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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Rioyo]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Rioyo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El cine español y la República, esa pareja feliz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine-espanol-republica-pareja-feliz_130_8588354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8078bd3e-3fb8-4526-a2aa-a8803bf68e19_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x899y1012.jpg" width="1200" height="675" alt="El cine español y la República, esa pareja feliz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fueron un matrimonio bien avenido. Eran jóvenes, creían tener la vida por delante, hasta que la guerra les separó</p><p class="subtitle">Este reportaje pertenece a la revista 'Las luces de la Segunda República', de elDiario.es. Hazte socia antes del 31 de diciembre y te enviamos a casa esa y otras dos revistas</p></div><p class="article-text">
        Con la Rep&uacute;blica tambi&eacute;n llega el cine sonoro. Espa&ntilde;a se llen&oacute; de salas de cine, acogedores espacios que pasaron del modernismo al dec&oacute; y el racionalismo. Eran las nuevas catedrales; c&oacute;modas, oscuras, iluminadas por las luces de la pantalla y llenas de aventuras, amores, canciones y dramas. El cine era mejor que la vida. Y era mucho mejor llorar por desgracias de ficci&oacute;n que por nuestra realidad. La Arcadia de todas las noches, la evasi&oacute;n de la realidad. El cine, que hab&iacute;a empezado documentando realidades, encontr&oacute; su &eacute;xito de masas en los mundos de ficci&oacute;n. Comedias, zarzuelas adaptadas, pasiones, mundo elegante, dramas hist&oacute;ricos o amores populares. Todo era posible en aquellas pantallas que empezaban a saber hablar y saber cantar. Estaba comenzando la f&aacute;brica de mitos y sue&ntilde;os. Real irrealidad que seguimos necesitando.
    </p><p class="article-text">
        El cine tambi&eacute;n es industria, negocio, capital y empresa. Los empresarios, la mayor&iacute;a, no eran muy republicanos. El negocio del cine en la Rep&uacute;blica estaba en manos de la burgues&iacute;a, liberal o conservadora, lejos del obrerismo o los sindicatos. Enorme tinglado multinacional crecido en Hollywood, que pasa por Par&iacute;s, Berl&iacute;n y llega a un pa&iacute;s en modernizaci&oacute;n de usos y costumbres pero todav&iacute;a muy dominado por lo teatral.
    </p><p class="article-text">
        Los tiempos necesitaban 'star system', modernidad y glamour. Se exportaba un nuevo estilo en las evasiones. Tocaba ser cosmopolita y transformar aquella diversi&oacute;n popular que ven&iacute;a del sainete, la zarzuela, las variet&eacute;s&hellip; pero los gustos no se cambian por decreto constitucional, ni real. El cine era un lugar de evasi&oacute;n interclasista, patio de butacas de los m&aacute;s pudientes, gallinero del pueblo. Sonrisas y l&aacute;grimas durante unas horas por pocas pesetas. Saber pasar del mundo silente al sonoro, del exceso teatral al nuevo estilo. Interpretar en un escenario menos directo, m&aacute;s sofisticado. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El cine es una poderosa arma de forjar sensibilidades. Cuando las izquierdas se pusieron a mirar a las pantallas, las derechas ya habían ocupado la plaza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De la media distancia al primer plano. Un tinglado de la nueva farsa, un espect&aacute;culo de masas sentadas en c&oacute;modas salas oscuras. Se necesitaban t&eacute;cnicos, c&aacute;maras, guionistas, directores y estrellas. Malos y galanes, hermosas y p&eacute;rfidas, tr&aacute;gicos y c&oacute;micos. El cine no era teatro filmado, la dicci&oacute;n era otra, los movimientos diferentes. En muy poco tiempo eso se supo transformar. Naci&oacute; la fotogenia.
