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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alba Marrero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alba-marrero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alba Marrero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Aquí dentro no hay nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/no-hay_132_10717488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/874607d9-409f-4889-97d7-d2433c0496fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aquí dentro no hay nada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abrí los ojos rápidamente y vi los suyos. Vi su impaciencia, su inocencia, su vida. No me quedó de otra. Tomé una segunda decisión: No puedo morir ahora</p><p class="subtitle">106 asesinatos machistas en Canarias y una violencia económica que se agudiza ante el alto índice de pobreza</p></div><p class="article-text">
        Ha sido ahora, hace un rato. Acabo de decidirlo: me dejar&eacute; morir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; dentro no se ve nada. Solo siento huesos. Hue... huesos por todas partes. Huesos encima de m&iacute;, huesos debajo, huesos sobre la cama, huesos en la cocina.
    </p><p class="article-text">
        Siento huesos rotos, como astillados, como haci&eacute;ndole agujeros a la piel, como queriendo salir, como queriendo coger aire, como queriendo encontrar una forma desesperada de vivir. Se acab&oacute;, me dejar&eacute; morir.
    </p><p class="article-text">
        Las s&aacute;banas est&aacute;n acartonadas, duras, h&uacute;medas, sucias. Las siento rojas, arrugadas, hechas una bola. Est&aacute;n como si estuvieran abraz&aacute;ndose las rodillas, acurrucadas de la agitaci&oacute;n, del temblor, de la agon&iacute;a. Est&aacute;n retorcidas de dolor.
    </p><p class="article-text">
        Huelo en ellas la sangre pero no lo s&eacute;. Aqu&iacute; dentro, dentro de m&iacute;, no se ve nada. Estoy cansada. Muy cansada. Sepo a hierro, a &oacute;xido. Me bebo la sangre. Es m&iacute;a. Reconozco bien su sabor. Est&aacute; col&aacute;ndose entre los dientes; la saboreo como un helado, me la bebo, me la trago y la disfruto como una ni&ntilde;a para saborear lo poco que queda de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mis muslos pesan como si fueran hormig&oacute;n. Mi pecho est&aacute; roto. Mi piel est&aacute; &aacute;spera en las piernas, en el p&oacute;mulo. Mi parte de delante se junta con la de detr&aacute;s. No hay nada entre la piel. Est&aacute; hueco, vac&iacute;o. Mi est&oacute;mago est&aacute; en realidad en mi espalda. Mi coraz&oacute;n cay&oacute; debajo de la cama junto con el alma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me siento hinchada, inflamada, violeta. Noto c&oacute;mo van naciendo los hematomas. C&oacute;mo arden. C&oacute;mo duelen. Mi pelo sigue desmenuz&aacute;ndose, parti&eacute;ndose, cay&eacute;ndose como si fueran l&aacute;grimas aunque hace horas que ya no me arrastra de &eacute;l. O eso creo. No lo s&eacute;. No siento nada. No s&eacute; qu&eacute; pasa fuera de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mis mejillas han empezado a empapar como si fueran una bayeta. Estoy llorando pero solo lo s&eacute; porque me mojo. No siento nada. Ya, desde hace unos minutos, he empezado a dejarme morir.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Mami, ya se ha ido. &iexcl;Despierta! &iquest;Me llevas al cole?
    </p><p class="article-text">
        Abr&iacute; los ojos r&aacute;pidamente y vi los suyos. Vi su impaciencia, su inocencia, su vida. No me qued&oacute; de otra. Tom&eacute; una segunda decisi&oacute;n: <strong>No puedo morir ahora.&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/no-hay_132_10717488.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Nov 2023 11:57:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aquí dentro no hay nada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Violencia de género,Canarias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos arde la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/arde-vida-incendio-tenerife-alba-marrero_1_10454810.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f731841-fbba-4dc7-aacd-ace15845e9cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nos arde la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos arde la isla profunda, la de verdad, la que tiene el acento, la que tiene las manías, la que tiene a su gente; la que tiene sus costumbres, la que tiene sus olores, la que tiene su flora y fauna</p><p class="subtitle">Sigue la última hora del incendio en Tenerife</p></div><p class="article-text">
        Nos est&aacute;n ardiendo los pulmones. Nos arde la cumbre. Nos arden las copas. Nos arde el aire entr&aacute;ndonos por la garganta; nos arde el lugar a donde &iacute;bamos a respirar, a coger ox&iacute;geno; a donde sub&iacute;amos a perdernos, a apagar el m&oacute;vil, a desconectar, a conectar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos arde la piel de los &aacute;rboles; nos arden las c&aacute;scaras. Nos arden las cenizas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos arde la sombra en donde nos refugi&aacute;bamos de las olas de calor; en donde abraz&aacute;bamos a los troncos, en donde hac&iacute;amos pis, en donde nos mare&aacute;bamos, en donde cog&iacute;amos aliento, en donde las hormigas nos mord&iacute;an. Nos arden los pateos, las excursiones, las escapadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Arden en llamas las copas, las hojas, lo verde. Arde en donde se o&iacute;a piar, en donde se o&iacute;a el revoloteo de la timidez de un pajarillo, en donde paseaban las mariposas, en donde los lagartos se escond&iacute;an al pasar, en donde se escuchaba un &lsquo;zzzzzz&rsquo; seguido de la duda: &lsquo;&iquest;mosca o abeja?&rsquo;; en donde agradec&iacute;amos la brisa, la sombra y el momento bocadillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos arde el suelo y nos arde el mar de nubes. Nos arde el aire. Nos arde la libertad de la carretera entre pinos a los que siempre llam&eacute; soldados; nos arde la mirada de 'papi' Teide.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos arde la isla profunda, la de verdad, la que tiene el acento, la que tiene las man&iacute;as, la que tiene a su gente; la que tiene sus costumbres, la que tiene sus olores, la que tiene su flora y fauna, la que tiene sus comidas; la que tiene &lsquo;la especialidad de la casa&rsquo;; la humilde, la sana, la que tiene la fama de amable, la que es &lsquo;en cuesta&rsquo;, la superviviente, la que no es un negocio, la que no habla idiomas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos arde a donde &iacute;bamos a brindar, nos arde a donde llev&aacute;bamos los cumplea&ntilde;os, las chuletadas, los tenderetes, los motivos. Nos arde a donde &iacute;bamos a vivir; a donde sub&iacute;amos, en masa, a ver dos copos de nieve mal puestos. Nos arden los miradores en donde se iba a las conversaciones importantes, a besar, a abrazar, a querer, a dejar. Nos arden los recuerdos. Nos arde la nostalgia. Nos arde el miedo. Nos arde la esperanza de que ojal&aacute;, en pleno agosto&hellip; llueva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos arden las entra&ntilde;as. Nos arde la isla que es ella, la de verdad. De la que se presume. La que atrapa. La m&aacute;gica. La que es &uacute;nica, salvaje y no es servicial ni esclava al turismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos arde la isla y lo que dicen desde la instituci&oacute;n insular es que el negocio [las zonas tur&iacute;sticas] est&aacute;n a salvo pero, por si no se hab&iacute;an dado cuenta, Tenerife y su gente, ba&ntilde;ados en ceniza, en c&aacute;scaras, en humo, en incertidumbre en evacuaciones, en drama&hellip; no lo est&aacute;n. Digo. Por si consideran que ya es hora de empezar a hablar de lo importante.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/arde-vida-incendio-tenerife-alba-marrero_1_10454810.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Aug 2023 09:14:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nos arde la vida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En esta playa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/playa-acostumbrandonos-nadar-basura_132_10088822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e056a943-1ae5-493a-a939-64cbdae144a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En esta playa"></p><p class="article-text">
        <strong>                                          Acostumbr&aacute;ndonos a nadar entre basura</strong>
    </p><p class="article-text">
        En esta playa aprend&iacute; a nadar. Incluso, cuando iba en la tripa de mi madre, ya la paseaba con ella porque siempre fui algo rebelde, ven&iacute;a de culo, hab&iacute;a que darme la vuelta y el m&eacute;dico le recomend&oacute; caminar.
    </p><p class="article-text">
        En esta playa aprend&iacute; a respetar el mar y a no darle la espalda. En esta playa mi padre me ense&ntilde;&oacute; a hacer castillos con arena mojada en la orilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Papi, vamos a hacer castillos de cacarrutas
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Vete yendo que yo voy ahora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa aprend&iacute; la regla de oro de toda persona &lsquo;de mar&rsquo;: hasta que la piel de los dedos no se arrugue, no se sale.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa mi madre me buscaba en el agua 'por los pies', por mis intentos frustrados de dedicarme a la nataci&oacute;n sincronizada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa di mi primer beso. Y el segundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa me baj&oacute; la regla por primera vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y casi pierdo la virginidad.
    </p><p class="article-text">
        En esta playa me 'pidieron salir'. Y tambi&eacute;n me dejaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa me emborrach&eacute; por primera vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa me sent&iacute; menos marciana con las charletas de mi gran amigo F, sentados en la orilla en donde aprend&iacute; eso del &lsquo;ba&ntilde;ador mojado&rsquo; y las infecciones de orina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esta playa la ech&eacute; de menos cuando emigr&eacute;.&nbsp; Esta playa era todo mi 'Tenerife' en Inglaterra y en Escocia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;Qu&eacute; me recomiendas si voy?
    </p><p class="article-text">
        &mdash; El M&eacute;dano te va a encantar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa acab&eacute; y empec&eacute; los mejores libros. En esta playa descubr&iacute; canciones. En esta playa le&iacute; la Super Pop y luego el peri&oacute;dico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa dije, por primera vez, que quer&iacute;a ser periodista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa crec&iacute; con mis amigas.
    </p><p class="article-text">
        En esta playa, los que eran hijos ahora son padres y los que eran padres ahora son abuelos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta playa quiz&aacute; quiera morir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta playa a veces se me quedaba corta. Y en otras, aqu&iacute; se acababa el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esta playa la defend&iacute;a, con u&ntilde;as y dientes, a eso de 'Ah&iacute; siempre hace viento'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta playa me hizo amar la marea baja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta playa me abraza cuando necesito llorar. Esta playa me susurra las grandes decisiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta playa me ha hecho feliz. Esta playa, a pesar de todo, siempre tendr&aacute; mi lealtad por respeto a mis recuerdos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y saben qu&eacute; pasa ahora?
    </p><p class="article-text">
        Esto pasa:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unos 30 grados en marzo. Ola de calor at&iacute;pica. Cambio clim&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Vamos a la playa este finde.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Vamos al M&eacute;dano!
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Ay, no. &iquest;A ba&ntilde;arme en caca?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y esto duele.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que por favor: menos dinero en escenarios estrafalarios por carnavales que con una verbenita, como siempre se ha hecho, vamos bien. Menos campa&ntilde;a electoral, menos explotaci&oacute;n tur&iacute;stica, menos <em>money-money</em>, menos tiro mierda sin que se note&hellip;&nbsp; y m&aacute;s respeto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi pregunta es, ayuntamiento: &iquest;De qui&eacute;n escuchas las voces? &iquest;De qui&eacute;n quieres el voto? &iquest;Del pueblo que tiene recuerdos y est&aacute; empadronado? &iquest;O de ese producto tur&iacute;stico que est&aacute;s creando para un p&uacute;blico que viene unas semanas y, sin saber qu&eacute; pasa, se ba&ntilde;a en basura y se marcha?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/playa-acostumbrandonos-nadar-basura_132_10088822.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Apr 2023 15:07:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En esta playa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ya voy’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/relato-ficticio-8m-canarias-escritoras-mujeres-suenos-truncados-cuidados-desigualdad-cargas-alba-marrero_1_10013883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a6be87d-b5fd-4776-89bf-18aface7db2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ya voy’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Relato ficticio dedicado a todas esas mujeres que SIEMPRE FUERON pero que la desigualdad, materializándose en una sobrecarga familiar y emocional se llevó sus vidas, y sus sueños, por delante. </p></div><p class="article-text">
        A Guna Tobal, siempre, desde que era peque&ntilde;a, le hab&iacute;a gustado escribir y, muchas veces, lo hac&iacute;a de cabeza. Tarareaba para s&iacute; misma historias de brujas, burras y luces misteriosas.&nbsp;&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>&iexcl;Guna! Deja de jugar y ay&uacute;dame a tender esta ropa&mdash; gritaba t&iacute;a Jacinta.</li>
                                    <li>Ya voooooy&mdash; se resignaba Guna.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Antol&iacute;n, el librero, era quien hab&iacute;a ense&ntilde;ado a leer y a escribir a la peque&ntilde;a que, una vez, suplic&aacute;ndole que lo hiciera, le cont&oacute; una historia tan buena, tan buena, tan buena que el viejo hombre llor&oacute; de la emoci&oacute;n y no se pudo resistir a ense&ntilde;arle todo lo que sab&iacute;a. Estaba convencido de que Guna Tobal alg&uacute;n d&iacute;a ser&iacute;a conocida como <em>La gran escritora.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        La muchacha escrib&iacute;a cuando pod&iacute;a porque ten&iacute;a que cuidar de siete hermanos. Hac&iacute;a uso de servilletas manchadas de grasa, cartones de huevos o el papel de las facturas caducadas que cog&iacute;a de la ventita de su madre.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Guna, d&eacute;jate de garabatear y atiende a la se&ntilde;ora Luisa. Corta 100 gramos de jam&oacute;n ahora mismo.&nbsp;</li>
                                    <li>Ya voooooy.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Siempre parec&iacute;a estar a punto de encontrar una buena historia cuando la vida la interrump&iacute;a. &laquo;Quiz&aacute; el conde podr&iacute;a ser una condesa disfrazada que lleg&oacute; por&hellip;&raquo;.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>&iexcl;Guna! &iexcl;M&aacute;s carne!&mdash; interrump&iacute;a desde la mesa de la cocina su hermano peque&ntilde;o.</li>
                                    <li>Ya vooooy&mdash; gritaba Guna cogiendo el caldero de carne con papas.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        A media tarde, todos sus hermanos estaban fuera; correteando por las calles, peg&aacute;ndose con otros ni&ntilde;os o cazando lagartijas. Guna, por supuesto, aprovechaba para escribir.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>&iexcl;Guna! &iexcl;Guna! &iexcl;Ven, corre! &mdash; se escuchaba gritar a uno de sus hermanos que aparec&iacute;a por la casa, llorando, con una rodilla ensangrentada. Guna resoplaba.&nbsp;</li>
