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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Varela Ferrio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose-varela-ferrio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Varela Ferrio]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Reglamento europeo de IA: cuán largo me lo fiais]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reglamento-europeo-ia-fiais_129_11527855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66a36c54-abc1-428c-be05-87951020cc19_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reglamento europeo de IA: cuán largo me lo fiais"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Según el INE, el 40% de las grandes empresas españolas usa IA laborales, lo que implica que uno de cada tres personas trabajadoras ejerce sus funciones bajo decisiones algorítmicas. Sin embargo, solo un 36% de esas empresas estaría desarrollando políticas éticas de IA</p><p class="subtitle">La UE acuerda la primera ley de Inteligencia Artificial tras sortear el escollo de la vigilancia biométrica</p></div><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial (<em>AI Act</em>) inicia una cuenta atr&aacute;s que se sustanciar&aacute; en un radical cambio de reglas en la aplicaci&oacute;n de esta tecnolog&iacute;a al mundo del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque resten dos a&ntilde;os para su plena vigencia &ndash;un tiempo a todas luces excesivo, especialmente si la principal exigencia radica en el respeto a los derechos fundamentales&ndash; conviene ir conociendo sus especificaciones y deberes. No es ejercicio asequible, puesto que el redactado final comprende 180 considerandos, 113 art&iacute;culos, 68 definiciones y trece anexos, para un total de 144 p&aacute;ginas en su versi&oacute;n en espa&ntilde;ol, en demasiadas ocasiones articuladas de forma abstrusa e imbricada (con toda probabilidad, una de las consecuencias de la negociaci&oacute;n m&aacute;s larga de la historia de la UE).
    </p><p class="article-text">
        El Reglamento parte de un enfoque basado en el riesgo que entra&ntilde;a una IA de aplicaci&oacute;n laboral. Llamativamente, en dicho &aacute;mbito se concitan dos modalidades: actividades prohibidas y de alto riesgo (no existen, <em>a priori</em>, IA laborales con riesgo limitado o m&iacute;nimo; todas son catalogadas con un alto peligro potencial). Las actividades vedadas se concretan en dos:&nbsp; la detecci&oacute;n de las emociones en el puesto de trabajo y el control biom&eacute;trico, para usos como identificar la afiliaci&oacute;n sindical.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resto de los elementos que componen una relaci&oacute;n laboral de inicio a fin &ndash;desde la selecci&oacute;n de personal hasta la extinci&oacute;n contractual, pasando por cualquier decisi&oacute;n algor&iacute;tmica relacionada con la promoci&oacute;n profesional, la asignaci&oacute;n de tareas o la supervisi&oacute;n/evaluaci&oacute;n del rendimiento o del comportamiento&ndash; ser&aacute;n consideradas como actividades de alto riesgo. La sola catalogaci&oacute;n de una actividad como alto riesgo, como el propio nombre indica, env&iacute;a un claro mensaje sobre sus implicaciones: son un peligro para los derechos fundamentales de los trabajadores. Pero dicha clasificaci&oacute;n contiene m&aacute;s implicaciones.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de dos a&ntilde;os, cualquier empleador que desee implementar una IA laboral deber&aacute; garantizar su fiabilidad. En consecuencia, estar&aacute; sujeto a una serie de obligaciones que no podr&aacute; obviar. Entre otras, estar&aacute; la necesidad de realizar una evaluaci&oacute;n de impacto, desarrollar un exhaustivo sistema de gesti&oacute;n de riesgos, garantizar una supervisi&oacute;n humana de cada IA (de forma efectiva y real), asegurar un uso apropiado de datos que eviten cualquier tipo de sesgo y comprometerse a ser transparentes con su funcionamiento mediante una &ldquo;informaci&oacute;n concisa, completa, correcta y clara que sea pertinente, accesible y comprensible&rdquo;. Todas estas obligaciones &ndash;y algunas m&aacute;s&ndash;deber&aacute;n ser asumidas por todo tipo de empleadores (sean empresas privadas u organismos p&uacute;blicos) a lo largo de toda la cadena de valor y del ciclo de vida de cada IA.
