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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel Manuel López Espada]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel-manuel-lopez-espada/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel Manuel López Espada]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hablar con los muertos: sobre 'Ouija' de Raciel Quirino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hablar-muertos-ouija-raciel-quirino_132_9247680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0063e7b6-2d81-49fe-a047-34b64df4e2b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar con los muertos: sobre &#039;Ouija&#039; de Raciel Quirino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Preguntas que también nos repetimos hasta la saciedad, en otro plano existencial, y que han hecho millonarios a Mr. Wonderful y tantos otros.</p></div><p class="article-text">
        Hablar con los muertos. Hablar con los muertos como un juego. Pensar que los muertos saben qu&eacute; es la muerte es como pensar que los vivos sabemos qu&eacute; es la vida. Sobre la vida nos preguntamos mientras estamos en ella. Y solos nos hacemos preguntas, porque somos islas rodeadas de incertidumbres que nos sobrepasan.
    </p><p class="article-text">
        Raciel Qurino ha estructurado esas preguntas a la luz incandescente de una <em>Ouija</em>. Pues qu&eacute; es una ouija sino un almac&eacute;n infinito de preguntas sin respuestas. Preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Solos o en coloquio con los muertos que nos rodean, los que llevamos siempre con nosotros, de la mano. Esos muertos que forman parte de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y resulta un libro de estructura impecable: nos dejamos atrapar por la trama de dicha estructura, en la que, quien porta el vaso, hace las preguntas obligatorias, las de manual de toda la vida, las t&iacute;picas preguntas del cat&aacute;logo de las ouijas a las que todos hemos recurrido alguna vez, cuando hemos jugado a creer en el m&aacute;s all&aacute;. La ouija, como todo lo que nos comunica con la muerte, hay que tom&aacute;rsela a juego. Como la literatura, tambi&eacute;n. Un juego. Un juego de preguntas sin respuestas. 
    </p><p class="article-text">
        Quirino nos mete de cabeza en el juego. &iquest;Es el poema la respuesta a esa pregunta institucional? &iquest;Es el poeta quien responde a esas preguntas o es alguien del m&aacute;s all&aacute;? Aqu&iacute; comienza el juego: no podemos saberlo. Nos enfrentamos a esas respuestas sin saber qui&eacute;n las pone sobre el tapete.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Ouija&#039; de Raciel Quirino                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En esa habitaci&oacute;n solo est&aacute; el poeta. No hay nadie m&aacute;s. Y el di&aacute;logo que se encarna ah&iacute;, en ese momento, puede rozar lo sobrenatural. El poeta siempre lleva una ouija a mano para ir buscando respuestas que llevar al papel en blanco.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Eres realmente quien dices ser? Esa es otra pregunta de manual de los buenos usos de la ouija. Y por Pessoa ya sabemos desde hace casi un siglo que el poeta, como los muertos, nos enga&ntilde;a, porque es un fraude. Como el muerto que habla: otro fraude. Y el poeta escribe para ser alguien en vida, para mantener la llama de la fama que se puso tan de moda hace cuatro mil a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; extra&ntilde;as de esta vida?, le pregunta Quirino a la ouija o al poeta que ve al otro lado del espejo. Ese misterio que soporta el libro no lo vamos a descifrar. Es irrelevante saber qui&eacute;n responde a esas preguntas realmente. La clave del libro est&aacute; en que nosotros, como lectores, tambi&eacute;n respondemos a esas preguntas. Antes de leer la respuesta, respondemos por nosotros mismos. Nos miramos en el espejo que hay en toda ouija y nos respondemos, sabiendo que si escuchamos las respuestas es porque todav&iacute;a no estamos muertos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y d&oacute;nde van los esp&iacute;ritus cuando la casa que habitan es demolida? Al poema. A la mochila que llevar&aacute; el poeta de esos muertos que dijimos que le acompa&ntilde;ar&iacute;an. Porque cuando perdemos la inocencia solo nos queda ser demonios que arrastran o trasportan muertos. Para un poeta, la ouija es su cuaderno, y con el l&aacute;piz o la pluma vamos creando figuras para hacerles preguntas sin respuestas al m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La primera parte, la magia negra, termina con la ideal del fin del mundo. Porque a los muertos les hacemos las mismas id&eacute;nticas preguntas que les hac&iacute;amos cuando estaban en vida, aun sabiendo que todav&iacute;a no han aprendido a contestarlas. Aun sabiendo que, si nos dan la respuesta que no queremos escuchar, no aceptaremos, como anta&ntilde;o en vida, sus respuestas.
