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    <title><![CDATA[elDiario.es - Cristina Tallón]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Cristina Tallón]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pucheros frente a jeringuillas: las mujeres migrantes que ocupan un piso de Barcelona para alejar el narcotráfico del Raval]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mayores-migrantes-raval-pucheros-jeringuillas_1_1233790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a359044a-a831-420e-940d-5c05cb9f295f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pucheros frente a jeringuillas: las mujeres migrantes que ocupan un piso de Barcelona para alejar el narcotráfico del Raval"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cinco mujeres okupan un inmueble que durante años había sido uno de los mayores puntos de venta de droga de Barcelona</p><p class="subtitle">El próximo 28 de noviembre está fechada una orden de desalojo que, según las mujeres, traería de vuelta el narcotráfico al barrio</p><p class="subtitle">"¿Nos van a sacar para que entre el narco?", dice una de ellas, que han construido una iniciativa comunitaria para crear redes feministas entre las mujeres migrantes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Nos van a sacar para que entre el narco?&rdquo;, pregunta Alma Calder&oacute;n, quien se define como &ldquo;una compa&ntilde;era m&aacute;s&rdquo; de un proyecto que intenta buscar una vida digna para las mujeres mayores y migrantes que pelean contra el sinhogarismo. El pasado 1 de mayo decidieron ocupar un local vac&iacute;o de la calle Agust&iacute; Dur&aacute;n y Santpere del Raval, propiedad de una entidad bancaria, donde una organizaci&oacute;n criminal hab&iacute;a campado a sus anchas desde el a&ntilde;o 2015.
    </p><p class="article-text">
        Nueve meses despu&eacute;s de que una operaci&oacute;n policial conjunta de los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana acabara desmantelando uno de los mayores centros de droga de Ciutat Vella, integrantes de varios colectivos del Raval decidieron echar abajo la puerta. Con la ocupaci&oacute;n de este espacio, que un d&iacute;a fue sede de la editorial Edicions 62, las mujeres aseguran intentar alejar la posibilidad de que el narcotr&aacute;fico vuelva, a la vez que se desarrolla una iniciativa comunitaria de &ldquo;empoderamiento femenino&rdquo;. El temor de estas cinco mujeres, que conviven bajo el mismo techo, llega ahora desde el Juzgado de Primera Instancia n&uacute;mero 55 en forma de orden de desalojo, fechada para el pr&oacute;ximo 28 de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        En el inmueble ocupado, Am&eacute;rica Iriarte, a sus 68 a&ntilde;os, se empe&ntilde;a a fondo por dejar los cristales relucientes para la jornada de presentaci&oacute;n del proyecto. El olor al caldo de pollo que lleva un rato cocinando Virginia Monta&ntilde;o inunda un local que, seg&uacute;n Alma, nada se parece al de aquel primero de mayo. &ldquo;Cuando entramos aqu&iacute; estaba todo roto. Hab&iacute;an entrado para desalojar al narco y hab&iacute;an hecho registros a fondo. Accedimos miembros del Espacio del Inmigrante, el Sindicato Mantero y el Sindicato del Habitatge. En un primer momento nos pusimos a limpiar esto a fondo y a pensar qu&eacute; uso comunitario era m&aacute;s adecuado&rdquo;, afirma Alma. La necesidad de plantar cara a diferentes formas de violencia hacia las mujeres llev&oacute; a Am&eacute;rica, Virgina, Alma y dos mujeres m&aacute;s, que prefieren mantener el anonimato, a compartir este espacio de cinco habitaciones y una sala principal.
    </p><h3 class="article-text">Triple exclusi&oacute;n: mujeres, migrantes y mayores</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;bamos en la calle porque no tenemos dinero para pagar una habitaci&oacute;n. Somos cinco se&ntilde;oras que no estamos bien de salud, pero vamos a sacar energ&iacute;a y valent&iacute;a de hasta debajo de las piedras. Lo van a tener muy dif&iacute;cil para sacarnos a nosotras de aqu&iacute;&rdquo;, asegura Virginia a sus 65 a&ntilde;os.  
    </p><p class="article-text">
        Esta mujer decidi&oacute; viajar en 1991 desde la Rep&uacute;blica Dominicana hasta Espa&ntilde;a. Despu&eacute;s de 16 a&ntilde;os de trabajos precarios, el inicio de la crisis econ&oacute;mica en 2017 hizo que se viera en la calle, v&iacute;ctima de un desahucio. La situaci&oacute;n le empuj&oacute; a convivir en un piso en el que los okupas, seg&uacute;n su denuncia, se dedicaban al tr&aacute;fico de drogas. &ldquo;Aquello era una pesadilla, el resto de okupas me presionaban para que acabara march&aacute;ndome. Hubo un momento en que las aguas fecales de las tuber&iacute;as rotas hab&iacute;an inundado mi habitaci&oacute;n&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        No le qued&oacute; m&aacute;s salida que elegir una parada de autob&uacute;s o un cajero para dormir al raso: &ldquo;Recuerdo muy bien la primera noche que dorm&iacute; en la calle. Me qued&eacute; en una parada de autob&uacute;s disimulando que esperaba hasta que los ojos se me cerraron&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Virginia compart&iacute;a esta situaci&oacute;n de desamparo con el resto de sus actuales compa&ntilde;eras y con otras 33.000 personas en Espa&ntilde;a, seg&uacute;n el <a href="https://www.mscbs.gob.es/ssi/familiasInfancia/inclusionSocial/docs/ENIPSH.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> Estrategia Nacional Integral para Personas Sin Hogar 2015-2020. En Barcelona, entre 2016 y 2018, el incremento relativo de mujeres detectadas en la calle fue superioar al registrado en el caso de los hombres. Seg&uacute;n los datos publicados por el Ayuntamiento de la ciudad, de 199 mujeres se ha pasado a 329, un incremento del 65%.
