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    <title><![CDATA[elDiario.es - Federico Severino]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/federico-severino/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Federico Severino]]></description>
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      <title><![CDATA[Cultura y deseo para una España fraterna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cultura-deseo-espana-fraterna_129_1082990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a064175-05dd-4a27-998e-563e58d8c7c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cultura y deseo para una España fraterna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás la profilaxis urgente que necesitamos frente al auge de la extrema derecha requiera de una ofensiva cultural que asista a la acción de gobierno en su muy difícil tarea de desinflamación territorial e identitaria. Por otro, y aquí vienen las malas noticias, la izquierda se encuentra en una situación de gran debilidad para llevar a cabo semejante empresa</p></div><p class="article-text">
        Abierto un nuevo ciclo pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a y con 52 diputados de Vox sentados en el Congreso, se habla mucho sobre las urgentes medidas profil&aacute;cticas frente a la extrema derecha. En declaraciones y conferencias hemos podido escuchar al Secretario General de Podemos y vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias que el mejor remedio frente al auge de la extrema derecha en Espa&ntilde;a se juega en la capacidad de este gobierno de desplegar ambiciosas pol&iacute;ticas sociales que limen las desigualdades y reviertan los efectos m&aacute;s nocivos de las pol&iacute;ticas austericidas de esta d&eacute;cada perdida. Esto ser&iacute;a una consecuencia l&oacute;gica de la tesis sostenida por Miguel Urb&aacute;n, que reza que el ciclo neoliberal al que se ha sometido la Uni&oacute;n Europea desde el Tratado de Maastrich, constituir&iacute;a el espacio de oportunidad para las derechas radicales en Europa. As&iacute; la destrucci&oacute;n de los derechos sociales y laborales, habr&iacute;a no solo afectado las condiciones de vidas de los europeos sino tambi&eacute;n creado un imaginario de escasez propicio para emprender la l&oacute;gica del pen&uacute;ltimo contra un todav&iacute;a m&aacute;s d&eacute;bil y vapuleado &uacute;ltimo. Coincidiendo con esta tesis europea, intentar&eacute;, no obstante, problematizar aqu&iacute; su corolario espa&ntilde;ol ateniendo a la especificad del conflicto catal&aacute;n que ha marcado la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola en las pasadas legislaturas y que con toda probabilidad lo seguir&aacute; haciendo en esta.
    </p><p class="article-text">
        En una de sus tribunas en El Pa&iacute;s (<em>Vox y el futuro de nuestra democracia</em>), Bel&eacute;n Barreiro radiografi&oacute; con gran precisi&oacute;n el surco del que se nutre el voto a Vox, se&ntilde;alando que &ldquo;a diferencia de los partidos de extrema derecha de otras democracias avanzadas, Vox no nac&iacute;a de la vulnerabilidad social, sino de (&hellip;) la vulnerabilidad identitaria&rdquo;. Esto es, los ciudadanos que habr&iacute;an votado por la extrema derecha lo habr&iacute;an hecho fundamentalmente por una identidad nacional espa&ntilde;ola herida en las desventuras del conflicto catal&aacute;n (pero ojo, y aunque en menor medida tambi&eacute;n por la inmigraci&oacute;n). Si esto es as&iacute;, pareciera que la receta profil&aacute;ctica de apostar por unas ambiciosas pol&iacute;ticas sociales no dar&iacute;a, por lo menos a corto plazo, en la tecla. Y digo a corto porque no hay que subestimar la capacidad mutante de nuestra extrema derecha local hacia una hip&oacute;tesis Philipott tal y como hizo el antiguo Frente Nacional de Marie Le Pen (cuesti&oacute;n que describe brillantemente Guillermo Fern&aacute;ndez en su<em> &iquest;Qu&eacute; hacer con la extrema derecha en Europa?</em>). Aunque por el momento no parece que Vox tenga intenci&oacute;n de moverse a una posici&oacute;n soberanista. Sigue rezumando neoliberalismo y apostando por un muy rentable eje identidad-inmigraci&oacute;n incrustado en el conflicto catal&aacute;n que les ha proporcionado un portentoso resultado electoral.
    </p><p class="article-text">
        Una intuici&oacute;n y un diagn&oacute;stico acompa&ntilde;an a este art&iacute;culo. Por un lado, quiz&aacute;s la profilaxis urgente que necesitamos frente al auge de la extrema derecha requiera de una ofensiva cultural que asista a la acci&oacute;n de gobierno en su muy dif&iacute;cil tarea de desinflamaci&oacute;n territorial e identitaria. Por otro, y aqu&iacute; vienen las malas noticias, la izquierda se encuentra en una situaci&oacute;n de gran debilidad para llevar a cabo semejante empresa.