    </p><h3 class="article-text">Pioneros en Hollywood</h3><p class="article-text">
        Algunos pioneros acudieron a la llamada de Hollywood. El mercado del cine en espa&ntilde;ol estaba abierto a ser colonizado, muchos hablantes y poca industria cinematogr&aacute;fica. Por distintas razones, las versiones en espa&ntilde;ol no funcionaron como se esperaba. Sin embargo el paso por Hollywood de Benito Perojo, L&oacute;pez Rubio, Jardiel Poncela, Edgar Neville, Rosita D&iacute;az Gimeno, Miguel Ligero o Rafael Rivelles, entre otros, fue trascendental para nuestros cineastas y actores. Aquel aprendizaje fue esencial para el desarrollo del cine sonoro de la Rep&uacute;blica. Pasar por el imperio de los grandes estudios, Fox, Metro-Goldwin-Mayer o Paramount, represent&oacute; un acelerado taller de formaci&oacute;n. La operaci&oacute;n de ocupar los mercados castellanohablantes estaba en marcha. Se produjeron m&aacute;s de cien pel&iacute;culas norteamericanas en castellano. Muy pocas fueron dirigidas por espa&ntilde;oles, Flori&aacute;n Rey, Mart&iacute;nez Sierra, Benito Perojo o Xavier Cugat fueron algunos de los pocos elegidos. Con la excepci&oacute;n de Cugat, todos dejaron la meca del cine y terminaron trabajando en el cine nacional.
    </p><p class="article-text">
        En los primeros tiempos republicanos se crearon los primeros estudios cinematogr&aacute;ficos. En Barcelona, Orphea; en Madrid, C.E.A. (Cinematograf&iacute;a Espa&ntilde;ola Americana) y en Valencia, CIFESA. Apenas ten&iacute;amos cineastas, como se evidencia en una cena fundacional de CEA en Lhardy. All&iacute; se dan cita autores y compositores que poco sab&iacute;an del nuevo arte. Jacinto Benavente, Arniches, los &Aacute;lvarez Quintero, Mu&ntilde;oz Seca, Luca de Tena, Luis F. Ardav&iacute;n, Jacinto Guerrero y comerciantes, banqueros e industriales del poder financiero madrile&ntilde;o, pr&aacute;cticamente todos de cercan&iacute;as mon&aacute;rquicas y ajenos al nuevo lenguaje. Sus objetivos eran &ldquo;la producci&oacute;n y explotaci&oacute;n de pel&iacute;culas espa&ntilde;olas habladas, sonoras o mudas, de todas clases, incluyendo noticiarios y pel&iacute;culas pedag&oacute;gicas&rdquo;. Dicho eso, constituida la sociedad, hab&iacute;a que encontrar y formar cineastas. 
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                    alt="Secuencia de la película &#039;Mamá&#039;, rodada por Benito Perojo en Hollywood, en 1931"
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            <span class="title">
                Secuencia de la película &#039;Mamá&#039;, rodada por Benito Perojo en Hollywood, en 1931                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Un destacado cr&iacute;tico cinematogr&aacute;fico, Hern&aacute;ndez Girbal, escribi&oacute;: &ldquo;Al cine espa&ntilde;ol le estorban los autores teatrales&rdquo;. Seguramente ten&iacute;a raz&oacute;n, pero hay que reconocer que las pel&iacute;culas de &eacute;xito durante la Rep&uacute;blica salieron, principalmente, del teatro y la zarzuela. El cine es una poderosa arma de forjar sensibilidades, gustos, modas y fama. A la Rep&uacute;blica el cine le pill&oacute; en el teatro. Cuando las izquierdas republicanas, atene&iacute;stas e ilustradas, se pusieron a mirar a las pantallas, las derechas &mdash;ya fueran cosmopolitas o saineteras&mdash; ya hab&iacute;an ocupado la plaza.