                                    <li>Ya vooooooy.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La madre llegaba siempre pasadas las diez de la noche, de lunes a domingo, borracha como una cuba.&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>&iexcl;Una m&aacute;s, Guna! &iexcl;Una m&aacute;s! &iexcl;Bebe conmigo! &iquest;Ya tienes edad de beber?&mdash; dec&iacute;a entre risas.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Cuando ca&iacute;a, solo cuando su madre ca&iacute;a al suelo, Guna se levantaba malhumorada dejando el papel en blanco. &laquo;Ya voooooy&raquo;, dec&iacute;a para s&iacute; misma con l&aacute;grimas de frustraci&oacute;n en los ojos dispuesta, como cada noche, a cargar a su madre hasta la cama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, a medida que la vida de Guna Tobal avanzaba, sus ganas de escribir tambi&eacute;n lo hac&iacute;an, a pesar de todo. Quiso escribir cuando conoci&oacute; al amor de su vida, Paco, pero nunca logr&oacute; hacerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &laquo; &iquest;Podr&iacute;as ayudarme con esto?&raquo;, ped&iacute;a Paco. &laquo;Ya voy&raquo;, dec&iacute;a Guna. &laquo; &iquest;Podr&iacute;as acompa&ntilde;arme a ir a ver a mi madre?&raquo;; &laquo; &iquest;Podr&iacute;as cuidar de mi hermana esta tarde?&raquo;; &laquo; &iquest;Podr&iacute;as ir a recogerme este papel?&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. As&iacute; que Guna Tobal, ni de Paco <strong>ni de amor escribi&oacute; porque no tuvo tiempo aunque s&iacute; pens&oacute; hacerlo cuando pari&oacute; a Carmen y Paco (hijo) pero tampoco lo hizo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &laquo; &iexcl;Guna! El ni&ntilde;o est&aacute; llorando&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo;&iexcl;Guna! Necesitamos pa&ntilde;ales&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo;Guna, hay que llevar a esta ni&ntilde;a al m&eacute;dico&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; &iexcl;Mam&aacute;! &iexcl;Mam&aacute;! No s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;n mis zapatos&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; &iexcl;Mam&aacute;! Llegamos tarde al cole &raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; &iexcl;Mam&aacute;! Tenemos que ir a recoger el traje del festival&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo;Guna hay que lavar esta ropa&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; &iexcl;Mam&aacute;! Tenemos que ir a recoger a Pablo a su casa&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo;Guna, &iquest;Podr&iacute;as ayudarme con esta costura?&raquo;, pregunt&oacute; la vecina. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute;, acu&eacute;rdate de que me tienes que firmar las notas antes de salir&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute;, &iquest;me compraste compresas?&raquo;. &laquo;Ya vooooy&raquo;. &laquo; Guna, el banco cierra a las tres&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute;, &iquest;me puedes ayudar con esta tarea? &raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &nbsp; &nbsp; &laquo; Cari&ntilde;o, &iquest;D&oacute;nde est&aacute;s? Te estoy esperando&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Guna, hay que ingresar a mam&aacute; en otro centro de desintoxicaci&oacute;n&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; &iexcl;Guna! Tenemos que hablar, &iquest;vienes?&raquo;. &laquo;Ya vooooy&raquo;. &laquo;Guna, ehh&hellip;&raquo;. &laquo;Ya voy, ya voy, ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute; tenemos hoy una exposici&oacute;n en la facultad&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; &iexcl;Guna! Tienes que firmar ya los papeles del divorcio; no espero m&aacute;s&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute;, &iquest;todav&iacute;a en la cama? Llegamos tarde a la graduaci&oacute;n de Paco (hijo)&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute;, tienes que animarte. Te necesito&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute; es el d&iacute;a de mi boda, &iexcl;Te estamos esperando para salir! &raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; Mam&aacute;; Javi y yo tenemos que darte una noticia; &iquest;Puedes venir a casa?&raquo;. &laquo;Ya voy&raquo;. &laquo; &iexcl;Abuela! &iexcl;Abuela! No s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;n mis zapatos&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [&hellip;] [&hellip;]&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &laquo; &iquest;Aaa&hellip; abuela? &raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y as&iacute;, Guna Tobal, como un sinf&iacute;n de mujeres, nunca tuvo tiempo de ser&hellip; quien en realidad era.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>** 8 DE MARZO: </strong>D&iacute;a Internacional de la Mujer Trabajadora. Dedicado a todas esas mujeres que SIEMPRE FUERON pero que la desigualdad, materializ&aacute;ndose en una sobrecarga familiar y emocional se llev&oacute; sus vidas, y sus sue&ntilde;os, por delante.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/relato-ficticio-8m-canarias-escritoras-mujeres-suenos-truncados-cuidados-desigualdad-cargas-alba-marrero_1_10013883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Mar 2023 08:41:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Ya voy’]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La generación del ‘escapando’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/generacion-escapando_129_9177951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c103113a-f6ff-403f-9e82-0a3018a9b41c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La generación del ‘escapando’"></p><p class="article-text">
        Mi padre me dijo una vez: &laquo;Nunca intentes nadar hacia el horizonte. Cuando creas llegar, se alejar&aacute; y as&iacute; hasta que te ahogues del cansancio&raquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algo as&iacute; pasa en la vida de la generaci&oacute;n perdida. Combatientes de un ciclo sin fin; de una generaci&oacute;n que no ha podido decidir sobre sus sue&ntilde;os y metas porque no existen horizontes para una generaci&oacute;n que ha trabajado gratis como becarios/as &lsquo;pa&rsquo; mejorar el curr&iacute;culum&rsquo; y que cuando llega a un sueldo de 1.100 euros da &lsquo;ch&aacute;cara y tambor&rsquo; pero el alquiler se paga a duras penas y subsiste a base de los tupper de mam&aacute;. Una rueda de h&aacute;mster; en la que si no trabajas, no cobras pero aunque trabajes, no llegas. Una generaci&oacute;n de subsistencia. Una generaci&oacute;n de&nbsp; &laquo;pos&rsquo; aqu&iacute;, escapando&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vengo del 94 as&iacute; que al finalizar Periodismo, me atraves&oacute; la yugular el mantra <strong>&laquo;No hay trabajo&raquo;.</strong> Emigr&eacute;, volv&iacute;, me quebr&eacute; en la pandemia y cuando todo parec&iacute;a un soplo de estabilidad con la nueva reforma laboral, llega la inflaci&oacute;n, un precio de combustible desorbitado y la matraquilla: &iquest;C&oacute;mo llego a fin de mes? &lsquo;Pues teletrabaja&rsquo;, te dicen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero si teletrabajo cinco d&iacute;as por semana, en casa, sin que nadie interrumpa los bucles de la ansiedad, &iquest;Cu&aacute;nto necesitar&eacute; para pagar a la psic&oacute;loga?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/generacion-escapando_129_9177951.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jul 2022 10:42:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La generación del ‘escapando’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Canarias,Empleo,Crisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La chica del Parkinson que no decía ‘ni mú’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/chica-parkinson-no-decia-mu_1_8524017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8801d67-a8d1-4a15-ba8b-01ede94773fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La chica del Parkinson que no decía ‘ni mú’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez que ella salía por la puerta, casi siempre a punto de yo cerrar, a mí me daba por coger una bocanada de aire, como aliviado. Como dejando marchar a la angustia que me generaban aquellos ojos y aquellas manos peculiares, sin ton ni son</p></div><p class="article-text">
        Todos los martes por la tarde entraba aquella muchacha en la cafeter&iacute;a de la esquinita para pedirse un vaso de agua con gas. No le cobr&aacute;bamos ni nada pero ella siempre dejaba un euro con diez en la mesa de madera y se marchaba sin decir &lsquo;ni m&uacute;&rsquo;, como decepcionada, como si no le hubi&eacute;ramos dado un buen servicio, como si se hubiera molestado por algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las primeras veces yo me sent&iacute;a fatal porque no comprend&iacute;a si es que hab&iacute;a hecho algo malo. Guardaba el euro con diez pero lo hac&iacute;a en un botito de cristal que antes hab&iacute;a sido un bote de aceitunas para d&aacute;rselo al d&iacute;a siguiente. Lo intent&eacute; en tres ocasiones pero sin decir &lsquo;ni m&uacute;&rsquo; me hac&iacute;a un gesto que yo entend&iacute;a que no pensaba aceptarlo. As&iacute; que desist&iacute; y todos los euros con diez estaban creciendo en el botito de aceitunas por si alg&uacute;n d&iacute;a cambiaba de parecer. Y, a pesar de todo, ella al d&iacute;a siguiente volv&iacute;a a estar all&iacute;. Ella siempre volv&iacute;a as&iacute; que dej&eacute; de preocuparme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era larguirucha; de tez p&aacute;lida y de ojos tristones.&nbsp;Siempre se sentaba en la mesa que daba justo a aquella parte de la barra en la que yo limpiaba la cafetera cada tarde mientras maldec&iacute;a mi triste existencia.&nbsp;Algo que me sorprend&iacute;a era que nunca se pon&iacute;a a mirar por la ventana. Yo, si tuviera tiempo para un caf&eacute; con calma, ser&iacute;a lo &uacute;nico que har&iacute;a pero ella me miraba a m&iacute;. Una vez que se sentaba daba la espalda a todo lo que ocurr&iacute;a en la calle; a las primeras gotas de lluvia o a las sombras que creaba la gente antes de ponerse el sol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras me miraba comenzaba a mover las manos de un lado al otro. El movimiento, tan r&aacute;pido, casi con rabia, casi con desesperaci&oacute;n me parec&iacute;a fascinante. Era como si intentara expresarse al mundo. No dejaba de moverlas de un lado al otro; a veces parec&iacute;a un lenguaje; a veces un baile en el que todos sus dedos llevaban zapatos de claqu&eacute;. No paraban m&aacute;s que para coger aquella taza que sol&iacute;a enfriarse en el transcurso de, casi siempre, una hora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca hab&iacute;a le&iacute;do sobre el Parkinson. No sab&iacute;a lo que era y, honestamente, tampoco me hab&iacute;a interesado pero aquella mujer parec&iacute;a no tener el control de nada de lo que hicieran sus manos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y mientras las mov&iacute;a me miraba. A veces llegaba a intimidarme porque me miraba fijamente.&nbsp;Me sonrojaba. Era una chica guapa, mucho m&aacute;s joven que yo, de unos ojos azules que me recordaban a los veranos en el pueblo de mi abuela pero no hab&iacute;a, sobre la faz de la tierra, mujer que me fascinara m&aacute;s que mi Rosita. El amor de mi vida desde los quince a&ntilde;os. As&iacute; que tampoco le aguantaba mucho la mirada porque me angustiaba compadecerme de ella. Era una pobre mujer. Alrededor de ella hab&iacute;a mucha tristeza.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que ella sal&iacute;a por la puerta, casi siempre a punto de yo cerrar, a m&iacute; me daba por coger una bocanada de aire, como aliviado. Como dejando marchar a la angustia que me generaban aquellos ojos y aquellas manos peculiares, sin ton ni son.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquel d&iacute;a quer&iacute;a llegar pronto a casa porque Rosita se hab&iacute;a empe&ntilde;ado en ver una pel&iacute;cula de esas en la que solo hay gente guapa. A m&iacute; no me gusta mucho pero me hac&iacute;a ilusi&oacute;n pasar un ratito con ella. Sin nadie m&aacute;s. Sin ser padres ni tampoco abuelos. Solo ella y yo. As&iacute; que con esa idea llegu&eacute; a casa pero me encontr&eacute; a Rosita sentada en el sof&aacute; viendo las noticias con cara de preocupaci&oacute;n. Hab&iacute;an matado a una muchacha en el pueblo. Se dec&iacute;a que la hab&iacute;a matado el golfo con el que estaba. Un sinverg&uuml;enza de esos que se cree que por pegar a una mujer muestra m&aacute;s su hombr&iacute;a que su cobard&iacute;a. No dijeron el nombre pero pronto nos enterar&iacute;amos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me sent&eacute; con Rosita a escuchar y enseguida mi gesto cambi&oacute;. Mi piel se qued&oacute; helada. Mi coraz&oacute;n se dispar&oacute;. Dec&iacute;an en las noticias que si una mujer hac&iacute;a un gestito con la mano, como abrazando el pulgar, estaba pidiendo ayuda. Era v&iacute;ctima de violencia de g&eacute;nero. &laquo;Dios m&iacute;o&raquo;, pens&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo reconoc&iacute; inmediatamente. Era lo que hab&iacute;a estado haciendo durante meses la mujer de la cafeter&iacute;a. Era eso lo que hac&iacute;a. Era ese el movimiento de sus manos. S&iacute;, era eso. &laquo;Oh, dios m&iacute;o&raquo;. &laquo;Oh, dios m&iacute;o&raquo;; &laquo;Oh dios m&iacute;o&raquo;. Me estaba pidiendo ayuda. Me estaba pidiendo ayuda. Y yo no sab&iacute;a. Se me aceler&oacute; el coraz&oacute;n. Empec&eacute; a llorar, nervioso. Rosita no entend&iacute;a nada hasta que, entre sollozos, pude explicarle. Y llor&eacute; y llor&eacute;. &laquo; &iexcl;Me estaba pidiendo ayuda!&raquo;. Y ya no recuerdo nada m&aacute;s porque Rosita me dio un calmante y me dej&eacute; dormir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la ma&ntilde;ana siguiente, cuando abr&iacute; la cafeter&iacute;a estuve todo el d&iacute;a esper&aacute;ndola. Esperando a que apareciera pero a la hora que siempre entraba, no entr&oacute;. &laquo;Oh dios, m&iacute;o!&raquo;. No puede ser, no puede ser ella. Me estaba pidiendo ayuda. Me estaba pidiendo ayuda.&nbsp; Me estaba pidiendo ayuda y ahora est&aacute; muerta. Oh, dios m&iacute;o, oh dios m&iacute;o &iquest;Por qu&eacute; demonios no sab&iacute;a yo el dichoso gesto? Oh, dios m&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, aquella tarde, mientras lloraba tras la cafetera, sin saber qu&eacute; har&iacute;a ahora y queriendo matar yo, con mis manos, al golfo que la hab&iacute;a matado a ella son&oacute; el timbre de la cafeter&iacute;a. Y mir&eacute; y&hellip; era ella con hilo de sangre en su nariz. Y, sin decir &lsquo;ni m&uacute;&rsquo; corr&iacute; a abrazarla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>*El 25 de noviembre es el D&iacute;a de la Erradicaci&oacute;n de la Violencia contra la Mujer. No te quedes sin saber c&oacute;mo es el gesto universal que realizan las v&iacute;ctimas para pedir ayuda. No te quedes sin salvar a una vida. </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/chica-parkinson-no-decia-mu_1_8524017.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Nov 2021 10:52:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La chica del Parkinson que no decía ‘ni mú’]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fantasma de mi habitación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/fantasma-habitacion_1_8198559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No había día que ella no estuviera mirándome. Había crecido conmigo. Sus ojos eran apaisados, rozando el este y de color negro como la noche. A pesar de la oscuridad de las madrugadas aquellos dos boliches se veían desde cualquier rincón; brillantes; esperando a hacerme daño</p><p class="subtitle">La media naranja de papá</p></div><p class="article-text">
        Les prometo que todo lo que narro en las siguientes l&iacute;neas ocurri&oacute; de verdad. Adem&aacute;s s&eacute; que no soy la &uacute;nica persona a la que le ha pasado y que muchos fantasmas y siluetas extra&ntilde;as habitan rincones a la espera de que te vuelvas uno de ellos; como si fueras una aparici&oacute;n o un reflejo de lo que en realidad&hellip; fuiste.
