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    <title><![CDATA[elDiario.es - Bernardo Sáez García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/bernardo-saez-garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Bernardo Sáez García]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La amenaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/amenaza_132_9254193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc41f48e-301f-4ecb-9c04-506a37db6da5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La amenaza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"A pesar de que toda la evidencia científica constata el calentamiento global y que el cambio climático consecuente se está acelerando, casi nadie está demasiado preocupado"</p></div><p class="article-text">
        El diccionario de la Real Academia define la expresi&oacute;n 'espada de Damocles' como una &ldquo;amenaza persistente de peligro&rdquo;. Procede a su vez de una historia de leyenda, una par&aacute;bola popularizada por Cicer&oacute;n que narra la vida insatisfecha del rey Dionisio y c&oacute;mo, al recibir las adulaciones de Damocles, que elogia la buena vida que lleva como monarca, le reta a probar por un d&iacute;a todos esos privilegios. Cuando el pobre Damocles, sentado en el trono real, ha llegado al&nbsp;<em>summum</em>&nbsp;del disfrute repara en la afilada espada que permanece sobre &eacute;l, suspendida solo por unas finas hebras de crin. Desde ese momento la fiesta ya no resulta de su agrado y abandona la estancia rechazando esa vida de abundancia y lujos.
    </p><p class="article-text">
        La moraleja no es obvia, los hechos de la narraci&oacute;n no nos dictan una incontestable ense&ntilde;anza sobre la forma de comportarnos en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, lo que nos sirve de acicate para discutir distintas opciones de interpretaci&oacute;n. Unos pensar&aacute;n en la necesidad de evitar la envidia rehusando ambicionar las vidas de los dem&aacute;s al tener que asumirlas con sus realidades positivas sin posibilidad de esquivar las negativas. Otros juzgar&aacute;n que acceder a un poder omn&iacute;modo supone la posibilidad de recibir amenazas ocultas que pasan desapercibidas y de las que en realidad no nos podemos defender. Otro tema que sugiere es lo ef&iacute;mero de la existencia, la inseguridad en la que se desarrolla nuestra vida que nos lleva a no 'mirar hacia arriba' en muchas ocasiones para no dejar de gozarla.
    </p><p class="article-text">
        En los pa&iacute;ses desarrollados vivimos actualmente nuestro momento 'felices a&ntilde;os 20'; habiendo conseguido derrotar a una feroz pandemia, nos centramos en disfrutar la vida aspirando incluso a crecer y mejorar sin darnos cuenta de lo privilegiados que somos en comparaci&oacute;n con varios miles de millones de personas que malviven o directamente mueren de hambre y miseria. Si nos viene una ola de calor conectamos el aire acondicionado o nos metemos en un centro comercial. Si hay sequ&iacute;a pensamos en trasvases o en acaparar agua mineral, que la del grifo es de pobres y sabe mal. Si el mar se lleva nuestras playas y paseos mar&iacute;timos traemos arena de otro lado y los reconstruimos, lo importante es la satisfacci&oacute;n del cliente, del turista. Los ejemplos no tienen fin. Nos estamos dando un fest&iacute;n y no queremos distracciones ni malos rollos.