    </p><p class="article-text">
        Se crea en 1933 el Consejo Nacional de Cinematograf&iacute;a con la intenci&oacute;n de desarrollar la incipiente industria. Hay un debate sobre c&oacute;mo dar las subvenciones, sobre c&oacute;mo promover un cine patrio y cu&aacute;les deber&iacute;an ser los grav&aacute;menes al cine de fuera. As&iacute; seguimos, casi cien a&ntilde;os despu&eacute;s y el debate sigue abierto. En aquellos albores ten&iacute;a m&aacute;s fuerza la postura liberal que la proteccionista, pero el Gobierno republicano quer&iacute;a intervenir en aquello que cada d&iacute;a era m&aacute;s popular y pod&iacute;a tener m&aacute;s influencia. Uno de nuestros cineastas de mayor prestigio y &eacute;xito, Flori&aacute;n Rey, se manifestaba bastante hostil contra la intervenci&oacute;n gubernamental: &ldquo;&iexcl;Que el Estado no se acuerde nunca de nosotros es lo que m&aacute;s deseo! Nuestros pol&iacute;ticos no est&aacute;n capacitados para defender ning&uacute;n arte y menos al cine cuya modernidad no encuadra en los viejos moldes de nuestra pol&iacute;tica&rdquo;. No era el &uacute;nico que ped&iacute;a menos intervenci&oacute;n estatal. El imprescindible Edgar Neville, pionero de la modernidad de nuestro cine &mdash;&ldquo;c&iacute;nico sentimental, ego&iacute;sta abnegado, epic&uacute;reo estoico&rdquo;, en palabras de Luis Escobar&mdash; se pronunci&oacute; con una seriedad que no era su estilo: &ldquo;No necesitamos m&aacute;s protecci&oacute;n que el abaratamiento de materias primas, cintas, material cinematogr&aacute;fico y que se levanten los impuestos&rdquo;. O Benito Perojo, del que Bu&ntilde;uel y su grupo se burlaban hablando del &ldquo;perojismo&rdquo; del cine espa&ntilde;ol, que reivindicaba un cine comercial, entretenido, vodevilesco y robustecedor de nuestra industria nacional, ya entonces dec&iacute;a: &ldquo;Hay que producir menos y mejores pel&iacute;culas&rdquo;.&nbsp; Desde luego no se pod&iacute;a decir que Perojo o Flori&aacute;n Rey &mdash;los dos con bagaje cinematogr&aacute;fico internacional&mdash; no supieran de qu&eacute; hablaban. Con sus pel&iacute;culas, que se podr&iacute;an definir como espa&ntilde;oladas, fueron capaces de poner de moda el cine entre las clases populares. Crearon algunos de sus mitos &mdash;Imperio Argentina, Estrellita Castro, Rosita D&iacute;az Gimeno, Rafael Rivelles, Miguel Ligero&mdash; que crearon nuestro primer 'star system' en espa&ntilde;ol. Se quejaba Flori&aacute;n Rey que cuando hac&iacute;an una buena pel&iacute;cula &ldquo;espa&ntilde;ola&rdquo;, parte de la cr&iacute;tica la halagara diciendo que ten&iacute;a un car&aacute;cter internacional. Rey reivindicaba lo espa&ntilde;ol sin complejo.
    </p><p class="article-text">
        Todos aquellos &eacute;xitos de nuestro cine en tiempos republicanos, algunos de gran calidad cinematogr&aacute;fica, fueron la base &mdash;con m&aacute;s censura y exaltaci&oacute;n patria&mdash; del cine popular en el franquismo. Se crearon productoras, estudios, se exportaron y formaron t&eacute;cnicos, crec&iacute;an salas de cine y ya se pod&iacute;a hablar de una industria del cine espa&ntilde;ol. Muchos estudiosos afirman que entre los a&ntilde;os 35 y 36 el cine espa&ntilde;ol alcanz&oacute; la cota de prosperidad m&aacute;s alta de su historia. Uno de los historiadores de referencia, Rom&aacute;n Gubern &mdash;adem&aacute;s de necesario para conocer la historia del cine republicano, tambi&eacute;n lo es para la historia del cine en general&mdash; dice que aquella fue &ldquo;la edad de oro del cine espa&ntilde;ol&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre discusiones de cl&aacute;sicos y modernos, cosmopolitas o castizos, se est&aacute; forjando el cine en la Rep&uacute;blica. Todav&iacute;a lejos de competir con las producciones americanas &mdash;el eslogan de ECESA (Estudios de Cinematograf&iacute;a Espa&ntilde;ola) era: &ldquo;&iexcl;Espa&ntilde;oles! &iexcl;Espa&ntilde;a est&aacute; en manos del cine extranjero!&rdquo;&mdash; algunas pel&iacute;culas tuvieron tal &eacute;xito de p&uacute;blico y comercial que fueron capaces de aventajar en cifras y espectadores a las grandes producciones de Hollywood. As&iacute; CIFESA &mdash;que tendr&iacute;a larga vida en el franquismo&mdash; se convirti&oacute; en una empresa de gran atracci&oacute;n para el capital. S&iacute;mbolo de productora nacional y cercana a las derechas, supo crecer porque supo d&oacute;nde conseguir el p&uacute;blico. No le hizo falta contar con las ayudas al cine del gobierno republicano.
