo con nacionalistas e independentista, la extrema derecha es radicalmente beligerante con quien no defiende una idea monol&iacute;tica de la naci&oacute;n. Y al parecer, esa firmeza con los desafectos (o traidores a la patria) es la que respalda sus credenciales democr&aacute;ticas a ojos del mundo conservador. Y, en consecuencia, justifica los pactos en Madrid, Murcia o Andaluc&iacute;a como una ingenier&iacute;a necesaria para salvar a Espa&ntilde;a de sus enemigos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero estas referencias est&aacute;n trucadas porque tienen la habilidad de una mirada de largo alcance en la que el sistema democr&aacute;tico no es m&aacute;s que un instrumento. Como explica el historiador Steven Forti,<strong> </strong>los ultranacionalismos &ldquo;se mueven como pez en el agua en las grietas de nuestras sociedades multiculturales y juegan para convertir esas grietas en fracturas, yendo m&aacute;s all&aacute; de los cl&aacute;sicos clivajes izquierda-derecha&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que esa Espa&ntilde;a no existe, salvo en la corta y perezosa mirada de quien no entiende la complejidad de este pa&iacute;s y opta por la sobreactuada y estridente &eacute;pica de los relatos que desvirt&uacute;an la realidad. Es lo que Tony Judt llamaba &ldquo;verdades abstractas&rdquo;, que son las m&aacute;s complejas de desmontar, y que la ultraderecha gestiona con probada solvencia. Hasta el punto que, como denunciaba recientemente el historiador Juli&aacute;n Casanova, &ldquo;en nombre de la democracia, se dedica a minar la democracia desde dentro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La derecha espa&ntilde;ola ha sacado su artiller&iacute;a pesada para denunciar el acuerdo del gobierno de Pedro S&aacute;nchez con Bildu para aprobar los presupuestos generales. Es un recurso maniqueo que los gobiernos socialistas, en especial el de Zapatero, sufrieron cada vez que aplicaron las mismas pol&iacute;ticas que la derecha en materia antiterrorista. Se puede y se debe condenar el legado de terror de ETA, que tanto dolor y sufrimiento caus&oacute; durante d&eacute;cadas, y, al mismo tiempo, explorar caminos para el di&aacute;logo y el acuerdo siempre que resulten beneficiosos para el conjunto de los ciudadanos. Por encima del agotador debate sobre las identidades, ese lodazal, est&aacute;n los problemas cotidianos de los ciudadanos, cuyas soluciones deben juzgarse por sus resultados y no por la naturaleza de quienes las propusieron.
    </p><p class="article-text">
        Hay que respetar el dolor de las v&iacute;ctimas y la incomprensi&oacute;n que suscita en muchos espa&ntilde;oles el acercamiento a quienes hasta no hace mucho defend&iacute;an la violencia como expresi&oacute;n pol&iacute;tica. Pero los gobernantes deben tener tambi&eacute;n altura de miras y sondear el dilema weberiano para interpretar cada tiempo e identificar las oportunidades que la democracia ofrece, una vez que las armas han callado. Es un principio de responsabilidad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;O bombas por votos&rdquo; exig&iacute;a al mundo abertzale en 2010 Alfredo P&eacute;rez Rubalcaba. Los independentistas, sin renunciar a sus leg&iacute;timos objetivos, decidieron hacer pol&iacute;tica aceptando las reglas del juego democr&aacute;tico, tal y como los dem&oacute;cratas hab&iacute;amos anhelado desde los oscuros a&ntilde;os de plomo. Pero la narrativa no ha variado pese a que la realidad, afortunadamente, se ha impuesto tozuda y son ahora las v&iacute;ctimas las que piden que no se utilice su memoria como arma arrojadiza. 
    </p><p class="article-text">
        Si la Transici&oacute;n se promociona como un modelo de consenso y reconciliaci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; no se renueva ahora que Espa&ntilde;a se enfrenta a nuevos desaf&iacute;os? Nicol&aacute;s Sartorius afirmaba esta semana: &ldquo;no s&eacute; si hay pacto con Bildu, pero en la Transici&oacute;n pactamos con quien nos fusilaba&rdquo;. Ser&iacute;a oportuno recordar que esos que fusilaban y mandaban a la c&aacute;rcel a la oposici&oacute;n se hicieron dem&oacute;cratas de la noche a la ma&ntilde;ana sin renunciar a su lealtad a los principios del franquismo y a la figura del dictador. Pasaron varias d&eacute;cadas hasta que el 20 de noviembre de 2002 el PP conden&oacute; por primera vez en sede parlamentaria la dictadura franquista.
    </p><p class="article-text">
        Se se&ntilde;ala a los homenajes que reciben en sus pueblos los etarras que abandonan las c&aacute;rceles tras cumplir sus condenas para ilustrar que no hay arrepentimiento ni condena. De acuerdo, la memoria de sus v&iacute;ctimas es incompatible con la indecencia de estos aquelarres colectivos. Se enfatiza que los objetivos de los independentistas siguen siendo los mismos por los que mataba ETA, como si las ideas estuvieran manchadas por el pecado original y no por los fan&aacute;ticos que decidieron defenderlas con asesinatos y extorsi&oacute;n. Quiz&aacute; haya que acudir a la cirug&iacute;a pol&iacute;tica para justificar el pacto con quienes no se sienten espa&ntilde;oles; pero sabemos que la democracia es un sistema tan complejo que obliga al dialogo incluso con quienes desprecias o te desprecian. Por eso la cultura democr&aacute;tica siempre es vulnerable e incierta. &iquest;No es acaso &eacute;sta la raz&oacute;n por la que durante d&eacute;cadas presumimos de que la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola era un modelo admirado en el mundo? El polit&oacute;logo holand&eacute;s Cas Mudde afirma que el auge de la ultraderecha no es una causa sino un s&iacute;ntoma: &ldquo;No refleja la fuerza de su ideario sino la debilidad de las instituciones democr&aacute;ticas&rdquo;, sostiene. &Eacute;ste es el verdadero problema ante el que debemos permanecer vigilantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/reconciliacion-mito-consenso_132_6459885.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Nov 2020 21:53:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/72f4ab1b-7ab8-47ea-81f9-8b4352f656bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2798598" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/72f4ab1b-7ab8-47ea-81f9-8b4352f656bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2798598" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La reconciliación o el mito del consenso]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/72f4ab1b-7ab8-47ea-81f9-8b4352f656bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El olvido está lleno de memoria democrática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/olvido-lleno-democratica-eta-patria-ley-memoria-historica_132_6255186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cda2e883-b31b-4d58-86c2-ebda9f37e599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El olvido está lleno de memoria democrática"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Por qué no se defiende con el mismo ahínco la necesidad de una ley de memoria histórica o democrática que explique quién promovió en 1936 un golpe de estado contra el gobierno legítimo, qué fue la dictadura franquista y quiénes fueron las victimas de su brutal represión?"</p></div><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as ha estado en el centro de la pol&eacute;mica medi&aacute;tica el estreno en la plataforma HBO de &ldquo;Patria&rdquo;,&nbsp;la adaptaci&oacute;n televisiva de la aclamada novela de Fernando Aramburu. La campa&ntilde;a de promoci&oacute;n lanzada por la cadena norteamericana de streaming desencaden&oacute; una fuerte controversia en Espa&ntilde;a que, sin duda, ha ayudado a que la serie sea ya un fen&oacute;meno popular a la altura del libro.
    </p><p class="article-text">
        En uno de los <em>teaser</em> de promoci&oacute;n se mostraba la imagen del Txato en brazos de Bittori, su desconsolada mujer, instantes despu&eacute;s de ser asesinado por un pistolero de ETA. Enfrentada aparec&iacute;a la imagen de un terrorista desnudo y en posici&oacute;n fetal rodeado por sus despreocupados torturadores. Pol&iacute;ticos, periodistas y ciudadanos denunciaron la equidistancia de una imagen que situaba al mismo nivel de sufrimiento al ciudadano vasco asesinado por ETA y al etarra torturado. Se blanqueaba la acci&oacute;n criminal del terrorista al equiparar su dolor al de sus v&iacute;ctimas. Es decir, para HBO hab&iacute;a v&iacute;ctimas a ambos lados. El propio Aramburu afirm&oacute; que el cartel era un desacierto: &ldquo;pierde de vista el dolor de las v&iacute;ctimas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, abrumada por el alcance de la pol&eacute;mica, HBO rectific&oacute;, retir&oacute; el controvertido cartel y recuper&oacute; el original en el que s&oacute;lo aparec&iacute;a Bittori junto a su marido acribillado por las balas etarras. Adem&aacute;s, para que no quedara espacio para interpretaciones, se incorpor&oacute; al tr&aacute;iler un texto contextualizador: &ldquo;M&aacute;s de 800 asesinados, miles de heridos y 52 a&ntilde;os de terror&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde que ETA anunciara el 20 de octubre de 2011 el cese definitivo de su actividad armada las victimas han venido denunciando la existencia en Euskadi de una batalla por imponer un relato que exonere de responsabilidades a los terroristas. Ocurre en las calles, en algunos medios de comunicaci&oacute;n, en el revisionismo de pol&iacute;ticos e historiadores y en los homenajes que reciben los etarras en sus pueblos tras abandonar la c&aacute;rcel. En ese relato se pone de manifiesto la existencia de una guerra y, por lo tanto, de dos bandos que actuaron durante medio siglo seg&uacute;n los c&oacute;digos de un conflicto b&eacute;lico. 
    </p><p class="article-text">
        Es un relato maniqueo, injusto y sesgado, que no corresponde con la dram&aacute;tica experiencia sufrida por las sociedades vasca y espa&ntilde;ola, ni hace justicia a la memoria de quienes perdieron la vida a manos de los terroristas. Una coartada que no sostiene la historia. Aunque en ning&uacute;n caso deber&iacute;a minimizarse la distorsi&oacute;n causada por la guerra sucia que ejerci&oacute; el estado durante varias etapas de esa larga tragedia. Una aportaci&oacute;n criminal que probablemente rearm&oacute; y aliment&oacute; durante m&aacute;s tiempo la chatarra ideol&oacute;gica que cargaba las pistolas de los etarras.
    </p><p class="article-text">
        Los principales partidos integrados en el denominado &ldquo;bloque constitucionalista&rdquo;, y la mayor&iacute;a de ciudadanos espa&ntilde;oles, coinciden en el relato sobre el terrorismo y, salvo matices, defienden un mismo punto de vista sobre lo ocurrido durante este doloroso periodo de la historia del pa&iacute;s. Se defiende incluso la necesidad de que los libros de texto expliquen claramente a las nuevas generaciones que nacieron o crecieron sin conocer el terrorismo etarra, qu&eacute; fue, qu&eacute; signific&oacute; y quienes lo apoyaron. Hay un dato que se ha recordado con frecuencia en los &uacute;ltimos meses: el 47% de los universitarios vascos de primer curso desconoce qui&eacute;n fue Miguel &Aacute;ngel Blanco, seg&uacute;n un estudio realizado por el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe.
    </p><p class="article-text">
        Si resulta tan necesaria esta tarea pedag&oacute;gica para defender la memoria de los asesinados en contraposici&oacute;n con los terroristas que pusieron en riesgo durante d&eacute;cadas la democracia espa&ntilde;ola, &iquest;por qu&eacute; no se defiende con el mismo ah&iacute;nco la necesidad de una ley de memoria hist&oacute;rica o democr&aacute;tica que explique qui&eacute;n promovi&oacute; en 1936 un golpe de estado contra el gobierno leg&iacute;timo, qu&eacute; fue la dictadura franquista y qui&eacute;nes fueron las victimas de su brutal represi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Tras la presentaci&oacute;n del &ldquo;Anteproyecto de Ley de Memoria Democr&aacute;tica&rdquo; por parte del gobierno de coalici&oacute;n PSOE-UP, muchos han expresado su rechazo recurriendo al pertinaz argumentario: reabre viejas heridas, es revanchista, impone una mirada sesgada sobre la historia reciente de Espa&ntilde;a u olvida que ambos bandos cometieron excesos. Este &uacute;ltimo adagio es el empe&ntilde;o cl&aacute;sico de las derechas espa&ntilde;olas por hacer una equivalencia entre el gobierno de la Rep&uacute;blica y los sublevados y, sobre todo, por disimular la devastaci&oacute;n de los cuarenta a&ntilde;os de dictadura. Al cuestionar la misma naturaleza antidemocr&aacute;tica del franquismo se cultiva el cinismo de un relato hecho a medida del consumidor. Exactamente lo mismo que se denuncia estos d&iacute;as en Euskadi.
    </p><p class="article-text">
        La letra del anteproyecto es cuestionable en algunos de sus puntos y debe ser ajustada en su tramitaci&oacute;n, pero nunca ser&aacute;, pese a ello, un texto de consenso. No puede serlo. La democracia espa&ntilde;ola deber&iacute;a aspirar a que todos sus partidos pol&iacute;ticos fueran capaces de compartir un mismo relato sobre la historia reciente del pa&iacute;s. La consecuencia de ese consenso ser&iacute;a una ley pactada que no fuera rechazada o cuestionada por partidista o ideol&oacute;gica. Evidenciar&iacute;a tambi&eacute;n una madurez democr&aacute;tica surgida de la experiencia y del tiempo. Para ello ser&iacute;a fundamental que la derecha espa&ntilde;ola se desprendiera definitivamente de su pasado franquista y no titubeara a la hora de llamar dictadura a lo que no fue otra cosa. Y que no se arrojaran siniestros matices sobre la existencia de una Espa&ntilde;a derrotada que vivi&oacute; oprimida durante cuarenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Muchos pensaron que, como ocurri&oacute; en largo proceso de desnazificaci&oacute;n en Alemania, ser&iacute;a necesario que desapareciera la &ldquo;generaci&oacute;n culpable&rdquo; para poder afrontar el pasado sin traumas y con perspectiva. Y que la Transici&oacute;n, un artefacto pol&iacute;tico &uacute;til para una coyuntura hist&oacute;rica, ser&iacute;a revisada y actualizada por los hijos de quienes la pactaron para que respondiera a las necesidades de la sociedad actual. No solo no ha ocurrido sino que las nuevas generaciones se han situado en posiciones m&aacute;s extremas e intransigentes.
    </p><p class="article-text">
        Hay quienes consideran que la &ldquo;Ley de Memoria Democr&aacute;tica&rdquo; es una enmienda a la totalidad de la Transici&oacute;n, como si &eacute;sta fuera un presente continuo que determina la vida de los ciudadanos pero no requiere de ajustes; son ellos los que deben adaptarse. El historiador Raimundo Cuesta sostiene que la Transici&oacute;n se habr&iacute;a erigido en una suerte de &ldquo;categor&iacute;a metahist&oacute;rica, en una entidad que se explica, con may&uacute;scula, por s&iacute; misma&rdquo;. Y en ese contexto, la izquierda es generosa y democr&aacute;tica si pacta y cede, como hizo en el 77, pero intransigente y sectaria si reclama cambios. Y de este modo lo que se defini&oacute; como un tr&aacute;nsito (como su propia palabra explica) entre reg&iacute;menes se ha convertido con el paso de los a&ntilde;os en la hora fundacional de una naci&oacute;n con toda su parafernalia de mitos y leyendas.