    </p><p class="article-text">
        Algo me asfixiaba. Me despert&eacute; de golpe y me cost&oacute; pillarle el ritmo al coraz&oacute;n. So&ntilde;aba que me ca&iacute;a por un precipicio. Mi mente ca&iacute;a al vac&iacute;o cuando de repente mi cuerpo, mi carne, dio un espasmo en la cama, que me devolvi&oacute;, una vez m&aacute;s, a la vida. Abr&iacute; los ojos, tembloroso. Siempre que he abierto los ojos en esa habitaci&oacute;n, los he abierto con temblores. Con miedo. Siempre ha habido una energ&iacute;a extra&ntilde;a en ese rinc&oacute;n de la casa; justo donde duermo yo. Mis padres tambi&eacute;n lo sienten porque cuando me miran se entristecen. Muchas veces por no encontrarme con aquellos ojos canelos, mir&aacute;ndome desde el fondo de la habitaci&oacute;n, duermo en el sof&aacute;, pero ese fin de semana, en el que ocurri&oacute; lo que les voy a contar, hab&iacute;a venido mi t&iacute;a Jacinta de Lanzarote y se adue&ntilde;&oacute; de la sala de estar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a d&iacute;a que ella no estuviera mir&aacute;ndome. Hab&iacute;a crecido conmigo. Sus ojos eran apaisados, rozando el este y de color negro como la noche. A pesar de la oscuridad de las madrugadas aquellos dos boliches se ve&iacute;an desde cualquier rinc&oacute;n; brillantes; esperando a hacerme da&ntilde;o. Detestaba su silueta. Una silueta de mujer perfecta; amenazante, femenina, de pel&iacute;cula. Me fijar&iacute;a en ella si no la detestara tanto. Ojal&aacute; y no volviera a verla; ojal&aacute; y no volviera a verla nunca pero lo he deseado tanto tiempo y no se ha hecho realidad que ya he perdido la esperanza. Aquel fantasma viv&iacute;a en mi habitaci&oacute;n y me odiaba; me persegu&iacute;a al instituto; a los centros comerciales; a cualquier parte y me dejaba su aliento en la nuca cada vez que era un poco feliz. Por las noches era cuando me lo susurraba: &laquo;Sigo aqu&iacute;&raquo;. Esas dos palabras eran m&aacute;s que suficientes para robarme la poca energ&iacute;a que invert&iacute;a en vivir. Me borraba los recuerdos de la mente como si no existiera otra cosa; como si lo &uacute;nico para lo que yo viviera en el mundo fuera para luchar con ella como si fuera un demonio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquella noche me met&iacute; pronto en la cama. Ten&iacute;a un dolor terrible de cabeza. Ella hab&iacute;a estado conmigo todo el d&iacute;a. Me jalaba del pelo mientras estaba en clase de Historia; me asfixiaba cuando se me ocurr&iacute;a ir al ba&ntilde;o y cruzaba una mirada con ella mientras me limpiaba las manos. Y aquella noche que necesitaba dormir m&aacute;s que nunca porque tambi&eacute;n me dol&iacute;a el coraz&oacute;n tras una discusi&oacute;n con Daniela, mi chica, la escuch&eacute; acercarse al borde de mi cama y decir en un hilo de voz imperceptible pero que yo ya hab&iacute;a descodificado desde hac&iacute;a a&ntilde;os: &laquo;No te librar&aacute;s de m&iacute;&raquo;. Mi cuerpo estaba a punto de entrar en taquicardia, como siempre al escucharla, pero esta vez decidi&oacute; saltar de la cama sin yo apenas esperarlo y dije: &laquo;No&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y volv&iacute; a decir: &laquo;No&raquo;. Y la mir&eacute; directamente a los ojos y empec&eacute; a morderme el labio hasta sangrar de la rabia acumulada dici&eacute;ndole que la odiaba. &laquo;Te odio&raquo;. &laquo;Te odio&raquo;. &laquo;Te odio&raquo;. Sus ojos empezaron a ensangrentarse de rabia, igual que los m&iacute;os.&nbsp;&laquo; &iexcl;Te odio!&raquo;, le grit&eacute; con ganas. Y ella tambi&eacute;n grit&oacute;. Grit&oacute; tan fuerte como yo y tambi&eacute;n lo dijo: &laquo;Te odio&raquo;. &laquo;Te odio&raquo;, &laquo;Te odio&raquo;. Y nos estuvimos odiando en alto cinco minutos. Los dos lloramos. Los dos est&aacute;bamos sangrando en los labios, en los ojos, en el alma. Est&aacute;bamos muertos de rabia el uno por el otro. Ella se acerc&oacute; a m&iacute; y se meti&oacute; dentro de mi cuerpo. Me doli&oacute; todo. Hasta las cosas que no hab&iacute;a sentido nunca ni sab&iacute;a que exist&iacute;an, me dol&iacute;an. No pod&iacute;a pensar. No pod&iacute;a respirar. Me tir&oacute; al piso y no hac&iacute;a m&aacute;s que jalarme del pelo, que reventarme la piel a tiras; quer&iacute;a arranc&aacute;rmela; quer&iacute;a eliminarme y sent&iacute;a sus u&ntilde;as rasg&aacute;ndome la piel, intentando salir, intentando hacerme saltar por los aires. &laquo;&iexcl;Sal!&raquo;; &laquo;&iexcl;Sal!&raquo; &laquo; &iexcl;Vete de aqu&iacute;!&raquo; &laquo; &iexcl;Vete de aqu&iacute;!&raquo;, gritaba pero ella segu&iacute;a golpeando desde dentro todas las partes de mi cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo solo gritaba de dolor. La frustraci&oacute;n se me mezclaba con las l&aacute;grimas. Los gritos con el odio y mis ojos se llenaron de sangre. De sangre de verdad. No pod&iacute;a m&aacute;s; no pod&iacute;a seguir viviendo con aquella chica, con aquel fantasma del demonio y mientras ella golpeaba todo mi cuerpo volvi&oacute; a salir porque mis ojos se encontraron con ella, como siempre, al final de la habitaci&oacute;n. Sent&iacute;a agua cayendo en mi rostro. Supongo que eran l&aacute;grimas pero no estaba seguro. Lo ve&iacute;a todo borroso. La mir&eacute; y ella tambi&eacute;n lloraba pero la odiaba. Y ella a m&iacute;. La odiaba, la odiaba &iexcl;la odiaba! y cegado de odio, de rabia, lo hice. Juro que lo hice. Decid&iacute; matarla. Y de un golpe, revent&eacute; el espejo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>*La disforia de g&eacute;nero puede manifestarse en diferentes grados de intensidad en cada persona y momento vital. Una gran mayor&iacute;a de casos se inician a edades muy tempranas, siendo condiciones complejas y asociadas a intenso malestar.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Diseño de Edgar Gámez.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/fantasma-habitacion_1_8198559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Aug 2021 11:00:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El fantasma de mi habitación]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gracias, Luna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gracias-luna_132_7956502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/879b46f2-bc00-4c49-8623-8369dfd4bfce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gracias, Luna"></p><p class="article-text">
        El abrazo de una voluntaria a un migrante reci&eacute;n llegado a las costas de Ceuta que desat&oacute; el odio de los malos&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era como si, de repente, hubieran puesto al planeta en un tablero de ajedrez, con fichas buenas y malas a punto de reventarse unas a otras en un jaque mate pero este cuento no puede empezar de otra manera que empezando as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a una vez un lugar terrible. Un sitio raro que hace mucho tiempo hab&iacute;a sido un lugar hermoso. <strong>Un sitio de esos en donde se so&ntilde;aba; en donde se bailaba, en donde se abrazaba, en donde se quer&iacute;a. En donde la buena gente era m&aacute;s de la mitad de los millones de personas que habitaban el planeta. </strong>Un sitio en donde el agua era cristalina y la mayor parte de sus rincones eran verdes del color de las botellas.&nbsp;Era un sitio que se hab&iacute;a transformado como esos reyes amargados de los cuentos en los que te dicen que un d&iacute;a fueron pr&iacute;ncipes hermosos y a&ntilde;orables. Es decir, era <strong>un sitio-recuerdo, un sitio del que esperabas que volviera a ser como antes.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, en aquel sitio terrible empiezan a ocurrir cosas terribles y ya no hab&iacute;a m&uacute;sica rozando el cielo sino que &eacute;ste vomitaba <strong>bombas desde lo alto, vomitaba metralla, vomitaba malos gobiernos, vomitaba odio</strong>. En aquel sitio terrible no se escuchaban voces gritar &laquo;te quiero&raquo; a lo alto, con la m&uacute;sica, con el c&aacute;ntico, con la risa<strong>. Lo susurraban bajito, en &uacute;ltimos alientos, entre humaceras de polvo, entre ojos tristes, entre l&aacute;grimas glotonas, entre miedo, entre secretos para, antes de subir a una balsa, decir: pase lo que pase, te echar&eacute; de menos.&nbsp;</strong>Y es que este mundo terrible ten&iacute;a la mala man&iacute;a de hacerte creer que hab&iacute;a una porci&oacute;n de tierra segura en la que volvieran las aguas cristalinas, los paisajes verdes, los sue&ntilde;os, el baile y los suspiros en alto. <strong>Los habitantes de este mundo terrible, por alguna extra&ntilde;a raz&oacute;n, segu&iacute;an teniendo esperanza de que hubiera un lugar hermoso, en alguna parte, en alguna orilla en donde m&aacute;s de la mitad de los millones de personas que habitan el planeta Tierra fueran buena gente.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y la esperanza, en un mundo terrible, es un motor peligroso. Y la esperanza se lanza al oc&eacute;ano y se abandona a la incertidumbre, al destino, a la deshidrataci&oacute;n, al llenar los ojos de muertes en el Atl&aacute;ntico, al sentir en las entra&ntilde;as la desaparici&oacute;n de un amigo, de un amor, de una hija que caen por la borda.&nbsp;Y a&uacute;n as&iacute; y a&uacute;n rotos de dolor, los habitantes esperanzados llegan a una tierra, a una orilla a la que besan al tocarla, a la que lloran al sentirla pero &eacute;sta, aunque a&uacute;n no lo sepan, est&aacute; llena de odio, llena de racismo y tiran&iacute;a y <strong>llena de los efectos secundarios de que la extrema derecha haya empapado a las instituciones europeas de oscuridad.&nbsp;</strong>Llegan a un sitio terrible. A otro. Aunque en medio de toda esa tierra y de todo ese llanto, quiz&aacute; si es verdad que a&uacute;n siguen existiendo lugares hermosos como aquellos reyes que un d&iacute;a fueron pr&iacute;ncipes entra&ntilde;ables. Y quiz&aacute; s&iacute; que existen lugares en los que mantener la esperanza, en los que se pueda so&ntilde;ar, en los que se pueda sentir a bocajarro, en los que se pueda vivir en calma. Sitios seguros. <strong>Y no hablo de La Luna, que tambi&eacute;n, hablo de los mejores lugares del mundo&hellip; a los que llaman &laquo;abrazos&raquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Gracias, Luna por abrazar a la Humanidad.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gracias-luna_132_7956502.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 May 2021 21:11:31 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La media naranja de papá]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/media-naranja-papa_1_7390606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff14d778-076e-4bdd-aa8d-342192d4020c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La media naranja de papá"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sueño de mamá era hacer psicología pero tenía un sueño aun más grande que ese: papá. Así que estudió una ingeniería que le aburría, como él, para así estar juntos todo el día y eso, al menos, le hacía algo más feliz. O eso creía ella</p></div><p class="article-text">
        <strong>(Relato ficticio)&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ayer pap&aacute; me cont&oacute; c&oacute;mo se enamor&oacute; de mam&aacute;. Le ped&iacute; que me contara la mejor historia de amor que conociese para un trabajo del cole y pap&aacute; me cont&oacute; la suya porque dice que de ah&iacute; nac&iacute; yo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pap&aacute; y mam&aacute; se conocieron en el instituto hace un mont&oacute;n de a&ntilde;os. Al verle por primera vez, pap&aacute; sinti&oacute; un flechazo. As&iacute;, sin conocerle ni nada. Esas son las cosas que nunca he entendido de los mayores. Se gustan y desgustan sin cruzar una palabra. &Eacute;l, solo con verla, ya sab&iacute;a que mam&aacute; era la mujer de su vida. Me dijo que nunca hab&iacute;a visto una chica tan guapa. Unos ojos verdes &laquo;de esc&aacute;ndalo&raquo;, un pelo rubio &laquo;de esc&aacute;ndalo&raquo;; una sonrisa &laquo;de esc&aacute;ndalo&raquo;. Una aut&eacute;ntica princesa, me dijo<strong>. As&iacute; que pap&aacute; hizo de todo por ligarse a mam&aacute; porque ella, al principio, ni caso le hac&iacute;a porque mam&aacute; era de esas que iban de novio en novio, me dijo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a coincidieron en la playa con un mont&oacute;n de amigos m&aacute;s y empezaron a hablar. <strong>Bueno, mam&aacute; habl&oacute; y pap&aacute; fingi&oacute; inter&eacute;s. Nada de lo que le dec&iacute;a mam&aacute; le gustaba pero &eacute;l fingi&oacute; que s&iacute; porque mam&aacute; era la mujer de su vida.</strong> Mam&aacute; le habl&oacute; de libros que pap&aacute; ni conoc&iacute;a pero pap&aacute; hizo el de que s&iacute; que sab&iacute;a. Mam&aacute; lo llev&oacute; a comerse un gofre de helado y caramelo. Pap&aacute; odia el caramelo pero ese d&iacute;a fingi&oacute; que le encantaba. Mam&aacute; lo invit&oacute; un d&iacute;a a subir a la monta&ntilde;a pero pap&aacute; era uno de esos cosmopolitas que odiaba a los bichos, y a la naturaleza y a todo eso pero minti&oacute; a mam&aacute; y se hizo pasar por el mejor monta&ntilde;ista de todos. <strong>Mam&aacute; lo ten&iacute;a loquito perdido. Y pap&aacute; estaba convencido de que se volver&iacute;a el hombre de la vida de mam&aacute;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pap&aacute; jug&oacute; muy bien sus cartas porque a mam&aacute; le empezaron a brillar los ojos por pap&aacute;. Lo llamaba siempre, a todas horas. Incluso a las tres de la ma&ntilde;ana, simplemente, para decirle que le quer&iacute;a. <strong>A pap&aacute;&nbsp; lo despertaba y le fastidiaba un poco pero le parec&iacute;a rom&aacute;ntico. </strong>Se ve&iacute;an a todas horas. Desayunaban, almorzaban y cenaban juntos. Se esperaban fuera de las clases y se lo contaban todo. <strong>Qu&eacute; hab&iacute;an hecho, qu&eacute; no, con qui&eacute;n hab&iacute;a estado, con qui&eacute;n no y as&iacute;. Eran un aut&eacute;ntico equipo de remo, dice pap&aacute;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Disfrutaban tanto estando juntos que no necesitaban a nadie m&aacute;s. Empezaron, incluso, a sentirse inc&oacute;modos en la pandilla porque les dec&iacute;an que se besaban mucho y que no hablaban con los dem&aacute;s. As&iacute; que empezaron a distanciarse porque nadie entend&iacute;a un amor tan real como el que se ten&iacute;an. <strong>Fueron a la universidad y pap&aacute; convenci&oacute; a mam&aacute; de que estudiaran lo mismo para as&iacute; pasar m&aacute;s tiempo juntos porque si no, apenas se ver&iacute;an.