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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Bastarós]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-bastaros/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Bastarós]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Genealogías del 'fake' y la violencia, el falso tour de 'la manada']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/genealogias-fake-violencia-falso-manada_129_1178894.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/801eb27d-ded3-4e4e-b15b-3fc786904fba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Genealogías del &#039;fake&#039; y la violencia, el falso tour de &#039;la manada&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Homo Velamine son también buenos amigos del 'fake', la 'performance' satírica y el artivismo. Sus miembros tienen una intencionalidad artístico-política y una trayectoria importante dentro de este tipo de propuestas</p><p class="subtitle">Tal vez no tuvieron en cuenta que, además de esos tres actores -medios, pueblo, ellos- había otro mucho más importante, por encima en cuanto a necesidad de respeto y protección. Hablamos de la superviviente, esa joven que sufrió una agresión que deja un profundo trauma psicológico y social</p></div><p class="article-text">
        La <em>performance</em> es una de las disciplinas art&iacute;sticas m&aacute;s complejas de analizar. Para empezar, el propio t&eacute;rmino le supone un cors&eacute; demasiado estrecho. La <em>performance</em> se sit&uacute;a desde sus inicios al margen de la praxis oficialista del arte. Es una propuesta, o un conjunto de propuestas, que se pretenden contestatarias y con vocaci&oacute;n revulsiva, ya sea en un sentido art&iacute;stico o pol&iacute;tico. Su origen est&aacute; ligado a las vanguardias, a la experimentaci&oacute;n y al deseo de construir una expresi&oacute;n art&iacute;stica ef&iacute;mera, imposible de fagocitar por el mercado del arte. Aunque ese rechazo a la comercializaci&oacute;n ya tiene implicaciones subversivas, su esp&iacute;ritu m&aacute;s expl&iacute;citamente pol&iacute;tico nace de su relaci&oacute;n con la izquierda estadounidense -<a href="https://web.archive.org/web/20060207094531/http://www.teaching.com/earthday97/center/text/webstock19.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Abbie Hoffman y su teatrillo anti-b&eacute;lico para hacer levitar el pent&aacute;gono, por ejemplo</a>- y, de forma m&aacute;s destacada si cabe, con el feminismo de los sesenta y setenta. Obras como<a href="https://www.moma.org/explore/inside_out/2010/06/02/action-pants-genital-panic/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Genital Panik</a> de VALIE EXPORT, <a href="https://exit-express.com/faith-wilding-y-la-espera/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Waiting</a>, de Faith Wilding,<a href="http://www.ahmagazine.es/carolee-schneemann/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Interior Scroll</a> de Carole Schneemann o<a href="https://www.pikaramagazine.com/2015/05/contra-el-olvido-de-ana-mendieta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rape Scene</a> de Ana Mendieta fueron piezas ef&iacute;meras -pero documentadas- que hoy forman parte imprescindible de la genealog&iacute;a del arte feminista.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de performances pueden cuestionarse desde un punto de vista art&iacute;stico-est&eacute;tico o en base a su utilidad pol&iacute;tica, pero muy dif&iacute;cilmente a nivel moral. Se sit&uacute;an dentro del espacio de las artes, apelan a un p&uacute;blico consciente de estar presenciando un acto perform&aacute;tico y resultan, hasta cierto punto, inofensivas, pese a su habitual pretensi&oacute;n de no serlo en absoluto.
    </p><p class="article-text">
        Una vertiente distinta, explotada desde los noventa por colectivos como The Yes Men, es el fake. No se debe confundir performance con fake, aunque el segundo implique a menudo a la primera. El fake tiene una genealog&iacute;a distinta, cuyo origen suele situarse en una fecha muy concreta: 30 de octubre de 1938. Orson Welles causa el p&aacute;nico nacional al narrar una adaptaci&oacute;n de La guerra de los mundos, de H.G. Wells, en directo desde la CBS. Se inauguraba la tradici&oacute;n de que un hombre con recursos, formado e inteligente, recurra a un medio de comunicaci&oacute;n para lanzar su mensaje a las masas. Y su mensaje ven&iacute;a a decir, precisamente, &ldquo;los medios de comunicaci&oacute;n nos enga&ntilde;an&rdquo;, pero tambi&eacute;n un poco, &ldquo;qu&eacute; f&aacute;ciles de enga&ntilde;ar sois&rdquo; y, en definitiva, &ldquo;los medios de comunicaci&oacute;n os enga&ntilde;an a vosotros, pobres infelices, pero no a m&iacute;, un tipo intelectual y espabilado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sea o no un mito el relato del p&aacute;nico que surgi&oacute; durante y tras la emisi&oacute;n de La Guerra de los Mundos, respondiera o no a las intenciones que hoy le atribuimos, el fake ha tenido sus dignos herederos en varias propuestas televisadas.