    </p><p class="article-text">
        Para calibrar el tama&ntilde;o del desaf&iacute;o que tenemos por delante, primero debemos conocer el punto de partida. Aunque seamos un pa&iacute;s de microempresas, el efecto tractor de las grandes compa&ntilde;&iacute;as (250+ personas trabajadoras) es indiscutible. Y son precisamente estas firmas las que, por escala y capacidad inversora, han adoptado con mayor profusi&oacute;n esta tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el INE, el 40% de las grandes empresas espa&ntilde;olas usa IA laborales, lo que implica que, seg&uacute;n Eurofound, uno de cada tres personas trabajadoras en Espa&ntilde;a trabaja bajo decisiones algor&iacute;tmicas. De hecho, la &ldquo;automatizaci&oacute;n de flujos de trabajo o ayuda en la toma de decisiones&rdquo; es el caso de uso m&aacute;s habitual entre las grandes empresas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, solo un 36% de dichas empresas estar&iacute;a desarrollando pol&iacute;ticas &eacute;ticas de IA (IBM, datos para Espa&ntilde;a, 2023); un 74% no est&aacute;n tomando acciones para reducir los sesgos no deseados (IBM World, 2022) y hasta un 84% no consideraba los aspectos de &ldquo;equidad y justicia&rdquo; como relevantes a la hora de poner en producci&oacute;n una IA laboral (McKinsey, 2023). Cifras bochornosas e inadmisibles, muy lejos de las autocomplacientes pol&iacute;ticas de <em>compliance</em> empresarial o de la exigible observancia de las leyes laborales al uso. Si el objetivo a dos a&ntilde;os de la <em>AI Act</em> es el estricto respeto a los derechos fundamentales de las personas trabajadoras, partimos desde muy muy lejos. Se trata unas cifras coherentes si analizamos din&aacute;mica de mercado: casi la mitad son sistemas de IA comerciales listos para usar, lo que invita a desentenderse de las consecuencias laborales de dicha adquisici&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los mimbres para cumplir con estos requerimientos tampoco son motivo para vanagloriarse. A pesar de que cuatro de cada 10 grandes empresas espa&ntilde;olas usan IA, apenas un 11% tiene expertos en dicha tecnolog&iacute;a entre sus plantillas (solo un 2% de los expertos TIC lo son en IA). No solo es una cantidad claramente insuficiente, sino que adem&aacute;s &uacute;nicamente un 0,46% son mujeres (la paridad en expertos TIC solo se constata en el 4,45% de las empresas espa&ntilde;olas). As&iacute; ser&aacute; imposible concebir IA laborales con la necesaria perspectiva de g&eacute;nero: si excluimos a m&aacute;s de la mitad nuestra poblaci&oacute;n, ni algoritmos justos, ni equitativos, ni nada que se le asemeje.
