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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Chessa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto-chessa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Chessa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Poemario de novelista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/poemario-novelista_132_7349773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61439a28-6aa7-43c7-9d03-3d469033b734_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poemario de novelista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una lectura de La cadena del frío (La Estética del Fracaso, 2020), de Diego Sánchez Aguilar</p></div><p class="article-text">
        <em>&#8210;&iquest;Tiene que significar algo un nombre? &#8210;pregunt&oacute; Alicia dubitativamente.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>		&#8210;Claro que s&iacute; &#8210;respondi&oacute; Humpty Dumpty con una breve risa&#8210;, mi nombre significa la forma que tengo.</em>
    </p><p class="article-text">
        					<strong>Lewis Carroll</strong>, <em>A trav&eacute;s del espejo y lo que Alicia encontr&oacute; all&iacute;</em> (traducci&oacute;n de Juan Gabriel L&oacute;pez Guix)
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, se habla tanto de 'novela de poeta' que es ya un t&oacute;pico recurrir a ello cuando un vate se desmarca con una narraci&oacute;n apoyada en estilemas m&aacute;s propios de la l&iacute;rica. &iquest;Y no hay una contrafigura semejante? Pues s&iacute;, solo que para eso deber&iacute;amos tambi&eacute;n manejar a la inversa &#8210;siquiera fuere de vez en cuando&#8210; esa tonter&iacute;a de <em>dar el salto</em>. Pues venga, ya que estamos, all&aacute; voy yo: Diego S&aacute;nchez Aguilar, tras <em>Factbook</em>, una impecable y extraordinaria novela, ha vuelto a dar el salto a la poes&iacute;a con <em>La cadena del fr&iacute;o</em>, un extraordinario e impecable poemario de novelista.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A reforzar esto &uacute;ltimo acude en primer lugar (porque as&iacute; lo decide quien esto escribe) una confesi&oacute;n personal del autor: la de que nunca (nun&#8210;ca) escribe poemas sueltos. Su trato, pues, con la l&iacute;rica postula de por s&iacute; entes org&aacute;nicos con un prop&oacute;sito determinado, una estructura esbozada de antemano y, claro est&aacute;, la elecci&oacute;n de unos cuantos motivos recurrentes que ser&aacute;n los que articulen de principio a fin su aventura creativa. Es decir: Diego S&aacute;nchez Aguilar no escribe poemas, escribe libros de poemas; sus poemarios no son el resultado de una acumulaci&oacute;n de piezas sueltas m&aacute;s o menos coet&aacute;neas en el tiempo, sino la apuesta en firme por una obra cerrada, concebida en sus propios l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, no nos deber&iacute;an extra&ntilde;ar, por un lado, la singularidad de cada una de sus entregas po&eacute;ticas (el d&iacute;a que se decida a compilarlas todas se ver&aacute; claramente el valor orquestal de esa <em>opera omnia</em>), ni, por otro, la fidelidad a un proceso de escritura a pesar de que hayan transcurrido unos cuantos a&ntilde;os desde que le estampara el punto final. Es el caso. <em>La cadena del fr&iacute;o</em> (sexto t&iacute;tulo de La Est&eacute;tica del Fracaso, un sello empe&ntilde;ado en contradecir su crisis de identidad nominal) sale a recorrer mundo en este g&eacute;lido y cadenero 2020, pero es un libro que llevaba en realidad dormido desde hac&iacute;a casi un lustro. Yo (este yo &#8210;con perd&oacute;n&#8210; vuelve a ser el de quien esto escribe) lo le&iacute;, de hecho, por primera vez en diciembre de 2015, cuando su autor me lo envi&oacute; envuelto en esta no s&eacute; si prevenci&oacute;n o qu&eacute;: &ldquo;Es &eacute;pico, narrativo, con un personaje protagonista, con un tono apocal&iacute;ptico, visionario y con otras cosas peculiares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Peculiar es, sin duda. Puestos a abrir la caja, comparto con quien leyere lo que yo le escrib&iacute; al autor en un correo personal (ya no): &ldquo;<em>La cadena del fr&iacute;o</em> es un libro tremendamente ambicioso, y del envite sales fortalecido. Celebro ese potente simbolismo, que se echa de ver desde el mismo <em>introito</em> a vueltas con la lluvia y esos dioses que mueren de aburrimiento entre el cielo y los espejos&rdquo;. Ya en ese arranque, y desde luego m&aacute;s a&uacute;n conforme avanzaba en la lectura, me maliciaba que estaba siendo invitado a una suerte de 'serm&oacute;n del &aacute;ngel ca&iacute;do', un fresco tiznado por una sutil y oscura alegor&iacute;a a la mayor gloria (o <em>el mayor infierno</em>) de todos los para&iacute;sos perdidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El escenario dist&oacute;pico, <em>bladerunnero</em> (son muchos, de hecho, los foto-l&iacute;rico-gramas, por supuesto 'a 24 muertes por segundo') es, sin duda, el mejor p&uacute;lpito (cuanto m&aacute;s largos los poemas m&aacute;s letan&iacute;sticos, m&aacute;s salm&oacute;dicos) para ese &aacute;ngel que podr&aacute; ser del fr&iacute;o o de Victoria's Secret (no se te escapa una), pero que es por encima de todo &#8210;y como todos&#8210; <em>terrible</em>. Como terrible es esa denuncia pertinaz que emprendes contra todo tipo de simulacros, empezando por el de la propia identidad.