    </p><p class="article-text">
        La segunda parte, la magia blanca, se inicia con una cita de la misma poeta que abr&iacute;a el cat&aacute;logo de la magia negra. En el fondo, para un ser de luz tenemos las mismas preguntas. Porque tenemos las mismas preguntas para todo. Porque los poetas somos muy cansinos y desde que sabemos que hay un m&aacute;s all&aacute; (o, peor a&uacute;n, sabemos que no lo hay) nos obcecamos en comprender la muerte, olvid&aacute;ndonos en muchos casos de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Las preguntas de la magia blanca que van respondi&eacute;ndose en esta parte son las t&iacute;picas preguntas de consultorio de revista que hab&iacute;a en los 80, cuando un escritor en n&oacute;mina, o un becario ten&iacute;a que rellenar dos p&aacute;ginas con preguntas asombrosas que ped&iacute;an a gritos historias desconcertantes con extracci&oacute;n de moraleja. &iquest;Hay algo que necesite saber para vivir mejor? &iquest;C&oacute;mo puedo mejorar mi relaci&oacute;n con los dem&aacute;s? &iquest;Hay alguien que quiera hacerme da&ntilde;o?
    </p><p class="article-text">
        Preguntas que tambi&eacute;n nos repetimos hasta la saciedad, en otro plano existencial, y que han hecho millonarios a Mr. Wonderful y tantos otros.
    </p><p class="article-text">
        Estas preguntas, sin embargo, nos duelen m&aacute;s, nos hieren m&aacute;s. Son preguntas que no vienen del &eacute;ter, que est&aacute;n en la tierra. Preguntas que masticamos todos los d&iacute;as, con sabor a yeso o mamposter&iacute;a. Enfrentarnos a preguntas como &iquest;puedo confiar en la gente que me rodea?, o &iquest;estoy con la persona correcta? contienen m&aacute;s peligros y miedos que las precedentes.
    </p><p class="article-text">
        Y Quirino no nos propone ninguna respuesta. No nos muestra su cat&aacute;logo, consciente de que, como hemos dicho anteriormente, primero contestaremos a la pregunta, y m&aacute;s tarde nos abocaremos al poema-respuesta. 
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de Quirino es que si le aplicamos poes&iacute;a a esas preguntas es probable que podamos ver y entender la vida y la muerte como un s&iacute; y un no dentro de un juego en el que todos jugamos por primera vez sin haberle hecho mucho caso a las reglas del juego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Manuel López Espada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hablar-muertos-ouija-raciel-quirino_132_9247680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Aug 2022 16:28:52 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Hablar con los muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/hablar-muertos_132_9223760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53ee5cfb-2a54-4fc0-82ec-f53e04abcaf0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar con los muertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre Ouija (Liliputienses, 2020), de Raciel Quirino</p></div><p class="article-text">
        Hablar con los muertos. Hablar con los muertos como un juego. Pensar que los muertos saben qu&eacute; es la muerte es como pensar que los vivos sabemos qu&eacute; es la vida. Sobre la vida nos preguntamos mientras estamos en ella. Y solos nos hacemos preguntas, porque somos islas rodeadas de incertidumbres que nos sobrepasan.