    </p><p class="article-text">
        Productora fundamental en los a&ntilde;os republicanos fue Film&oacute;fono, creada por Ricardo Urgoiti, hijo del fundador de Papelera Espa&ntilde;ola y el diario El Sol. Muy pronto en esa productora m&aacute;s progresista, burguesa e ilustrada se dieron cuenta que el tema &ldquo;espa&ntilde;ol&rdquo; llenaba las salas del nuevo cine sonoro. Ellos hab&iacute;an importado los primeros filmes sovi&eacute;ticos y las pel&iacute;culas de algunos prestigiosos directores europeos (Pabs, Duvivier, Dreyer, Clair) que les dieron m&aacute;s prestigio que dinero. Apuesta cin&eacute;fila que se pod&iacute;an permitir por ser tambi&eacute;n los importadores de las primeras cintas de Walt Disney y del rat&oacute;n Mickey. Culto y liberal, s&iacute;, pero Urgoiti era un empresario; cuando su amigo Luis Bu&ntilde;uel &mdash;que ven&iacute;a precedido de los esc&aacute;ndalos de las pel&iacute;culas surrealistas con Dal&iacute;, y de la prohibici&oacute;n del documental 'Tierra sin pan'&mdash; le dijo que quer&iacute;a producir pel&iacute;culas populares, el empresario amigo desconfiaba. Sin embargo, cuando Bu&ntilde;uel le present&oacute; el primer proyecto, 'Don Quint&iacute;n el amargao', versi&oacute;n de un sainete de Arniches, no lo ten&iacute;a claro. Pero cuando el aragon&eacute;s le dijo que pon&iacute;a dinero &mdash;prestado una vez m&aacute;s por su madre para reiniciar su carrera en el cine, en otro cine&mdash; el empresario puso fin a sus dudas y aquella fue la primera producci&oacute;n de Film&oacute;fono. Bu&ntilde;uel hab&iacute;a dejado dicho lo siguiente: &ldquo;realizar un filme comercial que ha de ser contemplado por millones de ojos y cuya l&iacute;nea moral sea prolongaci&oacute;n de la que rige mi propia vida, es empresa que considerar&eacute; como una suerte emprender&rdquo;.
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                    alt="Imperio Argentina y Miguel Ligero en la película de Florián Rey &#039;Morena Clara&#039;, de 1936"
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            <span class="title">
                Imperio Argentina y Miguel Ligero en la película de Florián Rey &#039;Morena Clara&#039;, de 1936                            </span>
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        Y as&iacute; fue, m&aacute;s que un productor fue el fact&oacute;tum de las populares pel&iacute;culas republicanas de Film&oacute;fono, distintas &mdash;'ma non troppo'&mdash; a las otras de sus competidoras. Al &eacute;xito de la primera pel&iacute;culas sucedi&oacute; otro a&uacute;n mayor: 'La hija de Juan Sim&oacute;n', adaptaci&oacute;n de una obra de teatro que codirigieron Bu&ntilde;uel y S&aacute;enz de Heredia, con el muy popular e izquierdista cantante flamenco, Angelillo. Y all&iacute; naci&oacute; una estrella: Carmen Amaya. Primera aparici&oacute;n de una adolescente de presencia arrebatadora. Gran &eacute;xito en todo el mundo hispano. Film&oacute;fono y Bu&ntilde;uel demostraron que lo popular y espa&ntilde;ol pod&iacute;a ser sin&oacute;nimo de buen cine. Cuando se terminaba el rodaje de otro sainete de Arniches, 'Centinela alerta' &mdash;dirigida por el amigo de Bu&ntilde;uel, Jean Gremillon y otra vez con la presencia de Angelillo&mdash; estall&oacute; la guerra. La distribuci&oacute;n qued&oacute; reducida a territorios republicanos&nbsp; Los proyectos de rodar 'Fortunata y Jacinta', 'Tirano banderas', otra inspirada en la obra de Baroja, 'La lucha por la vida', y otras basadas en obras de Gald&oacute;s, quedaron truncados. La guerra termin&oacute; con ese intento tan digno de hacer buen cine con historias y autores espa&ntilde;oles.
    </p><h3 class="article-text">Carism&aacute;tico Neville</h3><p class="article-text">
        Hay que reconocer que el indudable &eacute;xito popular de algunas producciones de CIFESA, y de alguna otra productora, no eran deudor del esp&iacute;ritu renovador de la Rep&uacute;blica. 'La verbena de la Paloma' de Perojo, 'Morena Clara' o 'Nobleza baturra' de Flori&aacute;n Rey, donde el casticismo, el honor, la honra y el gitanismo estaban tan presentes en ese cine &ldquo;social conservador&rdquo;, fueron una demostraci&oacute;n de olfato y de buenos cineastas. Y alg&uacute;n mito como la magn&eacute;tica Imperio Argentina. Algunos de aquellos &eacute;xitos cinematogr&aacute;ficos se siguieron proyectando en ambos bandos de la Espa&ntilde;a en guerra. Ejemplo del transversal gusto popular lo represent&oacute; 'Morena clara'. Estrenada en el cine Rialto de Madrid en abril de 1936, amortiz&oacute; su coste de 520 mil pesetas, con aquellos primeros pases y sigui&oacute; recaudando &eacute;xito y dinero en las dos zonas en guerra.
