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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fernando Caballero Mendizabal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/fernando-caballero-mendizabal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Fernando Caballero Mendizabal]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Madrid y la derrota de la izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/madrid-derrota-izquierda_129_1003522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d30e41fc-aa80-4c45-a126-aa3c5faffbb1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Arroyomolinos (Google Maps). Ejemplo de urbanismo de baja densidad compuesto por bloques cerrados con piscina e hileras de chalets."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para la derecha los ensanches han sido un éxito, una empresa de ingeniería social que, en palabras de Errejón, ha asentado ya una auténtica "antropología neoliberal"</p></div><p class="article-text">
        Desde mediados de los a&ntilde;os 90, bajo los gobiernos del PP, se ha desarrollado en la Comunidad de Madrid uno de los mayores crecimientos urban&iacute;sticos de Europa, basado en un modelo de ciudad excesivamente individualista. Este modelo, unido a las pol&iacute;ticas sanitarias, fiscales y educativas, genera unas l&oacute;gicas de comportamiento liberal-conservadoras en muchos habitantes de estos nuevos ensanches. Aunque tengamos un gobierno de izquierdas en el Estado, las pasadas elecciones supusieron la en&eacute;sima derrota sin paliativos de la izquierda en Madrid y el auge de Vox en los municipios de la periferia.
    </p><p class="article-text">
        Es obvio que el medio f&iacute;sico y geogr&aacute;fico (la mayor &aacute;rea metropolitana del sur de Europa), condiciona claramente nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Condiciona, s&iacute;, pero no determina los comportamientos ni las ideolog&iacute;as. Efectivamente, se puede afirmar que tener un chalet, un &aacute;tico o una piscina no determina que seamos de derechas (a la vista est&aacute; en Galapagar), del mismo modo que vivir en un barrio obrero no nos convierte en militantes de izquierda, ni vivir en el entorno rural o ser propietarios en vez de inquilinos nos vuelve autom&aacute;ticamente conservadores. Lo que s&iacute; provoca la geograf&iacute;a son tendencias, corrientes que impulsan nuestros comportamientos en una direcci&oacute;n u otra. Como dec&iacute;a Fernand Braudel, en la historia, como en los oc&eacute;anos, hay corrientes de fondo que condicionan el planeta y el comportamiento de la superficie, donde adem&aacute;s hay oleaje, tormentas o calma (la coyuntura del momento).
    </p><p class="article-text">
        No debe confundirse la coyuntura (las luchas cainitas de la izquierda y su desconexi&oacute;n con los ciudadanos) que por supuesto influyen en los resultados electorales, con la tendencia de fondo, a saber: que muchos madrile&ntilde;os est&aacute;n fuertemente condicionados en su forma de vida por un modelo de ciudad de media y baja densidad. Y es que los ideales son al menos tan importantes a la hora de configurar nuestra forma de vivir, como nuestras preocupaciones y nuestros intereses: el hecho de comprar d&iacute;a a d&iacute;a la comida en la tienda de la esquina o en un supermercado al que hay que ir en coche, las horas al a&ntilde;o que pasamos en atascos, si los ni&ntilde;os juegan en el de casa o en el parque del barrio, si podemos pagar la hipoteca o el IBI, si podemos asumir los impuestos de un piso en herencia o si necesitamos agua barata para regar el jard&iacute;n o llenar la piscina. El hecho de que alguien como el expresidente uruguayo Mujica se hiciera famoso en todo el mundo por vivir consecuentemente con sus ideas es porque la mayor&iacute;a de las personas en caso de contradicci&oacute;n lo que tendemos a adaptar es nuestra forma de pensar.