    </p><p class="article-text">
        Raciel Quirino ha estructurado esas preguntas a la luz incandescente de una <em>Ouija</em>. Pues qu&eacute; es una ouija sino un almac&eacute;n infinito de preguntas sin respuestas. Preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Solos o en coloquio con los muertos que nos rodean, los que llevamos siempre con nosotros, de la mano. Esos muertos que forman parte de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y resulta un libro de estructura impecable: nos dejamos atrapar por la trama de dicha estructura, en la que quien porta el vaso hace las preguntas obligatorias, las de manual de toda la vida, las t&iacute;picas preguntas del cat&aacute;logo de las ouijas a las que todos hemos recurrido alguna vez, cuando hemos jugado a creer en el m&aacute;s all&aacute;. La ouija, como todo lo que nos comunica con la muerte, hay que tom&aacute;rsela a juego. Como la literatura, tambi&eacute;n. Un juego. Un juego de preguntas sin respuestas. 
    </p><p class="article-text">
        Quirino nos mete de cabeza en el juego &iquest;Es el poema la respuesta a esa pregunta institucional? &iquest;Es el poeta quien responde a esas preguntas o es alguien del m&aacute;s all&aacute;? Aqu&iacute; comienza el juego: no podemos saberlo. Nos enfrentamos a esas respuestas sin saber qui&eacute;n las pone sobre el tapete.
    </p><p class="article-text">
        En esa habitaci&oacute;n solo est&aacute; el poeta. No hay nadie m&aacute;s. Y el di&aacute;logo que se encarna ah&iacute;, en ese momento, puede rozar lo sobrenatural. El poeta siempre lleva una ouija a mano para ir buscando respuestas que llevar al papel en blanco.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Eres realmente quien dices ser? Esa es otra pregunta de manual de los buenos usos de la ouija. Y por Pessoa ya sabemos desde hace casi un siglo que el poeta, como los muertos, nos enga&ntilde;a, porque es un fraude. Como el muerto que habla: otro fraude. Y el poeta escribe para ser alguien en vida, para mantener la llama de la fama que se puso tan de moda hace cuatro mil a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; extra&ntilde;as de esta vida?, le pregunta Quirino a la ouija o al poeta que ve al otro lado del espejo. Ese misterio que soporta el libro no lo vamos a descifrar. Es irrelevante saber qui&eacute;n responde a esas preguntas realmente. La clave del libro est&aacute; en que nosotros, como lectores, tambi&eacute;n respondemos a esas preguntas. Antes de leer la respuesta, respondemos por nosotros mismos. Nos miramos en el espejo que hay en toda ouija y nos respondemos, sabiendo que si escuchamos las respuestas es porque todav&iacute;a no estamos muertos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y d&oacute;nde van los esp&iacute;ritus cuando la casa que habitan es demolida? Al poema. A la mochila que llevar&aacute; el poeta de esos muertos que dijimos que le acompa&ntilde;ar&iacute;an. Porque cuando perdemos la inocencia solo nos queda ser demonios que arrastran o trasportan muertos. Para un poeta, la ouija es su cuaderno, y con el l&aacute;piz o la pluma vamos creando figuras para hacerles preguntas sin respuestas al m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La primera parte, la magia negra, termina con la ideal del fin del mundo. Porque a los muertos les hacemos las mismas id&eacute;nticas preguntas que les hac&iacute;amos cuando estaban en vida, aun sabiendo que todav&iacute;a no han aprendido a contestarlas. Aun sabiendo que, si nos dan la respuesta que no queremos escuchar, no aceptaremos, como anta&ntilde;o en vida, sus respuestas.
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            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/01225461-9b1b-4d5a-b3c7-3069112f36ef_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
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        La segunda parte, la magia blanca, se inicia con una cita de la misma poeta que abr&iacute;a el cat&aacute;logo de la magia negra. En el fondo, para un ser de luz tenemos las mismas preguntas. Porque tenemos las mismas preguntas para todo. Porque los poetas somos muy cansinos y desde que sabemos que hay un m&aacute;s all&aacute; (o, peor a&uacute;n, sabemos que no lo hay) nos obcecamos en comprender la muerte, olvid&aacute;ndonos en muchos casos de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Las preguntas de la magia blanca que van respondi&eacute;ndose en esta parte son las t&iacute;picas preguntas de consultorio de revista que hab&iacute;a en los 80, cuando un escritor en n&oacute;mina, o un becario ten&iacute;a que rellenar dos p&aacute;ginas con preguntas asombrosas que ped&iacute;an a gritos historias desconcertantes con extracci&oacute;n de moraleja. &iquest;Hay algo que necesite saber para vivir mejor? &iquest;C&oacute;mo puedo mejorar mi relaci&oacute;n con los dem&aacute;s? &iquest;Hay alguien que quiera hacerme da&ntilde;o?