    </p><p class="article-text">
        Hay una imaginer&iacute;a personal&iacute;sima en el libro, Diego, m&aacute;s meritoria a&uacute;n en tanto que los mimbres con que la urdes son bien claros y reconocibles: el universo observado e <em>inventado</em> por los presocr&aacute;ticos, la querella de contrarios del Barroco, el paisaje exterior y proyectado del Romanticismo septentrional, el simbolismo de corte visionario y &#8210;<em>ante litteram</em>&#8210; surrealizante, el ciberpunk m&aacute;s autocomplacido en su negritud y su devastaci&oacute;n, y, por supuesto, el crucigrama de la posmodernidad. Esto &uacute;ltimo es lo que introduce un m&aacute;s que saludable contrapeso distendido (sobre todo, en algunos t&iacute;tulos) a un tono esencialmente severo y lo que confiere al libro tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n l&uacute;dica, casi dir&iacute;a juguetona, con esos ep&iacute;grafes kilom&eacute;tricos, el par de notas a pie de p&aacute;gina, la transculturalidad&reg;&hellip;&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; el correo a modo de rese&ntilde;a confidencial (ya no) o la rese&ntilde;a camuflada de correo privado (tampoco). &iquest;Algo m&aacute;s que a&ntilde;adir? Pues no mucho, la verdad. Si acaso, unas pocas notas sueltas al hilo de mi relectura del libro ya editado. y que, acaso por contraste con lo anterior, se me antoja ofrecer as&iacute;, tal cual, de modo fragmentario. Son las que siguen:
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src=" https://static.eldiario.es/clip/be2c5162-a1db-4ac8-a524-3d80b8b72880_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &middot; La alusi&oacute;n al universo presocr&aacute;tico no se fundamenta solo en el hecho de que <em>La cadena del fr&iacute;o</em> nos reciba con Parm&eacute;nides y Her&aacute;clito (que, hombre, tampoco est&aacute; mal).
    </p><p class="article-text">
        &middot; Leemos: &ldquo;Miro c&oacute;mo las cosas se esconden tras sus formas&rdquo;. Es decir: estamos dos pasos m&aacute;s all&aacute; de cuando Garc&iacute;a Lorca sentenciaba que &ldquo;son mentira las formas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &middot; Leemos: &ldquo;Mira c&oacute;mo las cosas se abrazan a su precio&rdquo;. // &ldquo;Para que significara algo, / deber&iacute;a poder venderse la lluvia. / Hacer una droga, encapsular este pr&eacute;stamo de alma&rdquo;. // &ldquo;Quisiste ser feliz y se dieron cuenta. / Siempre se dan cuenta, lo ven todo, lo venden todo&rdquo;.&nbsp; Es decir: Diego conculca la m&aacute;xima unamuniana de <em>Amor y pedagog&iacute;a</em> seg&uacute;n la cual 2Escribir &aacute;lgebra en verso es echar a perder el &aacute;lgebra y el verso&ldquo;, pues si algo trasuntan estos versos es una andanada contra uno de los principios axiales de la econom&iacute;a moderna, el Efecto Veblen, cuya sinopsis para <em>dummies</em> vendr&iacute;a a ser que cualquier bien de consumo mejora su demanda en el momento en que aumenta su precio (cuanto m&aacute;s inalcanzable, m&aacute;s deseado).
    </p><p class="article-text">
        &middot; La 'un&aacute;nime noche' de las borgesianas <em>ruinas circulares</em> es aqu&iacute; &ldquo;la un&aacute;nime tarde de la clase media&rdquo;, en la que &ldquo;las secadoras vibran&rdquo;. &iquest;Y nos extra&ntilde;a?
    </p><p class="article-text">
        &middot; De uno de los largu&iacute;simos t&iacute;tulos se recorta la siguiente declaraci&oacute;n de intenciones: &ldquo;En un previsible alarde posmoderno&rdquo;. Con ello, Diego (en un previsible alarde de inteligencia) se cura de caer en frivolidades propias del pen&uacute;ltimo <em>Cat&aacute;logo Posmo</em>, pero tampoco (y de ah&iacute; su distanciamiento, tan precavido como ir&oacute;nico) deja de reclamarse posmoderno. (Nos distanciamos de lo que somos, claro est&aacute;, no de lo que nos extra&ntilde;a).