    </p><p class="article-text">
        La serie hist&oacute;rica es pr&aacute;cticamente continua desde mediados de los 90 noventa y s&oacute;lo se interrumpe en dos ocasiones: el Tamayazo (durante la Guerra de Iraq) y las elecciones de 2015 (en pleno descr&eacute;dito del PP por la crisis y la corrupci&oacute;n). En ambos casos las elecciones no las gan&oacute; la izquierda, las perdi&oacute; una derecha desmovilizada. De hecho, frente a los perfiles cada vez m&aacute;s grises y desconocidos de los candidatos de la derecha, desde hace a&ntilde;os a la izquierda no le queda otra que tirar de personalismos como las candidaturas de Gabilondo, Errej&oacute;n o Carmena. 2015 se trat&oacute; en definitiva de un accidente similar al de Patxi L&oacute;pez en Euskadi, al de Monago en Extremadura o al de Touri&ntilde;o en Galicia, tras el cual, las aguas han vuelto a su curso normal.
    </p><p class="article-text">
        Junto al &ldquo;oasis fiscal&rdquo; son dos los ya cl&aacute;sicos pilares del modelo social madrile&ntilde;o que la izquierda combate desde hace d&eacute;cadas sin apenas &eacute;xito. Por un lado, la apuesta por la educaci&oacute;n concertada y la libre elecci&oacute;n de centro, lo que concentra a los ni&ntilde;os de origen extranjero y de entornos m&aacute;s vulnerables en los colegios de titularidad p&uacute;blica. Por otro, la introducci&oacute;n de criterios de rentabilidad econ&oacute;mica en los servicios de sanidad, que merman la calidad de la atenci&oacute;n, aumentan las listas de espera y provocan que quienes pueden permit&iacute;rselo acudan a la sanidad privada. Pero estas medidas, abstractas al fin y al cabo, quedar&iacute;an cojas sin una traducci&oacute;n f&iacute;sica en el lugar donde vivimos. Un modelo de ciudad y territorio que seg&uacute;n el soci&oacute;logo (y ahora ministro) Manuel Castells, tiende tambi&eacute;n a segregar por cuestiones de raza y posici&oacute;n econ&oacute;mica a la sociedad y que ha pasado desapercibido al radar de la cr&iacute;tica durante mucho tiempo. Se basa en:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>El fomento del coche privado. Completamente necesario en los ensanches de la periferia en los que abundan las enormes y solitarias avenidas de muchos carriles comunicados por una enorme red de autopistas.</li>
                                    <li>La concentraci&oacute;n de las tiendas de esos ensanches en los centros comerciales, que fagocitan al escaso comercio de proximidad, as&iacute; como el planeamiento de manzanas enteras sin un solo local comercial.</li>
                                    <li>La apuesta por un modelo de vivienda en propiedad, tanto protegida como libre.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Este modelo lleg&oacute; a su m&aacute;ximo nivel de desarrollo con la limitaci&oacute;n de tres alturas m&aacute;s &aacute;tico que aprob&oacute; Esperanza Aguirre en 2007.
    </p><p class="article-text">
        Sin entrar a valorar su conveniencia (es lo que la mayor&iacute;a social quer&iacute;a), estas medidas han diluido en buena medida las relaciones comunitarias en los municipios, al atomizar a la sociedad con chalets y bloques de media y baja densidad con piscinas, jardines y pistas de p&aacute;del privados.
    </p><p class="article-text">
        Es una opini&oacute;n bastante compartida en la academia y entre los profesionales que la baja densidad urbana y la dependencia del autom&oacute;vil en estos nuevos ensanches generan una sociedad individualista. Las elecciones se ganan en el centro y si bien el factor renta es el determinante en la orientaci&oacute;n del voto de los barrios y municipios de clase trabajadora y de clase alta (independientemente de la densidad de los mismos), conforme nos acercamos a las clases medias, el modelo de ciudad juega un papel cada vez m&aacute;s protagonista.