</strong> El sue&ntilde;o de mam&aacute; era hacer psicolog&iacute;a pero ten&iacute;a un sue&ntilde;o aun m&aacute;s grande: pap&aacute;. As&iacute; que estudi&oacute; una ingenier&iacute;a que le aburr&iacute;a, como &eacute;l, para as&iacute; estar juntos todo el d&iacute;a y eso, al menos, la hac&iacute;a algo m&aacute;s feliz. O eso cre&iacute;a ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pap&aacute; y mam&aacute; se com&iacute;an a besos por todas las esquinas hasta el mismo d&iacute;a de su boda al que solo fueron &eacute;l y ella porque ya no ten&iacute;an amigos. Nadie entend&iacute;a que dos personas estuviesen tan enamoradas como lo estaban ellos dos. <strong>Su amor era &uacute;nico en el mundo. Uno de esos de pel&iacute;culas de Hollywood, dice pap&aacute;. </strong>No ten&iacute;an ojos para nadie m&aacute;s ni inter&eacute;s por compartir su tiempo con otras personas. <strong>Pap&aacute; es cierto que era muy celoso y un d&iacute;a se enfad&oacute; mucho con mam&aacute; por haberle visto hablar con su compa&ntilde;ero de trabajo</strong> pero es que pap&aacute; la quer&iacute;a tanto que no lo hac&iacute;a por desconfianza sino por proteger esa relaci&oacute;n tan bonita que ten&iacute;an y que me hab&iacute;a tra&iacute;do a m&iacute; al mundo<strong>.</strong> Mam&aacute; acab&oacute; cambi&aacute;ndose de trabajo porque a pap&aacute; le afectaba mucho que mam&aacute; estuviera trabajando con aquel hombre. As&iacute; que se fue a una empresa peor, con un salario peor, con un trabajo que no le hac&iacute;a feliz pero pap&aacute; sonre&iacute;a un poquito m&aacute;s y eso a mam&aacute; la hac&iacute;a sentir bien. O eso cre&iacute;a ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os mam&aacute; siempre tra&iacute;a mala cara. Mam&aacute; ha estado triste mucho tiempo. Ha intentado hablar muchas veces con pap&aacute; y le ha dicho que la relaci&oacute;n no funciona pero <strong>pap&aacute; siempre empieza a llorar, le dice que son el uno para el otro, que nunca van a encontrar una media naranja igual y se besan y se perdonan.</strong> Aunque, a pesar de todo, mam&aacute;&nbsp; segu&iacute;a teniendo la misma cara: triste. Y ahora pienso <strong>yo que quiz&aacute; mam&aacute; estaba tan triste porque no sab&iacute;a c&oacute;mo estar en un mundo en el que ya no fuese la media naranja de pap&aacute; </strong>porque quiz&aacute; mam&aacute; se echaba de menos a s&iacute; misma porque de repente, un d&iacute;a, empez&oacute; a echar de menos la psicolog&iacute;a. Y tambi&eacute;n a la monta&ntilde;a. Y tambi&eacute;n al caramelo. Y tambi&eacute;n a su compa&ntilde;ero de trabajo favorito. As&iacute; que quiz&aacute; lo que me cont&oacute; pap&aacute; fue su historia de amor pero no fue la historia de amor de mam&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; por eso hoy mam&aacute; ya no est&aacute; porque anoche mam&aacute; se fue. Anoche mam&aacute; termin&oacute; con la vida que se supone que era suya pero en realidad&hellip; era la vida de pap&aacute;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/media-naranja-papa_1_7390606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Apr 2021 20:15:59 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Alguien ha llamado a la abuela?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/alguien-llamado-abuela_132_7222572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efb116a4-095b-48e8-a22d-cb3d2ecd6a56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Alguien ha llamado a la abuela?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tengo en total cuatro hijas y siete nietos. Ya todos tienen su vida hecha, son grandes, con sus trabajos, con sus estudios y sus cosas. A mí ya ni me llaman ni nada y eso me da una rabia que me pone la bilis en el entrecejo</p></div><p class="article-text">
        Me dej&eacute; caer en la cosa esta que ni es sof&aacute; ni es nada porque a qui&eacute;n se le ocurre forrar una cosa c&oacute;moda con tela de raso blanco. No te puedes ni sentar a gusto. Una no se queda tranquila porque eso hasta con un fisco saliva se le queda la marca. La gente joven no se entera de estas cosas. Se creen que con la modernidad inventan el mundo pero como me lo regal&oacute; mi hija pues yo tampoco dije nada. <strong>As&iacute; que aqu&iacute; me qued&eacute; descansando un ratito, mientras todos me miraban porque claro est&aacute; que yo no quer&iacute;a pero una tiene ya las rodillas que no las aguanta.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo en total cuatro hijas y siete nietos. Solo el &uacute;ltimo es un muchacho y casi no lo cuenta. Sali&oacute; desnutridito perdido pero ya ahora ocupa mucho espacio. Fuerte muchacho pa&rsquo; comer. Ya todos tienen su vida hecha. Son grandes, con sus trabajos, con sus estudios y sus cosas. <strong>A m&iacute; ya ni me llaman ni nada y eso me da una rabia que me pone la bilis en el entrecejo. Aunque sea que me llamen un fisquito y que hagan como que me escuchan porque estoy m&aacute;s sola que la una. </strong>Eso les digo yo siempre pero ellos siguen a lo suyo y todas las tardes me siento cerquita del tel&eacute;fono para llegar a tiempo a cogerlo si es que llaman pero ninguno lo hace. Solo llaman esos del chaleco rojo, de vez en cuando, pa&rsquo; saber si me he ca&iacute;do. <strong>Una llega a una edad en la que solo se espera de ella que te caigas y te partas la cadera. </strong>Total, que mis nietos no me llaman nunca. Ni los domingos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A toditos ellos les cri&eacute; yo. A las hijas y a los nietos. La primera de todas, Anita, es verdad que ella me cuidaba tambi&eacute;n a m&iacute;. Fuerte muchacha buena.<strong> </strong>Sobre todo desde aquel d&iacute;a<strong> </strong>en el que ella era todav&iacute;a una chiquilla y<strong> Andr&eacute;s me meti&oacute; un rebencazo que casi me mata. La ni&ntilde;a lleg&oacute; del colegio y me encontr&oacute; en el ba&ntilde;o con la nariz reventada, enchumbada en sangre y sin conocimiento mientras Candelaria, la m&aacute;s chica, lloraba y lloraba desde su cunita </strong>pero yo eso solo lo s&eacute; porque Anita me lo cont&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Yo</strong> <strong>despert&eacute; ya en el centro m&eacute;dico con un dolor terrible en el coraz&oacute;n. Ni nariz ni nada. El coraz&oacute;n era lo que dol&iacute;a. Fuerte dolor malo ese. Y m&aacute;s me dol&iacute;a cuanto m&aacute;s escuchaba a Anita llorar desde el borde de la cama.</strong> Y yo sin poder abrir los ojos y sin poder decir nada. As&iacute; estuve d&iacute;as, haci&eacute;ndome la dormida, mientras Anita lloraba y lloraba y preguntaba a los m&eacute;dicos y me cog&iacute;a la mano esperando a que se las agarrara con fuerza pero yo no hac&iacute;a nada. Yo no quer&iacute;a hacer nada.<strong> Yo estaba llena de verg&uuml;enza. </strong>Nunca imagin&eacute; que mi hija tendr&iacute;a que ver eso. Aunque el sinverg&uuml;enza era su padre, reconozco que <strong>me sent&iacute;a avergonzada de que mi hija hubiera tenido que recogerme del suelo ensangrentada.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Andr&eacute;s se march&oacute; y nadie le busc&oacute;. Nunca jam&aacute;s supimos nada. <strong>Ni denunciamos aunque tuve que pelear mucho con Anita para que no contara nada</strong>. <strong>Siempre fue un secreto.</strong> Las otras preguntaban que a d&oacute;nde hab&iacute;a ido papi y les dijimos que hab&iacute;a encontrado un trabajo en Venezuela, que volver&iacute;a pronto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Total que salimos pa&rsquo; lante como pudimos. Yo ni trabajaba ni hab&iacute;a estudiado ni nada pero se me daba bien la gente y cuando se te da bien la gente, siempre una tiene algo para comer. Mi casa siempre estuvo llena. Nunca nos hizo falta a nadie m&aacute;s. As&iacute; que ahora, que ya todos se han ido, me enfado &iexcl;Claro que me enfado! Pues tanto que les di y ni un ratito para m&iacute; tienen. Me hago la ofendida cuando vienen a verme los fines de semana aunque me gusta que est&eacute;n ah&iacute;. <strong>Y cuando veo que me quieren tanto, los lunes vuelvo esperanzada a sentarme al ladito del tel&eacute;fono, por si a alguno le remuerde la conciencia y me llama. Y ninguno, de todos ellos, lo hace.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque el otro d&iacute;a al fin son&oacute;. M&aacute;s contenta que unas pascuas, me puse. Recuerdo que justo me acababa de sentar en el taburete verde de al lado del tel&eacute;fono. Pens&eacute; que era Marquitos, el m&aacute;s chico, no s&eacute; por qu&eacute; ten&iacute;a la matraquilla de que me iba a llamar pero no era. <strong>Cuando cog&iacute; el tel&eacute;fono solo escuch&eacute; una voz rasgada. Dijo que abriera la puerta, que estaba ah&iacute; fuera. Y no abr&iacute; porque a pesar de que hab&iacute;an pasado veinticinco a&ntilde;os, reconoc&iacute; su voz. Y no hizo falta que le abriera. Andr&eacute;s la tumb&oacute;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y ya no s&eacute; nada m&aacute;s. Solo s&eacute; que estoy en esta especie de cama extra&ntilde;a, de forma ovalada y forro de raso blanco y todos me miran y lloran como si estuviera enferma. No s&eacute; qu&eacute; ha pasado. Est&aacute;n todos. Marquitos, tambi&eacute;n. Jodido, pens&eacute; que eras t&uacute; el que me llamaba. Maldito tel&eacute;fono. Quiero decirles que me levanten de aqu&iacute;, que me duelen los tobillos pero lo cierto es que no me duele nada. <strong>Siento que no puedo hacer nada. Como cuando Anita lloraba en el borde de aquella cama. Como si no tuviera voz. Como si no pudiera agarrar nada con fuerza.</strong> Y entonces me doy cuenta. Me doy cuenta de todo cuando me fijo bien en que todos van de negro. Y entiendo la rareza de la cama y entiendo que ya no me duela nada. Lo entiendo todo. Me voy. Bueno, me fui.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *Relato ficticio para la conciencia sobre la importancia de denunciar la violencia machista. Tel&eacute;fono de atenci&oacute;n a las v&iacute;ctimas de malos tratos por violencia de g&eacute;nero: 016. No deja registro de llamada.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/alguien-llamado-abuela_132_7222572.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Feb 2021 20:41:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Alguien ha llamado a la abuela?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia de Merceditas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/historia-merceditas_132_6460537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41154930-b3d7-4fd3-b2e8-06d1252cb8d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia de Merceditas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un duro relato ficticio en el día contra la violencia de género</p><p class="subtitle">La primera vez que se rompió el casete</p></div><p class="article-text">
        <strong>(Relato ficticio)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Les contar&eacute; la historia de Merceditas porque Merceditas no es la historia de una mujer cualquiera. Merceditas era una mujer preciosa. Ni muy flaca ni muy gorda; ni muy joven ni muy vieja; ni muy alegre ni muy seria. Lo que hac&iacute;a preciosa a Merceditas era su libertad. <strong>Una libertad que, siendo honestos, a veces, realmente, asustaba.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Merceditas si quer&iacute;a bailar, bailaba. Si quer&iacute;a besar, besaba. Si quer&iacute;a trasnochar, trasnochaba. Si no quer&iacute;a dar explicaciones, no las daba. Si quer&iacute;a discutir, discut&iacute;a. Entraba y sal&iacute;a cuando le daba la gana. En definitiva, y perdonen la redundancia,<strong> viv&iacute;a como le daba la gana</strong>. <strong>Y eso, la verdad es que asustaba un poco pero, siendo honestos, la hac&iacute;a una mujer preciosa ante los ojos de cualquiera</strong>. Y, seg&uacute;n me dijo su madre una vez, as&iacute; hab&iacute;a sido Merceditas desde que era una cr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Nunca fue demasiado presumida. Siempre llevaba el pelo recogido porque era una chica pr&aacute;ctica aunque si se pon&iacute;a coqueta, llevaba la melena al viento. <strong>As&iacute; era Merceditas, de espont&aacute;nea y de libre, hasta que un d&iacute;a se me ocurri&oacute; llamarla &laquo;loca&raquo; cuando la vi aparecer pintada como una puerta.</strong> La verdad es que parec&iacute;a un payaso pero no le dije nada para no hacerla sentir mal. Solo la llam&eacute; &laquo;loca&raquo;, sin maldad, y pude ver, en sus ojos, el efecto que esto gener&oacute; en ella. Y, lo cierto, es que me gust&oacute;. Sent&iacute; que Merceditas madur&oacute; de un plumazo. Sent&oacute; cabeza porque ahora, casi siempre, me daba la raz&oacute;n. Y, siendo honestos, era yo quien la ten&iacute;a casi siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sent&iacute; que me escuchaba m&aacute;s, que pensaba dos veces antes de hablar y que <strong>ya no perd&iacute;a el tiempo en dar su opini&oacute;n.</strong> <strong>Se acab&oacute; discutir por tonter&iacute;as. Entonces, empec&eacute; a llamarla &laquo;loca de mierda&raquo; o &laquo;bipolar&raquo;. Todo por su bien. </strong>Sent&iacute;a que despertaba y me gustaba hacerle ver el mundo como era. Una no puede dedicarse a ser libre toda la vida y estaba haci&eacute;ndolo bien porque Merceditas me besaba incluso m&aacute;s. <strong>Me quer&iacute;a mejor porque, sobre todo, luchaba por hacer cosas que no me enfadaran. Y en eso se basa el amor. En hacer sentir bien al otro &iquest;no? </strong>Me quer&iacute;a. Me quer&iacute;a de verdad y yo a ella porque<strong> me hac&iacute;a sentir un hombre de verdad. Un hombre fuerte, importante, con los pantalones &laquo;bien puestos&raquo;, especial.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; me fui dando cuenta de lo perfecta que era Merceditas para m&iacute;. Ya no gastaba energ&iacute;a en bailar cuando le daba la gana. Solo se esforzaba en bailar para m&iacute;, aunque no tuviera ganas. <strong>Ya saben, lo bonito del sacrificio.</strong> <strong>Sab&iacute;a que a Merceditas le gustaba que fuera duro con ella porque as&iacute; aprend&iacute;a a quererme mejor</strong>. Y cuando me enfadaba, me suplicaba, y me lloraba y me hac&iacute;a todo tipo de mimos que me volv&iacute;an loco. Me encantaba.