    </p><p class="article-text">
        &middot; El cine y Plat&oacute;n en su confortable cavernita&hellip; Primera reacci&oacute;n atropellada de lector impaciente: tirarle de las orejas al poeta por una analog&iacute;a un tanto manoseada. El mismo Gorki, en aquel fabuloso texto seminal ('El reino de las sombras', atenci&oacute;n al a&ntilde;o: 1896), en donde reflej&oacute; sus primeras impresiones como asistente a aquella nueva barraca de feria llamada cinemat&oacute;grafo, alud&iacute;a ya al mito cuando aseveraba: &ldquo;No es la vida sino su sombra, no es el movimiento sino su espectro silencioso&rdquo;. Segunda reacci&oacute;n ponderada de lector perseverante: &iexcl;menudo giro que es capaz de darle al motivo en cuesti&oacute;n cuando, sin abandonar el estambre plat&oacute;nico, el poeta nos aguijonea con esta descripci&oacute;n del palomiteo en una sala de cine!: &ldquo;El ma&iacute;z, que levant&oacute; imperios ahora llamados / Tercer Mundo, sublima su precio entre nuestros dedos / y se abre en flores blancas / que pronto estallar&aacute;n alfombrando el suelo de la caverna: / los restos de la boda entre la luz y la sombra&rdquo;. Y otro Plat&oacute;n 2.0: &ldquo;Haces fotos, eso s&iacute;, / y en la pantalla la nieve es m&aacute;s blanca, / m&aacute;s perfecta. / Se parece m&aacute;s a ella misma, / a su palabra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &middot; La distop&iacute;a, s&iacute;&hellip;, <em>ma non troppo</em>.
    </p><p class="article-text">
        &middot; Pir&aacute;mide, muralla, hielo&hellip; En <em>La cadena del fr&iacute;o</em> hay una iconosfera de tintes casi babil&oacute;nicos puesta al servicio de un c&aacute;ntico pornogr&aacute;ficamente actual, si por <em>actual</em> se entiende la sociedad l&iacute;quida (el hielo se derrite), hiperconectada (la muralla se hunde en sus estratos) y asomada al espejo del consumo indome&ntilde;able (la pir&aacute;mide deviene gr&aacute;fico recurrente en manos del capitalismo y sus dibujantes).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &middot; Leemos: &ldquo;Todo es l&iacute;quido. Nada tiene forma, ni memoria&rdquo;. Es decir: de nuevo Bauman, <em>of course</em>. (Y perd&oacute;n por la recurrencia de algo tan recurrente).
    </p><p class="article-text">
        &middot; Leemos: &ldquo;Nuestro h&eacute;roe ha buscado en internet empresas que ofrezcan servicios de criog&eacute;nesis. La idea se le ocurri&oacute; cuando, leyendo a Manrique, advirti&oacute; que un r&iacute;o congelado, que mantuviera correctamente la cadena del fr&iacute;o, nunca ir&iacute;a a dar al mar, que es el morir&rdquo;. Es decir: que hay un humor entre macabro y cultureta, siempre descre&iacute;do; humor negro como el hielo, exactamente igual que el mundo es azul como una naranja: &ldquo;Y llor&eacute; como un idiota y dej&eacute; de dar vueltas, <em>like a rolling stone&rdquo;</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &middot; Los versos de Petrarca: hielo&#8210;llama; sangre&#8210;vac&iacute;o interior. S&iacute;, son motivos barrocos a los que seguimos asom&aacute;ndonos con id&eacute;ntica fascinaci&oacute;n por su ajedrez impl&iacute;cito de contradicciones. Vivimos otra vez una era <em>dicta y contradicta</em>, que tal vez encuentre uno de sus m&aacute;s clarividentes ecos en estos versos de <em>La cadena del fr&iacute;o</em>: &ldquo;Cuando duermo, todo es real; / eso tambi&eacute;n lo s&eacute;, / porque ahora estoy despierto&rdquo;&hellip;, que son, a su vez, eco del porfiado estribillo de <em>L&eacute;olo</em>: &ldquo;Porque sue&ntilde;o, no lo estoy&rdquo; (loco, se entiende. &iquest;Se entiende?).
    </p><p class="article-text">
        &middot; El libro es tambi&eacute;n a ratos una suerte de libreto bis a una banda sonora, en este caso el &aacute;lbum <em>Kid A</em>, de Radiohead; una larga par&aacute;frasis del disco de la banda brit&aacute;nica, o bien una glosa posmoderna del disco de la banda brit&aacute;nica, eso s&iacute;: mojando el teclado en el tintero de Petrarca y sec&aacute;ndolo en la esponja del <em>Sturm und Drang</em>. &iquest;Que no? A ver c&oacute;mo reinterpreta el tema 'Idioteque' <em>radioheadero</em>: &ldquo;Abr&aacute;zame, viene la era del hielo. Coge tu abrigo y corre. / Ya no habr&aacute; m&aacute;s tormentas, el rock and roll ha muerto&rdquo;. Y es que en el fondo (y, &iexcl;qu&eacute; co&ntilde;o!, en la forma tambi&eacute;n) Diego es un rom&aacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        &middot; Leemos: &ldquo;Como si mi tiempo hubiera sido derramado, camino del congelador, / y me hubiera quedado ah&iacute; fuera, al otro lado de mi nombre&rdquo;. Es decir: esta &ldquo;Quinta y &uacute;ltima reflexi&oacute;n sobre el hielo&rdquo; (m&aacute;s toda la escolta que completa el t&iacute;tulo) se erige, a la vista est&aacute;, como una de las composiciones m&aacute;s memorables sobre la soledad.