    </p><p class="article-text">
        El mayor &eacute;xito fue el del falso documental de William Karel, Operation Lune, estrenado en el a&ntilde;o 2002. Su premisa es tan sencilla como resultona: la llegada a la luna fue un fraude, orquestado por el gobierno estadounidense para superar a los rusos en la llamada carrera espacial, y grabado por Stanley Kubrick. Para ganar en verosimilitud, Karel se busc&oacute; c&oacute;mplices de categor&iacute;a: los secretarios de Defensa y Estado Rumsfeld y Kissinger, el entonces director de la CIA, Richard Helms, y hasta la viuda de Kubrick, Christiane.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Operation Lune nos suena mucho a los televidentes espa&ntilde;oles. En 2014, el periodista Jordi &Eacute;vole lanz&oacute; su propio falso reportaje, Operaci&oacute;n Palace, para su programa Salvados. Presentado como un programa de investigaci&oacute;n, indagaba en los asuntos supuestamente sin resolver en relaci&oacute;n al 23-F. Igual que Karel, &Eacute;vole se busc&oacute; dignos aliados, desde periodistas como I&ntilde;aki Gabilondo a pol&iacute;ticos del momento como el socialista Joaqu&iacute;n Leguina. Tal vez, dada la tradici&oacute;n hist&oacute;rica de golpes de Estado perpetrados por militares en nuestro pa&iacute;s, este no sea el mejor tema en el que abrir fisuras de credibilidad, pero Operaci&oacute;n Palace fue un magistral fake. De nuevo, su intenci&oacute;n era &ldquo;generar un sentido cr&iacute;tico en los espectadores, servir como llamada de atenci&oacute;n para que sean capaces de filtrar y de contrastar las informaciones que reciben a diario en los medios de masas.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Pese a la indignaci&oacute;n que levant&oacute; en televidentes y en alg&uacute;n que otro periodista, Operaci&oacute;n Palace dif&iacute;cilmente pudo hacer que alguien se sintiera realmente agredido. En todo caso, hubo quienes se sintieron un poco ingenuos por morder el anzuelo. Ahora bien, tracemos una genealog&iacute;a distinta del fake que nos sirva para establecer una diferencia a nivel moral, si es que la hay y si es que nos importa. Hablemos de The Yes Men, ese colectivo de activistas -otros dos hombres muy listos- que practican lo que ellos llaman &ldquo;correcci&oacute;n de identidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El asunto consiste en lo siguiente: Jacques Servin e Igor Vamos se hacen pasar por los directivos o portavoces de determinadas empresas, convocan ruedas de prensa y lanzan una informaci&oacute;n falsa que provoca un gran revuelo. A menudo, las declaraciones son tan comprometedoras que obligan a las empresas reales a desmentirlas, evidenciando as&iacute; su propia malicia, falta de humanidad, etc, etc, etc. Para que nos entendamos, aqu&iacute; un ilustrativo ejemplo:
    </p><p class="article-text">
        El 3 de diciembre de 1984 hubo una fuga en una f&aacute;brica de pesticidas en Bhopal (India). La fuga provoc&oacute; la muerte inicial de entre 6.000 y 8.000 personas, y parece ser que acab&oacute; afectando a m&aacute;s de medio mill&oacute;n. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, un portavoz de la compa&ntilde;&iacute;a estadounidense Dow Chemical, un tal Jude Finisterra, anunciaba a trav&eacute;s de la cadena BBC que la empresa hab&iacute;a decidido asumir por fin su responsabilidad en la tragedia. Finisterra prometi&oacute;, ante el gran p&uacute;blico, que 12.000 millones de d&oacute;lares ser&iacute;an destinados a compensar econ&oacute;micamente a las v&iacute;ctimas. Tras el ruido medi&aacute;tico y las felicitaciones a colaci&oacute;n de la repentina &eacute;tica y calidad humana de la empresa, se descubri&oacute; que Finisterra no era una persona real, ni mucho menos alguien relacionado con Dow Chemical. Finisterra era un personaje ficticio, un fake, ideado y performado por The Yes Men.