    </p><p class="article-text">
        Los cient&iacute;ficos hablan del 's&iacute;ndrome de l&iacute;nea cambiante' que describe c&oacute;mo, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, nos vamos acostumbrando y adaptando a la realidad del momento pensando que esa es la realidad de siempre. Decimos &ldquo;hace mucho calor, como todos los veranos&rdquo; sin darnos cuenta de que los m&aacute;ximos absolutos de las temperaturas son cada vez m&aacute;s elevados, incluso en poblaciones del norte de Europa; cada vez hay menos abejas e insectos, pero cada generaci&oacute;n asume que esos deben ser los valores normales. Este y otros muchos casos conllevan que tenemos una tendencia natural a no preocuparnos de los cambios pues en el curso de nuestra existencia, de graduales que son, no se presentan demasiado acusados.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que toda la evidencia cient&iacute;fica constata el calentamiento global y que el cambio clim&aacute;tico consecuente se est&aacute; acelerando, casi nadie est&aacute; demasiado preocupado. Todav&iacute;a se ve como algo lejano y, salvo que la cat&aacute;strofe nos afecte personalmente, no estamos dispuestos a cambiar. La paradoja es que nuestro disfrute, nuestra vida de excesos, nuestro crecimiento, el de todos los habitantes del planeta, construido sobre la quema de combustibles f&oacute;siles, es el que nos ha llevado a esta situaci&oacute;n de amenaza que no queremos ver. Somos conscientes del delgado hilo que mantiene el equilibrio de nuestro nivel de vida, pero pensamos que aguantar&aacute;, que otra generaci&oacute;n sufrir&aacute; esas inciertas consecuencias con las que los cient&iacute;ficos nos amenazan y que ya no estaremos ah&iacute; para verlo. Pero al contrario que Damocles, no hemos entendido nada y hemos decidido no abandonar nuestro particular trono.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que seguimos sin mirar hacia arriba, el hilo ya se ha roto y la espada ha tomado el camino de nuestro cuello. Algunos ya escuchamos su silbido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bernardo Sáez García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/amenaza_132_9254193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Aug 2022 04:00:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La amenaza]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Sistemas ocurrentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/sistemas-ocurrentes_132_1001291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f34c921a-b91b-4f48-ae39-966270e3d91a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sistemas ocurrentes"></p><p class="article-text">
        Los amables lectores, cultos y le&iacute;dos, conocen qu&eacute; es un sistema recurrente: aquel que repite, dentro de s&iacute; mismo, los elementos de su dise&ntilde;o o los hechos con que se mani&#64257;esta de forma c&iacute;clica y siguiendo un patr&oacute;n que la mayor&iacute;a de las veces se puede explicar con alguna f&oacute;rmula matem&aacute;tica m&aacute;s o menos compleja. Por poner un ejemplo, si nos colocamos entre dos espejos nuestra imagen se repite recurrentemente hasta el in&#64257;nito; pero es en la naturaleza donde se da en abundancia: los copos de nieve, las ramas y ra&iacute;ces de los &aacute;rboles, el br&oacute;coli, los caballitos de mar, etc. son manifestaciones de este fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n existen los sistemas ocurrentes; de ocurrencia, esa que definimos como una &ldquo;idea inesperada, pensamiento, dicho agudo u original que ocurre a la imaginaci&oacute;n&rdquo;. De entrada ya debemos indicar que los sistemas ocurrentes est&aacute;n contenidos en el conjunto de los sistemas recurrentes por una raz&oacute;n primera y &uacute;nica: son manifestaciones cargantes de la banal creatividad humana que se repiten, crean y recrean sin parar. Una prueba de esto &uacute;ltimo es que este mismo art&iacute;culo pertenece a los sistemas ocurrentes que hablan de s&iacute; mismos, de ah&iacute; su recurrencia o recursividad.
    </p><p class="article-text">
        La ocurrencia ha existido siempre pero anta&ntilde;o quedaba disuelta en el aire ef&iacute;mero que dura su verbalizaci&oacute;n y la memoria para las simplezas que tuviera el receptor. Pero las redes sociales han venido a servir de acelerador de las ocurrencias ante el &eacute;xito viral que obtienen las m&aacute;s est&uacute;pidas, permaneciendo en ese muro virtual de las lamentaciones o mejor de los fusilamientos idiom&aacute;ticos que expone toda esta desbordante creatividad en las aplicaciones de relaci&oacute;n social, para verg&uuml;enza ajena y propia alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s, cuando al autor le llueve alg&uacute;n cargo que requiere limpieza de sangre digital y lo borra todo en un santiam&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las ocurrencias son multitem&aacute;ticas o m&aacute;s bien multitodo pues de todo saben y de nada entienden bajo el paraguas del humor o del cruel ingenio cortoplacista que las alienta. Adem&aacute;s tienen una curiosa tendencia a sufrir mutaciones en cuanto les da el aire de la popularidad: en pocas horas una frase tonta se convierte en una frase tonta con faltas de ortograf&iacute;a o en una frase tonta con faltas de ortograf&iacute;a y sintaxis, con una tipograf&iacute;a y un marquito horrible o con una foto de fondo que no viene al caso.