    </p><p class="article-text">
        El anteproyecto de ley detalla algunos apartados: auditor&iacute;a del expolio, reparaci&oacute;n del trabajo forzado, nulidad de las resoluciones de los tribunales franquistas, localizaci&oacute;n y exhumaci&oacute;n de fosas, fiscal&iacute;a para la investigaci&oacute;n de ciertos hechos producidos entre 1936 y 1978, banco de ADN, censo de v&iacute;ctimas, retirada de honores, extinci&oacute;n de las fundaciones pro franquistas, introducci&oacute;n de la memoria democr&aacute;tica en la ESO y acceso a los archivos. Es dif&iacute;cil no encontrar justicia democr&aacute;tica en estos prop&oacute;sitos, m&aacute;s all&aacute; de posiciones ideol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        Como se&ntilde;alaba recientemente Emilio Silva, presidente de la &ldquo;Asociaci&oacute;n para la Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica<em>&rdquo;</em>, en un momento en que Europa, incluida Espa&ntilde;a, est&aacute; viendo c&oacute;mo sus parlamentos se llenan de diputados y diputadas de extrema derecha, &ldquo;no podemos cometer el error de perder de vista la memoria de la antidemocracia. Entendiendo qui&eacute;nes eran los fascistas, qu&eacute; hicieron, para qu&eacute; lo hicieron, qui&eacute;nes colaboraron con ellos, qu&eacute; papel tuvo la jerarqu&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica en el golpe de Estado y en el franquismo&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El historiador Francisco Espinosa recordaba en CTXT que Fritz Bauer, fiscal general del estado federal de Hess, inici&oacute; su lucha contra la impunidad de los antiguos dirigentes nazis cuando entendi&oacute; que el &uacute;nico punto de partida v&aacute;lido para la RFA exig&iacute;a &ldquo;erradicar las ra&iacute;ces del nacionalsocialismo, que pasaba obligatoriamente por una confrontaci&oacute;n honesta con el pasado. Lo primero que consigui&oacute;, en 1952, fue establecer jur&iacute;dicamente que el Tercer Reich hab&iacute;a sido un &rdquo;Estado de no derecho&ldquo;, legitimando as&iacute; los levantamientos y atentados contra el r&eacute;gimen y el F&uuml;hrer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;Ley de memoria democr&aacute;tica&rdquo; no puede ser despachada por la derecha como otra batalla cultural de la izquierda revanchista sino como un ejercicio necesario de educaci&oacute;n en democracia; en especial en un pa&iacute;s con tan corta tradici&oacute;n democr&aacute;tica. Del mismo modo que es justo honrar la memoria de las v&iacute;ctimas de ETA, es necesario recordar a quienes sufrieron la represi&oacute;n de la dictadura. Porque se corre el riesgo, como denunciaba Eduardo Maura, profesor de filosof&iacute;a en la Universidad Complutense de Madrid, de aceptar con naturalidad que &ldquo;ser dem&oacute;crata es estar en contra de ETA&rdquo; y olvidar que ser dem&oacute;crata significa tambi&eacute;n &ldquo;ser antifranquista y antifascista&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/olvido-lleno-democratica-eta-patria-ley-memoria-historica_132_6255186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2020 21:04:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cda2e883-b31b-4d58-86c2-ebda9f37e599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="328493" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cda2e883-b31b-4d58-86c2-ebda9f37e599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="328493" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El olvido está lleno de memoria democrática]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cda2e883-b31b-4d58-86c2-ebda9f37e599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién cancela a quién?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/opinion-censura-periodismo-autocensura-cultura-cancelacion_132_6164616.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f692d770-4cc3-4d95-8411-f733c2eb1b59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién cancela a quién?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista; el norteamericano, el español y el de cualquier parte del mundo, está sometido desde la noche de los tiempos a una sutil cultura de la cancelación impartida por los poderes políticos y económicos</p></div><p class="article-text">
        La cultura de la cancelaci&oacute;n se ha convertido en uno de los sintagmas de moda en todo el mundo desde que el pasado 7 de julio un grupo formado por 135 intelectuales, acad&eacute;micos y activistas (la mayor&iacute;a de ellos norteamericanos) publicara en <em>Harper&acute;s Magazine</em> una carta en favor del derecho a discrepar y en contra del &ldquo;clima de intolerancia instalado en los dos lados&rdquo;.&nbsp;En &ldquo;A Letter on Justice and Open Debate&rdquo; los firmantes, un heterog&eacute;neo grupo en el se encuentran personalidades tan dispares ideol&oacute;gicamente como Noam Chomsky, Steven Paniker, Margaret Atwood, Michael Ignatieff, Salman Rushdi o J.K. Rowling, alertaba de que la censura &ldquo;se extiende y hay intolerancia a los puntos de vista diferentes, inculpaciones p&uacute;blicas y ostracismo, y una tendencia a disolver los temas complejos en certezas morales cegadoras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a los principales medios de comunicaci&oacute;n, (<em>El Pa&iacute;s, El Mundo, ABC y La Raz&oacute;n</em>), se hicieron eco de la carta pero, curiosamente, le dieron un significado que los firmantes no hab&iacute;an expresado en ning&uacute;n momento de manera tan expl&iacute;cita. Pese a que el ya famoso texto no citaba las palabras &ldquo;progresista&rdquo; o &ldquo;izquierda&rdquo;, los diarios espa&ntilde;oles se aventuraron a afirmar que &eacute;sta quer&iacute;a denunciar los excesos censores que se estaban cometiendo desde cierta parte del espectro progresista.
    </p><p class="article-text">
        La carta tuvo su r&eacute;plica en Espa&ntilde;a pocos d&iacute;as despu&eacute;s, promovida por algunos de los intelectuales y periodistas org&aacute;nicos del r&eacute;gimen del 78 (aunque fue suscrita por muchos m&aacute;s): Juan Luis Cebri&aacute;n, Arcadi Espada, Fernando Savater, Elvira Roca Barea, Mario Vargas Llosa o Javier Cercas. En ella, a diferencia de la carta publicada en <em>Harper&acute;s Magazine</em>, culpaban a ciertas &ldquo;corrientes ideol&oacute;gicas, supuestamente progresistas, que se caracterizan por su radicalidad&rdquo;, de haber fomentado un clima de caza de brujas y cancelaci&oacute;n contra aquellos que no segu&iacute;an sus postulados ideol&oacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        Quienes firman estas cartas han disfrutado a lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de importantes plataformas desde las que han expresado sin problemas sus opiniones. Muchos de ellos se han arrogado la autoridad moral para impartir doctrina con la resuelta arrogancia de quien se sabe miembro de una privilegiada minor&iacute;a con aspiraciones de intelectualidad. Muchos de ellos realmente han sido y siguen siendo creadores de opini&oacute;n y referentes intelectuales. Nunca han sufrido en democracia los rigores de la censura y, probablemente, nunca los sufrir&aacute;n. Pero temen perder su capacidad de influencia. Como resum&iacute;a con iron&iacute;a en Twitter la joven escritora de origen haitiano Doreen St. Felix, colaboradora de <em>The New Yorker</em>: &ldquo;Estamos dejando de ser relevantes&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los firmantes de &ldquo;The Letter&rdquo; pon&iacute;an como ejemplo del asfixiante clima censor reinante, la renuncia en junio de James Bennet como editor de la p&aacute;gina editorial de <em>The New York Times</em>, d&iacute;as despu&eacute;s de que la secci&oacute;n de opini&oacute;n del peri&oacute;dico publicara un art&iacute;culo del senador republicano por Arkansas Tom Cotton, que titulaba &ldquo;Env&iacute;en las tropas&rdquo;. El pol&iacute;tico instaba a que se hiciera &ldquo;una demostraci&oacute;n abrumadora de fuerza para dispersar, detener y, en &uacute;ltima instancia, disuadir a los infractores de la ley&rdquo;, en mitad de las protestas que se expandieron por todos los Estados Unidos tras la muerte a manos de la polic&iacute;a de George Floyd. El art&iacute;culo provoc&oacute; la ira de los lectores y redactores del <em>Times</em>.
    </p><p class="article-text">
        Muchos periodistas en Espa&ntilde;a se apresuraron a mostrar su solidaridad con Bennet y pusieron su ejemplo como paradigma del insoportable clima de opresi&oacute;n bajo el que desempe&ntilde;aban su trabajo por culpa del acoso de una parte de la izquierda, principalmente en redes sociales. Ese lamento recordaba al estupor del prefecto Renault tras descubrir que en el caf&eacute; de Rick se jugaba. Algunos de los firmantes llevan meses pidiendo al <em>New York Times</em> que sustituya a su corresponsal en Espa&ntilde;a, Raphael Minder, porque no comparten la manera en la que el periodista enfoca sus art&iacute;culos sobre nuestro pa&iacute;s, en especial en el tema de Catalu&ntilde;a. Cancelando que es gerundio.
    </p><p class="article-text">
        El periodista; el norteamericano, el espa&ntilde;ol y el de cualquier parte del mundo, est&aacute; sometido desde la noche de los tiempos a una sutil cultura de la cancelaci&oacute;n impartida por los poderes pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos. En Espa&ntilde;a son cientos los profesionales que han perdido su trabajo o han visto limitada su capacidad de acci&oacute;n por las presiones invisibles pero contundentes de quienes tienen la capacidad real para hacerlo. No hay cultura de la cancelaci&oacute;n m&aacute;s letal que la que impone el miedo a perder el trabajo. Ocurre a diario pero no merece ser alertada por opin&oacute;logos que m&aacute;s bien temen perder su estatus. La periodista de <em>The Verge</em>, Sarah Jeong, lo sintetiza bien: &ldquo;para ser claros, los opinadores no est&aacute;n en peligro de una guillotinaci&oacute;n real, excepto quiz&aacute;s metaf&oacute;ricamente, que no es en absoluto lo mismo. Seguir&aacute;n publicando y algunos de ellos seguir&aacute;n ganando mucho dinero&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Bajo la idea de cultura de la cancelaci&oacute;n se han almacenado diferentes fen&oacute;menos sociales, culturales y pol&iacute;ticos que merecen tratamientos diferentes. Por un lado est&aacute; el ruido en redes sociales (en especial en Twitter), donde es sencillo montar una campa&ntilde;a de desprestigio contra aquellas marcas o personajes p&uacute;blicos que han realizado declaraciones pol&eacute;micas que han ofendido a su p&uacute;blico objetivo. En Estados Unidos la popular marca de conservas Goya ha sido sometida a un boicot tras las declaraciones de su CEO, Robert Unanue, en las que afirmaba que &ldquo;todos estamos verdaderamente bendecidos de tener un l&iacute;der como el presidente Trump&rdquo;. El principal nicho de mercado de Goya es el consumidor de origen latino, que sufre a diario el desprecio y los ataques del inquilino de la Casa Blanca.
    </p><p class="article-text">
        Si habl&aacute;ramos en t&eacute;rminos de marketing habr&iacute;a que convenir que no hay nada m&aacute;s capitalista que la cultura de la cancelaci&oacute;n, pues se trata de una variable m&aacute;s que regula el mercado. Para ello se cre&oacute; el concepto de la &ldquo;reputaci&oacute;n on-line&rdquo;, que mide y trata de corregir los desajustes de una marca en su exposici&oacute;n p&uacute;blica. De la misma manera que una acertada campa&ntilde;a de marketing logra incrementar las ventas de un producto, en la sociedad de las redes sociales un desliz puede provocar el efecto contrario. Es el mercado, amigo. La periodista Surekha Ragavan defiende en <em>PR Week</em> que &ldquo;dado que la cultura de la cancelaci&oacute;n es un tema candente en este momento, las marcas deben comprender las deficiencias de su discurso, as&iacute; como el potencial de hipocres&iacute;a que lo acompa&ntilde;a&rdquo;. Ellas son las v&iacute;ctimas de su propio juego. Como explicaba el propio Chomsky en una reciente entrevista en <em>El Pa&iacute;s</em>, &ldquo;vivimos la ficci&oacute;n de que el mercado es maravilloso porque nos dicen que est&aacute; compuesto por consumidores informados que adoptan decisiones racionales. Pero basta con poner la televisi&oacute;n y ver los anuncios: &iquest;buscan informar al consumidor y que tome decisiones racionales? &iquest;O buscan enga&ntilde;ar?&rdquo; El boicot, como bien sabemos en Espa&ntilde;a, es una pr&aacute;ctica ideol&oacute;gica que de vez en cuando se enmascara bajo el libre mercado.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s hay una cultura de la cancelaci&oacute;n que tiene que ver con las ideas; es un movimiento cultural y ciudadano, es transversal, transnacional e iconoclasta, y busca superar los marcos pol&iacute;ticos e hist&oacute;ricos actuales. Como todo movimiento revolucionario, y &eacute;ste lo es en tanto aspira a una sociedad nueva, corre el riesgo de cometer excesos, abusos y de desviarse de sus impulsos originales. Est&aacute; ocurriendo. Pero como nos ense&ntilde;a la historia, el tiempo moderar&aacute; su furor inicial y filtrar&aacute; los desvar&iacute;os iconoclastas para que se sustancie lo esencial: es necesario acabar con el racismo sist&eacute;mico que vive la sociedad norteamericana y queda un largo trecho para conseguir la igualdad real entre el hombre, la mujer y las personas no binarias. Y, sobre todo, se impone revisar el relato y los s&iacute;mbolos que nos explican la historia com&uacute;n porque estos fueron encumbrados por los vencedores. Hay una nueva generaci&oacute;n que quiere superar el marco impuesto por sus padres y poner el foco en aquello que nosotros hemos aceptado como irremediable por puro acomodo intelectual. Ocurre en cada generaci&oacute;n. Hemos llamado cultura de la cancelaci&oacute;n a lo que no es m&aacute;s que la manifestaci&oacute;n de nuestra melancol&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La periodista Sarah Hagi asegura en <em>Time</em>, que apelar a la cultura de la cancelaci&oacute;n se ha convertido &ldquo;en una soluci&oacute;n general para cuando las personas en el poder enfrentan las consecuencias de sus acciones o reciben alg&uacute;n tipo de cr&iacute;tica, algo a lo que no est&aacute;n acostumbrados&rdquo;. En Estados Unidos se ha enfrentado la idea de la cultura de la cancelaci&oacute;n, con evidentes connotaciones negativas, con el derecho al &ldquo;free speech&rdquo;, cuya versi&oacute;n espa&ntilde;ola m&aacute;s conocida es la que se autoproclama &ldquo;pol&iacute;ticamente incorrecta&rdquo;. En redes sociales abundan sus ep&iacute;gonos, que se acompa&ntilde;an invariablemente de la bandera de Espa&ntilde;a. El director Nacho Vigalondo lo dijo en el diario <em>El Mundo</em>: &ldquo;esos que ahora se autodefinen como pol&iacute;ticamente incorrectos son los t&iacute;os pol&iacute;ticamente correctos de hace 20 a&ntilde;os, que se han hecho viejos y demandan que vuelvan los chistes de mariquitas porque quieren que todo sea como antes. Esa incorrecci&oacute;n pol&iacute;tica es nostalgia pura y dura de la peor cala&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La cultura de la cancelaci&oacute;n no es la principal amenaza a la que se enfrenta el mundo. De hecho, est&aacute; lejos de ser un problema para las sociedades bien pensantes. Tampoco existe una supuesta alianza progresista mundial coordinada para imponer sus recetas ideol&oacute;gicas. No hay mas que dar una vuelta por el mapa geopol&iacute;tico global para observar que las izquierdas son irrelevantes en lo que despectivamente hemos llamado &ldquo;primer mundo&rdquo;. Ni siquiera en Espa&ntilde;a, donde la socialdemocracia anor&eacute;xica del PSOE y el eurocomunismo descolorido de Unidas Podemos est&aacute;n aplicando, sin margen de maniobra, pol&iacute;ticas fiscalizadas por la Uni&oacute;n Europea. En un mundo gobernado por personajes como Donald Trump en Estados Unidos, Vladimir Putin en Rusia, Alexander Lukashenko en Bielorrusia, Jair Bolsonaro en Brasil, Andrzej Duda en Polonia o Viktor Orban en Hungr&iacute;a, resulta una desasosegante frivolidad que algunos dirijan sus preocupaciones hacia las corrientes ideol&oacute;gicas progresistas. Trump acaba de llamar asquerosa (su ep&iacute;teto favorito cuando se refiere a una mujer) a Kamala Harris, la vicepresidenta en la candidatura de Joe Biden. Trump est&aacute; poniendo todos los impedimentos legales a su alcance para que el voto por correo no sea posible en aquellos estados en los que puede perder. En la considerada primera democracia del mundo millones de sus ciudadanos no podr&aacute;n ejercer su derecho al voto en noviembre. &iquest;No hay peor cultura de la cancelaci&oacute;n que &eacute;sta?