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de unas interminables horas, los empresarios de Dow Chemical se vieron obligados a admitir que no se preve&iacute;a ning&uacute;n tipo de compensaci&oacute;n a los damnificados por el accidente de Bophal. The Yes Men consiguieron que el tema de Dow Chemical volviera a tener presencia en los medios, que se les recriminara nuevamente la evitaci&oacute;n de sus responsabilidades y el haber dejado en la estacada a cientos de personas cuyos familiares murieron o enfermaron a causa de la fuga.
    </p><p class="article-text">
        Genial, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Para nosotros, espectadores deseosos de ver en un brete a cualquier pez gordo del mundo empresarial, sin duda alguna. Para las v&iacute;ctimas del accidente de Bophal, a quienes por lo visto lleg&oacute; la noticia de la futura compensaci&oacute;n econ&oacute;mica y, a posteriori, su naturaleza de fake, probablemente no tanto. Para ellos debi&oacute; de suponer un mazazo absurdo e innecesario, una &ldquo;broma pesada&rdquo; destinada a alimentar la genealog&iacute;a de eso que en Espa&ntilde;a llamamos de forma un poco abstracta artivismo, pero que los cosificaba tanto a ellos como a su sufrimiento. Si esta cosificaci&oacute;n deber&iacute;a resultar un impedimento para llevar a cabo la iniciativa de The Yes Men, o deber&iacute;a considerarse s&oacute;lo un da&ntilde;o colateral de la misma, depende de quien lo juzgue. Sin embargo, est&aacute; claro que aqu&iacute; ya entra en juego el asunto del da&ntilde;o moral. Igual que en el reciente caso del tour fake de la 'manada', orquestado por los activistas del colectivo espa&ntilde;ol Homo Velamine.
    </p><p class="article-text">
        Homo Velamine son tambi&eacute;n buenos amigos del fake, la performance sat&iacute;rica y el artivismo. Sus miembros tienen una intencionalidad art&iacute;stico-pol&iacute;tica y una trayectoria importante dentro de este tipo de propuestas: suyas son acciones humor&iacute;sticas como aquella asociaci&oacute;n falsa, &ldquo;F.E.A, (Feministas con Esperanza Aguirre)&rdquo;, o los resultones &ldquo;Hipsters con Rajoy&rdquo; que aparecieron en los encuentros frente a la sede de G&eacute;nova, 13. Hasta ah&iacute; sus acciones pueden resultar interesantes o no, pero son leg&iacute;timas y dif&iacute;cilmente pueden da&ntilde;ar. Porque da&ntilde;ar, recordemos, no es lo mismo que ofender. Da&ntilde;ar es otra cosa m&aacute;s profunda, m&aacute;s dura. La ofensa se olvida, m&aacute;s pronto o m&aacute;s tarde -dependiendo del orgullo de cada cual-, pero el da&ntilde;o, en ocasiones, permanece pese a nuestra voluntad expresa de olvidar su semilla.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; propon&iacute;an en concreto Homo Velamine con su falso tour de la Manada?
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s del anuncio de un tour destinado a visitar los lugares por los que la superviviente y sus agresores hab&iacute;an pasado la noche en la que tuvo lugar la violaci&oacute;n, Homo Velamine buscaban:
    </p><p class="article-text">
        1). Poner de relieve el sensacionalismo carro&ntilde;ero de los medios, que dan una cobertura excesiva a los detalles de una agresi&oacute;n sin que esto aporte informaci&oacute;n de calidad o pertinencia para el debate p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        2). Demostrar la facilidad de colar una noticia falsa en los medios actuales, que sin pudor alguno vend&iacute;an como real un 'tour' falso sobre 'La manada'. Efectivamente, muchos medios le dieron publicidad sin hacer comprobaciones y sin tener en cuenta el da&ntilde;o que pod&iacute;a suscitar en la v&iacute;ctima esta propuesta marciana y psicop&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        3). Poner de manifiesto c&oacute;mo nosotros, televidentes, lectores de peri&oacute;dicos, usuarios de redes sociales, nos creemos cualquier cosa que nos pongan delante, incluso algo tan inveros&iacute;mil como esto. Porque hubo much&iacute;simas personas que se lo creyeron, se ofendieron -naturalmente- y pidieron una explicaci&oacute;n al respecto.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de lo mismo, vaya. Cogernos por los hombros, agitarnos y decirnos: &iexcl;medios malos, pueblo cr&eacute;dulo, nosotros espabilados!