    </p><p class="article-text">
        Si estas cifras nos parecen negativas, las referentes a la alfabetizaci&oacute;n digital (un aspecto preponderante en el Reglamento, con obligaciones espec&iacute;ficas para supervisores y usuarios de las IA laborales) son igual de lamentables: un 30% de las mayores empresas espa&ntilde;olas nunca forman a sus empleados en nuevas tecnolog&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los deberes est&aacute;n ya expuestos. No caben eximentes ni retrasos. Ser&iacute;a ingenuo no admitir la complejidad de la tarea, pero 24 meses constituyen un lapso ya de por s&iacute; excesivo. El respeto a nuestros derechos fundamentales deber&iacute;a estar en la agenda, por defecto, de cualquier empleador, por lo que cabe animar a todas las empresas a &ldquo;que empiecen a cumplir, de forma voluntaria, las obligaciones pertinentes del presente Reglamento ya durante el per&iacute;odo transitorio&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Varela Ferrio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reglamento-europeo-ia-fiais_129_11527855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jul 2024 20:46:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reglamento europeo de IA: cuán largo me lo fiais]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,UE - Unión Europea,Normativa europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El asalto de la IA a los trabajadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sindicatos-inteligencia-artificial-empleo-ugt_129_10194359.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66a36c54-abc1-428c-be05-87951020cc19_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El asalto de la IA a los trabajadores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España hay en este momento más de dos millones de asalariados sometidos a programas de Inteligencia Artificial y en torno a 1,7 millones que trabajan con sus dispositivos intervenidos</p></div><p class="article-text">
        A nadie se le escapa el profundo y complejo debate econ&oacute;mico, social y medi&aacute;tico que est&aacute; generando la irrupci&oacute;n de las nuevas tecnolog&iacute;as digitales, la cual se celebra bajo una suerte de fascinaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y de profec&iacute;a futurista autocumplida.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y a pesar de que el factor trabajo contin&uacute;a siendo nuestra &uacute;nica v&iacute;a de sustento, y como consecuencia de ello acapara casi un tercio de nuestro espacio y tiempo vital (20,6 millones de espa&ntilde;oles y espa&ntilde;olas realizan una jornada media de 37,7 horas semanales), raramente se profundiza sobre el verdadero impacto de la tecnolog&iacute;a en la vida de las personas trabajadoras.
    </p><p class="article-text">
        La llegada de las plataformas digitales de reparto fue una buena prueba de ello. Se instalaron entre nosotros presumiendo de innovaci&oacute;n y tecnolog&iacute;a, cuando en realidad supon&iacute;an un retroceso de decenas de a&ntilde;os en derechos laborales y sociales. S&oacute;lo gracias a las demandas judiciales interpuestas por UGT se pudo frenar esta nueva forma de precarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Otras tecnolog&iacute;as, como la Inteligencia Artificial (IA) o el <em>big data</em>, muestran el mismo patr&oacute;n que sus antecesoras: se presentan como innovaciones beneficiosas para la sociedad y la econom&iacute;a, pero se obvia su impacto negativo en la vertiente laboral.
    </p><p class="article-text">