    </p><p class="article-text">
        &middot; Leemos: &ldquo;Todas parec&iacute;an Wendy, con sus alas de lib&eacute;lula&rdquo;. Es decir: con alas capaces de transportarlas (de transportarnos) de Neverland a Wonderland, ese lugar donde son los espejos los que juegan contigo hasta volverte del rev&eacute;s y dejar &#8210;&iexcl;ojo!&#8210; &ldquo;tu nombre hecho a&ntilde;icos&rdquo;. El ciudadano S&aacute;nchez Aguilar coquetea con ello hasta en detalles tan (poco) inocentes como una direcci&oacute;n de correo electr&oacute;nico: <em>dondedijediego</em>. La encomienda de decir y proclamar la identidad, el yo, impera agazapada en el propio nombre de Diego: <em>di&#8210;ego</em>.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto, Diego S&aacute;nchez Aguilar naci&oacute; en Cartagena en 1974 y, en la actualidad (profesor excedente), vive en Londres. Es doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, de lo cual nos alegramos sobre todo por la impagable edici&oacute;n de la <em>Poes&iacute;a vertical </em>de Roberto Juarroz que tuvo a bien editarle (consagrarle) C&aacute;tedra el a&ntilde;o 2012. Es tambi&eacute;n, como ya qued&oacute; dicho, narrador, y de ah&iacute; la cosecha de relatos que conforman <em>Nuevas teor&iacute;as sobre el orgasmo femenino</em> (Balduque, 2016), merecedores del Premio Setenil, y la novela que alab&eacute; justamente m&aacute;s arriba <em>Factbook. El libro de los hechos</em> (Candaya, 2018). Es tambi&eacute;n, como habr&aacute; quedado claro, un sobresaliente poeta que se alz&oacute; con el premio Dionisia Garc&iacute;a en 2008 (con 34 a&ntilde;os, nada primerizo) gracias a <em>Diario de las bestias blancas</em> y, en 2016 (nada impaciente), complet&oacute; su siguiente entrega con el oscuro y demi&uacute;rgico <em>Las c&eacute;lebres &oacute;rdenes de la noche</em> (ediciones La Palma). <em>La cadena del fr&iacute;o</em> es, pues, en realidad, otro eslab&oacute;n en una de las obras m&aacute;s cimeras de nuestra literatura contempor&aacute;nea. Y he dicho <em>literatura</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Chessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/poemario-novelista_132_7349773.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Mar 2021 10:58:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos y dos son cinco: una lectura de 'Y me llevo una' de Joseángel Murcia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/lectura-llevo-joseangel-murcia_132_1003105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6cd1430-50cc-413e-a29b-067d3682929b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos y dos son cinco: una lectura de &#039;Y me llevo una&#039; de Joseángel Murcia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Y para deleitar a la vez que se enseña (y viceversa) es aconsejable, ante todo, ponerse en la piel de los demás, del otro, de nosotros: los legos, los alumnos. Es lo que hace Joseángel Murcia con sus apelaciones constantes y su estilo familiar</p></div><p class="article-text">
        Escribo a escasas horas de cerrar un a&ntilde;o en el que, gracias al Informe Pisa (que es algo que nadie sabe muy bien lo que es, pero precisamente por eso impone mucho), nos hemos vuelto a enterar de que &laquo;Espa&ntilde;a saca su peor nota en ciencias y se atasca en matem&aacute;ticas&raquo;, ante lo cual &laquo;Los cient&iacute;ficos culpan a la docencia poco especializada&raquo; (El Pa&iacute;s, 4-XII-2019). Y, como desde aqu&iacute; uno no quisiera dejar de contribuir a paliar este, al parecer, mal end&eacute;mico entre los estudiantes espa&ntilde;oles, lo suelto ya: la suerte en su camino hasta los lectores de libros como 'Y me llevo una' correr&aacute; pareja con la mejora en los resultados de los informes pisas que est&eacute;n por venir. As&iacute; de claro. &iquest;M&aacute;s? Pues m&aacute;s, m&aacute;s claro: hay que leer 'Y me llevo' una se tenga o no se tenga dominio de la materia en cuesti&oacute;n: los que s&iacute;, por el placer de una lectura contrastiva (si adem&aacute;s se dedican a la docencia, &iacute;tem m&aacute;s); y los que no (como es mi caso), por todo lo que voy a contar a continuaci&oacute;n. Ya adelanto que es la primera vez (y acaso quede como &uacute;nica) en que me divierto tanto leyendo un libro&hellip; que no entiendo. Otro adelanto: uno (uno soy yo) sale de este libro igual de torpe que cuando entr&oacute;&hellip;, pero sabiendo mucho m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Jose&aacute;ngel Murcia es licenciado en Matem&aacute;ticas por la Universidad de Murcia (valga la redundancia) y profesor asociado en la Facultad de Educaci&oacute;n de la Universidad Complutense de Madrid. Adem&aacute;s de eso (incluso dir&iacute;a: sobre todo), es una mente de mal asiento que canaliza su infinita curiosidad de mil maneras. La que aqu&iacute; nos interesa se suele conocer como <em>divulgaci&oacute;n</em>, y ah&iacute; es donde el profesor Murcia se las lleva todas: prensa escrita, radio, televisi&oacute;n, redes sociales, formaci&oacute;n presencial y, por supuesto, este volumen coeditado con mimo ostensible por N&oacute;rdica y Capit&aacute;n Swing, que asimismo abre sus p&aacute;ginas a las abracadabrantes ilustraciones de Cristina Daura, capaces de entablar un di&aacute;logo fecundo con el texto sin perder por ello su condici&oacute;n de primorosas obras de arte, se dir&iacute;a que reci&eacute;n extra&iacute;das de un rito de iniciaci&oacute;n en el orfismo o los misterios de Eleusis versi&oacute;n cuatro punto cero.
