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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ankita Rao]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ankita-rao/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ankita Rao]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Un año después de la muerte de George Floyd: cómo las leyes permiten a la policía usar la fuerza letal y no solo en EEUU]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ano-muerte-george-floyd-leyes-permiten-fuerza-letal_1_7313448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37ad2ff9-6a5c-4b1b-ad5c-70abf66eaa1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un año después de la muerte de George Floyd: cómo las leyes permiten a la policía usar la fuerza letal y no solo en EEUU"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta investigación de los grandes departamentos de policía de 48 ciudades de Estados Unidos y otros países ricos y democráticos muestra el poder de los sindicatos, la falta de disciplina interna y la utilización de técnicas peligrosas sin que haya una amenaza inminente</p><p class="subtitle">Mineápolis pacta una indemnización de 27 millones de dólares con la familia de George Floyd semanas antes del juicio</p></div><p class="article-text">
        Los departamentos de polic&iacute;a de las principales ciudades del mundo proporcionan impunidad legal a sus integrantes a la hora de hacer uso letal de la fuerza aunque sus vidas no est&eacute;n en peligro, seg&uacute;n <a href="https://www.theguardian.com/global-development/2021/mar/11/revealed-weak-rules-allow-the-worlds-largest-police-forces-to-kill" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una investigaci&oacute;n encargada por </a><a href="https://www.theguardian.com/global-development/2021/mar/11/revealed-weak-rules-allow-the-worlds-largest-police-forces-to-kill" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Guardian</em></a>. El estudio, desarrollado por la Universidad de Chicago y varios centros asociados, ha descubierto que ni uno solo de los departamentos policiales de las ciudades investigadas mantiene una actitud coherente con las directrices en materia de derechos humanos marcadas por las Naciones Unidas (ONU) en relaci&oacute;n con los protocolos que gu&iacute;an el uso de la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        El estudio ha abarcado 48 ciudades de Estados Unidos y del resto del mundo, la mayor parte en los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos y democr&aacute;ticos. La investigaci&oacute;n revela que los agentes de polic&iacute;a de Estados Unidos y otros lugares del mundo no solo utilizan la violencia con impunidad, sino que sus normas de conducta se lo permiten. 
    </p><p class="article-text">
        Este estudio llega en un momento en que el escrutinio sobre su comportamiento es intenso. No hace todav&iacute;a un a&ntilde;o desde que un agente de la polic&iacute;a de Minneapolis cometi&oacute; el <a href="https://www.eldiario.es/internacional/minutos-segundos-imagenes-george-floyd_1_6039911.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">brutal asesinato de George Floyd</a>, un hecho que desat&oacute; una <a href="https://www.eldiario.es/internacional/fotos-protestas-unidos-george-floyd_1_6036796.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ola de protestas sin precedentes</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El pa&iacute;s va a examinar esto [el caso George Floyd] con el filtro de una conciencia y una sensibilidad nuevas pero [Derek Chauvin, el polic&iacute;a que mat&oacute; a Floyd] va a ser juzgado con las mismas leyes y por el mismo sistema de siempre&rdquo;, dice Sherri Williams, profesora de la American University que escribe y analiza sobre raza y representaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">La realidad vs las recomendaciones de la ONU</h3><p class="article-text">