    </p><p class="article-text">
        Se trata por tanto de un fen&oacute;meno que ocurre en los ensanches construidos en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os. Ensanches de clase media, donde el planeamiento urbano, el r&eacute;gimen de propiedad y el factor densidad tienen mucho que ver en el comportamiento electoral. Hablamos de muchos cientos de miles de personas que se reparten por toda la regi&oacute;n, tanto en el norte: Tres Cantos, San Sebasti&aacute;n de los Reyes, o los PAUs de Alcobendas, San Chinarro, Montecarmelo o Las Tablas, como en los ensanches del corredor del Henares y el sur: en Alcorc&oacute;n, Parla, Arroyo Culebro, Loranca, Arroyomolinos, Valdemoro o incluso Rivas y el ensanche de Vallecas, normalmente junto a zonas tradicionalmente de clase trabajadora pero donde los votos de derecha, cuando pierde, rara vez bajan del 40% y subiendo en muchos casos, elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hasta bien entrada la crisis, la planificaci&oacute;n de las ciudades, las pol&iacute;ticas de vivienda y la movilidad se trataron como un tema secundario, obtuso y ajeno al debate p&uacute;blico, quedando en muchos casos fuera de la &ldquo;luz y los taqu&iacute;grafos&rdquo;, relegadas y regaladas a un &aacute;mbito tecnocr&aacute;tico. Pero es importante entender el peso de las pol&iacute;ticas relacionadas con el urbanismo, su magnitud apabulla en lo referente al gasto de las administraciones p&uacute;blicas. Sin ir m&aacute;s lejos, el Ayuntamiento de Madrid: En el c&oacute;mputo total entre concejal&iacute;as, distritos y otros entes p&uacute;blicos del plan de inversiones de 2018 a 2021, tres de las cuatro principales partidas corresponden a la movilidad, el desarrollo urbano y la vivienda, en total m&aacute;s de 2.000 millones de euros. Las siguientes diez partidas (econom&iacute;a, cultura, salud, medio ambiente, participaci&oacute;n ciudadana, etc) suman en total 617,8 millones.
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                </figure><p class="article-text">
        Solo con la crisis se comenz&oacute; a centrar el foco de la cr&iacute;tica en los excesos del ladrillo, en la pol&iacute;tica de vivienda, los precios del alquiler y ya muy recientemente en la movilidad, con el caso de Madrid Central, una an&eacute;cdota para un &aacute;rea metropolitana de 6,5 millones de habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Pero la izquierda ha dedicado mucho m&aacute;s tiempo y energ&iacute;as en fomentar batallas culturales como las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero y diversidad, que si bien solo tienen un peso marginal en los presupuestos de las administraciones (894 mil euros, a dividir en cuatro a&ntilde;os, aprobados por el Ayuntamiento de Ahora Madrid) s&iacute; que les han supuesto un enorme r&eacute;dito social y medi&aacute;tico. Hasta el punto de haber eclipsado buena parte de los desaf&iacute;os a los que se enfrentaba la sociedad (y el urbanismo es uno de ellos). El resultado de esta dejaci&oacute;n de funciones en otros campos, es que sus rivales se han asentado all&aacute; donde las formas de vida que propugna la izquierda son inexistentes, y parad&oacute;jicamente esto ha servido para que hoy sea desde estos lugares del &aacute;rea metropolitana desde donde m&aacute;s se apoye el feroz contraataque cultural que lleva a cabo Vox.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto, esos limpios, tranquilos y seguros barrios de propietarios, que ha reformado, planificado y construido la derecha en las periferias, responden mejor a los intereses y aspiraciones de sus ciudadanos. Barrios en los que la est&eacute;tica de vivir en un lugar digno y haber accedido a la propiedad a trav&eacute;s del cr&eacute;dito juegan un papel m&aacute;s relevante que la batalla social de turno, ya sea la Operaci&oacute;n Chamart&iacute;n o la educaci&oacute;n ultrarreligiosa de alg&uacute;n colegio concertado.