    </p><p class="article-text">
        Preguntas que tambi&eacute;n nos repetimos hasta la saciedad, en otro plano existencial, y que han hecho millonarios a Mr. Wonderful y tantos otros.
    </p><p class="article-text">
        Estas preguntas, sin embargo, nos duelen m&aacute;s, nos hieren m&aacute;s. Son preguntas que no vienen del &eacute;ter, que est&aacute;n en la tierra. Preguntas que masticamos todos los d&iacute;as, con sabor a yeso o mamposter&iacute;a. Enfrentarnos a preguntas como &iquest;puedo confiar en la gente que me rodea?, o &iquest;estoy con la persona correcta? contienen m&aacute;s peligros y miedos que las precedentes.
    </p><p class="article-text">
         Y Quirino no nos propone ninguna respuesta. No nos muestra su cat&aacute;logo, consciente de que, como hemos dicho anteriormente, primero contestaremos a la pregunta, y m&aacute;s tarde nos abocaremos al poema-respuesta. 
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de Quirino es que si le aplicamos poes&iacute;a a esas preguntas es probable que podamos ver y entender la vida y la muerte como un s&iacute; y un no dentro de un juego en el que todos jugamos por primera vez sin haberle hecho mucho caso a las reglas del juego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Manuel López Espada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/hablar-muertos_132_9223760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Aug 2022 14:20:35 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La mejor de las vainas: una lectura de 'Leve' de José Manuel Gallardo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/mejor-vainas-lectura-leve-jose-manuel-gallardo_132_8952160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23849ce2-59f1-4705-8b2b-efb7c2a46fc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mejor de las vainas: una lectura de &#039;Leve&#039; de José Manuel Gallardo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como hacían los judíos, que recrearon en sus diarios “lo vivido” en los campos de concentración para no olvidarse de que había sucedido, Leve desgrana un largo proceso de una enfermedad en la que la poesía es una medicina para sostener las cuatro certezas del poeta.</p></div><p class="article-text">
        Como es harto sabido, los romanos les pon&iacute;an a los generales una figura a su lado durante los paseos victoriosos en los que eran laureados y aclamados por todo su pueblo y donde sus haza&ntilde;as eran <em>vox populi</em>. Se encargaban estos se&ntilde;ores de ir record&aacute;ndoles que en alg&uacute;n momento morir&iacute;an, para que las glorias ef&iacute;meras no se le subieran a la cabeza en demas&iacute;a. En poes&iacute;a (anda que no saben de las glorias ef&iacute;meras los poetas) esto lo convertimos en un t&oacute;pico literario y no nos ha ido nada mal. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Leve</em>, de Jos&eacute; Manuel Gallardo, es una suerte de <em>memento mori</em>, que el propio yo po&eacute;tico se repite como un mantra o una letan&iacute;a durante todo el libro, con la idea de no olvidar por qu&eacute; es tan necesario escribir y leer poes&iacute;a, casi tan necesario como respirar. Como hac&iacute;an los jud&iacute;os, que recrearon en sus diarios &ldquo;lo vivido&rdquo; en los campos de concentraci&oacute;n para no olvidarse de que hab&iacute;a sucedido, <em>Leve</em> desgrana un largo proceso de una enfermedad en la que la poes&iacute;a es una medicina para sostener las cuatro certezas del poeta.