    </p><p class="article-text">
        El neoliberalismo gan&oacute; su batalla ideol&oacute;gica iniciada a principios de la d&eacute;cada de los 80 con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, pues no hay ideolog&iacute;a m&aacute;s poderosa que la que establece el marco econ&oacute;mico. El colapso del mundo comunista acab&oacute; con los contrapesos y el capitalismo se desprendi&oacute; de su &uacute;ltimo lastre para convertirse en el modelo predominante que es hoy. El soci&oacute;logo franc&eacute;s Ugo Palheta, autor de varios trabajos sobre el ascenso de la extrema derecha en Francia, alerta de que el desmantelamiento progresivo del Estado de bienestar y la sumisi&oacute;n a los capitales transnacionales, &ldquo;es decir, el neoliberalismo hegem&oacute;nico&rdquo;, han favorecido la penetraci&oacute;n de la extrema derecha en sectores populares cada vez m&aacute;s desprotegidos, &ldquo;tanto como los discursos contra la inmigraci&oacute;n y el autoritarismo creciente de los gobiernos&rdquo;. Y es ah&iacute; donde est&aacute; ahora la verdadera batalla cultural, en el terreno de lo moral y de las ideas. Por eso llaman cultura de la cancelaci&oacute;n a lo que consideran la &uacute;ltima amenaza para conseguir la hegemon&iacute;a completa de su contrarreforma conservadora; la econ&oacute;mica y la cultural.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/opinion-censura-periodismo-autocensura-cultura-cancelacion_132_6164616.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Aug 2020 20:52:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f692d770-4cc3-4d95-8411-f733c2eb1b59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="233155" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f692d770-4cc3-4d95-8411-f733c2eb1b59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="233155" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Quién cancela a quién?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f692d770-4cc3-4d95-8411-f733c2eb1b59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Para qué sirve un rey?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/opinion-para-que-sirve-rey-monarquia-juan-carlos_132_6092484.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd032942-ce59-4ed0-bf8e-fcbb6f27ecd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Para qué sirve un rey?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La evidencia de que los españoles que viven en democracia tienen derecho a elegir a su jefe de estado, principio básico del republicanismo, cada vez es más difícil de rebatir"</p></div><p class="article-text">
        Hace casi cuarenta a&ntilde;os la Fundaci&oacute;n Institucional Espa&ntilde;ola comenz&oacute; a organizar el concurso &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es un rey para ti?&rdquo;, dirigido entonces a los alumnos de la EGB y ahora de Primaria y 1 y 2 de la ESO. Se trataba de premiar a aquellos estudiantes que mejor supieran reflejar los valores democr&aacute;ticos que supuestamente emanaban de la figura del monarca. Oficialmente era una campa&ntilde;a educativa para divulgar la figura del jefe de Estado entre los estudiantes espa&ntilde;oles, como m&aacute;xima autoridad de la joven democracia, pero con cierta perspectiva tambi&eacute;n pod&iacute;a ser vista como una simple campa&ntilde;a de culto al l&iacute;der.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a un mensaje subliminal en ese ejercicio de proselitismo que promov&iacute;a la peligrosa especie seg&uacute;n la cual los valores democr&aacute;ticos deb&iacute;an ser vinculados a la figura del rey y no al anhelo colectivo de la sociedad espa&ntilde;ola. La democracia, se deduc&iacute;a, era fruto de la graciosa voluntad del monarca y no el resultado de las luchas, movilizaciones y deseos de los espa&ntilde;oles. Esa relaci&oacute;n de ideas entre el rey y el proceso democr&aacute;tico, por la cual &eacute;ste hab&iacute;a sido posible gracias exclusivamente a la voluntad de Juan Carlos I, dejaba en mal lugar a la propia democracia espa&ntilde;ola pues expon&iacute;a la debilidad de sus cimientos y su dependencia en origen de la arbitrariedad individual. Una democracia que puede ser concedida graciosamente por un rey es una contradicci&oacute;n con los mismos valores democr&aacute;ticos, que emanan del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        En el relato oficial se sit&uacute;a a Juan Carlos I, nombrado por Franco su sucesor a t&iacute;tulo de rey en 1969, como el arquitecto de la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola que utiliza los poderes absolutos heredados del dictador para poner en marcha un plan que hab&iacute;a madurado durante a&ntilde;os para restituir las libertades democr&aacute;ticas. Suena bien, pero no es completo. 
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos I, que se reconoce con pocas luces pero gran olfato pol&iacute;tico, era consciente en 1975 de que solo podr&iacute;a ser rey de una Espa&ntilde;a democr&aacute;tica, que solo ser&iacute;a reconocido por el resto de pa&iacute;ses si traicionaba a quien le hab&iacute;a puesto en el trono. Lo pudo hacer guiado por convicciones democr&aacute;ticas pero tambi&eacute;n por c&aacute;lculo y por instinto de supervivencia. Cuando los redactores de la Constituci&oacute;n llegaron al art&iacute;culo 56 dise&ntilde;aron un traje a medida del monarca que, en buena parte, estaba inspirado en las constituciones de las principales monarqu&iacute;as europeas: se establec&iacute;a la regla de la absoluta irresponsabilidad regia, fiel reflejo del viejo aforismo brit&aacute;nico &ldquo;the king can do not wrong&rdquo;&nbsp;(el Rey no puede hacer mal). La persona del rey es inviolable y no est&aacute; sujeta a responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ese momento al rey solo se le ped&iacute;a que fuera decente y que la monarqu&iacute;a tuviera una actitud ejemplar, que fuera &uacute;til a la nueva democracia. Era la mejor aportaci&oacute;n que pod&iacute;a hacer Juan Carlos I para justificar la restauraci&oacute;n borb&oacute;nica sin que mediara siquiera debate sobre cu&aacute;l era el mejor modelo de estado para la nueva democracia. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1995, Adolfo Suarez, en un &ldquo;off the record&rdquo; con la periodista Victoria Prego, reconoci&oacute; que en plena Transici&oacute;n su gobierno descart&oacute; la posibilidad de un refer&eacute;ndum para elegir entre monarqu&iacute;a o rep&uacute;blica porque, seg&uacute;n las encuestas que manejaban, ganaba la segunda opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me ped&iacute;an un refer&eacute;ndum sobre monarqu&iacute;a o rep&uacute;blica..., hac&iacute;amos encuestas y perd&iacute;amos&rdquo;, admiti&oacute; el expresidente fallecido en marzo de 2014. La soluci&oacute;n para que esta consulta no se realizara fue meter &ldquo;la palabra rey y la palabra monarqu&iacute;a en la ley&rdquo; de la Reforma Pol&iacute;tica de 1977. De esta manera, &ldquo;dije que hab&iacute;a sido sometido a refer&eacute;ndum ya&rdquo;, explic&oacute; a Prego. Poniendo monarqu&iacute;a en la ley, se asegur&oacute; la permanencia de la instituci&oacute;n. El viejo franquismo ve&iacute;a, de este modo, resueltos sus temores de una restauraci&oacute;n de la rep&uacute;blica que vinculaban al comunismo y a la Guerra Civil.
    </p><p class="article-text">
        La oposici&oacute;n democr&aacute;tica acept&oacute; la soluci&oacute;n mon&aacute;rquica dentro de la Constituci&oacute;n a cambio de limitar al m&aacute;ximo el poder ejecutivo del rey, de tal modo que quedara en una figura meramente sancionadora. El monarca era, de alg&uacute;n modo, el t&oacute;tem que sosten&iacute;a la dudosa narraci&oacute;n hist&oacute;rica del pa&iacute;s m&aacute;s antiguo de Europa, le daba continuidad y justificaci&oacute;n en el tiempo y, por razones de simbolog&iacute;a pol&iacute;tica, garantizaba su estabilidad territorial e institucional. En &uacute;ltima instancia manten&iacute;a la identificaci&oacute;n del pa&iacute;s con las viejas naciones europeas, como si si se tratara de un reposo de legitimidad, y se olvidaban las desastrosas experiencias del pasado con la dinast&iacute;a de los Borbones. 
    </p><p class="article-text">
        Los partidos de larga tradici&oacute;n republicana, como el PSOE, se acomodaron sin demasiados problemas a la teor&iacute;a de Montesquieu seg&uacute;n la cual el pa&iacute;s pod&iacute;a ser &ldquo;una naci&oacute;n en la que la rep&uacute;blica se amaga bajo la forma de monarqu&iacute;a&rdquo;. Ten&iacute;an la coartada moral para enterrar definitivamente, sin demasiados prejuicios, el debate pendiente sobre el modelo de estado. Tampoco los liberales espa&ntilde;oles se rasgaron las vestiduras pese a que, como ha escrito uno de los grandes te&oacute;ricos del republicanismo, el polit&oacute;logo irland&eacute;s, Philip Pettit, &ldquo;la concepci&oacute;n republicana de la libertad deber&iacute;a atraer a los liberales, en la medida en que, centrada en la capacidad individual de elecci&oacute;n, tiene mucho en com&uacute;n con la noci&oacute;n negativa de libertad como no-interferencia&rdquo;. Podr&iacute;amos decir que el &ldquo;juancarlismo&rdquo; militante sirvi&oacute; para maquillar las contradicciones ideol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        En el relato oficial tambi&eacute;n se dice que el 23F el rey logr&oacute; definitivamente la legitimidad que necesitaba al detener el golpe de estado. A estas alturas no caben las teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n para implicar al monarca en la trama pues muchos y rigurosos estudios e investigaciones, como el de Javier Fern&aacute;ndez, desmontan dicha hip&oacute;tesis. El monarca ten&iacute;a muy presente la experiencia de su abuelo Alfonso XIII, cuyo reinado comenz&oacute; a derrumbarse el d&iacute;a que apoy&oacute; el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923. Pero tambi&eacute;n se sabe, y lo explic&oacute; bien Javier Cercas en &ldquo;Anatom&iacute;a de un instante&rdquo;, que el rey alent&oacute; de manera irresponsable en los meses previos, con su indiscreci&oacute;n y charlataner&iacute;a en corrillos pol&iacute;ticos y castrenses, la impresi&oacute;n de que no ver&iacute;a con malos ojos un golpe de tim&oacute;n que acabara con el gobierno de Su&aacute;rez. Maniobr&oacute; para acabar con un pol&iacute;tico que ya no le serv&iacute;a, con el que ya no congeniaba pero que hab&iacute;a ganado las elecciones generales de 1979. 
    </p><p class="article-text">
        Tras el fracaso del golpe de estado el rey se retir&oacute; a sus cuarteles de invierno y se dedic&oacute; a borbonear, que es una mezcla de charlataner&iacute;a, hedonismo, soberbia, irresponsabilidad, indiscreci&oacute;n, banalidad, frivolidad e incapacidad para medir los m&aacute;rgenes de su desempe&ntilde;o institucional. Desde ese momento, como ha recordado estos d&iacute;as el historiador zaragozano, Juli&aacute;n Casanova, &ldquo;al Rey Juan Carlos se le sacraliz&oacute; como el piloto del cambio desde la dictadura a la democracia. Una construcci&oacute;n positiva, estimulada por pol&iacute;ticos, intelectuales y medios que le dej&oacute; fuera de las zonas oscuras, errores o deficiencias de la democracia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El rey vivi&oacute; protegido por un pacto de silencio de los medios de comunicaci&oacute;n y de la clase pol&iacute;tica; un cord&oacute;n de seguridad que lo mantuvo alejado de cualquier cr&iacute;tica y que le exoner&oacute; de grandes responsabilidades institucionales. El rey pas&oacute; de las p&aacute;ginas pol&iacute;ticas de los peri&oacute;dicos a las de sociedad, abrigado por un relato que describ&iacute;a una familia, la suya, mod&eacute;lica y ejemplar que representaba, otra vez m&aacute;s, los valores de la nueva Espa&ntilde;a. Se construy&oacute; una imagen de &ldquo;hombre de estado&rdquo; con elementos espec&iacute;ficos del tradicional casticismo espa&ntilde;ol como su campechan&iacute;a o austeridad. Lo hac&iacute;an m&aacute;s cercano. El rey era el mejor embajador de Espa&ntilde;a en el mundo, explicaba el f&eacute;rreo relato oficial. A cambio se le ped&iacute;a prudencia y discreci&oacute;n pero Juan Carlos I, ebrio de ego, traicion&oacute; ese confianza y, de paso, tambi&eacute;n a los espa&ntilde;oles. 
    </p><p class="article-text">
        Con el nuevo siglo la figura del rey comenz&oacute; a deteriorarse a golpe de esc&aacute;ndalos financieros y de alcoba. En los tres momentos m&aacute;s graves de la reciente historia de Espa&ntilde;a el protagonismo de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola ha sido bochornoso: en abril de 2012, en plena crisis econ&oacute;mica, meses&nbsp;despu&eacute;s de reformarse la Constituci&oacute;n para garantizar el pago de la deuda, con&nbsp;las cajas de ahorros quebrando y lo desahucios diarios conmoviendo a un pa&iacute;s en ruina, salt&oacute; la noticia del accidente del rey mientras cazaba elefantes en Botswana con su amante. Ah&iacute; comenz&oacute; su final.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2017, pocos d&iacute;as despu&eacute;s del refer&eacute;ndum por la independencia de Catalunya que el gobierno de Mariano Rajoy intent&oacute; evitar con desproporcionada represi&oacute;n policial, Felipe VI ofreci&oacute; un discurso en el que no dedicaba ni una sola palabra a los heridos por la actuaci&oacute;n de las fuerzas del orden. El rey renunciaba a su condici&oacute;n de &aacute;rbitro imparcial y dejaba<strong> </strong>de lado a una parte de los espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        El domingo 15 de marzo, al d&iacute;a siguiente de declararse el estado de alarma en Espa&ntilde;a como consecuencia de la pandemia de coronavirus, la Casa Real emiti&oacute; un comunicado en el que anunciaba que el rey Felipe VI retiraba la asignaci&oacute;n constitucional que hasta entonces percib&iacute;a su padre. Tambi&eacute;n renunciaba a su condici&oacute;n de beneficiario de una estructura 'offshore' creada por el rey em&eacute;rito y que supuestamente le habr&iacute;a permitido ocultar 64,8 millones de euros recibidos de Arabia Saud&iacute;. El &ldquo;segundo beneficiario&rdquo; de esa fortuna era Felipe VI, quien ya ten&iacute;a conocimiento de este hecho desde hac&iacute;a un a&ntilde;o pero que no hizo nada hasta que un diario suizo desvel&oacute; la noticia a principios de marzo.
    </p><p class="article-text">
        Durante estos meses, con un pa&iacute;s golpeado con una dureza desconocida por el virus, ha quedado de manifiesto la irrelevancia de la Casa Real y su incapacidad para reconstruir una imagen con la que los espa&ntilde;oles puedan sentirse identificados. Se ha revelado como una instituci&oacute;n intrascendente. Cada paso que ha dado para lavar su reputaci&oacute;n, con la falsa idea de una monarqu&iacute;a cercana, moderna y austera, ha constatado lo lejana que, en realidad, se encuentra de los problemas reales y cotidianos de los espa&ntilde;oles. Es dif&iacute;cil no ver en cada acci&oacute;n una estrategia de comunicaci&oacute;n dise&ntilde;ada m&aacute;s en beneficio propio que como consecuencia de una preocupaci&oacute;n real por la situaci&oacute;n del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Puesto que el rey no est&aacute; sometido a la sanci&oacute;n de las urnas y la Constituci&oacute;n lo declara irresponsable de sus actos, aunque estos fueran constitutivos de delito, la exigencia m&aacute;xima de decencia y ejemplaridad deber&iacute;a ser la &uacute;nica gu&iacute;a de su reinado, sin ning&uacute;n tipo de m&aacute;cula o excepci&oacute;n. En 1978 la mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles decidi&oacute; olvidar la historia de Espa&ntilde;a y confiar nuevamente en un Borb&oacute;n; &eacute;ste solo ten&iacute;a que ser ejemplar pero decidi&oacute; corromperse. Juan Carlos I ha abusado de la confianza de los espa&ntilde;oles y estos comprueban ahora con desasosiego que la justicia no es igual para todos. Si la monarqu&iacute;a deja de ser mod&eacute;lica, entonces deja de tener sentido en democracia porque renuncia a su papel de moderador. Y si no se le puede juzgar arrastrar&aacute; para siempre la verg&uuml;enza de su desatino, que afectar&aacute; al actual rey pues se trata de una instituci&oacute;n hereditaria.