        Las conclusiones del estudio realizado por la Cl&iacute;nica de Derechos Globales de la Universidad de Chicago se publicar&aacute;n en el informe &ldquo;Impunidad Global&rdquo;. En un an&aacute;lisis encargado por <em>The Guardian</em>  enmarcado dentro del proyecto <a href="https://www.theguardian.com/us-news/series/overpoliced--underprotected" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Overpoliced, Underprotected</a> [polic&iacute;a excesiva, protecci&oacute;n insuficiente], los investigadores compararon las normas escritas que regulan el uso de la fuerza en una serie de ciudades con varios documentos de Naciones Unidas. Entre estos &uacute;ltimos se encuentra el c&oacute;digo de conducta de la ONU para agentes de las fuerzas de seguridad que enfatiza que solo debe utilizarse fuerza letal cuando los agentes se encuentren ante una amenaza real a su propia vida o a las de otros.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n se centra en los pa&iacute;ses ricos y desarrollados para comparar lugares que disponen de recursos comparables. Estados Unidos y sus ciudades est&aacute;n sobrerrepresentados para fundamentar el alcance del proyecto.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, la polic&iacute;a mat&oacute; a 987 personas el a&ntilde;o pasado. El &iacute;ndice de muertes casi triplica al de su vecina Canad&aacute; y multiplica por 30 el de Alemania.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El gran n&uacute;mero de pa&iacute;ses y departamentos de polic&iacute;a, en EEUU y el resto del mundo, que dicen a sus agentes que se puede hacer un uso letal de la fuerza &ndash;disparar contra alguien&ndash; si se resisten a ser detenidos o huyen es asombroso&rdquo;, dice Nino Guruli, uno de los autores del estudio, abogado de la Cl&iacute;nica Internacional de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho UIC John Marshall. &ldquo;Como si fuera m&aacute;s importante completar una detenci&oacute;n o no retirarse que evitar muertes o sufrimientos innecesarios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para analizar las pol&iacute;ticas relativas al uso de la fuerza, los investigadores utilizaron una escala de evaluaci&oacute;n basada en cuatro categor&iacute;as: si el uso de la fuerza letal en una ciudad concreta es legal seg&uacute;n el derecho internacional; si la fuerza letal puede ser utilizada solo en caso de amenaza inmediata y como &uacute;ltimo recurso; si puede ser empleada solo en respuesta a una amenaza del mismo tipo, mortal; y si la polic&iacute;a debe rendir cuentas ante un organismo de supervisi&oacute;n por su uso de la fuerza letal.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el estudio, hay 13 ciudades en las que est&aacute; permitido que los agentes empleen fuerza letal aunque no hayan agotado el resto de opciones a su disposici&oacute;n, por ejemplo, t&aacute;cticas para disminuir la tensi&oacute;n en un encuentro.
    </p><h3 class="article-text">Uso de la fuerza sin amenaza</h3><p class="article-text">
        En Denver, por ejemplo, se permite a los agentes que hagan uso de la fuerza letal para detener o evitar la huida de un sujeto por un delito que ya ha sucedido y sin la exigencia de que el sospechoso suponga una amenaza inmediata en ese momento:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;105.2 Est&aacute; justificado que un agente utilice fuerza f&iacute;sica letal &hellip; solo cuando crea, de manera razonable, que es necesario: b. Para realizar una detenci&oacute;n o evitar la huida de una persona bajo custodia de la que cree 1. Que ha cometido o tratado de cometer un delito con el uso o la amenaza de uso de un arma que pueda provocar la muerte.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de procedimientos reciben cada vez m&aacute;s escrutinio ante casos de brutalidad policial que acaban teniendo perfil alto ante la opini&oacute;n p&uacute;blica. El asesinato de Eric Garner, un neoyorquino estrangulado hasta morir durante su detenci&oacute;n, impuls&oacute; la prohibici&oacute;n en el estado de Nueva York de la t&eacute;cnica que permit&iacute;a el ahogo. Hubo protestas por todo el pa&iacute;s. Tras las muertes de Floyd y Elijah McClain &ndash;tambi&eacute;n en 2020&ndash; los abogados especializados en derechos civiles han cuestionado, en la misma direcci&oacute;n, si los polic&iacute;as actuaron ante alguna amenaza directa contra sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        En 25 ciudades, los agentes pueden hacer un uso mort&iacute;fero de la fuerza en respuesta a una amenaza de grado menor o cuando no existe una amenaza inmediata.
    </p><h3 class="article-text">Rendici&oacute;n de cuentas</h3><p class="article-text">
        Esto puede variar dr&aacute;sticamente. Filadelfia lo formula con claridad y proh&iacute;be el uso de fuerza mort&iacute;fera cuando no exista &ldquo;la creencia objetiva y razonada de que un sospechoso es peligroso, incluso si la fuerza mort&iacute;fera podr&iacute;a haber estado justificada en un momento previo&rdquo;. Pero en Indian&aacute;polis, las normas son mucho m&aacute;s opacas y requieren solo de &ldquo;una amenaza de fuerza mort&iacute;fera&rdquo; para actuar.