    </p><p class="article-text">
        Es, por tanto, un testamento po&eacute;tico de alguien que se aferra a las certidumbres. Es un libro que rebosa actualidad. Si algo hizo 2020 es recordarnos lo que somos: leves. Y que, como dice el &uacute;ltimo poema de la tercera parte del libro, <em>El tiempo forma parte del camino</em>. El tiempo, que el autor de <em>Leve</em> simboliza en un &aacute;rbol. Bueno, ni siquiera en eso, en algo m&aacute;s leve: el dibujo de un &aacute;rbol. Un &aacute;rbol que fue semilla, como toda muerte nace tambi&eacute;n de una semilla. Todo comienzo se adentra en una vaina. O en una vagina. Es curioso que la ra&iacute;z latina es la misma en ambas. La primera no nos dice mucho y la segunda ha provocado que algunos lectores ya hayan torcido el morro. Eso es lo que nos recuerda Gallardo en <em>Tree</em>: en cuanto nos suelta la vaina estamos desprotegidos, somos tanto o m&aacute;s fr&aacute;giles cuanto m&aacute;s fuerte nos pensamos. Somos vulnerables, por mucho que nos creamos reyes, ahora que algunos vindican la invulnerabilidad de ciertos reyes como si la vida les fuera en ello.
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                &#039;Leve&#039; de José Manuel Gallardo                            </span>
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        Es un libro que habla de la herencia, del testamento que dejamos. Versos dictados por el miedo, por ese miedo a la herencia gen&eacute;tica que no sabe si sus hijas tendr&aacute;n que sufrir. Es un canto a la &uacute;nica incertidumbre que nos aterra: qu&eacute; dejaremos como legado. Bien poco, si hacemos una lectura de los &uacute;ltimos a&ntilde;os y c&oacute;mo fuimos derivando desde el &ldquo;todo va a salir bien&rdquo; al &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo; en apenas unas semanas. Gallardo deja <em>Leve</em> como legado. Libro que abre una etapa: la de la madurez po&eacute;tica del madrile&ntilde;o, que hasta este momento no hab&iacute;a tomado conciencia del potencial que se resguardaba en su vaina y que sus seguidores vislumbramos ya en algunos retazos memorables de <em>Infinitos monos</em> (El Desvelo, 2016).
    </p><p class="article-text">
        En esa herencia en forma de enfermedad que ha recibido, lejos de culpar a sus mayores, nos habla de ellos con la mayor de las gratitudes. Las herencias que nos condenan tambi&eacute;n nos forjan, nos modelan en la sabidur&iacute;a. Como tributo a esa herencia adquirida, Gallardo nos regala dos de los mejores momentos: el poema que abre la segunda parte del libro (&ldquo;<em>Abuela, t&uacute; que est&aacute;s presente</em>&rdquo;) y <em>Mi abuelo traga con agua las pastillas</em>, un poema-espejo en el que se ver&aacute; reflejado quienquiera que se acerque al libro.
    </p><p class="article-text">
        <em>Leve</em> aglutina unos versos que son de todo menos ligeros. Su peso es el de la Poes&iacute;a, una de las mejores vainas para protegernos de todo lo impuro, de todo lo malo y podrido que contenemos dentro. De aquello que no nos gusta. 
    </p><p class="article-text">
        Les dije que hablar&iacute;amos de todo el amor que hay en este libro, pero eso ser&iacute;a repasar, analizar y saborear cada uno de los versos que pueblan estos poemas de la certidumbre de nuestra levedad. Por eso inventamos esa arma indestructible que nos hace superh&eacute;roes: el amor. Si algo nos recuerda <em>Leve</em>, como si fuera una pandemia, es lo importante que es. Por consiguiente, desde ahora hablaremos del amor del libro. Yo me callar&eacute; para ello. Y ustedes leer&aacute;n. Y as&iacute; iremos hablando del amor, la mejor de las vainas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Manuel López Espada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/mejor-vainas-lectura-leve-jose-manuel-gallardo_132_8952160.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Apr 2022 15:51:30 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un universo dentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/universo-dentro_132_5964188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad85ac9f-208a-4181-8cba-ae1430509873_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un universo dentro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una lectura de El mar en las cenizas, de José Alcaraz (Rial, Madrid, 2019)</p></div><p class="article-text">
        La honesta voz po&eacute;tica de Jos&eacute; Alcaraz se refuerza con cada nuevo libro que publica. Su responsabilidad ante la idea de configurarse una po&eacute;tica (a la antigua usanza de esa palabra, tan manida como mal usada), nos obliga a sus lectores a un cierto compromiso. Como a esos autores a los que uno recibe con temor y estupor. Temor porque cualquier lector de Alcaraz es consciente de que no saldr&aacute; de una pieza de esa lid: la de enfrentarse a su manera de entender la poes&iacute;a. Temor ante el placer de enfrentarse a su l&iacute;rica. Estupor, pues siempre sube la cota.