    </p><p class="article-text">
        El rey no se ha sacrificado por Espa&ntilde;a, otro de los hits del relato oficial, sino que, como vemos estos d&iacute;as, se ha aprovechado de ella. Los que se declararon durante d&eacute;cadas juancarlistas o los que siguen defendiendo, pese a todo, a la monarqu&iacute;a estos d&iacute;as tienen que preguntarse seriamente para qu&eacute; sirve un rey. La evidencia de que los espa&ntilde;oles que viven en democracia tienen derecho a elegir a su jefe de estado, principio b&aacute;sico del republicanismo, cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil de rebatir.
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos I ha agotado buena parte de la reserva de confianza que conservaba la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola. Lo ha hecho en el peor momento. Vivimos tiempos convulsos e iconoclastas en los que las sociedades est&aacute;n experimentando cambios profundos e imprevisibles. Lo que antes se toleraba o se obviaba corre ahora el riesgo de ser derribado sin contemplaciones, como lo son estos d&iacute;as las estatuas que ya no evocan personajes gloriosos de la historia sino episodios vergonzosos que no admiten celebraci&oacute;n. El anacronismo de la monarqu&iacute;a tienen mal encaje en las nuevas corrientes de pensamiento que penetran en las j&oacute;venes generaciones, y posiblemente dentro de no mucho el rey sea un afectado m&aacute;s por esa cultura de la cancelaci&oacute;n que est&aacute; revisando todos los marcos mentales y pol&iacute;ticos en el mundo. Quiz&aacute; lo &uacute;nico que salve de momento al monarca sea la ausencia de un intelectual espa&ntilde;ol con la autoridad moral de Ortega y Gasset que vuelva a escribir &ldquo;Delenda est Monarqu&iacute;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/opinion-para-que-sirve-rey-monarquia-juan-carlos_132_6092484.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2020 07:53:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fd032942-ce59-4ed0-bf8e-fcbb6f27ecd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1532705" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fd032942-ce59-4ed0-bf8e-fcbb6f27ecd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1532705" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Para qué sirve un rey?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fd032942-ce59-4ed0-bf8e-fcbb6f27ecd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una patria a golpe de bandera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/opinion-patria-bandera-polarizacion-izquierda-derecha_132_6045417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65191045-d97c-474e-a03f-4f6c0087eab9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Bandera de España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En España, desafortunadamente, un sector importante de la derecha española se apropió hace décadas de la bandera y la vinculó a una serie de valores que gravitan solo en su universo particular"</p></div><p class="article-text">
        La bandera, m&aacute;s all&aacute; de la representaci&oacute;n oficial del pa&iacute;s, es un concepto abstracto y, por lo tanto, irracional. No cabe apelar a ordenamientos jur&iacute;dicos cuando se trata de asimilar su representatividad a la idea siempre subjetiva e &iacute;ntima de la patria. Por eso las banderas deber&iacute;an ser un elemento as&eacute;ptico de la identidad nacional para que nadie pudiera sentirse extraviado bajo su cobijo o, por el contrario, para que nadie tuviera la tentaci&oacute;n de atribuirle unos determinados valores que forzaran una uniformidad excluyente.
    </p><p class="article-text">
        O se siente o no se siente. Si se siente habr&iacute;a que aceptar sin aspavientos el derecho de cada espa&ntilde;ol a identificar esa bandera con unos valores determinados o con una representaci&oacute;n propia de la patria. Un marco mental y emocional personal e intransferible. E incluso asumir como un ejercicio de libertad ciudadana la desafecci&oacute;n hacia la ense&ntilde;a nacional. En Espa&ntilde;a, desafortunadamente, un sector importante de la derecha espa&ntilde;ola se apropi&oacute; hace d&eacute;cadas de la bandera y la vincul&oacute; a una serie de valores que gravitan solo en su universo particular. Buena parte de esa panoplia ideol&oacute;gica es incompatible con otras interpretaciones igualmente leg&iacute;timas de la idea de la patria, la naci&oacute;n o la comunidad. En consecuencia, han convertido la bandera en un s&iacute;mbolo que solo representa a una parte del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Lo vemos estos d&iacute;as en muchas calles de Espa&ntilde;a durante las movilizaciones promovidas por VOX y el Partido Popular. La bandera que, dicen, deber&iacute;an lucir todos los espa&ntilde;oles con orgullo y sin complejos es utilizada para atizar a la mitad del pa&iacute;s, sociol&oacute;gicamente de izquierdas, que no se identifica con toda esa frusler&iacute;a ideol&oacute;gica. Ir&oacute;nicamente, un sector de la derecha culpa a los ciudadanos de izquierdas de esa apropiaci&oacute;n y les acusan de pasividad y desd&eacute;n. Es decir, son ellos los que se han dejado robar la bandera. El argumento, construido a partir de una monumental falacia, ha provocado, sin embargo, la reacci&oacute;n de miles de espa&ntilde;oles en redes sociales, que han acudido decididos a reivindicar la bandera como s&iacute;mbolo com&uacute;n por encima de ideolog&iacute;as. La bandera es de todos, dicen.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que la izquierda espa&ntilde;ola no ha sentido fervor por la rojigualda porque la identificaba con la dictadura franquista, que la impuso tras ganar la Guerra civil. Es cierto que a lo largo de la democracia ha tenido una relaci&oacute;n cargada de prejuicios y complejos de tipo sentimental e ideol&oacute;gico. Es cierto que por tradici&oacute;n se ha sentido m&aacute;s representada por la tricolor republicana. Pero tambi&eacute;n es verdad que tras la muerte del dictador quienes m&aacute;s concesiones hicieron en la construcci&oacute;n de la nueva democracia fueron los partidos de izquierdas, que sufrieron durante 40 a&ntilde;os la terrible represi&oacute;n franquista. Todo el corpus de s&iacute;mbolos, empezando por la propia monarqu&iacute;a, fue asimilado d&oacute;cilmente para facilitar una transici&oacute;n r&aacute;pida y pac&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Hay un momento en la historia de esa transici&oacute;n que ilustra bien el contexto en el que se desarroll&oacute; la Transici&oacute;n. El 14 de abril de 1977, cinco d&iacute;as despu&eacute;s de la legalizaci&oacute;n del PCE, los comunistas espa&ntilde;oles celebraron la primera reuni&oacute;n de su Comit&eacute; Central desde el final de la guerra. El ruido de sables era ensordecedor y Adolfo Su&aacute;rez, a trav&eacute;s de su estrecho colaborador, Jos&eacute; Mar&iacute;a Armero, pidi&oacute; a Santiago Carrillo un gesto para calmar los exaltados &aacute;nimos de los cuarteles. Las palabras con las que abri&oacute; el l&iacute;der comunista aquella reuni&oacute;n ya son historia:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos encontramos en la reuni&oacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil que hayamos tenido hasta hoy desde la guerra[...] En estas horas, no digo en estos d&iacute;as, digo en estas horas, puede decidirse si se va hacia la democracia o se entra en una involuci&oacute;n grav&iacute;sima que afectar&iacute;a no s&oacute;lo al Partido y a todas las fuerzas democr&aacute;ticas de la oposici&oacute;n, sino tambi&eacute;n a las reformistas e institucionales [...] Creo que no dramatizo, digo en este minuto lo que hay&rdquo;. En el transcurso de ese Comit&eacute; el PCE adopt&oacute; la bandera rojigualda y la luci&oacute; junto a la comunista en su primera comparecencia ante los medios de comunicaci&oacute;n. Adolfo Su&aacute;rez logr&oacute; lo que quer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el tiempo haya reducido a una an&eacute;cdota de la historia espa&ntilde;ola ese momento dram&aacute;tico, siempre es conveniente ahondar en la ra&iacute;z de los problemas para entender sus derivaciones actuales. El propio Pedro S&aacute;nchez, en el acto de presentaci&oacute;n de su candidatura a la presidencia del gobierno en las elecciones generales de 2015, se dirigi&oacute; a sus seguidores desde un escenario presidido por una inmensa bandera espa&ntilde;ola. &ldquo;Atr&aacute;s parecen haber quedado los tiempos en los que el PSOE se avergonzaba de los s&iacute;mbolos nacionales de su pa&iacute;s&rdquo; dec&iacute;a la cr&oacute;nica del peri&oacute;dico digital <em>El Espa&ntilde;ol</em>.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se ventila estos d&iacute;as no es solo la apropiaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos y su utilizaci&oacute;n como arma arrojadiza sobre el adversario, sino su instrumentalizaci&oacute;n para otros fines pol&iacute;ticos de mayor alcance y profundidad. Las demostraciones en la calle forman parte de una lucha ideol&oacute;gica por la defensa de unos privilegios de clase que se consideran amenazados. Hay una estrategia de acoso y derribo a un gobierno que consideran ileg&iacute;timo por la presencia de comunistas y por sus acuerdos con los independentistas. La narrativa es, a veces, tan delirante  y retorcida que muchos de ellos reclaman libertad y democracia mientras ondean banderas franquistas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pactan con los enemigos de Espa&ntilde;a&rdquo;, denuncian cuando el gobierno de S&aacute;nchez acuerda con Bildu la derogaci&oacute;n de la reforma laboral aprobada unilateralmente por el PP en 2012. De nuevo el mismo marco mental para hablar del pa&iacute;s. &iquest;De qu&eacute; Espa&ntilde;a hablan? Pactar con Bildu (una coalici&oacute;n de partidos entre los que se encuentra la antigua Eusko Alkartasuna, la Aralar de Patxi Zabaleta o la escisi&oacute;n de Izquierda Unida, Alternatiba), leyes que benefician a millones de trabajadores espa&ntilde;oles en situaci&oacute;n de precariedad no pone en peligro la unidad de Espa&ntilde;a ni su estado de derecho. Tampoco deslegitima su fin. Tan solo constata la complejidad y diversidad de un pa&iacute;s que no es visible desde una sola &oacute;ptica y que necesita pactos y acuerdos multilaterales para ser gobernado. La democracia, efectivamente, obliga a dialogar, negociar y ceder. Lo que en realidad se enfrentan son dos conceptos de la patria: la de los s&iacute;mbolos frente a la social y de progreso. Y para millones de espa&ntilde;oles no es peor pactar con Bildu leyes que mejoran las vidas de miles de trabajadores que gobernar comunidades aut&oacute;nomas gracias al voto de la ultraderecha que a&ntilde;ora la dictadura franquista. El recurso a la bandera pretende uniformizar un pa&iacute;s que ya no es una, grande y libre.
    </p><p class="article-text">
        El escritor italiano Antonio Scurati recrea en su fant&aacute;stica biograf&iacute;a novelada sobre Mussolini, &ldquo;M. El Hijo del Siglo&rdquo;, el ascenso del dictador al poder a partir de la construcci&oacute;n de un nuevo relato sobre el pa&iacute;s trufado de manipulaciones que apelaban a las m&aacute;s bajas pasiones de los italianos. Cuando Mussolini se refiere a los Osados, un cuerpo de veteranos de &eacute;lite que luch&oacute; en la Primera Guerra Mundial y que se sum&oacute; desde la primera hora a su proyecto pol&iacute;tico, los describe como &ldquo;fan&aacute;ticos, supervivientes que, crey&eacute;ndose h&eacute;roes consagrados a la muerte, confunden una s&iacute;filis mal curada con una se&ntilde;al del destino&rdquo;. La analog&iacute;a con el momento actual es tentadora. En la primera reuni&oacute;n de los Fascios de Combate celebrada en 1919, Il Duce duda y especula con los nombres m&aacute;s adecuados para cubrir los principales cuadros de mando: &ldquo;a los otros dirigentes los escogeremos al azar entre los que monten m&aacute;s alboroto en las primeras filas&rdquo;, concluye. Las recetas son viejas; el ruido siempre como recurso para distraer la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los polit&oacute;logos Steven V. Miller y Nicholas T. Davis, de <em>Texas A&amp;M</em>, han publicado recientemente en Estados Unidos un documento de trabajo titulado &ldquo;Intolerancia a los grupos externos blancos y disminuci&oacute;n del apoyo a la democracia estadounidense&rdquo;. Su estudio encuentra una correlaci&oacute;n entre la intolerancia de los blancos estadounidenses y el apoyo a un gobierno autoritario. Cuando los blancos intolerantes temen que la democracia pueda beneficiar a las personas marginadas, abandonan su compromiso con la democracia. El informe muestra que las personas que dijeron que no quer&iacute;an vivir al lado de inmigrantes o de personas de otra raza apoyaban m&aacute;s la idea de un gobierno militar o de un l&iacute;der fuerte que pudiera ignorar las legislaturas y los resultados electorales.
    </p><p class="article-text">
        Hans-Georg Betz, un destacado experto en populismo y derecha radical en las democracias liberales desarrolladas, defiende en <em>Open Democracy</em> que &ldquo;lo que diferencia a los partidos populistas en general, y a los partidos populistas de extrema derecha en particular, es que estos apelan principalmente a una variedad de emociones: ira, indignaci&oacute;n, nostalgia y especialmente resentimiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Existe una narrativa populista radical y universal de derechas que acusa a la izquierda intelectual, cultural y pol&iacute;tica desde la d&eacute;cada de 1960, como insiste el destacado l&iacute;der holand&eacute;s de la formaci&oacute;n ultra <em>Foro para la Democracia</em>, Thierry Baudet, de fomentar una estrategia destinada a destruir la &ldquo;sociedad burguesa, las tradiciones burguesas y el estilo de vida burgu&eacute;s de la gente com&uacute;n&rdquo; para establecer la &ldquo;utop&iacute;a&rdquo; igualitaria.
    </p><p class="article-text">
        La escritora y activista canadiense Naomi Klein advert&iacute;a recientemente de que &ldquo;la extrema derecha est&aacute; siendo mucho m&aacute;s internacionalista que la izquierda; est&aacute;n intercambiando estrategias, trucos pol&iacute;ticos y tecnolog&iacute;as&rdquo;. &Eacute;sta es la verdadera agenda que se esconde tras las banderas y el ensordecedor ruido de las cacerolas. No se trata de patriotismo sino de mantener unos privilegios a costa de los derechos de las clases menos favorecidas. La pandemia y el confinamiento, que ha igualado a todos, s&oacute;lo ha acelerado un proceso que, como queda demostrado, viene de lejos y es global. 