    </p><p class="article-text">
        Hemos hablado de Edgar Neville, nombre fundamental de nuestro cine, de nuestra cultura, arist&oacute;crata, afiliado al partido de Aza&ntilde;a en la Rep&uacute;blica, diplom&aacute;tico sin vocaci&oacute;n, culto, mundano, bebedor, vividor y franquista heterodoxo. Supo gastar la vida viviendo como quiso. En sus a&ntilde;os republicanos film&oacute; 'El malvado Carabel', 'La se&ntilde;orita de Trev&eacute;lez' o 'M&uacute;sica de fondo' y justo en el paso entre monarqu&iacute;a y rep&uacute;blica &mdash;producida por la muy singular Rosario Pi&mdash; una comedia llamada 'Yo quiero que me lleven a Hollywood'. Su carrera como autor y cineasta sigui&oacute; en la guerra con pel&iacute;culas de propaganda franquista y en el franquismo realizando cine muy poco franquista.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
Entre los años 1935 y 1936, el cine español alcanzó la cota de prosperidad más alta de su historia, según muchos estudiosos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No hay una marca de cine republicano. Hay muchos cines, muchos estilos: polic&iacute;aco, fr&iacute;volo, musical, hist&oacute;rico, dram&aacute;tico, religioso, c&oacute;mico, documental o exc&eacute;ntrico. Cine perdido, cine rescatado tan sorprendente como 'Carne de fieras', del anarquista Armand Guerra, con el primer desnudo de nuestro cine interpretado por Marlene Gray.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se incorpor&oacute; al cine como productora, guionista y directora una mujer pionera, Rosario Pi, que realiz&oacute; 'El gato mont&eacute;s', interesante opera prima. Otra de nuestras grandes pel&iacute;culas, demasiado olvidada, fue 'La traviesa molinera' de Harry d'Abbadie d'Arrast. La &uacute;nica pel&iacute;cula que eligi&oacute; Chaplin para salvar en el MOMA.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, cine espa&ntilde;ol y Rep&uacute;blica van unidos, fue el periodo de mayor auge de nuestro cine. Una cinematograf&iacute;a, desigual art&iacute;sticamente, pero capaz de llegar a todos los p&uacute;blicos. Revisarla hoy es una sorpresa y una lecci&oacute;n para los que dudan del mundo abierto y los evidentes contrastes que hubo durante la Segunda Rep&uacute;blica. Escribi&oacute; entonces el cr&iacute;tico Villegas L&oacute;pez: &ldquo;de este actual periodo de actividad y optimismo desbordados quedar&aacute; lo que deba quedar: un indudable progreso t&eacute;cnico, que servir&aacute; de base a los realizadores futuros para intentar otras rutas del cinema espa&ntilde;ol&rdquo;. Se tardaron unos a&ntilde;os, pero se consigui&oacute;, incluso en pleno franquismo. Pero esa es otra pel&iacute;cula.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Rioyo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine-espanol-republica-pareja-feliz_130_8588354.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Dec 2021 20:18:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cine español y la República, esa pareja feliz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Segunda República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sombra de Pessoa y otras luces portuguesas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/sombra-pessoa-luces-portuguesas_1_1167976.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bde92d81-d36d-4cc6-8258-dfbe50ca1e97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fernando Pessoa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pessoa abre al mundo la literatura en portugués, después vinieron muchos pero su presencia sigue siendo inevitable</p><p class="subtitle">José Saramago llegó para hacer posible una escritura universal hecha en portugués, un iberismo reinventado</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Este art&iacute;culo pertenece a la revista<em>&nbsp;Portugal: la magia de lo improbable</em>, de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/sombra-Pessoa-outras-luzes-portuguesas_0_979902294.