    </p><p class="article-text">
        El mar en las cenizas no es un poemario &ldquo;de los de ahora&rdquo;. Fue acc&eacute;sit del Adonais. Y eso, en muchos terru&ntilde;os desnortados, suena a obsolescencia. En redes sociales, directamente a rancio. O, peor, ni siquiera saben de qu&eacute; estamos hablando cuando hablamos del Adonais.
    </p><p class="article-text">
        En su corta carrera po&eacute;tica, Alcaraz nos ha ense&ntilde;ado mucho. Forma parte de una generaci&oacute;n de poetas murcianos que se toman las cosas en serio y que no adelantan trabajo, porque saben que el poema tambi&eacute;n se escribe siempre en el futuro. Que la esencia del poema, lo que fue y lo que nos inspira, es distinta del hoy, donde surge la llama, la luz, y lo escribimos. Pero que lo es m&aacute;s, si cabe, el poema resultante en el ma&ntilde;ana, cuando volvamos a &eacute;l. Y, fundamentalmente, que es otro por completo para el lector. Que se emocionar&aacute; con &eacute;l, s&iacute;, pero por motivos que le son ajenos ya al poeta.
    </p><p class="article-text">
        Por mucho que poeta y lector hayan ido a la misma playa todos los veranos y la hayan sentido igual, no es la misma playa. No lo es. Y ah&iacute; tambi&eacute;n radica la magia, lo l&uacute;dico del poema: dos realidades distintas se imbrican dentro del poema, obligando tanto al lector como al poeta a modificarse. No solo en el proceso resultante de la escritura, sino en el definitivo de la lectura. Es decir: la playa del lector modifica la del poema para hacerla universal. Pues todo poema contiene un universo dentro.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al libro, que para eso est&aacute;n ustedes aqu&iacute;. Volvamos a la concisi&oacute;n, si eso es posible en una rese&ntilde;a. Porque el verso de Alcaraz es conciso. Recordemos que su espl&eacute;ndido primer libro era un peque&ntilde;o homenaje a la glosa. Y todos sabemos que la glosa ha de ser concisa y precisa. Que una glosa que se extienda m&aacute;s all&aacute; del poema ser&aacute; otra cosa. Un tratado, quiz&aacute;. O un intento de algo, pero no una glosa.