    </p><p class="article-text">
        Ahora se les llama memes, como unidad m&iacute;nima de informaci&oacute;n cultural en su similitud con los genes, siguiendo las teor&iacute;as de la comunicaci&oacute;n de un tal Dawkins. Pero cuando pase el tiempo, tras las epidemias verdaderamente virales y las cat&aacute;strofes clim&aacute;ticas, los estudiosos que queden defender&aacute;n recurrentemente, con empe&ntilde;o y determinaci&oacute;n, que meme, etimol&oacute;gicamente, proced&iacute;a de memo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bernardo Sáez García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/sistemas-ocurrentes_132_1001291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2020 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sistemas ocurrentes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Murcia,Redes sociales,Memes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gustos y disgustos del Campo de Cartagena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/gustos-disgustos-campo-cartagena_132_1061156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6746a084-0afc-430e-8154-f12e11fe76b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gustos y disgustos del Campo de Cartagena"></p><p class="article-text">
        La comarca de Cartagena es una unidad geogr&aacute;fica bien establecida pero carece de l&iacute;mites administrativos. Las luchas por la provincialidad tuvieron su punto &aacute;lgido en los a&ntilde;os de la transici&oacute;n pero no consiguieron nada tangible aunque el nacionalismo cartagenerista sigue gozando de buena salud -pero poca fuerza representacional- permaneciendo en el terreno de los sentimientos m&aacute;s que en el de las reivindicaciones pr&aacute;cticas. Es curioso que la historia antigua de la milenaria ciudad, que sirve de orgulloso cimiento sobre el que construir todo el agravio posterior, est&eacute; dando frutos m&aacute;s recientemente en forma de un repunte muy significativo de la actividad tur&iacute;stica relacionada con los yacimientos arqueol&oacute;gicos, pertinentemente musealizados, que ha llevado a quitar el puesto a la capital murciana en las preferencias de los visitantes.
    </p><p class="article-text">
        No queda muy lejano el tiempo en que los turistas, principalmente extranjeros, que desembarcaban en cruceros llegados al espectacular puerto cartagenero, cog&iacute;an autobuses para visitar la Murcia barroca sin prestar atenci&oacute;n a la riqueza que ten&iacute;an a dos pasos. Esto ha cambiado y Cartagena se ha convertido en un destino tur&iacute;stico cultural de primer orden, casi una segunda Pompeya del Mediterr&aacute;neo, pero la mayor&iacute;a desconoce que esos tesoros arqueol&oacute;gicos tambi&eacute;n se extienden por toda la comarca que rodea el Mar Menor en forma de Villas, factor&iacute;as de Salazones y Garum de &eacute;poca romana e incluso un poblado eneol&iacute;tico en Las Amoladeras, pero en estado de abandono o destrucci&oacute;n y sin un m&iacute;nimo centro de visitantes. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso cuesta entender que desde todas las administraciones, incluida la municipal, se haya renunciado durante decenios a construir decididamente una idea que integrase estas cuestiones en el modelo econ&oacute;mico de la comarca dejando perder por el camino, como consecuencia, algunas de las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas, ambientales y paisaj&iacute;sticas que la integraban. Los luminosos campos de nuestra infancia estaban cultivados con cereales y algod&oacute;n en suaves laderas aterrazadas entre algarrobos, ermitas y alg&uacute;n monasterio de sabor popular. El patrimonio etnogr&aacute;fico permanece fijado en m&uacute;ltiples estudios hist&oacute;ricos, a modo de autopsias, pues en su mayor parte est&aacute; muerto o malvive en pocos reductos, sobre todo en la parte oeste y excepcionalmente en La Palma, y eso cuando no ha sido transformado a ritmo de sevillanas como sucede con los mayos. En el resto se ha hecho tabla rasa, o se est&aacute; camino de hacerlo como en el Cabezo Gordo, mediante el &ldquo;pan para y hoy y hambre para ma&ntilde;ana&rdquo; de los planes urban&iacute;sticos costeros o de ese regad&iacute;o que ha transformado el paisaje convirti&eacute;ndolo en una especie de Matrix que exprime el territorio al servicio de la alta productividad, arrojando los desechos de unos y otros por el sumidero de la codicia adonde pareciera que nadie iba a verlos: al Mar Menor. Y para colmo los se&ntilde;ores Smith de turno nos vienen con una ley salvadora llena de falsos reflejos de lo que deb&iacute;a ser y no es, tratando de mantener el enga&ntilde;o, invocando la transparencia de las aguas que baten sobre un est&eacute;ril poso de fango y muerte, conjurando el miedo y amenazando con perdidas econ&oacute;micas y de puestos de trabajo que, de tan precarios, no merecen tal nombre. 
