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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pedro L. Lomas]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Emergencia socioecológica y agudización de la crisis de biodiversidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/emergencia-socioecologica-agudizacion-crisis-biodiversidad_132_1195632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd363ddd-54cf-459a-a06f-9eebd00a1985_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emergencia socioecológica y agudización de la crisis de biodiversidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De los aproximadamente ocho millones de especies que se conocen, más de un millón se encontrarían en peligro de extinción en las próximas décadas</p><p class="subtitle">La biodiversidad, por su papel dentro de ciclos biogeoquímicos como los del agua, el carbono, el nitrógeno o el fósforo, es uno de los principales elementos reguladores de las condiciones en las que se desarrolla nuestra propia vida</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as se celebra en Madrid la vigesimoquinta reuni&oacute;n de las partes del Convenio Marco sobre Cambio Clim&aacute;tico de Naciones Unidas (COP25), con una llamada urgente a actuar ante las consecuencias, cada vez m&aacute;s evidentes, del indiscutible calentamiento de origen antropog&eacute;nico que est&aacute; sufriendo el planeta. En las reuniones que est&aacute;n teniendo lugar en la zona azul se hablar&aacute; mucho sobre c&oacute;mo atajar sus consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente, el cambio clim&aacute;tico no viene solo, sino que se trata de una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de una enfermedad que presenta muchas caras, a la que denominamos cambio global, y que tiene como origen &uacute;ltimo el aumento y la aceleraci&oacute;n de la actividad humana sobre el planeta. Una de las consecuencias m&aacute;s importantes que tenemos que abordar en este contexto de cambio global y emergencia clim&aacute;tica ser&aacute;, sin duda alguna, la aceleraci&oacute;n de la crisis de la biodiversidad.
    </p><p class="article-text">
        El pasado mes de mayo, el Panel Intergubernamental de Ciencia y Pol&iacute;tica sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas de Naciones Unidas (IPBES), presentaba en Par&iacute;s un informe sobre el estado global de la biodiversidad y sus cambios durante el &uacute;ltimo medio siglo. En este exhaustivo informe, se pusieron sobre la mesa las cifras del reto que tiene la humanidad por delante. As&iacute;, de los aproximadamente 8 millones de especies que se conocen hoy d&iacute;a, se ha calculado que m&aacute;s de un mill&oacute;n se encontrar&iacute;an en peligro de extinci&oacute;n en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. La conclusi&oacute;n no podr&iacute;a ser m&aacute;s alarmante, puesto que el ritmo de la desaparici&oacute;n de especies en nuestro planeta se estar&iacute;a acelerando, estim&aacute;ndose, al menos, entre decenas y cientos de veces mayor que el ritmo medio de las extinciones naturales conocidas en los &uacute;ltimos 10 millones de a&ntilde;os. Estos datos nos situar&iacute;an ante una situaci&oacute;n pr&aacute;cticamente sin precedentes dentro de la historia de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Aunque hay quien, caricaturizando la cuesti&oacute;n, trata de se&ntilde;alar &eacute;ste como un problema de ricos, con sus necesidades materiales cubiertas, que tienen inquietudes &eacute;ticas y/o est&eacute;ticas, no estamos hablando de un problema menor. Hay que entender que la diversidad de la vida, en sus distintos niveles (gen&eacute;tica, de especies y de ecosistemas), no es s&oacute;lo la fuente de los recursos naturales y la que presenta los mecanismos que procesan los residuos, emisiones y vertidos en los que se basa directa o indirectamente toda nuestra actividad econ&oacute;mica y nuestra supervivencia material, sino que tambi&eacute;n es uno de los principales elementos reguladores de las condiciones en las que se desarrolla la vida en nuestro planeta, tambi&eacute;n la nuestra, por su papel dentro de ciclos biogeoqu&iacute;micos como los del agua, el carbono, el nitr&oacute;geno o el f&oacute;sforo. La casi total certeza de que los objetivos para frenar la p&eacute;rdida de biodiversidad en 2020 tienen pocas probabilidades de cumplirse, tal y como se ha concluido el mes pasado en la &uacute;ltima conferencia de las partes del Convenio de Biodiversidad en Egipto (COP14), a buen seguro influir&aacute; en la viabilidad de muchos de los objetivos de la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 (Objetivos de Desarrollo del Milenio), afectando tambi&eacute;n a las metas de otros convenios internacionales (Desertificaci&oacute;n, Cambio Clim&aacute;tico, Humedales, etc.).