    </p><p class="article-text">
        En El mar en las cenizas regresa Alcaraz a esa exhaustiva concisi&oacute;n que hace que su verso perdure, no solo en la p&aacute;gina, tambi&eacute;n en nuestras p&aacute;ginas del alma. En esa biblioteca del alma que los lectores de poes&iacute;a tenemos. Un verso conciso, dig&aacute;moslo ya, no es un verso liviano. O fr&iacute;volo, como parece que se impone en otras po&eacute;ticas actuales, muy poco afines a las del cartagenero. Al verso de Alcaraz de este libro hay que entrar concentrado. Pues es muy consciente este poema de que cada s&iacute;laba ha de pesar una arroba. Hay que haber estirado primero los m&uacute;sculos del cuello y haber descargado las sienes de su fatiga, para que nuestra lectura est&eacute; predispuesta al ejercicio y al esfuerzo. Es un verso que, desde luego, no es ceniza. Y que se apoya constantemente en el ejercicio po&eacute;tico, en la labor de amanuense del poeta, en su labor de artesano, en el taller entre velas del burgo. Pero creando un Universo en toda esa arquitectura metapo&eacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pasan los d&iacute;as / y ni una sola palabra escribo, / pero versos y versos / en blanco se suceden, / vac&iacute;as y hermosas p&aacute;ginas / sin nada que importe / ni&nbsp; que temer&rdquo;. La dicha de la espera tambi&eacute;n nutre al poeta, lo trasforma. No hace falta esa costumbre radical del nulla die sine l&iacute;nea, pues el poeta es consciente de que el poema est&aacute;, es consciente del verso. Solo que cada hoja en blanco tiene su periodo de fermentaci&oacute;n. Y cada uno de ellos var&iacute;a, seg&uacute;n lo que resulte despu&eacute;s. Darle el mismo tiempo de fermentaci&oacute;n a cada poema, como si de una masa de pan se tratara, es el error incorregible de este siglo. Y ahora que, confinados, volvemos a hacer pan en nuestras min&uacute;sculas casas, reconvertidas en templos de la cotidianeidad, esto tendr&iacute;a que quedar n&iacute;tido, como un escaparate de El Corte Ingl&eacute;s en Navidad.
    </p><p class="article-text">
        Como suele suceder bastante a menudo, el poeta, Alcaraz, lo explica mucho mejor: &ldquo;Escribir / como si cada golpe de tecla / - cada contacto de la tinta en el papel - / fuera llevar el dedo a la llaga de la vida / para creer en ella una vez m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pues eso. Poco m&aacute;s me queda por a&ntilde;adir. Este libro sobresaliente de Alcaraz, exquisito en su factura, elegante en su verso y firme en su arquitrabe y concepci&oacute;n, es como esa llaga de la que habla. Esa llaga f&iacute;sica que tenemos y que tocamos a menudo cuando est&aacute; para recordar que estamos vivos. Y esto, en los tiempos en los que estamos ahora mismo, es muy importante. Como la poes&iacute;a de Alcaraz. Como este libro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Manuel López Espada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/universo-dentro_132_5964188.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2020 08:02:15 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Una época en la que lo natural era negar: una lectura de 'La noche de Auschwitz', de Piera Sonnino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/natural-lectura-auschwitz-piera-sonnino_132_1197271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03f60580-4ae5-46ee-9882-d75046ba1f3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una época en la que lo natural era negar: una lectura de &#039;La noche de Auschwitz&#039;, de Piera Sonnino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las teorías negacionistas del Holocausto. Ese escupitajo en toda la cara al siglo XX y a sus atrocidades. Que las hubo, no dejemos que se olvide. Aunque Instagram no pueda refrendarlo</p><p class="subtitle">Pero, nos guste o no, Auschwitz no ha muerto. No ha desaparecido. Nunca se fue, por eso nos esforzamos tanto en negarlo. Auschwitz está ahí, en cada esquina</p><p class="subtitle">Culpa y vergüenza. Dos sustantivos que observo siempre que leo testimonios de los judíos supervivientes</p></div><p class="article-text">