    </p><p class="article-text">
        Se quejan recurrentemente determinados dirigentes pol&iacute;ticos de que el turismo regional no acaba de despegar (como el Aeropuerto de Corvera) pero ya va siendo tarde. Mientras nosotros nos dedicamos a ver crecer las lechugas otros, en cercanas regiones, ven crecer el n&uacute;mero de viajeros. Una decidida pol&iacute;tica conservacionista (como la que se produjo en Ses Salines, entre Ibiza y Formentera, en los a&ntilde;os 80) habr&iacute;a llevado en la actualidad, a contar con un parque natural, para el conjunto del Mar Menor, con un entorno amigable para el desarrollo de un turismo cultural y rural integrado entre franjas de cultivos aut&oacute;ctonos, una verdadera sinergia entre la urbe cartagenera y su campo, pero aqu&iacute; o no se sab&iacute;a o no se quer&iacute;a. Y hoy ni se sabe, ni se quiere, ni seguramente ya, se puede.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bernardo Sáez García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/gustos-disgustos-campo-cartagena_132_1061156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jan 2020 13:15:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gustos y disgustos del Campo de Cartagena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Murcia,Cartagena,Turismo,Cruceros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Geografía humana: el Mar Menor como campo de pruebas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/geografia-humana_132_1178884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d778aac7-4470-4a10-a4ad-24f90b7a4941_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Geografía humana: el Mar Menor como campo de pruebas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El hombre ha luchado por dominar su entorno en su propio beneficio, alterando el medio físico, construyendo o destruyendo, tratando de aprovechar los recursos por el bien de su subsistencia pero, hasta tiempos recientes, era parte del ecosistema</p></div><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os 80 cuando estudiaba en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia, tuve la suerte de tener como profesor de la asignatura de Geograf&iacute;a a <strong>Pedro Plans Sanz de Bremond</strong>; dos cosas de &eacute;l me han quedado en el recuerdo: su insistencia en la importancia de la Geograf&iacute;a Humana y las continuas citas de <strong>Humboldt</strong>, un extraordinario cient&iacute;fico, investigador y viajero a caballo entre el viejo mundo del siglo XVIII y el prometedor siglo XIX. Humboldt realiz&oacute; un viaje a Espa&ntilde;a en 1798 bajando por Barcelona a Valencia y de all&iacute; a Almansa, esquivando en el &uacute;ltimo momento el paisaje murciano y perdiendo la posibilidad de conocer el Mar Menor... y nosotros la de recibir una de sus atinadas descripciones.
    </p><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os antes, en 1787, <strong>Vicente Tofi&ntilde;o </strong>hab&iacute;a publicado su Derrotero de las costas de Espa&ntilde;a en el Mediterr&aacute;neo, suerte de gu&iacute;a para navegar costeando. En este libro hay varias referencias al Mar Menor pero la que me parece m&aacute;s interesante es la que alude a la Torre de la Enca&ntilde;izada indicando que all&iacute;, al Norte del Estacio, <em>&ldquo;est&aacute; la boca del Mar Menor [&hellip;] donde hay una Torre de dos ca&ntilde;ones para protecci&oacute;n de la pesquer&iacute;a que aqu&iacute; se hace, y tiene una enca&ntilde;izada de donde toma el nombre la Torre, la cual est&aacute; situada en la Playa: hay muy poco fondo por esta parte, y solo los barcos de pesca entran y salen por la boca&rdquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        Referencias al Mar Menor m&aacute;s antiguas aparecen en la obra de <strong>Gines Campillo de Bayle </strong>&ldquo;Gustos y disgustos del Lentiscar de Cartagena&rdquo; de 1689 que describe un lugar <em>&ldquo;donde los labradores se recrean y tienen las pescas sin temor de los enemigos&rdquo; </em>referido a los peligros de los ataques berberiscos. A cuenta de ello, Felipe II en 1588 acab&oacute; con un bosque denso, milenario, <em>&ldquo;&hellip;desde la entrada de las salinas hasta Calnegre y las Amoladeras [con] pinadas, enebros y sabinas tan espesos&hellip;&rdquo; </em>que permit&iacute;an el ocultamiento de los piratas.