    </p><p class="article-text">
        Aunque a menudo la izquierda no deja de menear el concepto de guerra cultural con aspavientos, hay que reconocer que los que se la han tomado verdaderamente en serio son las derechas. Ya sea cuando tiene la palanca del Gobierno o a trav&eacute;s de sus <em>think tanks</em>, la derecha se hace cargo perfectamente de que el pasado es un arma cargada de futuro. La oleada revisionista en torno a la Segunda Rep&uacute;blica y la Guerra Civil que inund&oacute; las mesas de libros y tertulias durante el aznarato rindi&oacute; buenos servicios a modo de parachoques argumental cuando la derecha hiperventil&oacute; con la edulcorada Ley de Memoria Hist&oacute;rica de Zapatero. A d&iacute;a de hoy, viendo la reverberaci&oacute;n y complaciente acogida en ciertas &eacute;lites intelectuales de la tesis expuesta por Roca Barea en <em>Imperiofobia,</em> podemos decir que estamos ante uno de los objetos ideol&oacute;gicos m&aacute;s peligrosos que se ha escrito en los &uacute;ltimos tiempos (perfectamente diseccionado y desmenuzado por el profesor Jos&eacute; Luis Villaca&ntilde;as en su <em>Imperiofilia y el populismo nacional-cat&oacute;lico</em>). Y a modo de apunte: si la argumentaci&oacute;n imperiof&oacute;bica que muchos han comprado (y que para Roca Barea es esencialmente hispanofobia) es fruto de la conjura de una panda de humanistas, ilustrados y liberales &ldquo;resentidos&rdquo; algunas pistas ya nos est&aacute; dando la autora sobre los ingredientes con los que empezar a cocinar nuestro potaje.
    </p><p class="article-text">
        Comentaba C&eacute;sar Rendueles en su conceptualizaci&oacute;n de los nichos vac&iacute;os que la extrema derecha ha ido ocupando los espacios que la izquierda ha dejado libres, especialmente los que le resultan conflictivos. La realidad es que la izquierda en Espa&ntilde;a no ha conseguido poner sobre la mesa un relato de pa&iacute;s capaz de competir con la narrativa monol&iacute;tica de naci&oacute;n espa&ntilde;ola que propone la derecha. Defender que la patria no es una bandera o que ser patriota es defender las instituciones p&uacute;blicas que protegen a la gente tiene tanto de cierto como de sobrio. Desatado un conflicto territorial como el de Catalu&ntilde;a, hemos podido ver lo poco que ha podido nuestra racionalizaci&oacute;n frente la movilizaci&oacute;n sentimental articulada en la monopolizaci&oacute;n espuria de los s&iacute;mbolos nacionales.
    </p><p class="article-text">
        La derecha pone mucho empe&ntilde;o (y muchos recursos) en ofrecer y difundir coordenadas de lectura ajustadas a la visi&oacute;n estrecha de pa&iacute;s que propone. Nosotros deber&iacute;amos hacer lo propio. Frente a una pura definici&oacute;n reactiva de este gobierno por sus adversarios, no deber&iacute;amos escatimar esfuerzos en proyectar el pa&iacute;s que queremos. La desinflamaci&oacute;n a trav&eacute;s del di&aacute;logo debe estar acompa&ntilde;ada de una iniciativa cultural progresista sin precedentes que articule alguna forma de patriotismo plurinacional. Ah&iacute; est&aacute; el reto (y menudo reto) de desplegar una producci&oacute;n de argumentos y sentimientos capaces de reivindicar una patria que muestre al conjunto de identidades nacionales y de lenguas de nuestro pa&iacute;s como un verdadero tesoro y privilegio; como una genuina ventaja competitiva, tal y como expresaba Pablo Iglesias hace tiempo ya en la presentaci&oacute;n de &ldquo;Repensar la Espa&ntilde;a plurinacional&rdquo;. Un patriotismo que encuentra en la pluralidad de s&iacute;mbolos una suerte de virtud en la que se expresa la grandeza de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Y es en la proyecci&oacute;n de una patria que cuida e incluye a su gente y a sus territorios, donde las conquistas sociales de este gobierno podr&aacute;n encontrar un asidero com&uacute;n y hacer una defensa de los valores republicanos como la justicia social, la regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica, el feminismo, el ecologismo, la educaci&oacute;n y la ciencia (mucha y mejor ciencia que buena falta nos va hacer frente al &ldquo;terraplanismo negacionista&rdquo; que se nos viene encima). Hablamos en definitiva de una patria que cuida, pero que tambi&eacute;n repara y que no puede levantarse sobre el olvido y la impunidad. La profundizaci&oacute;n en nuestra memoria democr&aacute;tica que exige justicia, verdad y reparaci&oacute;n con las v&iacute;ctimas del franquismo est&aacute; llamado a ser un lugar privilegiado e imprescindible desde donde deberemos empezar a reconstruir el eclipsado eje de la fraternidad en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; los deseos. La realidad es que los espacios en la izquierda para emprender semejante aventura se encuentran en una situaci&oacute;n de extrema debilidad. Bien sea porque sufrimos de una subfinanciaci&oacute;n cr&oacute;nica, bien porque tampoco se toma en serio la disputa cultural, muchas de nuestras modestas iniciativas juegan el papel de <em>alma bella,</em> con una exigua incidencia en la realidad pol&iacute;tica, lo que las condena a la intrascendencia y a cierta melancol&iacute;a. Para salir de la misma, har&iacute;amos bien en darle una buena pensada a c&oacute;mo llevar a cabo estrategias conjuntas a mediano y largo plazo (persistiendo y perseverando en el tiempo) con objetivos claros y en sumar recursos por aquello de las econom&iacute;as de escala. Asociando voluntades y esfuerzos en torno a unas pocas cuestiones de consenso entre sindicatos, partidos, fundaciones y organizaciones de la sociedad civil estoy seguro de que algo potente podr&iacute;amos sacar adelante. Ah&iacute; lo dejo caer.