        Piera Sonnino nunca quiso ser escritora. No fue, ni mucho menos, Ana Frank. No quiso, es evidente, haberse visto en el contexto que se propici&oacute; para que ella se viera obligada a redactar 'La noche de Auschwitz'. Si nos ha llegado este texto no ha sido por su propia voluntad. Nunca lo fue. Ella, as&iacute; se entiende, lo escribi&oacute; para no olvidarse de aquello, para no olvidarse de haberlo vivido. En una &eacute;poca en que lo natural era negar. Que lo racional era pensar que nada de aquello iba con ellos. &iquest;Les suena de algo? Las teor&iacute;as negacionistas del Holocausto. Ese escupitajo en toda la cara al siglo XX y a sus atrocidades. Que las hubo, no dejemos que se olvide. Aunque Instagram no pueda refrendarlo.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, no es 'La noche de Auschwitz' un testimonio revelador de lo que pas&oacute; all&iacute;, en aquellos d&iacute;as en que los alemanes quisieron borrar la Historia. Es un sumidero de recuerdos repetidos en voz alta por uno de los miles de testigos de lo que sucedi&oacute;. Que no quiso decirnos nada. La verg&uuml;enza que la propia familia Sonnino mantuvo hasta el final de su vida obliga a Piera, la &uacute;nica superviviente, a esconder el texto, su texto, su testimonio, hasta mucho despu&eacute;s de su muerte. Culpa y verg&uuml;enza. Dos sustantivos que observo siempre que leo testimonios de los jud&iacute;os supervivientes. La lectura de Sonnino, como la de Ginzburg un poco tambi&eacute;n, es la de que los jud&iacute;os eran conscientes de lo que suceder&iacute;a, presum&iacute;an lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s de los guetos, que aquello, como decimos ahora, ten&iacute;a muy mala pinta y no pod&iacute;a acabar bien para ninguno de los suyos. Que los nazis se la ten&iacute;an jurada y, a pesar de ello, no quisieron creerlo, no asumieron el espanto que todo aquello les representaba. Que alguien quiera acabar con toda tu raza por un capricho. Que eso sucediera en el siglo XX. Que los alemanes, que estaban perdiendo mientras tanto una guerra mundial (la segunda, por cierto), hicieron todo lo imposible por tener bien repletos los crematorios a cada hora. 
    </p><p class="article-text">
        Piera, una italiana corriente a la que la Historia quiso hacer protagonista de la manera m&aacute;s cruel, escribe su propio testimonio para ella, para que aquellas im&aacute;genes que comenzaban a diluirse en su memoria estuvieran vigentes. Para, quiz&aacute;s, no negarse a ella misma lo que otros le negaron. Escribi&oacute; para decirse: &ldquo;No, existi&oacute;, al menos para m&iacute;, porque lo viv&iacute;, y estas cuartillas as&iacute; me lo atestiguan&rdquo;. No se lo dio al mundo, ya que a ella le daba lo mismo que el mundo lo supiera o no. El Holocausto, a comienzos de los 60, ya se hab&iacute;a negado bastante. Y continuar&iacute;a siendo negado. Como tantas cosas que hoy se niegan en 2019. Y las que nos quedan por negar. Que esto solo es cuesti&oacute;n de cogerle el gusto. Si todo el mundo lo niega, &iquest;c&oacute;mo sabremos que ha existido?
    </p><p class="article-text">
        Piera Sonnino fue la &uacute;nica superviviente de su familia. Una familia que en la actualidad llamar&iacute;amos numerosa. Su memoria nos ha llegado gracias a sus hijas, que llevan el nombre de sus t&iacute;as, las hermanas de Piera, a las que tantas veces hemos negado.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es este testimonio necesario? &iquest;Hay que leer este libro? La respuesta es evidente, ahora que estamos cerca del 2020, una fecha dist&oacute;pica por excelencia: no. Como texto literario, est&aacute; a a&ntilde;os luz de un Primo Levi, por ejemplo. Pero, nos guste o no, Auschwitz no ha muerto. No ha desaparecido. Nunca se fue, por eso nos esforzamos tanto en negarlo. Auschwitz est&aacute; ah&iacute;, en cada esquina. Porque, seamos sinceros, est&aacute; dentro de nosotros. Por mucho que lo neguemos, mientras haya un solo Hombre por aqu&iacute;, Auschwitz seguir&aacute; estando vivo. Y, por ello, es tan urgente el testimonio de Piera Sonnino. Porque todos somos ella, ya que la justificaci&oacute;n de ese suceso es tan banal como absurdo. Todos podr&iacute;amos haber escrito ese testimonio, dadas las circunstancias.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s terrible, y por lo que intuyo y concluyo que 'La noche de Auschwitz' es una lectura necesaria, es que quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a, por el motivo que sea, nos veamos volcados a escribirlo. De nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Manuel López Espada]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Dec 2019 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una época en la que lo natural era negar: una lectura de 'La noche de Auschwitz', de Piera Sonnino]]></media:title>
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