    </p><p class="article-text">
        Sobre las enca&ntilde;izadas refiere <strong>Ger&oacute;nimo Hurtado </strong>en 1584 un curioso pasaje: <em>&ldquo;Criase en esta albufera mucho pescado y bueno, al modo de los barbos del Tajo y mayores, pero mucho m&aacute;s sabrosos y gordo y enti&eacute;ndese que todo el suelo de esta albufera mana agua dulce y a esta causa se cr&iacute;a el pescado tan diferente, que en la mar mayor y esto se saca por el agua dulce que digo quesealia cavando enla arena de la manga della, que sale tan clara como de vna fuente.&rdquo; </em>Aqu&iacute; vemos una referencia clar&iacute;sima al ciclo de las aguas subterr&aacute;neas que rige la cuenca del Mar Menor con un punto de equilibrio entre la elevada salinidad de las aguas confinadas en la albufera y los aportes de agua de lluvia que recargan el acu&iacute;fero. Pero evidentemente el agua que llegaba y se mezclaba era agua limpia, no dopada con nitratos procedentes de la agricultura intensiva, como ocurre actualmente.
    </p><p class="article-text">
        De estas narraciones hist&oacute;ricas sacamos varias conclusiones, la m&aacute;s importante es que el hombre ha luchado por dominar su entorno en su propio beneficio, alterando el medio f&iacute;sico, construyendo o destruyendo, tratando de aprovechar los recursos por el bien de su subsistencia pero, hasta tiempos recientes, era parte del ecosistema. Su Geograf&iacute;a era humana porque sus acciones eran previsibles dentro de su car&aacute;cter de c&uacute;spide de la pir&aacute;mide depredadora. Pero ahora asistimos a un problema que tiene un paralelismo con la dicotom&iacute;a que existe entre la guerra convencional y la guerra nuclear; la primera permite a los grupos humanos reconstruirse, la segunda arrasar&iacute;a con la humanidad. El uso de medios tecnol&oacute;gicos sin control y sin l&iacute;mites para conseguir elevar la riqueza y la productividad, en beneficio de unos pocos, est&aacute; provocando situaciones de no retorno en toda la tierra; el Mar Menor, como se dice insistentemente, est&aacute; siendo y ser&aacute; uno de los escenarios donde mejor se ver&aacute;n estos efectos negativos, una especie de campo de pruebas para saber, en tiempo real, hasta d&oacute;nde llega el aguante del ecosistema y de las personas ante esta geograf&iacute;a inhumana que se nos quiere imponer.
    </p><p class="article-text">
        Las revoluciones burguesas de los siglos XVII y XVIII impulsaron la declaraci&oacute;n universal de los derechos humanos que tantas veces se ha resumido en el lema &ldquo;libertad, igualdad, fraternidad&rdquo; de la Revoluci&oacute;n Francesa. Tal vez ha llegado el momento, bien avanzado ya el siglo XXI, de romper con nuestro antropocentrismo y abrir esos ideales de la humanidad al resto de la naturaleza, una alianza de especies como dice <strong>Donna J. Haraway</strong>, una nueva s&iacute;ntesis que piense el planeta como un todo y que s&iacute; se pueda llamar con raz&oacute;n Geograf&iacute;a Humana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bernardo Sáez García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/geografia-humana_132_1178884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Dec 2019 08:01:58 +0000]]></pubDate>
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