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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Alamá Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose-alama-rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Alamá Rodríguez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Así fue mi huida a Valencia desde una Pekín que parecía 'Mad Max']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/huida-pekin-coronavirus-mad-max_1_1055284.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58407f9e-8f85-4549-aa1d-2e3ec37b5265_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así fue mi huida a Valencia desde una Pekín que parecía &#039;Mad Max&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Qué hacía yo solo en una ciudad abandonada? ¿A dónde voy si el portero de mi edificio no me deja entrar porque su lector le dice que tengo fiebre?" se pregunta un estudiante español que reside en China y decidió volver tras la alarma del gobierno</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>MAPA |</strong> <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/MAPA-Consulta-evolucion-coronovirus-detectados_0_990051644.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Consulta en directo la evoluci&oacute;n del brote de coronavirus: estos son los casos registrados en todo el mundo</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        China ha formado parte de mi vida por un tiempo. Mi primera vez fue hace diez a&ntilde;os y en la actualidad resido en la capital, donde estoy&nbsp;a punto de graduarme&nbsp;en un m&aacute;ster en la Universidad de Pek&iacute;n. Comenc&eacute; mis estudios en septiembre de 2018 y si el coronavirus no lo impide, me graduar&eacute; en julio.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 13 de enero, el gobierno chino dio la alarma por el coronavirus: se trataba de una nueva amenaza y era contagioso. Pese a esas noticias, la vida segu&iacute;a y los chinos se apresuraban a volver a sus ciudades de origen para celebrar el A&ntilde;o Nuevo Chino. El 22 de enero (mi&eacute;rcoles) parec&iacute;a un d&iacute;a totalmente normal, uno de los del a&ntilde;o del cerdo. El tren a Harbin, donde decid&iacute; pasar el A&ntilde;o Nuevo, estaba lleno y yo no hab&iacute;a podido conseguir un billete de tren con asiento, tuve que pasar las&nbsp;11 horas de trayecto de pie, apretado entre los otros pasajeros.
    </p><p class="article-text">
        El tren lleg&oacute; a su destino, en el norte del pa&iacute;s, donde pens&eacute; que una enfermedad con foco en la ciudad de Wuhan no supondr&iacute;a ning&uacute;n tipo de amenaza. Sent&iacute;a que podr&iacute;a pasar mis vacaciones tranquilo. Pero, cada d&iacute;a que pasaba la alarma crec&iacute;a, el numero de infectados y v&iacute;ctimas aumentaba y los consejos emitidos por las autoridades se volv&iacute;an mas draconianos. El 24, las autoridades decidieron cerrar los espacios p&uacute;blicos, y poner en cuarentena primero la ciudad de Wuhan, pero pronto otras tantas poblaciones cercanas a ese epicentro. Las mascarillas se hab&iacute;an agotado&nbsp; hac&iacute;a&nbsp;ya d&iacute;as, y aunque en Harbin la gente aun parec&iacute;a salir a la calle con naturalidad, las fotograf&iacute;as y mensajes que me llegaban a trav&eacute;s del WeChat (app de mensajer&iacute;a en China) contaban otra historia.
    </p><p class="article-text">
        Fotograf&iacute;as y mensajes llevaban d&iacute;as circulando por WeChat y otros medios de mensajer&iacute;a en China. Se pod&iacute;a apreciar tanto el p&aacute;nico de algunos como el humor e inventiva de otros en forma de memes. Las ciudades mas afectadas se quedaban desiertas y muchas personas comenzaron a temer por su salud y las de sus familiares y amigos. Empezaron a circular im&aacute;genes de otras haciendo negocio de forma sucia, aprovech&aacute;ndose de las necesidades ajenas, y v&iacute;deos de apoyo y &aacute;nimo para todos los afectados, en Wuhan y en el resto de China.
    </p><p class="article-text">
        En los primeros d&iacute;as del a&ntilde;o chino de la rata de metal empezaron a llegar mensajes de las diferentes universidades e instituciones educativas que aconsejaban a los estudiantes abandonar China y, a los que ya se encontraban fuera, no volver antes de nuevo aviso: los centros estudiantiles hab&iacute;an cerrado y el comienzo del semestre de primavera se pospon&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Empezaron a tomarse nuevas medidas: controles de temperatura corporal a la entrada de edificios, medios de transporte, se alargaron las vacaciones nacionales por el a&ntilde;o nuevo... Parec&iacute;a que aquellos que pod&iacute;an, empezaban a huir del pa&iacute;s y mis amigos chinos me animaban a coger las maletas y volver a Espa&ntilde;a. &ldquo;No es seguro en China&rdquo; dec&iacute;an, ante lo que yo hac&iacute;a o&iacute;dos sordos. No parec&iacute;a una situaci&oacute;n tan terrible.