    </p><p class="article-text">
        Conviene reproducir literalmente el subt&iacute;tulo que condimenta este libro: &laquo;Un ajuste de cuentas con las matem&aacute;ticas de la escuela&raquo;, porque, s&iacute;, en efecto: <em>por descontado</em>, estas p&aacute;ginas est&aacute;n llenas de cuentas en su justo t&eacute;rmino, pero tambi&eacute;n de un saludable ejercicio de amenidad expositiva, sin desd&eacute;n por la iron&iacute;a o la retranca cuando reivindican su don de la oportunidad, sin temor a que un juego de palabras (como aquel del subt&iacute;tulo, por ejemplo) ponga en riesgo el rigor con que se encara la materia de estudio. Como sabemos, a esto los antiguos lo llamaban <em>docere et delectare</em>. Y para deleitar a la vez que se ense&ntilde;a (y viceversa) es aconsejable, ante todo, ponerse en la piel de los dem&aacute;s, del otro, de nosotros: los legos, los alumnos. Es lo que hace Jose&aacute;ngel Murcia con sus apelaciones constantes y su estilo familiar: la voz que se impone en 'Y me llevo una' se dirige a un lector, no a lectores, al que adem&aacute;s tutea; y resulta que ese lector es <em>un t&uacute;, eres</em> t&uacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Para quienes dejamos aparcado el estudio de las matem&aacute;ticas en tiempos de Pit&aacute;goras este libro nos reserva m&uacute;ltiples sorpresas. La primera de ellas, y acaso la mayor, consiste en que <em>estas</em> matem&aacute;ticas se alejan del sesgo monol&iacute;tico y marm&oacute;reo con que hasta ayer se nos ven&iacute;an presentando y, en su lugar, ofrecen una imagen (no s&eacute; si decir incluso una condici&oacute;n) m&aacute;s d&uacute;ctil, m&aacute;s flexible, m&aacute;s&hellip; discutible. En bromas veras, podr&iacute;amos arriesgar que aqu&iacute; las matem&aacute;ticas son pura ciencia&hellip; ficci&oacute;n. Y si no tanto, s&iacute; al menos ciencia y ficci&oacute;n. O ciencia y relato. Ciencia y literatura. &laquo;Un problema no acaba cuando llegamos a una soluci&oacute;n&raquo; es un aforismo con vocaci&oacute;n de saltimbanqui, de saltar desde este volumen hasta la vida diaria. Estas p&aacute;ginas pueden servir para muchas cosas, as&iacute; de proteicas son. Hasta la protesta de &iacute;ndole social tiene cabida en ellas: &laquo;no tener nociones b&aacute;sicas de estad&iacute;stica y probabilidad nos hace mucho m&aacute;s vulnerables a las arbitrariedades de la administraci&oacute;n o de las empresas y sus intereses comerciales, nos lleva a tomar decisiones err&oacute;neas, nos hace ser m&aacute;s manipulables&raquo;, podemos leer en la p&aacute;gina 179. O bien: &laquo;la loter&iacute;a es el impuesto voluntario que pagan los que no saben matem&aacute;ticas&raquo; (p&aacute;gina 182).   
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, en 'Y me llevo una' habita un verdadero cruce de g&eacute;neros: claro que es un ensayo consagrado a la did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas, pero eso no le impide ser tambi&eacute;n un delicioso anecdotario y un manual de historia, de suerte que termina por configurarse ante todo como un relato que hace un buen uso de las t&eacute;cnicas suasorias de la narrativa de ficci&oacute;n. No dir&eacute; esa tonter&iacute;a de que se lee como una novela (como si eso fuera un laurel en s&iacute; mismo), pero s&iacute; que, por encima de cualquier otra apuesta, en este libro<em> se cuentan cosas</em>, no solo n&uacute;meros. Y, hablando de todo un poco, consuela saber que &laquo;no hay nada del n&uacute;mero 3 en el s&iacute;mbolo del 3&raquo;. S&iacute;, pensar que estas criaturas num&eacute;ricas andan tambi&eacute;n subordinadas a un signo arbitrario, como en el terreno de la ling&uuml;&iacute;stica determin&oacute; Saussure, reporta un cierto consuelo a la hora de asistir a las lides entre las ciencias y las letras. Y espera, que a&uacute;n me ha quedado algo por hablar de todo un poco: resulta tambi&eacute;n (yo lo he descubierto leyendo estas p&aacute;ginas, en concreto la 112) que los n&uacute;meros llevan dentro toda una geometr&iacute;a, lo cual es tanto como decir que trasuntan una retrospectiva del mism&iacute;simo Mondrian. 