    </p><p class="article-text">
        La izquierda se equivoca cuando aspira a competir con la derecha en el terreno de los s&iacute;mbolos, un espacio en el que las emociones tienen m&aacute;s predicamento que los argumentos. Como afirman los periodistas Pablo Carmona y Nuria Alabao en CTXT: &ldquo;la &uacute;nica manera efectiva de enfrentarse a la ultraderecha es recuperar la calle con demandas materiales&rdquo;. Y es ah&iacute; donde Andy Robinson, periodista y economista, defiende una nueva Internacional Progresista &ldquo;para coordinar estrategias para el mundo de la post pandemia en vez de dejar que los ultra nacionalistas delirantes de la nueva derecha inspirada por Steve Bannon sean los que monopolicen las redes internacionales&rdquo;. Quiz&aacute; sea el momento para que la izquierda espa&ntilde;ola haga autocr&iacute;tica, abandone algunas de las herramientas filos&oacute;fico-culturales que han determinado su acci&oacute;n pol&iacute;tica en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, muchas dentro de las lindes de la mera propaganda, y se dedique a las demandas materiales. Es la &uacute;nica batalla que puede disputar a la ultraderecha sin necesidad de atizarse con la bandera y salir mal parado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/opinion-patria-bandera-polarizacion-izquierda-derecha_132_6045417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2020 04:50:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/65191045-d97c-474e-a03f-4f6c0087eab9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="437114" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/65191045-d97c-474e-a03f-4f6c0087eab9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="437114" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Una patria a golpe de bandera]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/65191045-d97c-474e-a03f-4f6c0087eab9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Consignas, mentiras y propaganda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/consignas-mentiras-propaganda_132_5946371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89e3328d-fd3b-4084-bc78-a89951d85107_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Consignas, mentiras y propaganda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La desinformación se viste de estrategia para cuestionar la ciencia, los científicos y los datos"</p></div><p class="article-text">
        En la carrera por darle una interpretaci&oacute;n exclusivamente pol&iacute;tica, o politizada, a la crisis del coronavirus muchos observan las cifras diarias de muertos, infectados y recuperados como la consecuencia exclusiva de la gesti&oacute;n del gobierno de turno y no como el resultado de un gran n&uacute;mero de factores, muchos de los cuales pertenecen al &aacute;mbito cient&iacute;fico y, por lo tanto, de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n para la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana Paul Villeneuve, profesor de Epidemiolog&iacute;a Ambiental y Ocupacional en la universidad canadiense de Carleton, afirmaba en un art&iacute;culo que &ldquo;es casi imposible tratar de ajustar la influencia de todos estos factores porque las interacciones entre estas variables son muy complejas&rdquo;. Villeneuve se refer&iacute;a espec&iacute;ficamente al estudio de la Universidad de Harvard que sugiere que la poluci&oacute;n podr&iacute;a aumentar las tasas de mortalidad entre las personas con la enfermedad. Pero su reflexi&oacute;n domina todo el debate cient&iacute;fico e ilustra lo complejo que es el terreno de las pruebas en contraste con la ligereza insoportable con la que se visten muchos opin&oacute;logos estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Este escenario incomoda especialmente a los pol&iacute;ticos populistas, acostumbrados a arrojar simplezas para explicar problemas que exigen soluciones complejas, argumentos m&aacute;s elaborados y mayor responsabilidad ante la ciudadan&iacute;a. La batalla de los bulos que ha desplegado la ultra derecha espa&ntilde;ola es la reacci&oacute;n l&oacute;gica ante su incapacidad para hacer pol&iacute;tica responsable en tiempos de emergencia mundial. No saben y no pueden, porque si lo hicieran estar&iacute;an poniendo en riesgo su propia raz&oacute;n de ser, su cuota de mercado. La desinformaci&oacute;n se viste de estrategia para cuestionar la ciencia, los cient&iacute;ficos y los datos. Como explicaba Noam Chomsky en una reciente entrevista: &ldquo;viven del enga&ntilde;o. Se va metiendo en la cabeza de la gente. Y dicen: &rdquo;&iquest;Por qu&eacute; vamos a cre&eacute;rnoslo? &iquest;Por qu&eacute; vamos a creer las noticias? Solo son <em>fake news</em>&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        El vir&oacute;logo Jonas Schmidt-Chanasit, del Instituto Bernhard-Nocht de Hamburgo, reconoc&iacute;a la semana pasada en un reportaje publicado en el <em>El Pa&iacute;s</em>, en el que se analizaba qu&eacute; ha hecho bien Alemania para que su cifra de muertos sea muy inferior a la de otros grandes pa&iacute;ses sin que la poblaci&oacute;n haya estado confinada totalmente y sin colapsos en los hospitales, que &ldquo;el 80% ha sido suerte y el resto buena gesti&oacute;n&rdquo;. Lo mismo ocurre en el estado de California, donde muchos factores estructurales como la naturaleza tecnol&oacute;gica de su tejido empresarial, la tradici&oacute;n del teletrabajo o el ineficaz transporte p&uacute;blico han actuado inesperadamente como diques de contenci&oacute;n en la propagaci&oacute;n del virus. Son declaraciones o explicaciones que no encajan en ese relato apocal&iacute;ptico que se centra en buscar culpables sin prestar demasiada atenci&oacute;n a las soluciones y al contexto. Es una cuesti&oacute;n de prioridades para no renunciar a la agenda pol&iacute;tica propia; y &eacute;sta es, posiblemente, una de las grandes tragedias que vive hoy Espa&ntilde;a y que condicionar&aacute;, me temo, su futuro. Estos d&iacute;as circula insistentemente por las redes sociales el v&iacute;deo del periodista Javier Ruiz el d&iacute;a que se despidi&oacute; de su audiencia en &ldquo;Las Ma&ntilde;anas de Cuatro&rdquo; en junio de 2018: &ldquo;Hay una guerra ah&iacute; fuera entre los hechos y las consignas, entre la informaci&oacute;n y la propaganda, entre los datos y las mentiras&rdquo;. Palabras premonitorias que el tiempo ha confirmado y esta crisis ha agravado.
    </p><p class="article-text">
        Los factores estructurales, que corresponden a las circunstancias espec&iacute;ficas de cada pa&iacute;s, no exoneran a los gobernantes de su responsabilidad en la gesti&oacute;n de la crisis; ellos son, al fin y al cabo, los &uacute;nicos que tienen la capacidad para tomar las decisiones que han alterado la vida y el futuro de millones de ciudadanos en todo el mundo. Pero, a diferencia de la crisis econ&oacute;mica de 2008, donde los pa&iacute;ses ricos soportaron mejor el golpe financiero y se recuperaron m&aacute;s r&aacute;pidamente, el virus no se ha distinguido precisamente por ensa&ntilde;arse con los m&aacute;s d&eacute;biles. Grecia y Portugal, zarandeados con dureza hace una d&eacute;cada, son puestos hoy como ejemplo de gesti&oacute;n ejemplar frente al coronavirus. Francia y Reino Unido sufren la pandemia con la misma virulencia que Italia o Espa&ntilde;a. No hay patr&oacute;n que pueda establecer un modelo de conducta porque, en todos los casos, hay factores end&oacute;genos que influyen tanto como el acierto o la inoperancia de los gobernantes.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, donde las comunidades aut&oacute;nomas tienen las competencias en sanidad desde hace d&eacute;cadas, el fuego cruzado entre los partidos pol&iacute;ticos para repartirse culpas y reproches resulta un espect&aacute;culo obsceno porque todos son responsables del sistema de salud que est&aacute; soportando el avance de la pandemia. Lo es todav&iacute;a m&aacute;s el intento de analizar el comportamiento del virus como un problema territorial y, por lo tanto, atribuible a un color pol&iacute;tico. Como explicaba hace unos d&iacute;as la periodista Mar&iacute;a Zuil en un interesante reportaje en <em>El Confidencial</em>, &ldquo;esto no va de pa&iacute;ses y regiones sino de brotes&rdquo;. Cada pa&iacute;s tiene su zona cero que ha intentando aislar con mayor o menor fortuna. Al analizar los datos a partir de esos brotes la realidad ofrece nuevos &aacute;ngulos: pese a la buena gesti&oacute;n del gobierno portugu&eacute;s, la zona de Europa donde m&aacute;s casos se concentran es en el norte del pa&iacute;s, que registra el 60% de los portugueses infectados, con m&aacute;s de 13.000 casos. La Rioja es la regi&oacute;n europea que m&aacute;s casos acumula por cada millar de habitantes, debido a las altas cifras del conjunto de Espa&ntilde;a y a su menor densidad demogr&aacute;fica respecto a la media nacional.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que las cifras pueden retorcerse, interpretarse o analizarse de manera sesgada para adaptarlas a nuestro relato o hacerlas encajar en nuestros prejuicios. Incluso se pueden manipular u ocultar durante un tiempo, pero dada la magnitud de la tragedia y la rapidez con la que evolucionan estos datos, tarde o temprano nos enfrentaremos a ellos sin filtros ni lecturas pol&iacute;ticas posibles. Esas cifras ser&aacute;n la foto de un pa&iacute;s nuevamente desgarrado que necesitar&aacute; el esfuerzo colectivo de sus ciudadanos para recomponerlo. Con la crispaci&oacute;n actual el panorama es desolador. Y es aqu&iacute; donde la gesti&oacute;n pol&iacute;tica s&iacute; que debe ser fiscalizada con rigor y exigencia, porque de ella depender&aacute; que millones de ciudadanos no se queden en la cuneta, como ocurri&oacute; en la crisis de 2008.
    </p><p class="article-text">
        Es el momento de agilizar al m&aacute;ximo la burocracia para que el acceso a las ayudas sea r&aacute;pido y efectivo. Se pone como ejemplo estos d&iacute;as a Canad&aacute;, que ha optado por una administraci&oacute;n digital de las ayudas que evite a los ciudadanos engorrosos y largos tr&aacute;mites en momentos de gran incertidumbre. Canad&aacute;, dentro de un paquete multimillonario de rescate a ciudadanos, estudiantes, propietarios y empresas, ha destinado una ayuda de 2.000 d&oacute;lares canadienses mensuales (1.318&euro;) durante seis meses a todos los trabajadores que hayan perdido su empleo por el coronavirus o que hayan visto mermados sus ingresos por debajo de los 1.000 d&oacute;lares mensuales. Seg&uacute;n Estad&iacute;sticas Canad&aacute;, m&aacute;s de 3 millones de trabajadores han engrosado las listas del desempleo o han visto reducida su jornada laboral desde que el gobierno decret&oacute; las primeras medidas para contener la epidemia a mediados de marzo (muy similares a las de Espa&ntilde;a salvo el confinamiento obligatorio). El tr&aacute;mite para acceder a estas ayudas se puede realizar a trav&eacute;s del portal creado por la administraci&oacute;n canadiense y se cumplimenta en apenas dos minutos. El gobierno de Trudeau ha optado ahora por no poner demasiados problemas en la concesi&oacute;n de estas ayudas y reclamarlas m&aacute;s adelante, cuando se recupere cierta estabilidad, si comprueba que se otorgaron a quien no las merec&iacute;a. Es decir; conceder ahora y preguntar despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El grado de digitalizaci&oacute;n de la administraci&oacute;n espa&ntilde;ola, seg&uacute;n la consultora brit&aacute;nica Apolitical, est&aacute; en los mismos niveles que la canadiense y por encima de la media mundial. No existe excusa, por lo tanto, para articular en estos momentos de emergencia la misma respuesta &aacute;gil y eficaz que transmita a los ciudadanos la certeza de una administraci&oacute;n cercana y &uacute;til. La pol&iacute;tica tiene que desempe&ntilde;ar ahora un papel determinante que no puede ser sustituido por la suerte o por factores ex&oacute;genos. El pa&iacute;s que salga de esta crisis ser&aacute; el resultado exclusivo de la determinaci&oacute;n de sus pol&iacute;ticos por priorizar a los ciudadanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/consignas-mentiras-propaganda_132_5946371.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2020 21:15:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/89e3328d-fd3b-4084-bc78-a89951d85107_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="397725" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/89e3328d-fd3b-4084-bc78-a89951d85107_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="397725" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Consignas, mentiras y propaganda]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/89e3328d-fd3b-4084-bc78-a89951d85107_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Tercera guerra mundial era esto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/tercera-guerra-mundial-coronavirus-epidemia_132_1001555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f40f4e7-d410-41e3-956f-bd0f2ebcdff3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El autor austríaco Stefan Zweig"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Crece la inquietante sensación de que una época se está acabando y de que otra se va a abrir sin tener la más remota idea de cómo será"</p></div><p class="article-text">
        Michael Ignatieff afirma en 'Fuego y cenizas' que &ldquo;la candidez no est&aacute; muy bien recompensada en el mundo de la pol&iacute;tica&rdquo;. Tambi&eacute;n asegura solemne que &ldquo;nada te va a causar m&aacute;s problemas en pol&iacute;tica que decir la verdad&rdquo;. El prestigioso profesor de Harvard y l&iacute;der del Partido Liberal de Canad&aacute; entre 2008 y 2011 plasm&oacute; en su excelente libro de memorias su ef&iacute;mero y accidentado paso por la pol&iacute;tica canadiense. Lo hizo de una manera casi imp&uacute;dica y conmovedora, reconociendo no solo su fracaso sino intentando identificar las razones que pudieran explicar su nefasta experiencia. Es un manual de autoayuda para pol&iacute;ticos y tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n l&uacute;cida y serena sobre los arcanos de las democracias modernas, en las que, seg&uacute;n su opini&oacute;n, &ldquo;el objetivo no es derrotar a un adversario, sino destruir a un enemigo al negarle el derecho a ser escuchado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        He recordado estos d&iacute;as algunas de la reflexiones escritas por Ignatieff en 2014 a ra&iacute;z de la grave crisis del coronavirus y de la sensaci&oacute;n latente de que los gobernantes y las sociedades de todo el mundo se encuentran a la deriva, aterradas por una tormenta que aun anunciada no esper&aacute;bamos, sin capacidad para enderezar el barco. Los reproches y criticas que se lanzan unos y otros manifiestan impotencia, desconcierto y miedo. Por primera vez en d&eacute;cadas los pol&iacute;ticos no pueden ocultar la verdad porque &eacute;sta no puede ser explicada con metalenguaje. Crece la inquietante sensaci&oacute;n de que una &eacute;poca se est&aacute; acabando y de que otra se va a abrir sin tener la m&aacute;s remota idea de c&oacute;mo ser&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a permanece una visi&oacute;n fan&aacute;tica de la pol&iacute;tica seg&uacute;n la cual la gesti&oacute;n de nuestros adversarios pol&iacute;ticos siempre ser&aacute; nefasta y la de los nuestros salvadora. Ese ejercicio de filias y fobias que gu&iacute;a nuestro ser pol&iacute;tico se ha oxidado ante el empuje de un enemigo global que no hace distingos y que arrasa por donde pasa. De repente los viejos c&oacute;digos de la pol&iacute;tica tradicional, la que practican los pol&iacute;ticos profesionales y los ciudadanos, han envejecido y se observan incapaces de explicar el desaf&iacute;o al que nos enfrentamos. Ya no se trata de tener una fe ciega en los nuestros y una sospecha permanente sobre el adversario, ese espacio en el que hemos almacenado tradicionalmente nuestros prejuicios; la ideolog&iacute;a se intuye inservible ante la necesidad de una acci&oacute;n de rescate r&aacute;pida y colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as los gabinetes de crisis de todos los gobiernos del mundo improvisan, rectifican, dudan y temen. Nadie se salva. Jean Twenge, profesora de psicolog&iacute;a de la Universidad Estatal de San Diego afirma que &ldquo;en muchos sentidos, el brote de coronavirus es mayor que el 11 de septiembre. Tambi&eacute;n podr&iacute;a ser m&aacute;s grande que la Gran Recesi&oacute;n&rdquo;. El fil&oacute;sofo esloveno Slavoj &#381;i&#382;ek se&ntilde;ala en un reciente art&iacute;culo que &ldquo;la epidemia del coronavirus no es solo una se&ntilde;al de los l&iacute;mites de la globalizaci&oacute;n mercantil, tambi&eacute;n se&ntilde;ala el l&iacute;mite, a&uacute;n m&aacute;s fatal, del populismo nacionalista que insiste en la soberan&iacute;a absoluta del Estado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Suenan ahora premonitorias las palabras escritas por Amin Maalouf en 2009 en &ldquo;El desajuste del mundo&rdquo; cuando el mundo se adentraba en la gran recesi&oacute;n: &ldquo;el tiempo no es nuestro aliado, es nuestro juez, y ya estamos con aplazamiento de condena&rdquo;. &iquest;La hemos empezado a cumplir tras una d&eacute;cada de gracia? Epidemi&oacute;logos, pol&iacute;ticos, economistas, periodistas, expertos en ciencia social, opin&oacute;logos y gur&uacute;s advenedizos se enredan estos d&iacute;as en juegos deshonestos de anticipaci&oacute;n retroactiva. &iquest;A qui&eacute;n creer? El caso es que est&aacute;bamos advertidos pero el mundo desarrollado, desde su confortable zona de confort, se hab&iacute;a acostumbrado a los heraldos del Apocalipsis como quien asume la pobreza como elemento irremediable del escenario en el que nos desenvolvemos. Un drama inc&oacute;modo pero llevadero. Est&aacute;bamos enfocados en superar la crisis econ&oacute;mica de 2008, en mantener nuestros niveles de comodidad, pero fuera se estaba armando una amenaza invisible y silenciosa que ha encontrado a todos los pa&iacute;ses del mundo sin preparaci&oacute;n y sin capacidad de reacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, advirti&oacute; hace un a&ntilde;o de que el riesgo de que un nuevo virus de la gripe se propague de los animales a los seres humanos y cause una pandemia era &ldquo;constante y real. La cuesti&oacute;n no es saber si habr&aacute; una nueva pandemia de gripe, sino cu&aacute;ndo ocurrir&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se ha hecho viral estos d&iacute;as una conferencia pronunciada por Bill Gates en febrero de 2017, en la que afirm&oacute; que sin medidas dr&aacute;sticas, un pat&oacute;geno que se contagia por aire y se mueve r&aacute;pidamente &ldquo;podr&iacute;a matar a m&aacute;s de 30 millones de personas en menos de un a&ntilde;o&rdquo;. El fundador del portal digital norteamericano Vox, Ezra Klein, ya escribi&oacute; en 2015 tras una entrevista con el fundador de Microsoft que &ldquo;una enfermedad pand&eacute;mica es la cat&aacute;strofe m&aacute;s predecible de la historia de la raza humana, aunque solo sea porque le ha sucedido a la raza humana muchas veces antes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Era predecible pero no cab&iacute;a en nuestra adocenada imaginaci&oacute;n. Michael R. Brumage, director m&eacute;dico de Cabin Creek Health Systems en West Virginia, ofrece en un art&iacute;culo publicado en The Atlantic, una imagen aterradora de la Am&eacute;rica rural, aquella que vot&oacute; a Trump y que concentra todos los desequilibrios generados durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: &ldquo;es una poblaci&oacute;n en declive, sin estructuras de apoyo social, falta de acceso a alimentos nutritivos y un bajo rendimiento educativo, todo lo cual dificulta la resiliencia a los desastres naturales y a los provocados por el hombre&rdquo;. Ahora piensen en qu&eacute; condiciones pueden afrontar esta crisis otros pa&iacute;ses con menor riqueza y desarrollo.