    </p><p class="article-text">
        El domingo 26 de enero volv&iacute; a coger un tren de vuelta a Pek&iacute;n, pero la experiencia fue totalmente diferente a la anterior. El tren iba medio vac&iacute;o: asientos, camas, espacios que nadie llenar&iacute;a. El gobierno hab&iacute;a pedido a todo el mundo que se quedara en sus&nbsp;hogares por al menos dos semanas con el fin de evitar m&aacute;s contagios. Familias enteras atrapadas en sus casas, personas que fueron de visita a ver a familiares y se han quedado aisladas en zonas en cuarentena, animales de compa&ntilde;&iacute;a y plantas que ya no recibir&aacute;n los cuidados necesarios porque sus due&ntilde;os no pueden volver a casa. Peque&ntilde;os dramas que se suman al drama nacional, a las v&iacute;ctimas de la enfermedad y a sus efectos secundarios en la psique y la econom&iacute;a de China.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, es mi humilde opini&oacute;n, que la construcci&oacute;n de un hospital de&nbsp;1.000 camas en diez d&iacute;as en la ciudad de Wuhan, es tanto una necesidad de car&aacute;cter sanitario como lo es para el &aacute;nimo de tantos ciudadanos chinos que necesitan ver las tremendas capacidades de su Estado, de su naci&oacute;n, de su sociedad.
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        Llegu&eacute; a Pek&iacute;n el 27 por la ma&ntilde;ana, lunes. Pek&iacute;n, igual que Shangh&aacute;i y otras de las grandes urbes chinas, se convierten siempre en ciudades semifantasma durante la celebraci&oacute;n del a&ntilde;o nuevo chino. El mayor &eacute;xodo rural de la historia de la humanidad a&uacute;n tiene visibles consecuencias en China todos los a&ntilde;os por estas fechas. La &ldquo;vuelta a casa&rdquo; de los trabajadores chinos para la celebraci&oacute;n del a&ntilde;o nuevo es la mayor migraci&oacute;n humana mundial. Cientos de millones de personas viajan estos d&iacute;as, convirtiendo la prevenci&oacute;n del contagio en una labor tit&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        A esa sensaci&oacute;n de abandono se sumaba la contaminaci&oacute;n, el ambiente y el riesgo vital que flota en el ambiente estos d&iacute;as en las poblaciones del pa&iacute;s. Pek&iacute;n parec&iacute;a un <em>Mad Max</em> con caracter&iacute;sticas chinas. Se ve&iacute;a gente aprovision&aacute;ndose en los supermercados que quedaban abiertos, todo el mundo con m&aacute;scaras... Algunos polic&iacute;as incluso se ponen nerviosos y mandan el uso de mascarillas a aquellos pocos que a&uacute;n se aventuran a no usarlas.
    </p><p class="article-text">
        Mi plan era quedarme en Pek&iacute;n. Hac&iacute;a apenas&nbsp;15 d&iacute;as que hab&iacute;a vuelto de mis vacaciones de Navidad en Espa&ntilde;a y al principio pensaba que mi vida podr&iacute;a seguir de forma casi normal. Me equivocaba. Pas&eacute; por lectores de temperatura en casi todos lados: la estaci&oacute;n de trenes, el metro, el campus, la entrada de mi edificio. Incluso a un amigo le ley&oacute; la temperatura la cajera del supermercado. &ldquo;La ciudad est&aacute; vac&iacute;a, no hay nadie, no hay nada que hacer&rdquo;, pensaba. El n&uacute;mero de infectados va a seguir increment&aacute;ndose. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a yo solo en una ciudad abandonada? &iquest;A d&oacute;nde iba a ir si en alg&uacute;n momento el portero de mi edificio no me deja entrar porque el lector que tiene para hacer controles le dice que tengo fiebre? Al principio, a modo de broma, fing&iacute;a tener tos cerca de grupos de gente cuando paseaba ocioso por las calles de Harbin, pero llegado un momento ya no estaba el horno para bollos.
    </p><p class="article-text">
        Decid&iacute; que lo mejor era marcharse y esa misma noche, en la madrugada del 28 de enero sali&oacute; mi vuelo con destino a Qatar. El avi&oacute;n estaba medio vac&iacute;o y al llegar a Doha nos apuntaron con casi tantos lectores como pasajeros &iacute;bamos en el avi&oacute;n. Todos los d&iacute;as hablo con mis amigos chinos que est&aacute;n profundamente aburridos en sus casas: 19 horas en la cama, me dice uno; p&oacute;ker todos los d&iacute;as, me cuenta otro. Yo al final llegu&eacute; a mi casa, en Valencia, y parece que en el momento exacto, ya que la cuarentena planea sobre otras grandes ciudades chinas. <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/MAPA-Consulta-evolucion-coronovirus-detectados_0_990051644.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El coronavirus ya ha llegado a Europa, y quiz&aacute; llegue a Espa&ntilde;a en alg&uacute;n momento.</a> Tengo confianza en que todo ir&aacute; bien, este no es el fin del mundo, pero si lo es, prefiero que me pille en casa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Alamá Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/huida-pekin-coronavirus-mad-max_1_1055284.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jan 2020 20:34:00 +0000]]></pubDate>
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