    </p><p class="article-text">
        Una confesi&oacute;n personal, si se me permite. Conoc&iacute;a, claro, la matem&aacute;tica del verso (aquello de escribir con s&iacute;labas <em>contadas</em>, la simetr&iacute;a de ciertas estructuras, el &aacute;lgebra de las met&aacute;foras); lo que ignoraba hasta ahora (o no sab&iacute;a que sab&iacute;a) es que la poes&iacute;a tambi&eacute;n encuentra acomodo entre los laberintos matem&aacute;ticos. Y no solo por una serie de giros y decires manifiestamente l&iacute;ricos (error absoluto, fractal, conjetura de los primos gemelos, n&uacute;meros irracionales), sino por la propia ambici&oacute;n de la matem&aacute;tica por dotar de un cuerpo a una entelequia, por desvelar la condici&oacute;n latente de todo cuanto nos rodea, la matem&aacute;tica y la poes&iacute;a de los objetos, la matem&aacute;tica po&eacute;tica que es el mundo si se sabe mirarlo bien. Por eso, este libro de Jose&aacute;ngel Murcia no es apto para reaccionarios henchidos por sus (pre)juicios, porque este libro de Jose&aacute;ngel Murcia se complace en poner los dogmas del rev&eacute;s uno tras otro, es un aut&eacute;ntico libro de las revelaciones, que ese y no otro nombre merecen afirmaciones como las siguientes (&iexcl;ni&ntilde;os, tapaos los o&iacute;dos!): &laquo;Ning&uacute;n cuadrado ser&aacute; perfectamente cuadrado. Nunca. (&hellip;) el &uacute;nico cuadrado perfecto estar&aacute; en nuestra imaginaci&oacute;n&raquo;, tal vez porque &laquo;Ocurre que no todos los infinitos tienen el mismo tama&ntilde;o&raquo; en tanto que &laquo;el infinito se encuentra donde menos te lo esperas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        'Y me llevo una' es un libro sim&eacute;trico, como no pod&iacute;a ser menos: ocho cap&iacute;tulos de extensi&oacute;n muy similar, en donde por supuesto el &uacute;ltimo, el 8, el cap&iacute;tulo 8, se yergue desde su lemniscata para interrogarse por el infinito. 'Y me llevo una' es un libro revolucionario: por su &aacute;nimo refutador de m&eacute;todos y apriorismos tradicionales, y por la propia manera de refutar, que es persuasiva, no censora (aunque hay refutaciones que duelen, como esa que nos descubre que &laquo;La regla de tres es poco transparente&raquo;). 'Y me llevo una' es un libro sobre la did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas concebida como una de las l&uacute;dicas artes. Jose&aacute;ngel Murcia no esconde sus cartas: &laquo;Escribo este libro para seguir aprendiendo&raquo;. &iexcl;Cuidado! Esa persona con la que te cruzas por la calle podr&iacute;a ser un matem&aacute;tico al modo en que lo es Jose&aacute;ngel Murcia. Y a lo mejor resulta que anda haciendo c&aacute;lculos inveros&iacute;miles tras fijar la vista en las tapas de las alcantarillas o en las matr&iacute;culas de los coches.                       
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Chessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/lectura-llevo-joseangel-murcia_132_1003105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2020 10:31:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos y dos son cinco: una lectura de 'Y me llevo una' de Joseángel Murcia]]></media:title>
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      <title><![CDATA["Les debemos respeto a los vivos. A los muertos, solo la verdad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/debemos-respeto-vivos-muertos-verdad_132_1167544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5bd030f6-fff1-48e0-8c8c-998c668bb373_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Les debemos respeto a los vivos. A los muertos, solo la verdad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ángel Viñas, '¿Quién quiso la guerra civil? Historia de una conspiración', 2019, Crítica, 501 páginas</p></div><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo de la rese&ntilde;a es una cita de Voltaire. Aqu&iacute; va otra, tambi&eacute;n empleada por el autor del libro que nos ata&ntilde;e, en este caso del evangelista Lucas: &ldquo;Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto&rdquo;. S&iacute;, solo hay que tener paciencia... y p&uacute;blico interesado, lectores para quienes la revelaci&oacute;n tenga la trascendencia precisa o sepan v&eacute;rsela. Las historias de la Historia son caducas, acaban quedando obsoletas.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchos (bien o menos bien intencionados) que nunca entender&aacute;n que el ayer no est&aacute; escrito sino por (re)escribir. La pregunta es: &iquest;Se sigue defendiendo lo indefendible porque no se lee lo suficiente... o aun leyendo? Y no, claro que no existe la imparcialidad. Pero la verg&uuml;enza (y su ant&oacute;nimo) s&iacute;. Deber&iacute;amos no confundirlas. &ldquo;La mejor manipulaci&oacute;n es la que contiene un poso de verdad&rdquo;, sentencia con raz&oacute;n &Aacute;ngel Vi&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Sigamos oyendo la voz del autor: &ldquo;Una guerra no se prepara solo con ret&oacute;rica. Se prepara sobre todo con la seducci&oacute;n del Ej&eacute;rcito y, tras ello, con las armas. Si no bastan las propias, o se teme que no basten, hay que recurrir al exterior. La Italia fascista fue, desde 1932, ese exterior con el que los mon&aacute;rquicos conectaron&rdquo;. Vi&ntilde;as, tras quemarse las pesta&ntilde;as navegando entre lo que se conoce en la historiograf&iacute;a como EPRE (Evidencias Primarias de &Eacute;poca), se dedica en este profuso ensayo a documentar la afirmaci&oacute;n anterior hasta demostrarla.