    </p><p class="article-text">
        Dentro de esa inercia, tal vez Homo Velamine no tuvieron en cuenta que, adem&aacute;s de esos tres actores -medios, pueblo, ellos- hab&iacute;a otro mucho m&aacute;s importante, elevado por encima en cuanto a necesidad de respeto y protecci&oacute;n. Hablamos de la superviviente, esa joven que sufri&oacute; una agresi&oacute;n que deja un profundo trauma psicol&oacute;gico y social. Un trauma contra el que ella debe batallar con todas las energ&iacute;as que tenga a mano en un contexto cuanto menos desagradable, injusto y, demasiado a menudo, francamente hostil. La chica de esta historia, en suma.
    </p><p class="article-text">
        No viene mal recordar a activistas, artivistas, periodistas, comentaristas, tertulianos e intelectuales en general -muchos hombres la mar de listos que defienden sin fisuras la acci&oacute;n del colectivo Homo Velamine- que la chica de esta historia no es una cosa, ni una herramienta, ni un da&ntilde;o colateral. La chica existe y est&aacute; en su casa, teniendo acceso a medios de comunicaci&oacute;n y afrontando un proceso de extrema dureza que el resto tenemos la responsabilidad de facilitar. Muchos podemos cometer el error de no hacerlo y, en el caso de Homo Velamine, este error no parece tener su origen en la mala intenci&oacute;n, sino en el deseo bienintencionado -aunque mal articulado-, de mejorar la sociedad. Visto as&iacute;, un rechazo contundente a su acci&oacute;n, elaborado con conocimiento de causa y teniendo en cuenta esa genealog&iacute;a a la que ellos sumaban su propuesta, puede conducir a una reflexi&oacute;n fruct&iacute;fera tanto para activistas, performers y productores de fake, como para el p&uacute;blico receptor, e incluso para los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El asunto es que, en lugar de expresarse el rechazo a esta propuesta por su desconsideraci&oacute;n hacia la superviviente, se ha condenado al integrante l&iacute;der de Homo Velamine a un a&ntilde;o y medio de c&aacute;rcel por da&ntilde;ar la integridad moral de la v&iacute;ctima.
    </p><p class="article-text">
        En la sentencia, el tribunal asegura que, debido a su acci&oacute;n, la joven &ldquo;vio expuesto su sufrimiento, minimizado, banalizado y utilizado, en aras de una presunta cr&iacute;tica, en un claro desprecio a su dignidad&rdquo;. Entiendo las motivaciones del tribunal para afirmar esto. La propuesta de Homo Velamine, pese a la defensa intelectual que muchos hacen de la misma, es un intento de subversi&oacute;n fallido, enunciado desde una posici&oacute;n completamente alejada de la de la superviviente, que es el sujeto pol&iacute;tico relevante de todo esto.
    </p><p class="article-text">
        Sobre si una condena de prisi&oacute;n al l&iacute;der de Homo Velamine es algo que tenga fundamento, sobre si los integrantes de dicho colectivo son personas peligrosas para la sociedad que deben ser apartadas de &eacute;sta para defender a sus potenciales v&iacute;ctimas, sobre si deben recibir un castigo institucional, solo hay una respuesta posible, y es no.
    </p><p class="article-text">
        En este pa&iacute;s tenemos una idea bastante feliz de lo que implica la puesta en marcha del sistema penal, como si amenazar o coartar de facto la libertad de alguien fuera un recurso al que meter mano con deleite. El nivel de la sentencia condenatoria a Homo Velamine sienta un precedente que puede ser peligroso, ignora la posibilidad del error humano en quien no pretende da&ntilde;ar pero pese a todo lo hace y, por encima de todo, genera inevitables preguntas:
    </p><p class="article-text">
        Al juez que emiti&oacute; su voto particular en el caso de 'la manada', ese que cuestion&oacute; constantemente a la v&iacute;ctima durante el juicio, con una falta absoluta de sensibilidad y una obviamente nula formaci&oacute;n para juzgar casos de violencia sexual, &iquest;va a caerle algo de c&aacute;rcel?
    </p><p class="article-text">
        A los medios que han estado publicando informaci&oacute;n de forma constante sobre el estado del cuerpo de Diana Quer y lo que implicaba o dejaba de implicar su postura -y un terror&iacute;fico etc&eacute;tera al que han tenido acceso familiares y amigos de la asesinada- &iquest;se les va a multar de alguna forma?