    </p><p class="article-text">
        Existen buenos ejemplos, como en Viena, donde los ayuntamientos de izquierdas llevan d&eacute;cadas siendo laboratorios en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de urbanismo y vivienda. Ciudades que eligieron caminos muy distintos a los de Madrid y donde se han implementado unos modelos de planeamiento, unas tipolog&iacute;as de vivienda y un r&eacute;gimen de propiedad p&uacute;blica del suelo que, como tales, han modelado los comportamientos de sus sociedades, convirti&eacute;ndolos en sus feudos electorales. En Madrid, ese tren ha pasado y desde las grandes reformas urban&iacute;sticas de los a&ntilde;os 80, que pr&aacute;cticamente acabaron con el chabolismo, la izquierda no tiene un modelo de ciudad alternativo al pseudo <em>laisser faire</em> urban&iacute;stico que aplica la administraci&oacute;n de derechas.
    </p><p class="article-text">
        Desde finales de los 90, las administraciones han validado en buena medida las decisiones sobre las tipolog&iacute;as de viviendas y la forma de los barrios que tomaban los departamentos de venta de las promotoras inmobiliarias. El resultado de este particular laboratorio urban&iacute;stico y fiscal es la ciudad &ldquo;exclusiva&rdquo; del &ldquo;para ti y los tuyos&rdquo; de tendencia liberal-conservadora que la derecha nos ha planificado y que los votantes hemos premiado repetidamente. Se ha construido una Espa&ntilde;a de las piscinas para la clase media, que hoy, vemos aparecer, con las mismas caracter&iacute;sticas, en las &aacute;reas metropolitanas de otras capitales (Zaragoza, Valencia, Sevilla, M&aacute;laga) con resultados electorales equivalentes.
    </p><p class="article-text">
        Para la derecha, este modelo de ciudad ha sido un &eacute;xito rotundo, una empresa de ingenier&iacute;a social que, en palabras de I&ntilde;igo Errej&oacute;n, ha asentado ya una aut&eacute;ntica &ldquo;antropolog&iacute;a neoliberal&rdquo;. Del mismo modo que existe una diferencia psicol&oacute;gica entre comprarse un Peugeot o un Mercedes, para muchos ciudadanos el acceso apalancado a una propiedad evidenci&oacute; f&iacute;sicamente un cambio de estatus social, fruto del esfuerzo personal de quien se ve &ldquo;hecho a s&iacute; mismo&rdquo;. Es m&aacute;s, en la periferia de Madrid, incluso en los momentos m&aacute;s duros de la Gran Recesi&oacute;n, nunca se han dado escenas de disturbios y violencia similares a las de otras periferias europeas como en Par&iacute;s o Londres.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro modelo, importado de Norteam&eacute;rica, es un rompeolas contra las revueltas. Un seguro a todo riesgo para el gobernante, que atomiza la desestructuraci&oacute;n social y la marginalidad. La pobreza se invisibiliza, se vuelve individual, se vive de puertas para adentro y no se ven muchos peque&ntilde;os comercios cerrados porque no hay locales comerciales en los bajos de los edificios, sino franquicias en los centros comerciales.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a al principio, se podr&iacute;a afirmar que el vivir en &ldquo;ciudades jard&iacute;n&rdquo; de chalets no tiene por qu&eacute; influir en la ideolog&iacute;a de sus habitantes. De hecho en ciudades y regiones hist&oacute;ricamente muy progresistas de otros pa&iacute;ses como en Estados Unidos, Canad&aacute; o incluso aqu&iacute; en Europa, en Reino Unido, Holanda o Alemania, abunda este modelo de ciudad jard&iacute;n. Y es que esto es precisamente lo que no ocurre en Espa&ntilde;a, aqu&iacute; la tipolog&iacute;a de chalet con jard&iacute;n privado y piscina sigue siendo escasa y de tard&iacute;a implantaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Fueron empresas promotoras de origen norteamericano como Levitt las que a principios de los a&ntilde;os 70 comienzan a promover esta forma de ciudad para las clases profesionales y acomodadas madrile&ntilde;as, que se trasladaban a las afueras de la capital. Urbanizaciones como Monteclaro, que importaban de Am&eacute;rica un modelo de vivienda hasta entonces casi &uacute;nicamente reservado a las exclusivas mansiones de la clase dirigente. R&aacute;pidamente se convertir&iacute;a en un s&iacute;mbolo de estatus social y en los a&ntilde;os siguientes se extender&iacute;a principalmente en torno a la A6. A partir de los 90 se populariz&oacute; el modelo y se comenz&oacute; a replicar en masa por el resto de la regi&oacute;n.