    </p><p class="article-text">
        Todas las endebles costuras que la crisis dej&oacute; en las sociedades mundiales han saltado por los aires a las primeras de cambio y han generado con la misma fuerza un sentimiento colectivo de unidad y otro de sospecha sobre quienes nos gobiernan. Y esto puede provocar en el futuro, si la pandemia se prolonga, situaciones incontrolables. &ldquo;Si no conf&iacute;as en el gobierno, es menos probable que lo escuches cuando te diga que te quedes en casa, afirma Jean Twenge. Y si as&iacute; ocurre, quiz&aacute;s debamos estar preparados para las reacciones de los gobiernos, que asumir&aacute;n una narrativa de guerra, ya lo est&aacute; haciendo Trump, para intentar recuperar el control sobre todo lo que dej&oacute; de ser s&oacute;lido. Y aqu&iacute; hay que regresar a Stefan Zweig, quien nos recuerda en 'El Mundo de ayer' que &rdquo;nada demuestra de modo m&aacute;s palmario la terrible ca&iacute;da que sufri&oacute; el mundo a partir de la Primera Guerra Mundial como la limitaci&oacute;n de la libertad de movimientos del hombre y la reducci&oacute;n de su derecho a la libertad&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Javier Gom&aacute; argumenta en una entrevista en La Vanguardia que &ldquo;la situaci&oacute;n es lo m&aacute;s parecida a una guerra defensiva contra un invasor&rdquo;. &iquest;Y si la III Guerra Mundial era esto?: un enemigo invisible y global que exige para combatirlo el desarrollo de la ciencia y no el de la tecnolog&iacute;a armament&iacute;stica. Algo es algo. Pensemos en positivo: el coronavirus y el confinamiento nos han hecho valorar y a&ntilde;orar, despu&eacute;s de a&ntilde;os de deshumanizaci&oacute;n digital, el contacto f&iacute;sico y las relaciones personales. La crisis ha revelado que nuestras necesidades b&aacute;sicas siguen siendo las mismas y que el el valor de lo colectivo, arrumbado por el individualismo capitalista, permanece en la gen&eacute;tica de nuestras sociedades. Si salimos de &eacute;sta con un contrato social reforzado, un nuevo consenso sobre la necesidad inalienable de un sistema de salud p&uacute;blica s&oacute;lido, y los populismos y nacionalismos felizmente desterrados por su descr&eacute;dito ante desaf&iacute;os globales como el que tenemos enfrente, quiz&aacute; no est&eacute; todo perdido. Quiz&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/tercera-guerra-mundial-coronavirus-epidemia_132_1001555.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Mar 2020 23:18:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5f40f4e7-d410-41e3-956f-bd0f2ebcdff3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="162349" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5f40f4e7-d410-41e3-956f-bd0f2ebcdff3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="162349" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[La Tercera guerra mundial era esto]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5f40f4e7-d410-41e3-956f-bd0f2ebcdff3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No pongan en valor el patrimonio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/pongan-valor-patrimonio_132_1002722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f73d9c2b-576f-4742-8c70-b3fcc08f27d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El coleccionista mexicano Mauricio Fernández Garza, en un fotograma de &#039;Los cielos españoles&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Uno tiene la sospecha de que en ocasiones los políticos conceden al patrimonio un carácter folclórico"</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/aragon/cultura/espanoles-hicieron-norteamericanos-artesonados-mudejares_0_958554683.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Los cielos espa&ntilde;oles' </a>es un documental producido por Jos&eacute; Manuel Herr&aacute;iz e Isabel Soria que narra la peripecia de numerosos artesonados mud&eacute;jares aragoneses que acabaron a principios del siglo XX en manos del magnate norteamericano Randolph Hearst. Era un tiempo en el que, como se&ntilde;ala Herr&aacute;iz, &ldquo;se pod&iacute;a comprar pr&aacute;cticamente todo en Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n el arte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Uno observa con desasosiego la fotograf&iacute;a de un pa&iacute;s subdesarrollado, despreocupado, inculto e ignorante, sumido en su convulsa decadencia, pues eso es lo que de verdad subyace en esta historia que los autores han armado con toda la austeridad narrativa del buen documental. No necesita ni juegos ret&oacute;ricos ni una panoplia de juicios de valor para provocar la conciencia del espectador. Los hechos hablan por s&iacute; solos.
    </p><p class="article-text">
        Herr&aacute;iz y Soria reconstruyen una trama urdida por millonarios con &iacute;nfulas, mercachifles sin escr&uacute;pulos, pol&iacute;ticos arribistas y la iglesia, casi siempre, como c&oacute;mplice necesario y activo instigador de esta sangr&iacute;a de bienes art&iacute;sticos. Las grandes fortunas surgidas a finales del siglo XIX y principios del XX en los Estados Unidos, provenientes de nuevas industrias, ferrocarriles y finanzas, buscaron la manera de distinguirse del resto de la sociedad mediante la adquisici&oacute;n compulsiva de bienes inmuebles, arte, joyas y, si era necesario, un pasado acorde con su nuevo estatus. No solo era cuesti&oacute;n de dinero sino tambi&eacute;n de prestigio.
    </p><p class="article-text">
        Estos nuevos magnates acudieron a la decadente Europa, donde la historia se hab&iacute;a hecho vieja de tanto usarla, para adornar sus estancias, dignificar genealog&iacute;as, construir palacios, adquirir criterio cultural y refinar el gusto. Espa&ntilde;a, Italia, Francia o Grecia fueron los destinos preferidos de esos &ldquo;tours&rdquo;, al estilo de los viajeros rom&aacute;nticos del XIX, en los que no se captaban paisajes, experiencias y emociones sino valiosas obras de arte que hab&iacute;an permanecido en sus lugares de origen, casi siempre humildes y remotos, durante siglos.
    </p><p class="article-text">
        Al ver el documental de Herr&aacute;iz y Soria hay un lamento constante de fondo, que tiene que ver con la rabia por el pa&iacute;s que fue y, sobre todo, por el que pudo ser; sin Ilustraci&oacute;n ni Reforma. Remite a aquella declaraci&oacute;n que Gerald Brenan atribu&iacute;a en 'El laberinto espa&ntilde;ol' al economista Francisco Mart&iacute;nez de la Mata: &ldquo;No existe en ninguna de sus partes ni amor ni inter&eacute;s por la conservaci&oacute;n del todo; cada hombre piensa &uacute;nicamente en su utilidad presente y en modo alguno en la futura&rdquo;. Esta observaci&oacute;n sobre Espa&ntilde;a fue realizada a mediados del siglo XVII.
    </p><p class="article-text">
        'Hearst Castle', la mansi&oacute;n construida por Randolph Hearst entre 1919 y 1947 en California, es el resultado del desvar&iacute;o megal&oacute;mano de un hombre obsesionado con el arte espa&ntilde;ol. Varias de sus salas principales fueron cubiertas con artesonados procedentes de Barbastro, Teruel y Calatayud. La arquitecta Julia Morgan, la encargada de dise&ntilde;ar aquella extravagancia, reconocer&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s que su desconocimiento del arte mud&eacute;jar le hizo cometer numerosas tropel&iacute;as a la hora de instalar los techos, que hab&iacute;an sido desmontados pieza por pieza en Espa&ntilde;a y transportados en largas traves&iacute;as hasta los Estados Unidos. Muchos de esos artesonados permanecieron en sus cajas almacenados durante d&eacute;cadas y acabaron en manos de otros propietarios despu&eacute;s de interminables cambalaches. Perfecta met&aacute;fora para quien hizo del arte simple expresi&oacute;n del capitalismo feroz.
    </p><p class="article-text">
        El de Hearst y los artesonados mud&eacute;jares es solo un episodio m&aacute;s de la historia del patrimonio aragon&eacute;s emigrado durante todo el siglo XX. Cientos de piezas (retablos, pinturas murales, tallas, claustros, sepulcros, artesonados, puertas, capiteles&hellip;) se esfumaron de sus lugares de origen a causa de la combinaci&oacute;n perversa de avidez material e ignorancia popular. El contexto siempre era el mismo: multimillonarios que suspiraban por una colecci&oacute;n privada, venerables museos americanos fascinados con el arte medieval europeo, museos nacionales con af&aacute;n centralizador, anticuarios al acecho de nuevos clientes, &aacute;vidos coleccionistas, testaferros sin escr&uacute;pulos y especialistas guiados por un sincero esp&iacute;ritu de conservaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Casi siempre los compradores eran asesorados por experimentados anticuarios y reputados hispanistas que utilizaban sus conocimientos y prestigio para fines poco edificantes pero muy lucrativos. Kingsley Porter, Chandler Post o Arthur Byne son determinantes para enfocar y materializar el inter&eacute;s por el arte medieval de las nuevas fortunas norteamericanas de principios del siglo XX. Libros como el publicado por Byne, asesor personal de Randolph Hearst, y su esposa Mildred Stapley, 'Arquitectura espa&ntilde;ola del siglo XV', fueron utilizados despu&eacute;s casi como un cat&aacute;logo de subasta.
    </p><p class="article-text">
        Varios anticuarios nacionales, entre ellos Celest&iacute; Dupont, Luis Ruiz y Josep Bardolet &ndash;algunos de los cuales llegaron a abrir sucursal en Nueva York&ndash;, o coleccionistas como el catal&aacute;n Lluis Plandiura, rivalizaron en la carrera por las piezas m&aacute;s codiciadas. El historiador Antonio Naval recuerda que &ldquo;en ese tiempo se hicieron no menos de 30 subastas monogr&aacute;ficas de arte espa&ntilde;ol en Nueva York&rdquo;. Naval, que lleva a&ntilde;os siguiendo el rastro de las piezas aragonesas dispersas en Estados Unidos, calcula que al menos 200 han cruzado el charco.
    </p><p class="article-text">
        Este expolio se produce con la complicidad necesaria de muchos poderes locales y eclesi&aacute;sticos, pero tambi&eacute;n con la oposici&oacute;n de una minor&iacute;a ilustrada que empieza a crear conciencia sobre la necesidad de preservar el patrimonio nacional, no solo el cultural sino tambi&eacute;n el natural. En esa primer tercio del siglo XX surgen instituciones como el Centre Excursionista de Catalunya, el SIPA (Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Arag&oacute;n) o la Junta de Museos de Barcelona, que alertan de la desaparici&oacute;n del patrimonio religioso, principalmente de las iglesias pirenaicas. El 16 de agosto de 1918 el rey Alfonso XIII declara por Real Decreto el Parque Nacional de de Ordesa, una medida que solo fue posible gracias al empe&ntilde;o de Pedro Pidal, Marqu&eacute;s de Villaviciosa.
    </p><p class="article-text">
        En 1919 la Nunciatura Apost&oacute;lica prohibi&oacute; la &ldquo;venta y extracci&oacute;n de objetos art&iacute;sticos y de pinturas de sus templos o conventos&rdquo; y el gobierno espa&ntilde;ol promulg&oacute; en 1926 la ley contra la exportaci&oacute;n de obras de arte. Estas leyes se mostraron insuficientes para frenar la ambici&oacute;n de los poderosos compradores e intermediarios, que siguieron operando a sus anchas durante d&eacute;cadas. El expolio adquiri&oacute; formas menos sofisticadas y m&aacute;s contumaces, como el robo. El caso m&aacute;s famoso fue el de Erik el belga, que asalt&oacute; iglesias y ermitas del Arag&oacute;n rural y se apropi&oacute; de joyas de incalculable valor como la silla de San Ram&oacute;n de la catedral de Roda de Is&aacute;bena. El fen&oacute;meno se enmarca en los a&ntilde;os 60 y 70 del siglo pasado, cuando el &eacute;xodo rural y el desapego de los pueblos en retirada dejaron indefenso el patrimonio. Lo expoliado se pierde en una cartograf&iacute;a indescifrable de coleccionistas privados.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que surge un siglo despu&eacute;s es inquietante. &iquest;Es posible que esto siga ocurriendo en la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica? Araceli Pereda, directora de Hispania Nostra, la asociaci&oacute;n de defensa del patrimonio art&iacute;stico e hist&oacute;rico que elabora una relaci&oacute;n de los monumentos en peligro en nuestro pa&iacute;s, respond&iacute;a de manera tajante en una reciente entrevista en el diario El Pa&iacute;s: &ldquo;Creo que s&iacute;. Ahora hay m&aacute;s vigilancia, pero se sigue comerciando. Como cada comunidad aut&oacute;noma cuenta con sus propios sistemas de control, la informaci&oacute;n fluye menos que cuando hab&iacute;a un &oacute;rgano centralizador, el Ministerio de Cultura. Basta con ver las tiendas de los anticuarios y las subastas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque es indudable que existe m&aacute;s educaci&oacute;n y una mayor conciencia en la sociedad sobre el valor del patrimonio, y que el estado de las autonom&iacute;as ha permitido generar mayores recursos para su rehabilitaci&oacute;n, catalogaci&oacute;n y conservaci&oacute;n; uno tiene la sospecha de que en ocasiones los pol&iacute;ticos conceden al patrimonio un car&aacute;cter folcl&oacute;rico, como a otros muchos elementos de la tradici&oacute;n y de la historia que se protegen y se promocionan para mayor gloria del turismo y de la identidad local. Eso que ahora se llama ret&oacute;ricamente &ldquo;poner en valor&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/pongan-valor-patrimonio_132_1002722.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Feb 2020 22:28:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f73d9c2b-576f-4742-8c70-b3fcc08f27d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="246715" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f73d9c2b-576f-4742-8c70-b3fcc08f27d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="246715" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[No pongan en valor el patrimonio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f73d9c2b-576f-4742-8c70-b3fcc08f27d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comunistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/comunistas-stalin-cariilo-suarez-pablo-iglesias-pedro-sanchez-alberto-garzon_132_1078549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f788fe38-e2a3-413d-b605-15aea5361eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        La llegada de Unidas Podemos al gobierno de coalici&oacute;n que preside Pedro S&aacute;nchez ha despertado (si es que alguna vez permanecieron dormidos), todos los fantasma que la derecha espa&ntilde;ola suele sacar a pasear cuando pierde el poder. La presencia de Alberto Garz&oacute;n, miembro del PCE, en el ministerio de Consumo ha reactivado una dial&eacute;ctica que nos remite a la larga noche del franquismo, cuando el juda&iacute;smo, la masoner&iacute;a y el comunismo eran los enemigos de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente el dictador se sorprender&iacute;a si viera ahora el crecimiento que ha experimentado aquella lista can&oacute;nica de traidores a la patria, que incluso incluye tambi&eacute;n a Teruel, una de las provincias hist&oacute;ricamente m&aacute;s marginadas del pa&iacute;s. La defensa del concepto m&aacute;s rancio y obtuso de la naci&oacute;n no admite, como se puede observar, ni la disidencia ni la tibieza.