        Ya en 2018 elaboramos un <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">exhaustivo estudio</a> sobre el impacto de la automatizaci&oacute;n en el empleo, con unas conclusiones que, m&aacute;s de un lustro despu&eacute;s, se mantienen invariables: &ldquo;Si no se toman medidas, los peores presagios [la destrucci&oacute;n de millones de puestos de trabajo] se consolidar&iacute;an; solo si se toman las medidas correctas habr&aacute; una relaci&oacute;n positiva entre discontinuidad tecnol&oacute;gica y empleo&rdquo;. Se trata de un tsunami laboral que no sabemos cu&aacute;ndo llegar&aacute;, pero sobre el que se est&aacute; haciendo m&aacute;s bien poco en recualificaci&oacute;n laboral: el 80% de las empresas nunca forma a sus empleados en nuevas tecnolog&iacute;as. Tama&ntilde;a indolencia podr&iacute;a situar a casi 14 millones de personas en riesgo de ser sustituidos por m&aacute;quinas.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; del futuro cercano, tenemos ante nosotros otras cuestiones a las que no prestamos atenci&oacute;n y que ya conviven, diariamente, entre nosotros cuando trabajamos. Son los algoritmos laborales, tecnolog&iacute;as a&uacute;n muy lejos de ser infalibles o de poder asegurar que sus decisiones se efect&uacute;an en t&eacute;rminos de equidad y no discriminaci&oacute;n. Los ejemplos de algoritmos de reclutamiento que resultan machistas o racistas, los despidos ejecutados por supuestas inteligencias artificiales o el uso abusivo de software de vigilancia, est&aacute;n perfectamente documentados. Sin embargo, los empresarios espa&ntilde;oles extienden estas tecnolog&iacute;as sin someterlas a unos m&iacute;nimos controles de evaluaci&oacute;n de impacto y auditor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Cuantifiquemos esta realidad: seg&uacute;n c&aacute;lculos realizados recientemente por UGT y con base en las previsiones m&aacute;s conservadoras, hoy en Espa&ntilde;a hay m&aacute;s de dos millones de asalariados sometidos a programas de Inteligencia Artificial, que ya estar&iacute;an tomando decisiones directas sobre diversos aspectos de sus relaciones laborales (selecci&oacute;n, promoci&oacute;n, determinaci&oacute;n de salarios, turnos, vacaciones, r&eacute;gimen disciplinario, control de la actividad y un largo etc&eacute;tera hasta de aspectos, hasta incluso decidir la extinci&oacute;n del contrato de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Es importante se&ntilde;alar que el n&uacute;mero de empresas que usan IA es de un 12% de media, pero ya cuatro de cada 10 grandes empresas (250 o m&aacute;s empleados) admiten que usan este tipo de aplicaciones. De ellas, hasta un 61% admite que emplea dicha IA para &ldquo;automatizaci&oacute;n de flujos de trabajo o ayuda en la toma de decisiones&rdquo;. Llamativamente, de todas las posibles aplicaciones que permite la IA, es la referida al &aacute;mbito laboral la m&aacute;s usada (46%), por encima del reconocimiento de im&aacute;genes (33%), el <em>machine learning </em>(33%) o el an&aacute;lisis del lenguaje (31%), una tecnolog&iacute;a que tanto ha popularizado ChatGPT en los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se queda aqu&iacute; este uso perverso e il&iacute;cito de la tecnolog&iacute;a: el porcentaje de empresas que usan el <em>big data</em> para analizar la geolocalizaci&oacute;n de los dispositivos port&aacute;tiles que entregan a sus empleados alcanza ya el 14%, lo que extrapolado a n&uacute;mero de ocupados supone que m&aacute;s de 1,7 millones de personas trabajadoras laboran con sus dispositivos intervenidos (en la previsi&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        m&aacute;s conservadora).
    </p><p class="article-text">
        Todas estas cifras son coherentes con las ya denunciadas por UGT en agosto de 2022, cuando advert&iacute;amos que un tejido productivo como el espa&ntilde;ol, con un grado escaso de digitalizaci&oacute;n y cifras rid&iacute;culas de empleo tecnol&oacute;gico en comparaci&oacute;n con el resto de la UE, lideraba el aspecto m&aacute;s oscuro de la digitalizaci&oacute;n: la <a href="https://www.ugt.es/ugt-denuncia-el-incremento-de-la-vigilancia-algoritmica-en-espana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vigilancia algor&iacute;tmica</a>.
    </p><p class="article-text">
        Ambas pr&aacute;cticas (gesti&oacute;n de la actividad laboral mediante una IA y supervisi&oacute;n de la ubicaci&oacute;n por<em> big data</em>) son manifiestamente ilegales si no cumplen con una serie de preceptos legales (antes y durante), atentando as&iacute; contra derechos fundamentales como la privacidad o la intimidad o contraponi&eacute;ndose a otros, como el derecho a no ser objeto de decisiones automatizadas.