    </p><p class="article-text">
        Aunque, una vez, hace algunos a&ntilde;os, no vino tras de m&iacute;. Ni s&uacute;plicas ni nada e, incluso, se enfad&oacute; ella. Se atrevi&oacute; a gritarme. A cuestionarme. <strong>Supuse que hab&iacute;a estado hablando con la arp&iacute;a de su hermana, que le mete tonter&iacute;as en la cabeza. Es m&aacute;s mala que un dolor de muelas</strong>. <strong>As&iacute; que ese d&iacute;a, pas&eacute; a la acci&oacute;n y descubr&iacute; la magia. Un sutil &laquo;boom&raquo; a mano abierta. No muy fuerte pero efectivo. </strong>No saben el gusto que me dio hacerlo porque esto cambi&oacute; toda mi historia con Merceditas. Me di cuenta de lo enamorado que estaba de ella<strong>.</strong> Se volvi&oacute; la mujer m&aacute;s perfecta que cualquiera pudiera imaginar. Aunque la primera vez que lo hice me asust&eacute; tanto como ella, luego llegaron &laquo;lunas de miel&raquo; maravillosas e &iacute;bamos chutados hasta las cejas y nos enamor&aacute;bamos como ni&ntilde;os. <strong>As&iacute; es como hice perfecta a Merceditas y nos volvimos uno porque todos los dem&aacute;s, especialmente su gente, eran unos traidores y desaparecieron de nuestras vidas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; han pasado dos a&ntilde;os y Merceditas sigue loca por m&iacute;, haciendo lo que le pido y esforz&aacute;ndose en quererme porque <strong>reconozco que, a veces, tengo un car&aacute;cter complicado</strong>. Aunque, siendo honestos, &uacute;ltimamente, la noto arisca. Le dar&eacute; unas semanas antes de sacarme el cintur&oacute;n. Supongo que s&iacute; est&aacute; as&iacute; es porque est&aacute; cansada. <strong>No hace mucho ha nacido nuestra ni&ntilde;a, Elenita.</strong> Una preciosidad, la verdad. Aunque con las chicas preciosas, ya se sabe: mano dura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>**No act&uacute;es como este narrador y denuncia la violencia machista. </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/historia-merceditas_132_6460537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Nov 2020 19:05:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia de Merceditas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La promesa a una madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/promesa-madre_132_6312502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff8591bd-45a3-4416-b498-93a41b900130_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La promesa a una madre"></p><p class="article-text">
        <em>Tengo que encontrar un tel&eacute;fono. S&eacute; que no hay cobertura pero quiz&aacute; dentro de un rato s&iacute;. Tengo que llamarla. Le dije que lo har&iacute;a y las promesas a una madre&nbsp; se cumplen. Tengo que hacerlo; tengo que hacerlo. Si no la llamo es que las cosas no han salido nada bien y le promet&iacute; que s&iacute; que lo har&iacute;an porque &laquo;a la gente buena, le ocurren cosas buenas&raquo;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;                                                                                                                                       (Relato ficticio)&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l es un buen chico y me prometi&oacute; que llamar&iacute;a al llegar. &Eacute;l toditas las promesas las cumple. Cuando &eacute;l me ha prometido que llegar&iacute;a sano y salvo, &eacute;l ha llegado vivito y coleando. Cuando &eacute;l me ha prometido que llegar&iacute;a pronto, antes del anochecer estaba en casa. As&iacute; ha sido siempre. Toditas; toditas las promesas las cumple. As&iacute; que si &eacute;l ha prometido que llamar&iacute;a, aunque ya se est&eacute; retrasando un poco, &eacute;l llamar&aacute; porque &eacute;l es as&iacute;; un muchacho de palabra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tengo que encontrar un tel&eacute;fono. S&eacute; que no hay cobertura pero quiz&aacute; dentro de un rato s&iacute;. Tengo que llamarla. Le dije que lo har&iacute;a y las promesas a una madre&nbsp; se cumplen. Tengo que hacerlo; tengo que hacerlo. <strong>Si no la llamo es que las cosas no han salido nada bien y le promet&iacute; que s&iacute; que lo har&iacute;an porque &laquo;a la gente buena, le ocurren cosas buenas&raquo;</strong> como dice ella siempre. Me dijeron que nunca prometiera esas cosas pero tuve que hacerlo, s&iacute;. Mam&aacute; estaba preocupada y por nada del mundo quisiera yo que lo est&eacute;. Miro a todos los que van conmigo. &laquo; &iquest;Alguien tiene un tel&eacute;fono?, &iexcl;necesito llamar a mi madre!&raquo;, grit&eacute;. Me miraron d&eacute;biles haci&eacute;ndome sentir un chiflado y, sin contestar, miraron hacia otra parte. Hacia ning&uacute;n lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dijo que llamar&iacute;a a casa de la costurera, que tiene un tel&eacute;fono bonito, hoy en la ma&ntilde;ana. Ya es media tarde pero bueno, estar&aacute; al llamar. Estoy algo nerviosa, eso s&iacute;. Es un buen chico, un adolescente bien guapo. Me vino hace un mes, bien contento para decirme que hab&iacute;a encontrado un trabajo en no s&eacute; qu&eacute; de las Canarias y que se ten&iacute;a que ir.&nbsp; Al principio la idea no me gust&oacute; porque siempre hemos sido nosotros dos y nadie m&aacute;s. <strong>Ah&oacute;rrense la l&aacute;stima por ser madre soltera porque he podido con todo, s&iacute;. Sin necesitar a nadie ni mendigar nadita. </strong>Hemos sido, m&aacute;s bien, pobres pero nunca hemos robado ni hecho da&ntilde;o a nadie. Siempre hemos sido buena gente. Pregunte a cualquiera. Vaya y pregunte para que usted vea. <strong>Por lo que si somos buena gente, es justo que nos ocurran cosas buenas, digo yo. </strong>As&iacute; que lo abrac&eacute; con fuerza, lloramos los dos y me dijo que ya hab&iacute;a comprado el billete con un dinero que ahorr&oacute;<strong>. </strong>Y yo entiendo que los chicos tienen que hacer su vida as&iacute; que &iquest;Qu&eacute; le voy a decir yo? <strong>La verdad es que nunca me dijo si se fue en avi&oacute;n, en barco o c&oacute;mo pero yo s&eacute; que pag&oacute; el billete y pa&rsquo; all&aacute; que se march&oacute;. </strong>Ay, se&ntilde;or, ya est&aacute; tardando mucho. &iquest;D&oacute;nde estar&aacute; metido?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He encontrado dos tel&eacute;fonos pero ninguno sirve. No hay cobertura. Grito con rabia pero nadie me oye y el eco de mi voz se estampa y se ahoga con el mar. Odio esta balsa. La odio desde que me sub&iacute; a ella. La odio, la odio. Lo &uacute;nico que ha hecho es darnos fr&iacute;o, insolaci&oacute;n y miedo. <strong>&iquest;Es as&iacute; c&oacute;mo se consigue un futuro mejor? &iquest;Es as&iacute; como se hacen los sue&ntilde;os realidad? Ya no los quiero</strong>. Ya no quiero nada. Solo quiero volver con ella, con mam&aacute;. Solo me sub&iacute; a esta balsa para prometerle que sacar&iacute;a dinero y que le har&iacute;a una rampita en la entrada porque tiene las rodillas que no las aguanta. <strong>Aqu&iacute; huele a muerte desde que salimos pero est&aacute;bamos tan esperanzados que no nos dimos ni cuenta</strong>. Quiero irme. Quiero bajarme de aqu&iacute;. &laquo;Por favor, &iexcl;bajadme!&raquo;, grito pero nadie escucha en medio del oc&eacute;ano. Ya no hay fuerzas y cada vez somos menos. Cre&iacute; que <strong>la chica que ha estado a mi lado todo el viaje, y que me cont&oacute; su sue&ntilde;o de ser m&eacute;dica, llevaba d&iacute;as durmiendo pero hace un rato, al rozarle la mano, me di cuenta de que lleva muerta hace tiempo.</strong> La cog&iacute; con las pocas fuerzas que me quedan, la bes&eacute; en la mejilla y&hellip; la tir&eacute; al mar. <strong>&iquest;Por qu&eacute;, dios m&iacute;o? &iquest;Por qu&eacute; me cre&iacute; todo este cuento?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me ha empezado a doler mucho el pecho. Ya ha anochecido. &iexcl;Ay, hijo! &iquest;d&oacute;nde te has metido? Siento que algo va mal. &iexcl;Ay, mi hijo! A saber c&oacute;mo son las cosas all&iacute;. Antes son&oacute; el tel&eacute;fono y di un brinco terrible pero eran de una oferta. Les colgu&eacute; de un golpe para estallar en un llanto y que me perdonen. <strong>No todos los d&iacute;as no se tiene noticias de un hijo. </strong>Ay, me duele el pecho. Hijo, hijo, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tengo fr&iacute;o&hellip; mu&hellip;mucho. Quiero dormir. <strong>No&hellip; no hay nadie que tenga los ojos abiertos. Es mejor no mirar</strong>. Qui&hellip; quiero dormir. Solo un ra&hellip; rato. Estoy escuchando cosas, voces&hellip; pe&hellip; pero estoy seguro de que est&aacute;n en mi mente, solo. Oigo a mam&aacute;, que me grita. Si&hellip;. siento que me abraza. Cierro los ojos. La veo. Est&aacute;&hellip; ah&iacute;. Te he fallado, mam&aacute;, te he fall.. fallado&hellip; quier&hellip; quiero dormir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por favor, por favor, hijo m&iacute;o. Ll&aacute;mame. Ll&aacute;mame. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;s? T&uacute; siempre cumples tus promesas. No me hagas esto ahora<strong> &iquest;D&oacute;nde est&aacute;s hijo, d&oacute;nde est&aacute;s? Ay, se&ntilde;or, me prometiste que era un sitio seguro, que ah&iacute; no pasaba nada, que ah&iacute; todo era un buen fut&hellip; un buen futuro</strong>. Hijo m&iacute;o y ahora&hellip; y ahora &iquest;d&oacute;nde te encuentro? Ya es de noche y t&uacute; no haces esto. T&uacute; nunca haces esto. T&uacute; siempre llamas. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;s? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;s? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        Oigo voces por&hellip; por todas partes. Me habr&eacute;&hellip; vuelto loco. Ve&hellip; veo sombras pero no s&eacute;, no s&eacute; d&oacute;nde estoy. Hay... hay destellos. &iquest;D&oacute;nde&hellip; d&oacute;nde est&aacute;n los dem&aacute;s?&nbsp; &iquest;Qui&hellip; qui&eacute;n es esta gente? Alguien me agarra del brazo. &laquo;&iquest;A&hellip; a d&oacute;nde me llevan?&raquo;, digo, aunque no s&eacute; si lo digo realmente o solo lo pienso. Quier&hellip; quiero dormir. Por&hellip; por favor, dejadme. <strong>Lo sien... lo siento, mam&aacute;. No&hellip; no te llam&eacute;. Fall&eacute; a mi promesa. Espera, espe&hellip; veo un tel&eacute;fono. Veo un tel&eacute;f.&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son&oacute; a las 03:54 de la madrugada.&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>&iquest;Diga?</li>
                                    <li>Mam&hellip; &iquest;Mam&aacute;?&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        *M&aacute;s de 3.000 migrantes han llegado en patera a las islas en lo que va de 2020. Y a cada uno de ellos, les corresponde una historia, una vida y un sue&ntilde;o. No son solo estad&iacute;sticas.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/promesa-madre_132_6312502.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Oct 2020 11:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La promesa a una madre]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los lunares negros de las fichas de dominó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lunares-negros-fichas-domino_132_6071694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si esa primera ficha que empuja creando el derrumbe del resto fuera una doble blanca, sin ningún lunar de color, la catástrofe podría sentirse en cualquier rincón del planeta</p></div><p class="article-text">
        Si alguna vez han jugado al domin&oacute; entre los resoplidos de se&ntilde;ores y se&ntilde;oras mayores, sabr&aacute;n lo que significa la expresi&oacute;n &laquo;efecto domin&oacute;&raquo;. Cuando una de esas peque&ntilde;as piezas blancas de lunares negros empuja a la vecina, ya todas tienen que empujarse y caen, irremediablemente, sobre la mesa. Lo que, si nos pusi&eacute;ramos algo dram&aacute;ticos, el efecto domin&oacute; vendr&iacute;a a decir que un solo acontecimiento independiente podr&iacute;a generar una retah&iacute;la de hechos en cadena para desembocar en una aut&eacute;ntica cat&aacute;strofe. Les contar&eacute; una historia. Yo soy el lunar negro de la pieza de domin&oacute; y el mundo es el resto de la ficha.
    </p><p class="article-text">
        Provengo de un sitio peque&ntilde;o. Mi tierra, donde todos llevamos la misma sangre porque todos venimos de las mismas ra&iacute;ces, es &laquo;un sitio de esos&raquo;. Da igual d&oacute;nde; no pienso decirles porque no es relevante. Solo pongan en su cabeza &laquo;un sitio de esos&raquo; y ante todo piensen que all&iacute; existen personas de carne y hueso. 
    </p><p class="article-text">
        Un sitio de esos que siempre han sido como&hellip; &iquest;C&oacute;mo explicarles? &iexcl;Vertederos! S&iacute;, esa es la palabra. Un vertedero de kil&oacute;metros de tierra donde los chasis destrozados no son los protagonistas sino que, a simple vista, lo que descubres es lo m&aacute;s rastrero de la bondad, los deshechos de la calidad humana vertida por decisiones pol&iacute;ticas de los de la est&uacute;pida etiqueta de &laquo;pa&iacute;ses desarrollados&raquo;. Un sitio de esos, s&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Yo era una de esas ni&ntilde;as que siempre quiso leer pero del sitio en el que vengo cada vez que una ni&ntilde;a ten&iacute;a este tipo de aspiraciones se formaba un hurac&aacute;n en casa, de esos con nombre de se&ntilde;ora mayor, y era castigada con el doble de tareas dom&eacute;sticas que una buena mujer tiene que hacer. Mi padre dec&iacute;a que as&iacute; se me quitaban los p&aacute;jaros de la cabeza aunque, a d&iacute;a de hoy me pregunto &iquest;qu&eacute; hay de malo en tener algo de alas en la mente? 
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; a leer por mi cuenta y a escondidas a la edad de seis a&ntilde;os y a la de ocho mi padre y mi t&iacute;o me descubrieron con un libro sobre la historia de Rosa Parks. Se me qued&oacute; una fea cicatriz en la espalda y muchas noches sin dormir. Aun as&iacute;, no dej&eacute; de leer y a los catorce a&ntilde;os me fui de casa. Mi madre me dijo que lo hiciera a escondidas de mi padre. Ella se encargar&iacute;a de crear una coartada. Le pregunt&eacute; por qu&eacute; lo hac&iacute;a y me dijo que ella quiso hacer lo mismo pero a mitad de camino unos hombres del barrio la reconocieron, la violaron y la devolvieron a la casa del abuelo que ya hab&iacute;a arreglado el matrimonio con pap&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El mundo tiene sitios donde hay una cosa que se llama libertad y tu vida vale exactamente lo mismo que la de un hombre. Conf&iacute;o en que t&uacute; s&iacute; llegar&aacute;s&raquo;. &laquo; &iquest;Libertad?&raquo;, objet&eacute;. Hasta ese entonces, nunca antes me hab&iacute;a parado a pensar en que la libertad era una opci&oacute;n tambi&eacute;n para m&iacute; como lo era para los personajes de las historietas que hab&iacute;a le&iacute;do. 
    </p><p class="article-text">
        Y sin m&aacute;s, mi madre me dio una direcci&oacute;n de &laquo;un sitio de esos&raquo; donde las ni&ntilde;as pueden ir a la escuela y donde podr&iacute;a vivir con mi t&iacute;a, una mujer viuda y sin m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que su planta Margarita. Mam&aacute; muri&oacute; a los dos a&ntilde;os de haberme marchado. 
    </p><p class="article-text">
        Nunca pude volver. Me dijeron que de pena aunque&hellip; encontraron sangre en casa. Mi tierra es &laquo;un sitio de esos&raquo; donde las cosas de casa se quedan en casa y la vida de una mujer, especialmente si es esposa, no genera demasiado inter&eacute;s. Nunca sabr&eacute; qu&eacute; ocurri&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Fui la primera de mi clase y me obsesion&eacute; con Estados Unidos. Ten&iacute;a que llegar a aquel sitio donde eso de la libertad exist&iacute;a y as&iacute; pod&iacute;a darles voz a todas las ni&ntilde;as de mi tierra que vagaban entre el analfabetismo, la explotaci&oacute;n, los matrimonios forzados, la violencia sexual, dom&eacute;stica y la ablaci&oacute;n. Mi profesora me habl&oacute; de la universidad como &laquo;un sitio de esos&raquo; d&oacute;nde te ense&ntilde;an a cambiar el mundo a tu manera. Yo lo decid&iacute; cambiar estudiando Derecho. 
    </p><p class="article-text">
        No fue f&aacute;cil llegar a Estados Unidos pero una vez que lo hice no se imaginan la calada de aire fresco que entr&oacute; por mis pulmones. Me sent&iacute;a a salvo. Por fin estaba &laquo;en un sitio de esos&raquo; donde podr&iacute;a ser mujer sin tener que dar explicaciones a nadie. Una mujer en Am&eacute;rica pod&iacute;a caminar libre; pod&iacute;a decidir libre, pod&iacute;a darle la mano a quien quisiera, fuera hombre o mujer. Pod&iacute;a acceder a lo que quisiera, estudiar lo que quisiera, trabajar en lo que quisiera, llegar a las estrellas&hellip; si quisiera. &laquo; &iquest;En serio se obsesionan con el para&iacute;so cuando existe la opci&oacute;n de vivir en libertad?&raquo;, pens&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque hoy ya no puedo decir lo mismo. Si volvi&eacute;ramos a las fichas de domin&oacute; y esa primera ficha que empuja creando el derrumbe del resto fuera una doble blanca, sin ning&uacute;n lunar de color, la cat&aacute;strofe podr&iacute;a sentirse en cualquier rinc&oacute;n del planeta. Si esa primera ficha, la que preside el gobierno m&aacute;s poderoso del mundo es machista, racista, hom&oacute;foba y tirana, el mundo ha dejado de ser un lugar seguro para cualquiera. 