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Lee aqu&iacute; la versi&oacute;n en portugu&eacute;s</a>.&nbsp;<a href="https://usuarios.eldiario.es/?&amp;_ga=2.202743890.2142663424.1576481990-552936294.1573326272#!/hazte_socio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socia ya y recibe nuestras revistas trimestrales en casa</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Siempre volvemos a Pessoa. Este hombre solitario, infeliz y, sin embargo, capaz de albergar todos los sue&ntilde;os del mundo y que sigue siendo la cumbre de una cultura que permaneci&oacute;&nbsp; demasiado tiempo en una umbr&iacute;a necesitada de solana. Tapada pero no invisible. Debemos terminar con el t&oacute;pico de ser los vecinos que se dan la espalda. C&oacute;mo dice el iberista, profesor, traductor y estudioso imprescindible de la cultura y las relaciones entre los pa&iacute;ses vecinos, S&aacute;ez Delgado, debemos entendernos como realidades de &ldquo;espaldas abiertas&rdquo;. As&iacute; lo fuimos desde el principio de nuestras literaturas cl&aacute;sicas. Camoes fue admirado por Cervantes. El Quijote tuvo su segunda edici&oacute;n en Lisboa y en espa&ntilde;ol. Fray Luis de Granada, que aqu&iacute; sigue en la soledad de su tumba, escribi&oacute; gran parte de su obra en Portugal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Conde Villamediana naci&oacute; en Lisboa. Unamuno tuvo estrecha relaci&oacute;n con los modernistas portugueses, aunque cometi&oacute; el error de no contestar las cartas de Pessoa y sus amigos de la vanguardia portuguesa. Eca de Queiroz, un Gald&oacute;s m&aacute;s cosmoplita y viajero, fue traducido y le&iacute;do muy pronto en nuestro idioma. Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna y Carmen de Burgos, vivieron y escribieron en Portugal. En Lisboa tuvo su residencia oficial y su biblioteca hasta su muerte Ortega y Gasset. Almada Negreiros vivi&oacute; y triunf&oacute; en el Madrid de las vanguardias.
    </p><p class="article-text">
        Hay otras muchas relaciones culturales que nos unen, que hacen de nuestra relaci&oacute;n una historia de espaldas abiertas. Pero no fue f&aacute;cil, ni lo sigue siendo, esa manera de convivir, tan cerca y demasiado ajenos, aunque las cosas est&aacute;n cambiando. Y todo empez&oacute;- para hablar de tiempos m&aacute;s cercanos- cuando Octavio Paz se&ntilde;al&oacute; la importancia de un poeta llamado de muchas maneras y con el nombre oficial de Fernando Pessoa.
    </p><h3 class="article-text">Un constructor de mundo en la oficina</h3><p class="article-text">
        &ldquo;No tengo ambiciones. / Ser poeta no es una ambici&oacute;n m&iacute;a, / sino mi manera de estar solo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este eterno empleado comercial, su realidad dispersa en otros que tambi&eacute;n eran &eacute;l, cambi&oacute; nuestra manera de acercarnos a la poes&iacute;a, a la literatura portuguesa.&nbsp; Alguien como &eacute;l que apenas viaj&oacute; m&aacute;s all&aacute; de su imaginaci&oacute;n, que construye todos los mundos sin salir de una oficina, marc&oacute; nuestra relaci&oacute;n con Portugal, con la literatura y con nosotros mismos. Leer a Pessoa te convierte en otro, te ayuda y te condena, te esclarece y te desasosiega. Un deslumbramiento que no permite la indiferencia. &ldquo;Contentarse con lo que te dan es propio de esclavos. Pedir m&aacute;s es propio de ni&ntilde;os. Conquistar m&aacute;s es propio de locos&rdquo;. As&iacute; no hace reconocernos en esclavos, ni&ntilde;os y locos. As&iacute; somos aunque la literatura nos permita evasiones.