    </p><p class="article-text">
        UGT ha comenzado una campa&ntilde;a interna de formaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n para que los representantes de las trabajadoras y trabajadores de nuestro sindicato usen los mecanismos que nos proporcionan las leyes en vigor para frenar este tipo de pr&aacute;cticas. Sin duda, la negociaci&oacute;n de los convenios colectivos ser&aacute; un veh&iacute;culo important&iacute;simo, pero tampoco rechazamos iniciar acciones legales all&aacute; donde sea preciso, si las empresas no interiorizan que la tecnolog&iacute;a no est&aacute; por encima de los derechos de las personas trabajadoras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Varela Ferrio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sindicatos-inteligencia-artificial-empleo-ugt_129_10194359.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2023 04:00:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El asalto de la IA a los trabajadores]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teletrabajo: una enmienda a la totalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/teletrabajo-enmienda-totalidad_129_6056603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3adf5c2-94b0-4a16-bdc7-c9ae4045b06d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Teletrabajo: una enmienda a la totalidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es algo anecdótico sino sintomático, los países con menor número de regulaciones sobre teletrabajo son aquellos donde más implantado se encuentra</p></div><p class="article-text">
        No, una mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles no hemos estado teletrabajando en los &uacute;ltimos meses. Y la muletilla &ldquo;el teletrabajo ha llegado para quedarse&rdquo; tiene m&aacute;s de eslogan que de afirmaci&oacute;n realista. Ambas creencias son la prueba definitiva de que tanto legisladores como empresas a&uacute;n no han entendido la verdadera dimensi&oacute;n del teletrabajo.
    </p><p class="article-text">
        El teletrabajo exige, por definici&oacute;n y entre otras condiciones, dos componentes: voluntariedad y alternancia. Voluntariedad a la hora de decidir, libremente por parte de la persona trabajadora (y de su empleador), si queremos trabajar a distancia o en nuestro centro de trabajo. Alternancia, puesto que la g&eacute;nesis del teletrabajo parte de simultanear trabajo en oficina con el que podamos realizar en otro lugar a nuestra conveniencia. Por tanto, lo que hemos venido desarrollando en esta fase de confinamiento no es teletrabajo, podr&iacute;amos denominarlo como una &ldquo;prestaci&oacute;n obligada del trabajo en el domicilio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El teletrabajo no puede haber llegado para quedarse puesto que lleva con nosotros dos d&eacute;cadas. Desde el Acuerdo Marco Europeo de 2002 hasta el Real Decreto-ley 6/2019, llevamos lustros intentando promover el teletrabajo en nuestro tejido productivo. Sin embargo, Espa&ntilde;a ha sufrido un grave retraso en esta materia, hasta el punto de que solo uno de cada 50 trabajadores estaba amparado por un convenio que permitiese el teletrabajo. Sobre si realmente existe voluntad para quedarse, lo veremos en los pr&oacute;ximos meses.
    </p><p class="article-text">
        En respuesta a todas estas circunstancias, UGT ha elaborado un exhaustivo estudio, sobre el que me gustar&iacute;a destacar s&oacute;lo algunas sus m&uacute;ltiples y valiosas propuestas. Empecemos por lo b&aacute;sico: el teletrabajo es una forma de organizaci&oacute;n del trabajo voluntaria y reversible, que alterna prestaci&oacute;n en domicilio y en el centro de trabajo, que nos ayuda a conciliar nuestras vidas (acompa&ntilde;ado de otro tipo de medidas coadyuvantes, como la adaptaci&oacute;n de la jornada y la flexibilidad horaria) y que consagra la plena igualdad de condiciones laborales entre trabajadores presenciales y a distancia. Y sobre estos cuatro pilares debe gravitar cualquier desarrollo normativo y legal del teletrabajo. A partir de estos principios b&aacute;sicos, se deben construir el resto de elementos: desde la dotaci&oacute;n de medios a la prevenci&oacute;n de riesgos y de la salud, pasando por la desconexi&oacute;n digital y registro de jornada, tiempo de teletrabajo, contrato de teletrabajo, compensaciones econ&oacute;micas, etc.