    </p><p class="article-text">
        A los directores de programas como Expediente Marlaska: historias de malos (ojo al t&iacute;tulo), &iquest;se les va a amonestar de alguna forma por nutrirse de investigaciones en curso para alimentar el morbo del televidente con <em>true crimes</em> de actualidad?
    </p><p class="article-text">
        A quienes cuestionan la mera existencia del maltrato de g&eacute;nero y la violencia contra las mujeres, a quienes se niegan a mirar a la cara a las supervivientes y articulan teor&iacute;as falsas sobre conspiraciones entre &eacute;stas y cadenas televisivas, &iquest;se los va a apartar del di&aacute;logo pol&iacute;tico con una sanci&oacute;n econ&oacute;mica?
    </p><p class="article-text">
        A quienes emiten d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n las im&aacute;genes de una participante de un programa televisivo siendo testigo de su propia agresi&oacute;n sexual grabada, &iquest;se les va a apartar de sus puestos de trabajo previa multa compensatoria para la damnificada?*
    </p><p class="article-text">
        Jurar&iacute;a que en estos casos, y en todos los que se nos pueden ocurrir a colaci&oacute;n, que son decenas, la respuesta es no. Y eso que su genealog&iacute;a, mal que nos pese, podemos rastrearla mucho m&aacute;s all&aacute; de la del fake y con consecuencias mucho m&aacute;s funestas.
    </p><p class="article-text">
        Pol&iacute;ticos, jueces, polic&iacute;as, m&eacute;dicos e incluso psic&oacute;logos que cuestionan a las supervivientes de formas inapropiadas; medios de comunicaci&oacute;n que comparten informaci&oacute;n privada, lanzan teor&iacute;as, acosan a familiares y amistades en sus horas m&aacute;s bajas; programas sensacionalistas -en mayor o menor medida- que se alimentan de la desgracia ajena para acercar al ciudadano de a pie al fascinante mundo de la investigaci&oacute;n criminal. Todo ello existe, est&aacute; integrado en nuestra cotidianidad y da&ntilde;a moralmente a las supervivientes de agresiones sexuales y a sus familias todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la acci&oacute;n de Homo Velamine, nos parezca apropiada o no, se inscribe en la genealog&iacute;a art&iacute;stico pol&iacute;tica del 'fake' y la performance, las acciones del resto -pol&iacute;ticos, jueces, polic&iacute;a, m&eacute;dicos, psic&oacute;logos, periodistas, tertulianos, etc- se inscriben en una vasta genealog&iacute;a que vulnera a las mujeres y su derecho a la vida, a la intimidad y a la libertad sexual; una genealog&iacute;a que forma parte de nuestra historia como civilizaci&oacute;n y que recibe el nombre de patriarcado.
    </p><p class="article-text">
        De nosotras y nosotros depende decidir d&oacute;nde y de qu&eacute; forma ponemos el foco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Bastarós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/genealogias-fake-violencia-falso-manada_129_1178894.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Dec 2019 20:20:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la distopía climática a la entelequia rural. ¿Sueñan los humanos con la selva amazónica?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/distopia-ecologica-entelequia-suenan-amazonica_129_1068991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Parece que la narrativa con la que nos entretendremos hasta el fin del mundo no habla tanto sobre lo que se avecina como sobre lo que dejamos atrás: ese planeta, de belleza un día sobrecogedora, al que exprimimos hasta convertirlo en pasto de las llamas y las mareas y las sequías y el fracking y los microplásticos</p></div><p class="article-text">
        En 1995, Hawai acog&iacute;a el rodaje de la industria cinematogr&aacute;fica m&aacute;s caro hasta la fecha: 170 millones de d&oacute;lares para una pel&iacute;cula que se film&oacute; &iacute;ntegramente sobre el agua. Pese a que los espectadores acudieron en masa a ver <em>Waterworld</em>, la cinta fue una cat&aacute;strofe a todos los niveles: no hubo beneficios, las cr&iacute;ticas fueron p&eacute;simas y la carrera del c&eacute;lebre guardaespaldas cay&oacute; en picado y sin frenos. A posteriori, sin embargo, a <em>Waterworld</em> le ha salido una virtud inesperada: fue la primera pel&iacute;cula mainstream que tom&oacute; el cambio clim&aacute;tico como eje ficcional. En el film, situado en torno al a&ntilde;o 2500, los casquetes polares se han derretido por completo, haciendo que el nivel del mar se eleve hasta cubrir casi toda la tierra.