    </p><p class="article-text">
        Es habitual que no se ejerza la rendici&oacute;n de cuentas tras el uso de la fuerza letal. Los investigadores descubrieron que muchos departamentos de polic&iacute;a de todo el mundo no requieren a la polic&iacute;a un informe sobre el uso de fuerza excesiva. Ni siquiera cuando el resultado es una muerte. Esto tiene dos consecuencias: la rendici&oacute;n de cuentas por uso de fuerza letal por parte de la polic&iacute;a no es suficiente y la ciudadan&iacute;a no sabe lo que ha sucedido, en gran medida porque los hechos no se documentan correctamente.
    </p><p class="article-text">
        Solo ocho ciudades exigen un informe de uso interno en caso de que un agente use fuerza mort&iacute;fera. Solo 16 ciudades lo exigen cuando el resultado es la muerte o alguien resulte herido.
    </p><p class="article-text">
        Richard Aborn, presidente de la Comisi&oacute;n Ciudadana sobre el crimen de Nueva York, dice que la ausencia de requisitos a la hora de informar puede ser deprimente. &ldquo;Se trata del mensaje que lance el liderazgo de la unidad policial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que si solo hici&eacute;ramos eso &ndash;aplicar la disciplina a esos casos&ndash; no necesitar&iacute;amos cambiar las normas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero si es poco probable que las administraciones locales informen internamente sobre el uso de la fuerza, parece m&aacute;s dif&iacute;cil que se cumpla un requisito de informaci&oacute;n externa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las leyes y las normas son muy importantes para la rendici&oacute;n de cuentas y la transparencia de la acci&oacute;n p&uacute;blica. Esto es especialmente cierto en los departamentos responsables del cumplimiento de la ley a los que el estado otorga el poder de terminar con la vida&rdquo;, dice Claudia Flores, una de las autoras del estudio y profesora asociada de pr&aacute;ctica en la Cl&iacute;nica de Derechos Humanos Globales de la facultad de Derecho de la Universidad de Chicago.
    </p><h3 class="article-text">El poder de los sindicatos</h3><p class="article-text">
        Algunas organizaciones hacen campa&ntilde;a en defensa de reformar el sistema descrito. Piden limitar el poder de los sindicatos policiales, sobre el cual se ejerce poco control en la actualidad. Muchas veces esas organizaciones contribuyen a configurar las normas para el uso de la fuerza. Se pide que la comunidad ejerza alguna supervisi&oacute;n de las negociaciones en torno a la regulaci&oacute;n de lo relacionado con estos temas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tenemos amnesia hist&oacute;rica sobre el modo en que tratamos a la gente en este pa&iacute;s&rdquo;, dice Williams. &ldquo;Actuamos como si no supi&eacute;ramos que [las normas] fueron dise&ntilde;adas para hacer lo que est&aacute;n haciendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El estudio revel&oacute; &ndash;y esto podr&iacute;a llevar a sorpresa a quienes se centran en la brutalidad policial y el racismo estructural en Estados Unidos&ndash; que la ciudad de Nueva York es la que tiene las normas y directrices m&aacute;s estrictas sobre el uso excesivo de la fuerza. Tras Nueva York est&aacute;n Ciudad de M&eacute;xico y Buenos Aires. Los &uacute;ltimos lugares de la lista los ocupan Riad, Bombay y Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso no significa que las ciudades que encabezan el listado tengan mejores departamentos de polic&iacute;a o se registren menos ejecuciones extrajudiciales. Una pol&iacute;tica m&aacute;s amplia no implica necesariamente mejor rendici&oacute;n de cuentas ni la capacidad legal de que ese control suceda.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo del &uacute;ltimo a&ntilde;o se ha puesto de manifiesto con cada vez mayor claridad que el poder de los cuerpos policiales no ha sido sometido a controles suficientes durante demasiado tiempo. Ahora, en Estados Unidos, se han alzado algunas voces desde el &aacute;mbito p&uacute;blico y desde el activismo de base que exigen el fin de siglos de racismo y de normas y pr&aacute;cticas policiales inadecuadas.