    </p><p class="article-text">
        Para el cumplimiento de dichas bases hace falta m&aacute;s que voluntad negociadora o legislativa: es preciso un cambio profundo de mentalidad. La implantaci&oacute;n del Teletrabajo no puede reducirse a que las personas puedan trabajar en sus casas. Exige de una reversi&oacute;n del <em>presencialismo</em> y del trabajo sin objetivos prefijados: el Teletrabajo implica un cambio en la forma y modo en la que se organiza el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        La prueba m&aacute;s evidente de que las empresas no han comprendido la esencia del teletrabajo, y todo lo que representa, es c&oacute;mo se ha trasladado el <em>presencialismo</em> de oficina a una suerte de <em>presencialismo</em> virtual o a distancia. Aprovechando el confinamiento, y por qu&eacute; no decirlo, el silente poder intimidatorio del empleador en un contexto de generalizada vulnerabilidad laboral (agudizada por la grave crisis econ&oacute;mica), los empleadores han aprovechado para alargar las jornadas de trabajo hasta extremos insoportables, salt&aacute;ndose a la torera las vigentes normas sobre horas extraordinarias, registro de jornada de trabajo y desconexi&oacute;n digital. A la hora de implantar este supuesto teletrabajo, las empresas nada han hecho ni por la conciliaci&oacute;n, ni por c&oacute;mo replantearse la organizaci&oacute;n de las tareas a distancia; han optado por volver al cl&aacute;sico y tradicional trabajo a destajo, aunque ello en nada contribuya a la productividad y resulte en un grave perjuicio sobre la salud de sus empleados.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante un aut&eacute;ntico desaf&iacute;o: hacer entender a empresas y legisladores que el teletrabajo va mucho m&aacute;s all&aacute; de trabajar desde casa. Una gran parte de nuestra labor ser&aacute; averiguar si el mundo de la empresa realmente quiere cambiar los modelos laborales pre-COVID-19, r&iacute;gidos y arbitrarios, por otros realmente novedosos; si queremos migrar del tradicional control improductivo hacia otro en donde las relaciones laborales est&eacute;n presididas por la objetividad. Si no partimos de esta base, cualquier esfuerzo corre un severo riesgo de quedarse en f&uacute;til: legislar no garantizar&aacute;n la implantaci&oacute;n exitosa del teletrabajo <em>per se</em>, demandar&aacute;n de un hondo cambio de mentalidad, de sensibilizaci&oacute;n y pedagog&iacute;a. De hecho, y no es algo anecd&oacute;tico sino sintom&aacute;tico, los pa&iacute;ses con menor n&uacute;mero de regulaciones sobre teletrabajo son aquellos donde m&aacute;s implantado se encuentra.
    </p><p class="article-text">
        Empresas y legislador deben plantearse el futuro del teletrabajo sobre tres claves: en primer lugar, tomar medidas para readaptar la organizaci&oacute;n del trabajo hacia una metodolog&iacute;a basada en objetivos empresariales predefinidos, medibles, razonables y alcanzables. En segundo, superar el control presencial, cambi&aacute;ndolo por otro de confianza mutua, de &ldquo;libertad con responsabilidad&rdquo;, de autonom&iacute;a, de &ldquo;hacerlo bien&rdquo; relegando el &ldquo;d&oacute;nde se hace&rdquo;. Y en tercero, tomar las decisiones necesarias para que el teletrabajo adquiera toda su dimensi&oacute;n como herramienta para conciliar la vida laboral, familiar y personal, solap&aacute;ndola con aut&eacute;nticas medidas de adaptaci&oacute;n de jornada y flexibilidad horaria.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante tres condicionantes que debemos exigir en cualquier negociaci&oacute;n futura. A partir de todas estas premisas, debemos elaborar leyes y normativas que articulen el resto de aspectos en la b&uacute;squeda del aut&eacute;ntico objetivo final: aprovechar la oportunidad que (desgraciadamente) ha abierto la pandemia para mejorar las condiciones laborales de las personas trabajadoras y para conformar un tejido productivo sostenible, fuerte y resistente ante futuras adversidades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Varela Ferrio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/teletrabajo-enmienda-totalidad_129_6056603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2020 20:17:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Teletrabajo,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Digitalización y desigualdad: ¿Volverá la lucha de clases?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/digitalizacion-desigualdad-volvera-lucha-clases_129_1201931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d02f72f-258c-4516-8e1f-4819a659f61e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si bien la automatización del empleo no es un proceso nuevo, la digitalización de la economía va a acelerar de forma exponencial esta tendencia a la polarización</p><p class="subtitle">La idea de un mundo laboral con un reducido número de personas trabajadoras cualificadas y un colectivo con poca cualificación ha dejado de ser distópica</p><p class="subtitle">Nuestra historia contiene demasiadas pruebas de los perjuicios que conllevaría consentir una sociedad dividida entre clases privilegiadas y oprimidas</p></div><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n de los mercados de trabajo es un proceso de orden mundial que lleva con nosotros no menos de 25 a&ntilde;os, en pleno &iacute;mpetu de la tercera revoluci&oacute;n industrial. La universalizaci&oacute;n de la inform&aacute;tica en empresas y hogares, junto con la eclosi&oacute;n de Internet, ha dado lugar a una tendencia que no ha cesado hasta el presente: la destrucci&oacute;n de puestos de trabajo con habilidades intermedias, en favor de aquellos que exigen mayor cualificaci&oacute;n. Una tendencia de la que Espa&ntilde;a es uno de sus mayores exponentes internacionales.