    </p><p class="article-text">
        La esperanza de esta nueva -y acu&aacute;tica- humanidad reside en Enola, una ni&ntilde;a en cuyo cr&aacute;neo se halla tatuado el mapa del &uacute;nico reducto de tierra seca. Ah&iacute; es nada. Quit&aacute;ndole est&eacute;tica <em>steampunk</em> y sum&aacute;ndole algo de pretensiones moralistas, una d&eacute;cada despu&eacute;s la distop&iacute;a clim&aacute;tica tuvo sus herederas en obras como <em>El d&iacute;a despu&eacute;s de ma&ntilde;ana</em> (2004), <em>El incidente</em> (2007) o la nueva versi&oacute;n de <em>Ultim&aacute;tum a la tierra</em> (2008). En la primera, un paleoclimat&oacute;logo -ojo- alerta en la cumbre de la ONU sobre las inminentes consecuencias del calentamiento global: parad&oacute;jicamente, una nueva edad de hielo se aproxima. La pel&iacute;cula concluye -claro- con un emotivo discurso del presidente de los EEUU, que agradece la acogida de los pa&iacute;ses del denominado tercer mundo -los &uacute;nicos a salvo de la glaciaci&oacute;n- y reconoce su error fatal al no prestar atenci&oacute;n a los avisos sobre el cambio clim&aacute;tico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Elevando la carga de <em>scifi</em>, Shyamalan abre <em>El Incidente</em> con una tremenda escena en la que cientos de personas se ven pose&iacute;das por un impulso que les hace autolesionarse hasta la muerte. La causa de este frenes&iacute; suicida resultan ser -spoiler- unas esporas liberadas por los &aacute;rboles, que pretenden acabar con el nocivo ser humano o, al menos, regular su presencia sobre la tierra. Una <em>green revenge</em> en toda regla. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de <em>El incidente</em> llegar&iacute;a a las carteleras la revisi&oacute;n del cl&aacute;sico <em>Ultim&aacute;tum a la tierra</em>, protagonizada por un extraterrestre que llega al planeta para decidir si la raza humana puede y merece salvarse teniendo en cuenta sus esfuerzos en aniquilar su propio hogar.
    </p><p class="article-text">
        En el contexto de una sociedad m&aacute;s consciente de los devastadores efectos de la acci&oacute;n del hombre sobre el planeta, desastres naturales, maremotos, tornados, repentinas glaciaciones o volcanes en sincronizada erupci&oacute;n tomaron las narrativas cinemat&oacute;graficas y nos hicieron atragantarnos -todav&iacute;a no lo suficiente- con nuestras palomitas alojadas en gigantes cubos de pl&aacute;stico. Era la &eacute;poca en la que la tragedia ecol&oacute;gica s&oacute;lo se intu&iacute;a, en la que a&uacute;n pod&iacute;a ser material de divagaci&oacute;n y entretenimiento sin que el p&uacute;blico sintiera el repentino impulso de santiguarse. 
    </p><p class="article-text">
        A trece a&ntilde;os de que el drama fuera ya evidente para casi cualquiera, las productoras a&uacute;n ten&iacute;an el valor de posibilitar documentales como el brit&aacute;nico <em>La gran farsa del calentamiento global</em> (2007), previamente titulado <em>Apocalypse my ass</em> (Apocalipsis, mi culo). La cinta fue dirigida por Martin Durkin, productor de Channel 4 previamente al mando de la serie documental <em>Against Nature</em> (literalmente, Contra la naturaleza), que lo convirti&oacute; en el enemigo n&uacute;mero uno de los ecologistas al identificarlos como una amenaza para el desarrollo econ&oacute;mico y las libertades individuales otorgadas por el neoliberalismo. El mismo a&ntilde;o en que se estrenaba <em>La gran farsa del calentamiento global</em>, Al Gore y el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Clim&aacute;tico se llevaban el premio Nobel de la Paz por su labor de alerta sobre la emergencia ecol&oacute;gica. En aquel momento a&uacute;n conviv&iacute;an teor&iacute;as y opiniones variopintas sobre el cambio clim&aacute;tico, y una gran parte de la poblaci&oacute;n sencillamente no cre&iacute;a en ello, como si se tratara de una religi&oacute;n o un conjunto de supersticiones.  