    </p><p class="article-text">
        A principios de marzo, la C&aacute;mara de Representantes aprob&oacute; una de las reformas policiales m&aacute;s amplias de la historia de Estados Unidos: la ley George Floyd para una acci&oacute;n policial justa. El paquete legislativo, cuya aprobaci&oacute;n por el Senado es poco probable debido a la mayor&iacute;a republicana en esa c&aacute;mara, incluye cambios radicales en el modo en que la polic&iacute;a trabaja. Por ejemplo, proh&iacute;be las maniobras que utilizan el estrangulamiento.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o Naciones Unidas convoc&oacute; a un grupo de expertos en el uso de la fuerza. El grupo pide a Estados Unidos que adopte reformas amplias y termine con la brutalidad policial. Advierte a los departamentos de polic&iacute;a sobre el uso del gas lacrim&oacute;geno y otras medidas en esa l&iacute;nea de uso de la fuerza contra manifestantes. Tambi&eacute;n destaca una militarizaci&oacute;n creciente de las armas en poder de la polic&iacute;a en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las reformas de la actuaci&oacute;n policial deben implicar medidas aut&eacute;nticas y sustanciales para desmantelar el racismo sist&eacute;mico actual contra minor&iacute;as como las raciales y &eacute;tnicas, sin excluir a otras, modificando las asignaciones presupuestarias actuales y gastando m&aacute;s dinero en recursos alternativos de car&aacute;cter social que resultan fundamentales para la seguridad de las comunidades&rdquo;, <a href="https://news.un.org/en/story/2021/02/1085872" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dice</a> el informe del grupo.
    </p><p class="article-text">
        Pero esas reformas normativas podr&iacute;an llegar demasiado tarde para la resoluci&oacute;n del caso del ex polic&iacute;a Derek Chauvin, para saber si rendir&aacute; cuentas por utilizar su rodilla para <a href="https://www.eldiario.es/internacional/minutos-segundos-imagenes-george-floyd_1_6039911.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aplastar el cuello de George Floyd durante m&aacute;s de ocho minutos</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El verano pasado fue un momento de conversaci&oacute;n&rdquo;, dice Johnetta Elzie, activista por los derechos civiles y cofundadora de Campaign Zero (Campa&ntilde;a Cero), un grupo de investigaci&oacute;n y apoyo centrado en terminar con la violencia policial. &ldquo;Ahora depende de qu&eacute; persona y de qu&eacute; instituci&oacute;n se preocupa lo suficiente de exigir la rendici&oacute;n de cuentas de la polic&iacute;a y sus sindicatos&rdquo;.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><em>Global Impunity se publica en mayo y sus autores son: Claudia Flores, profesora asociada en la Cl&iacute;nica de Derechos Humanos Globales de la facultad de Derecho de la Universidad de Chicago; Nino Guruli, abogado de la Cl&iacute;nica Internacional de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho UIC John Marshall; Brian Citro, abogado especializado en derechos humanos e investigador independiente; Mariana Olaizola, becaria y docente de la Cl&iacute;nica de Derechos Humanos Globales de la facultad de Derecho de la Universidad de Chicago; Chelsea Kehrer y Hannah Abrahams, estudiantes en la facultad de Derecho de la Universidad de Chicago</em></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Traducido por Alberto Arce.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ankita Rao]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ano-muerte-george-floyd-leyes-permiten-fuerza-letal_1_7313448.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Mar 2021 20:52:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un año después de la muerte de George Floyd: cómo las leyes permiten a la policía usar la fuerza letal y no solo en EEUU]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia policial,George Floyd,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Te equivocas, Clint Eastwood: las periodistas no nos acostamos con nuestras fuentes para sacar información]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/clint-eastwood-periodistas-intercambian-informacion_129_1181197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f95aa586-611e-4c09-bf86-221f7204b48c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La última película de Eastwood,</p><p class="subtitle">Richard Jewell</p><p class="subtitle">, da una imagen errónea de las reporteras y nos perjudica a todas</p><p class="subtitle">Lo único que hace el poco real y aburrido cliché de la mujer periodista que se acuesta con una de sus fuentes es complicarnos la vida un poco más</p><p class="subtitle">Saber cómo protegerme durante mi trabajo como reportera se ha convertido en una parte fundamental de mi actividad</p></div><p class="article-text">