    </p><p class="article-text">
        Parece mentira, pero vamos a tener que repetirlo. Venga, va, de un tir&oacute;n. Tomemos aire y digamos de una sola bocanada: la Rep&uacute;blica no era ni ileg&iacute;tima, ni revolucionaria (no en el malsentido de los malsentidores), ni debeladora de Iglesia, milicia y latifundios, ni un caballo de troya para la Patria, ni un protosat&eacute;lite de Mosc&uacute;. Fue un r&eacute;gimen democr&aacute;tico. Fr&aacute;gil, pero democr&aacute;tico. Conflictivo, pero democr&aacute;tico. Exactamente lo contrario de lo que hoy vocea la carcundia medi&aacute;tica (...&iquest;al servicio de qui&eacute;n?) cuando se afana en negar todo lo que, en apenas un lustro, se trat&oacute; de implantar.
    </p><p class="article-text">
        Repasemos (otro bal&oacute;n de ox&iacute;geno, que voy): Un estado tendente al laicismo (que no comecuras), la coeducaci&oacute;n, la igualdad de oportunidades para ambos sexos (hoy: g&eacute;neros), educaci&oacute;n p&uacute;blica y gratuita para todos, el divorcio... Todos ellos son logros que andan hoy en tela de juicio y -para algunos- en v&iacute;as de reversi&oacute;n. &iquest;Que el divorcio no? Todo se desandar&aacute;, reza el lema del reaccionario de toda la vida, valga la redundancia.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al libro de Vi&ntilde;as. Aprendamos, pues, a conjugar un sintagma: &ldquo;La extrema derecha mon&aacute;rquica&rdquo;. Matiza (para m&aacute;s inri): &ldquo;Fue con gran diferencia (&hellip;) la m&aacute;s letal para la Rep&uacute;blica&rdquo;. La respuesta al t&iacute;tulo del libro ('&iquest;Qui&eacute;n quiso la Guerra Civil?') es esta, atenci&oacute;n: Los mon&aacute;rquicos alfonsinos y la Italia fascista. Conoc&iacute;amos bien el golpe pero no la conspiraci&oacute;n. Para la reconstrucci&oacute;n de esta &uacute;ltima habr&iacute;a que partir de 'los papeles de Mola', una historia del alzamiento escrita de su pu&ntilde;o y letra por el general que, vaya por Dios, desapareci&oacute; sospechosamente en 1937. Alg&uacute;n resto queda, y de ah&iacute; que a&uacute;n podamos, pueda Vi&ntilde;as, reconstruir siquiera sea en parte la mentada conspiraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Eso&hellip; y el descubrimiento de unos contratos de compra de aviones italianos el 1 de julio de 1936 (s&iacute;, s&iacute;: un par de semanas antes de que todo estallara). Porque &ldquo;lo que se necesitaba (&hellip;) eran armas modernas, no para un golpe, sino para dirimir una corta guerra. En una palabra, aviaci&oacute;n&rdquo;. El gobierno republicano, por m&aacute;s que se oliera el pastel, no supo atajar la sublevaci&oacute;n. El resto es conocido.
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        Pero el resto tambi&eacute;n es lo siguiente. Alfonso XIII, el que quiso evitar una guerra civil con su exilio, ve&iacute;a a&uacute;n desde el barco el Castillo de la Concepci&oacute;n cartagenero cuando empez&oacute; a conspirar. &iquest;Por qu&eacute; naci&oacute; Juan Carlos en Roma, precisamente en Roma? Ay, los manejos mon&aacute;rquicos. El mon&aacute;rquico ma non troppo Juan March aport&oacute; dos millones de pesetas, que equivalen a &iexcl;34 millones de euros de hoy! El monarqu&iacute;simo Juan Ignacio Luca de Tena puso algo m&aacute;s que las tres primeras letras del alfabeto para calentar los &aacute;nimos. A Hugh Thomas, en Londres, en 1975, don Juan le confes&oacute; que su padre hab&iacute;a estado implicado hasta las cachas en la sublevaci&oacute;n. Y, c&oacute;mo no, el futuro gobernador del Banco de Espa&ntilde;a, tan patriota &eacute;l, Antonio Goicoechea, no se iba a quedar al margen.