    </p><p class="article-text">
        El territorio de la novela no se qued&oacute; atr&aacute;s, y sus frutos fueron de una calidad muy -pero que muy- superior a los del cine. La <em>cli-fi</em>, g&eacute;nero literario rebosante de mundos arrasados por cat&aacute;strofes naturales, tuvo sus fieles representantes en las magn&iacute;ficas <em>La Carretera</em>, de Cormac Mc Carthy, ficci&oacute;n postapocal&iacute;ptica ganadora de un Pulitzer en 2007, o <em>Solar</em> (Anagrama, 2010), del brit&aacute;nico Ian McEwan, que toma la voz de un apoltronado Nobel de la f&iacute;sica para integrar reflexiones sobre el calentamiento global con un afortunado tono sat&iacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        George Turner, un habitual del g&eacute;nero, firm&oacute; a&ntilde;os antes una novela que conviene sacar a colaci&oacute;n. En <em>Las torres del olvido</em> (1987), el escritor nos retrata una Australia destruida por el cambio clim&aacute;tico, una Melbourne esquilmada por la superpoblaci&oacute;n y el d&eacute;ficit de recursos naturales. Hoy resulta imposible leer la sinopsis de esta novela sin sufrir un poco de eso que se ha bautizado como <em>eco-anxiety</em>, la ansiedad que supone para la psique humana la consciencia de lo que le hemos hecho al planeta y el dram&aacute;tico destino al que eso nos aboca.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, el terreno de la distop&iacute;a se ha diversificado: sobreviven las distop&iacute;as cl&aacute;sicas, herederas de sagas o hitos como <em>Blade Runner</em> o <em>Mad Max</em> -con su <em>feminist friendly</em> nueva entrega, Mad Max Fury Road-, y las distop&iacute;as digitales como <em>Black Mirror</em> o <em>Her</em> gozan de una estupenda salud de hierro -o de silicio. La distop&iacute;a de la cat&aacute;strofe clim&aacute;tica, sin embargo, ha pasado a mejor vida. Ha sido holgadamente reemplazada por las im&aacute;genes, advertencias y reportajes de los telediarios: escenograf&iacute;as mucho m&aacute;s baratas de producir -s&oacute;lo hay que grabarlas, prescindiendo de cualquier efecto especial o de postproducci&oacute;n- pero que nos est&aacute;n saliendo infinitamente m&aacute;s caras. Con la alarma clim&aacute;tica disparada, la humanidad anda a&uacute;n dividida en cuanto a modus operandi -no ya tanto en cuanto a opiniones reales, pues la evidencia es cada vez m&aacute;s ineludible. Una masa de adolescentes enfurecidos clama por una reacci&oacute;n inmediata -si no por una venganza justa-, algunos adultos despistados se entretienen criticando a sus l&iacute;deres y, ciertos pol&iacute;ticos -desde Trump o Bolsonaro a la histri&oacute;nica derecha espa&ntilde;ola- se esfuerzan en negar lo innegable a fin de no dar en los morros a empresarios y poderes econ&oacute;micos varios. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el invierno se retrasa, Australia se convierte en cenizas, los temporales azotan la costa levantina y el mar se defiende, furioso, vomitando las piscifactor&iacute;as de Castell&oacute;n en las playas de Daimuz, una imagen que sin duda har&iacute;a las delicias de Shyamalan. Como propina cultural, la moda de la distop&iacute;a clim&aacute;tica da paso a una tendencia de romantizaci&oacute;n de lo natural que, sutil pero persistentemente, toma las producciones editoriales y los estantes de las librer&iacute;as de nuestro pa&iacute;s. Ante ese fin del mundo cuya sombra parece proyectarse sobre nuestras cabezas, ante el delirio consumista y la hiperproducci&oacute;n que nos han conducido a la precariedad personal, colectiva y del territorio, los urbanitas so&ntilde;amos de pronto con ir a los bosques, vivir profundamente y desechar todo aquello que no sea vida -palabras con las que el naturalista Henry David Thoreau abre su m&iacute;tico Walden- y divagamos sobre esa bella idea de regresar a lo rural aunque, la verdad sea dicha, es francamente dif&iacute;cil regresar a donde nunca se estuvo. 