        De las primeras &eacute;pocas de mi carrera como periodista recuerdo un viaje a los barrios perif&eacute;ricos de Washington para entrevistar a familias de refugiados. Cuando termin&eacute;, a las siete de la tarde, nevaba y los trenes hab&iacute;an dejado de funcionar. El responsable de una asociaci&oacute;n de la zona se ofreci&oacute; a llevarme en coche y acept&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras conduc&iacute;a comenz&oacute; a hacer comentarios sobre mi aspecto y a preguntarme si ten&iacute;a novio. Yo lo esquiv&eacute; una y otra vez volviendo al tema del art&iacute;culo en el que estaba trabajando, pero en un sem&aacute;foro en rojo &eacute;l aprovech&oacute; para tocarme el hombro. Fue solo un instante pero mi coraz&oacute;n comenz&oacute; a latir m&aacute;s deprisa. Empec&eacute; a preguntarme si podr&iacute;a abrir el pestillo, si deb&iacute;a o no saltar, pero no hice nada. Esper&eacute; hasta que entramos a la ciudad para salir r&aacute;pidamente del coche y decirle que pod&iacute;a llegar caminando a casa.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado a&ntilde;os desde ese momento, que en mi recuerdo sigue representando la primera y tambi&eacute;n m&aacute;s leve amenaza que he sentido en mi trabajo como periodista mujer y no blanca. Tanto en Virginia Occidental como en Nueva York o en Nueva Delhi, saber c&oacute;mo protegerme durante mi trabajo como reportera se ha convertido en una parte fundamental de mi actividad.
    </p><p class="article-text">
        Y no soy un caso aislado: la mayor&iacute;a de las mujeres que trabajan en este sector revisan sus mensajes de texto antes de enviarlos para evitar malinterpretaciones, eligen cuidadosamente la ropa para las entrevistas, el tipo de transportes que emplean y los lugares donde se quedan cuando tienen que dormir fuera por trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En una encuesta de 2018 de la International Women's Media Foundation y Trollbusters, un 58% de las mujeres respondi&oacute; haber sufrido hostigamiento o amenazas en persona, y un 28% dijo haber sufrido agresiones. As&iacute; que cuando aparece una pel&iacute;cula como <em>Richard Jewell</em> repitiendo el poco real y aburrido clich&eacute; de la mujer periodista que se acuesta con una de sus fuentes, lo &uacute;nico que hace es complicarnos la vida un poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>Richard Jewell</em>, la &uacute;ltima pel&iacute;cula de Clint Eastwood, recrea la historia real de un guardia de seguridad acusado por error del atentado de los Juegos Ol&iacute;mpicos de Atlanta en 1996. Pero la extra&ntilde;a interpretaci&oacute;n que la cinta hace de la historia real ha terminado por crear a una nueva v&iacute;ctima: Kathy Scruggs, la reportera del peri&oacute;dico <em>Atlanta Journal-Constitution</em> que dio a conocer la existencia de una investigaci&oacute;n contra Jewell. En su interpretaci&oacute;n, la actriz Olivia Wilde pinta a Scruggs como una seductora <em>femme fatale</em> que escribe mal y es poco prudente como reportera.
    </p><p class="article-text">
        En una escena especialmente desconcertante, vemos a Wilde en un bar tratando de encandilar al agente del FBI interpretado por Jon Hamm (su personaje es un compendio de varios agentes reales) para que le diga el nombre del sospechoso bajo investigaci&oacute;n. &ldquo;Si el sexo no te ha servido para sac&aacute;rselo al otro polic&iacute;a, &iquest;qu&eacute; te hace pensar que te va a servir para sac&aacute;rmelo a m&iacute;?&rdquo;, le pregunta Hamm justo antes de decirle el nombre del sospechoso. &ldquo;&iquest;Conseguimos una habitaci&oacute;n o vamos a mi coche?&rdquo;, responde Wilde, en su interpretaci&oacute;n de Scruggs.