    </p><p class="article-text">
        La derecha espa&ntilde;ola act&uacute;a con cinismo cuando se refiere al comunismo espa&ntilde;ol. Lo hace por falta de cultura pol&iacute;tica, desconocimiento de la historia de Espa&ntilde;a, c&aacute;lculo electoral y una manifiesta incapacidad para superar unos marcos pol&iacute;ticos y sociol&oacute;gicos trasnochados y, por lo tanto, una narrativa anclada en confrontaciones ideol&oacute;gicas anacr&oacute;nicas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se acusa a Unidas Podemos de ser un partido antisistema simplemente se est&aacute; mintiendo. La formaci&oacute;n que lidera Pablo Iglesias present&oacute; un programa electoral con una bater&iacute;a de medidas homologable a cualquier socialdemocracia europea. El problema es otro: la crisis econ&oacute;mica, el populismo y el resurgimiento de los nacionalismos identitarios han alterado dram&aacute;ticamente las tradicionales posiciones ideol&oacute;gicas, de tal modo que los consensos sobre los que se construy&oacute; la nueva Europa tras la II Guerra Mundial parecen ahora peligrosos movimientos revolucionarios.
    </p><p class="article-text">
        Pablo Iglesias reconoc&iacute;a en una reciente entrevista en este diario las estrecheces del campo de juego en el que van a desarrollar su acci&oacute;n de gobierno: &ldquo;somos absolutamente conscientes de los l&iacute;mites. Y de algo muy evidente, como cualquier ciudadano europeo y m&aacute;s como cualquier ciudadano de un pa&iacute;s del sur de Europa, vivimos en una democracia limitada por poderes econ&oacute;micos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los debates electorales televisivos celebrados en las campa&ntilde;as electorales de abril y noviembre Iglesias represent&oacute; la moderaci&oacute;n en medio del fuego cruzado de exabruptos, ataques, andanadas, ocurrencias y golpes de pecho del resto de candidatos. Se lo pusieron f&aacute;cil, especialmente los candidatos de la derecha. Su apelaci&oacute;n sin estridencias al texto de la Constituci&oacute;n casi result&oacute; una provocaci&oacute;n frente al ensordecedor ruido de los salvapatrias. Para ellos, los problemas de identidad nacional son m&aacute;s importantes que la salud de la democracia, un asunto menor cuando los discursos se pronuncian con una bandera en la mano.
    </p><p class="article-text">
        Pero este pa&iacute;s, esta democracia y esta Constituci&oacute;n a la que se aferran como si fueran sus &uacute;nicos garantes, a riesgo de da&ntilde;arla de tanto usarla torticeramente, no hubieran sido posibles sin los comunistas espa&ntilde;oles. El patriotismo responsable del PCE en la Transici&oacute;n hizo factible que &eacute;sta llegara a buen puerto y que Espa&ntilde;a recuperara la democracia con la aprobaci&oacute;n de la Carta Magna en 1978. No hay que olvidar que uno de los padres de la Constituci&oacute;n, Jordi Sol&eacute; Tura, pertenec&iacute;a al PSUC, partido federado entonces con el PCE.
    </p><p class="article-text">
        La derecha espa&ntilde;ola suele anunciar el apocalipsis cuando se refiere al comunismo. &iexcl;Vienen los comunistas!, advierten a sus fieles con duelo y crujir de dientes. Es ir&oacute;nico que dramaticen los miedos a una supuesta dictadura del proletariado que Espa&ntilde;a nunca sufri&oacute;, pero se muestren complacientes con la &uacute;nica dictadura que someti&oacute; a los espa&ntilde;oles durante cuatro d&eacute;cadas, la del dictador Franco.
    </p><p class="article-text">
        Establecer v&iacute;nculos entre el comunismo de Stalin, en un desolador ejercicio de simplificaci&oacute;n, y lo que representa el PCE en la monarqu&iacute;a parlamentaria espa&ntilde;ola del siglo XXI es una m&aacute;s de las inconsistentes falacias de la derecha espa&ntilde;ola. Al sostener estas analog&iacute;as se obvian una serie de hechos que forman parte ya de la historia reciente de Espa&ntilde;a y, en consecuencia, se deforma el relato de la democracia. Los que magnifican engoladamente el esp&iacute;ritu de la Transici&oacute;n eliminan a uno de los principales actores que la hizo posible.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Comunista fue el &uacute;nico que mantuvo una oposici&oacute;n organizada al r&eacute;gimen de Franco, lo que supuso la represi&oacute;n y c&aacute;rcel de miles de sus afiliados. Cuando muri&oacute; el dictador los comunistas espa&ntilde;oles ofrecieron un extraordinario ejemplo de generosidad y responsabilidad, no siempre reconocido. El PCE de Santiago Carrillo renunci&oacute; a sus reivindicaciones hist&oacute;ricas, acept&oacute; la monarqu&iacute;a parlamentaria como un r&eacute;gimen constitucional y democr&aacute;tico y asimil&oacute; la bandera rojigualda, que desde el d&iacute;a de su legalizaci&oacute;n el 9 de abril de 1977 presidi&oacute; todos sus actos p&uacute;blicos junto a la roja de la hoz y el martillo. En aquellos meses convulsos en los que el ruido de sables amenazaba a diario con procesos involutivos, los comunistas espa&ntilde;oles pusieron en pr&aacute;ctica el dilema &ldquo;weberiano&rdquo; de la &eacute;tica de la convicci&oacute;n frente a la &eacute;tica de la responsabilidad. Y se impuso la segunda.
    </p><p class="article-text">
        Un mes antes, el eurocomunismo de Enrico Berlinguer, Georges Marchais y Santiago Carrillo, hab&iacute;a hecho su puesta de largo en Madrid para anunciar al mundo que los comunistas italianos, franceses y espa&ntilde;oles se alejaban del modelo desarrollado en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, aceptaban el sistema parlamentario pluripartidista y reconoc&iacute;an el marco capitalista. El 27 de febrero Carrillo y Adolfo Su&aacute;rez se hab&iacute;an reunido por primera vez en un encuentro secreto celebrado en un chalet de Pozuelo de Alarc&oacute;n, propiedad del escritor Jos&eacute; Mar&iacute;a Armero, estrecho colaborador del entonces presidente del Gobierno. Carrillo contaba que cuando se vieron cara a cara Su&aacute;rez actu&oacute; como si le conociera de toda la vida. Sab&iacute;an que el di&aacute;logo era el &uacute;nico camino.
    </p><p class="article-text">
        Aquella reuni&oacute;n, de haberse filtrado a la opini&oacute;n p&uacute;blica, hubiera supuesto probablemente el final de la carrera pol&iacute;tica de Su&aacute;rez. Que el antiguo secretario general del Movimiento cometiera la osad&iacute;a de reunirse con el l&iacute;der clandestino del partido que hab&iacute;a encarnado durante cuarenta a&ntilde;os todos los males del imaginario franquista, era una cesi&oacute;n intolerable ante los enemigos de la patria. Pero aquellos a&ntilde;os fueron un tiempo para la pol&iacute;tica con may&uacute;sculas y para los pol&iacute;ticos de altura. Cuando en la doble sesi&oacute;n de investidura de Pedro S&aacute;nchez el miembro de la mesa del Congreso, Adolfo Su&aacute;rez Illana, dio la espalda a la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, durante su intervenci&oacute;n qued&oacute; de manifiesto que la virtud en pol&iacute;tica no se hereda.
    </p><p class="article-text">
        Los diputados comunistas convivieron en la legislatura de 1979 con el notario de extrema derecha, Blas Pi&ntilde;ar, &uacute;nico diputado del partido ultra, Uni&oacute;n Nacional. Uno de sus simpatizantes y colaboradores m&aacute;s cercanos, Carlos Garc&iacute;a Juli&aacute;, fue uno de los tres pistoleros que irrumpieron el 24 de enero de 1977 en el despacho de los abogados laboralistas pertenecientes al Partido Comunista, en la calle Atocha de Madrid, y acabaron con la vida de cinco de ellos. Los comunistas y el resto de los partidos de izquierdas, ilegales hasta 1977, podr&iacute;an haber renunciado leg&iacute;timamente a la reconciliaci&oacute;n y defender la ruptura con el pasado, podr&iacute;an haber esgrimido que no pod&iacute;an compartir el Parlamento con quienes hab&iacute;an sido sus opresores durante 40 a&ntilde;os, podr&iacute;an haber defendido la reinstauraci&oacute;n de la Rep&uacute;blica, pero no lo hicieron.
    </p><p class="article-text">
        Los parlamentarios del PCE mantuvieron durante aquella legislatura la misma dignidad y el mismo talante conciliador que hab&iacute;an ofrecido durante el multitudinario funeral de los abogados asesinados, celebrado en Madrid, que para muchos fue la mayor demostraci&oacute;n de organizaci&oacute;n, de disciplina y de contenci&oacute;n pol&iacute;tica de cuantas se produjeron durante la Transici&oacute;n. El colof&oacute;n de aquella breve legislatura fue la imagen de Carillo y Su&aacute;rez sentados en sus esca&ntilde;os mientras el resto de diputados se escond&iacute;a de las balas de los golpistas liderados por Tejero. Los dos traidores que, seg&uacute;n Javier Cercas en &ldquo;Anatom&iacute;a de un Instante&rdquo;, hicieron posible la Transici&oacute;n democr&aacute;tica en Espa&ntilde;a
    </p><p class="article-text">
        El comunismo espa&ntilde;ol asimil&oacute; hace tiempo la nueva realidad econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica del pa&iacute;s y del mundo, revis&oacute; su argamasa ideol&oacute;gica sin renunciar a sus principios de justicia social y, en definitiva, hizo la traves&iacute;a intelectual para superar unos marcos en los que buena parte de la derecha hispana sigue atrapada. No hay que ser comunista para reconocer los hechos y ponerlos en contexto, para que no se olvide y, sobre todo, para que no nos confundan.
    </p><p class="article-text">
        La presencia de comunistas en el nuevo gobierno de S&aacute;nchez es una buena noticia para la democracia y, sobre todo, una oportunidad para que la praxis acabe con el relato de los necios. Es probable que la realidad tozuda se imponga y que, como contaba Paul Quil&egrave;s, ministro de Mitterrand en 1981 en un gabinete integrado tambi&eacute;n por miembros del PCF, acaben siendo &ldquo;ministros comunistas, no comunistas ministros&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/comunistas-stalin-cariilo-suarez-pablo-iglesias-pedro-sanchez-alberto-garzon_132_1078549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jan 2020 08:34:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f788fe38-e2a3-413d-b605-15aea5361eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58044" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f788fe38-e2a3-413d-b605-15aea5361eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58044" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Comunistas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f788fe38-e2a3-413d-b605-15aea5361eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni vacía ni vaciada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/espana-vacia-espana-vaciada-despoblacion-aragon-huesca-jaca-teruel_132_1186365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9a03b3e-acba-4a79-a6b0-5642e046d686_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Se habla de esa España vacía o vaciada como si se tratara de un hallazgo, de una epifanía"</p><p class="subtitle">"Hay una tendencia política y, sobre todo, mediática, que, sospecho, pasará como ya ocurrió en el pasado"</p><p class="subtitle">"Es posible que, como ya explicara John Berger en 1979 en 'Puerca tierra', el problema de supervivencia de las sociedades periféricas esté en el capitalismo"</p></div><p class="article-text">
        Me cuesta entender el fen&oacute;meno de la &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;. Ser&aacute; que, en tanto que pirenaico y por lo tanto hijo de esa Espa&ntilde;a montaraz, he crecido y he forjado mi identidad en la melancol&iacute;a del abandono y de las soledades. Me pertenece. La he escrito como periodista en cientos de art&iacute;culos y en varios libros y, sobre todo, la he le&iacute;do durante a&ntilde;os en los textos de Enrique Satu&eacute;, Severino Pallaruelo, Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Joan Obiols, Violant i Simorra o Mar&iacute;a Barbal, por citar tan solo a algunos de los autores que mejor han explicado la vida en las monta&ntilde;as pirenaicas.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;, como apuntaba el escritor Alberto Olmos, es un impreciso aserto que se beneficia de su precisa ambig&uuml;edad. Es perfecto para estos tiempos postmodernos en los que lo est&eacute;tico tiene m&aacute;s recorrido que lo intelectual, en los que se anhela el sintagma revelador que nos ahorre las explicaciones complejas. Frente a esta brillante ocurrencia siempre tiene que existir una contraparte que azuce el debate digital, pues de eso se trata, de generar militancias que nos posicionen y nos a&iacute;slen de la s&oacute;rdida geograf&iacute;a de los indecisos.
    </p><p class="article-text">
        Y ese debate se ha situado entre los que defienden la &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; como una suerte de versi&oacute;n can&oacute;nica y los que consideran que la &ldquo;Espa&ntilde;a vaciada&rdquo; explica mejor la realidad de una parte del pa&iacute;s. La primera, observa. La segunda, juzga. Se trata, desde mi punto de vista, de una pol&eacute;mica instalada en la inerte placidez de lo ornamental, pues ambas expresiones han hecho fortuna en los medios de comunicaci&oacute;n y en los debates p&uacute;blicos gracias a su fuerza como eslogan, como tropo ret&oacute;rico. Es suficiente el empuje de su sonoridad y la cuota de tendencia que cubre.
    </p><p class="article-text">
        Pero como se&ntilde;alan acertadamente Fernando Collantes y Vicente Pinilla, profesor y catedr&aacute;tico respectivamente de historia econ&oacute;mica en la Universidad de Zaragoza, &ldquo;si la expresi&oacute;n 'Espa&ntilde;a vac&iacute;a' nos parece algo imprecisa (al fin y al cabo, hay miles de conciudadanos viviendo en ella), la expresi&oacute;n &rdquo;Espa&ntilde;a vaciada&ldquo; nos parece particularmente desafortunada porque transmite una imagen distorsionada, exageradamente politizada, de las causas de la despoblaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Considero que hay un evidente prejuicio urbano en esas miradas que, como lamentaba la escritora Mar&iacute;a S&aacute;nchez, autora de 'Tierra de mujeres. Una mirada &iacute;ntima y familiar al mundo rural', arrastra tambi&eacute;n una fuerte carga de paternalismo y condescendencia. No puede ser de otro modo. Se habla de esa Espa&ntilde;a vac&iacute;a o vaciada como si se tratara de un hallazgo, de una epifan&iacute;a. En cierta medida como lo hicieron los escritores rom&aacute;nticos ingleses, franceses y alemanes a finales del siglo XVIII, cuando buscaban, sobre todo, lo ex&oacute;tico y pintoresco. Pero ese pa&iacute;s ya estaba ah&iacute;, y sus problemas y viejos diagn&oacute;sticos, tambi&eacute;n. Muchos defienden que la fortuna del sintagma ha servido para situar nuevamente a la Espa&ntilde;a rural en el centro del debate pol&iacute;tico. Lo dudo. No hay tal inter&eacute;s ni tampoco creo que haya una voluntad real, simplemente porque no hay capacidad. Hay una tendencia pol&iacute;tica y, sobre todo, medi&aacute;tica, que, sospecho, pasar&aacute; como ya ocurri&oacute; en el pasado.