    </p><p class="article-text">
        El racarraca de conspiradores que eran la punta de lanza civil del sector m&aacute;s rebelde del ej&eacute;rcito (la UME, Uni&oacute;n Militar Espa&ntilde;ola) lo completa Pedro Sainz Rodr&iacute;guez. Sumemos a Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera (Falange devino aliada coyuntural y pistolera de la extrema derecha mon&aacute;rquica) y la aquiescencia cat&oacute;lica de la CEDA de Gil Robles. Vi&ntilde;as recoge una carta de los tres a Ciano en la que de forma poco equ&iacute;voca dicen: &ldquo;Para la realizaci&oacute;n urgente de un golpe de Estado con las m&aacute;ximas garant&iacute;as de &eacute;xito necesitar&iacute;amos una r&aacute;pida ayuda de un mill&oacute;n de pesetas, como m&iacute;nimo&raquo;&rdquo; Estamos a pocas semanas de que estalle la sublevaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En resumen: &ldquo;Mola, Franco, mon&aacute;rquicos y militares remaban todos en la misma direcci&oacute;n y en el mismo barco&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo se enardece a un ej&eacute;rcito para que se subleve? Pues creando un estado de necesidad. &iquest;Y esto c&oacute;mo es? Pues con algaradas callejeras, des&oacute;rdenes urbanos, violencia pol&iacute;tica y pistoleros a sueldo. Al contrario de lo que se cree (&iquest;qui&eacute;n?), hubo en los compases previos al alzamiento m&aacute;s v&iacute;ctimas de izquierda que de derecha. Lo que trataron de urdir estos simp&aacute;ticos conspiradores fue una suerte de golpe r&aacute;pido que hubiera colocado a Calvo Sotelo de mussolinito hasta que, al cabo, hubiera reabierto las puertas al rey. Es decir: volver a un modelo similar al de la dictadura de Primo.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que el antifranquismo ha tenido muchas novias, los mon&aacute;rquicos donjuanistas una de ellas. Y se quisieron ir de rositas rumbo a la posteridad poni&eacute;ndose de perfil. No fue posible la paz, &ldquo;memoriz&oacute;&rdquo; a finales de los sesenta Gil Robles. Pues no. Ellos no fueron responsables de los desmanes del franquismo (al que, de forma m&aacute;s o menos activa, se opusieron, es cierto, lo combatieron desde el exilio exterior o interior), pero s&iacute; fueron corresponsables de la guerra y, por lo tanto, del r&eacute;gimen autoritario que gener&oacute;. Unos (Sainz Rodr&iacute;guez) disidentes tolerados, otros (la mayor&iacute;a) acomodados en el silencio, algunos (Goicoechea) colaboradores f&eacute;rvidos. Todos c&oacute;mplices.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y una &uacute;ltima nota. Se pueden escribir quinientas p&aacute;ginas de historia (&iexcl;y vaya historia!) sin perder el sentido del humor, la retranca, el desenfado. Podr&iacute;amos decir que &Aacute;ngel Vi&ntilde;as practica el estilo elevado sin desd&eacute;n por lo ligero y, a ratos, zumb&oacute;n, sin ascos al chascarrillo un tanto flem&aacute;tico. Como record&oacute; el autor en la presentaci&oacute;n en Madrid (menos mal que la Librer&iacute;a era Sin Tarima, porque no habr&iacute;a entrado), Jos&eacute; Luis Sampedro siempre dec&iacute;a que una cosa era &ldquo;escribir con rigor y otra con rigor mortis&rdquo;. Adem&aacute;s, la reconstrucci&oacute;n de toda la trama y tramoya conspirativa est&aacute; ofrecida en clave de thriller, de rompecabezas que se va completando poco a poco, lo cual solo puede engordar nuestra expectaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuesti&oacute;n aparte es el esfuerzo de paciencia que se le exige al lector a la hora de ir recomponiendo las piezas. Vi&ntilde;as entiende la historiograf&iacute;a de la &uacute;nica manera en que es dable entenderla: desde la meticulosidad, desde el cotejo minucioso de fuentes y la denodada puesta al d&iacute;a de testimonios directos, indirectos y bibliogr&aacute;ficos. (Lo contrario habr&aacute; que referirlo como historia ficci&oacute;n o similares). Consecuencia inevitable de ello es la prolijidad de datos, hechos, cifras y dichos consignados de aut&eacute;nticos personajetes que, en buena lid, de haberse podido aplicar justicia po&eacute;tica antes que bald&oacute;n hist&oacute;rico, jam&aacute;s habr&iacute;an ocupado ni una min&uacute;scula nota a pie de p&aacute;gina de los anales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ah, y no ser&eacute; yo quien caiga en la tentaci&oacute;n de establecer analog&iacute;a alguna con el presente, l&iacute;breme Vox.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Chessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/debemos-respeto-vivos-muertos-verdad_132_1167544.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Dec 2019 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Les debemos respeto a los vivos. A los muertos, solo la verdad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra Civil Española,República]]></media:keywords>
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