    </p><p class="article-text">
        Pessoa abre al mundo la literatura en portugu&eacute;s. Despu&eacute;s vinieron muchos pero su presencia sigue siendo inevitable. Lo es en la vida cotidiana, en una iconograf&iacute;a de objetos que van desde la manteler&iacute;a a la joyer&iacute;a, pasando por los cafes, las estatuas y el culto popular de hacerse una foto con la representaci&oacute;n p&uacute;blica de qui&eacute;n siempre quiso permanecer oculto. Una realidad que le sorprender&iacute;a a este hombre que m&aacute;s que escribir en portugu&eacute;s, escrib&iacute;a en s&iacute; mismo. Todo lo que le sucedi&oacute; lo ve&iacute;a como un accidente, como un episodio de novela pero nunca podr&iacute;a haber imaginado que se convertir&iacute;a en un eterno y universal &ldquo;long seller&rdquo;. Contradictorio, confuso y difuso pol&iacute;tica y socialmente, iberista a su particular manera, s&iacute; tuvo claro que su verdadera&nbsp; &ldquo;patria es la lengua portuguesa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa lengua traducida al espa&ntilde;ol, all&aacute; por los mediados a&ntilde;os ochenta, nos lleg&oacute; un libro que tambi&eacute;n era un homenaje a uno de los Pessoa que admir&aacute;bamos: el epic&uacute;reo, estoico y mon&aacute;rquico Ricardo Reis . En su imaginaria biograf&iacute;a nunca tuvimos el dato de su muerte. Fue otro escritor fundamental de la lengua portuguesa el que nos la data en las fechas de la Guerra Civil espa&ntilde;ola.&nbsp; &ldquo;El a&ntilde;o de la muerte de Ricardo Reis&rdquo;, la novela de Jos&eacute; Saramago que nos hace conmovernos, querer seguir los pasos de aqu&eacute;l poeta contradictorio y gozador que se invent&oacute; Pessoa. En aqu&eacute;l tiempo llegu&eacute; a Lisboa desde Sagres y en la inesperada y grata compa&ntilde;&iacute;a de Teresa Madruga, actriz que nos enamor&oacute; en la pel&iacute;cula de Tanner &ldquo;La ciudad blanca&rdquo;. Hab&iacute;a quedado al d&iacute;a siguiente con el amigo Lorenzo D&iacute;az y ten&iacute;amos una cita con el casi desconocido Jos&eacute; Saramago que con aquella novela, adem&aacute;s de con &ldquo;Memorial del convento&rdquo;, nos hab&iacute;a recuperado para la narrativa en portugu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Decid&iacute; vivir mis horas de espera en Lisboa c&oacute;mo si de una novela se tratara. Ped&iacute; la habitaci&oacute;n en el Hotel Braganca- entonces bastante poco aconsejable- en la que se hab&iacute;a alojado Ricardo Reis. Hice su recorrido de calles, bares, restaurantes. Con la apasionada lectura de la novela de Saramago como gu&iacute;a real de un mundo de ficci&oacute;n muchos de nosotros comenzamos una nueva relaci&oacute;n con las letras portuguesas. Unos d&iacute;as antes de mi encuentro con Saramago hab&iacute;a llegado una periodista sevillana apasionada, inteligente y hermosa. Saramago no pudo resistir los muchos encantos de la colega. Me pregunt&oacute; si la conoc&iacute;a, lanz&oacute; unas generosas alabanzas a la colega sin perder su seriedad. Pero algo se notaba en su inter&eacute;s, algo que muy pronto se convirti&oacute; en una de las historias amorosas que han sabido acercar de manera m&aacute;s clara las relaciones de los dos pa&iacute;ses. Y seguimos leyendo cada libro de Saramago.
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                </figure><h3 class="article-text">Donde nunca durmi&oacute; qui&eacute;n no existi&oacute;</h3><p class="article-text">
        Coincidimos en muchos lugares en Espa&ntilde;a, lo visitamos en Lanzarote. Y una lejana nochevieja- huyendo de las dobles celebraciones del nuevo a&ntilde;o- se retir&oacute; a trabajar en sus diarios. En uno de ellos me cita c&oacute;mo un tipo un tanto extra&ntilde;o que pas&oacute; la noche en una habitaci&oacute;n de hotel donde nunca hab&iacute;a dormido alguien que nunca existi&oacute;. El novelista no ten&iacute;a raz&oacute;n. Pessoa nos hizo creer en la existencia de Ricardo Reis y Saramago confirm&oacute; el evidente poder de la ficci&oacute;n sobre la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s lleg&oacute; el primer Premio Nobel de literatura para la lengua portuguesa. El ganador fue Jos&eacute; Saramago&nbsp;&ndash;que para nosotros tambi&eacute;n hab&iacute;a crecido a la sombra de Pessoa&ndash; lleg&oacute; para hacer posible una escritura universal hecha en portugu&eacute;s, un iberismo reinventado. Y fueron llegando otros: Cardoso Pires, Lidia Jorge y el imprescindible indagador de la historia portuguesa, de s&iacute; mismo y de todos nosotros que es Antonio Lobo Antunes. Con ellos ya est&aacute;bamos preparados para el desembarco de las nuevas narrativas portuguesas, tan distintos, cosmopolitas, originales y m&aacute;s liberados del peso de la historia peso de la historia. Sin tanta sombra&nbsp;ni de Pessoa ni de Saramago. La presencia y trascendencia de los nuevos narradores portugueses ya es&nbsp; hija de otro mundo, de otro Portugal d&oacute;nde ya no estaban tan presentes las guerras coloniales ni la dictadura. Gonzalo M. Tavares, Dulce Mar&iacute;a Cardoso, Jos&eacute; Luis Peixoto o Walter Hugo Mae, son tremendamente portugueses sin dejar de ser de cualquier parte.