    </p><p class="article-text">
        Leo con frecuencia art&iacute;culos de an&aacute;lisis y opini&oacute;n sobre los males de la Espa&ntilde;a rural, surgidos al calor de este fen&oacute;meno, y me suenan a vieja chatarrer&iacute;a que ya fue vendida hace muchos a&ntilde;os en otros foros menos solemnes, cuando s&oacute;lo se hablaba de esa Espa&ntilde;a por lo que computaba en los Fondos de Cohesi&oacute;n de la UE. Ni una sola nueva idea, ni un solo nuevo argumento que explique las cosas, ni una sola contribuci&oacute;n que estimule un nuevo escenario que, sospecho, es tan poco edificante como ya lo era hace veinte, treinta y cuarenta a&ntilde;os. Salvo algunas excepciones, casi todo es frusler&iacute;a argumental y pretenciosidad intelectual.
    </p><p class="article-text">
        El economista aragon&eacute;s Jos&eacute; Antonio Biescas, ya denunciaba en 1977 en su libro &ldquo;Introducci&oacute;n a la econom&iacute;a de la regi&oacute;n aragonesa&rdquo; que &ldquo;el &eacute;xodo vertiginoso ha motivado ya un cambio de la estructura demogr&aacute;fica: una jerarquizaci&oacute;n de las ciudades del interior muy poco favorable, pues Zaragoza es quince veces superior en habitantes a la ciudad de Huesca, que le sigue en importancia&rdquo;. Biescas conclu&iacute;a que &ldquo;si se quiere evitar la desertizaci&oacute;n de Arag&oacute;n, va a ser necesaria la creaci&oacute;n de n&uacute;cleos intermedios&rdquo;. M&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s la escena es la misma.
    </p><p class="article-text">
        Tengo la sensaci&oacute;n que estas nuevas miradas impulsadas por el fen&oacute;meno de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a o vaciada no se distancian mucho de las del etn&oacute;grafo que hace catas arqueol&oacute;gicas en la memoria popular. Y como advert&iacute;a Severino Pallaruelo, &ldquo;las complejas mutaciones que la vida siempre trae mientras existe, se ven sustituidas por la simpleza esquem&aacute;tica y falsa de la uniformidad. Entre el colorido vivo y cambiante de la realidad y los tonos ajados del viejo escenario de un teatro anacr&oacute;nico, los etn&oacute;grafos suelen optar por los segundos&rdquo;. Es posible que, como ya explicara John Berger en 1979 en 'Puerca tierra', el problema de supervivencia de las sociedades perif&eacute;ricas est&eacute; en el capitalismo, cuyo papel hist&oacute;rico es &ldquo;destruir la historia, cortar todo vinculo con el pasado y orientar todos los esfuerzos y toda la imaginaci&oacute;n hacia lo que est&aacute; a punto de ocurrir&rdquo;. Ah&iacute; deber&iacute;a estar el debate.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/espana-vacia-espana-vaciada-despoblacion-aragon-huesca-jaca-teruel_132_1186365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Dec 2019 21:53:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a9a03b3e-acba-4a79-a6b0-5642e046d686_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="780119" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a9a03b3e-acba-4a79-a6b0-5642e046d686_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="780119" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Ni vacía ni vaciada]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a9a03b3e-acba-4a79-a6b0-5642e046d686_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la revolución tranquila a la revolución de los ricos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/revolucion-tranquila-ricos_132_1468401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e16a6194-f6cb-4af7-bffb-74b38b43a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la revolución tranquila a la revolución de los ricos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ni Canadá (entiéndase su gobierno federal) ni la mayoría de canadienses han aprendido a convivir con Quebec. En eso los españoles nos parecemos bastante. Aquella conllevancia de la que hablaba Ortega y Gasset respecto al problema catalán es igualmente aplicable a Canadá. Sus ciudadanos aceptan la existencia de una disonancia en la estructura del país pero la miran de reojo, con distancia e indiferencia. La tratan de evitar.</p></div><p class="article-text">
        Canad&aacute; suele ser observado por los nacionalismos vasco y catal&aacute;n como el ejemplo de democracia plena, capaz de gestionar sus conflictos internos de manera civilizada y racional. Su manera de resolver la tortuosa relaci&oacute;n con Quebec, que vot&oacute; dos veces en 1981 y 1995 para conseguir la independencia, es el anhelo de quienes consideran a la democracia espa&ntilde;ola como un artefacto defectuoso e incapaz.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que dejar clara una cosa: ni Canad&aacute; (enti&eacute;ndase su gobierno federal) ni la mayor&iacute;a de canadienses han aprendido a convivir con Quebec. En eso los espa&ntilde;oles nos parecemos bastante. Aquella conllevancia de la que hablaba Ortega y Gasset respecto al problema catal&aacute;n es igualmente aplicable a Canad&aacute;. Sus ciudadanos aceptan la existencia de una disonancia en la estructura del pa&iacute;s pero la miran de reojo, con distancia e indiferencia. La tratan de evitar.
    </p><p class="article-text">
        Los refer&eacute;ndum de 1980 y 1995 fueron una experiencia traum&aacute;tica para el pa&iacute;s porque acentuaron el mito de las &ldquo;dos soledades&rdquo; que hab&iacute;a acu&ntilde;ado en 1945 Hugh MacLennan. En su libro se refer&iacute;a a estas &ldquo;two solitudes&rdquo; para describir la desconexi&oacute;n y el alejamiento cultural entre franc&oacute;fonos y angl&oacute;fonos. Esa realidad social y pol&iacute;tica solo fue a peor en los a&ntilde;os posteriores con la conformaci&oacute;n de un movimiento pol&iacute;tico independentista, la irrupci&oacute;n de la violencia terrorista con la crisis de octubre de 1970 y los dos plebiscitos que certificaron la fractura de Quebec en dos mitades.
    </p><p class="article-text">
        Se suele aceptar que esos procesos fueron la expresi&oacute;n radical de la s&oacute;lida cultura democr&aacute;tica canadiense. Creo que habr&iacute;a que introducir algunas matizaciones: en realidad fue la consecuencia de un vac&iacute;o en la estructura de un pa&iacute;s que estaba todav&iacute;a dise&ntilde;ando su arquitectura legal y pol&iacute;tica. La actual Constituci&oacute;n canadiense, promovida por el primer ministra canadiense, Pierre Trudeau, no fue ratificada hasta 1982 (cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de la espa&ntilde;ola) con la firma de todas las provincias que componen la confederaci&oacute;n, excepto Quebec.
    </p><p class="article-text">
        Trudeau el qu&eacute;b&eacute;cois, padre del Canad&aacute; moderno, fue en 1971 el ide&oacute;logo de la multiculturalidad como se&ntilde;a de identidad de un pa&iacute;s carente de un imaginario colectivo propio. Es decir; el impulso intelectual de un pol&iacute;tico brillante y audaz dio forma a la personalidad de un pa&iacute;s que en 2017 cumpli&oacute; 150 a&ntilde;os. En Quebec, por el contrario, el idioma y el peso de la religi&oacute;n cat&oacute;lica hab&iacute;an actuado durante d&eacute;cadas como la argamasa de una sociedad homog&eacute;nea y orgullosa de su hecho diferencial dentro del Canad&aacute; angl&oacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        La famosa &ldquo;revoluci&oacute;n tranquila&rdquo; iniciada en 1960 en Quebec, un fen&oacute;meno inclasificable desde una perspectiva europea, fue la reacci&oacute;n de los quebecois al yugo de la iglesia cat&oacute;lica, que imped&iacute;a la modernizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica de la provincia y su equiparaci&oacute;n al resto del pa&iacute;s. Ese movimiento reformista acabar&iacute;a impulsando el nacimiento del nacionalismo quebecois moderno, basado en una nueva narrativa que ofrec&iacute;a un relato colectivo sin r&eacute;plica posible en el Canad&aacute; de habla inglesa. El pa&iacute;s se estaba haciendo a empentones en una ca&oacute;tica asimetr&iacute;a emocional.
    </p><p class="article-text">
        Los dos refer&eacute;ndums, que gan&oacute; el no a la independencia por estrecho margen, fueron posibles en cierta medida por la ausencia de una pujante identidad colectiva como pa&iacute;s y, principalmente, por la vigencia de un improvisado corpus legal incapaz de dar respuesta a los desaf&iacute;os generados por el independentismo quebecois. A&ntilde;os despu&eacute;s se supo que el primer ministro de Canad&aacute; en 1995, Jean Ch&eacute;tien, ten&iacute;a preparado un refer&eacute;ndum alternativo, en caso de triunfar el S&iacute;, en el que habr&iacute;an tenido a derecho a voto todos los canadienses. Despu&eacute;s del plebiscito, que gan&oacute; el No por un pu&ntilde;ado de votos, el gobierno federal entendi&oacute; que el pa&iacute;s no pod&iacute;a ser sometido a m&aacute;s tensiones si quer&iacute;a garantizar su cohesi&oacute;n y viabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Y en contra del mantra com&uacute;n, no acudi&oacute; a la pol&iacute;tica para solucionar el problema sino a la ley. El 20 de agosto de 1998 la Corte Suprema de Canad&aacute; respondi&oacute; a una consulta realizada por el gobierno federal canadiense sobre el derecho de Quebec a una secesi&oacute;n unilateral. Ottawa quer&iacute;a acotar definitivamente el irresoluble conflicto entre la provincia franc&oacute;fona y el resto de la federaci&oacute;n, de naturaleza angl&oacute;fona, que yac&iacute;a en el origen mismo de la naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta del Tribunal sent&oacute; jurisprudencia: de acuerdo con el Derecho Internacional no exist&iacute;a ese derecho por parte de un territorio que no se encontrase en situaci&oacute;n colonial. Pero con la misma contundencia sosten&iacute;a que un Estado democr&aacute;tico no pod&iacute;a negar ese derecho si exist&iacute;a una voluntad cualitativamente mayoritaria y manifestada democr&aacute;ticamente mediante una consulta. Sin una menci&oacute;n clara en la Constituci&oacute;n canadiense a este supuesto, la Corte s&oacute;lo pod&iacute;a instar a ambas partes a negociar de buena fe llegado el caso.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s ve&iacute;a la luz la famosa &ldquo;Ley de la Claridad&rdquo; que consagraba el &ldquo;par&aacute;metro canadiense&rdquo; sobre el derecho a la independencia de la provincia de Quebec. Su redactor, el prestigioso pol&iacute;tico quebecois Stephen Dion, quer&iacute;a que el texto determinara claramente las normas de juego en las que se ten&iacute;a que desenvolver la aspiraci&oacute;n de la provincia franc&oacute;fona. Quebec, se suele olvidar, nunca ha aceptado esta ley e incluso aprob&oacute; poco despu&eacute;s su propio texto; la &ldquo;Ley sobre el respeto del ejercicio de los derechos fundamentales y prerrogativas de las personas y el Estado de Quebec&rdquo;, que se inspira en la declaraci&oacute;n de la Corte Suprema pero desde una interpretaci&oacute;n bien diferente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es decir, cuando los independentistas catalanes y vascos ponen como ejemplo la &ldquo;ley de la claridad&rdquo; canadiense para explicar cu&aacute;l es el modelo a seguir para dar soluci&oacute;n a sus aspiraciones secesionistas, suelen omitir que esa ley tampoco fue considerada por el independentismo de Quebec. No ha solucionado el problema. Lo que s&iacute; que consigui&oacute; el texto de Dion fue fijar un marco tangible en la discusi&oacute;n sobre las consecuencias de una hipot&eacute;tica independencia. Desde entonces, el porcentaje de quebecois que apoyan la secesi&oacute;n de la provincia ha ido descendiendo hasta situarse en un 23%, una de las cifras m&aacute;s bajas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Los hijos de los que lideraron los movimientos independentistas en los a&ntilde;os 80 se movilizan ahora por unas preocupaciones m&aacute;s globales y transversales: el medioambiente, la inmigraci&oacute;n y el futuro laboral. Una Quebec independiente ya no figura entre sus prioridades. Pero como escrib&iacute;a recientemente el columnista Nico Johnson en el Post Millenial, &ldquo;el separatismo en Quebec no est&aacute; muerto sino dormido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la Canad&aacute; moderna y ejemplar ante el mundo sufre los mismos males que que el resto de democracias homologadas. El populismo, el nacionalismo, la insolidaridad y la xenofobia brotan de manera inquietante en un pa&iacute;s que se prepara para el segundo mandato del liberal Justin Trudeau, que gan&oacute; las elecciones federales el pasado mes de octubre pero perdi&oacute; la holgada mayor&iacute;a absoluta que hab&iacute;a conseguido en 2015. El actual primer ministro continuar&aacute; en el poder gracias a la proporcionalidad del voto amasado en el &aacute;rea m&aacute;s poblada y desarrollada de Canad&aacute;: Toronto. Cuando uno echa un vistazo a la inmensa geograf&iacute;a canadiense observa un mapa pintado casi por completo de azul, el color que identifica al partido conservador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se acerca la lente los matices describen un panorama todav&iacute;a m&aacute;s inquietante. En Ontario, la provincia m&aacute;s poblada de Canad&aacute;, gobierna Rob Ford, una versi&oacute;n canadiense de Donald Trump. En Quebec venci&oacute; en las &uacute;ltimas elecciones provinciales Fran&ccedil;ois Legault, antiguo miembro del independentista Partido Quebecois y fundador de CAC (Coalition Avenir Qu&eacute;bec), partido que defiende reforzar la identidad de la provincia pero sin abandonar Canad&aacute;. Sus posiciones conservadoras en aspectos como el control de la inmigraci&oacute;n, la defensa a ultranza del franc&eacute;s o la necesidad de un &ldquo;examen de valores quebecois&rdquo; para acceder al pa&iacute;s definen de manera alarmante un ideario que pone en cuesti&oacute;n el tradicional car&aacute;cter inclusivo y solidario del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esas fallas en la construcci&oacute;n social de Canad&aacute; se remueven estos d&iacute;as con m&aacute;s fuerza y perfilan un escenario con nuevas zonas de tensi&oacute;n. En Alberta, provincia tradicionalmente conservadora, rica en petr&oacute;leo pero escasamente poblada, unos recientes sondeos muestran que un 30% de su poblaci&oacute;n apoya la independencia de Canad&aacute;. &iquest;Razones?: el excesivo dinero que aporta al fondo de solidaridad del pa&iacute;s para reducir las desigualdades entre provincias, su dependencia de las pol&iacute;ticas de Ottawa para gestionar sus recursos naturales y su escasa representaci&oacute;n en los organismos comunes de Canad&aacute;. Es la revoluci&oacute;n de los ricos con la bandera del petr&oacute;leo, y no parece que vaya a ser tranquila.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Gavasa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/revolucion-tranquila-ricos_132_1468401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Nov 2019 09:05:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e16a6194-f6cb-4af7-bffb-74b38b43a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1091508" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e16a6194-f6cb-4af7-bffb-74b38b43a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1091508" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De la revolución tranquila a la revolución de los ricos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e16a6194-f6cb-4af7-bffb-74b38b43a6ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