    </p><p class="article-text">
        Esa escena jam&aacute;s sucedi&oacute; en la realidad. Scruggs era una figura pol&eacute;mica en la sala de redacci&oacute;n y en el libro period&iacute;stico sobre el caso que la pel&iacute;cula usa como materia prima, los autores Kent Alexander y Kevin Salwen la describen como una periodista fuerte, cabezota y de camisas escotadas. Pero no hay ninguna prueba de que se haya acostado con ninguna de sus fuentes. De hecho, ella ya ten&iacute;a el dato del nombre de Jewell cuando se acerc&oacute; en el bar a un agente del FBI para simplemente confirmar esa informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esa escena sin verificar solo sirve para sumar al personaje de Wilde al grupo de mujeres periodistas que en las pel&iacute;culas seducen a sus fuentes. Como escribe Sophie Gilbert <a href="https://www.theatlantic.com/entertainment/archive/2018/08/sharp-objects-female-journalists-in-culture/567898/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en The Atlantic,</a> antes que la Scruggs de Wilde ya lo hicieron Zoe Barnes, en <em>House of Cards</em> (Netflix); Camille Preaker, en <em>Sharp Objects</em> (HBO); y Rory Gilmore, en <em>Gilmore Girls</em>. Una mentira que sigue extendi&eacute;ndose gracias a personas como el presentador de Fox Jesse Watters, que en un programa reciente dijo que las reporteras se acuestan con sus fuentes &ldquo;todo el tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Imaginen la carga que suponen estas declaraciones para las mujeres que tienen que cumplir con los requisitos b&aacute;sicos de su trabajo. Como me dijo una colega periodista, la difusi&oacute;n de este clich&eacute; no hace m&aacute;s que exacerbar el hecho de que las reporteras &ldquo;tengamos que preocuparnos por parecer cre&iacute;bles antes de que alguien m&aacute;s nos sexualice&rdquo;. Ella se ve ahora ante el dilema de usar o no maquillaje, de encontrarse o no con una fuente en un lugar y hora determinados... Despejar todas las posibilidades dudosas puede terminar significando quedarse sin pista o sin historia.
    </p><p class="article-text">
        Otra editora de <em>The Guardian</em> me habl&oacute; de la buena relaci&oacute;n que hab&iacute;a establecido con una fuente mientras planeaba hacer un reportaje. Hasta que lo conoci&oacute; personalmente y &eacute;l comenz&oacute; a deslizar comentarios sobre su aspecto mientras hablaban. Luego se olvid&oacute; de contarle, precisamente, que para apreciar su trabajo como operario de una m&aacute;quina tendr&iacute;a que compartir un espacio estrecho con &eacute;l. Mi compa&ntilde;era termin&oacute; por verlo trabajar desde lejos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esta rutina de las peque&ntilde;as luchas diarias de las mujeres periodistas, hay amenazas m&aacute;s severas como la horrible agresi&oacute;n sexual sufrida por la reportera Lara Logan durante las protestas de Egipto. O la agresi&oacute;n sexual y el asesinato de Kim Wall a manos de una de sus fuentes. O todas las periodistas chinas que dicen haber sido forzadas a tener relaciones sexuales. Y no es algo que suceda en secreto, como sugieren las pel&iacute;culas. Ni siquiera la presencia de una videoc&aacute;mara transmitiendo protege a las reporteras que tratan de hacer su trabajo, como demuestran las reporteras del Mundial de f&uacute;tbol acosadas en pantalla o la periodista manoseada en Georgia mientras cubr&iacute;a una carrera.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s de aquel inquietante primer enfrentamiento de Washington tuve que entrevistar a una persona de la industria tecnol&oacute;gica. Llevaba a&ntilde;os aprendiendo a protegerme (una vez incluso me romp&iacute; un dedo del pie mientras hu&iacute;a literalmente de alguien que me acosaba) pero en esa ocasi&oacute;n pensaba estar a salvo. Hasta que la persona se inclin&oacute; y me dio un beso en la mejilla.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; que tal vez era un beso amistoso, que tal vez &eacute;l lo considerar&iacute;a como algo completamente inocuo, pero en cualquier caso me sirvi&oacute; de recordatorio. No importaba lo profesional que yo fuera, una y otra vez iba a malgastar mi energ&iacute;a siendo recordada que soy una periodista mujer. Los creadores de pel&iacute;culas como <em>Richard Jewell</em> nunca entender&aacute;n por qu&eacute; la torpeza de su gui&oacute;n lo ha vuelto a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Francisco de Z&aacute;rate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ankita Rao]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Dec 2019 19:45:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Te equivocas, Clint Eastwood: las periodistas no nos acostamos con nuestras fuentes para sacar información]]></media:title>
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