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        As&iacute; es como en lugares alejados de los sectores inmobiliarios premium (y por tanto dif&iacute;ciles de vender r&aacute;pidamente y a buen precio en caso de necesidad), donde seg&uacute;n datos del INE abundan los asalariados con una renta media por hogar que rara vez supera los 40.000 euros y con un modelo de vida extremadamente individualista, el voto de protesta no se ha canalizado precisamente a trav&eacute;s de Podemos, sino primero a Ciudadanos y ahora a Vox.
    </p><p class="article-text">
        No pretendo valorar en este art&iacute;culo las consecuencias del modelo. Las hay positivas (paz social, autorrealizaci&oacute;n, mayor cercan&iacute;a a parques, bulevares y jardines, sensaci&oacute;n de seguridad y bienestar...) y negativas (segregaci&oacute;n social entre barrios, aumento del precio de la vivienda, dependencia del coche privado, insostenibilidad medioambiental, excesivo consumo de agua...) pero s&iacute; llamar nuevamente la atenci&oacute;n sobre c&oacute;mo un modelo concreto de urbanismo y la ausencia de contrapesos eficaces ha sido transformado en una herramienta pol&iacute;tica de extraordinaria eficacia.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en Estados Unidos, desde los a&ntilde;os treinta y cuarenta, este sistema se generaliz&oacute; (junto al acceso de las masas al autom&oacute;vil) como base del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo; individualista frente al miedo a la expansi&oacute;n comunista en una &eacute;poca de depresi&oacute;n econ&oacute;mica. Fueron de hecho Levitt y otras promotoras quienes llevaron las t&eacute;cnicas fordistas a la construcci&oacute;n estandarizada de los chalets y de la mano de la Federal Housing Administration pusieron en marcha un enorme proceso de urbanizaci&oacute;n que, como detallan en sus propios manuales, ten&iacute;a como objetivo segregar social y econ&oacute;micamente a la poblaci&oacute;n: &ldquo;Para que haya estabilidad en los vecindarios, es necesario que las propiedades sean ocupadas por las mismas clases sociales y raciales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trataba pues, de un exitoso narc&oacute;tico social, potenciador del consumismo y generador de tranquilidad y prosperidad que erosion&oacute; significativamente el poder de los sindicatos obreros, foment&oacute; la atomizaci&oacute;n y segregaci&oacute;n social y transform&oacute; la historia de ese pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas la Comunidad de Madrid ha experimentado uno de los mayores crecimientos urbanos de Europa. Por toda la regi&oacute;n se han construido grandes ensanches (con las formas y tipolog&iacute;as antes descritas), en algunos casos mayores que varias capitales de provincia y con poca vivienda de alquiler. Ensanches comunicados por nuevas autopistas, adem&aacute;s de una enorme proliferaci&oacute;n de grandes centros comerciales y de ocio. Todas estas medidas (que complementan a unas pol&iacute;ticas fiscales, sanitarias y educativas pensadas para fomentar el sector privado) tienen una orientaci&oacute;n profundamente individualista. Ignorar que tama&ntilde;a empresa de modificaci&oacute;n de la geograf&iacute;a urbana influye en el comportamiento social y pol&iacute;tico en la Comunidad supone una enorme ingenuidad de la que se aprovechan sus gobernantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Caballero Mendizabal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/madrid-derrota-izquierda_129_1003522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jan 2020 21:36:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Madrid y la derrota de la izquierda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Urbanismo,Madrid,Comunidad de Madrid]]></media:keywords>
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