    </p><p class="article-text">
        Mis sue&ntilde;os se han marchado. La creencia de la libertad que podr&iacute;a conseguir como mujer en Estados Unidos la he perdido cuando este se&ntilde;or que tengo justo delante, al que he dejado de mirar y ni siquiera ya recuerdo su rostro, me presiona con fuerza el cuello, me viola y&hellip; lo dice. No&hellip; no puedo respirar porque siento la muerte subi&eacute;ndome por el pecho cuando me recuerda que nunca he sido una mujer libre ni siquiera en Am&eacute;rica. Lo susurra con desprecio: &laquo;negra de mierda&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        *Relato ficticio con perspectiva de g&eacute;nero motivado por el movimiento &laquo;Black lives matter&raquo; generado tras la muerte del ciudadano negro George Floyd asesinado por un polic&iacute;a en Estados Unidos.  Las &uacute;ltimas palabras de Floyd antes de morir &laquo;No puedo respirar&raquo; se han convertido en el lema de movimiento para protestar contra la discriminaci&oacute;n racial en distintos pa&iacute;ses del mundo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lunares-negros-fichas-domino_132_6071694.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2020 11:50:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los lunares negros de las fichas de dominó]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La abuela y el 'tuitigram']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/abuela-tuitigram_132_5992141.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/706d15dd-6634-43df-85b3-01106caff517_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Persona mayor sujetando un teléfono móvil. "></p><p class="article-text">
        <strong>Me pregunto yo cu&aacute;ntas veces se habr&aacute;n mirado estas ni&ntilde;as al espejo durante el confinamiento, para agarrarse con rabia todas las partes de su cuerpo que creen que les sobra porque el tuitigram es un veneno que les acompleja con consejos sin ninguna base cient&iacute;fica; una bola de ansiedad que les hace sentir mal por c&oacute;mo lucen o por lo que comen incluso sin tener a nadie a su alrededor</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi nieta me ha puesto un tuitigram de esos. Me llam&oacute; y me explic&oacute; lo que ten&iacute;a que hacer para entretenerme un rato. Prefiero entretenerme con ella, la verdad, jugando al cinquillo y paseando por la plaza pero <strong>con esto del confinamiento una tiene que adaptarse, como dicen en la radio.</strong> Hace dos meses que no la veo. A mi nieta, digo. Total, que el otro d&iacute;a me llam&oacute; y me dijo que me hab&iacute;a abierto una cuenta para que me entretuviera y pudiera ver todo lo que estaban haciendo mis nietos y nietas que, en total, tengo once.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al principio no entend&iacute;a nada. Solo aparec&iacute;an letras y una muchacha paliducha, con piel de dibujo animado que me dec&iacute;a que si quer&iacute;a hacer yoga con ella para mantenerme activa, pinchara en no s&eacute; d&oacute;nde. No entend&iacute; eso de pinchar. Otra me ofreci&oacute; un bol de no s&eacute; qu&eacute; con unos kiwis para empezar fuerte la ma&ntilde;ana. &laquo; &iexcl;C&oacute;mete una pella gofio, muchacha, que el kiwi no levanta ni a un muerto!&raquo;, le grit&eacute; pero no me contest&oacute;. A lo mejor se molest&oacute; pero mentiras no son. Pas&oacute; a otra que me dec&iacute;a los cinco ejercicios que toda mujer necesitaba saber para tener una barriga plana durante el confinamiento. &laquo;Jesus, Jesus, Jesus&hellip; &iquest;Y para despu&eacute;s del confinamiento?&raquo;, pregunt&eacute; aunque &eacute;sta tampoco me contest&oacute;. <strong>Me hicieron sentir tan mal que fui enseguida a pesarme, aunque hac&iacute;a a&ntilde;os que no lo hac&iacute;a, a ver si la cosa era tan grave pero me mantengo en mi l&iacute;nea, creo.</strong> Yo ya no s&eacute;. Y ya despu&eacute;s me apareci&oacute; una foto de mi nieta diciendo que se acababa de despertar con una m&uacute;sica de esas locas aunque eso de reci&eacute;n levantada no se lo cree ni ella. Anda que no la he visto yo veces reci&eacute;n levantada con la cara hinchada como un pomelo y la marca de la baba en la barbilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esto del tuitigram ya le voy cogiendo el truquillo. Esto es como los mentideros y las plazas de los pueblos pero desde un cacharro, as&iacute; te sirves a tus anchas las mentirijillas que quieras creerte. <strong>A lo mejor es que estoy vieja para estas cosas pero me dej&oacute; preocupada este invento, sobre todo para mis nietas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>En mis tiempos hab&iacute;a que ser &laquo;buena mujer&raquo;. Esto era ser perfecta para el marido, para los ni&ntilde;os y para las vecinas, sin despeinarte.</strong> Era ser la voz de una familia perfecta, presumir de logros y esconder verg&uuml;enzas de puertas para afuera. Con esto del tuitigram, sin embargo,<strong> a estas muchachas les han metido la plaza, a las que antiguamente &iacute;bamos todas bien perfumadas a ver si un buen hombre nos echaba el ojo, dentro de casa.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mis nietas se burlan de m&iacute; porque dicen que siempre voy hecha un pincel hasta para estar por casa. &laquo; &iexcl;Abuela, que al abuelo ya lo tienes enamorado. S&eacute; t&uacute; misma&raquo;, me dicen. Ay, qu&eacute; sabr&aacute;n ellas del amor. Con este invento, me da la sensaci&oacute;n de que ellas no se despiertan antes para estar perfectas y gustar a un marido como lo he hecho yo toda mi vida, buscan en el espejo una realidad que pueda ser fotografiable, diciendo que est&aacute;n horribles cuando en realidad buscan que alguien les diga que no lo est&aacute;n, diciendo lo bien que se sienten al tomarse unas magdalenas aunque la culpa al comerlas les reconcome por dentro, vini&eacute;ndoles a la cabeza la amiguita que s&iacute; que sigue los consejos de la de la tripa plana. <strong>Quiz&aacute; estos tiempos no les ha ense&ntilde;ado a las muchachas a gustar a un marido &iexcl;Gracias a dios! pero anda que no es tramposo el tuitigram este de las narices.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay toda una industria para las muchachas siendo aconsejadas por otras, con piel de dibujo animado, que les piden que gusten a todo un p&uacute;blico, que se esfuercen, ahora que estamos en casa, por seguir perfectas para cuando alguien pueda verlas</strong>, de gustar a toda una plaza, a todo un pueblo o hasta donde quiera que lleguen los followis o como se llamen. No llegar&aacute;n muy lejos, espero. <strong>Y as&iacute;, sin salir de casa, siguen queriendo estar perfectas creyendo que lo de la abuela eran cosas de antes.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mis nietas, como yo, tambi&eacute;n buscan la aprobaci&oacute;n. Digan lo que digan no dejan de compartir qu&eacute; tipo de ejercicio hacen, qu&eacute; desayunan, almuerzan y cenan&hellip; advirtiendo de que est&aacute;n siendo &laquo;buenas&raquo;, de que seguir&aacute;n siendo guapas a pesar de que este confinamiento nos est&eacute; dejando a todos el culo con la forma de la silla. Buscan el corazoncito ese para calmar su autoestima como lo era en mi &eacute;poca tener muchos pretendientes que te sacaran a bailar en las verbenas. <strong>La culpa no es de ellas, claro que no. Es de lo que ha ocurrido toda la vida, vaya. La imagen de la mujer al servicio de &laquo;la buena mujer&raquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Me pregunto yo cu&aacute;ntas veces se habr&aacute;n mirado estas ni&ntilde;as al espejo durante el confinamiento, para agarrarse con rabia todas las partes de su cuerpo que creen que les sobra porque el tuitigram es un veneno que les acompleja con consejos sin ninguna base cient&iacute;fica</strong>; una bola de ansiedad que les hace sentir mal por c&oacute;mo lucen o por lo que comen incluso sin tener a nadie a su alrededor. Ojito, eh, que luego van y se alimentan solo de agua. Es como cuando yo me miraba, al volver de la plaza, para frustrarme en silencio por no tener los bonitos p&oacute;mulos de Margarita. Qu&eacute; guapa que era la bandida. <strong>Aunque si tienes la plaza en casa&hellip; &iquest;Cu&aacute;ndo descansan estas ni&ntilde;as? &iquest;Cu&aacute;ndo se sienten completamente libres? &iquest;Cu&aacute;ndo se olvidan de lo que piensan los dem&aacute;s? &iquest;Cu&aacute;ndo asumen que la cara se les hincha al despertarse y que no pasa nada? &iquest;Cu&aacute;ndo se aceptan tal y como son?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &laquo; &iquest;Qu&eacute; tal con el Insta, abuela?&raquo;, me pregunt&oacute; mi nieta esta ma&ntilde;ana. &laquo; &iquest;Con el qu&eacute;? &iexcl;Mira, mira, mira! A m&iacute; no me est&eacute;s poniendo m&aacute;s cosas raras, eh, que ya bastante nerviosa estoy yo con lo de la Ayuso y con todo esto del tuitigram&raquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/abuela-tuitigram_132_5992141.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2020 16:31:53 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laura Medina, escritora: “En este confinamiento Josefina de la Torre nos diría: pónganse a escribir, chicas”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/laura-medina-confinamiento-josefina-torre_1_5895646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91def39b-be37-4415-a1e7-184d688cac94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Laura Medina (Gran Canaria, 1982) en la presentación de &#039;Josefina tras la ventana&#039;, en la librería Canaima, Gran Canaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Josefina tras la ventana</p><p class="subtitle">es la historia que se repite una y otra vez, una lucha por el feminismo y por la vida”, cuenta la autora afincada en Edimburgo sobre el personaje de su novela y protagonista de Las Letras Canarias 2020</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Edimburgo para Louis Stevenson como Las Palmas de Gran Canaria para Josefina de la Torre. Ahora ser&iacute;a el mundo quien tendr&iacute;a la necesidad de descorrer las cortinas de su biograf&iacute;a. Canarias y Edimburgo unidas por las letras en femenino; unidas por mi querida Josefina&rdquo;. Es as&iacute; como la periodista y escritora grancanaria residente en Edimburgo Laura Medina Alem&aacute;n refleja la esencia de su primera novela <em>Josefina tras la ventana</em> (Libros.com, 2019), con la que quer&iacute;a dar un reconocimiento a las letras, &ldquo;a veces olvidadas&rdquo;, de una de las poetas y artistas canarias m&aacute;s importantes del siglo XX: Josefina de la Torre (1907-2002).
    </p><p class="article-text">
        La obra, publicada en marzo de 2019, cuenta la historia de Daniela S&aacute;nchez, una joven escritora que viaja a la ciudad literaria de Edimburgo tras la concesi&oacute;n de una beca y que le llevar&aacute; a seguir la poes&iacute;a de Josefina de la Torre, como si la modernista de la generaci&oacute;n del 27 habitara en la piel de la joven porque &ldquo;<em>Josefina tras la ventana</em> es la historia que se repite una y otra vez, una lucha por el feminismo y por la vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La protagonista del libro comenta: &ldquo;La ventana ha tenido siempre a la mujer recluida, en el hogar, como si tuviera una doble funci&oacute;n de compa&ntilde;&iacute;a y consuelo&rdquo;, &iquest;Qu&eacute; quieres reflejar con este t&iacute;tulo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Si no hubiera estado en Edimburgo quiz&aacute; no hubiera sido Josefina tras la ventana. Las ventanas de Edimburgo fueron las responsables de hacer que en mi mente se creara un v&iacute;nculo entre estas y todo lo que gira en torno al universo femenino, a esa nostalgia y a los anhelos que ha dejado siempre la mujer tras la ventana. Y por supuesto, a Josefina de la Torre. Ten&iacute;a la necesidad de contarle al mundo, sobre todo a los paisanos de Canarias, que hab&iacute;a una mujer que escribi&oacute;, que actu&oacute;, que cant&oacute; y que vivi&oacute; de una manera totalmente vanguardista, genuina y rompedora que era merecedora de ser reconocida sobre todo por los canarios que, durante mucho tiempo, hemos ignorado su obra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; tuviste la necesidad de escribir un libro sobre Josefina de la Torre? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Josefina pertenec&iacute;a a una sociedad profundamente machista que enmudeci&oacute; a las voces femeninas y eso se ha ido arrastrando hasta la actualidad. Desde el colegio descubrimos las maravillas de P&eacute;rez Gald&oacute;s, Tom&aacute;s Morales o Alonso Quesada y todos crecemos sabiendo que fueron escritores incre&iacute;bles pero&hellip; te planteas &iquest;por qu&eacute; no hay algo m&aacute;s?, &iquest;puede ser que existan voces femeninas? Hay que apostar por una ense&ntilde;anza que trate en la misma medida a hombres y mujeres artistas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, cuando tir&eacute; del hilo gracias a un trabajo de Fin de M&aacute;ster que me propuso el famoso verseador Yeray Rodr&iacute;guez, me di cuenta de lo mucho que hab&iacute;a en ella y quise dar a conocer su legado y su figura porque me parece muy triste que haya pasado tan desapercibida y parte de la culpa lo tienen los organismos p&uacute;blicos, aunque eso ya ha ido cambiando y al fin, este a&ntilde;o, Josefina de la Torre es la protagonista de las Letras Canarias 2020.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces, digamos que a Edimburgo llegaste empapada de la magia de Josefina pero fue la ciudad escocesa quien te dice &ldquo;escribe un libro&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; has sentido como escritora en Edimburgo, considerada por la UNESCO como la primera ciudad literaria del mundo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Uf! Me lo dices y se me ponen los pelos de punta. Edimburgo me tiene eclipsada. Fue una amiga, tambi&eacute;n periodista, quien me anim&oacute; a escribirlo porque, odio decirlo, pero yo no confiaba tanto en m&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Y por supuesto, Edimburgo ha hecho mucho. Sus calles me recuerdan a mi infancia. Una amiga ten&iacute;a la casa 1900 de Playmovil y sol&iacute;a jugar con ella de peque&ntilde;a &iexcl;Me encantaba! Caminar por las calles de Edimburgo me trae esos recuerdos de infancia en Gran Canaria. Veo en las casas y en la arquitectura recuerdos de cuando era ni&ntilde;a y jugaba con esa casita. Y no solo por eso, sino por la historia que tiene la ciudad, que acogi&oacute; a personalidades como Louis Stevenson (<em>La isla del tesoro</em>, 1883) &iexcl;Su casa est&aacute; a diez minutos de la m&iacute;a! Es una ciudad m&aacute;gica, sobre todo, las ventanas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo fue para Josefina de la Torre ser artista y mujer en el siglo XX? &iquest;Pasaba m&aacute;s tiempo tras la ventana o fuera de ella? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay que tener en cuenta que la situaci&oacute;n de Josefina era la de una mujer privilegiada. Ella era de una clase social alta y eso pon&iacute;a las cosas much&iacute;simo m&aacute;s f&aacute;ciles. Era una familia de artistas. Los hermanos Millares eran sus t&iacute;os. Agust&iacute;n Millares era su abuelo. Ten&iacute;a un apoyo familiar y econ&oacute;mico que para una mujer de aquella &eacute;poca era una fortuna. Tuvo las cosas mucho m&aacute;s f&aacute;ciles pero, aun as&iacute;, fue una mujer rompedora. Se march&oacute; a Francia a desarrollar su carrera de actriz. Se code&oacute; con representantes de la generaci&oacute;n del 27 o estuvo en la Residencia de Estudiantes, el primer centro cultural de Espa&ntilde;a. Se desarrollaba en planos que una mujer de la &eacute;poca, de clase media-baja, no pod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Eso le permiti&oacute; dar una imagen de mujer liberada aunque, l&oacute;gicamente, ten&iacute;a sus vetos.