    </p><p class="article-text">
        De ello da buena cuenta la OCDE, que confirma que entre 1995 y 2015 nuestro mercado de trabajo ha destruido un 13,5% de empleo con habilidades medias, mientras que el empleo con alta cualificaci&oacute;n crec&iacute;a 10 puntos y el vinculado a habilidades inferiores, poco m&aacute;s de un 3%. La Uni&oacute;n Europea complementa estos datos afirmando que el empleo perdido corresponde, casi en su totalidad, a puestos de trabajo con una alta carga de tareas rutinarias, y, adem&aacute;s, muy concentrado en los sectores manufacturero y financiero. Estamos, por tanto, ante un comprobado vaciamiento de las clases medias, precisamente aquellas sobre las que se sustenta nuestro actual Estado de Bienestar, como consecuencia de un continuado proceso de automatizaci&oacute;n del empleo.
    </p><p class="article-text">
        Si bien la automatizaci&oacute;n del empleo no es un proceso nuevo (en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os creamos un 85% m&aacute;s de bienes, con un 33% menos de empleos), la digitalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a va a acelerar de forma exponencial esta tendencia a la polarizaci&oacute;n. La rob&oacute;tica de procesos, junto con los avances en la Inteligencia Artificial como consecuencia de las nuevas t&eacute;cnicas de machine learning, ya est&aacute;n en disposici&oacute;n, hoy mismo, de maquinizar el trabajo rutinario de millones de personas. Aunque las cifras difieren mucho entre los diferentes ensayos mundiales al respecto, desde los tres millones de empleos en riesgo que pronostica la OCDE, hasta los seis que calcula la Comisi&oacute;n Europea, lo cierto es que ya podemos asegurar que habr&aacute; millones de empleos que no se mantendr&aacute;n a lo largo de la pr&oacute;xima d&eacute;cada.
    </p><h3 class="article-text">Taylorismo digital</h3><p class="article-text">
        A ambos fen&oacute;menos (polarizaci&oacute;n por cualificaci&oacute;n y robotizaci&oacute;n de tareas) le debemos sumar la denominada plataformizaci&oacute;n de las relaciones laborales, que amenaza con trasladar el modelo de las plataformas digitales de reparto a la empresa tradicional. El trabajo bajo demanda controlado por algoritmos, que subastan porciones de trabajo (microtareas) a una nube de trabajadores (workers cloud; freelances), capaces de realizar estas actividades en cualquier lugar del mundo (tecnoglobalizaci&oacute;n) y al menor coste posible (pobreza laboral), constituye una vuelta al taylorismo en pleno siglo XXI: el taylorismo digital.