    </p><p class="article-text">
        Antes de esta nueva generaci&oacute;n, contempor&aacute;neo de Saramago, hay que destacar la enorme figura literaria, humana, po&eacute;tica y memorialista de Miguel Torga. El m&aacute;s ib&eacute;rico de los portugueses, el m&eacute;dico rural que nos cont&oacute; lo m&aacute;s profundo y esencial desde lo peque&ntilde;o. Fabuloso fabulista, Torga ha escrito desde su apartada vida creativa una de las literaturas m&aacute;s necesarias para conocer mejor la cultura portuguesa. La poes&iacute;a que no para, que encuentra su voz a pesar, y a partir, de la inmensidad de Pessoa.
    </p><h3 class="article-text">La nueva 'edad de plata'</h3><p class="article-text">
        A su lado, pasadas dos d&eacute;cadas, tenemos que volver al ya citado Miguel Torga en su condici&oacute;n de poeta ib&eacute;rico. Y felicitarnos porque el gran poeta portugu&eacute;s de la segunda mitad del siglo XX, Eug&eacute;nio de Andrade ha sido traducido y publicado en Espa&ntilde;a con justicia po&eacute;tica. Debemos acompa&ntilde;arlo de Jorge de Sena, imprescindible poeta e innovador intelectual&nbsp; del pasado siglo. El surrealismo de Mario Cesariny, que c&oacute;mo Almada, es tambi&eacute;n notable pintor. La voz po&eacute;tica m&aacute;s importante entre las escritoras portuguesas es la de Sophia de Mello Bryner, premio Reina Sof&iacute;a de poes&iacute;a y bien traducida en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El que quiera recorrer esta nueva &ldquo;edad de plata&rdquo; de la poes&iacute;a portuguesa debe acudir a Ruy Belo, gran conocedor de Espa&ntilde;a,&nbsp; Herberto Helder , Antonio Ramos Rosa, Jos&eacute; Tolentino. Y sin duda llegar a Nuno Judice, poeta, traductor, divulgador, prosista y bien conocido y traducido entre nosotros, su capacidad para trascender lo cotidiano, para contarlo l&iacute;ricamente le hacen una de las voces que se&ntilde;alan la buena salud de la poes&iacute;a y la literatura portuguesa en general.
    </p><p class="article-text">
        No se puede hablar de la vida cultural de Portugal sin detenernos en el fado. Ese quejido popular que sabe contar cantando el sentir, la saudade de un pueblo. No todo fado es triste, como no todo flamenco es jondo. En esa m&uacute;sica que naci&oacute; en algunos barrios populares de Lisboa, que sigue tan viva en sus calles, sus tabernas o sus teatros, ha vivido tambi&eacute;n a la sombra de una gran interprete, Amalia Rodrigues. Tambi&eacute;n hay vida y canto despu&eacute;s de Amalia.
    </p><p class="article-text">
        Hace d&eacute;cadas llegaron renovadores, letristas e int&eacute;rpretes capaces de trascender y llevar ese sentimiento a mayor&iacute;as de j&oacute;venes: Mariza, Dulce Pontes, Caman&eacute;, Azambujo o Carminho son algunos capaces de demostrar que esa poes&iacute;a&nbsp; cantada, ese sentimiento del alma de un pueblo, se puede y se debe renovar. En Portugal se vive una mudanza, una renovaci&oacute;n de casi todo, sus poetas, sus narradores, sus m&uacute;sicos son una prueba de que culturalmente muchas veces tenemos que decir: menos mal que nos queda Portugal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Rioyo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/sombra-pessoa-luces-portuguesas_1_1167976.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jan 2020 21:09:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La sombra de Pessoa y otras luces portuguesas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Portugal,Portugal]]></media:keywords>
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