    </p><p class="article-text">
        Las causas &uacute;ltimas de esta situaci&oacute;n hay que buscarlas en el aumento y la aceleraci&oacute;n de la actividad humana debido a la adopci&oacute;n de un modelo socioecon&oacute;mico insostenible. Tal y como se&ntilde;ala IPBES, dicho modelo est&aacute; en la base de procesos de urbanizaci&oacute;n y fragmentaci&oacute;n territorial, expansi&oacute;n de la frontera agr&iacute;cola e intensificaci&oacute;n de las actividades asociadas, as&iacute; como el aumento de la presi&oacute;n sobre el mar, que han producido enormes cambios en los usos del suelo y del mar; tambi&eacute;n de aumentos de la contaminaci&oacute;n del suelo, el mar y el aire, lo que ha afectado a multitud de especies, incluida la nuestra, siendo una causa reconocida de numerosas enfermedades cr&oacute;nicas y muertes prematuras; o del incremento del 40% en los registros de especies invasoras afectando a una quinta parte del planeta, con los impactos que eso tiene sobre las especies locales, que han ca&iacute;do un 20%, as&iacute; como en el funcionamiento de los ecosistemas; y, tambi&eacute;n del calentamiento global, cuyo aumento de algo m&aacute;s de 1&ordm;C en la temperatura del a&ntilde;o 2017 con respecto a los niveles pre-industriales, subida de entre 16 y 21 cm de los niveles del mar con respecto a principios del siglo XX, as&iacute; como aumento creciente en n&uacute;mero e intensidad de los fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos extremos, con las consecuencias asociadas (fuegos, inundaciones, sequ&iacute;as, etc.), est&aacute;n teniendo impactos considerables sobre distintos aspectos de los ecosistemas, tales como su distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica, sus ritmos, la din&aacute;mica de las poblaciones, y el funcionamiento de los mismos, as&iacute; como consecuencias indirectas sobre las actividades humanas dependientes de la explotaci&oacute;n de estos sistemas.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, no es posible implementar una sola receta, sino que es necesario abanderar el desarrollo de m&uacute;ltiples soluciones. Por un lado, estar&aacute;n las medidas de gobernanza encaminadas a afrontar el reto de la coordinaci&oacute;n institucional, y la participaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n ciudadana; tambi&eacute;n ser&aacute;n necesarias pol&iacute;ticas concretas que reduzcan de modo absoluto, a nivel global, el carrusel de producci&oacute;n y consumo de bienes y servicios econ&oacute;micos, con la disminuci&oacute;n asociada en el consumo material y energ&eacute;tico y sus consecuencias ambientales, indisolublemente acoplados; a la vez, es necesario poner en marcha modelos de gesti&oacute;n integrada para coordinar a las distintas pol&iacute;ticas sectoriales en su coherencia con los objetivos de conservaci&oacute;n y protecci&oacute;n, incluyendo sistemas de gesti&oacute;n ecosist&eacute;mica, en un contexto de planificaci&oacute;n territorial con base ecol&oacute;gica; es necesario planificar las ciudades bajo un prisma diferente, que prime aspectos como la cercan&iacute;a o la edificaci&oacute;n sostenible; y, finalmente, tambi&eacute;n ser&aacute;n necesarias pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y financieras firmes para el abandono de determinadas actividades econ&oacute;micas incompatibles con el planeta, a la vez que se incentivan otras necesarias para acabar con la desigualdad y la pobreza.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en estos d&iacute;as volvemos a escuchar que la propuesta para abordar estos retos sigue siendo el desacoplamiento entre crecimiento econ&oacute;mico y consumo de materiales y energ&iacute;a, as&iacute; como todas sus variantes (emisiones, agua, etc.), basado en un ciego optimismo en el desarrollo t&eacute;cnico y en los mecanismos del todopoderoso mercado. M&aacute;s consumo energ&eacute;tico, pero renovable (incluyendo en este apartado a la nuclear); m&aacute;s consumo material, pero con mayor reciclaje; m&aacute;s alimentos, pero con un modelo m&aacute;s intensivo, conservaci&oacute;n, pero en espacios m&aacute;s humanizados, emisiones, pero reguladas por la compra-venta de bonos, etc., son algunas de las recetas estrella. Se trata de un acto de fe hacia un supuesto futuro econ&oacute;mico de mayor crecimiento con menores impactos ambientales, que sigue sin entender que las premisas del modelo econ&oacute;mico que han generado el problema no pueden ser nunca la soluci&oacute;n a los problemas intr&iacute;nsecos al funcionamiento del mismo. A la vez, raramente se cuestiona el statu quo de injusticia social y desigualdad derivado, lo que se ejemplifica muy bien en el traslado de la COP ante el estallido social protagonizado por los chilenos.
    </p><p class="article-text">
         Nuestro planeta, y tambi&eacute;n nuestro pa&iacute;s, se juegan mucho en la soluci&oacute;n de esta crisis, y no hay tiempo para seguir distray&eacute;ndonos con los cantos de sirena del capitalismo verde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro L. Lomas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Dec 2019 21:53:12 +0000]]></pubDate>
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