    </p><p class="article-text">
        La proyecci&oacute;n de anhelos colectivos a trav&eacute;s de la literatura no es nueva, pero s&iacute; significativa. Parece que la narrativa con la que nos entretendremos hasta el fin del mundo no habla tanto sobre lo que se avecina como sobre lo que dejamos atr&aacute;s: ese planeta, de belleza un d&iacute;a sobrecogedora, al que exprimimos hasta convertirlo en pasto de las llamas y las mareas y las sequ&iacute;as y el fracking y los micropl&aacute;sticos. El miedo azuza la nostalgia, aunque sea la de tipo abstracto, y el ser humano se sumerge hoy en la lectura de autores como John Burroughs -ese genuino hombre de los bosques que escribi&oacute; sobre <em>El arte de ver las cosas-</em> y autoras como Sue Hubbell o Susanne Fenimore Cooper. La llamada <em>nature writing</em> vive, de hecho, un auge sin precedentes en nuestro pa&iacute;s, espoleada por la incansable labor de la editorial Errata Naturae, encargada de traducir al castellano los t&iacute;tulos m&aacute;s potentes del g&eacute;nero. 
    </p><p class="article-text">
        Su editor, Rub&eacute;n Hern&aacute;ndez -que no sue&ntilde;a con abstracciones de volver a lo rural porque vive, de hecho, en el campo- realiz&oacute; una apuesta sin grandes expectativas al revisar, cotejar y mejorar la tradici&oacute;n del <em>Walden</em> de Thoreau en 2013. Tal fue la acogida del cl&aacute;sico entre los lectores actuales -30.000 ejemplares vendidos y subiendo- que la editorial se anim&oacute; a sacar una colecci&oacute;n, Libros Salvajes, destinada a acercarnos a los mejores ejemplos de <em>nature writing</em> a nivel internacional. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Hern&aacute;ndez, &ldquo;la occidental es la &uacute;nica civilizaci&oacute;n que se ha ordenado en base a la dicotom&iacute;a naturaleza/cultura, el resto de comunidades no se han pensado a s&iacute; mismas fuera de la naturaleza. Es por eso que la relaci&oacute;n de occidente con la naturaleza es siempre entendida como una p&eacute;rdida. Estas historias, las de la <em>nature writing</em>, nos aportan otros esquemas vitales, suponen un contrapeso a la distop&iacute;a. Existe una demanda de relatos, especialmente de tipo memor&iacute;stico y en primera persona, que muestren otras formas de habitar el mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo muy ilustrativo es el de Wendel Berry, pensador contempor&aacute;neo editado por primera vez en castellano por Errata Naturae: un profesor universitario de Nueva York que un buen d&iacute;a decidi&oacute;, para asombro de todos, regresar a su Kentucky natal para ponerse al frente de una granja. Desde ah&iacute;, Berry se ha convertido en una conciencia global para los EEUU, defendiendo en sus textos la vida campesina y el apego a la tierra, entendiendo la tierra como ese lugar lugar concreto en el que uno vive, sobre el que puede actuar de manera directa. 
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, los Premios C&aacute;lamo reconocen este a&ntilde;o la obra de Irene Sol&aacute;, <em>Canto yo y la monta&ntilde;a baila</em> (Anagrama, 2019) -un fascinante y original&iacute;simo texto ubicado en la naturaleza pirenaica, ya galardonado con el 4&ordm; Premio Llibres Anagrama de Novela- y se venden por miles los ejemplares del Tierra de Mujeres (Seix Barral, 2019) de Mar&iacute;a S&aacute;nchez, que nos narra en primera persona la experiencia de la mujer en el medio rural. En cuanto a las publicaciones peri&oacute;dicas, la cuidad&iacute;sima revista Salvaje quiere &ldquo;sacarnos al campo&rdquo;, reivindicar el medio rural y ayudarnos a abandonar el m&oacute;vil -la ansiedad digital es otro mal de nuestra era- para reconectar con esa naturaleza a la que hace tiempo abandonamos a su -o m&aacute;s bien, a nuestra- suerte. No es una locura afirmar que, mientras la Espa&ntilde;a despoblada sigue vaci&aacute;ndose y sus representantes pol&iacute;ticos son amenazados por grupos de ultraderecha, los ansiosos ocupantes de impagables zulos urbanos sue&ntilde;an con una entelequia campestre por la que muy pocos se atreven a optar: bien por inmovilismo, por necesidad de hiperconexi&oacute;n o, simplemente, por la consciencia del desconocimiento que esconde nuestra abstracci&oacute;n rom&aacute;ntica de lo rural. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta que nos decidamos, habr&aacute; que seguir leyendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Bastarós]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/distopia-ecologica-entelequia-suenan-amazonica_129_1068991.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jan 2020 20:06:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De la distopía climática a la entelequia rural. ¿Sueñan los humanos con la selva amazónica?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,España vaciada]]></media:keywords>
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