    </p><p class="article-text">
        Entre otros aspectos, los expertos apuntan a la precariedad laboral como una de las principales ra&iacute;ces del problema. Algo que Am&eacute;rica, a sus 68 a&ntilde;os, contin&uacute;a viviendo en primera persona. Esta boliviana lleg&oacute; a Lleida en 2006, donde trabaj&oacute; cuidando a los hijos de otro matrimonio del altiplano. &ldquo;Me pagaban 600 euros con los que intentaba ahorrar. Despu&eacute;s, trabaj&eacute; cuidando a personas mayores&rdquo;, atestigua. La vida le llev&oacute; incluso a entrar en un convento de clausura, del que prefiere no dar el nombre.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, Am&eacute;rica comenta que sinti&oacute; en su propia piel la discriminaci&oacute;n racial: &ldquo;Llegu&eacute; a recibir los primeros votos, pero consegu&iacute; darme cuenta de que ni siendo religiosos estamos exentos de cometer faltas&rdquo;, mantiene. A su salida volvi&oacute; al cuidado de personas mayores, un trabajo que muy regularmente sigue teniendo rostro de mujer migrante. Ahora intenta poder acceder a una prestaci&oacute;n no contributiva. &ldquo;Me piden documentaci&oacute;n que debo solicitar en la oficina de extranjer&iacute;a. Llevo meses intentando pedir cita&rdquo;, lamenta.
    </p><p class="article-text">
        Como ella, otras mujeres emprendieron un viaje paralelo desde Am&eacute;rica Latina y ahora tambi&eacute;n conviven juntas. Am&eacute;rica comparte habitaci&oacute;n con Carolina, que se oculta bajo este seud&oacute;nimo huyendo de la violencia de genero de la que fue v&iacute;ctima en su &uacute;ltima relaci&oacute;n. Como ella, el 69% de las mujeres sin hogar en Barcelona han sido con anterioridad v&iacute;ctimas de violencia machista, seg&uacute;n un estudio publicado por el Grup de Recerca i Innovaci&oacute; en el Treball Social de la Universitat de Barcelona.
    </p><h3 class="article-text">Lugares de encuentro</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n sostiene Alma Calder&oacute;n, la marginalidad de estas mujeres se tradujo en &ldquo;energ&iacute;a femenina&rdquo; para construir un nuevo proyecto que, no solo aspire a ser una casa donde escapar del sinhogarismo, sino que intente plantar cara a esa violencia de la que son v&iacute;ctimas. &ldquo;Queremos dar visibilidad a las violencias que viven las mujeres mayores y que, cuando cumplen cierta edad, son desechadas del sistema capitalista. Ya no est&aacute;n en edad productiva y se cumple el binomio producci&oacute;n-reproducci&oacute;n de un sistema que fortalece la desigualdad entre las mujeres. Queremos construir alternativas dignas&rdquo;, afirma Alma.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta persigue una educaci&oacute;n para alcanzar el empoderamiento de las mujeres y establecer as&iacute; sus propias din&aacute;micas de relaci&oacute;n. Buscan abrir las puertas a m&aacute;s mujeres con las que compartir momentos de intercambio de conocimiento de diferentes t&eacute;cnicas, como la serigraf&iacute;a o la costura, que les permita obtener un beneficio econ&oacute;mico futuro. Tambi&eacute;n pretenden crear una ludoteca donde madres migrantes, que carecen de una red familiar, puedan dejar a sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        Luchan a contrarreloj contra una orden de desalojo que lleg&oacute; el 14 de noviembre y cuya ejecuci&oacute;n es inminente. Hasta el momento, han tenido ocasi&oacute;n de entregar la documentaci&oacute;n a la Oficina de l'Habitatge del Ayuntamiento de Barcelona y conf&iacute;an en que la pol&iacute;tica sea capaz de mediar: &ldquo;La administraci&oacute;n tiene que ver que si nos sacan esto se va a volver a quedar vac&iacute;o. &iquest;Por qu&eacute; no mejor apostar por negociar una concesi&oacute;n que permita al ayuntamiento comprarlo? As&iacute;, podr&iacute;a crearse un centro que sirva a un entorno en el que hay muchas necesidades&rdquo;, sostiene Alma.
    </p><p class="article-text">
        Tienen escasos d&iacute;as, y en ellos aspiran a darse a conocer entre los vecinos &ldquo;para hacerse fuertes contra el desalojo&rdquo;. Estas mujeres tienen la certeza de que su salida traer&aacute; de vuelta al narcotr&aacute;fico. &ldquo;Mientras rehabilit&aacute;bamos este espacio han venido a ofrecernos dinero para intentar recuperarlo. Estoy convencida de que lo quer&iacute;an para volver a la venta de droga, una situaci&oacute;n de la que tambi&eacute;n est&aacute;n hartos los vecinos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Tallón]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Nov 2019 20:18:56 +0000]]></pubDate>
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