    </p><p class="article-text">
        <strong> &iquest;Y c&oacute;mo ha sido para ti escribir un libro siendo mujer? </strong>
    </p><p class="article-text">
        En general, todo han sido palabras de apoyo pero s&iacute; que llegan los comentarios de: &ldquo;Ah, esto es la t&iacute;pica novela de amor&iacute;os&rdquo;. Y tengo que defenderme y decir: &ldquo;Pues no. He escrito una novela que habla de una escritora y una escritora que adem&aacute;s aport&oacute; much&iacute;simo al mundo de las letras en espa&ntilde;ol y hoy deber&iacute;a ser un referente literario de nuestro pa&iacute;s y no lo es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y por supuesto que hablo del amor porque el amor forma parte de los &aacute;mbitos de la vida pero quer&iacute;a darle contenido hist&oacute;rico y cultural. Quer&iacute;a que fuera una novela pero tambi&eacute;n quer&iacute;a que fuera un libro de viajes. Quer&iacute;a que fuera un libro en el que la poes&iacute;a tambi&eacute;n tuviera cabida y parece que siempre tienes que estar justific&aacute;ndote. La gente no lo hace con mala intenci&oacute;n pero es un clich&eacute; anclado en el subconsciente social y es muy dif&iacute;cil de romper.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ahora que la vida se vive en los balcones y ventanas, has ofrecido de forma gratuita tu libro en distintas plataformas para llevar un poco mejor esta situaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; crees que nos dir&iacute;a Josefina de La Torre en este confinamiento?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Josefina de la Torre nos dir&iacute;a: &ldquo;P&oacute;nganse a escribir, chicas&rdquo;. Nos dir&iacute;a que tom&aacute;ramos la iniciativa. El otro d&iacute;a una amiga me dec&iacute;a que una tarde hab&iacute;a empezado a escribir y que ya no pod&iacute;a parar. Dice que le ha encantado y que lleva una semana escribiendo. Josefina de la Torre nos dir&iacute;a &ldquo;Agarren la pluma; agarren el papel; agarren el ordenador y tecleen y echen todos los miedos, las frustraciones, los anhelos e ilusiones sobre el papel porque en cada una de nosotras hay una historia que contar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Claro, a fin de cuentas todas esas emociones son nuevas emociones para todos porque nunca antes hab&iacute;amos vivido algo parecido y deber&iacute;an quedar plasmadas en alguna parte para que pueda entenderse m&aacute;s adelante &iquest;no? </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, efectivamente. Es un punto de inflexi&oacute;n como sociedad. Hay un antes y un despu&eacute;s de la pandemia y creo que el mundo no va a ser como era antes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; crees que va a cambiar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la forma de relacionarnos, al menos un tiempo. Creo que ha sido una bofetada sin mano, para situarnos. Creo que nunca lleg&aacute;bamos a entender la presi&oacute;n tan fuerte a la que est&aacute;bamos sometiendo al planeta. Nunca hab&iacute;amos llevado a comprender a que el capitalismo tan atroz que nos vend&iacute;an ya no ten&iacute;a sentido. Creo que estas cosas no van a cambiar de la noche a la ma&ntilde;ana. Cuando salgamos no vamos a dejar de consumir o a dejar de contaminar pero creo que s&iacute; vamos a pensar dos veces a la hora de tomar determinadas decisiones. Nos ha dado una lecci&oacute;n de humildad porque est&aacute;bamos un poco endiosados como sociedad. Nos ha hecho ver que volvemos a lo esencial, a escuchar a los p&aacute;jaros, a no tener que maquillarnos todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De alguna manera, quisiste rescatar a Josefina de la Torre del olvido, &iquest;En qu&eacute; te salv&oacute; ella a ti? </strong>
    </p><p class="article-text">
        En darme cuenta de que no hay ning&uacute;n proyecto inferior. Si creemos en algo, tenemos que hacerlo y lucharlo. Y da igual que tengamos miedo. Josefina de la Torre me ayud&oacute; a liberar los m&iacute;os. A dar el salto. A decir: &ldquo;lo hago y ya est&aacute;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/laura-medina-confinamiento-josefina-torre_1_5895646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2020 09:30:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Laura Medina, escritora: “En este confinamiento Josefina de la Torre nos diría: pónganse a escribir, chicas”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El monstruo que se alimentaba del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/monstruo-alimentaba-amor_132_1216706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2587b9aa-5dce-4440-8b99-6f71b59b1e91_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Todos los días deja su trabajo una víctima de violencia de género, según CSIF"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El monstruo de mi armario y el que se alimenta del amor comen cosas que no se pueden comer. ¿Cómo se come el amor? ¿O… el miedo? Quizá por eso estos monstruos son tan peligrosos. No hay nada que les quite el hambre</p></div><p class="article-text">
        Llevo unas cuantas semanas sin ir al cole. No porque est&eacute; malita ni nada sino porque ya el mundo no est&aacute; hecho con normalidad. Nos han encerrado a todos en casa. P<strong>ap&aacute; me ha contado que es porque ha llegado un monstruo enorme al planeta. &laquo;Es como un moco gigante&raquo;, me dijo.</strong> Al principio pens&eacute; que era una de sus bromas pero mam&aacute; me explic&oacute; que se alimentaba del cari&ntilde;o y del amor as&iacute; que todo el planeta est&aacute; en casa, escondi&eacute;ndose del moco. Bueno, el planeta no, los humanos me refiero<strong>. En la tele han dicho que tenemos que fingir que no nos queremos, que no nos necesitamos y que, bajo ning&uacute;n concepto, nos abracemos ni nos demos besos para ver si el monstruo se aburre y se va.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tengo mucho miedo.</strong> Pap&aacute; y mam&aacute; dicen que no pasa nada<strong> pero el otro d&iacute;a escuch&eacute; llorar a mam&aacute; despu&eacute;s de hablar con su jefa por tel&eacute;fono.</strong> A lo mejor tambi&eacute;n su jefa ten&iacute;a miedo pero no ha vuelto a llamar. 
    </p><p class="article-text">
        Echo de menos jugar con Mar&iacute;a pero ahora lo hago mucho con pap&aacute; y con mam&aacute;. <strong>&laquo;En casa el monstruo no puede ver que nos queremos, cari&ntilde;o&raquo;,</strong> me dijo pap&aacute; cuando le esquiv&eacute; un abrazo asustada. Aun as&iacute;, le he pedido que ya no me d&eacute; el beso de buenas noches. <strong>Tengo el presentimiento de que el monstruo est&aacute; cerca y no quiero que nos vea por la ventana y nos deje sin amor para siempre.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; lo de los monstruos no es algo nuevo. Desde que nos mudamos a esta casa hay un monstruo en el armario que se despierta por las noches. Nunca le he visto <strong>pero hace crujir las paredes</strong>. A veces con tanta fuerza que me tapo los o&iacute;dos con las manos deseando dormirme pronto.<strong> Ya s&eacute; que todos los ni&ntilde;os tenemos uno pero este monstruo es el que m&aacute;s miedo da en todo el mundo mundial.</strong> Adem&aacute;s&hellip; ahora que pasamos tanto tiempo en casa, le escucho gru&ntilde;ir a diario.  
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas grit&oacute; con tanta fuerza que le pude entender, como si ya no hablara en el idioma de los monstruos. <strong>Escuch&eacute;, claramente, que ten&iacute;a hambre y que nadie le hab&iacute;a puesto de comer.</strong> Sonaba tan enfadado que me asust&eacute;. Fui corriendo a la cocina a por un vaso de leche y unas cuantas galletas y se las dej&eacute; en la puerta del armario. A lo mejor as&iacute; se calmaba. Me tap&eacute; fuerte los o&iacute;dos y me dej&eacute; dormir. Creo que no le gust&oacute; porque al d&iacute;a siguiente, la leche y las galletas segu&iacute;an ah&iacute;. Tambi&eacute;n, hace unos d&iacute;as le escuch&eacute; gritar con mucha fuerza que ten&iacute;a fr&iacute;o. <strong>&laquo; &iexcl;Cierra esa maldita ventana; lo haces para fastidiarme!&raquo;. Dio tantos golpes que me asust&eacute; y la cerr&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; mi monstruo ten&iacute;a que ser tan desagradable? &iquest;Por qu&eacute; no duerme por el d&iacute;a como el resto de los monstruos de armario? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Sospecho que el monstruo de mi armario y el que se alimenta del amor tienen que ser amigos o algo as&iacute;. Creo que si a mi monstruo no le gust&oacute; la leche y las galletas es porque a lo mejor tambi&eacute;n come cosas que no se pueden comer. &iquest;C&oacute;mo se come el amor? &iquest;O&hellip; el miedo? <strong>Quiz&aacute; por eso estos monstruos son tan peligrosos. No hay nada que les quite el hambre.</strong> A lo mejor es que llegaron a este planeta sin entender c&oacute;mo funcionaban las cosas aqu&iacute;. Y como no entienden que el amor es algo bueno y hace sentir cosas bonitas pues se enfadan. 
    </p><p class="article-text">
        Anoche&hellip; me met&iacute; en la cama y cerr&eacute; los ojos con fuerza pero vi salir una luz del armario. Se me aceler&oacute; el coraz&oacute;n. El monstruo estaba ah&iacute;. Escuchaba sus golpes. Cerr&eacute; los ojos con mucha fuerza y me tap&eacute; bajo la manta pero era imposible. La luz segu&iacute;a ah&iacute; y&hellip; los golpes. <strong>Ten&iacute;a que hacer algo as&iacute; que si intentaba explicarle que el amor era bueno, a lo mejor ya no dar&iacute;a m&aacute;s golpes. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Me acerqu&eacute; poco a poco. Mis manos temblorosas abrieron la puerta del armario y&hellip; all&iacute; estaba. Un agujero muy peque&ntilde;ito, como si los golpes acabaran de tirar parte del soporte del armario dejando ver un hueco en la pared. Me asom&eacute; y por un ojo  pude ver unas piernas, como de un monstruo gigante, como de una bestia y a una mujer en el suelo que sangraba por la nariz. 
    </p><p class="article-text">
        Le escuch&eacute; gritar con mucha fuerza que qu&eacute; demonios hac&iacute;a en el balc&oacute;n en bata provocando a los que aplaud&iacute;an &laquo;<strong> &iquest;Qu&eacute; pasa que quieres que otros te quieran? &iexcl;A m&iacute;, tienes que quererme a m&iacute;!&raquo;,</strong> grit&oacute; y la empez&oacute; a golpear. Quit&eacute; mi mirada y empec&eacute; a chillar y a dar golpes contra la pared, suplicando que parara. Enseguida pap&aacute; y mam&aacute; vinieron. 
    </p><p class="article-text">
         -Cari&ntilde;o, cari&ntilde;o &iquest;Qu&eacute; pasa?
    </p><p class="article-text">
        <strong>- El monstruo pap&aacute;, el monstruo que se alimenta del amor est&aacute; aqu&iacute;. Est&aacute; en la casa de al lado. </strong>
    </p><p class="article-text">
        *Tel&eacute;fono de Atenci&oacute;n a las V&iacute;ctimas de Violencia de G&eacute;nero que no deja rastro en la factura pero s&iacute; es necesario borrar del registro de llamadas: 016. 
    </p><p class="article-text">
        * N&uacute;meros de WhatsApp proporcionados por el Ministerio de Igualdad para recibir apoyo emocional: 682 916 136 y 682 508 507.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/monstruo-alimentaba-amor_132_1216706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2020 19:53:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El monstruo que se alimentaba del amor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alguien se ha lanzado desde el techo de cristal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/alguien-lanzado-techo-cristal_132_1002108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0dba84d-589b-47b7-8392-7863a0d66efc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Relato ficticio con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora."></p><p class="article-text">
        Cuando llegu&eacute; al apartamento, Guillermo hab&iacute;a dejado, hace horas, un mensaje en el contestador. No hac&iacute;a falta ni que se presentara, conoc&iacute;a esa voz al dedillo desde hace a&ntilde;os. Lo volv&iacute; a escuchar una vez m&aacute;s mientras me desplomaba en el sill&oacute;n. Lanc&eacute; las llaves en la mesita que mi hermana hab&iacute;a comprado en un mercadillo de segunda mano. Siempre odi&eacute; esa mesita pero al menos le daba algo de alegr&iacute;a a la casa. Estoy agotada. Volv&iacute; a escuchar el mensaje una vez m&aacute;s. Lo cierto es que Guillermo adquir&iacute;a un tono cada vez m&aacute;s desagradable, en cada repetici&oacute;n. Bah, ya est&aacute;. Paso. Click. 
    </p><p class="article-text">
        Me acord&eacute; ahora de lo que me coment&oacute; mi hermana Virginia el otro d&iacute;a. Ella siempre ha sentido devoci&oacute;n por la literatura. Mientras yo golfeaba y sal&iacute;a con mis novios y mis novias, ella siempre se quedaba en casa y disfrutaba en soledad de sus libros y de las cosas que escrib&iacute;a pero que nunca ense&ntilde;aba. Virginia siempre ha sido un bicho raro, sin demasiado inter&eacute;s por las cosas banales. Ella, en todo, siempre tiene que ir hasta el fondo del asunto. Retuerce a cualquiera hasta que extrae lo que quiere conseguir. El <em>&laquo;&iquest;Qu&eacute; tal est&aacute;s? bien</em>&raquo;, con ella no vale. Te preguntar&aacute; hasta que finalmente digas que no est&aacute;s del todo bien. Es un poco pesada. 
    </p><p class="article-text">
        Mi hermana  me explic&oacute; una teor&iacute;a. La del &laquo;ingenio torturado&raquo;. Siempre ha sido un poco s&aacute;dica en sus titulares, ya se lo he dicho. Es periodista, por cierto. Me habl&oacute; de escritoras de las que, en mi pajolera vida he escuchado hablar, y de c&oacute;mo el talento que ten&iacute;an, que las hac&iacute;a brillar entre la multitud, entre los hombres, las hab&iacute;a torturado y machacado hasta el suicidio. 
    </p><p class="article-text">
        Mi hermana Virginia piensa que si se hubiera aceptado el talento femenino, tal y como ven&iacute;a, desde el principio, sin distinciones, ni prejuicios, ni complejos, quiz&aacute; el suicidio de todas esas mujeres, que brillaban en la literatura y en la poes&iacute;a, nunca hubieran sucedido. Me dijo unos cuantos nombres que ya no recuerdo. &laquo;Ten&iacute;an que lidiar con la culpa de ser como eran a la misma vez que no pod&iacute;an parar de ser de esa manera, porque no se puede. Es inconcebible que una escritora reprima lo que es&raquo;. Oh, se&ntilde;or, ten&iacute;an que ver la pasi&oacute;n con la que me estaba contando esto. &iexcl;Menuda es! 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Sabes qui&eacute;n era Virginia Woolf? &mdash; me pregunt&oacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> &iexcl;Qu&eacute; voy a saber yo, si me qued&eacute; en los libros de Kika superbruja!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pues Virginia Woolf tiene una frase super conocida que dice que la vida es un sue&ntilde;o pero que es el despertar el que nos mata &mdash;  respondi&oacute; con su repelencia habitual.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Qu&eacute; me quieres decir con eso, Vir?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> &iquest;No lo entiendes? Virginia Woolf era una de las mejores escritoras de su &eacute;poca; su vida ten&iacute;a que ver con lo que escrib&iacute;a y cuando ya no pudo hacerlo, todo dej&oacute; de cobrar sentido. Despert&oacute; en un mundo cruel, a punto de desembocar en una guerra, se llen&oacute; de piedras los bolsillos de su abrigo y se dej&oacute; ahogar en el r&iacute;o. Y as&iacute; hay un mill&oacute;n de historias. &iquest;Por qu&eacute; es tan dram&aacute;tico para una mujer poseer el talento de la literatura? </em>
    </p><p class="article-text">
        Mi hermana ven&iacute;a a decir que cuando una mujer tan brillante se suicida, entonces&hellip;parece que ya no tiene enemigos. Como que nadie pone en tela de juicio su talento porque ya no puede mejorarlo. Cuando ya no hay vuelta atr&aacute;s, cuando ya una mujer no puede volver a escribir, cuando ya es demasiado tarde, es cuando la sociedad parece estar preparada para decir que es una escritora maravillosa. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo; &iquest;Est&aacute;s pensando en suicidarte o&hellip;&raquo;,</em> le pregunt&eacute; asustada. No se imaginan lo dram&aacute;tica que puede llegar a ser mi hermana.<em> &laquo; &iexcl;No mujer!&raquo;</em>, me interrumpi&oacute; ri&eacute;ndose. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero decir es que hoy Virginia Woolf o Perkins Gilman pueden ser todas esas mujeres rebosantes de talento que te encuentras en una oficina de mierda ocho horas, a la que no dejan hablar en una reuni&oacute;n porque tiene un tono de voz un poco m&aacute;s agudo o que terminan agotadas de intentar trabajar en algo que les apasiona mientras les condenan a funciones &laquo;de chicas&raquo;. &laquo; Virginia, te importar&iacute;a llamar a este n&uacute;mero y pedirle equis cosa&raquo;; &laquo;Virginia seremos doce para comer&raquo;, &laquo;Virginia hay que dejar lista la sala para la entrevista con&hellip;&raquo;, as&iacute; est&aacute; mi jefe todo el d&iacute;a. &iquest;Sabes qu&eacute; me dijo el otro d&iacute;a cuando le propuse escribir otro tipo de reportajes que no fueran sobre quesos? &mdash; imita la voz de su jefe a la perfecci&oacute;n. Creo que por eso s&eacute; reconocerla. &mdash; &lsquo;&iquest;Virginia, t&uacute; sabes que ya has llegado a tu techo, verdad?&rsquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;No te creo!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Te lo juro, Marta. Me mand&oacute; a otro maldito evento de quesos tan pancho mientras escuch&eacute; un &lsquo;bonitas medias&rsquo;, al cerrar la puerta. </em>
    </p><p class="article-text">
        Y las dos nos partimos de la risa aunque hab&iacute;a algo muy triste en todo aquello. En fin. Realmente estoy agotada. Me promet&iacute; no volver a escuchar el mensaje del contestador pero va, solo una vez m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Tiene un mensaje de voz. Recibido hoy a las 05:57 minutos&raquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Eh&hellip; Virginia, soy yo, Guillermo. Esta es la tercera vez que te llamo. A pesar de la discusi&oacute;n de anoche&hellip; no es muy inteligente evitarme &iquest;no crees? Soy tu jefe, eso no lo olvides. Estoy yendo para la redacci&oacute;n. Me han llamado de la polic&iacute;a hace un rato. Se ha suicidado una mujer. Por lo visto, se ha lanzado desde el tejado de la estaci&oacute;n de guaguas. Nadie sabe c&oacute;mo consigui&oacute; llegar hasta all&iacute; pero rompi&oacute; una de las partes del cristal para acceder al techo, y se lanz&oacute;. Necesito que vayas  y te enteres de qu&eacute; ha pasado, por qu&eacute; lo ha hecho y c&oacute;mo ha quedado el cuerpo. Ah&hellip; bueno, y qui&eacute;n era, claro. Por favor, ll&aacute;mame cuando escuches este mensaje. Virginia, eh&hellip; deja de ser testaruda. Es tu oportunidad de demostrar que te mereces este puesto. Eso era lo que quer&iacute;as &iquest;no? Escribir historias. Pues demuestra que vales para algo m&aacute;s que para cubrir eventos sobre quesos. </em>
    </p><p class="article-text">
        Marco el n&uacute;mero. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Virginia! &iquest;D&oacute;nde demonios estabas metida? &iquest;Tienes alg&uacute;n avance? &iexcl;Te necesitamos en redacci&oacute;n YA! </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No soy Virginia. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Eh&hellip; pero este&hellip; este es su n&uacute;mero. &iquest;Con qui&eacute;n hablo? </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Soy Marta, la hermana. &mdash; Y un sollozo que hasta ahora no se me hab&iacute;a escapado, se me escap&oacute;. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/alguien-lanzado-techo-cristal_132_1002108.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2020 09:26:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alguien se ha lanzado desde el techo de cristal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La enfermedad del deseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/enfermedad-deseo_132_1003220.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95354970-c706-45c1-afe5-864f39612bf0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Las cuchillas con las que se practica la ablación/ Imagen cedida por World Vision"></p><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a mam&aacute; me explic&oacute; la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n del deseo. Esa cosa rara que nos lleva a hacer otras por impulso, por desgarro o, incluso, a veces por ambici&oacute;n. Me cont&oacute; que cuando ella era peque&ntilde;a, lo que m&aacute;s deseaba en el mundo era poder estar sana muchos a&ntilde;os. No me pareci&oacute; que fuese malo ese deseo pero tampoco hice demasiadas preguntas. A mam&aacute; no le asustaba tanto la vejez como perderse las cosas importantes de la vida. Me dijo que no se perdonar&iacute;a no verme crecer feliz. Aunque eso &uacute;ltimo me lo dijo entre l&aacute;grimas pero ya a eso no le hago mucho caso. Mam&aacute; a menudo tiene un mal d&iacute;a desde que me diagnosticaron este mal bicho; la enfermedad del deseo. Me agarr&oacute; fuerte la mano. 