    </p><p class="article-text">
        Comentaba hace poco Pablo Iglesias con Miguel Brieva en &ldquo;Otra Vuelta de Tuerka&rdquo;, la abundancia de distop&iacute;as apocal&iacute;pticas que encontramos en series y pel&iacute;culas, as&iacute; como una manifiesta ausencia de contenidos de pol&iacute;tica ficci&oacute;n donde en lugar de cargarnos el planeta y morir todos, la cosa pueda terminar saliendo m&aacute;s o menos bien. La imaginaci&oacute;n es una facultad que utilizamos poco en pol&iacute;tica como proyecci&oacute;n del mundo que deseamos. Se nos olvida que representarlo es ya empezar a hacerlo posible. Claro que para poner en valor nuestro car&aacute;cter plurinacional ni falta hace que echemos manos de la ficci&oacute;n; es una realidad que est&aacute; ah&iacute; pero que algunos se encargan obstinadamente en no querer dejarnos disfrutar con normalidad.
    </p><p class="article-text">
        Sabe dios la dificultad que entra&ntilde;a tejer la madeja de un imaginario plurinacional en una Espa&ntilde;a con los humores nacionales recalentados. Tal y como sentenci&oacute; Marcos Reguera en unas jornadas sobre la extrema derecha que organizo el Instituto 25M, lo cierto es que no tenemos ni puta idea de c&oacute;mo construir hegemon&iacute;a; ese concepto tan manoseado. Saber lo que hay que hacer no significa ni mucho menos saber c&oacute;mo hacerlo. Aunque si hubiera que elegir un lugar por donde empezar no se me ocurre nada m&aacute;s patrio y ajustado a costumbre que comenzar con una fiesta memorable. Pongamos que en alg&uacute;n momento del largo est&iacute;o nos damos cita en, no s&eacute;, Teruel quiz&aacute;s, y que all&iacute;, arrejuntados en hed&oacute;nica sororidad damos rienda suelta a las diversas identidades y lenguas que conviven en Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de diferentes expresiones culturales. Pongamos que la cosa se nos va de las manos y acabamos bailando electrochotis bien <em>agarraos</em>, con aurresku-perreos hasta abajo y cumbia-sardanas. Menuda resaca plurinacional &iacute;bamos a dejar para empezar echar a andar la tarea.
    </p><p class="article-text">
        Aparco ya la imaginaci&oacute;n y termino. No soy ingenuo. La capacidad que tenga este gobierno para normalizar y sacar la cuesti&oacute;n catalana de una constante excepcionalidad pol&iacute;tica y judicial va a sobredeterminar cualquier iniciativa que persiga poner sobre la mesa una nueva forma de pensar y sentir Espa&ntilde;a desde su plurinacionalidad. Dicho esto, no me cansar&eacute; de insistir en que la izquierda deje de pensar en la disputa cultural como un &ldquo;eterno luego&rdquo; y se la empiece a tomar en serio. En Madrid, y m&aacute;s concretamente en el Cementerio de La Almudena, las derechas lo est&aacute;n haciendo con buld&oacute;ceres, picos, palas y sobre todo y lo m&aacute;s importante, sin ning&uacute;n complejo. Ya sabemos desde hace mucho que la lamentaci&oacute;n autocomplaciente sobre la ausencia de medios no resuelve nada. Pong&aacute;mosle ganas, inteligencia y recursos a producir m&aacute;s y mejor pensamiento y a desplegar una nueva geometr&iacute;a del deseo que recomponga el horadado eje de la fraternidad en Espa&ntilde;a. Ah&iacute; es posible que encontremos los primeros diques de contenci&oacute;n al auge de la extrema derecha.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Severino]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jan 2020 20:38:55 +0000]]></pubDate>
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