    </p><p class="article-text">
        La idea de un mundo laboral partido en dos, con un reducido n&uacute;mero de personas trabajadoras muy cualificadas, que toman decisiones y manejan, ejecutan y dise&ntilde;an algoritmos, y un mayoritario colectivo de personas con poca cualificaci&oacute;n y sujetos a las decisiones de dichos algoritmos, ha dejado de ser dist&oacute;pica. La perversi&oacute;n de este modelo es tan agresiva con las personas trabajadoras que incluso han dejado de ser eso, trabajadores, para pasar a ser &ldquo;colaboradores&rdquo;, como si el factor trabajo no fuese un medio de vida y solo significase un simple entretenimiento filantr&oacute;pico.
    </p><p class="article-text">
        En un contexto laboral como el descrito, con una tendente sustituci&oacute;n de personas por software, abonado con la precariedad, desigualdad y la polarizaci&oacute;n que ya vivimos, y vitaminado por la vuelta de tuerca que supondr&iacute;a el nuevo taylorismo digital, conforman una amenaza real si no le ponemos remedio. Un escenario que nos devuelve a los tiempos del movimiento obrero, el proletariado y la lucha de clases. Conceptos que muchos dan por muertos y que una digitalizaci&oacute;n acelerada y sin control podr&iacute;an reverdecer.
    </p><h3 class="article-text">Involuci&oacute;n en derechos adquiridos</h3><p class="article-text">
        El pasado y el presente de nuestra historia contienen demasiadas pruebas de los perjuicios que conllevar&iacute;a consentir una sociedad dividida entre clases privilegiadas y oprimidas, sin un reparto coherente de la riqueza a trav&eacute;s de mecanismos de redistribuci&oacute;n equitativos y justos. Solo dos ejemplos: las hambrunas que se produjeron durante la primera revoluci&oacute;n industrial, en las que miles de agricultores perdieron su medio de vida (una transici&oacute;n de dur&oacute; para muchos de ellos toda su vida); el sentimiento de vulnerabilidad que percibe una gran parte de nuestra ciudadan&iacute;a en la actualidad, sometida a la incertidumbre que supone una espiral de pobreza laboral sin alternativas ni ascensores sociales. Caldo de cultivo, como ya hemos comprobado con inmenso dolor en diferentes fases de nuestra civilizaci&oacute;n, para movimientos populistas, radicales y totalitaristas.
    </p><p class="article-text">
        Olvidamos, de forma injusta e inmerecida, cu&aacute;l fue el papel de los sindicatos en aquellos tiempos consagrados a la penalidad. De hecho, la pr&aacute;ctica totalidad de nuestros actuales derechos laborales, vigentes tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, nacen como respuesta a la explotaci&oacute;n surgida al calor de unas desaforadas revoluciones industriales, que normalizaron las jornadas de trabajo interminables o la explotaci&oacute;n infantil. Hoy sabemos que la humanidad dio un salto crucial cuando el Derecho al Trabajo se convirti&oacute; en un Derecho Fundamental; hecho imposible de concebir sin el sindicalismo como eje, herramienta y motor.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, como sociedad tenemos una elecci&oacute;n por delante: o nos dejamos llevar por las inercias que colocan el progreso y los negocios por encima de la humanidad, o demostramos que hemos aprendido del pasado, consensuando una transici&oacute;n centrada en las personas y donde no dejemos a nadie atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que se escuchen voces que tilden este planteamiento como catastrofista. O que describan propuestas como la distribuci&oacute;n de la riqueza, el reparto del trabajo o la reducci&oacute;n de la jornada y la vida laboral como falacias, ocurrencias o quimeras. Coincidir&iacute;an con las mismas voces que se opon&iacute;an a la jornada de ocho horas, a las vacaciones pagadas, al descenso dominical o al Impuesto de Sociedades. Las mismas voces que la historia ha arrumbado en el trastero de los necios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Varela Ferrio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/digitalizacion-desigualdad-volvera-lucha-clases_129_1201931.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2019 20:38:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Digitalización,Desigualdad,Mercado laboral,Precariedad]]></media:keywords>
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