    </p><p class="article-text">
        Mi amiga Simona tambi&eacute;n me hab&iacute;a hablado del deseo algunos d&iacute;as antes. Siempre he mirado a Simona con admiraci&oacute;n. Tiene tres m&aacute;s que yo. Diecis&eacute;is a&ntilde;os. El mayor deseo de mi amiga Simona era tan solo un vestido azul. Su primo mayor le hab&iacute;a dicho que eso eran cosas fr&iacute;volas y que eran deseos que no tra&iacute;an nada bueno. A m&iacute; no me pareci&oacute; para tanto pero sus motivos tendr&iacute;a para pensar as&iacute; y&hellip; a fin de cuentas, el deseo es bien sabido que es un mal bicho. Una enfermedad mala que les ocurre a las chicas que se pasan de la raya. 
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, le dije a Simona que alg&uacute;n d&iacute;a tendr&iacute;a su vestido azul porque yo misma se lo har&iacute;a. Lo esconder&iacute;amos y se lo pondr&iacute;a cuando nadie nos viera. Las dos lloramos porque siempre llor&aacute;bamos cuando sent&iacute;amos el futuro con esperanza. Nos dimos un abrazo. Simona daba muy buenos abrazos por eso s&eacute; que siempre ser&aacute; mi amiga. 
    </p><p class="article-text">
        Por alguna extra&ntilde;a raz&oacute;n hoy tambi&eacute;n me vino a la cabeza mi abuela y sus deseos. Lo &uacute;nico que dese&oacute; mi abuela toda su vida era poder comer un panecillo de centeno cada d&iacute;a. Realmente, le hac&iacute;a feliz ese panecillo. A veces no entiendo a esta enfermedad del deseo. No me parece algo malo. Aunque si es cierto que hab&iacute;a &eacute;pocas en las que &eacute;ramos muy pobres. As&iacute; que hubo d&iacute;as, que me acuerdo yo, en los que sus deseos no se hac&iacute;an realidad. Ella dec&iacute;a que en esos d&iacute;as no le apetec&iacute;a el panecillo pero no era verdad. Nos lo daba a nosotras, que &eacute;ramos cuatro. 
    </p><p class="article-text">
        En aquellos d&iacute;as fue cuando comprend&iacute; que todos ten&iacute;an raz&oacute;n. Y que una chica cuando desea es para sentir peque&ntilde;os placeres de la vida. Y el placer es una cosa horrible. Una enfermedad de las gordas, un mal bicho que hay que quitar porque, de ninguna manera, es bueno desear cosas que no se pueden desear. Ah&iacute; comprend&iacute; la enfermedad del deseo. Aprend&iacute;, con los ojos de mi abuela, que por mucho que quieras sentir unos segundos de placer, que por mucho que tus ojos brillen de deseo, a veces la vida lo arrebata porque tiene otros planes; tiene injusticia; tiene desd&eacute;n&hellip; y es capaz de poner enfermo a un buen coraz&oacute;n o arrebatar las alas a un esp&iacute;ritu libre, a trav&eacute;s de una guerra, a trav&eacute;s de un ideal, a trav&eacute;s de un dios, a trav&eacute;s de la hambruna, a trav&eacute;s de las armas o a trav&eacute;s de la crueldad. 
    </p><p class="article-text">
        Mir&eacute; al cielo. Ayer estaba de un azul casi marino. Lo recuerdo bien. Tal y como le gustar&iacute;a a Simona que fuera el azul de su vestido. Pero hoy&hellip; hoy no hab&iacute;a rastro de ello. Era gris, a punto de llorar. Pens&eacute; en los deseos de las mujeres de mi vida quiz&aacute; porque no pod&iacute;a ya pensar en los m&iacute;os. Adem&aacute;s los deseos de las ni&ntilde;as de mi edad son los m&aacute;s peligrosos. Creo que ni siquiera los tengo. Eso est&aacute; bien. Mejor as&iacute;. Mejor quitar esas tonter&iacute;as de mi cabeza porque lo &uacute;nico que me traer&iacute;a ser&iacute;a un placer innecesario y malo para todos. 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Es mejor dejar de desear la libertad si no puede tenerse&raquo;, me hab&iacute;a dicho mi madre cuando me descubrieron haciendo aquella cosa tan terrible. Me da verg&uuml;enza y me repugna decirlo pero acariciaba mis partes por curiosidad como fruto del delirio de mi enfermedad. Menos mal que ya no deseo nada; que ya mi cabeza est&aacute; en sus cabales; que ya no quiero el placer. Hoy es la operaci&oacute;n final por eso mi madre me agarra fuerte la mano. Hoy ya no volver&eacute; a sentir placer nunca m&aacute;s. Estar&eacute; curada. Me van a quitar el mal bicho del deseo y del placer que tiene nombre de pez. Es algo de clitor&hellip; cliparis; algo as&iacute;. Menos mal; ma&ntilde;ana estar&eacute; curada. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, de repente, cerr&eacute; los ojos y un maldito deseo lleg&oacute; a mi cabeza de forma fugaz: llorar. Y entonces sent&iacute; como el fr&iacute;o de la hojilla roz&oacute; mi cuerpo all&aacute; abajo y el cielo empez&oacute; a llorar mientras yo&hellip; mientras yo gritaba. 
    </p><p class="article-text">
        Acorde a Naciones Unidas, una de cada veinte ni&ntilde;as y mujeres en el mundo ha sufrido alg&uacute;n tipo de mutilaci&oacute;n genital femenina. Esto supone que existen al menos 200 millones de mujeres y ni&ntilde;as en todo el mundo v&iacute;ctimas de mutilaci&oacute;n. Esto ha sido un relato ficticio con motivo del D&iacute;a Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilaci&oacute;n Genital Femenina. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/enfermedad-deseo_132_1003220.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Feb 2020 11:28:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La enfermedad del deseo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La primera vez que se rompió el casete]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/primera-vez-rompio-casete_132_1230729.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Un martes por la tarde de no hace mucho tiempo, ocurrió en mi vida algo por primera vez: el silencio</p></div><p class="article-text">
        <strong>(Mini relato ficticio)</strong>
    </p><p class="article-text">
        A menudo, sol&iacute;a escuchar en el cole que siempre hay una primera vez para todo. &laquo; &iexcl;Nunca he salido a la pizarra, maestra!&raquo;. &laquo;Siempre hay una primera vez para todo, Jaimito&raquo;. &laquo; &iexcl;No se me da bien este ejercicio, profe!&raquo;. &laquo;Int&eacute;ntalo, Mar&iacute;a&hellip; siempre hay una primera vez en la que sale bien&raquo;. Y cosas as&iacute;. A m&iacute; no se me daban bien las primeras veces. Nada me pillaba por sorpresa. Muy triste para un ni&ntilde;o pero as&iacute; eran las cosas. Hasta que un d&iacute;a, un martes por la tarde de no hace mucho tiempo, ocurri&oacute; en mi vida algo por primera vez: el silencio. 
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a un poco menos de edad que ahora. En torno a los siete y medio. Ahora tengo ocho y un cuarto. Se siente raro cuando ocurren cosas por primera vez. El silencio me pill&oacute; en mi habitaci&oacute;n, jugando con los peque&ntilde;os mu&ntilde;equitos de Lego que me hab&iacute;a regalado mi t&iacute;a Carmita, un d&iacute;a que parec&iacute;a triste y necesitaba hacer algo bueno por alguien. 
    </p><p class="article-text">
        Aquella tarde, como todas las tardes, se supon&iacute;a que ten&iacute;a que ir a mi habitaci&oacute;n a hacer los deberes pero yo, aquella tarde, como todas las tardes, me escaqueaba y jugaba. Soy un ni&ntilde;o; necesito jugar. Eso s&iacute;, si nos pon&iacute;an deberes de m&uacute;sica, siempre los hac&iacute;a. Me gustaba mucho la m&uacute;sica. Quiz&aacute; por mi madre. &laquo;Cari&ntilde;o, ponte m&uacute;sica cuando est&eacute;s en tu habitaci&oacute;n. Ser&aacute; bueno para ti&raquo;, me dec&iacute;a. Y fue as&iacute; como, desde que tengo uso de raz&oacute;n, mi madre me regalaba, todos los meses, un CD de esos antiguos que sol&iacute;a poner en el viejo casete que ella me regal&oacute;. &laquo; Pero mam&aacute;&hellip; y entonces &iquest;t&uacute; no escuchas m&uacute;sica?&raquo;, le pregunt&eacute; una vez. &laquo;Cari&ntilde;o escuch&aacute;ndote a ti oy&eacute;ndola y tarare&aacute;ndola, me hace mucho m&aacute;s feliz&raquo;, me dec&iacute;a mientras hac&iacute;a otras cosas. 
    </p><p class="article-text">
        Mi madre cantaba incre&iacute;blemente bien y me ense&ntilde;&oacute; mucha m&uacute;sica. Desde Beethoven, pasando por The Rolling Stones hasta Navajita Plate&aacute;. Hab&iacute;a ma&ntilde;anas, cuando solo est&aacute;bamos ella y yo porque pap&aacute; se ten&iacute;a que ir a trabajar muy temprano, en las que desayun&aacute;bamos y cant&aacute;bamos juntos en la cocina. Me dec&iacute;a: &laquo; &iquest;Sabes que la abuela me hac&iacute;a cantar cada vez que ten&iacute;a miedo por los monstruos del armario?&raquo;. &laquo;&iquest;Y qu&eacute; cantabas?&raquo;, le pregunt&eacute;. &laquo;Cualquier cosa&raquo;. &laquo;Mam&aacute;&hellip; yo&hellip; yo algunas noches tambi&eacute;n lo hago. Me ayuda escuchar mi propia voz&raquo;, le reconoc&iacute;. &laquo;Buen chico. Cari&ntilde;o, prom&eacute;teme que lo har&aacute;s siempre que tengas miedo. Y cuando m&aacute;s miedo tengas, m&aacute;s fuerte cantar&aacute;s&raquo;. &laquo;Prometido&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que en mi casa siempre hubo m&uacute;sica. El silencio no abundaba; no sab&iacute;a ni qu&eacute; era ni c&oacute;mo pod&iacute;a convivir con &Eacute;l hasta que lleg&oacute; la primera vez. Me pill&oacute; de sopet&oacute;n y lo que sent&iacute;, al principio, fue un poco de alivio pero no se los voy a negar: me tambale&eacute; un poco  y me asust&eacute; como cuando ocurren las cosas por primera vez, supongo. Aquel d&iacute;a, la m&uacute;sica no me resultaba agradable. Se mezclaba con los sonidos de la casa. Pon&iacute;a la m&uacute;sica m&aacute;s alta pero la casa cruj&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s fuerte. Y m&aacute;s. Y m&aacute;s. Ese d&iacute;a era el primer d&iacute;a de mi vida en el que odi&eacute; un poco la m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Ese mes no hab&iacute;a recibido mi CD nuevo porque mam&aacute; hab&iacute;a tenido una ca&iacute;da muy fuerte paseando con pap&aacute; y apenas pod&iacute;a levantarse de la cama. Por primera vez, aquella tarde, quer&iacute;a algo de silencio. Quiz&aacute; fue el estruendo. Mis mu&ntilde;equitos de Lego hab&iacute;an vibrado. Mi habitaci&oacute;n tambi&eacute;n y mi coraz&oacute;n sinti&oacute; un pinchazo. Fue tal el estallido que la m&uacute;sica se par&oacute; de golpe. Por primera vez, aquel cacharro se paraba. Cuando mi madre se enterara&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Todo se qued&oacute; en silencio. No supe muy bien qu&eacute; hacer. Normalmente, la m&uacute;sica siempre se mezclaba con las conversaciones &laquo;de mayores&raquo; de pap&aacute; y mam&aacute; y siempre pensaba que si alguna vez paraba la m&uacute;sica, escuchar&iacute;a lo que dec&iacute;an, aunque mam&aacute; me lo ten&iacute;a terminantemente prohibido: &laquo;Pase lo que pase no apagues el casete&raquo;. Pero aquel martes por la tarde, cuando se par&oacute; el casete, se par&oacute; todo. No se escuchaban las paredes crujir, ni el piso, ni a pap&aacute; y mam&aacute;. Me sent&iacute; raro. &iquest;Es as&iacute; como se sienten las personas cuando sienten algo por primera vez? Sal&iacute; de la habitaci&oacute;n. Quer&iacute;a ver c&oacute;mo era mi casa en silencio. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Mam&aacute;? &mdash; pregunt&eacute; desde el fondo del pasillo. Nadie contest&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Papa? &mdash; pregunt&eacute; de nuevo, aunque recib&iacute; mucho m&aacute;s silencio. 
    </p><p class="article-text">
        Me acerqu&eacute; al sal&oacute;n donde ellos siempre estaban hablando de &laquo;cosas de mayores&raquo;. Y mam&aacute; parec&iacute;a dormida. Aunque nunca le hab&iacute;a visto dormir en el suelo. Era raro. Hab&iacute;a mucha sangre en el piso como cuando me ca&iacute; en la bicicleta hace un a&ntilde;o y me hice da&ntilde;o en la rodilla. Aquel d&iacute;a me impresion&oacute; mucho la sangre, por todas partes, y mam&aacute; me dec&iacute;a: &laquo;No pasa nada, cari&ntilde;o&hellip; si bebes mucha agua, la sangre siempre vuelve&raquo;. No recuerdo que mam&aacute; montase en bicicleta. Le preguntar&eacute; cuando despierte. Pap&aacute; no estaba. Cog&iacute; un vaso de agua para cuando se despertara y me sent&eacute; en el suelo. Al lado de ella. A mam&aacute; le costaba mucho dormir as&iacute; que no la despertar&eacute;. Dejar&eacute; la casa en silencio. Aunque, sinceramente, yo&hellip; yo se lo hab&iacute;a prometido. Si ten&iacute;a miedo, cantar&iacute;a. As&iacute; que cant&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Tel&eacute;fono de Atenci&oacute;n a V&iacute;ctimas de Violencia de G&eacute;nero: 016.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Marrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/primera-vez-rompio-casete_132_1230729.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Nov 2019 12:22:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La primera vez que se rompió el casete]]></media:title>
    </item>
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